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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 210 - ver ahora
Transcripción completa

Si no vienes conmigo, iré yo solo a ver a Olga.

Te prometo que voy a buscar una ocasión para ir, de verdad.

¿Qué ocasión? Ya no estoy para amoldarme a tus necesidades.

Desde que se fue con Olga a París, apenas hemos hablado.

No se ha querido poner al teléfono, es su manera de castigarme.

Te presento a Félix Miranda, es un gran amigo.

Me estaba contando que le han desaparecido dos piezas

de su colección de relojes en el curso del último mes.

Al parecer,

han visto al hijo de tu amigo salir de una casa de empeños.

-¡Mi hijo no es ningún delincuente! Tiene que haber otra explicación.

Félix, por favor, no te pongas así.

Haz que tu gente haga su trabajo y encuentra al autor del robo.

-¿Son policías? (AMBOS) Sí.

¿Te podemos ayudar en algo? Sí.

Un chorizo me ha sacado una navaja en el callejón

y me ha robado el bolso. -¿Estás bien?

-Ya se me ha pasado el susto, solo me queda el cabreo.

¿Podías darme tu número de tu móvil?

No hace falta,

ya sabes dónde trabajo. ¿Me estás diciendo

que puedes involucrarte personalmente

con alguien relacionado con un caso y no perder la objetividad?

Si no ha empezado con buen pie, es el momento de atajarlo.

Se distrae con facilidad

cuando ve pasar a alguien con faldas.

Todo lo que sé sobre ti es la versión de mamá

y por eso me negué a tener una relación fluida contigo.

Ahora sé que estaba equivocado.

-Muchas gracias.

-Cuidado.

Eres rápido de reflejos. Gracias.

He comprado todo eso por una chica. -Oh, vaya.

¿Has venido a Madrid para encontrar pareja?

-Qué va, si es una tontería.

Ha sido por una chica que había en una tienda de frutas

que está muy bien.

Perdona, no quería molestarte, pero me encantaría quedar...

¡Ya vale! ¿No te ha quedado claro que no quiero nada contigo?

Siento que tengo una conexión muy fuerte con ella.

-Es especial y parece que también tiene un buen carácter, ¿no?

-Sí y eso le hace más atractiva todavía.

-Tú diles que volvemos a la comida mediterránea,

ibérica, vamos, a la comida normal, de toda la vida, ¿vale?

Si hasta el de la tienda ecológica viene aquí

a tomarse su bocadillo de lomo.

Pues la verdad es que sí,

que está estupenda, ¿eh?

Dan ganas de probarlo todo.

-Hemos intentado que sea un local en el que apetezca entrar

y que la gente se sienta como en casa.

-¿Ya has hecho las paces con María?

-Parece que sí.

La verdad es que es una mujer increíble.

-Es muy atractiva.

El policía actuó en defensa propia.

Ah, no, pues eso es lo que ustedes saben.

El policía sí tuvo la oportunidad de dar la versión de sus hechos,

mi hijo, no.

Está muerto.

Hasta que no podamos ir a por él con pruebas concluyentes,

tenemos que tenerle bajo control.

Por sus negocios en España

y en Europa. -Gracias, Tano.

-¡Si tus enemigos saben cuáles son tus intenciones,

estás perdido,

pero si encima vas y se las dices tú, es que eres tonto!

Así que no vas a ir a esa fiesta, ¿te queda claro?

-¿Cuándo concretamos una cita?

-Pues no lo sé, la verdad.

Últimamente, tengo la agenda muy apretada.

-Seguro ya encontrará un hueco.

-Me gustaría que pudieras ir ahí, mirar a ese tío a los ojos

y decirle que va a pagar por lo que ha hecho.

¿Crees no tengo ganas? ¡Pues hazlo, Alicia!

Por Rober.

Solo quería mirarle a los ojos y decirle que es un asesino

y que, en España,

los asesinos acaban en la cárcel.

No contábamos con este problemita.

(Música emocionante)

¿Ya te vas?

No me aclaro con tus horarios.

Los turnos son una locura, pero hoy es distinto.

Tengo un par de asuntos pendientes y quería aprovechar.

¿De trabajo? No, más bien personal.

Anoche ocurrió algo y quería comentarlo con Miralles.

¿Problemas con algún compañero?

No, es de fuera de trabajo.

Alicia,

si necesitas hablar de algo...

Lo sé,

pero es una historia larga de contar y...

Ya sabes que estoy aquí para lo que quieras, ¿vale?

¿Qué pasa?

Pues

lo que pasa es que esto me está costando más

de lo que pensaba.

Que intento volver a hacer una vida normal,

pero me es imposible.

No, es cuestión de tiempo.

Ayer un chico me invitó a salir,

pero de buen rollo y fui muy borde con él.

Le contesté de malas maneras y el pobre no tenía culpa de nada.

Pero al menos te diste cuenta de que no actuaste bien.

Sí, pero en ese momento me pareció lo más normal.

Luego me di cuenta de que él no sabe nada de mí

ni de mi vida

y me sentí mal por haberme comportado así.

Es normal que reacciones así,

está muy reciente todo.

Es como si estuviera enfadada con el mundo.

Y lo estás y tienes todo el derecho.

Solo han pasado unas semanas,

las heridas necesitan tiempo para cicatrizar.

Teresa, la psicóloga, dice lo mismo.

Dice que,

que es normal, que, de alguna manera, me defiendo

de cualquiera que intente entrar en mi mundo.

¿Y qué te dice ella que hagas cuando te sientes así?

Que me abra a gente nueva,

a gente que no tenga que ver con Rober

ni que me mire con pena.

Dice que relacionarme con personas ajenas a mi drama

me hará darme cuenta

de que la vida continúa.

Ese chico,

aunque simplemente quedes con él para tomar un café,

te puede ayudar a darte cuenta de que tu vida sigue.

Alicia,

volver a ser un poquito feliz, un poquito,

no te convierte en mala persona, ¿sabes?

Supongo que tienes razón.

¿Y qué, qué tal? ¿Cómo es el chico?

Pues no lo sé porque apenas lo conozco.

Oye, seguimos hablando esta noche, que me tengo que ir.

Sí, sí, perdona.

(SUSPIRA)

Nerea. Sí.

Gracias.

Pero Antonio, ¿qué haces levantado tan temprano?

Estaba cansado de dar vueltas en la cama.

¿Recuerdas que hoy tenemos cita con Teresa?

Sí, sí, me acuerdo, sí.

No, es que antes quiero pasarme un ratito por la consulta.

Creía que habías pedido el día libre.

Bueno, quiero resolver algunos asuntos pendientes.

Me da mucha rabia venir el primer día de vacaciones

y pedirlo para asuntos propios. Me parece un abuso.

(Móvil)

Hola, cariño, ¿qué tal?

Sí, sí, sí.

La cenamos ayer, sí,

y ha sobrado un poquito para el desayuno.

¿Cómo iba a estar? Riquísima.

Sí, yo también me río como un tonto

cada vez que recuerdo lo que nos pasó en el Louvre.

Ah, que tienes prisa.

Bueno, venga,

yo también te quiero. Adiós.

Podías haber tenido el detalle de pasármela,

por lo menos, para que la saludara. Ya, tenía prisa.

Quería saber si nos había gustado la tarta, nada más.

Oye, ¿y qué es eso tan divertido que os pasó en el Louvre?

Nada, tonterías sin importancia.

Déjame que decida si son tonterías o no, cuéntamelo.

Que tengo prisa, ya te lo contaré luego.

Vale, luego.

Luego nos vemos en la consulta. Claro que sí.

¿Te ha quedado claro dónde es? Lo tengo perfectamente claro.

A ver si luego resulta que la que no va eres tú

porque tienes algún asunto importante que resolver.

No empieces, por favor.

¿Vale? No empieces.

Yo sí que me he pedido la mañana libre.

Bueno, esto de la terapia ¿no es decir la verdad?

Pues estoy contando lo que opino.

(Timbre)

Hola, Antonio.

¿Cómo estás, Alicia? ¿Qué tal? Bien, gracias.

Iba camino de comisaría y quería hablar con Claudia.

Ah, bueno, no te preocupes, yo ya me iba, ¿sabes?

¿No habías pedido el día libre?

Es un asunto personal, pero puedo volver en otro momento.

No, no te preocupes,

si a Antonio le voy a ver dentro de un rato.

Bueno, a las once. No falles.

No fallo. A las once.

Pues creo que he venido en un mal momento.

Tranquila, Alicia, siéntate.

En mi matrimonio, últimamente, todos son malos momentos.

¿Quieres un café?

Puedo volver más tarde, no pasa nada.

Que no, que no, que no, siéntate.

Si además has venido hasta aquí es porque lo necesitas.

Cuéntame.

Quería decirte algo

antes de que te enteraras por otra persona.

¿Qué pasa?

Anoche me presenté

en la fiesta de inauguración de Construcciones S.Z.

Alicia, creí que había dejado claro que no puedes acercarte a Somoza.

Lo sé, pero necesitaba mirar cara a cara al asesino de Rober.

¿No te das cuenta de que no te hace ningún bien?

No puedo mirar hacia otro lado, Claudia.

Eso sin contar con que perjudicas a la investigación

enfrentándote a él.

Lo sé,

pero no me podía quedar de brazos cruzados

después de lo que ese desgraciado hizo.

Está bien, lo hecho, hecho está, ¿vale?

Pero recuerda que eres una inspectora de policía,

no eres una justiciera callejera.

Hay que tener paciencia,

esperar a que Somoza cometa un error y, entonces, caeremos sobre él.

Necesitaba decirle a ese hombre lo que pienso de él.

Somos seres humanos, no somos máquinas

y a veces cuesta controlar los sentimientos.

Pero cada vez que tienes un arrebato de esos

nos pones más difícil el trabajo

y, además,

mis órdenes están para cumplirlas.

No volverá a ocurrir, te lo prometo.

No te he puesto el café.

¿Todavía lo quieres?

Gracias.

Buenas, David, ¿qué te pongo?

(DUDA) -Un refresco.

-¿Un refresco? ¿Tú?

Madre mía, ¿te vas a beber

uno de esos venenos líquidos con azúcar?

Si te ve algún cliente, ¿qué va a decir?

-Por estar un rato contigo

me tomo con una sonrisa el veneno que me des.

-Mírale, se ha vuelto poeta el chico.

-Será que tener delante a una chica tan guapa y simpática me inspira.

-Venga, que te estás viniendo arriba.

(SE RÍE)

Venga, va, ¿qué te pongo?

¿Un refresco, un batido, un zumo natural?

Que sepas que te lo voy a servir con una tapa de torreznos.

Voy a subir una foto a todas las redes sociales.

-No serás capaz. -Hombre, que si voy a ser capaz:

"El hijo del dueño

de El color de la huerta desenmascarado",

ese va a ser el titular, sí.

-Bueno, me arriesgaré,

pero haz el favor de ponerme esos torreznos

y así los probaré de una vez

que, por lo que escuché el otro día a una vecina,

tienen bastante fama en el barrio los torreznos de La Parra.

-Pues sí, la verdad es que sí. El problema es que

que como tu padre te vea desayunando torreznos,

igual te deshereda.

-Ya ves tú, mi padre.

Si es el primero que viene a ponerse tibio de lomo de orza.

-Eso es verdad, que lo he visto con estos ojos.

-Además, hoy está volado completamente.

-¿Ah, sí? ¿Y eso? -Le daría igual lo que hiciera.

María.

-¿Qué pasa con María?

-Que, desde que se pasó ayer por la tienda

a enterrar el hacha de guerra, el tío está en una nube.

-¿En serio? -Sí.

No se le borra la sonrisa de la cara.

Ayer en la cena no paró de hablar de ella:

que si María esto, que si María aquello...

En fin, no le había visto así

desde que ganó un concurso de calabazas gigantes

en Valtierra.

-¡Venga, ya! Anda, ¿qué me estás contando?

¿Calabazas gigantes? -Te lo juro, calabazas gigantes.

Se tiró semanas mimando esa calabaza como si fuera su hijo.

-No me lo puedo creer. -Le dedicó medio huerto al bicho.

-No me lo puedo creer.

¿Y cuánto pesó la criaturita?

-413 kilos. -¡Hasta luego!

-Récord nacional. -Qué barbaridad, que barbaridad.

Pues espero que no cuide y mime así a María

porque como se ponga así de tremenda...

-Dudo que mi padre pueda querer nada tanto

como a aquella calabaza.

-¡Madre mía!

Pues te voy a decir yo a ti otra cosa:

"A María le ha sentado superbién hacer las paces con tu padre".

Sí, se le ve muchísimo más tranquila, más relajada.

Si es que vivir enfadados es un coñazo.

-Qué tarde es, me tengo que ir.

-Espérate, que no te he servido nada al final.

-Ya, que nos ponemos de palique y se nos va la pinza.

Guárdame los torreznos para luego,

que no me quiero quedar sin probarlos.

-Venga, hecho. -¿Vale?

-Te los guardo. -Hasta luego.

-Hasta luego, David.

Hola, Jairo, ¿qué te pongo?

-Huy, que me había quedado dormido y todo.

Es que como tardas tanto en atender a los clientes...

-Pero bueno, ¿y ese humo? ¿A ti qué te pasa?

-A mí no me pasa nada, Paty,

lo que pasa es que estás de palique con tu novio

y nos tienes esperando sentados, nunca mejor dicho.

¿A ti te parece que eso es profesional?

Porque ese es tu novio, ¿no?

-Pues mira, no tengo por qué darte ningún tipo de explicaciones,

pero como soy así de maja, te las voy a dar.

No, no es mi novio, como te dije, es mi amigo y ya está.

¿Qué? -Ya, ya.

Un amigo.

-En fin, ¿qué te pongo? -No, no, es que se me ha hecho tarde.

De tanto esperarte ya me tengo que ir, lo siento.

Gracias de todas formas, ¿eh?

-Pero que ya le he dado y no me sale nada, de verdad.

¿Me estás tomando el pelo?

-¿Con quién estás hablando? -Con nadie.

Bueno, sí, con el cacharro este, que es un cachondo.

Estoy intentando hacer una gestión con el banco

y que no hay manera.

Con esta pantallita no se puede hacer nada.

-¿Y por qué no lo haces desde casa? -Porque no puedo,

se me ha debido escacharrar algo del rúter

o vete tú a saber y que no me va nada,

ni el ordenador ni el teléfono ni el móvil ni nada de nada.

La tele tampoco, nada.

-Vaya, la tormenta digital al completo, ¿no?

-Y, además, es que me voy a tener que pedir un día libre

para que me venga el técnico a arreglar todo esto.

-Pero ¿qué es lo que querías hacer?

-Nada, una transferencia, si es muy fácil, una transferencia,

pero no puedo, no me sale, no me hace caso esto

y es que vivimos en un mundo de locos, ¿eh?

Te quedas sin internet

y es como si te hubieras ido a una isla desierta, estás aislada.

-Oye, Espe, ¿y no tienes a nadie de confianza

que te haga el favor de solucionarte el problema de la red?

-Lola es la experta, tiene más maña que yo en estas cosas,

pero no está, está de vacaciones.

-Oye, ¿y Fede?

-¿Tú crees que él podría...?

-Claro, es un chaval superchévere, seguro.

-No, no, no, ya le he pedido muchas veces ayuda,

me ayudó con lo de los fantasmas de mi casa,

los ruidos extraños esos que tenía y va a pensar que me aprovecho de él.

-Eso para él es un segundito y ya está.

-Que no, que no quiero marearle con mis tonterías.

Además, que todo el mundo le pide favores.

Acuérdate de Laura, ¿eh?

Estaba todo el día ahí, arreglándonos nuestros cacharros

y, encima, por la cara.

-Sí. No pierdes nada.

Igual, lo peor que te puede pasar es que te diga que no

y ya está. -Venga, genial.

Te lo agradezco, socio, te debo una.

Venga, sí, nos vemos.

-¿Qué? ¿Tienes novedades, compañero?

-Pues sí, mira, acabo de localizar los relojes

que le robaron a Félix Miranda.

-Qué bien. ¿Dónde, dónde?

-Pues en una casa de empeños del centro

que trabaja mucho el género.

Sí, me ha pasado el soplo un amigo coleccionista relojero.

Ya estamos más cerca de resolver este misterio, compañera.

-Oye, ¿y ya sabemos quién lo lleva allí?

Estoy casi segura que fue el hijo. -Es lo que me falta por resolver.

En esta tienda no hacen muchas preguntas

sobre el origen del género, tendré que hablar con el dueño.

-Seguro que le haces cantar. ¿Quieres que te acompañe?

-No merece la pena, es un paseo de cuatro preguntas

y tú tienes mucho lío, ¿eh?

Pues venga, hasta luego. -Venga, chao.

-Ay, Espe, deja la tontería con eso y voy a llamar a Fede.

-Que no lo llames, por favor. -Que sí.

-Que no, que esto yo creo que ya está.

Que no lo llames.

¡No!

-Hola, Fede, ¿qué tal?

-Bueno, bueno, ¿qué me traes?

-Ricas naranjas de Elche para vuestros zumos del desayuno.

-Menuda pinta tienen.

-Claro, porque mis naranjas maduran en el árbol.

-Madre mía, cómo huelen.

-Para La Parra solo lo mejor de lo mejor.

Ya veréis cómo vuestros clientes os lo agradecerán.

No van a querer beber otra cosa.

-Te advierto que tengo clientes que hace 20 años

que no salen del carajillo.

-Tú dales a probar mi mercancía y me lo cuentas.

-Que no, que te digo que estos ni con la mejor naranja del mundo.

-Esos del carajillo acabarán comiendo y bebiendo sano

por la cuenta que les trae.

-Desde luego, a positivo no te gana nadie.

-La vida me ha hecho así, positivo y optimista.

Es la mejor actitud que se puede tener.

-Di que sí. -Me marcho.

Ya me contarás qué te dicen tus clientes.

-Venga, muchas gracias, Jesús. -Nada.

-Adiós, adiós.

-A mí me da que a este le molas un poquito, ¿eh?

-¿Qué dices?

El hombre me trae fruta y yo se la pago,

como cualquier clienta. -Sí, sí, seguro, seguro que sí.

-Que nuestra relación es puramente comercial

o bueno, si me apuras, vecinal.

-Sí, y dentro de nada, sentimental.

-¿Pero qué dices?

-María, que sé perfectamente de lo que hablo.

Me lo ha dicho David.

-¿Su hijo? ¿Y qué te ha dicho ese?

-Pues mira, palabras textuales:

"A mi padre le gusta más que una calabaza gigante".

-¿Y eso es bueno?

-Eso es buenísimo, significa que le molas mazo.

¡Es verdad!

-Déjate de historias que ya he sufrido mucho.

Lo que quiero es tranquilidad, mi negocio, mis amigos...

Ya está.

-¿Y quién te dice

que este señor te va a traer problemas?

Por Dios, ¡si es un santo!

-Ríete tú de los que no han roto nunca un plato

y que no, que no estoy para esas cosas.

Eso tú, que estás en la edad. -¿Yo?

-Tú. ¿Qué te crees? ¿Que no te veo cómo hablas con David?

-Bueno, María, qué tonterías dices, ¿eh?

Además, ¿qué quieres que haga? ¿Que le haga el vacío?

-Te digo yo que ese se pasa el día aquí, mirándote embobadico.

Le gustas más que a un tonto un abrigo largo.

-A ver, que sí, que David es muy majo y muy guapete,

pero vamos, que de ahí a hablar de amor y de salir juntos,

quita, quita, por Dios.

-Tienes que estar más pendiente de tus amores

y menos de los míos, anda.

-¿Sí? Lo que deberías...

-Yo creo que deberías irte al almacén

y traerte un par de cajas de quinticos,

que tengo la nevera temblando. ¿A que te apetece?

-A ver, María. -Ni "a ver, María", ni nada,

que tu sueldo es por trabajar, no por estar dándome tema a mí.

Corre.

-Estas cosas, al principio, son difíciles.

Tenéis que hablaros con sinceridad y escucharos el uno al otro.

Recordad que no estoy aquí para hacer de árbitro

ni para decir quién tiene razón ni quién no la tiene.

Estamos aquí para recuperar la comunicación

y mejorar la relación.

¿Eh?

Sí, sí, yo lo he entendido perfectamente.

¿Y tú?

Yo lo he entendido como tú.

-Muy bien. -Claro.

-No vamos a empezar hablando de problemas ni de reproches.

Me gustaría que empezáramos compartiendo una historia positiva

de vuestro pasado, algo que os afecte a los dos.

¿Tiene que ser reciente?

No, no tiene por qué ser reciente.

Puede ser al principio de vuestra relación,

cómo os conocisteis.

¿Empiezas tú, Claudia? ¿Yo?

Bueno, yo puedo,

yo puedo contar la primera vez que Antonio me dijo que me quería.

Me parece muy bien. ¿Cómo fue eso?

Pues, eh,

Antonio me invitó a una fiesta en su facultad

y ese día tocaba Nacha Pop,

que la verdad es que eran jovencísimos.

Sí, todos éramos jóvenes, pero...

Para mí fue una noche mágica.

Es que no fue en la facultad,

fue cuando yo estaba de residente en la universidad.

¿Estás seguro? Vamos, segurísimo.

Y, además, no fue Nacha Pop, fue La Unión.

(SE RÍE)

La noche estaba saliendo fatal, ¿sabes?

Ella no paraba de quejarse

de que la estaba pisando cuando bailaba

y, de repente, se me ocurre decirle que la quiero

y se molesta porque piensa que no es el momento más oportuno.

Eso no fue esa noche, Antonio, eso fue otro día

y me extraña que no te acuerdes de la fiesta de la facultad.

Yo me acuerdo hasta del vestido que llevaba.

Vamos a ver, ¿sabes la diferencia entre ser residente o ser estudiante?

¿Cómo me voy a olvidar de eso?

(SE RÍE)

¿No?

-Tampoco hay que obsesionarse con los detalles.

La memoria selectiva quita y pone cosas de manera caprichosa.

Aquí lo importante son los sentimientos.

Vamos a ver,

por lo que he hablado con vosotros dos antes,

ambos tenéis una sensación de extrañeza

porque, por decirlo de alguna manera, vuestra hija ha abandonado el nido.

Bien.

Para que un pájaro abandone el nido, Antonio,

tiene que existir una pareja de padres

que lo hayan creado y en eso quiero que os centréis.

Ese nido existe y lo construisteis los dos.

Ya.

Ahora, el nido está vacío.

Eso es, precisamente, lo que quiero que dejéis de mirar,

el nido vacío.

Es cierto que Olga ya no está, pero estuvo ahí

y fue gracias a vosotros.

Quiero que busquéis esa sensación,

ese esfuerzo, ese cariño que pusisteis en construirlo juntos.

Vale, está bien.

Vale, vale.

Solo tengo que decir

que construir aquel nido fue horrible.

A ver,

Claudia tenía unos turnos del demonio y tuve que ir yo solo a ver la casa.

Fui yo solo a firmar ante el notario.

¿Te acuerdas de eso o no? Sí, me acuerdo, me acuerdo.

Ya, pues eso. Sí, es verdad que

en aquella época me coincidió un cambio de comisario

y claro, yo estaba desbordada, no tenía ni un minuto.

Y cuando fuimos a ver la casa, le pareció horrible,

tuvimos que hacer una reforma del carajo

y no quedó conforme.

Bueno, traté de ser sincera contigo, te dije la verdad.

Aquello parecía una cueva, es verdad que parecía una cueva.

Pero la hora de quejarse es cuando se toma una decisión.

Lo fácil es decir qué me gusta y qué no me gusta

cuando es otro el que ha hecho el trabajo.

Perdona, pero esta relación

ha fallado no solo por mi trabajo, ¿eh?

Te recuerdo que cuando tú eras residente

tenías unos horarios imposibles

y ahora, ahora que podría perfectamente

haber renunciado a las Urgencias nocturnas,

pues no, sigue haciéndolas porque quiere.

¿Ah, sí?

¿Y quién le paga entonces el viaje a Olga?

¿Cómo que quién le paga? Vamos a parar aquí.

Vamos a buscar otra manera, ¿vale?

-Perdona, ¿has visto a Alicia?

-¿No crees que ya te dijo todo lo que tenía que decirte?

-Solo quiero disculparme con ella.

Ayer se enfadó mucho conmigo y me sabe fatal,

no me gustaría que la cosa quedara así entre nosotros.

-Mira, si esto es algún tipo de truquito

para intentar convencerla de algo, que sepas que no va a funcionar, ¿eh?

-¿De qué truquito me estás hablando?

-Lo único que te digo es que no quiero

que le hagan más daño del que le han hecho.

-¿Le he hecho daño?

¿Es que la he ofendido o me pasé con ella?

Conozco a una chica, le pido salir educadamente

y me dice que no, mosqueadísima, y contestándome fatal.

¿Yo qué culpa tengo?

-Bueno, sus razones tendrá para haberte contestado así.

Yo qué quieres que te diga.

-Es lo que me gustaría hablar con ella

y de verdad que si la he ofendido, le pido perdón y ya está.

Mira, llevo muchos años viviendo fuera,

igual ha cambiado algo y no me he enterado.

-No.

Igual tienes razón con lo de Alicia,

pero es que hay cosas de ella que no sabes.

-¿Qué cosas?

¿Me las podrías contar, por favor?

-A ver.

Alicia es inspectora de policía,

trabaja ahí, en la comisaría de al lado

y hace cosa de dos meses se iba a casar

y mataron a su novio en el altar.

-Joder, no tenía ni idea, qué palo. -Sí.

-Claro, ahora lo entiendo todo.

No me extraña que estuviera tan borde conmigo

cuando intenté invitarla a salir.

-Claro, yo creo que Alicia

tiene que superarlo y quitarse los malos rollos, pero,

pero va a tardar tiempo.

Hay que tener mucha paciencia con ella.

-Claro.

¡Alicia! Espera.

No. Te estaba buscando.

Antes de que digas nada, me gustaría pedirte disculpas,

ayer fui muy borde contigo.

No pasa nada, si la culpa fue mía,

que me creía que estaba en la Calle Ocho y no en España.

¿La Calle Ocho?

Sí, la Calle Ocho es el corazón de Little Havana,

allí, en Miami.

Allí si no te lanzas a pedirle a salir a una chica

nada más conocerla, te quedas más solo que la una,

por experiencia.

No sé si creerte, pareces bastante lanzado.

Lo pasé bastante mal

hasta que aprendí a perder la timidez.

Pues no tienes pinta de tímido. Pues lo soy,

lo soy, o, mejor dicho, lo era.

La verdad es que, de chaval, las chicas se me daban fatal.

Además, era un niño gordito y con gafas

cuando llegué a Estados Unidos.

¿A qué edad te marchaste allí?

Tenía once años.

Es un cambio muy grande a esa edad.

Pues sí, la verdad es que ir a Miami fue un revulsivo para mí.

Allí, o te pones cachas y molón o no te dejan salir a la calle.

Qué exagerado. ¿No me crees?

Mira, no sé cómo lo haréis aquí,

pero allí la Policía de South beach

te multa por gramo de más en la barriga.

Hasta llevan unas pinzas para medirte la grasa.

Las chicas se me siguen dando fatal, pero

al menos he aprendido a hacerlas sonreír.

Hacía mucho que no lo hacía.

Pues eso hay que arreglarlo, ¿eh?

Mira, vale que no quieras salir a cenar conmigo,

pero tienes que dejar, al menos, que seamos amigos, ¿no?

Ya veremos.

¿Cómo que ya veremos?

Pues que aquí la Policía no te multa por extra de barriga,

pero por los chistes malos

incluso te pueden detener.

Mejoraré.

Te lo prometo.

Hasta luego.

Hola.

¿Eso que huelo es té moruno?

-Sí, es que le he cogido afición.

-Sí, ¿eh? A mí también me encanta.

Pero es que mira, ya verás, los polifenoles

y los antioxidantes que tiene el té

combaten los radicales libres que es una barbaridad.

-Yo lo tomo porque me recuerda a alguien.

-Ya, bueno, y, además, toda la flora intestinal

te la deja, pero que...

Ya me callo.

-¿Es que siempre manejas tanta información para todo?

-A mí me gusta estar informado, ¿eh?

Porque, además, la información es poder.

-La información es poder. -Eso.

-Ya lo sé, ya lo sé,

pero es que siempre hay un límite para todo, por favor.

-Ya, pero si no estuviera tan bien informado,

no sabría que tienes problemas logísticos en casa.

-Ha sido Nacha.

Le dije que no te contara nada, por favor,

pero es que ella erre que erre.

-Que yo soy informático, te puedo echar un cable.

-Ya, pero no quería ser la típica pesada

que va pidiendo favores al técnico.

Además, que ya me ayudaste mucho con lo de las psicofonías y eso.

No quería molestarte más. -Que no es molestia, de verdad.

A mí me gusta ayudar a los compañeros,

aunque piensen que soy un poco pesado por manejar tanta información.

-Jo, lo siento, no quería que te enfadaras.

-Que no, ¿que me voy a enfadar?

Además reconozco que, de vez en cuando,

soy un poquito repipi.

Pero bueno, que volviendo al tema, que yo te ayudo.

-Que no, que es una tontería.

Se habrá desconfigurado algún aparato o algo.

Mañana viene Lola y lo arregla. -No me cuesta echarle un vistazo.

-Que Lola controla de estas cosas.

-¿Controlaré yo un poco más, que soy informático?

¿Tal vez?

Mira, vamos a hacer una cosa.

Termino el turno y nos vamos a tu casa

y lo hacemos y ya está.

Y por el mismo precio te aumento la seguridad de la red,

¿qué te parece? -¿Y el precio es?

-¿Cómo te voy a cobrar si somos compañeros?

-Bueno, bueno, pues yo te invito a comer, entonces.

-Venga, pues una comida y estupendo. -Venga.

Nos vemos en un rato. -Sí.

-Iker. ¡Eh!

La tienes en el bote, chaval.

¿De qué estás hablando?

Vamos, tío, conmigo no hace falta que disimules.

O sea, no solo consigues colarte en su casa,

sino que además, ahora, te invita a comer.

Como aparezcas con una botella de vino,

para los postres estáis en la cama.

A ver, creo que te equivocas, ¿eh?

Vamos a ver. Espe me está invitando a comer

porque yo le voy a arreglar una movida

que tiene en su casa con la wifi.

Claro, ahora se llaman así, movidas con la wifi.

Sí, bueno, o del hardware o del ordenador... En fin.

Pero vamos a ver, ¿te estás quedando conmigo?

No, no me estoy quedando contigo.

Yo he ido mil veces a casas de amigas

a arreglarles movidas con el ordenador

y eso no significa nada.

Madre mía, Fede, lo tuyo es de concurso.

(CARRASPEA) Un poquito de respeto, oficial.

¿Eh?

Espe es muy simpática,

y muy amiga, pero no es mi tipo.

¿Ah, no? Y

¿qué tipo de mujeres le gustan a usted, inspector?

Pues no sé, ya no sé ni qué contestar, de verdad.

Fede, no me dejes así, dime algo.

No, tengo mucho trabajo que hacer.

Fede. ¡Que tengo trabajo!

¡Fede! Voy a trabajar.

(LEE) -"Grandes empresarios del barrio unidos por los negocios".

Y una foto suya con Somoza, sonriendo como amigo de toda la vida.

¿Qué cojones es? -Te estás equivocando, Jairo.

-"Durante la fiesta de presentación se vio entablar animada conversación

a empresarios locales como Fernando Quintero

con el ejecutivo colombiano. ¿Será el comienzo

de futuras colaboraciones empresariales?".

¿Lo será?

-Te estás pasando tres pueblos, Jairo,

y no me gusta nada el tono que estás utilizando.

-Don Fernando, deje de decirme que me estoy pasando

y no sé qué de mi tono y dígame

si se trae algo entre manos con Somoza.

-Nada, no tengo nada que ver con Somoza,

¿te queda claro?

Esa foto lo único que demuestra es que estuve allí,

lo demás se lo ha inventado todo el periodista.

Ni he hecho ni voy a hacer ningún tipo de trato

ni de negocio con Somoza.

Y, por si te sirve de consuelo, la fiesta fue una mierda.

-Pues no, no me sirve de consuelo.

Me serviría de consuelo que hubiera hecho otra cosa con él

en vez de hablar y de hacerse fotos.

-Jairo.

-Y de haber hablado, que hubiera sido para avisarle

que va a acabar como su hijo si juega con nosotros.

Lo que no sé es qué hacemos tonteando con la gente

que se ha cargado a mi hermano. -Ya está bien, Jairo, ya está bien.

Te estás dejando llevar por el odio y no estás pensando con claridad.

Parece mentira que todavía no sepas

a qué tipo de gente nos estamos enfrentando.

-Lo sé, por eso se lo digo,

no solo me mueve el odio, don Fernando, también la cabeza.

Ha venido aquí a quitárnoslo todo.

Nos quiere quitar el negocio

y se va a llevar por delante a quien haga falta,

incluyendo la gente que más queremos. ¿No tendría que estar muerto ya?

-Tú mismo lo estás diciendo,

esa gente a la que nos estamos enfrentando

ya han matado a dos policías, uno de ellos tu hermano.

Si quieren acabar con nosotros,

no les va a temblar el pulso.

-Precisamente por eso,

¿por qué no vamos nosotros por delante

y empezamos atacando?

Que la mejor defensa es un buen ataque.

-¿Atacando a quién? ¿A asesinos profesionales?

¿Qué quieres, que contrate un ejército

y nos liamos a tiros? ¿Empezamos una guerra en el barrio?

Esa gente ha nacido en las calles de Cali

y la vida de una persona en las calles de Cali

no vale nada, no vale una mierda, no lo olvides nunca.

-Vale, muy bien, entonces, como han venido de Cali

y son de Cali, nos vamos a quedar aquí acojonados

sin hacer absolutamente nada.

Vamos a esperar a que acaben con nosotros.

-¡Ya está bien, maldita sea!

¡Estoy intentando hacer lo posible,

estoy intentando que aprendas a actuar con la cabeza fría!

¡A tener sangre fría!

Ya sé que quieres vengar la muerte de tu hermano,

pero si no haces lo que yo te digo,

tú también vas a terminar muerto, como él.

-Dígame qué quiere que haga, don Fernando,

pero dígame algo, que no me puedo quedar quieto.

-Escúchame bien.

Quiero que te andes con mucho ojo y que tengas mucho cuidado

con todo lo que haces y dices a partir de ahora

porque el más mínimo fallo, hijo, el más mínimo fallo

y esta gente puede acabar con nosotros.

Nos estamos jugando la vida todos los días.

Julio, hijo, ¿qué tal?

-¿Interrumpo algo? -No.

No, no, no, Jairo y yo solo estábamos hablando

de trabajo, ¿verdad? De facturas, albaranes,

camiones... En fin, rollos de esos.

-Un rollo tremendo.

-Eh, habíamos quedado para ir a ver el espectáculo de magia

al teatro de la Gran Vía,

pero habíamos quedado mucho más tarde.

-Sí, sí, sí, lo sé, papá, pero es que estaba aburrido en casa

y he pensado que, igual,

te apetecía ir a comer a algún lado conmigo.

¿O ya habías quedado? -No, no he quedado.

Estoy libre y, además, me parece muy buena idea

que vayamos a comer juntos.

Te voy a llevar a un sitio que conozco cerca de aquí

que creo que te va a gustar. -Genial.

¿Quieres que te espere fuera? -Eh, no, nos vamos ya. Estoy listo.

-¿Tú te vienes, Jairo?

-No, yo tengo trabajo que hacer, tío.

-Sí, Jairo tiene trabajo pendiente aquí, ¿verdad?

Te vas a quedar aquí hasta que yo llegue

y ya luego seguimos hablando de estos albaranes, ¿eh?

-Sí, sí.

-¿Nos vamos? -Venga.

(Puerta)

La verdad es que, en la fiesta de ayer,

no faltaba nadie del mundo empresarial.

Sí, el tal Somoza ha empezado pisando fuerte,

pero ándate con ojo con él, ¿eh? ¿Nos sentamos?

Eso me dijiste ayer,

pero todavía no me has explicado el porqué.

Bueno, soy desconfiado por naturaleza,

ya me conoces.

Oye, que si haces buenos negocios con él, adelante,

aprovecha la oportunidad,

peor solo te pido que te andes con tiento.

Emilio, ¿va todo bien?

¿Por qué lo dices?

Porque nos conocemos de hace muchos años

y sé perfectamente cuándo intentas ocultarme algo.

Siempre has tenido un sexto sentido conmigo,

como cuando empecé a salir con tu prima en secreto

y tardaste un minuto en averiguarlo.

Por cierto, ¿cómo está tu prima?

Estupendamente.

Vive en Luxemburgo

y trabaja en el Banco Central Europeo.

Pero ahora no quiero hablar de mi prima,

sino de lo que te preocupa e intentas ocultarme.

Verás, Félix,

hemos averiguado quién te robó los relojes.

¿Fue mi hijo?

No, no ha sido él.

Entonces, ¿quién?

Vicente Castro.

No entiendo a qué tanto misterio,

no conozco a nadie con ese nombre.

Ya, tú, no, pero Amalia, tu mujer actual, sí.

Hemos estado investigando al sospechoso

y hace años tuvieron una relación.

Continúa.

Por lo que hemos podido averiguar,

Vicente está pasando por problemas económicos

y bueno, Amalia ha querido ayudarle.

Y no solo eso. ¿Qué más?

Félix, esto te lo voy a decir como un amigo.

¿Qué más?

Lo siento mucho,

se ven en un motel en el centro.

Pasan un par de horas en la habitación

y luego cada uno se va por su lado.

Bueno, pues nada, la conexión ya está arreglada

y he conseguido que tengáis buena señal wifi en todo el piso.

-Pues qué bien

porque desde la habitación del fondo no conseguía conectarme nunca.

-Porque el piso es grande y necesita un poco de chicha,

pero ya está todo arreglado.

-Muchas gracias, Fede, ¿eh?

Ahora me toca a mí cumplir con mi parte del trato

e invitarte a comer.

-Jo, la verdad que

cada día que vengo a vuestra casa, me gusta más.

-Pues sí, estamos encantadas, hemos tenido mucha suerte.

-Oye, ¿y la habitación esa que tenéis vacía?

-¿Qué le pasa?

-No, hombre, que es una lástima que esté así, desaprovechada.

Es que tiene baño y todo.

-Sí, bueno, más de una vez hemos pensado en alquilarla,

pero nos da cosa vivir con un desconocido aquí.

-Tampoco te tienes que poner en lo peor.

-Ya, pero no sé, es que nos da cosa

porque Lola y yo nos llevamos superbién

y vete tú a saber cómo nos va con una extraña.

-Ya, bueno, tampoco será para tanto.

Oye, además, alquilándola, os sacaríais un buen pico.

-¿Sí?

¿Y cuánto crees que podríamos pedir por ella?

-Pues unos 300 eurillos.

Sí, 150 para cada una y, al final del año, son 1800 euros.

Eso te sale para un todo incluido en Cancún.

-Oye, visto así es un dinerito, ¿eh?

-Ya te digo.

Vamos, a mí no me importaría nada compartir piso

si al final me saco gratis unas vacaciones en el Caribe.

-O en Zanzíbar, que no sé dónde está,

pero siempre me ha encantado ese nombre: Zanzíbar.

Es que suena tan exótico.

-Zanzíbar o Madagascar, que también suena superexótico, ¿eh?

Oye, no es ninguna tontería lo que te estoy diciendo.

Además, como el piso es grande,

no notaríais ni que hay uno más.

-Pues mira, mañana, cuando venga Lola,

se lo digo y a ver qué le parece la idea.

-Sí. Oye, en este marco, ¿qué pensabas poner?

-Pues a Lola.

Vamos, que es su foto.

-¿Que esta es Lola?

-Sí, ¿quién pensabas que era?

-No sé, una modelo de esas que ponen en los marcos de...

Se la ve muy,

como sana.

-Sí, sí, es que

se cuida mucho, hace mucho deporte, come sano...

No sé. Y fue bailarina antes.

-Ah, bailarina, ya.

He escuchado yo los comentarios en la comisaría.

-Anda, trae,

que se te va a desencajar la mandíbula.

Espero que mañana, cuando te la presente,

no pongas esa cara de empanado.

-¿Cómo que empanado?

Lo único que estoy diciendo, no sé,

que me parece guapa y ya está.

-No hace falta que lo jures.

-Oye, volviendo a lo del piso, vamos a ver.

Es un piso muy grande para dos chicas solas.

Yo creo que, mira, haces así.

Haz: "Uh". Hazlo.

-Uh. -Eh, eco.

Eco porque es inmenso.

Te digo yo que aquí cabe más gente, ya verás.

(CHASQUEA) ¿Ves?

-Últimamente,

Amalia venía pidiéndome más dinero de lo habitual.

Decía que era para darse un capricho:

unas joyas, un vestido,

y, como me negué,

se ve que decidió robarme.

Ella conocía perfectamente mi colección de relojes

y sabía cómo hacerse con las llaves.

Ya te dije que, lo más seguro, era que el responsable

fuera alguien cercano a tu círculo.

Y tan cercano.

Escucha, Félix,

he preferido quedar aquí y no en comisaría

para avisarte antes de hacerlo oficial y detenerla.

Espera.

No lo hagas.

¿Cómo que no lo haga?

Ha sido ella, no hay duda.

He comprobado todos los datos antes de decirte nada.

Te creo,

pero quiero...

No quiero continuar con esto.

Será mejor que olvidemos el tema.

Me parece que es demasiado tarde,

hemos abierto una investigación, Félix.

Me da igual,

justificaré la pérdida de los relojes de alguna manera.

Diré que me equivoqué

o que yo mismo se los di al tipo ese.

A ver, Félix, escucha una cosa, ¿pero tú te has vuelto loco?

Tu mujer te engaña y no solo eso, te ha robado.

Pagaré los costes de la investigación, si hace falta,

pero no quiero que la detengáis.

A ver, mírame a los ojos.

¿No estarás pensando en tomarte la justicia por tu mano, verdad?

No digas tonterías, yo no soy así.

Mira, Félix, escúchame, de verdad,

es mejor que este asunto lo dejes en nuestras manos.

Ahora han sido unos relojes, pero después, ¿qué será?

Te puede seguir robando.

He sido muchas cosas,

pero nunca un iluso.

Sabía lo que me esperaba con ella,

una mujer tan guapa y tan joven

no se casa con un hombre como yo por su atractivo,

sino por la seguridad del dinero.

Es triste reconocerlo, pero la verdad es esa.

Lo único que vas a conseguir si sigues con ella es sufrir.

No.

Esta es la confirmación

de lo que venía sospechando hacía tiempo.

Lo he estado negando porque no quería reconocerlo

y ahora que sé cuál es la verdad,

me acabo de dar cuenta de que me da igual.

Pero ¿qué es lo que te da igual, Félix?

El que mi mujer me robe dos relojes

no es tan grave.

A ver, te voy a recomendar que reflexiones un poco.

Estoy seguro de que, cuando estés más calmado,

verás las cosas de otra manera.

Las veré exactamente igual.

Estoy enamorado de Amalia y ella me hace muy feliz.

No quiero perderla.

Ya, pero ella con el otro está... Hablaré con ella

y le exigiré que deje a ese antiguo novio.

¿Y qué crees que te va a responder?

Me dirá que lo hará

y ya será cosa mía si lo creo o no.

Recuerdo muy bien lo que es vivir solo

después de la muerte de mi esposa.

No quiero volver a vivir eso.

Amalia me ha devuelto la ilusión, las ganas de vivir

y si el precio son dos relojes

o incluso una infidelidad,

no me parece un precio excesivo.

A ver, Félix, te lo voy a preguntar por última vez:

"¿Tú estás seguro de lo que vas a hacer?".

Está bien,

como quieras, amigo.

Gracias.

Hola, Iker, ¿qué tal? ¿Es esta la mesa de Alicia?

Sí, esta es, pero ¿qué haces por aquí?

Ha llegado una carta certificada y parecía urgente.

Sí, se sienta aquí, ¿no? Sí.

Oye, Nerea, ¿te apetece un café?

Vale.

Ahora que sé que mandando cartas certificadas

puedo conseguir verte,

te prometo que te voy a mandar una cada día.

No te va a hacer falta,

me vas a ver más a menudo a partir de ahora.

¿Ah, sí? ¿Qué pasa? No puedes estar un minuto sin verme.

Sí, claro.

Es por trabajo,

me he apuntado al turno de oficio.

Así que, a partir de ahora, vamos a tenerte

metiendo las narices en todos nuestros asuntos.

Pues muy bien, que sepas que no me gusta.

¿El qué no te gusta?

Las abogadas del turno de oficio. Lo único que hacéis

es complicarnos el trabajo a los policías

y defender denunciantes.

Yo pensaba

que solo ofrecíamos asesoría legal a gente sin recursos

y que los delincuentes realmente peligrosos

ya tienen abogados

y de los bufetes más importantes del país.

En eso tienes razón, no ha pasado ni un minuto

cuando se presentan aquí a cazar a un pez gordo.

Ya ves, yo solo voy a ocuparme de pobres diablos

que no tienen quién les defienda.

Además de guapa. Si es que lo tienes todo.

No es para tanto.

Oye, digo yo que podríamos aprovechar la ocasión

y salir a celebrar tu nuevo puesto.

¿Haciendo qué?

¿Te gusta la bossa nova? Hay un concierto esta noche

en un local del que me han hablado muy bien.

Por qué no. Me apetece salir

y así empiezo a conocer a gente en Madrid.

¿Te paso a recoger cuando termine? Genial.

Nerea, ¿pero qué haces aquí?

Te he traído una carta certificada

y me he entretenido un rato charlando con Iker.

Con Iker. (ASIENTE)

Parece majo.

Le estaba contando que me he apuntado al turno de oficio.

Por fin te has decidido. Sí y creo que me va a gustar mucho.

El turno de oficio, digo.

Claro, siempre te has querido apuntar,

así que ¿por qué no te iba a gustar ahora?

También me ha invitado a salir esta noche.

¿Y qué le has contestado? Que sí.

Desde que he llegado a Madrid no he salido

y así me doy una vuelta, ¿no?

Con Iker no creo que sea buena idea.

¿Qué le pasa?

Por lo poco que lo conozco,

no se lo recomendaría a ninguna amiga.

Le echa los trastos a todo lo que se mueve.

No creo que sea para tanto. ¿Que no?

Lo único que le preocupa es el ligoteo.

El otro día se enrolló con una chica que vino a poner una denuncia.

Bastante poco profesional, la verdad.

Te agradezco la información, pero no hacía falta.

¿Seguro? Seguro.

No tienes que preocuparte por mí.

Anda, tonta.

-¿Qué? ¿Cómo está el café de La Parra?

-Bien, normal.

-Pero ¿mejor o peor que el del Bistro Parisien?

-¿Tú cómo sabes que estuve allí?

-Hombre, porque Olga le mandó una foto a Paty

y me la enseñó, allí, los dos superfelices

al lado de la Torre Eiffel. -Lo pasamos muy bien, la verdad.

-Pero ese sitio no tiene pinta de ser barato, ¿no?

-Dímelo a mí, con eso de que "papá paga todo",

me llevó a los mejores restaurantes y confiterías, eso sí,

no me quejé ni esta.

-Claro que no, el dinero es para disfrutarlo.

Además, la ocasión lo valía, ¿no?

Bueno, pero no creo que haya tanta diferencia con el español.

-Del café, no sé,

pero del cruasán en España no tenemos la más mínima idea.

Esa mantequilla, esa cosa crujiente...

¡"Oh, là, là"!

-Bueno, ya veo que disfrutaste bastante allí, en París.

Te hacían falta unas vacaciones desde hace tiempo

y encima, si Olga dices que está tan adaptadica

y eso, pues mejor que mejor, ¿no?

-Sí, se lo está pasando muy bien, la verdad, sí,

pero yo la echo mucho de menos.

-Hombre, no seas exagerado que se ha ido por unos meses.

-Para mí es como una eternidad.

Lo que me consuela es que le están viniendo muy bien

esos días que está pasando allí.

La he visto más madura, más responsable.

-Claro, no hay nada como tenerse que buscar la vida para madurar.

-Sí.

-La próxima vez te irás con Claudia, ¿no?

-¿Por qué preguntas eso?

-Hombre, por Dios, nada más había que verla,

que iba la pobre como un alma en pena.

Estaba deseando estar con vosotros.

-Que hubiera ido, no será porque no insistí.

-Buenas.

Hola, Antonio. Hola.

-¿Te pongo algo, Claudia? Un agua mineral, por favor.

Voy a mirar...

¿No tenías tanto lío en la consulta?

Bueno, tuve un ratito para tomar un café, ya me voy.

Que sepas que lo de esta mañana

no ha servido absolutamente para nada,

nada más que para que estemos más enfadados que antes.

Bueno, supongo que en eso consiste la terapia,

en abrirse, en discutir si hace falta, no sé.

Pero no va a ser igual todos los días.

Pues a mí no me lo parece.

Ayer estaba de un humor maravilloso

y hoy estoy que me llevan los demonios

por culpa de la puñetera terapia.

Vale, la próxima vez intentaré no enfadarme tanto.

No va a haber próximo día, yo no pienso volver.

Pues no te entiendo.

¿No eres tú el que dice siempre que los problemas

hay que solucionarlos con ayuda de profesionales?

Pues en este caso, no.

Para discutir, ya discutimos gratis en casa

y no delante de una extraña.

Ya, o sea que tú ya lo has decidido, ¿no?

¿Y no crees

que esto deberíamos hablarlo un poquito con calma en casa?

¿Ahora?

Me voy, me voy a la consulta. Hasta luego.

-Y no se preocupe, que yo me encargo.

-¿Es usted Alejandro Somoza?

-Disculpe, soy nuevo en este país,

pero no creo que en España sea costumbre entrar así

en la oficina de alguien y menos para hablar de negocios.

-Es que no he venido a hablar de negocios.

-¿Ah, no? Y entonces, ¿qué quiere?

-Quiero saber si usted mató a mi hermano.

-¿Ve? Ya por lo menos sabemos a qué vino.

Y su hermano ¿se llama cómo?

-Roberto Batista, policía.

Murió en el altar el día de su boda, un francotirador.

-Usted me está hablando del hombre que mató a mi hijo Andrés?

Porque si es así me importa un carajo que lo hayan matado.

Es más, me alegro.

Pero sí le voy a decir una cosa:

"Yo no fui el hombre que apretó el gatillo

para matar a ese malparido".

-No, ya sé que usted no apretó el gatillo desde Colombia,

por sí ordenó su muerte.

-Hay que tener muy poca educación

para venir aquí, a mi despacho y decirme esas cosas en mi cara.

Voy a pensar que usted está muy dolido

y le dio un arrebato,

peor sí le voy a decir algo:

"No hay dolor más profundo que enterrar a su hijo".

Por lo que veo, usted no tiene hijos,

por eso no sabe que es lo más antinatural del mundo

que un padre entierre a un hijo.

Es el dolor más profundo que una persona va a sentir,

pero la vida sigue, hay que seguir hacia delante,

no queda otra.

-A mí su dolor me importa una mierda.

-Mira, "mijo", yo le voy a dar un consejo.

Haga como yo, resígnese.

Ahora salga por esa puerta y váyase por donde entró

antes de que me arrepienta. -No,

no lo voy a hacer.

-¿Ah, no?

-No.

Usted mató a mi hermano

y yo voy a hacer lo mismo.

-¿Qué va a hacer? ¿Dispararme?

O sea, me va a disparar aquí, en mi despacho.

Mire, "mijo", yo tengo demasiado tiempo en este negocio

como para no tomar precauciones.

Si lo dejé llegar hasta aquí

es porque quería verle la cara de huevón.

Como siga manteniendo la mano en esa pistola,

mi guardaespaldas le va a meter tres tiros

antes de que se dé cuenta de que está muerto.

Sería una pena, ¿verdad?

Aunque, por otro lado,

pues se reuniría más rápido con su hermano.

-Vamos, chaval, hazlo.

Acabemos con esto cuanto antes.

-No va a hacer falta, Tano.

Este joven está dolido

y solo vino a compartir su dolor, ¿cierto?

Lo haremos, pero cuando sea necesario.

Tengo la impresión de que mi vida se derrumba delante de mis narices.

Bueno, pero antes de que se derrumbe el edificio entero,

vayamos por plantas. ¿Qué le pasa a Antonio?

¿Sabes lo que me ha dicho en La Parra?

Que no quiere volver a hacer terapia de pareja,

no le da la gana.

Y eso es muy raro, él siempre pide ayuda profesional

y siempre es muy partidario de consultar a expertos,

pero me ha dicho que no,

que para discutir delante de extraños,

mejor discutimos en casa solos y nos dale más barato.

Veo a Claudia muy preocupada

y creo que tú tienes algo que ver con eso.

-Yo también estoy tocado y no lo ando contando por ahí.

-Bueno, cálmate, Antonio.

Cuéntame, ¿por qué no quieres volver a terapia?

-Porque salgo más cabreado de lo que entro

y no quiero hablar de mis problemas, prefiero centrarme en otras cosas.

-Por eso te veo tanto por allí, ¿porque vas a llevarle cositas?

-También me gusta, como a ti, la tortilla.

-La tortilla y la Paty, ¿no?

Porque siempre te veo de charleta con ella.

-La verdad es que Paty se está portando fenomenal conmigo.

-¿Ah, sí? -Sí, es una tía estupenda.

Yo solo te estoy avisando.

Pues muchas gracias, inspectora, pero, la verdad, dudo mucho

que Nerea necesite

que su prima vaya por detrás intentando protegerla.

Mira, tienes razón, la verdad.

No debería preocuparme porque ya he avisado a mi prima

del tipo que eres. ¿Ah, sí? ¿Y qué le has dicho?

¿Que soy un chulo que se va acostando con todo?

Me he apuntado al turno de oficio,

es algo que quería hacer hace tiempo.

Creo que también tenemos la obligación de defender

a quienes no se pueden costear una defensa.

-No quiero que el trabajo aquí se resienta.

-Espe me ha hablado maravillas de ti.

-Yo también he escuchado muchas cosas de ti.

-¿Sí? ¿El qué? ¿Qué te han contado?

-De todo, ¿eh? Un poco de esto, un poco de lo otro.

Que te gusta mucho bailar

y que casi llegas a profesional como gogó y eso.

-Espero que estés de coña

porque no me hace gracia hablar de este tema.

-Nadie me ha dicho que estuviera diferente.

-Claro, porque las has adulterado,

has mezclado mis patatas con patatas industriales.

¡Por favor!

-A ver, que patatas son patatas, tampoco...

Hombre, cosa diferente sería

si estuviéramos hablando de calabazas.

-Buenas noches, María.

-Buenas. -¿Me pones un café?

-Ahora mismo.

-Es que me lo estoy pasando tan bien en Madrid

que me gustaría quedarme. -Pensaba que tras terminar Económicas

querías hacer uno de esos máster importantes

en alguna universidad americana.

Ya sabes que no hay problemas de dinero,

elige la que quieras.

-Lo que necesito es experiencia, aprender trabajando.

-Pues ¿has penado dónde?

-Claro, contigo.

-No me digas que no te mueres por darle un mordisco.

-Bueno, vale, pero solo uno.

Malo.

-Esta vez no te engaño.

-Ya, claro, ¿seguro?

(ASIENTE) -Seguro.

-"Quiero verle en mi despacho en una hora.

Tenemos un tema serio del que hablar".

-Ahora mismo no va a poder ser, estoy ocupado.

-"Es mejor que no se niegue

si no quiere que le pase algo a alguno de sus hombres,

concretamente a Jairo".

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  • Capítulo 210

Servir y proteger - Capítulo 210

01 mar 2018

Alicia tiene un pequeño acercamiento con Julio, sin saber que es su hermano. Por su parte, Iker invita a Nerea a salir. Jairo decide tomarse la justicia por su mano y enfrentarse a Somoza él solo. Elías cree haber resuelto el caso de los relojes. Fede quiere ser compañero de piso de Espe y Lola.

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  • Capítulo 390 Completo 56:48 100% 19 nov 2018
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  • Capítulo 389 Completo 54:07 91% 16 nov 2018
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  • Capítulo 388 Completo 56:20 90% 15 nov 2018
    Capítulo 388 15 nov 2018 La inspectora jefe Miralles es la policía más veterana de la comisaría del Distrito Sur. La inspectora Alicia Ocaña se incorpora a la comisaría. Ambas son el eje en torno al que...
  • Capítulo 387 Completo 53:04 90% 14 nov 2018
    Capítulo 387 14 nov 2018 La inspectora jefe Miralles es la policía más veterana de la comisaría del Distrito Sur. La inspectora Alicia Ocaña se incorpora a la comisaría. Ambas son el eje en torno al que...
  • Capítulo 386 Completo 56:26 87% 13 nov 2018
    Capítulo 386 13 nov 2018 La inspectora jefe Miralles es la policía más veterana de la comisaría del Distrito Sur. La inspectora Alicia Ocaña se incorpora a la comisaría. Ambas son el eje en torno al que...
  • Capítulo 385 Completo 57:30 83% 12 nov 2018
    Capítulo 385 12 nov 2018 La inspectora jefe Miralles es la policía más veterana de la comisaría del Distrito Sur. La inspectora Alicia Ocaña se incorpora a la comisaría. Ambas son el eje en torno al que...
  • Capítulo 384 Completo 57:11 91% 09 nov 2018
    Capítulo 384 09 nov 2018 La inspectora jefe Miralles es la policía más veterana de la comisaría del Distrito Sur. La inspectora Alicia Ocaña se incorpora a la comisaría. Ambas son el eje en torno al que...

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