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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 212 - ver ahora
Transcripción completa

¿No eres tú el que dice siempre

que los problemas hay que solucionarlos

con la ayuda de profesionales? Pues en este caso no.

Para discutir, lo hacemos gratis en casa.

No te imaginas cómo me ha dicho que no quería volver.

Mira, el ser humano es muy resistente al cambio,

cuando se acostumbra a una situación resulta muy difícil

variarla, para lo bueno y para lo malo.

-Tirar la toalla así, ya,

en un primer momento y no seguir luchando por nuestra relación...

es una soberana irresponsabilidad.

-Espe me ha hablado maravillas de ti. -Yo también he oído mucho de ti.

-Ah, ¿sí? ¿Qué te han contado?

-Un poco de esto, un poco de lo otro...

Que te gusta mucho bailar y que casi llegas a profesional como gogó.

-Espero que estés de broma, porque no me gusta hablar de esto.

-Julio no sabe nada de mis negocios en B, ¿comprendes?

Y así tiene que seguir siendo. -Vale.

-Seguro que aprendo mucho más contigo en un año

que en siete masters en Estados Unidos.

-¿Y ese es...

el único motivo por el que te quieres quedar?

-También me apetece cambiar de aires.

Estoy harto de Miami.

Aquí he conocido gente interesante y me encanta el ambiente.

-Este es Jairo,

un amigo del barrio. -Buenas.

-¿Qué tal, tío? -Yo acabo de llegar.

Trabajo aquí al lado, en la tienda de alimentación.

-No tengo por qué darte ningún tipo de explicaciones,

pero como soy así de maja te las daré.

No es mi novio. Como te dije, es un amigo y ya está.

-Ella me está ayudando mucho a integrarme.

-¿Por qué no la invitas a salir? Se nota que te gusta.

-Sí, me gusta, es muy guapa.

Pero ya te digo que solo somos amigos.

Hace muy poco que la conozco.

-Eh...

Se me ha hecho tarde.

-Soy un idiota.

¿Te gusta la bossa nova? Hay un concierto esta noche

en un local del que me han hablado muy bien.

¿Por qué no?

Me apetece salir, y así conozco gente en Madrid.

Solo voy a llevar a tu prima a un concierto.

Los dos somos nuevos en la ciudad y tenemos ganas de divertirnos.

No hay nada de malo en eso. Estoy de acuerdo,

a Nerea le vendrá bien salir un rato.

Ni se ha intentado acostar conmigo, ni se ha portado como un baboso,

y lo más importante, lo he pasado tan bien

que no me importaría repetir. Vale, capto el mensaje.

Por sus negocios en España

y en Europa. -Gracias, Tano.

Si tus enemigos saben cuáles son tus intenciones estás perdido,

pero si se las dices tú mismo es que eres tonto.

-Usted mató a mi hermano y yo voy a hacer lo mismo.

-Mire, mi hijo, yo tengo demasiado tiempo en este negocio

como para no tomar precauciones.

Si lo dejé llegar hasta aquí es porque quería verle la cara.

"Quiero verle en mi despacho en una hora".

"Tenemos un tema serio del que hablar".

-Ahora mismo no puede ser, estoy ocupado.

-"Es mejor que no se niegue

si no quiere que le pase algo a alguno de sus hombres,

concretamente a Jairo".

Lo dejé salir vivo porque compartimos el mismo dolor,

pero eso no lo voy a volver a permitir.

Ahora usted tiene dos opciones,

o lo corrige usted o lo corrijo yo.

-No se preocupe, esto no se volverá a repetir.

-Quiero que venga y se disculpe delante de mí.

-Lo hará.

(Música emocionante)

La verdad, tengo que reconocer

que no pensaba volver a la terapia.

Pasé mucha vergüenza sacando nuestros trapos sucios

delante de una persona desconocida.

Y...

me extrañó tanto que no recordáramos

las mismas cosas los dos...

Me dolió no tener un recuerdo bonito que compartir.

No sabía que eso podía pasar.

Pues yo tengo que reconocer que...

que sentí miedo.

Bueno, miedo...

pánico.

Tuve la impresión de que...

de que las cosas que nos separaban

eran mayores que las que nos unen.

Las sesiones son duras porque nos ponen frente al espejo.

Solemos tener una percepción de cómo somos

y de cómo es nuestra relación

que poco tiene que ver con la del otro.

Pero es un choque del que vais a salir reforzados.

Ya.

Pero reconozco que...

que no me gustó lo que vi reflejado.

No me gustaba la imagen que Antonio proyectaba de mí.

Os ayudará a conocer mejor vuestra personalidad.

Vamos a centrarnos en los aspectos que podemos cambiar

de nosotros mismos, que no podemos cambiar al otro.

Vamos a centrarnos en lo que depende de nosotros.

Os propongo un juego.

¿Vale?

Imaginaos que no estoy aquí,

podéis cerrar los ojos si lo necesitáis.

Ahora quiero que penséis en el otro.

En los aspectos positivos que tiene el otro.

Que lo sintáis.

Pensad en lo que os gusta del otro.

Ahora quiero que os deis un abrazo.

Visualizando todo eso que acabáis de pensar.

Qué bien...

Podría estar así horas.

¿Podrías decirme cuándo fue la última vez

que os disteis un abrazo así?

¿Cuánto hace que no le dices a Antonio que le quieres?

Verás, es que...

yo soy muy castellana, y...

y todo lo vivo muy hacia dentro.

Me cuesta mucho expresar mis emociones.

Pero yo quiero mucho a Antonio, tú lo sabes.

Claro que lo sé.

No lo he puesto en duda nunca.

-Es importante decirlo.

Nuestra pareja no lee nuestros sentimientos.

Tenemos que demostrarlo y cuanto más, mejor.

Los detalles son muy importantes.

-Por eso dije yo de ir a París,

con la excusa de Olga.

Y así tener un momento para nosotros.

Huir un poco de la rutina.

Pero...

Sí, sí, eso fue...

fue cosa mía.

He perdido la oportunidad de estar con Antonio,

con Olga...

de que estuviéramos los dos solos también.

Muy bien, esto ha sido muy positivo,

acabáis de reconocer los dos vuestros errores.

Os voy a poner deberes.

Quiero que hagáis una lista

con las virtudes que reconocéis en el otro

y al final de esa lista, la firmáis.

Si os apetece se lo podéis dar al otro para que lo lea.

Yo creo que es un buen regalo en cualquier momento del día.

Sí, sí, claro.

Bien.

-Buenos días, hijo. ¿Te vas a ir a correr sin tomar nada?

-Se me ha hecho tarde, ya desayunaré luego.

¿Has visto dónde están las llaves?

-No, no, pero espera, porque quería comentarte una cosa.

He estado toda la noche dándole vueltas,

¿Sigue en pie tu idea de...

quedarte aquí trabajando conmigo?

-Dices bien, para ti.

No te voy a pedir ningún trato de favor,

si es eso lo que te preocupa.

Puedo empezar desde abajo con tal de aprender.

-No, a mí eso no me preocupa,

a mí lo único que me preocupa es tu futuro.

No sé, se me hace un poco...

extraño que quieras quedarte aquí cuando puedes elegir

cualquiera de las grandes ciudades del mundo.

-Ya.

Pero he elegido Transportes Quintero.

-Hijo, Estados Unidos es el país de las oportunidades.

Todos los grandes talentos están allí.

Allí están las grandes empresas tecnológicas...

-Que sí, todo eso ya lo sé,

no hace falta que me vendas el país que lo conozco perfectamente.

Pero también sé que ese no es mi sitio.

-¿Qué quieres decir con que no es tu sitio?

-Debes de ser el único padre del mundo

al que no le hace ilusión que su hijo siga sus pasos.

¿Es que no confías en mí? -Pues claro que confío en ti,

¿cómo no voy a confiar? Confío mucho en tus posibilidades.

Precisamente por eso se me hace extraño

que quieras hacer carrera en una pequeña empresa de logística.

-No subestimes Transportes Quintero.

Yo me siento muy orgulloso

de lo que has sido capaz de levantar de la nada.

Por eso no entiendo tu empeño en que no se perpetúe.

Mucho menos ahora, papá, que nos acabamos de reencontrar.

-Está bien, está bien, hijo...

Tienes razón,

he sido un poco torpe y bastante bruto.

Yo, cuando tenía tu edad, quería comerme el mundo

y no pude porque no tenía recursos,

así que solo quiero ofrecerte todo lo que pueda,

que tengas todas las posibilidades y no tengas que renunciar a nada.

-Y no lo hago, papá, todo lo contrario.

Ya he renunciado a mucho viviendo sin un padre.

Ahora tenemos que recuperar el tiempo perdido.

Eso es lo más importante para mí.

-Ven aquí, hijo.

No sabes cómo me alegra oírte decir todo esto, ¿sabes?

Porque no sé,

cuando llegaste al principio pensaba que...

venías huyendo de alguna relación o de algún problema por Miami

y necesitabas poner tierra por medio.

Me hace muy feliz comprobar

que lo tuyo ha sido una decisión muy madura y meditada.

-Ahora que ya está todo aclarado,

hazme una copia de las llaves, que compartir las de Fany es un lío.

Nunca las deja en el mismo sitio.

-Mira encima de la chimenea que es su sitio favorito.

Por cierto, ahora el que se tiene que ir soy yo

que se me está haciendo bastante tarde.

-¿Tu huida es la empresa, ¿no? -¿Cómo?

-Lo que quiero decir es que no tienes horarios.

Ayer te fuiste a una reunión casi a media noche.

Otro en tu lugar no habría ido al trabajo hasta la tarde.

-Es una de las primeras lecciones que debes aprender:

los empresarios autónomos no descansamos nunca.

Llegamos los primeros y nos vamos los últimos,

nadie nos puede sustituir, y sobre todo,

nunca podemos caer enfermos.

-Entendido, jefe.

Yo también me marcho que quiero encontrarme con alguien

y no quiero perder la oportunidad. -Luego te veo.

-Hasta luego.

-Ponme otro.

-¿No crees que ya has bebido suficiente?

Yo no sé si vas o vienes, pero aquí no hay juerga que celebrar.

-Lo necesito.

Yo no voy a montar ningún follón.

Solo quiero olvidar.

-Lo único que conseguirás bebiendo va a ser un resaca monumental.

-Qué más da, no hay nadie esperándome.

Sírveme.

-Te voy a poner el último.

El alcohol no soluciona los problemas.

-Qué sabrás tú de mis problemas.

Rebeca, escúchame, no me cuelgues,

te lo suplico. Solo quiero decirte...

-Toma, he pensado que te vendrá mejor esto.

¿Estás bien?

-Llévate eso, no es lo que te he pedido.

-Ya lo sé.

Pero la experiencia me dice que es lo que necesitas.

Toma.

¿Por qué no intentas contarme lo que te pasa?

Venga, hombre, que hablar con desconocidos sienta bien,

solo con oír los problemas en voz alta parecen menos graves.

-Yo no he venido aquí a hablar, si no me sirves, iré a otro bar.

No será por bares.

-¡Oye, que te dejas el cambio!

-¿Qué le pasa a ese? -Yo le diagnostico mal de amores,

pero el médico eres tú.

-Pues apestaba a alcohol, eso no es solución para nada.

-Me ha dado una lástima cuando se ha puesto a llorar...

-Ya.

Pues esta tarde tendrá que tomar unos cuantos paracetamoles.

-¿Un cafecico? -Sí, con leche y en taza grande.

"Sobre todo su generosidad".

"Su amor por la verdad...

y por su profesión. Sus ganas de vivir".

"Todo. No sabría vivir sin ella,

somos cómplices en todo".

"Nobleza, generosidad..."

Gracias.

-¿Alicia?

Qué casualidad. Debo confesar que hice trampa.

Busqué en algunos foros parques para correr por el barrio,

y varios policías de Distrito Sur recomendaban este.

Tenía la vaga esperanza de encontrarte y ha funcionado.

Yo no soy como el resto de los policías

que se apuntan a todas las carreras, pero...

He perdido la forma y me tengo que poner las pilas.

Me imagino que en tu trabajo te tocará correr

detrás de los malos en una persecución.

Es conveniente estar en forma.

Pero no es tan peliculero como te lo imaginas.

¿Peliculero yo?

A mí me han pasado cosas que sí son de película.

Ah, ¿sí? Te cuento rápido.

Con unos amigos fuimos unos días de vacaciones a Chicago,

y el padre de uno nos dejó su coche, era un modelo deportivo

y el conductor le pisaba a tope.

Total, que nos paró la policía.

Ya era de noche y el policía enfoca con la linterna al conductor

y le pide la documentación.

Se la da y nos ordena bajar del coche con las manos en alto.

Bueno, bueno, el policía era...

como un armario y su compañero como dos.

Se fue con mi colega hacia el maletero

y nosotros nos quedamos con el otro.

El policía empezó a registrar el maletero buscando...

qué sé yo qué,

y se quedó encajado.

¿Cómo que encajado? Como te lo cuento, encajado.

Que no podía salir porque con su propio peso

se había inmovilizado los brazos.

Su compañero tirando de las piernas y no salía.

¿Y cómo acaba la historia?

Al final tuvimos que desmontar todo el asiento trasero

y tirar de él desde delante.

Al final lo pudimos sacar,

pero ya te digo que se olvidaron de las hamburguesas

por una buena temporada.

Y además de ser experto en policías,

¿a qué te dedicas? ¿Has venido a España por trabajo?

Estudié empresariales en una universidad americana

y al terminar me he venido aquí a trabajar en la empresa de mi padre.

¿Y la empresa es de...?

Perdona.

Sí.

Vale, enseguida voy para allá.

Muy bien. Gracias.

Hasta ahora.

Lo siento, pero tengo que volver a comisaría.

Tranquila, ya seguiremos hablando otro día.

¿Te parece?

Claro.

¿Cuándo?

¿Quieres que quedemos?

-¿Te parece bien?

-Me parece que una sorpresa así le hará una ilusión tremenda.

-Con que le haga la mitad de ilusión que a mí, ya es suficiente.

Necesito sentir el cosquilleo de planear algo para sorprenderla.

-Qué bonito, Antonio, por favor.

-Ahora lo único que hace falta

es que no haya ningún impedimento en comisaría.

-Mira, eso tiene fácil solución.

Hola. Buenos días, comisario.

Hola, Antonio. ¿Me pones un café solo?

Necesito pedirte un favor.

¿De qué se trata? Es una cuestión de horarios.

-No tenías que esperar a que yo volviera de Tenerife,

con Espe te entiendes fenomenal. -Sí, pero...

gracias a ti soy una mujer nueva.

-Me halaga mucho que me digas eso, de verdad,

pero tú diste el primer paso. Yo solo te di un empujoncito,

el resto lo has hecho tú sola.

Nos vemos. -Hasta luego.

-Esa era Clarisa, ¿no?

-Sí, ha venido a visitarme para darme las gracias.

-Mientras estabas fuera llamó mucha gente para agradecerte,

así que te vas a tener que poner las pilas.

Solo devolviendo llamadas vas a echar toda la mañana.

-Yo te puedo hacer un apaño

para que a través del ordenador recibas las llamadas automáticamente,

sin tener apuntadas todas las incidencias.

Como en un CRM, vamos.

Lo hacen mucho en los "call center", y te puede ser de gran ayuda.

Tú haces la llamada y te salta el contacto.

Así, ya lo puedes apuntar en el registro.

Lo tengo aquí, en el móvil... -No, muchas gracias,

suena muy interesante, pero yo soy más de trato personal.

-Yo solo quería ayudar.

Ya sabes que para lo que quieras, aquí...

¿Qué? ¿Nadie va a presentarme?

No es necesario. Soy Iker, el nuevo compañero de Alicia.

Y tú debes ser la responsable de la UFAM.

Soy la oficial Ramos, pero todos me llaman Lola.

Sí, había oído hablar mucho de ti.

Tu fama te precede.

Espero que te refieras a los logros de la UFAM.

Por supuesto.

Tu labor recibe muchos elogios.

Pero todo en esta vida no va a ser trabajar, ¿verdad?

¿Qué tal por Canarias?

Fede, nos íbamos ya, ¿no? -Bueno, vale.

Que... Para lo que quieras...

-Pues he disfrutado mucho, la verdad.

Las Islas Canarias son muy buenas para desconectar.

Sí. Yo tengo una cita fija todos los años en Fuerteventura.

Voy a los campeonatos mundiales de windsurf y kitesurf.

Y cuando voy, solo bajo de la tabla para tumbarme al sol en pelotas.

(RÍE CON FALSEDAD)

Yo lo he probado y me parece muy difícil.

Solo hay que quitarse la ropa y lanzarse sobre la arena.

Me refería al kitesurf.

A la playa nudista llegué por casualidad,

pero, una vez superado el corte, y bien embadurnada de crema...

lo pasé genial.

Hola, Lola. Vengo a llevarme al surfista.

Corta el rollo. Tenemos un aviso en el campo de Europa.

Vaya tela...

-Ya me dirá qué tal le sale la piña.

-Muchas gracias.

Hijo,

¿se puede saber qué te pasa?

-Nada, ¿por qué? -Porque te estás golpeando con todo.

Siempre que te pasa eso es porque algo te preocupa.

Ya sabes que puedes contarme lo que sea.

-No te preocupes. Es que he metido la pata

y ahora no sé cómo arreglarlo.

-Ya sabes lo que decía tu abuelo: "A lo hecho pecho".

Hijo, cuéntame qué te pasa.

Ya verás como no es tan grave.

Seguro que entre los dos lo podemos solucionar.

-Es por Paty. -Ah...

-Ayer la besé.

-¿Y eso es malo?

-Por cómo reaccionó, creo que sí.

Se marchó muy seria, sin decirme nada.

-Vale. -Y hoy no se ha pasado por aquí...

Por una vez que me lanzo, la chica sale corriendo.

-Míralo por el lado bueno: por fin te lanzas a algo.

¿Por qué no pasas a verla por el bar?

-¿A decirle qué? -No sé.

-¿Por qué no te pasas tú a por tu bocata de lomo

y a ver si le ha dicho algo a María.

-Eso es cosa tuya. Y ya sabes: a lo hecho pecho.

Y deja de tocar la fruta que la vas a madurar.

¿Eh?

-Hola. -Hola.

-¿Qué hay, tío? -Bien. ¿Quieres algo?

-Sí. Estoy buscando una frutita así...

jugosa, un poco madura...

exótica, ¿cómo se llama...? Ah, sí,

fruta de la pasión, ¿tienes? -Sí, sí.

-Perfecto.

-¿Qué tal? -Bien.

Ramiro, ¿por qué no bajas y la llamamos juntos?

Te he dicho que no.

Si me haces repetirlo, me pego un tiro.

La estamos llamando, pero tiene el teléfono apagado.

Te buscas la vida. Te doy media hora.

Si Rebeca no está aquí para entonces, me pego un tiro en la cabeza.

Vamos a intentar localizarla, pero necesito que te calmes.

¡Que no me digas lo que tengo que hacer!

Quiero oír a Rebeca decirme a la cara lo que me puso en el mensaje.

Este tío se ha bebido el Pisuerga.

Tenemos que darle conversación para mantenerlo atento.

Espero que no se le escape un balazo y haya heridos.

Cuéntame algo que no sepa, Iker.

Y esta Rebeca sigue sin contestar.

Yo me encargo. Iker.

Déjame intentarlo, jefa. No perdemos nada.

¿Qué pasa, tío?

Se lo mal que lo estás pasando. Tú qué vas a saber.

A mí también me dejó mi novia.

No tienes pinta de que te hayan plantado con un mensaje de texto.

No me tomes por tonto.

No me dejo con un mensaje de texto,

fue mucho peor,

mandó una amiga para decírmelo.

Un exnovio suyo volvió de Barcelona porque no podía vivir sin ella.

Y yo ni siquiera sabía de ese exnovio, ¿te lo puedes creer?

De la noche a la mañana...

la tía se vuelve a enamorar de ese pavo y me deja plantado.

Fue un palo muy gordo.

Me sentía como un completo imbécil.

¿Hace mucho de eso? Hará cosa de un par de años.

Pero todavía no he olvidado lo mal que lo pasé.

No dejo de pensar en qué hice mal, en qué había fallado.

Me la imaginaba a todas horas con su ex, riéndose de mí.

Me dolía el pecho de pensarlo y...

no podía ni respirar.

Y la cabeza,

¿no te dolía la cabeza? Siento como si me fuera a estallar.

Es horrible.

Te podemos traer algo para aliviar el dolor.

Solo quiero que venga Rebeca.

Sin ella no quiero vivir.

Seguro que hay más gente que te quiere.

Tu familia, por ejemplo.

Tío...

piensa en el disgusto que se puede llevar tu madre

si tenemos que decirle que su hijo se ha volado la tapa de los sesos.

No le hagas eso a la mujer, anda.

¿Cómo se llama tu madre? Mi madre no tiene nada que ver.

No la metas en esto. Bueno, eres su hijo.

Todo lo que te suceda tiene que ver con ella.

Se llama Adela.

Mírame, Ramiro.

Yo pude superar lo de mi ex,

y tú también podrás.

Te aseguro que llegará un momento que ni te acuerdes de ella.

¿Por qué no bajas y te cuento el secreto?

A este paso me va entrar tortícolis.

Me siento como una mierda.

En tu caso un paracetamol te vendría bastante bien.

¿Y qué pasó con tu novia?

¿La volviste a ver? Negativo.

Se fue a vivir a México, y allí sigue felizmente casada.

Yo tuve que consolarme con la amiga, aunque,

también terminó dejándome.

Estás de coña. No.

Pero siempre nos quedará el fútbol, ¿no?

¿De qué equipo eres?

Del Atleti. Macho...

¿no has pensado pasarte a las motos para llevarte una alegría?

Es de fogueo.

Has hecho lo correcto, Ramiro.

Rebeca te hubiera aconsejado lo mismo.

Todavía no sé qué hacer sin ella.

Seguir el consejo de "El Cholo":

"Partido a partido".

Buenos días, don Fernando.

Me han dicho que quería verme.

-Cierra la puerta.

-Vengo de Correos, de entregar las cartas certificadas.

-Muy bien. Eso se lo das a Marisa cuando salgas de aquí.

-Vale. ¿Está usted bien? ¿Le ha pasado algo?

-Siéntate, Jairo.

¿Cuánto tiempo llevas trabajando para mí?

Poco más de un año, ¿no?

¿Sabes que no hay

nada que hagas...

ningún movimiento sin que yo me entere?

Pero esta vez, ni siquiera he tenido que preguntar.

Cada vez que pasa algo, siempre hay dos versiones.

¡Y manda huevos!

Que esta vez me he enterado primero por la versión de Somoza.

-Ya veo que le ha faltado tiempo para llamarlo.

-Sí, me ha llamado.

Pero no me contó nada por teléfono.

Ha sido mucho peor,

he tenido que humillarme

yendo a visitarlo a su empresa,

a su castillo.

Y se ha divertido mucho, ¿sabes?

Cuando ha comprobado que...

yo no tenía ni idea

de que mi mano derecha,

mi hombre de confianza había ido a visitarle.

He tenido que dar la cara por ti, Jairo,

he tenido que humillarme por ti.

¡He tenido que agachar la maldita cabeza por ti!

Y tener que aguantar...

que me diese un discurso sobre respeto y educación

intentando darme lecciones a mí.

-Lo lamento muchísimo. -No lo lamentes.

Tendrías que darme las gracias por seguir vivo.

Porque, si no llega a ser por mí,

ahora mismo estarías en un vertedero con dos tiros en la cabeza.

¿Se puede saber en qué demonios estabas pensando?

-Usted lo sabe perfectamente,

estaba pensando en lo único que pienso desde que se instaló aquí.

-¡Pero tú quién demonios te crees que eres, chaval!

¿Tú crees que te puedes poner delante de alguien como Alejandro Somoza

para amenazarle como si fueses un maldito macarra de barrio?

¿Sabes lo que tú eres para él? Nada.

No eres nadie, ¿y sabes por qué sigues vivo?

Porque Somoza quería restregarme por la cara

que te ha perdonado la vida que te la ha perdonado él a ti,

no tú a él. -Es superior a mis fuerzas.

¿Usted sabe lo que es tener tan cerca a la persona que más odias?

A la que darías lo que fuera por matar con tus propias manos.

Desde que está en el barrio tengo pesadillas con él todas las noches.

Y cada vez que salgo a la calle,

pienso que me lo voy a cruzar en cada esquina.

Hasta cuando vengo a trabajar porque lo tenemos a tres calles.

Yo sabía que me jugaba la vida,

pero no puedo contener las ganas que tengo de enfrentarme a él.

Y le digo una cosa, me sentó muy bien hacerlo.

-Pues esa sensación te va a durar bien poco

porque vas a ir a pedirle perdón. -No, no voy a ir.

Lo siento mucho, pero eso no puedo hacerlo

ni aunque usted me lo pida.

¿Sabes que la legislación para las armas de fogueo

ha cambiado hace unos meses?

No tenía ni idea.

La tengo desde hace años.

La compré para llevarla en el camión tras un susto en La Junquera.

Soy camionero.

El problema es que como no has regularizado la tenencia,

podrían acusarte de tenencia ilícita.

-Yo solo quería hablar con Rebeca cara a cara.

Me he portado bien con ella, siempre la he respetado, la adoro.

Yo creía que todo nos iba bien.

No soporté la idea de no volverla a ver.

Y recibir ese mensaje en el móvil me volvió loco.

Lo que has hecho no está bien.

Necesitas ayuda psicológica y terapia.

Y, en cuanto al arma...

siempre podrás declarar que no estabas al tanto

de la entrada en vigor de la nueva ley.

De hecho, creo que...

todavía no ha finalizado el plazo para regularizar la tenencia.

La he cagado pero bien.

Si antes se negaba a hablar conmigo, ahora ni te cuento.

No tengo ninguna posibilidad de que me explique

por qué ha cortado conmigo. No tires la toalla todavía.

Quizá, pasado un tiempo, las cosas se tranquilicen.

Hola.

Ramiro, ella es Nerea, tu abogada del turno de oficio.

He dicho que no quiero abogado. Es una buena abogada.

Confía en ella y todo saldrá bien.

Además, Nerea e amiga mía.

Y de fiar.

Si te parece, ahora nos vamos a quedar

charlando tú y yo tranquilamente.

¿Tienes hambre? ¿Necesitas alguna cosa?

Me gustaría que me cuentes lo que ha pasado desde el principio.

Recuerda que todo lo que digas es confidencial

y solo podré usarlo en tu defensa.

-Rebeca me ha dejado.

Llevábamos cuatro años saliendo,

pensaba pedirle matrimonio en nuestro aniversario.

Pero anoche recibí un mensaje suyo,

y, bueno...

En el mensaje...

me decía que...

Vamos, cortó conmigo por mensaje.

-No te lo estoy pidiendo, Jairo,

te lo estoy ordenando.

-¿Me está ordenando que vaya a pedirle perdón

a la persona que encargó el asesinato de mi hermano?

¿Usted haría que su propio hijo se humillase de esa forma?

-¡Precisamente por eso, maldita sea! ¡Porque te quiero como un hijo!

Vas a hacer lo que yo te diga,

si no quieres terminar muerto antes de que acabe el día.

Muerto no vas a vengar a tu hermano, Jairo.

Te lo he dicho

alguna que otra vez ya.

Con esta gente tenemos que actuar con cabeza.

Y tenemos que demostrar que somos mucho más inteligentes que ellos.

-No, don Fernando, no.

No. Pasar por una humillación así

me haría perder la cabeza, se lo juro.

Es lo que me falta para aumentar las ganas que tengo de vengarme.

-Perder una batalla no es ninguna humillación.

Si somos listos, si somos inteligentes,

sabemos que tenemos que ganar la guerra, la partida final.

Somoza piensa que nos tiene sometidos, que nos tiene en jaque.

Muy bien, que lo piense.

Tú y yo sabemos que somos una estrategia, ¿verdad?

-¿Eso quiere decir que usted me va a apoyar?

¿Que si hago lo que usted me pide,

me ayudará a vengar a mi hermano cuando sea el momento?

-Por supuesto que sí, te ayudaré en todo lo que pueda.

Pero si haces las cosas a mi manera.

Imagínate que tú y yo nos vamos a pescar,

nos sentamos delante de un río precioso,

vamos a tirar el anzuelo,

bien lejos, y...

le vamos a dar sedal.

Vamos a esperar a que Somoza aparezca por allí,

con mucha paciencia.

Cuando esté cerca, bien cerca,

cuando muerda el anzuelo, solo entonces,

tiraremos con fuerza y con decisión

para atraparlo y que no pueda escapar.

¿Entiendes?

Solo entonces.

Hasta entonces,

esperaremos.

No tenemos más que una oportunidad.

¿Te queda claro? -Está bien.

Haré lo que me pide.

Iré a disculparme.

-Muy bien.

Ya estás tardando.

-Sí, no se preocupe, yo se lo digo.

Adiós.

-Hablabas con Manoli, mi suegra. -Sí.

Quería saber su opinión.

-Pobre mujer...

Con la que tiene ella encima y le doy este disgusto...

¿Está bien? -Sí, no te preocupes.

Ha insistido en que te diga que está bien,

y no quiere que te falte de nada.

Dice que no te sienta bien beber, te conoce muy bien.

-Es como si segunda madre.

Me conoce desde que era así.

Yo llevo enamorado de Rebeca

toda mi vida.

¿Has podido hablar con ella? Me gustaría verla.

-Por el momento, eso no puede ser.

Y mi consejo como tu abogada

es que aceptes su decisión y te hagas a la idea

de que quizá no quiere verte durante un tiempo.

-Solo quiero lo mejor para ella.

Si está mejor sin mí, tendré que aceptarlo.

-Esa actitud te va a ayudar mucho.

Por lo que sé, ella te aprecia,

y que no seáis novios no quiere decir que se acabe el mundo.

-Yo no le guardo rencor.

Si, al menos, supiera por qué lo hace...

-Sé que estás sufriendo mucho por su forma de actuar,

y ella querría pedirte perdón.

Pero el camino que ha tomado no tiene marcha atrás.

Rebeca ha ingresado en una orden religiosa.

-Siempre fue muy religiosa, pero...

-Ha sentido la llamada, como se suele decir en estos casos.

-Claro, ahora entiendo algunas cosas.

Rebeca monja.

-Tienes que firmar tu declaración, ¿vale?

-¿Rebeca monja?

¿Monja?

-Hola, Paty.

¿Me pones un chocolate caliente? -Ahora mismo.

¿Quieres un poco de leche fría? -No, no te molestes.

Bueno, sí, sí.

-Échate lo que quieras.

-¿Qué tal el día?

-Bien. Bueno, esta mañana hemos tenido mogollón de lío,

ahora estoy más tranquila.

¿Y tú qué tal?

-Bien. Ya nos han llegado las primeras fresas.

Todavía salen caras, pero están buenísimas. ¿Te gustan?

-Sí, de pequeña las comía mucho.

Ahora las encuentro ácidas.

-Eso es porque no estarían bien maduras.

Oye, que...

siento mucho lo de ayer,

el beso que te di.

-¡Ah! No te preocupes, no fue para tanto.

¿Una tapita?

-Marchando un desayuno completo.

-¿No te gustó?

-No, lo que digo es que no te agobies,

no es tan grave.

-No he pegado ojo en toda la noche y me ha costado un mundo venir.

Le he dado muchas vueltas.

Es que no voy dando besos por ahí, era la primera vez.

-¿Era la primera vez que dabas un beso?

-No, no, no, era la primera vez que me lanzaba así.

Normalmente no soy tan impulsivo.

-A veces está bien dejarse llevar, siempre y cuando no te pases.

-Claro, claro.

Es que ayer te vi tan guapa,

que no sé qué me pasó, estaba hipnotizado.

¿Te hace gracia?

-No, pero...

lo estás contando tan bonito que parece que fue algo especial.

-Ya sé que para ti no lo fue tanto.

Te fuiste muy seria sin decir nada.

-¿Cómo te explico yo esto ahora?

A ver, David...

Tú eres un chico supermajo,

de verdad, y me caes genial y eres monísimo, pero...

-Pero solo podemos ser amigos.

-Ya sé que suena fatal,

y que es la típica excusa que se da para quedar bien,

pero te juro que es verdad.

Yo tengo una empanada mental

que no sé ni lo que quiero,

y no estoy para relaciones sentimentales ahora.

A ver, que nos podíamos enrollar una noche, pasarlo muy bien,

y todo eso, pero...

no creo que sea eso lo que quieres, ¿no?

Por eso prefiero dejarte las cosas claras antes de...

estropear lo nuestro.

Lo siento, de verdad.

-Por lo menos has sido sincera.

-Tómate el chocolate que se enfría.

-Bueno, pues nos vemos pronto.

-Mañana me paso a ver las fresas. -Vale. Chao.

-Bueno, bueno...

Aquí hay algo que no me has contado.

-María, ¿estabas escuchando?

-Cariño, vete acostumbrando, esto es La Parra, aquí se sabe todo.

Paty, corazón, La Parra...

es como una familia muy grande,

todos cuidamos de todos.

Si no me lo quieres contar no lo hagas, cariño,

solo quiero que sepas que estoy aquí para lo que necesites.

-María, es que me he quedado fatal.

No sé lo que hacer, no sé ni lo que quiero...

-¿No me dijiste el otro día que el chico te parece muy majo?

Y tus ojos también lo decían.

Pero tú estás mal por el otro.

-Claro. Es que lo de Jairo es muy reciente todavía.

Y aunque sé perfectamente

que no podemos estar juntos, que es imposible,

pero cada vez que lo veo,

se me sale el corazón por la boca.

-Y tenerlo aquí en el barrio no ayuda.

-No ayuda.

-Puede que ahora no lo veas, pero...

lo que te está pasando es la esencia de la vida.

El amor, que es lo que busca todo el mundo

aunque sea lo que más daño nos hace.

Ven aquí.

Ay, pequeñaja...

-Gracias, ya hubiera ido yo a por él. Es lo menos que puedo hacer

con lo bien que te has portado con Ramiro.

Es un buen chico que ha encajado mal el final de una relación.

Pero ha reaccionado a tiempo, ha reconocido que él no es así.

Ese muchacho no haría daño ni a una mosca.

Y parece que es verdad, su propia suegra y su exnovia opinan igual.

Eso y que no fue premeditado,

que actuó bajo los efectos del alcohol,

condicionado por una situación traumática.

Esperemos que este tropezón no le pase factura.

No, ya lo verás,

tiene muy buena voluntad, saldrá adelante.

Oye, este café está malísimo.

El cemento de las guardias.

Me voy para el bufete que tengo que terminar algunas cosas.

Te veo esta noche, hoy sí que iré a cenar.

Esta noche no puedo, tengo plan.

No te has olvidado, ¿verdad? No, no me he olvidado,

pero todavía no he tenido tiempo de reservar.

No te preocupes, lo hago yo.

¿Alguna petición especial?

Con la buena compañía es suficiente.

Bueno...

Chao.

No creas que no he visto esa cara,

disimulas muy mal.

Pero puedes estar tranquila, tu prima está en buenas manos.

Si tú lo dices...

Hoy tiene que ser mi día de suerte, por fin veo sonreír a mi jefa.

No te alegres por ser tu día de suerte,

sino porque has hecho un buen trabajo.

¿Cómo? Venga, Iker, no lo estropees.

Tu actuación con Ramiro

es un ejemplo de empatía e inteligencia,

dos cualidades muy importantes para un policía.

Resolviste una situación crítica y evitaste un final violento.

Muchas gracias, porque viniendo de ti es todo un halago.

No lo dudes, Lemos,

la inspectora Ocaña no se prodiga en alabanzas.

Felicidades a los dos.

En este caso todo el mérito es de Iker.

Se ganó la confianza de Ramiro y consiguió que bajará de allí.

Al final, era un arma de fogueo.

Pero eso no te resta valor, tú no lo sabías.

Sigue así.

El informe en mi despacho cuanto antes, ¿de acuerdo?

Miralles... Dime.

Me tienes que dar esos oficios, ¿no?

Sí, pero quiero revisarlos antes de enviarlos a Jefatura.

Trae, ya lo hago yo.

Tú vete para casa, anda. ¿Por qué? ¿Ha pasado algo?

¿Qué va a pasar?

Trabajas mucho y te mereces una tarde libre. ¡Venga!

Emilio... Es una orden.

Vale, pero déjame,

que entre esos papeles hay algo personal.

A casa...

Por fin entiendo por qué nadie hace café en la máquina de fuera.

Lo único que se salvan son estas guarradas.

¿Quieres? No.

He oído que eres un negociador nato. Nada, pura suerte.

Ramiro y yo somos almas gemelas.

¿Fuiste camionero antes que policía?

No, pero al igual que él,

he tenido muy mala suerte en el amor,

y sé lo que es que te partan el corazón.

No tienes pinta de haber sufrido por amor.

¿Nunca has oído que las apariencias engañan?

Soy un hombre muy sensible, con un corazón muy vulnerable.

Ya, y te estás quedando conmigo.

(Teléfono)

Hola, Nerea.

"Hola, ya he mirado lo del restaurante por internet,

hay un etíope con buena pinta por Malasaña,

¿qué te parece?" Suena muy exótico.

"Pues reservo a las nueve y media, ¿vale?"

"¿Cómo quedamos?" ¿Te recojo a las nueve en tu casa?

"Genial. Hasta luego". Chao.

Como te decía, creo que me has juzgado solo por las apariencias.

Pero ¿sabes cómo se soluciona eso?

Saliendo a patrullar...

juntos.

¿Tú nunca sales a patrullar? Solo lo imprescindible.

En la UFAM hacemos salidas a domicilio,

pero no vamos a patrullar.

En alguna de esas salidas te podría acompañar, ¿no?

¿Y por qué tienes tanto interés?

Porque yo estoy convencido de que...

tú y yo haríamos muy buena pareja, y...

aprendería mucho contigo.

¿Qué pasa, con Alicia como compañera no aprendes?

No es eso, Alicia es muy seria y estirada,

siempre me está dando lecciones y señalando todo lo que hago mal.

Estoy seguro que contigo sería todo mucho más sencillo.

Además, yo he notado que entre tú y yo hay química.

Ah, ¿sí? Fíjate que yo no me había enterado.

A quien le interesaría saber un poco más es a tu novia.

¿Qué novia? La que acabas de invitar a cenar.

¿Nerea? Solo hemos salido un par de veces.

No es mi novia. -Ya.

Bueno, yo me marcho.

Pero piénsate eso, ¿vale?

¿El qué? Lo de salir...

a patrullar juntos.

Sería la mejor forma de comprobar si hay química.

Lo pensaré.

¡Ay, Antonio! ¿Qué haces aquí?

Nada, que...

es mi día libre y te estaba esperando.

¿Cómo que me estabas esperando? ¿Y tú como sabes...?

Bremón.

Tengo mano en las altas instancias, sí.

A saber qué le habrás dicho para convencerlo.

Nada.

Que te iba a dar una sorpresa y se mostró muy comprensivo.

Ah ¿sí? ¿Y qué sorpresa es esa? Me ha dado la tarde libre.

Cierre usted los ojos,

señor Claudia Miralles.

Deme usted la mano, por favor,

y siéntese en el medio.

Es lo de la lista de Teresa, ¿no?

A mí me falta la dedicatoria.

Pensaba hacerlo esta tarde para dátelo en la cena,

pero no lo tengo todavía. Abre los ojos...

¿Qué es esto?

Antonio...

Son dos entradas para el Teatro Real.

Eso es. Señora Claudia Miralles está usted invitada

al estreno de "Tristán e Isolda" en el Teatro Real.

Cariño, esto es increíble,

pero si tú odias la ópera. ¡Qué dices! Yo no la odio.

Me aburre un poco, pero nunca he ido a una representación en directo.

Te juro que no me lo esperaba.

Dios mío,

los dos al Teatro Real

a ver el estreno de "Tristán e Isolda",

esto es...

Gracias, gracias, gracias...

Gracias a ti.

¿Sabes?

Cuando estaba escribiendo lo que me gusta de ti por encargo de Teresa,

recordé cuando me regalaste un par de entradas

para la final de la Copa de Europa de baloncesto.

El baloncesto te importaba un pimiento,

pero gritaste hasta quedarte afónica animando a mi equipo.

Como si fueras una hincha de toda la vida.

Me acuerdo perfectamente, lo pasamos fenomenal.

Pues ahora jugamos en tu campo, me voy a concentrar

en la representación para disfrutar como tú de la obra.

Pues vas a tener suerte,

porque la técnica ha evolucionado mucho

y hay unas pantallas enormes para ver el texto de lo que cantan.

Así no tendrás que preguntarme nada,

no como yo que te preguntaba cada vez que el árbitro pitaba algo.

¡Ay, Antonio!

¡Ay, Dios mío...!

Estaría así toda la vida.

¿Conmigo? Pues claro.

¿Con quién va a ser?

El mejor sitio, estar entre tus brazos.

Cuando estoy contigo

no tengo que hacer nada,

solo dejarme llevar.

¿Sabes?

Te quiero.

Y yo a ti.

¡Alicia!

¿Tú otra vez?

No pienses que te estoy acosando ni nada parecido,

pero estaba haciendo tiempo

hasta la cita que tengo para sacarme el DNI electrónico.

¿Me acompañas?

Venga, tómate algo. -Hola, Alicia.

Hola, Paty.

Ponme una infusión de lo que quieras.

¿Un día muy duro?

Tampoco mucho.

No me puedo quejar, mi trabajo funciona así.

Yo de momento no trabajo, así que no tengo esos problemas.

Me dijiste que ibas a trabajar en la empresa de tu padre.

Sí, pero hasta que llegue el momento, de relax.

¿Me vas a decir dónde vas a trabajar?

¿O quieres seguir con ese aire de chico misterioso?

De chico misterioso nada,

(Teléfono)

Gracias.

(Teléfono)

Mira, hablando del rey de Roma...

la empresa de mi padre.

¿Sí?

Dime, papá.

Vale. Yo...

lo siento, me tengo que ir.

Luego me paso. Adiós.

Alicia... ¡Alicia!

-Tal y como se os ve, se nota que hay algo.

-Ojalá hubiera algo. -¿Tú lo has intentado?

-Sí, sí,

pero me he lanzado a la piscina y no había gua.

-Oh...

Vaya, hombre, lo siento.

¿Y si olvidamos todos los malos rollos que hemos tenido

y empezamos de cero?

-Ahora entiendo tu mal humor, ¿la cosa no funciona con Paty?

-Papá, basta, no quiero hablar más del tema.

-Perdona.

-¿Estás bien? Te noto algo rara conmigo hoy.

¿He hecho algo que te haya molestado?

La verdad es que no tengo por qué darte ninguna explicación.

Nos conocimos hace unos días, no sabemos nada el uno del otro.

Pero estamos empezando a conocernos, ¿no?

Te equivocas, no nos conocemos absolutamente de nada.

Acabo de redactar el anuncio para compañero de piso.

-Vale, pero el texto es un reclamo.

Lo importante es la entrevista a las candidatas.

-De acuerdo. Léelo y dame tu OK. -Claro que sí.

Lo repasamos juntas, pero seguro que está perfecto.

-¿Qué tal estos primeros días viviendo juntas?

-Pues muy bien, estamos buscando compañera de piso.

Hemos redactado el anuncio, a ver qué te parece.

-"Tenemos que ser muy inteligentes"

si queremos atacar a esos malditos colombianos

y acabar con ellos, y no es nada inteligente

hacer esperar a Somoza.

-Vale, voy ahora, en un rato.

-"¿Es que no me estás escuchando? ¡Quiero que vayas ahora!"

-Os está costando.

Pero ya sabéis que estáis jugando en otra división.

-Yo quería hablar con tu jefe. -Lo sé, y permíteme un consejo:

disimula ese miedo que te corre por el cuerpo.

-Conozco al candidato perfecto para ser vuestro compañero de piso.

-¿Sí? -¿Quién?

-¡Yo!

Estás espectacular.

Me están dando ganas de...

Buenas noches, jefa.

Iker.

No todo el mundo tiene la misma suerte en el amor.

-Pues fíjate que yo...

no creo que sea cuestión de suerte.

Cuando las cosas se ponen mal, y eso pasa siempre,

hay que plantarles cara, y eso da mucho trabajo.

Mucho.

Lo que puede uno es mirarse al cuello de la camisa y salir huyendo.

-¿Hablabas con Alejandro Somoza?

¿El empresario colombiano? -¿Estabas escuchando mi conversación?

-Claro que no,

he oído tu voz y parecías tenso.

-No lo estoy, ya lo ves, estoy perfectamente.

-Papá, voy a formar parte de la empresa,

si tienes tratos con él debería saberlo, ¿no?

-Así que parecen incorruptibles.

-Eso parece, sí.

-Pues ya lo veremos.

Los puntos débiles.

-Miralles es la más expuesta.

-De momento, la que más me interesa es Alicia Ocaña.

-Es la que presenta menos vulnerabilidades,

pero las tiene también. Su padre es un abogado reconocido,

y tiene un bufete en el centro. -Esa mujer es policía,

es inteligente, está herida...

Ella no va a dejar de buscar cosas en mi contra,

así que, por favor, indaga más sobre ella.

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Servir y proteger - Capítulo 212

05 mar 2018

Alicia descubre que Julio es su hermano. Quintero abronca a Jairo por presentarse en las oficinas de Somoza y encararse con él. Ramiro, un joven camionero, pierde la cabeza porque su novia le ha dejado y amenaza con suicidarse. La policía debe intervenir.

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