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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 26 - ver ahora
Transcripción completa

Fernando es todo un señor y ha hecho mucho por el barrio.

Una mujer acaba de presentar una denuncia por agresión sexual.

-Fue a mi hija a la que atacaron.

Llevaba una máscara de payaso.

-Ayudaría mucho saber si su hija se acuerda de algo del violador.

-Olía mal, como si mezclara un perfume con productos químicos.

-Hacéis todo lo posible, ¿no? No es suficiente, Antonio. No lo es.

Además, me saca de quicio ese periodista carroñero

que aprovecha el dolor ajeno y encima nos sabotea.

"Víctima de la incompetencia policial".

-¿No se te ocurrió que estabas exponiéndola ante todos?

-Nunca debí dar esa entrevista.

No sabe cómo se puso cuando la vio, estaba fuera de sí.

Por eso quiso quitarse la vida.

Ay, ya está aquí. Doctor, ¿cómo está mi hija?

-Está fuera de peligro, se encuentra bien.

-Ya me dirás algo, María. Te dejo mi número, ¿vale?

-Vale. -¿Qué pasa?

-Que el hombre no quiere que siga con el alquiler del bar.

-Si siempre pagas puntual.

-No quiere tener nada alquilado. Quiere poner en venta el local.

Ibarra tiene cáncer, por eso venía a verte tantas veces, ¿no?

Voy a hacer todo lo que sea necesario para ayudarte.

-Gracias.

-Me rayo porque eres un falso y un hipócrita.

Olga, ¿a qué viene eso?

No me da la gana que se haga aquí el bueno

y luego a escondidas se esté dando abrazos con su amiga Montse.

-Ya te he dicho que ese abrazo no significaba nada.

-Por eso me dijiste que no se lo contase a mamá, ¿no?

-Alguien me dijo que estás queriendo comprar este local, ¿es cierto?

-Bueno, cómo vuelan las noticias en este barrio.

-Lo que quiero es prestarte el dinero para que tú te lo quedes.

Han decidido enviar a un inspector jefe

experto en delitos sexuales.

¿Te opusiste a la decisión? ¿Sacaste la cara por tu equipo?

¡No te confundas, respondo por tu trabajo!

Si te cuestionan a ti, también me están cuestionando a mí.

Si nos lo mandan es porque como responsable de la investigación

has fracasado.

Necesito respuestas o voy a volverme loca.

Todavía nos queda una alternativa, pero yo sé que tú no quieres.

Preguntarle a mi padre.

Las cosas entre tu madre y yo llevaban un tiempo muy mal.

Se comportaba de una manera extraña, no era la de siempre.

Yo empecé a sospechar lo peor. La eché inmediatamente de la casa.

Reaccionaste con rabia y es normal,

pero tú no tienes nada que ver en el accidente.

No quiero seguir hablando de esto.

-Todos sabemos con qué piensa Bremón cuando tiene a Lola cerca.

-La comisaría no sería lo mismo sin usted.

¿En serio? Si te marcharas te echaría de menos.

Te agradezco mucho que hayas venido a animarme.

Perdona, me tengo que ir.

(Música emocionante)

¡Me voy al insti, mamá! Cariño, pero ¿te vas a ir así?

¿Qué pasa? No tengo hambre, me cojo algo en la máquina del insti.

No me gusta que te vayas sin comer, pero no me refería a eso.

Me gustaría que habláramos de lo que pasó anoche.

Ah, ahora sí quieres tocar el temita.

Anoche no era el momento.

Ahora tu padre se ha ido a trabajar

y tú y yo tenemos un rato tranquilo para hablar de madre a hija.

Venga.

Tu padre no me pone los cuernos con esa mujer, ¿está claro?

Que no te lo estás creyendo ni tú, mamá.

A ver, hija, que la conocemos hace un montón de años.

No, ya lo sé, me lo dijo ella.

Pero ¿cómo que te lo dijo ella? ¿Por qué has hablado con ella?

Porque quería saber con quién te pone los cuernos papá.

(SUSPIRA)

Mira, siéntate.

(SUSPIRA)

Vamos a ver.

Hace unos días descubrí que ella visitaba a tu padre a la consulta

y confieso que pensé que podían tener algo.

O sea, que lo sabes hace días. Yo flipo.

Pero me equivoqué, Olga. Tu padre no tiene nada que ver con esa mujer.

Es solamente que le atiende por un problema de salud.

Ya está, eso es todo.

¿Y por qué sospechaste que te podía estar engañando?

Porque has dicho "descubrí". O sea, que mi padre no te contó nada.

Lo importante es que está todo aclarado.

Tu padre y esa mujer no tienen absolutamente nada.

Así que olvídate de esta historia.

Cuando hablé con esa mujer me dijo que fuisteis amigas.

Bueno, pero de eso hace mucho tiempo.

¿Y qué pasó? ¿Por qué os enfadasteis? Fue por papá, te ocultó algo.

Eso no tiene ninguna importancia. Deja el pasado tranquilo y ya está.

No me lo quieres contar porque te piensas

que soy una niña y no lo voy a entender.

Es posible que a veces te trate como a una niña,

pero hace mucho tiempo que me di cuenta

de que te has convertido en una mujer.

Pues cuéntamelo.

(SUSPIRA)

Hace muchos años, antes de que llegaras a nuestras vidas,

tu padre y yo atravesamos por una...

por una crisis y bueno,

decidimos separarnos durante un tiempo.

O sea que fue una crisis gorda.

Y durante el tiempo que nos dimos pues sucedió algo.

Que papá se enrolló con la otra.

Qué fuerte, yo lo que no sé es cómo papá pudo hacer algo así.

Lo importante es que se solucionó. Estamos juntos y nos queremos.

Yo no iba tan desencaminada con esa mujer.

Olga, te repito que en aquel momento

nosotros estábamos mal, nos habíamos dado un tiempo.

¿Ya estás intentando autoconvencerte de que no te puso los cuernos?

Porque vamos, no te lo estás creyendo ni tú.

Olga, somos una familia, estás tú con nosotros ahora,

somos felices. Todo aquello pertenece al pasado.

No para esa mujer.

¿Qué estás queriendo decir?

Pues que el abrazo que vi entre ellos no fue muy normal.

Ahora lo entiendo todo.

Bueno, puede que el abrazo no fuera normal porque...

pues porque es un abrazo de apoyo, de amistad, es un abrazo...

Mira, hay enfermedades que son muy duras

y se necesita mucho a los amigos, se necesita que te apoyen fuerte.

Bueno, puede ser eso, que no lo vi así.

Venga, ahora sé comprensiva con tu padre.

No le eches en cara nada de lo que te he contado.

Eso se queda entre tú y yo, ¿vale? Vale.

Uy, se me ha hecho supertarde.

Te veo luego, ¿vale? Vale.

Adiós.

Buenos días, papá. Buenos días.

¿Quieres un café?

Voy justo, pero me tomo uno rápido. Gracias.

¿Qué tal has dormido? Regular.

Los asuntos del bufete, ya sabes.

Ya.

Yo tampoco he dormido muy bien.

He estado pensando en la conversación de anoche.

Alicia, ¿qué necesidad hay en volver a eso?

Es porque dejamos la charla a medias.

Porque acabarla nos va a hacer daño. Yo me marcho que llego tarde.

Pero es que a mí que estemos así también me hace daño.

Por favor, háblame. Necesito saber la verdad.

(SUSPIRA)

Está bien.

¿Qué quieres saber?

¿Quién era el amante de mamá? ¿Tú lo sabes?

Me confesó que se veía con otro, pero no me dijo quién era.

¿Y no se lo preguntaste?

¿Y en todo este tiempo no pensaste en quién podía ser?

No tengo ni idea, Alicia.

Quizás era alguien de vuestro entorno.

Me dijiste que mamá llevaba una temporada muy distante.

Sí, pero hacía lo mismo de siempre, salía con sus amigas, iba de compras.

Eso es lo que ella te decía.

¿No estaba más pendiente del móvil? De alguna manera se comunicarían.

Papá. ¡Papá, contéstame! ¡No me fijé, la verdad!

Déjalo ya, Alicia.

Pero ¿no quieres saber con quién? ¡No, no quiero saberlo! No quiero.

La mujer que quería se veía con otro y no puedo soportarlo, Alicia.

¿Es que no te das cuenta?

¿No comprendes que todo esto me está torturando?

Por favor, tranquilízate.

Si pienso en su traición,

voy a volver a...

a hundirme y no sé si esta vez voy a poder salir de ahí.

Lo único que quiero es que estés bien.

Pues olvídate entonces de todo este tema.

No entiendo esta obsesión con este hombre.

¿Para qué quieres dar con él? Ya no hay nada que echarle en cara.

Vale.

Perdóname.

Quizás no debería haber insistido tanto.

Perdóname tú.

Tampoco tenía que haberte levantado la voz.

Ya está todo olvidado.

No quiero que este tema nos distancie.

Y no lo va a hacer.

Ahora sí que me marcho, que si no voy a tener

a González llamándome en nada.

Sabes lo mucho que te quiero, ¿verdad?

Y yo a ti.

(LLORA)

Pues yo creo que nos quedarán ya cinco minutos, ¿no?

Será cuestión de ir tirando para la comisaría.

Lola. -¿Qué?

Sí, sí, sí.

-¿Estás bien?

-Claro, ¿qué pasa? ¿Qué decías?

-Nada, nada.

Que...

Oye, ¿qué le parecieron ayer a Bremón las estadísticas de la UFAM?

-Pues creo que bien. -¿Crees?

Pero si los números están muy bien. Yo creo que son la pera.

-Sí, lo que pasa es que no dio tiempo a mucho,

con el follón que hubo ayer en la comisaría,

con la agresión sexual y el relevo de Miralles, pues...

-Pues ya es raro que apenas comentarais los números,

estuvisteis un buen rato en su despacho.

-Qué exagerada eres, tampoco estuvimos tanto tiempo.

-¿Y solo hablasteis de la UFAM?

-Claro, ¿de qué vamos a hablar?, ¿del tiempo?

Venga, vámonos que se nos está haciendo tarde.

¿Tienes cambio de cinco?

-Eso es lo que te he dicho antes, hace dos minutos.

-A ver. -Mira.

Ahí lo dejo, perfecto.

-¡Venga, hasta luego, buen día!

-Hasta luego, María. Gracias. -Hasta luego. Buen servicio.

Lo que te estaba diciendo: cuando me dijo que me prestaba el dinero

me quedé blanca como la cal.

Me tuve que tomar una copica y todo para que me saliera el habla.

-No me extraña, ¿cómo ibas a esperar una cosa así?

-Qué va y de don Fernando Quintero ni más ni menos.

Total, que me dijo que hoy le tenía que dar una respuesta.

-¿Y lo has decidido ya? -Sí.

Le voy a decir que acepto.

Me voy a convertir en la nueva propietaria

del bar La Parra.

-¿Estás segura? -Pues claro que estoy segura.

¿Cómo voy a desaprovechar una oportunidad así?

¿Qué pasa? ¿A qué viene esa cara?

-Pues eso, que parece que ha caído del cielo y me parece un poco raro.

Además, ¿qué consigue él con todo esto?

-Vamos a ver, ¿por qué tenemos que desconfiar?

-Tienes que reconocer que su oferta es un poco rara.

-Pero ¿por qué rara? Vamos a ver.

Fernando es todo un señor y ha hecho mucho por el barrio.

Tú estabas el otro día cuando habló de lo del centro cívico.

Que lo ha montado él con su propio dinero.

-Dijo que lo hacía para que los chavales

se entusiasmaran por algo y no estuvieran en la calle.

-Claro, porque él creció en este barrio

y le importa su gente. Lo que quiere es que prosperen.

También patrocina al equipo de fútbol

y ha hecho un montón de obras de caridad, un montón.

-Hombre, dicho así, parece un santo. -Me da igual lo que parezca.

Lo importante es que Quintero apoya a los emprendedores del barrio

como yo.

Además, me dijo que a doña Rosario le hacía mucha ilusión

que yo siguiese al frente del negocio.

-Si todo está muy bien, pero yo no me fío.

-Porque tú no te fías de nadie. Tú eres así.

-A ver, si Quintero es tan solidario y altruista,

¿por qué Elías insiste en que no es trigo limpio?

-Porque es como tú. Otro que no se fía ni de su sombra.

-Pero Elías es poli, lo dirá por algo.

-A ver, sí,

porque Quintero en su juventud cometió algunos errores.

Pero bueno, ya pagó.

El hombre ha demostrado ser un empresario honesto y honrado.

Además de todo un caballero, ya lo has visto.

-Está bien, María. Además, tú le conoces mejor que yo.

Y siempre has visto a la gente a la legua.

Así que si dices que es de fiar, es de fiar.

-Pues claro.

Así que lo voy a llamar y le voy a decir

que acepto su préstamo.

-¿Tienes las diligencias de un robo que se produjo hace tres días?

Mierda.

Vale, ya me ha quedado claro. ¿Te urge mucho?

Pues sí.

Elías y yo creemos que hay una banda organizada

detrás de todo los robos del barrio.

Así que estamos recabando las diligencias de todos.

Te las entrego hoy mismo.

Vale, gracias.

Si puede ser, cuanto antes, "porfa". Es que tenemos que estar dando parte

a Bremón a cada rato y está muy tiquismiquis con este tema.

¿Y eso?

Han dado un palo en la casa del concejal del distrito,

así que quiere que desarticulemos la banda a la voz de ya.

Me pongo con ello ahora mismo.

¿Te pasa algo, Alicia?

Me extraña que no las tengas redactadas y son casos de hace días

y siempre eres muy responsable con el tema del papeleo.

Bueno, es que estoy preocupada últimamente con temas personales,

pero eso no es disculpa.

Aguirre.

¿Se puede saber qué haces aquí de palique?

¿No tienes trabajo que sacar adelante?

Yo diría que te sale por las orejas.

Precisamente estaba consultándome sobre el robo de Virgen del Río.

Elías y ella creen que pudo perpetrarlo la banda

que atraca las viviendas del barrio.

Pásame las diligencias de ese robo.

Pues precisamente me iba a poner con ello ahora mismo.

¿Aún no las has terminado?

Ha sido un error, lo siento. No volverá a ocurrir.

¿Eso es todo lo que tienes que decir?

Porque esa excusa no me vale.

Me temo que ha sido culpa mía.

Le pedí ayuda en la reyerta entre bandas de la plaza Caurel

y supongo que eso la retrasó.

La ayuda de la inspectora fue crucial en este caso, jefe.

Ocaña, quiero las diligencias en mi despacho en menos de una hora.

La próxima vez que eches un cable a tus compañeros,

asegúrate de haber cumplido con todas tus obligaciones. Aguirre.

Hay que detener a esa banda que está desvalijando al barrio.

Solo nos faltaba que la prensa nos echara la culpa de esos robos.

Bastante tenemos con el agresor sexual.

Así que ya sabes, brío.

Descuide.

Nacha, gracias, te debo una. No me debes nada, somos compañeras.

Me voy para que puedas redactar eso, pero ya sabes, con brío.

(SUSPIRA)

¡Amalia! ¡Amalia! ¿Puedo hablar con usted un momento?

-Para usted no tengo ni un segundo. -Escúcheme, escúcheme.

Solo quiero saber cómo está su hija. -Cómo quiere que esté, muy mal.

Ese desalmado le ha destrozado la vida. Si me disculpa.

-No, escúcheme.

Sé que su hija ha intentado suicidarse.

Solo quiero decirle cuánto lo lamento.

-Yo sí que lamento dejarme embaucar por usted.

Nunca debí darle esa entrevista. -Solo escribí lo que me contó.

-No, escribió mucho más.

Puso datos de mi hija y escarbó en la herida.

A usted mi hija se la trae al fresco.

-Está bien. Tiene usted razón.

Me excedí dando informaciones. Le pido perdón.

-Deje de fingir, que no cuela.

¿Qué quiere? Engatusarme otra vez, ¿no?

Sí, para que le hable del intento de suicidio de mi hija

y así poder publicar otro titular.

-Amalia, yo jamás haría eso. Se equivoca conmigo.

-Sí, me equivoqué pero al confiar en usted,

pero no me engañará de nuevo.

Espero no verle nunca más.

-Amalia, ¿se encuentra bien?

-Ahora mismo iba a su consulta cuando este periodista,

por llamarlo de alguna manera, me ha entretenido.

-Vaya usted, ahora voy para allí.

Tú eres Martín Díaz, ¿no? -Conoce incluso mi apellido.

-Has hecho méritos para ganarte una buena fama en este barrio.

-Yo solo intento hacer bien mi trabajo.

-Ya. ¿Por qué no la dejas en paz? ¿No ha sufrido ya bastante?

-Si la he abordado, es precisamente porque me interesa cómo está Lidia.

-Pues ya te lo digo yo. Está fuera de peligro.

-¿Usted es el médico que la atendió? -No voy a decirte nada más.

-No se lo estoy preguntando en calidad de periodista.

-Pero yo te estoy contestando en calidad de médico

y mi ética profesional me impide seguir hablando.

No sé si lo entiendes, porque tú de ética profesional

parece que estás escaso, ¿no?

Tómese una cada ocho horas y recuerde que los ansiolíticos no curan,

solo rebajan el nivel de ansiedad.

-Gracias, doctor. Salva a mi hija, se preocupa por mí. Es una joya.

-Ya me hubiera gustado a mí hacer algo más.

Tómeselos unos días y luego se pasa por aquí a ver qué tal y vemos.

-Bueno, no va a ser posible. Nos vamos fuera una temporada.

-¿Se marchan? -Sí.

(Llaman a la puerta)

Sí, adelante. ¿Molesto?

No. -Inspectora.

Qué alegría me da verla, así puedo despedirme,

porque justamente le estaba comentando que nos vamos

a una casa de un familiar en la playa de Benicasim.

Me parece muy buena decisión. La playa les va a sentar muy bien.

El mar lo cura todo. -Sí, nos vamos dos o tres semanas,

pero dejaré mis datos en comisaría por si necesitan localizarnos.

Muy bien.

Sé que cumplirá su palabra y atrapará a ese degenerado.

Tengo que decirle que ya no estoy al frente de la investigación.

¿Por lo que dije en la entrevista?

No, no es por eso. Si la han echado por mi culpa,

puedo hablar con el responsable. No.

No me han echado, sigo siendo inspectora jefe.

Y seguiré muy pendiente de la investigación,

pero no estaré al frente.

Pero si se lo sabe todo al dedillo. Y la persona encargada también,

porque yo le voy a poner al día de todo.

Es alguien muy competente y experto en delitos sexuales.

Quieren darle prioridad al caso y por eso mandan al mejor.

¿Entonces eso es una buena noticia? Lo es, sin duda lo es.

Pues gracias, gracias a los dos.

No sé qué habría sido de mi hija y de mí sin su ayuda.

-Aquí nos tiene para lo que haga falta.

-¿Puedo darle un abrazo? Claro que sí, mujer.

-Gracias. -Adiós, adiós.

Veo que llevas mejor que te hayan apartado del caso.

Bueno, es la imagen que he querido dar delante de Amalia,

pero me repatea que me hayan relevado.

Te llevará un tiempo encajarlo.

Por cierto, ¿has hablado con Olga? Sí.

Fue buena idea que te fueras antes para poder hablar las dos.

¿Le has dicho que entre Montse y yo no hay nada?

Sí, pero es más lista que el hambre. Tenía la mosca detrás de la oreja

e intuía que había algo más. ¿Qué quieres decir con algo más?

Me puso entre la espada y la pared y le conté la verdad.

¿Qué verdad? Pues la única verdad.

Que hace 15 años esa mujer y tú... pues ya sabes.

Mierda.

Olga se merecía que le dijera la verdad.

Si no se lo hubiera contado, habría sido peor.

¿Y cómo se lo ha tomado?

Pues mal al principio, pero yo luego le he explicado

que aquello ya pasó y que está superado.

Menos mal.

Porque está superado, ¿no?

¿Qué quieres decir?

Antonio, el abrazo ese... Reconozco que...

que cuando lo contó Olga me descolocó un poco.

No significó nada, ¿no?

Hace unos años cometí un error grave, pero no lo voy a volver a cometer.

¿Sabes por qué? Porque te quiero mucho, mucho.

Porque eres la mujer de mi vida. Cariño.

Te prometo que nunca más voy a volver a dudar. Muchas gracias.

Gracias, cariño, gracias.

¡Ay!

Tenías razón, mi padre sabía que mi madre tenía un amante.

Se lo dijo la noche del accidente. ¿Has hablado con él del tema?

Sí, y ha sido un fracaso.

Tenías que verle la cara. No sabe quién puede ser ese hombre.

Le he hecho pasa un mal rato para nada.

Al menos ya lo sabes. Tenías que intentarlo.

No me siento orgullosa, la verdad.

Tenemos que buscar otras vías de investigación.

Igual podrías preguntar a alguna amiga de tu madre.

Tenía unas cuantas, pero de esas con las que tomas café y ya está.

Era muy reservada. No creo que les contase que tenía un lío.

Quizá...

lo mejor es que deje de investigar. ¿Por qué dices eso?

No sabes cómo se ha puesto mi padre al recordar que le era infiel.

Ya me imagino. Nunca le había visto así.

Le destroza pensar que mi madre tenía un amante.

Y a mí también me afecta.

Pero tú eres fuerte. No, Rober.

No tanto.

¿Qué pasa si descubro algo más turbio? No podría soportarlo.

Quizá mi padre tenga razón y sea mejor no revolver el pasado.

Yo adoraba a mi madre y quiero que siga siendo así.

En el fondo te entiendo.

A mí me encantaba pasar tiempo con mi padre cuando era niño.

Él me enseñó a montar en bicicleta.

Todos los jueves me llevaba a dar una vuelta por el polígono.

Por eso el jueves era mi día favorito de la semana.

Se nota que le admirabas. Durante un tiempo sí.

Quería ser cómo él cuando creciera.

Hasta que un día le vi pegándole un palizón a mi madre.

Estaba borracho, pensé que la mataba.

¿Qué hiciste? Pues enfrentarme.

Me pegó unas cuantas hostias, pero al final me hice con él.

¿Y tu madre? Tuve que llevármela al hospital.

Y la dejaron ingresada por los golpes que había recibido.

Sabía dónde darla para que no se le vieran los moratones.

Ese día me di cuenta que la pegaba a diario.

Lo siento mucho. Por suerte mi madre está bien.

Y el asqueroso ese en la cárcel.

Imagino lo duro que ha debido ser pasar por algo así.

Mucho.

Pero si algo bueno aprendí de todo este infierno,

es que es mejor saber la verdad por mucho que duela.

Al fin y al cabo es lo que hacemos los polis, ¿no?

Y ahora volvamos para comisaría.

Hay muchos malos que atrapar.

El secadero de jamones está en un pueblo a 60 km.

El conductor de la furgoneta sabe cómo llegar perfectamente.

Lo demás, ¿lo tienes claro? -Clarísimo,

pero en vez de cargar jamones, prefiero catarlos con una cerveza.

Que es broma, que los voy a tocar lo justo para cargarlos.

-Ya veremos de lo que eres capaz.

-¿De lo que soy capaz? ¿Por qué?

-En el último envío unos gilipollas acorralaron al mozo

que cargaba la furgoneta y se llevaron los jamones.

Espero que esta vez no pase lo mismo. -No, no.

Usted no se preocupe. Si hace falta le quito a jamonazos.

¡Me voy a achantar de unos chavales del pueblo!

-Ya veremos si eres capaz de morder tanto como ladras. Lárgate.

-Muy buenos días. -Buenas.

-Hombre, Marcelino. Supongo que si has venido hasta mi despacho

es porque tienes buenas noticias.

-El dinero ya ha llegado a su destino final. Toma un extracto.

El resto de los documentos son los movimientos

y el recorrido completo del dinero.

Toma, también lo tienes en digital.

-Muy bien.

-Te he incluido un informe de Wilkinson, tu testaferro.

-Perfecto, muy buen trabajo. Oye, una pregunta.

¿A qué se dedica ese Wilkinson? -Pues eso, testaferro.

Lo mismo que hace con tu dinero lo hace con otros cinco empresarios.

-Muy bien, sí, señor. Esto va viento en popa.

Habrá que celebrarlo, ¿no? ¿Te apetece una copa?

-No suelo beber a estar horas, pero te la voy a aceptar.

-¿Qué pasa, Marcelino?

Te noto preocupado.

-Gracias. Esta mañana he tenido una conversación con mi hija

y me ha dejado removido.

-Supongo que habréis estado hablando sobre Carmen, ¿no?

-Y la echo tanto de menos.

-Es normal, Marcelino. Su muerte está aún muy reciente.

Y vosotros estabais muy unidos. Hacíais muy buena pareja.

Fíjate que yo creo que a los demás nos dabais cierta envidia.

De la buena, eso sí. -Seguro que no es para tanto.

-Claro que sí hombre. Fíjate en mí.

Mi matrimonio fue una mierda, duró nada y menos.

Mi mujer se llevó a mi hijo a Miami para poner un océano de por medio.

-Fernando, nosotros también teníamos problemas.

Entre Carmen y yo no todo era perfecto.

Bueno.

No tengo más tiempo. He de volver al bufete.

Gracias por la copa. -A ti.

Cuídate.

-Y tú.

-Aquí tienes la infusión. -Gracias, Salima.

-¿Estás bien?

Porque tú nunca pides tilas ni estás a estas horas aquí.

-Es que necesitaba airearme un poco.

A veces en comisaría se crea un clima como claustrofóbico.

-Te entiendo. A mí me pasa justo lo mismo en el bar.

-Lola, que llevas más de media hora fuera de la comisaría.

-Necesitaba salir un momento.

-Estamos hasta arriba. Sonia sospecha que su vecino maltrata a su mujer

y Nieves que su ex la sigue pese a la orden de alejamiento.

-¿Todo eso en media hora? -Te he hecho un resumen.

Te he dejado tu mesa llena de notas como esta.

-Gracias. Me he despistado porque he buscado un expediente

que no hay manera de encontrarlo. -¿Qué expediente?

-Uno de hace un año. Una denuncia por lesiones

de Concha Morales a Carlos Orejón. Ahora tiene otra denuncia,

pero de su actual pareja.

-¿Y ella no sabe que tenía una denuncia previa

por violencia de género? -Exacto.

A ver si me ayudas a buscarlo.

-¿Y lo vas a encontrar aquí en La Parra?

-Bueno, vale. Ahora enseguida voy.

-Lola, no quiero ser una entrometida ni una cotilla ni nada,

pero es que es evidente que tú no estás bien. Algo te pasa.

Si no quieres, no me lo cuentes, pero creo que te va a hacer bien.

Yo solo quiero ayudarte.

-Ayer en el despacho del comisario,

que me besó.

-¿Qué?

-Pero te juro que no he hecho nada malo.

-Claro que no, bonita. El único que ha hecho algo malo es él.

-Supongo.

-¿Como que supones? ¿O fuiste tú quien inició...?

-No, no, no. Que no, que no.

Si lo corté inmediatamente. Fue cuando me choqué contigo.

¿No te acuerdas? -Ya, si ya...

Vi algo malo.

-Tengo un sofocón desde ayer que no me lo quito con nada.

-¿Y él?

-¿Él qué?

-¿Has hablado hoy con él? -No, no, ni loca.

Si estoy evitando encontrármelo por los pasillos.

Solo de pensar que me lo puedo cruzar...

Es que me muero de la vergüenza.

(Suena el móvil)

¿Sí?

Sí.

Comisario, sí, enseguida estoy ahí.

Sí, estoy llegando.

En cinco minutos.

De acuerdo.

Que me quiere ver.

En su despacho.

-Madre mía...

-Ahora mismo.

-Pues nada, tendrás que ir.

(Llaman a la puerta)

¡Adelante!

¿Querías verme, Claudia?

Sí, Alicia, pasa... ¡Ay!

(Suena el móvil)

Perdona.

Miralles.

¿Estás seguro?

Para eso necesitamos una orden judicial,

una orden de registro.

Vale.

Luego me cuentas lo que habéis encontrado.

Venga, tenme al tanto.

Así no hay manera.

Llevo todo el día intentando hacer el informe

sobre el agresor de la máscara para Osorio,

el experto en delitos sexuales,

y no me dejan.

¿Cuándo llega?

Se incorpora mañana.

Me parece injusto que te sustituyan por él.

Quería que lo supieras. Pues te lo agradezco.

Pero siendo prácticos y viendo el lado positivo,

así tendré más tiempo para otros casos. Fíjate cómo estoy.

Y por eso te he hecho llamar.

Dime.

¿Cómo va la investigación sobre la muerte de tu madre?

No muy bien, la verdad.

Me da la sensación de que estoy en un callejón sin salida.

Bueno, quizá es la impresión que te da ahora,

pero seguramente encontrarás la forma de seguir adelante.

No sé. No sé si voy a ser capaz con lo que he descubierto.

Al parecer, el hombre que iba en el coche con mi madre era...

su amante.

Vaya.

No me esperaba algo así.

Y deduzco

que fue ese hombre el que llamó a Martínez.

Eso creo.

¿Tienes algún indicio de su identidad?

No.

Tal vez ese hombre pertenecía al círculo social de tus padres.

Es muy probable que tu madre le nombrara en algún momento.

He repasado mentalmente todo lo que mi madre dijo

en los meses previos a su muerte y no he encontrado nada.

Me siento muy perdida.

Te entiendo.

Además de madre e hija, éramos amigas

y nos lo contábamos todo. Al menos, eso creía yo, pero...

pero me estoy dando cuenta de que mi madre era...

una extraña.

Tranquila, Alicia, tranquila.

Es que no sé cómo...

cómo pudo ser capaz de hacerle algo así a mi padre.

No seas tan dura con ella.

Quizá mi padre se volcó demasiado en el trabajo y mi madre se cansó

de hacer planes sola.

Entiendo que todo esto te esté afectando, Alicia,

pero no hay matrimonio perfecto.

Todas las parejas atraviesan crisis.

Y algunas de esas crisis

terminan en infidelidades.

Pero yo nunca pensé que esto les pasaría a mis padres.

Nadie piensa que le pueda suceder algo así.

Pero ya ves.

A Antonio y a mí también nos pasó.

Fue hace 15 años.

Estábamos atravesando una de esas crisis gordas.

Decidimos darnos un tiempo

y, en ese tiempo, Antonio

tuvo una aventura con otra mujer.

Lo siento.

No tenía ni idea.

No me puedo imaginar lo duro que tuvo que haber sido.

Fue muy duro.

Pero el tiempo lo cura todo y, con esfuerzo,

se supera.

Y con nota, porque se os ve fenomenal.

Si te lo he contado,

es para que no juzgues a tu padre y a tu madre.

A ninguno de los dos.

Es tan difícil...

Es lo más difícil de todo.

Pero los engaños forman parte de la vida.

Yo creo que todos somos responsables de lo que nos sucede,

tanto de lo bueno como de lo malo.

¿Crees entonces que debería seguir con la investigación?

Eso es algo que solo tú puedes decidir.

Tómate tiempo para pensarlo.

Tómatelo con calma.

Pero que sepas que, decidas lo que decidas, yo te voy a apoyar.

¿Eh?

Gracias por tu apoyo y confianza.

¡Eh!

Inspectora.

¿Comisario?

Adelante.

Lola,

ayer envié a Jefatura las estadísticas que me diste

sobre la UFAM

y se han mostrado muy satisfechos con los números.

Quería hacerte extensibles sus felicitaciones.

Es muy amable de su parte.

Espe y tú estáis haciendo un trabajo buenísimo.

Enhorabuena. Seguid así.

Muchas gracias, comisario.

Lola, un momento.

(CARRASPEA)

Verás, quería...

comentarte otro asunto.

Usted dirá.

Bueno, quería pedirte disculpas

por el comportamiento tan poco profesional

que tuve contigo ayer por la noche.

Disculpas aceptadas.

Últimamente estoy sometido a muchas presiones.

Eso no quiere decir que...

que estuviera bien lo que hice.

Fue un error lamentable.

Pero no me gustaría que pensaras que he querido aprovecharme

de mi rango o coaccionarte de forma alguna, ¿de acuerdo?

No lo pienso, comisario.

Bien.

Me alegro.

Y te aseguro que una situación así no va a volver a repetirse nunca.

Siento haberte incomodado.

No pasa nada, no hace falta que le dé más vueltas al asunto.

No tiene ninguna importancia.

Lola, puedes seguir llamándome de tú, no me gustaría

que lo que pasó anoche influyera de alguna manera

en la forma... No, prefiero seguir hablándole

de usted, si no le importa.

Como los demás compañeros.

Como quiera.

Puedes retirarte.

Buenas tardes, María.

-Por Dios, qué elegante vienes hoy.

-¿Solo hoy?

-Tú siempre vas hecho un pincel,

pero hoy parece que vas a desfilar por la alfombra roja.

-Será que la ocasión lo merece.

Tenemos que celebrar que vamos a ser socios a partir de ahora.

Mira, para empezar, ponme una copita del brandi ese que tanto me gusta.

¿Sabes, María?

Estoy muy orgulloso de ti.

Creo que has tomado una muy buena decisión.

-La verdad es que estoy muy contenta.

Me daba muchísima lástima dejar el bar La parra.

-Sí, te entiendo perfectamente.

-Es que no sé, como que...

Yo siento que ya he echado raíces aquí, que tenía que quedarme.

-Me pasa lo mismo con este barrio, no me echan de aquí

ni con agua caliente. Y mira que yo podría permitirme

vivir en cualquier lujoso ático del centro de la ciudad.

-Hombre, por dinero no será.

Quiero decir, no quiero que suene mal,

me refiero a que es admirable que quieras seguir viviendo

en el barrio que te vio nacer. -Bueno, va, venga.

Vamos al lío. Salte de ahí.

Siéntate.

Mira, esto que tienes aquí es

el contrato privado para formalizar lo del préstamo.

Léetelo con calma y con tranquilidad.

Mira, aquí, como puedes ver, tanto aquí como aquí

el interés es muy bajo, es muy asequible.

-Hombre, ya lo creo, bastante menos que un banco.

-Aquí, entre nosotros, te puedo decir que yo pienso

que la mayoría de los banqueros son mucho más ladrones

que los rateros de la cárcel. -Totalmente, estoy contigo.

-Si quieres, podemos firmar también ante notario.

-Pero ¿eso es necesario?

-No, este contrato, aunque sea privado,

es tan legal como otro cualquiera. Era por si te sentías más tranquila.

-No, para nada. Venga, firmamos ya. Al lío.

¿Dónde te echo el autógrafo?

-Tienes que firmar aquí, pero espérate un momento,

antes me gustaría comentarte

una pequeña condición que no está en el contrato.

-Pues tú me dirás.

-Tranquila, no es nada, solamente es sobre un asunto.

Si no recuerdo mal,

al lado del almacén del bar,

creo que había un pequeño sótano, ¿verdad?

-Sí. Está la caldera

y unos trastos viejos de doña Rosario, la pobre,

que supongo que ya habrá que tirarlos.

-Bien, sí, no creo que haya ningún problema.

Lo que sí me gustaría sería tener yo

una llave de ese sótano.

Y te digo por qué.

Ya sabes que suelo colaborar con varias asociaciones del barrio

que se dedican a recoger ropa y juguetes

para quienes más lo necesitan. -Lo sé.

-El caso es que siempre andamos faltos y necesitados

de un espacio donde poder almacenar todas esas donaciones.

-Ahí hay un montón de espacio. Yo no lo necesito.

-Ah, bien, entonces estupendo.

No hay nada más que hablar.

¡A firmar!

-Aquí. -Aquí.

-¡Uf!

-Muy bien. Ahora yo.

Ya puedes llamar.

-¿A quién?

-¿A quién va a ser? Al hijo de doña Rosario

para decirle que le compras el bar. -Ay, se me había olvidado. Sí.

Hola, buenas tardes.

Soy María, del bar La...

Sí.

Sí, ya sé que el plazo acababa esta noche.

Pero que...

que le compro el bar.

¿Cómo que quién me presta el dinero?

Pues don Fernando Quintero, que es amigo personal mío.

¿Que no se lo cree?

Vamos a ver, que le compro el bar con...

Un momento.

-Buenas tardes, soy Fernando Quintero.

Lo que dice María es verdad, ella va a comprar el bar

y yo le voy a ayudar a que lo haga. ¿Hay algún problema?

(RÍE) Bien, estupendo.

Pues entonces, nada,

mañana quedamos para firmar el contrato de compraventa.

¿De acuerdo?

Muy bien. Muchas gracias. Buenas tardes.

Bueno, pues ya está.

-Te lo agradezco mucho todo, todo.

-Perdón.

Sí, dime.

¿Que ha pasado qué?

Tranquilo.

No te pongas nervioso.

Venga, hasta luego.

-¿Algún contratiempo? -Bueno...

La vida es un eterno contratiempo.

Me tengo que ir, pero no sin antes...

brindar con mi amiga

y con la nueva propietaria del bar La parra.

-¡Cómo suena eso!

Por ti.

-Por ti,

amiga.

-Hola.

¿Qué te ha pasado?

Si ves a los otros dos, la tunda que se han llevado...

Esos no intentan volver a robar jamones en su vida.

¿Jamones?

¿De qué jamones me hablas?

Hoy en el trabajo, tío.

Me ha tocado cargar jamones en la furgo

y han venido dos a intentar mangármelos.

Me he tenido que partir la cara con ellos.

¿Has podido tú solo?

Bue...

Porque vino la Virgen a verme y me encontré una llave inglesa

y salieron pitando, si no...

Se alarga la movida y termino en el hospital.

Y todo esto por intentar salvar unos jamones, ¿no?

¿De verdad quieres que me lo crea?

¿Crees que te estoy mintiendo?

Cada vez que ha habido un problema, el chorizo has sido tú.

¿O no te acuerdas de lo del Fiti?

¿Cómo no voy a acordarme, con lo que me dolió la puñalada?

Eso sin contar las veces que me has mentido

para tapar tus palos, trapicheos y tonterías.

Sí, te he mentido muchas veces, pero ahora es la verdad.

¿O es que en esta casa el único que se puede poner serio

en su trabajo eres tú?

Es que no me cuadra lo de los jamones.

Tú eres tonto.

(Suena el móvil)

Buenas noches.

Sr. Quintero, ¿me puede esperar un momento, por favor?

Te voy a demostrar que digo la verdad.

A ver. Ya verás la cara

que se te va a quedar.

-"¿Cómo estás? Ya me han contado tu hazaña, campeón."

-Un poco dolorido, pero bien. No ha sido gran cosa.

-"Has logrado que no robaran ni un jamón. Estoy orgulloso de ti.

Muchas gracias, Jairo".

-Nada, yo solo hacía mi trabajo.

-"Tómate la mañana libre, que te lo has ganado".

-No hace falta, mañana estaré como nuevo.

-"¿Estás seguro?"

-Segurísimo. -"Los tienes bien puestos, chaval.

Creo que no me equivoqué al confiar en ti.

Buenas noches. Descansa, campeón".

-Buenas noches, Sr. Quintero.

Creo que te debo una disculpa.

Soy todo oídos.

Lo siento mucho, me he equivocado.

¿Le hablas al cuello de la camisa?

Te quiero escuchar alto cuando me pides perdón por una vez.

Lo siento, tío, de verdad.

Es broma, hombre. Qué tonto eres, tronco.

Un poco más y me dejan "sonao".

"Sonao" ya estás, pero de serie.

¿Quieres que te lleve al médico? ¿Al médico? No, que ahí entras

con un dolor de cabeza y sales sin riñón.

Exagerado.

Si sale en un montón de películas.

Si quieres hacer algo por mí, hazme la cena y que no sea bocata.

-Si vieras la cara que puso el hombre cuando Quintero le dijo por teléfono

que iba a ser la nueva dueña del bar...

-¿Cómo iba a verla, si estaba al teléfono?

Además, tú tampoco se la has visto. -Bueno, es un decir.

Quintero impone respeto, eso se nota.

-Bueno, me alegro de que todo haya ido bien.

-Ha ido fenomenal, Salima.

Me puse nerviosa cuando me dijo que había una condición

"pa" dejarme el préstamo.

Pero, bueno, luego era una tontería.

-¿Una condición?

¿Qué condición? -Pues ya ves,

que quería utilizar el sótano como almacén, mira tú.

-Eso es muy raro, ¿no?

-Vamos a ver, ¿raro por qué?

-A ver, ¿para qué quiere un ricachón como Quintero

un sótano aquí perdido? ¿No tiene espacio suficiente en su empresa?

-Yo qué sé, necesitará el hombre un almacén aquí, en mitad del barrio.

Me dijo que era para las donaciones que da la gente de las asociaciones.

A mí me da igual.

Yo, ese almacén, no lo voy a utilizar para nada.

Sin embargo, él me ofrece un interés bajísimo.

-Visto así, parece un chollo.

-Lo es.

Ya verás que esta nueva etapa del bar La Parra

va a ir sobre ruedas.

Estoy "mu" contenta.

-Hola, chicas.

¿Habéis cerrado ya la cocina?

-Pues no, estás de suerte.

-Menos mal, algo que hoy me sale bien.

-¿Qué te ha pasado? (ÉL SUSPIRA)

La gente, que se empeña en creer siempre lo peor del prójimo,

aunque sea una mentira como una casa.

-¿Todavía te siguen señalando? -En el banco de alimentos

un padre de familia ha dicho que yo no debería estar allí.

Ha pedido que lo atendiera otro.

Y los responsables, para evitar líos, le han hecho caso.

-No me lo puedo creer.

-Me siento un apestado.

Todo el mundo me mira mal y oigo cómo cuchichean a mis espaldas.

Esto es un infierno.

-¿Y esa mochila?

-¿Qué pasa? ¿Que te vuelves "pa" Pamplona?

-No.

Aunque ganas no me faltan a veces.

Es que el casero también desconfía de mí

y me ha echado.

-¿En serio? Qué fuerte.

-Tengo que buscarme un sitio donde pasar la noche.

-Si quieres, en mi casa.

-Creo que hay un hotel por aquí cerca.

-Sí, sí, está muy bien.

Lo que pasa es que no es barato.

Pero, bueno, dile a Eusebio que vas de mi parte.

Es el director.

Y es murciano, como yo. Seguro que te hace una rebajilla.

-Muchas gracias, María. Eso haré.

Supongo que dentro de poco encontraré algún piso,

pero de momento, me quedaré allí.

-Y que sepas que nosotras vamos a defender tu inocencia

ante todo el mundo.

-Gracias por creer en mí.

-Creemos en ti y en la Policía.

Si te han soltado, por algo será.

(Llaman a la puerta)

Marcelino, me marcho ya.

-González, ven un momento, por favor.

¿Tú has usado el ordenador hace un par de días?

-Claro que no.

No lo he usado nunca.

¿Ocurre algo? -No, seguramente, no.

Vete, que no quiero entretenerte.

Una cosa, ¿Sergio está todavía por ahí?

-Sí.

-Pues dile que si puede,

se pase por mi despacho antes de irse, por favor.

-Bueno, hasta luego.

-¿Me llamaba, don Marcelino?

-Sí.

Cierra la puerta, por favor.

Siéntate, por favor.

Sergio, no me voy a andar con rodeos.

Hace dos noches,

entraste en mi ordenador.

-Por supuesto que no.

¿Por qué iba a hacer algo así?

-Verás, tengo instalado un sistema de alertas

que me avisa de los intentos fallidos de inicio de sesión.

Y fue antes de ayer, después de que me fuera.

-Ni idea, no sé.

-Esa noche solo quedabais

dos personas en el bufete: González y tú.

Lo recuerdo porque estaba con Quintero

y, al salir, me dijiste que estabas con los de Poncela e Hijos,

pero que ya te ibas a casa.

-Sí, yo también lo recuerdo.

Y eso fue lo que hice a continuación, marcharme.

-¿Me estás diciendo que fue González?

-En absoluto.

Probablemente, aquel día usted intentó hacer

algún inicio de sesión con las mayúsculas activadas

o algo así, no sé.

-Estoy muy lejos de tener problemas de memoria.

Y la hora a la que saltó la alerta, yo ya estaba fuera del despacho.

-No sé dónde puede estar el error.

-Te lo voy a preguntar de nuevo.

¿Encendiste el ordenador?

-No.

No lo hice.

-¿Eso es todo lo que tienes que decir?

Muy bien, pues recoge tus cosas y márchate.

Estás despedido. -Esto debe tener una explicación.

-Seguro que si nos... -¡Basta ya, Sergio!

Si hay algo que no soporto es la gente que me traiciona

y más si es alguien a quien he tratado

con tanta consideración.

Así que vete de una vez si no quieres que llame a seguridad.

Te presento a Miguel Osorio,

el inspector jefe que nos han mandado de Jefatura.

Inspectora jefe Claudia Miralles.

Bienvenido al distrito sur.

Le deseo más suerte que yo en la caza de este delincuente.

No se ofenda,

pero la mayoría de los casos

nunca es cuestión de suerte.

-Cuando mi hijo me confesó su homosexualidad,

yo no lo acepté y empezamos a distanciarnos.

Empezaron las broncas, las discusiones...

Hasta que la convivencia se hizo insoportable

y se largó.

Bueno, más bien le eché yo.

-Joder.

No me podía ni imaginar algo así.

-Mi futuro cercano es la inauguración de un garito en el centro de Madrid.

Y tengo invitaciones. ¿Te vienes?

-Si mi padre no me necesita aquí,

me voy a tomar unas cañas contigo.

Pásate luego por el despacho,

que tengo que darte unos informes, ¿de acuerdo?

Por supuesto.

Espera, deja, que ya me paso yo después por tu mesa.

Lo último que quiero es que te sientas incómoda.

Tú no querías que te besara, ¿no?

-Pero ¿cómo voy a querer que me besara?

Por favor, si fue una situación muy incómoda.

Si tú lo viste. Pero...

-No hay peros que valgan.

A no ser que te guste, claro.

-Puede contar conmigo para lo que quiera.

-Eso ya lo veré.

Me he estudiado el historial de todos ustedes

antes de incorporarme a esta comisaría.

Le habrá llamado la atención la cantidad de casos resueltos

en su hoja de servicios. Espectacular.

Y las cuatro costillas que le rompió a un detenido.

-Tuve que defenderme.

Cuando le hicimos soplar, casi revienta el alcoholímetro.

-¿Y a usted le hicieron también la prueba del alcohol?

Se cuenta que en esa época le daba fuerte a la botella.

-Son para ti.

-Ay, gracias.

Son muy bonitas.

-Como tú.

¿Te gustaría...

salir a cenar?

-Bueno, siéntala ahí. ¿Qué pasa?

¡Hija! ¿Qué ha pasado? Ha bebido un montón.

No sabía si traerla aquí o llevarla al hospital. Perdón.

-Déjame.

Olga.

Olga, ¿me oyes?

-Se acabaron los artículos sensacionalistas.

¿O es que acaso pretende obstaculizar mi labor?

-Le recuerdo que la libertad de expresión

está amparada por la Constitución.

-Pero si alguna vez quiere volver a publicar en medios importantes

y no en gacetillas de barrio,

hará lo que le pido.

  • Capítulo 26

Servir y proteger - Capítulo 26

02 jun 2017

Alicia se sincera con Miralles y ésta, a su vez, le habla de sus problemas con Antonio. Marcelino descubre que alguien ha manipulado su ordenador. María acepta el préstamo de Quintero. Tras el suicido de una joven, Martín se cuestiona su trabajo. Bremón pide disculpas a Lola.

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