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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 215 - ver ahora
Transcripción completa

Me voy para el bufete, tengo que terminar algunas cosas.

¿Te veo esta noche? Hoy sí iré a cenar.

Esta noche no puedo, tengo plan.

No te has olvidado, ¿verdad?

No sé qué te habrá contado Alicia sobre mí,

pero tienes que saber que...

es cierto.

(RÍEN)

¿Es que hay algo que te tomes en serio?

Todo.

Iker tuvo un lío con la mujer de un comisario.

Por eso lo destinaron a Distrito Sur.

Da la impresión de que no te has caído por las escaleras.

-Te he dicho la verdad, Antonio, me caí por las escaleras.

-Queríamos hablar contigo para aclarar el origen de tus heridas,

y ofrecerte la posibilidad de denunciar

en caso de que sufras malos tratos.

-Y por nuestra experiencia en estos casos

hemos puesto el punto de mira en tu pareja, Santiago.

-Ni él ni nadie me ha puesto una mano encima.

-Muchas veces viene a casa llorando después de estar con él.

-¿Crees que tu madre le tiene miedo a Santiago?

-Sí, seguro.

-¿Y a ti te ha pegado alguna vez? -No.

Aunque una vez estuvo a punto.

-Julio no sabe nada de mis negocios en B,

y así tiene que seguir siendo. -Vale.

-Con respecto a Somoza, tampoco quiero que sepa nada,

no quiero que tenga ninguna relación con esa gente.

¿Sí? -Vale.

-Seguro que aprendo mucho más contigo en un año

que en siete masters en Estados Unidos.

-¿Y ese es el...

único motivo por el que te quieres quedar?

-También me apetece cambiar de aires.

Estoy harto de Miami.

¿Desde cuándo trabaja aquí? -Poco más de un año, creo.

-Sí que ha ascendido rápido en poco tiempo.

Es encargado de seguridad del muelle, y tu mano derecha en la empresa.

-Julio solo quiere sentirse útil...

y aportar ideas nuevas a la empresa.

Como tú comprenderás, no me puedo negar.

-No, claro, es su hijo.

-Antes de enseñarle la nave

ni nada por ahí abajo, asegúrate muy bien

que no encuentre nada que no deba ver.

-En la asignatura de Gestión aprendí

que si le das demasiado poder a un empleado,

acaba creyéndose imprescindible, y eso a la larga...

es un problema.

-No, no lo creo, pero si ocurriese,

no te preocupes, porque sé manejarlo muy bien.

¿Me vas a decir dónde vas a trabajar?

¿O mantener ese aire de chico misterioso?

Mira, hablando del rey de Roma,

la empresa de mi padre.

-Todavía no me has contado nada de esa chica.

-Es que sé muy poco sobre ella.

Solo sé su nombre y su profesión:

Alicia Ocaña, inspectora de policía.

-Julio tiene todo el derecho a saber la verdad,

y tengo que ser yo quien se lo diga,

pero cuando llegue su momento. Tienes de margen hasta mañana.

Si no se lo dices tú lo haré yo.

(Música emocionante)

¿Qué tal, Espe? ¿Cómo ha ido la noche?

Bastante tranquila.

Encima de la mesa tienes diligencias para mirar.

¿Algún avance en el caso de Palmira García?

Palmira no quiero revelar quién la agrede,

pero anoche interrogamos a su hijo y algo tenemos...

¿Qué dijo? Le costó abrirse,

pero después nos confesó que...

la antigua pareja de Palmira puede ser su agresor.

¿El ex? Cuando le preguntamos a Palmira

dijo que era una bellísima persona. Sí, habló maravillas de él,

todo lo contrario que Miguel, que lo puso verde.

¿Y le ha denunciado el chico a...? Santiago Ruiz,

pero no le ha denunciado.

Dice que nunca presenció los malos tratos, pero sí peleas,

y que su madre lloraba después de estar con él.

¿El chico sufrió alguna agresión por parte de él?

Se lo preguntamos, pero en ese momento

se agobió mucho y decidimos parar el interrogatorio

y dejarle ir.

Sin denuncia del chico o de la madre tendremos que emplearnos a fondo

para conseguir pruebas y sacar a delante una denuncia de oficio.

Sí, estamos en ello,

Lola ha ido a la dirección que nos han dado de Santiago

y lo va a invitar a venir para que le interroguemos.

Si es el agresor, se cerrará en banda.

Lo más efectivo sería que Palmira denunciara.

Miguel nos dijo que intentaría convencer a su madre.

Nadie mejor que él para hacer eso. Tienes razón.

Me voy a cambiar y luego me meto en el despacho

a hacer llamadas. Tengo mucho trabajo acumulado.

Dile a Lola que quiero hablar con ella.

Viene por ahí.

¿Tú no habías ido a buscar el ex de Palmira?

¿Se ha negado? No estaba en casa.

Los vecinos lo vieron por última vez hace dos noches.

¿Sabemos dónde trabaja? Está parado desde hace varios meses.

-¿Crees que ha podido huir si sabe que lo buscamos?

-Pero no sabe que andamos tras él. -O sí,

tal vez Palmira no nos contó todo y siguen en contacto.

Quizá fue la propia Palmira quien la avisó.

Desgraciadamente,

no sería la primera vez que una mujer maltratada

defiende a su maltratador.

No podemos descartar la posibilidad

de que Palmira esté protegiendo a su agresor.

Podría estar atrayéndola para volver a agredirla.

Quiero que hables con Palmira y la convenzas

para que pida una orden de protección.

Antonio me dijo que las heridas le parecieron muy recientes.

Te lo iba a proponer. Debemos impedir que vuelva a acercarse a ella.

Ocúpate tú misma de que esa orden se tramite, ¿vale?

Espe, también te quiero en el caso.

A ver si la podéis convencer para que denuncie.

¿De acuerdo? Confío en vosotras.

Pero no tardes, que siempre me haces esperar.

-Si tienes que irte al instituto vete, no vayas a llegar tarde.

-Si sabes que a mí el instituto me la trae floja.

Además a primera hora tengo Educación Física

y paso de hacer el mono con el chándal.

-No, hombre, los jóvenes tenéis que hacer deporte.

-¿Te parece poco deporte ayudarte con la compra?

¿Eh? Di.

Luego te quejarás de que soy un mal hijo.

-Yo no me quejo.

-Pesada, que eres una pesada.

Nunca estás contenta, siempre con ese careto

que parece que vienes de un funeral.

-Ya está bien, Miguel, vete si quieres,

voy a comprar solo un par de cosas.

-Buenos días, Palmira, ¿qué deseas?

Estoy colocando género fresco.

-Esas naranjas son de zumo, ¿verdad? -Sí.

-Ponme... ponme unas cuantas, por favor.

-Están riquísimas y a muy buen precio.

-Un kilo.

-Te voy a dar a probar nueces de Nerpio.

Las tengo ya peladas.

-Yo no soy muy de frutos secos, ¿sabes?

-Pues va muy bien para subir la moral.

Un puñado al día,

y te suben el ánimo. -Pero yo estoy bien.

-Ya.

Yo no quiero meterme donde no me llaman, pero...

pero ayer te vi muy afectada.

-Qué va, estoy muy bien,

además, hoy estoy muy contenta porque viene mi hijo conmigo

a ayudarme con la compra.

-Perfecto, pero si te vuelve a dar el bajón, ya sabes,

nueces de Nerpio.

-¿Tú eres sordo o qué?

Que mi madre no quiere tus nueces, tío.

-No levantes la voz, Jesús solo quería ser amable.

-¿Amable? Pero si intenta venderte una cosa que ni siquiera has pedido.

Ni necesitas.

¿Te crees que somos tontos?

-Chaval, guárdate ese tono faltón,

yo solo...

Yo solo me he preocupado por tu madre.

Aquí no se obliga a comprar nada a nadie.

-Ya está, Jesús, ya nos ha quedado claro,

¿verdad, hijo?

Mira... puerros.

Eso voy a necesitar, se me olvidaba.

-Muy bien. Los tengo en la trastienda.

-¿Qué es eso de que ayer te dio un bajón?

-Nada... -¡No me aguantes!

-No me hables así, por favor. -¡Qué vergüenza me das!

-Que no es nada, ayer no me dio ningún bajón.

-¿Y por qué ha dicho eso? -No lo sé, porque me vio...

un poco apagada. Le pregunté por alguna fruta

que tuviera vitaminas para levantar el ánimo.

-Eres una vieja asquerosa que busca la compasión de cualquiera.

-No me hables así, por favor. -Que no te hable así...

Si yo ya sé cuál es tu jueguecito,

tú lo que quieres es que la Policía venga a hacerme preguntas.

En la comisaría estuve por tu culpa.

-Ya te pedí perdón por eso.

-Mamá, te voy a decir una cosa,

a partir de ahora, mantén el pico cerrado, por tu bien.

-Ya estoy aquí.

-Vale, Jesús, nada más. Dime cuánto es, por favor.

-Pues los puerros y las naranjas...

tres euros bien contados.

-Aquí tienes.

-Gracias.

Toma. -Gracias.

-Venga, trae.

-¿Qué hay, don Fernando?

Su hijo viene para acá.

Me ha llamado para que sigamos donde nos quedamos ayer.

-¿Y dónde os quedasteis ayer?

-No se quedó contento con el tour que le hice.

Está empeñado en ver los camiones que hacen la ruta de Europa.

-Bueno, tranquilo. Ya se cansará.

-Pues no sé yo.

Ayer lo pillé hablando con uno de los camioneros.

-Está bien,

volveré a decirle que solo hable contigo y conmigo.

Tú habla con los que están en el ajo.

Diles que no se tomen muchas confianzas con él.

-El problema es que su hijo hace demasiadas preguntas.

-Te digo que ya se le pasará, ya volverá a Miami

y nos quedaremos tranquilos otra vez. -Perdone que le contradiga,

pero no lo creo. Yo lo veo muy cómodo

con su nueva vida de niño pijo aquí en Madrid, con papá...

Y lo peor de todo es que no es tonto. -Ten cuidado por donde vas, Jairo.

¿A qué te estás refiriendo? -Lo único que le estoy diciendo es

que si Julio sigue así atará cabos.

Y en cuanto ate cabos se va a dar cuenta de que nuestra mercancía es...

un poco sui géneris.

-Pues encárgate de que no descubra nada.

-Yo haré lo que pueda, ya lo hemos hablado, lo que pueda.

Y le digo una cosa,

el día que Julio descubra la imagen que se irá al carajo es la suya.

-Da igual. La imagen que tiene sobre mí se va a ir al carajo

de todas formas dentro de nada. -¿Por qué dice eso?

-Por Alicia.

-¿Qué le pasa a mi cuñada?

-Nada, no le pasa nada,

lo único que le pasa es que...

que es mi hija, y que se lo tengo que decir a Julio.

-¿Para qué se lo va a decir a Julio?

-A santo de que a Julio le...

Dios santo...

de que a Julio le gusta su hermana.

-¿A julio le gusta Alicia?

-Mira que hay mujeres en Madrid

para tener que fijarse, precisamente, en ella.

-Buenos días.

¿Qué, Jairo? ¿Seguimos? -No, Julio, prefiero que te quedes.

Me gustaría hablar sobre un asunto contigo.

Déjanos solos, Jairo. Cierra la puerta.

-¿Ocurre algo? -No, no, no...

No ocurre nada.

Solo quería comentarte algo sobre...

esa chica que te gusta tanto, Alicia.

-¿Vais en serio tú y Ramón el sevillano?

-No empieces tú también. ¿Cómo lo tengo que decir?

Somos amigos, nada más.

-Yo no soy chismosa, pero es que...

Espe me ha contado todos los detalles de vuestras vacaciones.

Oye...

pero no me vas a negar

que te lo has pasado muy bien, ¿eh?

-No te voy a engañar, me lo he pasado bien.

-¿Qué vas a tomar para desayunar? A mí me gusta...

Yo le encargo la uchuva, a Jesús, está buenísima.

-Vale. Probemos los sabores colombianos.

Cógeme "bucha" o... -Uchuva.

-Yo me quiero llevar para casa algo, a ver qué tienen...

-Dile a Jesús, que él te recomienda superbién.

-A mandar. ¿Qué queréis?

-¿Tú conoces a Lola? Es mi compañera de la comisaría.

-Sí que te conozco,

estuviste ayer hablando con una vecina por aquí.

-Sí, estaba buscando a Palmira, la de la zapatería.

-Palmira, qué maja.

Y qué mal que lo está pasando, ¿no?

-¿Cómo lo sabes?

-Porque justo antes de que llegaras tú

estuvo aquí mismo, no sabía qué hacer para animarla.

-Lo está pasando muy mal, tiene problemas.

-Sí, bueno, problemas familiares

que tienen nombre propio.

-¿De qué hablas?

-Más bien de quién hablo.

Del bestia que la maltrata.

-Jesús, ¿has...

presenciado personalmente

maltrato por parte de alguien?

-Por la forma cómo le habla y cómo la humilla,

no me cabe duda de que su hijo Miguel le está dando muy mala vida.

-¿Miguel?

-Con lo buena persona que se le ve a ella,

es increíble que haya criado un hijo así.

A veces veo cosas que me llevan los demonios.

-Concreta un poco, por favor.

¿Qué fue exactamente lo que presenciaste?

-Pues...

hoy a primera hora de la mañana

vino Palmira con su hijo a comprar,

y todo empezó porque yo le recomendé que comiera nueces,

para animarla porque estaba muy baja de moral.

Cuando su hijo oyó eso se puso como...

como una fiera, hasta el punto que la madre tuvo que mediar.

Entonces me fui a la trastienda a por unos puerros

y vi como...

como la machacaba.

-¿Qué es lo que le hizo?

-La puso de vuelta y media.

Yo observaba desde ahí y vi como...

vi cómo la zarandeaba,

y le decía burradas de esas que...

que duelen -¿Recuerdas algo concreto que dijera?

-Cosas que un hijo nunca debería decir a su madre.

Dijo algo así como que era una...

un vieja quejica

que solo quería llamar la atención a desconocidos...

Que estaba harto de...

de ella y que por su culpa la Policía

había metido las narices en sus asuntos

y que a partir de ahora mantuviera el pico bien cerrado.

-Menos mal que estuviste al quite con eso, Jesús.

-Sí...

Yo no quiero fisgonear en la vida de...

de mi clientela, pero en este caso fue muy violento,

me dio muy mal cuerpo.

No sé, es que...

Maltratar a una madre es lo peor que hay.

No sé, he creído que

que debíais saberlo para poder ayudar a Palmira.

-Y tanto, claro, claro.

-Muchísimas gracias, Jesús, de verdad,

ha sido de mucha ayuda. Gracias por contarlo.

Yo me voy a resolver esto. -Listo.

-Tú dirás.

-¿Tienes las uchuvas que te encargué?

-Sí, las tengo en la trastienda,

si quieres mientras ve mirando.

-¿A qué viene ahora contarme tus batallitas de juventud?

¿No me ibas a hablar de Alicia?

-No son batallitas, hijo.

Necesito explicártelo bien para que lo entiendas, maldita sea.

Verás, cuando yo tenía tu edad, más o menos, me...

me enamoré locamente de una mujer,

se llamaba Carmen y, bueno, se...

se parecía mucho a Alicia.

-¿Eso fue antes de conocer a mi madre?

-Sí, sí, fue mucho antes.

Yo...

Yo la quería mucho, ¿sabes?

Mucho.

Pero lo nuestro se fue a la mierda cuando fui a la cárcel

por los errores que cometí en la juventud.

-¿Y qué pasó con Carmen?

Se casó con otro.

-¿Mamá sabe que existía esa otra mujer?

-Eso ahora mismo es lo de menos, ¿no te parece?

-Ahora entiendo muchas cosas que me contaba.

Ella intentó que vuestro matrimonio funcionara.

-No, no, no, espérate, Julio...

Hay cosas en la vida contra las que no se puede luchar,

son así y punto, no puedes hacer nada.

Y yo, siempre,

siempre estuve enamorado de esa mujer hasta el final.

-¿Ha muerto?

-Sí.

Sí, desgraciadamente, sí.

Murió en un terrible accidente.

Verás...

lo importante es que...

cuando entré en la cárcel,

ella ya estaba embarazada, yo no lo sabía.

De hecho, no me he enterado hasta hace unos meses

porque ella nos lo ocultó a todos,

durante toda su vida.

Nos lo ocultó a Marcelino, su marido,

a su hija, y...

y a mí.

-¿Tienes una hija?

-Sí.

Tengo una hija, sí.

Mi relación con ella es bastante complicada, ella...

sigue diciendo que su verdadero padre

es el hombre con quien se casó su madre.

-Si tengo una hermana me gustaría conocerla.

-Esa es la cuestión, hijo, que...

que ya la conoces.

-¿Alicia?

¿Mi hermana es Alicia?

No puede ser. -Sí que puede ser.

Intenté decírtelo el otro día cuando...

No encontraba las palabras, no sabía cómo hacerlo,

lo único que quería era

que no te hicieses ilusiones con ella.

-Por eso estuvo tan brusca conmigo cuando supo que eras mi padre,

desde ese día me está rehuyendo.

-Fue ella la que vino para pedirme, por favor, que te contase todo esto.

Julio, solo te pido una cosa, no me odies,

por todo esto, no la odies a ella tampoco,

ella no tiene la culpa. -Necesito que me dé el aire.

-Espera, Julio, no te lo tomes a mal, por favor, me hubiese gustado que...

-¡Me acabo de enterar que tengo una hermana!

Y que es la chica que me gusta, ¿cómo quieres que lo tome?

-No te vayas, quédate y hablemos tranquilamente de esto.

¡Julio! ¡Julio!

Lo siento mucho, hijo, lo siento.

-Tomo nota de lo que dices, Cristina, es muy preocupante.

-Gracias por todo.

-¿Qué te ha dicho la orientadora?

-Cristina coincide con lo que nos dice el frutero,

ha descrito a Miguel como una bomba de relojería.

Dice que ha dado muestras de su comportamiento violento

otras veces en el instituto.

-Te he oído decir que lo expulsaron. -Sí.

Se encaró a su profesor de educación física llamándole mono,

aludiendo a su color de piel. -Menudo prenda.

-Pues sí.

Hace cuatro días tuvo una pelea con un chaval

que, por lo visto, es un encanto y nunca ha dado problemas.

-Cuadra con lo que nos dijo Jesús de él.

-Sí. Miguel ayer nos tomó el pelo en la declaración.

-Él es el maltratador.

-Probablemente, el exnovio de Palmira no tenga absolutamente nada que ver.

Quizá lo señaló para despistarnos.

-Qué duro debe ser para Palmira que la maltrate su propio hijo.

-Pues sí. -Perdona, Lola.

Un tal Santiago Ruiz pregunta por ti. Te espera en Atención al Ciudadano.

-El ex de Palmira, ¿no? -Sí, sí, sí.

Señor Ruiz, yo soy la oficial Lola Ramos,

y ella es la oficial Esperanza Beltrán.

-Santiago Ruiz.

-Le agradecemos mucho que venga,

no sé si los vecinos se lo han comunicado.

-He venido lo antes que he podido. -Gracias por la rapidez.

-¿De qué se trata? ¿En qué puedo ayudarles?

-Es referente a Palmira García,

queríamos hacerle unas preguntas. -Por supuesto.

Pregunten todo lo que necesiten saber.

-Acompáñenos, por favor.

-Hola, Alicia.

Julio...

Te he visto y me he acercado para aclarar las cosas.

He hablado con mi padre.

¿O debería decir nuestro padre?

Por una vez, Quintero ha hecho las cosas bien.

Quintero, ¿así es como le llamas? Ese es su nombre, ¿no?

Ya veo que vuestra relación es muy fría.

No lo considero mi padre,

la única persona que reconozco como padre es a quien me educó,

y ese es Marcelino Ocaña.

Pues lamento que os llevéis así.

De haberos llevado mejor, habría sabido que tengo una hermana

y no me habría entusiasmado contigo.

Yo nunca te di pie a nada.

No me interpretes mal,

pero conociendo nuestros lazos familiares

no volvería a sentirme atraído por ti, no te preocupes.

Para mí también fue un palo saber que eres hijo de Quintero y...

todavía me cuesta creer que tengo un hermano.

A mí me pasa lo mismo.

Tantos años siendo hijo único y de repente te conozco

de la manera más insospechada.

Alicia, no sé tú, pero...

yo estoy contento con el hecho de tener una hermana,

y me gustaría conocerte mejor, tener cierta relación.

¿Cómo lo ves? Alicia, ¿estás bien?

¿Qué te pasa?

Sí, sí, no te preocupes.

Me he pegado una panzada de correr y me ha dado un mareo.

¿Quieres que vaya a comprarte un refresco o un bollo?

No te preocupes, solo necesito un momento.

Debería verte un médico.

¿Quieres que te acompañe? De verdad, Julio, vete.

Yo no me voy hasta que estés bien. Por favor, déjame tranquila.

¿Adónde vas? En un rato empieza mi turno,

y tengo que ducharme y cambiarme. Alicia, no puedes irte sola.

Déjame acompañarte, no vayas a marearte otra vez.

Julio, por favor,

si quieres que nos llevemos bien no me agobies, ¿vale?

Puedo ir sola, gracias.

Ya les digo,

al final todo fue muy desagradable.

Yo intentaba ignorar los desaires del chico, pero...

cuando se trataba de Palmira...

no podía.

Se me llevaban los demonios.

-¿Cómo lo gestionaba como pareja?

-Mal, para qué le voy a mentir.

Yo intentaba hablar con Palmira

para buscar alguna solución,

pero no, no hubo forma.

Él quería que estuviese lejos de su madre,

y al final... -Lo consiguió.

De repente, un día me dejó.

Me tuve que ir de la casa y...

Bueno, yo sé que fue por él, estoy convencido.

Ese chico nos ha hecho pasar las de Caín.

Palmira es muy buena persona,

no se merece lo que...

está haciendo con ella su hijo.

Ojalá puedan ayudarla. -Lo intentaremos.

-Muchísimas gracias por todo, Santiago.

-Gracias a ustedes.

-¡Merinero! -"Sí".

-¿Puedes acompañar al señor Ruiz a la salida?

Y, otra vez, muchas gracias.

-Por favor, ayúdenla.

-¿Crees que nos ha contado la verdad?

-No me cabe la menor duda.

Dale la vuelta a la declaración de Miguel de anoche

y todo encaja.

Ese chico es un peligro y yo creo que él lo ha provocado todo.

Me dice Márquez que habéis interrogado al ex de Palmira.

¿Es verdad que ha venido voluntariamente?

No había oído.

-Estaba en casa de un familiar en Burgos.

Hoy tenía una entrevista de trabajo muy temprano y al volver,

un vecino le ha dicho que la Policía lo buscaba.

La verdad es que no ha tardado en venir.

-Y su declaración ha sido muy reveladora.

-Él no es el maltratador,

El último día que maltrataron a Palmira él no estaba en Madrid,

así que, tiene coartada.

Bueno, pues habrá que seguir buscando.

¿O estáis pensando otra cosa?

Miguel, el hijo de Palmira.

¿Estáis seguras de eso? Completamente.

Jesús, el frutero, lo vio agarrándola fuerte del brazo

e insultándola. -Con eso

y con lo que nos ha contado la orientadora del centro...

montamos el puzle.

-Además, Santiago ha sido muy tajante,

por lo visto, su relación con Palmira acabó

porque Miguel hizo todo lo posible para que así fuera.

-También nos ha contado que alguna vez se abalanzó sobre él

para intentar pegarle.

¿Él vio, personalmente, alguna agresión del chico a la madre?

Sí de palabra, pero nunca vio que le pusiera la mano encima.

Pues está claro lo que tenemos que hacer,

conseguir que Palmira denuncie a su hijo.

Tiene que ser muy complicado denunciar a tu hijo

antes que a tu pareja. Ya, sé que es difícil, pero...

Tenéis que desplegar todas las artes de persuasión

para convencerla.

Hay que proteger a Palmira de esa bestia, aunque sea su hijo.

Además, tenemos que darnos prisa,

porque ahora que Miguel está sobre aviso,

puede tomarla con ella.

-Voy a llamar a la zapatería, a ver si doy con ella.

No me imagino nada peor para una madre

que ser agredida por su propio hijo. Dios mío...

Y, desgraciadamente, cada vez se repite más este caso.

Pero...

por lo que sé, solo uno de cada diez padres

denuncian el maltrato.

-De acuerdo. Muchas gracias.

Está en la terraza de La Parra, ¿vamos?

Venga, a ver si lo conseguís.

Hola, Palmira.

-Buenas.

-¿Podemos sentarnos?

-Yo no tengo nada que hablar con la Policía.

-Deja que te expliquemos.

Hemos hablado con Santiago.

-¿Habéis hablado con Santiago? ¿Por qué?

-Verás...

Sabemos que no es él quien te maltrata.

-Claro que no, ¿cómo me va a maltratar Santiago?

Si es un trozo de pan.

-Porque nos lo dijo tu hijo.

-¿Cómo?

¿Que Miguel ha acusado a Santiago?

-Sí, fue él quien nos puso tras la pista de tu expareja,

¿no lo sabías?

-Ay, Dios mío...

Sabía que vosotras habíais hablado con él.

¿Cómo se le ocurre acusar a un inocente?

-Tu hijo es capaz de muchas cosas,

y de algunas muy graves.

-Que tenga problemas en el instituto no lo convierte en un monstruo.

-Mientras tú lo sigas protegiendo y justificando

no le ayudas nada.

Tu hijo seguirá haciendo de las suyas.

Sabemos que es él quien te maltrata.

-Eres madre, Palmira,

y es comprensible que no quieras denunciarlo,

pero sus actos son intolerables, son delito,

y tú eres la víctima.

-Yo me tengo que ir al trabajo. -Espera, por favor.

Escúchanos.

Sabemos que estás viviendo un infierno en tu casa,

y la única manera de salir de él es confiar en nosotras.

-Es que ya no pienso con claridad,

no veo salida a nada.

-Palmira, claro que hay salida.

-No quiero que se enfade por eso.

Siempre hago lo que él quiere. -Y nunca te funciona, ¿a que no?

-Yo quiero llevarme bien con él,

pero cada vez que pierde los nervios la paga conmigo.

-Palmira, mírame,

tu hijo te ha puesto la mano encima.

-Empezó hace poco.

-Pero te insulta desde hace tiempo, ¿no?

-Desde chico ya era muy rebelde y se tomaba sus berrinches.

Cuando me divorcié empezó a...

empezó a insultarme y cuando quise pararlo ya no pude.

¿Qué hecho mal, Dios mío? ¿Qué he hecho mal?

-Eso ahora da igual,

lo importante es que necesitas ayuda y tu hijo, ni te cuento...

-Daría lo que fuera,

lo que fuera porque se solucionara esto.

Ya no me quedan fuerzas...

-Venga, mujer, pon un poco de tu parte.

-No puedo denunciarlo.

-Si lo haces, estarás haciéndole un gran favor.

-No, lo estaría traicionando.

-Al contrario, le estás poniendo unos límites que nunca ha tenido.

-Nunca supe meterlo en vereda.

-Y ha ido de mal en peor. -Y todavía puede empeorar.

-Por lo que vemos a diario,

si no frenamos esta situación a tiempo,

tu hijo puede convertirse en un maltratador de mujeres

y no quieres eso para él, ¿a que no?

-No.

Eso no. Que me haga daño a mí me da igual.

Pero que haga daño a otras personas no,

por eso me separé de Santiago.

-Tu hijo tiene que comprender que...

que es un delito, y que un delito se paga.

Y si tú lo encubres,

te estás convirtiendo en su cómplice.

Tienes que ayudarlo, Palmira.

Si lo ayudas,

te estarás ayudando a ti también.

-Está bien.

Haré lo que tenga que hacer.

-Claro que sí, Palmira. Acompáñanos.

Vamos.

-Hola, Iker. Nerea.

No sabía que estabas por aquí.

Sí, llevo la defensa de un detenido que está en el calabozo.

Acaba de prestar declaración,

ha robado un coche cerca del centro comercial.

El chaval tiene el susto en el cuerpo y no le salen las palabras.

Un novato con ganas de aventura.

A ver si consigo que lo dejen en libertad a la espera de juicio.

Con lo buena abogada que eres, seguro.

Tú todavía no lo sabes bien.

Pero me alegro de que confíes en mí.

Porque tú lo vales.

Esta noche toca Absalon en un bar de Malasaña.

¿No los conoces? No.

Es un grupo "indie", seguro que te gusta.

Pues me pillas fatal porque esta noche tengo otro compromiso.

Pero ¿compromiso ineludible o podrías anularlo?

Qué más quisiera,

tengo que hacer de Cicerone de mi primo que ha venido de visita.

Pues que venga con nosotros al concierto, igual le apetece.

Quita, quita, que si le doy cuerda no duermo en toda la noche.

¿Has estado haciendo "tronchas" con mi prima?

Veo que te conoces el argot.

No, no hemos coincidido tu prima y yo.

Hola. Qué bien, os cojo juntos.

-¿Cómo vas, Ramiro? -Pues de remontada.

Ya he empezado el tratamiento, mira, aquí lo tienes.

-Me alegro que me lo hayas traído.

Lo añadiré a tu expediente y será de gran ayuda.

Lo que no debes hacer es abandonar. -Qué va,

ya me lo dijo el agente Lemos,

partido a partido, como el Cholo.

Eso es, Ramiro.

Me habéis ayudado mucho.

Nosotros solo hemos hecho nuestro trabajo.

Pues cuando me convenciste para entregarme

no me pareció que lo hicieras por trabajo,

sino que hablabas con el corazón.

Y hablaba con el corazón aunque fuera trabajo.

Nunca imaginé que los policías trabajáis así,

con el corazón.

Os dejo. No os entretengo.

Gracias de nuevo a los dos.

-Hasta pronto. Adiós.

Eso de que pones el corazón cuando trabajas ha quedado muy bien.

Como tú, ¿no?

Cuando trabajo en el bufete de mi tío defendiendo a grandes empresas,

lo hago más de cabeza.

Es aquí, en el turno de oficio,

cuando veo que se puede trabajar de otra manera.

Con el corazón, como tú dices.

Es mi primo, que acaba de llegar a Madrid, así que...

Ya nos encontraremos por aquí, ¿vale, guapa?

¿Guapa?

(Puerta)

Perdone que le moleste, pero traigo información importante.

-Cierre la puerta y sírvame un trago.

¿Recuerda que me pidió investigar el pasado de Alicia Ocaña?

-Y de la inspectora Miralles también. -En este caso,

la información que traigo es sobre Ocaña.

-Cuente, pues.

-Es hija de Fernando Quintero.

-¿Eso es cierto? -Totalmente cierto, patrón.

-En su primer informe me dijo

que era hija del letrado Marcelino Ocaña.

-Esa es la versión oficial, cara a todo el mundo.

Pero la realidad es

que Quintero es el padre biológico de Alicia Ocaña.

-¿Y quién más sabe eso? -Solo los implicados,

por eso me costó tanto conseguir esta información.

-Bueno, mi querido Tano,

esa información es muy importante,

cuénteme los detalles.

-Quintero conoció a Carmen, la madre de Alicia

y tuvieron una relación antes de que esta

saliera con el abogado Ocaña.

En esa época metieron a Quintero en la cárcel,

Carmen le dejó y empezó a salir con Ocaña,

pero ya estaba embarazada.

-O sea que mi futuro socio tiene línea directa con la Policía.

Si no lo han pillado, quizá sea porque su hija le avisa

y por eso sale airoso.

Ahora lo estoy entendiendo todo.

No es ningún huevón ese Quintero. -No es tonto, no.

-¿Y cuál es su fuente?

-Supe que Alicia, antes de estar con Roberto Batista,

estuvo con un abogado del bufete de Ocaña,

Sergio Mayoral.

El chaval tenía un futuro prometedor,

pero terminó en la cárcel por el asesinato de dos personas.

-Ah, no, vaya ojo que tiene esta niña para los novios, ¿cierto?

-Ayer le hice una visita de cortesía a Mayoral.

-¿A la cárcel? -Sí, señor.

Pensé que estaría más colaborativo, aceptó la visita,

pero me fui de vacío.

Como sospechaba que me escondía algo,

contacté con los Carillo para que le hicieran hablar.

-¿Los Carillo de Medellín?

-Esos mismos.

Tienen para una temporada en la cárcel de Madrid

antes de que los extraditen a Colombia.

-Mi padre hizo negocios con ellos, son unos malparidos, ¿sabe?

Me alegra que no les haya ido nada bien.

-Pues siguen vendiéndose al mejor postor.

Por un módico precio conseguí que hicieran hablar a Mayoral.

Le hicieron la visita a las duchas y surtió efecto.

-Ay, qué blanditos son algunos...

¿Está seguro de que nos dice la verdad?

-Absolutamente, señor.

Corroboré la información con un contacto que tengo

en la clínica genética donde hicieron las pruebas de ADN.

No hay lugar a dudas.

Fernando Quintero es el padre de Alicia.

-Hombre, Tano,

sírvase un trago que esto hay que celebrarlo.

-Gracias, patrón.

-Esta información la vamos a exprimir como si fuera naranja.

-Ya está.

-No te sientas culpable, has hecho bien.

-¿Y ahora qué le va a pasar?

-Un juez de menores estudiará su caso.

-¿Lo pueden condenar a la cárcel? -Con 17 años no.

Lo más probable es que decreten para él libertad con vigilancia,

o lo envíen a un centro de menores.

-Pero lo pueden tener encerrado.

-Como te ha dicho mi compañera, eso lo decidirá un juez.

-Ahora, lo que necesita tu hijo es un buen correctivo.

Que le impongan normas, que aprenda a respetar a los demás,

en definitiva, que lo reeduquen.

-He sido una mala madre.

No he sabido plantarme cuando me...

me chillaba y me tiraba los cacharros de cocina.

Ahí empezó todo.

Tenía tanta rabia por el divorcio...

-Palmira, no puedes echarte a ti la culpa.

-Tú eres la víctima.

Sabemos que vas a necesitar ayuda psicológica.

-Qué mal lo he hecho...

A veces me he sentido tan impotente que...

he llegado a pensar

que una enfermedad hubiese sido mejor que...

-No.

No debes culpabilizarte,

deja que un psicólogo examine a tu hijo y le ponga un tratamiento.

-Sobre todo, la violencia no puede regir tu vida,

ni la suya tampoco.

-Ya.

Haré lo que sea para salir de este infierno.

-Hoy has dado el primer paso.

Pero esto es un largo camino en el que no estás sola,

nos tienes a nosotras y a los asistentes sociales.

-Ya está aquí.

Lo mejor es que no lo veas.

Te acompañamos a la sala de descanso. -No, no, quiero verlo.

Quiero explicarle por qué lo hago

necesito que me escuche.

-Está bien te acompañamos.

-¡Desgraciada, inútil! -Cariño, no he tenido más remedio.

-¿Que no has tenido más remedio de llamar a la Policía y detenerme?

-Estate quieto, Miguel.

-Hasta una perra es mejor madre que tú, ¡asquerosa!

-¡Ya está bien! Palmira, no tienes que aguantar esto.

-Qué asco te tengo. ¡Cállate!

Y no le faltes el respeto más a tu madre.

Una madre no entregaría su hijo a la Policía.

Motivos le habrás dado. Ninguno.

Eso lo determinará un juez.

Esa mujer está loca, si es una vieja zumbada.

Te advierto una cosa,

todo lo que hagas o digas

se va a reflejar en un atestado que estamos redactando

y el juez lo leerá para juzgarte.

¿Sí? Pues me da igual. Muy bien.

Nacha,

llévatelo a la sala de interrogatorios.

Voy a hablar un ratito con él. Sí, inspectora. Vamos.

Quieto.

Tranquila, Palmira.

Tranquila.

Has hecho lo que debías, por tu bien,

y aunque no lo creas, también por el bien de tu hijo.

Yo no estoy tan segura. Sí.

Para que tu hijo se convierta en un adulto sano

que no emplea la violencia contra los débiles,

necesita que le marquen los límites.

Aprender a controlar su ira.

Ahora lo ves imposible, pero algún día te lo agradecerá,

te lo aseguro.

Y volverá para darte un abrazo.

¿Eh? Ya verás cómo lo hace.

Quedaos con ella un rato, y si es necesario,

la acompañáis a casa. Por su puesto.

Venga. Hasta luego.

Quintero.

Dígale a su vigilante que nos deje solos,

y que se acostumbre a verme más seguido por aquí.

-Está bien, Sebastián,

sigue haciendo tu ronda, ya me encargo yo.

Mire usted, señor Somoza, si quiere verme o hablar conmigo,

también puede llamarme,

o lo que sería más correcto, llame a mi secretaria y pida cita.

-Pero qué diferentes somos,

usted va a visitarme a mí y lo mínimo que le pongo es una copa.

-Está bien,

que no se diga que los españoles somos unos maleducados.

También me irá bien tomarme una copa después de un día duro.

-Yo también me tomo una copa

después de una larga jornada de trabajo.

Es como un bálsamo después de una pelea.

Gracias, hombre.

-¿Qué quiere?

-Primero que nada, felicitarlo por este imperio,

lo tiene usted muy bien cebado.

Eso que solo veo la punta del iceberg,

vaya usted a saber qué hay debajo de la superficie.

-Mire, le agradezco mucho el elogio, pero...

tengo que decirle que me están esperando,

así que, tengo algo de prisa.

-¿La familia? -Mi hijo.

-Ah...

Benditos aquellos que tienen hijos.

Y usted está doblemente bendecido

porque tiene una fortuna que creó de la nada.

-Me ha costado muchos años de trabajo y de esfuerzo,

y he tenido que pagar un alto precio en algunos momentos de mi vida.

-Sí, ya sé que estuvo preso cuando estaba joven.

-Ha llovido mucho desde entonces.

-Y sale de prisión

y se convierte en el traficante más importante de España

sin que la Policía le toque un pelo.

Usted, como dicen aquí, sabe cómo escurrir el bulto.

-Creo que usted también sabe bastante de eso, ¿no?

Se ha presentado aquí como un empresario respetable,

impoluto, nadie lo puede acusar de nada.

-Como dice mi padre:

mientras más grande es el crimen,

más honrado y decente uno tiene que aparentar.

Pero usted, no...

con usted yo me quito el sombrero.

Usted tiene un as bajo la manga que impide que la Policía lo pille.

-¿De qué está hablando?

-Un as con nombre de mujer.

Alicia, su hija.

La verdad, tener una hija como inspectora de policía,

eso es una jugada maestra.

La verdad es que lo admiro.

Eso solo puede hacerlo alguien con una mente como la suya,

tener una hija infiltrada en la Policía.

-¿De dónde saca que Alicia sea mi hija?

-¿Es que ahora no es su hija?

¿Va a renegar de su propia sangre?

-Yo no reniego de ella,

pero le han informado mal,

ella no tiene nada que ver con mis negocios.

-Mire, no me tome por huevón

que yo sé que usted tiene las espaldas cubiertas por ella.

Lo que no sé es si ella lo hace por amor a la familia

o porque se lleva una mordida de todo.

-Ni lo uno ni lo otro porque ella no trabaja para mí.

-Pues entonces lo segundo, porque esa mujer es muy espabilada.

-Usted no conoce a la inspectora Alicia Ocaña,

ella es una policía honrada.

-Sí, claro, como todos.

-Ya le he dicho, señor Somoza,

que Alicia Ocaña está completamente al margen de mis negocios,

no tiene nada que ver.

Ella jamás se dejaría sobornar

ni por mí ni por nadie.

-Entonces, la inspectora Ocaña persigue el crimen

y a los criminales, incluyendo a su padre, ¿no?

Entonces yo me chupo el dedo.

-Verás, señor Somoza, está empezando a entrar

en un terreno...

personal, y eso es algo muy peligroso.

-Debe ser duro que una persona que le importa tanto

lo quiera meter en la cárcel, ¿no?

-No sé si tiene algo más que decirme, pero...

creo que se le ha terminado la copa,

así que será mejor que se vaya.

-Con mucho gusto, señor Quintero.

Un placer verlo de nuevo.

-Eso es.

Ahora, lo mejor es esperar a la vista del juez de menores.

No te preocupes, Palmira, seguro que Miguel va a mejorar.

Además, la asistenta que trabaja en el centro de menores

me ha dicho que ha tenido una sesión con él y que ha mejorado mucho.

(ASIENTE)

No, no, ahora lo que tienes que hacer es descansar, ¿me oyes?

Claro.

No, gracias a ti.

Buenas noches.

-¿Está animada? -Pues parece que sí.

Y que, finalmente, ha hecho lo que tenía que hacer.

-Pues llegar a esa conclusión es lo importante.

-Pues sí.

Estoy segura de que reharán sus vidas.

-Si Miguel se aplicara con las terapias...

podría reeducarse y cambiar.

Ojalá no se convierta en uno de esos monstruos

que siempre necesitan una víctima a la que someter.

-Estoy segura de que saldrán de esta.

¿Qué miras tanto?

-Estoy haciendo el seguimiento

de las visitas que ha tenido nuestro anuncio

para encontrar compañera de piso. -¿Cuántas ha habido?

-Ni una. Cero. -¿Qué?

No me lo puedo creer. ¿Y por mail no ha habido nada?

-Nada, es como si estuviéramos apestadas.

-Déjame ver...

Cero visitas.

Qué raro, seguro que estamos haciendo algo mal.

-¿Algo mal? Al principio teníamos muchas interesadas.

Ahora nada de nada,

es como si nuestro anuncio no existiera.

-Yo pensaba que tendríamos que quitarnos

a las candidatas de encima.

-Nuestro piso mola mogollón.

-Y las condiciones son buenísimas. -Y nosotras somos un encanto.

-Pues paciencia entonces,

seguro que la compañera de piso ideal está al caer y no lo sabemos.

-Y, si no, siempre podemos recurrir a Fede.

-"Os adjunto mi última nómina

en una empresa de cosmética

donde soy técnica perfumista.

Siempre me acompañan buenos olores".

Bueno, pues a ver

cómo te lo explico yo, querida amiga perfumista.

Querida Celia:

tienes un perfil ideal,

pero lamentándolo mucho,

hay un inconveniente.

Una de nosotras tiene una alergia

asintomática

a los perfumes

que le provoca

rinitis.

Así que no podemos

arriesgarnos

a que quede expuesta

a tus buenos olores.

Buena suerte.

-Pues sí que te hace gracia lo que escribes.

-Es que yo soy muy gracioso. -Eso es verdad.

-Te voy a contar un secreto,

muy pronto dejaré de vivir en el cuchitril donde estoy

y me voy a mudar a un piso que...

que tiene todo lo que uno puede imaginar.

-Pues enhorabuena, porque últimamente

encontrar un piso decente es misión imposible.

-Ya te digo, pero el que la sigue la consigue.

-Y eso es así. ¿Lo estás buscando por internet?

-Sí, es que internet es una herramienta

que tiene millones de posibilidades.

-Si quieres aceptar un consejo, vete a verlo en persona,

porque hay mogollón de estafas y nada es lo que parece.

-Pero yo conozco perfectamente el piso

y me encanta. -Pues entonces, a por todas.

No lo dejes escapar.

Hola, Paty. Hola, Iker.

-¿Qué pasa?

¿Qué es eso que no tienes que dejar escapar?

El pisazo al que me voy a mudar.

-¿Te pongo algo?

Sí, un bocata de jamón serrano para llevar

partido en dos mitades. Marchando.

-Oye, ceno solo, ¿por qué no te comes el bocata aquí?

No puedo, tío, tengo lío.

¿Has quedado con la abogada esta buenorra de...?

No, no tengo plan con Nerea.

En la comisaría se rumorea que ya estáis liados.

En la comisaría hay mucho cotilleo.

Pero habéis salido con anterioridad.

Sí, dos veces, pero hoy no.

¡Ah! Que es con otra tronca...

Es que eres un genio.

Está bien, te lo contaré.

Mi primo ha venido a visitarme y hemos quedado para salir,

como sé que nos darán las uvas,

me pillo el bocata porque me entrará hambre

cuando ya no quede nada abierto.

Menuda mierda de excusa.

Es que no me cuentas nada, macho.

Tú lo que quieres es venirte a patear Madrid con mi primo.

No, no.

¿Y qué es eso de que te vas a mudar?

¿Has encontrado piso? Bueno, el...

el piso me ha encontrado a mí. Hasta ahí puedo leer.

Y te quejas de que yo soy misterioso...

Aquí lo tienes.

Gracias, Paty. Quédate el cambio.

Gracias. ¿Qué pasa, tienes guardia esta noche?

-Sí, guardia, lo que tiene es que ha quedado con una chavala.

Sí, Fede, lo que tú digas.

Descansad vosotros que podéis. A mí no me la pegas, ¿eh?

Ahí va el tigre...

(Puerta)

Hola, hija. Hola.

Pasa.

¿Quieres tomar algo?

No, solo quería verte cinco minutos.

Con el ritmo de trabajo que llevamos

no tenemos ni un hueco para hacernos ni una llamada.

Sí, tienes razón.

Yo también pienso en llamarte muchos días.

Aunque no hay nada como una charla cara a cara,

mirándose a los ojos.

¿Nerea no está?

No, todavía no ha llegado.

¿Qué tal la convivencia?

Bien.

Bien, muy a gusto, la verdad es que...

las dos juntas...

estamos bien.

Pues genial.

¿Y en el trabajo?

¿Qué tal con ese compañero que no te gustaba mucho?

No es para tirar cohetes, pero poco a poco...

le voy aguantando mejor.

¿Y alguna investigación de estas que te quitan el sueño?

¡Ninguna, papá! ¿A qué viene este interrogatorio?

Perdona, hija, es que te veo cansada...

No me miras a los ojos. ¿Seguro que está todo en orden?

Estoy intentando superar la muerte de Rober, ¿vale?

Pero todavía llevará un tiempo.

¿Seguro que no me ocultas nada?

Mira que tengo un sexto sentido para tus problemas.

¡Que no, papá!

Vale.

Ya me callo y me voy.

Querrás estar tranquila.

Alicia, perdona por mi torpeza.

-¡Hola, tío! -Hola.

-Qué alegría verte.

-¿Vienes de la reunión con Villaronga?

-Sí, se empeñaron en brindar por la firma del acuerdo,

y me quedé un rato por cortesía.

-Muy bien. Las relaciones públicas, queramos o no,

son parte de la vida del bufete. -Pues sí.

-Bueno, yo me voy.

Y deciros que me encanta veros juntas,

y tan bien avenidas.

Cariño. Adiós, papá.

Cuídate.

Hasta luego.

-Tu padre es más majo... Ay, qué horror de zapatos.

Me pongo cómoda y preparo algo. ¿Qué quieres para cenar?

Nada.

Dime qué te pasa.

Es un poco sobreprotector, pero porque te quiere con locura.

Cariño...

Es normal que tengas altos y bajos.

La muerte de Rober es muy reciente.

Ya verás que cuando pasen...

unos meses vuelves a ser tú.

¿Yo?

Y alguien más.

¿Cómo?

Estoy embarazada, Nerea.

¿Estás segura?

Me...

hice la prueba justo antes de que llegara mi padre.

Pero no le has dicho nada. No.

Es que...

no me lo puedo creer.

No sabes cómo me siento

sabiendo que tendré que criarlo sola,

y que jamás va a conocer a su padre.

Lo siento mucho.

Lo siento.

Lleva unos días que yo tengo la sensación

de que ha dado un bajonazo. ¿Le has preguntado si pasa algo?

Sí, le he preguntado y dice que no le pasa nada,

pero es evidente que me mentía. Pero también pueden ser cosas mías,

y forma parte del proceso de duelo.

Seguramente sea así.

Pero me alegro de que estés pendiente

porque para Alicia eres como una madre.

No sé si seguir adelante con el embarazo.

Me imagino que debe ser...

muy difícil criar un hijo sin su padre.

Además, con el trabajo que tú tienes,

es lógico que te estés planteando esas cosas.

-No sabes cómo me gustaría que os llevéis bien el día de mañana.

-Y a mí.

Creo que ella no está por la labor.

Prefiere alejarse de todo lo que tiene que ver contigo.

¿Por qué te rechaza de este modo?

No me digas que no lo sabes, papá.

-Por cierto ¿qué tal con la Paty?

Te veo un poco apagado.

-No consigo sacármela de la cabeza.

Tampoco tengo claro qué hacer.

-Si una tía no quiere saber nada de ti...

No te puedes dar cabezazos contra la pared.

Hay que pasar de ella.

-Ya, pero quien algo quiere, algo le cuesta.

-Solo vengo a decirle que el señor Somoza

le espera esta noche a las diez en su despacho.

-¿Qué quiere? -Ni idea.

A mí solo me ha mandado decirle el mensaje.

-Bueno, invitación recibida.

-Supongo que irá.

-Yo sé que eres muy válida,

el problema es que vas siempre como una moto, de arriba para abajo.

-Es que quiero llegar a todo y hacerlo bien,

pero esta vez he fallado. -Sabes bien que un buen abogado

se toma su tiempo para reflexionar.

Te digo, Nerea...

-Estás muy desmejorado. -Es que no somos aquellos chavales

que salíamos con la bici por la sierra.

-Nos dejabas siempre atrás con tu "mountain bike".

Pero por eso mismo,

eras el deportista del grupo.

¿Estás enfermo?

-Eres muy observador.

-¿Qué te pasa?

-Dedúcelo, doctor.

Pero, tranquilo, que lo tengo controlado.

La asociación de padres del instituto Pedro Salinas,

nos ha informado de que hay venta de marihuana

a los alumnos del centro.

Podría ser una mujer. Sabemos que tiene el pelo largo

y lleva un plumas de color negro.

Yo creo que se trata de la típica exalumna

que tiene una par de plantas de maría en el patio,

junto al ficus de su madre.

Podría tratarse de una exalumna

o de un miembro de una banda.

Claro, la banda de Pablo Escobar.

Este se está ganando una colleja.

Yo creo que Alicia e Iker

se bastan para solucionarlo.

Pues que metan el turbo y obtengan resultados,

no me gusta que un camello venda drogas a los jóvenes.

¿Quién te está presionando para que entres en mi despacho

a preguntarme por el asunto?

¿Me ves como un agente díscolo?

Eso es lo que has demostrado, te cuesta acatar las órdenes.

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Servir y proteger - Capítulo 215

08 mar 2018

Lola y Espe siguen investigando los posibles malos tratos a Palmira. Gracias a Jesús, las policías descubren que el agresor podría ser Bruno, el hijo de la mujer. Alicia va a descubrir algo que va a cambiar su vida para siempre. Siguiendo las órdenes de Somoza, Tano investiga a Alicia.

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  1. Carla

    Las leyes en España son risibles,a los 17 puede pegar a su madre y casi ni castigan, violadores salen rápido. Debe dar miedo vivir en estos tiempos en una sociedad que se mima a los criminales. Trabajo en un hospital y veo mujeres abusada, la valentía de ellas, en USA no se necesita la acusación de las víctimas, y los culpables sirven sus buenos años. Servir y Proteger es una excelente serie en todo sentido, las historias,el drama,los chistes,los actores. Gracias por este regalo con la serie.

    09 mar 2018