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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 287 - ver ahora
Transcripción completa

pero ¿sabe cuál es el problema? Que está muerto.

Ya no me puede aconsejar una mierda. -Está cometiendo un grave error.

-Así somos los Quintero, testarudos. No le tengo miedo.

-Pues aprenderá a tener miedo.

Entiendo que no aceptes su oferta, pero no ganas provocándolo.

Lo mejor que puedes hacer ahora es volver a Miami.

Si te quitas las preocupaciones de liquidar la empresa, mejor.

Os demostraré que puedo dirigir la empresa.

-El blues forma parte de mi pasado, punto.

Por favor, no lo vayas comentando, que eres de cascar.

-Fede cantaba en una banda de blues. -¿Cantabas en una banda de blues?

Cómo mola, ¿no?

-Sí, cantaba en una banda, no sé qué tiene de especial.

-Se llamaba Fede and The Predators.

-O sea, ¿puedes parar de una vez, por favor?

-¡Mírale, qué auténtico!

-Necesito que defienda a un hombre

que atracó una tienda de electrodomésticos

y lo tienen detenido. Aquí están sus actos.

-Juan Antonio Rodríguez Somoza. ¿Pariente suyo?

-Sí, es un primo lejano.

-Le ha pedido que defienda a un pariente detenido por hurto

y que no puede pagarse un abogado.

¿No puede pagarse un abogado y es familiar de un multimillonario?

Eso mismo digo yo. ¿Y Nerea ha aceptado el caso?

Se lo está planteando.

-He estado estudiando detenidamente el caso

y he decidido aceptar la defensa de su primo.

Gracias por ofrecerme tu apoyo.

Siento que las cosas no hayan sido más fáciles entre nosotros.

Pero me has pillado en un momento que...

¿Será desastre? Otra vez se la ha vuelto a dejar.

Puede que Iker sea un policía corrupto.

A ver, Alicia, ¿en qué te basas para decir esto?

Ayer en su habitación encontré algo que no debería estar allí.

Algo que me ha hecho pensar que Iker podría ser el asesino de Quintero.

Hace tiempo que te debo una explicación,

pero créeme, no te la podía decir.

¿Por qué no me lo podías decir? ¿Qué está pasando?

Soy un agente del CNI, tengo una misión y es lo que importa.

Si no fuera por mí, este plan no habría salido

y, además, lo sabes.

Debes mantenerte al margen. No te entiendo.

Es competencia de Asuntos Internos. ¿Ha quedado claro?

Somoza avanzará para hacerse con la organización de Quintero

y su brazo armado está aquí dentro, en esta comisaría.

No sigas por ahí.

Pero Montse... Es una orden.

-Tienen pruebas para ir a por ese maldito colombiano.

Es una pieza de una red internacional de narcotráfico.

Si lo detenemos antes, alertamos a sus socios.

Necesito más tiempo en la organización para tener información.

¿Qué ha ocurrido? Alicia Ocaña.

¿Qué pasa con ella?

Pasa que es demasiado inteligente para tragarse la versión oficial.

A ver dónde has estado tú.

Esto está en mitad del campo.

Necesito despedirme de ellos. Eso es imposible.

¿Y si no los vuelvo a ver nunca más? Los volverás a ver

cuando detengamos a Somoza y hayamos desarticulado su red.

Tendrás que volver aquí. Antes debéis atrapar a Somoza.

Y eso es más fácil decirlo que hacerlo.

No la cagues.

(Música emocionante)

Hola.

¿Qué? ¿Cómo se presenta el día? Complicado.

Hoy es uno de esos días en que preferiría no pisar la comisaría.

No, si no me refería a temas de trabajo.

Si no, ya sabes, que el otro día pasaste la noche con Iker

y casi no hemos hablado del tema.

Bueno, que tampoco tienes que hacerlo, por supuesto.

Bueno, sí que hemos hablado del tema.

Ya. Vale, tranquila. ¿Estás bien?

Sí, pero la verdad es que me resulta incómodo

hablar de esto contigo. Ya, ya, lo entiendo,

pero que sepas que yo me alegro mucho por vosotros.

Hacéis muy buena pareja. Os va a ir fenomenal.

Oye, ayer hablé con mi padre, fui a verle al bufete

y me contó que Somoza te pidió que defiendas a un familiar suyo.

Sí.

Me pidió que me encargara del caso de un primo suyo,

un primo segundo, Juan Antonio se llama y es un caso muy triste.

Robó una tele para sacar algo de dinero.

El pobre estaba en las últimas.

Primo de Somoza y tiene que robar una tele.

Sí, ya ves. A mí también me extrañó.

Ya. ¿Y no podría haberle pedido el dinero a su primo?

Es exactamente lo mismo que le dije a Alejandro.

Alejandro. Sí, bueno.

Ahora es el familiar de un cliente. Es normal que le llame por su nombre.

Por lo visto, Alejandro y él no tenían mucha relación

y por eso y por orgullo él le ocultó su situación.

Y ahora, a toro pasado, no ha tenido más remedio que tragar

y aceptar su ayuda.

-Con lo tímido que es. Yo alucino con que tuviera un grupo de música.

Y que se plantara delante del público a cantar.

¿Tú te lo imaginas, micro en mano cantando blues?

-Pues no y no entiendo cómo se niega a hablar del tema.

Ya viste ayer cómo se puso.

No pudimos sacarle por qué lo había dejado

y se fue a la cama más cabreado que una mona.

-Daría lo que fuera por ver cómo era el grupo.

Fede and The Predators. Es que me mata la curiosidad.

¿Qué?

-Nada, es que ayer puse el nombre del grupo en internet

para ver que salía y no encontré ningún vídeo,

pero sí unas cuantas fotos. ¿Quieres verlas?

-Espe, no sé si le va a hacer gracia que andemos fisgando en sus cosas.

-Oye, que la red es de todos.

Y, además, no tiene por qué enterarse,

pero si te vas a sentir mal, no te las enseño.

-Como no me las enseñes, te mato.

-Mira. -¡Pero qué fuerte!

Mírale, qué joven y qué rollazo, ¿no?

-Sí. Qué actitud tiene, ¿eh? Si no parece ni él.

Está así, como muy intenso. Será por el blues.

-En casa queda de modosito, pero en esta época

se las tenía que llevar a todas de calle.

-No os dais por vencidas, ¿eh?

-No os dais, no, que he sido yo la que ha buscado las fotos.

-Bueno, a ver si dejamos el tema, que no es tan difícil dejarlo.

-No, ya está, asunto olvidado.

Y ¡ostras, qué tarde es! Que Bremón me va a matar.

Me ha pedido unos expedientes a primera hora

y los tengo a medias aún. Me voy, ¿eh? Chao.

Así que ahora los Somoza son tus clientes

y veo que has tomado una decisión.

¿Sobre si he aceptado el caso? Pues sí, ya lo he aceptado.

¡Vaya!

Pensaba que estabas contenta con lo que te pagaba mi padre

y que no necesitabas un ingreso extra

sabiendo de dónde viene el dinero de Somoza.

Nerea, Alejandro Somoza es un capo del narcotráfico

experto en borrar las huellas de los crímenes que comete.

¿Quieres recibir dinero de un tipo así?

Que sepas que mis honorarios van íntegramente a una ONG.

Lo que me interesa es defender a ese pobre hombre.

Ya.

¿Y no tiene derecho a un abogado de oficio?

Pues sí, pero he decidido defenderle yo.

Además, su único delito ha sido dejarse vencer

por la desesperación, no ser primo de nadie.

Y ayer hablé con él por teléfono después de aceptar el caso

y me encontré con un hombre desesperado y arrepentido

que quiere hacer lo imposible por ayudar a su familia.

¿Sabe mi padre que has aceptado el caso?

Pues no, no me ha dado tiempo a decírselo.

Pues, por favor, cuéntaselo cuanto antes

porque se va a llevar un buen disgusto.

Lo haré, no te preocupes. No tengo por qué andar escondiéndome.

Además, ya soy mayorcita para decidir lo que hacer con mi tiempo libre.

¿Dónde vas? Llego tarde.

(Puerta)

Iker. "Buenos días, Alicia".

Buenos días. ¿Te apetece que tomemos un té?

Ah, así que hoy sí que te apetece tomar un té.

No te lo tomes así. Ayer iba con prisa.

¿Nos vemos en La Parra antes de entrar en comisaría?

"Lo siento, Alicia, pero hoy me es imposible".

"Me he tomado el día libre". ¿Otro?

Hace nada te cogiste uno, el día que murió Quintero.

Bueno, ya ves, se me acumulan los compromisos.

Verás, es que mi primo Mundi se ha puesto malo

y los médicos no dan con lo que tiene.

He pensado en hacer un viaje y lo animo un poco.

"Pero será un viaje rápido. Estaré de regreso en nada".

Muy bien. Chao.

Te prometo que no veíamos las fotos para chincharte,

si no pues por orgullo, por orgullo de amigas.

¿Sabes lo increíble que es encontrarte

con que tu compañero de piso era un cantante de blues alucinante?

De verdad, es que te da como subidón.

-Sí, subidón, tened cuidado con el subidón,

no os deis un coscorrón.

-Lo que no entendemos es por qué lo mantienes en secreto.

-No lo hago. Ya has visto lo rápido que encontrasteis las fotos.

Pero es una parte pasada de mi vida de la que no quiero hablar.

Me pasa lo mismo que a ti. -¿A mí?

-Sí, con tu pasado de gogó.

-Yo no lo cuento porque la gente tiene muchos prejuicios con ese tema.

Aparte, que fue un tema un poco duro de superar

y no... Si hubiese sido cantante de blues,

otro gallo cantaría. Estaría presumiendo.

-Yo no presumo porque para mí ha sido bastante doloroso.

-Bueno, no me lo cuentes si no quieres,

pero ¿por qué dejaste el grupo de música?

-Bueno, estábamos despegando con la banda,

nos llovieron conciertos, la gente aplaudía

y nos salió la gran oportunidad de dar un concierto importante

con una discográfica. Nos dijeron que íbamos a ser los teloneros

de una estrella internacional que venía de gira.

-Eso suena genial.

-Sí, no, si genial era, pero en la segunda canción, no sé por qué,

se me fue la voz, se me fue que ni un fonema, vamos.

O sea, que no pude cantar nada.

-¿Y por qué? -Se llama pánico escénico.

-Se supone que no era el primer concierto que dabas.

-No, había dado muchos más, pero ese día fue crucial.

De repente, me entraron como unos nervios, unas taquicardias,

como una ansiedad, ¿sabes?

Un dolor en el estómago y miedo, mucho miedo

porque no comprendía lo que me estaba pasando.

Tenía miedo a tropezarme en el escenario,

a que se me fuera la letra... Yo qué sé.

Tenía miedo a hacer el ridículo. -Ya.

-Y bueno, al final se suspendió el concierto,

todo el mundo obtuvo el dinero de sus entradas

y ese mismo día decidí que jamás me subiría a un escenario otra vez

y abandoné la banda.

Lo más doloroso de todo es que, por mi culpa,

mis compañeros perdieron una oportunidad de oro en sus carreras.

-¿Y jamás volviste a cantar?

-Esa noche defraudé muchas expectativas,

sobre todo las de mis compañeros.

Mira, Lola, yo amo el blues con todas mis fuerzas,

pero no pude soportar el haberles hecho tanto daño.

Y, además, el miedo a que el ridículo se volviera a repetir.

En fin, me dejó paralizado y tomé la opción más fácil,

la de un cobarde que soy yo.

Me eché a un lado y me olvidé del blues para siempre.

Bueno, ya te lo he contado y ya sabes por qué es tan doloroso para mí.

Bueno, y te he echado un sermón que alucinas.

Me voy a duchar, ¿vale? Nos vemos luego.

Y la ropa ya me la doblo yo, ¿vale?

(SUSPIRA)

¿Cómo te encuentras, cariño?

Tengo la lengua como un trapo. Dame un poco de agua, por favor.

Sí, espera.

Espera. (SE QUEJA)

¿Qué te pasa? ¿Que te duele el pecho?

No, nada, nada, no me pasa nada. Voy a avisar al médico.

¡Que no! Que no, es un poco de malestar, nada más.

Nada, un poco de mareo.

Toma. Venga, mi vaso de agua. Eso es.

¿Ves? Mejor.

Es por toda la medicación, los analgésicos

y la fiebre de ayer que me dejó hecho polvo.

No tiene importancia, ya has visto.

Y, sobre todo, no llames a ningún médico si no hay necesidad.

Desde luego, como médico serás una eminencia,

pero como paciente eres un desastre. En eso tienes tazón, sí.

A ver si te dicen lo que tienes

porque vamos, si yo fuera la que estuviera ahí, ¿eh?,

tú estarías todo el rato llamando al médico.

Eso seguro, sí. Anda, dame la mano.

Ay, la mano, la mano. Cuánto mimo tenemos.

Y Olga, ¿qué tal? Nerviosa perdida.

A primera hora de la mañana me tenía frita a mensajes.

No sé cómo puede teclear tan rápido.

Porque ve todos los numeritos, no como tú y yo.

La he llamado para decirle que estabas mejor.

Que estás bien, que has dormido bien y para desearle suerte en el examen.

Espero que le haya ido bien en el examen.

Y yo.

Y espero que nos den los resultados de los cultivos y los análisis

y nos digan por fin lo que tienes porque esto de no saber qué te pasa

es desesperante. Hay que tener paciencia.

Hay muchas enfermedades tropicales raras

y algunas son muy difíciles de diagnosticar.

Mejor estar aquí, vigilado las 24 horas.

No hay que preocuparse.

Sí, cariño, pero sabes que el que espera, desespera.

¿Sabes? Esta noche he estado soñando. ¿Ah, sí? Seguro que con comida

porque no haces más que quejarte de la comida del hospital.

No, he estado soñando contigo y era fantástico.

¿Quieres que te lo cuente? Venga.

Estábamos los dos en un velero.

Pero Antonio, si tú y yo somos más de secano que las patatas.

Bueno, pero estábamos en un velero. Bueno.

Y era el capitán del barco. Mi gorra, mi pipa, todo,

y tú ibas en la proa con el pelo suelto, te daba el sol

y el viento en la cara. Qué gustito, ¿eh?

Entonces... Entonces, ¿qué?

¡Antonio, por favor! Antonio, ¿qué te pasa?

Antonio, ¿qué ocurre?

Enfermera, por favor, no sé lo que le pasa a mi marido.

No se encuentra bien.

Tranquilo, Antonio, ya vienen.

Doctor, no sé lo que le pasa a mi marido.

Berta, baja la cama. Monitor y oxígeno.

Claudia, necesito que salgas un momento.

Tranquilo. Estoy fibrilando.

-Tranquilo, Antonio. Respira despacio.

Despacio.

Claudia, por favor. Sí, perdona.

Bien, bien. Sí. Tranquilo.

-Venga, David, espabila. Llevas una hora con eso.

-Sí, perdona. -¿En qué pensabas?

-En la carta que me escribió mamá. No me la quito de la cabeza.

-¿Cuántas veces la has leído? Si te la debes saber de memoria.

-Algunas partes, sí.

Me hace mucha ilusión tener algo escrito de su puño y letra

y, además, escrito para mí.

Saber que esas eran las últimas palabras

que mamá quería dedicarme.

Que pudo despedirse de mí en condiciones

me ayuda a superar su pérdida. -Ella no querría verte triste.

-Recuerdo bien lo último que me dijo cuando la vi.

Me dijo que estar con alguien a quien amas

es lo mejor que te puede ocurrir en esta vida

y que tienes que luchar con todas tus fuerzas

por las personas que quieres. -Sí, a ella le costó mucho aprenderlo

y pagó un precio muy alto, pero sí, tenía toda la razón.

-Por eso mismo, papá, tenemos que hacerle caso.

Tú, por ejemplo, tienes que recuperar la relación que tenías con María.

(ASIENTE)

-Volver a vuestras ganas de veros, vuestra alegría, ilusión...

Tenéis que iros otra vez a una verbena, al cine, a cenar.

Sé feliz con ella, disfruta de la vida.

Te lo mereces y eso es lo que quería mamá para nosotros,

que fuéramos felices.

¿Qué?

-Nada, nada, que, no sé, de repente me parece

que has crecido muchos años de golpe. -Es que lo he hecho.

He aprendido mucho estos últimos días.

-Ya.

Desgraciadamente, a veces uno tiene que aprender de esta forma.

Oye, David, ¿sabes qué? Que te voy a hacer caso.

Voy a poner todo de mi parte para recuperar mi relación con María.

-Eso es, papá.

-Voy a mirar en internet cosas para hacer juntos.

"Los diez restaurantes más románticos de Madrid".

-Sí, pero antes, llévala al teatro.

A un musical. En Madrid hay unos musicales buenísimos.

-Oye, pues muy buena idea, sí.

(Mensaje)

-Eh, papá, voy a ver a Paty. Creo que me necesita.

-Sí.

¿Qué te suena mejor, "La llamada" o "Billy Elliot"?

-Bueno, mujer, si es que es normal. Con todo lo que te ha pasado,

normal que no tuvieras la cabeza para concentrarte en los estudios.

¿No hay un examen de recuperación o como se llame ahora?

-En dos meses abren la convocatoria para el examen de acceso,

pero no me pienso presentar. -¿Cómo que no?

-Como que no, Olga. Soy una negada para las matemáticas.

No pasa nada, hay que asumirlo y punto.

No hay que darle más vueltas. -Solo tiene que estudiar más.

-Pensar en aprobar es engañarme a mí misma.

-Eso no es cierto y no me gusta nada oírte hablar así.

Te vas a presentar a ese examen como que me llamo María.

Y, si no, te despido.

-Ya estás tardando porque no me pienso presentar.

-A ver. Cariño, perdona, tu zumo. Gracias.

Os voy a contar una cosa, pero que no salga de aquí, ¿eh?

Que me da mucha vergüenza.

Cuando yo empecé en esto, era una negada total con la bandeja.

No te puedes imaginar los platos, las tazas, los vasos que rompí.

Bueno... -¿Tú?

Anda, María, no me vaciles, por favor, ¿eh?

-Nena, negada total. -Sí.

-Pero con el tiempo y con empeño, me hice al bar.

Por eso sé que te va a pasar lo mismo.

-Bueno, pero yo no soy tú. -Paty, ¿la quieres escuchar?

-Olga, ni en un millón de años aprobaré Matemáticas.

-¿Por qué no? Te salían muy bien los ejercicios

y los test y todo. -Porque David me estaba ayudando.

Él me lo explicaba todo superbién y se me quedaba,

pero eso se acabó, ya lo sabes, jolín.

-¿No le puedes echar una mano? -No.

Yo no tengo tiempo y las Matemáticas no son mi fuerte.

Y ahora, con el ingreso de mi padre, menos tiempo tengo.

-¿Qué ingreso de tu padre? ¿Qué le ha pasado?

-Empezó con mucha fiebre, lo llevamos al hospital

y lo tienen ingresado, venga a hacerle pruebas sin saber qué tiene.

-No sabía nada.

Mándale recuerdos de mi parte y dile a tu madre que lo que necesitéis.

-Gracias, María. -Hola.

-Hola, David. -Lo siento mucho.

¿Cómo estás? -Yo qué sé.

A ver, sabía que me había salido fatal el examen,

pero cuando me han confirmado que he suspendido, me ha dado el bajón.

-Pero cuéntale lo del otro examen. -¿Qué otro examen?

-Uno de recuperación que tiene, pero no quiere que lo nombremos.

-Se cree que es una negada con las Matemáticas.

-¿Puedes presentarte otra vez? -Sí.

-Paty, ¿sabes quién podría ayudarte con las Matemáticas?

La hija de Maite, la de la gestoría.

La chavala estudia para ingeniera y es una monstrua.

Podía venir aquí.

Si es tan encanto como su madre, estará dispuesta.

-Qué va, María, me da palo. No la conozco de nada.

-La que tiene vergüenza, ni come ni almuerza.

Déjalo de mi cuenta, hablo con Maite. -Igual no hace falta.

Yo también podría ayudarte, Paty, como lo hacíamos antes.

-¿En serio? ¿Estás seguro? -Nos entendíamos muy bien, ¿no?

-Sobre todo yo a ti. Contigo se me quedaba todo.

-Acordamos que somos amigos y los amigos se ayudan.

Además, que has estado apoyándome con el proceso de mi madre

y ahora me toca a mí echarte una mano.

-Ay, muchísimas gracias, David, de verdad.

-Pues todo solucionado, ¿no?

-Hombre, esto hay que celebrarlo. Te invito a lo que quieras

por buena persona. Tu madre estaría orgullosa de ti.

-Vale, gracias. Pues mira, un zumo de los que siempre me pones.

-¿Zumito de piña? -Sí.

-Le aseguro que está tomando la decisión correcta.

Se lo agradezco mucho. Es muy generoso por su parte.

Muchas gracias.

-Espero que esa alegría sea

por la felicitación de uno de los clientes.

-No exactamente. Tío, ¿podía hablar contigo un momento?

-Por supuesto.

-Quería contártelo, pero González me ha dicho

que tenías un desayuno de trabajo. -Por favor, al grano.

Ya sabes que detesto los rodeos.

-Verás, después de pensármelo mucho,

fui al despacho de Somoza y acepté el caso.

Voy a defender a su primo. -¿Que vas a hacer qué?

-Escúchame. -No, escúchame tú a mí.

Después de nuestra conversación, pensaba que rechazarías el caso.

Me he equivocado contigo.

-Tío, ¿me escuchas, por favor? No voy a aceptar el dinero de Somoza.

Mis honorarios van a ir a una ONG, pero ese hombre necesita una defensa.

Ha robado una tele, no un banco y podría ir a la cárcel.

Su mujer está en el paro y pueden perder la casa.

¿Qué va a ser de sus hijos?

-Casos como el suyo los hay todos los días, por desgracia.

-Pero este me lo han ofrecido. -¿No puede defenderlo otro abogado?

-Es posible, pero sé cómo evitar que vaya a la cárcel.

Es una cuestión de principios. No quiero acallar mi conciencia.

Soy abogada por vocación,

sabes bien lo que esa palabra significa,

igual que tu hija lo sabe siendo policía.

En el fondo los tres somos iguales en eso.

-Nerea, pero ¿cómo puedes estar tan ciega?

-He dejado las cosas claras con Somoza

y me habéis prevenido sobre él. ¿No puedes confiar en mí?

Soy una mujer adulta y puedo manejar esta situación.

-Da igual lo que te diga, harás lo que te dé la gana, ¿no?

-Si debo equivocarme, prefiero hacerlo por mí misma.

-Me preocupa que te relaciones con ese hombre.

Pero si tienes algún problema con Somoza,

te pido que recurras a mí, ¿está claro?

-Lo haré, tío. Te lo prometo.

¡Claudia! Elías.

Vale, tranquila. ¿Qué haces aquí? ¿Qué ha pasado?

Antonio ha tenido una crisis, ha tenido palpitaciones.

Me han sacado para atenderle y no me dicen nada.

Llevo un rato y no sale nadie.

Bueno, no te pongas en lo peor. Seguro que sale todo bien.

Esta mañana ya se sentía mal.

Le dije si avisábamos al médico y dijo que no quería molestar.

No le debí hacer caso. Antonio es médico.

Son los peores pacientes. Ya lo sé.

¿Y se sabe algo de lo que tiene?

¿Se ha confirmado que sea alguna enfermedad tropical?

No tenemos diagnóstico, pero, por lo que he visto,

hay algunas enfermedades de esas que son muy complicadas.

Elías, me pongo mala solo de pensarlo.

¿Qué te he dicho? ¡No mires en internet!

Que parece todo gravísimo. Ya.

Pero una cosa es la teoría y otra la práctica.

Me quedo contigo un ratito, ¿vale? No, que te tienes que ir.

Sí, bueno, tengo prisa, pero hasta que sepamos cómo está Antonio.

Gracias.

¿Cómo está mi marido? De momento está estable.

Tengo el resultado de los análisis. ¿Y?

Parece que le picó una vinchuca. ¿Eso qué quiere decir?

Antonio tiene el mal de Chagas.

-Hola. -Hola.

-¿Qué tal Fede? Me he quedado fatal después de la pillada.

Tenía que haber sido más discreta, ¿no?

-Un poquito.

-¿Seguía enfadado? -Pues al principio, sí.

Pero me he quedado charlando con él y se ha tranquilizado.

-¿Te ha contado por qué dejó el grupo?

-Sí, algo me ha contado, pero me ha insistido en no sacar más el tema.

-¿De verdad no se lo vas a contar a tu mejor amiga?

-Vale, pero como se entere, me mata. -Soy una tumba.

-¿Seguro?

Bueno, pues el caso es que perdió la voz en mitad de un concierto

y el cuerpo se le agarrotó y se quedó como una estatua, petrificado.

Le entró un pánico escénico increíble.

-Ay, pobre.

-Pues sí. La sensación de fracaso y de ridículo fue tan grande

que decidió abandonar el grupo y no volver a cantar jamás.

-Jo, qué lástima.

He leído una reseña que les hizo un crítico

y eran buenísimos.

Se hablaba de ellos como los nuevos Red House.

Se especulaba que iban a firmar con una gran discográfica.

-¿Has seguido investigando en internet o qué?

-Sí, como he venido pronto... Que lo del expediente de Bremón

era un farol para salir por la pillada de Fede.

-Me he enterado que me has dejado con el marrón.

-Ya, perdona. Me he puesto a trastear por internet

y cuando he dado con la reseña, me he quedado alucinada.

Fede and The Predators era la caña. -Ya será para menos.

-Mira. Léelo tú misma. -A ver.

"Fede and The Predators, un paso adelante

en la evolución del blues".

"El blues no está muerto ni es un fósil como demuestra este grupo".

"La voz rota y personalísima de su vocalista, Fede,

el blues es un sentimiento que se canta y Fede lo siente como nadie".

-Lo ponen por las nubes. -¡Qué fuerte!

A ver, ahí hay un archivo de audio. -Ostras, no me había dado cuenta.

Espera, espera.

-Dale al "play".

(Canción)

-Hola, chicas, ¿qué escucháis? -Blues.

-¿Blues? Me encanta el blues. ¿Qué grupo es?

-Ni idea. -Superamateur. Es nuevo.

-A ver, déjame oírlo que yo conozco muchos.

-No, si cantan fatal, vamos. -Un estruendo horrible.

-Sí, desafinan. No vale la pena que los oigas.

-Vale, vale. Si estáis tan seguras, pues nada.

-¿Me estás diciendo que ese era Fede?

-¡Son buenísimos! -¿A ver?

(Canción)

-Mamá, ¿tú qué haces aquí? ¿No tenías un examen?

Sí, pero lo he terminado y he venido corriendo.

Siéntate. ¿Por qué estás fuera y no con papá?

A ver, escucha.

Esta mañana, tu padre ha tenido una crisis.

Ha tenido palpitaciones, pero ya está controlado, está bien.

Le han sedado y está descansando, por eso estoy aquí.

Vale, pero palpitaciones, ¿por qué? Ya tenemos diagnóstico.

Tu padre tiene la enfermedad de Chagas.

Al parecer, la contrajo cuando estuvo en Méjico.

Se transmite por la picadura de un mosquito

o por alimentos que estén contaminados.

¿Y eso es muy grave? Puede llegar a serlo.

Puede provocar problemas cardíacos o del tubo digestivo.

Pero bueno, ya está, ya le han cogido a tiempo

y le están administrado la medicación más adecuada.

Eso es bueno, entonces. Claro. Hemos tenido suerte, cariño.

En Latinoamérica hay veces que ni la diagnostican

porque la confunden con una gripe y cuando la enfermedad da la cara,

es demasiado tarde, pero no es el caso.

Entonces papá se va a curar. Pero claro, cariño.

¡Claro que se va a curar! Claro que sí.

¿Qué?

-No dejo de darle vueltas a lo que me has contado.

Tiene que ser muy duro amar la música y dejarlo de golpe.

-Sí, lo es, pero es un tema del que no quiero hablar

y que para mí está zanjado.

-Fede, te hemos oído cantar. -Eso es imposible.

Los vídeos en los que salgo cantando los rastreé y los borré.

-Era un archivo de audio junto a una reseña

en la que os comparaban con los Red House.

-Sí, bueno, es una reseña que a la banda le gustó mucho, sí.

-Os ponen por las nubes. Bueno, especialmente a ti.

-Lola, ¿no podéis dejar de fisgar en mi vida?

O sea, ¿por qué no podéis respetarme?

-Porque eres buenísimo, Fede. Tienes un vozarrón increíble.

De verdad, Espe y yo hemos flipado. -Tampoco es para tanto, de verdad.

Y, por favor, que nadie más escuche ese audio, ¿vale?

-Prometido. Nadie lo ha escuchado ni lo van a escuchar.

-Y ahora, si no te importa, me voy a ir a trabajar.

-Pero espérate, hay algo que no me cuadra.

Dijiste que no volviste a pisar un escenario más,

pero tocaste en la gala benéfica de la academia de Ávila,

así que sí que te has vuelto a subir, ¿no?

-Sí, toqué, pero no canté.

Era una gala benéfica en beneficio de un compañero

y yo me subí y ya está. Y esa fue la última vez y ya nunca más.

-Es terrible lo que se está perdiendo la música, Fede.

-Que no hay nadie que se esté perdiendo nada.

La música ya no forma parte de mi vida

y es un tema que tengo absolutamente superado.

-¿Superado?

Fede, no hay más que oírte para ver lo que te duele hablar de este tema.

Lo tienes como una herida cerrada en falso.

-Vale, pues sí, lo admito. Ya está.

El concierto en el que se me fue la voz

era el concierto más importante de nuestra carrera.

Vinieron a vernos managers, ARS, gente de una discográfica

que estaban a punto de ficharnos y yo solito

la cagué con todo y me llevé por delante el futuro de la banda

y ahora cantar blues me recuerda todo eso y...

¿Cómo quieres que no me duela?

Pero ¿qué hago? -Buscar ayuda profesional, Fede.

Seguro que muchos terapeutas te pueden ayudar.

-O sea, ni loco, vamos, ni loco. Yo soy policía.

Estoy feliz siendo policía y con la vida que tengo.

No tengo ninguna necesidad de subirme al escenario a cantar.

-No te estoy diciendo que empieces tu carrera como cantante profesional.

Te digo que vuelvas a tocar, que vuelvas a tocar para tu gente,

para tus amigos, para la gente que te quiere

y que no tengas esa presión de triunfar en la música.

-¿Cómo te lo tengo que decir? Es que no puedo.

No puedo cantar, no puedo.

-No puedes porque has convertido tu gran pasión en un tabú.

Eso es lo peor que puedes hacer.

Tienes que perdonarte a ti mismo y de eso sé bastante, te lo aseguro.

Mira, déjalo. Yo solo quería ayudarte,

pero eres mayorcito para hacer lo que quieras.

-He estado hablando con el dueño de la tienda de electrodomésticos

donde su primo robó el televisor. Le he explicado la situación

de precariedad económica que atraviesa Juan Antonio

y lo arrepentido que está.

Como el aparato le ha sido restituido sin ningún daño,

he conseguido que retire la denuncia.

Es lo que llamamos El perdón del ofendido.

-La felicito. Eso quiere decir

que mi primo no tiene nada más de lo que preocuparse.

-No podemos cantar victoria.

El robo es un delito perseguible de oficio,

por lo que el juicio sigue su curso y se celebrará en un par de semanas.

-¿Pero no era que el señor había retirado la denuncia?

-Es un gran paso y debemos usarlo a nuestro favor.

He mandado un escrito a la fiscalía

explicando la retirada de la denuncia.

He recalcado que era el primer delito de Juan Antonio

y que el robo fue sin violencia

y colaboró con la policía después de su detención.

Esperemos que esto pese.

-¿Y usted qué cree que haga el fiscal?

-Si aceptan el escrito, puede que el ministerio fiscal

retire los cargos y, en ese caso, no iría a la cárcel.

-La verdad es que hice muy bien en contratarla a usted.

Es una abogada excepcional.

Es una apuesta segura y estoy muy agradecido

por lo que ha hecho por mi primo. No podía soportar

la idea de que fuera a la cárcel por no tener con qué comer.

-Prudencia, a ver cómo respira el fiscal.

-Después de lo ocurrido he querido ofrecerles dinero,

pero no me lo han aceptado así.

Entonces, le ofrecí trabajo como fontanero en una de mis obras.

Eso sí me lo aceptó feliz

y sus hijos están muy contentos porque su papá tiene trabajo.

-Esa es la mejor solución para él y para su familia.

Para unos hijos es importante ver que sus padres trabajan

y pueden sacarlos adelante.

Crecer en un ambiente sin esperanza de futuro

debe ser terrible.

-Así es. La falta de trabajo puede destruir todos los hogares

y los niños crecen creyendo que son unos perdedores.

Eso es muy desolador.

Es el caldo de cultivo para crear futuros delincuentes.

Todo esto que ha pasado me ha dejado pensar mucho.

-Es un asunto muy serio,

por eso decidí donar mis honorarios a esa ONG.

-Lo sé y, aparte de sus honorarios,

yo hice una generosa donación a esa ONG.

-Oh, no sabía que fuese tan altruista.

-No se deje engañar por trajes costosos, señorita Nerea.

Recuerde que yo vengo de Colombia, yo he visto la miseria.

Yo sé cómo son las cosas.

Por eso, como empresario, creo que la forma más digna

de ayudar a los demás es ofreciéndoles trabajo,

así como hice con mi primo.

Conozco esa mirada.

Pensará en todas las cosas que le han dicho de mí

y ahora resulta que tengo corazón.

Bueno, me imagino que ahora sí me va a aceptar el cafecito, ¿cierto?

A mí las cosas buenas me gusta celebrarlas.

-De momento no hay nada que celebrar.

Hablaré con el ministerio fiscal y le mantendré al tanto,

señor Somoza. -Hasta luego, señorita Nerea.

-Cómo está el mundo.

Ahora los médicos, en vez de curar, matan.

-Eso dice mi abuela. No los quiere ver ni en pintura.

-No me refiero a eso. Digo el que ha salido en el periódico.

Por lo visto se cargaba a sus pacientes. Los asesinaba.

-Sí, lo estoy leyendo ahora. Los mataba con morfina.

-Sí, yo lo he visto esta mañana en internet.

-Oye, tú como psicóloga, ¿estos casos cómo se explican?

-Cada caso es un mundo. Este, al parecer, tenía Complejo de Edipo.

Revivía la muerte de su madre con cada víctima.

-¡Cómo están las cabezas!

-Perdona, eres Teresa, ¿verdad? La psicóloga.

-Sí, y tú eres el director de la UIT, ¿verdad?

Te conozco de vista. -Y yo de oídas.

Fede, encantado. -Igualmente.

-Bueno, la gente en comisaría está encantada contigo.

O sea, por lo de psicóloga y eso.

-Bueno, entonces, hablarán de mí bien.

-Sí, muy bien. Hay cada uno,

hay alguno que tiene las cabezas absolutamente revueltas

como si fuera, no sé, la habitación de un adolescente.

-Para eso estamos los psicólogos, para ayudar a organizar cabezas.

-Qué bueno. Una preguntilla. ¿Tú tratas también fobias?

-Sí, claro. -Es que he escuchado cada una...

-Bueno, hay gente que le tiene fobia al jabón.

No, que es broma, pero en plan a avispas o ranas... No sé.

-Hace poco he tratado a un paciente que tenía amaxofobia,

que es miedo irracional a conducir.

-Y no sería taxista. -Eh, no.

-Ya. ¿Y se curan?

-¿Cómo que si se curan?

A ver, depende del grado de patología que desarrollen.

Pero sí, normalmente la superan.

-Ah. Es que tengo yo un amigo un primo, vamos, uno,

que tiene fobia a los payasos. -Ah, coulrofobia.

Coulrofobia se llama el miedo a los payasos.

-Ya. -Es muy común, ¿eh?

-¿Sí? -Sí.

-Bueno. -Más de lo que la gente piensa.

Perdóname, que me tengo que ir ya. Tengo una cabeza que ordenar.

Te dejo aquí lo mío, María. Gracias. -Bien, cariño.

-Adiós.

-Oye, Fede, si algún día tienes un problemilla,

ve a verla a su consulta. Es una ardilla, eso dicen.

-¿Tú me has visto cara de tener algún problemilla?

¿Soy un bicho raro o algo?

-Para ir a un psicólogo no hay que ser un bicho raro.

-¿Qué tal el examen, hija?

Cariño, ¿cómo te encuentras?

Pues preocupado por el maldito examen.

-Me salió muy bien, papá. ¿Y tú cómo te encuentras?

-Confundido. Estaba contándole un sueño a tu madre

y, de repente, el corazón se me puso a mil por hora.

Bueno, pero las palpitaciones ya están controladas

y esperan que no se vuelva a repetir.

Y lo que es más importante, ya saben lo que las ha producido.

Tenemos diagnóstico. ¿Y?

Efectivamente, tienes una enfermedad tropical,

la enfermedad de Chagas.

Creen que te pudo haber picado un bicho

o a lo mejor has comido alimentos contaminados.

El doctor nos ha dicho que, normalmente,

es transmitida por la chinche.

Sí, es portadora del parásito "Tripanosoma cruzi".

-Menudo nombre.

-También está presente en el agua contaminada

y me tomé muchos zumos. Vete tú a saber.

Bueno, pero eso ya no importa.

Lo importante es que está controlado

y te han empezado a administrar el tratamiento específico

a base de antibióticos. Muy bien. Correcto.

Podéis estar tranquilas, tiene una alta probabilidad de curación.

-¿Cómo una alta probabilidad de curación?

¿Hay alguna posibilidad de que no se cure?

Pero muy pequeña e improbable. Tu padre se va a poner bien.

Seguro que sí. Claro que sí, ¿eh?

Ya han empezado a aplicar el tratamiento

y se va a poner fenomenal. Eso está hecho.

Además, tengo lo más importante, que es vuestro cariño

y con eso voy a poder con todo.

¡Ay, madre mía! Qué sustos nos das.

(Puerta)

Adelante.

Comisario. Pasa, Alicia.

Tengo que asignarte trabajo.

Ya sé que es competencia de Miralles,

pero sigue en el hospital y debemos echarle un cable.

Por supuesto. Siéntate, por favor.

¿Sabemos algo de Antonio? Sí.

Estaban preocupados porque los médicos no hallaban un diagnóstico,

pero me ha llamado Claudia y me ha dicho

que por fin saben que se trata de una enfermedad tropical.

Afortunadamente, la han cogido a tiempo y tiene tratamiento.

Menos mal. Me alegro.

Espero que Antonio se recupere y Claudia pueda incorporarse ya.

Yo también lo espero, pero debemos seguir trabajando.

Verás, Alicia,

quiero que revises las diligencias de todos estos casos

y que me hagas un informe con la mejor manera de atajarlos.

Llevan en punto muerto demasiado tiempo.

¿Y no sería mejor que se encargaran de esto

los agentes que llevaron estos casos?

Sí, pero, por desgracia, no puedo disponer de ellos.

Los policías que los llevaron apenas están en comisaría.

Pasan la mayor parte del tiempo patrullando y con otros casos.

Solo el tiempo que voy a tardar en ponerme al día con todo esto...

Alicia, no hay peros que valgan.

Quiero que te pongas con esto y que te pongas ya.

Supongo que el asesinato de Quintero no está entre todo esto, ¿no?

Ya sabes que no.

Lo digo porque ese caso también parece en punto muerto.

Por lo que sé, no hay ninguna novedad al respecto,

pero esa investigación sigue abierta en todos sus frentes,

pero sabes bien que, aunque tuviera alguna novedad,

no podría comentarte nada. La verdad es que no lo entiendo.

No entiendo por qué esta investigación la lleva Homicidios.

Debemos llevarla nosotros.

Nadie sabía tanto de sus manejos como esta comisaría.

No vamos a perder el tiempo en una conversación

que no llevaría a ningún sitio.

Es que no creo que haya muchos sitios a los que ir.

Somoza encargó la muerte de Quintero como las de Rober y de Jairo

¿y me pide que me quede de brazos cruzados?

Le prometí a Felisa que hallaría al asesino de sus hijos.

Estoy sintiéndome al margen y con las manos atadas.

Alicia, comprendo tu frustración,

pero no puedo hacer nada al respecto.

En Homicidios no saben lo que está pasando aquí.

¿Perdona?

Alicia, si tienes alguna información relevante del caso,

te sugiero que la compartas conmigo de inmediato.

No tengo nada nuevo que aportar.

Voy a tener que ausentarme. Tengo cita con el ginecólogo.

¿Da su permiso, comisario? Por supuesto.

(Puerta)

Iker, escucha.

Tengo que hablar urgentemente contigo. Llámame.

(Puerta)

Pase, Tano.

-La información de Julio Quintero que me pidió.

-Vamos a ver. Sírvase un trago, si quiere.

-Gracias, patrón.

Julio vivió hasta los diez años en Distrito Sur.

A esa edad, sus padres se divorciaron y su madre se lo llevó a Miami.

-Por lo que veo, era un muchacho muy aplicado.

Estudió Empresariales, Mercadeo y Nuevos Negocios.

-Hasta ahí todo normal.

Lo interesante está en la siguiente página.

-¿Es cierto esto que dice aquí? -Absolutamente, patrón.

-Vamos a ver.

-Julio Quintero recibe paquetes desde Estados Unidos,

más concretamente de Miami de un psiquiatra muy reputado.

Intercepté uno de esos paquetes

y vi que tenía medicación, así que mandé a mis chicos

a Miami a hablar con el psiquiatra.

-Espero se hayan comportado decentemente.

-Lo justo para darle un susto y que nos entregara su historial médico.

A los 14 años, a Julio Quintero le diagnosticaron trastorno bipolar.

La medicación le ayuda a llevar una vida normal,

pero no puede evitar tener un brote psicótico

o alguna depresión profunda si recibe una noticia impactante.

-Julio Quintero con un trastorno mental.

¿Quién lo iba a decir, cierto?

Por eso, cuando discutió con su padre por mí,

se puso a tirar cosas y terminó en la comisaría

con un golpe en la frente por resistirse a la policía.

Eso es que le dio una crisis de esas.

¿Su padre lo sabía? -Yo creo que no.

Su madre, probablemente, sí. Se lo diagnosticaron de adolescente.

-Y si pensaba que con las pastillas podía controlarlo, no le dijo nada.

Acaba de llegar a su vida y no quería sentir rechazo.

-Por mucha medicación que tome, no puede evitar que le pase factura.

Por eso creo que el empeño en no vender Transportes Quintero

tiene que ver con la enfermedad. -Tiene que ser de locos.

-Julio Quintero ha estado ocultando su enfermedad.

Cuando era un adolescente se sentía diferente,

por eso ahora quiere encajar y ser uno más.

Por eso ese empeño en sacar Transportes Quintero adelante

sin que la enfermedad sea un impedimento.

-Pero sí lo es.

Él quiere hacernos creer que es fuerte, pero no,

es inestable, débil. Es frágil.

-Julio es una bomba a punto de estallar

y ahora que ha muerto su padre, estará a punto de tener una crisis.

-Si no la tiene, naturalmente nosotros se la vamos a provocar.

Con Julio Quintero no tenemos que usar la fuerza,

no hace falta romperle las piernas para doblegarlo.

Con él tenemos que hundirlo psicológicamente.

Hacer que no crea en él, que no confíe en él,

que se sienta menos.

Si nosotros logramos eso, ya lo tenemos en nuestras manos.

-He hecho una lista de suministros. Acércate al pueblo y cómpralo.

Yo te relevo. Ve tranquilo. De acuerdo.

Comisario. "Iker, ¿dónde te metes?".

"Te he estado llamando. ¿No has oído mis mensajes?".

No pude cogerle el teléfono hasta ahora.

Aquí la cobertura va y viene. ¿Qué pasa?

Es Alicia. Ha estado en mi despacho y hemos discutido.

estaba muy nerviosa. "Temo que pueda cometer alguna locura"

No se preocupe, esta fase está a punto de terminar.

"Eso espero, Iker".

Pienso que esto se nos ha ido de las manos.

Cada vez hay más gente haciendo preguntas.

Quédese tranquilo. Todo va según lo previsto.

Le mantendré informado.

Alto. Arriba las manos. Alicia, ¿qué estás haciendo?

Detenerte por el asesinato de Quintero.

Te estás equivocando. Cállate y las manos en alto.

¡He dicho que te calles y las manos en alto!

Date la vuelta

y no hagas ningún movimiento extraño.

¿Puedo saber a qué viene esto?

Encontré la cartera de Quintero en tu habitación.

Me has mentido en todo.

Eres un corrupto a las órdenes de Somoza, un sicario.

Tú mataste a Quintero.

Alicia, será mejor que bajes esa pistola.

-A ver, cuenta que me das miedo. -Estoy pensando

en la manera de que Fede supere su pánico escénico.

-Ya lo sabemos, pero concreta un poco.

-Más tarde, luego, más tranquilamente.

Necesito madurar mi idea. -Espe, cuéntamelo. No me dejes así.

-No seas pesada, no te lo voy a contar.

Pero tengo clarísimo que esto va a funcionar.

Soy agente del CNI.

La muerte de Quintero forma parte de la Operación Valentina,

un operativo que llevamos a cabo con la DEA norteamericana.

¿Y tú te has prestado a este montaje?

Bueno, no lo he hecho por propia voluntad,

si es lo que te estás preguntando.

-Que tiene una recuperación dentro de unas semanas

y yo, pues eso, me he ofrecido a ayudarla

y ella me ha dicho que sí.

-¿Que sí a darle clases o a algo más?

-Quiero luchar por ella, por muy difícil que sea.

Vosotros sabíais y tú mejor que nadie, Claudia,

que la investigación de Quintero era personal.

Eso no justifica que te saltes las órdenes de arriba.

¡Joder, hubiera mantenido la confidencialidad!

Podíais haber confiado en mí.

Necesito que me des una oportunidad para explicarme.

Para que me sigas mintiendo. Eres un farsante y un manipulador

y has estado jugando con mis sentimientos y utilizándome.

Solo te he mentido en lo referente a mi trabajo

y porque estaba obligado, pero mis sentimientos son sinceros.

Nunca te mentiría sobre eso. ¿Qué? ¿Me lo vas a contar ya?

-La respuesta está aquí.

-¿Has quedado con alguien en La Parra?

-Ay, que no, tonta, que no.

Que la respuesta al problema de Fede está aquí, en La Parra.

-Tiene que aceptar esa oferta porque es la mejor que le van a hacer.

Coger el dinero después de vender la empresa,

irse a Miami y empezar de cero. Empezar una nueva vida.

Alicia, te pido un favor.

Tú eres la única persona que puede convencerlo

porque tú eres su hermana. No quiero que Julio termine como yo.

-Te juro que no vas a perder ni un solo céntimo.

No, oye, no te busques otro.

Hazlo por la memoria de mi padre, joder.

-Quinterito, ¿cómo está?

¿Cómo le va siendo el gran jefe de todo esto?

Por un lado me alegro de que esté vivo,

pero por otro es como si se me hubiese vuelto a despertar

todo mi odio hacia él.

Siempre has tenido una relación muy difícil.

Y ahora, más.

Cuando he ido a verlo me ha pedido que le abrazara.

Me ha dicho que quizá era la última vez que nos íbamos a ver.

Y ahora me siento fatal porque es mi padre, Claudia.

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Servir y proteger - Capítulo 287

21 jun 2018

La inspectora jefe Miralles es la policía más veterana de la comisaría del Distrito Sur. La inspectora Alicia Ocaña se incorpora a la comisaría. Ambas son el eje en torno al que gira la vida personal y profesional de sus compañeros y los casos policiales que afectan al barrio.

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