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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 309 - ver ahora
Transcripción completa

-¿Por qué mi tío haría algo así?

-Gracias a la financiación de Quintero levantó su bufete.

El precio era llevar la contabilidad B de su empresa.

El dinero que no podían blanquear, se ocultaba en paraísos fiscales,

mediante una red ilegal que Marcelino había creado.

Si no me crees, pregúntaselo a ellos. -¿Cómo que a ellos?

-¿No pensarás que Alicia Ocaña,

siendo una policía tan brillante, no sabía lo que pasaba en su casa?

-Doña principios encubriendo los delitos de papá.

Sergio te está manipulando y no te ha dicho toda la verdad.

Yo sí que... ¡Tú qué!

Ayer me reprochaste que comprometí mis ideales

por ayudar a mi padre.

Si Sergio no me hubiera quitado la venda de los ojos,

pensaría que no estoy a vuestra altura.

Cálmate. Sergio tenía Razón.

(Disparos)

-¡No, por favor, no dispare!

-No quiero que mi hermano pague por los errores de otro.

La solución es que desaparezca. Está bien.

Que se vaya, pero este favor te lo voy a cobrar.

¿Ha pasado algo? Solo puedo decirte que...

he subido otro peldaño en la Operación Valentina.

Yo puedo facilitaros la distribución por Europa.

El problema es que a Somoza

no le gusta incorporar personal nuevo a la organización.

Y yo ahí no tengo voz ni voto.

A lo mejor, puedes hablar con él y hacerle ver

que me he jugado el cuello por vosotros en varias ocasiones,

y que soy de confianza.

No sé, Tano, no lo veo. -Hizo un buen trabajo con Quintero.

-Sí, pero es un sicario muy caro y rebelde para mi gusto.

-Un sicario no hubiera preparado las pruebas del crimen

para desviar la atención sobre nosotros.

-El encargado de los temas jurídicos murió hace poco de un infarto.

Antes de yo vender la empresa. -Lo sé.

Pero ese abogado tenía un ayudante.

Un contable. -Sí, Santiago Lahoz.

-¿Cuándo quedó con él?

-Le dije que llegó un requerimiento de Hacienda,

y necesito su colaboración para contestar.

-Espero que funcione, es la última oportunidad que le queda.

-Señor Lahoz, quiero toda la información

de las cuentas opacas en paraísos fiscales.

Números de cuenta, testaferros, claves...

Y las empresas pantalla que usaron para ocultar el rastro.

Lo quiero todo.

Y lo quiero ya.

-¿Dices que le persona que te agredió fue Nacha Aguirre?

-La de anoche no fue la primera vez.

Ya me había amenazado antes.

Nadie te va a querer como te quiero yo.

Yo sería capaz de hacer cualquier cosa por ti.

¡Haré lo que sea para que me vuelvas a amar, lo que sea!

-¡Suéltame, me estás haciendo daño!

Me estás haciendo daño, suéltame.

Las heridas y los golpes son de verdad,

y Antonio cree que no pudo hacérselos ella misma.

¿No ha podido contratar a alguien para que le pegue?

¿La crees capaz de algo así? Es capaz de eso y de mucho más.

-¿Vas a volver conmigo?

-"Nora, ¿dónde estás?

Ven a la consulta y hablamos de esto, ¿te parece?"

-Veo que has tomado una decisión.

-Lo siento, estoy muy arrepentida y avergonzada.

-Deberíamos ir a comisaría para que te tomen declaración.

Luego llamaré a Teresa para que hables con ella

y le pidas perdón.

-Ahórrate tu compasión, cariño.

Si Teresa no está conmigo, tampoco estará contigo.

-Nora, tranquila, vamos a hablar.

-¿De qué quieres que hablemos?

¿De cómo me has quitado a Teresa?

¿De cómo la has puesto en mi contra, o de cómo te vas a desangrar?

-Si me matas te vas a pudrir en la cárcel.

-Yo no voy a ir a la cárcel, Teresa me hará un informe:

"Enajenación mental transitoria".

Un par de años en un hospital psiquiátrico,

y después a ser feliz a su lado.

-¿Tú crees que Teresa te va a perdonar si me haces daño?

-¡Ella me quiere a mí! Eres tú quien la envenena.

Cuando te quite de en medio, ella volverá conmigo.

-Pero ¿qué dices?

-Lo has estropeado todo.

No sabes lo que es sufrir por amor.

-Claro que lo sé, a mí también me abandonaron y lo pasé fatal.

Pero, tranquila, que todo pasa, y las heridas cicatrizan.

(Policía)

-¿Les has avisado tú, zorra? -Yo no he avisado a nadie.

Suéltame, me haces daño. -¡Más daño te voy a hacer!

-Tranquila.

-¡Nora!

¡Tira el cuchillo y apártate de ella!

-Nora, no le hagas daño, por favor.

-Tira el cuchillo y levanta las manos.

-Estás a tiempo de salir de esta, piénsatelo.

-¡Tú, cállate! ¡Tirad las armas!

¡Tirad las armas o le corto el cuello!

-Vale, vale...

Venga, tirad las armas.

Tranquila.

-No tengo ni idea de qué me habla.

Yo no sé nada de cuentas opacas,

de sociedades pantalla ni contabilidades en B.

Usted ha visto muchas películas, o ha leído muchos periódicos.

-La última vez.

-¿Cómo dice?

-Que sea la última vez que me toma por imbécil.

Transportes Quintero

tenía una contabilidad paralela,

y usted me la va a proporcionar.

-¿Me está amenazando?

-¿Hace falta que lo haga?

Usted es lo bastante inteligente para saber lo que le conviene,

sin que yo me ponga convincente.

-Lo que me dice me suena muy raro.

Aunque imagino que es posible.

Es una gran empresa, y no sé lo que entraba en los camiones.

Pero si se movió dinero negro o hubo ingeniería fiscal,

fue a mis espaldas.

Ni yo ni don Evaristo tuvimos nada que ver.

-Los paladines de la honradez.

El mundo tiene suerte de tener gente como vosotros.

-Ahórrese el cinismo, caballero.

Me gano la vida sin cometer delitos, si usted no lo consigue,

no es problema mío.

¿Quiere algo más?

-Dígame por qué confía tanto en la honradez de su jefe.

Acepto que usted era el pringado que no se enteraba de nada,

pero don Evaristo estaba metido hasta el cuello.

-¿Y eso quién lo dice?

¿Alguien que viene de la cárcel acusado de asesinato?

-Homicidio. -Lo que sea.

Usted no es un santo.

No vaya acusando a los muertos.

-Le daré una segunda oportunidad.

Pero será la última. -Otra vez con las amenazas.

-Quiero los números de cuenta.

Las contraseñas, los testaferros...

Y las empresas pantalla usadas para ocultar el rastro.

Se la está jugando, señor Lahoz.

-¿Sabe una cosa?

Usted y yo tenemos algo en común,

no nos sobra el tiempo para discutir por tonterías.

Le he dicho lo que sé, que es nada.

Me largo de aquí.

Adiós.

-Lahoz, ¿qué haces tú aquí?

-Perder el tiempo.

-Buenas tardes, Julio.

-Tranquilízate, vamos a charlar. Tira ese cuchillo.

¡Márchate! ¡Márchate o la mato!

La mato, lo juro...

-Nora, me voy a acercar, ¿vale?

-Márchate, ¡que se marchen todos!

-No digas eso.

He venido aquí para verte, ¿tú no quieres verme?

¿Ya no me quieres? -Claro que te quiero.

Eres tú la que me evita. -Es verdad.

Porque estaba intentando superar nuestra ruptura,

y no lo he conseguido, no puedo olvidarte.

-Fuiste tú quien rompió conmigo. -Y me arrepiento cada día.

Lo que pasa es que tenía miedo.

¿Sabes, cuando quieres muchísimo a alguien y temes perderle?

Eso me pasaba a mí, y por eso te deje,

antes de que tú me dejaras.

-Cómo te iba a dejar...

Yo estaba enamorada de ti.

Todavía estoy enamorada de ti.

-Entonces, tenemos una oportunidad.

¿Tú crees que puedes perdonarme?

¿Me puedes perdonar?

-¿Tú la quieres a ella o a mí? -Te quiero a ti.

Solamente a ti.

Pero prométeme que estaremos siempre juntas.

¿Me lo prometes?

¿Sí? -Siempre juntas...

-¿Sí? -Sí.

Siempre a tu lado.

-¿Quieres que nos casemos? -Ah, sí...

Sí, me encantaría casarme contigo.

¿Tú quieres tener hijos conmigo? -Cállate que estás detenida.

Tienes derecho a guardar silencio.

Tienes derecho a no contestar las preguntas.

Tienes derecho a manifestar que solo declararás ante el juez.

y a no designar un abogado. ¡Y ahora, andando!

¡Venga!

-¿Quieres que tengamos un niño o una niña?

Si es niña podíamos llamarle Olivia.

Me encanta cómo suena ese nombre.

Y si es niño Ares, ¿qué te parece?

Y nos podíamos casar en esa playa de Galicia tan bonita...

-Venga, ya.

-¿Estás bien? Déjame verte...

Lo siento, lo siento...

-Te quiero.

Te quiero, Teresa.

-Así que no solo eres el perrito faldero de Somoza,

también eres un farsante.

-Yo también te aprecio, Julio. -Mira...

Te di el nombre de Lahoz porque me lo pediste a título personal.

De saber que era para Somoza no te lo habría dicho.

-No te ofendas, tampoco te he sacado un secreto inconfesable.

No te necesitaba para dar con Lahoz.

Solo me lo has puesto un poco más fácil.

Fui a tu casa porque quería conocerte.

-¿A mí para qué?

-Para darte el pésame.

Admiraba mucho a tu padre, ya te lo dije.

-Si eso fuera cierto, habrías venido de frente.

Con la verdad por delante. A mi padre no le gustaban los mentirosos.

-Tampoco lo digas muy alto.

Tu padre llevaba años traficando con drogas.

Eso no se hace con la verdad por delante.

-¿Me engañas e insultas la memoria de mi padre?

-Decir que alguien miente bien no es un insulto.

Todo lo contrario.

Yo admiraba el imperio que él construyó

sin perder la imagen de empresario honrado.

Saludaba a los del barrio con una mano impoluta,

y la otra la tenía manchada de sangre.

-El único con las manos manchadas de sangre eres tú.

-Aquí, ninguno somos unos santos.

Así que, ahórrate las moralinas y déjame trabajar.

Tengo asuntos más importantes que atender.

-¿Para qué has traído aquí a Lahoz?

-A ti eso qué más te da.

Ya no pintas nada aquí.

No sé ni a qué has venido.

Tampoco me importa. Tengo mucho que hacer.

Cierra la puerta al salir, por favor.

¿Qué?

No tengo todo el día.

-Has dicho que apreciabas a mi padre. -Sí.

A mi manera.

-¿Te gusta lo que está haciendo Somoza con su empresa?

-Yo soy abogado.

Para mí bien y mal son conceptos relativos.

-Somoza mandó matar a mi padre.

Me arrebató la empresa.

Y no ha tenido la delicadeza de cambiar el nombre.

-¿En serio?

¿Eso te preocupa? -Es el nombre de mi padre.

De mi familia.

Ese apellido inspiraba respeto.

Habla con Somoza y dile que lo cambie inmediatamente.

-Mira chaval, no sé si deliras,

pero si quieres que vaya al colombiano con esa tontería,

no estás bien de la cabeza.

-¿Si fuera tu padre no te daría vergüenza?

-Si Quintero hubiera sido mi padre,

me daría vergüenza haber arruinado su empresa.

-Eso es un golpe bajo. -De golpe bajo nada.

A mí me toca arreglar todo esto.

Como te decía, tengo mucho que hacer. Te lo repito, lárgate.

No te lo diré otra vez.

-Yo aún no me lo creo.

Ha sido muy desagradable.

Papá, Nerea será familia, pero esto no se lo pienso perdonar.

Presentarse insultándonos y atacándonos de esa forma.

Atacando, sí,

pero nada de lo que ha dicho es falso.

Papá, no la defiendas.

Ella es mayor para pensar por sí misma.

Si quiere creer la versión de Somoza y de Sergio, allá ella.

Lo que ha dicho es cierto.

El bufete lo monté con dinero de Quintero.

Con dinero manchado. Ya, pero tú no lo sabías.

No sabía su procedencia,

pero sabía que no estaba limpio, y, aun así, lo acepté.

De acuerdo, cometiste un error.

Pero estabas dispuesto a confesarlo y a pagar por ello.

Y no lo hiciste porque Sergio lo impidió.

Y seguro que eso no se lo ha contado.

Eso es lo peor de todo.

Que sea Sergio quien me ponga en evidencia ante mi familia.

¿Hasta cuándo voy a tener que soportar a este parásito?

Lo que más rabia me da es que...

ni siquiera nos ha dejado explicarnos.

Se ha tragado la versión de Sergio.

Y que diga que yo soy un corrupto,

lo entiendo,

además le doy la razón.

Pero que te acuse a ti de encubrirme...

Me dan ganas de ir a buscar a Sergio y...

Mejor me callo porque me caliento. Papá, tú no eres ningún corrupto.

No entiendo cómo Nerea ha cambiado tanto en tan poco tiempo.

Hace apenas un par de semanas éramos tan amigas.

Tenemos que hacer algo.

¿Como qué?

No permitiremos que Sergio envenene a la gente en nuestra contra.

Estando en libertad con cargos, cualquier paso en falso

puede devolverle a la cárcel. ¿Y de qué le vas a acusar?

¿Por injurias?

Nada de lo que ha dicho es falso. De injurias no.

Acoso.

Eso no tiene ningún futuro.

En su recurso para conseguir la libertad,

me puso a mí en el punto de mira.

Y cuando salió de la cárcel vino al hospital a provocarme.

Pero eso no es delito, lo mires por donde lo mires.

Sergio es un malnacido, pero es un listo.

Sabe moverse muy bien al filo de la ley.

(LEO LLORA)

Vamos a concentrarnos en lo importante.

Hay alguien que necesita toda tu atención.

No dejes que nada ni nadie te aparte de él.

Tienes razón.

Gracias, papá.

Sí, Montse, no te preocupes, Nacha no tiene ni un rasguño.

Sí, la tengo delante.

Vale, de tu parte.

A él también se lo digo, que lo tengo aquí.

Hasta luego.

Un abrazo de Montse Ibarra. Gracias.

-Un abrazo está muy bien, pero...

Régimen Disciplinario da por cerrado el caso.

Te puedes reincorporar al servicio con efecto inmediato.

Eh, efecto inmediato significa mañana.

Esta tarde te la tomas libre.

No todos los días están a punto de matarle a una.

Lo que tú digas, jefa.

-Y a mí que me zurzan, ¿no?

Ibarra te felicita por tu actuación, evitando una desgracia.

El único mérito lo tiene Teresa.

Ella se olió todo y le montó la trampa psicológica a Nora.

Yo no tenía nada que hacer.

Tú descubriste al tipo a quien Nora le pagó para que le diera la paliza.

Por cierto, ¿qué tal tienes la mano?

No es nada. -¿Qué te pasó en la mano?

-Este tipo que me dio un bocado, por algo le llaman Bulldog.

-¿Y ya te vio un médico? -Que no es nada...

-¿Cómo que no es nada? Ese tipo te puede haber contagiado algo,

vete al médico. Yo pediré el historial del detenido.

-La inspectora ha dicho que te reincorporas mañana,

no vas a abrir ahora diligencias. Nacha,

haz caso a tu binomio, haz el favor.

Elías, hay que organizar una rueda de reconocimiento

para que el Bulldog identifique a Nora.

De eso me encargo yo. Ya lo identificó en la foto.

Y el tipo está deseando declarar.

Con suerte, sale en libertad sin cargos.

-¿Y qué tal está Nora?

-Sigue como una cabra.

Los compañeros dicen que en el coche no paraba de hablar,

que les ha invitado a su boda,

y quería que fueran padrinos del niño que adoptará con Teresa.

-Pero ¿cómo se le ha ido la pinza a esta mujer?

-Pero cuando ha entrado en el calabozo ha cerrado la boca,

y no la vuelto a abrir.

Nacha, tú que has estado más rato con ella,

¿crees que estaba enajenada?

Pues... no lo sé.

-Yo creo que está usando la baza de enajenación mental transitoria,

para reducción de pena.

-Eso seguro. Ella me lo dijo a mí.

Aunque eso no dice nada.

Pero ella contaba con que Teresa la apoyaría en todo lo que fingiera.

Sí. Pues voy a solicitar al juez una evaluación psiquiátrica

para que la incluya en la instrucción del caso.

Estate atento. Cuando llegue la autorización del juez

quiero que venga aquí un psiquiatra para que la evalúe.

Y antes de que llegue el abogado, que seguro que se pone.

Y todo van a ser palos en las ruedas.

-¿Algo más, inspectora?

Sí, que descanses mucho porque mañana te necesito fresca.

Os quiero a los dos en el caso del Pato Amarillo,

a ver si lo solucionamos. Perfecto. Y gracias por todo.

¡Venga!

Cuando llegamos tenía el cuchillo en la garganta.

No sé qué habría pasado si llegamos más tarde.

-No sigas que me pongo mala solo de pensarlo.

Pobre Nacha.

Después de la paliza que casi la deja ciega, ahora esto.

-Es una mujer fuerte, pero lo ha tenido que pasar fatal.

Yo quiero que vea a algún colega a la consulta.

Claro, no se va a dejar.

-Yo a Nora la vi rara desde el principio.

No sé, llegó tan simpática, que todo estaba tan bueno,

que vaya local tan bonito...

-Demasiada amabilidad.

-Totalmente. Y en cuanto vio a Nacha,

se tiró corriendo hacia ella, a preguntarle por una tienda.

Llevaba aquí una hora y a mí no me preguntó nada.

-Buscaba la manera de entrarle. -Totalmente.

En cuanto habló con ella se fue.

Madre mía, lo simpática que parecía,

y todo el mal que llevaba dentro.

Me dan escalofríos solo de pensarlo.

-A María no le des muchos detalles, que luego no puede dormir.

-Ay corazón, lo siento. Me alegro de que estés bien,

lo habrás pasado mal, vaya susto.

-Bueno, no dramaticemos, que ha sido solo un momento,

y ya pasó, todo está perfecto.

-¿Cómo puede estar tan fresca y sonriente?

-Porque mañana me reincorporo al trabajo.

Régimen Disciplinario ha archivado el caso.

-Cuánto me alegro. ¿Vamos a algún sitio a celebrarlo?

He despejado la agenda, estoy a tu disposición.

-Pero antes sirvo un piscolabis, esto hay que celebrarlo.

Las cosas buenas... -Yo te lo acepto encantada, María.

-Os voy a sacar un "lomico" que tengo de mi tierra,

y un queso al vino, que se os va a ir la cabeza.

-Lo siento, no sé cómo no lo vi venir.

-¿A qué te refieres?

-A la magnitud de los trastornos psicológicos de Nora.

-A ver, Nora era bastante convincente,

y lo normal es dar una segunda oportunidad a la gente.

-Ha sido horrible verte en esa situación.

Lo siento mucho, amor.

-Bueno, no te preocupes, ya pasó todo y está todo bien.

¿Sabes lo que me han dicho mis compañeros?

Que Nora se pasó todo el camino fantaseando

con vuestro futuro de madres casadas.

Cuando entró al calabozo no dijo ni una sola palabra.

Como si, de repente, se hubiera dado de bruces con la realidad.

-Ojalá hubiese podido ayudarla.

-No te culpes de nada, tú hiciste lo que tenías que hacer.

Y en esa carretera me has salvado la vida.

De verdad, no sé cómo pudiste manejar esa situación.

-Me costó horrores decir lo que decía.

Que si la quería, que quería casarme con ella...

-Jodía bastante oírlo, pero sabía que lo hacías para ayudarme.

-Yo te quiero mucho. -Y yo a ti, mi amor.

-Bueno, menos picos y más picar.

-Espero que me traiga buenas noticias,

porque mi paciencia está llegando a un límite.

-Acabo de estar con el señor Lahoz.

-¿Y? ¿Estaba en lo cierto con respecto a él?

-Sí y no.

Digamos que tengo buenas y malas noticias.

-Mire, Mayoral,

déjese de jueguecitos.

¿Obtuvo la información necesaria, sí o no?

-No, eso no.

Ha negado categóricamente que hubieran lavado dinero para Quintero.

-Entonces, ¿cuáles son las buenas noticias?

-Que está mintiendo, naturalmente.

Si Lahoz no está en el ajo,

¿cómo sabe con tanta seguridad si su jefe estaba pringado o no?

Solo hay una razón para que mienta, que estaba metido.

Yo creo que Lahoz tiene todas las claves para recuperar el dinero.

Y diría más. Aún no lo ha tocado.

Es listo, está esperando por si alguien vigila.

No ha querido precipitarse.

-Vamos a precisar algo, letrado.

¿Usted cree que Lahoz miente?

¿O sabe que miente?

-Eso nunca se puede decir.

-Claro que se puede, y usted me lo va a decir.

¿Cree que miente o sabe que miente?

-Estoy casi convencido... -¡Casi no me sirve, hombre!

Yo a usted no lo puse casi en libertad,

lo puse en libertad sin el casi.

Así que usted me dice: ¿miente o cree que miente?

-Miente, estoy seguro.

-Muy bien pues.

Ahora yo le voy a hacer otra pregunta.

En el hipotético caso que Lahoz le dé toda la información necesaria,

¿usted puede encontrar ese dinero para mañana?

Piense su respuesta.

-Si Lahoz me da toda la información que necesito,

tengo la absoluta certeza

de que puedo conseguir el dinero en 24 horas.

Pero yo sería muy prudente a la hora de mover ese dinero.

No es buena idea llamar la atención. -Yo no le estoy pidiendo su opinión.

-¿Qué hago? ¿Voy a hablar con Lahoz? -Usted no va a hacer nada.

Ni se le acerque. Ya lo intentó y fracasó.

-Estoy seguro de que...

-¿Está seguro o tiene la absoluta certeza?

Mire, Mayoral... Salga de aquí, por favor.

Y esté pendiente del teléfono, porque si lo necesito,

es que lo necesito inmediatamente.

-Buenas tardes, Lemos. Buenas tardes.

Mi patrón ha decidido darte un trabajo importante.

Bien...

¿Para cuándo?

Eso lo decide el patrón.

¿Sabes si tendré que ir a Algeciras?

¿Por qué lo preguntas?

Porque si tengo que salir a coordinar alguna entrega...

¿Quién habla de coordinar entregas?

No saques lo pies del tiesto.

De los detalles de la operación te enterarás en su momento.

-Solo te digo una cosa.

Yo tengo horarios y casos asignados, y debo rendir cuentas a mis jefes.

No puedo desaparecer sin permiso.

Te veo muy interesado,

y eso no me gusta.

Igual hablo con mi patrón para decirle que nos equivocamos contigo.

Lleváis mucho tiempo equivocados conmigo.

Podría serviros de mucha ayuda, si no fuerais tan suspicaces.

Si estoy interesado, es porque necesito la pasta.

Los maderos cobramos una mierda,

y yo estoy pensando en mi jubilación dorada.

Tú haz bien las cosas y tendrás una jubilación de lujo.

Pero no presiones al patrón. Está bien, pero...

No hay peros. ¿Qué no has entendido?

Al patrón no se le va con problemas, se le va con soluciones.

Eso es lo que intento evitar, problemas.

A mí me interesa que esto salga bien,

para que me encarguéis más cosas.

Pero está bien. Me ha quedado claro.

No más preguntas.

Una cosa más. Yo he cumplido mi parte,

te he recomendado al patrón.

Mi deuda está saldada, olvídate de mi hermano.

De eso nada.

No me olvidaré de tu hermano

hasta que me concretéis lo que tengo que hacer

y todo salga bien.

(Teléfono)

Sí, patrón.

¿Cómo?

Sí, esta misma tarde. ¿Dónde quiere que lo lleve?

Muy bien, sin problema.

Sí, patrón.

Me tengo que ir. Estate atento al teléfono.

Iker...

¿Estabas hablando con Tano?

¿Alguna novedad?

Poca cosa, Emilio. Necesito algo más de tiempo.

Ya me ha dicho el general Fidalgo que la cosa se está alargando.

Que tuviera paciencia.

Le aseguro que si por mí fuera... Tranquilo.

Le he dicho a tu jefe que a mí me sobra paciencia.

Un operativo como este requiere su tiempo.

Aquí te apoyamos en lo que necesites.

Te lo agradezco.

Mañana nos vemos. Hasta mañana.

(Puerta)

Qué alegría que me hayas llamado, y qué sorpresa.

Esta mañana no me dejabas entrar. -Pasa.

-¿A qué se debe el cambio? -Como si no lo supieras...

-¿Has hablado con tu tío? -Y con Alicia.

Fui a su casa a pedirles explicaciones.

Les conté lo que me dijiste. -Y se quedaron a cuadros, supongo.

No esperaban que pudieras descubrirles.

Te tienen por la prima tonta que no se entera de nada.

-Me da igual lo que piensen de mí.

Mi prima y mi tío ya me dan igual.

Sabiendo en qué han estado metidos.

No han sido capaces de negarlo.

-No podrían.

Bastante que te lo hayan ocultado todo este tiempo.

¿Hablaste con los dos a la vez?

-Fui a casa de Alicia y estaba allí mi tío.

No sabes cómo se quedó.

-¿Te lo confesó todo? -Abiertamente no.

Solo había que verle la cara para saber que todo era cierto.

Se quedó sin palabras.

-El que calla otorga.

-Y, como tú decías,

Alicia estaba al tanto de todo.

-Imagino que no ha sido fácil para ti.

Pero es bueno que a los farsantes se les caiga la careta.

-Aunque duela, sí.

Nunca me hubiera imaginado a Marcelino

aceptando dinero del narcotráfico.

-Esa familia es una panda de hipócritas.

Con perdón, pero...

Tú no tienes nada que ver con ellos.

Aparte del apellido.

-La de noches que he pasado sin dormir,

pensando que les estaba traicionando,

y que me estaba comportando como una miserable.

-A mí me hicieron sentir igual.

Me hicieron sentir culpable por todo lo que había pasado.

¿Y todo para qué?

Para quedarse con mi parte del bufete.

Al final, se la cedí.

-Supongo que esa era su prioridad.

No hacer justicia, sino proteger el negocio familiar.

-Hay algo que ya no debes olvidar,

todos tenemos luces y sombras.

Todos tenemos deseos y necesidades.

Ni nosotros somos tan malos como ellos dicen,

ni ellos tan buenos como quieren parecer.

El bien y el mal son interpretables.

Los que nos dedicamos al derecho lo sabemos.

-Ya lo creo si son interpretables.

Está mal que yo trabaje para un presunto narco,

pero si mi tío cobra de un narco confeso y declarado,

eso está bien.

-Me imagino que sabes cuál es el siguiente paso.

Ahora irán contra mí.

Te dirán que soy el diablo y que no creas nada que salga de mi boca.

Sí, vale, he cometido errores,

graves, pero no soy el monstruo que ellos van a pintar.

Solo soy un superviviente.

-Me da igual lo que me digan.

Yo tengo mi propio criterio y no dejaré que me avasallen,

ni ellos ni nadie.

-Haces bien, porque tú vales mucho más de lo que ellos creen.

Eres inteligente, sensible...

Una gran abogada.

Y una persona muy valiosa.

(Teléfono)

Vaya por Dios...

Es Somoza.

¿Sí?

-"Venga inmediatamente a mi despacho".

"Tengo algo que enseñarle". -En 20 minutos estoy ahí.

Me tengo que ir, el jefe me reclama.

Se pone nervioso si le hacen esperar más de cinco segundos.

Es la primera vez que te veo sonreír.

Te sienta muy bien.

Deberías hacerlo más.

-Llámame cuando quieras, para eso están los hermanos.

Alberto, haz el favor de cuidarte, ¿me oyes?

Vale.

Hablamos pronto.

Un besito.

-¿Todo bien? -Mi hermano,

que está de bajón y llama para llorarme.

Y, ay de mí, como no pueda hablar.

No puedo estar ocupada cuando quiere contarme sus penas.

-Si necesita apoyo, es normal que recurra a su familia.

-Pero no sabes cómo se ha puesto porque en comisaría no he respondido.

Que le doy la espalda, que le dejo solo...

Que está más solo que la una...

-Pero ¿qué le pasa? -Que lo ha dejado con su novia.

-Ay, pobre, ¿le ha dejado ella a él? -No.

-Él, que cambia de novia más que de camisa.

-¿Y de qué se queja? -Eso me dan ganas de decirle.

Hace un mes lo dejo con Gema, que no sabes qué llorera.

Y hace unos meses lo dejó con una de Canadá.

También un dramón...

-Pues qué rápido se enamora el chaval.

-Y cada vez que habla de una es como si fuera la definitiva.

-Es un romántico, hay que entenderle. -Es un picaflor.

Antes era diferente, no sé qué le está pasando.

Desde hace un tiempo está descentrado.

-¿Y cuánto tiempo lleva así?

-Unos meses... Un año.

-¿Desde que murió tu padre más o menos?

-Pues sí.

-Igual es que el chico no lo ha superado.

¿No me dijiste que estaba muy unido a tu padre?

-Sí, se llevaban estupendamente, tenían un carácter muy parecido.

-Ahí lo tienes. Se ha quedado sin su principal apoyo emocional,

y ahora está buscando sustituirlo.

¿Has hablado con él de la muerte de tu padre?

-La verdad es que no.

En casa somos un poco cerrados para estas cosas.

Los castellanos son un poquito siesos.

Sobre todo los chicos.

-Tómate unos días libres y te vas a verlo.

-¿A Valladolid?

Imposible, estoy hasta arriba con casos de la UFAM.

-Chica, sobreviviremos unos días sin ti.

-Estamos hasta arriba, tenemos casos muy delicados en la UFAM.

Tenemos mujeres amenazadas, exmaridos con orden de alejamiento,

medidas cautelares... Es imposible.

-También tienes derecho a unas vacaciones.

-No, de verdad, yo les he prometido protección.

Imagínate que llaman porque su marido las ha amenazado.

Y les digo: "No te puedo atender porque estoy de vacaciones".

(Puerta)

-Buenas noches. Ya está aquí el cocinero.

Hoy tenemos unas berenjenas rellenas de bonito del norte.

-¿Y por qué no dejas que cocinemos nosotras?

-Se trata de disfrutar de la cena, no de quemar la cocina.

-No es justo que Fede siempre esté liado con los fogones,

y nosotras no hagamos nada. -Poner la mesa, limpiarla,

recoger la cocina, poner lavadora...

-No discutáis. Vamos a hacer una cosa.

Como somos un equipo, un "team", "squad"...

Vosotras cocináis y yo coordino y superviso.

¿Qué os parece? -¿Y luego recogemos los tres?

-Si no hay más remedio, sí.

-En ese caso, me parece estupendo.

-¡Venga, vamos!

A ver lo que has traído. -Pues, mira.

-Señor letrado, buenas noches. -Pasa, pichón.

-¿Qué es esto?

-Esto lo pongo yo así para proteger.

Tano siempre me lo llena de sangre.

Salude, no sea mal educado.

-¿Se ha vuelto usted loco?

-Ahí lo tiene.

-Señor Somoza,

creo que esto no es necesario.

-¿Cree o está seguro de que no sea necesario?

Usted me dijo que este hombre me había mentido,

y a mí no me gustan las mentiras.

-No le he mentido, lo juro. Se lo ha inventado.

Por favor, no me haga daño... -A mí no me mire,

quien dijo eso fue este.

-¿Es que no te queda una pizca de moral?

¿No tienes límite?

¿Vas a permitir que me torturen, que me maten?

-Responda.

El acusado le está haciendo unas preguntas.

Eso sí, piense bien la respuesta.

Dependiendo de eso,

usted puede ser el próximo en esta silla.

-Me reafirmo.

-Proceda, Tano.

-Por favor...

No, por favor... -Chist...

-Mire, Mayoral,

no ha nacido la primera persona que le mienta y le robe a Somoza,

y viva para contarlo.

Eso sí...

antes de morir me va a decir todo lo que quiero saber

sobre el dinero de Quintero.

(LLORA LAHOZ)

-¿Esta receta no será demasiado complicada?

-Que no.

Dice que son 20 minutos de preparación,

y 35 al horno. No es ni una hora.

¿Para qué tienes esa cocina tan chula si no la usas?

-Si tú quieres, vale. Pero yo no soy mucho de bizcochos.

Y no creo que tenga lo ingredientes necesarios.

-Hay un 24 horas en la esquina para comprar lo que falte.

-Vale.

-¿Qué piensas?

No hacemos el bizcocho... -Espera, Olga, no es eso.

Lo podemos hacer.

Es que...

estaba pensando.

-Ya.

Quieres que llame a mi casa para decir que estoy aquí.

¿Te preocupa cómo te ha hablado mi padre?

-No tiene que ver con tu padre.

Tiene que ver con el mío.

-¿Qué pasa con tu padre?

-Que todavía no le han cambiado el nombre a su empresa.

Se sigue llamando Transportes Quintero y no me parece bien.

-¿Por qué?

-Porque allí no queda rastro de mi padre.

Han cambiado la forma de trabajar, han despedido a su trabajadores...

Nuestro apellido era sinónimo de estabilidad, de fiabilidad.

Nada que ver con lo que hay ahora.

-Yo entiendo que no quieras que te relacionen con ellos,

pero cambiar el nombre de una empresa no debe ser fácil.

-Más complicado es despedir a toda la plantilla y lo hicieron.

Les pediré que cambien la denominación social inmediatamente.

Tendrán que cambiar escrituras, reescribir los estatutos...

Pero me da igual.

-No creo que te lo pongan fácil. -¿Y qué hago?

¿Me rindo? Debo intentarlo, ¿no?

Debo demostrar que no soy un pringado.

-Vale, pero no te enfades conmigo.

-Perdona.

Es que... Todo este tema me revuelve.

Fui a hablar con el nuevo dueño, pero no estaba.

Me recibió un abogado que me trató fatal, se rio en mi cara.

-¿Qué dices?

-Encima, es un tío que acaba de salir de la cárcel.

Al parecer, mató a dos personas.

-Espera...

¿Se llama Sergio Mayoral?

-¿Cómo lo sabes?

-Mi madre participó en el operativo cuando lo detuvieron.

Me ha dicho que ahora trabaja para Somoza,

que ha comprado la empresa de tu padre.

-No veo la luz al final de túnel.

Cada día surge otro problema.

Con lo feliz que era allí.

-¿Allí dónde? -En Miami.

Aunque al principio no me gustaba nada la ciudad.

Todo me parecía falso, y que la gente solo quería aparentar.

-Por el postureo, vamos.

-Sí, pero he encontrado mucha más falsedad aquí que allí.

Todavía me pregunto por qué volví.

-Venga, Julio, no te desanimes. -Es verdad, Olga.

Cada paso que doy aquí adelante, suponen dos atrás.

-No es eso.

Aún tienes muy reciente la muerte de tu padre.

Es un hecho traumático que te llevará tiempo superar.

Te lo digo por experiencia.

-Tienes razón.

Yo quejándome con todo lo que tú has pasado.

-Lo que tú has vivido es horrible, y no me puedo ni imaginar.

Pero con una actitud positiva saldrás adelante.

Te lo digo yo.

En una época ni siquiera podía salir a la calle.

-¿Y eso? ¿Por lo de tu novio, el terrorista?

-No.

Antes de eso, tuve otra mala experiencia.

Incluso peor.

¿Has oído hablar del violador de la máscara?

-No.

-Era un maníaco que se obsesionó con mi madre.

Estuvo semanas aterrorizando al barrio.

Se dedicaba a secuestrar y violar chicas.

-Espera...

No.

No me digas que una de esas chicas... -No.

A mí me secuestró y me encerró, pero no me hizo nada más.

La verdad es que me costó bastante superarlo.

No quería relacionarme con nadie y tenía miedo de todo.

Ni siquiera quería salir de casa.

-No lo puedo creer.

Con todo lo que has vivido y tengas esta energía.

Tirando de mí, haciéndome sonreír...

-Todos necesitamos alguien en quién apoyarnos.

Y tú a mí me tendrás siempre.

Lo más importante es que te ayudes a ti mismo.

Todo irá a mejor.

-Estoy convencido de ello.

Si tú estás a mi lado, nada saldrá mal.

Eres lo más importante de mi vida.

-No me necesita aquí para nada.

(SE QUEJA LAHOZ)

-Mire,

si usted llega a cruzar esa puerta, le juro por la memoria de mis hijos,

que será el próximo que se siente en esa silla.

Yo creí que la cárcel lo había endurecido.

Pero ya veo que no.

Se está comportando usted como una mamita.

Usted ahora trabaja para mí.

Acostúmbrese a mis métodos.

Mírele... ¡Mírele bien!

Así se trata a un enemigo, ¿oyó?

Tano, quítele la mordaza.

Cuénteme.

¿Qué me tiene que decir, amigo mío?

-Se lo diré todo, pero no me pegue más, por Dios.

Le daré los números de cuenta, las claves... Todo.

-¿Cómo no ha empezado por ahí antes?

Nos hubiéramos evitado todo este numerito.

Dígame.

-En mi coche...

En la guantera hay una libreta roja, ahí está todo.

-Vaya a por esa libreta, Tano, inmediatamente.

-El coche está...

-Sé perfectamente dónde está tu coche.

Tardo media hora, patrón.

-Mayoral, sírvase un roncito.

Creo que lo necesita.

Y aprovechando, me sirve uno a mí también.

Le ofrecería a usted uno, señor Lahoz,

pero creo que el ron añejo puede escocer sus heridas.

-Hacemos una cosa, me llamas tú.

Cuando te veas con fuerzas y quieras distraerte un rato.

Estoy aquí para lo que necesites.

Si te apetece gritar,

o reír o llorar...

Lo que quieras.

Y si tardas mucho en llamarme, vengo yo y te saco de la oreja.

Me parece justo. Y yo prometo no chincharte,

como hacía cuando veraneábamos en Santander,

Ahora, otra vez juntas.

Me alegro mucho, mucho...

Y yo también.

Hola.

No te imaginas el tráfico que había.

Ah, que Leo está dormido...

¡Eh!

¿Qué te pasa?

Nada.

Alicia, la matrona dijo

que si tenías síntomas de depresión podíamos...

No es eso.

¿Echas de menos a tu prima?

Más o menos.

Es que...

son muchos cambios, y...

en muy poco tiempo.

Antes nos llevábamos bien, éramos como hermanas,

y ahora, prácticamente, no nos dirigimos la palabra.

Yo...

tengo un hijo, tú estás aquí...

No sé, me da vértigo tanto cambio.

Cariño...

todo va a salir bien.

Ha venido a casa.

Quería hablar con mi padre y conmigo, bueno, más bien,

insultarnos. Ha sacado un montón de asuntos familiares del pasado.

No tenía ni idea. ¿Cuándo ha sido? Al mediodía.

El caso es que ha sacado un montón de trapos sucios.

Que, como todas las familias, tenemos,

pero no nos ha dejado explicarnos.

Ha soltado toda su mierda y se ha ido.

Qué desagradable.

Nunca me esperé algo así de ella.

Creo que no nos hablaremos nunca más.

Bueno...

Tranquila, a lo mejor con el tiempo las cosas se arreglan.

Ojalá, pero no lo creo.

He dicho que me dan miedo los cambios, pero no me refería a ti.

Al contrario, me gusta mucho tenerte aquí.

Eres lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo.

Tranquila, no me di por aludido.

Bueno, un poco sí.

Que no...

Yo también estoy muy feliz.

Y me encanta verte cuando me despierto.

Y me encanta cuidar de Leo.

(LEO LLORA)

Pues ahí lo tienes.

Ahora mismo. No, ya voy yo.

Además le toca comer. Ya te lo traigo yo.

Hola, chiquitín.

¿Qué tal, campeón?

¿Cómo estás?

¡Arriba!

Ven aquí.

¿Qué tal?

Parece que solo quería tus mimos.

Me encanta verte con él en brazos.

¡Oh...!

¿Y ahora qué hago?

Dame.

Con las ganas que tenía de achucharlo...

Pues achúchame a mí.

Mira, Leo,

creo que alguien se ha puesto celosa.

Chist...

Chist...

¿Qué pasa?

Qué blandito se me ha puesto, letrado.

¿Se da cuenta que este hombre no hubiera hecho lo mismo

si la situación fuera al revés?

-Gracias.

(Puerta)

-La tengo, patrón.

-Vamos a ver...

Esto son números de cuenta,

y contraseñas.

Están en clave.

-A cada cifra hay que quitarle dos números,

el primero y el último.

No hay más claves.

-¿Estos son los testaferros?

¿Has puesto los nombres reales?

-En principio, no tienen nada que ocultar.

Nadie más conoce la existencia de esa libreta.

Solo yo.

Nadie más sabe de este dinero.

Hasta hoy.

-¿Tiene todo lo que necesita para recuperar el dinero?

-Parece que está todo.

-¿Parece?

Es que usted no aprende, ¿cierto?

-Necesito comprobarlo, deme un minuto.

-Si llega a ocurrir este milagro

de que todo lo que usted dice está en esa libreta,

puede correr con la suerte de salir con vida de aquí.

-Yo no me fiaría, patrón.

-¿Cómo así?

¿Es que no voy a tener la certeza

de que no contará nada de la velada que tuvimos hoy?

-Yo he tenido un accidente de bicicleta.

Me caí por un terraplén.

-Bueno, por lo menos tiene imaginación el tío.

-Está todo.

Con absoluta certeza.

Las cuentas existen y las contraseñas dan acceso.

-Y si está todo, ¿por qué cierra el ordenador?

Termine de hacer esas transferencias de una vez.

-No sería prudente, señor Somoza.

Si hay alguien rastreando su conexión...

-¿Necesita algo más del señor Lahoz? -Sí.

¿Que son las equis y que son las zetas?

-Zeta significa 500 000 euros.

Equis, un millón.

Dos equis dos millones, etcétera.

-Perfecto.

Por mi parte está todo.

-Excelente, señor Mayoral.

Por favor, acompáñeme afuera.

Vamos a darle un poco de intimidad a Tano y al señor Lahoz.

-Yo tengo todo lo que necesitaba de él.

No es necesario seguir torturándole.

-Torturándole...

Lo que Tano le ha hecho hasta ahora, son caricias

en comparación con lo que le viene.

-¡No, por favor! Se lo suplico...

No...

(LLORA LAHOZ)

-Ya no vamos a sacar nada más de él.

-De él no, pero de usted sí.

Las torturas no solo sirven para la persona torturada.

Son muchos millones.

Muchos.

Los quiero en mis cuentas nuevas.

Lo más rápido posible y a mi disposición.

Y si en algún momento escucha una vocecita

diciéndole que se quede con algo de mi dinero,

recuerde los gritos de Lahoz.

-Soy un hombre de palabra.

Cuando tenga una conexión segura transferiré el dinero.

-¿Dónde cree que va con eso?

Esa libreta no sale de aquí

hasta que no tengamos copia de todo lo que hay ahí.

-Como quiera.

-Con respecto a las conexiones que usted dice,

espero que lo que ha visto hoy lo motive

para que eso lo haga rápido.

-Descuide.

Encontraré una solución.

-Mire, Mayoral,

yo no confío en usted,

ni confío en nadie.

Mientras yo no tenga la certeza de que ese dinero está en mis cuentas,

tampoco tendré la absoluta certeza de que usted merezca vivir.

Buenas noches.

-Buenas noches.

Por favor, Nerea.

Déjame hablar. Solo sabes una parte de la verdad,

y por eso estoy aquí.

Quiero que conozcas la historia completa.

-Espero que no piense que mi efectividad es fruto del miedo.

Yo le respeto. -Demuéstrelo con hechos.

-Me pongo a trabajar.

Necesitaré acceso a los libros de contabilidad.

La oficial y la otra. -¿Y eso para qué?

-Escúchame, tonto del culo,

tu padre se dedicaba a lo mismo que nosotros.

Y no cambiaremos el nombre a la flota para darte un capricho.

-Muy bien. Entonces lo hablaré con tu patrón directamente.

-Escúchame, parte de mi trabajo

es evitar que molesten a mi patrón.

Como te acerques a él, no esperaré órdenes para ir a por ti.

-Tampoco hace falta... -Sí hace falta ponerse así.

-Me pudo la ambición...

y me vendí. -Exactamente, te vendiste.

Por eso me repugna que vayas dando lecciones de moral a los demás.

Condenando a mi padre por intentar ganar dinero fácil.

O a mí, por trabajar para Somoza. Que no está en la cárcel,

sino al frente de un grupo empresarial.

-Y seguirá libre mientras nosotros le hagamos el trabajo sucio.

-He venido a despedirme. ¿Cómo que ha despedirte?

Ya es hora de que vuelva a Miami.

Es una decisión que he retrasado desde que murió papá,

pero ya no tiene sentido que siga aquí.

¿Pasa algo? Ya sabes que puedes hablar conmigo de lo que sea.

Como amigo, o como comisario.

He discutido con mi hermano Alberto.

Me ha removido cosas del pasado que yo las creía zanjadas.

¿Qué cosas? Si puede saberse, claro.

Quería revisar el plan con usted.

En especial, esta transferencia.

-Un millón de euros. No, mi hijo ¿y a qué santo?

-Son mis honorarios. -Ah, sus honorarios...

Yo lo saqué de la cárcel y pagué la fianza.

Esos son sus honorarios.

¿O le parece poco?

-Sinceramente, sí.

-Vale, vamos a bailar, pero no os podéis reír de mí.

Y si te piso... -Prometo no decir nada.

-Jesús y yo te vamos a dar unas clases particulares.

-¿Qué? -Que se vienen con nosotros.

-Ah, qué bien.

-¿Pasa algo? -No, un pedido que se ha retrasado.

-Que todo lo malo sea eso.

-Espero que tras abrirte los ojos con los Ocaña,

me he ganado un poco de tu confianza. -Fue un detalle

que me ayudaras a descubrir las vergüenzas de mi familia,

pero de ahí a una amistad, haría falta mucho más.

-Bueno, paso a paso.

-Nerea, la estoy esperando en mi despacho para la reunión.

-Julio, ¿qué pasa? ¿A qué vienen las velas y la cena?

-Quería que fuera especial.

Es una cena de despedida.

-Pero si acabamos de empezar y estamos bien.

-Estamos genial, Olga.

-Entonces, ¿qué ha pasado?

-Le dije que ni la mirara.

-Se ha acercado a saludar, además,

no acostumbro a decidir por las mujeres.

-Le voy a decir una cosa, Mayoral.

no juegue conmigo porque saldrá perdiendo, ¿oyó?

Recuerde lo que le pasó al contable Lahoz.

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Servir y proteger - Capítulo 309

24 jul 2018

La inspectora jefe Miralles es la policía más veterana de la comisaría del Distrito Sur. La inspectora Alicia Ocaña se incorpora a la comisaría. Ambas son el eje en torno al que gira la vida personal y profesional de sus compañeros y los casos policiales que afectan al barrio.

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  1. Valle

    Siempre tiene que aparecer el "gracioso"rosando lo esperpento. Y claro.... Es de Triana, andaluz. Faltaba más. Esto ya no es un tópico... Es mala leche. Es que no podéis poner a un delincuente nacido en Cataluña, País Vasco..... Etc.... A ver esa imaginación! VALLE

    24 oct 2018
  2. Elenawishe

    Queridos guionistas: Debería de haber más gente como Nacha en la serie. Sigo la serie rigurosamente desde el primer capitulo y encuentro demasiados caracteres protagonistas con mucho odio y rencor - eso me choca y no me gusta de la serie porque la devalua. Además la vida real no es así, hay mucha más gente como Nacha, Robert, María o Felisa, buenas de buen corazón. Se respira odio, rencor y sed de venganza, una pena. Agobia ver que muchos viven para vengarse. Saludos

    20 ago 2018
  3. Elenawishe

    Queridos guionistas: Debería de haber más gente como Nacha en la serie. Sigo la serie rigurosamente desde el primer capitulo y encuentro demasiados caracteres protagonistas con mucho odio y rencor - eso me choca y no me gusta de la serie porque la devalua. Además la vida real no es así, hay mucha más gente como Nacha, Robert, María o Felisa, buenas de buen corazón. Se respira odio, rencor y sed de venganza, una pena. Agobia ver que muchos viven para vengarse. Saludos

    20 ago 2018
  4. Elenawishe

    Queridos guionistas: Debería de haber más gente como Nacha en la serie. Sigo la serie rigurosamente desde el primer capitulo y encuentro demasiados caracteres protagonistas con mucho odio y rencor - eso me choca y no me gusta de la serie porque la devalua. Además la vida real no es así, hay mucha más gente como Nacha, Robert, María o Felisa, buenas de buen corazón. Se respira odio y rencor y sed de venganza, una pena. Agobia y poco ver que muchos viven para vengarse. Saludos

    20 ago 2018
  5. piscis69

    Es cierto que es digna hija de su padre,Quintero ,porque es muy orgullosa ,pero ,Marcelino ?????.De todas maneras se quedo pensando. Alicia es un personaje muy complejo ,fuerte ,de caracter ,pero es justa y reconoce sus errores .Creo que buscara a su prima ,en su momento .

    29 jul 2018
  6. María

    Tiene razón Nerea, Alicia es una hipócrita. No la aguanto, y ese aire de superioridad me pone mala.

    29 jul 2018
  7. Santi

    Alicia es repelente para ella sólo vale lo suyo

    24 jul 2018