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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 336 - ver ahora
Transcripción completa

Te invito a cenar esta noche.

(Música)

Entiendo que te sorprenda mi forma de actuar,

pero María, tengo mis razones.

-Estoy de acuerdo en que esa invitación es un acercamiento.

Pero antes de decidir si quieres cenar con él

tienes que saber si quieres volver con él.

-Hay cosas que se rompen y no tienen arreglo.

-Lo que pasó anoche yo creo que estuvo bien, ¿no?

Pero no sé si debería haber pasado.

Lo que me ha dicho Karim me ha dejado desconcertada.

-¿Qué ha pasado? Que viene a Madrid en unos cuantos días.

-Sé que has cometido errores, pero trataste de enmendarlos.

-¿Significa que aceptas mi oferta? -La acepto encantada.

-No me digas que ha vuelto al redil de Ocaña Abogados.

-Eres patético, Sergio.

Vas de dandi por la vida y ninguna mujer puede ser feliz a tu lado.

¡Suéltame!

-Eres tú el que no es capaz de hacer feliz a una mujer.

-Eh, ¿qué está pasando aquí, eh?

-Viene el cargamento más importante que haya hecho en Europa.

¿Cuándo llega ese cargamento?

No se preocupe, oficial. Se enterará a su debido momento.

-Si te sirve de consuelo, quien le hizo el certificado de defunción

dijo que su muerte era compatible con una embolia.

-Que le llegó su hora y ya está. -Eso parece.

-Tenía entendido que la gente mayor se medicaba para que no les pasara.

-Domingo no lo necesitaba. -Ya, ¿y Flor?

-¿Flor? -Como se murió de lo mismo...

-Trabajaste en la residencia Los Laureles.

-Pues sí, ahí trabajé, pero solo por un tiempo, después me fui.

Quiero saber qué tipo de relación tienes con Anabel.

Domingo murió de una embolia, igual que Flor,

una anciana que también cuidaba Anabel.

Quiero estar seguro de que eres profesional.

-¿Me estás llamando asesina? -No grites.

-¿Que no grite? ¡Tú a mí no me difamas!

Hoy he perdido los nervios en la consulta.

Estaba muy dolida contigo. No entiendo cómo has podido pensar

que he tenido que ver con las muertes de Flor y Domingo.

-Anabel, yo... -Amo a los ancianos a los que cuido.

Ellos son mi vida, por eso me dedico a este oficio.

-Sofía y yo volvimos. -Creía que no habían acabado bien.

-Eso no le incumbe a usted.

-Creía que eras un esclavo de Alejandro,

pero tienes personalidad.

-A veces no tienes ni idea de lo que dices, Sofía.

Si estoy aquí es por elección propia. -¿Por qué no nos casamos?

¿No te parece una buena idea? -No descarto nada.

-Acabamos de descubrir el cadáver de tu amigo Goliat.

¿Tú crees que Toño ha podido ser capaz de matarlo?

-No creo que sea un asesino.

-Si por un casual te llamara... -Me pongo en contacto, descuida.

-"¿Recuerdas la banda de butroneros del Toño?".

Hemos encontrado su cadáver, sí. Lo he reconocido por los tatuajes.

El cabronazo que lo ha hecho se ha ensañado bien.

¿No hace poco que había salido de la cárcel?

Y mira lo que ha durado.

Pensábamos que Goliat estaba relacionado con la muerte de Pincho,

pero cuando apareció también asesinado, todo apuntaba

a que Toño había sido el autor de los dos asesinatos

hasta que también ha aparecido muerto.

Van a por la banda y has formado parte de ella.

Podrías ser el próximo en aparecer muerto en un descampado.

Tú sabes que hay un miembro de la banda del Toño

que era experto con la lanza térmica

y no se le resistía ninguna caja fuerte.

Pero nunca tuvimos constancia de su identidad.

El caso, Claudia, es que yo sí sé quién es.

¿Perdona?

El Chispas es Jesús Merino, el frutero.

(Música emocionante)

-Llevas desde anoche sin soltar prenda, papá.

¿No vas a contarme qué pasó con María?

-Sinceramente, no me apetece mucho hablar del tema.

-¿Tan mal fue la cosa? -Peor de lo que imaginas.

-Venga, va, cuéntamelo. Seguro que no es tan grave.

¿Qué ocurrió cuando te fuiste a verla al bar?

-Pues fui con la intención de disculparme,

para pedirle una segunda oportunidad,

pero cuando llegué me di cuenta de que no era plan de soltárselo

de sopetón mientras trabajaba. -¿Y no le dijiste nada?

-Le dije que le invitaba a cenar para que pudiéramos hablar tranquilamente.

-Y por tu cara supongo que te dijo que no.

-No le di opción a responder.

Le dije que lo pensara y me contestara más tarde.

A última hora vino a la tienda y, cuando me las prometía felices,

me dijo que nada, que ya no confiaba en mí

y que no había marcha atrás. -Vaya.

-Sí. Ya no tengo nada que hacer con ella.

-Ahora entiendo que estés de bajón. -Sí.

Fui un imbécil pensando que las cosas se podrían arreglar.

-Rompiste con ella porque Toño te obligó.

Era lo único que podías hacer para protegerme y a ella.

Claro que María no sabe todo eso. -Y tiene que seguir así, ¿eh?

No tiene que saber nada de todo esto.

-¿Hay algo que no me hagas contado? -Sí, pero no tiene que ver con María.

Elías me contó que también han asesinado a Toño.

-¿Qué? No me lo puedo creer, papá.

Se están cargando a los de la banda. Solo quedas tú.

Sabes lo que eso significa, ¿no? -No tiene por qué pasarme nada.

Además, creo que sé quiénes son los asesinos.

-¿Qué estás pensando?

-Mira, el dueño del chalet donde robamos era holandés.

Los tíos que han quedado con Toño y con Goliat

también son holandeses.

Toño me dijo que los diamantes no estaban declarados

porque procedían del tráfico ilegal. Es bastante evidente, ¿no?

El dueño de los diamantes y su banda se han cargado a Toño y a Goliat.

-Si dieron con Toño después de que consiguiera huir de ellos,

también pueden dar contigo.

Quizá saben que le curaste y ayudaste a escapar.

Pueden venir aquí y... -David, no.

Eso no va a ocurrir, ¿eh?

-¿Por qué estás tan seguro? -Mira, esta gente torturó a Toño

para sonsacarle dónde estaban los diamantes.

Es evidente que ya los tienen.

-Igual saben que participaste en el robo

y vienen a por ti. -¿Por qué van a hacerlo?

Si tienen los diamantes. -Por venganza.

-Que no, hombre, no serán tan estúpidos.

No van a hacer más ruido del que ya han hecho.

Escucha, tenemos que seguir como hasta ahora, ¿eh?

Sobre todo, si Elías te pregunta, tienes que aparentar normalidad.

-No sé si podré mantenerme con la cabeza fría.

Cada vez que todo parece que ha terminado,

pasa algo aún más horrible y me pongo de los nervios.

-Que no. Hemos llegado al final de esta pesadilla, ¿vale?

Te repito: si Elías te pregunta algo, tú sigue como hasta ahora,

echando balones fuera, ¿de acuerdo?

Venga.

-Mira, yo creo que, en tu lugar, habría hecho lo mismo,

zanjar la posibilidad de volver con él, ya está.

-Ya, pero mira, todavía me pongo mala de pensar en el mal rato que pasé.

Hubo un momento en que casi voy a cenar con él, me dio "lastimica".

-No sé por qué te da "lastimica".

Te ha dado motivos de sobra para que pases de él.

-Pero cuando rompió conmigo estaba con tantas cosas en la cabeza que...

-Ya, que lo hubiera pensado antes de decirte lo que te dijo

y de dejarte. -Si eso le dije yo,

que ya no estaba para ahora sí, ahora no, que me ocultara cosas...

Que no estoy para tanta incertidumbre.

-Olga, ¿qué haces aquí tan pronto? -Hola.

-Hola. Que quería hablar contigo antes de ir a la escuela.

-¿Puedo? -Sí, mujer, claro.

Pero estate al loro que empieza a venir la gente y yo sola...

-Sí. Es un segundo solo.

A ver, ¿qué? ¿Novedades con Julio? -Sí.

Ayer, cuando te fuiste, vino a casa y me pidió perdón.

-Y tú, como eres tan buena, te olvidaste del pollo que te montó

y le perdonaste ahí, del tirón, ¿no?

-A ver, Paty, no me olvidé de todo lo que pasó,

pero me explicó las cosas.

Pensé que no se estaba tomando la medicación,

pero es que no le estaba haciendo efecto.

-¿Y no se puede hacer nada para evitar eso?

-Sí, debe llamar a su doctor para que le cambie la dosis,

pero hasta que ve que algo va mal y le llegan las pastillas...

-Te monta los pollos que te monta. -Pero no es culpa suya.

-Ni tuya tampoco.

-Paty, sé que esto no se repetirá. -Ya.

-A ver, ¿qué piensas? -¿Quieres que te sea sincera?

Que creo que va a volver a pasar

y muy bien, no es culpa suya, claro que no.

Pero ¿estás segura de que quieres seguir con Julio?

-Pues claro. No le voy a dejar por su enfermedad

y no me dirías esto si en vez de bipolar fuera diabético.

-Hombre, no es lo mismo. -Claro que no.

Cada enfermedad tiene sus síntomas y él no tiene la culpa de su trastorno.

-Claro, en esto tienes razón, sí.

-Además, sabía que mi relación podía ser difícil cuando empezamos.

-Tiene suerte de haberte encontrado. -Y yo de encontrarle a él.

Estoy aprendiendo muchas cosas que ni me había planteado.

Ahora, le he dejado claro que no voy a aguantar otro pollo.

-Eso espero.

-A ver si me puedes echar una mano. -Sí, voy.

¿Seguimos hablando luego? -Sí, claro.

Si tengo que ir a la escuela.

-Hola. -Buenas corazones. ¿Qué va a ser?

-Hola, María. Un desayuno completo con zumo de naranja, café y cruasán.

-Yo igual, pero me pones unas tostadas con aceite y tomate.

-Muy bien. Sentaos que os lo lleva Paty.

Paty, dos cafés con leche para la pareja del año.

-Estas dos sí son felices. Están en una nube.

-Oye, ya que estamos viendo tantas pelis y series,

ha llegado el momento de comprarnos una tele más grande.

-No, como hagamos eso ya sí que no salimos de casa

ni por casualidad. -¿Y eso es malo?

-Hombre, es malo para los músculos, para las articulaciones

estar todo el día ahí pegadas en el sofá.

-Qué exagerada.

-Chicas, aquí tenéis. -Gracias.

-Gracias, María. A ver si la convenzo

para comprarnos una tele más grande. -Con lo felices que sois,

¿para qué queréis una tele más grande? Con el móvil os sobra.

-Bastante me ha ayudado.

Antonio, ¿te vas a tomar otro café? Ya llevas tres, ¿eh?

No he pegado ojo de noche y ahora me ha entrado el sueño.

Ya me he dado cuenta de que has estado dando vueltas en la cama.

¿Qué? Has estado pensando en lo de Anabel, ¿no?

No me he podido quitar de la cabeza su imagen

con los ojos llorosos leyendo las cartas de los ancianos.

Desde luego, si estaba fingiendo o las cartas eran falsas,

la interpretación fue de Óscar, ¿eh?

Igual me precipité y soy un desconfiado.

Igual fue casualidad que Domingo y Flor se murieran de una embolia

en tan breve espacio de tiempo. En el fondo te entiendo, ¿eh?

¿En serio? ¿No crees que estoy paranoico?

No, cariño. ¿Cómo voy a pensar eso?

Para ti tus pacientes son muy importantes

y si son mayores y piensas que les pueden hacer daño,

se te encienden las alarmas.

(Timbre)

Elías. Buenos días. ¿Puedo pasar?

Claro, eso ni se pregunta. Venga. Me gusta hacerlo.

Por mucha confianza que haya, no sé si os pillo en buen momento.

Acabamos de terminar de desayunar. Hola, Antonio.

-¿Qué tal? ¿Quieres un café? -Me he tomado uno,

pero no me vendría mal tomarme otro. Te lo pongo.

Entonces, me voy yendo, que tengo prisa.

-Venga. -Cuídate.

Luego nos vemos, cariño. Vale.

Pasa, pasa. Siéntate.

¿Qué? ¿Le pudiste apretar bien las tuercas a Jesús?

Pues sí, bastante, pero bueno, no hay ninguna novedad.

¿Ah, no? ¿Y por qué vienes tan temprano? ¿Ha pasado algo?

No, es que hay una cuestión que... ¿Dónde está el misterio?

No hay ningún misterio, es que tengo que pedirte un favor

y sé que no te va a gustar.

Te voy a poner el café.

Sí, Karim me dio las gracias 20 veces, por lo menos,

porque le dejáramos quedarse en el piso.

Sobre todo se refería mucho a ti porque tú no le conoces de nada

y has sido muy generoso.

-Es lo menos que podía hacer por un compañero.

Y teniendo una habitación libre... ¿Y a qué hora llega?

-No me lo supo decir muy bien, pero quedamos en que me llamaría

cuando bajara del avión. Creo que me dijo sobre mediodía o así.

-¿Y esas prisas?

-Porque quiero llegar pronto a comisaría

para entregarle un informe a Bremón. -Pues me voy contigo.

(Timbre)

-Fede, ¿no? -¿Karim? Pero ¿qué haces aquí?

¡Pero si venías a la hora de comer, por favor!

-Pero te quería dar una sorpresa. ¿Cómo estás?

-Muy bien.

Eh, ah, bueno, perdón. Fede, Karim, Karim, Fede.

-Encantado. -¿Qué tal?

¿Qué tal el viaje? -Bien, bien.

Y muchas gracias por dejar que me aloje aquí, en vuestra casa.

La verdad es que prefiero esto a un hotel.

-Sabes que aquí eres bienvenido.

-Y tú estás preciosa, más luminosa y guapa que nunca.

-Pero ¿qué dices? -Sí.

-Tú también estás bien. Parece que te cuidas en La Haya, ¿no?

-Hago lo que puedo.

-Eh, bueno, pues cambio de planes.

Voy a ayudar a Karim a instalarse, ¿vale?

-Yo ya voy yendo a comisaría y nos vemos por allí luego.

-Vale. -Adiós.

-Hasta luego.

Me parece increíble que estamos aquí los dos...

-Ya te digo, después de tanto tiempo. -Sí.

-Bueno, te acompaño a la habitación para que vayas dejando las cosas.

-Sí, sí. -Ven. Es por aquí.

-A ver, Claudia, Jesús me insiste una y otra vez

en que no ha vuelto a saber nada de Toño y Goliat

desde que le ofrecieron formar parte del atraco y lo rechazó.

¿Y cómo reaccionó cuando le dijiste que habían asesinado a Toño?

Parecía muy impactado.

Desde luego, parecía que le pilló de nuevas.

¿Seguro? Sí, segurísimo.

No sé, me pareció que decía la verdad.

Ya. Bueno, ¿y cuál es ese favor que me quieres pedir?

Tú me dijiste que le ibas a contar a Bremón

que Jesús era el Chispas. ¿Se lo has contado ya?

No, pensaba hacerlo al llegar a comisaría.

No lo hagas, por favor. ¿Cómo que no lo haga? ¿Por qué?

No me gustaría que esta noticia corriese por el barrio

como la pólvora. ¿Qué te crees?

¿Que el comisario va a ir proclamándolo?

Ya sé que no es lo habitual, pero quizá se lo cuenta a una persona

pidiéndole confidencialidad y esta se lo cuenta a otra

y eso al final es un patio de vecinos.

Elías, me sorprende cómo proteges a Jesús.

Parece tu mejor amigo.

No quiero que le pongamos en el punto de mira.

Va a sufrir su hijo y no tiene la culpa del pasado de Jesús.

En eso tienes razón.

Mira, Jesús dejó la banda de Toño hace 20 años.

Durante este tiempo ha luchado para sacar adelante a su hijo.

Ya, pero, aun así, no creo que tenga que ocultarle

esa información tan relevante al comisario.

Ya. Bueno, se lo podríamos plantear de otra manera.

Podías decir que es mi confite y no puedo revelar su identidad.

Que es lo que has estado haciendo conmigo este tiempo.

Lo siento. Sí.

¿Por qué te preocupa tanto Jesús?

Jesús lleva todo este tiempo intentando corregir sus errores

como me pasó a mí cuando superé mi problema con la bebida.

Y de verdad, me admira ver cómo ha luchado todo este tiempo

para darle una vida mejor a su hijo. Venga, hazme este favor, Claudia.

Démosle una segunda oportunidad.

Está bien, pero en función de cómo se desarrollen los acontecimientos

valoraré si se lo digo al comisario o no.

Me parece justo. ¿Alguna petición más?

Apura eso.

La habitación está genial y el piso me encanta.

Tenéis que estar de lujo aquí los tres.

-Sí. Ahora estamos los dos porque Lola está en Valladolid.

-Ah, bueno, pero es temporal. Por lo de su hermano y eso, ¿no?

-Bueno, sí, supongo que algún día volverá.

-¿Y qué tal la convivencia con Fede? Parece un tío muy majete.

-Sí, fenomenal. La verdad es que nos estamos haciendo muy amigos.

-Sí, se respira como muy buen rollo entre vosotros y...

-Normal, es que pasamos mucho tiempo juntos.

¿Y qué tal tú en La Haya? -Bien. Bueno, muchísimo trabajo,

aunque, la verdad, no tengo tiempo libre, aunque sea gratificante.

Por eso estas vacaciones me van a saber a gloria.

Sí. ¿Sabes?

He soñado muchísimas veces con venir a verte.

-Yo me tengo que ir a comisaría, que...

-Sí.

-Si quieres tú quedarte descansando...

-No, la verdad es que prefería ir contigo

y así saludaba a los compañeros. -Ah, sí.

Me parece muy bien, sí. Vamos.

-¿Te encuentras bien, Alicia? Sí, gracias.

No lo dices muy convencida.

Bueno, es que vengo de un servicio que me ha dejado impactada.

Cuenta. Un niño de ocho años llamó al 091

para avisar de que su madre estaba en el suelo

y de que sangraba por la cabeza.

¿Un caso de violencia de género? Eso pensé.

Pero la mujer sufrió un ictus y, al desmayarse,

se golpeó la cabeza y de ahí la sangre.

¿Y se ha salvado?

Sí. Los médicos dicen que está fuera de peligro.

El niño avisó tan rápido que apenas perdió sangre.

Es raro que el niño supiera el número y pudiera dar el aviso, ¿no?

Sí. Me han contado que asistió a un taller

que impartieron nuestros compañeros en su colegio.

Eso le ha salvado la vida. Cuánto me alegro.

Espero no tener que verme en una tesitura así.

En cuanto Leo tenga edad suficiente, me aseguraré

de que vaya a un curso de estos. ¿Y qué tal está Leíto?

Bien, tras recuperarse de la infección de orina,

duerme como un lirón, cosa que nos viene muy bien a Iker y a mí.

Desde que has sido madre te habrá cambiado la vida.

Sí, la verdad es que sí: horarios, prioridades...

Pero no me importa. Lo único que echo de menos

es salir al cine, a cenar o al teatro de vez en cuando.

A mí no me importaría estar en tu lugar.

¿Qué quieres decir?

No sé, últimamente se me ha despertado ese instinto maternal.

Considero que podría ser muy buena madre.

Seguro que sí. Karim, qué alegría, ¿qué haces aquí?

Una escapada. -No sabía que venías.

-Bueno, era un secretito.

-Qué bien calladito te lo tenías, Espe.

-Me pidió que no lo dijera. -¿Y dónde te quedas?

-Iba a coger un hotel, pero Fede y Espe me ofrecieron su casa.

-Como la habitación de Lola está libre...

Fede, estás hecho un anfitrión acogiendo a antiguos compañeros.

Sí, es que los amigos de Espe son mis amigos.

-La autopsia ha determinado que las balas

que asesinaron a Antonio Asensio, alias el Toño,

salieron de un arma corta, una Glock 26.

¿Alguna otra cosa relevante? Pues sí, algo importante, sí.

Me han comunicado los de la Científica

que ayer encontraron la cartera de Toño.

¿En dónde? En unos matorrales.

A 500 m de donde encontraron el cuerpo.

¿Cómo es que no la encontraron antes?

En una primera batida hicieron un perímetro de 300 m

y luego lo ampliaron a 500 y es cuando dieron con ella.

¿Contenía algo relevante? Pues sí.

Una documentación falsa del tal Toño. Tenía un DNI, un pasaporte

con la foto de Toño, pero a nombre de un tal Rafael Sicilia.

Sí, los de Dactilología están revisando la cartera

y la documentación a ver si encuentran huellas de alguien más.

Así que Toño estaba preparando su huida.

Sí, pero ¿por qué con documentación falsa?

Él ya había cumplido con su condena y la policía no le buscaba por nada.

Es un indicio más de que el atraco se llegó a cometer.

Debió temer que saliera a la luz y que fuéramos a por él.

O igual temía a los asesinos de Goliat y del Pincho

y todo apunta a que el tal Toño este robó a quien no debía.

Algo relevante también es que le torturaron.

Todo indica que lo hicieron para sonsacarle dónde estaba el botín.

En cualquier caso, el cadáver del Pincho lo encontramos de milagro.

Estaban a punto de quemarlo en la incineradora del vertedero

y con los otros dos no tuvieron cuidado,

los dejaron a plena vista.

Parece estar claro que el primer asesinato y los otros dos

fueron cometidos por distinto autor o bueno, o autores.

Bueno, habrá que seguir investigando para comprobarlo.

Elías, ¿hay algo más?

Pues sí, pero no tiene que ver con este caso.

La verdad es que no pensaba contárselo,

pero creo que debo hacerlo. Dispara, Elías.

Ayer tuve un encuentro muy desagradable con Sergio Mayoral.

Es increíble que ese tipo siga suelto

como si no hubiera pasado nada. Me pone negro.

Estaba agarrando por las solapas al padre de Alicia

y claro, intervine para separarlo.

¿Y te hizo caso?

Bueno, rezongando y a duras penas aflojó y Marcelino pudo soltarse, sí.

Ese tío es un impresentable.

Me contaste que tuvo la desfachatez de presentarse en comisaría

para saludar al personal como si no hubiera pasado nada.

Sí, además, por lo que sé,

parece que esto de Marcelino no ha sido un caso aislado.

¿A quién más ha molestado?

Miralles me contó que, cuando Alicia dio a luz,

se presentó en el hospital para darle la paliza

y luego se presentó un par de veces más

para molestarla con improperios y faltas de respeto.

Llegó a hablarle de cosas personales. ¿Qué tipo de cosas?

Le dijo que cómo podía empezar una relación con Iker

teniendo el cadáver de Batista todavía caliente.

¿Quién se ha creído que es?

¿Cómo se atreve a acercase y hacerle comentarios de su vida?

Ese tipo es capaz de cualquier cosa.

Su poca humanidad la perdió cuando entró en la cárcel, así que...

(Puerta)

Adelante. ¿Puedo pasar?

Claro. Estaba deseando verte.

Bueno, ¿qué tal por La haya? -Muy bien.

Muy ocupado, pero muy contento. Qué, nos echabas de menos, ¿no?

Por eso cuando he tenido cuatro días he venido a veros.

-Me alegro de verte.

-Y yo y aquí se respira el mismo buen rollo de siempre.

¿Tú crees? Bueno, se hace lo que se puede.

Ya nos contarás algún secreto de cómo trabajáis por La Haya.

Por supuesto. Vengo dispuesto a que me hagáis el tercer grado.

-Lo he visto.

Parece que, efectivamente, podría ser un buen mariachi.

Tiene el perfil de un testaferro de libro,

sin familia ni amigos.

Hola, buenos días. Venía a ver a Sergio Mayoral.

Oye, te tengo que dejar, pero pon en marcha esa opción.

Gracias.

Qué honor, comisario. Un placer recibirle por aquí.

Seguro que sí.

Mari Carmen le habrá informado, pero el señor Somoza no está aquí.

Le estoy buscando a usted. Vengo de Transportes Quintero.

Trabaja mucho por allí, ¿verdad? Voy donde me requiere mi cliente.

Qué solícito.

Le ofrecería una copa, pero los polis no beben cuando están de servicio.

Vendrá a verme por un asunto oficial.

Mire, no voy a andarme con rodeos, Sergio.

Elías Guevara me ha contado su comportamiento agresivo

desde que consiguió la libertad provisional.

Perdone, no sé de lo que me está hablando.

¿Comportamiento agresivo? ¿Qué es eso?

¿Va a negarme el desagradable incidente de ayer en la plaza?

¿Podría refrescarme la memoria, comisario?

Elías Guevara vio cómo cogió de las solapas a Marcelino Ocaña

y, cuando le recriminó su actitud, no es que fuera muy correcto.

Que no fue muy correcto.

¿Ha venido a darme una lección de modales?

Por el juez que lleva mi caso,

la actitud que se ha cuestionado es la de sus agentes,

que me manipularon y presionaron para que me autoinculpara.

Precisamente, si hasta le faltó tiempo

para visitar a Alicia al salir, algo fuera de lugar

y que solo se entiende desde el ánimo de la provocación.

Hasta se permitió el lujo de hacerle comentarios

sobre su relación con Iker. Fui a ver a Alicia al hospital

para desearle lo mejor y felicitarle por el nacimiento de su hijo.

Lo normal.

¿Seguro que solo fue por eso? Me da igual que no me crea.

La que tuvo una actitud agresiva fue ella.

Me llamó hipócrita, mentiroso y asesino.

En cuanto al enganche con Marcelino, fue el típico de dos antiguos socios,

un asunto privado del que no tengo que hablarle.

Los asuntos dejan de pertenecer al ámbito privado

cuando se cometen actos violentos.

Violencia verbal la que empleó Marcelino Ocaña contra mí.

Me dijo cosas muy desagradables

que no le voy a repetir porque tengo sentido de la educación.

Si fuera así, cosa que dudo, eso no justifica una agresión.

¿Qué agresión?

Le cogí de las solapas porque no paraba de insultarme.

Si Elías Guevara no llega a aparecer,

no quiero ni imaginar adónde podría haber llegado.

Eso que está emitiendo es un prejuicio.

¿Por qué presupone que no sé controlarme?

Porque eres el autor confeso de dos crímenes,

uno de ellos, por cierto, de una agente de la comisaría.

La muerte de Elena fue accidental y no era ningún angelito.

Hay análisis que demuestran que me estuvo envenenando para matarme.

Pero en su comisaría se aferran al pasado

y no están siguiendo la evolución del proceso.

Conozco muy bien tu estrategia de defensa,

pero sabemos que no se corresponde con la realidad.

Eso lo dirá usted. Respeto que no comparta la decisión judicial

que me ha dejado en libertad, pero si ha sido así es

porque al juez le parece verosímil que actué en legítima defensa.

Me sorprende que, a estas alturas, sigas haciéndote la víctima.

No, no lo hago, lo soy

y tengo que aguantar que todos me llamen de todo, incluido usted,

ignorando la presunción de inocencia.

Confío en la justicia y espero que muy pronto vuelvas a la cárcel.

Eso ya lo veremos.

Te lo advierto, Sergio, no vuelvas a molestar a mi gente.

Te recuerdo que estás en libertad provisional con cargos.

No te conviene meterte en problemas.

¿Me está amenazando? En absoluto.

Te lo estoy diciendo por tu bien,

así que atente a las consecuencias de tus acciones.

Comisario Bremón, ¿qué hace por aquí? ¿En qué lo puedo ayudar?

Ya terminé. Vine a hablar con Sergio,

a pedirle que no toque las narices al personal.

¿Cómo así?

Sergio ha provocado a mis agentes así que, por favor,

átele corto o tendremos muchos problemas.

Ya me contó el comisario de sus hazañas.

-No se crea todo lo que dice. -¡No le creo a usted!

Ya me va contando qué fue lo que pasó. Camine, pues.

-Gracias.

Oye, que hace días que no os pregunto ni a Olga ni a ti

por el negocio, ¿cómo va?

-Hemos tenido un problema con el proveedor de harinas,

pero ya estamos intentando solucionarlo.

-Cuando arranquéis, avisadme que quiero un pedido

de "love muffins" que trajisteis el otro día.

Funcionaron de maravilla en el "speed dating".

-Y te prepararemos una caja con "cookies"

para que las pruebes.

-Probarlas todas no sé porque estoy a plan,

pero las conozco de sobra. Olga empezó aquí

con todos sus experimentos de las "cookies".

Me gustaban todas con locura, así que os haré un pedido.

Buenas. -Buenas.

-Hola, Antonio. -¿Qué tal?

-Precisamente, estaba hablando con Julio de La patisserie de Olga.

Hay que ver qué gusto da ver a la gente joven

empezar un proyecto nuevo, un negocio con esa ilusión.

-Sí, estoy orgulloso de mi hija, que sea una gran emprendedora.

-Sí, y con un ojo clínico para elegir socio.

-Sí, eso pienso yo. -Gracias.

-¿Te pongo un pincho y un café? -Sí, por favor.

¿Qué tal? ¿Cómo lleváis el tema de los proveedores?

Me ha dicho que buscáis

a los que se ajusten a vuestras necesidades.

-Sí, pero no lo hemos decidido. Queremos estudiarlo a fondo.

-Tomaros vuestro tiempo. Es una decisión importante.

Hay que darle vueltas, las que sean necesarias.

-Aquí tienes. Te pongo el pinchito. -Tengo que irme.

-¿Adónde vas, hombre?

Para triunfar hay que saber disfrutar del descanso.

Tómate tranquilamente el refresco.

-He de revisar unas ofertas de proveedores y comentarlas con Olga.

-Arrancar una empresa es muy estresante.

Hay que relajarse. -Seguramente tendrá razón, pero yo...

-Yo sé que Olga lo disimula, pero está atacada.

¿Tú qué tal? ¿Cómo llevas la tensión? -Me pasa igual que a ella.

Intento mantener los nervios a raya, pero no siempre lo consigo.

-Soportas mucha presión, ¿no deberías ajustar tu medicación?

-No creo que sea ni el momento ni el lugar para hablarlo.

Adiós.

-Adiós.

(Móvil)

Sí, Gerardo, ¿cómo estás? -"Bien, bien".

"Pero no dejo de darle vueltas a tu pregunta del otro día".

-¿Te refieres a mi pregunta sobre Anabel?

-"Sí".

-No le des muchas vueltas a la cabeza.

Sé que la información sobre tus clientes es confidencial

y que te juegas el puesto si me la das.

Tranquilo. Lo entiendo perfectamente.

-"Pero me siento obligado a contarte algo sobre ella,

algo que me parece sospechoso".

-Yo te prometo la máxima discreción. Nos une una gran amistad.

Llegado el momento, no revelaré mis fuentes.

Cuéntame, por favor.

"Anabel se ha comprado un chalet en Samaná,

una zona exclusiva de República Dominicana".

-¡Basta ya, pues! ¿Cuántas veces tengo que decirle

que no quiero verle en ningún altercado público?

Ya se lo advertí cuando se enganchó con González.

-Marcelino me insultó, me puso de los nervios y le agarré.

Cuando apareció Guevara, me fui.

-Sí, por supuesto. -Se lo juro.

En cuanto a lo de Alicia, ella aprovecha cualquier oportunidad

para ser borde conmigo. No creo que le extrañe,

con usted tiene la misma actitud. -Déjese de excusas, huevón.

Yo le voy a decir algo. Si Bremón viene con otra queja sobre usted,

le voy a mover todos los hilos para que regrese a la cárcel.

(Puerta)

-¿Interrumpo?

-No, mi amor. Tú no interrumpes nunca.

-¿Qué tal, Sergio? -Todo bien, gracias.

-Lárguese de aquí que no le quiero ver la cara más.

-¿Tienes algún problema con él?

-No, mi amor, pero ese hombre a veces me saca de quicio.

-¿Por qué?

-Tiene un comportamiento demasiado agresivo y provocador con la policía.

Eso no me conviene. Es demasiado impetuoso.

-Bueno, yo sé de uno que también lo es.

Anoche estuviste pletórico.

-La verdad es que la velada de anoche estuvo agradable.

-¿Solo agradable?

-Increíble, quiero decir.

-Me encanta verte sonreír. Te hace aún más atractivo.

-Antes de que llegaras estaba desquiciado,

pero tú tienes ese don para tranquilizarme.

En diez segundos haces que se me pase la rabia que tenía por Sergio.

-Qué bueno que pueda cambiarte el humor para bien,

así que ahora olvídate del trabajo y hagamos planes para esta noche.

¿Te apetece un concierto de jazz? -¿Aquí, en Madrid?

-Sí, en un local en el barrio de Salamanca.

-Ah, por supuesto que sí.

Sabes que me encanta el jazz desde que me lo presentaste.

-En aquel local pequeñito de Cali, ¿te acuerdas?

-Gracias a ti he recuperado el gusto por la vida,

por eso no quiero esperar un minuto más para esto.

-¿Para qué?

¿Esto es lo que parece? -Míralo, pues.

-¡Alejandro!

-¿Te quieres casar conmigo, mi amor?

-Pero mi amor, si te lo pedí yo ayer y me dijiste

que debíamos esperar a ver qué tal iba la convivencia.

-Tonterías que yo digo.

Nosotros sabemos que convivimos perfectamente

y nos compenetramos demasiado bien.

Lo único que nos separó fue la muerte de nuestra querida Valentina.

-Sí, es verdad. En eso tienes razón.

-Entonces, ¿qué, mi amor? ¿Quieres que sea tu marido por segunda vez?

-Claro que sí, claro que sí, mi amor. Sí, quiero.

-Un cafetico con leche. -María, María.

Tienes el teléfono de Anabel, ¿no?

-Sí, me lo dio ella. La puse en contacto con la familia de Herminio.

Luego rechazó el trabajo.

-Sí, quiere trabajar con ancianos que estén más solos.

-¿Y han encontrado a alguien con esas características?

-Es posible, sí. -Pues mira qué bien.

Espera, que lo tengo por aquí. Sí, este es.

-Anabel, soy Antonio Torres. -Hola. ¿Quién te dio mi teléfono?

-"La dueña del bar La Parra".

Anabel, ayer me quedé muy impresionado

cuando leíste las cartas de los ancianos

y, en fin, creo que estoy equivocado,

"que mis sospechas eran infundadas y quería pedirte disculpas".

-Bueno, todos cometemos errores. No pasa nada.

-Bueno, pero me gustaría disculparme a solas, ¿sabes?

-Mira, Antonio, no es necesario, de verdad. Todo está bien.

-Agradezco tu comprensión, pero no me quedaré tranquilo

si no me disculpo mirándote a los ojos.

-Bueno, vale, ¿y a qué hora te viene bien quedar?

-Tengo una paciente que ha anulado una cita.

¿Podría verte dentro de media hora en la consulta?

-Bueno, vale. Ahí nos vemos.

-Bueno, te lo agradezco mucho. Será solo un momento.

Te voy a entretener poco. Muchas gracias.

-Nada. Hasta ahora.

(Puerta)

-¿Molesto? -¿Por qué vas a molestarme?

Somos pareja y además socios, ¿no? -Sí, perdón. Me dio por ahí.

-Ya. ¿Y no será que me tienes miedo? -¿Qué?

Claro que no, ¿por qué dices eso? -Es lo que pienso.

-Te ha pasado algo, ¿verdad?

-Me he encontrado con tu padre en La Parra.

-¿Y qué ha pasado?

-Después de dar unos rodeos, me ha preguntado

si había tenido que ajustar la medicación por el estrés.

Me ha sentado fatal.

-A ver, es una pregunta invasiva, pero mi padre es médico.

Al final es normal que se preocupe por el tema.

-No era ni el momento ni el lugar para hablar sobre mis pastillas,

la verdad. -Ya, tienes razón.

-No le habrás contado nada de la discusión que tuvimos, ¿verdad?

Venga, Olga, es evidente que sí.

-Estaba hablando con Paty y mi padre vino y vio que tenía muy mala cara.

Me sonsacó que habíamos discutido, pero no entré en detalles.

-Tu padre sabía que habíamos tenido un problema con el proveedor.

-Vale, pero eso se lo conté en otro momento

y de pasada, sin relacionarlo con esto.

-Ya. El caso es que supongo

que tu madre estará al día de que discutimos.

-No, le pedí a mi padre que no le dijese nada.

-¿De verdad te compensa esto? -¿El qué?

-Esto. El andar mintiendo,

contando medias verdades a tus padres, por ejemplo.

-Bueno, creo que no decir siempre toda la verdad no es tan malo.

-Espero que no estés conmigo por miedo

a que deje de invertir en tu negocio. -¿Cómo?

-Olga, yo lo único que te digo es que, si rompemos,

no te voy a dejar tirada con el proyecto.

-¿Es lo que me estás proponiendo, romper?

-Yo te quiero más que a nada, por eso no quiero que lo pases mal.

-Si tú y yo lo dejamos, lo voy a pasar muy mal

porque yo te quiero mucho.

-Gracias por ser como eres y por quererme así.

-¿Qué tal, chicos? ¿Qué os apetece tomar?

-Ponme un cafelito de los míos para llevar.

-De momento nada. Teresa está al caer para comer.

-Vale.

-¿Te has enterado de lo de la cartera del Toño?

-Sí, me lo estuvo comentando Miralles.

-Voy a llamar a mis confites a ver si averiguo algo.

-Sí, porque que el tipo llevara documentación falsa

debe ser porque estaba planificando huir.

-Tiene toda la pinta, sí, pero a ver si me dan algún soplo

y encuentro algún hilo del que tirar. -Sí.

-Aquí tienes. -Gracias.

-Deja, yo te invito. Pónmelo en mi cuenta.

-Gracias, compañera. A ver si te puedo dar noticias de este caso

que nos trae de cabeza. Venga, gracias.

-Venga, hasta ahora. -Adiós.

-Adiós, Elías. -Chao.

-Oye, Nacha, una preguntita.

¿Tú sabes qué policía fue el que recibió la llamada

del niño que avisó de que su madre estaba inconsciente?

-Fue Alicia.

-Me he quedado flipando con la noticia.

En el bar no se habla de otra cosa. Ella era clienta de aquí.

-Hola. -Hola.

-¿Qué tal? -Muy bien.

-¿De qué estáis hablando? -De un niño que dio un aviso del 091

porque su madre estaba en el suelo sangrando

porque a la mujer le había dado un ictus.

Y el niño, con la llamada, le salvó la vida a su madre.

-Guau, qué barbaridad.

Me sorprende que el niño reaccionara tan bien.

y que supiera el número de la policía.

-El chaval acudió a un taller que impartieron unos compañeros

en su colegio. -Menos mal.

¿Os dejo que lo penséis y vengo a tomaros nota?

-Vale. Qué bien esos cursos, ¿no?

¿Tú has dado alguno? -No, de momento,

pero ya me veo un día en un colegio haciendo algún cursillo de esos.

-No sabía que te interesara la formación.

-Más que la información, me interesa estar en contacto con los niños.

Me encanta estar con ellos, con esa magia que desprenden, no sé.

¿A ti te gustan los niños?

-Eh, para un ratito, sí. -Para un ratito y ya.

-Con los niños me pasa como con las personas,

algunos me caen bien y otros no tanto.

-Ya... -¿Qué pasa? ¿Por qué pones esa cara?

-No sé, es que me parece raro que no te gusten los niños en general.

-Perdona que me ría. No sé qué interés tienes

en que me gusten todos los niños. -No te tienen que gustar todos,

con que te guste uno en concreto ya me haría feliz.

-¿De qué estás hablando?

-De que me gustaría ser madre, Teresa.

-Guau, eso no me lo veía venir yo.

-Es algo que me está empezando a rondar últimamente

y he pensado que podríamos ser madres de un niño.

¿No dices nada?

-No, es que no sé qué decir.

-Tampoco es que te lo tengas que pensar mucho.

Si te apetece bien y si no, pues no, ya está.

-Bueno, sí. No sé, me parece que aún no estamos en ese momento,

que tenemos tiempo para discutir esto.

-Claro. Ya está, no te apetece tener un niño conmigo.

-Yo no he dicho eso, no he dicho eso. -Bueno, ¿qué, chicas? ¿Lo sabéis ya?

-Sí, una ensaladita y una pechuga de pollo, porfa.

-Bueno. -Yo voy a tomar lo mismo.

-Vosotras, ¿qué pasa? ¿Estáis siempre de acuerdo en todo?

-No te creas. -No. Gracias.

(Puerta)

-Sí.

-Hola, ¿puedo pasar? -Claro. Por favor.

-Bueno, Antonio, me ha sorprendido muchísimo tu llamada.

Te lo confieso, no me lo esperaba. -Me lo imagino.

-He estado muy dolida, Antonio, estos días.

Me sentía indignada porque dudaras de mí.

Pero me alegra que hayas entrado en razón.

-Sí, es que te pusiste a leer

las cartas de los ancianos con tanta emoción

que me encogiste el corazón. No pude dormir

pensando lo mal pensado que llegué a ser, sí.

-Mira, ya no le des más vueltas al asunto.

Borrón y cuenta nueva.

-Ojalá pudiera borrarlo todo, pero no puedo.

-¿A qué te refieres?

-Bueno, cuando ya pensaba que me había equivocado,

he recibido una información que me ha hecho pensar

que no estaba tan equivocado.

-¿Por qué no hablas claro? -Muy bien.

Sé que has comprado un chalet en una zona exclusiva en Samaná.

-Esto es el colmo. -¿No lo niegas?

-Pero ¿qué te pasa? ¿Por qué sigues investigándome?

-Solo quiero que me respondas a una pregunta:

¿cómo es posible que hayas hecho esa compra con tus ingresos?

-Ya veo que no tenías la más mínima intención de disculparte.

-¿Qué tal si me respondes a la pregunta?

-¿Y qué tal si dejas de obsesionarte conmigo?

¿Quién te crees que eres para interrogarme?

Es mi problema si compro una propiedad o no.

¿Acaso yo investigo cuántas casas tienes o cuentas tienes en el banco?

-Con este trabajo no puedo comprarme un chalet tan lujoso como el tuyo.

-¿Insinúas otra vez que soy una asesina?

-No te estoy acusando de nada. Me ciño a los hechos, nada más.

-¿Crees que me compré la casa robando a los ancianos a los que cuido?

-Te repito que no te estoy acusando de nada.

Solo te he hecho una pregunta y no me has contestado.

¿Cómo es posible que te compres ese chalet?

-¡Eso es problema mío!

Yo no tengo por qué darte explicaciones, Antonio.

Atente a las consecuencias. Esto no se va a quedar así.

-¿A esta qué le pasaba? Menuda cara llevaba.

-Es largo de contar y muy desagradable.

Mejor que hablemos de otra cosa. ¿Qué haces aquí?

-¿Qué hago aquí? -¿A estas horas?

-Estoy enfadada contigo. -¿También? ¿Qué pasa ahora?

-¿Te parece normal abordar a Julio en el bar

para hablarle de su medicación? -Soy médico y él es tu novio.

Me acerqué para interesarme por su salud, nada más.

Y más después de enterarme que habíais discutido.

-Por eso, me has vendido delante de Julio

dejándole claro que te conté nuestra discusión.

-Lo siento mucho, siento haberte metido en un compromiso.

-Lo has hecho. Debías mantenerte callado, pero no se te da bien.

Seguro que se lo contaste a mamá.

-No le he contado nada. He guardado mi promesa. No.

Y, además, si le pregunté algo a tu novio

es para interesarme por su salud, eso es.

-Con esta actitud no le ayudas y a mí menos.

Solo has conseguido humillar a Julio.

-Sí, está muy contento en La Haya.

Creo que está haciendo un trabajo fantástico, ¿no?

Y que está aprendiendo mucho. Eso dice él.

Dice Karim que está alojado en tu casa.

Sí, como la habitación de Lola está vacía...

Ah, bueno. Toma.

Podía aprovechar, ya que está con vosotros,

para tener una conversación con Fede. Tienen mucho en común.

¿Mucho en común? ¿A qué te refieres? Los dos son inspectores de la UIT.

Puede ponerle al tanto de los nuevos software

y de los nuevos avances para perseguir el delito tecnológico.

Claro. Seguro que encuentran un hueco para ponerse al día.

De todas maneras, qué suerte que Karim tenga unos días

y haya decidido pasarlos en Distrito Sur.

Dice que echaba de menos a sus compañeros.

Espe, no seas modesta. Te echaba de menos a ti.

Rosa, vete a comer, si quieres, que yo te relevo en la OAC.

-Me viene genial. Gracias.

-¿Qué debo hacer para poner una denuncia?

-De momento, hablar conmigo. ¿Qué le ocurre?

Espe, se me ha olvidado decirte... Anabel, ¿qué haces aquí?

He venido a poner una denuncia.

Un médico del centro de salud me está acosando.

¿Cómo se llama? Se trata del doctor Antonio Torres.

Seguro que le conoce.

¿Puede contarnos con detalle qué ha sucedido, exactamente?

¿Que qué ha sucedido?

Señora, que su marido me está acosando ¡y yo estoy harta!

Cálmese, por favor.

¿Que me calme? No es necesario gritar.

Su marido me ha hecho una encerrona en toda regla.

Explíquenos qué ha ocurrido.

Bueno, averiguó mi teléfono, me llamó,

me citó en su consultorio, supuestamente, para disculparse

por las calumnias que había lanzado sobre mí

y cuando llegué allí no solo no me pidió perdón,

sino que, encima, me insultó y me volvió a llamar asesina.

-Bueno, cálmese. Habrá otra manera de zanjar esta situación.

-El doctor Torres ha vuelto a humillarme

y ha llegado la hora de que alguien lo ponga en su sitio.

Le voy a poner una denuncia y punto.

-¿Ya pensó lo que le dije sobre Bremón?

-Está todo entendido. -Ya está bien, Alejandro.

Hoy no es día para regañar a nadie. Estamos de celebración.

-Tienes razón, mi amor. Dígale a Mayoral las buenas nuevas.

-Tu patrón me ha pedido en matrimonio.

¿Por qué no te centras en tu trabajo, que es curar?

Deja de hacer de detective.

¿Sabes lo que me revienta? Que no me tomes en serio.

Querías que desestimara esto porque no había un móvil.

Ya tienes el móvil, ha comprado un chalet de lujo.

¿Qué más quieres para investigar? Creo que debo irme.

Eso es y mejor no vuelvas. Sobre todo si es para echarme una bronca.

Le comenté que las rutas del sur iban a estar más vigiladas

desde que la policía supo que había comprado Transportes Quintero.

Le adelanto que están sumando efectivos

para incrementar la vigilancia en el puerto de Algeciras

con un despliegue de policías de paisano.

Tranquilo, les llevamos ventaja. Puedo ayudarle con la organización.

Para evitar sorpresas, como la última vez,

debería tener más información de ese envío.

Sí, formaré parte de la logística.

Ya lo sé, general, pero no puedo presionarle más.

Buscaré pruebas que lo incriminen en el caso de que se desdiga.

Hola, Luis, ¿qué tal?

¿Tienes alguna noticia sobre lo que te he pedido? ¿Sí?

¿Estás seguro?

¿Le has dicho que quieres ser madre de buenas a primeras?

Sí, era un tema que tenía que sacar.

-No quiero que pienses que soy insensible a la maternidad.

-Yo puedo esperar porque con la única con la que se me ha despertado

este sentimiento y con quien me apetece tener un hijo es contigo.

-Ya, ya lo sé.

Pero hay algo que no sabes y querría contarte.

-He estado sondeando a los falsificadores del barrio

y ninguno parece que tenga que ver con la documentación falsa de Toño.

Estamos bien.

Espere, hay alguno que no he sondeado, un tal Tintas.

No he dado con él, pero hay una cosa curiosa.

Dime.

Este tal Tintas se pasó una buena temporada en Estremera

y ahí coincidió con el Toño. ¿Va atando cabos?

El tal Tintas tiene todas las papeletas

para ser quien le proporcionó el pasaporte falso.

-Oye, ¿qué quieres?

¿No tienes bastante con casarte con Somoza?

-"No seas antipático".

Te estoy llamando para que vengas a celebrar mi boda.

Te espero en la habitación del hotel. -No, Sofía. Este juego se ha acabado.

-Te doy una hora. -¿Te lo abrocho?

-Por favor.

Karim.

-Es que no he podido evitarlo.

-Todo ha sido porque no me he querido acostar contigo.

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Servir y proteger - Capítulo 336

31 ago 2018

La inspectora jefe Miralles es la policía más veterana de la comisaría del Distrito Sur. La inspectora Alicia Ocaña se incorpora a la comisaría. Ambas son el eje en torno al que gira la vida personal y profesional de sus compañeros y los casos policiales que afectan al barrio.

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  1. Mari Carmen

    A veces en mi pantalla parece "congelada"la imagen. Lo que hago es cerrar esa pantalla y abrirla más tarde siguiendo el procedimiento de ir a ver videos.

    06 sep 2018
  2. Alicia

    Me aburre el tema Sergio Mayoral y la novia de Sandoval

    03 sep 2018
  3. Asv

    Yo lo veo sin problema, inténtalo con otro navegador

    01 sep 2018
  4. Isabel

    Llevo todo el verano sin poder ver la serie online, la publicidad se ve sin problema y al empezar la serie se congela la imagen y pantalla en negro. Alguien más tiene este problema? Gracias

    31 ago 2018
  5. Isabel

    Llevo todo el verano sin poder ver la serie online, se ve la publicidad y a partir de ahí se congela la imagen y pantalla en negro. Acacias 38 se sigue viendo sin problema. Alguien puede decirme si le ocurre esto? Gracias

    31 ago 2018