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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 31 - ver ahora
Transcripción completa

Si te mola, ¿por qué no la trincas, se lo dices y ya está?

Porque no es tan fácil.

¿Serías capaz de estar con un chico alejado de tu entorno?

¿Y tú? ¿Serías capaz de salir con una pija?

Alicia y yo hemos compartido muy buenos momentos juntos.

Cuando he visto que tuviste algo con Sergio...

Me he puesto superceloso, como si fueras mi pareja.

¿Ves como no te das cuenta de nada?

No sé qué me pasa cuando estoy contigo, pero...

Todo lo que tenía que decirte lo dije con ese beso.

¿Y eso qué significa?

Significa que si quieres dar un paso más,

te toca a ti, ¿no?

Nacha lo vio ayer besarse con Lola.

-Lola y el comisario, ni en un millón de años.

-Eres la mejor amiga de Lola. -Por eso lo digo. Que no, que no.

-No va a volver a pasar. Fue solo un beso.

-Lola, coño, que no podéis seguir así.

Si os convertís en la comidilla de la comisaría, os perjudicará.

-¿Por qué la gente se mete donde no la llaman?

¿Insinúas que me acuesto con Bremón? Es mentira, te equivocas.

-Lola, no mates al mensajero.

Toda la comisaría da por hecho que te lo tiras.

-Si quieren cerrar el caso del agresor sexual de la máscara,

les sugiero que atiendan.

Hay algo muy evidente en esos hematomas.

El agresor es...

zurdo.

-Un único agresor, un patrón y dos épocas a investigar.

-¿Conoce a algún agresor sexual en serie

que haya dejado de actuar durante 10 años estando en libertad?

-No. -Yo tampoco.

-Este caso es de 2009.

Un agresor no identificado, lleva la cara cubierta.

Tiene un olor penetrante.

Y es zurdo.

No se relacionó por una simple razón.

-Porque no consumó la agresión.

-Así es, le salió mal.

¿Sabe todo lo que podemos sacar de aquí?

-Esto lo vamos a hacer usted y yo.

-Cuente conmigo.

Rober ha descubierto por qué se están robando

tantas motos en el barrio.

Un confidente le ha dicho que se están organizando

carreras ilegales con las motos robadas.

Esta es la moto de Jairo.

H-50 para K-8, seguimos en polígono 7 Millas, kilómetro 33,

tenemos a un individuo en la vía pública.

El individuo está cadáver.

Se ha matado con la moto de mi hermano.

Debía tener su edad.

El máximo responsable es un tal Pinardo.

Es el que se está forrando con esto.

Se aprovecha de esos chicos. Sin importarle que mueran.

Para atraparlo tenemos que meternos en su mundo.

¿Cómo que meternos?

Tenemos que infiltrarnos en una carrera.

Haré como que no te he escuchado.

Si queremos lo mismo, ¿por qué no me dejas hacerlo?

Porque no podría soportar que te pasara nada.

Hasta que no olvides el asunto no volveremos a hablar.

Ni de trabajo ni de nada.

(Música emocionante)

Buenos días.

¿Has visto las horas que son? No llegas al curro ni de coña.

Tranquilo, me tocan los gallegos. ¿Cómo?

Los camiones que vienen de Galicia, los cargo por la noche.

Queda café, ¿no?

Sí, en la cafetera. A ver si me lo haces algún día.

Me gusta el café por la mañana.

Te sale mucho más bueno que a mí.

Mi jefe quiere que trastee con el torito.

Con la carretilla mecánica, en el muelle.

Bien, mientras no atropelles a nadie...

Si está "chupao".

De aquí a un mes me hago el encargado.

Sí, no veas si corres, Fernando Alonso.

Uno que vale. Por cierto, ¿y tú qué?

Seguro que tienes cosas más interesantes que contarme.

La inspectora pija. Que "to" hay que decirlo.

No quiero saber de tus detenciones.

Afloja un poquito, vamos por partes.

Primero, no hay ninguna pija, es una chica normal y sencilla.

Ah, una chica sencilla, sí.

Igual que las del polígono.

Igual no. ¿Cómo puedes decir que es sencilla?

Está "entacá", no hay más que ver su ropa.

¿Qué le pasa? Su ropa no es de mercadillo.

Es de estas niñas con un Mini de coche.

¿Y no le gustaba el "ballet"?

¡El "ballet"! Échate a correr, hermano.

¡Y dice que no es pija!

Es ópera. Cállate la boca,

cuando hablas sube el pan. Lo que sea.

¿Triunfaste o no triunfaste?

Estuvimos hablando de trabajo.

Ah, hablando. Así ligáis los policías ahora.

Sí, teníamos cosas que comentar.

¿Para eso se viene por la noche cada poco?

A ver si te enteras que somos policías.

¿Y los policías no tienen sexo?

Sí, pero las investigaciones son en cualquier sitio y lugar.

Muy bien. La próxima investigación, en la cama.

Te has acostado con ella y no me quieres contar, lo sé.

A ver si te enteras, con Alicia no busco sexo.

¿Me estás tomando el pelo?

No, tío. Con Alicia es diferente.

Sí, no sé. Noto que... (RÍE)

Déjalo, anda.

(RIENDO) ¿Esto qué es, tío? ¿Dónde está mi hermano?

¡Me lo han "cambiao"! Ahora es un moñas.

Que te den. ¡Joder, tío! (RÍE)

Si te vieran en el polígono.

Por cierto, "man",

no seguirás con la tontería de usar mi moto "pa" las carreras.

No es ninguna tontería.

Es una tontería como un templo de grande.

No eres Jorge Lorenzo, precisamente.

Mira lo que pasó al chaval ese. "Tas" jugando con fuego.

Entérate, jugar con fuego es parte de mi curro.

Eres muy cabezón, hermano.

¿No te lo vas a quitar de la cabeza?

Deja que vaya contigo, me quedo más tranquilo.

Venga, vente si quieres.

¿Qué haces? ¿A quién llamas?

A Coque, el mecánico de las carreras.

Eh, Coque, ¿qué pasa?

¿Qué dices? Soy Rober.

Te digo yo que con el inspector nuevo hay algo.

Si no, no te pide que le tutees.

-A ver, porque es un hombre amable, es un hombre educado...

-¿Tú te ves?

Te quedas embobada cuando hablas de él.

Además, que yo he visto que esos ojitos brillan

cuando lo ves aparecer por la puerta.

-Venga ya, no digas tonterías. -Que sí que brillan.

-Brillan porque estoy contenta, soy propietaria de un bar y ya.

Tampoco tengo que darte más explicaciones, digo yo.

-Ay, mira. Ahí viene tu cliente favorito.

Hola.

-Buenos días, inspector.

¿Qué? Hemos dormido bien?

-Mejor que bien: seis horas. -¡Oh!

Pues es poco. ¿Te parece mucho?

-Me parece un exceso.

-Pues no sé. ¿No estás "cansao"?

-No, con dormir cuatro horas al día yo estoy bien.

-Mira, me recuerda a un viejecico de mi pueblo

que decía que en toda su vida nada más que había dormido

una hora al día.

Cumplió 100 años.

-¿Y qué pueblo es ese?

-Barinas, un pueblecico pequeño del interior de Murcia.

-Nunca he estado en Murcia.

-No me lo puedo creer.

¿Ni en Caravaca de la Cruz ni en Cieza?

¿Ni La Manga?

No sabes cómo se come allí. ¿Has probado el arroz y conejo?

¡Pche! Eso es una maravilla.

-Disculpa, tenemos trabajo.

-Un día te haré un arroz que vas a llorar.

-Hola, María. -Hola.

-Inspector.

-Cuando puedas, me pones un agua con gas.

¿Quiere algo, Nacha? -Nada, está bien así.

¿Tiene un momento?

Tengo la lista con las empresas de fumigación y productos químicos

de los polígonos más cercanos.

-Estamos de suerte. Solo son siete.

Tiene que hablar con los encargados

y conseguir un listado de los trabajadores.

-De acuerdo.

-¿Le ocurre algo, Nacha?

Sabe que puede hablarme en confianza.

-Es por Bremón y Miralles.

¿No deberíamos informar de esta línea de investigación?

-Creo que ya le expliqué que ahora solo investiga para mí.

¿Conoce el caso del violador de Chamartín?

Lo detuve yo.

¿Y aquel que asaltaba viudas en Santander?

También lo hice yo.

¿Sigo? -No, está bien.

-Y todo eso lo hice utilizando mis métodos.

-Comprendo. -Para eso me han traído aquí.

Para atrapar al violador del Distrito Sur

usando mis métodos.

-Pero no cree que Bremón, si se entera...

-Bremón está a lo suyo.

Él busca un ascenso.

Y Miralles, no le negaré que es una buena policía,

pero no está en plenitud de facultades.

-¿Por qué dice eso?

-Está demasiado metida en el bosque, los árboles le tapan la visión.

-Sigo sin entenderle.

-Imagínese que tiene usted una hija.

La intentan violar.

¿Sería la más objetiva para llevar a cabo

la persecución de ese violador?

-Es cierto, tiene razón.

Tiene razón.

-Mira, Nacha, yo siempre soy generoso

con los que colaboran estrechamente conmigo.

Creo que puede hacer buena carrera como investigadora.

Creo que vale para más que atrapar a simples cacos en la calle.

A trabajar.

-Claro que sí.

Permiso.

-Pues va el tío y sube una foto de hace tropecientos años

en calzoncillos y se presenta como el Tigre de Moratalaz.

Bueno, Olga, todos tenemos lo nuestro.

Tú no, mamá, no me compares.

A mí me da pena por Paty, que es una tía legal.

Que él me cae bien, pero es un poquito fanfarrón.

Pues ese hombre que te parece un poquito fanfarrón

es amigo de Elías y me contó que una vez

le ofrecieron un tongo en un combate de boxeo

y se negó.

¿En serio? ¿Y qué hizo?

Pues colgó lo guantes y se quedó en el Atlas,

que antes era un gimnasio cutre y oscuro,

lleno de musculitos y gorilas de discoteca.

No me lo imagino.

No te lo imaginas porque Max lo modernizó

y lo convirtió en lo que es hoy: un gimnasio moderno,

lleno de luz, de gente estupenda, policías...

No, si a mí me parece buen tío.

Lo que pasa es que... Está un poquillo salido.

Ay, por Dios. Puso en Flirting que tenía 35 años.

Con eso del Flirting ándate con muchísimo cuidado.

¿Por qué? ¿Cómo que por qué?

Porque se empieza de broma, pero puedes tener un problema.

Hay muchísimo ciberacoso.

Laura, de Delitos Informáticos, me cuenta cada cosa que espanta.

¿Eso quién me lo dice? ¿Mi madre o la inspectora Miralles?

Las dos.

La red tiene más peligro de lo que crees.

¿Verdad, Antonio?

No estaba atendiendo. ¿Qué decías?

Decía que estás en Babia.

Tengo la cabeza en la consulta.

¿Pasó algo ayer? Llegaste muy serio.

No, no. ¿Qué va a pasar?

(Suena teléfono)

-Es tu teléfono, papá. -Sí, sí, sí.

Bueno, pues yo no quiero ser pesada,

pero insisto.

Ten mucho cuidado con eso, ¿vale? Vale.

Mamá... ¿Sí?

¿Por qué ya no llevas tú el caso del violador?

¿Y tú cómo lo sabes?

Porque se lo he oído a un chico en el gimnasio.

Pues verás...

Porque en Jefatura se han tomado muy en serio este caso.

Han mandado a un inspector jefe muy bueno,

un especialista en delitos sexuales.

Y seguro que lo atrapamos enseguida.

Me habría gustado que hubieras sido tú

quien pillara a ese desgraciado.

Eso no importa.

Lo verdaderamente importante es detenerlo.

Bueno, también es verdad. Claro.

Me voy a ir a clase. ¡Eh!

Cariño... (BESA) ¡Que tengas un buen día!

¡Adiós! Hasta luego.

(Puerta)

(SUSPIRA)

(Motor revolucionado)

(Frenazo)

(Frenazo)

(Frenazo)

(Frenazo)

(Frenazo)

(Frenazo)

¡Déjalo ya! ¡Para, para! ¡Para!

(RESOPLA)

Yo no lo veo, hermano.

No te voy decir que conduces mal, pero no eres lo que eras.

¿Cómo piensas en la carrera si llevas siglos sin montar?

Bueno, lo importante es dar el pego.

¿Dar el pego? Déjame que lo haga yo, anda.

Ni hablar.

Hice carreras en mis tiempos. ¿No te acuerdas?

Claro, por eso estás conmigo en esto.

Pero subirte en la moto, ni de coña.

Eso es cosa mía, Jairo. ¿Es ese?

Sí.

(Sonido de tecleo)

Hola.

No te pongas tan lejos, no tengo la lepra.

-Déjame en paz, ¿quieres?

-Venga, por favor, dame un minuto.

Un minuto, déjame explicarme.

-No tengo tiempo, lo siento. Salima, ¿me lo pones para llevar?

-Te lo pido por favor. Es importante.

-¿Importante?

Eso supondría que tienes escala de valores.

-Venga, siéntate un momento conmigo.

Hasta a los condenados a muerte se les conceden unas palabras

antes de ejecutarlos.

Un minuto.

-No sé cómo puedes trabajar aquí.

-Ah, bueno, si escribieras sobre actualidad,

creo que lo entenderías.

Estar en un sitio como este es

como tener hilo directo con el pulso de la calle.

-Ya.

¿En qué andas ahora?

Sorpréndeme con tu último titular sensacionalista.

(RÍE)

-Mi último artículo sensacionalista ya lo escribí.

Y no va a haber más.

Ahora estoy escribiendo sobre esto.

Échale un vistazo.

"Bullying" escolar.

He localizado un caso en un colegio del barrio.

He hablado con los maestros, con los padres,

incluso con el chaval.

No te asustes. Tengo permiso para contar el caso.

Me gustaría que al fin la gente se concienciara

con un tema tan grave como este.

Así que, ¿has visto?

No solo sé escribir sobre carroña sensacionalista.

-¿Qué pretendes enseñándome esto?

-Que me perdones, Laura.

En serio. Que me perdones.

He empezado con muy mal pie contigo.

Y no sé... Igual es demasiado tarde, pero...

(SUSPIRA)

Las personas nos merecemos una segunda oportunidad.

Me arrepiento de haber entrevistado a la madre de la chica violada.

Jamás previne las consecuencias, ¿vale?

¡Mal! Mal por mi parte.

Por eso le he pedido perdón a esa mujer.

Creo que todo esto ha servido para darme cuenta...

de que tiene que haber un límite.

Más allá de que uno tenga legítimas ambiciones personales.

(SUSPIRA)

Tiene que haber un límite.

Un límite que no estoy dispuesto a volver a traspasar.

-Todo eso está muy bien.

Pero suena a conferencia de ética para alumnos de Periodismo.

Y yo soy policía.

El daño que le hiciste a esa chica es irreparable.

Así que, no sé, allá tú con tu conciencia.

-No, bien, bien. Pongamos que tienes razón.

Por eso te estoy hablando de segundas oportunidades.

Porque a ti también te concedieron una.

¿Me equivoco?

Estuviste en el asunto del banco ocupado de Barcelona.

Oye, eras joven, eras idealista, impulsiva...

(RÍE) Si todo eso me encanta.

Pero te metiste en líos

y estuviste a punto de ser expulsada de la universidad.

Casi te meten en la cárcel.

¿No? ¿Y qué pasó?

Alguien te concedió una oportunidad porque te la merecías.

Y mírate ahora.

¡Mírate ahora!

Eres una brillantes inspectora, ayudas a la gente.

Segundas oportunidades, Laura.

-Vaya.

Veo que te has tomado muchas molestias.

-Bueno, es lo que tiene ser periodista.

Que uno sabe documentarse. -Eso ya lo veremos.

Me lo empezaré a creer con el artículo publicado.

-Lo verás.

No te entretengo más.

Hasta pronto.

-Te has olvidado el café.

Se te habrá quedado helado. ¿Quieres que te prepare otro?

-Eh... No, no. Está bien así, gracias.

Amargo y frío.

Toma. -Gracias.

(Puerta)

¿Algún problema, Antonio? No, ninguno.

¿Seguro?

¿Te vienes? No, hoy entro más tarde.

¿Seguro que estás bien? Sí, sí, sí.

Bueno, pues me voy. Bueno...

(Beso)

Voy a quedarme aquí a leer unos informes.

Vale. Chao.

(SUSPIRA)

Juan, Juan, hola.

Perdona, que antes no podía hablar bien, ¿sabes?

Eh... Oye, mira.

La oferta es muy tentadora y el puesto, te puedes imaginar.

Pero significaría alejarme de mi familia

y eso...

Eso es, lo tengo que pensar un poquito, sí.

Sé que tengo que contestar rápido, no te preocupes.

Sí, sí, sí.

Yo te llamo.

Venga, adiós.

Nos vemos, chavales.

¿Qué te ha dicho?

Un colega mecánico que trabaja en las carreras

confirma que en un par de días hay otra.

Qué mala sangre tienen.

Les da igual que se haya matado el chaval.

Solo quieren el dinero.

A Pinardo solo le importa no parar la máquina de billetes.

Esta carrera es mi oportunidad para trincarle.

Vámonos, anda.

(Motor)

Madre mía, qué salvajes.

Son de la cámara de seguridad de la discoteca.

¿Tienes otras tomas desde otros ángulos?

Quizás podamos encontrarlas en locales cercanos.

¿Laura? ¿Sí?

¿Te pasa algo? ¿Eh? No, nada.

Voy conociéndote y sé que te pasa algo.

Tienes la cabeza en otra parte.

Va a ser verdad que me vas conociendo.

Es parte de nuestro trabajo fijarnos en el comportamiento, ¿no?

Todos los actos nos dan respuestas.

Lo mío es mucho más sencillo que todo esto.

¿No has dormido bien?

Ojalá.

¿Entonces?

Nada, que me he encontrado con Martín Díez en La Parra.

No puedo quitármelo de la cabeza.

Te entiendo.

Ese tipo es insufrible, un auténtico capullo.

Seguro que te ha dado el desayuno.

Bueno, me lo ha dado, sí,

pero no en el sentido que te piensas.

Ahora sí que me pierdo.

Estuvo amable, correcto.

Es listo. Sabe estarlo cuando le conviene.

Me habló de las segundas oportunidades.

Y me ha hecho pensar.

Yo de joven era una auténtica cabra loca,

me metía en muchos líos.

Mejor no te cuento los detalles. (RÍE)

Y, no sé, fue gracias a las segundas oportunidades

que ahora tengo un buen trabajo y me siento bien conmigo misma.

¿Qué tiene que ver eso con Martín Díez?

Que me ha pedido que le dé una segunda oportunidad.

Sabe que se portó mal, parece arrepentido.

¿Te recuerdo las barbaridades que hizo esa comadreja?

Ese tío es capaz de vender a su madre por una noticia.

Sí, no sé, puede ser.

Pero me pidió perdón y parecía arrepentido.

Creo que todo el mundo merece una segunda oportunidad, ¿no?

Bueno, ve con cuidado y no te fíes.

Los lobos, aunque se vistan con piel de cordero, son lobos.

(SUSPIRA)

Pues no, no pude pedirle que borrara el perfil.

-¿Y por qué? -Pues porque no.

Aunque me dé vergüenza que esté en la página de contactos,

también tengo que entender que tiene su vida.

-Sí, pero trabajando de cara al público

al que vienen tantas maduritas...

-Eso le funcionaba antes.

-¿Ahora qué pasa? ¿Se ha vuelto tímido?

-No, ahora estoy yo y se tiene que cortar.

-Pues vaya tela.

Entre una que le da vergüenza

y el otro, que se tiene que cortar, podríais hacer un blog.

"Vuelta a casa de mi padre soltero tras 18 años".

-Tú ríete.

Pero esto me ha hecho entender y aprender

que necesito respetar su intimidad.

Además, le he modificado un poco el perfil

para que no haga tanto el ridículo.

-¿Cómo se lo ha tomado?

-Bien, en cuanto vio el perfil nuevo se le pasó el mosqueo enseguida.

La verdad es que me pasé ocho pueblos con él, tía.

Es un buenazo, pobrecito.

Y estábamos tan a gusto en el desayuno...

-Hombre, tu padre es un poco chulo. Pero en el fondo es un enrollado.

-Ya.

Aunque a veces me cabreo con él, la verdad es que lo quiero mucho.

-Mira el lado bueno.

Al final lo mismo hasta se echa novia.

-¿Mi padre con novia? Qué va, no lo veo con novia.

-¿Qué pasa? ¿No te gustaría?

-Pues no sé, no sé.

A ver, por una parte, sí.

Por él, para que no se quede solo. Pero por otro lado...

Tía, hay mucha lagarta suelta por ahí.

-Vamos, que no. Que ni de broma.

(RÍEN)

-¿Qué? ¿De risas?

¿Contando chistes?

(RÍE) -Yo me tengo que ir. -Seguro que era bueno, sí.

-Hasta luego. -Adiós.

¿Me lo cuentas?

-Nada, papá. Estábamos hablado de si te hacía falta novia o no.

-¿A mí? No, no, quita, quita.

Ya tuve bastante con la cibernovia aquella, olvídate.

¿No tienes otra cosa que hablar con tus amigas?

-Justo le decía que he aprendido a respetar tu intimidad.

-Ah, qué bien. Pues algo es algo.

A ver si la respetas ya del todo

y no usas mi champú, que parece que te lo bebes.

-Vale, pues cuando tú bajes la tapa del váter después de mear,

lo haré, ¿eh?

-Hmm... -Hmm...

(RÍE) Qué graciosita.

Por cierto, papá, he estado pensando.

Necesitamos renovar el gimnasio.

He hablado con los clientes y me he puesto al día de novedades.

-Qué miedo me das.

-Creo que necesitamos renovar la oferta de actividades.

No sabes lo rápido que evoluciona todo.

Y la gente está superinformada y quiere estar a la última.

-Este es un gimnasio muy moderno.

¿Antes qué había? Pues hierros y sacos.

Ahora hay zumba, pilates, sauna... Antes no había de nada.

-Todo eso está genial, papá, está muy bien.

Pero no nos podemos quedar ahí.

Tenemos que evolucionar constantemente.

No nos podemos estancar.

Además, los ingresos están por los suelos.

-Precisamente por eso. No podemos enfrentarnos a más gasto.

No hay espacio para programar más clases

ni disponemos de monitores.

-A ver, por eso creo que hay que invertir un poquito más

para cambiar la situación y ganar dinero de verdad.

Además, lo que te propongo no necesita

ni espacio extra ni monitores ni nada.

-Mira, no sé por dónde vas. No sé qué estás tramando.

-Mira esto.

-¿Para qué quiero un folleto de la competencia?

-Para estudiar al enemigo.

Si sabemos lo que ofrecen los demás gimnasios,

atraeremos a más clientes. ¡Principio de marketing!

-¿Pero qué dices, Paty? Este gimnasio tiene personalidad.

Las instalaciones son estupendas, los monitores están cualificados,

no lo compares con uno donde eres un número,

que te tratan como ganado. -No te embales.

No es nada de lo que te imaginas, en serio, léelo bien.

-A ver...

"Bonos de gimnasia pasiva".

Ya, ahora resulta que la gimnasia se hace parado.

-Pues sí, fíjate. Sí, a base de ondas sensoriales.

¿Ves que necesitas modernizarte un poquito más?

-Pero esa chorrada, ¿a quién le va interesar?

-Pues a todo el mundo. Vamos a ver, piénsalo.

¿Qué es lo que más le cuesta a la gente? ¿Eh?

Precisamente esto, hacer gimnasia.

Con los chalecos estos vendrá un montón de gente, te lo digo yo.

-Paty, no me líes. ¡No me líes! Vas a llenar el gimnasio de vagos.

Aquí se viene a sudar la camiseta.

-¿Cómo eres tan cabezota, papá?

Con estos chalecos ganaremos mucho dinero

y solo necesitamos el chaleco magnético y ya está.

-Paty, todo esto me suena a chino.

-Papá, de verdad, los chalecos son la caña.

Es lo más moderno del mercado.

-Será todo lo moderno que quieras, pero, repito,

aquí se viene a hacer la gimnasia como antes, a sudar.

-¿De verdad crees que voy a hacer algo para empeorar el gimnasio?

-Imagino que no, ya me lo pensaré. Tengo mucho que hacer.

Hola, Espe.

En seguida estoy contigo,

Un momento, que termino de escribir esta denuncia.

Tranquila, no tengo prisa.

Es la tercera que llevo por estafa a través de ventas por Internet.

La gente cuelga en la red que vende una cosa, les hacen la transferencia

y si te he visto, no me acuerdo.

Qué impresentables. Ya te digo. ¿Qué querías?

¿Sabes algo de las charlas en colegios que quieren que demos?

¿A ti también te ha llegado? En Jefatura están muy preocupados

por la ola de violencia en las escuelas.

Ya... De verdad, parece una epidemia.

Es alucinante, se cascan a puñetazo limpio.

Como en el vídeo que me ha enseñado Laura.

Natural, cada vez beben más críos,

tienen relaciones sexuales más jóvenes.

Es como si quisieran hacer cosas de adultos,

pero con la conciencia de niños. El mundo se ha vuelto loco.

Ay, madre mía.

(SUSURRA) Ahí está tu príncipe.

¿Quién? Hola, Alicia.

Hola, Sergio. Hola, Sergio.

-¿Qué tal, cómo estás? -Nada, hablando de príncipes.

¿Qué haces por aquí? Me han llamado de la ONG

para dar asistencia legal a un refugiado sirio

que parece que tenéis detenido.

-Lo encontraron perdido en un parque y lo trajeron hace un par de horas.

Está durmiendo en el sótano, pero tranquilo, está bien tratado.

-No me cabe duda.

-Le hemos hecho un chequeo y está todo OK, salvo la memoria,

que le falla un poco, por eso estaba desorientado.

-Lo llevaré para charlar con él en la ONG

No es el primero con un cuadro así.

La guerra les hace pasar por experiencias traumáticas

y a muchos les ocasiona bloqueos de memoria.

-De verdad que es encomiable lo que hacéis en la ONG.

-Qué va, el mérito lo tenéis vosotras.

Os jugáis el tipo todos los días.

(RÍE)

-Espera un segundo, voy a por él. -Vale.

Espe tiene razón.

Tiene mucho valor lo que hacéis en la ONG.

En el fondo lo hago por egoísmo.

No te entiendo.

Desde que colaboro con ellos me siento mejor conmigo mismo.

He tardado en darme cuenta,

pero creo que esa es la clave de la felicidad.

Estar a gusto con uno mismo.

Vaya, eres muy distinto al Sergio que conocí en la facultad.

Imagino que la gente cambia

si tiene una segunda oportunidad para hacerlo.

Sí, es cierto.

Oye, me alegro de que vuelvas al bufete de mi padre.

¿Ya lo sabes? Me lo explicó todo ayer.

¿Y qué te explicó?

Que fue un malentendido y que él metió la pata.

A ver, reconozco que me equivoqué.

Pero bueno, todo el mundo se equivoca, ¿no?

Me alegro mucho por los dos, papá.

Me extrañó que lo despidieras, siempre os habíais llevado bien.

Pensé que había hecho algo grave.

Pues me despisté con la gestión de una cliente

y le eché la culpa a él. Fue fallo mío, ya está.

Pobre.

Bueno, ya está todo solucionado, está readmitido y todos contentos.

Me hace feliz saber que estás de nuevo a su lado.

Bueno, aquí estamos los dos.

-Hola, me llamo Sergio. Voy a ayudarte, ¿entiendes?

Vamos a ir a un sitio a solucionar los problemas que tengas, ¿OK?

Estás en buenas manos.

Vamos.

Hasta luego. Adiós.

Y tanto que está en buenas manos.

Ya me gustaría a mí estar en su lugar.

¿Qué? Soy mujer y soltera.

Y Sergio Mayoral está de toma pan y moja.

(RÍE) Anda que estás tú buena, Espe.

Me marcho, que tengo mucho lío.

Ni que hubiera dicho una barbaridad.

(Llaman a la puerta)

Adelante.

Son los convenios de colaboración para las Jornadas de Seguridad.

(ASIENTE)

¿Qué te pasa, Lola? ¿Has estado llorando?

No.

Tienes los ojos rojos.

Se me ha metido antes una pestaña.

No me engañes, que te voy conociendo.

¿Qué ha pasado?

Es por los compañeros, están comentado cosas.

¿Qué cosas?

(SUSPIRA) Van diciendo que estamos liados.

Pero eso es mentira.

Ya sé que es mentira, pero...

¿Quién lo dice?

Qué más da quién lo diga, el caso es que...

(SUSPIRA) Van diciendo por ahí que tú y yo...

Estoy destrozada, Emilio. No sé qué hacer, de verdad.

No tienes que darle importancia.

La gente se aburre e inventa cosas para pasar el rato.

Ocurre en una comisaría y en cualquier trabajo.

Olvídalo, mañana ellos lo habrán olvidado.

No lo van a hacer, porque esto viene de lejos.

Piensan que me pusiste en la UFAM porque ya estábamos liados.

Lola... Es muy triste.

No sabes cuánto siento ser el causante de todo esto.

No me toques, Emilio, por favor, no...

Creo que lo mejor es que no me toques nunca más.

De acuerdo, tienes razón.

La culpa es mía.

Si no hubiera existido ese primer beso...

No, Emilio, si yo también tengo la culpa, si yo...

(Llaman a la puerta)

-¿Perdón? ¿Se puede?

Sí, adelante.

Dale curso cuanto antes, Lola, gracias.

¿A qué debo la visita?

Perdone, comisario, necesito hablarle sobre el inspector nuevo.

Osorio.

¿Qué ha pasado con Osorio?

No me gusta.

Es arrogante, es maleducado, es impertinente.

Bonito repaso le has dado en un momento.

Tengo mis razones.

El otro día me amenazó en la calle.

¡Me amenazó!

Me extraña, siempre me ha parecido una persona tranquila y sosegada.

¿Cómo? ¿Que es muy tranquila?

Por favor, le tiene completamente engañado.

Vamos a ver, sabe que en condiciones normales

no le exigiría nada,

pero esto de Osorio pasa de castaño a oscuro.

Tiene que hablar con él y decirle que respete a los periodistas.

Ya le digo que...

Es que además hay algo en él que no me termina de gustar.

Es una cosa de actitud, de...

No lo sé, ¿estoy diciendo tonterías?

No, para nada.

Pero, lamentándolo mucho, no puedo hacer lo que me pides.

¿Que no va a poder o que no va a querer?

No lo entiendo. ¿No va a hablar con él?

¿No es usted quién manda aquí?

En teoría sí, pero en la práctica...

No lo entiendo, ¿qué quiere decir con eso?

A mí también me piden responsabilidades, como a todos.

Y en estos momentos Osorio es el eje central de la comisaría.

Todos dependemos de él.

La última carrera se suspendió por esa muerte,

pero habrá otras muy pronto.

No me creo que sigas con esa tontería de la moto.

Tenemos que acabar con esas carreras

y es la única manera de pillar a Pinardo.

Demasiado arriesgado. Acuérdate de Jorge Hernández.

¿A qué viene Jorge? Tú ni lo conocías.

Cierto, apenas lo conocía.

Pero sé que se saltó el protocolo y actuó por su cuenta, como tú.

No, no es lo mismo. Sí que es lo mismo.

Estaba obsesionado por atrapar a Chamorro,

como tú con el cabecilla de esas carreras.

No hay que llevarse el trabajo a lo personal.

¿Me vas a dar lecciones sobre mi trabajo?

No, no pretendo darte lecciones.

No quiero que te precipites como el agente Hernández.

No quiero que te obsesiones al punto de jugarte la vida.

Creía que la vida nos la jugamos todos los días.

Esto es Kabul, no la academia de Ávila.

¿A qué viene eso?

Yo me he jugado la vida cuando ha hecho falta.

¿Y a qué viene que te pongas en contra mía?

No sé si no me escuchas o no te enteras de lo que hablo.

Me he jugado la vida cuando ha hecho falta.

La pregunta es si no hay otras opciones.

No, no las hay.

Mira, paso de discutir.

(RÍE)

¿El café, bien?

-Muy bien.

-¿Quieres algo más? -No.

Estoy divinamente.

-Anda, que ya podéis disimular.

Se nota que estáis liados.

-Mujer, liados...

-A ver, liados, enrollados...

Llámalo como quieras.

Pero mírate, si estás flotando.

¿Y este? Bueno, esto es caso aparte.

Parece que lo han sacado de un anuncio de lotería.

-Yo, la verdad, no puedo ser más feliz.

-Normal.

Los inicios de las relaciones son lo más bonito.

¿Eh?

Esas mariposas cuando miras a tu pareja,

eso de no dejar de hacer planes, las vacaciones juntos...

Los niños que vais a tener...

-Bueno, poco a poco.

-Me voy de aquí, que lo único que hago es estorbar.

-Hola, María. -Hola.

-¿Me pones mi botellita de agua con gas?

-Claro que sí.

-Perdona si me meto donde no me llaman, pero...

¿Te ocurre algo?

-¿A mí?

No. ¿Qué me tendría que ocurrir?

-Eres el faro del barrio

y esta noche no iluminas como siempre.

-Como se nota que eres policía.

Y de los buenos, no se te escapa una, Osorio.

-Puedes llamarme Miguel.

Pero no era tan difícil deducir que algo te pasa.

-No, supongo que no soy tan difícil.

-¿Entonces qué?

¿No me vas a contar qué te pasa?

Puedo deducir los síntomas, pero no la causa.

-Bueno, pues la causa...

son esos dos tortolitos.

Míralos.

No me digas que no te da envidia cómo se miran,

cómo se quieren, lo felices que son.

-Eso no es motivo para estar triste.

-Ya, bueno, para mí un poco sí. Porque, no sé, los miro y...

me da por pensar en mi situación.

-¿Qué situación es esa, María?

-Bueno, pues...

la de una mujer de cierta edad, no te voy a decir cuál,

que lleva mucho tiempo sin saber lo que es el amor.

Tanto que ya se me ha olvidado.

-No se te habrá olvidado cuando lo echas tanto de menos.

-Tienes razón, a veces digo tonterías, perdóname.

-No tengo nada que perdonarte.

Y para que veas que te entiendo,

confesión por confesión.

Yo tampoco he tenido mucha suerte en el amor.

No tengo pareja.

Realmente nunca he tenido una relación seria.

Y, como podrás apreciar,

ya tengo unos años.

Aunque tampoco te voy a decir cuántos.

-Bueno, pero tienes toda la vida por delante.

-Como tú, María.

-¿Y cómo llevas esa soledad, Miguel?

-De manera aceptable.

Supongo que me he acostumbrado a ello.

Al final uno se acostumbra a todo.

Como aquel anciano de tu pueblo que se acostumbró a dormir una hora.

-Vaya, que te acuerdas.

-Claro.

-Y del pueblo, Barinas. -Eso es.

-Al final las personas somos animales de costumbres.

-Pues sí, supongo.

Bueno, Miguel, me meto en la cocina, tengo trabajo.

-¡Oh!

-Ya sé que el nuevo intenta ser simpático, pero no lo trago.

-Ese nuevo tiene un nombre: Rodolfo. Y te vas a sentir muy bien con él.

-Yo quiero volver contigo.

-Pues igual no es posible. -¿Por qué no?

-Es posible que tenga que abandonar el centro en breve.

-No digas eso. ¿Te jubilas?

-¡No! ¿Tan mayor me ves o qué? ¡No!

Porque quizás tenga que cambiar de centro.

-Me acabas de hundir. Es el día más triste de mi vida.

-No exageres, que no se acaba el mundo.

-Para mí sí que se acaba el mundo. Tú para mí eres como un padre.

-Venga ya. Venga, dame un abrazo.

¡Dame un abrazo! ¡Venga! (RÍE)

-Prométeme que no te vas a poner triste.

Es bonito lo que dices, pero hay médicos mejores que yo.

-No es verdad, eres el mejor médico que he conocido.

-¡Hombre! Estás siendo un pelín exagerado,

verás que nada cambia en tu vida.

-No va a ser lo mismo, lo sé.

-¿Lo sabes? Tú no lo sabes, pero yo sí.

Te costará un poco de tiempo adaptarte,

pero pronto me darás la razón.

-No, no es verdad.

(RÍE)

Perdón, pensé que habías terminado con las vistas.

No te preocupes.

Mi turno ha terminado, pero Tobías es un paciente muy especial,

puede venir cuando quiera, sin pedir cita.

Encantada. Porque eres el mejor médico.

¡El mejor y más comprensivo!

-Pues venga, soy el mejor médico. Pero tenemos que despedirnos.

-¿Más tranquilo? -Sí.

Muy bien, que no se te olvide tomar la medicación.

-Adiós. -Adiós.

Adiós.

¿Quién es? Tobías, padece esquizofrenia.

Ah... Sí.

Llevo meses tratándolo, por eso me tiene tanto cariño.

Ya lo he visto. Parecía triste, ¿no?

Es muy emocional, tiene estos cambios de humor.

¿Y por qué se despedía de ti?

(Móvil)

¿Qué haces? ¿Por qué no lo coges?

Es un pesado, ya le llamaré.

Antonio, ¿qué me estás ocultando?

Sí, dime.

-"Antonio, soy yo otra vez. ¿Te pillo bien?"

-Sí, sí. Cuéntame.

-"No, dime tú. ¿Ya tienes una decisión?"

"Antonio, ¿estás ahí?"

-Sí, estoy aquí. Todavía no tengo una decisión,

necesito meditarlo más.

-Sería de locos rechazar el puesto,

director general de la clínica más moderna de Valencia".

"Vas a cobrar un sueldazo".

-Lo sé, lo sé.

Pero necesito más tiempo para meditar.

-"Vale, sí, lo entiendo".

"Eres la primera opción, pero hay gente apretando".

-Lo sé, no te preocupes. Te contestaré en breve.

Hasta luego. -"Quedo a la espera entonces".

-Muy bien.

Es un compañero de la facultad,

van a montar una clínica en Valencia, con mucho dinero

de un fondo de inversión extranjero.

Y quieren que yo la dirija.

Por eso te escondías para hablar por teléfono,

por eso estabas tan esquivo.

Sabía que me ocultabas algo, pero no imaginaba algo así.

Bueno, perdóname.

Es una oportunidad profesional muy importante

y un puesto económicamente muy bien dotado, pero...

Significa que tengo que ir a vivir a Valencia.

¿Durante cuánto tiempo?

Por lo menos un par de años.

Bueno, no he tomado ninguna decisión porque, lógicamente,

tengo que hablarlo primero contigo.

¿Y a qué esperabas para contármelo?

Es que no sabía cómo decírtelo.

Pues mirándome a los ojos

y diciéndome que te han ofrecido

la oportunidad profesional de tu vida.

(SUSURRA) Tonto.

(Beso)

(RÍE)

(SUSPIRA) ¡Ay!

Qué trabajera me das.

(RÍEN)

Creíamos que lo teníamos rodeado

cuando se ha descolgado por un jardín,

ha robado una bicicleta a motor y ha salido a toda pastilla

por la Avenida General Manzanos.

-Esas bicis corren que se las pelan.

-Dímelo a mí, que iba a pie.

He tenido que llamar un H-50, si no el tipo se nos escapa.

-¿Alguna se apunta al cine?

-No, yo me voy a casa, estoy muerta.

Además, hoy ponen "The Black List".

Estoy enganchadísima, tenéis que verla.

Estoy enganchadísima, tenéis que verla.

-¿Y tú, Laura? ¿Te apuntas?

-¿Yo? No, paso. Pero gracias, ¿eh?

-Oye, Laura, ¿te pasa algo? Pareces preocupada.

-No.

Bueno, sí.

Pero da igual, no lo entenderíais.

-Prueba a ver, mujer.

Si no es de informática, más o menos entendemos las cosas

y, yo qué sé, a lo mejor te podemos ayudar.

-Es por Martín.

-Ay, no. ¿Otra vez la rata esa de periodista?

¿Qué te ha hecho ahora?

-Nada, no me ha hecho nada.

He estado hablando con él y me ha hecho pensar

que a lo nos precipitamos juzgándole.

-¿Tú te oyes cuando hablas?

Ese cerdo casi provoca el suicidio de una niña.

-Sí, ya lo sé, todos decís lo mismo.

Digo que la gente puede equivocarse,

si se arrepiente e intentar cambia las cosas...

Creo que se merece una segunda oportunidad.

-Laura... Yo creo que ese hombre te está gustando.

-¿Por qué dices eso? Solo intento ponerme en su lugar.

-Que no es el fin del mundo si te gusta, ¿eh?

El periodista ese tiene buen tipo y...

No sé, creo que en el fondo hacéis buena pareja.

-No te entiendo, Espe. Y creo que no me estás entendiendo.

-Pero bueno, tranquilízate, mujer.

Solo digo que los dos sois personas solitarias,

listas, independientes...

-¿Y qué pasa? ¿Yo no soy lista e independiente?

(RÍEN)

-¿Qué tal, Lola?

-Ya ves, Laura, si a uno le gusta alguien es mejor no decir nada.

Aunque se acaban enterando de todo.

(Golpe)

-¿Se puede saber a qué viene eso, Nacha?

-¿Perdona? -¿Pero tú qué te crees?

¿Que no noto que hablabais de mí?

Cuchicheando de mi relación con el comisario.

-No, Lola... -¡Sabed que es mentira!

No he tenido nada con él ni lo tendré, ¿te enteras?

¡Ya está bien! ¡Estoy harta! ¡Estoy muy cansada!

¡Estoy muy cansada de esta situación! ¿Vale?

-Vale. -No, es que no puedo más.

-Tranquilízate, ninguna estábamos hablando de ti.

(LLORA) -No puedo más, de verdad. Estoy muy cansada de todo esto.

No puedo seguir fingiendo que no me pasa nada.

-Te pido perdón si he dicho algo que te ha ofendido.

Te juro por lo que más quiero que no diré nada que te haga daño.

Créeme, Lola.

-Perdónanos si te hemos molestado.

-No, perdonadme a mí, de verdad.

Perdonadme, no quería reaccionar así y he estallado.

Es que no podía aguantar más.

-Bueno, ya está, ¿eh? Ya pasó.

Todos somos humanos, ¿no?

Vamos a olvidarlo todo y a pasar página, ¿quieres?

-Sí.

-Os vais a separar.

Me decís lo de Valencia para que me vaya preparando.

-¿Quién te ha dicho eso?

No, cariño. Ves fantasmas donde no los hay.

Tu padre te lo ha contado todo. Ya, y yo me lo creo.

Me seguís tratando como a un niña.

-Mira, Claudia,

la soledad, cuando no se elige, es una putada.

Te lo digo por experiencia.

Ahora ya habíamos conseguido ser una familia,

estar unidos y tener buena sintonía.

Y todo eso es por Antonio.

Él es la pieza que nos une.

Siento que si se va, todo se desmoronará.

Creo que es hora de que te enteres

de algunas de las cosas que hacemos en este despacho.

Pero no se lo puedes contar a nadie, ¿de acuerdo?

-Claro. -Vale.

Desde hace algún tiempo vengo organizando

algunas timbas de póquer entre amigos y conocidos.

Ya sabes, gente importante.

¿A ti te gusta el póquer?

Vale, cuando sepas el lugar, me llamas y me dices.

Coque.

Mañana hay una carrera importante, estará Pinardo.

Lo hemos hablado, no estás en condiciones.

Lo siento mucho, ya me han inscrito.

Alegra esa cara, mañana a esta hora le habremos echado mano.

¿Puedo hacer algo? -No, muchas gracias, no.

Es una decisión que tengo que tomar con la familia.

Con mi mujer y con mi hija.

De todas formas, ya te he dicho que estarás bien atendido.

Rodolfo Perea es un excelente médico.

-Me dices eso porque te vas. -No, no.

-Lo tienes decidido y no me lo dices.

-No tengo nada decidido, no hay nada aún, créeme.

Podría pasar entre semana allí y el fin de semana venir a veros.

Bueno, algo es algo.

Luego, si la clínica va bien, pues damos el salto.

¿Qué quieres decir?

Bueno, que nos mudamos todos a Valencia.

-Empiezo a pensar que con Martín me he columpiado.

Su artículo es sobre el "bullying" en las escuelas

y está escrito con mucha sensibilidad.

Te lo mando para que lo leas con calma y luego hablamos.

-OK, lo voy a leer, pero prométeme que no te vas a dejar liar por él.

-Nacha, por favor, no soy una niña.

-No, yo sé lo que te digo.

Ese tipo no es trigo limpio.

(Tecleo)

-Me acabo de llevar una gran decepción.

-Yo soy experta en decepciones.

¿Me lo cuentas?

-Es sobre Martín Díez, el periodista.

-¿Tú por quién me tomas, chaval?

¿Te crees que soy imbécil?

-Yo... -Sí, tú, tú.

-Se lo puedo explicar, don Fernando. -Más te vale.

Te digo que tu confite te la ha metido "doblá".

Ah, ¿sí? ¡A por él!

¡Alto! ¡Policía!

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Servir y proteger - Capítulo 31

09 jun 2017

Rober sigue empeñado en infiltrarse en las carreras de motos a pesar de la oposición de Alicia. Osorio empieza a ganarse la confianza de los agentes y Miralles intenta aceptar la situación al tiempo que sospecha que Antonio vuelve a ocultarle algo. Laura empieza a sentir algo por Martín.

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