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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 266 - ver ahora
Transcripción completa

Ahora me doy cuenta, tú dabas sentido a todo.

Pero no quiero verte así, Paty, así que lo mejor es que me vaya, ¿verdad?

-Y yo hablándote de alquilar pisos y de futuro como un imbécil...

-Estoy superbién contigo, me encanta estar contigo. Me haces feliz.

Lo que yo siento por ti es muy fuerte.

-No tan fuerte si te has liado con otro.

Ya no tenemos nada que decirnos, Paty.

-¿Qué pasa?

-Teresa, que le había dicho para ir al cine y no puede.

¿Tú me estás evitando, Teresa?

-Es que tengo mucho trabajo, solo eso.

-Estaba hecha un lío y tenía aún a Elías en la cabeza.

No me parecía justo estar mareando a Jesús

y tenerlo en vilo con mis neuras. -No quiero irme a ninguna parte.

Yo en realidad quiero quedarme aquí, en Madrid contigo.

-Todo indica que entre Iker y Alicia hay algo.

A Régimen Disciplinario le da igual que tengan una relación.

Pero a ti lo que te preocupa es que los sentimientos de Alicia

le impidan juzgar con objetividad el comportamiento de Iker.

Hay momentos en los que la vida te sorprende con situaciones

que no estaban previstas y, sinceramente,

creo que te ha llegado a ti uno de esos momentos.

Y te aseguro que es muy complicado de gestionar.

Por eso también me preocupa, porque también recuerdo

lo que me dijiste de él, que era un Don Juan, un poco frívolo

y tú puedes ser vulnerable.

Tengo que hacer una declaración de fuerza para que me tomen en serio.

Por ahora, llámeme a nuestro policía. Dígale que venga inmediatamente.

Quiero hablar con él. Hablemos de Quintero.

Simplemente sospechas. Nunca han podido acusarle de nada.

Quiero toda la información que tengan sobre Quintero.

Alejandro Somoza al habla. ¿Cómo está, señor Tornedo?

Ah, pues me da mucho gusto. Yo bien también.

Aquí, con una información que le puede interesar a su periódico.

Vine a regodearme al verle la cara cuando le diga que fui yo

el que le dio su expediente policial a la prensa.

Mire, Quintero,

esta va a ser mi última advertencia.

Tiene 24 horas para que le ponga un precio a su negocio.

-Hoy mismo iré a hablar con Alejandro Somoza

y le diré que Transportes Quintero nunca, jamás se arrodillará ante él.

-Mañana, Fernando Quintero muere.

-No venís solo por el dinero, ¿verdad?

-Alejandro Somoza te manda saludos.

(Disparo)

-¡Al suelo, jefe!

-Tranquilo, hijo, tranquilo. -Mate a ese cabrón de Somoza.

(LLORANDO) -Jairo.

¡Jairo!

(Música emocionante)

¡Policía! ¡Policía! -¡Policía!

-¿Qué coño ha pasado aquí? Es Jairo. Llamad a las ambulancias, venga.

¡Las ambulancias!

-Quintero, enséñeme las manos. ¡Manos arriba, he dicho!

-Nacha, vete llamando a la Científica y a Homicidios.

Venga, echa un ojo ahí dentro.

Eh.

Eh,

eh, ¿qué ha pasado?

¿Eh? Venga, cuéntamelo.

Fernando, necesito que me hagas un favor, ¿vale?

Necesito que sueltes a Jairo y me cuentes qué ha pasado aquí.

Venga, yo te ayudo.

Yo te ayudo con Jairo, ¿vale?

Venga, arriba, Fernando, venga.

Venga, tranquilo.

-Hola, Paty. -¡Ay, María! ¡Por fin!

Jolín, me voy que llego tardísimo y aún me tengo que hacer las uñas

y de todo. -¿Qué pasa? ¿Qué prisas?

¿Adónde vas? -¿No has leído el mensaje?

-¿Qué mensaje? No me ha sonado nada. Bueno...

Ostras, ¡lo llevo en silencio!

Sí que es verdad, tengo una nota de voz. ¿Qué me decías?

-Nada, que me voy a un concierto esta noche en la Red Star.

-Vale. ¿Y qué vas, con Jairo?

-Ya sé lo que me vas a decir, que estoy liando más las cosas

y todo eso, pero es que me apetece mucho.

No sé, seguramente es un error, fijo que va a ser un error,

pero de lo único que tengo ganas ahora es de bailar con él.

-Te iba a decir que estás en una edad estupenda

para cometer todos los errores que te dé la gana.

Así que vete a ese concierto, disfruta

que tienes todo el derecho a ser feliz. ¡Hala!

-Ya, pero a la vez me siento mal porque no quiero hacerle daño a nadie

y el pobre David pues... -Ya lo superará,

que es bien joven, bien guapo y tiene la cabeza bien amueblada.

Ya verás como en nada encuentra una muchacha.

-Ya. La verdad es que es superbuén chico.

-Y lo importante, que lo has mirado frente a frente

y le has dicho las cosas como las sentías.

No te has andado mareándolo con tus dudas.

Venga, vete.

-¿Por qué dices eso de marearlo con mis dudas?

Tú has hablado con Jesús, ¿no? -Pues mira, sí. Vengo de la frutería.

He ido y le he dicho que no quería que se fuera de Madrid,

que quería que se quedara aquí, conmigo.

-Pero bueno, qué directa, ¿no? -Pues sí.

Y sabes mejor que nadie lo que me ha costado todo esto.

Noches sin dormir, ahí, dándole vueltas al tema.

Pero chica, fue enterarme de que se iba

y de golpe lo vi claro que quiero estar con él.

-¿Y qué te ha dicho él? -Pues me ha dicho que se queda.

-¿En serio? ¡Ay, María, qué bien! De verdad, ¡cuánto me alegro!

-Pues sí, chica. El amor está en el aire,

así que esta noche triunfamos las dos.

Vete, disfruta mucho que ya verás que va a salir todo muy bien.

-Eso espero. Además, para nosotros es muy importante quedar en la Red Star.

-¿Sí? ¿Y eso?

-Pues porque ahí fue la primera vez que quedamos en plan serio.

-¿Sí? -Sí.

Aunque bueno, él me dio plantón ese día.

-Chica, sí que empezó bien la cosa. -Sí, la verdad es que sí.

No sé, yo creo que quedar ahí es su manera de decirme que ha cambiado.

-Pues venga, a ver si vas a llegar tarde tú.

-Me voy ya. -Corre como el viento, perdigón.

(SE RÍE) -Adiós. -Adiós.

-No sé, les di todo lo que había en la caja fuerte,

pero no sé si querían algo más, no, no dijeron nada.

-¿Cuándo comenzaron los disparos?

-Uno de ellos me estaba apuntando en la cabeza.

Estaba a punto de disparar cuando apareció Jairo de repente.

-¿Así? ¿De repente? -Sí, entró por aquí, por la puerta.

Gritó que me tirase al suelo y comenzó a disparar para salvarme.

-Entre él y el otro se dispararon, ¿no?

-Sí, sí, sí.

-Entonces, ¿el tipo que le estaba apuntando

fue el que recibió el primer disparo de Jairo?

-Sí, creo que sí. No sé.

Yo me tiré detrás de la mesa para protegerme

y escuché tres o cuatro disparos más. No recuerdo.

-¿Entre Jairo y el otro? -Sí.

-Entonces, fue el segundo encapuchado el que disparó a Jairo.

-Sí, así fue. Jairo lo dejó malherido antes de, antes de caer.

-No sé, estos tipos consiguen reducir al vigilante,

desconectan las cámaras de seguridad

y cuando tienen la caja fuerte abierta,

¿se lían a tiros? Yo no lo veo claro.

-No, no, la verdad es que no parece el típico atraco.

¿Estás seguro, señor Quintero, que solo querían robar?

-Yo ya les he dicho lo que vi y lo que ha pasado.

Averiguar el cómo y el por qué es su trabajo.

Déjenme en paz.

-¡Papá! -Hijo, hijo.

-Papá, ¿estás bien? -Espera.

Eh, mírame a mí, mírame a mí. -¿Qué pasó?

-Tranquilo. -Papá, ¿qué ha pasado?

-Nada, tranquilo. Es Jairo. Está muerto.

-¿Qué?

-Han entrado unos ladrones y le han disparado.

-Pero ¿cómo?

-Escúchame bien, hijo, escúchame bien, maldita sea.

No puedes decir ni una sola palabra de Somoza, ¿me entiendes?

Ni una sola palabra. Te van a hacer muchas preguntas,

muchas preguntas. Tienes que hablarles mucho,

tienes que contarles todos los detalles que puedas,

pero habla solo de tu trabajo en la dirección de "marketing", ¿vale?

De tus compañeros, de las campañas de publicidad,

pero ni una palabra de Somoza, ¿me oyes, hijo?

Eso es, tranquilo. -Señor Quintero.

Necesitamos hablar a solas con su hijo.

-Sí, claro. -Por favor, ¿me acompañas?

-Que no, nos entretendremos. -Quiero probar el pincho de tortilla.

Dijiste que estaba de muerte, ¿no?

-Sí, ¿pero para eso me haces reservar mesa?

-Yo tengo buen saque. -Hola, buenas noches.

-Hola. -¿Te queda pincho de tortilla?

-No, hija, a la hora de la cena ya ha volado.

Estamos a punto de cerrar, pero sentaos, os pongo lo que queráis.

-Vale, pues entonces dos "gin tonics".

-Bueno, menudo cambio.

-A grandes males, grandes remedios. -Ahora os lo pongo.

-Además, nos vendrá bien para ir abriendo boca.

-Ya. Tú vienes con ganas de marcha.

-No pensarás que he venido a Madrid solo para aburrirme en ese congreso.

-Ya. Cuando te vi vestida tan estilosa, he dicho:

esta no viene a trabajar. -La ropa gris la tengo en el hotel.

Para la noche hay que ponerse algo más interesante, ¿o no?

(Mensaje)

Aunque bueno, tú, Teresa, estás guapa te pongas lo que te pongas.

¿Todo bien? Si tienes que llamar o algo...

-No, no, no te preocupes. Oye, me gusta mucho tu chaqueta.

¿Es de cuero? -Sí.

Me da mal rollo porque nunca compro nada animal.

Además, es carísima,

pero me la regaló una exnovia y no la iba a rechazar.

-Rechazaste a la chica y te quedaste con la chaqueta.

-¿Cómo lo sabes? -Porque te conozco.

-Bueno, ya sabes que siempre he sido fiel a mí misma.

Oye, ¿tú qué tal? ¿Cómo te va en este barrio?

-Pues muy bien. Me está dando muchas alegrías.

-¿Alegrías? -En el trabajo, quiero decir.

La consulta va muy bien. -Y lo que no es el trabajo,

¿también te está dando alegrías? -También, también.

-Pero ¿no me vas a dar ni un solo detalle?

-Pero ¿qué detalles quieres saber, a ver?

-Bueno, bueno, déjalo.

Ya te los iré sacando a lo largo de la noche.

-Aquí tenéis, chicas. -Gracias.

-Gracias. -La noche es joven.

Lola, quería comentarte las diligencias del caso de Sebastián,

el acosador sexual del supermercado.

¿Está todo correcto? ¿Quieres que añada algo?

No, las diligencias están perfectas. En el juzgado les han parecido bien.

Quería darte la enhorabuena por cómo has resuelto el caso.

Gracias. Trabajo en equipo. Espe tiene mucho que ver.

Ya, pero tú eres la responsable de la UFAM.

Además, creo que habéis tirado muy bien del hilo.

Si no me equivoco, esto empezó por un comentario

de una chica en La Parra que no quería denunciar.

Tina, se llama.

La mayoría de las víctimas de acoso sexual no quieren hacerlo,

no quieren denunciar si es en el trabajo.

No me extraña. Con la que está cayendo,

temen quedarse sin trabajo. O que las acusen de farsantes.

La mayoría aún se cree el bulo de las denuncias falsas.

Es que las denuncias falsas hacen mucho daño

y solo son el 1 %.

Todavía menos en las últimas estadísticas. 1 de cada 10 000.

Oye, ¿y cómo conseguiste convencer a Tina para que denunciara?

Pues le dije que no solo lo hiciera por ella,

sino por las demás chicas que puedan estar sufriendo lo mismo.

Es como un efecto dominó.

Al ver que no están solas, que otras chicas deciden denunciar,

se atreven a hacerlo, se rompe la ley del silencio.

Se ven arropadas y hablan.

¿Y qué ha pasado con ella? ¿La han readmitido?

La gerente cuando se enteró volvió a restituirla en el puesto,

pero ella lo ha rechazado.

La han contratado en unos grandes almacenes.

Bueno, un caso que termina bien. Enhorabuena.

Lo comentaré en Jefatura y se van a llevar una alegría.

Gracias. Si puedes, coméntales el buen trabajo de Fede y Espe.

Han sido cruciales para cerrar el caso.

Por supuesto. Cuenta con ello. Y no estaría de más

que revisaran que se cumplen los protocolos de la UFAM en las oficina.

Si una víctima denuncia y no es atendida debidamente,

puede echarse atrás. Tienes razón. Disculpa.

De Elías. A ver.

Dime, Elías, ¿qué pasa? Cuéntame. Oye, ¿estás en comisaría?

"Sí, todavía estoy aquí. Me queda un rato".

Total, para llegar a casa y estar sola, no pasa nada.

Cuéntame, ¿dónde andas? "¿Ha pasado algo?".

Eh, sí, bueno, mira, es que ha habido un tiroteo

en Transportes Quintero. "Tenemos tres cadáveres".

¿Qué? Sí.

Acaba de llegar la Científica y el juez está de camino.

Claudia, uno de ellos es Jairo Batista.

Dios mío. ¿Has hablado con Alicia?

"No. Hemos llegado hace poco y apenas hemos tenido tiempo de nada".

Además, he pensado que preferirías hacerlo tú.

Sí, gracias. Has hecho muy bien. Bueno, cuéntame, ¿qué sabes?

Venga, reconócelo, soy el rey de la lasaña.

Pero si ya estaba hecha. ¿Y qué? Pero estaba buena, ¿no?

A ver, ¿qué tal si un día cocinas de verdad?

Ahí sí te pongo nota. No me lo digas dos veces

porque lo hago encantado. Y también haces postre.

Bueno, yo creo que ya es abuso de autoridad, inspectora.

Pero bueno, acepto el reto.

El próximo día te preparo un tiramisú que...

No, tiramisú, no.

Lleva huevo crudo y no me atrevo, estoy embarazada.

Me va a costar triunfar contigo.

Te has marcado un punto con el vino sin alcohol.

Me ha sabido a agua. Elegiré otra botella la próxima vez.

Bueno, inténtalo.

¿Estamos hablando de vino o de otra cosa?

No lo sé, dímelo tú.

(Timbre)

No sé quién será.

Claudia. ¿Puedo pasar?

Claro. ¿Estás bien?

(Puerta)

Buenas noches, inspectora. Hola. ¿Podemos hablar?

¿Qué ha pasado? Tienes muy mala cara.

Si queréis, yo me voy.

Cuéntame, por favor, qué ha pasado.

Han entrado a robar en Transportes Quintero.

Dos atracadores. Ha habido un tiroteo.

¿A Fernando le ha pasado algo? No.

Se enfrentó a ellos, pero salió ileso gracias a Jairo.

Al parecer, llegó a tiempo de salvarle la vida.

¿Jairo intervino en ese tiroteo?

Le han disparado. Alicia, Jairo ha muerto.

¿Qué? ¿Qué estás diciendo, Claudia? No, no.

Los dos atracadores están muertos.

Parece ser que a Jairo le dio tiempo a disparar

y uno de ellos le abatió.

En este momento, Nacha y Elías están con las declaraciones

y Científica ya está tomando pruebas de todo.

No puede ser.

No puede ser, no. No, no puede ser.

Hola. -Buenas noches, Espe.

-Hola, Teresa, ¿va todo bien? -Bueno, así, así.

Venimos a poner una denuncia. -¿Os ha pasado algo? ¿Estáis bien?

-No sé, es que vengo muerta de frío. -Que le han robado la cazadora.

Era carísima, valía una pasta. -Vaya, cuánto lo siento.

Si queréis os tomo declaración. Estoy libre.

-No creo que haga falta tanta molestia.

Además, supongo que estas cosas no suelen aparecer.

-Bueno, nunca se sabe.

¿Dónde os la han robado? ¿En algún local?

-Sí, en el Santos, que está en la calle Gomeros.

-Ah, sí, sí, sé cuál es, sí.

¿Habéis visto quién se la ha llevado? -No.

-Pero había un grupo de jovencitas con cara de querer liarla.

Pero tampoco puedo asegurar que hayan sido ellas.

-Me dijiste que no paraban de mirar la chaqueta.

-Ya, pero igual ha sido una mala impresión mía.

-¿Me podéis dar una descripción de las chicas?

-Eh, no, pero mira, puedo dar algo mejor.

Nos hicimos algunos selfis y ellas aparecen al fondo.

Mira, son... Están ahí, ¿las ves? -A ver, que lo amplíe, esto.

Ah, sí, estas que van de negro que están detrás.

-Sí. -¿Y el valor estimado de la chaqueta?

-Pues bastante cara, tipo 600 euros.

Es que era un regalo de una exnovia y tiene más valor sentimental.

-Pero si me dijiste que acabasteis fatal.

-Valor sentimental por la chaqueta que no me ha hecho nada malo

y es una chulada.

(Móvil)

Si es urgente, cógelo. -No, no pasa nada.

-¿A qué hora entrasteis en el pub? -¿En el Santos?

Pues ¿sobre las 23:45 o así? -Por ahí, sí.

-¿Y cuándo visteis que la chaqueta había desaparecido?

-Hace media hora, cuando salíamos.

Le estuvimos preguntando a la gente del local, pero nadie las conocía.

Doy por hecho que me he quedado sin ella.

-Espérate. Quizá hay cámaras en la calle

o tienen a las chicas fichadas y pueden localizarlas.

-Tendrán cosas más importantes que hacer que revisar cámaras

por una simple chaqueta.

-Yo doy curso de la denuncia, que aquí se investiga todo.

Como mínimo nos servirá para recabar datos sobre delitos

y para que figure en las estadísticas.

Cuantos más datos tenemos, mejor hacemos nuestro trabajo

y cuantos más delitos se denuncian, más dotación tiene la comisaría.

-Eso no lo había pensado. -Ya.

-Ahora os recomendaría vigilar los sitios de venta por internet,

sobre todo los de aplicación móvil.

Ahí se mueve género y es fácil localizar al vendedor.

-Vale, vamos a meternos en internet a localizarla.

-Con tu DNI, paso la información a la oficina de denuncias

y esperadme aquí porque puede que mi compañero quiera preguntaros.

-Claro, lo que necesites. Mira, toma.

-Gracias. -Gracias.

(RESOPLA) -Venga.

(SUSPIRA)

-Bueno, ¿qué? ¿Te vienes conmigo al hotel?

Yo de fiesta no puedo seguir que me he quedado pajarito

y tengo televisión por cable, podemos ver una peli.

-Tú eres un peligro público, ¿lo sabías?

-O también podemos tomarnos una copa del mueble bar,

como prefieras.

-¿No tienes que madrugar para ir a un congreso?

-Es verdad. Mejor nos metemos en la cama prontito.

-¡Quita!

-Hola, Jesús, ¿quieres tomar algo? -No, solo quería hablar contigo.

(SUSPIRA) Perdona, es que no sé cómo decirlo.

Llevo un buen rato ahí fuera como un pasmarote

intentando encontrar las palabras, pero...

-Hombre, tenemos confianza, ¿no?

Tú dilo como te salga y luego ya veremos.

-Mira, quería saber si lo que ha pasado antes en la tienda

pues si es verdad, si es real.

-¿El beso? ¿Si era real, si ha sido real?

Hombre yo, si no estaba soñando, yo creo que sí.

Ha sido bastante real. -Que no, en serio.

Quiero decir, si esto va a seguir siendo real.

Esto también ha quedado fatal. Parece que te estoy pidiendo compromiso.

A ver, María, no es eso, pero es que tienes que entenderlo

porque ha habido tantos vaivenes que...

-No te fías de mí, lo entiendo.

-No es que no me fíe, pero no quiero volver a pasarlo mal.

-Ya, ya. -No sé, María.

Al principio estábamos tan bien y, de repente,

te empezaron a surgir las dudas y fue muy duro para mí.

-Lo sé, Jesús. De verdad que lo siento mucho.

-Ya. Y después te fuiste al pueblo sin avisar...

Para mí esa semana fue tremenda.

Y fue peor cuando regresaste y me dijiste

que no querías estar conmigo. No quiero volver a pasar por eso.

-Lo sé, Jesús. Yo tampoco. Para mí también fue muy difícil.

Lamentablemente, nadie puede jurar

que mañana vaya a seguir sintiendo lo mismo, pero...

-María, no se trata de jurar que vayamos a estar juntos toda la vida.

No. Yo solo quiero saber si ahora, si en este momento,

pues estás segura de lo que sientes.

-Eso sí te lo puedo asegurar.

De hecho, si me he atrevido a ir a tu tienda

a pedirte que no te fueras de Madrid y te quedaras conmigo

es porque estoy muy segura de lo que siento

y de lo que quiero y lo que quiero es estar contigo.

-Perdona si antes he sido un poco...

-No, no, no te disculpes, si entiendo que después de todo, tú necesites,

no sé, una garantía, pero yo solo te puedo dar esto.

No sé si te vale.

-Por ahora me vale, pero a lo mejor tendrás que renovar esa garantía.

-Pues cada vez que lo necesites, claro.

Estamos cerrados.

-Ay, perdón, María. No quería molestar.

-Lo siento, Nacha, no sabía que eras tú. Pasa, cariño.

-Solo quería coger unos cafés para llevar.

Es que nos espera una larga noche. -Claro que sí. Lo siento.

-No, tranquila. Es trabajo. Nos vemos mañana.

-Venga. -Chao, Jesús.

-Corazón, pues tú me dirás. ¿Cuántos te pongo?

-Eh, dos con leche y tres solos dobles, si es posible.

-Muy bien.

-Qué mala cara traes, nena, ¿ha pasado algo?

-En principio no debería decir nada, pero bueno, ya mañana

la noticia será de dominio público y contigo hay confianza, da igual.

Ha habido un tiroteo en Transportes Quintero

y hubo tres muertos.

-Ay, Dios mío, pero ¿Fernando Quintero está bien?

-Sí, Quintero está bien, pero Jairo, no.

Recibió dos disparos y murió en el acto.

-¿Jairo?

Pero si Jairo no estaba allí. ¿Cómo que lo han disparado?

¿Y quién ha sido?

-Perdóname, María, no te puedo dar más detalles.

La investigación está abierta.

(Música pop)

-Tío, ¿se puede saber dónde cojones estás?

Una hora esperándote, colega, ¿qué haces?

¡Coño!

-"Hola, soy Jairo. Deja tu mensaje después de la señal".

(Móvil con batería baja)

-No, encima ahora.

-Alicia, siento mucho que hayas tenido que verlo así.

Hemos identificado a los agresores.

Los dos tenían antecedentes penales y condenas medias.

Supongo que eso hace que encaje todo, ¿no?

¿Qué quiere decir? No sé,

parece que sabían muy bien lo que hacían

y sabían manejar armas perfectamente. Parecían verdaderos profesionales.

Es normal que tengan antecedentes. Verá, por mi experiencia sé que,

cuando en una investigación las piezas encajan muy bien

es porque alguien se ha ocupado de hacerlas encajar.

Perdone, ¿eso qué quiere decir? -Déjalo, Julio.

-Ha sonado como si te acusara de algo.

-Julio, déjalo, por favor. Son policías.

Hay algo que no entiendo.

¿Por qué iban a matarle si tenían el dinero en la bolsa?

Si habían vaciado la caja fuerte, ¿por qué no se largaron?

No lo sé, Alicia, supongo que no querrían dejar testigos.

Iban encapuchados, ¿qué más les da los testigos?

Oye, Alicia, ya que no podéis prevenir los crímenes,

¿no podrías dejar a las víctimas, por favor?

-Julio, te lo pido por favor yo, no entres en su juego, ¿de acuerdo?

Señor Quintero, ¿el contenido de la caja fuerte estaba asegurado?

Sí, estaba asegurado, sí.

Entonces parece claro que Jairo Batista no se jugó la vida

por recuperar el dinero, sino porque sabía que le iban a matar.

La pregunta es por qué lo sabía.

No lo sé, supongo que porque me estaban apuntando con una pistola.

Pero ¿no era una amenaza para llevarse el dinero?

Supongo, no lo sé. ¿Tal vez era otra cosa?

Perdone, inspectora, es que no sé si estoy entendiendo

lo que me está queriendo decir. ¿Qué es lo que me quiere preguntar?

Te está preguntando si esta vez nadie dejó una postal de Colombia.

¿En serio?

¿De verdad me vas a hacer responsable o culpable también de esta muerte?

Señor Quintero, este crimen lleva el sello del narco colombiano.

Jairo Batista ya perdió a su hermano

y Róber Batista era uno de los nuestros,

así que no vamos a dejar de hacerle las preguntas

que consideremos necesarias por cortesía.

Ya le he dicho que yo no conozco de nada a esos dos hombres

ni tengo nada que ver con ningún narco colombiano.

La persona que ha muerto aquí, esta noche, en mis brazos

era alguien a quien yo quería como un hijo

y lo único que estoy pidiendo es justicia.

¿Justicia?

Justicia será el día que vayas a la cárcel por tus crímenes.

Alicia, por favor.

Sabes perfectamente que yo habría dado mi vida por la suya.

Bonitas palabras, pero yo ahora tengo que decirle a una madre

que su hijo menor ha muerto como murió su hijo mayor: asesinado.

Y que la única persona que podría llevarnos a sus asesinos

¡se niega a decir una palabra! Alicia. Alicia, por favor.

Alicia, ve a hablar con Felisa.

Ve ya. No quiero que se entere por otro lado.

Y ustedes pueden irse a casa.

Una patrulla les llevara. Por favor, estén localizables.

La investigación promete ser larga. Por favor.

Venga, papá, vamos.

-¿Cómo que el plan ha funcionado a medias?

O sea, que Quintero está muerto a medias.

-Quintero está vivo. -¿Cómo dice eso?

¿A qué clase de inútiles utilizó para hacer este trabajo?

-No sabemos lo que pasó, pero la radio de la policía dice

que hubo tres muertos y a Quintero le han visto.

-¿Tres muertos? ¿Quién es el otro? -Jairo Batista. Está muerto.

Supongo que volvería a por algo, encontraría a Quintero

y se pondría a disparar.

-Supone, o sea que usted no sabe un carajo de lo que ha pasado.

¡Usted es un inútil!

-Hemos empezado a acabar con nuestros enemigos.

Ya estaba bien de tonterías. -¿Qué me importa la muerte de Jairo?

Quiero salir del general, no de los soldaditos.

-Ese cabrón intentó matarle, patrón. -Usted no está entendiendo, ¿no?

¿Eh? Con la muerte de Quintero hacemos que su hijo negocie.

Con Batista muerto hacemos

que la policía esté detrás de Transportes Quintero.

-No tiene que preocuparse de la policía.

He armado una coartada fiable.

-¿En serio me está hablando de fiabilidad ahora?

-Lo siento mucho, patrón.

-Tano, estamos en una guerra y me quitó el factor sorpresa.

¿Cuándo nos vamos a acercar a Quintero?

-Volveremos a intentarlo. -¿Cuándo, eh?

Porque puede que esos desgraciados hayan borrado el rastro,

pero la policía no es inútil.

Va a estar detrás de nosotros en cada movimiento

y Quintero va a estar sediento de sangre.

-No podremos acercarnos a él durante un tiempo,

pero le hemos debilitado. Jairo era como su hijo.

-¿Cree que la muerte de un hijo lo debilita?

¿Acaso me vio debilitado cuando se murió mi hijo?

Es todo lo contrario, "mijo".

Ahora Quintero va a tener más fuerza para buscar su venganza.

-No sé qué decirle, patrón. -¡No diga nada!

¡Cállese la boca y váyase de aquí!

Si hay algo que detesto más que un inútil

es un inútil tratando de justificarse.

(RESOPLA)

-Que no, Elías, que no, te lo vuelvo a repetir.

Jairo era mayor de edad, tomaba sus propias decisiones.

Él era el único responsable de estas consecuencias.

-Lo dices porque no tienes hijos. -¿Qué tiene que ver?

-No te lo voy ni a explicar porque no lo entenderías.

Los que no tenéis hijos, veis todo más sencillo.

-Ah, no, claro, lo que tú digas.

-Oye, perdóname, Nacha, que estoy tocado con esto de Jairo.

Le quería mucho, era muy buen chaval.

Tenía mucho corazón y muy poca cabeza, la verdad.

-Y le faltaba un padre. Eso fue lo que lo mató.

Vio en Quintero todas las cualidades de una figura paterna que él no tuvo.

-Así es, pero Quintero no lo veía como un hijo,

lo veía como un soldado y eso les pasa a los soldados.

-Yo creo que Quintero sí que lo quería de verdad.

No sé, se le veía muy afectado.

Cuando entramos y lo estaba sujetando en los brazos,

hasta tú fuiste amable.

-Es que le vi, no sé, tan destrozado sin poder soltar el cadáver de Jairo.

Me recordó a mí cuando le dieron la paliza a Isra.

Empatizas, es inevitable.

Pero bueno, sigue siendo culpable y debe pagar por sus delitos.

Ay, Espe. -Hola.

-Hola. -No me lo puedo quitar de la cabeza.

Pobre Jairo. -Pobre Alicia.

Dos veces seguidas en tan poco tiempo.

-A mí ahora la única persona que me viene a la mente es Felisa.

Esa madre... Pobre mujer.

-Alicia ha ido con ella a hacerle compañía.

-Oye, Espe, ¿y por aquí qué tal? ¿Cómo ha ido todo?

-Eh, tranquila. Bueno, estuvo Teresa.

-¿Ah, sí? ¿Y para qué? -Para poner una denuncia.

-¿Cómo así? ¿Le pasó algo? -No, tranquila, Teresa está bien.

De hecho, la denuncia la ponía la amiga que venía con ella.

Le robaron una cazadora en el bar donde estaban juntas.

-¡Ah! Ya, ya.

¿Y esa amiga te suena si se llamaba Mar?

-Sí, ¿la conoces?

-No, no. Bueno, Teresa me habló un poco de ella.

-Bueno, pues me vuelvo a la ODAC que tengo cosas pendientes.

Hasta luego, compañeros.

(SUSPIRA) -Estaba helada.

La única pega que le veo es

que ahora ya no voy a tener ninguna excusa para que me abraces.

-Conociéndote, seguro que se te ocurre algo.

-Y si no se me ocurre, me puedo quitar un poco de ropa

a ver qué pasa. -Ay, Dios mío.

-¿Me lo parece a mí o esta noche me lo estás poniendo más difícil?

-No lo sé. ¿Otros días te lo ponía más fácil?

-A lo mejor es que tengo que arriesgarme un poco.

-¡Ay!

-Ah, pues no. Al final ha sido muy fácil.

-Yo creo que se está haciendo tarde

y nos queda mucho congreso por delante.

Vamos a portarnos bien la primera noche.

-Pues no era cosa mía, un poco difícil sí que me lo estás poniendo.

Y creo que sé por qué. -¿Por qué?

-Yo diría que tiene que ver con esos mensajes que te llegan al móvil.

¿Quién te escribe tanto? ¿Uno de tus ligues?

-Puede ser, sí. -¡Ah!

Yo diría que es alguien de la comisaría.

¡Te he pillado! ¡Que sí, que te he pillado!

¡No me digas que te has echado una novia policía!

-¿Cómo lo sabes? ¿Quién te lo contó? -En la comisaría te he visto tensa

y la de la entrada te conocía, pero esa no es, desde luego.

-Esa no es.

-Me has dicho que el barrio te estaba dando alegrías.

No querías entrar en el bar donde van los policías,

para no tener encuentros incómodos, ¿no?

Cuéntame quién es. -¡Qué pesada eres!

-¡Huy! -A ver, se llama Nacha.

(ASIENTE)

-Y es una oficial de policía, es colombiana de origen.

Es muy inteligente, con mucho carácter.

-Y seguro que está como un tren, ¿a que sí?

Cuerpecito de gimnasio con ese uniforme y esas botas,

que no eres tú tonta. ¿Qué? ¿Vais en serio?

-¿En serio? -Sí.

-No lo sé. A ver, nos estamos conociendo.

No nos hemos prometido fidelidad ni nada.

Sabes que soy de relaciones abiertas. -Lo sé.

Por eso no entiendo qué hacemos hablando de ella

en vez de hablar de nosotras.

Además, me merezco que alguien me compense

por el disgusto de la chaqueta y todo el frío que he pasado.

-La verdad es que para tu primer día, poner una denuncia no es plan.

-No, no es plan. Se me ocurren cosas mucho mejores que hacer.

-Eres mala, pero mala. -Por eso te gusto tanto.

-Paty, soy yo otra vez.

Llámame, por favor, que es importante.

-Bueno, es que no te vas a creer lo que me ha pasado.

¡No te lo vas a creer!

¿Recuerdas lo que te conté de que Jairo me dejó tirada?

¡Pues me lo ha vuelto a hacer! ¡Ole!

Me lo ha vuelto a hacer, con dos cojones.

Dos horas he estado esperando en la disco

con este frío y esta mierda de chaqueta.

-Cariño, ven que quiero hablar contigo.

-Y ni una llamada, por supuesto, ni un mensaje ni nada.

Y yo llamándole, que me he fundido el teléfono

¡y no me lo coge, el tío! ¡Muy fuerte!

Pero te digo una cosa, paso. O sea, paso completamente.

Que haga lo que le dé la gana, ¡yo estoy harta!

¿Y tú por qué estás aquí aún? ¿Qué...?

-Siéntate, Paty, que quiero hablar contigo.

-¿Qué pasa?

-Madre mía, ¿cómo te digo esto? -María, ¿qué pasa?

-Ha venido Nacha hace un rato que venía de Transportes Quintero.

Han entrado una banda de atracadores, se ha producido un tiroteo

y Jairo estaba allí. -¿Y qué ha pasado?

-Pues Jairo ha intentado defender a Fernando

y los atracadores... -Los atracadores, ¿qué?

¿Qué ha pasado? ¿Jairo está bien, está herido? María...

-Le han disparado, Paty y lo han matado.

Lo siento mucho, cariño.

-No tiene sentido lo que me dices. ¿Qué dices, María, qué dices?

¿Qué dices? Que no, que...

¿A qué hora ha pasado esto? Jairo no trabaja tan tarde.

Es imposible que estuviera ahí. -Nacha lo ha visto con sus ojos.

-Bueno, pues Nacha se confunde con sus ojos.

María, que no, es imposible. Jairo había quedado conmigo.

Si hubiera tenido que ir a la empresa,

me habría escrito o digo algo antes, vamos, creo.

¡Que había quedado conmigo! Que no, María.

-La policía lo ha identificado.

Le he preguntado a Nacha si podíamos ir,

pero como ha pasado todo así... -Qué tonterías estás diciendo, María.

-Es verdad. -María, que no.

Vale, ya lo pillo, me estáis preparando una sorpresa.

Te ha pedido que... Es eso, Jairo está aquí escondido

y me está vacilando como quiere.

¡Jairo, sal de una vez porque no tiene ni puñetera gracia!

-Paty, cariño. Se ha ido.

Lo ha confirmado la policía. Se ha ido, era él.

Lo siento mucho, Paty.

Lo siento muchísimo. -Que no.

-Lo siento, cariño.

-Que no, que es imposible, María, que no.

¿De verdad? -Sí.

-¿De verdad?

¿De verdad, María? -Nacha lo ha visto.

-¡No, María, no! -Nacha lo ha visto.

-¡No!

-Seguid vigilando. Avisadme si hay cualquier movimiento.

Los Quintero no han salido de casa.

-¿A quién tiene vigilando? -Gente de confianza.

-Si nos ven en la puerta...

-Están en un hotel con un teleobjetivo.

No debe preocuparse por la policía, se lo aseguro.

-Usted asegura muchas cosas.

(Móvil)

-Dime. Espera. Tenemos visita, el oficial Lemos.

¿Qué hacemos? -Pues hágalo pasar.

-Mándalo para acá.

-¿Con que no tenía que preocuparme por la policía?

-¿Qué quiere que haga? -Callarse y servir dos copas de ron.

Oficial Lemos, qué horas tan extrañas de hacer esa visita.

Igual de extrañas como para estar trabajando.

¿Quién ha dicho que estamos trabajando?

Nosotros estamos celebrando un pequeño éxito de la empresa.

¿Quieres celebrar con nosotros? Tano, sírvale un trago al oficial.

No será necesario, gracias, pero le voy a rechazar esa copa.

¿Qué pasa? ¿Que estás de servicio? No, pero como si lo estuviera.

Mañana va a ser un día bastante movidito.

Las cosas en comisaría están revolucionadas

gracias a la que han liado en Transportes Quintero.

Ajá, que nos vamos a hacer los tontos.

Bien pensado. Sí, tiene sentido.

Sí, porque si yo la hubiese cagado tanto,

también intentaría mantener el tipo, por si acaso.

Entiendo que ha pasado algo en Transportes Quintero.

¿Qué tiene que ver con nosotros y su visita?

¿Está diciendo que no sabe del asalto a mano armada

ni del tiroteo ni de los tres cadáveres que han aparecido?

¿Tres cadáveres? Ah, no, pero eso es terrible.

¿Y quiénes fueron los muertos? No me tome por tonto, señor Somoza.

En este barrio se está librando una guerra.

Usted iba a por un general y ha conseguido a un sargento.

Mire, oficial, le voy a decir una cosa.

Si vino a traer información confidencial como siempre,

pues hacemos negocio.

De lo contrario, no tenemos nada que hablar.

Que no quiere hablar. Está bien, lo entiendo.

Pero de verdad, la próxima vez, antes de hacer una chapuza,

contrate a un profesional.

Está claro que le hace falta. Buenas noches.

¿Quién se cree este muerto de hambre que es para hablarnos así?

Tendría que darle una paliza. -Lo que está diciendo es cierto.

Lo de esta noche fue una chapuza.

-¿Y tendría que ponerme a sus órdenes?

y pedirle que nos ayude a matar a Quintero?

-A Iker no hay que pedirle un favor, nos puede salir caro.

Sabemos que es un policía corrupto, pero no hasta dónde.

Ahora no podemos estar confiando en nadie.

Iker Lemos es solo un recadero y eso lo vamos a dejar así.

No le podemos estar dando información porque le va a dar poder.

Cuando veamos sus manos llenas de sangre, le hablamos de sangre.

Entretanto, calladitos y bien discretos.

Felisa, ven. Déjame que te ayude. Vamos a sentarnos.

Voy a preparar una tila.

Felisa, deja estas pastillas. Te van a sentar mal.

¿Y qué más me da que me sienten mal? ¿Que me maten?

Si ya no me queda nada. Que me maten ya, por favor.

Oye, no digas eso, ¿eh?

¿Qué le queda a una madre cuando le quitan a sus hijos?

Yo solo quiero irme de este mundo.

Y pensar que su padre los ha sobrevivido a los dos,

ese monstruo.

¿Qué te he hecho yo, Dios mío, qué te he hecho yo?

Te llevas a los buenos y me dejas con lo peor.

Escúchame.

A Róber y a Jairo todos los van a recordar con mucho cariño.

¿Sabes cómo hablan de Róber en comisaría?

Todo el mundo lo recuerda como un héroe.

Noble, valiente, simpático...

El mejor compañero que uno puede tener.

Y Jairo murió por proteger a una persona que quería y admiraba.

No, Jairo murió por proteger a un delincuente.

Es cierto, pero también es verdad que Quintero fue la única persona

que confió en él y le dio una oportunidad.

Felisa, tus hijos han sido un gran ejemplo

y tienes que estar orgullosa de cómo los has criado.

¿Y cuándo podré ver a mi niño? Yo necesito despedirme de él.

Mañana o igual pasado mañana.

Todavía tienen que investigar qué ha pasado.

¿Investigar el qué? ¿No me dijiste que fue un atraco?

Sí, todo apunta a que lo es, pero allí se dispararon dos armas.

La policía tiene obligación de esclarecer

todos los detalles de ese tiroteo.

Pero ¿entraron a robar o no entraron a robar, Alicia? Dime la verdad.

La verdad la sabremos cuando la investigación termine.

Ahora solo tenemos hipótesis. No merece la pena que pensemos en esto.

Cuando esto termine me tienes que contar

quién mató a mi hijo y por qué. No me escondas nada.

No.

Quiero saberlo todo, sea lo que sea. Quiero saber toda la verdad.

Te prometo que te contaré toda la verdad.

Voy a por esa infusión.

¿Quieres que te prepare algo de cenar?

-No, no.

-¿Te vas a acostar ya? -No creo. No podría dormir.

-¿Quieres que hablemos?

-¿Para qué? -Papá, suéltalo.

Suéltalo, no te lo guardes. Llevas mucho rato conteniéndote.

Si tienes que llorar, llora.

Si tienes que gritar, romper algo, lo que sea, hazlo, pero suéltalo.

-No hay nada que soltar, hijo. Lo único que estoy es arrepentido.

-Arrepentido, ¿por qué?

-Por no hacer lo que tendría que haber hecho al principio.

Hacerle caso a mi instinto. La primera intuición es la que vale.

-¿De qué me hablas, exactamente?

-De acabar de una maldita vez con ese colombiano.

Eso es lo que tendría que haber hecho.

Desde el principio supe que se trataba de él o yo,

uno de los dos tenía que morir.

Pero quería, yo quería negociar,

no para llegar a un acuerdo entre nuestras empresas,

sino para firmar la paz entre ese tipo y yo.

Está claro que con ese hombre solo se puede ser víctima o verdugo.

(Cajón)

-Papá, ¡papá, espera! -Ya he esperado demasiado.

-No vas a irte si no dejas la pistola.

-Apártate de mi camino, Julio. -Pero ¿estás mal de la cabeza?

¿No ves que vamos a tener a la policía vigilando?

-Escúchame bien, hijo.

Yo sé que voy a terminar en la cárcel con todo este asunto,

pero al menos estaré vivo y tú, Alicia y ese bebé, también.

-No, ni hablar. Deja eso.

-Se lo prometí a Jairo, ¿sabes?

Fue lo último que me escuchó decir en vida.

Me hizo prometerle que acabaría con mis manos con ese colombiano.

-Vale, de acuerdo, papá, pero no así, así, no.

Si quieres ir a por Somoza, tienes que tener un plan.

No puedes presentarte pistola en mano.

Es un suicidio, no pasarías de la puerta.

-24 años, maldita sea.

¡Si es que solo tenía 24 años, joder! Tenía toda la vida por delante.

Ahora tendría que estar bailando con su chica,

divirtiéndose por ahí y ya no va a poder hacerlo nunca más.

Y todo por mi culpa, ¡Dios!

La he jodido, hijo. La he cagado, pero bien.

Y todo por el maldito dinero, por la puñetera codicia,

por la ambición. -Papá, no digas eso.

Has sido muy generoso. Mira lo que has hecho por el barrio.

-Podíamos estar viviendo muy bien de la empresa legal,

del negocio de los transportes, pero yo quería más, ¡siempre más!

-Papá, venga, ven, ven, siéntate. Tranquilo.

Escúchame bien.

Escucha. Jairo decidió dar su vida por ti.

Esté donde esté ahora, seguro que se siente orgulloso de su decisión.

-Jairo solo era un crío, Julio, solo era un crío

y yo lo puse en la línea de fuego. -No, le diste una responsabilidad.

Lo trataste como a un hombre responsable y no como a un ratero.

Tú le devolviste la dignidad. -¿Y de qué ha servido, maldita sea?

Dime, ¿de qué ha servido?

Escúchame, hijo, solo te voy a pedir una cosa.

Aléjate de mí, aléjate todo lo que puedas de mí

y ponte a salvo, te lo pido por favor.

No lo podría soportar porque todo lo que quiero en mi vida,

tarde o temprano termina muriendo. -No me voy a ninguna parte.

No pienso dejarte solo. -Te lo pido por favor.

-Papá. -No quiero que corras peligro.

-Tranquilo, tranquilo.

Solo necesitabas soltarlo, nada más. Está bien.

Te prometo que todo está bien. Tranquilo.

-Mira que le dije veces, que le advertí

que no se acercara a ese hombre. Estaba como ciego con él.

Cuando le sacaba el tema, se ponía como loco.

Aquí solo hay un culpable: Fernando Quintero.

Está claro que desde que han desembarcado los narcos colombianos

en el barrio, no hay más que desgracias.

Primero Salva, luego Róber, ahora Jairo.

La guerra de verdad igual no ha empezado.

¿Qué quieres decir?

Que Quintero no se va a cruzar de brazos.

Es el que la devuelve ahora y bien.

Recuerde una cosa, señor Somoza, que yo tampoco perdono ni olvido.

Yo no sé de qué me está hablando.

Marque en un calendario los días de libertad que le quedan.

Si cree que Quintero es su enemigo, no sabe quién soy yo.

Quiero hablar con Fernando Quintero. -Claro, pase.

Siento mucho lo de su hijo. Éramos grandes amigos.

-Asesino.

-Julio, será mejor que entres dentro. Ve a tu habitación y déjanos solos.

-He decido que no vamos a vender la tienda.

-¿Se puede saber a qué viene este cambio radical?

Alguna razón habrá.

-María, que me ha pedido que me quede.

-¿Eso significa que habéis vuelto juntos?

-Sí, vamos a darnos una segunda oportunidad.

-¿Estás seguro?

-Paty, criatura, ¿qué haces aquí? Te dije que no vinieras.

-No puedo estar más en casa, te lo juro. No puedo más.

No he pegado ojo en toda la noche.

A las cinco de la mañana, harta de dar vueltas,

me fui a correr a ver si me despejaba o yo qué sé para qué.

-No vaya a creer que se me olvida que la cagó

al no cumplir con el objetivo principal, Tano.

Pero por lo menos le estamos sacando una tajada.

-Apuesto a que habrá una desbandada de clientes

y que los distribuidores estarán muertos de miedo.

Ahora le estarán abandonando todos.

-Bueno, reconozco que le estoy viendo la ventaja de matar a ese perro.

Me gusta ver sufrir a Quintero antes de que se muera.

-¿Anoche bien? Sí, seguro que sí.

Os debisteis echar unas risas a mi costa, ¿no?

Aunque a lo mejor ni tuvisteis tiempo, ibais a la vuestra.

Unos bailes, unas copas y un buen polvo.

-David, no hubo nada de eso. -No me des explicaciones.

Ponme ya el quinto, va.

-¿Problemas con Teresa? -¿Qué os pasa?

Si nos lo quieres contar, claro. -Creo que Teresa me engaña.

-¿Con la amiga de la cazadora "fashion"?

-Sí. Esta mañana nos hemos cruzado en la plaza,

Teresa iba con ella y, no sé, me dio muy mala espina.

¡Hola! ¡Ay! ¿Se puede?

¡Cariño! ¡Cariño, cariño, cariño! Pero ¿no venías la semana que viene?

Te engañé porque te quería dar una sorpresa.

-"¡Que te quietes del medio y me dejes pasar!".

"¡Gilipollas! ¡Quita!".

-¿Adónde vas? -¿Qué?

-¿Adónde vas?

-Déjelo pasar que voy a atender a este.

  • Capítulo 266

Servir y proteger - Capítulo 266

22 may 2018

La muerte de Jairo sacude Distrito Sur. Quintero, desgarrado por la pérdida del que ha considerado su hijo adoptivo, clama venganza contra Somoza. Alicia, también afectada, decide incorporarse a la investigación. Por su parte, María y Jesús deciden darse una nueva oportunidad.

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