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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 250 - ver ahora
Transcripción completa

Venga, ¿me estás vacilando?

¿Te has declarado y te han dado calabazas a ti?

Fede, no me he declarado, ni siquiera sabe que me gusta.

¿Pues entonces?

Una mujer no tiene que rechazarte para que sepas que es imposible.

Si estás con otra persona, podías haberme parado los pies antes.

Nerea, no estoy con esa persona,

pero no puedo dejar de pensar en... En alguien que no soy yo.

¿Sabes qué es lo que más me duele? Que no tiene nada con esa tía.

Me vino a decir que es como un amor imposible.

Tengo la sensación de que también sientes por mí.

Si no te has dado cuenta,

estoy embarazada y voy a tener un hijo.

Ser madre no es incompatible con enamorarse.

Contéstame, ¿sientes algo por mí? No.

Yo empecé a montar mi empresa cuando era muy joven.

Como pude, conseguí tres viejas camionetas

que estaban para el desguace y las arreglé con mis manos,

pero me quedé sin un duro,

así que necesitaba hacer dinero rápido.

Cometí un error y terminé en la cárcel.

-¿Puedo preguntarte cuál fue tu delito?

-Contra la salud pública, tráfico de drogas.

Desde que te dije que estuve en la cárcel,

tu actitud conmigo ha cambiado radicalmente.

-No me lo hagas más difícil.

Simplemente, no quiero dar pie a que surja algo más entre nosotros.

Aquí tienes.

Al principio me dijo que era para los gastos

que había generado la muerte de su madre.

Ya, pero crees que te ha mentido y que está en un lío.

¿Dónde estás?

"No. Eres el único que puede ayudarme, por favor, papá".

Ya, hija. ¿Dónde estás? Necesito saber dónde estás.

¿Isa? Isa, ¿me oyes? ¡Isa! ¿La conoces?

Se llama Isabel Fernández. Sí, puede ser.

La conocí cuando entró a trabajar en la discoteca.

Desde el principio, me cayó muy bien y me molaba

y eso, alguna vez nos enrollamos y me pillé por ella.

Lo que es verdad es que, cuando dejó la discoteca,

no la he vuelto a ver.

Quiero que te pegues a ese Ricky y le investigues a fondo.

Yo sé que oculta algo y, quizá, en ese algo esté la clave

de la desaparición de la chica. El pollo este es camarero.

Eso ya lo sabíamos.

Pero no solo se dedica a vender copas,

también trapichea con éxtasis con los habituales del local.

No podemos perder más tiempo. ¿Qué quiere decir?

Que le detengas por tráfico de estupefacientes.

Puedo convertir tu vida en un infierno.

No puede hacer eso. Claro que puedo.

En muy poco tiempo, todo el mundo sabrá

que eres un bocas y te has ido de la lengua.

¿Sabes qué les pasa a los soplones cuando están en la calle?

Que tengas suerte, la vas a necesitar.

Comisario, espere. Está bien, le contaré todo.

-Si yo lo único que quiero es que charlemos un rato

como en los viejos tiempos.

Después de tanto tiempo en la cárcel,

no sabes cómo se agradece ver la cara de un amigo.

En el último palo, Toño se llevó por delante a dos.

A mí me acusaron de cómplice

y, al final, terminamos todos en el trullo.

"Tengo algo importante que decirte, algo que puede cambiarte la vida".

-Chispas, el rey de los butroneros, ya no existe.

Ha desaparecido hace mucho tiempo, ya no queda nada de él.

-Ya veremos cómo se toma Toño tu negativa.

Los años de cárcel le han agriado el carácter.

-Me da igual lo que diga Toño.

Venga, fuera, vete antes de que vuelva mi hijo.

-Dale una vuelta a mi propuesta. Merece la pena que te lo pienses.

-¿Qué estás maquinando?

-El tipo este que estaba dentro con Jesús

es que me suena una barbaridad y no sé de qué.

(Música emocionante)

Vamos, Ricky, no tengo todo el día. Que sí, que ya le he oído.

No me vengas con excusas ni te eches atrás.

¿Tú sabes lo que pasaría si la gente supiera que eres un soplón?

Por cierto, ¿sabes cómo llaman en la calle a los soplones?

Ratas, chotas.

Muchos acaban en las cunetas y en las alcantarillas.

Es el destino final de muchos camellos.

Comisario, usted tiene que creerme, que yo no tráfico con nada.

Por favor, solo quería sacarme un dinero extra, nada más

y ahora ya ni eso.

Lo que me han encontrado ni recordaba que estaba.

No te vayas por las ramas.

Solo soy un pobre camarero.

¡Me importa una mierda tu vida laboral, entiendes!

Quiero encontrar a Isa y quiero encontrarla ya, ¿eh?

Así que te lo advierto, empieza a decirme todo lo que sabes

si no quieres que te lo saque a golpes.

Por favor, comisario, créame, de verdad,

solo quería divertirme, redondear mi sueldo

porque con el de camarero no me llega,

se lo juro que no me llega. ¡Bueno, ya está bien! ¿No me oyes?

Que no me importa lo que te pase a ti.

Quiero encontrar a Isa. Me has dicho que ibas a hablar.

Hazlo.

Comisario, yo traté de advertirle, pero no me hacía caso.

Iba a la suya

y lo nuestro no terminó bien. ¿Por qué?

¿Qué pasó? Cuéntamelo desde el principio.

Ya se lo he contado.

Conocí a Isa cuando entró a trabajar en la discoteca.

La chica estaba muy verde.

Primero la pusieron a trabajar en el guardarropa, después en barra

y en la barra empecé a tener más contacto con ella.

Lo único que intentaba era ayudarla, que aprendiera.

Le dije cómo manejar al encargado,

cómo hacer para que le dieran más propinas.

Ya. ¿Y a vender pastillas también le enseñaste?

Siento mucho haberte hecho volver otra vez, de verdad.

No entiendo la letra de María, yo qué sé.

Te firmo esto. -Sí.

-Y tú vete sentándote que, mientras recojo,

te pongo un cafecito. -Es que tengo prisa.

-Me siento mal. Déjame compensarte. -Venga.

-Venga, vamos.

-¿Qué haces aquí? -Hay que ver cómo te pones.

No hay nada de malo en que nos vean hablar.

-Hablar ¿de qué? Ya nos hemos dicho todo.

-Me molesta que me trates como un apestado.

Yo ya he pagado mi deuda con la sociedad.

-No quiero que nos relacionen, ¿está claro?

-Con que se trata de eso, ¿no?

Me duele que hagas como el resto de la gente.

Robé, sí, pero ya he pagado por mis delitos.

¿Ya has olvidado que éramos una piña?

¿Cómo nos cuidábamos los unos a los otros?

Jorge, tú y yo éramos inseparables y ahora me miras con un desprecio...

-Que no, Goliat, que no es eso. No tengo nada contra ti.

-Veo que no te has olvidado de mi mote.

-No, no, claro que no me he olvidado.

Y tampoco me he olvidado de lo bien que nos tratabas a Jorge y a mí,

pero es que no quiero que nadie se entere de que fui un delincuente.

Me ha costado lograr lo que tengo y no quiero echarlo por la borda

y mucho menos que David...

-Te entiendo, pero entiéndeme tú a mí.

Hace media hora he recibido una llamada y te afecta.

-¿De qué hablas?

-El Toño me ha llamado.

-Lo único que hacíamos era pillar pastillas juntos

después del curro para desfasar y para tener aguante

porque trabajar por la noche es duro.

A mí me toca trabajar por la noche y no soy ningún delincuente.

¡Comisario, yo tampoco soy un delincuente!

Lo que me gusta es el "basket", la música, el baile,

eso es lo que me gusta. Ya, y las drogas de diseño, ¿no?

No se equivoque, que no soy ningún traficante.

La primera vez que pasé algo fue porque un tío me obligó.

Por favor, créame. Háblame de Isa.

A ver, durante esa época empezamos a salir juntos.

Quería era tratarla como una reina, que no le faltara de nada

y con el sueldo de camarero no me daba para más.

Ahí es donde trapichear empezó a ser más habitual.

¿Y ella? Deja de hablar de ti y céntrate en ella.

A ella le gustaba la noche tanto como a mí.

Yo, cuando pillaba, intentaba coger material de calidad

para que no nos diera un chungo y a ella ya le daba igual todo.

Estaba desfasada.

Había veces que llegaba a trabajar espídica perdida.

¿Y tú qué hiciste? ¿Mirar para otro lado?

No, comisario, de verdad que no, que yo intenté hablar con ella

y hacerle ver que estaba yendo por mal camino

y lo que me dijo fue que su madre estaba muy enferma.

Que con las pastillas desconectaba y que con el tiempo lo dejaría.

¿Y tú te lo creíste?

No, pero ya no podía insistirle más.

Cada vez que le insistía, ella se enfadaba conmigo

y al final terminó por romper la relación.

Al tiempo se murió su madre y ni me enteré por ella.

¿Por qué? ¿Empezó a salir con otro?

Con otros, comisario.

Estaba muy pasada, ya.

Empezó a pasar pastillas, dejó la discoteca

y se juntaba con gente muy chunga.

¿Con qué gente?

¡Que hables, joder!

Me dijeron que iba mucho con un tío que llamaban el Cobra.

Dicen que es un traficante y parece que tiene la exclusividad

para vender en los locales más importantes.

El Cobra, ¿le conoces?

No, casi nadie lo ha visto. ¿Cómo que casi nadie lo ha visto?

Pregunté por él para saber cómo estaba Isa

y nadie decía nada, nadie. Nadie sabía nada, nada.

Parecía que era un fantasma ese tío. ¿No sabes nada más de él?

Le juro que no, comisario.

Y de Isa tampoco. Hace más de seis meses que no la veo.

Comisario, tiene que creerme, le estoy diciendo la verdad.

Por favor, créame.

Sáqueme de aquí ya.

-Pero si todavía está en la cárcel. Oye, ¿no le habrás hablado de mí?

La policía podría estar escuchándole. -Pero ¿por quién nos tomas?

¿Por aficionados? Tenemos un teléfono de prepago.

-Vale. ¿Y qué te ha dicho?

-Como te comenté, Toño está a punto de salir de la cárcel

y quiere volver a reunir a la banda.

Está muy ilusionado y, como comprenderás,

no le ha hecho gracia tu negativa. -Ya. O sea que todo aquello

de los buenos tiempos, de la amistad, era esto, ¿eh?

Mira, escúchame. Me da igual lo ilusionado que esté Toño, ¿eh?

Yo no tengo nada que ver con vuestro mundo

y no quiero saber nada de vuestros palos.

Seguro que encuentra a otro butronero

que esté encantado de trabajar con él.

-Quiere que lo hagas tú.

Dice que eres el mejor y yo también lo creo.

-No, era, ¿eh? Díselo de mi parte.

Me he retirado y no pienso volver a delinquir.

Déjaselo bien claro. -No me hagas esto, por favor.

Ya sabes que si se pone de mala leche lo va a pagar con el resto.

-¿Me quieres dejar en paz?

-Es un trabajo fino. Solo lo puedes hacer tú.

-Eh, Paty, ¿me pones un cafecito, por favor?

-Esto está lleno de polis.

Has cogido el peor sitio para hablar del tema.

-Solo estamos hablando, no hacemos nada malo.

-Aquí tienes tu café. Perdona el retraso, de verdad.

¿Usted va a tomar algo? -No, se tomará mi café.

Es que a mí se me ha hecho tarde. -Ah, lo siento.

-Gracias.

Escúchame, no voy a cambiar de opinión, no malgastes tu tiempo.

Buscaos a otro.

-Eh. -Eh.

-Oye, Paty, ¿tú conoces a ese tipo de algo?

-No mucho. Ha empezado a venir por aquí esta semana.

Creo que es un inversor.

David me ha dicho que estaba hablando con su padre

para montar una franquicia o algo así, ¿por?

-El caso es que me suena de algo, pero no logro recordar de qué.

-Ni idea, solo sé que es supermajo. Al menos conmigo muy simpático.

-Ya me acordaré, ya.

(Música jazz)

(Puerta)

-Papá, traigo muy buenas noticias.

Vengo de la Cámara de Comercio.

He estado sondeando las candidaturas que hay presentadas

y creo que tienes muchísimas posibilidades.

Los otros candidatos no te llegan ni a los zapatos

y no tienen apenas apoyos.

-¿Y nosotros crees que tendremos apoyos suficientes?

-Bueno, tú eso déjamelo a mí, ¿vale?

Esta noche hay una reunión en un hotel de Toledo

y creo que puedo conseguir apoyos importantes para tu candidatura.

Porque sigues interesado, ¿no? -Sí, sí, sí, claro.

Si crees que es bueno para nosotros, adelante.

-Pues cualquiera lo diría.

-Julio, está bien que vayas a esa reunión en Toledo

y que trates de recoger todos los apoyos que puedas,

pero no te hagas ilusiones por si no consigues muchos.

-Papá, ¿va todo bien? -Sí, sí, sí. Va todo bien.

No sé, estaba pensando en la factura tan grande

que te puede tener guardada la vida

por haber cometido algunos errores de juventud

como haber estado en la cárcel, por ejemplo.

-Eso no es verdad.

Mira, en Estados Unidos, por ejemplo, se valora...

-En Estados Unidos, las cosas podrán ser como sean,

pero aquí, en España, es distinto.

Aquí siempre te vas a encontrar a alguien

que te recordará tu pasado y lo que hayas hecho.

-En la Cámara de Comercio te respetan.

No entiendo a qué viene este pesimismo ahora.

-Verás, hijo, he estado con Maica esta mañana

y no sé, he sentido la necesidad

de sincerarme con ella, ¿sabes?,

y le he dicho que he estado en la cárcel.

Desde el primer momento en cuanto se lo he dicho,

he notado cómo el miedo ha empezado a instalarse en sus ojos.

No es la primera vez que veo esa mirada en mi vida, ¿sabes?

Primero es el miedo, luego viene la distancia

y, por último, el rechazo.

La gente no cree que alguien que ha pasado por la cárcel

haya podido rehabilitar y rehacer su vida.

Siempre van a desconfiar de ti. -Que desconfíen lo que quieran.

Pero los resultados están a la vista.

Papá, mira lo lejos que has llegado. Tienes tu empresa, esta casa,

el respeto de la gente del barrio. Tú no tienes ningún problema.

Mira, a la mierda con los prejuicios de la gente.

Esos que te miran por encima del hombro

tienen envidia de que alguien humilde

les haya superado.

-A mí no me tienes que convencer, hijo.

Yo solo te estoy diciendo lo que hay, nada más.

-¿Sabes lo que te digo?

Que ella se lo pierde.

Si no es capaz de reconocer lo que tiene delante,

es que no es tan lista como cree. No te merece.

(Móvil)

-Precisamente. Maica.

Ahora me va a decir que cancela el contrato con nuestra empresa,

ya verás.

Maica, ¿qué tal? ¿Cómo estás? Dime. -"Hola, Fernando, ¿te pillo bien?".

-Sí, sí, sí. Cuéntame. -"Quería saber si podíamos vernos.

Hay algo que quiero hablar contigo y me gustaría dejarlo resuelto hoy".

-Sí, claro, por supuesto. Aunque, si estás muy ocupada,

también me puedes decir lo que sea por teléfono.

-"Es importante, no quiero tratarlo por teléfono.

¿Puedes estar en una hora en La Parra?".

-Sí, allí estaré. -"Gracias. Allí nos vemos, entonces".

-Adiós.

-¿Malas noticias?

-Pues no lo sé, pero dentro de una hora me enteraré.

-Hola, ¿qué hay?

Hola.

Pasa. Tranquilo, yo ya me iba.

No, si no te estoy echando ni nada parecido.

No, si con la cara que has puesto ya lo has dicho todo.

Lo siento, es que no esperaba encontrarte aquí

y tengo mal cuerpo por cómo acabó la noche ayer.

Lo siento mucho. Pues no lo sientas.

Dejaste las cosas claras y ya está.

Tropecé dos veces con la misma piedra,

no voy a ser tan tonta de hacerlo una tercera.

Nerea, no te vayas.

Podríamos seguir siendo amigos.

Iker.

Pero es verdad, no quiero renunciar a una persona como tú.

¿Te estás oyendo? ¿Por qué no dejas de decir chorradas?

Nerea, te aprecio. Me aprecias.

Sí, y me gustaría que siguiéramos siendo amigos.

Podíamos seguir yendo a esos restaurantes que te gustan.

¿Te das cuenta de que después de una situación como la de ayer

solo necesito recuperarme y tomar distancia?

Tan solo pretendo ser amable. Pues, sinceramente,

creo que deberías ir a esos restaurantes con ella

y no conmigo. Lo último que me apetece es ser tu amiga.

Siempre te he dicho la verdad. Estás siendo demasiado drástica.

Estoy siendo realista.

Adiós. Oye.

Sí, yo creo que puedo salir antes, ¿por qué lo dices?

Ah, fenomenal, me apetece ver esa película.

Además es española, ¿no? Muy bien, pues... Gracias.

Pues paso por la consulta, te recojo y nos vamos.

¿Tienes un minuto, Miralles?

Bueno, iba a comisaría. Voy a tomar un té, ahora.

Claudia, es urgente.

Pues ya me imagino si no me puedo ni tomar el té.

Eh, a ver, ¿es por Isa? Sí.

¿A ti te suena de algo un tal Cobra? No.

Es un traficante que distribuye pastillas a los camellos

de la zona norte y la venden en sitios como la discoteca Magenta.

En este barrio no abundan ese tipo de discotecas

y tampoco es habitual que se consuman esas drogas.

¿Qué pasa? ¿Has conseguido que cantara Ricky?

Sí.

Pensé que solo quería declarar delante del juez.

Ha cambiado de opinión.

¿No habrás hecho nada de lo que puedas arrepentirte?

Solo le he apretado un poco, nada que otro no hubiera hecho.

Bueno, ¿qué te ha contado? ¿Ha dado pistas de dónde está Isa?

Me ha confirmado lo que sospechaba, está metida en problemas,

pero no esperaba que de drogas. Pero tampoco te precipites, ¿eh?

A saber lo que es capaz de inventarse el tal Ricky

para librarse de un padre cabreado. Al parecer, la historia se precipitó

cuando Mónica, la madre de Isa, cayó enferma.

El relato cuadra. Según Ricky, Isa le contó

que empezó a consumir para evadirse y que fue a más.

Pero ¿y el Cobra ese?

Cuando Mónica murió, Isa se descontroló del todo,

empezó a trapichear y a relacionarse con gente de dudosa reputación,

el Cobra uno de ellos.

Escucha, la discoteca esa, Magenta, ¿no está en Distrito Dos?

Porque igual podíamos hablar con ellos.

Si el Cobra se mueve por ahí, tendrán información de utilidad.

No, no, prefiero seguir llevando la investigación personalmente.

No quiero hacer pública mi relación con Isa

y para ellos será un caso más del que ocuparse.

¿Pero tú tienes algo de lo que tirar?

Voy a llegar a un acuerdo con Ricky

para que me ayude a localizar a el Cobra

y me va a decir dónde está Isa. No lo veo claro.

Contaba con tu apoyo. Y lo tienes, Emilio, lo tienes,

solo estoy poniendo en cuarentena lo que te ha dicho Ricky.

Es que, no sé, no conozco al tal Cobra,

si lo conocen en Distrito Dos, me parecería mucho más fácil

que habláramos con ellos, no sé.

Ya te lo he dicho, no quiero tener que dar

explicaciones incómodas en ningún sitio.

Prefiero llevar esto a mi manera.

Tú sabrás, eres el jefe y, como dice Elías,

donde hay patrón...

Gracias, Claudia.

Te tengo, capullo. Rodrigo Jiménez, alias Goliat.

Pero claro, tú dirás que...

era de la banda de Antonio Asensio, alias el Toño.

Y también de Jorge Merino.

Merino, Merino, ¿de qué me suena a mí Merino?

Y aquí está el famoso Chipas. ¿Tú quién eres, Chipas?

¿Por qué no tienes nombre?

-Paty, ¿me puedes poner lo mismo que a ella, por favor?

¿Y, si no te importa, llevarlo a la mesa?

-Vale. -¿Te parece si vamos ahí?

-Sí. -Así hablamos tranquilamente.

-Ay, gracias.

-Bien, tú dirás.

-Supongo que te estarás preguntando a qué viene esta nueva reunión.

-Pues sí, la verdad, sí.

Si los tiros van por donde creo, no hace falta que te justifiques.

-Quiero aclararte mi reacción.

-No hace falta aclarar nada, Maica, de verdad.

Creo que he pecado en exceso de confianza

al comentarte esa parte de mi vida.

Haber estado en la cárcel no es algo de lo que me sienta orgulloso,

pero tampoco creo que tenga que estar ocultándoselo a los demás.

(CARRASPEA)

Gracias.

Eh, yo era muy joven, cometí un error y pagué por ello.

He traído a esta empresa hasta donde está ahora

y nunca nadie jamás ha tenido ninguna queja

sobre mi profesionalidad.

Si quieres pedir referencias a quien sea...

-Que no, no, espera, creo que te estás precipitando.

No, yo lo que quiero es pedirte disculpas.

Tu sinceridad me pilló por sorpresa,

nunca había conocido a nadie en tu situación.

-¿Nunca habías conocido a nadie que haya estado en la cárcel?

Me parece un poco raro, porque entre todos esos amigos ricos

con los que, seguramente, te relaciones por el centro

más de uno habrá pasado por allí. Últimamente, está muy de moda.

-Lo que quiero decir es que no me lo esperaba

y me avergüenzo por haber reaccionado así.

Yo misma he hecho tonterías de joven y he cambiado.

No tengo derecho a juzgarte por un error del pasado.

-Bueno, me alegra mucho escucharte decir eso

porque, sinceramente, me quedé muy tocado

después de ver tu reacción. -Ya.

-Aunque la entiendo, la entiendo perfectamente.

Nunca sabes quién es realmente la persona que tienes delante

y, sobre todo, nunca sabes de dónde ha partido

para llegar donde está en ese momento.

-Bueno, en mi caso tengo delante a alguien digno de admirar.

Alguien que ha levantado su empresa solo,

sin ayuda de nadie y eso tiene mucho mérito.

-Bueno, tampoco hace falta que me saques los colores ahora.

Transportes Quintero sigue siendo una empresa familiar.

-No te pega nada la modestia.

Creo que te voy conociendo.

Y, tras pensar en ello fríamente, he llegado a la conclusión

de que todos tenemos derecho a una segunda oportunidad,

yo incluida. -Tú, ¿por qué?

-Quiero saber si aún sigues interesado en mí

después de mi reacción de esta mañana.

-Verás, yo quiero que sepas

que soy el más firme defensor de las segundas oportunidades,

sobre todo si es contigo.

-¿Qué te parece si vamos a cenar

y brindamos por las segundas oportunidades?

-Estupendo.

-Te voy a llevar a mi restaurante favorito.

Pero invito yo, ¿eh?

Que no quiero luego el típico numerito,

los dos tirando de la cuenta delante del camarero...

-Tranquila, solo te voy a poner una condición.

-¿Cuál? -Esta ronda la pago yo.

-Vale.

-Por las segundas oportunidades. -Eso.

-Eh, Paty, ¿nos puedes traer la cuenta cuando puedas, por favor?

-No me lo puedo creer.

Pero si yo le hice todas las pruebas y eran negativas.

Estaba todo normal, nada grave.

Bueno, te agradezco la llamada de todas formas, Marino. Gracias.

(Puerta)

¿Qué? ¿Listo para ir al cine? ¿Qué te pasa? Tienes mala cara.

Se me han quitado las ganas de ir a ninguna parte.

Me han comunicado que ha muerto un paciente.

¿Quién? ¿Alguien conocido? No, qué va.

Ni siquiera era un paciente mío, era de la doctora De la Torre.

Lo pasaron a mi turno porque venía de Urgencias

y era un hombre joven, de 40 años con un fuerte dolor de barriga.

¿Qué tenía?

No sé, yo le hice la exploración, le tomé la tensión,

miré a ver si tenía las pupilas dilatadas,

si tenía fiebre, algún ganglio inflamado...

No sé, le recomendé dieta blanda y que bebiera mucha agua.

Entonces ¿qué le ha pasado? ¿De qué ha fallecido?

Pues, al parecer, de alguna dolencia cardíaca.

Me llamó un amigo mío del hospital. Vio mi nombre en el informe

y, cuando falleció en la UCI, me llamaron.

Pero eso que me cuentas no tiene mucho que ver con los síntomas

con los que vino aquí. Qué va.

Un infarto se puede manifestar de muchas formas,

desde el típico dolor de brazo,

pinchazo en el costado, dolor de espalda...

Y yo pensando que era un virus. No te precipites.

Es pronto para saber si cuando llegó aquí ya estaba infartado.

Van a hacerle una autopsia.

Tener en tus manos la vida de un hombre tan joven

y no haber podido hacer nada... ¿Cómo que no?

Le has hecho todas las pruebas.

Con el tiempo que os dan para los pacientes, ¿qué quieres?

Además, te voy a decir una cosa. Aunque fuera un error tuyo,

eres humano, ¿no? Todos cometemos errores.

Ni las máquinas son infalibles.

(SUSPIRA) Siento haberte estropeado el día.

Eso ni lo pienses. Mira, ahora nos vamos a casa,

te das una ducha calentita y verás cómo te recuperas, ¿eh?

Y en vez de una sesión de cine, te doy una sesión de mimos.

¿Qué te parece? ¿Eh? Mejor? Venga, cariño.

¿Rodrigo Jiménez? Soy el oficial Elías Guevara.

He sido yo quien le ha llamado para que viniera.

-Usted dirá. Hace mucho tiempo que no pisaba una comisaría.

-Pero en una época la pisaba con mucha frecuencia, ¿no?

-Ya cumplí mi condena. Ahora soy un hombre libre.

No tengo ningún problema con la justicia.

-Bueno, yo soy más de la opinión de que igual no le hemos pillado

o igual se lo está pensando. Si es usted tan amable.

-¿Estoy acusado de algo?

He venido aquí porque me lo ha pedido,

pero no me gusta el tono que está usando conmigo.

-No me seas tiquismiquis, hombre.

Acabas de llegar al barrio y no me conoces.

Yo soy así, me gusta dar la bienvenida

a los delincuentes recién llegados. -Exdelincuente.

-¿Qué andas haciendo por aquí? No vendrás a dar un palo, ¿no?

-No. He venido a abrir una tienda, un sitio donde invertir mis ahorros.

-Vaya. Rodrigo Jiménez, alias Goliat,

el músculo de la banda del Toño. Resulta que se ha metido a inversor,

bueno, a emprendedor, que suena mejor.

-Hacía mucho tiempo que nadie me llamaba Goliat.

-¿Y te molesta? -No, en absoluto.

Me empezaron a apodar así cuando era pequeño

porque me gustaba mucho leer los tebeos de El capitán Trueno.

-Enternecedor. Y tú eras fontanero, ¿no?

-Así es.

-¿Y la tienda que quieres abrir tiene que ver con la fontanería?

-No, acabé muy harto de arreglar grifos

y oler la mierda de las bajantes.

Prefiero otros aires. -Claro.

Lo tuyo son más las joyerías, los concesionarios,

los supermercados... Tuvisteis unos 90 moviditos, ¿eh?

-Sí, la verdad es que tuve una vida muy intensa en esa época.

-Sí, hombre, perfeccionasteis

la técnica del butrón con la lanza térmica.

Bueno, fue vuestro sello en aquel famoso palo de Talavera.

Os llevasteis un buen botín, ¿no?

-Pues la verdad es que hace tantos años

que no me acuerdo casi de nada.

-Lo malo es que después la cagasteis.

-Sí, ya te digo que no me acuerdo casi de nada.

-Yo te refresco la memoria.

Os quisisteis llevar 100 kilos de coca de una sede judicial.

Hay que ser suicida, macho. -Oye, aclárame una cosa.

¿Me has hecho venir porque te ha dado un ataque de nostalgia?

Porque, lo que es yo, no recuerdo nada.

Se me olvidó todo en la cárcel.

-Ya. Igual el frutero te refresca la memoria, ¿no?

Sí, hombre, Jesús Merino,

el hermano de Jorge Merino, Fitipaldi.

Coño, Jesús, el Chispas.

-Lo siento, pero creo que no tengo por qué aguantar esto.

-¿Qué os traéis entre manos?

Las dos veces que te he visto por el barrio ha sido con él.

-¿Quieres saber la verdad? -Estoy impaciente.

-Pues, mira, Jesús me está ayudando para buscar una tienda.

Ya te he dicho que quiero invertir mis ahorros.

-Ya. ¿Sabes lo que pasa?

Que a mí la teoría esa de lo de la tienda no me cuadra.

¿Quieres escuchar mi historia?

-¿Es que me vas a dar otra opción? -No.

-Pues entonces.

-Lo que pienso es que Jesús Merino formaba parte de la banda.

Sí, porque él es el Chispas.

Aunque aquí no nos conste ningún registro ni fotos ni huellas,

es así. (RÍE) -Pero no me hagas reír.

¿Jesús? Jesús es un mentecato, hombre.

Está todo el día hablando de la huerta

y diciendo tonterías de las verduras, ¿cómo se te ha ocurrido?

-Está probado que su hermano murió

huyendo en una persecución con la policía.

-Vamos a ver. Jorge Merino sí que participó

en algunos de los golpes que hicimos, pero Jesús, no.

Jesús estaba en otra órbita. -Vale.

Ya veremos, ya.

-Y ahora me vas a perdonar, pero me tengo que marchar.

Soy una persona muy ocupada.

-Solo te lo voy a decir una vez, ¿vale?

Ándate con ojo con quien te juntas y lo que haces,

no quiero delincuentes de tu calaña en el barrio. Tira.

-Oye, ¿este qué hacía por aquí?

No me suena de ninguno de los casos que tenemos abiertos.

-Es un delincuente de la vieja escuela.

-¿Y sospechas que está metido en algo?

-No, pero quería charlar con él.

Ya sabes que me gusta tocar las narices.

Eh, ¿Pitu? Oye, soy Guevara.

Una cosita, ¿tú sigues en Instituciones penitenciarias?

¿Y me puedes hacer un favor?

¿Me puedes investigar sobre Antonio Asensio, alias el Toño?

Sí, ese, el de los palos de los bancos de Talavera, el mismo.

A ver. Dime.

¿Qué?

Pasa.

¿Esto qué es? ¿Por qué estamos aquí? Anda, cálmate.

Siéntate. Solo te he sacado del calabozo para airearte un rato.

¿Quieres un café, un refresco? Un vaso de agua.

Mira, Ricky, me has caído bien y quiero darte una oportunidad.

Tener antecedentes penales no queda bien en ningún currículum.

Entonces, ¿no me va a llevar ante el juez?

Me he dado cuenta de que solo has tonteado con las pastillas

y, bueno, sería una pena que perdieras el trabajo

por un fallo así, ¿no? Solo ha sido eso, comisario.

Si yo lo único que quiero es, ahora mismo,

centrarme en mi trabajo y, si dejo la noche, mucho mejor.

Eso es lo que esperamos todos que hagas.

Nosotros, verdaderamente, lo que queremos es detener

a la gente peligrosa. Entonces, ¿me puedo marchar ya?

Comisario, no sé cómo agradecérselo. ¿Ah, no? ¿Seguro?

A ver, Ricky, siéntate, siéntate, por favor.

Mira, yo puedo conseguir que salgas libre, sin cargos,

pero tú me tienes que ayudar a mí.

Pero ¿cómo le voy a ayudar yo? No entiendo.

Llévame hasta el Cobra.

No, comisario, no, no. No me puede pedir eso.

Este tío no es buena gente y yo no quiero tener tratos...

No, no puedo. Ni siquiera le conoces

y parece que te acojonas solo con escuchar su nombre.

Se escuchan cosas de él y ninguna es buena.

A ver, no tienes nada que temer,

ahora estás en el lado de los buenos.

Mira, no puedo dejarte ir de rositas así como así sin que me ayudes.

Si localizo al Cobra, estoy seguro de que daré con Isa.

Ya, pero nadie nos asegura que Isa esté con él.

¿Y si lo está? Primero despejemos la duda

y luego veremos lo que hacemos. Tampoco te estoy pidiendo tanto.

Solo tienes que localizarle y decirme dónde está,

del resto nos encargamos nosotros.

Nadie se tiene que enterar de que tú nos diste esa información.

Escucha, Ricky,

no te pediría esto si no estuviera seguro

de que Isa está en peligro.

Ella no se ha esfumado por su propia voluntad, piénsalo.

Hazlo por Isa.

Me gustaba mucho, ¿sabe?

Es muy buena tía, pero ha elegido el camino equivocado.

Tú puedes hacer que se vaya de ese camino,

tú puedes traerme de vuelta a mi hija.

¿Tenemos un trato?

Le prometo que le voy a ayudar.

Gracias, Ricky. Escucha una cosa. Eres un buen chico,

deberías aprovechar esta oportunidad y empezar de cero.

Esta vez has salido libre a pesar de encontrarte esas pastillas.

La próxima vez no vas a tener tanta suerte.

Le aseguro que no tengo intención de pisar un calabozo más en mi vida.

Me alegro.

Hola. Hola.

Perdona el desorden, pero estoy haciendo limpieza.

¿No se te ocurría otra forma de saltarte el reposo?

Son papeles y lo debí hacer cuando mi padre se fue.

¿Puedes creer que he encontrado facturas de la luz en pesetas?

Si hubiera vivido aquí González, las habría hasta en reales.

¿Un día duro en el bufete?

El turno de oficio. ¿Algún caso complicado?

Una persona complicada, más bien. He estado en comisaría

y me he cruzado con Iker. ¿Habéis discutido?

No, no, solo hemos dejado las cosas claras.

Oye.

¿A ti te gusta Iker?

¿Cómo? Que si te gusta.

Podría ser, ¿no? Pasáis mucho tiempo juntos.

Tampoco estoy diciendo una locura.

No es eso, es que no entiendo la pregunta.

A que me gustaría saberlo, prefiero preguntártelo directamente.

Ya, pero me parece una pregunta absurda.

¿Cómo me va a gustar?

Gusta al 99 % de las mujeres, ¿por qué no?

¿Porque estoy embarazada

de la persona con la que me iba a casar?

¿Crees que tengo la cabeza para amoríos?

Si entiendo cómo te sientes y lo que has sufrido.

También sé que tu prioridad es el embarazo.

Pero no te estoy preguntando si estás preparada

para empezar una relación. ¿Ah, no?

No, solo te estoy preguntando si te gusta.

Pues la respuesta es no.

Me parece maravilloso que te guste, pero no es mi tipo.

Lo siento, discúlpame.

Es que cuando os veo juntos o cuando vino el otro día a casa,

no sé, hay tan buen rollo entre vosotros

que desde fuera hasta podría decirse que hay algo.

Nerea, somos compañeros.

Y en la policía se establecen lazos muy fuertes.

Pasamos 12 horas juntos y cuando salimos a patrullar,

él protege mi vida y yo la suya,

así que es normal que exista esa complicidad de la que hablas.

No sé, ¿no te has fijado en Elías y Nacha?

Tienen un vínculo muy especial y no significa nada.

Tienes razón. Estoy paranoica, lo siento.

Esto es absurdo. Perdóname.

(Móvil)

Papá, sí, no te preocupes, voy a buscarte a la estación.

Espérame en la cafetería por si me retraso.

Vale, vale, vale. Un beso. Chao.

Mi padre, que llega mañana. No parece que te haga ilusión.

Bueno, ya sabes lo intenso que puede llegar a ser él.

Es la primera vez que te hace una visita.

Sí, pero me había hecho a la idea de estar sola

y en un día de diario me viene fatal. Tampoco será para tanto.

Me voy a dar una ducha y perdóname por preguntarte una cosa así.

No sé cómo se me ha podido ocurrir. Tranquila.

Así que esta es tu humilde morada, que de humilde no tiene nada.

-Bueno, apenas le dedico tiempo, la verdad.

Paso casi todo el tiempo en la oficina

y aquí solo vengo a dormir.

-Tiene personalidad. Me gusta. Se nota tu mano.

-Gracias. ¿Quieres tomarte algo?

Prácticamente tengo de todo, así que no sé, tú dirás.

-Pues tomaré la especialidad de la casa.

-De acuerdo. -Oye, ¿y tu hijo?

Me dijiste que vivías con él, ¿me lo vas a presentar?

-Me gustaría mucho presentártelo,

pero lo que pasa es que esta noche, casualmente, está fuera de Madrid.

Ha tenido que ir a una emocionante reunión

de empresarios en Toledo de la que me he podido librar.

-O sea que esta soledad es premeditada.

-Bueno, cuando dije que no iría a esa reunión

no sabía que esta noche te iba a ver

y mucho menos que, no sé, podíamos terminar aquí.

-No sé si me voy a acostumbrar a tanta sinceridad.

-Pues creo que será mejor que te vayas acostumbrando

porque pienso seguir siendo totalmente sincero contigo.

-Eso quiere decir que mientes al resto de la gente.

(SE RÍE) -No, no, no.

Eso quiere decir que quiero que sepas realmente quién soy,

que me conozcas tal y como soy, sin dobleces, sin filtros

porque, verás, a mí me gustaría,

bueno, yo quiero que...

Qué mal se me da todo esto, Maica.

-Tú eres como eres y a mí me gusta lo que veo.

Cariño, te tienes que relajar, estás muy tenso.

Estoy relajado.

Sigues pensando en ese hombre, ¿eh? No paro de darle vueltas

a ver si me faltó alguna pregunta para averiguar cuál era su dolencia.

A ver, yo no soy médico, pero si entró en tu consulta

con un dolor de barriga y luego se murió de un infarto,

¿qué pregunta le ibas a hacer para relacionarlo?

Estoy seguro de que algo me faltó. Es mi obligación y no la del paciente

saber de dónde provenía ese dolor abdominal.

Seguro que agotaste todas las pruebas

que le podías hacer antes de mandarle al especialista.

Además, eres muy bueno sacándole información a los pacientes.

Mira, apostaría que el historial de ese hombre

tenía el doble de datos cuando salió de tu consulta

que cuando entró.

Sí, pregunté el peso, la estatura, la edad,

sus hábitos alimentarios,

si tenía alguna intolerancia, alergia,

si fumaba, si hacía deporte,

si estaba sometido a una situación de estrés...

En fin... ¿Lo ves?

Lo que tienes que hacer ahora es dejar de angustiarte

y esperar a la autopsia. Ya.

Además, oye, que también le vieron otros médicos

en el hospital después que tú, ¿eh?

Ya. ¿Y si se fiaron de mi diagnóstico?

A ver, escúchame una cosa.

¿Tú te acuerdas de cuando yo estaba con el caso del agresor sexual

y se llevó a Olga?

Como para olvidarlo.

Bueno, pues en ese momento, yo me sentía muy culpable

por no haberlo atrapado y me sentía responsable

de que se hubiera llevado a Olga. ¿Tenía yo la culpa?

Pues esto es lo mismo, cariño, es lo mismo.

Hemos escogido unas profesiones

donde a veces tenemos en la mano la vida de la gente,

pero hay que resignarse.

A ver, a veces hay imponderables que no podemos controlar.

(Móvil)

¿A estas horas?

Sí, ¿quién es? ¿Perdón?

Disculpe, no... Perdone, cálmese, no la estoy...

Pero ¿quién es usted? ¡Ah!

Ya.

A ver, Amparo, siento muchísimo lo de su marido,

sinceramente, pero eso no va a resolver nada.

¡Escúcheme! ¡Amparo! ¡Amparo!

Me ha colgado.

Imagino quién era.

Esto estaba buenísimo. -¿Sí? Me alegro.

¿Quieres que te prepare un cafecito, una infusión, algo?

(DUDA) -No, no, déjalo. -Bueno.

Pues hala, máquina apagada. Estamos oficialmente cerrados.

¿Te importa que te deje solo mientras recojo?

-No, faltaría más. Haz lo que tengas que hacer.

Ya has hecho bastante por hoy. -Bien.

-Gracias. -De nada, hombre.

-Está cerrado. -No, no, soy yo.

Que he visto luz y pensaba que todavía podía...

Pero mira, ya que te encuentro, podíamos charlar un rato

porque creo que tenemos una conversación pendiente.

-No sé, ¿tú y yo? ¿De qué tenemos que hablar?

-Pues mira, de tu pasado y cómo puede afectar a tu futuro.

-A ver, no hace tanto que nos conocemos.

Me intriga eso del pasado.

-Bien, pues yo te saco de dudas, ¿vale?

Es que en los últimos días te he visto un par de veces

con un antiguo criminal. -Un antiguo criminal.

Pues ahora no caigo. -¿Ah, no?

-No.

-Pues, mira, es Rodrigo Jiménez, alias Goliat.

¿Sabes de quién te hablo? -Sí, sí, ya. Rodrigo, sí.

Está intentando montar un negocio parecido al mío,

pero en otro barrio y yo, bueno, le estoy asesorando,

¿qué tiene eso de malo?

-A mí esa historia me suena a excusa.

-Ya. -¿Quieres escuchar mi historia?

-¿Sabes qué pasa? Que se me ha hecho tarde.

Mejor otro día. -Qué lástima.

Es una preciosa historia de familia.

Es la historia de dos hermanos, uno se llamaba Jorge,

conocido como el Fitipaldi, y se mató en un accidente de coche

huyendo después de dar un palo. ¿Sabes de quién te hablo?

Bueno, el caso es que este tal Jorge

estaba asociado con otros tres delincuentes.

Uno de ellos era Goliat, el otro un tal Toño,

que daba nombre a la banda y era el cerebro de la misma.

Ninguno de esos dos resultaron heridos en el accidente.

-Sé perfectamente cómo murió mi hermano,

no hace falta que me lo recuerdes. -Claro que no

porque yo creo que tú también estabas allí.

Te he hablado de que eran tres delincuentes más,

uno de ellos era Goliat, el otro era Toño

y el tercero era un tal Chispas.

-Era la mujer del paciente que murió en Urgencias.

Ya, ya, ya. ¿Y cómo ha conseguido tu teléfono?

No sé, dice que ha preguntado por ahí,

pero ahora eso no es lo más importante.

Pero bueno, ¿qué te ha dicho? ¿Qué...?

Te estaba gritando de una manera que yo no sé.

No sé, estaba muy alterada, no entendí bien lo que decía.

Pero vamos, me responsabilizaba de todo.

Dice que maté a su marido. Bueno.

Me va a denunciar por mala praxis.

Ha contactado con un bufete de abogados

y va a pedir que me inhabiliten. Pero bueno, ¡esto es el colmo.!

Sabes que a esa mujer se le puede caer el pelo por esta llamada.

Se ha permitido el lujo de amenazarte.

Yo qué sé, de verdad. Hombre, entiéndela.

Acaba de morir su marido, un hombre joven, fuerte.

Oye, se ha quedado viuda y no lo entiende y es normal.

Le parecerá injusto. En fin, está enfadada y lo ha pagado conmigo.

Antonio, yo puedo comprender cómo se siente esta mujer

y yo no sé cómo reaccionaría en su situación,

pero, desde luego, yo no llegaría tan lejos

y vamos, mucho menos decirte lo que te ha dicho, la verdad.

Si es cierto lo que dice, voy a recibir una notificación.

No me extrañaría que fuera ella quien ha pedido la autopsia.

Ay, mi vida.

Estate tranquilo, ¿vale?

No te adelantes a los acontecimientos,

espérate a la autopsia y ya veremos. Además, mira,

tú mismo has dicho que estaba nerviosa.

A lo mejor es en el primer arrebato que lo ha dicho, pero luego,

luego se le pasa y, a lo mejor, queda todo en nada, ¿eh?

Venga, venga, no te preocupes. Venga.

¿Y qué pinto yo en todo esto?

-Da la casualidad de que este tal Chispas

es el único de la banda

del que la policía no tiene datos.

-Ya.

-No tiene su foto ni sus huellas, no está fichado

a pesar de ser el butronero más rápido de España.

-Sigo sin saber adónde quieres llegar, ¿eh?

-Ya. Pues mira, te cuento.

Los delincuentes lo primero que hacen al salir de la cárcel

es intentar reunirse con su banda y a Goliat le ha faltado tiempo

para venir a verte. No creo que viniera aquí

para hablar de tomates

ni darte el pésame por la muerte de tu hermano, ¿eh?

Yo creo que venía buscando al Chispas

porque yo creo que el Chispas eres tú.

-Pues mira, lo siento pero has errado el tiro, ¿eh?

Yo me he dedicado toda la vida al campo,

trabajando la fruta y la verdura desde crío.

Yo creo que tú quieres echarme mierda sin tener pruebas y todo, ¿por qué?

Porque estoy asesorando a un amigo de mi hermano

que lo que quiere es rehacer su vida.

-Una historia conmovedora, pero se te olvida un detalle,

que tu hermano era un delincuente y a tu padre, José Merino,

se le conocía como el Cerrajero, que se ganó ese alias

porque era el mejor reventando cajas fuertes.

Lo llevas en la sangre, no puedes evitarlo.

-Pues sí, sí, tienes razón, sí. Crecí en una familia de delincuentes,

por eso aprendí que pasarse la vida huyendo de la policía

no merece la pena.

¿Sabes qué pasa? Que mi padre estuvo toda la vida

entrando y saliendo de la cárcel hasta que terminó muerto

y mi hermano, pues, mi hermano siguió sus pasos

y acabó en una cuneta, sí.

Entre los dos mataron a disgustos a mi madre, así que aprendí la lección.

Nunca quise esa vida, no merece la pena.

-Jesús, de verdad, de verdad que me encantaría creerte,

pero tengo un amigo en Instituciones Penitenciarias

y me ha dicho que Toño está a punto de salir

y seguro que lo primero que hace es intentar reunir a su banda.

Vamos, yo creo que, de hecho, ya mandó a Goliat por delante

porque sin el Chispas no son nadie. Te necesitan, Jesús,

y van a hacer lo que sea para que te unas a ellos,

si no lo han hecho ya.

-Mira, mira, ¿ves estas manos? -Sí.

Estas manos saben de la huerta y del campo.

Yo no tengo ni idea de hacer butrones.

-Oye, ¿de verdad quieres que a María le pase lo que a tu madre?

Ándate con mucho ojo con quien te juntas, ¿vale?

Porque yo te juro que como María pierda

una sola noche de sueño por este asunto,

antes de vértelas con la justicia te las vas a ver conmigo,

¿vale, Chispas?

-Me han citado para una reunión con el Consejo ético.

Han derivado mis primeras citas al doctor Marín.

¿No te han adelantado qué quieren? ¿Tú qué crees? Nada bueno.

-Por más que intento pasar de él, es que no puedo.

Y mira que me ha hecho sentir mal.

Ayer le dije totalmente convencida

que no quería saber nada, ni siquiera ser amigos.

Pero ¿a quién quiero engañar? No puedo dejar de pensar en él.

Creo que estoy enamorada hasta las trancas.

-150 euros más que el mes pasado. Pero ¿cómo puede ser?

-A ver, a ver, déjame ver.

Aquí lo tienes, factura de cine,

34 películas alquiladas a 4,95 más IVA.

-"Caperucita feroz y el lobo", "Sex runner",

"Lo que el sexo se llevó", "Piratas del fornique".

Una opción es incluirle los costes de las películas porno

en los gastos del piso sin decirle nada.

Él sabe que esos gastos son suyos y así nos ahorramos el mal trago.

-No, Espe, me niego.

De verdad, que yo estoy en contra de la industria del porno.

Hace un retrato de la mujer denigrante.

-Tienes razón, hay que hablar con él.

Te puse en la calle a cambio de que me dieras una novedad

sobre Isa o el Cobra. "Hago lo que puedo".

Te doy 24 horas, ¿eh? Ni un minuto más.

Si en ese tiempo no has conseguido nada,

te vuelvo a meter en el calabozo. Esta vez no te irás de rositas.

¿Qué te trae por aquí? ¿El trabajo? ¿O para recordar viejos tiempos

cuando te quitaba las novias? No, no.

Que echaba de menos esos ojitos azules.

No cambias, ¿eh?

He venido por un caso, por una persona, más bien, Ricky,

el camarero de la discoteca Magenta.

Me da la impresión de que el inspector Castillo

no debe quedarse con la primera explicación.

Va a seguir preguntando y terminará descubriendo la verdad.

¿Alguna novedad por aquí?

-No, la verdad es que ha estado todo tranquilito por aquí.

-Muy bien. -Y el aire de Murcia, ¿qué?

¿Cómo te ha venido? ¿Estás más...? ¿Te has aclarado algo?

-María ha regresado de su pueblo, ya está en La Parra.

-Ya. -¿Qué pasa? ¿No vas a ir a verla?

-Para triunfar hay que arriesgar.

Yo soy un hombre de negocios que arriesgo para ganar.

El resto son asalariados.

-Papá, trabajo asesorando empresas. Sé cómo se monta un negocio.

Solo te pido que me des información, ya has salido escaldado otras veces.

-Vamos a dejar un poquito ya de estudiar, ¿no?

-Quería pedirle un favor.

Viniendo de ti, prefiero saber de qué se trata primero.

Quería ponerme en contacto con su suegro.

¿Me podría facilitar su teléfono? ¿Y para qué quieres hablar con él?

Estoy haciendo unas comprobaciones sobre un viejo caso

y su comisaría llevó la investigación.

¿Usted recuerda a la banda del Toño?

No, no, ladrón de coche, no. Eso es, los del buitrón, sí, sí.

Pues mire, es que le quería enseñar una foto

a ver si reconoce a uno de los miembros.

  • Capítulo 250

Servir y proteger - Capítulo 250

27 abr 2018

Ricky le dice a Bremón que Isa puede ser víctima de un peligroso narcotraficante. Elías investiga el pasado de Rodrigo y descubre quién era. Tras pasar por su consulta, un paciente de Antonio muere en casa, lo que deja muy afectado al médico. Nerea quiere saber qué siente Alicia por Iker.

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