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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 321 - ver ahora
Transcripción completa

Madre mía, qué macarrada.

Ampliando la imagen he descubierto que lleva una chapa

que pone "Acteon 2000" en la camiseta.

-¿Qué es "Acteon 2000"?

-Es un colegio mayor de universitarios.

-Tomás, te coaccionaron los veteranos, ¿verdad?

-Que no, joder.

Estoy harto de esta pregunta.

-Y nosotros de que niegues la evidencia.

Enhorabuena. Gracias.

El mérito es de Tomás, que se atrevió a denunciar.

Pero alguien habrá tenido que convencerlo para que denunciara,

porque él no quería hacerlo. Seguid así.

Me encanta, pareja.

¡Quieto todo el mundo, las manos en alto!

¡Que nadie se mueva! Registren el interior.

Esto no parece una visita de cortesía.

Tenemos una orden de registro.

Pensé que nos iban a pillar.

Si la mercancía no está en las lavadoras, ¿dónde está?

-Lo sabrá en su debido momento.

Mientras tanto, quiero hablar con Iker cara a cara.

-Dame el arma y el móvil.

Sé quién es el traidor. Sorpréndame, entonces.

Es Tano.

Su hermano está metido en una prisión de Amberes.

-Me la están jugando, patrón.

¡Yo jamás he llamado a Bremón! No necesito hablar con él.

Sabe perfectamente que no haría nada contra usted.

-Eso pensaba yo hasta este momento.

No entiendo por qué Somoza te ha creído a ti y no a él.

Técnicos del CNI hackearon el teléfono de Tano,

añadiendo llamadas y pareciera que fue él

quien llamó a la policía y negoció un trato para su hermano.

Intenta convencer a tus superiores,

tienes que detener a Somoza por asesinato y acabar esto.

Hazlo por nosotros.

Debí haber valorado más que era una trampa.

Iker, ese miserable es muy astuto.

Haremos muy bien en detenerlo ahora.

Reconozco que fue usted muy hábil al hacernos creer

que en esos camiones iba un gran cargamento.

Son simples trucos que uno va aprendiendo en la vida.

Juegos necesarios para limpiar lo indeseable.

Ya veo.

Si me disculpa, no puedo seguir hablando con usted.

Podemos seguir hablando esta noche en mi despacho.

Somoza está agradecido por descubrir la traición de Tano.

No tiene por qué ocurrir nada. El peligro ya pasó.

Tu padre se ha pasado la vida huyendo de nosotros.

Hace poco le propuse volver a la banda,

y él se negó de plano, ¿entiendes?

-Vamos a entrar en el chalé de un tasador de diamantes holandés,

a las afueras de Madrid.

-¿Diamantes? -Sí, tiene varias joyerías de lujo.

Y en el mercado de los diamantes hay mucho material sin declarar.

-Móntatelo como quieras, pero si no veo a mi hijo,

no pienso mover un dedo.

-Toño es un tipo peligroso.

Sobre todo, no lo provoques,

en dos días ya estarás a salvo. -¿Y tú?

¿Dónde estarás tú? -Me da igual, si tú estás a salvo.

David, reventaría el Banco de España por ti,

¿lo entiendes? -Yo no quiero que lo hagas.

No quiero que te conviertas en un delincuente por mí.

-Les ayudaré con este robo.

Te dejarán libre, y todo habrá terminado.

Son solo dos días.

Ten paciencia.

Y sobre todo, no les provoques.

(Música emocionante)

Sí, está bien, nos vemos en el hotel.

¿Era Fidalgo Sí hemos quedado en 45 minutos.

Por fin se digna a verte.

Está al frente de muchas operaciones,

no es fácil quedar con él.

El general no es como Miralles,

que tiene el despacho abierto para sus agentes.

Ya sé que el CNI no es como la comisaría.

Pero no me acostumbro.

Ayer sentí que te dejaban solo ante el peligro.

Pues ya ves que no es así.

De todas formas, es normal que deba correr ciertos riesgos.

Pero todo tiene un límite.

Puedes decirle eso a tu general de mi parte.

Por supuesto. Le encantará ese argumento.

Prefiero mil veces el trabajo de policía al de espía.

Creo que debo salir ya.

No quiero arriesgarme a pillar tráfico y llegar tarde.

Cuéntame antes cómo fue ayer con Somoza.

No hay nada que contar, solo me llamó para gratificarme

por haber descubierto que Tano era un traidor.

¿Nada más?

Me invitó a una copa de ron.

Y me dio esto.

Aquí está lo que vale la vida de un hombre, según Somoza.

¿Y por eso estabas tan pensativo? ¿A qué te refieres?

A que te oí llegar...

y como no venías, me asomé a ver. Estabas a oscuras en el salón,

y parecías agobiado. Pensaba que dormías.

Estaba demasiado preocupada.

Y ahora me preocupo más porque no me dices lo que pasó realmente.

Veo que no se te escapa una.

Pues, además del dinero,

Somoza me dio esto.

Un pequeño aliciente, lo llama él.

Pero...

Estas fotos me las hicieron ayer con Leo en el parque.

¿No te habrá amenazado con hacernos daño?

Me dijo que si le traiciono, lo pagaríais tú y Leo.

Lo siento, os he puesto en peligro.

No.

Los dos conocíamos bien el riesgo.

Siento que te he puesto en el punto de mira.

Nadie está a salvo de Somoza.

Hay que detenerlo cuanto antes. Lo sé.

Y por eso quiero convencer a Fidalgo

para detener a Somoza por el asesinato de Tano.

De momento, no quiero que salgas de casa.

No me dejaré atemorizar por él.

Hoy llevaré la baja a comisaría y Somoza no puede condicionarme.

Me comportaré como un día normal.

Yo puedo llevar los documentos por ti.

No me quedaré encerrada en casa.

Y no nos conviene que Somoza sospeche que me has alertado.

No hay manera de convencerte.

Deberías convencer a Fidalgo.

Si tu general da luz verde, esta pesadilla habrá acabado.

Me marcho. Estoy deseando acabar con esto.

¿Qué tal con tu amiga anoche?

-Regular nada más.

Con el mosqueo que tenía por el plantón de Jesús,

no pude remontar la noche.

Me sabe mal porque Fuen vino con toda su ilusión desde Barinas.

-Pero si es tan íntima, lo entenderá, ¿no?

¿No es tu mejor amiga del pueblo? -Pues por eso mismo, Paty.

Tendría que haberlo entendido Jesús.

Es mi mejor amiga y me hacía ilusión que se conocieran,

pero él prefirió hacer la contabilidad.

-No se habría dado cuenta de que te iba a fastidiar la noche.

Además, si no estaba de buen humor...

A veces, es mejor no forzar las cosas.

-Y otras veces es mejor esforzarse por la gente que quieres.

Si es que la quieres.

-Buenos días, chicas. -Hola, Teresa.

¿Un café con leches? -Sí, por favor.

¿Y esa cara, María?

-Ya nos vamos conociendo, ¿no?

Yo qué sé, que las relaciones de pareja son muy difíciles.

Yo no sé si exijo mucho,

si me dan muy poco...

-Los desencuentros son normales en una relación.

Hay que encontrar el equilibrio.

-Ya, eso es fácil decir, pero muy difícil hacer.

Para algunos, porque tú estás pletórica.

Últimamente tienes una sonrisa...

¿Has encontrado el equilibrio con Nacha?

-Eso será, sí.

Estamos muy bien juntas, estoy muy contenta.

-Te oigo hablar así y me da una envidia...

-Pues si estás sola es porque te la gana, perdona.

-No volvamos con el tema de David, ¿vale?

Que no quiera salir con él, no significa que quiera estar sola,

yo también echo de menos...

el cariño y la alegría que tienes cuando estás con alguien.

-Con lo joven que eres, te vas a enamorar mil veces.

-¿Y me voy a tener que desenamorar otras mil?

Qué pereza. -Pues mírame a mí,

la edad que tengo y sufriendo por amor.

-¿Qué dices? Jesús te adora.

De eso no hay duda.

-¿Habéis discutido? -¿Discutido?

Ojalá. Al menos, sabría lo que le pasa por la cabeza.

No, hija, últimamente se ha cerrado en banda,

y cuando le pregunto qué le pasa me dice que nada.

-A muchos hombres les cuesta abrirse y expresar sus sentimientos.

-Pero yo también creo que Jesús te adora.

Hay que ver cómo te mira y lo bien que te trata.

-Eso era antes, últimamente está frío, está distante...

-Eso es porque ha peleado con David.

En el momento que lo arreglen volverá a ser el de antes.

-Lo dudo, porque yo sé que no me está contando la verdad.

-Hola. -Hola, Elías, ¿lo de siempre?

-Sí.

-Paty, ponle un café solo sin azúcar. -Voy,

-María, ¿qué te pasa? ¿Has tenido un mal día?

-No empieces tú también, Elías.

-Te pregunto porque no me gusta verte con esa cara.

-Y porque estabas escuchando, que tienes oído de tísico.

-Es deformación profesional, pero si no quieres que te pregunte...

lo que te pasa con Jesús, no me importa.

Yo solo quiero que estés bien.

No sé, igual ellas tienen razón y no pasa nada.

Pero, últimamente, lo veo esquivo conmigo,

como si tuviera otra cosa en la cabeza.

-¿Y tú no le has preguntado?

-No se me ha ocurrido.

Joder, Elías, pues claro.

Pero solo me da excusas.

Yo pensaba que por la bronca su hijo se había ido de casa.

-Ha tenido que ser una bronca fuerte para que el chaval se vaya.

-No sé, porque no me lo ha contado.

-Si no estás convencida deberías volver a preguntarle.

-Yo qué sé, Elías... No sé.

(Puerta)

Mi general. Adelante, Lemos.

Estoy deseando oír por qué fracasó la redada contra Somoza.

Se supone que íbamos a pillarlo con las manos en la masa.

Fracasó porque Somoza no compartió con nadie

su intención de cancelar el envío.

Incluso su ayudante pensó

que la droga llegaría oculta en lavadoras.

Pero Somoza es muy astuto y cuidadoso.

Ha podido eludir a la DEA durante años.

No me sirve como excusa.

Asumo mi responsabilidad.

Debimos dejar pasar ese cargamento para que se confiara.

Yo también lo creo.

Pasará mucho tiempo antes de tener otra oportunidad así.

La redada lo ha alertado.

Le prometí a la DEA que Somoza estaba a punto de caer.

Y existe una posibilidad.

Podríamos detener a Somoza

por el asesinato de Cayetano Céspedes.

¿Con qué pruebas? Mi testimonio.

Somoza lo ejecutó delante de mí.

Y podíamos probar que un falso Cayetano Céspedes

viajo a Cali desde Madrid al día siguiente.

Salvó su vida gracias al plan de contingencia, ¿verdad?

Así es.

No tuve alternativa.

Tenía que convencer a Somoza de que Tano era un traidor.

De lo contrario, el muerto sería yo.

Y estuve muy cerca.

Dé la orden y yo mismo iré a detener a ese desgraciado.

Entiendo que eso le gustaría.

Pero no voy a conformarme con un cargo de asesinato.

¿Cuánto tardaría otro capo en ocupar su lugar?

Muy poco, pero estaríamos esperándolo,

y ellos tendrían que improvisar.

Su misión consiste en desmantelar toda la organización de Somoza.

No vamos a...

acabar con un hombre,

sino con toda su organización.

Solo así cortaremos el flujo de cocaína colombiana

que llega a España.

Lo sé, y no descarto acabar con ellos.

Pero Somoza es peligroso y cada crimen del que se libra,

hace que se crezca.

¿Cree que meterlo en la cárcel lo hace menos peligroso?

Podría dar órdenes desde dentro.

Tiene contactos en diferentes prisiones.

Y nosotros podríamos presionarlo para que colabore.

¿Presionar a Somoza con los abogados que puede permitirse?

¿Cree que un tipo con su historial,

colaboraría por enfrentarse a un cargo por asesinato?

Puede que no sea fácil, pero podíamos intentar...

llegar a una negociación.

Un hombre vale lo que vale su palabra.

No lo digo yo, lo dice Somoza.

Así que, deje de engañarse.

Jamás se saltará el código de honor, traicionando a sus socios de Cali.

Si no lo pillamos en plena operación de recepción de mercancía,

no nos sirve de nada.

Sabe que tengo razón.

¿Y cuáles son sus órdenes?

La Operación Valentina debe continuar hasta lograr su objetivo final:

desmantelara toda la organización de Somoza.

Es lo que el CNI acordó con la DEA, y no vamos a romper ese acuerdo.

¿Y mientras tanto, qué?

¿Cuánta gente más tiene que morir?

¿Cuántas personas tienen que vivir amenazadas?

¿A qué viene esa reacción tan visceral?

Es la primera vez que pretende acabar con una misión

por la vía rápida.

Porque este objetivo amenaza a las personas que quiero.

Somoza me advirtió que si le traiciono,

irá a por Alicia y su bebé.

Eso explica esta reunión.

Y, por supuesto,

que esté tan furioso, no es para menos.

Pero no influirá en mi decisión.

La operación sigue adelante según lo previsto.

Entonces, solicito protección para Alicia y su hijo.

Por supuesto, cuente con ello.

Daré la orden para que tengan protección permanente.

-Hola. Hasta luego.

¿Qué pasa, Alicia, no saludas?

Pasa de mí, ¿quieres? Tranquila, no te estoy siguiendo.

Me sorprende verte por aquí con Leo.

Una comisaría no es el sitio más indicado

para un recién nacido.

La calle tampoco es un lugar para un asesino como tú.

El mundo está lleno de contradicciones.

Deja que sea el juez quien decida si soy un asesino.

No te engañes, y disfruta mientras puedas.

Después del juicio se te acaba el chollo.

Ni Nerea ni otro abogado te librarán de la cárcel.

Tu prima es buena, ¿verdad?

Como abogada también.

Pero no me refiero a eso.

Eres asqueroso.

Yo diría que el otro día en el hotel sentiste celos de verme con tu prima.

¿Celos? Claro.

Recordaste lo bien que lo pasábamos juntos.

Me lo pasaba tan bien que por eso te dejé.

No sé qué has hecho para embaucar a Nerea, pero déjame adivinar.

¿A que no quiere repetir?

Te las das de listo y solo eres un perdedor.

Ni el sabotaje a mi padre te salió, te descubrimos enseguida.

No sé de qué estás hablando.

Claro, porque alguien tan inteligente como tú

no arriesgaría la libertad provisional

por hundir a su antiguo jefe.

¿Han intentado hundir a Ocaña?

Hackearon su ordenador.

Fue una chapuza, pero supongo que tú ya lo sabes.

Oí que tu papá había perdido un cliente importante.

Harinas Crisol, ¿puede ser?

Resulta que la cosa no fue tan chapucera.

Sobre todo, cuando el responsable del sabotaje sigue en la calle.

Eres patético.

Disfruta del poco tiempo que te queda,

porque pronto serás juzgado y condenado.

Y así, yo no tendré que aguantarte más.

(DAVID RESOPLA)

(Puerta)

-Espero que te guste la comida basura.

Te he traído una camiseta, póntela porque apestas.

Veo que te ha cambiado el humor.

Y el apetito.

Me alegro.

-Supongo que ayuda haber visto a mi padre.

Me dio aire para aguantar estar aquí encerrado.

-Me imagino que sí.

-¿Tú no tienes hijos? -No.

-Hubieras sido un buen padre.

-No sé... -Sí, eso se nota.

-No me conoces tanto.

-Lo suficiente para saber que tienes buen fondo.

Las circunstancias de la vida te llevaron por mal camino.

-Sí.

Aunque hace tanto tiempo

que ya ni me acuerdo.

No recuerdo exactamente cuándo tomé el mal camino.

Coge un cacho, si quieres, es muy grande para mí solo.

-Tú, tranquilo. En un par de días se acaba todos.

-Eso tú no lo sabes.

-Bueno, ese era el plan.

Damos el palo y cada uno hace su vida.

Una vida mejor, por supuesto. -Ya.

¿Y si sale mal?

-Robar es como montar en bicicleta, nunca se olvida.

-Yo no estaría tan confiado.

-¿Tú qué quieres, ponerme nervioso?

-Solo te hablo con el corazón.

Es lo que siento, y te lo cuento porque me importas.

-¿Cómo que te importo? -Ya te lo he dicho,

creo que eres una buena persona.

-Todo va a salir bien, porque Toño lo ha planeado todo al milímetro.

-Solo quiero que te lo pienses.

¿Quieres volver a la cárcel a tu edad?

Ya no eres un crío. -¡Basta ya!

Tú me verás como un viejo, pero no soy gilipollas.

-No te enfades conmigo, yo te lo digo por tu bien.

Aún estás a tiempo de volver al buen camino.

-Si la salud me respeta, todavía me quedan diez años buenos.

No quiero vivir de la caridad, quiero vivir a lo grande.

-¿Y si te vuelven a pillar?

-Pues mala suerte.

Mira, David,

Toño me ha dado una oportunidad y la voy a aprovechar.

No habrá otra. -Claro que la hay.

Ya has cumplido tu condena, estás limpio,

estás a tiempo de cambiar de vida.

¿No quieres probar otra cosa?

-¿Y qué quieres que haga?

¿Montar una frutería como tu padre? -Puedes hacer lo que más te apetezca.

Los cambios se consiguen paso a paso.

Y el primer paso que deberías dar es dejarme libre.

-Claro, para que vayas corriendo a la policía.

Denunciaría a Toño, pero no a ti.

Te dejaría al margen para que empieces de cero

una vida nueva y honrada.

Me parece injusto que de dejes arrastrar por ese miserable.

(Puerta)

-¿Qué pasa?

¿Hablabais de mí?

-Sí, le estaba diciendo que...

que significó mucho para mí que trajeras a mi padre.

Te lo agradezco, de verdad.

-¿Es eso cierto?

Para que digas que soy mala persona.

-Eso mismo le estaba diciendo yo,

que eres un tipo legal.

-Se acabó el palique.

Vamos, tenemos que ultimar unos detalles del trabajo.

Venga.

-El que me faltaba por ver.

¿Qué se te ha perdido por este barrio, González?

¿Otra de tus amiguitas masajistas?

-El bufete tiene clientes en todos los distritos de Madrid.

Aunque tú ya lo sabes, porque estuviste fisgando

en la agenda del bufete como una vulgar rata.

-Si vas a acusarme de algo, ve a la comisaría.

No estoy de humor para aguantarte. -No te tengo miedo, Sergio.

Y Marcelino tampoco.

¿No te cansas de fracasar intentando hundirnos una y otra vez?

-Te he dicho que no estoy de humor.

Os acabaréis hundiendo solos.

Sois tan mediocres que no necesitaré mover un dedo.

-Para ser tan mediocres, no nos ha ido nada mal.

Habrá que verte a ti con ese gran bufete que piensas montar.

-¿De quién te estás riendo, payaso?

-De ti y de tus ínfulas de grandeza.

Los únicos que aceptarán que los representes,

serán tus compañeros de prisión.

-Debería partirte la cara, imbécil. -Hazlo.

Enséñales a todos cómo eres.

Un violento, un criminal.

Un asesino.

-No voy a mancharme las manos con un mierdecilla como tú.

No mereces la pena.

-¿Todo bien con la ruta?

-Todo ha ido como la seda.

-Un vehículo para salvar vidas.

Vaya y descargue en el muelle. Pronto llegarán más ambulancias.

No queremos que se nos acumule la faena.

-Hecho.

-Sí, hagámoslo así.

Mantenme informado.

(Puerta)

Te tengo que dejar.

General, me alegra verlo. Comisario.

Aunque me sorprendió su llamada.

Tenemos que hablar de la Operación Valentina.

Por eso le hice venir con tanta premura.

¿Eso es que vamos a detener a Somoza?

Negativo. Esa opción no se contempla.

Mi agente me ha trasladado su petición,

por eso le he hecho venir, para zanjar la cuestión.

¿Vamos a dejar a ese criminal libre, ahora que podríamos detenerlo,

después del asesinato de Tano? Somoza es solo un hombre.

Nos interesa toda su organización, no confunda el objetivo.

Sin él, todo ese entramado se vendría abajo.

Quizás, pero no nos conviene precipitarnos.

Ya la fastidiamos con la fallida redada de lavadoras.

Lo sé de muy buena tinta.

Fui yo quien tuvo que pedirle disculpas,

y le aseguro que no fue nada agradable.

Por eso mismo.

Vamos a seguir desarrollando la Operación Valentina con tiento.

Las prisas por encerrar al colombiano,

no deben condicionarnos.

Y dígame, mientras tanto,

¿a cuántas personas más vamos a permitir que mate?

Ese hombre es un asesino.

Ya mandó liquidar a dos policías.

Uno de ellos era uno de mis hombres, un hombre joven

que no conocerá a su hijo.

¿Me puede decir dónde está el límite?

¿Y sabe usted a cuántos policías y civiles

ha matado en Colombia su organización?

Decenas.

Si queremos cortar el mal de raíz, hay que acabar con todo el entramado.

Lo dice como si eso fuera a ocurrir mañana mismo.

No estamos detrás de un camello de tres al cuarto,

de los que suelen tratar en su distrito.

Esta es una guerra global.

Y en ella están involucrados

desde la DEA hasta la Armada Nacional Colombiana.

Tiene que mirar más allá de su despacho, comisario.

Verá, general,

yo soy simplemente un comisario de barrio,

y no sé nada de sus guerras globales.

Pero estoy obligado a perseguir a los que delinquen en Distrito Sur.

Sean delitos grandes o pequeños, todos los días.

Si ha sonado displicente, le pido que me disculpe.

No necesito que se disculpe, pero sí que me escuche.

Mi prioridad es la seguridad de los vecinos de Distrito Sur.

Y estamos gastando muchos medios y muchos agentes

en la Operación Valentina.

Recursos que podríamos utilizar

en investigar muchos casos que tenemos abiertos.

Entienda cuando le digo que quiero resolver lo de Somoza

por la vía rápida.

Comprendo su situación.

Y sé que para usted y su comisaría

es un sacrificio enorme no detener a Somoza

después de lo que les hizo.

Pero no solo está en juego

la seguridad de los vecinos de su distrito.

La entrada de la mafia colombiana por Algeciras

también está causando estragos en algunos barrios de esa ciudad.

Lo sé, conozco las estadísticas.

Sé que la criminalidad está aumentando considerablemente.

Están como locos pidiendo refuerzos.

Allí también hay comisarios sobrepasados por la situación.

A sus colegas de Algeciras

no les serviría la detención de Somoza,

si la droga sigue entrando igual.

A eso me refiero cuando hablo de guerra global.

Está bien.

Yo estoy a las órdenes del CNI en este asunto.

Usted manda. Me alegra que lo tenga tan claro.

Porque tengo una cosa más que pedirle.

Vaya a ver a Somoza y le pide perdón por el registro del otro día.

Ya me disculpé, fue lo primero que hice

cuando vi que en las lavadoras no había droga.

Ya sé que no fue plato de buen gusto. Fue repugnante

aguantar el numerito de Somoza haciéndose la víctima.

Y créame,

no le daré ese gusto dos veces. Sí que lo hará.

Nos conviene tener a Somoza confiado y relajado.

Y una nueva visita suya, conseguirá ese objetivo.

Sé que lo entiende, comisario.

-Buenos días. -Buenos días.

-Buenos días, Mayoral. -¿Ha ocurrido algo?

¿Algún accidente laboral?

-Cristina, por favor, lleve eso a Paco.

¿Tiene los informes que le pedí?

Gracias.

-He visto una ambulancia saliendo del recinto de carga.

-No se preocupe por eso. -¿Seguro?

Una inspección laboral puede dar mucha lata.

-Quédese tranquilo, le digo que no se preocupe por eso.

-Entonces, la ambulancia...

-¿La ambulancia, qué?

Digamos que un empleado estuvo indispuesto.

¿Le sirve esa respuesta o va a seguir preguntado estupideces?

Yo lo llamé porque voy a hacer unos cambios en la empresa,

y esos cambios le afectan directamente a usted.

-¿Qué cambios?

-Tano ya no estará al frente de Transportes Quintero.

Tuvo que viajar a Colombia por algunos imprevistos.

-¿Tan de repente?

-Por algo se llaman imprevistos, ¿cierto?

-¿Y cuándo piensa volver?

-No tiene fecha de regreso.

Por eso pensé en usted para ponerlo al frente de Transportes Quintero.

¿Habrá algún problema con eso?

-Eso depende.

-No me diga que me va a pedir más dinero.

Usted y yo ya tenemos un trato del que sale ventajoso.

-Por supuesto, y estoy satisfecho con él.

Me gustaría saber si entre mis nuevas funciones

está encargarme de lo que transporta la ambulancia.

-Mire, Mayoral,

yo se lo voy a repetir.

En esas ambulancias no se transporta nada.

Y el día que se transporte algo, no tendrá nada que ver con usted.

De momento.

-Hola. -Buenas.

No tendrías que haberte molestado. -Me he escapado cinco minutos.

Me apetecía verte. -Qué bien.

¿Has terminado ya con la contabilidad?

-Sí. ¿Y tú qué tal anoche? ¿Lo pasaste bien con Asun?

-Fuen.

Mi amiga se llama Fuen. -Eso, Fuen.

¿Os divertisteis? -Bueno.

Fue una noche loca. -Muy bien. Me alegro.

¿Y dónde fuisteis? -¿Te interesa?

-Claro que sí. ¿A qué viene esto?

-Pues viene a que me pides que te cuente cosas de mi vida,

pero tú no me cuentas nada de la tuya.

Y la confianza tiene que ser recíproca.

-Eso no es verdad, María. -Sabes de sobra que es verdad.

A ti te pasa algo y no me lo quieres contar.

Vienes cinco minutos a traerme el pedido,

y con eso te conformas. Parece es estés cubriendo expediente.

-Me encantaría salir contigo todas las noches,

pero estoy solo en la tienda.

La ausencia de David la noto en el trabajo

y en mi estado de ánimo. -Que no, Jesús, que no es eso.

No te pido jarana todas las noches, solo te pido que te apoyes en mí,

que no sé ya cómo decírtelo.

-¿No lo hago? -¡No!

Últimamente estás de un misterioso que me preocupa,

porque no me has contado ni por qué discutiste con David.

Algo gordo tuvo que ser para que se fuera así.

-Sí, fue algo gordo, pero creo que tengo la solución.

Y si no te lo cuento es porque no creo

que a David le guste que vaya aireando sus cosas.

-¿Aireando por ahí sus cosas? (JESÚS ASIENTE)

-De verdad, no puedo entenderlo.

Aireando por ahí, como si yo fuera cualquiera,

que soy tu pareja, o eso pensaba yo.

-Que sí, que eres muy importante para mí.

Y sé que puedo contar contigo. -¿Y por qué no lo haces?

Tengo la sensación de salir con alguien que no conozco.

-Lamento mucho hacerte sentir así.

-A ver, Jesús,

yo no te digo esto para machacarte, ni para hacerte sentir mal.

Solo quiero que te abras a mí, que me tengas confianza.

-Tú no eres el problema. -¿Y cuál es entonces?

Dímelo, para que te pueda ayudar.

-En eso no me puedes ayudar.

-¿Por qué no me cuentas qué ha pasado con David?

-Jesús, ¿dónde te metes? Fui a buscarte a la tienda.

-¿Y por qué no me has esperado? ¿No viste el cartel?

Estaba a punto de volver. -He pensado que estarías aquí.

He acertado. -¿Te importa esperar en una mesa?

Yo te pongo un café. Jesús y yo estamos hablando.

-Va a ser que no, tengo bastante prisa.

-¿Y por qué no vas a otra frutería?

A ver si te dan lo que buscas.

-¿De qué estás hablando? -No, espera...

Voy a despachar a Toño y después regreso y hablamos.

-Despáchalo aquí, los dos sabemos lo que quiere,

y no son naranjas, precisamente.

-¿Tú qué le has contado a esta? -Nada, nada.

-La verdad, que eres un jeta

que va por ahí desplumando a sus amigos

y luego desaparece.

-Lo que yo hable con Jesús es cosa mía,

tú no te metas. -¿Que no me meta?

Soy su pareja, claro que me meto.

-María, déjalo estar. -Déjalo estar no.

Él no tiene que venir a presionarte para salirse con la suya.

Dile que no le vas a prestar más dinero.

-María, basta ya, por favor. -¿Basta ya?

¿Cómo basta ya? -No hace falta levantar la voz.

Yo no he faltado el respeto a nadie. -Lo que tú haces es bastante peor.

Se llama acoso.

Si sigues por ahí, te vamos a denunciar, ¿a qué sí?

-No, María, no lo vamos a denunciar.

Cálmate ¿Se puede saber qué te pasa?

-Me voy a calmar cuando este individuo salga de mi bar.

-Te espero en la tienda, Jesús.

-¿Por qué te pones de su parte? Yo estoy defendiéndote.

-Yo no te he pedido que me defiendas. -No me lo has pedido,

pero yo te defiendo. -¡Que no quiero que me ayudes!

No te metas en mi vida de esta manera.

-Me alegro que Tano haya tenido que viajar a Colombia.

No me gusta compartir mi espacio con nadie.

-Pues déjeme decirle, que tener el despacho solo

requiere de mucha más responsabilidad.

Está claro en eso, ¿no? -Por supuesto, no me preocupa.

-Esa es la actitud.

Me gusta.

Deje eso ahí.

-Pensé que quería brindar conmigo.

-Primero quiero ver que tan imbécil es.

Porque a mí no me gusta brindar con imbéciles.

-¿A qué viene insultarme ahora?

Si es por la ambulancia, no tiene que preocuparse.

Si me preguntan, yo no sé nada.

-No es por eso.

-Entonces, ¿de qué se trata?

¿He cometido algún error?

-No sé, Mayoral...

Usted me dirá.

-Que yo sepa, he cumplido de forma impecable

con todo el trabajo que usted me ha asignado.

-Eso es cierto, y yo estoy contento.

Usted es un hombre eficiente, inteligente.

Por eso no entiendo cómo se pone a pelear a plena luz del día

con el hombre de confianza de Marcelino Ocaña.

-¿Cómo se ha enterado tan rápido?

-No subestime mis fuentes de información.

Alejandro Somoza tiene oídos y ojos por todos lados.

Y usted es un cretino que se pone a pelear delante de los vecinos,

y a pasos de la comisaría. ¿En qué estaba pensando?

-No pensaba, fue una reacción en caliente.

González me provocó y yo entré al trapo.

Debí haber sido más inteligente. -En eso estamos de acuerdo.

Pero yo he visto un par de veces a González y no me parece camorrero.

Dígame lo que hizo para sacarlo de sus casillas.

-La cosa viene de lejos.

En el pasado le causé problemas matrimoniales,

y no me lo ha perdonado.

-Eso quiere decir

que no han enterrado el hacha de guerra, ¿no?

-Sinceramente, no.

Guardo un pésimo recuerdo de mi paso por el bufete Ocaña.

Y no soporto que González y Marcelino me miren por encima del hombro.

-En eso lo comprendo,

a mí tampoco me gusta que me rechacen.

-¿Y por qué no hace que se arrepientan?

Podríamos hundirles. Obligarles a arrastrarse ante usted.

-Eso quisiera, ¿cierto? -Ya lo creo.

-Pues no lo vamos a hacer, y esto es una orden.

Usted ahora trabaja para mí.

Se encarga de mis finanzas y asuntos legales.

-Yo le agradezco la confianza. -Entonces, no me haga repetir.

Usted debe mantener la mejor imagen.

Desde ahora, sus problemas con el bufete Ocaña

quedan en el pasado, ¿está claro?

-Cristalino.

-Ah, bueno.

Ahora podemos brindar.

-¿Dónde estará el coche para la huida?

-A la vuelta del chalé hay un árbol muy frondoso,

y debajo apenas llega la iluminación.

El coche podrá esperar ahí sin llamar la atención.

-No, sé, Toño...

Háblame del conductor, ¿es de fiar?

-Claro que es de fiar, ¿por quién me tomas?

-Me cuesta confiar en alguien que no es mi hermano.

¿De dónde ha salido ese tal "Pincho"?

-Lo que tienes que saber de él es que conduce como Dios.

Tan bien como tu hermano o mejor.

-No quiero que nos salgamos de la carretera,

o choquemos con un muro.

-Estate tranquilo, va a ser un palo limpio.

Sin víctimas, como a ti te gustaba.

No tendremos que salir huyendo, está todo pensado.

¿Repasamos otra vez? -No, no hace falta, no.

Quiero descansar.

-Mañana traeré el plano del chalé.

Tenemos que estudiarlo, aunque yo lo conozco bien,

pero es bueno que tú te familiarices por lo que pueda pasar.

-¿Y los materiales que te pedí?

¿Los has conseguido todos?

-Estoy en ello.

-No entraré al chalé sin revisar el material,

tengo que probarlo y hacer ajustes. -Lo sé.

Estará todo a tiempo, no te impacientes.

-Llevo 20 años sin manejar una lanza térmica,

es normal que esté nervioso. -Sí, lo entiendo.

Te juegas mucho.

Y yo también me juego mucho.

Por eso quiero que hablemos de lo que pasó hoy en el bar.

-¿Por qué? ¿No podemos dejarlo correr?

-No.

Yo necesito tenerlo todo bien atado,

y esa novia tuya a mí no me gusta ni un pelo.

-De María me encargo yo.

Tú estate tranquilo. -¿Cómo que tranquilo?

¿No la has oído?

Ha amenazado con denunciarme a la policía.

-Sí, pero no dirá nada.

Nos vio discutir y tenía que...

inventarme algo para justificarlo.

Se me ocurrió lo del amigo gorrón, a lo mejor me pasé de convincente.

-Esa mujer se huele algo raro.

He oído cómo te preguntaba por tu hijo.

-Es normal, le tiene cariño.

Tranquilo, está todo controlado. -Que no.

Yo conozco a las mujeres, cuando se huelen una mentira,

no paran hasta averiguar la verdad. Y está es especialmente cabezona.

-Ese es mi problema, y yo no voy a contarle nada.

-No me fío, "Chispas", no me fío.

Puede seguirte, o a ti se te puede escapar algo.

Tienes que alejarte de ella.

-¿Cómo alejarme de ella? ¿Qué quieres decir?

-Que tienes que cortar con ella.

-¿Qué dices? No pienso cortar con ella.

Que no, que la quiero. -¿Y a quién quieres más,

a tu novia o a tu hijo?

-Eres un cabrón.

-Para ser un buen jefe, hay que ser un poco cabrón.

No me obligues a amenazarla a ella también.

Si quieres reencontrarte con tu hijo cuanto todo esto termine,

ya sabes lo que tienes que hacer: corta con esa mujer.

-Sí, las ambulancias llegaron bien.

Los camiones están listos

para distribuir la mercancía en toda Europa.

Ustedes, los del sur, siempre con su guasa.

Escuche lo que le voy a decir,

no podemos arriesgarnos en llamar la atención.

Tenemos que inventarnos algo nuevo para el próximo envío.

Invéntese algo nuevo, por favor, y después me dice.

Muy bien.

Después hablamos.

(Puerta)

¡Adelante! -Patrón...

-Comisario Bremón.

Sé que es tarde, señor Somoza, pero ¿tiene unos minutos para mí?

Por supuesto, hombre.

Me imagino que esta vez vino sin una orden judicial.

Por supuesto que sí.

Entiendo que siga enfadado conmigo, tras las redada del otro día.

Por eso he creído conveniente volver,

para reiterarle mis disculpas.

Yo se lo agradezco.

Es bueno reconocer los errores,

sobre todo, uno tan grande como el que cometió conmigo.

Ya.

No lo tome como algo personal, señor Somoza.

Hicimos mal en creer esas informaciones

que situaban a su empresa como el punto caliente

de distribución de cocaína en Europa.

Ya.

¿Eso quiere decir que no tiene que ver con mi nacionalidad,

sino con Transportes Quintero?

Pues déjeme decirle que yo sé

que ya le habían hecho algo parecido a Fernando.

Le pusieron el despacho patas arriba.

¿Es que ustedes no se cansan de cagarla?

Mire, a veces es difícil

contrastar toda la información que nos llega,

y tenemos que arriesgarnos a intervenir.

Y me imagino que no podrá darme el nombre del informante, ¿cierto?

A mí me gustaría saberlo.

Nuestras fuentes son secretas por seguridad.

Claro, la seguridad siempre es primero.

Entonces, cualquier persona amparándose en ello

puede perjudicar el nombre de Transportes Quintero.

Mire, comisario,

yo adquirí esta compañía en la baja,

pero con la finalidad de llevarla al tope.

En el éxito que alguna vez tuvo.

Y ahora, por culpa de ustedes, estoy en el punto de inicio.

¿Usted cree que el fabricante de esas lavadoras

querrá hacer negocio conmigo nuevamente?

Entiendo su enfado.

Y está en su derecho de presentar una demanda, pero...

yo le pediría que no lo hiciera.

¿Cómo es eso?

Se lo pido como un favor personal.

O sea, usted vino aquí a pedirme un favor personal.

Que yo no tome acciones legales en contra de la comisaría.

¿Es que es mi culpa que ustedes no sepan hacer su trabajo?

Le juro que esa redada infructuosa, me puso tan furioso como a usted.

Usted perdió un cliente,

pero yo perdí credibilidad y recursos,

de los que no estamos sobrados.

Me imagino que debe ser frustrante.

Usted quiso colgarse una medalla a costa del hombre equivocado.

Está bien, lo admito,

un decomiso importante de droga queda bien en el currículum

de un comisario de barrio.

Como comprenderá,

estoy deseando ocupar un puesto de más peso.

Lejos de este distrito.

Pero con una demanda

de un empresario honesto como usted...

Muy bien, comisario,

le voy a hacer el favor personal.

No tomaré ninguna acción en contra de la comisaría.

De momento.

Se lo agradezco.

Pues demuéstremelo con actos.

En lo sucesivo, espero un mejor trato por parte de la policía.

Lo tendrá, déjelo en mis manos.

Una cosa más, ¿Cayetano Céspedes está por aquí?

¿Y usted qué quiere con él? Disculparme también.

El día de la redada también fuimos injustos con él.

Ya, pero eso va a ser imposible.

Cayetano tuvo que ir de urgencia a Colombia.

¿Puedo preguntarle por qué?

Por trabajo, comisario, por trabajo.

Como no puedo encargarme de los asuntos personalmente allá,

quién mejor que mi mano derecha para que lo haga.

Entiendo. Aquí lo voy a echar de menos.

Pero allá me funciona más.

Muchas gracias.

Hola.

Sí que vienes tarde, podías haber avisado.

No he tenido ni un minuto libre.

¿Eso es la cena? Sí, pero se habrá quedado fría.

Con el hambre que traigo, me la como tal cual.

Qué buena pinta...

¿Y eso?

Hoy hemos probado a darle el biberón a Leo.

¿Biberón? Sí, tendré que volver al trabajo

y no quiero que sea traumático para él.

Oye, no...

no me has contado tu reunión con Fidalgo esta mañana.

Supongo que no hay buenas noticias.

No he conseguido convencerle.

No vamos a detener a Somoza, de momento.

Me lo imaginaba. De lo contrario me habrías llamado.

Me daba palo contártelo y lo estuve posponiendo,

para no fastidiarte el día. No te preocupes.

Ya sé que la decisión no depende de ti.

¿Qué, estás de acuerdo con él?

Ahora, lo importante es acabar con ese entramado de narcotráfico.

Lo sé perfectamente, pero quien se juega la vida

infiltrado en una organización criminal eres tú.

Yo estaré a salvo si mantengo mi tapadera.

Nadie está a salvo de Somoza mientras campe a sus anchas.

¿Tú estás seguro de que Somoza confía en ti?

Sí, pero debo ganarme su confianza cada día.

Ya.

¿Y por qué hay un tipo vigilándome desde esta mañana?

Es un agente del CNI, ¿no?

Soy policía, sé perfectamente cómo funciona una vigilancia.

Esa camioneta de reparto está ahí desde las cuatro y media.

Hace dos horas han relevado al conductor.

Si esos tipos no son agentes del CNI,

tendrán que ser hombres de Somoza.

Y no se parecen a los sicarios que suelen enviar.

Tienes razón, son de los míos.

Has estado entretenida haciendo contravigilancia.

Podrías haberme avisado, me he asustado.

Perdona, pensé que no te darías cuenta.

Si voy a seguir con la misión, quiero que tú y Leo estéis a salvo.

No me perdonaría que os pase algo.

Entiendo tu preocupación porque es la misma que la mía.

Pero nada de lo que pueda pasar es responsabilidad tuya.

Mi guerra con Somoza empezó mucho antes de tú llegar a mi vida.

Si estoy en su punto de mira, no es culpa tuya.

Entonces, estarás de acuerdo que necesitas vigilancia.

Solo será hasta que caiga Somoza. Y sé que algún día lo hará.

Pero, mientras, no quiero estar vigilada

las 24 horas del día. No quiero estar presa en mi casa.

Piénsalo bien, ¿quieres?

Sé que es difícil... Está decidido.

No quiero tener que arrepentirme de esto.

Cuando tú sales, yo tengo que confiar en que volverás.

Y tú debes confiar en que nosotros estaremos aquí cuando vuelvas.

Me niego a vivir con miedo.

Hola.

-Hola. -¿Podemos hablar?

Pero si tenéis lío puedo volver después.

-No, no...

Pasa, me alegro mucho de que hayas venido.

-Yo me voy a casa y os dejo solos. -Gracias, Paty.

-Hasta mañana. -Hasta mañana.

-No sé ni por dónde empezar. -Déjame que empiezo yo.

Quiero pedirte disculpas por haberme metido en tu vida.

No tenía por qué, ya somos todos mayorcitos

para cada uno enfrentarnos a nuestros problemas.

Yo solo quería echarte un capote con Toño.

-Amenazarlo con denunciarle, no ha sido una buena idea.

-Ya lo sé.

Lo siento mucho.

-No, no, ya sé que lo has hecho con buena intención.

María, ¿podemos olvidarnos de Toño? -Sí.

Mensaje captado.

-Antes hemos empezado una conversación,

y me gustaría terminarla. -Muy bien.

¿Vas a contarme ya lo que te pasa?

-Verás, es que...

desde que discutí con David, pues...

nada está en su sitio, mi vida está patas arriba.

-Y sé lo importante... -No, espera, déjame terminar.

No solo se trata de David, también se trata de...

de nuestra relación.

-¿Cómo de nuestra relación? Estábamos bien, ¿no?

-Antes me has dicho que...

que tenía que apoyarme más en ti, tenía que confiar más en ti...

Creo que no estamos en el mismo punto.

-Quizá, estamos sacando las cosas de quicio.

-María, lo siento.

Me cuesta mucho decirte esto.

Es que, no tengo claro lo que siento por ti.

Te aprecio,

y el tiempo que hemos estado juntos ha sido maravilloso, pero...

Creo que deberíamos parar.

-¿Parar?

¿Como si esto fuera un DVD,

o algo que puedas dar al "pause" y retomar cuando quieras?

-Perdona, me he expresado mal. -No, no.

No te has expresado mal.

Que no me quieres y que quieres dejarlo.

Es eso, ¿no?

-María...

-Dilo, sé valiente. -De acuerdo, sí, sí.

Es eso.

Ya no te quiero.

Por eso, es mejor que rompamos.

Siento ser tan brusco, pero en este momento de mi vida,

no puedo estar contigo.

Creo que es mejor ser directos.

-Yo te agradezco la sinceridad.

Si no te importa, me gustaría quedarme sola.

(MARÍA SOLLOZA)

¿Adónde vais? Eeeeeh...

Íbamos a tomar un café en La Parra, pero si tienes algo mejor...

Acabamos de recibir una denuncia de López Benito,

la empresa de fontanería y reformas del polígono.

Sé quiénes son, sí. Al parecer les han robado

sopletes, radiales y bombonas de oxígeno.

Todavía están haciendo el inventario de lo sustraído.

Id para hacer el atestado.

La marcha de David ha tenido algo que ver con todo esto.

¿Tú no supiste por qué discutieron? -Yo, no.

Le pregunté, pero estaba de un misterioso...

Mira, algo gordo les ha tenido que pasar.

-Todo lo que ha enumerado la inspectora sirve para un butrón.

-Es posible. No lo había pensado.

-Igual estás perdiendo facultades, compañera.

Se me ha ocurrido algo que puede ayudarnos a detener a Somoza:

Julio ¿Tu hermano?

Seguro que tiene información relevante sobre este entramado.

¿Y crees que querrá hablar? No lo sé.

En aquel momento intenté que confesara,

pero se negó en redondo.

Cualquier cosa, por pequeña que sea, nos será útil.

Rutas secretas, nombres de contactos en Algeciras,

clientes en Europa, cualquier cosa.

No entiendo cómo puedes pedirme algo así.

Ya sé que te estoy exponiendo,

y te pregunto porque es necesario. Por supuesto que hay mucho en juego.

Eres una de las personas con más razones

para desear que Somoza caiga, ¿o no?

Es complicado intentar llevar la iniciativa con Somoza,

es él quien marca los tiempos. Vamos a intentar cambiar eso.

¿Qué tal si se hace con el puesto de lugarteniente que dejó Tano?

Es muy difícil ser la mano derecha de Somoza,

y todavía recela de mí.

Mi confianza...

Esa es una palabra que yo no le regalo a cualquiera.

-¿No me he ganado su reconocimiento? -¿Qué quiere decir con eso?

-Que teníamos un trato,

y después de transferir el 50 % de su plata

debería pagarme la mitad del millón de euros que acordamos.

-Jesús y yo hemos roto.

-Pero qué raro, si estabais tan a gusto, se os veía tan bien...

-Sí, yo sí, pero él...

no tanto. Dice que no siente lo mismo.

-Jesús, te dije una vez que no le hicieras daño,

y veo que no has podido evitarlo. -Ya te digo que lo siento.

-Si no la quieres, aléjate de ella.

¿Y tu hijo por dónde anda, cómo está?

Hace días que no lo veo por aquí.

-Yo creo que es mejor que trabaje como infiltrado,

y después ya veremos. Tiempo al tiempo.

Somoza, maté a Quintero por usted, ¿o no se acuerda?

Claro que me acuerdo. Entonces, confíe en mí.

También le demostré que su mano derecha

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Servir y proteger - Capítulo 321

09 ago 2018

La inspectora jefe Miralles es la policía más veterana de la comisaría del Distrito Sur. La inspectora Alicia Ocaña se incorpora a la comisaría. Ambas son el eje en torno al que gira la vida personal y profesional de sus compañeros y los casos policiales que afectan al barrio.

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  1. Maria

    Llevo dias sin poder verlo¿¿

    10 ago 2018
  2. Elisa Isabel González Arroyo

    No me deja ver el video

    09 ago 2018