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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 252 - ver ahora
Transcripción completa

-A ver, a ver, a ver, déjame ver.

Aquí lo tienes. Factura de cine,

34 películas alquiladas a 4,95 más IVA.

-"Caperucita feroz y el lobo", "Sex runner",

"Lo que el sexo se llevó", "Piratas del fornique".

Una opción es incluirle los costes de las películas porno

en los gastos del piso sin decirle nada.

Sabe que esos gastos son suyos y así nos ahorramos el mal trago.

-No, no, Espe, me niego.

Además, estoy en contra de la industria del porno.

-Lo pones así y vamos, y no es que lo veas,

es que casi como que lo puedes tocar todo.

Es una brutalidad, de verdad.

¿Por qué no venías a la habitación y lo probamos los tres?

¿Qué está pasando, hija? ¿Dónde estás?

(LLORA) "Eres el único que puede ayudarme. Por favor, papá".

Ya, hija, ¿dónde estás? Necesito saber dónde estás.

¿Isa? Isa, ¿me oyes? ¡Isa! "¿La conoces?"

Se llama Isabel Fernández. Sí, puede ser.

Elías, quiero que te pegues a ese Ricky

y que le investigues a fondo. Yo sé que oculta algo

y quizá en ese algo esté la clave de la desaparición de la chica.

¡Que hables, joder!

Me dijeron que iba mucho con un tío, el Cobra.

Dicen que es un traficante. Pregunté por él para saber

cómo estaba Isa y nadie decía nada. Parecía un fantasma.

-He venido por un caso, por una persona, Ricky,

el camarero de la discoteca Magenta.

Sí, hemos tenido un problema de intoxicación por pastillas

y, de pronto, el nombre de Ricky salió a relucir.

No me hagas esto, por favor.

Sabes que si se pone de mala leche lo pagará con el resto.

-¿Me quieres dejar en paz? -Es un trabajo fino.

Solo lo puedes hacer tú. -¿Conoces a ese tipo de algo?

-No mucho, ha empezado a venir por aquí esta semana.

Creo que es un inversor, ¿por?

-El caso es que me suena de algo, pero no logro recordar de qué.

Rodrigo Jiménez, alias Goliat.

Era de la banda de Antonio Asensio, alias el Toño.

Y aquí está el famoso Chispas. ¿Tú quién eres, Chispas?

Es que quería ponerme en contacto con su suegro.

¿Me podría facilitar su teléfono? ¿Y para qué quieres hablar con él?

Estoy haciendo unas comprobaciones sobre un viejo caso

y su comisaría llevó la investigación.

¿Usted recuerda a la banda del Toño? Eso es, los del butrón.

Pues mire, es que le quería enseñar una foto

a ver si reconoce a uno de los miembros.

-¿Cómo estás, hermano? -Me tenías que haber avisado.

Tú siempre improvisando.

-No quiero dejar pasar la oportunidad por estar esperando en una cafetería.

El negocio está esperando que alguien lo detecte.

-¿Has venido de viaje de negocios? -Este va a ser el negocio de mi vida.

-Adolfo, ¿otro negocio de tu vida? -Esto va a ser un pelotazo

que va a salir en los periódicos.

-Vamos a dejar un poquito ya de estudiar, ¿no?

-A ver, Amparo, siento muchísimo lo de su marido,

sinceramente, pero eso no va a resolver nada.

¡Amparo! ¡Amparo!

Si te sirve de consuelo, creo que has hecho lo que debías.

No podías hacer más

y no eres responsable del fallecimiento de ese hombre.

Me temo que no sea suficiente.

Me estoy enfrentando a una inhabilitación.

Resulta que a la viuda la va a representar

el bufete de Cremades y Asociados. Son implacables.

Esa mujer y sus abogados no van a parar

hasta arruinarme la vida. No te embales, Antonio.

(Música emocionante)

Oye, ¿qué haces despierta? Que es muy temprano.

-Es que es surrealista, Espe. No me puedo creer

que nos invitara a su habitación a ver películas porno.

-Ya te digo y con unas gafas de realidad virtual.

No sé qué es peor, que sea adicto al porno

o que lo vaya proclamando por ahí. -Sí, sí.

Pues ni corto ni perezoso mira la maratón

que se ha pegado esta noche.

Otras tres peliculitas. -¿Pero qué me dices? ¿Tres?

Pero si decía que las traía él. Yo creía que tenía un DVD.

-Se ve que no ha tenido suficiente con lo que tenía preparado.

-Este chico tiene un problema muy gordo.

-Muy gordo.

-¡Madre mía! Que está enfermo. -Muy enfermo, Espe, muy enfermo.

-¿Quién está enfermo?

(TITUBEA) -Eh, no, nadie, enfermo, no...

-La verdad es que estoy absolutamente molido.

No veas qué maratón ayer. -¿Ah, sí?

-Jo, sí, es que esto de la realidad virtual es alucinante.

Te pones las gafas y parece que estás ahí dentro, ¿eh?

Y no solo que lo ves, sino que encima lo puedes tocar.

Es brutal. Bueno, vi muchas pelis, pero vi una

que era superintensa y se me metió como, vamos, superdentro.

-Fede, de verdad, no estamos interesadas.

-¿Ah, no? Pues deberíais. Esto engancha.

-No, ya, ya, no hace falta que lo jures.

Vaya si engancha, sí.

-Sí, sí, en fin, es que más que una realidad,

es como una fantasía, ¿sabes? Porque estás ahí metido

y bueno, a mí, no sé, me entró la paranoia

y pensé que era el actor y venga todo el rato y...

No sé, ya te digo, por eso estoy molido.

-Fede, de verdad, no queremos saber más.

-Que no os pienso hacer ningún tipo de "spoiler",

yo no soy de esos. Ahora bien, hubo una peli,

Espe, que yo creo que era muy tu rollo.

-¿Qué dices de mi rollo?

-Bueno, sin ofender, quiero decir que era una cosa, pues eso,

pues una peli romántica, como sensiblona, ¿sabes?

(SE BURLA) -Romántica, sensiblona...

Sí, sí, si ya sabemos que no solo te has visto una película romántica

y sensiblona, que te has visto bastantes más, ¿eh?

Para ser exactos, muchas películas románticas y sensibles.

-Sí, bueno, sí y no, vamos.

Vamos, que yo las veo diez minutos, por ejemplo,

y, si me canso, pues cambio a otra.

Bueno, con la de ayer tenía una actriz, una actriz

que era, o sea, electrizante, ¿sabes? Una cosa así, para arriba.

Y tenía una química con el actor que alucinas.

-Yo flipo.

-Flipar, flipé yo que la voy a volver a ver hoy,

pero solo escenas concretas.

Hay un momento en el tercer acto, en el clímax,

que, de repente, no sé, hay como una cosa

y me empezó a subir una cosa para abajo y para arriba

hasta los ojos y pla y venga pañuelo para aquí y para allá.

-¡Bueno, venga, ya está bien, eh! ¡Ya está bien!

¡Que eres un salido! ¡Hombre!

-Pasad, por favor y sentaos.

Muchas gracias por atendernos tan pronto, Marcelino.

Qué menos.

Me imagino que, por la cara que traéis,

el asunto que nos va a ocupar no es muy agradable.

-Efectivamente, es uno de los asuntos más desagradables

a los que me he tenido que enfrentar en mi carrera.

-Siento oír eso. -Ya.

No estoy acostumbrado a defenderme legalmente de nadie.

Pero, desgraciadamente, no nos ha quedado otro remedio.

Antonio no está convencido del paso que estamos dando,

pero quiero que, si tenemos que plantar batalla,

lo hagamos con alguien de confianza como tú.

Muchas gracias, Claudia.

-He sido acusado de negligencia médica.

-Dame detalles.

-La demandante es Amparo Pedrezuela, la viuda de un paciente mío.

Mejor dicho, no es paciente mío. -A ver, explícate, por favor.

-Yo estaba en Urgencias y acudió un hombre,

Francisco Asensio, su marido.

Presentaba unas dolencias estomacales.

Yo le hice una exploración y le hice unas pruebas rutinarias.

Le mandé reposo y que acudiera al especialista

si la dolencia se agravaba. Murió a las pocas horas.

-¿Qué pasó? -Un infarto.

-¿Y las dolencias estomacales?

-A veces, cuando el corazón no funciona,

se producen esas dolencias estomacales

porque la sangre no llega al estómago.

Pero vamos, con los síntomas y el relato del paciente,

era prácticamente imposible saberlo.

-Ya, entiendo. A ver, en principio no vamos a alarmarnos.

Este tipo de demandas viscerales suelen apagarse con el tiempo.

Me temo que, en esta ocasión, no va a ser así.

Hazme caso, Claudia. Vamos a ver, esta mujer está procesando

la pérdida de su marido y, en cuanto enfrente el duelo,

se impondrá el sentido común. No, Marcelino, va en serio.

A ver, está difundiendo por todas partes

lo que ocurrió y ha contratado un bufete de abogados

para acabar con Antonio. Quiere su inhabilitación.

Bueno, no solo eso. Quiere verme en la cárcel.

-¿Sabéis cómo se llama el bufete? -Cremades y Asociados.

-Debería darte vergüenza.

-¿El qué? -¿Cómo que el qué?

Consumir este tipo de películas.

Hombre, yo entiendo que, de vez en cuando, una es comprensible,

pero es que lo tuyo es una adicción a este género.

-Vamos a ver, ¿qué tipo de películas me estás contando?

-Que qué tipo de películas, dice.

Pues no sé, a lo mejor te suenan, a ver.

Vamos a ver, ¿eh? Atento.

"El lobo y la caperucita feroz", "Harén de pasiones",

"Holocausto hipersensual". -Vamos a ver, perdona.

-"Piratas del fornique". -Que no, vamos a ver.

Que yo ayer estaba viendo una película

que estuvo nominada a los Óscar como Mejor Película Extranjera.

-Claro, seguro que la viste en versión original y todo.

-Por supuesto, el doblaje no me gusta nada.

O sea, realmente no sé cómo podéis pensar así de mal de mí.

-Bueno, a ver, Fede, es que todo tiene su explicación.

-Sí, todo tiene una explicación, todo lo que quieras.

Lo voy a explicar yo.

A mí la pornografía me parece un negocio muy sórdido

que trata la sexualidad de una manera desvirtuada

que no tiene que ver con la realidad. Que yo soy inspector de la UIT, ¿eh?

Que yo tengo que ver barrabasadas todos los días:

pornografía infantil, "bullying" escolar... De todo.

Yo he visto cosas que no creeríais, vamos.

No entiendo cómo pensáis que me pueden gustar esas películas.

-Bueno, es que pensábamos... -Sí, pensáis, vosotras pensáis mucho.

Pensáis muchísimo. Trae esto para acá, hombre.

Nos han robado las contraseñas, eso pasa, y lo voy a averiguar.

Pero solo por evidenciar vuestro patinazo conmigo.

Que siempre los tenéis, no es el primero.

Y lo voy a hacer desde mi cuarto y voy a dejar la puerta abierta,

que no penséis que estoy haciendo cosas raras, ¡lo que faltaba!

-Yo creo que hemos metido un poquito la pata.

-¿Un poquito?

¿Crees que podrás ayudarnos con lo que te hemos contado?

(RESOPLA) Te voy a ser sincero, Claudia, no lo sé.

A ver, una negligencia médica es muy difícil de demostrar,

pero Cremades y Asociados son especialistas

retorciendo informes forenses y contratando peritajes sesgados.

-Quieres decir que no tenemos nada que hacer.

-No, no es eso, lo que quiero explicaros

es que no tengo mucha experiencia en este campo.

Quizás podría aconsejaros a alguien.

Verás, Marcelino, si precisamente hemos pensado en ti

es porque necesitamos un abogado implicado,

alguien que conozca personalmente a Antonio.

Un abogado honesto

que se afane en demostrar la inocencia de Antonio.

Bueno, te entiendo y muchísimas gracias, Claudia.

Pues manos a la obra.

Necesito todo lo que pueda ayudarme para defenderte, ¿de acuerdo?

Historial médico del paciente, el acta de la última consulta,

informe forense, testimonios del personal...

-Cuenta con ello.

-También deberíamos ir poniéndonos en contacto con compañeros

que validen tu praxis médica, una segunda opinión favorable.

-Muy bien. Y muchas gracias. -No tienes nada que agradecerme.

Por favor, anímate. Yo sé que tú no eres culpable,

de modo que deja de comportarte como si lo fueras.

-¿Lo dice realmente en serio? -No tengo ninguna duda.

Eres un gran médico y, lo que es más importante,

una gran persona. Escúchame bien, vamos a ganar esto.

-No estoy tan convencido.

Bueno, y aunque no me inhabiliten, hay una persona que ha fallecido

y una mujer que está sufriendo. Aquí nadie sale ganando.

-Sale ganando el sistema sanitario y ganar significaría

que el mejor médico del centro de salud

seguiría tratando a sus pacientes sin ninguna mancha en su expediente.

-¿Y esa mujer?

-Lo que te voy a pedir puede resultar duro, pero olvídate de ella.

No es a ella a quien hay que demostrar tu vocación y experiencia.

Vamos a demostrárselo a un juez, me voy a dejar la piel en ello.

¿De acuerdo? -Muy bien. Gracias.

Lo primero que noté fue un dolor muy profundo

cuando el cuchillo entraba.

Después, tuve una sensación de frío y, al mismo tiempo,

sentía cómo la ropa se empapaba de sangre.

Solo de pensarlo me entra una angustia...

Bienvenida, compañera. Gracias.

Bueno, yo me vuelvo a lo mío.

Me alegro mucho de tenerte de vuelta, ¿eh, Alicia?

Gracias, Espe.

¿Qué tal con Menéndez?

Bueno, sus diligencias son un desastre,

conduce de pena y siempre llega tarde.

Muy bien, sí.

Alicia, sobre lo que pasó el otro día...

Vale, no quieres hablar del tema, ¿verdad?

Creo que no tenemos nada de lo que hablar

y ahora quiero concentrarme en el trabajo

y ponerme al día. Está bien, te dejo tranquila.

Solo quería darte la bienvenida y decirte que se te echaba de menos.

Gracias. De nada.

No me lo puedo creer.

¿Cómo es posible que no hayas conseguido nada del Cobra?

No es fácil. Mire, yo he tocado a todo el mundo.

He preguntado a gente relacionada con la discoteca,

a camellos que conocí cuando trapicheaba,

pero no puedo avasallar. Avasallar.

Mire, si se corre la voz de que pregunto por el Cobra a todos,

sabrá que trabajo para la policía. Ya.

Jefe, si la gente se cierra en banda, no vamos a poder ayudar a Isa.

Usted lo sabe, es policía.

Con una diferencia: tú no eres policía.

No estás atado a ninguna ley.

Solo quiero saber algo de ese Cobra. No me creo que nadie sepa nada.

Le estoy diciendo la verdad, comisario.

Nadie sabe decirme cómo es ese tío. ¿Qué estamos buscando?

¿A qué? ¿A un fantasma? Mira, escucha.

Me da igual si para conseguir alguna información

tienes que mentir, manipular o amenazar.

Mírame, ¿está entendido? Bien. Vale, lo he pillado

y yo le prometo que voy a currármelo a tope.

No, eso no me basta.

He quedado contigo aquí, en el bar La Parra,

porque sé que no te gusta estar en comisaría.

Pero si la próxima vez que quedemos no me das una nueva información,

nos veremos en el calabozo, ¿entendido?

Entendido. Pues ya lo sabes, venga.

Inspectora. Inspectora jefe.

No sabes cuánto te ha echado de menos esta comisaría.

Necesito tu cabeza, tu energía y tu instinto.

Había olvidado lo buena motivadora que eres,

incluso cuando no estás en tu mejor día.

Cómo me conoces.

La verdad es que estamos pasando un mal momento en casa.

A Antonio le han puesto una denuncia por una posible negligencia médica.

No sabía nada, ¿es muy grave? Tiene pinta de que sí.

Pero bueno, por lo menos tenemos el caso

en manos del mejor abogado de Madrid, tu padre.

¿Ah, sí? Ahora venimos de hablar con él.

Habéis hecho muy bien, Claudia.

Mi padre se va a dejar la vida por Antonio

y Antonio es el médico más dedicado y profesional que he conocido.

Ya, pero eso no basta. Va a salir todo bien, ya verás.

Ya, bueno, pero ya tendremos ocasión de hablar de todo esto

porque me temo que va a ser largo. ¿Qué te parece si vamos al despacho

y te pongo al día de todo lo ocurrido aquí?

Perfecto. No sabes las ganas que tenía de escuchar eso.

Vamos.

Sí, don Augusto, soy Guevara.

Sí, le llamo por lo que le comenté ayer, ¿se acuerda?

Sí, es para ver si podía recibirme en su casa esta tarde.

Muy bien. Bueno, ¿y a qué hora le...?

Coño, María, ¿qué...? Oye, perdona, ¿eh?

-No, no, perdona tú. -No, perdona tú.

Eh, sí, don Augusto, disculpe, que se me ha ido la señal, sí.

Muy bien, a esa hora, perfecto. Muchas gracias. Nos vemos.

Por fin has conseguido quedar con mi suegro.

Sí, he quedado esta tarde con él, sí. Recuerda lo que te dije,

no le atosigues que está muy mayor.

No se preocupe, comisario, que le voy a tratar muy bien.

Seguro que lo haces bien. Además tiene buena imagen de ti,

desde luego mucho mejor que la que tiene de su yerno.

Eh, comisario, ¿se quiere tomar otro cafelito conmigo?

Te lo agradezco, pero tengo mucho lío en comisaría.

Me tengo que marchar. Ya, bueno. Oye, Ma...

La verdad es que, visto lo visto, mejor me voy con usted a comisaría.

María, aquí te dejo esto. Gracias. Muy bien. Gracias, hasta luego.

-Tío, aquí tienes el informe fiscal que me pediste revisado.

-Gracias.

-Así que González no mentía,

vas a enfrentarte a Cremades y Asociados.

-Pues sí, tengo que defender a un amigo.

-¿Y cuál es tu primera impresión del caso?

-De entrada, me extraña que hayan optado por la vía penal

cuando el caso es muy difícil de demostrar.

-Para ellos no hay caso difícil.

Hace unos meses consiguieron que un hospital

pagase 100 000 euros a una paciente por una perforación de vesícula.

-Este caso es distinto. -Y muy goloso.

¿Sabes que ganaron un caso a un banco de semen

porque perdieron una muestra y fue por un problema eléctrico?

-Lo sé, sé bien a quien me enfrento,

pero no puedo darle la espalda a Antonio,

sobre todo después de lo que hizo por Montse y por mí.

-Alicia habla maravillas de él.

-Nadie puede hablar mal de este hombre.

Estamos acostumbrados a tratar con clientes

que solo quieren ahorrarse unos euros en impuestos.

Esto es distinto. Antonio es de las mejores personas que conozco:

responsable, altruista, un profesional.

Por la gente como él merece la pena que nos dejemos la piel.

-Me gusta mucho oírte hablar así. -Pero, bueno, ¿qué pensabas?

¿Que ya me había olvidado de los ideales

que tiene que tener un buen abogado? -Yo sí lo había pensado.

-Adolfo, ¿cuánto tiempo llevas escuchándome?

-Lo suficiente para escucharte

discursito de activista comprometido

que no se lo traga nadie.

-Papá, te equivocas bastante con el tío.

-Puede ser, pero este bufete no se levantó,

precisamente, para defender a las Hermanitas de la Caridad,

¿verdad, Marcelino?

-¿A qué has venido? Aparte de echarme en cara mi carrera.

-Para invitar a mi hija a comer. ¿Nos vamos?

-Sí, recojo el bolso y nos vamos.

-¿Has reservado? Puedo recomendarte un sitio.

-No hace falta, gracias.

-Conozco restaurantes de la zona que son muy decentes

y están bien apañados de precio. -¿Por qué?

¿Crees que no puedo invitar a un restaurante de lujo?

-Adolfo, te juro que no he insinuado eso.

-Sí que lo has insinuado. Lo has dicho bien clarito.

-Adolfo... -Déjalo.

Mira, con los negocios que tengo entre manos,

muy pronto seré yo quien te aconseje un restaurante

y ya veremos si puedes pagarlo.

-Papá, será mejor que nos vayamos ya o va a estar todo lleno.

No te preocupes, te voy a llevar a un sitio donde se come muy bien.

-Acuérdate de lo que te he dicho.

Muy pronto mi despacho va a ser mucho mejor que este, hermanito.

-Bueno, ¿qué? -¿Qué de qué?

-¿Cómo que qué de qué? Que si te has aclarado un poco.

Ayer estabas hecha un lío. ¿Cómo te has levantado?

¿Con las cosas más claras? -Igual.

-¿Y no crees que deberías hablar con Jesús?

-A ver, si creerlo, lo creo, pero de ahí a hacerlo...

-No sé, María, pero en cualquier momento

va a aparecer por la puerta y darse un tiempo tiene un límite.

-Que ya lo sé, pero ¿qué le digo?

Si yo sigo con el mismo problema que cuando me fui.

-Un problema llamado Elías Guevara. (SUSPIRA) -Yo qué sé.

Yo pensaba que, al volver, se resolverían todas mis dudas

así, de golpe. Que lo iba a ver

y que me daría cuenta de si siento algo por él o no.

-Bueno, hace un rato ha estado por aquí.

¿Qué has sentido? -Pues mira, cabreo

porque se ha comportado como un borde.

Pero pienso que, si me cabrea, tiene que ser porque me afecta

y si me afecta a lo mejor es porque siento algo por él, ¿no?

¿O no?

Mira, yo qué sé, no lo sé, ya no sé ni lo que siento.

(SUSPIRA)

-Sí, lo sabes, María, claro que lo sabes

porque, cuando te gusta alguien,

es que lo sabes, lo sientes, lo notas.

-Chica, qué madura te has vuelto de repente.

¿Tú sabes lo que sientes por tu profesor de matemáticas?

No me lo puedo creer.

¿Estás saliendo con David? -Sí.

Sí, desde ayer, ¿eh? Desde ayer.

No sé por qué no he dado el paso antes, te lo juro, María.

-Cariño, dame un abrazo. ¡Madre mía, cuánto me alegro!

Hija mía, cuánto me alegro

de que alguien, por fin, sea feliz en el amor.

Me voy a meter para la mina que todavía tengo trabajo.

Hasta luego.

-¿Qué? Feliz en el amor, ¿eh?

Imagino que no hace falta ni preguntar quién es el prenda.

-Cada vez que me has preguntado te he dicho que no,

pero ahora te voy a decir que sí. Ayer empecé a salir con David.

-Ya está, no hace falta que me des ninguna explicación más.

-No, si no te estoy dando ninguna explicación,

pero quiero que sepas que no te he mentido.

-Tú eres libre de hacer lo que quieras.

-¿No te molesta? -No, ¿por qué me va a molestar?

Sé que me he portado como un capullo posesivo contigo,

pero eso se acabó.

No voy a estar preocupándome de qué haces,

con quién sales como si fuese tu padre.

Sería patético por mi parte.

Además, si alguien merece ser feliz, esa eres tú

y si encima es con un chaval tan bueno como David,

que no tiene ni medio peligro, en realidad mejor que mejor, ¿sabes?

-Pues gracias. No me esperaba esto de ti, la verdad.

-¿Ah, no? Bueno, pues ya ves, pues de nada.

En fin.

Cuando puedas, ¿me pones una cerveza y un pincho de tortilla, porfa?

-Sí, claro. -Perdona que no sigamos hablando,

pero tengo que hacer una llamada. -Vale.

-Eh, Ramón, ¿qué pasa, tío?

Sí, ya sé que necesitas lo del envío esta tarde y tal.

Te puedo mandar el albarán informatizado,

pero me tienes que dar diez minutos para que coma, ¿vale?

Venga, pues esperad un poco. Nos vemos esta tarde. Chao.

-Papá, no sé a qué viene hablarle así a tu hermano.

Deberíamos estar agradecidos al tío Marcelino.

-¿Por tenerte día y noche trabajando por dos duros?

-No me paga dos duros y estoy aprendiendo mucho.

-No me hagas preguntarte qué aprendes de ese.

-Es muy buen abogado

y, además, me deja compaginar el bufete con el turno de oficio.

-Faltaría más. Le sacas todo el trabajo.

-Que no es así. Papá, tengo un buen sueldo,

experiencia y formación de primera. ¿Dónde iba a encontrar eso en Madrid?

-Señorita Nerea. Un gusto verla por acá.

Definitivamente, este va a ser el momento más agradable de mi día.

¿No me presenta? -Sí, claro.

Mi padre, Adolfo Ocaña, papá, te presento a Alejandro Somoza.

-Un placer conocer al hombre

que ha engendrado a esta letrada tan maravillosa.

Lástima que sea un poco inaccesible, ¿cierto?

-Creo que el placer es mío.

Es usted Alejandro Somoza, el célebre magnate colombiano.

-Bueno, eso así como que célebre, pues no, no tanto.

Pero sí le voy a decir algo:

no esté creyendo todo lo que dicen por ahí de mí.

-No creo que la revista Forbes se dedique a contar chismes.

Es usted uno de los hombres más poderosos de Colombia

y un empresario de éxito.

-Bueno, preferible eso que ser un empresario estrellado.

-Señor Somoza, es usted una auténtica inspiración

para gente como yo.

-¿Y se puede saber a qué se dedica la gente como usted?

¿Es abogado como su hija?

-No, no, yo soy un emprendedor, un hombre de negocios, como usted.

-Ah, qué bueno. ¿Y qué está haciendo en este momento?

-En este momento tengo varias inversiones

y una de ellas me va a dar muchas alegrías muy pronto.

-Pues se lo celebro.

-Verá, me gustaría preguntarle cuál es su secreto,

pero estoy convencido de que no me lo va a contar.

-No, por favor, por supuesto que se lo puedo contar.

Mi secreto, simplemente, es la perseverancia.

-Nos va a disculpar, pero tenemos una comida y estamos llegando tarde.

-Ah, sí. Vayan, vayan.

Los momentos entre padre e hija son mágicos siempre.

No los molesto más. Que tengan una buena tarde.

-Igualmente. -Un placer.

-¿Cómo puedes ser tan borde con un hombre tan importante?

-Déjalo, papá, tengo mis razones. Y estamos llegando tarde.

-¿Y por qué ha dicho eso de que eres inaccesible?

-Está bien, te lo cuento porque sé que no vas a parar.

Alejandro Somoza me hizo hace poco una oferta laboral.

-¿De verdad? ¿Una buena oferta? -Sí, muy buena.

-¿Y por qué no me has contado nada? ¿Y por qué la rechazaste?

-Por varias cosas. Por el tío. Y escúchame, antes de que digas nada.

Marcelino me hizo ver que no es trigo limpio.

-Todos tenemos un pasado. -Sí, puede ser,

pero nadie ofrece tanto dinero a cambio de nada.

-No me puedo creer que rechaces la oferta

de uno de los hombres más importantes

para servir cafés en un bufete de mierda.

-No sirvo cafés, papá.

-No, tu tío te da formación y experiencia, se me había olvidado.

¿No te das cuenta de que Marcelino es una rémora para tu carrera?

-Sabía que no lo entenderías. -Claro que no.

¿Quién iba a entender que rechazaras a Alejandro Somoza?

-Perfecto, pero te voy a pedir una cosa,

cuando entremos en La Parra te olvidas de esto.

No quiero que Alicia sea testigo de una discusión infantil

y estúpida como la que tuvimos antes. -Escúchame.

-Papá, te lo pido por favor. Ya vale.

(Puerta)

-¿Quería verme, patrón? -Sí, Tano. Pase.

Tengo un asunto urgente para usted.

Averígüeme todo lo que pueda sobre esta persona.

Quiero un dosier urgente con todo lo que tenga sobre él.

-Adolfo Ocaña.

¿Tiene algo que ver con la inspectora Ocaña?

Porque, si es así, podemos preguntarle al oficial Lemos.

Últimamente, no nos pasa nada más que morralla.

-No, esta vez no lo vamos a utilizar.

Y sí, es cierto que es el tío de Alicia Ocaña,

pero no es la conexión que me interesa ahora.

-Entonces, tiene que ver con la abogada esa.

-Digamos que tengo mis motivos. -Ya.

Perdone si me meto donde no me llaman, patrón,

pero con todos los frentes que tenemos abiertos,

no creo que sea prioritario contratar a esta mujer.

Nunca ha dado señales de querer trabajar con nosotros.

Creo que perseguirla es una pérdida de tiempo.

-¿Usted sabe qué es una pérdida de tiempo, Tano?

Todo el esfuerzo que hicimos buscando la pistola

que se dejó robar.

-Perdone si le he ofendido. Solo quería darle mi opinión.

-Yo le voy a dar la mía.

Desde que llegamos a España se le perdieron los papeles,

¿y sabe por qué? Porque he sido mano floja con usted.

Pero yo le voy a recordar cuál es el papel aquí.

Usted no está aquí para cuestionarme mis motivos

ni darme su innecesaria opinión.

Usted está aquí para hacer lo que me dé la gana.

-Conozco mi sitio en la organización. Me pongo con el mandado.

-¿Qué? ¿Estaba todo rico? -Estaba todo riquísimo.

Cóbrame, por favor.

No, tío, déjalo. Lo pagamos a escote.

Un respeto a las canas. Invito yo.

Vale, no diré ni una palabra más. Muchas gracias.

Guardaos las gracias para después. Voy a cerrar un negocio

y os podré invitar a un restaurante de lujo.

Me alegro de que las cosas te vayan tan bien.

¿Y en qué va a consistir el pelotazo esta vez?

-No es un pelotazo, Nerea.

Es una inversión demasiado compleja para contárosla. Os aburriría.

-¿Por qué? A mí me interesa saber de qué se trata.

-Está bien, si insistes.

Se trata de criptomonedas. En concreto de bitcoins.

-¿Bitcoins? -Sí.

-Pero ¿tú conoces ese negocio? -No hace falta conocerlo.

Es la moneda del futuro y cuando inviertes en futuro,

es muy difícil equivocarse.

Tengo compañeros que han trabajado en casos de bitcoins.

Me han comentado que son valores volátiles.

Lo sé, pero no soy novato.

Un auténtico crack me ha asegurado que el verdadero secreto

está en la perseverancia

y yo voy a seguir perseverando en mi instinto.

Muy bien. Pues ya está. -¿Copia quiere?

-No. -Vale.

-Bote. -Gracias.

-Si me disculpáis, me tengo que ir. Me están esperando para una reunión.

Vamos a hablar del tema.

Y no os preocupéis por mí,

preocupaos de la marisquería donde vamos a cenar esta semana.

Suerte, tío. No la necesito.

Este es un negocio seguro. -Adiós, papá.

-Oye, espera, María.

Te quería pedir disculpas por lo de antes.

La verdad es que no era el tipo de bienvenida que quería darte.

-Yo tampoco era la que me esperaba, la verdad.

-Te pido disculpas,

sé que no he sido nada caballero, de hecho he sido un animal,

porque bueno, estaba nervioso y bueno, no era por ti.

Bueno, no solo por ti.

-Nervioso no diría yo, yo diría más bien un poquito borde, ¿no?

-Es que estoy con un caso y estaba hablando con un...

Con un tipo que era antes de la DAO

y que está ya retirado y que con un chasquido así

te puede abrir un expediente. No iba contigo la cosa.

-Ya, pero es que, Elías, por la cuestión que sea,

al final siempre acabo yo pagando tus malos modos.

-Por la cuestión que sea no, María, y lo sabes.

María lo... María, es por lo que siento por ti,

de verdad, que me hace comportarme como un idiota.

¿Crees que no te he echado de menos estos días?

-Elías, ya no sé qué creer. -Créeme a mí.

De verdad, todos estos días llevo viniendo a La Parra

como un perrillo a ver si te veía.

Siempre que he preguntado, me decían lo mismo,

que estabas con el tema de la herencia.

-No te mentían. -Has estado fuera una semana, hija.

-Elías, ahora, aparte de gruñón, ¿te has vuelto controlador?

Te estás coronando, hijo mío.

Pues sí, la burocracia ya sabes tú lo que tiene.

Nosotros estábamos de acuerdo, pero había que esperar

a los papeles para poder firmarlos. -No hace falta, de verdad.

Lo siento, de verdad. -Bueno, ¿para qué querías verme?

-Quería decirte muchas cosas, María,

pero ahora que te tengo delante no sé ni qué hacer.

No sé ni cómo comportarme ni qué decir para no meter la pata.

-Podías empezar por ahorrarte tus borderías, ¿no te parece?

-Sí. Entonces, ¿me perdonas?

-De momento. Muchas gracias, María.

La verdad es que me dejas más tranquilo

para reunirme con el tipo ese, que... -Venga, corre a ver a tu DAO.

Hasta luego.

-Hola. -Hola, Jesús.

Me alegra que hayas vuelto al barrio,

aunque no me hayas avisado.

He visto que estabas hablando con Elías,

¿te ha contado algo que te haya preocupado?

-No, nada. -¿Seguro?

-Sí, seguro. Con Elías ningún problema.

-Bueno, no es tan raro que te lo pregunte.

La última vez que nos vimos me dijiste

que aún sentías algo por él.

-Ya, pero bueno, como me fui al pueblo y eso...

-Ya, para aclararte.

Oye, María, no quiero presionarte, pero creo que merezco una respuesta.

¿Has tomado una decisión?

-Jesús, yo es que... -Quieres estar con él, es eso, ¿no?

-No, no es eso, no es eso.

-Entonces, ¿hay alguna posibilidad de que volvamos a estar juntos?

-Pues es que, Jesús, yo de verdad que...

que sigo pensando que ahora mismo no me veo preparada

para empezar una relación con nadie. -Ya.

No, si sabía que cabía la posibilidad.

Soy tan bobo que había pensado que, no sé, que volverías del pueblo,

que vendrías a mi tienda, me darías un beso

y que me dirías lo mucho que me habías echado de menos.

-Hombre, Jesús...

-No, no tengo que hacerme a la idea, ¿vale?

Ya, ya hablamos.

-Y luego están los 50 000 euros

que perdió en el local de cigarrillos electrónicos.

En año y medio la burbuja pinchó por la mala prensa del negocio.

Debió de ser muy duro para él. Si lo fue, no nos enteramos

porque a los pocos meses invirtió el doble

en una "startup" que era imposible que fracasara.

Era una aplicación de entrega a domicilio,

pero llegó tarde y se la comió la competencia.

Pobre. Pobre de mí.

Estoy siempre preocupada de perder la casa

por una de esas malas inversiones.

Pero alguna vez sí que le ha ido bien.

Sí, no digo que siempre le haya ido mal,

pero es tan impulsivo y cabezota, empeñado en ir detrás

del pelotazo que le haga rico y no ve que lo más fácil es

que lo pierda todo en una de esas inversiones.

Mira, ¿sabes lo que vamos a hacer? Vigilarle entre todos.

Yo ya lo he intentado y nada.

Si quieres, puedo darle una charla informativa

para intentar meterle miedo en el cuerpo.

Te lo agradezco, pero de momento, déjamelo,

que ya tengo experiencia con él. Vale, como quieras.

(Puerta)

¿Nos vamos ya?

Cariño, ¿has terminado con tus pacientes?

Sí, he acabado con mis pacientes y por más tiempo del que esperaba.

¿Qué quieres decir? ¿Qué ha pasado?

Que el director me ha dicho que Cremades y Asociados

van a denunciar también al centro, ¿qué te parece?

Me parece que atacar a un médico

no es lo mismo que atacar al centro de salud.

Si sois todos, sois más fuertes para defenderos, ¿no?

Las cosas no funcionan así.

¿Y cómo funcionan? ¿Qué te ha dicho el director?

Que me tome unos días de descanso.

Se ha mostrado empático con mi situación,

pero me ha dicho que no puedo trabajar bajo presión

y que me he ganado el derecho a descansar

hasta que todo esto se calme.

Pero ¿no te irán a suspender? Tiempo al tiempo.

¡No te pueden hacer eso!

Hay que soltar lastre y este centro no está para polémicas.

Soy un marrón y el director quiere los marrones cuanto más lejos, mejor.

¿No pude ser que el director tenga razón?

Te vienen bien esos días de descanso para preparar tu defensa, ¿no?

No seas ingenua, cariño.

Este asunto ha levantado muchísima polvareda.

A nadie le interesa que se ande diciendo por ahí

que aquí matamos a los pacientes. ¡No hables así!

Es la verdad, yo lo he notado. Cómo me miran los compañeros.

Se ha levantado la veda para apuntar al médico imprudente.

Me han dado la patada, temporalmente, pero me la han dado.

No me lo puedo creer, qué vergüenza. Esto sí que no me lo esperaba.

Yo tampoco, pero ¿qué quieres que haga?

En fin. De todas formas, no estoy enfadado.

No sé cómo puedes no estarlo. Yo estoy indignada y rabiosa ahora.

Yo estoy triste por todas las horas extra que he hecho,

por las veces que he acompañado a los residentes en las guardias,

por las veces que he desechado trabajos

para seguir en la sanidad pública y ahora, a la menor de cambio,

miran para otro lado cuando ven peligrar su culo.

Se arrepentirán, Antonio.

Cuando salgas exculpado, y lo vas a hacer,

se morirán de vergüenza por haber dudado de ti.

¿Crees que servirá para algo?

Pues sí, para restituir tu buen nombre.

Eres un gran profesional y deberán reconocerlo.

No sé. Igual esto me lo merezco por lo que pasó, Claudia.

Cariño, no hables así.

Ya oíste a Marcelino, tú no puedes sentirte culpable.

No sé, igual esto me está pasando por algo,

igual tiene algún sentido. ¿Pero qué dices?

Esto no es una venganza cósmica ni tiene que ver con el karma

ni con esas cosas en las que no creemos, no.

Esto es una disputa legal, injusta y errónea,

pero disputa legal, ¿me oyes? Ojalá sea como tú dices.

Pues claro que lo será.

Ya oíste a Marcelino, vamos a ganar el juicio.

Lo vamos a ganar, ¿eh? Cariño, se va a hacer justicia.

Venga, no te rindas ahora, por favor, venga.

Eh, venga.

¿Tú ves normal que Fede no haya vuelto todavía?

Si salió de comisaría dos horas antes que nosotras.

-Yo creo que el chico está mosqueado.

No le he visto asomar ni un minuto de su despacho.

-Yo me lo he cruzado, pero ni me saludó.

-Yo creo que no nos ha perdonado.

-A lo mejor estaba concentrado en sus cosas,

que ya sabes cómo son los informáticos.

-Me sabe fatal que se tome así las cosas.

-Es que nos hemos pasado de malpensadas.

-Vamos a ver, que alguien se ha descargado películas porno

en esta casa como un descosido es un hecho.

Y, quiero decir, de quien más se podía desconfiar era de Fede.

-Ya, pero mira cómo se lo ha tomado esta mañana.

Estaba indignado. Debe haber otra explicación.

(Puerta)

(CARRASPEA) -Muy buenas.

-Hola, Fede.

-Tengo algo que deciros.

Bueno, he sacado tiempo entre mis horas de trabajo

y el rato que dedico

a mis vicios de degenerado repugnante y asqueroso, ¿eh?,

y he mirado una cosita en la factura, así que creo que sé

quién es el culpable. -¿Por qué me miras?

¿No estarás insinuando que soy yo la de la maratón porno?

-No, pero ¿a que no mola que te acusen de algo así?

-La verdad es que no.

-Bueno, yo solo te estoy acusando de ser un poquito descuidada

con las contraseñas comunes. -Si no enseño las claves a nadie.

-Vamos a ver, no se trata de eso, que tampoco lo estoy diciendo,

pero te he dicho que no las tengas a la vista.

-¿Cuándo he hecho yo eso? -¿Que cuándo has hecho eso?

¿Y me lo estás discutiendo? Pues mira.

¡Vaya! Pero si aquí está la contraseña de la WIFI

y la contraseña de la plataforma y en fosforito.

-Vale, vale, que sí, yo lo reconozco, que yo he escrito eso,

pero ya me dirás qué amenaza tenemos dentro del piso.

-No, bueno, eso depende de a quien dejéis entrar en el piso.

-Venga, Sherlock, dinos quién nos ha robado las claves.

-Pues mira, ha sido un vecino.

He estado analizando toda la configuración de la plataforma,

en fin, todas las claves y todo

y he descubierto que el ladrón de las claves vive en nuestra finca.

-¿Y sabes quién es? -Sí, Jonathan.

(EXCLAMA) -¿Quién es Jonathan?

-Jonathan es el del cuarto izquierda, es un adolescente

que vive con sus padres, un chico muy majete

que nos hace chistes de polis cuando nos cruzamos con él.

-Sí, que es muy simpático, el chaval. -Sí, simpatiquísimo.

Simpático, pero tiene las hormonas que le sulibeyan.

¿Sabes lo que te quiero decir?

Hay que saber quién le ha dejado entrar.

-A ver, yo el otro día iba supercargada de la compra

y el chaval se ofreció a ayudarme.

-Claro, se ofreció a ayudarte y le metiste hasta la cocina.

-¿Y qué iba a hacer? Le ofrecí un vaso de agua al pobre.

-Un vasito de agua. Se bebió el vasito de agua

y nos birló las contraseñas.

Pues hala, ahí lo tenéis, caso cerrado.

-¡Madre mía! Pero ¿cómo hemos podido patinar así?

-Somos unas burras, ¿eh?

Además, que éramos nosotras las culpables.

-Que no, hombre, el culpable ha sido

nuestro vecino adolescente "hormonator".

-Bueno, ¿y qué hacemos? ¿Le denunciamos?

-¿Para qué le vamos a denunciar?

Él ya se ha comprometido a dar la parte del dinero

que hemos gastado en las películas

a cambio de no decir nada a sus padres.

-Me parece lo justo.

-No, además he hablado con él y va a venir a disculparse.

Ya solo con la vergüenza de contároslo a vosotras

yo creo que ya es suficiente escarmiento, vamos.

-Entiendo que los adolescentes vean porno en algún momento,

pero es que, de verdad, esto a la larga,

al ser tan jóvenes, hace daño, de verdad.

-Yo estoy completamente de acuerdo contigo, Lola.

-Jo, Fede, eres un hacha, ¿eh?

Has resuelto el caso en menos de 24 horas.

(SUSPIRA)

¿Y qué podemos hacer para que nos perdones?

-Bueno, a mí se me ocurren un par de cosillas.

-¿Sí? Bueno, cuéntanos, de verdad que haremos lo que sea.

-¿Lo que sea?

Bueno, pues mira, claro, he tenido que ver

unas secuencias de estas películas repugnantes, ¿eh?

Yo creo que... Claro, para rastrearlas, vamos.

Yo creo que podríamos, no sé,

escenificar una de esas secuencias en el salón.

¡Que no, que es broma!

-¡Pero serás! -¡Te vamos a atizar!

-¡A tu cuarto, ya!

-¿Qué? ¿Sigues dándole vueltas a lo de hablar con Jesús?

-No, si hablar ya he hablado.

No sé qué ha sido más duro, si ver su cara de tristeza

cuando le he dicho que no podíamos volver

o ver sus ojillos de ilusión cuando me ha visto.

-Si es que Jesús es un buen hombre. -Sí, y me quiere de verdad.

Es que no me puedo creer que le esté haciendo daño

a una persona a la que quiero. -María, y si sientes eso,

de verdad, ¿no crees que deberías intentar apostar por la relación?

Intentarlo. -Es que no te lo he contado todo.

-¿Qué? -Con Elías también he hablado.

-Bueno, otro que no pierde oportunidad. ¿Qué?

-Me ha pedido perdón por lo de esta mañana,

me ha dicho cuatro cosas bonitas, ha puesto ojillos de pena

y yo pues otra vez como una idiota.

-¿Y estás segura de que sientes algo por él?

-Paty, ya no estoy segura de nada, hija.

-Madre mía, ¿y qué vas a hacer?

-Mira, no darles esperanzas a ninguno de los dos.

Si alguien tiene que sufrir por mi indecisión,

seré yo y punto.

-Si es que esto te pasa por tener un corazón tan grande.

Ven aquí. -Tan grande y dividido en dos.

Así no vale para nada.

-¿Todo bien? -Hola, David.

Bueno, no sé si tu padre te habrá contado algo, pero...

-Lo habéis dejado, es eso, ¿verdad?

Ahora entiendo lo mustio que ha estado en la tienda.

-David, yo de verdad que lo siento mucho.

Tu padre es la última persona a la que querría hacer daño.

-Tranquila, María, si es mejor así. Vivir en la incertidumbre es peor.

Aunque lo pase mal, sabrá que tiene que asumirlo.

-Eres tan buena persona como tu padre.

Perdonadme.

-Vaya palo, ¿no?

Con lo buena pareja que hacían... -Pues sí.

Además, no es lo único que ha pasado hoy aquí.

-No me asustes. -Jairo.

Le he contado que estamos juntos. -¿Y cómo se lo ha tomado?

-Mira, yo todavía estoy flipando un poco

porque parece que le ha dado igual. -Lo dices como si eso fuera malo.

A ver si te va a gustar tener a los ex en la nevera por si acaso.

-¿Eres tonto o qué? No, yo no soy así.

Pero no sé, es que no me encaja con Jairo,

me parece muy raro. -Pues a mí no me extraña.

Hace unos días me dijo que me daba vía libre contigo.

-Si, bueno, como si te tuviera que dar permiso para salir conmigo.

-No es eso.

Sé que lo que tuvisteis fue especial, pero ha pasado tiempo.

Quizá sea cierto que ha pasado página.

Tú has podido, pues él también, ¿no?

-Sí, sí, supongo que sí. Si es que eres más bonito.

-Eh, buenas. -Estamos cerrados.

-Solo venía a robarte un minuto, pero bueno, ya se sabe

que quien roba a un ladrón, ¿verdad? -Venga, que no estoy para bromas.

-Te aseguro que yo tampoco, ¿eh?

No vengo aquí a echarme unas risas contigo.

-Entonces, ¿qué quieres?

-Mira, que estaba harto de rebuscar entre papeles

y he preferido acudir al agente que te investigó.

-Ah. -Ah.

¿Te suena de algo Augusto Contreras? -No, no sé de qué me hablas.

-Fue el tipo que te interrogó tras el accidente de tu hermano.

Estaba convencido de que eras el Chispas,

pero nunca pudo demostrarlo. -Ya, y si no pudo demostrarlo,

¿qué me vienes a contar tú ahora? -No pudo demostrarlo entonces,

pero ahora el hombre se ha acordado de muchas cosas,

de cosas muy interesantes. como por ejemplo,

que al poco tiempo de encerrar a Toño,

un delincuente conocido vuestro de la banda

empezó a regalar información a diestro y siniestro

para rebajar su condena. Sí, entonces Contreras aprovechó

para preguntarle al arrepentido por la identidad del Chispas.

Y se quedó muy tranquilo con la respuesta.

-Ya, y si dices que se quedó tan tranquilo,

¿por qué no detuvo al Chispas? -El caso había prescrito

y no merecía la pena seguir investigando.

-Si la ley dejó de perseguir al Chispas,

¿por qué tiene que aparecer ahora un oficial

de otro distrito años después a desenterrar el pasado?

-Bueno, igual no me he explicado. Yo no vengo a detenerte,

pero sí a quitarte esa careta de frutero bonachón, ¿eh?

De héroe del barrio. No quiero que la gente de aquí

tenga una imagen equivocada de ti y se lleve una sorpresa.

-Escúchame, no tienes ningún derecho. -No, ni tú a ocultárselo a tu hijo.

Un delito prescribe,

pero la traición de un padre nunca se olvida.

Pero si quieres se lo cuento yo. -¡Basta, basta! Escucha.

Sí, de acuerdo, yo era Chispas.

¿Era eso lo que querías oír? Sí, yo era ese hombre.

Participé en decenas de atracos, era el mejor con la lanza térmica.

Pero ¿sabes qué? Que no me siento orgulloso de ello.

-Eras un vulgar ladrón, amigo. -Pues sí, lo era.

Pero nunca le hice daño a nadie y tuve el coraje para dejarlo.

-No sabes la pena que me das. -Vamos a ver, no tienes ni idea.

Tú no sabes por lo que he tenido que pasar

para quitarme de encima a Toño, para empezar de nuevo

y para criar un hijo solo. Sí, me dejé la piel

para rehacer mi vida y para ganarme el pan honradamente.

-Sí, con el dinero que le habías robado a otro.

Mira, yo ya tengo mi información, así que...

-Espera.

Tú querías que me quitase la careta y lo he hecho.

Ahora te pido que me escuches.

-¿Crees que estás en condiciones de pedir?

-Espera, espera.

Esta vida que he construido no es para mí,

es para mi hijo.

David solo me tiene a mí en este mundo

y por eso he luchado, para darle el padre que se merece.

-Eso te lo podías haber pensado antes, ¿no?

-Pero ¿qué pasa? ¿Que tú nunca has cometido un error en tu vida?

Elías, si cuentas mi secreto, hundirás mi negocio,

mi hijo me odiará

y la única mujer a la que he querido en mucho tiempo me dará la espalda.

-Bueno, en fin, ¿qué puedo hacer por ti?

-Si tienes un mínimo de piedad, no le cuentes nada de esto a nadie.

Yo seguiré llevando una vida honrada y te demostraré que he cambiado.

-Está bien. Con tu hijo haz lo que quieras, eres su padre,

pero no puedo consentir que sigas engañando a María.

-Por eso no tienes que preocuparte, María me ha dejado hoy mismo.

-Ah.

Bueno, está bien, esto quedará entre tú y yo, ¿eh?

Pero vives una vida prestada, amigo.

-Ya. Siempre he sido consciente de ello.

-A la más mínima sospecha de que has vuelto a las andadas,

me faltará tiempo para venir y ponerte las esposas, ¿entendido?

-Entendido.

¿Qué, Elías? ¿Qué tal te fue con mi suegro?

La verdad es que fue muy agradable el hombre.

Lo que pasa es que tenía un carrete...

Quería contar sus batallitas a alguien.

Me alegro de que esté animado. Lleva fatal la jubilación.

¿Conseguiste averiguar algo del exconvicto del barrio?

Hacía muchísimo tiempo que no me sentía así.

-Claro, porque eres un solterón aburrido

que se acuesta todas las noches solito.

-¿Qué le vamos a hacer si esa es mi realidad?

La última vez que estuve con una mujer fue hace mucho tiempo.

-Pues ellas se lo pierden porque eres el amante perfecto.

-Según los expertos, los bitcoins son un valor muy volátil.

-Ya lo sé, puede haber gente que haya perdido dinero,

pero yo lo tengo bien atado. Me voy a forrar, hija, a forrar.

-Papá, siempre dices que soy la voz de tu conciencia.

-Tú hablas con conciencia y yo con pasión.

-¡Hombre! Felicidades, tío. -¿Perdona?

-Has conseguido a la Paty, enhorabuena.

-Hablas de Paty como si fuera una cosa o un territorio

que hubiera que colonizar. -No te pongas quisquilloso.

-Quería pedirte tu opinión acerca de las criptomonedas.

Tiene pensado invertir en ellas. -¿Estás seguro, Adolfo?

Mira que son inversiones de muy alto riesgo.

(LEE)-"Este asesino ha matado a mi marido".

"Antonio Torres Morales, médico de cabecera

del centro de salud del Distrito Sur es un asesino".

Esas mentiras son un delito.

No se me puede acusar de asesinato sin haberlo probado.

-Efectivamente, lo que ha hecho esta mujer

es un delito contra el honor de las personas

y podríamos demandarla por calumnias,

pero lo que te pido es que te calmes, ¿de acuerdo?

Necesitamos estudiar detenidamente la estrategia.

-Antes de ayer, tras hablar contigo,

me fui con la mosca detrás de la oreja

y pensando llegué a la conclusión de que me habías mentido.

¿Sobre qué?

Sobre Ricardo Navales, Ricky, ya sabes.

He estado haciendo mis pesquisas

y sé que no trapichea en Distrito Sur,

lo que me contaste no cuela. ¿Qué tal si me dices la verdad?

-Yo aún tengo mi dignidad.

-¿Por qué pones al tío como un ogro? No lo es.

Precisamente él no espera nada de ti.

-No espera nada de mí porque piensa que no valgo nada.

-No manipules mis palabras. -No has tenido que crecer con él.

No has visto que los reconocimientos

de tus padres iban para él

mientras me dejaba a la altura del betún.

-No empieces con tus historias del pasado.

-Aunque insistas, no volveré a vivir bajo su techo.

-Me he enterado de que Jesús y tú lo habéis dejado.

-Pues sí, cierto. -Pues nada, aquí me tienes.

-Ya te veo que estás aquí. ¿Y?

-Perdona, que me he expresado mal. Es que estoy muy torpe, María.

-Como me pidió, le traigo información.

Dime que has localizado al Cobra o sabes algo de Isa.

Vieron al Cobra con una jovencita que podría ser Isa.

¿Que podría ser Isa? Eso es como no decir nada.

  • Capítulo 252

Servir y proteger - Capítulo 252

02 may 2018

Elías descubre una pista definitiva sobre el pasado de Jesús. Alicia se reincorpora a la comisaría, lo que le obligará a volver a cruzarse con Iker. Paty consolida su relación con David y decide contarle a Jairo que están juntos. Adolfo descubre indignado que Nerea rechazó trabajar para Somoza.

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