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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 257 - ver ahora
Transcripción completa

Han prometido decirme quién es el Cobra.

¿Cómo se llama? Prefiero no decir su nombre.

Le pondría en peligro. -¡Que nos digas cómo se llama!

-Se llama Teo, aunque lo conocen como el Rojo.

¿Qué haces, tío? -El mensaje que te mandó Teo,

te lo envié yo desde su móvil.

El Cobra...

soy yo.

Dos pisparos a quemarropa.

Hablé con Ricky apenas diez minutos antes de que lo mataran.

¡Mierda! Si hubiéramos llegado un poco antes...

¿Se puede saber qué haces con eso? ¿De dónde has sacado la pistola?

-Es la mía, Julio se puso pesado... -No, no, no...

La pistola es mía. -¿Os habéis vuelto locos?

¿Se puede saber a qué estáis jugando?

-Papá... -¡Que te calles, Julio!

Esta pistola va a desaparecer ahora mismo.

-Vengo a ver a Quintero. Usted me dijo que lo sedujera

para sacarle información sobre ciertos asuntos.

Ya está enamorado de mí, ya tiene mi confianza.

Dígame qué quiere que haga.

-Seguir haciendo lo que está haciendo.

Actuar en ese papel que lo está haciendo de maravilla.

Quería protección para su hermana.

-Y nada en esta vida es gratis, claro.

-Yo protejo a su hermana y ella me protege a mí.

Gracias a Maica, ahora sabemos el otro punto débil de Quintero:

las peleas con su hijo.

-Queremos hacerte una oferta que te puede interesar.

-Si ustedes distribuyen mi mercancía en su ruta,

yo les ofrezco el 35 % del negocio.

-El 50.

Y supervisamos personalmente todos los envíos.

-"¿A que no sabes a quién he visto en Construcciones SZ?"

-¿A quién? -"A Julio Quintero".

-Me estaba empezando a hacer ilusiones,

ya no sé qué pensar. Igual resulta que está muerta.

Lo que está claro es que no conseguiré conocerla nunca.

-¿Ester?

Hola, soy Jesús, Jesús Merino.

Solo quiero que Marina sepa que...

que David sabe la verdad.

Se lo he contado todo y quiere conocerla.

Si sabes algo de ella...

dile que su hijo quiere conocerla. ¿De acuerdo?

-He sido acusado de negligencia médica.

-¿Qué pasó? -Un infarto.

Con los síntomas y el relato del paciente,

era, prácticamente, imposible saberlo.

"Este asesino ha matado a mi marido".

"Antonio Torres Morales, médico de cabecera

del centro de salud de Distrito Sur es un asesino".

-Todo el mundo miente menos usted, ¿verdad?

Usted es don Perfecto.

El médico ejemplar que deja morir a sus pacientes.

Que dejó a mi marido morir. ¿Qué está pasando aquí?

Es la viuda de... Ya sé quién es.

¿Podría salir de esta casa? Aún no he terminado.

Sí ha terminado.

y le ruego, por favor, que abandone mi casa,

o me veré obligarla a detenerla por acoso.

Son los análisis de las muestras del accidente de mi hija.

¿Y qué han encontrado? Que no fue un accidente.

¿Cómo que no fue un accidente?

Hay restos de gasolina en el interior del coche.

Ya, pero eso no tiene nada de particular.

Si al repostar te salpicas la mano,

algo de gasolina puede llegar al interior.

Exacto. Pero no pudo ser al repostar,

porque el coche que llevaba Isa era diésel.

Alguien estrelló el coche y luego lo incendió.

Entonces, ¿crees que la mataron? ¿Antes del accidente?

Habrá que esperar a la autopsia, pero es lo más probable.

(Música emocionante)

¿Qué tal, hijo? ¿Ya te vas?

-Sí, no vaya a ser

que mi jefe me eche la bronca por fichar tarde.

Aunque creo que hoy va a estar de un humor inmejorable.

¿Qué?

-¿Qué de qué? -Vaya cara traes...

¿Has dormido en un hotel o en su casa?

-¿En su casa? ¿En casa de quién?

-Venga, papá, ¿de quién va a ser?

¿Estás saliendo con Maica o no?

-Solo nos estamos conociendo, vamos poco a poco.

Por ahora es mejor que quedemos en un terreno neutral.

-Me extraña que no quiera enseñarte su casa.

-Lo hará cuando ella lo crea oportuno,

sin prisas, yo prefiero respetar su tiempo.

-Me encanta verte tan ilusionado, de verdad.

Parece que has rejuvenecido y todo.

-¿Me estás llamando viejo?

-Tampoco te pongas así. -Que sí, hijo...

Lo sé, tienes razón. No sé, hace...

Hace mucho tiempo que no sentía algo así por una mujer.

-Aparte de Carmen. -Sí, sí, sí.

El destino no quiso que Carmen y yo estuviésemos juntos.

Por ahora prefiero ser prudente.

No quiero que esto que empieza entre Maica y yo se estropee.

-Prudente...

pero ¿con planes de futuro?

-Lo único que te puedo decir es que para mí

esto no es ninguna aventura.

-O sea que estás enamorado...

-No, no te voy a reconocer esa palabra.

Lo que reconozco es que me estoy replanteando cosas.

Tú mismo decías que yo, hasta hace poco

era un tipo mustio y aburrido. -Yo no he dicho eso.

-Pero lo has insinuado. Y en el fondo, tenías razón.

No recordaba cómo era esa sensación,

eso que siente una persona cuando está tan...

No te voy a decir la palabra. Tan ilusionado.

-Aquí la puedes traer cuando quieras. -Pues me parece muy bien.

Me encantaría organizar una cena entre los tres.

-¿Sí? Si ella quiere, por mí, genial.

-Seguro que te cae estupendamente. -Papá, que...

Si quieres seguir disfrutando de la vida,

puedes contar conmigo para la empresa.

Yo estaré encantado de asumir mayores responsabilidades.

Ya te he dado muestras de mi valía. -Tranquilo, hombre...

-Insisto, tú relájate, que bastante has luchado en esta vida.

-En eso tienes razón, ya va siendo hora

de que empiece a pensar en mi descanso,

pero no te hagas ilusiones que no pienso abdicar todavía.

-No digo que abdiques, sino que delegues un poco.

-Cuando llegue su momento, no tengas prisa.

Será mejor que vaya a cambiarme,

que no quiero llegar tarde a la oficina.

-Pues yo voy tirando, ¿vale?

-Cafecito con leche por aquí...

¿Preparada para tu primer día de curro?

-Estoy tan nerviosa... A ver si meto la pata.

-Qué vas a meter la pata. Debes ir con mentalidad positiva.

-Tienes razón, tengo que tener confianza.

La gente se me da bien, y a currante no me gana nadie.

-Eso es lo principal. A por todas.

-Tengo ganas de llevar un sueldo a casa, que falta nos hace.

-Tus padres estarán contentos. -No se lo creen.

Mi madre le ha puesto doble perejil a San Pancracio

para que todo vaya bien.

-¿Perejil a San Pancracio?

-San Pancracio, hija. Ay, madre mía...

El patrón del trabajo, el de la salud también.

-Mi madre le tiene mucha fe. Mi padre cree más en el esfuerzo,

en ser cumplidor y responsable.

-Los dos tienen su parte de razón: a Dios rogando y con el mazo dando.

-Ojalá te dure mucho el trabajo. -Yo creo que me toca una buena racha.

Al encargado le caí fenomenal.

-¿Es el que te hizo la entrevista? -El mismo.

No es el típico serio o estirado que he tenido en otros curros.

Sebastián tiene treinta y pico años y es majísimo.

En la entrevista me dio mucha confianza,

yo estaba como un flan.

-Es importante tener un buen jefe, porque te encuentras cada uno...

Que si controlador, amargado o siempre pensando en sí mismo...

-Si tienes cualquier queja, dímelo a la cara y ya está.

-Yo contigo estoy encantada, porque eres una pasada de jefa.

-¿Una pasada o una pesada?

-Ahora que lo dices, un poco pesada sí que te pones a veces.

Pero lo compensas con un corazón de oro.

-Ahora que lo dices, ¿has hecho el sofrito?

-No porque no hay cebollas y se me olvidó decírtelo.

-Pues acércate y cómpralas, que mira las horas que son.

Y en el corcho hay una lista con verduras también.

-Cojo dinero de la caja, ¿vale? -Sí.

-Paty tiene razón, hay jefes que son dictadores.

Yo tuve uno que me cronometraba el tiempo que iba al lavabo.

-Verás como con este tienes suerte. -Cruzo los dedos.

-Un cortado, por favor, María. -Ya mismo.

-¿Espe? -¡Ay, Tina...!

Por favor, cuánto tiempo sin verte.

Qué alegría, ¿cómo te va?

-Ahora bien, pero las he pasado canutas,

por no tener trabajo.

Hoy empiezo en el supermercado de al lado.

-El de la calle del Álamo. -No sabes cómo me alegro.

Y dale recuerdos a tu madre, que lo estaba pasando regular.

-Ahora ya no, me ve tan entusiasmada...

Y no es para menos, porque pagan bastante bien

y hay buen ambiente entre los trabajadores.

-No ha empezado, y mira qué bien le está sentando.

Mira qué guapa está.

-Igual me he pasado con el maquillaje.

-Qué va, estás preciosa, ¿a que sí? -Sí.

Cuando se trabaja de cara a la galería

hay que darle a la brocha, los clientes lo agradecen.

-¿Y no te dan uniforme? -Sí, lo ponen ellos.

A ver qué tal me sienta. Pero, bueno...

Me voy que no quiero llegar tarde. -Deja que hoy invito yo.

Que tengas muy buen día.

-Espera, voy contigo y así hago la compra.

-Gracias. Hasta luego.

-Hasta luego. ¿Llevas la lista? -Sí.

Aquí están las diligencias. Vale, gracias.

Jairo, ¿qué haces aquí? Hablar contigo.

Podías haberme llamado.

Si te molesto me voy, pero será poco tiempo.

Me como mucho la cabeza, no me siento bien

después de hablar ayer contigo.

Ya.

Yo también lo he pensado.

Me sentí mal después de nuestra conversación.

Exactamente. Ya somos dos.

Me preocupa tu trabajo.

Yo no voy a dejar mi trabajo en Transportes Quintero.

No te esfuerces.

Mi madre y Rober se pusieron muy pesados y no lo consiguieron.

Si ellos no lo consiguieron, tú menos.

Siento oír eso. Pero venía a hablarte de otra cosa,

de la muerte de mi hermano.

Mi hermano murió por tapar mi cagada, por protegerme a mí.

Por eso se lo cargó un asesino profesional

a las órdenes de Somoza. Este no es el lugar...

¿Que no es el lugar?

Este edificio está lleno de profesionales

que buscan criminales. Al menos, a algunos criminales.

¿Qué quieres decir? Quiero decir

que a Fernando Quintero lo tenéis entre ceja y ceja,

tu padre, porque según vosotros,

está metido en no sé qué negocios. Pero Somoza, ¿qué?

Hace y deshace a su antojo y vosotros le dejáis vía libre.

Porque no tenemos pruebas, ¿tú las tienes?

Yo no soy policía ni busco pruebas. Tú sí eres policía.

¿Qué estás insinuando?

¿Que no me interesa atrapar al asesino de Rober?

No estoy insinuando, estoy preguntando.

La pregunta no es si te interesa, te pregunto si estás haciendo

todo lo que tienes que hacer. ¿Perdona?

Por supuesto que sí.

Todo lo que está en mi mano, dentro de la ley.

¿Qué excusa es esa de la ley?

Cuando uno quiere hacer algo, actúa.

Te equivocas, uno no puede actuar a cualquier precio.

Esos son ahora tus principios, ¿no?

Mis principios me impiden vivir tranquilo

mientras el asesino de Rober está en la calle.

Tus principios no se pueden basar en la venganza.

Pues ya me dirás tú qué hago.

Se me revuelven las tripas cuando veo a Somoza tan tranquilo.

Ni se te ocurra hacer una burrada.

Solo tendrías las de perder. Yo lo tengo todo perdido ya.

Tú vas a tener un hijo, pero ¿yo qué tengo?

Me tienes a mí, y a un sobrino que te va a necesitar cuando nazca,

tienes a tu madre y a mucha gente que te quiere.

Tengo gente que me tiene cariño, pero ¿gente que me ame?

Mi vida, en resumen, es una mierda.

Eso no es así.

Ahora mismo, lo único que me da fuerza

es la idea de vengar la muerte de mi hermano.

Rober no habría querido oír eso. Eso no lo sabemos,

ni lo vamos a saber nunca.

Lo que sé es que él haría lo mismo por mí.

Te equivocas, yo se lo habría impedido.

También intento impedírtelo a ti, será tu perdición.

A veces, la perdición es el único camino que nos queda por recorrer.

No nos hagas esto, por favor.

Y no te lo hagas a ti. Te pasarías media vida en la cárcel.

Sí, a mí no me importa estar en la cárcel.

Me sentiría mejor dentro con Somoza muerto

que fuera con Somoza vivo y libre.

Así que ya sabes lo que hay.

Jairo, por favor...

Alicia, ¿qué pasa? ¿Estás bien?

¿Has discutido con el hermano de Rober?

¿Me lo quieres contar? No.

Déjame, por favor, tengo trabajo.

¡Antonio!

Perdona por no adelantarte nada por teléfono.

-Son buenas noticias, ¿no?

-Inmejorables. Siéntate.

Cremades y Asociados ha retirado la querella.

Se han tenido que plegar a la contundencia de los hechos.

Los nuevos resultados de la autopsia, Francisco Asensio,

y los informes de tus compañeros que te abalan han sido definitivos.

-Menos mal, creí que no iban a ceder. -Estos son unos buitres.

Al darse cuenta de que no iban a sacar dinero, lo han retirado.

No son tontos, sabían que iban a perder.

-Ya.

-Yo estaría dando saltos de alegría.

-Sí, estoy contento, es una buena noticia,

y te felicito.

-¿Pero? -Pero...

Hay algo que me sigue preocupando.

-¿El qué?

-Me crucé a su mujer el otro día en la calle.

No veas cómo se puso, montó un número delante de todo el mundo.

-¿Otra vez molestándote? -Me extraña muchísimo

que quiera retirar la denuncia, la verdad.

Me sigue culpando de la muerte de su marido.

-Supongo que después de emprenderla contigo,

sus abogados la calmarían. -No.

Por la noche apareció en casa.

-¿En tu casa? Eso es más grave. -Sí, sí.

Me acusó de la desgracia de su familia,

me enseñó una foto de su hijo.

Yo quise razonar, pero fue imposible.

Claudia intervino y la puso en su sitio.

-Yo pensaba que se le pasaría pronto, pero...

Si sigue acosándote, habrá que denunciarla.

-¿Sabes una cosa?

A pesar de todo,

esa mujer me sigue dando lástima.

-Antonio, eso te honra.

Pero no podemos permitir que vaya a más.

Si está desesperada, puede cometer una locura.

-Soy consciente de ello.

-Y Claudia no va a estar siempre para ponerla en su sitio.

Hay que denunciarla.

-Eso es lo que quiere Claudia, pero yo me niego, y lo siento mucho.

Esa mujer lo está pasando muy mal, no quiero aumentar su sufrimiento.

(Teléfono)

Perdona.

¿Qué tal? Cuéntame.

Ah... Sí.

Sí, sí, acepto tus disculpas.

Borrón y cuenta nueva, no te preocupes.

Muy bien.

Perfecto.

Ningún problema. Muchas gracias. Mañana nos vemos.

Era el director del centro de salud.

Se ha enterado de la retirada de la demanda

por parte de Cremades y Asociados.

Mañana me reincorporo a mi puesto de trabajo.

-Y he oído que te ha pedido disculpas.

-Sí.

Pero ¿sabes? Te voy a ser sincero. La verdad,

después del comportamiento de mis compañeros,

me ha quedado un regusto malo.

-Ya lo entiendo.

Pero piensa que lo importante es que hemos ganado,

como te prometí.

-Y todo ha sido gracias a ti.

Muchísimas gracias, Marcelino. -Ha sido un honor

que pusieras tu confianza en mí.

-¿Te suena esta pulsera?

Era de mi madre.

Me dijo que se la había regalado un chico muy especial

que conoció en una playa.

En la playa de Oliva...

Un verano.

Seguramente, ese chico fuiste tú.

Esta pulsera no demuestra nada.

Anímate un poco, por favor...

No pongas esa cara.

Así es la vida, está llena de sorpresas.

Y de malas noticias.

Yo no he dicho que seas una mala noticia.

Pero lo piensas.

(Puerta)

¡Adelante!

Emilio, ¿se puede?

Pasa.

¿Cómo estás?

Ya lo ves, mal.

Siéntate, por favor.

No puedo dejar de pensar en Isa.

Si la torturaron, sufrió... La manera en que la mataron.

Ya, me imagino.

Saber que no fue un accidente me corroe por dentro.

Pero te aseguro que averiguaré lo que pasó.

¿Tienes alguna hipótesis?

Tengo varias, pero...

No voy a descansar hasta saber quién fue el culpable de esto.

Te lo juro, Joaquín,

lo tengo que hacer por ella y por Ricky,

que pagó un alto precio por ayudarme.

De Ricky venía a hablarte, precisamente.

Tengo noticias relacionadas con su muerte.

¿Qué has averiguado?

Mis hombres han dado

con la última casa donde vivió Teo, el Pelirrojo.

¿Lo habéis detenido? No.

Teo no estaba allí, nadie sabe dónde se esconde.

Pero en el registro hemos encontrado un arma,

y balística ha certificado que es la misma con la que mataron a Ricky.

Entonces fue Teo. No hay ninguna duda.

Sus huellas estaban en el arma.

Entonces, está clarísimo.

Espera.

O demasiado claro...

¿Qué estás pensando? No me cuadra.

¿Por qué no te cuadra?

Ricky me dijo que Teo era muy colega suyo.

Le debía un favor que le había hecho a su hermana,

por eso quería decirnos quién era el Cobra,

confiaba plenamente en él.

Yo creo que...

Teo quedó con Ricky para decirle quién es el Cobra.

Pero, en realidad, Teo es el Cobra.

Lo citó para matarlo.

Harto de que tuviera tratos contigo y fuera un chivato.

Esa suposición no se aguanta ni un poquito.

Piénsalo bien, Emilio, piénsalo bien.

¿Por qué cambió la hora y lugar de la cita en el último momento?

Porque sospechaba que podía haber policías husmeando.

Y, justo después, Teo desaparece,

dejando la pistola con la que mató a Ricky.

Blanco y en botella.

Mi instinto me dice que es otra persona.

El Cobra no tiene el perfil de un pringado como Teo.

Pudo, perfectamente, manipular todos los escenarios:

el accidente donde murió mi hija, la casa de Ricky para confundirnos.

Ya.

No digo que no tengas razón.

Pero el único hilo del que podemos tirar es Teo.

Habrá que cazarlo y hacerle hablar.

En Distrito 2 ya estamos en ello.

Eso es fundamental.

Me voy, que tengo trabajo.

Gracias, Joaquín.

Y perdona por hablarte mal, estoy un poco nervioso.

Emilio,

para mí, trincar a ese malnacido,

es prioritario.

Adiós.

-Por supuesto. Cuenta con mi padre.

¿Y dónde sería?

Sí, la Cámara de Comercio me parece el escenario fantástico.

Ya hablo con él, y a ver qué día le va bien.

Genial. Sí, sí, le va a hacer mucha ilusión

sois el "top" de las revistas económicas.

Venga, pues quedamos así.

Muchas gracias.

Hasta luego.

-¿Qué?

¿Mucho trabajo?

-Lo normal.

-Te voy a dar un premio.

-¿Un premio? -Sí.

Un premio al mayor mentiroso,

falso

y manipulador que he conocido en mi vida.

Que se supone que trabajas para tu padre,

pero cuando se da la espalda, le clavas un puñal.

-¿Se puede saber de qué estás hablando?

-Sé muy bien que has estado a punto de traicionar a tu padre.

-Pero ¿qué dices?

¿De dónde sacas eso?

-No te hagas el ofendido, que te sale muy mal.

Sé que estás en contacto con Somoza.

-¿Lo dices porque me viste hablando con Tano en el bar?

-¿Y para el encuentro que tuviste anoche

con Alejandro Somoza en su despacho,

qué excusa tienes? ¿Hay alguna excusa para eso?

¿Vas a negar que te viste con Somoza a espaldas de tu padre?

-¿Me estás espiando?

-Yo tengo más ojos que los que ves, no tengo que espiarte personalmente.

Esos ojos te vieron entrar en Construcciones Somoza.

-Déjame en paz. -Yo te dejo en paz, sin problema.

A ver qué estrategia de "marketing" tienes

para venderle eso a don Fernando. -No voy a darte explicaciones.

-Yo creo que sí me las tienes que dar.

Soy la mano derecha de tu padre, que es quien manda aquí.

Y todos los movimientos del enemigo, él me los cuenta.

Y si el jefe lo hace, tú estás obligado a hacerlo.

-Pero ¿qué enemigo, Jairo? -¿Qué enemigo?

Somoza es nuestro enemigo,

a ver si te entra en el cabezón ese que tienes.

-¿Qué está pasando aquí?

¿Ya estáis discutiendo otra ve?

¿Quién de los dos habla primero?

-Yo.

Anoche estuve en el despacho de Somoza,

reunido con él.

Tano me citó en sus oficinas para hablar...

y yo acudí.

-Jairo...

déjanos solos. -Claro que sí.

(Teléfono)

¿Sí?

Amalia, ¿cómo está?

Sí, he estado enfermo unos días.

Los médicos también nos ponemos enfermos, sí.

Muy bien. La atiendo cuando usted quiera.

Pida cita.

Mañana mismo, ¿cómo no?

Muy bien.

Me alegra escucharla, Amalia.

Hasta mañana.

¿Sí?

Gracias por venir.

Me tienes intrigada, aunque si me has citado aquí,

es porque Marcelino te ha dado buenas noticias.

Eso es. Cremades y Asociados han retirado la denuncia.

Por fin...

El director dice que me puedo reincorporar mañana mismo.

Espero que se haya disculpado. Sí, en su nombre,

y en el de mis compañeros.

Ahora hay que pasar página, cariño.

Está por ver...

cuán dañada ha quedado mi reputación. Tu reputación está intacta.

Y tus pacientes están deseando que vuelvas.

Me acaba de llamar Amalia, ¿te acuerdas?

Sí. Ya verás cómo en unos días, todo vuelve a la normalidad.

La pesadilla se acabó, o eso espero.

Sí, cariño, sí.

Al final se ha salido con la suya.

Ni cárcel ni inhabilitación ni nada.

Digan lo que digan mis abogados, no pararé hasta que pague

por lo que ha hecho a mi familia. Por favor, salga de aquí.

Sus abogados han retirado la denuncia.

Asunto zanjado. ¿Asunto zanjado?

Como si fuera tan fácil...

Mi hijo se ha quedado huérfano, y usted pagará por ello,

se lo aseguro, sea como sea. Amparo, podemos entender su dolor.

Pero deje de hacer acusaciones

que ya se han demostrado que son falsas.

El comité de expertos consultado ha dado la razón a mi marido.

Eso es corporativismo.

No, señora, no es corporativismo,

esos expertos son neutrales.

Cuando usted lo mire con perspectiva, en unos días,

lo entenderá. ¿Y usted es policía?

Se me caería la cara de vergüenza de llevar ese uniforme

viendo cómo unos inocentes quedan desamparados

porque no pueden encarcelar a un asesino.

¡Ya está bien! Mi marido no es un asesino,

¿cómo se lo tengo que decir? Doctor Torres,

me voy a convertir en su sombra. Allí donde vaya, iré.

Si tiene que pasar consulta, aquí me tendrá.

Para que sus pacientes no olviden lo que hizo a Francisco Asensio.

Le advierto que no nos deja otra salida que denunciarla

por un delito contra el honor.

Denuncie lo que le salga de las narices.

Yo sabré cómo defenderme. -Espere un momento...

Espere un momento, por favor.

¿Me dejas hablar a solas con ella? No te dejaré a solas con esta mujer.

Que no pasa nada, venga...

Por favor.

Estaré en comisaría.

¿Por qué no se sienta?

-¿Por qué me has mentido, Julio?

¿Por qué me has ocultado que viste a Somoza a mis espaldas?

-Pensaba contártelo. -¿Cuándo?

-Estaba esperando el momento oportuno.

-¿Por qué no me lo dijiste esta mañana?

-Papá, no era el momento.

Tú estabas feliz tras pasar la noche con Maica

y no quería estropearlo.

-¿Por quién me tomas, hijo?

¿Crees que tu padre es un imbécil?

Porque también me ocultaste que querías un pistola.

¿Se puede saber a qué demonios estás jugando, hijo?

-No estoy jugando a nada.

Me encontré con Tano de casualidad,

y me invitó a una reunión en sus oficinas. Ya está.

-¿Para qué?

-Para hablar de negocios.

-¿Y no deberías haberle dicho que no?

-No se me ocurrió. Lo siento.

-Ya.

¿Por qué no me lo comentaste?

-Quería demostrarte que tengo iniciativa.

-¡Tú no tienes que tener iniciativa en este negocio!

Guarda las iniciativas para el Departamento de marketing.

-¡Eso no es justo!

-¿Que no es justo? -No.

-Mira, hijo, cuando haces algo bien, soy el primero que te aplaude.

Pero cuando haces algo mal,

tengo la obligación de decírtelo, y esto que acabas de hacer

es una soberana cagada.

-Cuando fui a pedirle disculpas a su oficina te pareció genial.

-Sí, me pareció bien, y te aplaudí.

Porque te comportaste como un hombre de respeto,

con un código de honor al pedirle disculpas.

Hiciste lo que tenías que hacer.

Pero también te dejé bien claro,

que si querías volver a ver a Somoza, me lo comentases antes.

-En mi defensa, si puedo defenderme,

lo hice porque pensaba que tender puentes con nuestro competidor

podría ser beneficioso. -¿Beneficioso para quién?

-Para ambas partes, ¿tan malo es eso?

-Mírame, Julio.

¡Que me mires a los ojos, maldita sea!

¿Qué me estás ocultando, hijo?

-No te estoy ocultando nada.

No sé qué tiene de malo enterrar el hacha de guerra

y unir fuerzas. -Es que no te vas a enterar nunca...

¿No ves que Somoza no quiere tender puentes con nosotros?

No quiere unir fuerzas, lo único que quiere es comernos con patatas.

-Somoza nos ofrece el 40 % de los beneficios.

-¡Me importa una mierda lo que nos ofrezca!

¿Cómo quieres que confíe en ti?

¿Cómo voy a delegar responsabilidades en ti?

-No soy tan incompetente como crees. -Si te comportas como un pardillo,

Somoza se va a quedar con todo esto en menos de tres meses.

-Yo seré un pardillo, pero tú eres un cabezón.

Está empresa debe adaptarse a los nuevos tiempos.

No puedes desconfiar de todo el mundo.

-La desconfianza es la base principal de este negocio.

Y si he llegado hasta aquí, es porque desconfío de todo el mundo.

-¿También de mí? -No sé, dímelo tú.

Por ahora tienes bastantes papeletas.

-Pero ¿cómo puedes decir eso?

Soy tu hijo, lo he dejado todo por ti,

y te perdoné que me ocultaras secretos muy oscuros.

No te equivoques...

No te equivoques.

Desde que sabes a qué me dedico, realmente,

y lo sabes todo sobre mí, yo no tengo secretos.

Estoy siendo totalmente transparente. Tú conmigo no.

-¿Tú también piensas que te puedo traicionar?

-¿Yo también? ¿De quién me estás hablando?

-¿De quién va a ser?

Jairo, tu criado fiel.

-No me gusta nada que hables así de Jairo.

Porque creo que deberías aprender un poquito de él.

Deberías aprender obediencia y fidelidad.

Y si no lo haces, te compro un billete

y te subo en un avión de vuelta a Miami.

¿Te queda claro?

-¡Ay, perdón!

No sabía que estabas reunido. Espero fuera.

-No, tranquila, no te preocupes.

Estábamos hablando de una cuestión de trabajo,

pero ya habíamos terminado.

Julio, piensa muy bien en esto que te acabo de decir.

Luego seguimos hablando.

-¿Hay tensión en el ambiente o es una impresión mía?

-No, mujer, no, es solo...

una típica riña familiar entre padre e hijo.

-Yo tenía cada pelea con mi padre...

pero siempre acabábamos haciendo las paces.

-Por cierto...

Discúlpame, tengo que decirte algo, estás...

Estás guapísima.

¿Quieres tomar algo?

-Sí, un café. -¿Con una nubecita de leche?

-Muy bien, ya te sabes mis gustos.

-Enseguida vuelvo.

Marisa, un café con una nubecita de leche, por favor.

-¿Ha leído usted el escrito donde justifica la retirada de la denuncia?

-Ya sé qué dice ese escrito.

Creen que un tribunal haría caso

de los informes de sus colegas que lo avalan.

-Colegas

que son médicos muy reputados.

Y dicen que la dolencia cardiaca de su marido

era indetectable en el estado en que se encontraba.

Además, para su tranquilidad,

la autopsia la hizo un forense sin ningún vínculo conmigo.

-Su mujer es policía, ¿no?

-Sí, inspectora jefe.

-Seguro que ha movido hilos

para que ese forense haga una autopsia favorable a usted.

-Mi mujer es la persona más íntegra del mundo.

-Ya me habían advertido que era imposible ganar una denuncia

contra un médico, pero si tiene hilo directo con la policía,

ni te cuento...

-Las cosas no funcionan así.

-Yo soy una simple víctima de este sistema,

en el que quienes tienen poder se protegen.

Pero estoy decidida a luchar por mi hijo.

Y si tengo que vender el piso, o pedir un préstamo

para pagar al abogado más caro de este país, lo haré.

Lo que sí tengo claro es que no voy a rendirme.

-Amparo, si vive con ese rencor,

se lo transmitirá a su hijo.

¿Quiere que viva toda la vida resentido?

¿Primero conmigo, luego con la vida, incluso con usted?

El rencor y la venganza son sentimientos muy tóxicos.

Pase página, hágalo por su hijo.

Y no se le ocurra vender el piso, no le deje sin nada...

por su obsesión de buscar un culpable a su infortunio.

No lo haga.

Yo tengo una hija

un poco mayor que su hijo.

Puedo imaginarme estar en esa situación.

Lo único que me importaría es que mi hija fuera feliz.

-¿Cree que él será más feliz creciendo sin su padre?

-A veces, las cosas no suceden porque hay un culpable de carne y hueso.

La vida es muy cruel.

Se lleva a las personas más jóvenes,

que no tenían por qué morir.

Sin rencor, hágalo por Fran.

-Que siga viviendo como si no hubiera pasado nada.

-No, no, mantengan vivo el recuerdo de su marido.

Hágalo por su hijo.

Sé que va a ser una experiencia extremadamente dura, pero...

igual le ayuda a ser mejor persona.

-Qué fácil es hablar por hablar.

-Yo no hablo por hablar.

Usted no sabe lo que me torturo

pensando que podría haber hecho algo más por su marido,

pero su dolencia cardiaca era implacable.

Si no sucede ese día, podría haber sucedido cualquier otro.

Sin que yo ni nadie pudiéramos haber hecho nada.

Míreme a los ojos.

Soy médico,

amo mi profesión.

Usted no sabe lo que sufro

cuando no puedo hacer nada por un paciente.

Y lo que me alegro, si alguien me lo agradece,

aunque sea con una sonrisa.

Para mí los pacientes son...

lo más importante.

Usted me ha llamado asesino.

No lo soy, es que no lo soy.

Siento muchísimo lo que ha pasado, muchísimo...

-¡Alicia!

Julio.

Cuánto tiempo, ¿no?

¿Te apetece tomar algo?

No, gracias. Tengo un poco de prisa.

¿Y cómo estás? Bien, ya recuperada.

Ya empieza a notarse la barriga.

Es normal, ¿no? Sí, sí, claro.

No estarás trabajando, ¿no?

Solo estoy haciendo trabajo de oficina.

Así me gusta. Mi sobrino es lo primero.

¿Y tú cómo estás?

Bien, bien... ¿Seguro? Pareces preocupado.

No, de verdad, está todo bien.

Oye, deberíamos quedar para tomar algo,

para algo somos hermanos. Sí.

Claro, ya quedaremos. Eso me suena a excusa...

Ya sabes que hay algo que nos separa.

No valoras que te diera su sangre para salvarte la vida.

Claro que lo valoro, y se lo agradecí.

Pero eso no me hace olvidarme de otras cosas.

Ya, que lo vas a odiar toda la vida.

No puedo cerrar los ojos ante la verdad.

Por supuesto que no.

Por eso mismo deberías estrechar lazos con él.

Él es tu padre, lo quieras o no.

La verdad es que es un narcotraficante y tú lo sabes.

Yo solo sé que tú sacas conclusiones

en base a simples sospechas.

Yo vivo con él y trabajo en Transportes Quintero,

y nunca he visto nada que apoye tu teoría.

Bueno, no vamos a discutir para una vez que nos vemos.

Tienes razón.

Tú sabes que yo te aprecio mucho. Sí, y yo también te aprecio.

Pero déjame que te dé un consejo:

aléjate de él, todavía estás a tiempo.

Sería una lástima que echaras a perder tu vida

por pringarte en sus negocios. Por muy tentador que parezca.

Tranquila, hermana, sé cuidar de mí mismo.

Tengo trabajo.

Adiós, Julio. Hasta otra.

Hombre, mira a quién tenemos por aquí...

-¿Qué ha pasado? ¿Te ha caído una buena bronca?

-Para nada.

-No pienses que soy un chivato, tu padre se iba a enterar

antes o después. -Ya...

Diga. -"Junior,

¿pudo hablar con su padre?" -Sí.

Hablé con él y la respuesta es negativa.

"Y si quiere seguir hablando de 'business'",

hágalo con mi padre, que es el jefe.

-Está siendo un poco brusco usted.

-Le pido disculpas si le da esa sensación.

Pero no insista más conmigo, por favor.

Buenos días, señor Somoza.

Le he dejado las cosas claras, ¿no?

-Pero recuerda que volverá a la carga en cuanto te descuides.

-Si vuelve, me lo volveré a quitar de en medio.

-Ten cuidado, que Somoza es peligroso.

-Otro que quiere darme lecciones. -No lo pagues conmigo.

-Pues cumple con tu palabra y enséñame a disparar.

-Sí, ya quedaremos. -No, ya quedaremos no.

Si eres hombre de palabra, vamos ahora.

-Soy hombre de palabra, pero tengo que ir a trabajar.

-Pues ve pensando un sitio.

-Que sí, no seas pesado, hay un descampado junto al polígono

que no tiene problema.

-Te prometo que me da muchísima lástima.

Sigue enamoradísima de su marido.

Por eso busca un culpable.

¿Crees que dejará de perseguirte?

Creo que sí, al menos eso espero, por su bien y por el nuestro.

Cariño, no sé si eres mejor médico o mejor persona.

Con lo mal que lo has pasado y todavía la justificas.

Amparo no es mala persona,

solo se revela contra este golpe de la vida, es humana.

A mí me parece una mujer capaz de cualquier cosa.

Cuando me has dicho que querías quedarte a solas con ella,

me he ido inquieta. Vamos, no sé...

Me parecía que te podía hacer algo. Qué exagerada eres.

Cosas peores he visto.

Una persona fuera de sí es capaz de hacer un disparate.

Amparo solo necesitaba consuelo,

en cuanto vio una persona que sufría como ella delante,

empezó a asimilar

que el único responsable de todo es la fatalidad.

Ojalá pueda rehacer su vida y seguir adelante.

Lo hará, tiene un hijo de diez años que le va a dar muchas alegrías.

Ya lo verás.

Tiene que hacerlo por su hijo,

sacar fuerzas de flaqueza para seguir adelante.

Por cierto, ¿recuerdas la mujer que te increpó en La Parra?

Me ha dicho que te pida disculpas.

Qué fácil, ¿eh? Dejarse intoxicar.

Pero, al final, todos los que te acusaban

están rectificando. Ya, de todas formas, a mí,

la única persona que me importaba era Amparo.

Ya he hecho las paces con ella,

ya voy a poder dormir tranquilo.

¿A qué hora vas mañana al centro de salud?

Tengo el primer turno, pero iré antes

para ver el historial de los pacientes.

Por cierto, me ha dicho la enfermera que está a tope.

Me alegro...

Todo bien, sí.

Esta pesadilla con final feliz

me ha animado a ser mejor médico, a esforzarme cada día más.

Y...

como le dije a Amparo,

no hay nada más reconfortante que la sonrisa de un paciente.

Voy a por el postre, ¿quieres yogur? (ASIENTE)

(Teléfono)

Sí, hija, ¿qué tal?

Aquí todo bien, echándote de menos.

Dime, dime...

¿Cuánto tiempo?

Vale.

No, ya nos habíamos hecho a la idea, no pasa nada.

¿Quieres que te pase a tu padre?

Vale, yo se lo doy de tu parte.

Un besito, cariño. Te quiero.

Ay...

¿No quiere hablar conmigo? Que te dé un beso,

que estaba a punto de entrar en el cine.

¿Te das cuenta de que cuando llama está a punto de hacer algo?

¿Por qué te has quedado con esa cara, qué pasa?

Porque otra vez retrasa su vuelta a Madrid.

Le ha salido un curso becado con un chef muy importante,

un tal Robuchon. ¡Ah! Sí, sí.

He oído hablar de él. Lo vi en la televisión.

Pues tu hija lo va a conocer en vivo y en directo.

¿Cuánto va a durar el curso? Aún no lo sabe.

Será una buena experiencia para ella.

Sí...

Me sabe mal ponerme triste porque es lo mejor para ella, pero...

Eso es que la echamos muchísimo de menos, ¿no?

Menos mal que no le contamos lo de Amparo.

Hicimos muy bien.

Sí, ya te dije, ¿para qué íbamos a disgustarla a ella?

Además, yo sabía que esto iba a salir bien.

Tendremos que acostumbrarnos a estar más tiempo sin ella.

Sí.

Cuando llegué, Quintero y su hijo estaban discutiendo.

-¿Y no escuchó lo que decían?

-No, al entrar disimularon.

-Qué bueno, papito y junior discutiendo.

¿No le preguntó a Quintero por qué discutían?

-Le pregunté, pero no me quiso contestar.

Dijo que son riñas habituales entre padres e hijos.

-Ya me imagino el tema de la discusión.

A Quintero debe saberle a cuerno quemado

que yo me reuniera con el muchacho.

¿Conoce usted, por casualidad, la máxima: "Divide y vencerás"?

-Sí.

-Yo creo que un padre

tiene que confiar cien por ciento en su hijo

si quiere que maneje los negocios.

-Yo creo que Quintero confía plenamente en su hijo.

-Quizá se lleve una sorpresita.

-¿Por qué?

-Porque yo ya le agarré la caída a ese muchacho.

Es joven, es avispado,

tiene ganas de trabajar y de hacer platica.

El propio cóctel esperando ser mezclado.

(Teléfono)

-Perdón.

Fernando, dime.

-Maica, ¿qué tal? ¿Te pillo bien?

-En el despacho de un cliente que quiere invertir en arte.

-¿Y te queda mucho?

¿Te podrás escapar pronto?

-Pues no lo sé.

"¿Por?" -No sé, me gustaría...

quedar contigo, invitarte a cenar,

y si la noche se alarga, ya veremos...

-No voy a poder, Fernando, es un hueso duro de roer.

Me temo que la reunión se va a alargar.

-No estarás hablando así delante del cliente, ¿no?

-No, he salido del despacho para hablar contigo.

-Bueno...

¿De verdad no puedo hacer nada para convencerte?

¿Hacer que cambies de opinión? -No puedo, de verdad.

-Vale. Qué le vamos a hacer, el trabajo es lo primero.

Bueno, ¿te parece bien si quedamos mañana?

-Sí, mañana mejor. -"Pues te veo mañana, cariño".

-Un beso, Fernando.

-¿Qué pasó? ¿Necesitaba mucha intimidad para hablar con él?

-Es que no me sentía muy cómoda.

-¿Qué le dijo? ¿Quería quedar con usted?

-Sí, me proponía pasar la noche juntos.

-¿Qué pasó? ¿Por qué no quedaron?

Mientras más tiempo juntos, más cosas le va a contar.

-Ya se lo dije ayer, pero quiero insistir, señor Somoza,

¿hasta cuándo tengo que mantener esta relación?

-Y yo se lo voy a repetir: el tiempo que sea necesario.

-No me siento muy cómoda ejecutando este encargo.

-¿Será que se está enamorando de Quintero?

-No, nunca me enamoraría de un hombre de su calaña.

-Espero que eso sea verdad,

porque, si no, vamos a tener un problemita.

-¿Qué problema?

-El amor es un veneno para los negocios.

¿Seguro que no siente nada por él? -No, no, no.

Pero una cosa es lo que tuve que hacer con el fiscal Restrepo,

y otra muy diferente, fingir que amo a Fernando.

-Pues lo lamento mucho por usted

porque va a tener que seguir fingiendo que lo ama.

-Solo le pido que ponga un límite.

-Mire, señorita,

esto va a durar el tiempo que a mí me dé la gana, ¿sabe?

Y si le molesta, pues se molestó.

Imagínese lo incómoda que se va a sentir su hermana en la cárcel

cuando le quite mi protección.

-Como le pase algo a Sandra... -¿Qué le va a pasar?

¿Qué va a hacer? Esto queda en sus manos.

De usted depende si quiere seguir siendo el bizcocho de Quintero.

Sea obediente.

Ahora escuche bien algo que le voy a decir porque...

aquí le tengo otro encarguito.

Y este sí corre prisa.

Aquí le dejo esto.

Necesito que me guarde todos los archivos clasificados

del ordenador personal de Quintero.

¿No se siente capacitada en hacer eso?

-Los tendrá.

No se preocupe. ¿Algo más?

-Nada más, preciosa.

-Buenas noches.

-Con razón Quintero está tan prendado de usted.

(SOLLOZA)

-¿Ya te has despertado, Isa?

-Dame agua, por favor.

Agua...

Quítame esto por favor... -No, no...

Lo siento, pero no.

-Por favor, que me he portado bien, quítamela...

-Eso es lo que me dijiste ayer.

¿Y qué hiciste?

Intentar pegarme, ¿o ya no te acuerdas?

-Una pastilla...

Dame una pastilla, por favor. Lo estoy pasando muy mal,

no puedo aguantar... -¿Una "pasti" de regalo?

Por lo buena niña que eres...

-¿Eres policía?

-Pues sí, lo soy. Qué sorpresa, ¿verdad?

El Cobra, un poli.

Y, encima, soy amigo de tu padre.

El comisario Bremón.

-No entiendo nada.

Algo podremos hacer para arreglarlo, ¿no?

-¿Arreglar qué? -Lo que te debo.

Déjame hablar con mi padre, conseguirá el dinero y te lo dará.

-Lo que pasa es, que ya no es cuestión de dinero.

Isa, tuviste tu oportunidad y la perdiste.

-No, Bremón seguro que está muy preocupado por mí,

si yo le pido dinero, me lo dará seguro.

-¿Eres sorda o qué?

¿Quieres que te lo explique más claro?

Eres un problema, eso es lo que eres.

Por tu culpa todo se ha complicado,

y tuve que hacer cosas que no debería haber hecho.

¡Ahora es demasiado tarde!

-¿Demasiado tarde para qué? Algo podré hacer, ¿no?

-Y lo harás, porque quien se la hace al Cobra, siempre paga.

(Teléfono)

-¿De qué manera?

-Ya te enterarás.

Tengo planes para ti.

¿Sí?

Aquí tengo la mercancía.

Perfecto. Estará en su destino en 48 horas.

Adiós.

-¿La mercancía?

La mercancía soy yo... No, por favor...

Deja que haga algo, por favor...

¿Qué vas a hacer?

(LLORA) No, otra vez no...

(LLORA)

-Calladita estarás más mona.

(Música de tensión)

Hoy me tocaba "eco".

¿Has querido saber el sexo del bebé?

Es un pequeño Rober. ¡Ah!

Rober era un desastre, pero...

la persona más honesta que he conocido.

Traigo noticias.

Me han dado el aviso de que han localizado una compra

con una tarjeta a nombre de Teo.

Fue hecha en Barcelona hace cuatro días.

Eso es como no tener nada.

Hoy se ha podido mover.

Europol está sobre ello.

Si ha cruzado a Francia, nos lo harían saber.

Verás, Castillo, yo tengo dudas

de que el Cobra sea Teo.

Somoza para mí es mi enemigo.

¿Entendéis?

Ni por todo el oro del mundo,

ni por todo lo que me pueda ofrecer

va a compensar el daño que nos ha hecho,

empezando por la muerte del hermano de Jairo.

Por eso, quiero que os quede bien claro esto:

nunca, ¿me oís?,

nunca nos vamos a asociar ni a trabajar con Somoza.

-Jairo, creo que te debo una disculpa.

Mi padre me lo ha hecho ver.

A ver si puedes hablar con alguien

que haya trabajado con él recientemente,

a ver si esa forma de actuar es la habitual.

Déjalo en mis manos, seguro que me entero de algo.

Yo voy a revisar los últimos casos que ha llevado.

Bremón dice que los asuntos de narcotráfico en Distrito 2

pasa por sus manos, a lo mejor encontramos algo del Cobra.

La verdad es que no he negociado nada.

Agarraré mi dinero

y no tendré que soportar más lloriqueos de una niña mimada.

-¿Qué vas a hacer conmigo?

¿De verdad quieres venderme? -Hablas demasiado...

¡Hablas demasiado!

-Yo no recuerdo los itinerarios que me enviaste, ¿tú sí?

-Claro que sí. Tus envíos son prioritarios en mi empresa.

-¿Me los puedes dejar ver?

Necesito mandarlo a la oficina y no lo encuentro aquí.

-No sé, porque no tengo el portátil, lo dejé en la oficina.

-¿Y no podemos pasar a recogerlo?

Estamos con el catálogo nuevo

y necesito saber qué piezas podemos incluir.

-El que faltaba, macho.

-Claramente, lo sobreestimé.

Pensé que la palabra de un Quintero tenía valor, pero veo que no.

No ha tenido los huevos de decirme que ha rechazado mi propuesta.

-¿Qué tal con los compis, se portan? -Muy majos.

Hay muy buen rollo.

-Qué guay, ¿no? -Pues sí.

Me hacía falta este trabajo, he tenido mucha suerte.

¿Cómo hacemos para que todo vuelva a ser como antes?

Volver a ser compañeros

sin que tengas que perdonarme la vida.

Supongo que será cuestión de tiempo.

¿Estás bien? Esta mañana estabas supercontenta.

-No sé bien qué ha pasado, la verdad.

-Si me lo cuentas, podrías desahogarte un poco.

-Sebastián, mi jefe...

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Servir y proteger - Capítulo 257

09 may 2018

Bremón sigue tras la pista de El Cobra. Quintero descubre que Julio se vio con Somoza. Jairo le dice a Alicia que no va a parar hasta vengar a Rober. La denuncia contra Antonio por negligencia médica es retirada. Tina, una amiga de Paty, empieza a trabajar en el supermercado.

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