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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 338 - ver ahora
Transcripción completa

Domingo murió de una embolia, igual que Flor,

una anciana que también cuidaba Anabel.

Quiero saber si eres una buena profesional.

-¿Me estás llamado asesina? -No grites.

-¿Que no grite? Tú a mí no me difamas.

-Cálmese. Quizá hay otra manera de atajar esta situación.

-El doctor Torres ha vuelto a humillarme

y ha llegado la hora de ponerlo en su sitio,

así que le voy a poner una denuncia y punto.

Céntrate en tu trabajo, que es curar a los pacientes.

Deja de hacer de detective.

¿Sabes lo que me revienta? Que no me tomes en serio.

Ya tienes el móvil, se ha comprado un chalet de lujo.

¿Qué más quieres, Claudia?

-¿Por qué no nos casamos? ¿No te parece una buena idea?

¿Esto es lo que parece?

-Míralo, pues. Dígale a Mayoral las buenas nuevas.

-Tu patrón me ha pedido matrimonio.

Le comenté que las rutas del sur iban a estar más vigiladas

desde que la policía supo que había comprado Transportes Quintero.

Puedo ayudarle con la organización. Formaré parte de la logística.

Lo sé, general, pero no puedo presionar más a Somoza.

Buscaré pruebas que lo incriminen en caso de que se desdiga.

Era una trampa la venta de los diamantes. Nos la han jugado.

-¿Y Rodrigo? -Lo han matado.

En cuanto tenga mi pasaporte, me largo bien lejos.

¡A disfrutar de la vida! ¡A vivir como un rey!

¿Qué pasa, Tintas? Cuánto has tardado, ¿no?

-He estado sondeando a los falsificadores del barrio

y ninguno parece que tenga que ver con la documentación falsa de Toño.

Estamos bien.

Pero hay a uno que no he sondeado, un tal Tintas.

-¿Tienes alguna noticia sobre lo que te he pedido? ¿Sí?

¿Estás seguro?

-Todo ha sido porque no me he acostado contigo.

-¿Qué estás diciendo? Perdona, ¿qué estás diciendo?

-Por favor, no te hagas el indignado, doctor.

Yo sé bien que es lo único que has deseado desde que me conociste.

Estás obsesionado conmigo. ¿Me quieres hundir la vida?

Pues vas a tomar de tu propia medicina.

-¿Ah, sí? Venga, largo de aquí. ¡Fuera!

-¡Papá, papá! ¡Chelo, por favor, Chelo!

-Queda hacer unas comprobaciones, pero en breve lo tendréis en casa.

Bueno. ¿Y se sabe qué ha provocado el ataque?

Sí, se trata de una arritmia, algo bastante frecuente.

Le hemos colocado un stent para mejorar el flujo sanguíneo.

Antonio, para ya, por favor, para. Antes de que entrara a la consulta

recibí datos muy relevantes, ¿sabes?

-Lo que pasó anoche yo creo que estuvo bien, ¿no?

-Sí. -Pero no sé si debería haber pasado.

Lo que me ha dicho Karim me ha dejado desconcertada.

-¿Qué ha pasado? -Viene a Madrid en unos cuantos días.

-¿Qué pasa?

-Que no quiero que nos oiga Fede.

(Música emocionante)

-¿Cuánto tiempo llevas ahí? Debe ser tempranísimo, ¿no?

Pues un buen rato.

¿O también me vas a prohibir estar contigo?

Qué más da que te prohíba nada. No vas a hacer caso.

Bueno. ¿Qué tal has pasado la noche?

Que ya llevamos dos sustos seguidos, cariño.

Fenomenal.

Eh, conmigo no te hagas el fuerte, ¿eh?

Lo digo en serio, hombre.

Entre la medicación y la tranquilidad que da ese botón

que puedes llamar si necesitas una enfermera, pues ya está.

Pero bueno, en serio, no te preocupes, estoy en buenas manos.

El doctor Cifuentes es un gran cardiólogo

y no lo digo porque sea amigo mío.

Pues sí. Además, ayer estuvo cariñoso con Olga y conmigo.

Estábamos muy nerviosas, cariño.

Se agradece una cara amiga en estas circunstancias.

Sí. ¿Sabes a qué hora va a pasar hoy?

¿No irás a montar guardia? No.

Pero me preocupa que en cuanto salga por la puerta,

vuelvas a las andadas con el tema de Anabel.

No pongas esa cara.

No pongas esa cara porque tu obsesión te ha traído aquí.

Parece mentira lo que ha sido capaz de hacer esa mujer.

El otro día no acabé de contarte.

Bueno, Antonio, para ya. Por favor, escúchame. Escúchame.

Hay otro caso, otro anciano años atrás.

Se llamaba Jerónimo García.

Estuve hablando con Matías, su sobrino.

Anabel estuvo cuidándole los últimos días de su vida.

Y también murió por una embolia. Eso es. Murió por una embolia.

Y, además, le dejó toda su herencia

privilegiándola por encima de su familia.

¿No te parecen indicios sólidos? Pues sí.

No sé, tres ancianos al cuidado de esa mujer

que mueren de manera repentina por las mismas causas.

Mientras ella se enriquecía.

Ha sido capaz de comprarse un chalet en una zona exclusiva de Samaná.

Sí, reconozco que hay indicios sospechosos,

pero no son condenatorios. ¡Por favor! ¡Venga ya, hombre!

Es peligrosa. Es una asesina. Antonio, cálmate, por favor.

Tienes que creerme, Claudia.

Y tú tomarte tu recuperación en serio.

Esa mujer y lo que pase con ella no me importa.

Solo me importas tú, ¿entiendes?

Eso es lo que pasa, a nadie le importa nada.

Hay que investigarla. Pero no lo harás tú, ¿vale?

Eh, mírame. A ver hasta dónde puedo llegar.

Voy a repasar toda la información que me has dado.

¿Lo dices de verdad? De verdad.

Pero solo si prometes que estarás quieto, ¿vale?

No vas a buscar en internet ni hacer llamadas

preguntando por Anabel, ¿vale? Prometido.

Me encuentro mejor, mi corazón ya está fantástico

después de escucharte. Mira que eres bobo.

Me tengo que preparar. Seguro que Fede ya se ha levantado.

-No lo sé. Yo no lo he oído, pero, en todo caso, ¿qué más da?

-Sí que da porque no vivo sola, Karim.

-¿Y no podemos hacer que estamos solos en el mundo y...?

No sé, creo que tenemos tiempo para echarle imaginación

antes de ir a trabajar. -No que me tengo que duchar.

-Yo también. Podemos tomar una ducha juntos.

Ya sabes, ahorrar agua, hacer el bien al planeta...

-Pues sí, suena tentador,

pero es que yo comparto el baño, ¿sabes?

No lo puedo monopolizar y, además,

que no quiero que Fede nos vea juntos.

-¿Por? -¿Por?

Pues por nada, porque no solemos traer ligues a casa

y sería un poco raro. -¿Cuánto tiempo lleváis conviviendo?

No sé, lo digo porque, en esta casa, ¿nadie tiene sexo?

-Hombre, sí que alguna vez, pero que no es algo habitual.

-Ya. No pasa nada.

Si estás incómoda, yo renuncio a la ducha conjunta,

pero a nada más. -No, no. Me voy.

(SUSPIRA)

(Puerta)

-Fede, ¿qué haces aquí?

-Nada, saber si quería Karim unas tostadas para desayunar.

-Pues vale. Dos, porfa.

-Marchando.

-Eres un anfitrión cojonudo, tío. Gracias.

Ese tío es el mejor compañero de piso que se pueda tener.

-Mi ángel de la guarda. -Bueno.

¿Me vas a estar llamando así de por vida?

-Todo lo que me quede de vida gracias a ti.

-Anda, exagerado, no hice nada más que avisarte.

Lo demás lo hicieron tus colegas del centro médico.

-Me salvaste de una muerte segura.

Eres mi ángel de la guardia, lo quieras o no. Para siempre.

-Vale. Mira, te he traído una cosa. -A ver.

Hombre, una bomba de huevo y azúcar.

¿Qué pasa? ¿Te has arrepentido de salvarme o qué?

-No. Son magdalenas integrales y sin azúcar.

Pero no probarás una hasta que no hable con tu médico sobre tu dieta.

-Mira, hablando del rey de Roma. Hola, Eduardo, ¿qué tal?

-Hola. ¿Qué tal, Olga? -Bien, más tranquila.

Deseando que mi padre salga de aquí.

-Bueno, no le tratamos tan mal en el hospital.

-Pero como en casa... -En eso te doy la razón.

Antonio. ¿Me podrías dejar diez minutos con el enfermo?

Tenemos por delante una charla médica aburrida.

-Vale, pero luego te quiero preguntar sobre su dieta.

-Bueno, ¿qué me tienes que contar que no puede escuchar mi hija?

Malas noticias.

(Móvil)

General, estaba a punto de llamarle.

Sí, llevo toda la noche con ello. He abierto todas las carpetas

y me temo que no hay nada. Sí, estoy seguro.

He abierto los archivo y parece que Somoza no guarda información

que comprometa la operación.

En su ordenador no tenía nada sobre rutas o envíos.

Soy plenamente consciente de lo que eso significa.

Entendido. Le reenvío la información intervenida.

Buenos días, mi general.

¡Mierda!

Eh, ¿qué pasa?

Que me he jugado el cuello para nada.

Bueno, para ganarme otra bronca de mi superior.

¿Corriste peligro por conseguir lo que contenga ese USB?

Somoza pudo pillarme con las manos en la masa

y no quiero pensar lo que pasaría. Y total, ¿para qué?

Iker, si pensásemos en las consecuencias

que puede tener la operación,

hace mucho que habríamos hecho las maletas.

No te creas que me faltan ganas. Lo dices porque estás cabreado.

Pero no eres así. Eres un agente comprometido y valiente

y que hace un trabajo brillante.

Ojalá pudiera escucharte Fidalgo.

Iker, mírame. Sé que él confía en ti tanto como yo.

Y no será Fidalgo ni la DEA ni ninguna persona

que te presionan quienes atrapen a Somoza,

lo harás tú en apenas unos días.

Así que sacude esa presión y concéntrate en el objetivo

porque está al alcance de tu mano.

De verdad que no sé qué haría sin ti.

Es una cardiopatía isquémica. Las pruebas lo han confirmado.

Tienes el corazón más débil de lo esperado.

-O sea que, si me da otro ataque, me quedo en el sitio.

-Lo más probable.

Lo siento, Antonio. -No te preocupes.

Gracias por tu honestidad y tu discreción.

-¿Se puede ya?

-Le he dicho al doctor que me dé por escrito las recomendaciones

de la dieta para ponerlas en la nevera

para evitar tentaciones, ¿vale? -Cuenta con ello.

-Chao.

Entonces, ¿qué? ¿Hay magdalena o no hay magdalena?

-Estoy como un toro. En un par de días estoy en casa.

-Me alegro, papá. Me tenías preocupada.

-Bueno, aún estoy en observación. ¿No tienes clase?

-Sí, pero hoy tengo una razón de peso para faltar.

-No hay razón de peso para faltar. Debes ir a clase a aprender

y que tu empresa sea un éxito.

-Vale, voy a ir, pero cualquier cosa, papá, me llamas.

Lo que sea. Y si no te gusta la comida del hospital,

me dices lo que quieres y te lo preparo.

Pero háblalo con el doctor a ver si lo puedes comer.

-¿Lo ves? Eres mi ángel de la guarda. -¡Anda! Descansa, ¿eh?

Fede. ¿Qué?

¿Qué haces?

Son unos ejercicios de "mindfulness"

que empecé a hacer con el concierto.

Me ayudan a mantener separado el cuerpo del espíritu

y vivir el aquí y el ahora.

Para quitarme la imagen de ellos en la cama

que estas cosas solo me pasan a mí.

Te pasa porque escondes tus sentimientos a las personas

e insistes en ser un buen anfitrión.

Te pasó lo mismo con el novio de Lola, el sevillano gracioso.

Ese era un chisgarabís. Además, con Lola no tenía nada,

pero con Espe, con Espe, sí. Espe aquí.

Tío, habla con ella, de verdad. Dile lo que sientes.

No te conformes con ser el compañero de piso.

Pues no, pero...

-¿Eh, ¿estáis ocupados?

-No, es que estamos con un caso que es peliagudo y necesitamos...

Pero habíamos terminado. Tranquila, Espe. Todo tuyo.

A ver, Fede, quería hablar contigo de lo que pasó esta mañana.

-¿Esta mañana? Ah, eso, nada, es una bobada, hombre.

Es muy natural. Os fuisteis a tomar unas copas y luego pues,

titi, tatatá y terminasteis juntos en la cama.

Pasa en las mejores familias. A nosotros nos pasó hace una semana.

-Bueno, pues por eso, precisamente,

soy consciente de lo incómodo que puede llegar a ser,

aunque los dos tengamos perfectamente superado aquello que pasó, ¿no?

-¿Aquello? Sí, yo lo tengo superado. Supersuperado aquello.

-Vale, pues a ver, a lo que iba.

Que puedes estar tranquilo

porque ya no vas a tener que soportar más escenas como las de esta mañana.

-Ya, porque os iréis a un hotel, ¿no? Supongo.

-No, es que no voy a volver a acostarme con Karim.

-¿En serio?

-Karim y yo no vamos a volver a acostarnos juntos

y tengo mis razones que son,

pues, entre otras, que no quiero volver a sufrir por la distancia.

Ya tomé esa decisión y no me arrepiento de ella,

por muy maravilloso que sea Karim.

-¿Estás segura? Porque no es que yo tenga un interés especial

en que estéis juntos, pero no te veo muy convencida.

-Porque no lo estoy del todo.

-Espe, lo único que quiero es que seas feliz.

-Bueno, tranquilo porque estoy mirando por mí.

Muchas gracias, gracias por escucharme.

Es que eres la persona más generosa que conozco.

-Las dos son muy buenas opciones,

pero la que me ha enamorado ha sido la finca del palacio del siglo XVII.

-Sabía que esa es la que te iba a gustar.

Mi amor, nosotros no necesitamos tanta parafernalia.

Ese jardín tan grande, ese catering como de alta cocina.

-¿Y por qué no?

-Porque la casita de labranza es lo que estábamos buscando exactamente,

un lugar bonito y sencillo

para celebrar nuestra boda en la intimidad.

-¿No te parece que el catering de ese sitio es pobre?

-Mi amor, por favor. Ese lugar es exactamente lo que hablamos,

un lugar bonito y discreto. Hermoso.

-Está bien ser discretos, pero sin exagerar.

No tenemos que escondernos como si hiciésemos algo malo.

-Por supuesto que no,

pero la decisión de casarnos es algo nuestro, algo privado.

No tengo la necesidad de alardear.

-Sé que te dije que quería una boda íntima,

pero he estado pensando en el negocio.

El dinero es poder. Piensa en tus aliados.

Mejor, piensa en tus enemigos. ¿Qué imagen deseas transmitir?

¿De debilidad o de poder? -No te equivoques, Sofía.

No tengo la necesidad de transmitir nada.

Además, me extraña que estés pensando en el negocio.

Hasta donde tenía pensado,

esto no tenía que ver con dinero, poder o influencias.

Esto era de nosotros y solo de nosotros.

Estábamos haciendo esto por amor. ¿O me equivoco?

-Ay, mi amor, pero por supuesto.

Me casaría contigo a solas y con testigos, si me lo pidieras.

-No me hagas ponerte a prueba, Sofía.

-Ay, solo es que quiero que sea romántico.

No me lo tengas en cuenta, por favor. ¿Lo hablamos esta noche en la cena?

-¿Interrumpo? -No interrumpe, Mayoral, tranquilo.

Hablamos esta noche en la cena. Reserva donde tú quieras.

-Trataré de sorprenderte. -Eso no lo dudo.

Al final siempre me sorprendes.

-¿Ha ocurrido algo? -¿A usted qué le importa, Mayoral?

Eso no es asunto suyo. Usted ocúpese de mis finanzas

y de mis asuntos legales.

-Por supuesto. No pretendía meterme en su matrimonio.

(Mensaje)

-Bueno, diga, pues, ¿ocurre algo? -No, no, nada.

-Entonces al grano, "mijo". -Verá, don Alejandro,

no quiero ser alarmista, pero me gusta ser previsor.

He estado poniéndome al día respecto a las empresas internacionales

que han sido intervenidas este año por blanqueo de capitales

y evasión fiscal. Algunas tenían estructuras complejas

como la nuestra y, pese a todo, han caído.

-¿Y qué podemos hacer para evitar los problemas?

-Liar aún más la madeja. Creo que merece la pena

seguir diversificando todavía más el capital

y ampliar la red de testaferros.

Lo que gaste en ellos lo gana en seguridad para sus fondos.

-Sí, puede que tenga razón.

No podemos dejar que ese capital salga a flote.

¿Cuándo empieza el movimiento?

-En cuanto coordine las nuevas incorporaciones.

Voy a llamar a mi contacto en África y buscamos a los candidatos idóneos.

-¿En África?

-Contiene algunos paraísos fiscales poco explorados y muy interesantes.

Le iré informando puntualmente.

(Puerta)

Adelante.

Ah, pasa, Anabel.

Muchas gracias por venir. Cómo no.

Querrá disculparse por las infamias de su marido en mi contra.

Como ya le dije, está en su derecho de denunciar,

aunque le agradezco que no lo haya hecho.

Preferiría que fuese Antonio quien me diera las gracias personalmente.

Lamentablemente, eso no va a poder ser.

El doctor Torres se encuentra hospitalizado

a causa de un infarto que casi le mata

y todo sucedió después de discutir con usted.

Ah, pues lo siento mucho, no tenía idea.

Gracias. No se preocupe.

Mire, su marido se puso como un loco gritándome, amenazándome,

encarándome y todo eso por perseguir unos ridículos fantasmas.

Lo mismo le dije yo, pero ya que tanto usted como él

van a llegar a una disputa judicial, me he tomado la molestia

de hacer algunas averiguaciones a ver si con eso y con su ayuda

puedo quitarle a mi marido esto de la cabeza.

Pues eso estaría muy bien, la verdad. Siéntese, por favor.

Gracias. Verá.

He tenido acceso a los expedientes médicos

de los dos últimos ancianos a su cargo,

Flor Sánchez Casas y Domingo Cuquerella.

Al parecer, los dos murieron de embolia, ¿eh?

Curiosamente, tenían una relativa buena salud.

Usted lo ha dicho, relativa.

Cuando se trata de gente mayor, los riesgos de muerte se disparan.

Yo me desvivo por mis pacientes.

Les trato como si fuera de mi propia familia.

Sí, mucha confianza debían tener en usted

para permitirle utilizar sus tarjetas de crédito.

Bueno, a veces me pedían el favor de que fuese al banco

para sacar dinero para ellos cuando no querían salir de casa.

Yo no veo dónde está el problema en eso.

O sea que ellos le dejaban

sus tarjetas de crédito voluntariamente a usted.

Por supuesto. Ajá.

Algo que no sucedía

con el interno de la residencia Los Laureles,

Alfonso Baños.

Ya veo que se ha tragado los cuentos de su marido.

No, solo me he limitado a llamar a la residencia Los Laureles

como inspectora de policía para averiguar

qué es lo que hay detrás de la denuncia por malos tratos.

Al parecer, Alfonso Baños la acusaba

de querer hacerse con sus tarjetas de crédito.

Sufría de delirio.

Nunca se puedo probar nada, pero ¿hasta cuándo?

El que no sufría de delirio, al parecer,

era don Jerónimo García.

Él sí que se tomó muy en serio lo del trato familiar.

No entiendo qué quiere decir con eso. Al parecer, según su sobrino,

él la benefició a usted por encima, incluso, de su familia.

Don Jerónimo me quería de verdad.

Me dejó una donación voluntaria y si no le dejó nada a su sobrino

es porque no se lo merecía porque jamás se ocupó de él.

Pero supongo que ese detalle no se lo habrá contado, ¿no?

Bueno, Anabel, los méritos son algo subjetivo

y yo prefiero juzgar los hechos. Así que, por favor, dígame.

¿Usted acompañó a Jerónimo García al notario?

Pues sí, como lo acompañaba al banco, al médico, al baile,

a los museos y al servicio, si me lo permite.

Vaya, veo que tenía una vida muy agitada.

No me extraña que no pudiera ir al cajero.

Y refrésqueme la memoria, ¿de qué murió Jerónimo García?

Está clarísimo que se ha creído todas las patrañas de su marido.

Yo ya le dije a Antonio todo lo que le tenía que decir.

Pero yo no soy Antonio, soy una inspectora jefe de policía.

¿Y dónde están las pruebas que justifiquen este interrogatorio?

Verá, Anabel, le voy a explicar una cosa.

Antes que las pruebas están los indicios

y, en caso de presunto asesinato,

siempre hay que atender a tres elementos fundamentales:

móvil, medios y oportunidad.

El hecho de que fuera la cuidadora de estos ancianos

se podría considerar la oportunidad.

Solo una persona con conocimientos de medicina

podría provocar una muerte por embolia

y usted es licenciada en Enfermería.

Esos se podrían considerar los medios.

Y, en cuanto al móvil,

supongo que esta casa de lujo a su nombre

se podría considerar como un móvil. Esto es el colmo.

Lo que yo haga con el dinero que gano es asunto mío.

Siempre que haya sido ganado honradamente,

pero dudo que con sus ingresos pueda justificar este gasto.

Mire, ¡ya está bien! ¡Ya está bien!

Yo soy una cuidadora de ancianos

que, evidentemente, sobrevive a muchos de sus pacientes.

Es una parte muy dolorosa de mi trabajo

¿y tengo que aguantarme esto? Primero su marido, ahora usted.

¿Esto qué es? Esto es acoso policial, extorsión,

esto es racismo. ¿Racismo?

Sí. Póngame las esposas, póngame las esposas

para ver si así encuentro un abogado para defenderme.

¿Se puede saber qué está pasando aquí?

¿Es el superior de esta señora? Inspectora jefe, si no le importa.

Lo que sea. Que sepa usted que esta señora me está intimidando

con tal de que no acuse a su marido. Siento si se ha sentido intimidada.

No era mi intención. No, pero me atiende de esa manera.

¿Esta mujer está siendo oficialmente investigada?

No, por el momento.

Puede marcharse. Muchísimas gracias.

Mire, señora, yo espero de corazón, de verdad,

que su marido se recupere porque, al contrario de ustedes,

yo no le deseo ningún mal.

¿Se puede saber qué le pasa a Antonio?

Ha tenido un infarto, Emilio.

Tuvo una discusión enorme con esta mujer

y se puso muy nervioso.

¿Por qué no me has contado nada? Porque ya estaba fuera de peligro

y yo le prometí que iba a investigar las dudas que tiene sobre ella.

A ver, ¿eres consciente del marrón que se nos puede venir

si se le da por denunciar que una inspectora jefe

ha estado amenazándola por un asunto personal?

No la he amenazado.

No es raro citar a un sospechoso para una charla informal.

Quería mirarla y saber lo que esconde.

Por favor, olvídate de esta mujer y es una orden, ¿eh?

Si no deberías estar aquí. Ve al hospital a cuidar a Antonio

y dale recuerdos de mi parte. ¿Está claro?

Como el agua.

¿En qué piensas?

-Si te lo dijera perdería mi encanto, ¿no crees?

-No me vendrás ahora con remordimientos, ¿no?

-No me hagas reír.

Estaba hablando de lo verdaderamente importante, los negocios.

-¿Eso es lo que te preocupa? ¿Los negocios?

¿O tu futuro marido? -¿Acaso no son lo mismo?

-Antes, en el despacho, me ha parecido que habíais discutido.

-He planeado milimétricamente cada paso que he dado para llegar aquí

y hoy he sufrido un traspiés, solo es eso.

-Es una decisión personal. -Solo te pido que lo pienses.

Con tu dolencia, hay factores de riesgo

que tu familia podría ayudar a evitar.

-Lo voy a pensar, pero no estoy preparado.

Cuento con tu discreción. -Por supuesto.

Sabes que eres uno de mis mejores amigos

y haré lo que me digas. -Muchas gracias, Eduardo.

-Te quedarás aquí unos días. Mañana paso a verte.

-¿Qué tal el enfermo? -¿Tú qué haces aquí?

Aquí no pintas nada. Venga, largo.

-No, Antonio, por favor, no te alteres.

Mira, tras lo que ha pasado, es lo último que te conviene.

Qué susto tan grande.

-Conmigo no te va a servir todo ese teatro.

Venga ya, largo o llamo a la enfermera.

¿Quieres montar un escándalo o qué? -Antonio, por favor.

No seas ingenuo, yo tengo muchos amigos en este hospital:

enfermeras, celadores.... Gente que me aprecia.

De verdad, no solo como profesional, también como persona.

Ojalá que dejes de verme como un monstruo, Antonio.

Yo soy una buena persona, Antonio, una buena mujer

y todo el mundo lo sabe y podría ser muy buena contigo.

-Me quieres manipular como a esos ancianos a los que robas y matas.

-Antonio, por favor, deja la obsesión.

Ni tú ni tu mujer ni el sobrino avaricioso de Jerónimo

vais a poder demostrar lo que no hay. -Ya lo veremos.

Fíjate lo que he conseguido demostrar en una semana.

-Mira, yo voy a hacer frente a tus infamias y ya te dije cómo.

No te quiero hacer pasar por un pervertido,

pero sé bien cómo plantar cara a los prejuicios

que generan mis orígenes, mi carácter y mi condición de mujer.

-Vaya por Dios. Ahora resulta que eres una víctima.

-No, soy una cuidadora de ancianos que ha dedicado su vida a esto

y lo seguiré haciendo hasta que me dejen.

-¿Vas a abrir una consulta en el chalet lujoso de Samaná?

-Antonio, de verdad, chico, estoy empezando a pensar

que te da un poco de envidia mi casita en la playa.

Sí, con lo bien que lo pasaríamos tú y yo allí.

Y no me digas que no porque, desde que me conociste,

no has pensado en otra cosa y me miras con ojitos de deseo.

-Pero ¿qué estás diciendo? Yo nunca te he mirado así, nunca.

-Vale, vale, está bien.

Tal vez me he llevado una impresión equivocada de ti

igual que tú lo has hecho conmigo, ¿eh?

Mira, Antonio, pienso que es hora de que nosotros hagamos las paces.

De verdad, yo sé que eres una persona con buen corazón,

aunque ahora está un poco delicado.

Si dejases de perseguirme, de acosarme

y te dedicases un poco más a tu familia,

yo creo que podrías vivir, no sé,

una vida un poquito más tranquila. -No me toques.

-Bueno, Antonio, ¿tan peligrosa crees que soy? ¿En serio?

¿Ahora qué vas a decir?

¿Que te provoqué el infarto con vudú o algo así?

-No logro adivinar qué es lo que pretendes viviendo aquí.

¿Pensabas que me iba a ablandar por tener un infarto?

Estoy a punto de descubrir quién eres.

He conseguido muchos testimonios y voy a conseguir muchos más.

Es cuestión de tiempo que reúna pruebas

para averiguar cómo los mataste.

Cuando salga de aquí no voy a parar hasta verte delante de un juez.

¿Esto lo has entendido?

-Como quieras, Antonio. -Ajá.

-No insisto.

Ojalá no hubiéramos llegado a estos términos.

-Vas a pagar por tus actos y no te vayas de aquí pensando

que esto se ha terminado. Esto solo acaba de comenzar.

-Ajá.

-No, pues así está perfecto.

Es exactamente lo que quería punto por punto.

No, muchísimas gracias a usted.

(Puerta)

Sí. Bueno, lo voy a tener que dejar. Gracias.

-Antes de que me digas nada, déjame contarte

dónde vamos a ir a cenar esta noche. Hangar 31.

-Ese nombre me suena. -Te refrescaré la memoria.

Las mejores chuletas de cordero de todo Madrid.

-¡Ay, María, hombre! Por supuesto que me acuerdo.

Pero estaba pensando en un lugar lujoso,

por eso no me vino a la mente de buenas a primeras.

-Ya lo sé, el sitio es cutre,

pero lo importante es que fuimos felices allí

y es lo que yo quiero, Alejandro, hacerte feliz.

¿De qué sirven las apariencias a estas alturas?

-Ya veo que cambiaste la forma de pensar de esta mañana.

-Estaba equivocada, Alejandro. Los tiempos de alardear ya pasaron.

-Tú no tienes competencia, mi amor.

Tú te ves guapísima así con luz o sin luz.

-Bueno, el tiempo ha pasado y los dos somos bastante mayores,

pero también más auténticos, por eso quiero lo mismo que tú,

una boda sencilla

que marque el inicio de una relación honesta y sincera

entre dos personas que se conocen mucho.

Hemos compartido muchos secretos, muchos sacrificios

y también muchos errores

y nos conocemos con solo mirarnos a los ojos.

-Definitivamente, mi amor, tú y yo estamos conectados.

Ese discurso tuyo no pudo haber sido más oportuno.

-¿Oportuno? -Pues sí.

Ni yo lo hubiera dicho con unas mejores palabras.

Esto es lo que quería enseñarte.

-Separación de bienes, renuncia a la herencia legítima.

¿Esto qué es? -Un contrato prematrimonial.

No te alarmes, cariño, es solo una recomendación

que me hizo mi abogado. -¿Sergio?

-No, Sergio, no.

No me gusta usar el mismo abogado para mis cosas personales

y para mis cosas laborales. -Mejor no mezclar, ¿es eso?

Prefieres mantenerme al margen de tus negocios, ¿verdad?

-Es puro formalismo, mi amor.

Igual vamos a poder disfrutar de los recursos del otro.

Vamos a compartir todo mientras estemos vivos.

-Aunque sea un formalismo, preferiría leerlo en calma.

-Por supuesto, léelo con calma.

Lo que vas a encontrar es punto a punto lo que acabas de decir.

Esta unión no tiene interés económico,

sino simplemente es por amor de dos personas

que se entienden nada más mirándose a los ojos.

¿No es así? ¿Pasa algo, cariño?

-No, me parece perfecto.

Mañana mismo te lo devolveré firmado a primera hora de la mañana.

-Ah, bueno, entonces no se hable más

y vamos a comernos esas chuletitas, hombre.

Así que te vas a recuperar sin problemas, ¿sí?

No sabes lo contenta que me he puesto

cuando me ha llamado Olga para contármelo.

Tendré que hacer mis revisiones todos los meses

y está la medicación. Mientras solo sea eso...

Creí que se me paraba el corazón

cuando me enteré de que te había dado un infarto.

He pasado mucho miedo, ¿eh? Yo ya no concibo mi vida sin ti.

O sea que la aguerrida inspectora de Distrito Sur ha pasado miedo.

Que no se enteren los malos. Qué bobo eres.

Ah, y hablando de malos,

¿se sabe algo de Anabel? ¿Alguna novedad?

Bueno, eso va despacio. Me dijiste que quedarías con ella.

Y he quedado. Ha venido a mi despacho.

Como las cartas estaban sobre la mesa,

he querido confrontarla con la información que me habías pasado

y la que he obtenido yo. Quería mirarla a los ojos

a ver cómo reaccionaba, no sé, pillarla en un desliz.

Y tenía contestación para todo. Pues sí y es el problema

de adelantarle las sospechas a un investigado.

De todas maneras, en medio de la indagatoria

apareció Bremón y se acabó lo que se daba.

De verdad, qué desesperante. Tú por lo menos me crees, ¿no?

A ver, yo en mi despacho he visto

una mujer muy teatral y muy manipuladora, ¿vale?

Pero de ahí a una asesina hay un trecho.

Yo sí he visto a una asesina y la he visto hoy.

¿Te ha mandado esas flores? No las ha mandado.

Ha venido a traérmelas con cara de buena.

¿Ha venido al hospital? ¿Pretendía que te olvidaras de todo?

Vino a decirme que ella era una gran profesional

y que era una pena que no lo viera así.

Bueno, ¿y si es verdad lo que dice? Piénsalo, Antonio.

¿Y si se ha asustado porque ha visto que hay indicios en su contra,

sean acertados o no, y que esas acusaciones tienen una base, eh?

Tienen base ¡porque son ciertas!

Antonio, tranquilízate o no seguimos hablando del tema.

Vale. Está acorralada, ¿sabes?

Está haciendo lo posible para que abandonemos la investigación,

por las buenas o por las malas. Me ha amenazado con denunciarme,

con arruinar mi carrera. Solo le faltó traer una tarjeta

para ofrecerme sus cuidados. Es una falsa.

Antonio, me prometiste que ibas a dejar de pensar en esa mujer

si yo me ocupaba de la investigación, ¿vale?

Déjalo ya, no pienses en ella. ¿Cómo voy a dejar de pensar en ella

si ha venido a verme al hospital, Claudia?

Ahora seguro que está embaucando a algún anciano

para robarle y asesinarle. Tranquilízate.

A ver, ahora no tiene a ningún anciano a su cargo.

Lo he investigado, lo he comprobado.

Estoy haciendo mis deberes, así que tú tranquilo.

Venga, si es así... No te quedes aquí, anda.

Vete a la comisaría, así voy a estar tranquilo

pensando que la mejor policía se está encargando del asunto.

Vale, me voy. ¿Necesitas algo?

Sí, que tires ese ramo de flores a un contenedor,

que seguro que contiene veneno.

Bueno.

Descansa, ¿eh? Descansa. Sí, lo tiro.

Pues esto está increíble. Y qué suerte tener un compañero como Fede.

-Ni que lo digas.

-Es que a mí cocinar, pues eso, me despeja la mente un poco.

Mucho más que el "mindfulness", la meditación y eso.

-Si es así, todos salimos ganando.

-Madre mía, esto tiene que engordar mucho.

-Si no os importa, voy a repetir y si eso luego quemaremos calorías.

-Quemar calorías, dices. -Sí.

Habíamos quedado con las chicas hoy para bailar salsa...

-Ah, es verdad, se me había olvidado, pero yo no voy a ir.

Tú estás de vacaciones,

pero yo no puedo ir mañana a comisaría con cara de zombi.

Hoy me ha preguntado Bremón si estaba enferma.

-Entonces no insisto, nos podemos quedar a ver una peli

y hay un montón de formas de quemar calorías.

-Bueno, yo me voy a ver una peli a mi habitación

y ya decidís vosotros si repetís o no.

-Fede. -Con el postre, digo.

-Oye, sí que es majo el Fede este, ¿no?

-Sí, es muy majo, sí.

-Lo que pasa es que yo ya tenía ganas de quedarme a solas contigo.

-Eh, Karim, tenemos que hablar de lo de anoche.

-¿Y ese tono? ¿Hice algo que no te gustó?

-No, no, todo lo contrario. Si estuvo genial.

Fue exactamente como lo recordaba.

No, para, para, eh, que ya sabemos dónde acaba esto.

-Sí.

En una noche de absoluta felicidad. -Ya, pero luego, ¿qué?

Es como comerse el postre que a mí me encanta

y yo me atiborraría de postre,

pero luego seguro que me arrepentiría.

-¿Me estás comparando con el postre? ¿En serio?

-Olvida el postre porque es un mal ejemplo.

Pero ya me entiendes, Karim.

Sería tan fácil volver a lo que teníamos

y acostarnos esta noche y mañana. -Sí.

-Y despertarnos juntos e ir al cine

y cogernos de la mano y volver a soñar

con ser una pareja otra vez. -A mí me suena de maravilla.

-Ya, pero es que no quiero sufrir, Karim.

Y no quiero estar contando los minutos

y deseando que se pare el tiempo para que vuelvas a La Haya

o a El príncipe o a dondequiera que te destinen ahora.

-Pero ahora estoy aquí y podemos disfrutar del momento,

estar el uno con el otro. -Pero esto ya lo hemos vivido.

La última vez no sabíamos que te ibas, pero ahora sí

y ahora tenemos la oportunidad

de ahorrarnos el sufrimiento, ¿no? Yo lo veo así.

-A mí me cuesta desechar la idea de poder disfrutar contigo.

Aunque sea por poco tiempo, creo que será mejor que nada.

-¿Y qué te crees, que para mí es fácil?

Pero he tomado la decisión y creo que es lo mejor.

-¿No hay otro motivo? -¿Otro motivo, dices? ¿De...?

O sea, te refieres a otra persona o...

No, no, no hay nadie más.

-Veo que sigues siendo la misma chica madura y práctica

que habló aquella noche conmigo en el hotel.

La misma que me hizo creer

que el amor no sobreviviría a la distancia.

-Pues sí, sigo pensando lo mismo

y siento mucho si anoche te di una impresión equivocada.

-Reconozco que tú eres el principal motivo de mi visita aquí.

Si solo quieres que seamos amigos,

que así sea.

-¿Antonio?

Antonio, ¿y las rosas que te regalé?

No me digas que las has tirado a la basura.

Es que desde el principio,

desde que nos conocimos ha sido así,

te has empeñado en tirar mis buenas intenciones a la basura, Antonio.

Adivina lo que te he suministrado mientras dormías.

¿Eh? 100 mg de Anectine.

A mí es el relajante muscular que mejor me funciona,

pero bueno, no sé si compartes opinión profesional.

Llevo muchos años recogiendo muestras de los centros donde trabajo

porque me ayuda a evitar escándalos, ¿sabes?

Aunque, bueno, tampoco es que los ancianos

pongan demasiada resistencia, la verdad.

Son tan dóciles, tan enfermizos

y están tan solos, Antonio.

Quitarles la vida es algo tan natural

como arrancarles las ramas mustias a los árboles.

Es un acto casi de piedad.

Necesario, ¿eh?, para que las ramas jóvenes se abran paso.

No como tú, Antonio.

Chico, de verdad que es una verdadera lástima

que tú no cedieras a ninguna de mis insinuaciones.

Porque eres un tipo guapo, ¿eh?, todavía.

Yo sí que tal vez habría dejado esto y te habría llevado conmigo

a la casita en la playa para echar un "dancing".

Ay, pero si tú estás con la inspectora esa tuya,

tan desagradable, por cierto.

En fin, que qué se le va a hacer, ¿no?

Te voy a echar mucho de menos cuando no estés.

Antonio, no sé por qué te empeñaste en fastidiarme el negocio.

¿Tú ves lo que me obligas a hacer?

Pero mira, yo pienso que el destino es una cosa increíble.

Mira, te he puesto aquí, postrado en una cama,

a mí disposición.

¿Tú no crees, digo yo, que las cosas pasan por algo?

¿Porque te lo mereces, por ejemplo?

El doctorcito quería saber

cómo les provoco las embolias a mis pacientes.

Pues facilito, facilito.

Basta con una mínima cantidad de oxígeno inyectado en vena

y ya está.

Es curioso, ¿eh? El aire que nos da la vida

te la quita, así, ¿eh?

Bueno, no me mires así, Antonio, porque si estamos aquí

es culpa tuya. Tú estabas empeñado en demostrar

que tenías razón sobre mí. Vale, pues sí, la tenías,

la tenías, y te pregunto yo: ¿ha merecido la pena?

¿Ha merecido la pena?

Mira, yo ahora, Antonio, solo necesito pedirte un favor.

Salúdame a Domingo, a Flor y, especialmente, a Jerónimo

porque, aunque tú no lo creas,

yo los recuerdo con mucho cariño.

No creo que pueda decir lo mismo de ti.

(SE QUEJA)

-Adiós, Antonio.

-¿No habíamos quedado en hablar mañana?

¿Y qué es eso tan importante que no puede esperar?

¿Cómo dices?

Eso es imposible, te debes estar equivocando de persona.

Será alguien que se le parece.

¿Le has hecho una foto? Ya estás tardando en mandármela.

-Papá, sabes como yo que, con la ley en la mano,

como mínimo soy encubridor. -Sabes cosas del robo.

Estabas secuestrado, es distinto.

Pero no tuviste que ver y menos con las muertes.

-Eso no va a cambiar cómo me siento.

-¿Por qué insistes en sentirte culpable?

Nos vimos involucrados en contra de nuestra voluntad.

-Sí, eso está bien para ti, que te crees tus razonamientos

para aliviar tu culpa, pero yo no puedo.

¿Y seguro que no ha huido y el pasaporte lo ha hecho otro?

El Toño y el Tintas coincidieron en Estremera.

Me han dicho que hicieron buenas migas.

Pero otro amigo profesional de la falsificación me ha dicho

que los documentos de Toño tiene la firma del Tintas.

Ya está emitida la orden de busca y captura.

Espero que nos dé algún resultado. Tino Molpeceres, alias el Tintas.

Puede que se viera con Toño horas antes de su muerte.

Haz memoria, que hagas memoria. Tómate tu tiempo, coño.

-A ver, he hecho memoria. No recuerdo a nadie llamado así.

-Cuando te ofrecieron el botín, ¿no te dijeron de qué iba?

Me parece muy raro.

-María, ¿me pones otra? -Llevamos ya unas cuantas, ¿no?

¿Qué celebramos hoy? -Nada.

-David, que nos conocemos y cuando te pones así...

-¿Qué pasa? ¿Algún inconveniente?

-Nerea, qué sorpresa verte por aquí. ¿A qué se debe el honor de tu visita?

-He venido a buscar una cosa que no encontraba.

Creo que está en mi antigua mesa.

-Me parece infantil inventarte una excusa

para no reconocer que venías a verme. -Sergio sigue con el acoso y derribo.

¿Sigues viéndole? No, no.

Lo que pasa es que no encontraba mi reloj

y el único sitio donde no había mirado

era en mi mesa de Construcciones Somoza.

Me he pasado antes de venir

pensando que no me iba a cruzar con nadie, pero estaba él.

-Don Alejandro, perdone que le moleste a estas horas.

He descubierto algo que le interesa saber.

-Más vale que tenga una buena excusa

para sacarme de la velada con mi mujer.

-Es un tema que debe ser tratado con discreción.

-Sergio me llamó para encargarme un asunto urgente.

-¿Y de qué asunto se trataba?

Porque estás aquí solo, bebiendo, ¡no entiendo nada!

-Alguien a quien deposité mi plena confianza

me ha traicionado. Yo no tolero la traición.

-Sencillamente, te volviste demasiado curioso,

demasiado tozudo. Tú lo has querido así.

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Servir y proteger - Capítulo 338

04 sep 2018

La inspectora jefe Miralles es la policía más veterana de la comisaría del Distrito Sur. La inspectora Alicia Ocaña se incorpora a la comisaría. Ambas son el eje en torno al que gira la vida personal y profesional de sus compañeros y los casos policiales que afectan al barrio.

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