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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 292 - ver ahora
Transcripción completa

Soy agente del CNI.

La muerte de Quintero es parte de la Operación Valentina,

en colaboración con la DEA norteamericana.

Está cumpliendo una misión.

No lo tomes como algo personal. En mi caso sí era personal.

Aun así, eres policía.

Deberías entenderlo.

Sueño con que volvamos a estar juntos.

¿Qué pasa?

Llevo semanas intentando ver a Somoza,

pero está siendo difícil.

No sé, creo que no confía en mí.

Yo quiero volver a actuar.

Además, se me acaba lo que me pagó por ese encargo.

¿Qué le pasa, huevón? Ya le dije que no tengo nada para usted.

Pensaba que la mascarada de Quintero

me daría el empujón para darles confianza,

pero no es así.

¿Qué te dice tu sexto sentido?

Que su cártel está en período de transición.

intentando organizar su estructura en España,

pero no puede todavía.

Si no, ya sería el rey del narcotráfico en Europa.

Lo que hace es pasar tiempo con Alicia Ocaña, tienen una relación.

-Pero si está preñada. -Pues a Lemos no le importa.

-Voy a una convención para emprendedores.

¿Tú sabes lo que es ser accionista de un hotel en la playa de El Sardinero?

Podría vivir de rentas.

Además, están implicados los mejores empresarios de Santander.

-¿Y ya está?

¿Tan fácil? -Lo único que...

Se han retrasado lo permisos del ayuntamiento.

-¿Tienes problemas económicos?

Solo ha tardado seis meses en volver a las andadas.

Todo le da igual, solo me hace sentir vergüenza y decepción.

-Lo he estado pensando mucho, Nacha...

Estoy dispuesta a darnos otra oportunidad, si tú quieres,

y con tus condiciones.

(Teléfono)

-Perdona. Ya...

seguiremos hablando. -Ya.

Pero piénsatelo.

¿A qué viene este interés por Julio?

Vino al bufete para pedirnos una evaluación

de la situación económica de Transportes Quintero.

Se la daré esta mañana.

Haz un plan para convertir Transportes Quintero

en una empresa más pequeña, y hazlo ya.

Si no, el banco la troceará para recuperar su dinero.

Y contra la banca siempre se pierde.

-¿María te ha dejado sola otra vez?

-Sí, tía.

Julio, Olga. Olga, Julio.

Cuéntale a mi a amiga lo que te pasa mientras yo cierro la caja.

-¿Te pasa algo, Julio?

-Bueno, tengo que tomar una decisión muy difícil y me cuesta dar el paso.

-Yo te diría que fueses honesto contigo mismo.

Y si tienes que tomar una decisión por dura que sea,

si crees que es correcto, adelante.

-¿Aunque traicione la memoria de mi padre?

-Yo no lo llamaría traicionar,

sino, supervivencia.

-Estas son mis condiciones.

Válidas solamente por esta noche.

-¿Ya lo ha redactado?

-Por supuesto.

Un hombre precavido vale por dos.

Yo sabía que esta noche iba a llegar.

Solo tiene que firmar.

(Música emocionante)

¿Que te subiste a un escenario? ¿De karaoke?

-Qué va, nos fuimos al centro a tapear,

y acabamos en un local de baile, pero lo que había era magia.

-Ah, vale...

Te subiste de voluntaria al mago.

-Me empujó Jesús.

Pero fue muy divertido.

El chaval hacía unos trucos alucinantes.

-Ya.

¿Y después de eso qué? Más magia, ¿no?

-Y de la buena.

-Lleváis así desde hace meses, parecéis adolescentes.

¿No os cansáis nunca?

-Hija, el sexo no está reñido con la edad.

Yo diría que hasta mejora.

-Me puedo hacer una idea.

-Pero ¿sabes lo que más disfruto?

Despertarme a su lado.

¿Ese momento...

que te estás despertando y no sabes bien dónde estás?

Verlo ahí sonriéndome, no sé...

-Ay qué romántico...

Y después más magia matutina, ¿no? -Pues no.

Después un beso rápido y a correr.

Hoy salió pitando para abrir la tienda,

pero cuando duermo yo en su casa es al revés.

No sé, despertarte fuera de tu casa, sin tu baño,

sin tus cosas... No sé.

-Pero tendrá su neceser allí.

-Pero siempre falta algo.

-Pero deja de quejarte, porque tienes lo más importante.

Me gustaría tener esos problemas.

-Si no los tienes es porque no quieres.

-María, no empieces...

-Me callo. -(ASIENTE)

Pero te digo que si es por lo de la magia,

no me importa abrir el bar cuando haga falta.

Para que tú no vayas con prisa.

-No te preocupes.

Además, no podría aumentarte el sueldo.

-No lo digo por eso.

-¿Qué tal anoche, al cierre?

¿Hubo mucho jaleo? -No, muy tranquilito.

Tuve la persiana abierta un ratico más solo.

Estaba Julio, que no quería irse a casa.

Pero no entró nadie más.

Vino Olga, porque quedamos para salir.

¿Sabías que no se conocían?

-No me sorprende. Desde que llegó al barrio ese chico,

lo he visto muy solo, no creo que tenga amigos.

Una lástima.

-Sí, ¿eh?

Primero lo de su padre, ahora la empresa, que va fatal...

El otro día dos camioneros lo pusieron verde delante de mí.

Lo culpaban del bajón de trabajo y que la empresa se va a la quiebra.

-Le ha venido todo muy grande.

-Nosotras intentamos animarlo, pero no sirvió de mucho.

El chico no es la alegría de la huerta.

-Pues no. La alegría de la huerta es David.

-María... -¿Qué?

-Vale ya, ¿no?

-Hija, no digo nada, me callo.

Ya no me creo una palabra de lo que dice.

Parece que vuelve a estar en una situación desesperada.

Como siempre, desde que tengo uso de razón.

¿Has pensado qué vas a hacer? Para empezar,

averiguar si el hotel de lujo en El Sardinero existe.

A ver en qué negocio ruinoso se ha metido.

¿Tu padre sabe algo del sector inmobiliario?

Qué va.

Ni del inmobiliario ni de hostelería,

ni de nada, pero siempre es el más listo.

Se cree que lo sabe todo.

Igual que con las monedas virtuales, que salió escaldado.

No aprende la lección.

No lo entiendo, parece como si el dinero

le quemase en las manos, cuando prometió que no lo repetiría.

Y si, al menos, fuera suyo...

Pero quiere volver a invertir

después de vender la casa de tu madre.

No sé cómo no se le cae la cara de vergüenza.

Vergüenza voy a pasar yo hoy

hablando con mis amigos de Santander, para ver de qué va esto.

Y lo peor es que las respuestas no me van a gustar.

No es tu culpa que tu padre no escarmiente.

Pero entiendo que no hayas dormido bien.

No he parado de darle vueltas toda la noche.

Si se ha tragado su orgullo para recurrir a mí,

tiene un lío mucho más gordo de lo que me ha contado.

(Puerta)

Hola, tío.

-Buenos días.

¿Sobra café para mí?

Siempre hago de más por si aparece el futuro abuelo

más empalagoso del mundo.

Tú búrlate, pero no dejaré de venir a preocuparme por ti

y por mi nieto.

Aunque, esta vez, es de Julio de quien quiero hablarte.

¿Ha pasado algo?

Yo os dejo tranquilos, ya me iba al bufete,

a terminar lo que dejé a medias.

Gracias por darme la tarde libre. -No pasa nada.

Ya sé que no fue cosa tuya.

Solo a tu padre se le ocurre presentarse así,

sin avisar un día laborable.

Claro, porque tú siempre...

avisas antes de venir. Cariño, no compares.

Yo vengo a tu casa, no a la comisaría.

Pero mi hermano no entiende lo que es un trabajo serio.

¿A qué venía tanta prisa para hablar contigo?

-Solo quería que pasáramos un rato juntos,

como iba estar todo el día en el congreso...

-Igual aprende algo en esas conferencias para emprendedores.

Vale ya. Lo digo de corazón,

a ver si sienta la cabeza de una vez.

Deja al tío Adolfo y cuenta lo que ha pasado con Julio.

Nos vemos en el bufete.

Verás, ayer estuve en Transportes Quintero,

y me temo que no tengo muy buenas noticias.

-Madre mía, esto es mucho peor de lo que pensaba.

-¿Qué pasa?

-¿Qué va a pasar? La recaudación va de mal en peor.

-¿Cómo va a ser eso? Si no paramos quietas.

-Pues sí, pero los números no engañan.

No sé dónde va la gente a esas horas, pero a La Parra no.

¿Qué?

-Anoche Olga y yo fuimos a tomar algo y fuimos al pub irlandés,

¿sabes cuál es? -Sí.

-Estaba petado, no quedaba una mesa libre.

Como ahora dan cenas...

-¿Ahora en los pubs dan cenas?

(PATY ASIENTE) -Lo que nos faltaba...

La cosa está chunga, hay mucha competencia,

y no sé qué vamos a hacer, pero así no podemos seguir.

¿Tan mal está la cosa?

Al borde de la ruina.

Transportes Quintero era una de las empresas más boyantes

de Distrito Sur. Pues ya no.

El balance es negativo y tiene deudas por todas partes.

El último crédito que pidió Julio está a punto de vencer,

y si no paga a tiempo

lo van a embargar. Pero...

algo se podrá hacer, ¿no? Si hubiera pedido ayuda antes...

A estas alturas el único consejo que puedo darle,

es que despida empleados y reduzca el tamaño de la empresa,

para intentar salvar los muebles.

No lo hará porque eso sería un drama para él.

Se niega. Es tan orgulloso como su padre,

y con orgullo no se salva una empresa.

Debió buscar ayuda hace mucho.

Pobre. Me imagino lo mal que lo debe estar pasando.

Y no quiere que nadie le tenga lástima,

pero, francamente, es lo que da.

Parece un zombi.

Lleva meses sin levantar cabeza.

Y con lo que cuentas, no me extraña.

¿Qué tal si hablas con él?

Igual consigues que reaccione. Sí, voy a hablar con él.

Gracias por contármelo, papá.

Es lo menos que puedo hacer.

Es tu hermano. Sí...

Es mi hermano, pero también es el hijo de Quintero.

Dice mucho de ti que intentes ayudarle a salvar la empresa.

Me da pena, no puedo evitarlo.

Por él y por Quintero, francamente.

Justo cuando recupera el cariño de su hijo y lo tiene a su lado...

lo matan...

de la manera más tonta.

¿Sabes, hija?

Independientemente de cómo uno sea, nadie merece morir así.

Ni siquiera Fernando Quintero.

Parece que hoy se retrasa Manolo, el de los frutos secos.

-Mierda. Me he dejado el reloj en casa de María.

-Vaya par...

La otra noche se dejó ella unos pendientes.

Menudo lío lleváis.

-Espero que no te moleste. -¿El qué?

-Que María duerma en casa.

-Qué va, María es fantástica.

Además, es tu casa. Puedes traerla cuando quieras.

¿Ponemos la caja de ciruelas fuera para que se vean bien?

-Igual prefieres que nos quedemos más tiempo en nuestra casa,

en lugar de pasar tantas noches en casa de María.

A lo mejor, te sientes solo.

-Pero ¿qué película te estás montando?

Ni que fuera un crío.

Yo no necesito compañía, no sufras.

-¿Seguro? -Sí.

Estoy muy a gusto en casa con todo el sofá para mí.

Puedes dormir donde quieras, en su casa o en la nuestra.

Donde más te apetezca.

No entiendo cómo no os habéis ido a vivir juntos.

-Estoy más cómodo en nuestra casa, pero igual...

le debe pasar lo mismo a María.

Así que... Yo qué sé.

-Hola, chicos. -Hola.

-Vengo a por patatas para la tortilla, las de siempre.

-¿Mona Lisa? ¿Cuántas quieres

-He venido sin preguntarle a María.

Pero... cinco kilos.

Sí, me quedan todavía de la última vez.

Y aprovecho, y te traigo los ejercicios.

-Voy a por ellas.

-Sí.

Ahora les echo un vistazo.

¿Cómo lo llevas? -Mejor.

Y todo gracias a ti.

Lo que no llevo tan bien son los nervios para el examen.

Son dos semanas y yo no sé si estoy preparada.

No quiero cagarla otra vez.

-Sí estás preparada, te lo digo yo.

¿Te corrijo esto ahora mismo?

-Si tienes tiempo y no te importa... -Venga.

Y pensar que hace cuatro días querías pedir la prejubilación,

estás hecho un toro, cariño.

No solo he vencido la apatía,

sino también la enfermedad de Chagas. Soy invencible.

Me encanta verte de tan buen humor. Ven aquí.

Sobre todo te lo debo a ti.

Por no dejarme tirar la toalla.

Bueno, y a Olga.

También.

-Buenos días.

Buenos días, cariño. Buenos días.

Muy fresca estás tú para haber trasnochado tanto.

Mamá, solo salí a dar una vuelta.

Sí, hombre...

Mira, me levanté a media noche,

y todavía no habías llegado. Ya sé que en París

entrabas y salías y nadie te decía nada,

pero no sé yo eso de salir entre semana,

volver de madrugada,

y tener obligaciones al día siguiente...

Es que los fines de semana Paty sale muy tarde de La Parra.

Además, este finde tengo trabajo. Ah, ¿sí?

Sí, tengo un proyecto empresarial, estoy superagobiada.

Sí, ya te veo lo agobiada que estás.

Mamá... ¿Qué?

¿Qué es eso de un proyecto empresarial?

-Un trabajo para la asignatura de marketing.

Nos enseñan la creación y administración

de las empresas de hostelería.

Esta escuela me parece a mí que es muy completa, ¿no?

No te voy a mentir, la asignatura es lo peor.

Pero entiendo que la tienen que dar,

porque algunos de nosotros en el futuro

querremos montar nuestro negocio. -¿Un restaurante?

-Sí, por ejemplo, pero no necesariamente.

Tenemos que coger algo adecuado a nuestro barrio.

-Pues en este barrio olvídate de la alta cocina,

aquí no están las cosas para gastos superfluos.

-Por eso, lo primero que se hace es un estudio de mercado:

análisis poblacional, edad, nivel de vida, nivel económico...

Y ver los negocios que hay alrededor que pueden suponer una competencia.

¿Sabes que me encantaría tener en el barrio?

Una cafetería de esas parisinas, muy coqueta.

Sobre todo que tenga los cruasanes que os tomabais en París.

Luego acabas siempre tomando el café en La Parra.

-Eso es verdad. No puede ser una cafetería ni un bar de menú,

porque ya hay demasiados.

Veo que has dedicado tiempo a pensar en ello.

Sí, pero no tengo una idea clara,

y si no está claro, no puedo hacer el plan de viabilidad.

Los números hay que sacarlos al detalle.

Coste el local, suministros...

Costes laborales, número de empleados...

Materia prima, volumen de ventas...

-Me estoy agobiando yo.

Parece muy complicado, yo me haría un lío con los números.

¿Y nadie te puede echar una mano en eso?

Eres única dando ánimos.

Seguro que se te ocurre una idea genial y lo bordas.

-No te preocupes, mamá tiene razón.

Por eso estoy pensando en pedir ayuda a algún amigo.

-Perdón. ¿Un amigo en general, o un amigo en particular?

-Bueno, estoy barajando ideas...

¿Ideas estás barajando? Vaya, vaya...

El brillo en tus ojos te delata. ¿Quién es?

No, no empecéis, me voy a duchar.

-¿Es de la escuela? ¿Quién es?

Tiene alguno...

Los has clavado. -¿Sí?

Es que tengo el mejor profesor.

-Como te salga así en el examen, no solo vas a aprobar,

vas a sacar una notaza.

Luego, a estudiar lo que quieras.

-Bueno, eso ya lo veremos. -¿Por qué lo dices?

-Porque... Porque lo he estado pensando y...

y para estudiar necesito dinero, y no pienso pedírselo a mis padres.

-Por eso estás trabajando, ¿no?

-Igual el trabajo del bar se acaba pronto.

No sé qué pasa últimamente, que los ingresos han bajado mucho.

-María no podría con el bar sin ti.

Además, muchos negocios tienen meses malos.

-Pero ¿y si no es un bache?

¿Y si cierra? -Pero ¿cómo va a cerrar La Parra?

Seguro que vendrán tiempos mejores.

Se os ocurrirá la forma de atraer clientela.

-Más vale, porque si no...

Lo que tú tienes que hacer es ponerte en serio con las oposiciones.

Tal y como están las cosas,

tener un curro fijo es casi un milagro.

-En eso estoy.

Pero es más difícil de lo que pensaba.

Sobre todo las pruebas físicas.

Es una pena que ya no curres en el gimnasio, porque...

me ibas a ver allí a diario.

-Ahora también nos vemos a diario.

-Ya, pero más rato.

A mí lo del gimnasio no me va mucho,

y si tu estuvieras allí...

Voy a tener que ser constante con el entrenamiento.

-Pues sí.

Además, al Atlas venían muchos aspirantes a policía.

-Oye, Paty,

¿no notas que David está más cachas?

-Qué gracioso, papá.

-Pues ahora que lo dices...

Bueno, yo me tengo que ir ya.

¿Me lo apuntas en la cuenta de La Parra, por favor?

-Venga.

-Y gracias.

Y David, muchas gracias, de verdad.

-De nada.

-Nos vemos. -Hasta luego.

-Vamos, recoged vuestras cosas y largaos, estáis despedidos.

-Pero Julio nos prometió... -¿Tú haces caso a ese niñato?

Julio Quintero aquí no pinta nada, aquí manda Alejandro Somoza.

Y no quiero veros más por aquí. Hala.

Recoged vuestros finiquitos y largaos.

¡Venga!

¿Qué haces aquí? ¿Dónde está Julio?

Ay, que no te has enterado de la noticia...

Claro, tu hermano ha tenido miedo de decírtela.

¿Enterarme exactamente de qué?

Tengo el placer de comunicarte...

que Transportes Quintero ahora pertenece a Alejandro Somoza.

¿Desde cuándo? Desde anoche.

Tu hermano Julio se plantó en el despacho implorando

que le compráramos la empresa.

Solo le faltó ponerse de rodillas.

Y don Alejandro se compadeció,

y firmaron el contrato allí mismo.

Estarás contento, habéis conseguido lo que queríais.

Fue tu hermano Julio quien vino rogando por una solución.

Don Alejandro solo le hizo un favor. Claro.

Tu jefe siempre tan generoso.

Piensa lo que quieras.

Pero no creo que hubiera muchos compradores

para esta empresa.

Tu hermano la arruinó por completo, ¿qué te parece?

Pero no seas dura con él, es un pobre enfermo mental.

Aquí los únicos enfermos mentales que hay sois vosotros.

Sois unos sádicos degenerados que disfrutan

a costa del sufrimiento ajeno.

Ay... vas a herir mis sentimientos.

¿De verdad crees que disfruto con todo esto?

Hazlo mientras puedas.

Al fin y al cabo, solo...

eres el perro faldero de un criminal.

Guau.

Ríete lo que quieras, pero acabarás muy mal.

¿Me vas a detener?

Ya me imaginaba.

Lo mejor que te puede pasar es ir a la cárcel.

Porque los sicarios como tú suelen terminar con un tiro en la cabeza

cuando empiezan a estorbar.

Ay, qué feo, inspectora, cuida ese vocabulario,

¿no ves que estás embarazada,

y el niño lo oye todo desde dentro, verdad que sí, criatura?

Cállate y aléjate de mí.

Relájate, a ver si vas a romper aguas aquí,

y ya he echado hasta al personal de limpieza.

A ver si eres tan gallito cuando te tenga en comisaría.

Porque ese día va a llegar.

Deja de amenazarme y haz algo útil,

como cuidar a tu familia, a tu bebé.

A tu hermano, que lo va a necesitar, ayer estaba hecho polvo.

Y ya sabemos cómo son los bipolares, de repente la lían.

Y luego nos echarás la culpa a nosotros.

Sé perfectamente cómo cuidar a mi familia

y mantenerla a salvo:

metiéndoos entre rejas a ti y a tu jefe.

Y te aseguro que será muy pronto.

Aaaaa...

(Puerta)

(Puerta)

"Julio, sé que estás en casa, abre, por favor".

(RESOPLA)

"Julio..."

¿Estás bien? Estaba preocupada.

Pasa, anda.

Si no, la vecina sale a preguntar qué son esos timbrazos.

No tienes muy buen aspecto.

Cuando te diga lo que he hecho, lo entenderás.

No hace falta, ya lo sé.

Fui a verte a la oficina y ha sido muy desagradable.

Tano me ha contado la venta de la empresa.

Perdona, Alicia.

Quería habértelo contado yo cuando reuniera fuerzas.

No valgo ni para eso.

Soy un inútil y un cobarde. Eso no es cierto.

¿Por qué querías verme?

Has hablado con Marcelino, ¿verdad?

Pues ya ves...

Yo solito he arruinado Transportes Quintero.

En dos meses me he cargado

lo que mi padre levantó con toda una vida de trabajo.

No, tú solito no.

Te aseguro que Somoza ha tenido mucho que ver

con el goteo de clientes que has ido perdiendo.

Ese cerdo es muy poderoso. Me lo advirtió, ¿sabes?

Cuando murió mi padre me hizo una buena oferta.

Y me advirtió que acabaría arruinando la empresa,

si me empeñaba en seguir al frente.

Tú has sido valiente al intentarlo. No.

He sido un egoísta y un malcriado.

Yo necesitaba probarme.

Quería honrar la memoria de mi padre.

Y has resistido todo lo que has podido.

No medí bien mis fuerzas.

Se la tenía que haber vendido cuando me lo ofreció.

Así habría podido salvar los puestos de trabajo.

Sabes que a Somoza le gusta alardear de su poder.

Habría despedido a toda la plantilla,

para contratar a otros en su lugar. Eso es lo que ha hecho.

Me acaba de llamar Marisa, la secretaria.

Ha echado a todo el mundo a la calle.

Se ha saltado la única condición que le puse en la venta.

Pero tú has intentado salvar sus empleos.

Alicia, deja de decir eso, que no me consuela.

Y a esas familia tampoco.

Lo intenté con la empresa,

lo intenté con sus empleos y fracasé.

Si mi padre levantara la cabeza estaría avergonzado de mí.

Julio, si tu padre levantara la cabeza, no te dejaría hablar así.

Él no tenía pelos en la lengua, y lo sabes.

Le gustaba hablar claro. Yo he fracasado.

Eso es lo que soy, un fracasado.

Un incompetente.

Un enfermo.

¿Ves ese jarrón roto de ahí?

Lo rompí esta noche al sufrir uno de mis ataques.

Ese soy yo... un deshecho.

Normal que Somoza se ría en mi cara. Basta ya, deja de machacarte.

Yo creo que has hecho bien vendiendo la empresa.

Y estoy convencida...

de que tu padre habría apoyado tu decisión.

No te esfuerces.

El único que podría convencerme de eso es mi padre,

y está muerto. Escúchame.

Te juro que Somoza va a pagar por el daño que te está haciendo.

Y ese día llegará antes de lo que crees.

¿Y eso me va a devolver a mi padre?

Es normal que ahora lo ves todo negro.

Pero cuando ese día llegue,

te verás recompensado, te lo prometo.

Solo tienes que aguantar un poco más.

Por favor...

Hace tiempo que la cosa flojea,

pero yo pensaba que era...

los efectivos, que este año han venido muy atravesados,

pero no. Los números no engañan.

-Pero esto siempre está animado.

-Cada vez hay menos gente.

Casi todos son parados, pensionistas...

Se tiran dos horas con un café.

-La clientela de la comisaría es fija.

-Depende.

Porque si tenéis mucho trabajo no venís mucho por aquí.

Quien sí está abonado a los menús es el comisario.

-Pues cuenta conmigo, si hay que comer se come.

-Lo que pasa es que hay mucha competencia con los bares modernos.

-¿Cómo modernos?

-De esos con pantallas por todas partes.

Y cibercafés, y esos que hacen reservas online...

Hasta en los pubs se cena ya.

Por eso no pisan La Parra.

-Eso son modas que duran cuatro días,

donde esté un bar de toda la vida... -Que no, Elías,

que los tiempos cambian y los gustos también.

-Hola, María. ¿Me pones un café, por favor?

-¿No quieres nada para mojar?

-Me encantaría, pero tenemos prisa.

-¿Qué ocurre? -El tipo que detuvimos

intentando reventar el cajero, ya cantó en el juzgado.

Tenemos la dirección de su compinche. -Eso no es urgente.

-¿Y si se escapa?

-Si nos pasamos ahí la tarde, habrá que llevarse un bocadillo.

-Os preparo algo rapidito.

-Lo que tengas a mano. -Venga.

-¿Qué pasa contigo?

¿Estás pensando solo en comer? -Es solo un minuto.

¿Tienes prisa? -Sí, quiero detener a ese tipo,

terminar mi jornada y no hacer un picnic contigo.

-Creo que tú has quedado con Teresa.

Después de lo que te soltó ayer...

-Tenemos una conversación muy importante pendiente,

no me entretengas. -Cuéntame, ¿qué vas a decirle?

-¿Cómo puedes ser tan cotilla?

Hablaré con la interesada, y luego ya veré si te lo cuento.

¿Nos vamos?

-Los bocadillos.

-Toma. Quédate el cambio, que esta mujer...

-Gracias. -Hasta luego.

-¿Estás seguro de eso?

Claro, ¿por qué iba a mentirme?

Sí, a mí también me gustaría que las noticias fueran otras.

Gracias por la información, don Leandro.

Descuide, no le diré que me lo ha contado usted.

Adiós.

-Aquí tienes los datos para redactar la demanda.

-¿Qué demanda?

-La del incumplimiento del contrato mercantil que te comenté.

-Ah, sí, la del señor Pardo.

Ahora mismo me pongo con ello.

-¿Estás bien, Nerea? ¿Ocurre algo?

-Nada importante, no te preocupes. -¿Seguro?

Según tu cara, nadie lo diría.

-Preferiría no hablar del tema, se me está acumulando el trabajo.

-Como quieras.

Pero si tienes algún problema,

puedes contar conmigo.

Un momento, ¿no será por tu padre?

No me digas que ha vuelto a las andadas.

¿Esta vez qué es? ¿Otro negocio genial de los suyos?

-Un hotel de lujo en la playa de El Sardinero.

Con, según dice él,

unos empresarios muy importantes de Santander.

-Importantes...

Unos farsantes o unos espabilados

que suelen ser la gente que hace negocios con tu padre.

-¿Ves por qué no quería contártelo? -Lo siento, Nerea,

pero siempre está con la misma cantinela.

¿Para eso quería verte, para pedirte dinero?

-(NEREA ASIENTE) -¿Cuánto?

-Aún no lo sé.

Parece que el proyecto se ha retrasado,

y sus socios le han prestado dinero.

Si no sigue adelante, perderá le inversión inicial,

y le quedará la deuda.

-¿Qué tipo de retrasos?

Viniendo de Adolfo...

yo no me fiaría.

-Me temo que es verdad, acabo de confirmarlo.

El proyecto existe.

Lo que no está claro es que les den la licencia de construcción.

No sé cuánto ha invertido, pero lo más seguro es que lo pierda.

-Tranquila,

espero que esta vez no se lo gaste todo.

Tendrá ahorros.

-Lo dudo.

He llamado a Santander, a gente de confianza,

y varias personas me han dicho lo mismo.

Que mi padre lleva meses dándose la gran vida.

-¿Y de dónde saca el dinero? -No lo sé.

Pero parece que se le ha acabado. -Claro.

Y quiere que le saques las castañas del fuego.

Mándalo a paseo, por Dios.

Que se busque un trabajo como todo el mundo.

(Teléfono)

Es él.

Sí, papá.

No sé si voy a poder.

Voy a organizarme. Luego te digo el sitio y la hora.

Hasta luego.

-Nerea, no puedes ceder siempre a sus pretensiones.

-Quiere quedar a comer, nada más.

-Quiere algo más, acabas de contármelo, quiere tu dinero.

Se las da de gran empresario

y ahora quiere que lo saques del apuro.

-¿Y qué hago? -Pues negarte.

Me consta que trabajas muy duro,

y no es justo que se gaste el esfuerzo de tu trabajo

en darse la gran vida.

Ya se apañará.

-Eso no lo tengo tan claro.

Está desesperado.

-Es un manipulador.

No dejes que te engatuse, por favor. -Lo sé, pero no es tan sencillo.

Es mi padre.

-Hola, María. -Hola, Paty. ¿Qué?

¿Y esto? -¿Eso?

Publicidad.

Del sitio de las hamburguesas que han abierto:

Tienen unas ofertas... -Ya lo veo:

"'Happy hour', dos hamburguesas por una".

Lo que faltaba, la ruina ya.

-Hay que hacer algo, y no quedarnos de brazos cruzados.

-Dime tú qué hacemos.

Yo no puedo bajar más los precios.

-Eventos.

Hay que hacer algo que llame la atención,

que atraiga a la gente y dé que hablar.

-Como el concierto de Fede...

-El concierto estuvo bien,

pero yo me refería a algo más contundente.

-A ver qué tienes en esa cabeza. -A ver qué te parece.

He pensado en un concurso

a ver quién se come en menos tiempo una hamburguesa gigante.

Y el que gane tiene premio, por ejemplo, consumiciones gratis.

-Ya. ¿Y yo qué gano con eso?

-¿Qué ganas? Publicidad.

Que los chavales del barrio sepan que hacemos hamburguesas de muerte.

Mejor que en el sitio ese.

-Eso lo sé yo desde hace años.

-En estos concursos se suele cobrar una cuota de inscripción.

Como mínimo nos sacamos un dinerito.

Va a ser un exitazo.

He pensado hasta el eslogan:

"Atrévete con el reto de la hamburguesa jabata".

¿Qué te parece? Mola, ¿eh?

Dime algo. -Jabata...

¿Jabata como de jabalí?

-Sí.

Contundente, ¿sabes? Jabata.

O gocha. -Sí, pero más bonico.

Hamburguesa jabata. Está guay.

Hola, Espe.

Madre mía, dentro de nada tendremos que ampliar las puertas

para que puedas pasar...

Hay días que creo que voy a explotar.

Menos mal que no tienes que tienes que llevar uniforme,

¿de dónde lo ibas a sacar? Lo que faltaba, uniforme.

Te imagino detrás de los malos con tu uniforme y tu bombo.

(RÍEN)

¿No se te está haciendo muy largo? Sí, un montón.

Tengo muchas ganas de verle la cara. Ay...

Da igual que se parezca a Rober o a ti, va a salir precioso.

Gracias.

Hola.

Se me olvidaba que tengo que entregarte los informes trimestrales.

Vale, luego los recojo.

¿Tú cómo estás?

Bien, tomando un tentempié.

Tengo que reenviarte los informes abiertos

a las fábricas del polígono.

¿Sabes de lo que hablo? Sí, sí.

Podías mandar a dos compañeros para que den una vuelta por allí.

Ya, pues no sé si hoy vamos a tener efectivos.

En un par de horas tendrás disponibles a Íñiguez y Alzueta.

¿También has comprobado eso? Bueno...

Dentro de nada te veo dirigiendo la comisaría.

Aunque no sé si Bremón de dejará la silla.

Ni en sueños querría mandar aquí.

Yo solo quiero volver a patrullar.

Pero, sí, tendré que esperar al postparto.

Bueno, me imagino que después del postparto,

querrás tener una actividad tranquila,

sobre todo, si le das el pecho.

Bueno, ya veremos.

Pero tendrás que seguir haciendo trabajo de oficina.

Ya te lo digo. Lo decidiré más adelante, Claudia.

Ahora debo centrarme en la llegada del niño.

¿Y cuándo vas a coger la baja?

Voy a apurar hasta el último día.

Pues pronostico que rompes aguas aquí mismo.

Si sucede, habrá alguien dispuesto a llevarme al hospital.

Ah...

¿Iker tal vez?

Hola.

¿Qué haces tan solo?

-Tomando el aire para ver si me despejo, pero...

parece que no está funcionando.

-¿Puedo sentarme?

-Claro, si no te importa que te vean con un fracasado.

-Bueno...

Estás muy negativo.

Veo que no te han servido mis consejos de anoche.

-No te creas, estoy tratando de ser más honesto conmigo mismo.

Estoy haciendo un esfuerzo muy grande por asumir quién soy realmente.

Cuando estudiaba el máster en Estados Unidos me creía muy listo.

Pensaba que me comería el mundo.

-Y te has comido un fracaso así de grande.

-Pues sí.

Sí, es un buen resumen.

-También te digo que todos los fracasos son relativos.

Que falles no significa que seas un tonto o un inútil.

Dicen que la experiencia es un grado.

No volverás a cometer los mismos errores.

-Por supuesto que no.

Porque no voy a tener una oportunidad como esta.

-Tendrás la oportunidad de demostrar lo que vales en otra empresa.

-Esta era la empresa de mi padre.

Y, desgraciadamente, no habrá otra.

Esto no era únicamente un reto profesional.

-Era algo personal, ¿verdad? -Pues sí.

Era la forma de demostrar mi carácter, mi valor,

mi fortaleza.

Demostrar lo qué heredé de mi padre,

y solo he demostrado que soy un pobre idiota

que ha arruinado a un montón de gente.

-Tu padre murió de la noche a la mañana.

Tú te pusiste al frente de su empresa para llevarla como él.

Has tenido mucho mérito. -¿Y de qué me ha servido?

-Tu padre te sacaba muchos años de experiencia.

A lo mejor, él a tu edad metía la pata en los negocios.

O ni siquiera pensaba en ellos.

-¿Tú por qué tienes tanto interés en animarme?

-A lo mejor me has caído bien.

¿Lo consigo? ¿Estás un poquito mejor?

-Un poco, sí.

-Te digo que entre la charla de ayer y la de hoy,

se me acaban los argumentos. Tendré que repetirme todo el rato.

-También podíamos intentar hablar de otras cosas.

-Me encantaría, pero...

-¿Pero?

-Es que tengo clase.

O me puedo saltar una hora... -No, no, ni hablar.

Olga, me ha hecho mucho bien hablar contigo, en serio.

Estoy mejor.

-Me alegro.

Si no tienes nada que hacer,

puedes acompañarme a la escuela dando un paseo.

-Por mí, encantado.

Si a ti no te importa. -Pero con una condición...

-¿Cuál?

Que vamos a dejar de hablar de lo mal que nos va la vida.

-Trato hecho.

-Cuéntame, ¿cuál es tu comida favorita?

-Vamos a ver...

¿Un concurso de comer hamburguesas gigantes?

-"El reto de la hamburguesa jabata".

¿Cómo te suena? -Jabata...

Pues tiene gancho.

-Sí, Paty está como loca.

Yo tengo mis dudas, por eso quería saber tu opinión.

-¿Cómo funciona el concurso? -No tiene ninguna ciencia.

El primero que se coma un hamburguesa de kilo y medio gana.

-¿Un kilo y medio de carne?

-Carne con el resto de ingredientes. Las patatas aparte, claro.

-Joder...

-Es que si la hamburguesa no es grande, no tiene gracia.

Y habrá que dar un premio, que no sé en qué va a consistir,

pero serán invitaciones para consumiciones en La Parra.

-Además de la honra de ser el ganador.

-¿Estás de cachondeo?

Igual la idea está desfasada,

ahora que nos ha dado por la comida sana...

-No te creas, podría funcionar.

Yo no me apuntaría ni muerto,

pero estas cosas tienen su público.

-De eso se trata, de captar la atención de la gente joven.

Que no crean que para comer una hamburguesa buena,

se tienen que ir a ese local nuevo.

-¿A ese local junto al metro? -Sí.

-Eso no vale nada, las hamburguesas parecen de plástico,

y las patatas ni te cuento.

-Muy bonito...

O sea, que estás comiendo en la competencia.

-No, mujer, solo fui una vez

para ver si podía proveerles de productos frescos.

Pero ahí no hay nada que hacer.

Ahí todo es ultracongelado y precocinado.

-Ya.

Entre una hamburguesa de esas y las mías...

-No hay color, no hay color.

-Pues, fíjate, La Parra vacía y ellos de bote en bote.

-Igual es buena idea lo del concurso.

Pero deberíamos hacer hincapié en la calidad de la carne.

Que sea ternera de calidad criada en granjas sostenibles.

-Por supuesto.

Y la verdura de El color de la huerta.

-Si vas a hacerme publicidad, podría aportar mi granito de arena.

¿Qué te parece...

una cesta de productos ecológicos para el ganador?

-Muy bien. Te compro la idea.

Paty dice que puede dar mucho que hablar.

-Recuerdo un bar en Albacete

que hizo un concurso de estos.

Se hizo muy famoso, era de perritos calientes.

Lo hacían una vez al mes y había semifinales...

Y la final en navidad. Una vez hasta vino la tele.

-A tanto no sé si vamos a llegar, pero...

No sé, voy a hacer las cuentas bien y...

si merece la pena... -(JESÚS ASIENTE)

-Bueno, que me voy.

He dejado a Paty sola mucho tiempo.

-María, creo que me he dejado el reloj en tu casa.

-Cuando llegue te lo busco, pero...

si quieres ir tú a buscarlo personalmente...

-Si me lo dices con esa sonrisa, yo voy donde haga falta.

Aunque esta vez me lo podías traer tú,

el otro día te llevé yo los pendientes.

-Vale, favor por favor.

Hoy en tu casa.

Hasta luego. -Hasta luego.

María...

Que, no sé, que igual...

Pienso que podíamos irnos a vivir juntos, ¿no?

Y dejar de olvidarnos cosas en casa del otro.

-¿Lo estás diciendo en serio?

-Sí, hacemos vida en pareja, y...

Pasamos muchas noches juntos en tu casa y en la mía, y...

No sé, es un poco incómodo eso de ir para allá con la muda y...

Creo que lo más lógico sería que compartiéramos casa,

para estar más a gusto. ¿Qué te parece?

-No sé, me pilla de sorpresa...

-Yo tampoco lo he meditado mucho,

pero me parece lo más natural.

-Déjame que me lo piense.

-Vale, vale.

Pero mientras te decides, esta noche...

-Esta noche en tu casa. -En mi casa.

-Hasta luego. -Hasta luego, guapa.

-Nos vemos la semana que viene a la misma hora.

Te acompaño. -Gracias.

-Hola.

-Tú por aquí... Qué sorpresa.

Pasa, por favor.

-Bueno...

No sé si he hecho bien en venir sin avisar,

perdona si te molesto, pero supongo que...

la conversación que nos quedó pendiente,

no es para tenerla por teléfono.

-La respuesta que me tienes que dar es muy breve,

valdría con un mensajito. Es un sí o un no.

-¡Ah!

¿Así no más? ¿Dos letritas y ya está?

-Una palabra puede condensar muchas cosas.

Puede hacerme muy feliz o muy desgraciada,

depende de lo que hayas decidido.

-Pues no sé. No sé si...

he tomado una buena o una mala decisión.

Tal vez sea malísima.

Pero he decidido que sí.

Quiero que volvamos a ser pareja.

-¿Seguro?

-Sí.

Espera, espera...

-¿Tienes dudas?

-No, de mis sentimientos ninguna, pero...

Teresa, ¿de verdad estás dispuesta

a renunciar a tus convicciones por mí?

-No voy a renunciar a lo que siento por ti.

Y tú no me obligas a nada, de verdad.

-Menos mal, porque...

lo último que quiero es cambiarte,

o que me reproches nada en el futuro.

-En la vida hay que amoldarse a las circunstancias,

y tú eres una circunstancia maravillosa.

¿Qué?

-¿Circunstancia maravillosa?

¿Qué clase de piropo es ese?

-Lo quiero decir es que te quiero, y quiero estar contigo.

Eso es lo importante, ¿no?

-Pues sí.

Es lo que yo siento desde un principio por ti.

-A lo mejor a mí me costó un poco llegar ahí.

Pero aquí estamos.

Y es la primera vez que no quiero estar con nadie más.

-Te he echado tanto de menos...

Ha sido muy duro no tenerte a mi lado, y, peor aún...

tenerte cerca y...

no poder tocarte, abrazarte...

besarte.

-Bueno, pues aquí me tienes.

Me puedes dar todos los besos que quieras.

-¿Así que conoces a Nerea? -Sí, pasa mucho por aquí.

Como viene al turno de oficio...

Ya le digo que tiene una hija que es un tesoro.

-Y la más guapa. Y no lo digo porque no sea su padre.

Pero tutéame.

-Dicen que es una profesional como la copa de un pino.

-Lo sé.

Ya de pequeña, yo sabía que iba a hacer carrera.

-Y usted... perdona, tú,

¿a qué te dedicas si no es indiscreción?

-Yo soy empresario.

Voy a abrir un hotel en la playa de El Sardinero.

Un establecimiento de lujo.

-Toma ya, qué maravilla. -Hola, papá.

-Hola, cariño, ¿qué te pongo? -Un zumito, porfa.

Perdona el retraso, he tenido mucho lío esta mañana.

-Me dice tú padre que va a abrir un hotel en Santander,

un hotel de lujo, pegadito a la playa.

Qué nivel...

-Cuando esté inaugurado, estás invitada.

-No lo digas dos veces, que cierro y me voy para allá.

-Gracias.

¿Nos sentamos en una mesa? -Claro.

-No deberías andar presumiendo.

-No seas tan dura con tu padre.

Es cuestión de tiempo que esté construido y empiece a ganar dinero.

-¿Dónde habré oído yo eso? Ah, sí,

con el negocio de las monedas virtuales que te harían millonario.

Los cigarrillos electrónicos, las placas solares...

-Esto es diferente, es el negocio de mi vida.

Haré que estés orgullosa de tu padre.

-Pero ¿tú te das cuenta

de que siempre dices lo mismo, y acabas igual?

Pidiéndome dinero.

-Te juro, quesi me lo prestas te lo devolveré con intereses.

-También me juraste que no volverías a meterte en inversiones,

y aquí estamos.

-¿Crees que a mí no me duele pedírtelo?

¿Quieres que te lo pida de rodillas?

-No hará falta, porque no tengo dinero que prestarte.

No sé de dónde pretendes que lo saque, apenas he ahorrado.

Vivo al día. Ya te cedí mi parte en la casa de mamá.

-Bueno...

yo pensaba que...

podías pedir un crédito.

-Pero ¿tú te has vuelto loco?

¿Cómo me puedes pedir algo así?

-No te lo pediría si no estuviera desesperado.

Si no devuelvo lo que debo,

se quedarán con mi parte del negocio y lo perderé todo.

-¿Y yo tengo la culpa? -Te juro...

que nunca más volveré a pedirte dinero.

No tengo a nadie más a quien acudir.

-Claro que no, porque todos te tienen calado.

-¿Qué quieres decir?

-Que en Santander todos saben cómo dilapidas el dinero.

-¿De qué hablas? -De las comidas,

y las fiestas que te has estado pegando.

-¿Quién te ha contado esas mentiras?

-Papá, en Santander todo se sabe.

Hay que tener cara para fundirse mi herencia en fiestas.

En negocios absurdos y pretender darme otro sablazo.

¿Quieres que me endeude por ti?

¿Tan poco te importo?

-¿Quién te ha metido esa idea en la cabeza?

Claro, sí, tu tío, Marcelino.

-¿Me tomas por tonta?

He estado haciendo llamadas a Santander.

¿Y sabes la vergüenza que he pasado hablando con gente

y me dicen que te gastas el dinero en...

-¿Qué?

Vamos, dilo, ¿qué? -¡En mujeres!

-Claro...

Entendido.

Si te avergüenzas de tu padre, ya no tenemos nada más que hablar.

-Patrón, la inspectora Ocaña viene a verlo.

-Inspectora Ocaña, por favor, siéntese.

En su estado no le conviene estar de pie.

Estoy bien así. Gracias.

Y ahórrese los consejos sobre mi embarazo.

Esta mañana tuve suficiente escuchando los de su matón.

Tano, ¿qué es lo que ha pasado?

¿Ha incomodado a la señorita?

Discúlpelo, por favor,

he tratado de enseñarle que respete a las mujeres.

Sobre todo a las inspectoras policías.

Sí, es un buen perro, muy obediente.

Y ahora podría pedirle que se retire.

Tano, por favor.

Entiendo que esté brava, inspectora.

Siento que se haya enterado por Tano y no por Julio

sobre la venta de la empresa de su papá.

Por fin consiguió lo que quería.

Ya es el propietario de Transportes Quintero.

Así, es.

Y la compré en un buen precio, además.

¿Usted cree?

Yo diría que pagó un precio muy alto: la vida de tres personas.

Yo no tengo nada que ver con esas muertes, le digo la verdad.

Déjese de esas historias, me está aburriendo.

Usted debería enfocarse en el futuro.

Sobre todo, ahora que va a traer una personita a este mundo.

Si, debería mirar para adelante, no me queda otra opción.

Pero ¿qué pasa con Julio?

¿Qué clase de futuro le espera, habiéndolo humillado de esa manera?

Mire, inspectora, créame que yo fui más que generoso con su hermano.

Le di mucho más de lo que vale esa empresa en este momento.

Está en la quiebra.

No se equivoque, señor Somoza,

si Transportes Quintero está en la ruina es por su culpa,

no se las dé de generoso. ¿Está segura de eso?

¿No será por la incompetencia de su hermano para llevar una empresa?

Ha disfrutado hundiendo a Julio, ¿verdad?

Pues ya verá cómo voy a disfrutar yo hundiéndole a usted.

Yo no termino de entender esta forma tan ruda de hablar de usted.

Tan dulce que se ve. Y usted tan educado.

Y debajo de ese traje solo hay un narcotraficante

y un asesino.

Ay, Dios mío... Señor deme paciencia.

Los dos sabemos para qué quiere los camiones de Quintero.

¡Basta ya!

Se acabó la entrevista.

Me incomoda discutir con usted en este estado.

Lo que me faltaba. Mire, señorita...

usted me puede tildar de asesino y decirme esas monstruosidades

que siempre me dice.

Pero yo no soy así.

Yo soy un hombre que respeta la vida, sobre todo a las mujeres embarazadas.

¿Cómo puede ser tan cínico?

Usted lo único que respeta es el dinero.

¿Cuántos jóvenes se enganchan a la droga para enriquecerle más?

¿Sabe cuántos mueren por la mierda que vende?

¡Ya está bueno, pues!

Basta de insultarme. Usted no tiene ninguna prueba.

Las tendré. Ah, ¿sí?

¿Para cuándo?

Le recuerdo que la última vez que nos vimos

me dijo que estaría tras las rejas antes de que diera a luz.

Y, fíjese...

Se le acaba el tiempo, inspectora.

Lo mismo le digo, señor Somoza.

¿Debemos preocuparnos por ella?

-Qué nos vamos a estar preocupando por esa mujer.

Simplemente, está frustrada por ese embarazo.

Tenemos cosas más importantes de las que preocuparnos.

-¿Cuáles?

-La fortuna oculta de Fernando Quintero.

Maldito sea el momento en el que murió ese contador.

Él nos iba a llevar a ese dinero.

-¿Está seguro que Julio no sabe nada sobre el entramado fiscal?

Tiene estudios empresariales. -¿Y de qué le ha servido eso?

¿Usted cree que si supiera nos habría vendido la empresa?

-¿Y qué vamos a hacer?

-Se me ocurre una persona que nos puede ayudar a llegar al dinero.

-¿Quién?

-El antiguo abogado de Fernando Quintero:

Sergio Mayoral.

Por eso hay que ir a darle un mensaje a la cárcel.

-Como ordene, patrón.

-Solo me queda calcular la inscripción.

Entre lo que me cuesta la carne, el pan...

Las verduras...

Yo calculo que con que se apuntaran diez,

podríamos hacerlo.

No tendremos una gran ganancia, pero si le damos publicidad el bar...

Pues, nada, me lío la manta a la cabeza.

Vamos con el concurso de la hamburguesa.

-Di que sí.

-Tengo la cabeza como un bombo con un trabajo que nos han puesto.

-¿Y de qué va el trabajo.

-Es para la asignatura de marketing.

Tengo que entregar un proyecto empresarial y no sé cómo empezar.

Había pensado en un catering de repostería a domicilio.

Tengo que ponerme con el plan de viabilidad,

los costes, número de empleados, plan de promoción...

-La teoría parece que te la sabes.

-Sí, pero en la práctica los números me desbordan.

He pensado que, quizá, puedas echarme una mano.

-Esta vez, he tenido que negarme.

Aunque hubiese pedido un crédito, el banco no me lo daría,

no tengo nada con qué avalar.

-Un momento, ¿esta vez?

Y no me digas que no tienes con qué avalar.

Está la casa de tu madre de Santander, ¿no?

No me digas que ya no la tienes.

-Tío, no te dije nada,

porque quería evitar a toda costa que discutierais.

Ayer un taxista puso una denuncia por robo con violencia en el taxi.

Ahí lo tienes.

Lo que más me preocupa es que la semana pasada

tuvimos otras dos denuncias de características parecidas.

Misma descripción y el mismo "modus operandi".

Los puntos verdes dicen dónde el atracador coge los taxis,

y los rojos donde acaba la carrera y se producen las agresiones.

¿Algún patrón?

Lo único que coincide es que siempre ataca en zonas solitarias.

No hay bares, ni restaurantes... Nada.

¿Habéis comprobado que hemos mirado todas las cámaras?

Hemos comprobado que los atracos ocurren en lugares sin cámaras.

Por eso hemos llegado a la conclusión

de que el tipo estudia las zonas al milímetro, para evitarlas.

-Me han robado...

-Tranquilícese, soy el oficial Guevara. ¿Qué le ha ocurrido?

-Soy taxista, me han robado a punta de navaja.

Después de meses de acoso, se ha quedo con Transportes Quintero.

Eso significa varias cosas,

y la más importante,

que Somoza está aumentando su poder y sus redes de distribución.

Exacto.

Buenas tardes, Sergio. -No esperaba tu visita.

Os dije lo que queríais saber sobre Alicia y su padre biológico.

-Esa información nos costó muy cara.

-Me consuela saberlo.

Las tres noches que pasé en la enfermería

no le salieron gratis a tu jefe.

Ahora que Somoza dirige el cotarro, empezará a moverse sin cuidado.

Pronto asomará el hocico.

El CNI ha detectado movimiento por Algeciras.

Hay gente nueva que puede ser de Somoza.

Es el puerto de entrada que Somoza lleva mucho tiempo buscando.

Eso significa que la droga proveniente de Colombia

pasaría por Algeciras camino de Europa,

con las rutas y distribuidores de Quintero.

¿Sabemos cuándo empezarán a funcionar?

Les he ofrecido un bono

para cuando la mercancía llegue al destino.

Total,

ese cargamento es suficientemente grande

como para mantener a todos contentos.

Brinde conmigo que tenemos mucho que celebrar.

-Por fin estamos en marcha.

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Servir y proteger - Capítulo 292

28 jun 2018

La inspectora jefe Miralles es la policía más veterana de la comisaría del Distrito Sur. La inspectora Alicia Ocaña se incorpora a la comisaría. Ambas son el eje en torno al que gira la vida personal y profesional de sus compañeros y los casos policiales que afectan al barrio.

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  1. María

    Yo también lo veo a la carta y no veo a esa señora de la que hablas. Lo que veo a la derecha es la transcripción pero nada más. Indaga y mira un poco más, seguro que lo puedes quitar. Saludos.

    30 jun 2018
  2. Camino

    yo no puedo ver todos los días a la hora la serie servir y proteger y la veo en RTVE a la carta y siempre tengo que aguantar a una señora que habla para los ciegos cómo se podría quitar o de qué manera no se podría ver

    29 jun 2018