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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 270 - ver ahora
Transcripción completa

Pero no quiero verte así, Paty.

Así que lo mejor es que me vaya. ¿verdad?

-¿Qué quieres?

¿Que la consuele por la muerte del tío con el que me engañó?

-Lo que digo es que no eres rencoroso

y nunca lo has sido.

Seguro que agradecerá que estés a su lado.

-Estás muy seguro de eso. -Sí que lo estoy.

-Nunca había puesto los cuernos y David era la persona

que menos se merecía esto, de verdad, ¿eh?

-Mañana, Fernando Quintero muere. -Alejandro Somoza te manda saludos.

(Disparos)

-¡Al suelo, jefe!

-Solo quiero que cargue sobre su conciencia

durante toda su vida con la muerte de mi hijo.

Y mire, si quiere ayudarme, saque la droga de este barrio.

-Quiero que sepas que has matado a un chico inocente.

-Pues usted escogió la guerra.

Debió haber aceptado que quien manda aquí soy yo.

-Nunca, ¿me oyes? Nunca. -Pues se atiene a las consecuencias.

-¡No! ¡El que se va a atener a las consecuencias eres tú!

Porque te voy a hacer sufrir, esto no va a quedar así.

Tenemos que hacer todo lo posible para que la policía siga pensando

que lo que ha sucedido no ha sido más que un robo.

-Sé perfectamente qué decir si me preguntan.

Él está sufriendo mucho por todo, probablemente el que más.

Aquí estamos todos del mismo lado. No, te equivocas.

Yo estoy del lado de los que persiguen delitos

y Quintero es quien los comete. Hay una diferencia.

Nunca se ha podido demostrar nada y lo sabes.

Para mí eres muy especial. ¿Y por qué debería creerte?

Te juro que nunca he sentido esto por nadie.

¿Vas a vivir aquí otra vez? Si me aceptas.

No sabes cuánto te he echado de menos.

No me gustaría que tuvierais mal rollo por mí.

No, no te preocupes.

Si una cosa tengo clara es que después de lo que ha pasado,

si Alicia tiene la oportunidad de volver a ser feliz,

yo no voy a ser un obstáculo.

-No, todo está bien. Solo quería preguntarte

si puedes mandarme más pastillas. No, es que aquí todo va muy lento

y las que me ofrecen no hacen el mismo efecto.

Hay una pista nueva sobre el asesinato de Jairo.

Aunque tú no llevas la investigación,

imagino que quieres saberlo.

He convocado una reunión para dentro de 15 minutos.

¿Hemos dado con alguien relacionado? Sí, con la novia de uno de ellos.

Confesó que sabía que había robado alguna vez,

pero no entendía que fuera capaz de asesinar a alguien.

¿Os dio algún dato de gente sospechosa

con la que se relacionara el novio? ¿Algo de lo que fuese a hacer?

Los compañeros de Sevilla han registrado el piso

y han incautado el dinero para seguirles el rastro.

Muchas gracias. Has sido de gran ayuda.

¿Habéis sacado algo en claro? Cada vez tenemos más indicios

de que el ataque a Transportes Quintero fue un encargo.

El novio de la chica recibió dinero días antes

y le dio tiempo a llevárselo a Sevilla.

¿Qué tienen?

Pruebas que no conducen a ninguna parte.

¿Estás seguro? Seguro.

Imagino que lo que sepa va a venir a decírmelo, ¿cierto?

Ese era el trato, ¿no? Información a cambio de pasta.

Ese policía me desconcierta. No termina de darme confianza.

-Pero ¿qué le hace sospechar? -No, pues pura intuición.

Yo creo que ese viene más a buscar información que a dárnosla.

Hay que tener cuidado con lo que hablamos delante de él.

(Música emocionante)

Gracias. -De nada.

Hola, Elías. ¿Qué, lo de siempre? -Pues sí. ¿No hay tortilla?

-No, es que María se ha quedado más en casa.

-¿Le pasa algo? -Qué va, no, nada grave.

Ha abierto ella, lo que pasa es que, cuando he llegado,

me ha pedido si la podía cubrir hasta mediodía.

-¿Ha pasado mala noche o algo? -No creo que haya pasado mala noche.

Eh... Si quieres te puedo poner otra cosa.

-No, no, déjalo, que venía encaprichado con la tortilla.

Eh, disculpa, ¿te importa? ¿Puedo? -Sí, sí, yo ya me iba.

-No, si en realidad quiero hablar contigo.

-Tengo un hueco ahora si prefieres hablar en la consulta.

-No es nada oficial, es una cosa personal.

Quería hablarte de Nacha.

(SUSPIRA)

-A ver, yo no quiero meterme donde no me importa,

pero es que la quiero mucho y no la veo bien.

-Yo también la quiero mucho. -Ya, pero es que, de verdad,

la veo muy tocada. A ti tampoco te veo muy bien.

Y eso me hace acordarme de esas mañanas

que os veía aquí a las dos, desayunando tan felices.

-No quiero ofenderte, Elías, pero es un tema bastante personal.

No sé si Nacha te ha dicho que vengas a hablar conmigo...

-No, de verdad, ella no sabe nada, que soy yo, que estoy preocupado.

¿Y tú no crees que esto pueda ser un bache?

-Pues, sintiéndolo mucho, creo que no.

Creo que no es algo pasajero. -Oye, piénsatelo bien.

Igual reflexionando encuentras, no sé, alguna cosa

que te hace remolcar la situación y salvarla.

Cuanto más dejemos las cosas, más se estropean.

-Es un buen consejo, pero te equivocas de persona.

Fue Nacha la que me dejó a mí. -Yo tampoco tengo todos los detalles.

Pero es que, de verdad, la veo muy tocada.

-Tus intenciones son buenas, pero no tienes toda la información

y yo no soy quien para dártela.

-Ya, bueno, pero ¿qué más da quién haya dejado a quién?

-Bueno, en eso tienes razón.

¿Sabes qué pasa? Que me he dado cuenta

que Nacha quiere algo distinto a lo que teníamos

y yo no se lo puedo dar. -Ya, pues...

-Perdona, pero me tengo que ir. -Sí.

(TARAREA)

-¿Qué hacías hablando con ella? -Pues le estaba hablando de ti.

-Ah, no, Elías, eso sí que no, carajo.

Ya no soy una muchachita, soy una mujer hecha y derecha.

No necesito que arregles mis problemas como si fuera la escuela.

-Bueno, tranquila, que tampoco te ponías así

cuando contactaste con mi hijo para que arregláramos las cosas.

-No, no, eso fue muy distinto.

Tú jamás hubieras movido un dedo para acercarte a tu hijo.

-Puede que tengas razón y me mosqueé un poco.

Pero luego vi que fue un gran gesto por tu parte.

-Mira, Elías, ya déjalo, ¿sí? Es que me desespera.

Lo tuyo no son las relaciones de pareja,

así que te voy a pedir el favor

que te mantengas al margen de esta situación.

-Mira, solo quería ayudar, pero veo que es imposible.

De verdad, no sé quién me manda meterme donde no me llaman.

¡Chist, niña, apúntamelo! -Ya lo pago yo, si no.

(RECHISTA)

-Hasta luego. Gracias.

(Puerta)

-¿Quién era tan temprano? Me ha parecido oír el timbre.

-El cartero. -¿El cartero?

A ver, ¿qué te han enviado? ¿Algo desde Miami?

-Mamá, que el otro día le comenté que no encontraba unos caramelos

que nos gustan a los dos y me los ha mandado.

-Vaya. No sabía que te gustaran tanto los caramelos.

-Son los de esta marca. Ahí, en Miami, son muy populares

y mamá siempre llevaba alguno en el bolso.

Ya sabes, cosas de madre. -Sí, cosas de madres.

¿Sabes? A tu abuela, a mi madre, también le gustaba mucho llevar

caramelos en el bolsillo de miel y limón

y a mí me encantaban de pequeño.

-Oye, te noto preocupado. ¿Va todo bien? ¿Hay alguna novedad?

-Pues no hay ninguna novedad y es lo que me preocupa,

que no haya ningún tipo de movimiento.

-Mejor, ¿no? -No lo sé.

En estos casos, la calma siempre es el anticipo

de algo peor y estoy seguro de que Somoza volverá a por mí.

-A lo mejor ha cambiado de opinión y ha visto que no eres un blanco fácil.

-No lo creo. Ese tipo es de ideas fijas

y estoy seguro de que va a volver a intentar matarme

y esta vez no fallará. -Papá, no digas eso.

-¿Por qué? ¿Acaso crees que le tengo miedo?

No le tengo ningún miedo. Lo que tenemos que hacer

es estar preparados para lo que se nos venga encima.

-¿Has pensado en algo?

-Sí. Voy a llamar a unos profesionales

con los que ya he trabajado en otras ocasiones

para que te protejan. No quiero que te pase nada.

Ahora que has decidido quedarte aquí, quiero que estés a salvo.

-Tengo amigos en Miami que viven así. Sus casas son fortalezas,

coches blindados, seguratas por todas partes...

Auténticas jaulas de oro y no quiero vivir así.

-Solo será una temporada, Julio, nada más.

¿Quieres que te pase como a Jairo? -No quiero que me pase lo mismo,

pero no es una buena estrategia vivir agazapados.

-Ni siquiera te darás cuenta de que te están protegiendo.

-¿Y qué imagen vamos a dar?

¿Qué van a pensar de nosotros en la empresa?

¿Que tenemos miedo? Papá, ahora damos una imagen de fortaleza.

Pero si se empieza a correr la voz

de que vivimos atrincherados, piénsalo.

La gente de Algeciras,

los camioneros, los distribuidores... Todos.

Si contratamos mercenarios, nos dará seguridad, sí,

pero nos hará parecer débiles.

Y a la larga no tardarán en darnos la espalda

y unirse a Somoza. -No sé, no sé.

Quizás tengas razón, pero no quiero que corras ningún tipo de peligro.

Ya he tenido bastante con la pérdida de Jairo,

no podría soportar que te ocurriera algo también a ti,

a Alicia o al bebé.

-Tú por mí no te preocupes. Sé cuidarme.

Llevo un arma y Jairo me enseñó a usarla.

-¿Y de qué crees que le sirvió? Dime. ¿Crees que le sirvió de algo?

Julio, no voy a seguir hablando de este tema. Hazme caso.

Yo necesito quedarme tranquilo sabiendo que estás protegido.

-¿Y qué va a pensar la policía? ¿Eh? ¿Qué va a pensar la policía

si ve a todos esos matones a sueldo en la empresa?

Papá, les estaríamos dando motivos de peso para pensar

que estamos esperando otro ataque.

Y al final no pararán hasta encontrar algo en nuestra empresa.

-Escúchame bien, hijo. Me da exactamente igual la empresa,

el negocio y todo el dinero del mundo.

Lo único que quiero es que no te pase nada malo a ti.

Te quiero mucho y no quiero que te ocurra nada.

Y ahora será mejor que me vaya que tengo una cita importante.

¿Quieres que te deje en la oficina? -¿Tampoco me vas a dejar conducir?

-Mira que eres pesado, ¿eh? Toma, anda.

Lleva tú el coche y cállate un poquito.

-No se separa de su hijo Julio.

Está roto, parece que por fin le hemos dado donde más le duele.

-No se confíe, Tano. Puede estar preparando una respuesta.

Hay que estar alerta en este momento.

Mari Carmen, se acabó el café. Por favor, pida más.

-O disimula muy bien o no creo que esté preparando nada.

Por ese lado podemos estar tranquilos.

-¿Por ese lado? ¿Y por el otro?

Recuerde que no me gusta que me anden con rodeos.

¿De qué me tengo que preocupar? -De la investigación policial.

-Iker dijo que no teníamos que preocuparnos de eso.

-Y en comisaría interrogaban a la novia de uno de los atracadores.

-¿Qué dijo la mujer esa? -Nada, su novio no era un bocazas.

Estese tranquilo, no es un problema. -¿Y para qué me cuenta esto?

-Pensé que tendría que informarle. -No le pago para que hable.

Le pago para que actúe y me resuelva los problemas.

-¿Qué hacemos con la mujer?

Sería sospechoso que le pasara algo cuando le interrogan.

-Nada, no vamos a hacer nada.

Tenemos demasiados muñecos en el camino.

Pero, eso sí, investíguela. Vea para dónde va, con quién anda,

con quién habla, pero calladito, que nadie se entere.

A mí el que me preocupa es Iker. -¿Por qué?

-No termina de ganarse mi confianza.

-Si quiere hablar con él, puedo avisarle.

-Sí, haga eso.

Quiero ver qué es lo que se trae entre manos el pendejo ese.

Que venga aquí y me mire a la cara y me dé su versión.

-Por mí encantado de traérselo. Siempre me ha parecido un listo.

-Pero no le cuente nada de lo que sabemos.

Quiero que le caiga de sorpresa.

Pero eso sí, Tano, sea prudente. Tráigalo de noche.

Que si no me gustan sus explicaciones,

puede ser que lo saquemos por la puerta de atrás.

-Yo todo este papeleo no hubiera sido capaz de hacerlo sola.

No tengo la cabeza para esto. -Felisa, ni tú ni nadie.

Y mirando esta documentación parece que,

además de sufrir la pérdida de un ser querido,

uno tuviera que ir pregonando que ese ser ya no está.

-Lo sé. No basta con enterrarlo,

encima hay que hacerlo oficial.

Pero bueno, yo solo espero que esto sea lo último.

Yo no quiero molestarte más.

-Felisa, por favor. Eres de la familia.

Además, tiene que ser el menor de tus problemas.

Bueno, solo te puedo decir que solo nos queda la parte económica.

-Bueno, eso no será muy difícil. Jairo vivía de alquiler

y, por lo que sé, creo que vivía al día.

-Pues tengo que contradecirte.

El seguro de la empresa cubre la muerte de Jairo

porque ocurrió en el lugar de trabajo.

La indemnización asciende a unos 87 500 euros.

-Yo no tenía ni idea.

-Además te cubre todos los gastos del entierro, tanatorio,

la lápida, etcétera. -No me hables de dinero, por Dios.

Es que me pongo mala.

Ni todo el oro del mundo podría devolverme a Jairo.

Es lo único que me quitaría la pena que tengo.

-Lo sé y sé que hablar de todo esto en estos momentos es un engorro.

Pero piensa que cuanto antes lo resolvamos,

antes podrás olvidarte de ello. -Te aseguro que no veo el momento.

-Bueno, si te sirve de consuelo, Jairo lo hizo todo muy bien.

-¿Qué quieres decir?

-Para desheredar a su padre. No quiso dejarle esa opción.

-¿Cuándo hizo eso?

-Por las fechas, tuvo que ser a raíz de la muerte de Rober.

Jairo no quería dejarle ni un duro a su padre

si a él le pasaba algo. Se informó y actuó en consecuencia.

-Nunca me dijo nada.

Además, yo no tenía ni idea de que eso se podía hacer.

Recuerdo que a una amiga mía intentaron desheredarla,

pero, al final, cobró la legítima. Me dijo que no te lo pueden quitar.

-Bueno, en algunos casos, sí. En el tuyo, por ejemplo.

Tu marido perdió su derecho cuando atentó contra tu vida

y eso Jairo quiso dejarlo reflejado en el testamento.

-¿Por qué se tomaría tantas molestias con lo poco que tenía?

-Bueno, no tan poco.

Tenía tres cuentas bancarias con casi 50 000 euros en total.

-Pero ¿de dónde sacó mi hijo tanto dinero?

-Eso ya no lo sé. Quizás ahorrando, ¿eh?

También había una cuenta ahorro vivienda

que en el testamento dice que era para una casa para ti.

-¿Una casa para mí? ¿A estas alturas?

Eso no haría más que recordarme lo sola que estoy.

-Bueno, piensa que pronto vas a ser abuela.

Y tu nieto querrá visitarte.

No sé, con ese dinero podrías comprarte algo más cerca.

No sé, lo que tú quieras, es tu dinero.

-No sé, Marcelino, no sé.

Yo ahora mismo no puedo decidir nada. Es que estoy tan sorprendida.

Mi Jairo haciendo testamento.

Pero ¿y todo ese dinero lo metió así, de golpe?

-No puedo ayudarte, Felisa, pero para tu tranquilidad,

si este dinero estaba en el banco

es que Hacienda tiene constancia de ello y se puede rastrear.

-Ya te digo yo que a mí eso no me tranquiliza nada.

-Bueno, pues quédate con el gesto de Jairo.

Fue un chico previsor que miró por el futuro de su familia.

-Estas peras salen buenísimas, pero son delicadas.

No te olvides de ponerlas arriba del frutero.

-No, yo a la nevera. Sé que pierde sabor,

pero me encanta comer la fruta fría. -Un crimen y perdona la expresión.

Mandarinas quieres, ¿no? -Sí, ponme cuatro.

-¿Cuatro? Perfecto.

-Oye, ¿me lo parece a mí o estás de muy buen humor?

-Pues mira, la verdad es que sí, ¿eh?

No sé ni cómo puedo mantenerme en pie. Casi no he dormido.

Menos mal que no bebí mucho.

-¿Estás así por salir de juerga? No te pega nada.

-¿Qué pasa? ¿Me estás llamando amuermado?

-No, hombre, no, perdona, pero es que, no sé,

pensaba que eras más de salir al campo.

-Al campo. No, solo fuimos a cenar a un restaurante turco

y después terminamos en una discoteca de salsa.

-¿De salsa? ¿Te gusta la salsa? -Sí, sí.

-Eso no me lo esperaba. -Discoteca Rumba latina.

-Hombre, claro, la conozco. Iba mucho por ahí.

-¿Ah, sí? Yo espero no volver en mucho tiempo.

Me lo pasé muy bien, pero hoy no soy ni persona ni nada.

-Pues nada, mucha agua y vitamina B12.

-Muchas gracias por el consejo. Son cuatro euros.

-Toma. -Gracias.

El eurete de cambio y aquí tienes. -Gracias, Jesús.

-Hasta luego. -Adiós. ¡Hombre, bonitas gafas!

¿Qué? ¿Lo has dado en la discoteca Rumba latina?

(SE RÍE)

-Jo con la policía. ¿Tanto se nota que salí anoche?

-Bueno, es que salía con información.

Pero vamos, que las gafas de sol te delatan.

-Si bajas un poco la luz, igual me las puedo quitar.

Dios mío, me duele la cabeza, los pies, ¡hasta las uñas!

-¿Las uñas? Solo a nosotros se nos ocurre salir

a las tantas de una discoteca en un día laborable.

-¡Dios santo! Cuando estás bien acompañado, el tiempo vuela.

Recuerdo haber mirado el reloj pensando que serían las dos

y eran las seis. -Yo no sé tú, ¿eh?

Pero yo hacía mucho tiempo que no cerraba una discoteca

y estoy así, como medio zombi. -¿Medio zombi?

Si ha llegado Paty al bar y me he subido a descansar.

No podía ni con el ruido de las cucharillas de los cafés.

Voy a tardar días en recuperarme. -¿Sabes lo que debíamos hacer?

Salir a bailar más a menudo. Así el cuerpo se nos acostumbraría.

-Sí, pero ponemos la alarma y volvemos antes

porque dos días así no aguanto.

-¿Tú? Pero si ayer eras la reina de la pista.

Tienes energía para esto y para más. -De noche lobos y de día perros.

Lo pasé muy bien, la verdad.

-No me lo digas, te estás acordando de esos dos que te sacaron a bailar.

-Vaya dos figuras. -Espinete...

-Y Caponata. -¡Y Caponata!

-Vaya dos figuras. El de rosa con el pelo de pincho

y el otro de amarillo con el pelo rizado.

Hola, David. -No os cortéis por mí.

Seguid a lo vuestro. Si quieres puedes irte a tomar un café,

que dentro de poco te hará falta.

No pensé que fueras capaz de abrir llegando a esas horas.

-Oye, que no estoy tan hecho polvo. ¿Qué pasa? ¿Que no me crees?

María, hoy salimos otra vez. -¿Es necesario?

-Sí, vamos a demostrar a ese mocoso de qué estamos hechos.

-Yo va a ser que no, ¿eh?

-Papá, no tienes que demostrarme nada y tranquilo.

-¿Ves? Ya todo el barrio sabe que eres el rey de la pista.

No es necesario que salgamos otra vez hoy.

-Que conste que tengo cuerda para rato

y que podría volver a salir sin problema.

-Sí, papá, que estás en plena forma. Nos ha quedado claro.

(RECHISTA) ¡Maldita sea!

¡Dios!

-Hola, papá.

¿Estás bien? ¿Pasa algo? -Sí, pasa algo, sí.

Toma, anda. Lee, dale un vistazo.

En la sección de Negocios y a doble página.

-"El empresario colombiano, Alejandro Somoza,

es el responsable del desembarco de Construcciones S.Z. en Madrid,

una empresa que, a pesar de llevar poco tiempo en nuestro país,

ha logrado posicionarse en la cabeza en gestión económica".

-Mentira, eso no se lo cree ni él.

No le ha dado tiempo a construir nada.

Ni ha podido cerrar su primer ejercicio fiscal.

-Debe ser por lo que dice después.

"Los logros internacionales de S.Z. avalan la gestión del empresario

que figura entre las diez personas más influyentes de Colombia".

-Eso es una basura, ¿entiendes? Eso solo es un panfleto publicitario.

El director de ese periódico se ha presentado varias veces

suplicándome que le compre espacios publicitarios,

pero a partir de ahora me va a oír.

-Pues tiene pinta de un publirreportaje en toda regla.

Y si además dices que el periódico anda mal de pasta,

seguramente Somoza les habrá untado bien para salir tan bien parado.

Deberíamos iniciar una estrategia de comunicación.

-Me parece buena idea. Ponte con eso ahora.

-Espera, aquí dice que está planteándose presentarse

a la Cámara de Comercio y que está haciendo obras benéficas.

"Quiero devolver a la sociedad española parte de los beneficios

que Construcciones S.Z. ha generado en este país

y para ello he creado la Fundación Andrés Somoza".

"El primer proyecto que vamos a financiar

son unas becas de comedor escolar para los niños más desfavorecidos".

-¡Ese imbécil está mal de la cabeza! Lo que quiere es suplantarme.

Desde el principio, desde que llegó empezó con amenazas

y con chantajes. Luego todo aquello con esa pobre mujer, Maica,

hasta que ha terminado matando a Jairo, maldita sea.

Lo que quiere es ocupar mi puesto, suplantarme, ser lo que yo soy.

¡Quiere quedarse con esta empresa y con este negocio

y no va a parar hasta que lo consiga. -¿Y qué vamos a hacer ahora?

-Pues si quiere guerra, tendrá guerra.

Ahora tranquilo, cuidado.

-Disculpe. Tiene visita.

-¿Se puede saber qué demonios haces aquí, Elías?

-A ver, vengo en son de paz, Quintero.

Te quiero hacer preguntas sobre el caso de Jairo.

-Pasa, anda. Pasa, pasa.

Mira, Elías, si quieres que haga alguna declaración,

puedes citarme en la comisaría.

Ya veré cuando saco un hueco para ir a verte.

-No te va a llevar mucho tiempo.

-No sé qué más necesita la policía para cerrar este caso.

Jairo está muerto y los que lo mataron, también.

-Tengo una información nueva.

-Está bien. Tú dirás.

-Preferiría tratar este tema en privado, ¿vale?

-Mira, Elías, no tengo secretos con mi hijo.

Cualquier cosa que puedas decir, puede escucharlo.

-Está bien. Sabemos que el verdadero móvil del asalto no fue el robo.

-¿Ah, sí? ¿Y qué pruebas tienes para mantener esa afirmación?

-Hemos descubierto que los sicarios que entraron no venían a robar, ¿eh?

Fueron contratados, les pagaron una buena suma de dinero

y todo apunta a que venían a por ti.

-¿Y quién se supone que fue esa persona que les pagó?

-No lo sabemos aún, pero quizá tú sepas quién quiere hacerte daño.

-Verás, Elías, no, la verdad, no tengo ni la más mínima idea.

Sabes bien que la gente en este barrio

me quiere y me respeta, me apoya, así que no tengo la más mínima idea.

A nivel profesional puedo tener rivales, sí,

pero también tengo su respeto y todo su apoyo,

así que no, no tengo enemigos. En todo caso, algún rival,

pero enemigos, ninguno.

-Pues yo me preocuparía de saber quiénes son mis amigos

porque está claro que alguien quiere verte muerto.

-Bueno, pues yo te agradezco mucho el consejo.

Te aseguro que lo tendré en cuenta.

Si no te importa, tengo muchos asuntos pendientes que resolver.

-Ya.

Oye, Quintero, ¿por qué no nos dejamos de jugar a jueguecitos, eh?

Nos quitamos las caretas y nos hablamos de verdad.

-¿Las caretas? ¿De qué caretas hablas? No sé a qué te refieres.

-Los dos sabemos bien quién quiere ir a por ti,

un nuevo capo colombiano al que le estorbas.

(SE RÍE)

-¿Qué pasa, Elías? ¿Vuelves otra vez con la misma cantinela de siempre?

¿Estás dándole a la botella otra vez?

-¿Te ha contado tu padre por qué llamaban Kabul a este barrio?

Ya veo que no. En los malos tiempos de la reina,

esto era una batalla campal entre bandas.

Sí, murió mucha gente y no solo heroinómanos.

-¡Basta ya, Elías! Te recuerdo que esto no es tu comisaría.

Esto es mi empresa y te pido que salgas de mi despacho ahora.

-Ya os podéis preocupar tú y tu padre de arreglar vuestros asuntitos

de forma pacífica, ¿eh? Que ya ha muerto mucha gente.

-Elías, te he pedido con educación que salgas de mi despacho.

Por favor, no me hagas llamar a seguridad.

-Te estamos vigilando, Quintero, ¿eh?

La verdad, antes o después, sale a la luz.

Siempre acaba saliendo, chaval.

-Ni caso. No es más que un imbécil.

¿Tú has visto esto? Sí. Según ese artículo,

tenemos al nuevo rey Midas en nuestro barrio.

Y nosotros sin enterarnos.

¿Cómo ha podido caer la prensa tan bajo?

¿Cómo se puede escribir este panfleto

sin información contrastada y encumbrando, encima, a un narco?

¿Cómo? Pues por dinero, como se hace todo hoy en día.

A veces pienso que el último periodista decente

está en Tánger, escribiendo libros.

(Teléfono)

Sí, dime.

¿Cómo? Sí, sí, que pase, que pase.

Somoza está en la comisaría. ¿Perdona?

(Puerta)

Adelante. Buenos días, señor Somoza.

Buenos días, comisario. Buenos días, inspectora.

Buenos días.

Veo que han leído el artículo que ha salido sobre mí en la prensa.

Creo que he salido favorecido, ¿qué creen?

Creo que no le ha debido de salir barato esa doble página.

O sea, porque un medio hable bien de mí y de mi empresa

quiere decir que lo he pagado.

¿No creen en mis méritos o es por ser extranjero?

No, no se equivoque. No tengo prejuicios,

pero sé distinguir lo que es periodismo de lo que no lo es.

¿Ha venido solo a hablar de su artículo?

¿O hay algún otro tema que quiera hablar con nosotros?

No, he venido a hablar con usted, comisario,

que es la máxima autoridad en este barrio.

Bueno, la inspectora jefe Miralles

también es una autoridad en esta comisaría.

Cualquier cosa que me quiera decir, a ella también le incumbe.

Como ha leído en el periódico, tengo un propósito muy firme

y es devolverle a esta ciudad por lo que me ha dado.

Ya, pero no entiendo qué relación hay

entre todo lo que usted dice y mi comisaría.

Déjeme explicarle, comisario.

Yo acabo de abrir una fundación en memoria de mi hijo Andrés.

Quiero agradecerle a este país por lo que me ha dado en este tiempo.

Sigo sin ver adónde quiere ir a parar.

Yo soy de los que cree en la colaboración social

y me da pena ver que las cosas no se están haciendo por falta de recursos.

Entonces, quiero poner mi granito de arena, como dicen aquí.

Los hijos huérfanos de los bomberos ya tienen su beca de estudio

y los colegios tienen su beca de comedor.

Yo quiero abrir mis puertas para ayudar a la policía.

Le agradezco mucho su oferta, de verdad,

pero me temo que se ha equivocado de puerta.

Nosotros somos funcionarios, no podemos aceptar ayudas.

Para eso hay otros cauces como la Fundación de Huérfanos de la Policía

o de minusválidos u otras organizaciones de ayuda.

Verá, con toda sinceridad le diré que

lo que verdaderamente nos ayudaría es que colaborara

en las investigaciones policiales y que cumpliera la ley.

Ah, no, pues inspectora, por eso no se preocupe.

Eso es algo de lo que estaba muy pendiente,

cumplir con la ley aquí.

Pues si ya hemos aclarado su duda...

Y no se preocupe, tranquilo que ya me voy, comisario.

Le invito a que termine de leer el artículo.

Ahí van a estar al tanto de todas mis actividades.

Gracias. No, gracias a ustedes por su tiempo.

Cualquier cosa que necesiten, ya saben dónde encontrarme.

Buenas tardes.

Pero bueno, ¿y esto? Hace falta tener poca vergüenza

para presentarse aquí como un benefactor

después de haber contratado a unos sicarios

para cargarse a Rober, para entrar en Transportes Quintero

y cargarse a Jairo, vamos...

Ya sé que no tenemos pruebas, pero por el momento.

Debe sentirse con las espaldas muy cubiertas.

Quizá se piense que por ese camino va a conseguir la impunidad.

Espero haberle dejado claro que se equivoca.

No me parece que sea de los que se dan por vencidos a la primera.

Esto, esto es una estrategia. Ya lo verás.

Puede que tengas razón. Escucha, Claudia,

quiero que les digas a todos tus hombres

que presionen a sus confidentes.

Quiero saber lo que se dice en la calle.

Con el dinero que maneja, estoy segura

que ha debido de comprar a todos. La calle es muy fácil de comprar.

Es probable, pero nuestra gente sabe qué teclas tocar para hacer memoria.

Lo comentaré en la reunión de mañana,

aunque ya lo sabrá todo el mundo.

No es habitual que un narco de la droga

aparezca en una comisaría. Espero que no lo tome por costumbre.

Me voy.

Venga, papá, déjame eso a mí.

Ya me has demostrado que puedes venir de empalmada

y dar el callo todo el día, pero no te hagas el héroe.

-Lo sé. Reconozco que eso de cerrar discotecas

es para gente más joven o para gente que no trabaja.

-Ya no tienes tantas ganas de repetir hoy, ¿eh?

-Pues no. Otra noche como la de ayer y nos tienen que recoger.

Ya has visto cómo estaba María.

-O sea que lo de ponerte gallito esta mañana

fue porque estaba ella delante. -Eh, bueno, mitad eso

y mitad porque todavía estaba eufórico.

La verdad es que ayer me lo pasé en grande.

María es una mujer increíble.

Es divertida, es sensible, es guapa...

-Parece que la cosa por fin marcha entre vosotros.

Me alegro de que te quedases en Madrid

para poder ser feliz junto a ella. -Gracias.

Sabía que, tarde o temprano, lo entenderías.

- El otro día estaba como loco, no sabía ni lo que decía.

Paty acababa de contarme lo de los cuernos con Jairo

y venía ciego de rabia y lo pagué contigo.

Perdóname. -No, no hay nada que perdonar.

¿Y tú? ¿Qué tal? ¿Cómo lo llevas? (RESOPLA) -Pues no tengo ni idea.

Creía que tenía muy claro que nunca la perdonaría,

pero justo el día en que me cuenta lo de los cuernos con Jairo,

lo matan.

Ella está hecha polvo y yo hecho un lío.

-Pero ¿tú estarías dispuesto a volver con ella?

-Sí, sigo sintiendo algo por ella.

Pero me duele mucho verla así de triste.

Por otro lado, no dejo de pensar en que me traicionó

y me duele mucho. -Ya, ya me lo imagino.

La verdad es que no sé qué haría en tu lugar.

No sé, supongo que tienes que sopesar si merece la pena esperar un tiempo

para volver a estar con ella.

No sé, lo mejor es actuar con normalidad.

-¿Y eso cómo se hace? Yo sigo derritiéndome cuando la veo.

Y quiero ayudarla, pero luego voy y me acuerdo de todo

lo que me hizo y me viene una rabia por dentro que...

(RESOPLA)

¿Quién me dice que no lo volverá a hacer?

-Eso nadie lo sabe.

Todas las relaciones tienen un punto de incertidumbre

que nos vuelven locos. Y si no mírame a mí.

La estrategia del caracol,

a punto de llevarme la casa a cuestas por un mal de amores.

Y cuando pensaba que todo estaba perdido...

-Te mereces que te vaya bien con María.

Os lo merecéis.

-¿Sabes qué, David? Yo creo que si tiene que ser, será, ¿no?

Paty ya te descubrió una vez y seguro que se dará cuenta

de lo importante que eres para ella. -¿Y si no lo hace?

-David, confía más en ti. Eres un tío que merece la pena

y seguro que se dará cuenta, ya lo verás.

Pero lo importante es que no te agobies

y que seas tú mismo. Venga, vamos.

-Por Jairo.

Era un tío muy grande. Noble, directo... Un amigo de verdad.

Aprendí mucho de él, ¿sabes?

Joder, Paty, lo siento. No tenía que haber dicho nada.

-Tranquilo. De verdad que me gusta mucho que hablen bien de él.

Le echo tanto de menos que solamente con recordarle ya me alivia.

Cuando me acuerdo de que

no le voy a volver a ver entrar por esa puerta es que...

Justo ahora, además, que habíamos vuelto a encontrarnos otra vez es...

-Al principio tuvimos nuestros piques,

pero luego me di cuenta de lo buena persona que era.

Un tío diez. -Sí.

-En la oficina le echamos mucho de menos.

-¿Tú sabes que estuvo a punto de dejar el trabajo

y venirse conmigo a Barcelona?

Sí, pasó justo antes de lo de su hermano Rober.

(SUSPIRA)

Si se hubiera venido conmigo, seguramente

ahora estaríamos paseando de la mano por el Puerto del Fórum.

¿O quién sabe? Igual Rober también seguiría vivo

porque lo del hijo del colombiano debió pasar por esos días.

Qué mala suerte han tenido los Batista, de verdad.

Los dos hermanos muertos a balazos.

Yo a veces creo que esto es una pesadilla

y que me voy a despertar y todo va a seguir igual.

Estoy muy cansada y...

-Eh, ¿estás bien, Paty? -Lo estaré.

¿Qué te pongo?

-Algo ligero, una ensaladita o algo así.

-Vale. ¿Te apetece algo de beber? -Agua.

¿Qué? ¿Jugando a las penas?

Mira, por experiencia te digo que no es buena idea.

-Sí, ya me han contado algo de sus experiencias.

-Bueno, no te creas todo lo que oyes por ahí.

Es jodido perder así a un compañero, ¿verdad?

-Pues sí, muy jodido, pero no tengo ganas de hablarlo con usted.

Le daría pie a una conversación

y ya le he escuchado suficiente por hoy.

-Se ve que eres digno hijo de tu padre.

-Sí.

-Pero tú todavía estás a tiempo de reconducir tu camino.

-¿De qué camino me está hablando? -Del destino.

Sí, amigo, sí, lo escribimos con nuestros actos

y todos los actos tienen sus consecuencias.

-No siga por ahí, ¿eh?

Le he escuchado suficiente esta tarde en nuestra oficina.

-Mira, te considero un chaval listo, Julio,

por eso sabes que yo no os he dicho ninguna tontería hoy.

-Te repito que no tengo ganas de hablar con usted.

-Te estoy dando una oportunidad para que no acabes en la cárcel

como tu padre porque es ahí donde va a acabar y tú lo sabes.

-¿Se puede saber por qué no nos deja en paz?

Nosotros no le hemos hecho nada.

-Bueno, eso daría para una larga conversación

y yo, de verdad, no tengo ganas de discutir.

Yo no quiero nada malo ni para tu padre ni para ti,

eso lo puedes tener claro.

-Lo demuestra muy mal. Parece que nos la tiene jurada por algo

que no sé lo que es. -Claro que lo sabes.

Y por eso te digo que estás a tiempo de reconducir tu destino.

Yo sé que para ti la familia es muy importante,

pero la vida lo es más, ¿me entiendes?

Y puedes evitar acabar bajo tierra antes de los 30 como Jairo.

-No voy a acabar como él, no se preocupe.

-¿Qué pasa? ¿Ya os habéis encargado del asesino de tu amigo?

Julio, tú sabes quién es el verdadero responsable

de que no vuelvas a ver a Jairo, ¿no?

Si de verdad quieres destapar a su asesino,

tienes que venir a comisaría y contármelo todo.

Si no lo haces por ti, hazlo por la memoria de Jairo.

-Escuche. Jairo le fue fiel a mi padre hasta el final

y no seré yo quien le traicione.

Así que no insista más conmigo, no va a conseguir nada.

-Oye. Disculpa.

Verás, yo estoy disponible 24 horas, por si cambias de opinión.

(SUSPIRA)

-Estoy bien.

-Me ha dicho que le dieron hasta las mil,

que le cerraron la discoteca y todo.

María se ha pasado todo el día detrás de unas gafas, ¿la has visto?

-No, yo no la he visto.

Pero es que desde que han vuelto, están como dos adolescentes.

¡Qué recuerdos, Lola!

Es que esa etapa del principio es tan bonita.

A todas horas con la ilusión de verse, la química...

-La física.

(SE RÍE)

-¿Qué te pasa, Nacha? -¿Te encuentras mal?

-Parece que el amor está mal repartido, ¿no?

Cuando unas lo encuentran, otras lo pierden.

Que conste que me alegro por María,

ya era hora de que le salieran bien las cosas, pero...

Yo también me había hecho la ilusión de que, por una vez,

a mí también me podían salir bien las cosas.

-¿Estás así por Teresa?

-Teresa es justo la persona que necesitaba.

Alguien sensible, inteligente, divertida...

No sé, pensaba que lo nuestro tenía futuro,

que había encontrado una pareja.

-Bueno, puede que la ruptura no sea definitiva.

No sabemos cómo está ella, quizá como tú, echándote de menos.

-No, ella tiene las cosas muy claras. Yo también pensaba

que después de cortar me iba a pedir disculpas o,

no sé, por lo menos que cambiaría de opinión,

pero ha vuelto a ser más fiel a sus principios que a su pareja.

-¿Y por qué habéis cortado? Si lo quieres contar, claro.

-¿Os acordáis de Mar y mis celos? -Sí.

-Pues resultaron no ser infundados.

Ella y Teresa pasaron juntas las dos noches

que ella estuvo aquí, en Madrid.

Y no fue una cuestión del calentón o la emoción del reencuentro,

que eso hasta lo hubiera podido entender.

Para Teresa es normal acostarse con otras personas.

-Me estás dejando a cuadros.

-Tener una relación abierta es una opción, no hay que juzgarlo.

-Cómo se nota que no estás en mi piel.

-Tendría que haberte avisado, eso sí.

-Sí, y ella dice que me lo explicó y que dio por hecho

que yo lo aceptaba, que solo le faltó ser más explícita,

pero vamos, que se sobrentendía.

-Y entiendo que para ti esa opción como que no.

Ya, pues entonces mala solución tiene.

A no ser que Teresa decida

que vosotras no tengáis una pareja abierta, claro.

-Por lo que me explicó, para ella no hay otra forma de tener una pareja.

Además, es que no hay otra forma.

-Querer cambiar a alguien no es la mejor manera

de que una relación funcione.

Cuando estás conociendo a alguien, lo mejor es aceptarla

con sus cosas buenas y malas. -Lola, que se trata de animar.

-No, pero Lola tiene razón. Cada uno somos como somos

y por estar con alguien tampoco tenemos por qué cambiar.

-Ya, pero ¿dónde queda eso tan bonito de renunciar por amor?

-En las películas y en los libros románticos que lees.

-Te digo una cosa: la esperanza es lo último que se pierde.

Y te lo digo yo, que por algo me llamo así.

¡Ay!

(Timbre)

Felisa. Hola, Alicia.

Perdona que venga así, sin avisar.

Ya sabes que esta es tu casa. ¿Estabas haciendo gimnasia?

Ejercicios de relajación. Hay días que se me carga la espalda.

Así me gusta, que te cuides.

Siéntate. ¿Tú cómo estás? Bueno.

Me ha dicho mi padre que has estado en el despacho.

Sí. De hecho, por eso venía.

Es que yo no sé cómo agradeceros todo lo que estáis haciendo por mí

y me gustaría tener un detalle con tu padre.

Creo recordar que Rober me dijo que era aficionado al vino.

¿Qué te parecería si...? No tienes que comprar nada.

Lo hace encantado, no es por compromiso.

Se está tomando muchas molestias conmigo

y tampoco me ha querido cobrar.

Y ahora está claro que sí puedo pagarle.

¿Te ha contado lo del testamento de Jairo?

No. Ya sabes que es confidencial. Me ha dicho que has ido al bufete.

Yo es que sigo impresionada. No paro de darle vueltas.

¿Qué le puede pasar por la cabeza a un chico tan joven

para ir y hacer testamento? Tu padre me ha dicho

que es porque quería desheredar al malnacido de mi exmarido,

pero bueno, de hecho así aparece por escrito en el testamento.

Pero es que no sé, Alicia,

¿cómo un chico tan joven estaba pensando en su muerte?

No sé, a lo mejor decidió hacerlo después la muerte de Rober.

Pues sí, a lo mejor.

Ah, y otra cosa que me ronda. Puedes contarme lo que quieras.

Cuando he salido del despacho de tu padre,

me he pasado por el cementerio y allí estaba Quintero.

No me lo puedo creer.

Es la persona más soberbia que conozco.

Si ya le dejaste las cosas claras en el entierro de Jairo

y ha tenido la desfachatez de volver a molestarte.

Es que creo que ese hombre siente de verdad su muerte.

Me lo encontré llorando sobre la tumba

y él no sabía que iba a encontrarle.

Felisa, no te dejes guiar por las apariencias.

Te aseguro que por cada momento de debilidad

ha cometido al menos 100 delitos. Da igual, no quiero hablar de él.

Solo quería comentarte lo que me dijo.

Empezó a hablarme de venganza

y de darle su merecido a los culpables de la muerte de Jairo.

Pero ¿te dio algún nombre? ¿Algún detalle?

No, no, qué va, no.

Yo solo quiero asegurarme de que tú no sientes lo mismo.

De que no sientes la misma rabia de la que me hablaba Quintero.

No, Alicia, mírame. Dime que no. La venganza no lleva a ningún lado.

Bastante dolor hemos tenido ya perdiendo a Rober y a Jairo.

Lo sé, pero es que necesito hacer justicia, Felisa,

y que los responsables paguen por ello.

Los dos atracadores murieron allí, pero solo ejecutaban órdenes.

Los asesinos siguen libres.

Pagarán por ese y por más crímenes que hayan cometido.

La vida pone a todos en su sitio.

Solo quiero que no te dejes arrastrar por ese odio, por esa rabia.

De verdad que lo intento, pero

yo no tengo tu serenidad.

Es que no sé cómo lo soportas.

Cada vez que pienso que ya no están...

Cuando Quintero me hablaba de venganza,

yo solo pensaba en que eso solo trae más muertos

y más dolor. Ellos no van a volver,

por mucha sangre que se derrame, no van a volver.

Y yo no quiero que mi nieto nazca en mitad de todo eso.

Tienes que mirar hacia delante, Alicia. Sin rencor.

Tú tienes que ser feliz, tienes que ser feliz.

Tu hijo se merece una madre feliz.

Sí.

Ha puesto mil excusas. Dice que se expone mucho

viniendo aquí de noche. ¿Quiere que vaya a buscarle?

-No se preocupe, Tano, ese va a venir.

Le vi entrando en la oficina de su jefe en la comisaría esta tarde.

Cuando le vi, estaba nervioso.

(Puerta)

¿Se puede saber a qué ha ido a comisaría?

Oficial Iker, no me dio el gusto de verlo por ahí.

¿A qué narices ha ido?

Haz el favor de calmarte y bajar esos humos.

-Creo que me he equivocado con este, Tano.

Debimos haberlo puesto a prueba como en Cali.

-No hubiera aguantado ni la primera hora, Patrón.

Me juego el tipo cada vez que vengo, ¿no es suficiente?

No sea llorón.

Es verdad que se la está jugando, pero está cobrando bastante, ¿cierto?

¿Y sabe qué es lo que pasa? Que yo me cansé ya de su juego.

Ahora vamos a hacer las cosas a mi manera.

Eh, ¿a qué viene esto? Ahora me va a escuchar muy bien.

Usted y yo tenemos un trato,

pero el único que ha salido beneficiado de esto ha sido usted.

¿Sabe qué le pasa a las personas en Colombia

que no cumplen con su palabra?

(RECHISTA) -Tranquilo. Saque esa mano de ahí.

Todavía le falta algo por resolver para ganarse mi confianza.

¿De qué está hablando? No he fallado en nada.

Calla y escucha. Me estás cansando.

-Usted nos está ocultando información, oficial.

Sabemos que la policía está interrogando

a una de las novias de los asaltantes.

La chica esa que vino de Sevilla declaró en comisaría.

Usted no está contando la verdad. Nos mintió.

Les dije todo lo que sabía, se lo juro.

¿Quieres que te refresque la memoria, eh?

Cuando vine, aún no habíamos encontrado a esa chica.

No se les podía relacionar con el asalto. No le mentí.

¿Por qué no nos dijiste nada después? Me tuve que enterar en la calle.

-¿Por qué no habló de eso?

Hay una manera muy sencilla de resolver esto.

Usted me va a demostrar en qué bando está.

En sus manos está que vuelva a confiar en usted.

¿Qué tengo que hacer? Matar a Fernando Quintero.

Esta madrugada han atropellado a un vecino del barrio.

El conductor se ha dado a la fuga. Espe te dirá el lugar donde sucedió.

Necesito que me hagas un listado de los vehículos

que aparezcan en las cámaras de seguridad

del 500m a la redonda del atropello.

Mira, Iker, sabes que no te puedes negar.

Cuanto antes lo hagas, antes te salvas. Hazme caso.

Tiene que haber otra forma de demostrar

que soy de fiar sin matar a nadie, ¿no?

A don Alejandro no se le dice que no. Solo quiere saber el cómo y cuándo.

Mira, oficial Lemos, más te vale ir mentalizándote.

Hasta luego.

Le voy a preguntar discretamente, Por el momento, lo que tenemos

es un agente al que se le ha visto hablando

con la mano derecha de un sospechoso.

Ya, un agente con una hoja de servicios un tanto dudosa

hablando con la mano derecha de un capo del narcotráfico.

Yo creo que es motivo para ponerse en guardia.

Pero ese es tu trabajo, Montse, sospechar.

Me estoy haciendo mayor y estoy perdiendo reflejos.

Hace años no me habría pasado. -¿Qué estás diciendo?

Somoza contrató a dos sicarios para matarte y saliste con vida.

-¿Sabes? Felisa, la madre de Jairo, tenía razón cuando decía

que ya va siendo hora de cambiar de vida

porque este negocio ya se ha llevado demasiadas vidas por delante.

-He obtenido las dos últimas cifras de la matrícula y las letras.

¿Con eso podremos saber quién es el dueño de la furgoneta?

Yo creo que sí. Si me meto en la base de datos de vehículos

y lo contrasto, yo creo que sí. -Ya he diseñado la campaña en medios

para contratacar el artículo que le vendió como un ciudadano ejemplar.

-Me parece estupendo. -Recordaremos los numerosos casos

en los que su nombre se vio relacionado con el narcotráfico.

Desde la sombra, sin que se nos relacione con la fuente.

Papá, yo me puedo ocupar de la prensa y de todo esto,

pero hay algo de lo que solo te puedes ocupar tú:

el negocio extraoficial.

-He visto a Iker Lemos hablando con un conocido sospechoso

esta misma mañana.

Ibarra se refiere a Cayetano Céspedes, la mano derecha de Somoza.

No hay ningún delito contra ese hombre, ¿qué tiene de sospechoso?

El hombre para el que trabaja. -¿Y quiere poner una denuncia?

-He sido yo. -¿Cómo dice?

-Yo he matado a ese hombre.

-Perdona, tío, debo ir a comisaría. Hay un defendido

que ha hecho una declaración y la ratificará ante el juez.

No es un caso difícil, no dará problemas.

No lo tengo tan claro.

¿Por qué? Tenemos los daños en la furgoneta,

las grabaciones de las cámaras de seguridad

próximas al atropello sitúan ahí el auto

y él ha confesado. ¿Qué no ves claro?

He tratado con mucha gente, pero nunca como Gervasio,

tan empeñado en cerrar su caso para ingresar en prisión.

-¿Que te he estado ocultando algo? No sé de qué me estás hablando.

  • Capítulo 270

Servir y proteger - Capítulo 270

28 may 2018

La inspectora jefe Miralles es la policía más veterana de la comisaría del Distrito Sur. La inspectora Alicia Ocaña se incorpora a la comisaría. Ambas son el eje en torno al que gira la vida personal y profesional de sus compañeros y los casos policiales que afectan al barrio.

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