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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 254 - ver ahora
Transcripción completa

Yo empecé a montar mi empresa cuando era muy joven.

Como pude, conseguí tres viejas camionetas

que estaban para el desguace y las arreglé yo mismo

con mis manos, pero me quedé sin un duro,

así que necesitaba hacer dinero rápido.

Cometí un error y terminé en la cárcel.

-¿Puedo preguntarte cuál fue tu delito?

-Contra la salud pública. Tráfico de drogas.

-¿Sabes lo que te digo? Que ella se lo pierde.

-Quiero saber si sigues interesado en mí

después de mi reacción de esta mañana.

-Verás, yo quiero que sepas que soy el más firme defensor

de las segundas oportunidades, sobre todo si es contigo.

Hasta ahora en mi vida solo he estado enamorado de una mujer.

-¿De la madre de Julio?

-Es alguien que solo está en mi recuerdo.

Murió en un trágico accidente de tráfico hará casi dos años.

-Señor Somoza, es usted una auténtica inspiración para gente como yo.

-¿Y se puede saber a qué se dedica la gente como usted?

-Yo soy un emprendedor, un hombre de negocios como usted.

-¿Pero tú conoces ese negocio? -No hace falta.

Es la moneda del futuro y, cuando inviertes en él,

es difícil equivocarse.

Tengo compañeros que han trabajado en casos de bitcoins.

Me han comentado que son valores volátiles.

Pero eso engloba todo.

-He sido acusado de negligencia médica.

-¿Qué pasó? -Un infarto.

Con los síntomas y el relato del paciente,

era prácticamente imposible saberlo.

(LEE) "Este asesino ha matado a mi marido.

Antonio Torres Morales, médico de cabecera

del centro de salud de Distrito Sur es un asesino".

-He estudiado el historial médico de Francisco,

el acta de atención desde que entró hasta que le atendiste

y seguiste escrupulosamente el protocolo.

-Aunque me declaren inocente,

en la mente de muchos quedará la sombra de duda.

-He venido a intentar arreglarlo.

¿No tengo ninguna posibilidad, por pequeña que sea?

-Pues no, Elías, lo siento, pero no.

¿La conoces? Se llama Isabel Fernández.

Sí, puede ser. Se trata de mi hija.

Ha desaparecido. ¿Y el Ricky qué tiene que ver?

Nuestro inspector de la UIT, analizando el móvil de Isa vio

que tenía muchas llamadas a Ricky. Y decidiste interrogarlo.

Tuvieron una relación esporádica. Fue él quien la introdujo

en el consumo de las pastillas para divertirse, pero ya sabes,

de ahí a engancharse solo hay un paso.

¡Que hables, joder!

Me dijeron que iba mucho con un tío, el Cobra.

Dicen que es un traficante.

-Ha aparecido un vehículo quemado con una mujer joven dentro.

¿Piensas que se trata de Isa? Llevaba el DNI encima,

pero no se ha quemado del todo. Podía leerse Isabel Fernández.

(Música emocionante)

(Emisora de policía)

"Adelante".

-Debió perder el control del vehículo allí.

Cruzó el descampado dando tumbos

hasta que llegó a este terraplén y volcó.

No entiendo cómo pudo perder el control del coche.

Depende de la velocidad a la que circulara,

pero puede que esa no fuera la única causa del accidente.

También pudo ser un fallo mecánico o bien...

Ya, tranquilo. Yo también lo había pensado.

Puede que mi hija condujera bajo los efectos de alguna droga

o estuviera desesperada por comprarla.

Si no, ¿por qué iba a estar sola en esta zona?

Saldremos de dudas cuando tengamos los resultados de los análisis.

Ya ha llegado el juez.

Sí, ya han procedido al levantamiento del cadáver.

Por favor, pásame los objetos personales de la víctima.

Como te dije, el segundo apellido no se ve bien,

pero puedes comprobar si es Isa por la foto.

No cabe duda, se trata de ella.

El coche estaba a nombre de Mónica Fernández, su madre.

Son muchas casualidades para que se trate de otra Isabel.

Gracias. Perdona.

¿Me puedes pasar esta pulsera? ¿La reconoces?

-"¿Te suena esta pulsera?

Era de mi madre.

Me dijo que se la había regalado un chico muy especial

que conoció en una playa.

En la playa de Oliva, un verano.

Seguramente, ese chico fuiste tú".

Se la regalé a Mónica el verano en que estuvimos juntos.

Isa me la enseñó el otro día.

Por favor, por favor, un momento.

Emilio, ¿de verdad que quieres ver así a tu hija?

-"Adelante". Sí.

-Ya te dije que está irreconocible.

Qué irónica es la vida,

tardo más de 20 años en saber que tengo una hija

y en menos de un mes la pierdo sin tiempo para conocerla.

Puedo imaginarme cómo te sientes, Emilio.

Si me necesitas para algo, ya sabes.

Y si no te ves con ánimos con los trámites del funeral,

yo puedo echarte una mano. Gracias. Lo tendré en cuenta.

¿Dónde está el comisario Bremón? Debo hablar con él, es urgente.

-Me temo que no está. Le vi salir hace un rato

y no ha vuelto, pero si quieres lo confirmo, ¿eh?

No, nada, no está en su despacho. ¿Quieres contarme lo que te pasa?

-Lo siento, no. Necesito hablar con él personalmente.

¿No puedes localizarle con el teléfono?

-No, pero vamos a hacer algo mejor. Voy a llamar a la inspectora jefe,

que está en su despacho y te puede ayudar.

Inspectora, acaba de llegar Ricky.

Pregunta por Bremón, pero el comisario no está.

Ya, pero dice que es urgente y está al borde de un ataque de nervios.

Muy bien. Se lo digo. Ahora mismo viene la inspectora.

-Muchas gracias. -Y tranquilízate, hombre,

que estás que te va a dar algo. -Inspectora.

¿Qué tal? ¿Por qué quieres ver al comisario?

Necesito contarle algo importante. ¿De qué se trata?

Ya, no te preocupes. Puedes contármelo con tranquilidad,

yo estoy al tanto de la investigación.

El comisario me hizo jurar

que cualquier novedad se la tenía que contar a él.

Vale. Espe, ¿dónde tenemos a Bremón?

Salió hace un rato a toda prisa con un inspector del Distrito Dos,

el inspector Castillo. Disculpa un momento.

"Emilio, ¿dónde estás?". Claudia, perdóname.

He tenido que salir corriendo,

no me ha dado tiempo a darte explicaciones.

"¿Qué ha pasado?". Algo horrible.

Isa, mi hija, ha tenido un accidente de tráfico

"y ha muerto. Su cuerpo y el coche en el que viajaban

han quedado completamente carbonizados".

Lo siento muchísimo. Tienes que estar hecho polvo.

Es muy difícil de digerir. No sé cómo voy a encajar todo esto.

"Bueno, aún es pronto para decirlo, pero con el tiempo lo conseguirás".

Sabes que estoy para lo que necesites.

Si quieres tomarte unos días, yo te cubro.

"No, prefiero seguir trabajando".

Además, tampoco estás para hacer horas con lo de Antonio.

Tranquila, ¿eh? Nos vemos ahora en comisaría.

"Muy bien, comisario".

Menos mal que descubrí al tío que nos estaba pirateando la red

porque ya pensaban que era yo el que estaba ahí

con el festival porno en la habitación.

Un día piensan que eres gay y otro un salido adicto al porno.

Pues sí. Lo que no me pase a mí en esa casa...

Y mira que estabas contento de irte a vivir con ellas.

Sí, si contento estoy,

lo que pasa es que hay una cosa ahí que me tiene...

Ya sabes, el tema de Lola. ¿Alguna novedad?

Ninguna. Es como un calvario estar ahí metido

porque estamos conviviendo juntos

y yo sé que no podemos llegar a nada.

No sé, a lo mejor el hecho de que Lola te parezca inalcanzable

hace que te pilles más por ella. No sé yo si es mi caso, la verdad.

Oye, ¿y el tuyo?

¿No me has escuchado? Sí, te he escuchado, Fede.

¿Por qué no me contestas? Lo de la mujer misteriosa.

Si es una cuestión de cabezonería o de orgullo herido.

No es nada de eso. No me apetece hablar del tema.

No quiero seguir alimentando una historia que es imposible.

Tate, tate, tate, es una compañera de curro.

Si no, ¿a qué tanto secretismo? No, no es nadie de comisaría.

Vale, y entonces, ¿por qué no me dices de quién se trata?

Porque cuanto menos hable de ella, antes me la sacaré de la cabeza.

Hola. Qué bien huele a café.

Sí, acabamos de hacerlo y con filtro nuevo y todo.

Me alegro, pero ya sabes que no puedo tomarlo.

Chao.

Vamos, que está clarísimo, no sé cómo no me había dado cuenta antes.

Darte cuenta, ¿de qué?

De que estás completamente prendado por tu jefa.

No digas tonterías, ¿quieres? ¿Tonterías?

Te podías haber fijado en otra, Iker. Con lo que ha pasado en estos meses,

no está para enamorarse ni de ti ni de nadie.

Deja de inventarte historias que me vas a meter en un marrón.

¿Marrón? Blanco y en botella.

O sea, se ve a la legua que estás enamorado de ella.

No me niegues la evidencia porque sé perfectamente

que es Alicia. Vale, es ella, ¿y qué pasa?

Vamos a ver, yo no soy un experto en el amor

y lo sabes, ¿eh?, pero podías cortarte un poco.

Creo que después de lo de Róber y estando embarazada de él,

no creo que esté en unas circunstancias

para mantener una relación en pareja, vaya.

Creo que ella lo que quiere es que el embarazo vaya bien

y atrapar al asesino que ordenó la muerte de Róber.

Lo sé, Fede, lo sé y te aseguro que es lo que menos necesito

que pasara, ¿vale? Pero ha pasado. ¿Qué quieres que haga?

Intento mentalizarme de que no me conviene

para dejar de sentir lo que siento y olvidarme de ella.

Perdona, tampoco te pongas así.

Lo siento, tío, esto no tiene nada que ver contigo.

Escucha, de esto ni una palabra a nadie.

Chitón.

-Paty, he repasado los ejercicios y están perfectos.

-¿Sí, seguro? -Sí.

-¿Los has mirado bien? No vaya a ser que se te haya colado un más

con el alboroto del bar. -No, no.

Si precisamente lo he repasado tres veces y está genial.

De verdad, eres una máquina. -Si no lo veo, no lo creo, ¿eh?

¿Sabes lo negada que era para las mates?

No te puedes hacer una idea. -Tú lo has dicho, eras.

Empiezo a dudar que lo has sido porque es que mira,

está todo perfecto y ese ejercicio que pensaba que estaba mal,

me he dado cuenta de que el fallo era mío.

-Estoy muy feliz. Te lo juro, estoy muy feliz.

No solo me estás ayudando con las mates,

si no que, además, has hecho que tenga ganas de volver a estudiar

y, sobre todo, que vuelva a confiar en mí.

Si es que...

(CARRASPEA)

-Hola, Elías. -Hola.

-¿Qué tal? ¿Qué te pongo? -Mira, ponme un cafelito de los míos

para llevar, por favor. -Claro.

-Se te ve muy contenta, se ve que las cosas te van muy bien.

-Sí, la verdad es que no me puedo quejar.

Estoy feliz de trabajar en La Parra, David me está ayudando con las mates

y seguro que voy a aprobar el examen de ingreso.

-Oye, ¿para qué es ese examen?

-Porque quiero estudiar un módulo de FP

de Administración y Dirección de empresas.

-Es muy buena noticia.

Tu padre debe estar encantado con que vuelvas a estudiar.

-Le encanta la idea.

Aunque de lo otro mejor que no digamos nada

porque no se lo he contado. -¿Lo qué? ¿Qué es lo otro?

-¿Te estás haciendo el tonto conmigo?

Sé perfectamente que nos has visto dándonos un beso.

-Me alegro de que te hayas echado un novio así, serio y trabajador.

Parece buen chico. -Sí, lo es.

Has oído, ¿no? Menos mal que le caes bien,

que si no ya estaría dándole el parte a mi padre.

-No digas tonterías, Paty. -¿Tontería de qué?

Si siempre me tienes ahí, en el radar.

Cuando te hagas policía, espero que no me controles.

-Por supuesto que no. -Vale.

-¿Tú quieres ser policía? -Sí.

Estoy preparando las oposiciones para entrar en el cuerpo.

-¿Y tu padre qué opina de eso?

-Al principio me ha costado mucho convencerle para que me deje.

Sí, no quería. -¿Por algún motivo en concreto?

-No, estaba empeñado en que estudiara Medicina.

-Ya, además tu padre a la policía, cuanto más lejos mejor, ¿no?

-No, si dice que es una profesión con mucho mérito,

pero le parece muy arriesgada.

-¿Y tú cómo es que quieres ser policía?

Con el ambiente en el que te has criado.

-¿En qué ambiente?

-Bueno, tengo entendido que a tu padre le gusta mucho el campo

y que se crio en un pueblo de Albacete, ¿no?

-Sí, pues no sé cómo, la verdad, pero sentí la vocación,

sobre todo al llegar aquí y al conoceros a vosotros.

A Nacha, a Fede, a la inspectora Ocaña...

-Te voy a hacer una pregunta de manual para los "pelusos":

¿Tú por qué quieres ser policía?

-Porque quiero aportar mi granito de arena

para vivir en un mundo mejor

y creo que, desde el cuerpo, es el mejor sitio para conseguirlo.

-Esa contestación le va a encantar a la inspectora Miralles.

-Bueno, me tengo que ir o mi padre me echará la bronca

que me quedan muchos pedidos por entregar.

-Ya te invito yo. -Gracias.

-Venga, guapo. -Chao.

-La verdad es que me está ayudando un montón.

Las matemáticas y... -Y con todo.

-Es un currante.

-Mira, ya tiene muchos puntos ganados para ser policía.

-Sí, pues sí. -Venga, apúntamelo.

-Venga, te lo apunto. -Venga. Hasta lueguito.

-Adiós. ¡Eh, Elías! Chitón, ¿eh?

¿Cómo estás, Emilio? Mal.

No termino de hacerme a la idea. Ya.

Una muerte tan repentina es difícil de asimilar.

Date tiempo.

Oye, yo, yo conozco el sitio y me extraña mucho

que se haya salido de la carretera. Lo mismo dije yo.

¿Se sabe a qué velocidad iba el vehículo?

No.

La velocidad exacta, no, pero todo apunta

a que Isa le iba pisando y es muy probable

que fuera conduciendo bajo los efectos de alguna droga.

Ya. Con la adicción que padecía, no sería extraño.

De todas maneras, yo creo que el accidente

habrá sido provocado por un cúmulo de factores, ¿no?

Supongo que sí.

Igual soy un paranoico, pero hay algo en esto

que no me encaja. ¿Por qué dices eso?

Isa estaba metida en temas de drogas.

Me llama por teléfono pidiéndole auxilio

y justo cuando empiezo a buscarla, aparece muerta.

Hay demasiada casualidad.

¿Crees que el accidente ha podido ser provocado?

No lo sé, pero hay algo en esto que me parece muy extraño

y mi instinto me dice que... Bueno, Emilio.

Hoy no le hagas mucho caso a tu instinto, ¿eh?

Estás muy afectado.

Ya, es posible, pero creo que tengo motivos suficientes

para estar con la mosca tras la oreja.

Puede ser. En cualquier caso, tenemos que esperar

al informe de Científica y al de forense, ¿vale?

Tal y como ha quedado el cuerpo de Isa,

no creo que se le pueda practicar una autopsia en condiciones.

Pero Emilio, ¿has visto el cadáver?

Si me dijiste que estaba calcinado, por Dios.

Necesitaba verlo con mis propios ojos.

Ha sido horrible. Por Dios.

A ver si encontramos al maldito Cobra

y podemos empezar a atacar cabos de una vez.

Respecto a eso, ha venido alguien que quiere hablar contigo, Ricky.

¿Dónde está? Castro, tráenos al chico.

¿Te ha dicho algo? ¿Qué quería? ¿Alguna novedad?

Alguna novedad debe tener, pero no me ha dicho nada.

Como le dijiste que solo hablara contigo...

Sí que se lo ha tomado a pecho. Claro.

(Puerta)

Hola, Ricky.

¿Qué está pasando? ¿Qué es todo este revuelo?

Mi hija ha tenido un accidente. ¿Qué?

¿Cómo está? Isa ha muerto.

No, no, comisario, no puede ser.

Seguro que no es ella, comisario. ¿Dónde está? Quiero verla.

Tal y como ha quedado el cuerpo, mejor que no la veas.

Escucha, Ricky, yo creo que esto también es muy doloroso para ti,

pero estamos muy mal de tiempo.

Necesito que le digas al comisario lo que querías contarle.

Me ha llamado un tipo y me ha dicho que sabe quién es el...

(Puerta)

Continúa, Ricky. El inspector Castillo está al tanto de todo.

Sí, incluso de sus trapicheos por el barrio.

-¿Qué dice?

-En Distrito Dos sabemos de todo el que menudea.

No te preocupes, ¿eh? Está colaborando con nosotros.

Te llamaron por teléfono ¿y qué te dijeron?

Han prometido decirme quién es el Cobra.

¿Y por qué no te lo han dicho ya?

Está fuera de Madrid y no quería hablar por teléfono.

Vuelve mañana y ya he quedado con él. -¿Y quién es ese amigo?

-Una persona en deuda conmigo por un favor que hice a su hermana.

¿Cómo se llama?

Prefiero no decir su nombre, le pondría en peligro.

-¿Sabes qué pienso? Que estás mintiendo.

-No estoy mintiendo, ¿vale?

Es un antiguo compañero del Magenta. Trabajó allí durante muchos años.

No voy a decir su nombre, pero él sabe quién es el Cobra.

-Señor Somoza, señor Somoza, soy yo, Adolfo Ocaña.

Nos conocimos el otro día.

-¿Cómo está? Disculpe, no lo reconocí.

-Es un lujo para mí verle por el barrio.

-La verdad, no es tan extraño. La sede de mis empresas queda cerca.

Vengo del banco.

-Por eso lleva guardaespaldas, para que no le atraquen.

-Bueno, me tomo la seguridad personal muy en serio.

Ya sabe, por cualquier eventualidad.

-Mi hija me ha dicho que tiene usted unas instalaciones fantásticas.

-A ella como que no le gustaron mucho.

-¿Por qué lo dice? ¿Porque rechazó su trabajo?

-Por ejemplo.

-No se lo tenga en cuenta, sé el porqué.

-Ah, pues escucho.

-Mi hija y yo pertenecemos a una familia conservadora

y muy tradicional.

La palabra riesgo no forma parte de nuestro ADN.

Si mi hija dejara el trabajo con su tío,

supondría una traición a la educación recibida.

No sé si conoce el refrán: "Más vale pájaro en mano que ciento volando".

-Sí, por supuesto que lo conozco.

Pero no tiene por qué disculpar a su hija,

ella es libre de tomar cualquier decisión.

Entiendo lo que significa trabajar para una empresa familiar.

-En ese sentido, soy la oveja negra de la familia.

-Pues vaya.

-Me gusta ir por libre, explorar nuevas vías de financiación.

Por eso mi familia no entiende mi carácter emprendedor.

-Yo tampoco soy de las personas que toman mucho riesgo,

por eso quería que Nerea fuera parte de mi asesora legal de la empresa,

pero no se pudo.

-No descarte que trabaje para usted.

En cualquier momento puede cambiar de opinión.

En el fondo es como yo, un espíritu libre.

A ella le gusta tomar sus propias decisiones

y que nadie le diga lo que hacer. -Ojalá porque me gustaría

que fuera parte del departamento jurídico de mi empresa.

Ahora, si me disculpa. -Oh, sí, claro.

-Señorita Alicia, qué gusto verla tan recuperada.

Supongo que no pega ojo por las noches

pensando en mi estado de salud.

Qué humor tan particular que tienen los españoles, ¿eh?

Son capaces de reírse hasta de su propia sombra.

Puede ser, aunque hay personas que no nos hacen ni pizca de gracia.

Ya veo que está un poco tensa.

Debe ser que no le ha caído muy bien estar encerrada en cuatro paredes

y no poder salir a patrullar.

Para una policía de raza como usted debe ser un gran castigo.

No se crea, en comisaría trabajamos todo el tiempo

para cazar a los malos. Ah, eso me gusta mucho.

Aquí a todos nos interesa barrer las calles de gente indeseable.

¿Se refiere a indeseables como usted?

Ya veo que ni estando al borde de la muerte

pudo quitarle ese rencor que siente en mi contra.

Eso no está bien. Debería chequeárselo.

Lo que no está bien es que traficantes y asesinos

paseen por las calles impunemente. Se lo digo en serio,

esa ira que siente puede hacerle daño a esa criatura de su vientre.

Lo que hubiera sido bueno para mi hijo

habría sido conocer a su padre, pero se encargó de eso

y le juro que acabará pudriéndose en la cárcel.

Dadas las circunstancias, no voy a tomar en cuenta

la manera en que me está hablando porque sé que es desde el dolor.

Así que buenas tardes, Alicia.

-Gracias. Elías, que es para hoy.

-Sí, hombre, no seas pesada, no insistas. Ya voy.

-Voy a dejar esto en el coche. -Venga.

Vete adelantando, que voy ahora. Voy a comprar un par de cosas.

-No me hagas esperar una hora. -Que no, que voy.

-¿Qué? ¿Qué necesitas? -Mira, un vinagre de Módena.

Me ha dicho Nacha que tienes uno muy bueno.

Sí. ¿Algo más?

-Pues... Déjame pensar. -Elías, vale ya de tanto teatro.

Si quieres decirme algo, hazlo ya. -No tengas los pies tan finos.

Si me tomo precauciones es para que no nos vean juntos

y piensen que te estoy investigando. Deberías agradecérmelo.

-¿Por qué? ¿Por traerme los fantasmas de mi pasado?

Al grano, por favor.

-Mira, que hace un rato he tenido una conversación

con tu hijo ahí, en el bar. -¿Qué le has dicho?

-Bueno, tranquilo, que no le he contado nada

de tu pasado como Chispas. -Muy bien.

-La verdad es que he estado hablando más con Paty, con su novia.

Sabías que estaban juntos, ¿no? -No nos desviemos del tema.

¿De qué has estado hablando con mi hijo?

-He estado hablando con él de que quiere ser policía.

La verdad es que me ha parecido raro. -No veo por qué, la verdad.

-Vamos, reconoce que resulta paradójico

con los antecedentes familiares que tiene, ¿no?

Su abuelo, su tío y su padre han sido delincuentes.

-Vamos, que has venido otra vez a restregarme todo lo que fui.

Mira, si tienes algún problema conmigo, me denuncias y punto.

¡Ah, no! ¡Claro, que no puedes! Porque resulta que mis delitos

ya están prescritos. -Te estás equivocando conmigo

y la verdad es que no entiendo por qué.

Ya te dije que no iba a contar nada y soy un tipo de palabra.

-Entonces, ¿qué quieres? -Pues he venido a contarte

que he podido comprobar que tenías razón.

Tus esfuerzos para sacar a tu hijo adelante han dado sus frutos.

-Bueno, me había empeñado en que estudiara Medicina,

pero se le ha metido entre ceja y ceja ser policía.

-Sí, eso me ha contado. Y deberías estar orgulloso

porque la verdad es que, con los tiempos que corren,

es un privilegio que un chaval lo tenga tan claro.

-Hubiera preferido que escogiera otra profesión

donde no pusiera en riesgo su vida, pero vamos...

-Ya. ¿Y estás seguro de que es el único motivo?

¿No será que te da miedo que rasque un poco

y conozca tu pasado y quién eres? -Pues sí, eso sería horrible.

-Sí, eso le destrozaría. Le rompería los esquemas.

-¿Me estás amenazando con contárselo? -Cómo se ve que no me conoces, Jesús.

No te enteras de nada, macho. -No te estás explicando bien.

-Vale, pues te lo explico.

Conmigo puedes estar tranquilo que no voy a abrir la boca.

Pero no quiero que tu hijo arrastre tus equivocaciones del pasado.

No sería justo.

Así que, a partir de ahora, depende de ti, ¿eh?

No vuelvas a meter la pata. -Sí.

-Venga.

-Como sigamos así, comiendo pinchos de tortilla,

tendremos que pedir que aumenten la producción en La Parra.

-A mí no me importaría venir todos los días

si contribuyera a que el negocio vaya bien.

Me encantan los que se toman en serio lo que hacen.

-¿Ah, sí? -Sí.

-Espero que ese sea uno de los motivos

por los que has contratado a mi empresa.

-Por supuesto. ¿Lo dudabas?

-Y en el terreno personal, ¿alguna queja?

-¡Qué tonto eres! Ninguna.

-Paty, por favor.

Mira, ¿podrías traernos la botella de cava más fría

que tengas aquí, en La Parra? Es para celebrar algo.

-No, no, no le hagas caso,

que yo aún no he terminado mi jornada.

-Tampoco hace falta que nos la bebamos entera,

solo será un sorbito con un par de copas para brindar.

-¿Traigo el cava o no? -Sí, Paty, por favor, tráelo.

-Pincho y caña. -Pincho no me queda

porque se acaban de terminar esos clientes los últimos.

(RESOPLA) Café solo. -Marchando.

-¿Sabes que eres lo más bonito que me ha pasado en muchos años?

-No te esfuerces en adularme, si me tienes ganada de todas formas.

-Yo solo digo la verdad.

Quiero que sepas que antes de conocerte

yo era un tipo bastante aburrido. -No te creo.

-Sí, en serio.

Prácticamente, solo me relacionaba con mis empleados y mis clientes.

-Mira, yo también. Desde que murió Ernesto,

me he dedicado al trabajo y he descuidado mi vida personal.

-Gracias.

-La botella mejor que la descorche usted

porque no se me da muy bien. Igual le salto un ojo o algo.

-Sí, claro, no te preocupes, anda. Ya la abro yo.

-¿Pasa algo?

-No, no, no pasa nada.

Es solo que me acabo de acordar de un asunto de trabajo

que tengo pendiente, pero nada, no es nada importante.

Bueno. A ver, por ti.

-Por haber tenido la suerte de conocernos.

Y además de empresarios aburridos y encorbatados,

¿no tienes otras amistades?

-Pocas. La verdad, con tanto trabajo en estos últimos años,

apenas me ha dado tiempo a relacionarme.

-Algún rato libre tendrás. ¿No conservas amistades del barrio?

-Bueno, España es un país de envidias.

A poco que empiezas a triunfar,

tus amigos de toda la vida empiezan a mirarte de forma distinta,

ya sabes: "Por el interés te quiero, Andrés".

-Sí, cierto.

-Quintero.

Qué alegría verle tan contento y celebrando.

-Sí, siempre es una maravilla estar compartiendo un rato

con gente agradable en lugar de estar con indeseables.

-Diga que sí, que la vida son dos días.

Nos vemos pronto. Señorita.

(CARRASPEA)

-¿Quién era? -Nadie.

Es la mano derecha de un empresario latinoamericano

que acaba de instalarse en Madrid y quería contratar los servicios

de mi empresa, pero lo rechacé. Parece que no le ha gustado mucho,

así que, cuando nos vemos, no suelen ser muy amables.

-¿Y se puede saber por qué les rechazaste?

-Bueno, porque no me pareció trigo limpio.

Me dijeron que no era buen pagador y, cuando fui a verlo,

me pareció un tipo demasiado arrogante

y que hablaba con mucha suficiencia de todos.

-Una joya, vamos. -Pues sí, una verdadera joyita.

-No, a ver, el problema es que siguen sin enlazar bien algunos "links"

y el margen de la izquierda lo sigo viendo desajustado.

No, por lo demás, la web está perfecta,

la navegación es fácil y muy intuitiva.

Nada, tranquilo.

Solucionamos ese par de problemitas y ya la tenemos.

(Puerta)

Venga. Vale, pues hablamos. Gracias. Chao.

-¿Y tu padre?

-Eh, salió a una comida de negocios, pero, por lo que me dijo,

va a tardar en volver. ¿Te puedo ayudar yo?

-No, no lo creo. Gracias de todas formas.

¿Yo puedo hacer algo por ti? -No, me apaño bien.

-Muy bien. Pues venga. -Espera, Jairo.

Sí que hay algo en lo que me puedes echar una mano.

-Tú dirás. ¿Qué quieres?

-Quiero que me consigas una pistola.

-¿Estás de broma?

¿Y para qué necesitas tú una pistola? A ver.

-Quiero estar preparado para lo que pueda pasar.

El otro día me jugué el cuello para sacar a Gomis de España

y me podía haber pasado cualquier cosa.

-Sí, y si te para la policía y tienes un arma, mucho peor.

Al delito de colaborar con un prófugo le sumas el de tenencia ilícita.

-Yo nunca hubiera dejado que la poli me pillara.

-No vayas tan de sobrado. Nos puede pasar a cualquiera

en cualquier momento. Métetelo en la cabeza.

Y no tienes ninguna experiencia.

Con una pistola encima te pones nervioso,

se te pira la olla y metes un tiro a un poli, ¿te imaginas?

Atentado contra la autoridad o intento de homicidio.

-¿Quieres dejar de contarme películas y conseguirme un arma?

-No te la voy a conseguir. Las pistolas las carga el diablo.

Ahora te estoy hablando en serio. -Pero tú tienes una, ¿no?

-Pero tú y yo no somos la misma persona.

Nuestras tareas en la organización son muy diferentes.

Yo trato con gente peligrosa.

-Todavía no está claro con qué gente voy a tratar yo.

-¿Por qué no tienes un poco de paciencia, tío?

Y, cuando esté claro, volvemos a hablarlo,

pero con tu padre, para que él decida.

-Escúchame, Jairo,

que creo que todavía no me has entendido bien.

No te estoy pidiendo opinión,

te estoy diciendo que me consigas un arma.

-Quien no ha entendido nada eres tú.

Yo no sigo ni media orden tuya, sigo las de tu padre.

Por cierto, ¿has hablado con él de esto?

-Todavía no. -¿Y a qué esperas?

Porque algo tendrá que decir. -La decisión es mía.

Él no va a querer que vaya armado. -Claro que no.

Por eso no te voy a conseguir un arma,

porque te quiere proteger y es normal.

-Ya. ¿Y a ti quién te consiguió la tuya?

-Tu padre. -¡Ah!

Y, antes de tenerla, ¿no te sentías inseguro?

(RESOPLA)

-Joder, Julio, tío. Puede ser.

Pero tener un arma conlleva otro tipo de problemas.

-¿Problemas de qué tipo? -De conciencia.

Cuando tienes una pistola te estás preparando

para poder acabar con la vida de alguien.

¿Estás preparado para eso?

-Para bien o para mal, yo he elegido este camino

y voy a asumir todas las consecuencias.

Jairo, necesito esa pistola.

¿Me la consigues tú o me la busco por mi cuenta?

¿Todavía estás aquí? ¿Cómo lo llevas?

Estoy revisando las fotos que hicieron los de Científica

del accidente. No te obsesiones, ¿eh?

Todavía tenemos que esperar los informes técnicos.

Hemos hecho lo que estaba en nuestras manos.

Lo sé, pero no puedo dejar de darle vueltas al tema.

Me pregunto qué sería de Isa desde el momento que me hizo la llamada

pidiéndome auxilio hasta el momento del accidente.

Pues no lo sabemos, pero espero que el contacto de Ricky

nos desvele la identidad del Cobra. Será un buen hilo del que tirar.

No veo el momento de saber quién es ese miserable.

Estoy convencido de que, de alguna manera,

estuvo implicado en el accidente. Quizá Isa iba huyendo de él.

¿Por qué lo dices? ¿Has visto algo en el informe preliminar de huellas?

No, mira.

Solo están los restos que dejó el coche de Isa.

Supongo que del frenazo que debió de dar

para no salirse de la carretera.

Bueno, yo creo que te tienes que ir a descansar, ¿eh?

Hoy ha sido un día muy duro y muy largo.

Los de Científica están trabajando.

Cuando tengan el informe, nos lo dan.

¿Sabes? Te parecerá una tontería,

pero es como si quisiera devolverle a Isa todo el tiempo

que no le pude dar en vida.

Pero si hace nada te enteraste de su existencia

y en este breve espacio le has dedicado todo tu tiempo.

Ya, lo sé, pero no puedo dejar de sentirme culpable.

En el momento en que tuve claro que tenía problemas,

tenía que haber actuado de otra manera.

No te martirices, Emilio.

No puedes responsabilizarte del accidente que ha tenido Isa

ni de sus malas decisiones en su vida

y menos de que se rodeara de gente sin escrúpulos.

Venga, anda, vete a casa. Mañana será otro día.

Te haré caso. Venga.

Me cuesta ya pensar con claridad.

Descansa, ¿eh? Lo necesitas.

Dale un abrazo muy grande a Antonio de mi parte.

Y mucho ánimo para los dos. De tu parte. Gracias.

Vete a casa.

Comisario. Hola, Ricky. Pasa.

¿Qué ha ocurrido?

¿Tu amigo se ha adelantado y te ha dicho quién es el Cobra?

No, me lo dirá mañana. Entonces, ¿a qué has venido?

No paro de darle vueltas al accidente de Isa.

No sé, igual podía haber hecho algo más para evitarlo o algo, no sé.

Ya somos dos pensando lo mismo.

Pero créeme, no estaba en nuestras manos impedirlo.

Tenía que haber intentado insistirle más para vernos.

Yo la quería mucho, comisario, le juro que la quería mucho.

Pero me rendí rápido cuando empezó a trapichear

y se le fue de las manos.

Le juro que ya no sabía ni qué decirle

ni qué hacer para que dejara las drogas.

Ricky, seguro que hiciste mucho más por ayudarla de lo que piensas.

Ahora lo mejor es que te vayas a descansar.

Mañana nos espera un día intenso. Hemos quedado a primera hora aquí.

Sí, claro. Nada más me levante, estaré aquí.

Venga. Quiero ayudar en todo lo posible.

Comisario, ¿usted me cree?

¿Confía en que le estoy diciendo la verdad?

Claro que sí, Ricky. Te creo.

Además, sé que tenías mucho cariño a Isa.

De quien no me fío tanto es de tu contacto.

No te lo tomes a mal,

pero tanto tiempo en este trabajo he visto de todo.

Le juro que es de fiar. Confío plenamente en él.

Mañana me pondrá en bandeja quién se esconde tras el Cobra.

Eso espero.

Tenemos que resolver este jeroglífico cuanto antes.

Se lo debemos a Isa.

Hola. ¿Qué tal?

¿Y ese material?

De un robo a punta de navaja en la calle Acacias.

El sospechoso tiró la navaja antes de huir.

¿Lo habéis cogido? Todavía no.

Hemos contrastado las huellas y lo tenemos fichado.

Ahora iré a por él.

¿Tú has encontrado lo que buscas? No.

Supongo que estará en el almacén de abajo.

Me olvidé de que trasladaron allí los archivos de pruebas

de los casos más antiguos. ¿Y se puede saber qué buscabas?

Te lo cuento en otro momento. Tengo prisa.

Espera un momento, Alicia.

¿Hasta cuándo vamos a seguir así? Así ¿cómo?

Así, sin cruzar más de cuatro palabras.

Acabamos de cruzar alguna más.

Lo siento. Tengo la cabeza en mil cosas

y, además, justo hoy tengo las hormonas revolucionadas.

No te escudes más en el embarazo.

Cada vez que intento hablar contigo, me sales con lo mismo.

Contéstame, por favor. ¿Sientes algo por mí?

Iker, te contesté y te dije que te aprecio,

pero no estoy en el mismo punto que tú.

Si no te gusta la respuesta, lo siento, pero no es cosa mía.

Además, te pedí que no volviésemos a hablar de eso más.

¿Puedes respetarlo? Perdona. No quería molestarte.

Solo necesito que seas sincera

y que me hables con el corazón en la mano.

¿Qué sientes por mí, Alicia?

(Puerta)

Hola, hija. Pasa. -Hola.

¿Por qué me has llamado con tanta prisa?

-Las cosas no han salido como yo me esperaba.

-¿Con el tema de las criptomonedas?

-No quise reconocerlo delante de tu tío por orgullo,

pero no, no era un negocio claro, tenía muchos riesgos.

-Claro que tenía riesgos.

-Además, he cometido un error de novato.

-Vamos a ir por partes.

Cuéntame exactamente lo que ha pasado.

-Creí que este negocio era seguro. Me dijeron que hoy se produciría

una revalorización importante de las criptomonedas,

pero ha ocurrido totalmente lo contrario,

han caído en picado con mínimos históricos.

-Bueno, pues no los vendas todavía. Espera unos días

a ver si cotizan al alza. -No, eso es imposible.

-¿Por qué no?

-La casa de cambios donde hice la inversión ha cerrado,

ha desaparecido y no hay manera de acceder a mis activos.

-¿Qué? -Ya sé que me he equivocado.

No te enfades conmigo, por favor. -Es que es increíble, papá.

La primera recomendación antes de comprar criptomonedas

es no dejarlas mucho tiempo en manos de terceros.

Debes almacenarlas en tu ordenador o es lo que me han dicho.

-Temía que me robaran las claves, es lo que pasa

cuando no sabes de informática y yo no sé.

Además, me pareció que la casa de cambio era fiable.

-Fiable, ¿por qué?

¿Quién es el asesor que te recomendó que invirtieras allí?

-Un conocido con el que coincidía varias veces en un restaurante.

Me dijo que tenía un amigo que hizo la inversión

y que, en pocos días, la multiplicó por cinco.

-¡Es increíble, papá! ¡Es que no aprendes!

Siempre queriendo sacar tajada de negocios

que no conoces y, como es lógico, te salen mal.

Bueno, A ver.

Vale, sé que detestas los pleitos,

pero vamos a hacer una reclamación contra la casa de cambio.

-No, no, eso tampoco puede ser. -¿Por qué no?

-Firmé un contrato asumiendo la responsabilidad

por dejar mi inversión en manos de terceros.

-Da igual. Encontraré alguna grieta,

algún resquicio legal por el que podamos reclamar.

-Esa agencia tiene su sede en una isla del Pacífico.

No vamos a pleitear allí.

La poca legislación que hay es confusa.

En casi ningún país del mundo está regularizado.

-Es verdad, sería un proceso judicial eterno.

Pues iremos a por ese conocido que te asesoró.

Él tendrá que responder por haberte liado con el cuento ese

de la rentabilidad de su amigo. -No, él también es una víctima.

Ha invertido todo su dinero, está destrozado, arruinado.

He hablado con él hace un rato por teléfono.

Él no es culpable de mis errores.

Además, no me puso una pistola para que invirtiera.

(Teléfono)

-Dime, Sebastián.

¿Qué demonios querrá este ahora?

Está bien, dile que suba. Déjele pasar.

Buenas noches, señor Somoza. Sebastián, gracias. Puedes irte.

-Buenas noches, señor Quintero. Se le ve muy contento.

Tiene la misma cara de felicidad que tenía esta tarde en La Parra.

-¿Qué pasa, Somoza? ¿Que no tiene amigos con los que entretenerse?

¿Ahora tiene que enviar también a sus esbirros

o sus sicarios a controlar todo lo que hago?

-Lo que pasa es que es mi mejor amigo aquí.

-Sí, seguro que sí.

Mire, no sé cómo no se cansa de que le dé una y otra vez

con las puertas en las narices ni tampoco entiendo esto

de que mis empleados le dejen pasar así como así.

Voy a empezar a sospechar que los está sobornando.

-¿Qué soborno ni qué soborno?

Me he ganado a pulso el respeto de ciertas personas aquí, ¿no cree?

-Mire, será mejor que ni intente amenazar a mi gente.

-No tengo que estar amenazando a nadie, Quintero.

La gente que conoce algo de mi trayectoria se puede imaginar

lo que le puede pasar si se interpone en mi camino.

-Muy bien.

Ahora que ya ha soltado su discursito arrogante de siempre,

creo que será mejor que se vaya por donde ha venido.

-¿Es que no me va a ofrecer una copa? -No.

-Qué descortés que puede ser usted.

-¿Qué pasa? ¿Quiere que también tire fuegos artificiales o qué?

Sabe perfectamente que me podría haber metido en un buen lío

cuando ordenó matar a ese tal Flaco en la cárcel.

-Ah, pues, ¿y es que no le gustó?

Pero si yo lo hice con toda la buena intención del mundo

para sacarlo a usted de un problema.

Entonces no sé cómo se hacen las cosas aquí, en este país.

-Sí, será eso, será eso.

Somoza, yo no necesito que usted me ayude

ni que mueva ni un solo dedo por mí. -Bueno, pero no se desvíe del tema.

¿No quiere saber qué quiero que celebremos con la copita esa

que no me termina de ofrecer? -No me interesa para nada.

Cualquier cosa que venga de usted no puede traer nada bueno.

-Fernando Quintero, un "workaholic" que vive por y para su trabajo

se ha enamorado de una preciosa mujer.

-Está usted verdaderamente gracioso hoy.

¿De verdad le interesa tanto mi vida? -Por supuesto.

Todo lo que tenga que ver con usted a mí me interesa,

por eso es que estoy tan bien informado.

Fíjese, tiene un hijo viviendo con usted,

tiene una hija embarazada que le va a dar su primer nietecito

y ahora está enamorado como un adolescente

de una guapa mujer, ¿qué le parece?

-¿Qué me está queriendo decir? ¿Adónde quiere llegar?

-Que se le avecinan problemas, señor Quintero.

Tiene mucha gente por la que preocuparse.

Me voy a aprovechar de cada una de sus debilidades para hundirlo.

-Ya le he dicho varias veces que no le voy a consentir

ni una sola amenaza más ni que le toque un solo pelo

a nadie de mi familia, tampoco a Maica.

Yo no quiero ninguna guerra con usted,

pero si se empeña, la tendremos. Y quiero que sepa que tengo

un pequeño ejército profesional en la sombra

vigilando cada uno de sus pasos. Tenga cuidado

porque estamos jugando en mi terreno, así que yo tengo ventaja.

Y ahora, si no le importa, será mejor que se vaya.

-No se me ponga gallito, Quintero.

Mira que, desgraciadamente para usted,

ahora se ha convertido en un hombre vulnerable.

Dentro de poco va a salir en las portadas de los periódicos

y créame que no va a ser por buenas noticias.

(Puerta)

Nerea, ¿qué te pasa?

¿Por qué estás llorando? Mi padre.

Es un desastre y la ha vuelto a liar.

Ha invertido hasta su último céntimo en los bitcoins

y lo ha perdido todo. ¿Todo? ¿Cómo se le ocurre?

Es un inconsciente e irresponsable, siempre ha sido así.

Pero eso no es lo peor.

Por lo visto está endeudado hasta las cejas, en la ruina.

Tanto que acaba de pedirme que vendamos la casa de mi madre.

¿La del Sardinero? Sí.

Pero ¿y no hay otra opción que no sea venderla?

Con tantas deudas, nos la podrían embargar en cualquier momento

y eso sería peor.

Llevo años temiendo que pasara esto, es que me lo veía venir.

Lo siento mucho. No te mereces pasar por esta situación.

Esa casa es lo único que me queda de mi madre.

Le tengo tanto cariño. Lo sé. Yo también se lo tengo.

Hemos pasado muchos veranos juntas allí.

Sí.

¿Recuerdas cuando hacíamos tartas con barro?

¿Y cuando jugábamos al fútbol con la cabeza de esa muñeca tan rara

que te trajeron los Reyes? Todavía la tengo.

Ahora esa cabeza es una maceta.

No es justo que pagues las malas inversiones de tu padre.

¿Y qué hago? ¿Lo dejo tirado? ¿Por qué no le compras su parte?

Ojalá pudiera, pero no tengo ese dineral.

Me hipotecaría de por vida por una casa en la que ni vivo

y que tiene muchos gastos para mantenerla.

Ya, ya, es una locura. Además, eso llevaría un tiempo

que mi padre no tiene. Ni siquiera sé cuánto debe,

pero tiene que ser una cantidad importante.

Entonces, ¿vas a venderla?

(SUSPIRA) Ojalá pudiera ayudarte.

Si necesitas cualquier cosa, quiero que me lo digas, ¿vale?

Al final, siempre acabo desahogándome contigo.

Siempre estás aquí para lo que necesito.

Sin mi madre y con un padre tan desastroso,

tú eres mi único apoyo.

Menos mal que sé que nunca me vas a fallar

y que siempre voy a poder confiar en ti.

Te quiero mucho.

-Cualquier cosa que necesites, aquí me tienes.

Gracias, Lola.

Ahora lo que quiero es saber quién está tras su muerte.

No me creo que fuera un accidente y lo voy a averiguar.

No tenía que haber invertido tanto. -Me duele que no me hayas escuchado.

-Lo siento.

-Esta noche casi no he dormido pensando que quieres vender la casa.

-A mí también me duele. Te lo propuse por desesperación.

No te preocupes, buscaré la manera de no venderla.

-Cómo un inútil como él tiene una maravilla como la señorita Nerea.

-Habrá salido a la madre. Murió hace unos años, por cierto.

-Estas son las cosas que me gustan de mi trabajo,

descubrir los puntos débiles de las personas.

-¿Sabes usarla? -Me hago una idea.

-¿Pero qué idea te vas a hacer? Quita, no juegues con ella.

No tienes ni idea, tío.

¡Joder!

-¿Qué está pasando aquí?

¿Se puede saber qué demonios haces con eso en la mano?

-¿De dónde la has sacado? -No pasa nada. Es la mía.

Julio se ha puesto muy pesado. -No, no. La pistola es mía.

-¿Os habéis vuelto locos? ¿A qué demonios estáis jugando?

¡Dame eso! -Papá.

-¡Que te calles, Julio!

-La de delincuentes y estafadores que andan pululando por ahí

forrados de dinero y nosotros aquí, como dos parias.

Da que pensar, ¿no, Emilio? Con lo que sabemos nosotros...

¿Qué quieres decir?

Si nos dieran por meter la mano en la caja, ¿no?

¿Quién nos iba a pillar?

-Llevar un arma sin licencia es un delito muy grave, Julio.

Además, vete a saber de dónde ha salido esto.

-Dice que está limpia, tiene el número de serie borrado.

-¡Me importa una mierda!

-Tengo que ir a hablar con esa mujer. ¿Qué mujer? ¿Amparo?

Sí. Hablando igual la hago razonar.

Si esa mujer estuviera en condiciones de razonar,

no te habría llevado a los tribunales.

Es muy noble por tu parte, Antonio, pero ella solo busca venganza.

Hablar con ella te perjudicaría. -Toma, una tapita por aquí.

-Cóbrate.

-Que si quieres, nos vamos a otro sitio.

-¿Que sitio ni sitio? ¿Adónde vamos a ir?

Tengo que volver al trabajo.

-Lo digo por si tienes mal rollo con la camarera.

Me alegro de que haya quedado aclarado.

Sí, yo también me alegro.

Sobre todo porque estaba comenzando a confundirme.

No sé, creí que, cuando te besé,

vamos, que a ti también te había gustado.

Queremos hablar de tu contacto. No les voy a decir el nombre.

-Déjalo, Emilio. Es todo mentira. No ha quedado con nadie

y no sabe cómo llegar al Cobra ni nada de nada.

Lo que hace es marear la perdiz

para que no le acusemos de vender pastillas.

-He quedado en el parque de Cáceres a las seis

donde el rocódromo. "Ha cambiado el sitio y la hora".

¿Dónde has quedado con él?

Aquí, en Distrito Sur. En el descampado del polígono.

Llevo más de cinco minutos y no viene nadie.

Esto me está empezando a dar muy mal rollo, ¿eh?

Está bien, no te muevas. Voy para allá.

  • Capítulo 254

Servir y proteger - Capítulo 254

04 may 2018

Bremón visita el lugar del accidente donde Isa perdió la vida. Iker se decide a besar a Alicia. Somoza cree que Maica es el punto débil de Quintero Adolfo confiesa a Nerea que el negocio ha salido mal.

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