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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 243 - ver ahora
Transcripción completa

¿Qué hace el Flaco en libertad?

Que te lo cuente su abogada.

He hecho mi trabajo.

Sin pruebas nos podéis mantenerlo en el calabozo.

Lo sabes, Alicia.

-¡Tira la pistola al suelo o le rajo el cuello!

¡No, no, no! Tírala más lejos, dale una patada.

Lo que ocurrió no fue en acto de servicio,

le podría haber pasado a cualquiera.

Dudo que cualquiera se jugase la vida por salvar a Antonio.

Si te vas a poner en plan niñera, puedes largarte por donde viniste.

Está bien.

Te prometo que lo pillaré y pagará por lo que te ha hecho.

Cueste lo que me cueste.

Yo no sé nada del Flaco.

Lo sé, es un don nadie.

Pero tienes oídos en todas partes.

¿Qué me dices?

Que tengo que consultarlo con el señor Somoza.

Debiste convencerla para que no patrullase en las calles

y nada de esto habría pasado.

-El que la atacó en es un toxicómano

con síndrome de abstinencia que se le cruzó.

El único culpable

es el indeseable que llena de droga Distrito Sur.

¿Lo conoces?

-Tengo derecho a ver a mi hija,

solo quería estar allí para que Alicia supiese

que me tenía cerca por si me necesitaba.

-Intentaré hacérselo ver, ¿vale?

-¿De verdad?

¿De verdad harías eso por mí?

-Haría cualquier cosa por ti.

Era inevitable.

¿Que viniese o que lo echase?

Las dos cosas.

Desde que...

siento a esta personita aquí dentro,

veo algunas cosas de forma distinta.

Te juro que sufre mucho por lo que te pasó.

Alicia ha aceptado que vayas a visitarla al hospital.

(EMOCIONADO) -¿De verdad? -Sí.

-¡Gracias, gracias! -¡Papá!

-Mi madre está muerta.

-¿Y fue hace mucho?

-Ni siquiera la conocí.

Yo era muy pequeño.

Una razón por la que quiero ser policía es esa.

Quiero aprender a investigar para saber más de ella.

-Para eso no hace falta ir a la academia.

No, tienes aquí al inspector de la UIT.

Soy experto en informática.

-¿Qué?

Eres mi padre, ¿no?

Sí.

Ahora te toca a ti. Tienes que darme ese dinero.

Empezar una relación así, con dinero de por medio, me parece

una simple y fría transacción comercial.

Escucha, Emilio: a veces las relaciones con los hijos

no dejan de ser una negociación.

Los padres tenemos que ceder.

Aquí tienes.

Esto es... perfecto.

-Parece una multa. -Sí.

Es una multa a nombre de tu madre.

-Supongo que alguna vez la multaron No sé tiene de extraordinario.

-Mira la fecha.

-Septiembre de 2013.

Tiene que haber un error.

-Vamos a ver, ¿tú tienes una prueba real

de que tu madre está muerta?

-No, no lo sé.

(Música emocionante)

(Música rock animada)

-Buenos días.

(Besos y risas)

-Me parece que la transferencia se te está yendo de las manos,

señora psicóloga.

-Sigo las indicaciones de mi terapeuta.

Me ha dicho que me tengo que relajar, dejarme llevar.

-¿Sí? ¿Te importaría pasarme su contacto?

Es para darle unas indicaciones para la próxima sesión.

-Oye, hay una cosa que tienes que saber.

-Dime.

-Por las mañanas, si no desayuno rápido, me pongo de mala leche.

(RÍE)

Buenos días.

Sí, habitación 211.

¿Me puede subir un desayuno continental para dos?

(SUSURRA) ¿Café o té?

Las dos cosas.

No, ninguna intolerancia.

Eso es todo. Gracias.

Pues ya está, me voy a vestir.

-Oye. -¿Qué?

-Que ayer me lo pasé genial.

Y no justamente por los monólogos.

De verdad.

Fue una noche muy bonita.

¿Por qué lo dices tan solemne,

como si hubieras pasado una prueba?

-Casi, ¡no sabes lo nerviosa que estaba!

-Por eso te dije que te relajaras y te dejaras llevar.

-Lo sé, pero bueno, para mí era muy importante.

Era nuestra primer cita y no quería meter la pata.

-No era un examen, ¿eh?

-Bueno, pero quería causarte buena impresión,

que todo saliera bien

y, bueno, finalmente...

(SUSPIRA) has logrado hacer que me relajara un poco

y fuera mejor de lo que esperaba.

-¿Y por qué estás tan seria?

-¿Seria? No, qué va.

En mucho tiempo no estaba tan a gusto con alguien.

-A mí me parece que no estás siendo sincera del todo.

¿Qué te preocupa?

(Música emotiva)

-Pues...

No sé, todo esto es tan bonito que me da miedo salir

y que todo sea un sueño, que no sea realidad.

Parezco tonta, ¿no? -No.

Lo que pasa es que te sientes insegura.

Probablemente es por experiencias anteriores,

relaciones pasadas...

(SUSPIRA) Perdona.

Perdona, no quiero hacer de psicóloga, lo siento,

No te preocupes, a mí también se me escapan "tips" de policía.

Pero sí.

La verdad, tienes razón con eso que ibas a decir antes.

Igual toda esta situación me recuerda

la última vez que sentí algo por alguien.

No sé, me da miedo que acabe igual.

-¿No es pronto para sacar esas conclusiones?

Nos estamos conociendo.

-Sí, yo sé. Pero...

No sé, la última vez todo empezó un poco parecido.

También eligió una habitación de hotel

para pasar nuestra primera y última noche.

-Te dije la primer vez prefiero jugar en campo neutro.

Pero no te veo como un rollo de una noche, si es lo que preocupa.

Pero si me cuentas más, a lo mejor puedo saber

qué es eso que te asusta.

¿Qué?

-Pues...

A ver...

Ella era mi compañera,

¿sabes?, de trabajo y, después, era mi amiga.

Fuimos algo más que amigas y yo me enamoré de ella.

-Laura, ¿no?

(ASIENTE)

-Un día estaba como de bajón

y entonces fuimos a tomar unas cañas

para desahogar las penas y...

-Y una cosa llevó a la otra...

-Y acabamos así, en una habitación de hotel

pasando la noche...

Hasta que a la mañana siguiente, para sorpresa mía,

me di cuenta de que no sentía lo mismo que yo.

-Debió de ser una decepción tremenda, ¿no?

-Pues sí.

Me dolió mucho.

Tuve que hacer un esfuerzo tremendo para conformarme solo con su amistad

y entenderlo así.

Después ella empezó una nueva relación

y cuando las cosas ya iban bien otra vez entre nosotras,

se murió y fue una muerte muy violenta.

-Lo siento mucho.

(Llaman a la puerta)

¡Va!

-Ya voy yo, que estás... (RÍEN)

-Buenos días, desayuno para dos.

-Gracias. -Buen provecho.

-Gracias.

-No sabéis de qué me acabo de enterar en el chat de comisaría.

-¿Todavía estás así?

Menos chat y más vestirse, tengo prisa.

-Me salí al segundo día del chat, no conozco a nadie.

-Han pillado a Márquez consultando los archivos policiales

con fines personales.

Puede que le abran expediente.

-¿Qué dices? ¡Con lo majo que es!

Pobre. -Por majete se juega la sanción.

Estaba haciendo un favor a un amigo y ahora, mira.

Pringado por algo que ni siquiera es para él.

-¿Qué tipo de información consultó para que sea tan grave?

-A ver...

Un amigo tiene un piso en alquiler

y muy mala suerte con los inquilinos.

Pues después de desahuciarlos,

y ahora que el piso estaba otra vez en alquiler,

le ha pedido a Márquez que investigue a los candidatos.

-Vamos a ver, eso tampoco es tan grave.

Es decir, lo hacen las financieras y nadie les dice nada.

-Se te puede caer el pelo por ayudar a un amigo.

¿Se sabe qué le va a pasar?

-Están valorando si le abren expediente,

pero, según lo que decidan,

puede que le caiga una sanción.

-Lo peor es que pueden hablar de él por comisaría.

Eso sí que es horrible, lo digo por experiencia.

-Si finalmente le abren expediente,

se queda en su hoja de servicio mucho tiempo.

Qué faena, vamos.

-Me parece un tema fascinante, pero tengo muchas cosas que hacer.

Ya, si veo a Márquez por comisaría, que no sé ni qué cara tiene,

le prestaré mi ayuda, apoyo, condolencias...

(Llaves)

(Puerta)

-¿Qué mosca le ha picado?

-Ni idea, pero vístete, que tenemos que llegar.

(APURADA) -Huy, sí. ¡Es tardísimo!

(SUSPIRA)

(Música relajada)

-Hola, María. -Buenas.

-¿Me pones un cafelito largo de esos tan rico que tú pones?

-Marchando un con leche en taza grande.

-¿Qué? ¿Qué tal el día?

-Bien.

-¿Sabes a quién me he encontrado?

-No tengo ni idea.

-¿Te acuerdas del tipo que pedía callos a las 10:00?

-Ahora no caigo.

-Todo el bar se giraba y decía: "¿Vas a tomar callos ahora?"

Decía: "Es el mejor momento".

-Bueno, si tú lo dices... -Eh, María, espera.

Tenemos que hablar.

-Tú me dirás de qué quieres hablar.

-Creo que sigues igual de enfada y la cosa va de mal en peor.

-Qué capacidad deductiva, hiciste bien en ser policía.

-Solo quería charlar contigo, es que...

es que no soporto estar un día más así, María.

Quiero que volvamos a lo de antes.

Bueno, antes de...

Bueno, tú ya me entiendes.

-Claro que te entiendo.

Pero eres un ingenuo.

-Me habían llamado muchas cosas, pero ingenuo...

-Mira, me alegro de ser la primera.

¿No entiendes que no puede volver a ser como antes?

-La he "cagao" pero bien, ¿no?

No sabes cómo me arrepiento.

(SUSPIRA)

-Eres lo más importante en mi vida, de verdad.

De las pocas cosas me merecen la pena en mi vida eres tú.

-Haberlo pensado antes, Elías,

en vez de andar con tanta tontuna de ahora sí, ahora no.

¿Sabes cómo me he sentido?

-Ya te he dicho que lo siento, de verdad.

-Me he sentido como una imbécil.

Unos días sí, luego resulta que no, luego resulta otra vez que sí...

-Te pido perdón de corazón.

-Si ya lo sé, Elías.

Pero lo hecho, hecho está.

(Música emotiva)

-Está bien, mensaje "captao".

He venido para intentar arreglarlo, pero veo que es difícil.

-Buenos días, Elías.

-Buenos días serán para ti, compañera.

-Huy.

O mucho me equivoco o aquí ha pasado algo.

-Venga, María.

Cuéntamelo y así te desahogas.

-¿Te pongo un café?

(Música emotiva)

-¡Fede! -¿Cómo vas?

-Con prisa, la verdad.

Estaba currando y me he escaqueado.

¿Qué es tan importante que no podías decirlo por teléfono?

-Bueno, quería saber cómo estabas.

-No muy bien, la verdad.

Lo de anoche fue un mazazo.

Un montón de preguntas se me juntan en la cabeza.

-Igual es momento de averiguar respuestas.

-Esta mañana fui al Registro Civil

y no hay certificado de defunción de mi madre.

Está claro que mi padre mintió y mi madre sigue viva.

Falta saber por qué lo hizo.

-No hay que ir tan rápido.

No acuses a tu padre, igual hay que agotar otras vías.

-¿Todavía cabe alguna duda?

-Solo creo que un certificado de defunción

es válido cuando hay un cadáver.

Se pudo morir sola y que nadie viese el cuerpo

o estar desaparecida.

Hay desaparecidos que hasta años después no los dan por muertos.

-¿Y la historia del accidente de coche que me contó?

¿Qué pasa?

¿Alguien robó el cuerpo?

¿Se volatilizó?

No, Fede, no. No hay más vueltas que darle.

La multa que encontraste era de mi madre.

Sigue viva, o lo estaba hace unos años.

-Igual alguien se pudo hacer con el DNI

y hacerse pasar por ella, no sé.

Explicaría que la multa esté a su nombre.

Es retorcido, pero puede ser.

-Lo que es muy retorcido es que se inventara

la historia de que ella murió en un accidente

y sea mentira.

-Vamos a ver, digamos que lo del accidente, no sé,

de eso quedan registros en los periódicos.

Puedes investigarlo así.

-¿Y tú... no podrías echarme una mano?

-Hombre, yo, si es fuera del horario de trabajo, o si llamas...

No puedo usar todos los recursos de la comisaría.

Pondría en riesgo mi trabajo. Están pesados con eso.

-Gracias de todas formas.

Te voy contando todo lo que vaya saliendo.

-David, quiero darte un consejo.

Habla con tu padre, pero sin acusarle de nada.

-¿Eres su abogado defensor ahora o qué?

-No, pero es muy buena persona y se desvive por ti.

No será capaz de inventar tal mentira.

-Eso pensaba yo.

Pero bueno, de todas maneras gracias por el consejo y por todo.

-Sabes que aquí me tienes para lo que quieras.

Y frío... Ponte algo.

-Me parece muy egoísta por su parte.

Cuando estoy empezando una relación venga Elías y me plante un beso.

¡Con lo a gusto que estaba yo con Jesús!

Ahora no tengo más que dudas.

-El problema no es el beso sin venir a cuento.

-Sin venir a cuento no.

Al ver que otro estaba interesando.

-Ese no es el problema. Lo que yo te digo es que...

si te han entrado dudas es que te ha removido algo dentro.

¡Admítelo!

Si no, lo hubieras mandado a paseo sin pensar.

-¡Es que lo hice!

Lo primero fue decirle que me parecía fatal

que viniera a besarme cuando ya tuvo su oportunidad

y que ahora que empezaba algo bonito con Jesús...

Desde entonces a Jesús lo rehúyo, lo evito.

Vamos, que sí, sí. Que tengo dudas.

-Yo que tú, me tomaría mi tiempo.

-No sirve de mucho, Espe.

La cabeza me hierve de tanto pensar.

-Mira, las dudas son solo dudas.

A veces nos vemos enganchadas con algo

que, con el tiempo, la memoria va pintando

mejor de lo que fue.

-Es que Jesús es tan buena persona...

No se lo merece.

Pero me da miedo equivocarme rechazando a Elías.

(RESOPLA)

-Ay... Tienes que aclararte, ¿eh?

Por tu bien y por el de ellos. -Ya.

-Me tengo que ir, lo siento.

Pero a ver si con el próximo café tienes las ideas un poco más claras.

-Pues no lo creo.

-Hasta luego. -Adiós.

(SUSPIRA)

(Música dinámica)

-Marisa, dile a Jairo que venga a mi despacho.

-Don Fernando.

-Pasa, Jairo. Cierra la puerta y siéntate.

Tranquilo, no pasa nada.

Solo quiero saber qué tal va todo con Julio.

-Con Julio...

bien, supongo.

-No sé, pensé que no te hacía gracia

que trabajase con nosotros.

-Muchísima gracia no me hace, pero donde manda patrón...

-Sabes que no eres un simple marinero en esta empresa.

-Entonces voy a hablar con franqueza.

Me incomoda que Julio esté tan metido en nuestros asuntos

y que esté tan "informao".

Y tengamos que contar con él para todo.

Cuando éramos solo usted y yo, me sentía seguro.

Me sentía con confianza y me sentía bien,

y ahora es distinto.

Sencillamente es distinto.

-Lo que tienes que hacer es bajar la guardia y confiar en él.

Julio ya nos ha demostrado su lealtad.

Se esfuerza todo lo posible para encajar

cuando antes en la organización, ¿no te parece?

-Sí, si hago todo lo que puedo,

pero tiene que entender que un cambio tan grande

es complicado porque de repente tengo que compartir

la información con alguien que no es usted.

-Ya, pero quizás tendrías que empezar a mirarlo

de otra forma, no sé.

Míralo como que Julio es alguien que viene a ayudarnos

con sus conocimientos y con esa imagen

de niño bueno que tiene.

No como al hijo del jefe que vienen a quitarle el puesto.

Jairo: los tres juntos podemos hacer un gran equipo.

Si remamos juntos y vamos en la misma dirección,

seremos invencibles.

-Vale, si usted lo dice...

voy a confiar en usted.

-Eso es lo que quería escuchar.

-Pues ya está. El chaval tampoco me cae mal,

ni mucho menos. No es eso.

Tengo que ir al muelle, ha llegado un camión de Algeciras.

-Tira, anda.

-¿Tienes alguna admiradora secreta?

-No, hombre, no.

Esto... esto es...

es para tu hermana.

¿Qué te parece? ¿Crees que le gustará?

-Sí, es un detalle muy bonito.

Sencillo, pero distinguido.

-Sí...

(RÍE) No sé...

Pesaba que estaría cansada de recibir tantas flores

y tanto bombones y...

Y he querido llevarle, bueno, flores, pero algo que sea más...

-Algo duradero que pueda llevarse del hospital.

-Eso es, eso es.

-Creo que has acertado de pleno, le va a encantar.

-¿Tú crees?

No sé...

No sé, ahora que por fin me ha dejado ir a visitarla,

no quisiera meter la pata y estropear el momento.

Y, en todo caso, si Marcelino aparece por allí,

también me puede servir para esconderme y que no me vea.

-Tendrías que haber encargado una palmera.

(RÍEN)

Ahora en serio, tienes que calmarte un poco.

-¿Sí? -No vaya a ser

que después de tanto esperar una oportunidad, la cagues al final.

-Ya, ya. Sí, hijo, tienes razón.

Tienes razón.

¿Tanto se nota que estoy nervioso?

(ASIENTE)

Verás...

He pasado muchas situaciones difíciles,

no te puedes imaginar cuántas dedicándome a esto,

pero todo lo que está pasando con Alicia

es algo que me supera.

-Tú relájate.

Y, sobre todo, no la presiones. Ya sabes cómo es.

No pretendas recuperar el tiempo perdido en una tarde.

-No, no, no. Tranquilo.

En el fondo me conformo con muy poco.

Con tal de poderle coger la mano y escuchar de su propia voz

que ella y el niño están bien, para mí ya es suficiente.

-No quisiera que te llevaras un chasco

si no responde como esperas.

-No sería el primer jarro de agua fría

que recibo por parte de Alicia, ¿sabes?

Aunque no lo sé...

No sé, hijo. No sé.

Hay algo que me dice que entre nosotros...

Presiento que algo va a cambiar muy pronto

y que ese cambio va a ser a mejor.

-Sabes que hago todo lo posible para que vuestra relación funcione.

-Sí, sí.

Lo sé, hijo, lo sé. Y te lo agradezco mucho.

-Creo que, cuando nazca ese bebé,

se suavizará todo un poco.

-Ojalá tengas razón.

Sabes que me perdí la infancia de Alicia.

No quisiera, por nada del mundo,

perderme la infancia de mi primer nieto.

(Música emotiva)

-Hasta luego.

-Se te nota en la cara, compañera.

Aunque no hubieras dicho nada, lo hubiera adivinado.

-¿En serio? Estás exagerando.

-Pero si tú para mí eres como un libro abierto.

-Ay, no.

Logré que Teresa dejase de verme como a una paciente

y ahora me vienes con la psicología.

-No, nada más lejos de mi intención.

Nos vamos conociendo y no me negarás que vienes de subidón.

-Me parecía casi imposible volver a sentirme así por alguien.

No sé, ese cosquilleo en el estómago, los nervios...

Dos personas tanteando el terreno en el mismo punto.

No sé, solo espero que todo salga muy bien.

-Disfruta del presente y deja que las cosas fluyan.

No intentes analizarlo todo porque no te va a traer

más que quebraderos de cabeza. (RÍE)

Es que estas cosas hay que vivirlas desde...

el corazón, no desde la cabeza, ¿entiendes?

-Yo te agradezco mucho los consejos,

pero, sinceramente, en cuestiones de amor,

viniendo de un solterón empedernido...

-Tienes razón. ¡Consejo vendo!

(Móvil)

-Te espero fuera, que tengo que contestar esta llamada.

Hola, Teresa.

-Qué cosas, ¿no?

Lo que nos cambia la vida algo que nos ilusione,

especialmente en el amor.

-Pues cuando tenga algo, te lo cuento.

-Para no tener nada que contar,

te he visto muy parlanchín con tu compañera.

Parecía que estabas hablando de vivencias.

-Venga, Espe, déjate de rodeos.

Has hablado con María, ¿no?

(RÍE) -¡Qué cosas tienes!

No se te escapa una.

-Venga, ¿qué te ha contado, qué te ha dicho?

-¿Qué me va a contar?

Lo que hiciste el otro día en el bar.

¿Cómo se te ocurre meterte en una relación

que está empezando?

Tuviste tu oportunidad. Ahora que está ilusionada

vas y te entrometes.

Hombre, ¿qué se te pasa por la cabeza?

-Lo que se le pasa a millones de personas.

(Música triste)

Sabes lo que tienes cuando lo pierdes.

-¿Sabes cómo se llama esa gente? ¡El perro del hortelano!

Lope de Vega ya les escribió una obra.

-¡Pues mira si es viejo el tema!

-Reconoce que hiciste mal y todo a destiempo.

-Tienes razón, Espe.

Me porté como un capullo.

Pero, ¿sabes qué? Lo volvería a hacer.

Me di cuenta de lo que sentía al verla en brazos de otro hombre.

Y pude ver mis sentimientos.

¿Tan grave es luchar por lo que se quiere?

-No, pero solo te hago ver que te has metido en una relación.

Y, además, cuando parecía que María empezaba a estar feliz.

-¿No piensas lo mismo de Jesús?

Igual él fue el que se metió.

-¿Ente tú y María? ¡Venga, hombre, no me hagas reír!

¿Era una relación telepática?

-Somos muy amigos y eso es una relación muy especial.

-Lo que no te da derecho a más que eso.

Pudiste tener lo que tiene Jesús.

Pero preferiste quedarte con tu vida de soltero empedernido

y te echaste atrás.

Preferiste una simple amistad.

-Puede que ahora me haya quedado hasta sin eso.

-Cuando quieras, Elías.

-Oye...

siento mucho que no te haya salido bien.

Todos merecemos estar con la persona que amamos.

-Usted tranquilícese y no se haga pendejo.

Si tiene alguna duda, pues que se las aclaren.

Alejandro Somoza sabe muy bien lo que está haciendo, ¿oyó?

Ah, bueno.

Me le manda saludos a su madre.

Adiós, pues.

-¿Qué pasa? ¿Don Horacio anda nervioso?

-La gente en Colombia anda diciendo que ando parado.

Que desde que llegué aquí no me movido ninguna carga.

-Igual es momento de hacer llamadas y cerrar bocas.

Pues hágalas.

Igualmente haré una videoconferencia con los jefes locales.

Si tienen qué decir, que me lo digan a la cara.

-Al final todos le van a adular.

Le van a preguntar por el vino, el fútbol y el jamón.

-Juerga de farsantes que son todos esos.

Ya me los imagino cuando los llame.

Con su risita falsa.

Total, es mi dinero el que les paga vicios, casas, viajes

y hasta el colegios de sus hijos.

-Hay que tener a la gente contenta.

-Déjeme eso a mí.

Ya tenemos una constructora que funciona

y una buena tapadera.

Y tenemos un logro importante, un policía a sueldo.

-No estaría tan seguro.

Me abordó por la calle,

quería ayuda para localizar al Flaco,

el yonqui que apuñaló a su compañera.

-¿Por qué recurre a nosotros?

-Será nuevo y no tiene contactos en el barrio.

Estaba muy interesado en encontrarlo.

Le ayudará a ganar puntos.

-Bueno,

se está ganando su confianza, no está tan mal.

-Dije que no haría nada hasta hablar con usted.

-Pero ya lo averiguó, ¿cierto?

-¿Cómo lo sabe?

-Ah, pues porque tuvo un buen maestro.

Y, como yo siempre digo,

siempre un paso por delante.

Da gusto que esté aprovechando mis enseñanzas.

-He movido algunos hilos.

Al parecer es un mindundi, vendería a su madre por una papela.

No será difícil localizarlo.

-Cuando lo localice, no se lo vaya a regalar tan fácil.

Que sepa que nos debe una.

(Móvil)

-Sí, dime, Freddy.

(ASIENTE)

Sabía que podía contar contigo.

Luego te llevo la pasta.

Al parecer lo han visto en unos billares.

¿Llamo al poli?

-Sí, llámelo.

Pero vuelvo y le repito:

no se la dé tan fácil.

No se lo regale.

Que sepa que él quien trabaja "pa" nosotros.

Dele ese recado.

-Tengo el número del Flaco. Lleva apagado varias semanas.

La típica tarjeta de prepago, que la recarga de Pascuas a Ramos.

Sin saldo podría recibir llamadas igualmente.

Si está apagado, no.

Seguramente, no sé, lo haya perdido

en un viaje o se lo han birlado.

O lo ha cambiado por medio gramo. Qué se le va a hacer.

Seguiremos otras vías.

De todas formas, échale un vistazo por si diese señales de vida.

(Móvil)

Me ha colgado.

-Ah, bueno, llámelo del mío.

(Música perturbadora)

¿Tenemos algo del Flaco?

No, inspectora.

Lo peor es que sabe que estuvo declarando en comisaría.

Cuanto más tiempo pase,

más probabilidades de encontrarlo muerto.

Sí, nadie se fía de un yonqui que pasó por el calabozo.

Es capaz de acusar a su abuela con tal de librarse

y salir a pillar su dosis.

Tengo que coger esta llamada.

¿Sí?

Podríamos llamar a hospitales y servicios sociales

y que nos avisen si lo ven malherido o pillando metadona.

La verdad, me preocupa más que le saque la navaja

a otra persona en un callejón.

No podía hablar. Estoy reportando a Miralles.

"No me gusta que me den largas".

Sobre todo si te hago un favor.

Apréndete bien a lección.

Lección aprendida. ¿Tienes algo?

"¿Ahora te entran las prisas? Por supuesto que está localizado".

Pero que te quede clara una cosa:

antes de decirte nada,

esto va por fuera de nuestro acuerdo.

Le debes una muy gorda al señor Somoza.

"Por supuesto".

Sé que no permitirás que lo olvide.

"No, no te voy a dejar olvidarte".

Ve a los billares Cartago, han visto al Flaco hace 15 minutos.

Estaba con su jefa.

-Se va a colgar la medalla él solito.

Iker, ponte con Fede a hablar con servicios sociales,

a ver con quién iba habitualmente o dónde lo encontraban tirado.

Hay que dar con él antes de que hiera a otro.

A estas alturas estará descontrolado.

No hará falta, lo tenemos.

Me ha llamado un confite, lo han visto en billares Cartago.

¿Tanta intimidad para hablar con un confidente?

Parecía una llamada personal.

Lo hago así desde que perdí a mi mejor confite.

Supo que lo escuchaba todo el mundo,

y le entró miedo de que en la calle se enteraran.

Tú sabrás.

Ahora lo importante es ir a esos billares.

¿Con quién te toca hoy?

Estoy solo.

Con la inundación de la plaza, muchos se han ido

para poner algo de orden, así que...

Lo sé, pero no quiero que vayas solo.

Déjame pensar...

¿A quién tenemos? Puedo ir yo.

Bueno, está bien. Pero no os confiéis.

Con un agente herido es suficiente.

De acuerdo, tendremos cuidado.

Tenedme informada en todo momento.

¿Vamos? Sí.

Espera, tengo que pillar mis cosas y nos vamos.

(Música alegre)

-Hola, Jesús. -¡Hey!

¿Qué tal, María?

¿Cómo lo llevas? -Muy bien.

Hoy no habíamos quedado, ¿no?

-¿Tenemos que quedar para venir a verte?

-No. No sé por qué he dicho esa tontería. Disculpa.

¿Te pongo algo?

-Para empezar, no estaría mal un beso de bienvenida.

-¿Un cafetico? -Venga.

¿Me acompañas? Esto está tranquilo,

Paty puede ocuparse.

-No te creas, tengo jaleo en la cocina.

Mañana tengo que hacer migas

y no he empezado a preparar el pan.

-Ya... -Voy a hacerte el café.

-¿Estás bien?

-Sí. Bueno, un poco ajetreada, pero...

-Ajetreada y evasiva.

-No, hombre. Lo que pasa es que...

que por la noche tengo también una reunión de vecinos.

Desde que soy presidenta tengo un lío...

-Ya...

Entonces, entiendo que no puedes faltar a esa reunión.

Una pena, ¿eh?

Nos lo habríamos pasado muy bien en el cine.

-Qué más quisiera que escaparme para ir al cine,

pero qué va, tengo que ir. -Ya...

¿No será que te apetece más ir a esa reunión

que salir conmigo?

-Por Dios, no digas tonterías. Haré como que no lo he escuchado.

-Prefiero que seas sincera.

María, yo...

¿Yo te sigo gustando?

-Claro que sí, hombre.

-No sé, estamos al principio de la relación.

Se supone que es la fase más bonita,

en la que tienes cosquilleos en el estómago.

No sé, tengo la sensación de que quieres evitarme.

-Que no.

Es verdad que llevo una semana un poco mala,

porque entre las jaquecas y todo el trabajo...

Encima esta noche me sale la reunión de vecinos...

-¿Seguro que solo es por eso?

-Que sí, que sí.

-¿No hay algo que te preocupa y no te atreves a contármelo?

Solo quiero estar a gusto contigo.

-Y yo, yo también.

(SUSPIRA)

-María, no quiero resultar un pesado.

-No eres un pesado.

-Bah, pues nada.

Me vuelvo a la tienda a seguir trabajando.

Si cambias de opinión para lo de esta noche, pues...

pues allí estaré, ¿eh?

-Vale.

Gracias por tu paciencia.

-Te lo pago luego. -Estás invitado.

-Adiós.

¿Qué? ¿Mejor?

-No me hables, no me hables.

-O sea, que sigues igual.

-Igual no, Paty, igual no. Creo que voy a peor.

¿Quién me manda meterme

en este bucle sentimental de adolescente?

-No te has metido en ningún bucle. Elías te ha arrastrado.

Él es culpable de que estés hecha un lío ahora.

-Tengo que hablar con él.

-¿Con quién, con Elías? -No, con Elías no.

Con Jesús.

Se está encariñando y puede sufrir mucho por esto.

No queda otra que hablar con él y contarle lo que hay.

No se merece estar así.

-Me parece lo mejor, María. Es lo más justo.

¡Ay! ¡Ven!

(SE QUEJA)

(Llaman a la puerta)

¿Se puede? Claro, pasa.

¿Estás sola?

No me puedo creer que tu padre se haya alejado por un momento.

(RÍE)

Le he pedido intimidad.

No sabes lo pesado que está.

(SUSPIRA) Estaría igual en su lugar.

Y te digo una cosa, tú también.

Cuando seas madre te darás cuenta de cómo cambia la percepción.

Claudia, no vayas a darme otra charla.

Tranquila, tranquila.

¿Cómo te encuentras?

Bien.

Me gustaría pedir una eco cada cinco minutos

para asegurarme de que todo está bien

y solo ha sido un susto.

Bueno, un susto...

Podría haber sido muy grave, ocho puntos.

Sí, pero me encuentro bien.

El ataque al estar embarazada impactó más.

Pero, si no, hubiera quedado en una anécdota.

Ya.

Pero el caso es que sí estás embarazada.

Eso de la anécdota lo dices tú.

Mira, precisamente viniendo para acá

estaba pensando... Por favor, no sigas.

Sabes que no fue en acto de servicio.

Iba a clases de preparación al parto, lo sabes.

Lo sé.

Pero no sé...

Has arriesgado mucho, no te puedes exponer así.

No me expuse, fue mala suerte.

Claudia, soy policía.

Quiero desempeñar mis funciones en la medida de lo posible.

O no voy a poder ir a un interrogatorio

o bajar a los calabozos.

Cuando has entrado dije que estaba preocupada por el bebé.

¿Crees que pondría su vida en peligro

si creyera que hay riesgo?

Sé que no.

Y sé que tenemos que dejarlo o nos darán las uvas.

(Móvil)

¿Sí? "Soy Iker.

Tenemos al Flaco, lo acabamos de detener".

Muy bien. ¿Alguna complicación?

"Nada, lo típico.

Ha protestado a su modo, pero ya le requisamos la navaja.

Lo llevamos para comisaría".

Fantástico, voy para allá.

Iker y Fede acaban de detener al Flaco.

¿Fede? Bueno, ya te lo contaré.

No hagas esfuerzos, tienes los puntos.

Venga, te dejo.

Gracias por todo.

(Música emotiva)

No pensé que quedaran sitios así, macho.

Cuatro nostálgicos que prefieren el tacto del taco y del tapiz.

El sitio debió ser importante en su época.

Tenía unos recortes de periódicos, ¿no te diste cuenta?

Creo que hacen torneos nacionales de billar.

Mira en lo que se ha convertido. Un antro para quinquis como este.

La verdad es que no ha estado mal.

Digo, como estoy acostumbrado a estar entre monitores y pantallas,

una detención real...

He vuelto a sentir la adrenalina,

el cosquilleo ese antes de intervenir.

He dicho: "¿Por qué no dejas la cueva y te lanzas a la calle?".

Tranquilo, solo es peligroso entre chute y chute.

Míralo, hecho un trapo.

Eh, bella durmiente, a despertar, que hemos llegado.

Un trapo, pero a Alicia la ha mandado al hospital.

Menos mal que está fuera de peligro. Veremos dónde acaba este.

¡Venga!

Vamos, el calabozo te espera.

Y a ver dónde te manda el juez.

Lo tienes chungo, Flaco.

A ver si vas a recibir como la cabrona de tu compañera.

¿Qué parte del derecho a guardar silencio no has entendido?

Tranquilito, tranquilito.

-¿Lo dices tú? -Sí.

(Música emocionante)

¡Quieto! (SE QUEJA)

Mira lo que le has hecho.

Ahora te vas a estar quieto y a pedir perdón.

Vale, te lo prometo.

Pero no aprietes más, me duele todo el cuerpo.

Eso te lo hacen las drogas, capullo, no yo.

Tu viaje va a terminar en la cárcel.

¿Estás bien? Sí, ha sido un golpe de nada.

Ven aquí. A ver, ¿qué tenías que decirle a mi compañero?

Lo siento. ¡No te oigo!

¡Lo siento, no sé qué ha pasado! Es el mono.

De verdad, lo siento.

De verdad.

Anda, tira. Solo necesito dormir, nada más.

Te daremos un par de cafés, te necesitamos despierto.

Ve a que te echen un vistazo. Esto no es nada.

Con esto he tenido acción para dos o tres años.

¡Vamos!

(Música emotiva)

¡Alicia! ¿Qué haces levantada?

¿No tendrías que estar descansando?

Gracias por el detalle.

Eh... No hay de qué.

No sé, pensé que ya estarías cansada de recibir tantas flores,

así que he querido traerte algo diferente.

¿Cómo estás? ¿Cómo te encuentras?

Mejor, mucho mejor.

Una vez superado el susto inicial,

los médicos dicen que me recuperaré pronto.

Esa es una muy buena noticia. Me alegra mucho.

El bebé, ¿qué tal? ¿Todo está bien?

Afortunadamente, no le ha pasado nada.

Bien, bien. Estupendo.

Oye, quiero decirte que...

que estoy significa mucho para mí.

El hecho de que me hayas permitido venir a verte.

Porque estaba muy preocupado por ti.

Puedo imaginármelo, por eso he accedido a verte.

He estado a punto de perder a mi hijo, así que...

creo que sé algo de cómo puedes sentirte.

Me costó mucho hacerme a la idea de ser madre,

pero ahora sé que...

esa decisión ha cambiado la perspectiva de todo.

Ah, ¿Sí?

(VACILA) ¿También ha cambia la...

perspectiva sobre nuestra relación?

Todavía no sé cuánto, pero sí.

Ahora sé perfectamente lo que siente un padre.

No sabes cuánto tiempo llevaba deseando escucharte decir algo así.

No quiero confundirte. Igual no me he expresado bien.

Una cosa es que sepa cómo te sientes

por el hecho de que voy a ser madre,

pero eso no significa que te considere mi padre.

Hum... Sí, claro, claro.

Esta visita es un hecho puntual.

No quiere decir que desde ahora tengamos una relación

de padre e hija, sabes lo que opino al respecto.

No te preocupes, Alicia. Lo comprendo perfectamente.

Sabes que yo también soy una persona

que me conformo con muy poco, de verdad.

Esto para mí ya es un gesto maravilloso

y muy importante.

Supongo que poco a poco irán cambiando las cosas.

Eh... (CARRASPEA)

¿Y cuándo dices que te dan el alta?

Todavía no lo sé,

hasta que no me la den no estaré tranquila.

Quieren asegurarse de que cicatriza sin infectarse.

Y hacen monitorizaciones frecuentes al bebé para ver que va bien.

Has tenido mucha suerte.

Cada vez que pienso lo que podría haber hecho ese maldito yonqui,

me pongo enfermo.

Con el síndrome de abstinencia son capaces de cualquier cosa

con tal de conseguir una dosis.

Pero bueno... lo importante es que tanto tú como el bebé

estáis bien, eso es lo que importa.

¿Sabes? Desde que me enteré de que estabas embarazada

no he dejado de pensar, de darle vueltas a la cabeza.

Verás, cuando me enteré de que eras mi hija,

me enfadé muchísimo con tu madre.

Porque no podría llegar a entender

cómo nos había ocultado algo así tantos años.

No sigas con ese tema.

Espera un momento, lo pido por favor.

Cuando supe también que estabas embarazada

y tu decisión de seguir adelante con el embarazo,

entonces sí entendí y comprendí a tu madre.

La he llegado a perdonar.

¿Sabes por qué?

En aquel entonces yo estaba en la cárcel.

Ya lo sabes.

Y la vida no era nada fácil.

Mucho menos para una mujer sola. Tu madre hizo lo que hizo

para darte lo mejor.

Para darte un futuro.

Estoy seguro de que tú estarías siempre dispuesta a hacer lo mismo.

¿A que sí?

Lo que ti madre hizo por ti

fue un verdadero acto de amor.

Estuvo dispuesta a cargar con esa mentira toda su vida

con tal de protegerte.

(LLORA)

(Beso)

¡Eh!

-¿Cómo va?

¿Cuadra o no cuadra?

-Sí, estoy... me quedan un par de facturas por meter.

-¿Es mi impresión o no estás muy centrado?

Normalmente lo haces más rápido.

-Puede ser, sí.

-Oye, David,

tú tienes mucha confianza con Paty, ¿no?

-Sí, bastante. ¿Por?

-María sigue estando muy rara conmigo

y quería saber si te ha comentado algo.

-Te dije que ella no sabe nada.

-Bueno, bueno.

¿Se puede saber qué te pasa?

-Me gustaría hablar contigo sobre algo.

-Dime, ¿qué te preocupa?

-Te advierto, es de un tema del que no te gusta hablar.

Quiero conocer más cosas sobre mamá.

-Hijo, no sé qué te ha dado con el tema.

Sí, es verdad.

Es verdad, no me gusta hablar de esto.

Es muy doloroso para mí.

-También me duele no saber prácticamente nada de ella.

-Está bien.

Está bien, ¿qué quieres saber?

-Me has dicho que se llamaba Marina,

pero seguro que tenía un segundo nombre.

-¿Es eso lo que te preocupa?

Sí, Victoria.

Marina Victoria Lafuente Aleixandre.

¿Algo más? -¿Sus padres cómo se llamaban?

-Pepe y Amalia, lo sabes.

-Sí, pero me lo has dicho una o dos veces en la vida.

-Pero te lo dije, no te he ocultado nada.

-¿Seguro?

-Hijo, no sé a qué viene esto ahora.

-¿Dónde tuvo el accidente?

-En una comarcal, cerca del pueblo.

-Pero dónde exactamente.

Cuando vamos veo flores y cruces en algunos puntos,

me gustaría saber si alguno es donde murió.

(SUSPIRA) -De verdad, no entiendo nada.

Cuando has dicho que querías saber pensé que querías saber

si te cantaba algo antes de dormir,

cómo era su pelo, anécdotas así.

Pero todas estas preguntas, parece que rellenemos un cuestionario.

-Sí, el que he tenido que rellenar yo

para ver que no hay certificado de defunción

de Marina Victoria Lafuente Aleixandre.

Ni un triste dato ni una noticia de su accidente.

Sí, papá.

He ido al registro. ¿Sabes por qué?

Porque mi madre pagó una multa de tráfico hace cinco años.

¿Qué explicación le encuentras a eso?

(Música tensa)

No vayas a decirme nada que no sea la verdad.

¡Basta de mentiras!

Es mi madre.

Tengo derecho a conocer la verdad.

-Tu madre murió en un accidente.

¡David!

(SUSPIRA)

-Qué va, qué va.

Yo en aquella época bailaba peor que un pato mareado.

Tuve que correr a apuntarme a clases.

¿A clases de baile con 17 años? Sí, sí.

(RÍE)

Ni te imaginas la cara que puso tu madre

cuando le dije que no sabía bailar.

Lo primero que pensé fue: "Esta me va a dejar, seguro".

Como no quería perderla, porque era la más bonita que había visto,

fui corriendo a apuntarme a clases de baile.

También me convertí en el cachondeo de toda mi pandilla.

No veas la que me dieron durante meses.

Seguro que sabías arreglártelas tú solo.

No, no te creas.

En esa época, la vida en el barrio era muy distinta.

Sin ser de las peores,

fíjate que mi pandilla estaba llena de quinquis.

Los estudios acababan antes, eso el que los terminaba.

Tampoco había mucho trabajo, la verdad.

Fueron tiempos muy duros.

Espero que él o ella tenga más suerte.

Seguro que sí.

Por cierto, ¿sabes ya si va a ser niño o niña?

No, todavía no.

La verdad es que no sé si quiero saberlo.

¿Sabes? Me siento muy feliz

por verte así, sonriente.

Es la primera vez que te veo tan tranquila y relajada.

Deben ser las hormonas. Sí, supongo.

Alicia, ¿no crees que deberías descansar?

Llevas un rato intentando caminar y estamos charlando...

-¡Alicia, qué haces levantada!

Te han recomendado reposo.

No tendrías que haberte levantado.

-No sé, lo siento mucho.

Culpa mía, no sabía que tenía que guardar reposo absoluto.

-Normal. No se aprende a ser padre de repente.

¿Qué hace aquí él? Quedamos en que no era bienvenido.

Ya vale, papá.

Le he dejado venir.

¿Tú? Sí. Estaba de pie cuando llegó.

Necesitaba estirar las piernas.

Bueno, se te van a soltar los puntos.

Tranquilo, no es para tanto.

El médico dijo que me podía incorporar si tenía fuerzas.

Vale de protestar, a descansar.

-Será lo mejor, Alicia.

Yo creo que me voy a ir para que puedas descansar.

Si necesitas algo, que te traiga cualquier cosa,

solo tienes que decírmelo.

Si hace falta que haga turnos...

-¡Vete de una vez!

¿No ves que sobras?

Hija, ¿estás bien?

Papá, no me encuentro bien.

Me duele.

¡Enfermera! ¡Un médico, rápido! ¡Por favor!

-Necesitamos que salgan.

No pueden estar aquí, por favor.

(Música tensa)

-Tu madre no es como esperas.

-¿De qué hablas?

(SUSPIRA)

¡O me cuentas la verdad ahora mismo

o te juro que cojo esa puerta...! -¡Está bien!

Está bien, está bien.

Está bien.

-¿Cómo puedes tener la desfachatez

de responsabilizarme a mí de eso?

¿No se te cae la cara de vergüenza?

¡El único responsable eres tú!

¿Por qué has dejado que se incorporara?

¡Tiene que guardar reposo absoluto!

Te prohibí visitarla. -No eres quién para prohibirme nada.

Yo estaba aquí con el permiso de mi hija.

Es el único permiso que necesito tener.

-Hola, Jesús. -¿Has visto a David?

-No ha estado aquí en toda la tarde. ¿Por?

-Lo llamo al móvil y nada.

-¿En serio? Qué raro. A ver si ha pasado algo.

-Hemos tenido una bronca y se ha marchado.

Desde entonces no sé nada.

-¡Ay! -¡Perdona!

He presionado demasiado con el algodón.

¡Así!

Lo importante es mantener la herida limpia

para que no se vuelva a infectar.

-Vale.

(SOPLA)

-¿Han conseguido parar la hemorragia y está fuera de peligro?

-La única manera de pararla es operando.

-¿La van a ingresar otra vez en quirófano?

No hay otra. Si el sangrado no es excesivo,

pero si continúa creciendo puede hacer que explote la aorta.

-¡Dios! ¡Dios!

La inspectora a la que acuchillaste está embarazada.

¿Y cómo está?

¿Y el bebé?

Ha sufrido una complicación por una hemorragia.

Le puede costar la vida.

Lo tienes a punto de caramelo. Si aprietas, lo contará todo.

(SUSPIRA) Seguro que la caja que encontramos

con droga en la papelera es suya.

La clave está en que te diga el nombre

de su proveedor.

Hay un problema con su grupo sanguíneo.

-Alicia es 0-.

-Un tanto por ciento muy pequeño tiene ese grupo sanguíneo.

Sin reservas suficientes, los médicos no se atreven.

Sobre todo en estas operaciones.

-Yo no soy 0-.

-Yo tampoco.

-Me merezco todo lo que me caiga encima.

-Ya puedes rezar

por que los dos salgan ilesos del quirófano, madre e hijo.

Porque, si no, prepárate para que te acusen de asesinato.

-Lleva toda la vida mintiéndome.

¿Y si mi madre es una buena mujer?

¿Y si él la apartó de su lado porque no la quería?

-Si fuera así, igual ella habría intentado

contactar contigo.

-¿Y si la tenía amenazada? -¡David!

-Después de ver cómo reaccionó en el atraco,

lo veo capaz de cualquier cosa.

  • Capítulo 243

Servir y proteger - Capítulo 243

18 abr 2018

Tano ayuda a Iker a localizar al Flaco. David decide exigir a Jesús que le cuente toda la verdad sobre su madre. Tras haber pasado la noche con Teresa, Nacha tiene dudas. Quintero visita a Alicia en el hospital y algo inesperado ocurrirá.

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