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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 332 - ver ahora
Transcripción completa

por eso creo que nuestro contrato ha llegado a su fin.

Es usted una mujer libre.

-Quería pedirte perdón. Sé que esto no borra lo que he hecho

ni lo que te he hecho sufrir por mi culpa, pero...

Nerea, no sé si algún día lograremos recomponer nuestra relación,

pero ya sabemos por qué se rompió.

Entiendo que os he causado mucho dolor

estando al lado de esos criminales

y espero que podáis perdonarme la forma en que he hecho las cosas.

-Me alegra que se te haya caído la venda de los ojos.

-Nerea, si hay una debilidad en nuestro patrón...

-Ni por perjudicarle a él la compartiría contigo. No insistas.

-Tú fuiste la mujer de mi vida, no lo dudes nunca.

Pero no podemos volver, lo nuestro se acabó.

-Lo que ha pasado esta noche entre nosotros

puede ser un buen principio.

-Tenga cuidado. Sofía y yo volvimos.

-Creí entender que no habían acabado bien.

-No le incumbe a usted.

Lo que debe saber es que Sofía es intocable.

-Lo que pasó anoche yo creo que estuvo bien, ¿no?

-Sí. -Pero no sé si debería haber pasado.

Llegados a un punto no sé si éramos nosotros mismos.

Lo que me ha dicho Karim me ha dejado desconcertada.

-¿Qué ha pasado?

-Que viene a Madrid en unos cuantos días.

-A Espe le tengo pillado el rollo, hablamos en un código, ¿sabes?

Y con un par de copas, pues más. -¿Qué pasa?

¿Para una vez que te comes un rosco tienes que contárselo a tus amigos?

-De verdad, no es así. No sé lo que has oído, pero...

-Pues he oído que conmigo te resulta fácil,

sobre todo si voy borrachita, ¿no? Que soy fácil.

-Solo quiero que estés bien.

-¡Pues lárgate con tus preguntas y déjame en paz!

Espera, Olga, perdona. Perdóname.

-¿Tú te has oído? ¿Has visto cómo me has hablado?

-Me he pasado. Lo siento, si es que...

Tengo la cabeza que me va a estallar.

-Si te consuela, el colega que le hizo el certificado de defunción

me dijo que su muerte era compatible con una embolia.

-Que le llegó su hora y ya está. -Eso parece.

-Tenía entendido que la gente mayor se medicaba para eso,

para que no les pasara.

-Domingo no lo necesitaba. -Ya. ¿Y Flor?

-¿Flor? -No, como se murió de lo mismo...

-Antonio, ayuda. -¿Qué te pasa?

-No puedo respirar. -Un ataque de ansiedad, ¿no?

Deberías conocerlo, está todo en tu cabeza.

¿Quieres que te acompañe a casa? -No, no, no.

Ya te he molestado bastante.

-Saldremos en la furgoneta cuando amanezca.

Como si fuerais a MercaMadrid.

-Pero debemos abrir la tienda o dará el cante.

-Bueno, se quedará él.

No te vas a arriesgar a delatarme, ¿no?

A no ser que quieras quedarte huérfano.

-Acabamos de descubrir el cadáver de tu amigo Goliat.

¿Tú crees que Toño ha sido capaz de matarlo?

-No creo que sea un asesino. -Si por un casual te llamara...

-Sí, me pongo en contacto contigo, descuida.

-¡Cuéntale a tu padre lo que has hecho, mamón!

¡Ha intentado desarmarme! Ya os dije lo que pasaría.

-No dispares.

Para abrir la tienda con normalidad lo necesitas de una pieza, ¿eh?

Es tu tapadera para que te dé tiempo a huir.

-Tienes suerte, chaval. Acabo de perdonarte la vida.

(Música emocionante)

(Ambulancia)

Venga, despierta, que nos tenemos que ir.

Venga, chaval, desata a tu padre y cuidadín, ¿eh?

-¿Qué tal? ¿Has podido dormir?

¿Te duele la ceja? -No. Estoy bien, papá.

-Ven, Chispas, que tienes que mirarme la herida.

-A ver.

Has sangrado un poco. Debería darte otra cura.

-No tenemos tiempo. La herida está bien.

-No llevas puntos. Se podría volver a abrir.

-Que da igual, hombre. ¿Ahora eres médico tú?

Sé que tienes muchas habilidades, que igual curas una herida

que haces un butrón que vendes fruta...

Menudo chollo de padre tienes, chaval.

¿Qué te pasa, tienes pupita, no? ¡Ay!

Madre mía, qué poco os parecéis tu padre y tú, de verdad.

¿No te ha contado sus correrías de joven?

-Toño, no vayas por ahí, ¿eh?

-¿Qué pasa? ¿No quieres que le hable de tus aventuras

y de esas ganas que tenías de comerte el mundo?

-¿No tenías tanta prisa? Venga, vámonos.

-Ay, Chispas, lo tienes muy malcriado.

Y así está, más verde que esta pera.

-Tú te crees muy valiente porque tienes una pistola.

-¿Te quieres callar? ¿O has olvidado lo que te hizo ayer?

-Haz caso a tu padre.

Anda, ve a buscarme una bolsa con frutas para el camino.

Y no hagas ninguna tontería, no me hagas usar la pistola.

¡Venga!

-¿A quién llamas?

-Tintas, qué pasa, hombre. Soy el Toño.

Sí. Escucha, necesito una documentación completa:

pasaporte y DNI para hoy mismo.

Sí, para hoy mismo. ¿Qué pasa? ¿Estás sordo?

¿Cuánto? Pero bueno, cómo te gusta el dinero, ¿no?

Bueno, lo quiero dentro de dos horas. Ya te diré dónde. Sí.

El Tintas, menudo pájaro. Lo conocí en la cárcel.

Hacía negocio con lo que fuera, claro que, como falsificador,

era el "number one". En fin.

Todo sea para poder largarme de aquí cuanto antes.

¿Estas son las llaves de la furgoneta?

-Sí. -Venga. ¡Niño!

-¿Adónde vamos? -Ya te lo diré. ¡Niño!

Escúchame. No vayas a hacer ninguna tontería como delatarme

o algo así si quieres que tu padre esté bien.

¿Vale? Coge la fruta, Jesús.

Y despedíos, no sea que sea la última vez que os veis.

-No te preocupes, todo irá bien. -Ten cuidado, papá.

-El proveedor me ha asegurado que hoy llegaba.

-Eso espero porque sin harinas no hay "cookies".

-Oye, ¿estás bien? -Sí, ¿por?

-No sé, te noto rara esta mañana, como distante.

-A lo mejor es porque no he olvidado cómo me chillaste ayer.

-Te vuelvo a pedir perdón. Ya sabes que fueron los nervios.

Por favor, perdóname. No soporto verte enfadada conmigo.

-¡Hombre! Si son los tortolitos enamorados.

No, pues qué belleza, parecen salidos de una postal.

El hijo de Quintero y la hija de la superinspectora.

-¿Qué quiere?

-Nada, hombre. ¿Me va a negar el saludo?

-Vamos, Olga. -No tan rápido, Quinterito.

¿No me va a presentar a su novia? ¿Va a ser tan descortés?

La señorita gana mucho más en persona.

Me han dicho que es una excelente repostera.

A mí me gustan los dulces, ¿sabe?

Aunque extraño los dulces de Colombia,

pero soy capaz de aficionarme a sus "cookies".

-¿Vamos?

-Me han dicho que es una emprendedora.

Le felicito mucho. Montar una empresa es muy difícil ahora

y muy riesgoso, si no pregúntele a Quinterito.

-¡No me llame así! -¿Cómo le digo, pues?

Se lo estoy diciendo desde el cariño, hombre.

De todas maneras, le deseo mucha suerte.

Que le vaya mejor que gestionando Transportes Quintero.

Y a usted, señorita Olga,

le auguro mucho éxito, que sé que le va a ir bien

porque usted inspira mucho, más que una flota de camiones.

-Si no saqué adelante la empresa de mi padre

es por una razón que usted conoce bien.

-Me va a echar a mí la culpa, hombre.

Más bien debería darme las gracias por comprar una empresa en ruinas.

-No me haga hablar. -Hable, pues.

-Julio, tenemos prisa. -Sabes que no vas a hablar.

Bueno, pues hablo yo.

Si no hubiera comprado tu empresa, entraba en ruina.

Los bancos se la estaban comiendo, ¿y gracias a quién? ¿Eh?

Bueno, los dejo, muchachos.

Los empresarios no nos dormimos en los laureles, hombre.

Señorita Olga, le deseo mucha suerte y mucho éxito.

La va a necesitar con Quinterito aquí al lado.

Hasta luego.

-Te juro que cualquier día voy a plantar cara a ese cabrón.

Estoy harto de sus tonterías. -Olvídalo.

-¿Que lo olvide? ¿Por qué no me has dejado contestarle?

-No merece la pena. Hay que ser más inteligente

y no entrar en su juego. -Para ti es fácil.

Como tienes una vida regalada con unos padres que te miman

y te protegen y están a tus órdenes. -¿Qué dices?

-Que no sabes lo que es perder a un padre.

Lo perdido y solo que se siente uno, no tienes idea.

-¿Cómo me hablas así?

-Nos hemos cruzado con el asesino de mi padre

y me ha vuelto a humillar. Y tú, en lugar de apoyarme,

me aconsejas que me trague mi rabia, que sea un cobarde.

-No te he dicho eso.

Pero es muy peligroso y hay que tener cuidado.

-Y te permites darme lecciones.

¿Soy un estúpido incapaz de hacer nada?

-Te estás poniendo nervioso y lo pagas conmigo.

-Mejor me voy a casa. La empresa no se levanta haciendo galletas.

-Espérame. -Déjame. Quiero estar solo.

Así te ahorras el aguantarme.

-Ponme un café. -Hola, ¿no?

-Hola, sí. Ponme un café, porfa.

-¿A ti qué te pasa? -Que no sé cómo hablar con Julio.

Es que está que a la mínima salta.

-Ya somos dos. Yo tampoco sé qué hacer con David.

Tía, no sé, está superraro.

Ni me paso por la frutería por no discutir, te lo juro.

Ahora, me ha demostrado que confía cero en mí, tía.

No me cuenta nada, ni qué ha hecho cuando se fue al pueblo

ni por qué ha dejado de estudiar... Nada.

-A estos dos no hay quien los entienda.

-No, desde luego que no.

Parece que vienen de otro planeta, de Marte o yo qué sé.

-Desde luego parecen marcianos.

-Ay, Dios mío. ¿Y a ti qué te pasa con Julio?

-¿Habéis discutido? -Es que está de los nervios.

¿Ves normal que alguien con su preparación se ponga así de nervioso?

-Bueno, imagino que montar una empresa debe ser estresante,

cuanto menos. -Paty, yo también estoy nerviosa.

La diferencia es que no lo pago con él.

-No te rayes, son riñas de pareja.

Además, si vais a ser socios, van a ser bastante frecuentes.

¿Pasa algo más?

Sigue afectado por lo de su padre, imagino, ¿no?

-Eso también. -No me extraña nada.

No sé, yo pienso en Jairo y... (RESOPLA)

Es muy difícil de superar. Imagínate lo que es perder un padre.

-Ya, pero a Julio además le pasa otra cosa,

una cosa que tú no sabes. -Huy.

¿El qué? ¿Qué pasa?

-Paty, te lo voy a contar porque eres mi mejor amiga,

pero júrame que no se lo vas a decir a nadie.

-¿A quién se lo voy a decir? Te lo juro.

-Julio es bipolar. ¿Sabes lo que significa eso?

-Lo único que sé es que las personas que lo sufren,

no sé, son muy inestables y tienen cambios de humor muy "heavy", ¿no?

-Sí, pasan de la euforia desenfrenada a estar sumidos en un pozo.

Además, pueden tener ataques de paranoia y son muy desconfiados,

incluso con la gente que quieren. -Tía, qué chungo.

-Sí, es una enfermedad muy complicada.

-Entiendo que se está tomando la medicación y eso.

-Pero la medicación es muy difícil. A veces les deja de funcionar

y se la tienen que cambiar por otra o aumentarles la dosis,

pero aun así hay veces que no funciona.

Están siempre en la cuerda floja.

-Nunca había conocido a nadie bipolar,

pero entiendo que Julio lo tiene que estar pasando muy mal, tía.

Buenos días. Hola, Alicia.

¿Te apetece tomar algo? Sí. Un café con hielo.

Tienes cara de cansada, ¿no?

Bueno, es que Leo ha pasado una noche bastante movidita.

Pobre. Te traigo ahora eso. -Pero ¿está bien?

Sí, no es nada grave. Supongo que serán los cólicos.

Pobre y pobre tú. Gajes del oficio.

Oye, estabas hablando de Julio, ¿no? ¿Qué pasa? ¿No está bien?

Últimamente, está muy inquieto.

Creo que está entrando en una de esas fases malas.

Pero se está tomando la medicación, ¿no?

Creo que sí, pero que no le está funcionando.

¿Y está muy mal?

A ver, Alicia, lo mismo soy yo, que me estoy agobiando de más.

No, tranquila. Obsérvalo y si ves que se descontrola mucho,

avísame y vemos qué podemos hacer, ¿vale?

Vale.

-Café con hielo por aquí. ¿Te apetece comer algo?

No, gracias, Paty. Oye, estate tranquila, ¿vale?

Y cóbrate lo de Olga y lo mío. Vale.

-Gracias, Alicia. Oye, me voy a ir que tengo muchas cosas que hacer.

-Hasta luego. -Chao.

(Teléfono)

-Sí. -"Está aquí la señorita Collantes".

"¿La hago pasar?". -Sí, hágala pasar, por favor.

(Puerta)

-Gracias. -Gracias, Mari Carmen.

Sofía.

¿Qué haces a estas horas por acá? ¿No ibas a una exposición?

-Ay, sí, pero luego me ha sobrado tiempo

después de hacer estas compras y me ha entrado un impulso.

-Y ese impulso, ¿de qué? -Venir a verte,

aún a riesgo de que estés ocupado y decidas echarme.

-Tú sabes muy bien que eso no va a pasar.

Siéntate, por favor. Te ofrezco una copita.

-A esta hora el único alcohol que admito es el champán.

-¿Quieres que le diga a mi secretaria que te saque una botella?

-Tú siempre dispuesto a complacerme. -Bueno, mientras se pueda.

¿Viste que ya no está la señorita Nerea?

-Sí. ¿Le has mandado trabajo fuera? -No, le di su finiquito.

Después de lo que estuvimos hablando,

pues me decidí a prescindir de sus servicios.

-Te felicito.

-Tenías razón en eso de que no era sano mantenerla aquí

y mucho menos en contra de su voluntad.

-A mí ella no me importa, pero tú, sí.

En tu mente la habías convertido en la reencarnación de Valentina

y a la larga iba a traerte consecuencias muy negativas.

-No seas exagerada, Sofía. -Tú mismo lo dijiste,

que Nerea era Valentina. -Pero es solo una forma de hablar.

Por suerte, tú me hiciste abrir los ojos

como solo tú lo sabes hacer. -Me alegro.

Ser prisionero de una obsesión solo te debilita

y un hombre tan poderoso como tú

no puede permitirse ni una sola flaqueza.

-Yo solo he conocido a una persona más fuerte que yo y esa eres tú.

A mí no me gustaría tenerte como enemiga.

-Eso es imposible, querido. Yo nunca te haría daño.

Ni en los momentos más duros te deseé ningún mal.

-Discúlpame a mí si en algún momento te herí.

-Pues sí, sí que lo hiciste.

Pensaste que no me había dolido tanto la muerte de nuestra hija

y no fue así, pero cada uno tuvo su manera de expresar el dolor.

-Bueno, esas cosas que dije eran puras pendejadas.

No era yo el que estaba hablando, era simplemente mi dolor.

Perdóname, por favor. -Has tardado tiempo en reconocerlo.

-Bueno, pero es de sabios rectificar, ¿cierto?

-Claro que sí. Ahora lo que tenemos que pensar es en nosotros.

Estos sentimientos que nos unen son la garantía

de que nuestros hijos seguirán vivos en nuestra memoria.

-Ah, bueno, eso sí es verdad

y me alegra que hayas aparecido nuevamente en mi vida

porque eres una luz que me da mucha fuerza.

-Por mi parte, lo que me interesa es retomar nuestra relación.

-Bueno, con respecto a eso es que yo no lo tengo muy claro todavía.

-¿Por qué?

-Porque nuestra relación terminó muy dañada.

Todavía no me explico cómo has podido pasar página así por así.

-Porque hay que mirar hacia adelante, Alejandro.

Además, dos no discuten si uno no quiere.

Yo creo que ya he aprendido la lección

y pienso que podríamos retomar cosas muy positivas para los dos

si nos lo proponemos.

Me dijiste que yo soy la mujer de tu vida.

-Y lo eres, pero, por favor, llevemos las cosas con calma, paso a paso,

sin cerrarnos ninguna puerta.

-Ok. Me parece muy sensato.

¿Quieres que sigamos hablando de esto en la cena?

-Bueno.

¿Quieres que yo escoja el restaurante?

-Sí, claro. Sorpréndeme.

Chao.

-Elías, ¿qué tal? ¿Qué te pongo?

-Pues no he venido a comprar. Quería hablar con tu padre.

-Ah, pues no ha llegado todavía.

-Es que tengo algo de prisa por hablar con él

y le estoy llamando al móvil, pero no hay manera, vamos.

No me coge. -Se habrá quedado sin cobertura.

Puede tardar porque está en el mercado.

Tenía que hacer un encargo de género fresco.

-David, te veo un poco inquieto. ¿Estás bien?

¿Qué te ha pasado en la ceja? -Sí, estoy tranquilo y estoy bien.

Nada, esto es que me di un golpe con una estantería.

¿Por qué quieres ver a mi padre? -Vine a hacerle una visita

y lo noté alterado y no parecía querer decirme el por qué.

¿Sabes qué le pasa? -A mi padre no le pasa nada.

-Pues, no sé, en el barrio se comenta lo contrario.

Bueno, hasta María se ha dado cuenta.

-Igual es que, como han roto, María lo nota diferente.

-Fíjate que creo que lo de anoche no tenía que ver con María.

-¿Anoche? -Ajá.

-Yo es que no estaba.

-La verdad es que a tu padre no le afectó la ruptura con María.

Bueno, al menos eso me comentó.

-¿No sabía que la policía investigaba con tanta insistencia

los asuntos sentimentales de la gente?

-¿Y a ti qué te pasa? Estás también un poco rarito, ¿no?

-Qué pesado eres, macho. -Oye, cuida tus palabras, ¿vale?

Desde que has vuelto del pueblo, comentan que estás diferente,

que has cambiado. -La gente habla por hablar.

-Y también se comenta que tuviste una fuerte discusión con tu padre

y por eso te piraste.

¿De qué discutisteis?

-No es de tu incumbencia. -Perdona.

-A ver, fue una discusión de padre e hijo.

¿Qué pasa? ¿La policía también investiga eso?

-Tan simple no sería para que salieras quemado y te fueras lejos.

-Me estás rayando, Elías. -Bueno, está bien, chaval.

Si acaso hablaras con él por un casual,

dile que le estoy buscando, ¿vale? -Ok. Se lo diré.

-Oye, una pregunta más.

¿Tú conocías a un amigo suyo que se llamaba Rodrigo?

-Un poco. ¿Por qué dices "se llamaba"?

-Bueno, ha aparecido su cadáver. ¿No te lo ha contado?

-No. Ya te digo que casi no lo conocía.

-Bueno, pues nada. Que pases buen día.

-Venga. Hasta luego.

-¡No! Me cago en mis muertos.

-No tiene buena pinta. Debería verte un médico.

-¿Qué le habrá pasado al Tintas?

-Y si no viene, ¿qué? -Que sí, hombre.

Ese por dinero hace lo que sea. Si dijo que vendría, lo hará.

-Se está retrasando un montón.

A ver si se acaba todo esto de una puñetera vez.

-¿Tantas ganas tienes de perderme de vista?

-Es que la cosa va yendo de mal en peor.

Primero cayó el Pincho, después Goliat...

-Bueno, cállate. No me seas gafe, hombre.

-Toño, ¿tú estás seguro de los holandeses

a los que habéis intentado vender los diamantes?

¿No saben que estoy implicada en el robo?

-Que no saben nada.

Esto está llegando a su fin y te vas a ir de rositas,

así que tranquilo. A partir de ahora, a disfrutar de la vida.

-A disfrutar de la vida, tú.

-Te ofrecí un diamante y no lo quisiste.

En cuanto tenga mi pasaporte me largo de aquí bien lejos

a disfrutar de la vida, a vivir como un rey.

Playita, buenos alimentos, sexo, "rock and roll".

(SE RÍE)

(SE QUEJA)

-No sé si, en tu estado, vas a llegar muy lejos.

(Móvil)

Es David, ¿me dejas contestar? -Ya está el llorón dando la vara.

Mira a ver qué quiere. -Dime, David.

-"Papá, ¿cómo van las cosas?". -Aquí, esperando con Toño.

-Deshazte de él cuando puedas y ven aquí.

-¿Por qué? ¿Ha pasado algo?

-Elías acaba de venir y me ha hecho muchas preguntas. Sospecha algo.

-"Sobre todo no sueltes prenda. Ya vuelvo".

-Ten cuidado, ¿eh? Y no tardes. Adiós.

-David, te quiero.

-"David, te quiero".

El Tintas. -Viene en bici.

-Sí, es un personaje peculiar, pero nunca falla.

¡Qué pasa, Tintas! Cuánto has tardado, ¿no?

(Puerta)

-Permiso. -Adelante, Mayoral.

-Le traigo buenas noticias.

El color de su dinero es más blanco que la nieve.

Ya ha concluido el periplo y está en Las Bahamas.

-Hombre, eso que me está diciendo es música para mis oídos.

-Pues prepárese para una sinfonía.

¿Qué le parecería invertir parte de ese dinero

en acciones de una empresa petrolera?

Acaban de encontrar un pozo de oro líquido en Alaska.

-¿De dónde saca esa información?

-Tengo relaciones con los socios de la petrolera.

Aún no se ha hecho público, pero quien invierta pegará un pelotazo.

-¿Ah, sí? Y un pelotazo, ¿cómo?

-Pelotazo del tipo doblar en 24 horas el dinero invertido.

-Eso está muy bueno, pero me parece muy arriesgado.

-Es una apuesta segura, señor Somoza. Mis contactos son fiables.

-Ah, ¿usted me lo garantiza?

-Si a estas alturas no se fía de mí,

no sé qué ha estado haciendo dejando su dinero en mis manos.

-Tienes razón. Invierta ahí la mitad, pues.

-No se arrepentirá. Me pongo con ello.

Otra cosa que no tiene nada que ver.

El Teatro Real va a estrenar un montaje de La flauta mágica,

de Mozart.

-¿Y eso qué, pues? ¿Me está invitando a verla o cómo es la cosa?

¿Qué vendrá después? -Se lo digo por su exmujer.

El otro día me comentó que es una gran amante de la lírica.

Podría marcarse un buen tanto si la invita a esa ópera.

-¿Por qué cree que necesito marcarme un tanto con mi exmujer?

-Como ayer me dijo que quería que volvieran a ser pareja,

he pensado que sería una forma bonita de expresarle su interés por ella.

Me he tomado la licencia de comprar dos buenas entradas.

-No, bueno, Mayoral, usted está en todo, ¿cierto?

Ya veo que lo motiva bastante Sofía. -En el buen sentido, sí.

Además, le iría bien hacer un poco de vida social

y codearse con políticos y empresarios.

-Bueno, la idea no está mala. Todavía faltan unos días.

Esta noche, cuando la vea, se lo propongo.

-Bien. Ahora me voy a poner en marcha con la compra de esas acciones.

-Otra cosa que le quiero decir, Mayoral.

Como usted sabe ya, la señorita Nerea no está trabajando con nosotros.

Quiero que sea quien lleve mis cosas legales de ahora en adelante.

-Pero eso es mucho trabajo

y ya me ocupo de su conglomerado financiero.

Le recomiendo que contrate a otro abogado para eso

que sea experto en Derecho Mercantil y Laboral.

-No, ya eso está pensado.

Yo no quiero meter a nadie aquí a quien no le tenga confianza.

Sé que usted va a poder con todo eso.

-Señor Somoza, ya voy a tope con todo lo que tengo.

-No me haga reír, hombre.

Usted termina lo que está haciendo en un plumazo.

Además, lo he encontrado viendo postales de playa

y cosas de vacaciones. -Le repito que...

-Ya le dije que no. Además, ya me dijo que su técnica

era trabajar poco, pero bien en vez de mucho, pero mal.

Aplique su técnica, que sé que va a poder con todo.

-Justamente... -A cambio, le voy a pagar muy bien.

Y a usted le conviene porque cuanto más dinero tenga,

mejor le va a caer el retiro cuando se vaya de aquí, de España.

-Está bien.

-Bueno, vaya a comprar acciones de la petrolera antes de que vuelen.

-Ahora te llamas Rafael Sicilia. -Muy bonito.

Gracias. Y esto para ti.

Con esta documentación vas a ganar más que en los últimos cinco años.

No te lo tomes a mal, pero espero no volver a verte nunca más.

-Suerte. -Venga.

-¿Todo en orden? -Sí. Arranca, que nos vamos.

-¿Adónde quieres que te lleve?

-Limítate a conducir. Ya te iré diciendo.

-Te reconozco que fue muy buena idea montar el "speed dating", ¿eh?

Mira lo que hemos sacado. -¡Hala! Qué guay, ¿no?

Han venido clientes a preguntarme cuándo montaremos el siguiente.

-Se va a quedar como el barco del amor.

-¿Te imaginas? No estaría nada mal.

-En casa de herrero, cuchillo de palo.

Porque tú con aquel chiquillo nada, ¿no?

-No y casi mejor porque tampoco creas que me motivaba mucho.

-Buenas. -Hola, Elías.

-¿Me pones un zumo de naranja, por favor?

-¿Qué tal vas? -Pues mira, regular.

He estado en La Huerta buscando a Jesús

para hablar con él, pero no estaba y he hablado con David

y oye, tenías tú razón, está muy raro el chaval.

-¿A que sí? ¿A que parece otro? -Parece como si ocultara algo.

Creo que tiene que ver con la discusión con su padre

que se marchara al pueblo, pero no sé, no suelta prenda.

-No, están los dos muy herméticos.

-Paty, ¿sabes por qué discutió con su padre?

-¿Yo? Ni idea.

Él sigue cerrado en banda en que fue un asunto entre padre e hijos.

-Eso mismo me dijo a mí. -Sí.

La conclusión que saco es que han discutido

porque David ha abandonado la idea de ser policía.

-¿Qué me estás contando? ¿Ha dejado las oposiciones?

Con lo ilusionado que estaba.

-Ya te digo. Íbamos a preparar las pruebas físicas juntos.

Pero ahora ya nada de nada. -Pues vaya fastidio, ¿no?

-Están muy raros los dos.

-Claro, señor Gutiérrez, usted nos envía sus enmiendas

y nosotros las introducimos.

Sí, nos veremos en la cena del patronato.

Iré con mi esposa. Muchas gracias. Recuerdos a la suya. Adiós.

-¿Se puede? -Por supuesto. Adelante.

-No te voy a quitar mucho tiempo.

Sé que estás ocupado. Venía a despedirme.

-¿A despedirte? -Sí.

Después de lo que ha pasado, es mejor que vuelva a Santander.

Mi etapa en Madrid no ha sido memorable.

Ahora me gustaría estar tranquila.

-Te entiendo. -Y quiero estar cerca de mi padre.

Parece que está más centrado, pero sabes cómo es.

Es capaz de meterse en líos en cualquier momento.

-No dudo que vas a encontrar un buen trabajo y pronto.

Eres una gran profesional.

-Bueno, hace días recibí una muy buena oferta

de Montero Doria Abogados. -¿De Montero Doria?

Eso son palabras mayores. Es uno de los mejores bufetes del norte.

-Pero tuve que rechazarla, Somoza no me lo permitió.

-Bueno, estás tardando en llamarles.

-Lo hice ayer mismo, pero estaba cubierto el puesto.

-Bueno, seguro que pronto encuentras uno igual de bueno o mejor.

-Lo mejor ha sido trabajar contigo. Un lujo.

Todo lo contrario que estar a las órdenes de Somoza.

-La etapa de Somoza pronto la olvidarás.

-Sí. Me quedo con lo mucho que he madurado en este bufete.

Y, aunque vuelva a Santander, una parte de mí se queda aquí.

-Nosotros te recordaremos con mucho cariño, Nerea.

Te deseo mucha suerte en Santander.

-Tío, si tengo que pedir que me recomiendes,

¿puedo pedir que te llamen? Tu nombre sería un aval para mí.

-Por supuesto, Nerea. No tienes ni que pedirlo.

-Espero que puedas perdonarme del todo.

Dije cosas que no te merecías.

-Pero lo importante es que te has dado cuenta

de lo peligrosos e indeseables que son Sergio y Somoza.

-Eso lo entendí desde el minuto uno, pero estaba atrapada.

-Si Alicia te ha perdonado, que es quien más lo ha sufrido,

por mí el tema está zanjado.

-Ella sí me ha perdonado. Espero que tú también lo hagas.

-Claro que sí, hija.

Te deseo mucha suerte en tu nueva etapa.

-Gracias por todo, tío. -A ti.

-Buenos días, inspectora Ocaña. ¿Qué pasa, has perdido los modales?

¿Ya no contestas cuando se te saluda con respeto?

Sergio, fui muy clara la última vez que nos vimos.

Te dije que te olvidaras de mí. Ya.

Pero no me gusta que me digan cómo comportarme

y menos cuando hay personas que me preocupan.

Por favor, no seas cínico. Yo no te preocupo lo más mínimo.

Claro que no, no seas pretenciosa. Estoy hablando de tu prima.

Ha vuelto a caer en tus redes, la has convencido de que soy un monstruo.

Lo eres o no trabajarías para un criminal como Somoza.

Me alegro de que Nerea abriera los ojos y se alejara de ti.

Habló Santa Alicia, la bondad personificada.

Te permites dar lecciones de honradez cuando eres la más egoísta.

Me repugna cómo eres y lamento que tu prima no lo vea.

Si tanto te repugno, lo tienes muy fácil.

Olvídate de mí. Eso te gustaría, ¿eh?

Pero pienso estar aquí como el niño del traje del emperador.

Solo yo te cuento las verdades

y te confronto con la persona que eres.

¿Qué verdades?

Mírate al espejo y sé honesta contigo misma.

Te tienes por una mujer independiente y echada para adelante.

pero no eres nada sin un hombre al que manipular a tu antojo.

¿No te has dado cuenta? Lo hiciste conmigo, con Batista

y ahora con el chulo playa que te has buscado.

No te atrevas a mencionar a Rober. ¿Por qué? ¿Por respeto?

¿El que le tienes cada noche cuando duermes con tu compañero de trabajo?

¿Así honras su memoria?

Venga, pégame, libera esa tensión que tienes ahora mismo.

Pero eso no borrará una verdad que todos ven, aunque callen.

Hace menos de un año gritabas a los cuatro vientos

tu dolor por haber perdido al hombre de tu vida.

Enseguida te pones a tontear con el primer guapito que se cruza.

Cállate de una puta vez y no te atrevas a darme lecciones.

Tú has matado a dos personas.

Vuelves a situarte por encima del bien y del mal.

Pobre criatura tu hijo, qué desgracia de madre le ha tocado.

A ver cómo le hablas de su padre habiendo otro que ocupa su lugar.

¡Eh! ¿Tú de qué coño vas?

Esas manitas quietas, que os estáis enfrentando a un abogado.

Abogado y todo te pienso inflar, ¿qué te parece?

¿Ves, Alicia? Aquí tienes a tu gallito.

¿O eres más su perrito? Venga, vámonos.

Solo quiere provocarnos, Iker. Venga.

(Móvil)

Hola, Sofía, ¿qué tal? -"¿Qué tal, Sergio?".

Me estaba preguntando si eres romántico.

-"¿Romántico? Lo justo y necesario, ¿por?".

-Hay una exposición de arte romántico en el museo Lázaro Galiano

y necesito un acompañante con sensibilidad.

"¿Te apuntas?". -Pues ya lo has encontrado.

-"Muy bien".

Quisiera ir como en una hora. ¿Te viene bien? ¿Estás libre?

-Para ti, siempre.

-¿Te importaría pasarte a recogerme por el hotel?

-Ahí estaré.

-Muy bien. Aquí te espero. -"Hasta luego".

-¡Me dijo que me mandaría la medicación y no ha llegado!

¡No me quiero tranquilizar porque le pago una fortuna por esas pastillas!

Sí, ya he duplicado la dosis y es peor.

Mire, por su bien espero que lleguen hoy. Adiós.

(Móvil)

¡Hombre, ya era hora!

¡Si no le he llamado 100 veces, no le he llamado ninguna!

La harina que nos ha enviado no nos sirve, no es la que pedimos.

Eh, no me cuentes milongas y hábleme bien.

Perdone, pero ese es su problema.

¿Sabe qué le digo? Que no le necesito.

No, en el mercado hay muchos vendedores de harina.

Eso le estoy diciendo, ¡que se la meta donde le quepa!

-Julio, ¿qué está pasando?

¿Estabas hablando con el proveedor? -Sí.

Se ha equivocado y nos ha traído harina de pizza.

-No es tan grave si nos la cambia pronto...

-Sí es tan grave. No soporto la informalidad.

Y no veas cómo se ha puesto.

-Julio, si perdemos ese proveedor nos quedamos sin harina

y así se nos va a retrasar la producción.

-Entiendes por qué le mando al carajo.

-Así no podemos arrancar el negocio. -No, con gente informal, no podemos.

Por eso voy a buscar a otro. Será por proveedores.

-La harina que uso para las galletas es francesa,

por eso me salen tan bien.

No encontrarás a otro proveedor de esa calidad.

-Que sea harina española. Los clientes no lo notarán.

Además, basta ya de llevarme la contraria.

No vamos a avanzar si discutimos. -No quiero discutir.

Pero te digo que mis galletas necesitan una harina especial.

Tú eres experto en negocios y yo en repostería.

-Pues venga, dame alternativas.

-Julio, te digo que no nos podemos permitir perder proveedores

y menos por una equivocación.

He visto cómo le hablabas y no has tenido respeto.

-¿Has oído cómo me hablaba él?

Que traiga productos franceses no le da derecho a tratarme mal.

-Estás siendo muy estricto. -Y tú una caprichosa.

¿O estamos jugando a las cocinitas?

Que si un producto de una marca, de otra...

¿Has pensado en el coste final al combinar tantos proveedores?

-Si hago una repostería selecta es porque tenemos clientes para ello.

Si hiciésemos lo mismo que todos, sería difícil competir.

Nos hemos ganado un puesto... -¡No me des lecciones!

-¿Te estás tomando la medicación? -Ya tardabas en mencionarla.

-No me chilles. -¡Pues déjame en paz!

Hay mucho trabajo para sacar esta empresa

¡y no paras de tocarme las narices y marearme con tus caprichos!

¡Harto, harto me tenéis entre todos!

¿Por qué tenéis que llevarme la contraria, eh?

¿Por qué? ¡Joder! ¡Que no he hecho nada!

¿Por qué? ¿Por qué, Olga?

-Hasta luego. Eh, Fede.

-Buenas. ¿Qué te ha pasado en la ceja?

-Ah, nada, me di un golpe en la trastienda con una estantería.

-Te debe haber dolido mogollón.

-¿Qué te sirvo? -Quería plátanos.

Son buenos para quitar el estrés y reducir la ansiedad, eso dicen.

-¿Cuántos te pongo? -Un kilo.

Me voy a hacer un batido de esos energéticos. Estoy...

-¿Tan mal estás? -Si yo te contara...

-Igual es mejor que lo hables antes que darte un atracón de plátanos.

-Déjate, que soy muy de cascar y soy un bocazas.

-Tú mismo. Un kilo de plátanos.

-Mira, te lo voy a contar

porque es muy simple y completamente absurdo.

Cuando me emociono con algo o con alguien,

no hago más que cagarla.

Como soy un experto en no hacer las cosas bien,

todo lo empeoro y como el rosario de la aurora.

-Pues bienvenido al club. Me acabas de describir.

-¿Tú también has metido la gamba? -Más de lo que te puedes imaginar.

-Vaya dos patas para un banco.

-¿Algo más, aparte de los plátanos?

-Mira, sí, te quiero dar un consejo. Como soy mayor, te lo puedo dar.

Mira, David, muchas veces cometemos errores.

Hay algunos que se pueden solucionar y otros no,

pero tú lo puedes solucionar.

Tienes que continuar con tus estudios de policía.

Sí, hazme caso, estás en la academia para hacer las oposiciones, no sé.

-Está decidido, Fede, no hay marcha atrás.

-¿Por qué no va a tener marcha atrás?

Ponte firme. Continúa con los estudios.

-Que no, Fede. No tengo la cabeza para algo como ser policía.

-No sé por qué. Eres un estudiante estupendo.

El otro día hablé con Capde y me dijo que eras brillantísimo.

-Pues te lo agradezco.

Eres un buen colega, pero no sería un buen policía.

-Pero por qué, a ver. -Ay, Fede, ya está. Basta, por favor.

Toma.

-¿Qué te debo? -Nada, hoy gratis.

-Te lo acepto porque estoy de un bajón que alucinas.

Vale. -Hasta luego.

-Eh. -Hola, Fede.

Ya está. Ya ha terminado todo. -Papá, qué mal lo he pasado.

(Puerta)

-Hola, Sofía. ¿Te has olvidado de la exposición o llego antes de tiempo?

-¿Cómo me voy a olvidar? Me estoy poniendo guapa para ti.

-¿Para mí? -Pasa. No hay tanta prisa.

-Te puedo esperar abajo mientras terminas.

-Por supuesto que no. Siéntate y, de paso, me dices

cuál de estos vestidos te gusta más.

-Seguro que los dos te sientan estupendamente,

pero ese me gusta más.

-¿Aconsejas también a tu chica sobre qué ponerse?

-¿A mi chica? -Ay, perdona.

He dado por supuesto que un hombre tan atractivo

debía tener pareja. ¿No la tienes? -No.

Ni la quiero. Soltero estoy divinamente.

Tener pareja complica demasiado la vida.

-Te comprendo.

Y más cuando esa pareja te exige fidelidad, ¿verdad?

¿Qué opinas de la fidelidad?

-La única en la que creo es la que uno se tiene a sí mismo.

Para ser fiel a uno mismo hay que ser infiel a otros.

-Tú eres un filósofo.

Nunca había oído a nadie decir una definición de fidelidad

que se ajustara tanto a mi propio concepto.

-Sabía que teníamos muchas cosas en común.

No obstante, hay situaciones en las que no...

-En las que ¿qué?

-En las que no hay que tentar a la suerte.

-¿Incluso cuando el deseo de tentarla se convierte en un imperativo?

-Cuéntame cómo ha ido. -¿Qué quieres que te cuente?

-Ya sé que quieres pasar página, pero ¿cómo ha acabado todo?

-Pues, a ver, salimos de aquí en la furgoneta,

fuimos a un descampado, esperamos un rato hasta que vino un tipo,

un tal Tintas, era el falsificador.

Él le dio el pasaporte a Toño y a cambio Toño le dio un diamante.

Se fue, llevé a Toño a una estación de autobuses

y ya está, fin de la historia.

-¿Y no te dijo adónde iba? -Tampoco se lo pregunté.

Solo quería no volver a verlo en la vida.

Oye, por cierto, ¿qué pasó antes con Elías?

-Lo que te dije, que creo que sospecha algo.

-Ya, bueno, pero no tiene nada contra nosotros

ni lo tendrá, ¿eh? Piénsalo. Goliat y Pincho están muertos

y Toño se ha dado a la fuga, así que...

-Mientras no lo pillen los holandeses o la policía.

-Lo más importante es que nadie ha denunciado el robo de los diamantes.

-Ojalá sea verdad y esta pesadilla haya terminado de una vez.

-Sí, sí, ojalá.

Eh, David, no te lo quiero asegurar al 100 %

porque no quiero decepcionarte, pero yo creo que sí,

creo que por fin todo ha terminado.

Cada vez que lo pienso. Te he fallado tantas veces...

-Pero ¿qué dices? Lo único que has hecho ha sido protegerme.

Y te voy a decir otra cosa, papá.

Estoy orgulloso de ti. Sí, por lo valiente e íntegro que eres.

Te quiero mucho

y quiero que sepas que voy a estar aquí para lo que necesites.

-Gracias. Yo también te quiero mucho.

Venga, a trabajar. -Ya.

-Preferiría esperarte en el "hall" del hotel.

-¿Me estás rechazando?

-No. Bueno, es que no creo que sea buena idea.

-Ya. Igual te parezco demasiado mayor para ti.

-No es eso, Sofía. Eres una mujer muy bella y atractiva.

Pero también tienes mucho peligro.

-¿Peligro? ¿Dónde está el peligro?

-En tu marido, ya lo sabes.

-Has dicho "tu marido" y te recuerdo que es mi exmarido.

-Como si lo fuera. Él ha sido muy claro conmigo.

Me ha prohibido que te mire con los ojos con los que te miro ahora.

-¿Y tú le obedeces en todo? -En casi todo.

-¿Aunque tengas que serte infiel a ti mismo?

-Aprecio demasiado mi vida.

Sofía, esto es una locura. -Que lo sea.

-Pero tu ex...

-Alejandro no tiene por qué enterarse si tú no se lo dices.

-Para él tú eres suya, sé que quiere recuperarte.

Me lo ha dicho. -Me encanta que lo intente,

que quiera recuperarme.

Y yo me dejaré sin dejar de ser fiel a mí misma.

¿Huyes? -No puedo, Sofía.

-Ya veo lo que te pasa. En la cárcel te robaron la hombría.

-¿Por qué dices eso? -Es lo que me das a entender.

Venga, Sergio, cuéntame qué te hicieron en la cárcel.

Esa es la mirada que a mí me gusta,

la de un hombre que no le tiene miedo a nada.

-No es cuestión de no asustarse, es cuestión de ser inteligente.

-¿Ah, sí? ¿Y tú lo estás siendo ahora mismo?

¿Crees que es inteligente que la exmujer de tu jefe

se enfade contigo? Vamos, Sergio.

Piensa un poco. Te estoy ofreciendo la oportunidad de tu vida.

Demuéstrame que no me he equivocado al fijarme en ti.

-No te imaginas la cantidad de gente mayor

que está sola y desatendida en este país.

Es terrible, por eso prefiero dedicarme a ellos.

Me siento más útil y así me evito líos con la familia.

-Ahora le hablaba de Herminio,

que su familia le busca a alguien para que lo acompañe

y ha dicho que no le interesa. -¿Por qué no le interesa?

-Herminio tiene a sus hijos, a su sobrina

y ella prefiere gente como Flor, como Domingo,

que estaban más solicos.

-Creo que no se está tomando la medicación

o que la tiene descompensada. El caso es que parecía otra persona.

-Es una enfermedad complicada, puede estallar en cualquier momento

por cualquier motivo, por pequeño que sea.

-Pero prométeme que no le dirás nada a mamá.

¡Hola, hola! ¡Ya estoy aquí!

No sabes las ganas que tenía de verte.

Y yo también, cariño.

Madrid ha sido muy especial para mí.

Me refiero a la etapa anterior a Somoza, ya sabes.

Tú y yo recordando viejos tiempos, viviendo juntas, ayudándonos.

Marcelino y tú me habéis enseñado lo que es tener una familia de verdad

y yo, bueno, os he decepcionado bastante.

-¿Por qué cambias de idea y no quieres ser policía?

-Sigo pensando que ser policía es de lo mejor que hay,

pero no estoy a la altura.

-Yo creo que la prueba que no pasarías sería el test psicológico

porque esas respuestas hay que decirlas mirando a los ojos.

No es que no quiera ser policía, sino que cree que no puede.

Sabe que los antecedentes y la placa son incompatibles

y si arrastrase algún cargo, aunque fuese encubrimiento...

Necesito que me deis la información que podamos pasarles

del sistema de comisaría. Señor, si no es inconveniente,

quizá Fede pueda colaborar con otra compañera

porque estoy muy liada entre la UFAM

y mi puesto en la Atención al ciudadano.

Esto es un asunto muy serio y si os lo he pedido

es porque confío en vuestra profesionalidad

y espero no haberme equivocado, ¿estamos?

Sentí mucho miedo, pánico.

Estaba como con sentimientos encontrados.

Estaba, pues eso, aterrorizado.

No quería que se rompiese lo nuestro ni destrozar nuestra amistad

ni nada y también sentía otras cosas y...

-Yo sentía lo mismo.

-Imagino que Sofía lo tuvo entretenido toda la tarde.

Como podrá ver, ella es una mujer muy exigente.

Es difícil complacer sus gustos. -¿A qué se refiere, exactamente?

-Tranquilo, hombre, no se ponga nervioso.

Ya Sofía me contó todo.

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Servir y proteger - Capítulo 332

27 ago 2018

La inspectora jefe Miralles es la policía más veterana de la comisaría del Distrito Sur. La inspectora Alicia Ocaña se incorpora a la comisaría. Ambas son el eje en torno al que gira la vida personal y profesional de sus compañeros y los casos policiales que afectan al barrio.

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