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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 276 - ver ahora
Transcripción completa

No te lo tomes a mal, pero...

pero creo que...

la denuncia por negligencia te sigue doliendo.

Quizá deberías compartirlo con ella. -¿Lo de la prejubilación?

-Si vuestro matrimonio funciona tan bien,

es por la confianza que os tenéis, agárrate a eso.

-Puede ser algo pasajero.

Dentro de unas semanas se me habrá olvidado.

-Si es pasajero, lo habréis pasado juntos.

Si no, ella tiene derecho a estar ahí.

"Mal días para las apuestas,

no vayas por el garaje de Barlovento".

"Para que dudes en qué bando estoy".

Uno de mis confites conoce a un tipo que mueve mucho dinero,

y que no se pierde una pelea.

Pero, casualmente, no estaba cuando hemos hecho la redada.

¿Y tenemos su identidad? Sí, es Cayetano Céspedes,

alias el Tano, uno de los guardaespaldas de Somoza.

¿Estás seguro de eso? Totalmente, sí.

¿Está usted herido?

No.

¿Puede quitarse la venda?

Parece una herida producida por la mordedura de un perro.

Me mordió el pastor alemán de un amigo en su casa de la sierra.

En los montes de Toledo.

Entonces, deme el nombre y el teléfono de su amigo.

Ese vicio suyo lo ha puesto en el punto de mira de la policía.

-La policía no tiene nada contra mí, están dando palos de ciego.

-Claro, palos de ciego.

¿Por eso estaba la inspectora jefe en las oficinas?

Ese vicio le corre por las venas, y eso lo va a meter preso.

¿No dices que solo te estuvo sondeando?

Quiero que averigües por qué.

Está bien,

sumaremos eso al favor del soplo que te ha librado de la cárcel.

A cambio tú harás algo por mí. No voy a matar a Quintero.

No soy un asesino. Tendrás que convencer a Somoza.

Un tío al que le vuelven loco esas peleas

y, precisamente, no está en el momento de la redada.

¿Qué estás insinuando?

Alguien tuvo que avisarle.

Me alegro mucho de verte.

-Quiero conocerlo.

-Se me está removiendo todo por dentro.

-¿Cómo todo? -Entiéndelo, en el pasado estuve...

muy enamorado de ella.

-Está removiéndole cosas por dentro.

-A ver, lo veo perfectamente normal.

-¿Y también ves normal que en la frutería me presentara

delante de ella como su amiga, muy buena amiga.

No su novia, ni su pareja, sino una buena amiga.

-¿Y tú qué? De amores, digo. -Bien, no me quejo.

-¿Y tú, Marina? ¿De novios? -No hay nada importante.

Nada que se parezca a lo que tuve con tu padre.

-Necesito pedirte que ayudes a nuestro padre.

Papá te quiere con locura.

En estos momentos tan duros, si tuvieras un gesto,

le ayudarías mucho.

-"Nerea, tengo que comentar unos asuntos contigo".

-Estoy en Distrito Sur.

-"Supongo que con algún caso del turno de oficio".

"Pasa urgentemente por mi despacho".

-¿Sabes por qué quiere verme? -A primera hora de la mañana

tenía que recibir un informe fiscal para Mario Ortega.

-Ha sido un error puntual. -¡No es un error puntual!

¡Ya que sé cuáles son tus prioridades, termina ese informe!

-Me siento peor que cuando estaba en la cárcel

y descubrí que había perdido a tu madre para siempre.

Pues libérate de esa carga.

Hazlo por todas las personas que has dejado por el camino.

O por los que podrían morir si tú no reaccionas.

Por favor, papá.

(Música emocionante)

Necesito que confíes en mí.

Cuéntame por qué murió Jairo.

¿Quién lo asesinó? Necesito saber la verdad.

Dime si...

la muerte de Jairo tiene algo que ver

con negocios de narcotráfico.

Si confías, te sentirás mejor contigo mismo.

La verdad que me sentiría mejor.

Sí.

Conseguiremos que Jairo, por fin, descanse en paz.

Por favor...

Denuncia.

Denuncia a Somoza.

¿Cómo?

Espera, espera...

Espera, Alicia.

Dios, pero cómo he podido ser tan tonto, y tan imbécil.

Por un momento te estaba creyendo.

¿Qué?

Tú no has venido para preocuparte por mí

ni para saber cómo estoy.

Ni para intentar animarme.

Has venido para conseguir una confesión por mi parte

que implique en algo a Somoza, ¿no?

Julio te dijo que yo estoy débil y te has presentado aquí...

aprovechándote de cómo estoy,

para manipularme, llamándome papá, cogiéndome la mano...

Para que me rinda y haga esa confesión.

Eso no es verdad.

¡Dios...!

Dios...

Jamás me pude imaginar que podías llegar a ser tan...

tan cruel y tan despiadada.

A lo mejor soy tan cruel porque he salido a ti.

Bien, bien, eso es buena señal.

Por fin reconoces que entre tú y yo hay rasgos en común.

Creo sinceramente que si confiesas te sentirías mejor contigo mismo.

¿De verdad crees eso? Sí.

El único camino que tienes para demostrar

tu amor por Jairo es la ley. ¡Me importa una mierda la ley

y la justicia de este país! ¿Y sabes por qué?

Porque me han dado muchos palos, me han hecho mucho daño,

y no solo a mí, sino también a mi familia, que es la tuya.

Y si te hubiese importado algo,

si hubieses sabido quiénes somos desde el principio,

entenderías mi forma de ser.

Si quieres que mis sentimientos hacia ti cambien,

deberías demostrarme que has cambiado.

¿Yo te tengo que demostrar a ti que he cambiado?

Cuando ni siquiera sabes quién soy...

¡Reconoce que has cometido muchos errores!

He cometido muchos errores, y los seguiré cometiendo en mi vida.

Y el último que he cometido ha sido este.

Creer que tú habías venido aquí

para interesarte por mí.

Pero no has venido a eso.

Has venido por tu trabajo, a conseguir esa confesión de Somoza,

¡porque yo te importo una mierda!

Eso no es así. ¿A quién quieres engañar, Alicia?

Te has presentado aquí para manipularme

de la forma más fea y sucia que se puede hacer.

Necesito que se haga justicia.

Que los responsables de la muerte de Róber y Jairo paguen.

¡Yo también necesito lo mismo! Pero que paguen ante la justicia.

Y para eso necesito tu ayuda.

Pues haber dicho la verdad desde el principio.

¡Haber venido a las claras, joder!

Por atrapar a Somoza soy capaz de cualquier cosa.

Aunque sean cosas que no me gusten.

Así me gustas más.

Sin mentiras.

¿Sabes una cosa, Alicia?

Desde el momento en que me enteré que era tu padre,

que tú eras mi hija,

me he puesto delante de ti con el corazón en la mano.

Y solo he recibido de ti humillaciones, desprecios,

insultos... Nada más.

Pero me he vuelto a poner delante de ti, sumiso.

Siempre te he ayudado en todo lo que has necesitado,

incluso cuando necesitaste dinero para rescatar a Marcelino,

también estuve ahí. Te he dado mi sangre.

Y tú nunca me lo has agradecido.

Te lo he agradecido cuando debía. ¿De qué forma?

¿Cómo lo has hecho?

¿Por compromiso?

Sin el más mínimo afecto.

No sabes lo doloroso que resulta ahora mismo todo esto.

No sabes lo doloroso que es darme cuenta de lo...

falsa y manipuladora que puedes llegar a ser.

A partir de ahora,

renuncio a tener la más mínima esperanza

de recibir de ti...

cualquier tipo de afecto por pequeño que sea.

¿Qué quieres decir?

Que desde ahora mismo,

dejo de considerarte mi hija.

A partir de ahora solo serás Alicia Ocaña,

la inspectora de policía.

No mereces otra consideración,

y yo tampoco merezco recibir más humillaciones por tu parte.

Y ahora, si no te importa,

te pido, por favor, que salgas de mi casa,

y no vuelvas nunca más.

-Hola.

¿Qué pasa? Estáis muy tensos.

¿Ha pasado algo?

He...

He venido a ver a tu padre, como me pediste, pero...

ya está todo dicho.

Paty, tú que estás tan enterada de los locales,

¿te suena uno por el centro que se llama Yellow?

-Ah, el Yellow, lo abrieron hace poco, está de moda, sí.

-¿Y qué tal el rollo de la clientela? Me voy a pasar esta noche.

-Yo no lo he pisado, pero por la zona en la que está

y lo que habla la gente,

yo diría que es de pijos, modernos... Ya sabes.

-Qué mal rollo. -¿Tienes una cita ahí?

-Sí, he quedado esta noche.

-Si no te gusta, te cambias de garito.

-No puedo porque el sitio lo ha elegido ella

y no quiero ser quisquillosa al principio.

-Así que has quedado con una pijita, ¿eh?

-Bueno, supongo.

Pero lo que me cuentas del local no me mola.

-Vamos a darle una oportunidad,

igual la chica no es tan pija como el sitio.

-Pues sí. -Hola, Teresa.

¿Te pongo algo? -Una tónica, por favor.

-Con limón, ¿no? -Sí, gracias.

Hola, Nacha. -Hola.

-Gracias.

-Si no queréis nada más,

voy a la terraza, que la tengo abandonada.

-El Yellow no es tan pijo.

Con unos pantalones negros y una camisa escotada vas fenomenal.

-¿Estás haciendo méritos para convertirte en mi asesora de imagen?

-Perdona, no he podido evitar oír el final de la conversación.

-Nadie te ha pedido opinión, ni del vestuario ni de nada.

Cómo me vista o adónde vaya es asunto mío.

-Perdóname, era por hablar de algo.

No vamos a hacer como que somos dos extrañas, ¿no?

-Yo lo prefiero, Teresa.

-Es un poco ridículo.

Lo mejor sería tratar de mantener una relación cordial.

-¿Cordial? Pero ¿de qué cordialidad me hablas?

¿Debo aceptar que mi expareja que me ha engañado con otra

venga a hacer de asesora de imagen personal?

A mí ese cuento, y esa modernidad tuya no me van nada.

Hola, comisario. Hola, Nacha.

Y hasta luego...

¿Le pasa algo?

No, está molesta, pero no es nada importante.

Nacha es una mujer de carácter...

fuerte, y cuando se enfada puede ser un poco...

Borde es la palabra que buscas.

Veo que no te andas con paños calientes.

Tiene mucho carácter, no es nada malo.

Por supuesto.

Me tengo que ir. Hasta luego. Adiós.

Maldita sea...

Nunca me podría haber llegado a imaginar

que tu hermana llegase a hacer algo tan feo y tan sucio.

-Lo siento, ha sido culpa mía. -No ha sido culpa tuya.

Ella se ha presentado manipulándome para conseguir esa confesión

que inculpe a Somoza.

-Pensaba que hablar con ella te sentaría bien.

-Ella me ve como un monstruo y me seguirá viendo así

el resto de mi vida.

-¿Dices en serio que renuncias a tener cualquier relación con ella?

-Sí, lo digo muy en serio, porque cuanto antes lo asuma,

mejor será para mí y para todos.

(Teléfono)

Discúlpame un momento.

Dime, Muñoz, ¿qué pasa?

-Espera, espera, habla más despacio, no me estoy enterando de nada.

Sí.

No te preocupes, yo estoy en mi casa,

pero salgo corriendo a la oficina e intento resolverlo.

Sí, hombre, ve haciendo llamadas desde el coche,

tú quédate pendiente del teléfono.

Estate atento por si te tengo que llamar.

Hasta luego.

-¿Qué pasa con Muñoz?

-Tenemos problemas con la ruta de Algeciras.

Muñoz viene de allí con una mudanza de muebles,

y parece que lleva dos horas de retraso.

Se ha quedado tirado en un área de servicio

porque se ha roto el cigüeñal del camión.

-¿Y no lo puede solucionar Muñoz o el contacto de Algeciras?

-No, de todo eso se ocupaba Jairo, maldita sea,

y sin él estamos bastante perdidos.

Parece mentira el respeto y el cariño

que le tenían todos los trabajadores, y ahora...

El caso es que...

no podemos cagarla con ese transporte porque...

además de los muebles lleva otro tipo de mercancía,

ya me entiendes...

-Yo he intentado poner orden en la oficina, pero como no te ven,

piensan que la empresa va a la deriva.

-Tendré que volver a coger el mando

para darle confianza y tranquilidad a nuestra gente.

-Así se habla.

Si te ven entero, ellos se pondrán las pilas.

-No consentiré que se vaya a la mierda

lo que tanto nos costó conseguir. -Menos mal,

pensé que Somoza nos ganaría la partida.

-No, hijo, no permitiré que pase eso.

Vamos a redoblar nuestros esfuerzos

para acabar de una maldita vez con ese colombiano.

Aunque parezca mentira, creo que la visita de tu hermana

ha terminado dándome fuerzas.

-No perdamos más tiempo. Vámonos.

Los trabajadores agradecerán verte. -Voy a por la chaqueta.

-¿Qué tal, Iker? ¿Qué tal?

¿Qué te apetece? Un zumo.

Iker, escucha.

No te había felicitado por vuestro trabajo

al desmantelar la red de peleas de perros.

Muchas gracias, comisario.

Siempre viene bien que le feliciten a uno, para variar.

¿Qué está pasando?

¿Por qué tanta prisa en hablar conmigo?

Estoy hasta las narices

de que Ibarra me persiga como un perro de presa.

¿Por qué sabes que te persigue? ¿Te ha dicho algo?

Digamos que ha oído campanas.

Deberás de aguantar la presión.

Supongo que estás acostumbrado a ello.

Y a cosas peores.

Pero si usted pudiese hacer algo más, comisario...

A ver...

Ibarra cumple su trabajo y tú tendrás que bregar con ello.

A veces es una mosca cojonera, pero qué quieres que te diga...

Yo he intentado echarte algún capote.

Pues no es suficiente.

No puedo significarme más.

Está bien, comisario, está bien...

Tengo que irme, espero una llamada de Jefatura.

Estás invitado.

Paty, aquí te lo dejo.

Gracias, comisario.

-Me sabe fatal estar de brazos cruzados,

¿no te puedo ayudar?

-No, ya ves que la faena va saliendo bien.

-Se te da bien ser comerciante.

Quién te lo iba a decir hace unos años.

-Marina, una cosa,

esos años ya están enterrados.

Mi presente y el de David ahora es otro.

Nos estamos adaptando tan bien a este barrio

que me gustaría pensar que vamos a echar raíces aquí.

-Me hace gracia tu papel de amable tendero.

Estás tan lejos del Jesús que conocí...

-Te lo vuelvo a repetir, esos años ya no existen.

Y menos para David.

Por favor, no vuelvas a mencionarlo.

-Lo entiendo y lo respeto, tranquilo.

-Bien.

-Pero ahora David no está,

y hay algo que me gustaría preguntarte.

-Está bien, dime.

-Es sobre tu hermano.

Lamento no haber estado ahí cuando... Ya sabes.

¿Cómo sobrellevaste su muerte? -Mal, muy mal.

Fueron varios palos seguidos.

Tú nos abandonaste,

luego murió mi hermano Jorge y...

todos terminaron en manos de la policía.

Así que...

alejarme de la banda de Toño

y de ese ambiente, fue lo mejor que pude hacer.

-Me imagino que lo peor debió de ser perder a Jorge.

Estabais muy unidos.

-Perderte a ti también fue muy duro.

Pero, por suerte,

David me dio fuerza para salir adelante.

-Eres un gran hombre,

y yo no te merecía. -No, no...

Pero tal y como te portaste, eras tú quien no merecía a David.

Perdona, no quería decirte eso.

-Tranquilo.

En aquellos años y no...

no era persona, no sabía lo que decía,

ni lo hacía, ni lo que pensaba...

-Ya lo sé.

Créeme que yo ya te he perdonado.

-Me imagino que debió de ser muy duro cambiar de vida.

-Sí. Pero tenía la mejor motivación posible:

David.

-Podrías haber acabado como Jorge.

O en la cárcel como el resto de la banda.

-Y nuestro hijo podría haber ido a Servicios Sociales,

sin un padre y una madre que se ocuparan de él.

Por eso decidí romper con todo,

para darle un futuro mejor a nuestro hijo.

-Me alegra que lo alejaras de toda aquella mierda.

-Sí, Marina, y esto tiene que seguir así.

No quiero que todo lo que vivimos lo salpique.

Tiene que ser un secreto.

¿Lo entiendes? -Lo entiendo.

Y entiendo que le dijeras que estaba muerta.

-En ese momento pensé que era lo mejor.

Él no tenía uso de razón, no tenía recuerdos tuyos.

Sinceramente, no pensé que volverías a nuestras vidas.

Ni me imaginé que él insistiría tanto en buscarte.

-Supongo que es normal que se haga preguntas.

-De hecho...

se puso a investigar como un loco.

Estaba tan desesperado el pobre que decidí llamar a...

a Ester, sin tener muy claro...

qué me iba a encontrar. -Me alegra que lo hayas hecho.

Si no, nunca habría aparecido en vuestras vidas.

Jamás.

Lo sabes, ¿verdad?

-Ya he hecho todos los recados.

Traigo la lista del pedido de la taberna para mañana.

-Dámela, así avanzo trabajo.

-Oye...

¿puedo ir con Marina a dar una vuelta por el barrio

y así nos contamos más cosas?

-Está bien. Seguro que está harta de verme ordenar género todo el rato.

-Iremos hacia el Parque de la Dehesa.

-Necesito que estés aquí, como máximo, en dos horas.

Tengo que cambiar a la furgoneta unas bombillas.

-Estaré aquí como un reloj.

Además, habría que irse pronto a casa,

porque tenemos que preparar la musaka.

-Sí.

-Hasta luego, Jesús. -Hasta luego.

-¿Así que policía? -Sí.

Papá quería que fuera médico,

pero he descubierto mi vocación de policía.

-¿De dónde te viene esa vocación? -Fue aquí, en el barrio,

al estar en contacto con los policías de la comisaría.

Lo vi claro.

-Suena peligroso, ¿no? -No te creas.

Mi amigo Fede que es inspector en la UIT,

la Unidad de Investigación Tecnológica,

a los malos los persigue en internet.

Apenas sale de su despacho, no tiene nada de peligroso.

-Si llegas a ser policía,

ojalá puedas trabajar como tu amigo de la...

-De la Unidad de Investigación Tecnológica.

Pero no lo creo.

A mí no se me da muy bien eso de la informática.

-¿Y cómo te ves?

¿Corriendo detrás de los malos? -No lo sé todavía.

Lo que sí tengo claro es que quiero intentarlo.

-Ya.

¿Y qué piensa tu padre de que quieras ser policía

en vez de médico?

-Al principio no se lo tomó muy bien.

No quería ni hablar del tema.

-¿Y no te ha dado las razones por las que no quiere que seas policía?

-Lo único que me decía es que había soñado con eso de doctor Merino.

-(MARINA ASIENTE)

A mí también me gustaría que fueras médico.

-Ya, pero no me tira.

Y si papá dio su brazo a torcer, espero que tú también lo hagas.

-Yo te apoyaré al cien por cien en todo lo que decidas.

-Gracias. -Hola, David.

-Hola, Paty.

Te presento a Marina.

Marina, Paty.

-Encantada. -Igualmente.

-Nos vimos el otro día, que...

nos preguntaste por la calle de Los Molinos,

¿te acuerdas? -Claro que me acuerdo,

os estaba siguiendo.

Quería ver a David de cerca.

Supongo que te parecería un poco loca.

-No pasa nada, lo entiendo totalmente.

-Paty está al tanto de todo porque...

se lo he contado.

-David se ha esforzado mucho en encontrarte.

Cuando supe que lo había conseguido me alegré un montón.

-Yo también me alegro de estar aquí, creo que es...

la mejor decisión que he tomado en mi vida.

-¿Dónde vais ahora?

-A dar una vuelta por el Parque de la Dehesa.

¿Quieres venir?

-Ojalá pudiera, pero tengo el bar...

Pero pasadlo bien. -Vale.

Hasta otra. -Encantada.

-Igualmente.

-Vamos. -¿Puedo?

-Sí.

-¿Hacia allá o hacia allá? -Vamos por ahí.

-¿Qué pasa, compañero? -Y esa sonrisa, ¿qué?

¿Qué llevas en la caja? -Es un regalo de un colega de Italia.

-Limoncello. -Sí, limoncello.

Es un licor de limón.

Esto te lo pones bien fresquito después de cada cena, vamos...

Bocatto di cardinale, ¿lo has probado?

-No. -Pues deberías probarlo

porque es una maravilla.

-Los licores y yo no nos llevamos muy bien.

-Una cosa son los licores y otra es el limoncello.

Cuando acabe la jornada,

abro la botella y te invito.

-Yo no puedo beber, me lo ha prohibido el médico.

-Ya...

Perdona... Claro, lo del...

-No lo arregles que es peor.

Exalcohólico, hay que llamar a las cosas por su nombre.

Tranquilo, que lo tengo controlado.

-Controlado y superado. -Vamos a dejarlo en controlado.

-Hola, chicos. -Pero, bueno...

-¿Estoy bien así? Es que, no es mi estilo.

Lola se ofreció para dejarme algo chulo.

-Yo te veo chévere. ¿Tú qué dices, Fede?

-Requetechévere. ¿Tienes plan hoy?

-Tiene un planazo que no veas.

-Gracias por los ánimos, chicos, porque estoy como un flan.

-Flan feliz, ¿recordáis el anuncio?

"Flan feliz, sonlisa de oleja a oleja".

-¿Qué, en plan sonrisa de boba?

-No, no, sonrisa de alegría,

de ganas, de ilusión.

-Quiero causarle buena impresión a Yolanda.

Yolanda es mi cita.

Pero no sé si ir en plan supersonriente,

o más como sonrisa seca...

¿O seria? Seria estoy más interesante.

-Tú sé tú.

-¿No os conocéis aún?

-Qué va, es un ligue por la red.

Pero me requetechifla, la verdad,

y es simpática, guapa...

-Échale freno a las expectativas,

porque no os conocéis y en internet se miente mucho.

-¿Por qué eres tan aguafiestas?

Me ha mandado mensajes que me dan buenas vibraciones.

¿Queréis ver una foto que me ha mandado hace un rato?

-Yo quiero, sí. -Mira.

En los últimos carnavales disfrazada de troglodita.

-¡Qué cachonda!

-Sentido del humor no le falta. -Eso es bueno, ¿no?

-Ya tiene un punto ganado.

Vete ya, que vas a llegar tarde.

-Sí, sí, no quiero llegar tarde en la primera cita.

¿Bien, entonces? Deseadme suerte. Chao.

-Espero que le vaya bien, aunque no lo tengo muy claro.

-¿Cómo ha ido el paseo? Hace una tarde estupenda.

-Se me ha pasado volando.

El parque es precioso,

pero ha sido mucho mejor la conversación.

Le he contado a David cosas de ti que no sabía.

-¿Como qué?

-Lo nervioso que te pusiste cuando quedábamos sin la pandilla.

¿Te acuerdas?

-Sí, era un poco pardillo.

-Tenías la edad de David más o menos, ¿no?

-¿Y quiénes eran esos de la pandilla?

-Amigos a los que perdí la pista. -Sí.

¿Y a qué no sabes otra cosa?

Me encantaba poner a tu padre así de nervioso.

Era más echada "p'alante" que él.

Y le tuve que robar los primeros besos.

-¿Es verdad, papá? -Sí, era, era...

era cohibido.

Pero tienes que entenderlo,

tu madre era la mujer más guapa que había visto en mi vida.

Tenía unos ojos preciosos. -Como ahora, ¿no?

-Sí, sí, como ahora.

-No se preocupe,

le prometo que lo voy a meditar.

Sí, lo entiendo.

Pero, como le dije, tengo que pensarlo con calma.

(Puerta)

No se preocupe, Sofía, que yo la llamo estos días.

Bueno. Un beso.

Mi exesposa, Sofía, me está haciendo una propuesta comercial.

-¿Va a hacer negocios con doña Sofía?

-No, hombre, ¿cómo cree?

Andrés tenía un apartamento en Miami. -Sí, lo sé.

-Cuando Andrés murió, quedamos dueños de ese apartamento.

Ahora parece que se lo quiere quedar ella.

-¿Quiere que se lo regale? -No.

Me está haciendo una propuesta económica.

Andrés pasó muchos ratos buenos ahí,

y parece que ella quiere ir cuando le convenga.

-Doña Sofía estaba muy unida a Andrés.

Quedó destrozada con su muerte, en el funeral estaba rota.

-¿Y eso qué?

Yo también estaba roto.

Que no llorara delante de todos no quiere decir nada.

Yo sufrí igual o más que ella. -Lo sé, patrón.

-Y recuerde que hace unos años,

la vida me arrancó a mi adorada Valentina.

-¿Va a aceptar la propuesta de doña Sofía?

-No lo sé.

No quisiera perder esa propiedad.

Pero no nos desviemos del tema. ¿Qué es lo que quiere?

-Traigo información sobre Nerea Ocaña,

pero podemos hablarlo mañana, cuando esté usted más animado.

-¿Qué pendejadas dice, Tano?

Dígame todo lo que tiene sobre Nerea.

-Parece que tuvo una fuerte discusión con su tío.

Marcelino Ocaña piensa que Nerea

usa demasiado tiempo en el turno de oficio,

y tiene desatendidos a los clientes.

Nerea no se ha tomado bien la reprimenda de su tío.

Se les oyó discutir desde fuera del despacho.

-Bien. ¿Y quién es su informante?

-Alguien de dentro.

-¿Esa información es fresca? -De hace un rato.

-Muy bien, Tano, se ha ganado el sueldo.

Con esto hace que se me olvide un poco

la cagada que hizo con la apuesta de perros.

-Se lo agradezco, patrón.

¿Cree que le será útil esta información?

-Por supuesto.

Usted manténgase alerta.

-Sí, ahora empieza la temporada de las fresas,

durante un mes las tendremos cada día.

-Gracias. -Hasta luego.

-No sé si lo estoy haciendo bien. -No te preocupes.

¿No prefieres esperarnos en casa?

Todavía quedan dos horas hasta la cena.

-Prefiero quedarme a hacerte compañía, si no te molesta.

-Claro que no, estoy encantado de que me cuetes cosas.

-Ya...

Pero ahora cuéntame tú.

¿Qué tal con Paty?

Es maja y se ve que es simpática.

Entiendo que sufrieras cuando lo dejasteis.

-Ya lo he superado.

-Ya...

¿No te sigue haciendo tilín? -No

No voy a estar pillado de alguien que no me quiere.

Pero seguimos siendo buenos amigos.

-Ya lo he visto. Me parece bien.

¿De verdad no quieres volver con ella?

-Algo la echo de menos, pero es mejor pasar página.

-¿Qué pasó, había alguien más? -No.

Es una historia muy complicada y muy larga.

Yo sé que ella necesita tiempo, y yo no quiero agobiarla.

Además, lo pasé muy mal cuando rompimos,

y no quiero volver a sufrir.

-David, si te gusta de verdad,

y creo que sí,

no dejes pasar la oportunidad de ser feliz.

Te podrías arrepentir de dejar pasar a la mujer de tu vida.

-Es lo que te pasó a ti con papá, ¿verdad?

-Sí, sí.

Solo que en nuestro caso,

dejé pasar la oportunidad

por mi drogadicción.

-Tienes mucho mérito por haber superado esa adicción.

-Bueno,

solo que me curé demasiado tarde.

Cuando os había perdido a tu padre y a ti.

-Lo importante es que ahora estás bien,

y volvemos a estar juntos.

Se te ha puesto una cara...

¿Qué te pasa? -Nada.

Nada, solo pienso en...

las cosas que he perdido y que no voy a recuperar.

-Pero ¿qué dices? A mí ya me tienes.

Y, lo más importante,

te queda toda una vida por delante.

-Los he visto antes,

Marina iba agarrada de su brazo y David no podía estar más feliz.

-Normal, con lo mal que lo ha pasado...

-Pues sí.

Me alegro de que, por fin, ha encontrado a su madre.

-Pues sí.

Y que ha venido para quedarse.

-¿Cómo dices?

-Pues eso, que Marina ya no se va a separar de su hijo.

Ni de Jesús...

-Ay, ay, ay, ya sé por dónde vas...

-No voy por ningún sitio.

Solo intento ver la situación fríamente.

-¿Tú has hecho lo que te dije?

¿Has propuesto a Jesús ir contigo a la verbena de la Plaza Concordia?

-No puede por Marina.

Esta noche van a cenar en familia, le va a preparar musaka.

Yo no sabía que él supiera hacer musaka.

-Lo siento, María.

-Es lo que yo te digo,

si Marina está en la vida de David,

también estará en la de Jesús.

-Pero tú también ocupas un lugar en la vida de Jesús,

y ella no te lo va a quitar.

-No lo sé. Desde que ha aparecido están siempre juntos.

-Es normal, Lo hace por su hijo.

-Yo también sé que es normal,

y me da mucha rabia tener...

estos celos.

Me da por pensar, y le doy vueltas...

-Y te montas unas películas que flipas.

-Yo sé que cuando te cruzas con alguien a esta edad,

cada uno lleva su mochila, y sus recuerdos...

Y sus sentimientos... -Claro.

Es la vida. -Y lo asumo.

No puedo evitar sentirme un poco mal.

-Tú no te agobies.

Jesús está separado de Marina, y que ella haya vuelto,

no significa que quiera recuperarle ni nada por el estilo.

Jesús es tu pareja y tienes que confiar en él.

-Pero no lo conozco tanto.

Sin embargo, ellos dos tienen...

muchas cosas en común.

Solo con mirarse ya se entienden.

-María, no exageres.

¿Por qué no vas a hablar con él?

-¿Y que piense que estoy loca?

Incluso me invitó a cenar con ellos.

-¿Y tú le dijiste que no?

-¿Qué pinto yo en esa cena? -De verdad, no te entiendo.

¿Así quieres luchar porque nadie ocupe tu lugar?

Eres la novia de Jesús, y tienes derecho a estar en esa cena,

porque formas parte de su vida.

¿Lo entiendes?

-No me riñas tú también.

-Es que me da rabia verte así.

No es Jesús quien te está excluyendo, eres tú quien lo hace.

-Porque me da corte.

Allí me siento como una intrusa.

-Pues quiero que vayas y le digas a Jesús

que lo has pensado y que quieres ir a cenar.

-Eso no puedo hacerlo.

Le dije que tenía que mirar papeles, que mañana tengo gestor.

-Pues le dices que me lo has encargado a mí, y ya está.

-Hombre...

les podría llevar unas natillas.

Me han salido muy buenas.

Así no voy de manos vacías.

-Anda, que me quedo yo cerrando.

-Voy a por las natillas.

-El súper está con las persianas bajadas.

Por suerte, tienen una encargado muy maja

y me ha vendido el queso rallado.

Y he cogido una botella de vino blanco,

le va bien a la musaka. -Sí, sí, perfecto.

Venga, vamos.

-Yo no bebo vino. -¿Y eso?

-Bueno, de un tiempo a esta parte no tomo nada tóxico.

-Vamos, que se nos echa el tiempo encima.

-¿Has recogido dentro? -Sí, pero échale un vistazo.

Y tráeme la chaqueta, por favor. -Y mi bolso.

Qué rara se me hace esta situación. -A mí también, pero...

me siento genial de ver a David tan feliz.

-Pero no me invites a cenar todas las noches,

no penséis que soy una gorrona.

-¿Qué dices? Puedes venir a cenar las veces que quieras.

Y sin avisar. -No.

Tú tienes una vida.

-Un amigo me ha enviado un mensaje

para que vaya a la verbena de la Plaza de la Concordia.

No os importa, ¿verdad?

-O podemos ir los tres.

-Ya veremos, que mañana hay que madrugar.

Yo tengo que centrarme en la musaka.

-Me siento un conejillo de indias. ¿Sabes preparar eso?

-Si desconfías puedes repensarlo. -Está bromeando, papá.

-Ya lo sé, hijo...

-Buenas. -Ah, hola.

-Qué bien que os encuentro.

-Yo pongo el vino en la nevera.

-No, esperamos a tu padre y vamos los tres.

-Vale, como quieras.

-¿Qué te sirvo?

-Solo venía a traeros unas natillas que me han salido muy ricas.

Para que las comáis de postre. -Muchas gracias.

-¿No quieres venir a cenar con nosotros?

-No, Jesús, me tengo que quedar con todo el papeleo.

Mañana tengo cita con el gestor.

Que lo paséis bien. -Gracias.

-Hasta luego.

-No se preocupe, caballero, es más habitual de lo que parece.

No es el primero que cree que le han robado el coche,

y lo ha dejado en otro lugar.

-Es que, me falla la memoria.

-La próxima vez hágale una foto y así no se lleva un susto.

-Bueno, gracias.

Y perdone.

Para eso estamos, caballero. Buenas noches.

¿Y tú no deberías estar bailando con Yolanda?

-Vaya desastre, Elías, vaya desastre.

-¿Qué pasa, no te ha gustado? ¿No era guay?

-Sí, era fenomenal, era una preciosidad.

-¿Entonces...?

-El problema es que yo tenía todo el rato mi cabeza en otra parte.

-¿En otra parte o en otra persona?

-Sí, en esa persona que tú y yo sabemos.

-Pues vaya chasco.

-Sobre todo para la pobre Yolanda, que me estaba hablando

y yo tenía a Teresa en mi mente.

Y después me hablaba de otra cosa que no tenía nada que ver,

y yo seguía pensando que diría Teresa.

-Desde luego, no tienes arreglo.

Quedas para olvidarte de Teresa y te la llevan en la cabeza.

Por lo menos duró poco el mal trago.

-En media hora me he dado cuenta que no iba a ningún lado,

por eso me vine.

-¿Y la chica se ha enfadado?

-Pues no mucho, no mucho...

Le he dicho: "Es la primera vez que quedo

después de romper la relación con mi pareja, y..."

Y lo supo entender.

Tú tenías razón con lo que dijiste que un clavo saca otro clavo,

¿no era verdad? Fijo, no.

-¿Por qué no vamos a la sala de descanso,

no hacemos una infusión...?

-¿Tienes un minuto? Tengo algo para ti.

-Por supuesto.

¿Te importa adelantarte un poco y me haces un poleo menta?

-Vale.

Chao, Fede. -Hasta luego, compañera.

¿No tenía que estar Nacha con ese ligue?

-Le ha ido fatal, ya te lo dije.

-Claro, tú estas cosas del corazón las controlas muy bien.

Igual tengo que pedirte asesoramiento.

-No lo hagas. Yo en asuntos del corazón estoy pez.

Pero conozco mucho a Nacha

y sé que ella no es de pasar página ante el primer fracaso.

-Es sobre el caso de las tarjetas clonadas.

Mañana lo comentamos tranquilamente.

-Bueno, compañero, hasta mañana. -Buenas noches.

-Hola.

¿Qué? ¿Estás muerta?

Sí, agotada, la verdad.

¿Tú sigues trabajando para mi padre?

No, esto es del turno de oficio.

Antes me quedaba en el despacho si tenía que preparar una defensa.

Pero tal y como están las cosas con tu padre...

no es buena idea.

¿Ha pasado algo que yo no sepa?

Sí, que hemos tenido una bronca.

Cree que descuido el trabajo del bufete por culpa de esto.

Mi padre a veces es demasiado exigente.

En parte tiene razón.

Últimamente he estado tan concentrada en el turno de oficio,

que se me pasó un mail que me reclamaba un informe fiscal

para uno de sus mejores clientes.

Un fallo lo tiene cualquiera.

Pero esto era importante. Las cosas como son.

Además, tu padre es mi jefe,

y si considera que no estoy prestando atención al bufete...

¿Tanto como para que te cayese una bronca por un mail?

Pero desconfía que vaya a poder con todo.

Yo creo que si no me metiese tanta presión,

se daría cuenta de que puedo compaginar bien todo.

Ya lo estás haciendo, y seguro que él se dará cuenta.

Eso espero. Pero vamos a dejar el tema.

¿Tú qué? ¿Algún marrón gordo en comisaría?

Que tienes una carita...

Estoy así por Fernando Quintero.

¿Qué ha hecho ahora? Esta vez he metido yo la pata.

¿Por?

Julio me pidió por favor que fuera a visitarle.

Está bastante afectado por...

por la muerte de Jairo.

¿Y quería que lo consolases tú?

Menuda ocurrencia. Si os lleváis fatal...

Yo también pensé que era buena idea, quise...

aprovechar su momento de debilidad

para que se abriera conmigo y me confesara sus delitos.

Yo tampoco me siento orgullosa.

En ese momento...

es lo primero que se me vino a la cabeza...

No sé, ese era mi plan inicial.

¿Y qué salió mal?

Sentada frente a él, las cosas no eran tan fáciles

como me había imaginado. Y...

Casi todo lo que le dije era verdad, no tuve que fingir.

Espera... Creo que me he perdido algo.

He descubierto

que tengo sentimientos contradictorios hacia él.

Al principio, me costó mucho manipularlo.

No lo hice bien. Él se dio cuenta y cargó contra mí.

Me dijo que no quería tener una relación conmigo,

y no me reconocía como hija.

Ahora estáis iguales, tú tampoco quieres una relación con él.

Pero no es tan fácil, por eso...

necesitaba hablar contigo.

En el fondo, me gustaría mantener una relación, perdonarle, y...

No sé, conocerlo mejor.

No sé qué decir. Pensaba que lo veías como...

un criminal al que hay que encarcelar.

No sé qué me está pasando. A lo mejor Julio ha influido,

en que cambies tu visión sobre él.

Sí.

Y el tiempo.

Mis sentimientos hacia él no han cambiado de repente.

Poco a poco,

sus palabras, sus gestos de cariño, han despertado algo en mí.

Algo que pensé que nunca podía sentir.

Y hoy, cuando estaba frente a él

tenía las defensas bajas.

Me han afectado las cosas que me ha dicho,

me he sentido miserable.

No digas eso.

No sé cómo lo has llevado con esa entereza tanto tiempo.

Perseguir a tu padre biológico para demostrar que es un criminal

y que no te afecte emocionalmente...

Es imposible, Alicia. Ya.

No es nada fácil.

Creo que el embarazo...

me ha hecho darme cuenta de muchas cosas.

¿Y pensabas que te confesaría que es un narcotraficante?

Sí.

No sé si por inconsciencia o por soberbia,

pero creía que era lo correcto. Y no pensé que mis sentimientos...

me jugaran una mala pasada.

Tampoco tenías claro que existieran esos sentimientos.

Siempre lo has odiado. Y lo odio, te juro que lo odio,

pero no puedo evitar tener sentimientos hacia él.

Estoy hecha un lío.

Dime si hay algo que yo pueda hacer.

Con escucharme y estar a mi lado ya haces bastante.

Hola, cariño.

Lo siento, se me ha hecho tarde.

¿Olga no está?

No.

Ha llamado diciendo que iba a tomar algo con unos excompañeros de clase.

Entonces, ¿no cena con nosotros?

Ha dejado algo en el horno, mira a ver...

Sí, no sea que se queme.

No tienes buena cara.

Esto está casi. Lo voy a apagar.

Necesito que me prestes atención. Sí, claro.

¿Te sirvo algo? No, ahora no. Siéntate.

¿Es por lo de tu vuelta al trabajo?

He ido a ver a Teresa para pedirle ayuda.

¿Has pedido ayuda a Teresa? ¿Tan grave es?

No lo sé, pero estoy...

muy angustiado. Ya sé que estás angustiado.

Ya te lo he dicho, yo creo que...

la denuncia de Amparo Pedrezuela te sigue pasando factura.

Lo primero que me ha pedido Teresa es que lo comparta contigo.

A ver, ¿qué es lo que te pasa?

Temo defraudarte.

Siempre me has visto tan entero en mi profesión que...

Lo estoy pasando fatal.

Me da miedo volver a equivocarme, dudo mucho.

Me pongo de los nervios

si tengo que dar algún diagnóstico por pequeño que sea.

Cariño, lo que te ocurre se llama estrés postraumático,

ya te lo he dicho.

Estoy pensando en pedir la prejubilación.

Es lo mejor.

Así dejaré de enfrentarme a situaciones de estrés.

Antonio, el estrés pasará

y tú volverás a ejercer la medicina con normalidad,

como siempre, plenamente.

No estoy seguro de poder volver a ejercer la medicina.

¿Estás seguro de eso?

¿Lo de la prejubilación lo tienes decidido?

Lo estoy valorando, pero...

tengo claro que los pacientes no merecen un médico

que no puede solucionar sus problemas.

Cariño...

Lo que te pasa es muy humano.

Tienes derecho a sentirte inseguro como todo el mundo.

Tú no eres un médico que ponga el piloto automático.

Eres un médico muy especial,

siempre pones un plus de sensibilidad,

por eso te adoran tus pacientes.

Igual he dejado de ser especial, si es que alguna vez lo he sido.

Escúchame, lo has sido y lo eres.

Tú no tienes una crisis de vocación.

Tienes que poner en orden tus emociones,

y que sepas, mírame bien, que sepas,

que yo te admiro estando al cien por cien, al 70, al 80...

al 40 o como se, ¿eh?

¿Eso lo dices porque me quieres? También, claro que sí.

Eso ni lo dudes,

ni lo dudes, cariño.

Venga...

Además, ¿sabes qué te digo?

Que tú vas a ejercer la medicina hasta que te mueras.

Lo llevas en la médula. ¿Sabes en qué no me he equivocado?

¿En qué?

En haber elegido una mujer tan maravillosa como tú.

¡Ay, tonto!

¡Ay, madre mía...!

Bueno, ¿necesitáis que me vuelva a ir?

¿Por qué dices eso?

A lo mejor ya se os había...

olvidado que tenéis una hija en casa.

-Tú tampoco te vas a librar de un abrazo de tu padre.

-Pero qué oso amoroso está hoy...

Dale un abrazo a tu padre, que lo necesita.

Me voy a vigilar la merluza que se nos va a quemar.

No es para tanto, es un corte de nada.

-No tiene mala pinta, pero es mejor desinfectar.

¿Tienes botiquín? -Sí, aquí atrás.

-A ver...

Esto te va a escocer.

Lo siento, lo siento, ¿duele? -No.

No, no.

Aún tengo en la cabeza la canción de El último de la fila.

La de veces que la habremos bailado.

-Pensé que la habías olvidado.

-Olvidé algunas cosas

para no torturarme cuando te fuiste, pero...

Hoy ha sido, sonar la canción y...

No sé, he tenido como...

como un flash. ¿Tú no?

-No creo que necesite puntos.

Yo creo que te pondré una tirita y ya.

-Gracias, enfermera Marina.

-¿Así que querías que David fuera médico?

Molaría tener un médico en la familia.

-Sí, no habría estado mal.

Le compré libros y todo.

Pero nada.

Ni con esas. Y, claro, no iba a forzarlo.

-Quiere ser policía.

-Ya...

Me da miedo que algún día descubra lo que fui.

-Bueno... ¿y por qué no se lo cuentas tú?

Ya es adulto.

Si me perdonó a mí te perdonará a ti.

-No, no, prefiero que no sepa nada.

Él es tan serio, tan buena persona... -Como su padre.

Un hombre con un corazón de oro.

Pero tiene que saber,

que todos tenemos derecho a equivocarnos.

Y que todos tenemos derecho a una segunda oportunidad.

-Gracias, Marina, gracias por...

por guardar mi secreto.

-Haré lo que tú digas.

Lo que no te perdono es que nos fuéramos de la verbena.

-Lo siento, no debí empeñarme en abrir la botella.

-En fin...

Me voy a marchar, que es tarde y el día ha sido...

muy largo y muy lleno de emociones.

-Pues sí, sí.

-Por cierto,

riquísima la musaka.

-Pues cuando quieras repetimos, y bailar también.

Me ha encantado.

-Será mejor que me vaya a casa de Ester.

Debe estar preocupada...

-Sí, sí, será mejor.

-Jesús...

gracias por...

un día perfecto.

-¿Crees que hemos hecho bien no diciendo nada a Lola?

-Es que, es mi mejor amiga y no quiero herir su sensibilidad.

-Pues se lo digo yo. -No, no, no...

Eso le molestaría.

No me lo perdonaría. -Mira, Esperanza,

cuanto más tardemos en decírselo, peor para todos.

-Espe...

¿Es verdad lo que me ha contado Fede?

Si es verdad, estoy muy decepcionada contigo.

-Lo sabe todo.

-Espe, por Dios, que somos amigas. -Claro que somos amigas.

-¿Y dónde está esa sinceridad entre nosotras?

-Tú tienes un problema muy serio.

Estás obsesionada con lo que nos separa,

y no ves lo que nos une. Somos familia, ¿no te das cuenta?

No puedo pasar por alto lo que sé de vosotros.

¿Es inmoral intentar que Quintero se sincerase conmigo?

Pedirme que renuncie a lo que soy es lo mismo.

¿Y ese humor de perros a qué viene?

¿No será porque la ex de Jesús

se está aficionando a venir por el barrio?

-Vamos a tener la fiesta en paz.

-El mérito no es solo de papá,

yo creo que, por lo menos,

el gen de la belleza lo pusiste tú, porque él...

-Bueno, tu padre era bastante guapo.

Y lo sigue siendo.

-Vamos a ver, ¿tú estabas allí? Porque yo sí.

Por eso sé lo que me digo.

-Tú misma me dijiste ayer que a ciertas edades

las personas tienen sus mochilas, sus cargas...

-Que sí, que sé lo que dije.

Pero anoche vi a Jesús radiante.

-Esta fundación existe,

y hay muchas familias que se están beneficiando de ella.

Además, tendría usted tiempo

para seguir con sus labores de abogada de oficio.

En la página web puede ver todos los proyectos que estamos realizando.

-Nerea, ¿me puedes decir qué significa esto?

-No se preocupe, señor Ocaña, estoy saliendo.

-Quiero evitar una escalada de violencia.

Y eso solo se consigue a través del diálogo.

A la una en Construcciones Somoza.

-He tenido una grata conversación con su hijo hace una hora.

-Si trata de meter cizaña entre mi hijo y yo,

ahórrese las molestias, pongo la mano en el fuego por él,

nunca me va a traicionar. -Julio está dolido.

¿No quiere saber por qué? -No me interesa ni quiero saberlo.

Váyase por donde ha venido.

-¿Has averiguado algo? Podría ser.

Todavía no tengo pruebas, pero he visto cosas sospechosas.

Y creo que tienes razón, creo que no es de fiar.

No levantes la liebre todavía, prefiero...

asegurarme.

No me gustaría remover las cosas.

-¿Y el beso de ayer?

-Bueno, me...

me transportó a la época más feliz de toda mi vida.

Pero no me perdonaría...

alejarte de lo que tienes ahora.

-¿Por qué lo dices, por María?

-No quiero meterme en medio.

-Ya es tarde. Estoy pensado en hablar con ella.

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Servir y proteger - Capítulo 276

06 jun 2018

Somoza se entera de la discusión entre Nerea y Marcelino y planea usarla a su favor. Quintero se enfurece con Alicia por intentar aprovecharse de su debilidad. El regreso de Marina despierta en Jesús sentimientos que creía enterrados. A Nacha le duele que a Teresa no le importe que tenga una cita.

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  1. Yeyo

    Hola, Carolina. Discúlpelo, es Venezolano y no conocerá esos detalles de su cultura. Un saludo desde España. De nuevo se pueden poner comentarios :) Cargarse a Jairo de esa manera... se veía venir. Aunque es demasiado dolor para Felisa, en la vida real hay, desafortunadamente, en algunos entornos, muchas Felisa que ven morir a sus hijos por algo relacionado con drogas malignas. Señores guionistas, los detalles, por favor. Si en un cartel pone 2kg de Naranjas 1€, cuando Nacha compra 3 naranjas y 2 ó 3 manzanas, ¿7€? ¿Mirarán por la mirilla, al menos los policías, antes de abrir? Algunas veces creo que algunos personajes se enojan muy pronto, aunque el personaje suela ser comprensivo.

    26 jul 2018
  2. Carolina

    Estoy arta de somoza, no sé de dónde se sacaron ese falso Colombiano y sobre todo según caleño, los caleños no hablamos así, ese dialecto es paisa de Medellín.

    07 jun 2018