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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 218 - ver ahora
Transcripción completa

Tenemos que presentarnos. Si vamos juntos, seguro que ganamos.

-"Primer concurso gastronómico vegetariano Distrito Sur".

-Me apetece dejar huella en el barrio,

aunque sea con esta chorrada.

-No sé, yo, de verdad, es que no lo veo.

-¿Qué te ha hecho cambiar de opinión? -Pues mira, una conversación ajena.

He oído a una chica que le decía a un chico

que más vale arrepentirse de haber hecho algo

que no pasarse toda la vida arrepintiéndose

de no haberlo hecho.

-Antonio, desde que sé que tengo cáncer,

nunca me había sentido tan bien de ánimo

ni tan positivo como ahora. ¿Todo gracias a quién?

A mi médico, que hace maravillas conmigo.

-Mateo, ¿cómo se llama ese médico?

-No, no. Prefiero que no interfieras.

-Está en manos de un charlatán

que dice que su cuerpo no se va a curar con química.

Me metí en su web

porque dio su nombre en la consulta del doctor.

¿Y qué has descubierto?

Un pseudomédico que dice que se va a curar con alimentación,

con suplementos de vitaminas y con meditación.

-No, si ya me previno de que esto iba a ocurrir.

-¿El qué?

-Cualquier tratamiento alternativo al tradicional

se desprestigia para proteger un negocio millonario.

-No sabes la impotencia que tengo

de ver cómo te están engañando de esa manera.

-Estoy haciendo el seguimiento de las visitas

que ha tenido nuestro anuncio para encontrar compañera de piso.

-¿Y qué tal? ¿Cuántas ha habido? -Ni una.

-Te voy a contar un secreto. -A ver.

-Muy prontito voy a dejar de vivir en el cuchitril donde estoy

y me voy a mudar a un piso que vamos,

que tiene todo lo que uno puede imaginar.

-En un mundo ideal ya tendríamos una compañera perfecta,

pero la triste realidad es

que solo tenemos una candidatura aceptable, Fede.

-Pues nada, me dais el número de cuenta

y hoy mismo os hago la transferencia.

-Que no, no te preocupes, no corre tanta prisa.

-Lola tiene toda la razón del mundo,

o sea, cuanto más claro esté todo antes de entrar, mucho mejor.

Yo no me fijaría nunca en una mujer como Lola.

Ya soy mayorcito y sé perfectamente que no tendría ninguna posibilidad.

Con esa actitud, desde luego que no.

Pero bueno, como no te gusta, no tienes por qué preocuparte.

¿No? Digo, que

no te molestaría que alguien se te adelantara.

Estoy embarazada, Nerea.

¿Estás segura?

Hice la prueba justo antes de que llegara mi padre.

Ser madre sola es una de las cosas más difíciles

que te pueden tocar.

Cuando cogí en brazos por primera vez a Olga

y la miré a los ojos,

supe que daría mi vida por ella.

¿Estás embarazada?

Pero ¿por qué no me lo has dicho antes, hija?

¿Estás bien? ¿Sí? Sí, estoy bien.

Estoy de casi tres meses

y si no te lo dije antes fue porque me pilló por sorpresa

y porque necesitaba tiempo para digerir la noticia.

Lo entiendo, claro.

-He traído una carpeta a cada uno con información

que quiero que os leáis detenidamente.

¿Estás queriendo decir

que espiemos a uno de nuestros agentes?

Tenemos que asegurarnos

de que no hay ninguna manzana podrida en este cesto.

Yo en esta carpeta no veo ni una sola prueba,

son indicios.

Ahora, si tú lo ves claro, Ibarra, adelante.

Y, si me disculpáis, tengo que marcharme.

¿Quieres que te diga lo que pienso?

Que, en el fondo, a nuestro comisario le hace gracia

el carácter alegre de Iker. Aquí hay algo más.

(Música emocionante)

Cuidado, que quema.

Hola, Paty. Ponme un té, por favor.

Ahora mismo.

¿Qué tal, cariño?

¿Has podido hablar con Mateo? Sí, ahora mismo.

He estado hablando con él, se enfadó

y se largó, dejándome con la palabra en la boca.

¿Y eso? ¿Qué ha pasado? Lo que me temía,

que ha caído en manos de un farsante

que dice que le va a curar con no sé qué terapia extraña

y eso no es así, ¿sabes?

Se somete inmediatamente a quimioterapia

o, si no, va a morir.

Se lo he intentado explicar de todas las maneras posibles,

pero me dijo que quién era yo para meterme en su vida,

que él había venido a verme como amigo,

que no le interesaba mi opinión profesional

y se fue de malos modos.

Oye, ¿y te ha dado algún dato más del curandero ese?

Sí, es un tal Justo Ramírez.

Te metes en internet, tecleas y aparece un montón de información,

bueno, supuestamente, científica.

¡Menudo pavoneo se da el pajarito ese!

¿Es médico?

Bueno, se presenta

como médico especialista en medicina natural y protomolecular.

¿Protomolecular? ¿Eso existe?

Sí, es una terapia natural que dice curar el cáncer

con dosis masivas de vitaminas,

que eso respeta y potencia la capacidad del cuerpo humano

de curarse a sí mismos.

Bueno, tiene un blog

y un montón de vídeos en redes sociales.

Pero escúchame, ¿es médico o no es médico?

¡Que no, qué va! No tiene ningún título de Medicina.

Es un farsante que está engañando a todo el mundo.

Y Mateo ha caído en sus redes. Eso es.

(RECHISTA) Y como siga esta terapia,

está firmando su sentencia de muerte.

Yo no entiendo cómo hay gente

que puede caer en las redes de esos charlatanes, de verdad.

Tú lo has dicho, porque son charlatanes

que saben perfectamente decirte lo que quieres escuchar.

Son encantadores de serpientes, saben tocarte en la fibra sensible.

Ya, y, sobre todo,

cuando la gente está en situación límite.

Cuando ven la muerte de cerca,

son capaces de creerse cualquier cosa.

Pues eso es, gente desesperada, y bueno, sobre todo,

los que son escépticos con la medicina convencional.

Ya. Y, además,

la mujer de Mateo

murió hace años en Argentina de cáncer.

Y la habían tratado con métodos convencionales, ¿no?

Eso tuvo que hacer mella en Mateo

y ahora ve en este Justo Ramírez pues un mesías o algo así.

Claro, pues no me sorprende que sea escéptico.

Si a su mujer la habían tratado con medicina tradicional,

pues es lógico. ¡Ay, Claudia!

Es la única que tenemos y la única que cura.

Gracias, Paty. Otra cosa es que el cáncer

pues es una enfermedad terrible. Por mucho que hagamos,

muchas veces perdemos a nuestros pacientes,

pero me puede ocurrir a mí.

Ay, cariño, no digas eso, por favor. Que nadie estamos a salvo, ¡es así!

Mira, recuerdo las palabras de un profesor

que tuve en la universidad:

"Medicina es una carrera contra la muerte.

Podemos sacarle ventaja, podemos retrasarla,

pero, al final, siempre gana la batalla.

Es ley de vida".

¿Pero tú crees que lo de Mateo no tiene solución?

Si sigue esa terapia, es un suicidio.

Pero si él lo tiene tan claro, tú no vas a poder hacer nada,

lo sabes, ¿no?

Pues, aun así,

voy a seguir intentándolo.

Tengo que abrirle los ojos.

¿Qué vas a hacer?

Me voy a ir, voy a ir a buscarle, voy a seguir hablando con él.

No, tiene que escucharme.

Eh, que tengas suerte y mucho ánimo, ¿eh?

Venga.

¿Nos llamabas, tío?

-Sí. -¿Qué pasa?

¿Qué es eso tan importante que tenías que decirnos

que no puede esperar?

-Alicia está embarazada, ¡voy a ser abuelo!

-¡Ah! Joder, no me des estos sustos.

Oye, ¡pero es una noticia estupenda! Felicidades.

-Gracias.

(SUSPIRA)

-¡Felicidades!

-Oye, ¿pero,

pero tú no lo sabías, Alicia no te ha dicho nada?

-Bueno, sí y no.

Sí, lo sabía, pero no podía decir nada.

-Ya. ¿Y desde cuándo lo sabes?

-Tampoco desde hace mucho.

La encontré rara y le insistí, le insistí

y, al final, me lo dijo,

pero casi me hizo jurar que no diría nada.

Quería darte ella la noticia.

-Pues me alegro porque ha sido la mejor noticia que me podían dar,

sobre todo después de lo que hemos pasado.

Y no sabéis la ilusión que me hace ser abuelo.

-Hola. Ah, perdona. No sabía que estabais reunidos.

No quiero interrumpir nada,

pero como me has dicho que viniera tan urgente...

¿Qué pasa?

¿Por qué me miráis así?

-Alicia está embarazada.

-¿De verdad?

-¡Vamos a tener un nieto!

-¡Ay!

¡Cuánto me alegro, de verdad!

-Bueno, pues voy a pedir una botella porque esto hay que celebrarlo.

-Yo no sé si debería a estas horas,

que tengo que atender en diez minutos a Minuesa

y no me quiero cantarle "Asturias, patria querida".

-Venga, a ver, González, por favor,

que un día es un día, hombre,

y los clientes, por ahora, ¿eh?, pueden esperar.

¿Tú no sabes que un bebé siempre trae un pan debajo del brazo?

Pues mi nieto va a traer, por lo menos, dos.

Y qué bien suena eso de "mi nieto".

-O nieta.

-Bueno, pues por la nueva generación de Ocaña vamos a brindar.

-¿Y Alicia?

Está contenta con la noticia, ¿no?

-Pues sí, muy contenta y muy ilusionada.

-No es para menos, dadas las circunstancias.

-A ver, para ella también ha sido una sorpresa enorme.

Pensó que era una falta debido al estrés

o la angustia por la que estaba pasando, pero...

-Bueno, futuros abuelos, muchas felicidades.

Esto lo tenemos que celebrar a lo grande, ¿eh?,

pero me voy al trabajo, que tengo mucho que hacer.

-Yo también. Felicita a Alicia de mi parte.

Hasta luego, Montse.

(SUSPIRA)

-Me alegro mucho, Marcelino.

La llegada de un niño a la familia es una alegría muy grande para todos.

Los niños son la alegría de la casa

y nosotros vamos a ser unos abuelos estupendos.

-Vamos a tener que ayudar mucho a Alicia.

A ver, imagínate, sola

y cuidado a un hijo, pues...

-Pero, por supuesto, nos tiene a nosotros

y a la familia de Rober.

-Y a un cenizo que se empeña en ser su padre.

Imagínate cuando Quintero sepa que,

que va a ser abuelo.

Es lo que más me fastidia.

-¿Crees que Alicia se lo va a contar? -No lo sé,

pero tarde o temprano se va a enterar

y, conociéndolo, no se va a estar quieto.

Exigirá ejercer como abuelo

y eso pues significará problemas para todos.

-Bueno, ni pienses en eso, no merece la pena.

El que va a ejercer de abuelo de ese niño eres tú.

Alicia tiene muy claro quién es el auténtico abuelo del bebé.

¿Eh?

-Sí, llevas razón, Montse.

Ahora lo que toca es disfrutar de esta buena noticia.

-¿Tampoco te han enseñado a llamar a la puerta?

-Supongo que sabe a lo que vengo.

-Tu jefe quiere una respuesta, ¿no? -Exacto.

-Y tú estarás deseando escucharla.

-Por supuesto,

aunque ya sé cuál es.

No hay nadie tan loco en este mundo como para rechazar a mi patrón.

-Vaya, pues creo que te voy a sorprender bastante

porque mi respuesta es no.

He estudiado con calma y detenimiento la situación

y no tengo ningún interés en hacer negocios con vosotros,

ya puedes decírselo a tu jefe.

-¿Está usted seguro de esa decisión?

-Completamente seguro,

me tomo muy en serio este tipo de decisiones

y nunca dudo.

Mire que es una oferta muy generosa,

mi patrón no suele ser tan espléndido.

-No es una cuestión de dinero,

te repito mi respuesta, no.

(SUSPIRA)

-Don Alejandro le considera a usted un hombre muy respetable,

no quiere tener conflictos con usted.

-Yo tampoco quiero tener ningún tipo de conflictos con Somoza.

Ya te he dicho que he estudiado detenidamente la situación

y, ahora mismo, prefiero seguir trabajando solo,

no tengo intención de asociarme con nadie.

-Mi patrón se va a sentir decepcionado.

Él tenía grandes esperanzas

en que fueran ustedes grandes camaradas.

-Podemos seguir siéndolo, ¿no?

Pero cada uno en su sitio y respetando el territorio del otro.

-Mire, señor Quintero,

mi patrón está haciendo un gran esfuerzo,

se lo digo de corazón.

Él no suele hacer la misma oferta dos veces.

Esta decisión suya va a hacer que mi patrón se enfade

y, cuando mi patrón se enfada, pasan cosas.

-Sé muy bien quién es Alejandro Somoza,

lo que no sé es si vosotros sabéis quién soy yo.

Llevo muchos años trabajando en este negocio

como para permitir ahora que llegue alguien de fuera

y se quede con lo que tantos años me ha costado conseguir.

También puedes decirle una cosa a su patrón:

no me asustan sus amenazas.

-Voy inmediatamente a decírselo, sí.

Lo siento por usted, señor Quintero, de verdad se lo digo.

-Que tengas buen día.

-¿Qué quería ahora?

-Anoche fui a ver a Somoza

y por fin puso las cartas boca arriba sobre la mesa.

Me dejó las cosas bien claras:

o nos asociamos y hacemos negocios juntos

o si, por el contrario, me niego,

va a hacer todo lo que pueda por arruinarme la vida.

Tano solo ha venido a escuchar la respuesta.

-¿Le ha dicho que no?

-Por supuesto que le he dicho que no.

No voy a consentir

que aparezcan ahora cuatro colombianos

para quedarse con mi negocio.

Ellos dicen que no lo pretenden, que no es lo que intentan,

pero tú y yo sabemos qué es lo que quieren.

-Sí,

pero no se lo vamos a permitir.

-No, no se lo vamos a permitir,

pero tenemos que estar muy preparados, Jairo.

A partir de ahora vamos a reforzar la seguridad

y no solo de la empresa,

lo más importante es reforzar la seguridad de los camiones.

Quiero que hagas lo posible por variar las rutas

y los horarios, ¿de acuerdo? Hasta que yo te diga.

-De acuerdo.

Si le sirve de algo, don Fernando,

yo no tengo ningún miedo.

-Pues yo, sí,

yo sí que tengo miedo, Jairo,

y no es malo tenerlo

porque el miedo siempre te mantiene alerta.

-Y el odio también te mantiene alerta,

las ganas que tengo de vengar

hasta la última gota de la sangre de mi hermano.

(Móvil)

Mamá, a ver.

Te escucho fatal.

¿A ir a ver a Alicia? Vale, venga, ahora te veo.

Un beso.

-¿Ir a ver a Alicia con tu madre? ¿Por qué? ¿Le pasa algo?

-No, no le pasa nada,

solo que mi madre había quedado en ir a verla

y quiere que la acompañe.

-Está bien, tómate libre el resto de la tarde

y acompaña a tu madre.

Lo que tienes que hacer, lo puedes hacer por teléfono.

-Gracias.

(Puerta)

¿Tienes un momento?

Sí, sí, claro, por supuesto.

Es sobre Iker Lemos.

Esta mañana,

cuando hemos estado hablando del asunto,

me he pasado un poco.

Sí, no tenía que haber puesto tantas trabas

a que se le abra una investigación en Asuntos Internos.

Pues la verdad es que me ha sorprendido, Emilio,

parecía que no había argumento que te convenciera.

Perdona, si ni siquiera tiene que ver con Iker, vamos,

que no es nada personal con él, es solo que,

oye, que me fastidia que vuelvan los de Asuntos Internos

a meter las narices en nuestra comisaría.

No soporto estar siempre en la boca de los compañeros.

Hombre, se supone que iba a ser una investigación

muy discreta, ¿no? Un simple seguimiento.

Bueno, he vuelto a mirar el expediente de Iker

y sigo pensando lo mismo que esta mañana,

no hay ninguna prueba, ni siquiera hay un indicio

por el que podamos decir

que se dejó su honra por un narcotraficante.

Si en eso estamos de acuerdo, Emilio,

lo que pasa es que creo que no perdemos nada

por adelantarnos a los acontecimientos,

mejor que lamentarlo después, ¿no?

Tú siempre has sido una defensora a ultranza

del buen nombre de tus agentes

y ahora, por una sospecha,

¿vas a enviar a uno de ellos a los leones?

Bueno, a no ser que...

Que, ¿qué?

Que no le consideres uno de tus agentes.

Al fin y al cabo, fui yo quien te lo impuso.

¿Es por eso?

No seas injusto, tú sabes perfectamente

que no hago distingos entre mis agentes.

Yo no digo que actuaras de mala fe,

pero, a lo mejor, sin darte cuenta has pagado con Iker

algún problema que tienes conmigo.

Mira... A ver, Claudia,

yo sé que la manera de llegar a comisaría

no es la habitual, pero es un buen policía.

Oye, ha resuelto dos casos y se le ha felicitado por ello.

Creo que, al menos, se merece

que le des el mismo voto de confianza

que le has dado a otros. Sí, hombre, a todo el mundo hay

que darle el mismo voto de confianza.

Gracias, Claudia, sabía que íbamos a entendernos.

Antonio, ¿cómo estás? Vamos tirando, comisario.

Me alegro de verte. Chao.

¿Qué tal, cariño?

¿Has podido hablar, finalmente, con Mateo?

No, he ido a su casa y no está y su teléfono está apagado.

Igual se ha ido de Madrid. Qué va,

me lo hubiera comentado.

Además, no le vi con ganas de irse de Madrid, la verdad.

¿Y si le ha pasado algo? No te pongas en lo peor.

Igual, yo qué sé, se le acabó la batería

o se le ha estropeado el móvil. Seguro que mañana lo localizas.

No tenía que haberlo dejado salir del bar.

¿Y qué ibas a hacer? ¿Atarlo a una mesa?

Antonio, por Dios,

estás haciendo por tu amigo lo que puedes.

Además, él no se deja ayudar.

Le he dejado un montón de mensajes suplicándole que me llame y nada.

¿Sabes lo que vamos a hacer? Mira,

me cambio y nos vamos a casa

o nos vamos a picar algo por ahí, ¿vale?

Que yo creo que necesitamos los dos despejarnos.

Espérame aquí.

(Puerta)

Hola.

-¿Qué ha dicho?

-Quintero no da su brazo a torcer,

está empeñado en no hacer negocios con usted.

-Pero es que qué tercos y orgullosos son estos españoles.

No sé qué es lo que les pasa.

Si le digo la verdad, yo pensaba que ayer iba a ceder.

Estuvo nervioso y hasta asustado lo vi.

Disimulaba, el cabrón, pero yo huelo el miedo a quilómetros,

tengo muchos años en esto.

-Está claro que no sabe con quién está tratando.

En Colombia nadie se hubiera atrevido a hacerle este desprecio.

-Pues o es un insensato

o no sabe con quién se va a enfrentar

o es que es demasiado inteligente y poderoso

y lo estamos minusvalorando.

De todas maneras, nos toca esperar a ver qué pasa.

Yo es que pensaba que de este lado del charco

todo iba a ser más civilizado, pero qué va.

La gente es gente donde sea, ¿sabe?

Vamos a poner en marcha el plan B.

-Quintero no ha picado con el cebo del dinero,

igual podemos encontrar algún punto débil

y presionarlo de otra manera.

-¿Pero es que no entiende que estoy "mamao"?

¿Ah?

Estoy "mamao" de ser paciente con toda esta gente.

Ya me mataron un hijo y pude contenerme,

no, pues ya.

Es hora de que conozcan al verdadero Somoza.

-Lo pongo todo en marcha, patrón.

-Y no se le olvide una cosa:

me averigua, por favor, todo lo que hablamos el otro día.

Quiero saber todo lo que tiene que ver

con los policías de Distrito Sur, en especial con Alicia Ocaña.

-Por supuesto.

Si no desea nada más, don Alejandro.

-Tano,

hazme el favor,

llame a la floristería de Cali

y dígale que manden 27 rosas amarillas

y las tiren al río Cauca, por favor.

-Para su hija.

-Sí, como todos los años.

Hoy estaría cumpliendo 27 años.

-Perdone que me meta donde no me llaman, don Alejandro,

pero ahora entiendo

por qué estaba usted todo el día tan triste.

-Todos los cumpleaños son muy dolorosos.

Usted no conoció a Valentina.

-No, todavía no trabajaba con usted.

-Mi hija Valentina

era la niña más bella de Cali,

la más feliz,

siempre contenta.

Eso era lo único inocente que yo tenía en mi vida,

rodeado de tanta criminalidad inmundicia.

Fuimos a pasar un día al campo,

junto al río Cauca.

Valentina salió corriendo de recoger flores

y se acercó mucho al río.

Yo estaba distraído, hablando por el celular.

Cuando volteé, ya no estaba,

se había resbalado y se había caído al agua.

Salí como un loco corriendo a buscarla

hacia el río, pero

ya no estaba.

Había desaparecido.

(Timbre)

-Hola, Alicia.

Qué alegría me da veros.

Qué guapa estás, hija.

¿A que sí, Jairo? ¿A que está muy guapa?

-Hombre, está guapa, como siempre. Pasad.

¿Queréis tomar algo? ¿Un café?

No si venimos ahora de tomar uno, precisamente.

Bueno, ¿qué es eso tan importante que nos tienes que contar?

¿No os queréis sentar?

¡Ay, madre mía de mi vida!

Cuando te dicen eso, es que es algo malo.

No, Felisa, no es nada malo,

todo lo contrario.

Bueno, dilo ya.

Antes de que Rober se marchara,

quiso dejarnos un regalo para toda la vida.

¡Ay!

Ay, no me digas eso. Sí.

¡Ay, hija mía de mi vida! ¡Ay, qué bien!

¡Ay, qué maravilla!

Ay, qué alegría más grande. ¡Ay!

-Cuando podáis, me contáis de qué va esto.

-Jairo, por Dios, tan listo que eres para unas cosas

y no te estás enterando de nada.

Estoy embarazada.

¿Cómo?

Pues eso, Jairo, que vas a ser tío.

Cuánto me alegro,

es que, es que esto es un milagro.

Un hijo de mi Rober.

Es un milagro, Alicia.

Y, además, nos va a recordar mucho a él.

¿No te lo parece, Jairo?

Sí,

sí, sí, si estoy contento, estoy muy contento,

lo que pasa es que pienso en Rober, en lo que le gustaban los niños

y en que no va a poder estar aquí para disfrutar de su propio hijo.

Bueno,

tenemos que pensar todos en ese niño como en un regalo maravilloso

que Rober nos ha dejado

y tenemos que criarle y educarle con todo nuestro cariño

y que sepa por nosotros que

su padre era una persona muy especial y muy querida.

Claro que sí,

vamos a darle todo el cariño del mundo.

A mí me lo puedes dejar siempre que quieras.

Eso sí, te lo voy a malcriar, como todas las abuelas.

Vas a ser una abuela estupenda, Felisa,

y tú un buen tío. Este niño va a tener mucha suerte.

Eso sí, no tenemos que sobreprotegerle

ni mimarle demasiado, eso a Rober no le habría gustado nada.

No, no, no.

¿Y tu padre? Se habrá puesto muy contento, ¿no?

Pues sí, imagínate.

Está feliz.

Voy un momento al baño,

que tanta lágrima se me habrá corrido el rímel.

Lo sé, Jairo.

Es una alegría, pero, al mismo tiempo, te parte el alma.

Hombre, sobre todo sabiendo que mi hermano murió por mi culpa

y que, por mi culpa,

no va a poder disfrutar de su propia familia.

No quiero que te martirices más, no tienes la culpa de nada.

Solo quiero que, a partir de ahora, estés contento

por ese hijo de Rober y le des tu cariño

porque es lo que querría.

Y, por favor, no le digas nada a Quintero.

No, tranquila, yo no se lo voy a decir,

tú eres la que se lo tiene que decir,

cuando tengas fuerzas, pero antes o después se va a enterar.

Bueno, ya veré lo que hago.

Ahora mismo no quiero pensar en él,

no quiero pensar en nada triste ni desagradable.

Jairo, no voy a dejar que nada malo toque a mi hijo, nada.

Ay, qué llorera me ha entrado.

Ahora sí que te acepto ese café

y un chupito, si tienes, para celebrarlo.

Venga, sentaos, que voy a por él.

(SUSPIRA)

-Espero que no nos hayamos equivocado

al meter a Fede como compañero de piso, ¿eh?

-¡Que no!

Que, además, parece supermajo y servicial y...

-¿Y?

-Y nada, nada,

que yo creo que nos tenemos que cortar un poco

en cómo andamos por la casa, ¿no?

-Cortar, ¿en qué?

-Pues chica, que si vas tan ligerita de ropa,

Fede va a estar dándose duchas de agua fría todo el día.

-Pues que se las dé.

A mí como si anda en gayumbos. Yo voy en casa como me da la gana.

-No, no, no, por favor, ¿eh?

-Además, ¿qué tiene de malo ir así?

Eres una exagerada, de verdad, ¡una monja es lo que eres!

(Puerta)

-Eh, ahí está.

-Bueno, me voy a poner algo, pero porque no tenemos confianza

y es el primer día.

¡De verdad!

-Hola. -Buenas.

Bueno, hogar, dulce hogar.

A ver, lo primero, lo más importante.

-¿Pero que...

que tienes más?

-Ay, la hostia.

Sí, hay más, hay más.

A ver, ahí está.

-Ah, y todavía te queda más.

-Ya está.

Pues sí, bueno, todavía me quedan

pues cuatro discos duros, la tablet...

En fin, mis instrumentos de trabajo.

-Pero bueno, y lo que tienes en comisaría, ¿qué?

-Lo que tengo en comisaría es del Cuerpo, esto...

Yo también trabajo en casa, ¿sabes?

Y, además, pues nada, uso internet, el ordenador y todas estas cosas

pues para entretenerme un poco.

-Pues todos estos aparatos tienen que consumir mucha luz, ¿eh?

-No, no, tranquila.

Mira, el secador de pelo que usáis vosotras cada mañana

consume infinitamente más que todos mis aparatos juntos.

-Sí, sí, ya te lo contaré cuando venga la próxima factura.

-¿Qué tal? Bienvenido a la casa.

¿Un cafecito? -Vale, muchas gracias.

Jo, no sabéis la ilusión que me hace poder vivir ya

en un sitio como Dios manda

y no en el cuchitril donde estaba, que...

-Ay, ¿otra vez? Qué incordio.

Te he dicho que no lo cierres tan fuerte,

que luego no lo puedo abrir. -Trae.

-Dame, si lo he cerrado yo.

Es que lo tengo que cerrar así porque tiene escapes

y si no se pone todo perdido. -Está un poco fuerte. Ya está.

Ya está. -Gracias.

-Bueno,

pues nada, voy a terminar de instalarme

y luego voy a empezar a cocinar ese cuscús

que os he prometido para cenar, ¿eh?

Voy a dejar esto.

-Pero bueno, ¿qué haces aquí todavía a estar horas?

-Estoy acabando, tenía mucho trabajo y quería terminar

o se me acumula para mañana.

-A ver, Nerea, ya sé que hemos hablado de esto

y no quiero discutir contigo,

pero sigo pensando que le dedicas demasiado tiempo al turno de oficio

y eso puede ser perjudicial para tu carrera.

No creo que puedas seguir el ritmo de trabajo.

-Te prometo que sí. Confía en mí.

-Si yo confío, en ti

y estoy muy contento de que trabajes aquí,

pero cuando te lleguen casos más complejos,

tendrás que dedicarle más tiempo,

el tiempo que le dedicas al turno de oficio.

-Estoy convencida de que puedo compaginar ambas cosas.

-El problema es que vas tan acelerada

que vas a llegar a hacer las dos cosas a medias,

como te ocurrió con los informes de Supermercados Guerrero.

-Tío,

soy una persona joven y sin obligaciones familiares,

puedo administrar mi tiempo como quiera.

Te aseguro que sacaré horas de donde sea

y que no voy a volver a cometer ningún error más,

pero el turno de oficio no lo voy a dejar.

Tengo mis principios y creo firmemente

que cualquier persona, no solo los que lo pueden pagar,

tiene derecho a un buen abogado.

-Yo también tengo mis principios y creo en eso.

-Lo sé,

pero para que la justicia gratuita siga siendo un derecho universal,

tenemos que arrimar el hombro entre todos,

por eso ni quiero ni puedo dejar el turno de oficio.

-De acuerdo,

respeto tu decisión y no te insistiré más.

-Gracias.

-Ahora entiendo por qué Alicia y tú os lleváis tan bien,

las dos sois unas idealistas...

-Supongo que sí.

En cualquier caso, te agradezco que lo entiendas.

(Móvil)

Ay, debe ser Iker. Habíamos quedado para ir al cine.

A ver.

Sí, me está esperando abajo. Me voy. -Bueno, adiós.

Pasadlo bien. -Hasta mañana, tío.

-Jairo, ¿qué haces aquí? ¿Tú no te habías ido esta tarde?

-Un cosa que no podía arreglar por teléfono.

-¿Por qué no lo has dejado para mañana?

-No, era mejor terminarlo hoy.

-Ya.

-¿Qué pasa, Jairo? Te noto raro.

-¿Raro? Sí.

-No, no estoy raro. -¿Seguro?

-Seguro.

¿Tú no habías ido con tu madre esta tarde a ver a Alicia?

¿Ha ocurrido algo?

-No.

No, no, no tiene nada que ver con Alicia, es de...

No sé si sabe que Paty ha vuelto por el barrio.

Está trabajando de camarera en La Parra.

Me la estoy encontrando a menudo y me vuelven muchos recuerdos

y bueno, no le voy a mentir, don Fernando,

la verdad es que estoy,

estoy entre nervioso y muy exaltado por dentro por lo de Somoza.

-Ya, pero

es que me resulta muy extraño, Jairo,

Alicia quería veros juntos a tu madre y a ti,

¿por qué?

¿Qué pasa? ¿Qué ha ocurrido?

-Pues,

pues nada, don Fernando, no era para nada en concreto,

que a veces nos gusta mucho juntarnos, ¿sabe?

Pasamos la tarde juntos, hablamos, recordamos a Rober y lloramos.

Sé que suena muy triste, pero

es algo que nos hace mucho bien a todos.

-Sí, lo sé, me lo imagino.

¿Alicia cómo está?

¿Está más animada, se va recuperando o...?

-Bueno, sí, algo más animada está,

todavía muy afectada.

Se acuerda mucho de Rober, lo tiene bastante presente,

pero digamos que la vuelta al trabajo le está sentando muy bien.

(SUSPIRA) -Ya sabes que yo haría lo que fuese con tal de

estar a su lado y de poder ayudarla, de poder consolarla,

pero me odia tanto que,

que creo que hay cosas que no me va a perdonar nunca.

Menos mal que te tengo a ti, ¿eh?

Que por lo menos tú me dices cómo está,

cómo se encuentra... -Sí.

-Te lo agradezco mucho, de verdad, hijo,

porque, no sé, quiero saber

cómo está en todo momento,

si ríe, si llora, si necesita algo, si alguien la amenaza,

quiero que me lo cuentes todo, ¿vale?

Quiero que la apoyes y la ayudes en todo lo que necesite

como si fuese yo el que estuviese allí, a su lado.

-Don Fernando, no se preocupe,

Alicia es muy importante para mí también.

-Lo sé, hijo, lo sé.

-Bueno, si no necesita nada más, yo me marcho, ¿vale?

-Claro, está bien, puedes irte.

Eh, Jairo, no te quedes mucho rato por aquí y vete a descansar, ¿vale?

Oye, otra cosa.

(CARRASPEA)

¿Qué tal con Julio?

-Uf. -Uf, ¿qué?

-Nada, no, no, con Julio, bien,

pero me cuesta un poco tenerlo controlado.

El muchacho quiere saberlo todo de la empresa.

-Ya, bueno, tú intenta hacer lo posible

porque no descubra nada y porque no se entere de nada raro.

-Sí, lo sé perfectamente y es lo que hago, pero

su hijo, en fin,

a veces se enfada un poquito conmigo, no le gusta que le vigilen.

-Déjame a mí, ya veré qué es lo que hago y,

-Ya, ya. -y cómo hablo con él.

-Sí. -Venga, hasta luego.

-¿Eh?

Cuscús recién hecho.

Hala, con todo mi cariño.

-Y encima lo has hecho en un momento, pero bueno, por favor.

Este chico es un cerebrito, sabe cocinar

¿y qué más cosas sabes hacer, a ver?

Es un chollo, ¿eh?

-Y tanto, pero seguro que tiene truco.

-No, no, yo os juro que no os vais a arrepentir.

Venga, venga, ¡al ataque!

Igual se me ha quedado un pelín justito de sal, ¿eh?

(EXCLAMA) -Qué va, qué va. Está buenísimo.

-Está buenísimo, ¿eh?

Y mira que yo he probado uno en Marrakech,

en el restaurante de un amigo, pero este está muy bueno.

-Qué bien, muchas gracias. Bueno, y esto no es nada, ¿eh?

Ya veréis cuando haga mi plato estrella,

el cocidito de los jueves.

-¡Cocido, por favor! ¡Me vuelve loca!

(Móvil)

-Perdonadme.

¿Sí?

Hola, guapo, ¿qué tal?

Sí, bueno, estábamos empezando a cenar,

pero no pasa nada, me voy a mi cuarto.

-Que digo yo que está como muy encariñada, Lola,

con el sevillano.

-Para no estarlo, es que el tío tiene un cuerpazo

y, además, según Lola, es muy simpático.

-Ya, ya, pero yo creo que hay que tener un poco de cuidado,

esta gente, ya sabes, está todo el día con la fiesta,

los rebujitos y todo eso.

-¿Por qué?

-Hombre, no sé, porque yo me tomaría un poquito más en serio la vida, ¿eh?

Está todo el día de cachondeo. -Anda, anda,

pero que hay gente así en todos lados.

Además, Lola lo que necesita ahora es alguien

que le dé vidilla, que le haga reír, vamos.

-Visto así...

Oye, ¿no está tardando un poco?

Es que se le va a enfriar el cuscús y va a perder toda la gracia.

-Pues peor para ella, a más tocamos. -Ya.

Oye, ¿has oído lo del curso de contravigilancia?

A mí me ha llegado por un correo del SUB.

-Un momento, eso es trabajo, ¿verdad?

-Hombre, es formación, que no es lo mismo,

pero, en fin, que nunca está de más.

-Es que, a ver, he pensado en establecer una norma en esta casa:

nada de trabajo.

Es que los tres trabajamos en el mismo sitio

y si, además de pasar ocho horas allí,

venimos a casa con temas de trabajo,

pues esto puede parecer una pesadilla.

-Mira, la verdad es que tienes razón.

Venga,

a la mesa, cariño.

Sería un pecado que se enfriara la merluza,

que es de pincho, ¿eh? ¡Qué bien huele!

Pues a ver si está buena,

ya sabes que lo mío no es la cocina.

Venga.

A ver.

(EXCLAMA)

Está exquisita.

Pues a ver si te anima un poco, que no me gusta verte tan triste.

No me puedo quitar de la cabeza lo de Mateo.

Si es que eres muy buen amigo de tus amigos.

Lo que está pasando con Mateo te martiriza, yo lo entiendo.

Es una persona maravillosa, siempre tan jovial, tan alegre,

siempre gastando bromas,

siempre de buen humor...

Oye, pues lo tuvisteis que pasar bien en el colegio mayor.

Sí, lo pasábamos muy bien, sí.

Estudiábamos mucho, pero también nos divertíamos.

Y ligaríais lo vuestro,

tuvisteis que tener un montón de novias

antes de conocerme a mí, claro. Qué va.

Íbamos a ligar

y no nos comíamos ni un saci.

¡Pero qué antiguo me ha sonado eso de "comerse un saci"!

¿Qué pasa? Es lo que se decía antes, ¿no?

"Comerse un saci", ¿no te acuerdas? Sí.

¿Ligando, nosotros?

Un par de sosos.

Pues a mí no me lo pareciste nada

el día que te lanzaste a por mí, ¿eh?

Porque a mí me pareciste un tío atrevido.

Es que eso fue totalmente diferente,

es que eso fue un flechazo a primera vista, vamos.

Te vi y dije:

"O me lanzo ahora mismo o me arrepentiré toda la vida".

Dejé a un lado mi timidez

y me lancé directamente a por ti.

Pues te voy a confesar una cosa:

yo me alegré mucho de que lo hicieras

porque ya me había fijado en ti.

Fue lo mejor que hice en mi vida,

lanzarme a por ti.

¿Es verdad? ¿No te has arrepentido? ¿Arrepentirme?

Eres la persona más importante de mi vida,

te quiero muchísimo.

Ahora, cuando estoy yendo al psicólogo, lo veo más claro,

te quiero mucho.

Mi vida sin ti no tendría sentido ninguno.

Cariño, tú también lo eres todo para mí.

No sé qué sería de mí sin ti. Te quiero.

Oye, pero vamos a comernos la merluza,

que se enfría. Espera, espera.

¿Sí? Dígame.

Sí, soy yo, sí.

¡Vaya!

Ahora mismo voy.

¿Quién era?

El doctor Sierra,

el que trató a Mateo, en un primer momento.

¿Y qué pasa?

(RECHISTA)

Que está en el hospital muy grave

y ha sido él quien,

quien ha dicho que me llamaran.

-¿Qué tal Ramón? ¿Cómo está?

-Es tan mono.

-Ay, eso que te estabas desenganchando, ¿eh?

Pues yo te veo más pillada que nada por ese chico.

-Ya, pero es que cada vez que me llama

me dice unas cosas tan bonitas que me desarma.

-Ya te veo yo montada a lomos de una jaca jerezana

por ahí, por la Feria de Sevilla porque seguro que tiene caballo.

-Pues mira, sí, tiene uno que se llama Lucero.

-Hombre, Lucero, qué original.

-Y lo de la feria me lo apunto, va a ser superdivertido.

Se lo voy a decir.

-Mira qué bien.

-Jo, arquitecto guapo, simpático, soltero y con caballo.

Por favor, algún defecto tiene que tener ese chico, ¿no?

-Pues chica, no se lo he encontrado y mira que lo he inspeccionado,

pero es que no le he visto ningún defecto.

Prometo que, la próxima vez que venga,

le voy a investigar,

que va a ser muy pronto porque va a venir a visitarme.

-¿Qué te pasa, Fede? ¿Estás bien?

(TOSE) -¿Estás bien?

-Se me ha ido por el otro lado. -¡Ah! Oye, ¿cuándo viene?

-Pues va a venir unos días,

todavía tiene que cuadrar fechas en el trabajo,

pero si no os importa que se quede aquí...

-No, no, por supuesto, vamos.

Dile a tu novio que le vamos a tratar como se merece.

-Gracias, pero no es mi novio.

Yo, ahora mismo, no quiero ninguna relación seria.

Estamos pasándolo bien y punto.

-Bueno, ¿y tú nunca has pensando en tener,

no sé, una pareja estable como para hacer planes de futuro?

Eh,

crear un hogar.

-Pensarlo lo he pensado,

pero es que eso tiene que ser con una persona muy especial

y yo, ahora mismo, ¿qué quieres que te diga?

Estoy en otro punto totalmente distinto.

-Ya, mira, ahí le ha dado, ¿eh?

Lo importante es no parar de buscar.

-Eso es.

Yo, de momento, a montar con Ramón.

¡A caballo, quiero decir!

-A montar, dice.

Ay, Fede, lo que vas a aprender tú de chicas en esta casa.

-Sí, parece que sí.

-Antonio, gracias por venir.

-No hay nada que agradecer.

-Pensé que, quizá, no vendrías.

-¡Cómo no iba a venir!

En cuanto el médico me dijo que viniera, me faltó tiempo.

-Y después de cómo me he portado contigo...

Tú solo querías abrirme los ojos,

pero yo no te escuchaba.

-Eso ahora no tiene ninguna importancia,

lo más importante ahora es que estás en buenas manos.

-Demasiado tarde.

-He hablado con el médico, hay que tener esperanza.

Ahora, lo más importante es que confíes en él

y consientas en todo lo que te proponga, ¿de acuerdo?

¿Lo prometes?

-Sí, gracias por intentar animarme, Antonio,

no debes mentirle a un viejo amigo.

¿Pero cómo pude ser tan tonto, Antonio?

¿Cómo?

Creyendo en esa tontería de terapia protomolecular.

-Tú no eres responsable de nada, Mateo.

A ti te ha engañado ese tal Justo Ramírez

igual que ha engañado a otra gente.

Te ha mareado con una falsa terapia, haciéndote creer

que tenía una base científica contrastada

y tú te lo creíste.

Ha jugado con tu miedo,

con tu angustia,

haciéndote creer que te iba a curar. No tienes culpa ninguna.

-Estaba desesperado, Antonio. -Ya.

-Todos los días tengo presente a la pobre Sara

y, al final, he acabado igual que ella.

Vi un reportaje de Justo Ramírez

en internet.

Las cosas que decía

de la terapia protomolecular

sonaba tan creíble.

-Eso no es un médico, hombre, ¡eso es un farsante!

-Yo no creía en la medicina tradicional

por lo que había pasado con Sara,

por eso me puse en sus manos.

Al principio, por pura obsesión mía.

Hasta noté

cierta mejoría.

-Lo que te he dicho, no es un doctor, es un farsante.

-Ahora ya lo sé,

ahora que he perdido un tiempo precioso,

¿de verdad crees que todavía puedo salvarme?

-Mientras hay vida, hay esperanza, Mateo.

-Siempre has sido un buen amigo, Antonio.

-Estaba hablando ahora con Claudia, en casa,

de cuando estábamos en el colegio mayor, ¿te acuerdas?

-Sí,

cuando nos fuimos esa semana a Formentera.

-Qué jóvenes éramos, ¿eh?

-Teníamos toda la vida por delante.

Qué guapa era aquella holandesa

que tocaba el ukelele,

Lian.

-Lian, qué guapa, sí.

-Aquella fue otra de mis equivocaciones, Antonio.

Lian me pidió

que fuera con ella a Holanda

y no me atreví.

Está visto que mi vida es una equivocación detrás de otra.

(SE QUEJA)

-¡Enfermera, enfermera!

Ha entrado en parada.

(Puerta)

Hola,

¿todavía estás despierta?

Pues sí, es que no podía dormir y me he bajado a tomar una infusión.

¿Qué tal lo habéis pasado? Muy bien.

Hemos ido al cina y luego a tomar algo en un bar que conocía Iker.

Pensaba que hoy no ibas a dormir en casa tampoco.

Oye, que los dos tenemos que descansar

y, cuando estamos juntos, no descansamos nada.

Además,

que tampoco es cuestión que todos los días

que salimos juntos me quede a dormir allí, ¿no?

Te gusta mucho Iker, ¿verdad?

Sí.

Lo pasamos muy bien juntos, me río

y es guapo a morir, ¿o no?

Bueno, yo ya sé lo que opinas de él,

pero la gente no es igual dentro y fuera del trabajo.

Lo importante no es lo que yo piense,

sino lo que tú sientes.

Que estamos bien juntos,

pero yo ya te dije

que lo que quiero es vivir el presente.

Tampoco me voy a hacer ilusiones de nada.

Y tú, ¿qué?

¿Qué tal? ¿Cómo te encuentras hoy?

Pues bueno, estoy mejor.

Hoy tenías que ver a tu padre,

esta tarde, en el bufete, loco de contento.

Cada cliente que entraba le contaba que iba a ser abuelo. Más rico...

Sí, la verdad es

que se puso muy contento cuando le di la noticia.

Cómo contento, ¡estaba feliz!

Se le caía la baba.

Seguro que va a ser un abuelo maravilloso.

¿Qué pasa, he dicho, he dicho algo de tu padre

que te haya molestado?

No, no, no, es una tontería.

Que estoy embarazada, estoy mucho más sensible.

Seguro que son las hormonas.

No, no son solo las hormonas,

¿qué te pasa?

Hay algo que no sabes, Nerea.

Mi padre no es Marcelino.

¿Quién es?

Mi verdadero padre es Fernando Quintero.

Yo también me enteré hace poco y de la peor manera posible,

fue a través de unas escuchas telefónicas cuando

teníamos pinchado su teléfono.

¿Qué haces aquí?

Venía a hacerte compañía porque estaba preocupada,

no tenía noticias

y me imaginaba

que lo estarías pasando muy mal, ¿eh?

Cariño, te he llamado y no me contestabas.

Bueno, es que puse el teléfono en silencio

cuando estaba hablando con Mateo, lo siento.

No hacía falta que vinieras, tienes que descansar.

Has tenido un día muy duro,

mañana vas a tener que estar a tope en la comisaría.

¿Y cómo voy a descansar si sé lo preocupado que estás?

No podía, hombre.

Además, mi sitio es estar aquí, contigo.

Bueno. Bueno, cuéntame, ¿cómo está Mateo?

Mal, muy mal. ¿Sí?

Mientras que estaba hablando con él entró en parada,

tuvimos que reanimarle. Está en la UCI.

Vaya, ¿tan grave es la cosa? Sí.

Antes de venir a verle estuve hablando con la doctora

que le está tratando

y el cáncer hepático está muy avanzado,

muy pocas posibilidades de sobrevivir,

mínimas.

Mateo es fuerte y, si hay alguna,

la doctora la va a saber aprovechar.

Es una rabia que se haya fiado del curandero ese,

ha perdido un tiempo precioso.

En el último momento, admitió que se había equivocado.

(SUSPIRA)

Ha muerto, ¿no?

-El tumor estaba muy extendido,

ha tenido un fallo multiorgánico.

Hemos hecho todo lo que hemos podido.

-Muchas gracias. -Lo siento.

Gracias, doctora.

Ánimo, cariño.

Ya has oído lo que ha dicho la doctora,

han hecho todo lo que han podido.

Además, piensa que,

que estaba sedado y, al final, no ha sufrido.

No, no lloro de dolor, lloro de rabia.

Mateo podía estar vivo, la medicina le podía haber curado.

¿Cómo puede haber tanta gente miserable

que es capaz de aprovecharse de la desesperación de los enfermos

sin ninguna compasión solo para ganar unos cuantos euros?

Tienes toda la razón, cariño.

Venga, tranquilo.

Justo Ramírez mató a mi amigo Mateo,

él es el responsable de su muerte

y va a pagar por ello, me voy a encargar yo de eso,

pero no solo por Mateo, sino por toda la gente

que está engañando ese canalla.

Venga.

Ahora ya sabes toda la historia.

Es como de película.

Pero de terror.

Es que no, no sé qué decir.

Yo

lo único que hago es pensar en Quintero,

en qué hacer.

¿Voy y le digo que estoy embarazada?

Hombre,

sabiendo cómo es el barrio,

tarde o temprano se va a enterar.

Sí, eso es inevitable.

¿Y no crees que él va a querer conocer a su nieto?

Ese es el problema, Nerea,

que

ya ha insistido mucho

en querer que nos llevemos bien y que nos veamos,

imagínate con un bebé de por medio.

Solo de pensar que aparece por la puerta del hospital

te juro que se me revuelve el estómago.

No creo que se atreva.

No le conoces.

Y cuando mi hijo crezca, ¿qué le voy a decir?

¿Que su abuelo es un delincuente?

Mira, con la familia de Rober ya me he hecho la fuerte,

con mi padre también me he hecho la fuerte

y todos están muy contentos, me han dicho que me van a ayudar

y lo dicen de corazón, pero la realidad,

la auténtica realidad es que voy a estar sola con mi hijo

y que antes de que nazca

ya está pagando por problemas de los que no tiene la culpa.

Alicia, tú eres muy fuerte

y, aunque estuvieras completamente sola con el niño,

estoy segura de que saldríais adelante.

-Tengo una cosa que quería comentarte.

Se trata sobre tu compañero Iker, ¿qué opinas de él?

Pues, no sé,

parece que es un buen policía, conoce su trabajo.

¿Pero?

Pero, al principio, desconfiaba de él,

no me preguntes por qué. ¿Qué pasa con él?

Pasa que quizás tengas que volver a confiar en tu instinto.

-Papá, yo creo que me oculta algo. -No digas tonterías,

¿por qué te iba a tener que ocultar algo Jairo a ti?

-Pues no lo sé, papá, no lo sé,

pero lo cierto es que no se separa de mí ni un momento

y me vigila todo el rato

y no sé si esa desconfianza es cosa suya

o son órdenes directas de su jefe.

Sé que Rober era muy importante para todos

y por eso quiero compartir con vosotros

que el destino ha querido

que un trocito de la vida de Rober siga aquí

y espero que me ayudéis mucho a cuidar bien de él.

¿Cómo? ¿Que estás...?

-Chico, esto colocado como tapa va a ser de cine.

-Claro. -No lo sé.

No sé, tengo que darle vueltas a la receta, tengo que pensar.

Me voy a la tienda, luego vuelvo, luego vuelvo.

-Madre mía del cordero, ¿se puede ver hombre más cabezón?

-Sí, claro que sí, sobre todo

cuando estás intentando impresionar a la chica que te gusta.

¿Y sabes qué es lo mejor? Que a ti también te gusta.

-Esto está exquisito, ¿qué es?

-Eso es la prueba de que, cuando dos personas conectan,

puede surgir algo maravilloso.

-¿Qué lo habéis hecho, Paty y tú?

-No, está echándome una mano Jesús, el frutero.

-Huy, echándole una mano, dice.

Vamos a ver, si podrían presentarse a "Master Chef" como equipo.

Hacéis una parejaza.

Lo que tú dices son solo acusaciones sin pruebas.

¿Qué pasa? ¿Que ahora le vas a defender tú también o qué?

No le defiendo y lo sabes perfectamente,

pero un juez no le condenaría con lo poco que tenemos.

Puede que esté cegado por el dolor, que me sienta culpable

o que quiera calmar mi ansiedad,

pero no voy a consentir de ninguna manera

que la persona que hizo esto a Mateo se vaya de rositas,

entre otras cosas porque mañana puede morir cualquier persona

por la misma razón y, en ese caso, yo no podía dormir.

¿Y tú?

-Por Dios, si necesita algo, no dude en llamarme.

-Estas lágrimas son de dolor, claro, pero,

pero también de felicidad, sí, porque aunque

la vida ha sido muy cruel con nosotros,

últimamente, parece que nos está dando un respirito.

-Bueno, eso suena que hay una buena noticia,

eso está muy bien.

La traficante que detuvisteis el otro día en el parque

ha terminado cantando. Qué buena noticia.

Más que buena, nos ha conducido al dueño de la nave

donde se cultiva la marihuana.

Quiero que os dividáis en dos quipos:

Ocaña y Lemos y Elías y Nacha.

Si somos inteligentes y actuamos rápido,

los podemos coger a todos al tiempo.

Podríamos tener al organizador, a los intermediarios,

la nave y todo, vamos, el kit completo.

Línea y bingo. Hala.

Nadie te reprocharía en tu estado, y teniendo en cuenta las náuseas,

que quisieras ser prudente.

Al contrario, estoy más preparada y en forma que nunca.

Estoy en perfectas condiciones para trabajar.

Claro, ¿y las náuseas? Eso no es nada.

Mira, Alicia, no me gusta meterme donde no me llaman,

pero por tu bien y el de tu hijo, deberías tomar precauciones.

  • Capítulo 218

Servir y proteger - Capítulo 218

13 mar 2018

Alicia duda si informar a Quintero de su embarazo. Por su parte, Somoza declara la guerra al empresario. Antonio descubre que su amigo Mateo se ha puesto en manos de un curandero para tratar su cáncer. Un amigo de Lola va a venir a Madrid. Nerea se hace ilusiones con Iker.

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  1. Cony

    Tiene razón Aura, Somoza hace una mala imitación del hablado paisa pretendiendo hablar como caleño, en España si hay buenos actores colombianos que hablan perfecto acento de las diferentes regiones, ejemplo Juana Acosta.

    16 mar 2018
  2. Cony

    Escribí un comentario, no ha salido,soy colombiana.

    16 mar 2018
  3. Martha

    Creo q esta temporada ja bajado en calidad esta serie, hay demasiados personajes, mucho cotilleo, parece una novelita rosa y no la de trama policiaca de la primera temporada, Fede desmerece y ridiculiza el personaje, no es la seriedad y profesionalismo de Laura Escalada o Karim, guiknistas!! Que no pasenlo de ACACIAS 38 que esta pasando por su PEOR temporada!!!!

    15 mar 2018
  4. Renata Ricco

    Aura, llevas razon. Contigo!

    15 mar 2018
  5. Papito

    Y que mas da el acento,estamos en España.igual no hay actores con ese acento,si quieres acento de cali,ve series de cali (colombianas)no veas series españolas.el acento español en la serie lo bordan.

    14 mar 2018
  6. Aura

    Los encargados del castin en este canal deberían investigar mas sobre los acentos colombianos. Se supone que Somoza es de Cali y la oficial colombiana es del Valle del Cauca cuya capital es Cali y ninguno de los dos tienen el acento de esa región

    14 mar 2018