www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.17.1/js/
4595493
No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 256 - ver ahora
Transcripción completa

Si estás con otra persona,

podías haberme parado antes de hacer el ridículo.

Nerea, no estoy con esa persona, pero no puedo dejar de pensar en...

En alguien que no soy yo.

Solo necesito que seas sincera y que me hables con el corazón en la mano.

El otro día cuando le dije a Iker que no sentía nada por él, le mentí.

Creo que estoy empezando a sentir cosas por él

y, no sé, estoy hecha un lío. Alicia, tranquila.

Siento que la cabeza me va a estallar.

Me estoy enamorando de una persona que no es el padre de mi hijo.

¿Y qué?

-Señor Somoza, es usted una auténtica inspiración

para gente como yo.

-¿Y se puede saber a qué se dedica la gente como usted?

-Soy un emprendedor, un hombre de negocios como usted.

Tengo compañeros que han trabajado con bitcoins

y me han comentado que son valores volátiles.

-Sí, pero no soy un novato.

-Había invertido su último céntimo en los bitcoins

y lo ha perdido todo.

-¿Cómo un inútil como ese va a tener una maravilla

como la señorita Nerea? -Habrá salido a la madre.

Murió hace unos años.

-Estas son las cosas que me gustan de mi trabajo,

descubrir los puntos débiles de las personas.

-Solo he estado enamorado de verdad de una mujer.

-¿De la madre de Julio?

-Es alguien que solo está en mi recuerdo.

-¿Sabes que eres lo más bonito

que me ha pasado en un motón de años?

¿Se puede saber qué demonios haces con eso en la mano?

¿De dónde has sacado esa pistola? -Es la mía.

Julio se ha puesto pesado... -No, no. La pistola es mía.

-¿Os habéis vuelto locos o qué? ¿Se puede saber a qué estáis jugando?

Dame eso. -Papá.

-¡Que te calles!

Esta pistola va a desaparecer ahora mismo.

-Hola. Vengo a ver a Quintero. Dijo que debía seducirlo

para sacarle información sobre ciertos asuntos.

Ya está enamorado de mí, tiene mi confianza.

Dígame ahora qué quiere que haga. -Seguir haciendo lo que hace.

Actuar en ese papelito, que lo está haciendo de maravilla.

Ya más adelante yo le voy a decir exactamente

lo que tiene que hacer.

¿La conoces? Se llama Isabel Fernández.

Sí, puede ser. Se trata de mi hija.

Ha desaparecido. ¿El Ricky qué tiene que ver?

Tuvieron una relación esporádica.

Él la introdujo en el consumo de las pastillas

para divertirse, pero ya sabes, de ahí a engancharse hay un paso.

Han prometido decirme quién es el Cobra.

¿Cómo se llama? Prefiero no decir su nombre.

Le pondría en peligro. -¡Que nos digas cómo se llama!

-Se llama Teo, ¿vale? Lo conocen como el Rojo.

Os pido que lo dejéis tranquilo, está más que limpio.

"Me ha cambiado el sitio y la hora". ¿Dónde has quedado?

Estoy en Distrito Sur, en el descampado del polígono.

Pero llevo aquí más de cinco minutos y no viene nadie.

No sé, pero me está empezando a dar mal rollo.

-¿Qué haces, tío?

-El mensaje que te mandó Teo te lo envié yo desde su móvil

porque el Cobra soy yo.

Adiós, Ricky.

(Disparos)

(Música emocionante)

¿Tú estás seguro de que era aquí? Sí, seguro.

Pues aquí no hay nadie.

El Z que hemos avisado antes debe estar a punto de llegar.

Se suponía que Ricky tenía que venir solo.

Ya, pero Ricky no está, Emilio, no está y...

y esto no pinta nada bien. Hay que empezar a buscarle

y para eso nos hacen falta ojos. Necesitamos ayuda.

Lo que no entiendo es por qué cambiaron la cita

en el último momento y quedaron en mitad de la nada.

Fue idea de su confidente, el tal Teo.

En el último momento le entraría miedo, qué sé yo.

Llámale otra vez, a ver si tenemos suerte.

Aunque, si tuviera que apostar,

apostaría a que a este chico no lo volvemos a ver.

(Sirena)

Apagado o fuera de cobertura. Ya están aquí.

Estad atentos. Buscamos a este chico, se llama Ricky.

Es confidente nuestro. Habíamos quedado con él,

pero no aparece ni contesta al teléfono.

Vamos a mirar por aquí a ver si aparece.

(Radio policial)

Miralles, pensemos en todas las posibilidades.

Venga.

Teo se ha olido algo, le ha dicho a Ricky

que se raja y Ricky se ha quitado del medio

porque ahora tiene miedo de que le detengamos.

Hipótesis número dos: el Cobra ha descubierto

que Teo ha quedado con Ricky para delatarle

y se nos ha adelantado.

O bien Teo trabaja para el Cobra y todo esto es una trampa,

en cuyo caso, ¿dónde está Ricky?

Pues vamos a mirar. Venga.

¡Emilio, aquí! ¡Aquí, aquí!

Dos disparos a quemarropa.

Avisa al juzgado. Tenemos un homicidio.

Pedid dos coches de apoyo.

Esto se va a llenar de gente dentro de nada.

Id balizando la zona para que pueda trabajar la Científica.

Y hacedme fotos del entorno a lo primero.

Sí, señor.

Joder, pobre chaval. Sí.

(Móvil)

Dime, Castillo. "Oye, ¿dónde estáis?".

Mi gente y yo andamos por el parque de Cáceres

para montar el operativo y no veo a nadie de Distrito Sur.

Abortamos el operativo. Ya no es necesario.

¿Cómo que no es necesario? ¿Qué pasa? "Han matado a Ricky".

¿Qué? ¿Dónde? ¿Cuándo ha sido?

Ahora te lo cuento todo en mi comisaría, ¿de acuerdo?

Permiso, patrón. -Pase. ¿Qué me trae?

(Puerta)

-Antes de que llegara su visita hablábamos de Adolfo Ocaña,

el padre de Nerea. Aquí tiene todo lo que sabemos.

Lo que me pidió.

-Sí, perfecto. -¿Se ha ido ya la señorita Vallejo?

-Sí, le dije que se volviera a su trabajo.

-El plan está saliendo perfectamente.

Ayer les vi en La Parra, estaban arrimados.

Sabe lo que se hace.

-Maica Vallejo es la perfecta para este trabajito.

Es una persona inteligente, educada y, sobre todo, con mucha clase.

-Cualquiera diría que es marchante de arte.

-Pero por supuesto que lo es, Tano. -¿Perdón?

-A Maica la conocí en una exposición de arte en Cali.

Estaba buscando piezas para mi colección privada

y ella fue la que me ayudó.

-Yo pensé que la señorita Maica era prostituta.

-¡Hombre, Tano! ¡Por favor!

Hazme el favor, Dios mío. ¡Cómo dice esas vulgaridades!

Además ¿usted cree que Fernando Quintero

se va a engatusar por una prostituta? -No, no, supongo que no.

No sé por qué una mujer de su clase se mete en un juego como este.

-Ah, pues como todo el mundo, por necesidad.

Usted sabe que averiguo los puntos débiles de las personas.

Maica necesita más de mí que yo de ella.

-Entiendo. -Ella va a hacer lo que le diga.

Además, no es la primera vez que hace un trabajito así para mí.

-Cuando el fiscal Restrepo vino detrás de nosotros,

ella fue la que se metió en su cama e hizo que soltara toda la sopa.

Lo que salió de esa boca fue lo que nos salvó.

-Sí, recuerdo el caso del fiscal Restrepo.

Era un corrupto, su familia también.

-Pues ella fue la que nos dio toda la información.

-No sería barata.

-Ella no es la que anda tras el dinero.

Es su hermana la que busca el dinero. -¿Qué tiene que ver su hermana?

-Ah, bueno, que se puso de mula con unos narquitos ahí, en Bogotá.

Por cuatro pesos se tragó una bolsa de cocaína

y la quería traer para acá, para España.

-Qué descerebrada.

-Antes de montarse en el avión, le explotó en la barriga.

-Pues de esa no se sale.

-Ah, pues ella sí tuvo la suerte de salir de esta.

Llegó a tiempo al hospital y se salvó.

Pero, eso sí, saliendo del hospital la mandaron derechito a la cárcel.

No llegó a salir de Colombia.

-Más le valía haberse muerto. -O perderse en el camino.

Por unos cuantos pesos, destrozó la vida.

Maica sabía que yo tenía unos contactos aquí y allá

y me pidió el favor. -Entiendo.

-Quería protección para su hermana. -Y nada en la vida es gratis, claro.

-Sí, yo protejo a su hermana y ella me protege a mí.

-Lo del fiscal Restrepo fue el primer pago de su deuda.

-Así es. Y ahora lo de Quintero es el segundo pago.

Un trabajo bien hecho va a asegurar la protección de su hermana.

-No hay mejor motivación. -Ya lo creo.

Y gracias a Maica ahora sabemos del otro punto débil de Quintero,

las peleas con su hijo.

-Nunca lo hubiera dicho. Parecía que se llevaban bien.

-Para que vea que no todo lo que brilla es oro.

-¿Qué le dijo, exactamente?

-Que es un muchacho joven, ambicioso. Que el príncipe, al parecer,

se está metiendo mucho en los asuntos del rey.

Si se la jugamos bien, podemos tumbarle la corona.

-Doctor Torres, un momento. -Dígame. Buenas tardes.

-No tiene ni idea de quién soy, ¿verdad?

-Pues no. Lo siento, pero ahora no caigo.

Será usted una paciente,

pero recibo mucha gente en la consulta.

-Tiene tantos pacientes y tan poco tiempo para atenderlos,

apenas cinco minutos.

Con algunos incluso menos, medio minuto y les da la patada.

-Perdona, no sé a qué se refiere.

-Soy Amparo Pedrezuela, la viuda de Francisco Asensio.

-Ya.

-Un paciente al que atendió tan deprisa

que no vio que era un cardiópata a punto de morir.

-Siento mucho lo ocurrido, señora Pedrezuela.

-Más que lo va a sentir.

De eso se encargan mis abogados, que un buen dinero me están costando.

Lo que sea con tal de ver en la cárcel

al hombre que dejó morir a mi marido.

-Comprendo su dolor, pero yo no dejé morir a su marido.

Le traté como trataría a cualquiera de mis pacientes,

cumpliendo el protocolo al milímetro.

-Eso se lo cuenta al juez, a ver si le cree.

Me tiene que explicar por qué le han visto en el centro

si le han suspendido. -Me llamó un colega

para hablar de un paciente que le habían derivado.

Aunque no pueda ejercer, me preocupo por mis pacientes.

-Ahórrese el papel de profesional.

Si tanto le importan sus pacientes, ¿por qué no miró a mi Paco bien?

-Ojalá pudiera demostrarle lo que me preocupo por mis pacientes,

lo que lamento la muerte de su marido, de verdad.

-Es tarde para lamentarlo. Mi marido está muerto por su culpa.

Usted lo ha matado. ¿Y mi hijo?

¡Diez años tiene la criatura! ¡Huérfano por su culpa!

-Por favor, no grite.

-¿Qué le digo a mi hijo cuando se despierta llorando

preguntando por su padre? -¿Qué pasa?

-Nada, es la viuda de un paciente mío.

-Ay, por Dios, cuánto lo siento.

-Deje de sentir y no se meta donde no la llaman.

-Oiga, no quería entrometerme,

pero conozco al doctor Torres desde hace tiempo

y todos saben que es buena persona y buen médico.

-No me importa lo que opine el barrio ni usted.

Usted no ha perdido a su marido, no tiene que criar a un niño sola,

así que cállese y no le defienda.

-Déjalo, María. No se puede discutir cuando se está así.

-Sí, eso, váyase. Escóndase mientras pueda,

que ya vendrá la justicia a buscarlo, ¡asesino!

-Venga, Antonio, vámonos.

-Mira, me vienes de perlas. Échame una mano, anda.

A ver, déjame adivinar.

Pelea de pareja, has discutido con Paty, ¿a que sí?

-No, no he discutido con nadie y mucho menos con Paty.

Estamos perfectamente.

-Perdona, pero vienes con una cara de vinagre...

-Déjalo estar, por favor.

He estado en Vallecas, por eso vengo con esta cara.

-Ya. ¿Has estado preguntando por tu madre?

-Sí, pero nadie me sabe decir nada de ella.

Nadie tiene el menor recuerdo de mi madre.

-¿Preguntaste en el bar La Plazuela? Solía ir ahí a desayunar.

-Ya no existe. Hace tiempo que es un restaurante chino.

Y los billares que me dijiste que estaban al lado del puente, cerrados.

Y la mercería donde estuvo trabajando ahora es un solar.

-Son muchos años ya, ¿eh?

-Sí, pero no sé, alguien tiene que quedar por ahí,

algún amigo, algún vecino... -No sé, alguien quedará,

pero ya no sé qué más decirte. -¿En serio, papá?

¿No se te ocurre nadie que pueda acordarse de mamá?

-Hombre, a ver, te he dicho unos cuantos.

Y no tengo la culpa de que los negocios cierren

o cambien de dueño.

David, tu madre, cuando e metió en el mundo de la droga,

se alejó de todo el mundo. -Lo entiendo.

No sé, ¿y si volvió al barrio años después?

Igual retomó el contacto con antiguos vecinos.

No hablabas con ella, no puedes saberlo.

Si tienes un nombre, un teléfono... -Que no, que no.

No hay nadie. Me encantaría ayudarte, pero no.

-Me estaba empezando a hacer ilusiones.

Es que ya no sé qué pensar. Igual resulta que sí está muerta.

Lo que está claro es que no voy a conseguir conocerla nunca.

-Tampoco te tienes que poner en lo peor.

-Intento ser realista. Los drogadictos no llegan a viejos.

Y no digo que se haya muerto de una sobredosis,

pero estaría delicada de salud, eso seguro.

Una hepatitis, una neumonía... Eso es perfectamente posible.

-Ven aquí, ven aquí.

Oye, David,

¿por qué no intentas pensar en cosas alegres, eh?

Mira la relación tan estupenda que tienes con Paty.

Es en eso en lo que tienes que concentrarte.

-¿Me estás diciendo que me olvide de mi madre?

¿Que haga como si estuviera muerta desde el principio?

-No, pero me duele verte así, pasándolo tan mal.

Tienes tantas cosas en las que concentrarte.

Tienes una novia estupenda,

te estás preparando las pruebas para policía...

Hey, tienes que mirar hacia delante, ¿eh?

Tengo que atender. Luego hablamos. -Sí, sí, no te preocupes.

Ha sido un momento de bajón y ya está, no pasa nada.

(SUSPIRA)

Pasa, por favor.

Y de verdad que siento el retraso, pero quería hablar con Científica.

Siéntate. Tranquilo.

¿Tienes alguna pista de lo que ha pasado?

Sí, el contacto de Ricky cambió el lugar y la hora de la cita,

pero no me avisó hasta que se plantó allí.

Cuando Miralles y yo llegamos, ya estaba muerto.

Heridas de bala, parece que a quemarropa.

Pobre chaval. En el fondo, me da pena.

Entonces, supongo que el tal Teo trabaja para el Cobra.

Es lo que habrá que averiguar ahora.

Si la descripción que nos dio Ricky es cierta

y Teo trabaja en la discoteca Magenta,

en Distrito Dos alguien tiene que conocerlo.

Primero Isa y ahora Ricky.

Tan jóvenes con toda la vida por delante.

No sé cómo he podido dejar que pase esto.

Emilio, tú no eres responsable de nada.

Lo de Isa fue un accidente y lo del Ricky,

tú pusiste todo de tu parte para tenerle protegido.

Ya, pero no puedo evitar sentirme responsable.

Hablé con Ricky apenas diez minutos antes de que lo mataran.

¡Mierda! Si hubiéramos llegado un poco antes...

(RESOPLA)

No, no, escúcheme usted a mí.

Quiero hablar ahora mismo con su superior, ¿entendido?

-Buenas, ¿qué le pongo? -Qué hay.

Un café solo. -Ahora mismo.

-No, es que los márgenes estaban claros en el archivo original.

Ha sido al enviarlo a los medios cuando han cambiado.

Mire, por una cosa u otra, su agencia ha alterado

la imagen pública de Transportes Quintero

y espero ver ese error compensado en la próxima factura.

¿Es una broma?

Mire, estoy dispuesto a aceptar el 25 % de descuento.

Mucho mejor, gracias. Que tenga buen día.

-Disculpa, no he podido evitar escuchar la conversación.

-No tiene que disculparse, no era ningún secreto.

-Si me permites mi opinión, has hecho un mal negocio.

-¿Un mal negocio?

Acabo de sacarles un 25 % de descuento

por un error insignificante.

Le he ahorrado a la empresa 1000 euros con una llamada.

-Si no hubieras sido tan blando, les habrías ahorrado más.

-Pero si les he puesto firmes. Según tú, ¿qué tenía que haber hecho?

¿Mandarles un sicario a partirles las piernas?

-No, simplemente haber dicho

que querías que despidieran al encargado del anuncio

o que habrías prescindido de sus servicios por completo.

-¿Y de qué me sirve que despidan a nadie?

-Es una apuesta. Tú no quieres que despidan a nadie,

pero subiendo las apuestas les obligas a ofrecerte más.

Hubieras sacado un 50 %, incluso más. -Es posible.

-Y hubieras sacado algo más importante:

respeto. Esa gente sabrían quién manda.

-Puede que tengas razón,

pero muchos otros no habrían sido capaces

ni de negociar ese 25 %. -Es verdad.

No se te dan mal los negocios para tu edad.

Por lo menos el de los transportes, el otro aún no lo sé.

-Creo que no nos hemos encontrado por casualidad.

-Queremos hacerte una oferta que quizá pueda interesarte.

-¿Ah, sí? Pues tú dirás. -Perdonad. El cafecito por aquí.

-Toma. Cóbrate los dos, por favor.

Quédate el cambio. -Gracias.

Este no es lugar para hablar de estas cosas.

Mi patrón estará encantado de recibirte en su despacho

para hacerte una proposición y solventarte cualquier duda.

-No creo que a mi padre le haga gracia.

-No, yo tampoco,

pero para llegar lejos hay que tomar decisiones.

Es arriesgado, pero merece la pena.

-¿Qué coño es esto? ¿Es una broma? ¿Qué haces con Tano?

-No sé, se me ha acercado a darme consejos

para ser un hombre de negocios.

Que si tengo que exigir más despidos y no sé qué más.

Yo creo que iba medio borracho. -¿Este payaso quién se cree que es?

-Ni idea. Me da igual. -¿Te da igual?

Te recuerdo que trabaja para quien ordenó la muerte de mi hermano.

-Sí, sí ya lo sé. -¿Sí?

-Escucha, Jairo, que tengo que ir a casa, ¿vale?

Que quiero salir a correr antes de que anochezca.

Nos vemos.

-¿Tú te acuerdas del comisario Vargas de la academia?

Sí, claro. Que siempre decía:

"El trabajo de un policía se reduce a dos cosas".

"Proteger a los ciudadanos". "Y atrapar a los malos.

Conseguir las dos cosas es ganar el partido,

conseguir solo una es empatar.

No conseguir ninguna es una derrota".

Me acuerdo, sí. Pues nosotros, por ahora, vamos perdiendo

y por goleada.

No, Emilio, el partido aún no se ha acabado.

No hemos conseguido proteger al Ricky,

pero aún podemos atrapar a los malos. Tienes razón. Esto sigue en marcha.

Bueno, eh... yo me voy para Distrito Dos.

Avísame cuando tengas algo de la Científica.

Descuida, que lo haré. Bien.

Por cierto, Castillo, Vargas decía otra cosa también:

"El aspecto de un policía debe ser impecable".

"Porque la imagen de cada agente es la imagen

que el ciudadano tiene del cuerpo de policía".

Pues hoy Vargas te hubiera echado una buena bronca.

¿Por? Por cómo llevas las botas de barro.

¿Qué quieres? Vengo directamente del parque de Cáceres

y aquello estaba hecho un barrizal.

Si te encuentras con Vargas, no le digas nada, ¿eh?

Sí.

Hola. -Hola, Paty, ¿qué tal?

¿Qué tal con David? -Bien, ¿por?

-Porque te tengo aprecio y querría que te fuera bien.

-Vale. ¿Quieres tomar algo? -¿Qué pasa? ¿Que no me crees?

-Pues, hombre, la verdad es que no sé qué creerte.

-¿Y por qué?

-Porque parece que te alegras mucho por él

o es lo que dices, pero tu actitud demuestra todo lo contrario.

-¿Y qué demuestra mi actitud?

-Que te molesta que esté con cualquiera que no seas tú.

-Bueno, pues sí, claro que me molesta, tienes razón.

Pero eso no quita que me alegre porque David es muy buena persona,

que no está metido en nada chungo como yo

y es el chico que te mereces. Te lo digo de corazón.

-Bueno, ponme una sin alcohol, ¿vale? -Vale.

(Timbre)

-¡Un momento, que bajo el fuego! ¡Un momento!

Pero ¿qué hace usted aquí? ¿Cómo ha conseguido mi dirección?

-Preguntando. En este barrio lo conoce mucha gente.

Aunque no me invite a entrar, lo voy a hacer.

-Insisto, ¿qué quiere? -No es tan difícil de entender.

Antes, en la calle, no me dejó terminar.

Se largó y me dejó con la palabra en la boca.

-Con la palabra "asesino" en la boca.

-Me alegra que la oyera con todas sus letras.

-¿No se da cuenta de que son calumnias?

Puede pensar que maté a su marido

y tiene todo el derecho a presentar una querella, por Dios,

pero insultarme en la calle, en público...

-Tome, he sacado esta foto para usted.

¿Ni siquiera se va a dignar a cogerla?

¿Tan poco le importa o se siente tan culpable

que no es capaz de mirar a los ojos de mi Paco y mi hijo?

-Sigo sin entender qué hace aquí a estas horas.

-Quédesela. Póngala donde pueda verla.

¿Sabe por qué he puesto la querella? Para que no olvide a mi marido

porque no tiene derecho a olvidarlo. Quiero que lo recuerde toda su vida.

-Para eso no hace falta ninguna foto.

¿Usted sabe lo que sufre un médico cuando pierde un paciente?

-Me imagino que es un número en un expediente.

-No sabe lo que dice. -Usted sí que no lo sabe.

No ha tenido que enterrar a su esposa por una negligencia.

-Está siendo muy injusta conmigo. -¿Injusta?

Encima tendré que compadecerle a usted.

-Me bastaría con que no me atacara. -Ni lo sueñe.

Voy a ganar esta querella y me voy a asegurar

de que deja de ejercer la medicina. La gente debe saber

que es un peligro público, un asesino en potencia.

-¿No se da cuenta de que tiene todas las de perder?

Su marido murió por una dolencia previa incurable,

no por una mala praxis.

Hay muchos compañeros facultativos que me van a respaldar.

-Mis abogados no me han dicho lo mismo.

-Sus abogados solo quieren engordar su minuta.

-Ya, usted qué va a decir.

Aquí todos mienten menos usted, ¿verdad?

Usted es don perfecto,

el médico ejemplar que deja morir a sus pacientes,

que dejó a mi marido morir como un perro.

¿Qué está pasando aquí?

Es la viuda de... Ya sé quién es.

¿Podría salir de esta casa? Todavía no he terminado.

Sí, ha terminado, y le ruego por favor

que abandone mi casa o, de lo contrario,

me veré obligada a detenerla por acoso.

Me da igual. La próxima vez que hable será en un juzgado.

Adiós.

¡Pero bueno!

Te amenaza por teléfono, te increpa en la calle

¿y ahora viene a amenazarte? ¡Es increíble!

Se presentó de sopetón.

Tuvo que haber preguntado en el barrio nuestra dirección

y consiguió las señas. ¿Quién se cree que es?

Pues una persona desesperada, qué va a ser.

Una persona desesperada que tiene muy poco juicio.

Vamos, te insulta, te increpa, te amenaza...

Mañana mismo le ponemos una demanda. Eso, lo que me faltaba.

Más abogados, más papeles. No sé qué hará la próxima vez.

¿Qué crees, que va a atropellarme con un coche?

Por favor, por favor, vamos a olvidarnos de este tema,

aunque sea por un par de horas. Llevo todo el día dándole vueltas.

Vamos a disfrutar del marmitaco que he hecho, por favor.

Juro que me gustaría tener tu temple, cariño,

aunque sé que, por dentro, estás sufriendo lo indecible.

Pues claro que sufro, pero ahora solo quiero

que nos sentemos tú y yo tranquilamente a cenar.

Ve a cambiarte, que en cinco minutos tengo la comida hecha.

(SUSPIRA)

(Puerta)

¿Qué quieres que te diga?

No entiendo muy bien esta afición nueva de salir a correr

por las mañanas o por las tardes para llegar a casa destrozado.

-A mí me ayuda a despejarme y me llena de energía.

-¿A despejarte? Vaya.

Yo para despejarme prefiero leer un buen libro,

ver una peli o salir a cenar, qué quieres que te diga.

-Cuestión de gustos. Y hoy, ¿qué? ¿Sales a despejarte?

-Pues sí, eso parece, sí,

que voy a salir a despejarme un poquito.

Oye, antes de irme me gustaría preguntarte una cosa.

¿Ha ocurrido algo en el trabajo?

-Papá, salgo a correr casi cada día, no es que haya ocurrido nada.

-Julio.

-Nada, un proveedor, la agencia que nos gestiona la publicidad

que ha metido la pata, he negociado con él

y le he sacado un 25 % de descuento.

-Ya. -Nada más.

-¿Te puedo preguntar otra cosa? -Claro.

-Si no te lo hubiese preguntado, ¿me lo habrías dicho?

-En la oficina, tal vez, pero aquí, no.

Es trabajo y no me gusta hablar de trabajo en casa.

-Eso no deberías ser así. Somos padre e hijo

y podemos hablar de cualquier cosa en cualquier sitio, ¿no crees?

-Sí, me quedé en Madrid con esa intención.

-Esa era la intención de ambos al principio,

irnos conociendo poco a poco. Pero no podemos consentir

que se quede solo en eso, en una buena intención del principio.

-La rutina y el trabajo se comen todo el tiempo

y la falta de costumbre, pero tienes razón.

Deberíamos compartir más cosas. -Tenemos que ponernos a ello, hijo.

Está claro que nos llevamos muy bien.

Seríamos los perfectos compañeros de piso.

Pero tú y yo somos algo más, somos familia

y la familia tiene que hablar.

Tenemos que comer y que cenar juntos, así que, en fin, estoy pensando

en que voy a llamar a Maica para decirle

que dejamos la cena para otro momento.

-Para, para. Papá, la peor parte de convivir con la familia

es que hay ciertas cosas que se hacen por obligación

y yo no quiero eso, así que hoy vete a cenar con Maica.

-¿Estás seguro? -Claro.

-La gracia de que vivamos juntos es que podemos hacerlo otro día.

Me voy a duchar, voy a pedir una pizza

y en cuanto pueda me meto en la cama que estoy rendido.

-¿Ves como eso de hacer deporte no tiene que ser nada bueno?

-Deberías probarlo. -¿Yo?

Bueno, si me dejan, esta noche igual empiezo.

-Hay que fastidiarse, unos tanto y otros tan poco.

-Oye, antes de irme, todavía tengo un par de minutos.

Cuéntame cuánto le has sacado a la agencia por el problema ese.

-1000 euros. -1000 euros. Bueno, no está nada mal.

-Sí, ¿verdad? Aunque... -Aunque, ¿qué?

-No sé, no sé si tendría

que haber sido más duro en la negociación.

-No sé, si te quedas con esa sensación,

lo más probable es que sí.

-Opinas lo mismo, ¿verdad? -¿Lo mismo de qué?

-No, es un decir, pero... ¿crees que si hubiera sido más duro,

habría conseguido algo mejor? -Bueno, tú mismo lo estás diciendo.

Podrías haber sido más duro y, quizá, haberlos obligado a...

-A ofrecer algo más que el 25 %. -Eso es.

-Tal vez tendría que haber exigido

que despidieran al responsable del anuncio.

-Bueno, eso podría haber sido una buena alternativa.

-Siento haberte hecho perder dinero. -Eh, no digas eso.

Tú a mí no me has hecho perder nada, hijo.

-No volverá a pasar. Aprendo rápido. -Tranquilo, hijo, tranquilo.

Sabes que confío mucho en ti. Eres un chico muy exigente

y sabes hacer muy bien tu trabajo. Estoy muy contento contigo, sí.

-Gracias. Oye, vas a llegar tarde.

-Sí, ahora sí que me tengo que ir yendo.

Oye, una cosa. Antes de que venga el chico este

a traerte la pizza, date una ducha, anda,

que hueles un poco a perro mojado. -Pásalo bien.

(Puerta)

-David, siento no poder ayudarte más con lo de tu madre.

-Ya me ayudas mucho escuchándome.

-Toma.

-Solo el poder compartir todo esto contigo es un alivio.

-Tú ahora no te vengas abajo, ¿eh?

Tarde o temprano la vas a acabar encontrando.

-Encontrando, ¿el qué? ¿Se te ha perdido algo?

-Sí, su moneda de la suerte, que se le ha caído en el bar, dice.

Cree, ¿no? -Amigo, tu moneda de la suerte.

No sabía que creías en esas cosas. -Hombre, creer, creer...

Es más bien una manía que otra cosa. -Ya.

Yo me tengo que ir que tengo que ayudar a mi padre a cerrar.

-Dime cómo es la moneda por si la encuentro barriendo.

-Estoy casi seguro de que se cayó en la calle.

Chao, pero gracias, María. -Venga. Hasta luego.

-Adiós, guapo. -Adiós.

-Chica, qué mohíno se ha puesto con la moneda.

Hola. -Hola.

¿Paty? -¡Pero Tina!

Pero bueno, ¡qué casualidad! -¡Dios!

¡Qué fuerte! -¡Hala, cuánto tiempo!

-Ya ves. No sabía que trabajabas aquí, te hacía en Barcelona.

-Pero ya he vuelto y estoy aquí ahora, currando de camarera.

-Ya ves. ¿Qué tal te va? -Muy bien, tía. Estoy superfeliz.

No lo digo porque esté la jefa delante.

María, ella es Tina, mi amiga. -Ya, la conozco.

Vivías aquí, en el barrio. -Y sigo viviendo.

Pero en la otra punta, en el parque del Pinar.

-¿Qué te pongo? -Un zumo de piña.

-Muy bien. ¿Y de comer? -Nada.

Me están esperando mis padres para cenar.

-Muy bien.

-Tía, qué fuerte. ¿Cuánto hacía que no nos veíamos?

Por lo menos desde que te desapuntaste del gimnasio.

-¿Sabes la pena que me dio irme?

Pero perdí el trabajo de teleoperadora

y me tuve que apretar el cinturón.

Y me hacías una rebaja, pero no me salían las cuentas.

-¿Y qué tal? ¿Has encontrado algo? -Sí.

Vengo de hacer una entrevista y me han dicho que empiezo mañana

en el supermercado de la calle Álamo.

-¿Ah, sí? Qué bien, qué cerca. -Sí.

-No, ya. Tía, me alegro un montón, de verdad.

-Sí, yo estoy superfeliz porque, madre mía,

llevaba seis meses viviendo de mis padres

y no les sobra el dinero, casi no llegamos a fin de mes.

-Oye, ¿y a estas horas de la noche hacen entrevistas?

-Creo que ha enviado el currículum mucha gente

y no daban abasto para hacer entrevistas.

-En cuanto sale un puesto, como están las cosas,

medio barrio hace cola. -Mira, yo pensaba:

"A estas horas no van a querer verme, no tengo posibilidad".

Y mira, resulta que me lo han dado, así que...

Y, además, el encargado ha sido majísimo.

Un chico supersimpático. -Hija, qué bien.

Me has dicho que no quieres comer, pero tengo una tarta

y lo tuyo merece una celebración, ¿no?

-Dile que sí o no va a parar.

-Bueno, vale, a ver cómo está esa tarta.

-Riquísima.

-¿Os importa que enchufe el móvil en algún sitio?

Me he quedado sin batería y querría llamar a casa.

-Claro, dámelo. Si es urgente, puedes llamar con el mío.

No me importa. -¿Sí?

Venga, así se lo cuento a mi madre. -Eso.

-¿Mamá? Te llamo del móvil de una amiga.

Me han dado el trabajo, empiezo mañana.

(SE RÍE)

Sí, sí, muy contenta.

-No hay ni un alma en la calle. Parece que estemos en invierno.

-Lo que pasa es que es tarde y la gente está recogida en casa.

Mañana por la mañana, el despertador no perdona.

-Entonces, ¿qué? ¿Recogemos ya? -Sí. Te estaba esperando para cerrar.

Oye, por cierto, ¿cenas en casa o has quedado con Paty?

-No, de aquí me voy directo a casa.

-¿Va todo bien con ella? -Sí, sí, bien, bien.

Pero vamos, que el bajón no se me pasa y no tengo ganas de...

Que no sé, que prefiero ir a casa y descansar.

-Ya. Lo entiendo perfectamente. Oye, mira, si quieres vete ya.

Ya puedo recoger yo solo. -No hace falta.

Una cosa no tiene que ver con la otra.

-No, David, sí que tiene que ver.

Te vas a casa, te preparas algo de cenar

y si quieres te puedes poner delante del ordenador.

A lo mejor encuentras algo. -Sí, igual me viene bien.

-Oye, si no tienes hambre,

te puedo preparar la cena cuando llegue.

Y así aprovechas para descansar.

-No, prefiero cenar en cuanto llegue y acostarme pronto.

-Bueno, como quieras. -¿Te hago algo de cena?

-No, no hace falta. Con cualquier cosa me apaño.

-Papá, no me cuesta nada, de verdad. -Pues, como digo, cualquier cosa.

Hasta luego.

¿Esther? Hola, soy Jesús, Jesús Merino.

Sí, sí, mucho tiempo.

Sí, me cambié de móvil... Perdona que sea directo,

pero ¿tú sabes dónde está Marina? Es que la busco por nuestro hijo.

Solo quiero que Marina sepa que David sabe la verdad.

Se lo he contado todo y quiere conocerla.

Sí, es que me ha pedido que le ayude a encontrarla,

así que, no sé, si sabes algo de ella,

pues dile que su hijo quiere conocerla, ¿de acuerdo?

Muy bien. Muchas gracias, Esther. Adiós, adiós, adiós.

-Sí, de postre, unas fresas con nata. Ajá.

Vino tinto. Ribera, por ejemplo. Perfecto. Gracias.

(SUSPIRA) En 20 minutos lo suben. -Ajá.

-Espero que no te haya molestado esto.

-¿El qué? ¿Que tarden 20 minutos? No, mujer, por favor.

-No, que te haya vuelto a citar aquí, en un hotel.

-Cariño, ya sabes que estoy deseando estar contigo a todas horas,

me da igual donde sea, ¿eh?

-Ya, pero supongo que te extrañará que no te haya invitado a mi casa.

-Bueno, ya me la enseñarás cuando quieras.

Ya sabes que estoy deseando verla, pero cuando digas, no hay problema.

-Muy bien. Pero antes tengo que poner un poco de orden.

Estoy acostumbrada a vivir sola y tengo un desastre en el salón...

-Con el buen gusto que tienes,

tendrás la casa de reportaje de revistas, así que...

-Alguna pieza interesante hay. Esculturas, sobre todo.

-¿Sabes eso que dicen, no?

Que se puede llegar a conocer a alguien visitando su casa.

-Tú no necesitas saber más de mí, ya sabes mucho.

No hace falta que vengas a mi casa.

Bueno, y si quieres saber más, solo tienes que preguntar.

-¿Ah, sí? Pues mira, ahora que ya he terminado de revisar el correo,

te voy a someter a un interrogatorio despiadado.

-Ajá.

-Cuéntame cosas de tu familia, por ejemplo.

-¿Y qué quieres saber? -Todo.

-Eh, háblame o cuéntame algo de tus padres,

de si tienes hermanos, hermanas, no sé.

-Pues mis padres murieron hace tiempo.

-Ajá. -Y tengo una hermana menor. Sandra.

-¿Vive aquí, en Madrid? -Eh, no. Vive en el extranjero.

Trabaja allí. -¿Y hace mucho que no os veis?

-Sí. Bastante.

Estamos las dos muy ocupadas y, ya sabes, con el charco de por medio

es bastante lío. -Ya. Supongo que la echarás de menos.

-Ni te imaginas. Pasábamos mucho tiempo juntas.

Yo siempre la cuidaba y dejé de hacerlo...

En fin.

¿Qué? -¿Pasa algo?

-No, nada, lo que pasa es que, a ver,

mi hermana es una chica muy impulsiva.

Necesita a alguien que la baje a tierra,

si no, se puede meter en muchos líos.

Nada grave, ¿eh? ¿Qué? ¿De qué te ríes?

-No lo sé, cariño, no lo sé.

Será que se me queda esta cara de tonto

porque estoy muy contento y muy feliz de estar aquí contigo, escuchándote,

oyéndote hablar de tu familia, conociéndote, sabiendo cosas de ti.

Y oírte cómo hablas de tu hermana, con tanto cariño,

me da la sensación de que tienes que ser una persona muy leal,

muy fiel y eso me gusta.

-Yo soy una persona como cualquier otra, Fernando.

No tengo nada de especial.

-Para mí eres la mujer más especial y maravillosa del mundo.

¿Qué te pasa?

-Nada, solo que, que no quiero que te lleves una decepción.

Yo no soy tan maravillosa como crees, Fernando.

(RECHISTA) -No te consiento que digas eso.

Te lo he dicho y te lo vuelvo a repetir:

para mí eres la mujer más especial y maravillosa que hay en el mundo.

(Puerta)

-Patrón, tiene visita.

-Déjeme adivinar: Quintero Junior, ¿cierto?

Hágalo pasar.

Julio Quintero.

¿Cómo está? -Buenas noches.

-Buenas noches.

¿Le ofrezco un roncito? De Colombia, de Barranquilla.

-No suelo beber alcohol. Gracias.

-Al menos pruébelo, hombre. Le va a gustar.

Se lo traje especialmente para usted. -¿Para mí?

¿Tan seguro estaba de que iba a venir?

-Sabía que iba a sentir curiosidad por lo que le tengo que decir.

-Tengo curiosidad, sí, pero no tanta como para hacer nada

que vaya contra mi padre.

-Los intereses de su padre son los mismos que los míos.

¿Por qué voy a perjudicar a un futuro socio?

-Creo, señor Somoza, que se está equivocando de Quintero.

Si quiere hacer negocios con mi padre,

es con él con quien debe hablar.

-Ya lo he intentado, pero su padre no escucha.

Parece que no quiere que lo haga más rico de lo que ya es.

En cambio usted es joven, ambicioso. Usted sí lo escucha.

-Escucha cuando quiere.

Mi padre tiene clara su filosofía de trabajo.

-Sí, yo sé.

Pero en la filosofía de trabajo de su padre

no incluye meterse en la política. Y, por lo que he escuchado,

quiere meterse en la Cámara de Comercio.

¿Es idea suya o me equivoco? -No, no se equivoca.

Pero son cosas muy distintas.

La Cámara de Comercio aporta prestigio, influencia

y no supone ningún riesgo,

pero un socio nuevo en un negocio al margen de la ley,

eso supone muchos riesgos y un beneficio dudoso.

-Ah, un beneficio dudoso.

Si quieres sacamos los números ahora y lo sacamos de duda.

-No serviría de nada.

Mi padre nunca hará negocios con usted

y los números no son el problema. -El problema soy yo, ¿cierto?

-Usted mandó matar al marido de mi hermana.

-¿Sabes qué es lo que pasa?

Que el marido de su hermana mató a mi hijo.

¿Qué clase de padre sería yo si no vengo la muerte de mi hijo?

Pero bueno, eso fue una simple cuestión de honor.

No tiene nada que ver con los negocios.

Excelente, ¿cierto?

-Pues sí, tenías razón. -Ya ve, usted tiene que hacerme caso.

Si distribuyen mis mercancías en toda la ruta de transportes,

yo les ofrezco el 35 % del negocio.

-El 50 y supervisamos personalmente todos los envíos.

-Aprendes rápido.

-Si quiero convencer a mi padre, tendré que ofrecerle algo bueno.

-El 40. Mi última oferta.

-Lo intentaré, pero no le prometo nada.

-Bien. -Buenas noches.

-Buenas noches.

(Puerta)

Adelante. ¿Se puede?

Sí. Pasa, Lola.

Quería saber un poco cómo va el caso de tu hija.

Acabo de oír hablar de lo de Ricky, que ha aparecido muerto.

Asesinado a tiros a mitad de un descampado.

Otra muerte sobre mi conciencia.

No, hombre, no digas eso. No tienes la culpa.

Yo convencí a Ricky y le presioné, además,

para que nos llevara hasta el Cobra. Le puse en el punto de mira

de un traficante muy peligroso y ahora está muerto.

¿Crees que lo mató porque lo vio hablando con la policía?

Bueno, Ricky tenía un contacto. Le iba a decir quién era el Cobra,

pero, al final, cambió el lugar de la cita

y la adelantó dos horas. Era una trampa.

Es lo más probable.

Estamos intentando localizar a ese contacto de Ricky.

¿Necesitas que te ayude en algo? No te preocupes.

Tú mejor dedícate a la UFAM, que bastante tenéis.

Enseguida me iré para casa.

Estaba revisando las declaraciones de Ricky

a ver si se me ha pasado algo que nos pueda servir.

De acuerdo. Descansa, ¿vale? Y mucho ánimo.

Muchas gracias.

(Puerta)

¿Traes algo para mí? Un informe de la Científica.

Gracias. Lo estaba esperando.

(RESOPLA)

Lo sabía. Lo sabía.

Castillo, escucha. Soy Bremón. Necesito que vengas a Distrito Sur.

Tengo algo.

(Timbre)

Jairo, gracias por venir. De nada. Perdón por llegar tan tarde.

No te preocupes, si todavía no he cenado.

¿Estás solita?

Sí, Nerea se ha quedado en el bufete. ¿Quieres tomar algo?

No, gracias. Veo esto muy moderno, está muy cambiado, ¿no?

Sí, un poco. Nerea quiso darme una sorpresa.

Qué bien.

Bueno, ¿qué es lo que necesitas? ¿Es importante?

No será para hablar de la decoración,

pero no me lo has dicho. Ya, perdona, es que estaba de bajón.

Me he puesto a hacer limpieza de la ropa de Róber

para desechar alguna cosa.

La psicóloga dijo que me vendría bien o que debería intentarlo.

Vale, vale, vale, ahora entiendo.

De hecho, esa cazadora era de él, ¿no?

Pues sí, eso es lo que quería darte.

Róber me dijo que te gustaba mucho y se la pedías.

Sí. Él querría que tú la tuvieras.

Qué bien. Muchas gracias.

A ver, tú para acá. A ver cómo me queda.

No me va a quedar como a él, pero...

A él le quedaba mejor, ¿no? Pero no está mal.

Te queda muy bien. ¿Sí?

¿Seguro que no quieres tomar nada o quedarte a cenar, por ejemplo?

A cenar, no, pero una cerveza, si tienes, te la acepto.

Venga.

(Móvil)

Hola.

-"Buenas noches, Jairo. Tengo información".

-Pues venga, dime.

-"¿A que no sabes a quién he visto en Construcciones S.Z.?".

-¿A quién? -"A Julio Quintero".

-Sí, hombre. ¿Me estás llamando para tocarme las narices

o estás hablando en serio? Es muy grave lo que dices.

-"Te juro que he visto a Julio entrar en la nave de Somoza

hace una hora escasa". -Gracias por decírmelo. Te cuelgo.

Ya está. ¿Todo bien?

Sí, cosas del trabajo, ya sabes. Tonterías.

¿Algún problema con el negocio legal o con el narcotráfico?

¿Me invitas a tu casa y me sales con esa tontería?

Perdona que sea tan directa, Jairo. Estoy flipando contigo.

Te he dicho que Quintero no tiene que ver con el tráfico de drogas.

¿A qué viene salirme con eso?

Me importas y eres el hermano de Róber.

¿Te importo? Si te importo, no me insultes, por favor.

Jairo, si no me quieres contar la verdad, de acuerdo,

tendrás tus motivos, pero no me trates como a una tonta.

¿Qué te contesto? No te entiendo.

Si lo tienes tan claro, ¿qué esperas que diga yo?

Vamos, no me jodas. Mejor me voy y vuelvo cuando estés más tranquila.

Jairo, todavía estás a tiempo de alejarte de Quintero.

Ese hombre puede arruinarte la vida.

Ese hombre es tu padre en carne y hueso.

Sí, es mi padre y, si le detuviera, se me haría muy difícil,

pero se me haría más difícil detenerte a ti porque te aprecio

y no quiero que mi hijo tenga a su tío entre rejas.

Mira, me voy. Gracias por la chupa.

-Hola, Emilio. He venido todo lo rápido que he podido.

Gracias. Cuéntame qué tienes.

Son los análisis de las muestras que tomaron en el accidente de mi hija.

¿Y qué han encontrado? Que no fue un accidente.

¿Cómo que no fue un accidente?

Han encontrado restos de gasolina en el interior del coche.

Ya, pero bueno, eso no tiene nada de particular.

Si al repostar te salpicas la mano, algo de gasolina llega al interior.

Exacto, solo que no pudo ser al repostar

porque el coche que llevaba Isa era diésel.

¿Entiendes? Rociaron el coche con gasolina

para que se quemara más deprisa, para borrar huellas

y para que no quedara ni rastro de ADN.

Alguien estrelló ese coche y después lo incendió.

Ya, entonces, ¿crees que la mataron antes del accidente?

Habrá que esperar a la autopsia, pero sí, es lo más probable.

Emilio, tengo que disculparme contigo.

Tú desde el principio dijiste

que había algo raro en la muerte de tu hija

y yo no quise creerte. Anda, eso no tiene importancia.

Tiene importancia que me ayudes a encontrar al Cobra.

Te doy mi palabra. Si alguien tiene que cazar al Cobra, ese soy yo.

Te lo debo.

-Hace muchísimo tiempo que no sentía algo así por una mujer.

-Aparte de Carmen.

-Ya sabes, el destino no quiso que estuviésemos juntos,

así que, por ahora, prefiero ser prudente.

No quiero que esto que está empezando entre Maica y yo se estropee.

-Pero ¿con planes de futuro?

-Lo único que te puedo decir es que, para mí,

esto no es ninguna aventura.

-¿Hasta cuándo tendré que mantener esta relación?

-El tiempo que sea necesario.

-No me siento muy cómoda ejecutando este encargo.

-¿Qué será? ¿Que se está enamorando de Quintero?

-No, para nada. Nunca me enamoraría de un hombre de su calaña.

-Espero que sea verdad o entonces sí vamos a tener un problemita.

-Somoza hace y deshace a su antojo y vosotros le dejáis vía libre.

Estoy haciendo lo que puedo, pero dentro de la ley.

¿La ley? ¿Qué excusa es esa?

Sabes bien que cuando uno quiere hacer algo, actúa.

Te equivocas, Jairo.

Uno no puede actuar a cualquier precio.

¿Qué has averiguado?

Mis hombres han dado con la última casa

en la que vivió Teo, el pelirrojo. ¿Lo habéis detenido?

No, Teo no estaba allí. Nadie sabe dónde puede esconderse.

Pero en el registro hemos encontrado un arma

y Balística ha certificado que es la misma

con la que mataron a Ricky. Entonces, ¿fue Teo?

No hay ninguna duda. Sus huellas estaban en el arma.

Entonces, está clarísimo.

Se me caería la cara de vergüenza de llevar ese uniforme

viendo cómo unos inocentes quedan desamparados

porque no pueden encarcelar a un asesino.

¡Ya está bien! ¡No es un asesino! ¿Cómo se lo tenemos que decir?

Doctor, me voy a convertir en su sombra.

No nos va a dejar otra salida

que denunciarla por un delito contra el honor.

Oye, ¿no estarás trabajando?

No te preocupes, solo es trabajo de oficina.

Así me gusta. Mi sobrino es lo primero.

¿Y tú cómo estás? Bien, bien, bien.

-Cremades y Asociados han retirado la querella.

Se han plegado a la contundencia de los hechos.

Los nuevos resultados de la autopsia

y los informes de tus compañeros que te avalaban han sido definitivos.

A mí me parece una mujer capaz de cualquier cosa.

Qué exagerada eres. Cosas peores he visto, ¿eh?

Una persona fuera de sí es capaz de hacer un disparate.

Por supuesto. Cuenta con mi padre. ¿Y dónde sería?

Vale, yo hablo con él y a ver qué día le va bien.

Muchas gracias. Hasta luego.

-¿Qué?

¿Mucho trabajo?

-Yo creo que Quintero confía en su hijo.

-Pues quizás se lleve una sorpresita. -¿Por qué?

-Porque yo le agarré la calle a ese muchacho.

Es joven, es avispado, tiene ganas de trabajar

y hacer platica.

El propio cóctel esperando ser mezclado.

-Anoche estuve en el despacho de Somoza

reunido con él.

Tano me citó en sus oficinas para hablar y yo acudí.

-Jairo, déjanos solos.

  • Capítulo 256

Servir y proteger - Capítulo 256

08 may 2018

Tras encontrar el cadáver de Ricky, Bremón descubre que la muerte de Isa no fue un accidente. El comisario pide al inspector Castillo que le ayude a encontrar al asesino. Somoza se reúne a escondidas con Julio. David está desesperado porque no encuentra ninguna pista sobre su madre.

ver más sobre "Servir y proteger - Capítulo 256 " ver menos sobre "Servir y proteger - Capítulo 256 "
Programas completos (327)
Clips

Los últimos 1.367 programas de Servir y proteger

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios

El administrador de la página ha decidido no mostrar los comentarios de este contenido en cumplimiento de las Normas de participación

comentarios.nopermitidos