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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 209 - ver ahora
Transcripción completa

¿Le pasa algo? -Mi hijo llega mañana a Madrid.

Pensaba que se echaría para atrás,

pero ya viene de camino.

No sé qué trae en la cabeza,

porque para mí es casi un completo desconocido.

-Todo lo que sé sobre ti es la versión de mamá,

y por eso me negué a tener una relación fluida contigo.

Ahora sé que estaba equivocado.

-Julio no sabe nada de mis negocios en B,

¿comprendes? Y así tiene que seguir siendo.

Respecto a Somoza, tampoco quiero que sepa ni una palabra.

No quiero que tenga ninguna relación con esa gente.

-¿Son policías? -Sí. ¿Te podemos ayudar en algo?

-Un chorizo me ha sacado la navaja y me ha robado el bolso.

-¿Estás bien? -Sí, ya se me ha pasado el susto.

Solo me queda el cabreo.

-Yo te atiendo.

-¿Podrías darme el número de tu móvil?

-No hace falta, sabes dónde trabajo.

Esta denuncia sigue paso por paso

los tutoriales de internet para estos casos.

¿Qué tutoriales son esos?

Los que enseñan a engañar a las compañías de seguros.

Con una simple llamada podría saber a qué hora llegó

y si siguió usando sus llaves.

Por no hablar de las tarjetas de crédito.

Es fácil saber si las canceló o si siguió usándolas.

¿Crees que puedes involucrarte personalmente

con alguien relacionado con un caso y no perder la objetividad?

Tú misma estás involucrada personalmente en un caso.

En otro momento ya probaré ese estupendo menú.

Buenas noches.

Inspectora.

-Lo tienes asustadito.

Muy contenta te veo, y ese tío es lo peor.

Vengo a decirle que don Alejandro llega a Madrid la semana que viene.

-Muy bien. ¿Y?

-Ha decidido que usted sea el elegido para ampliar sus finanzas:

primero en España, después en Europa.

-"Gran empresa líder en Latinoamérica desembarca en Europa

y elige España como lugar desde el que operar".

"El empresario ha declarado

que se instala en un polígono industrial de Distrito Sur".

-Vayamos al grano que yo estoy muy ocupado.

El oficial fallecido, Roberto Batista,

era un policía muy querido.

Y nosotros, sus compañeros,

ni perdonamos ni olvidamos.

Este es Jairo,

es un amigo del barrio.

-Buenas. -¿Qué tal, tío?

-Yo acabo de llegar, trabajo aquí al lado

en la tienda de alimentación.

-¿Y a ti qué te pasa? -No me pasa nada.

Estoy normal, no siento.

A lo mejor no soy la alegría del barrio,

solo puede haber una y eres tú.

-Cuidado...

Eres rápido de reflejos. Gracias.

He comprado todo eso por una chica.

-Entonces, ¿has venido a Madrid para encontrar pareja?

-Qué va, si es una tontería.

Ha sido por una chica que había en una tienda de frutas

que está muy bien.

-¿Qué es lo que está muy bien, la chica o la tienda?

-Las dos cosas.

Te presento a Félix Miranda, es un gran amigo.

Me estaba contando que le han desaparecido

dos piezas de su colección de relojes en el último mes.

Los relojes estaban bajo llave

y no hay signos de cerradura forzada.

(Música emocionante)

(Puerta)

Elías... Buenos días, Claudia.

¿Qué haces tan temprano? ¿Ha pasado algo?

Tranquila, está todo bien.

Me he imaginado que estarías despierta,

iba camino de comisaría.

Despierta con los ojos como platos, no he pegado ojo en toda la noche.

¿Y eso?

¿Quieres un café?

Ponlo ahí y yo voy a por una taza.

Ya, ya, ya...

No tomas azúcar, ¿no? No, no.

¿Qué? ¿Me vas a contar...

por qué estás así?

Esta tarde llega Antonio.

Deberías estar contenta, ¿no?

Es que no sé con qué actitud va a entrar por la puerta.

Ya te lo digo yo:

con una sonrisa de oreja a oreja y deseando abrazarte.

No...

No lo tengo tan claro.

Desde que se fue con Olga a París, apenas hemos hablado.

No se ha querido poner al teléfono, es su manera de castigarme.

No digas eso, mujer.

Seguro que ya se ha olvidado por qué discutisteis.

No te puedes imaginar lo cabreado que se fue a París.

No te lo puedes imaginar. Y las cosas que me dijo...

No sé...

Yo...

creo que con la falta de comunicación que tenemos

además, es que...

No veo claro que lo vayamos a arreglar.

Eso ya me lo has dicho otras veces, y siempre lo arregláis.

No, esto es diferente.

Yo creo que estamos pasando una crisis en toda regla,

y no sé si la vamos a superar.

No se me vaya a poner dramática, inspectora.

No me pongo dramática.

Las cosas no están nada bien.

Yo os conozco lo suficiente

para saber que si ponéis cada uno de vuestra parte

acabaréis arreglándolo.

Aquí paz y después gloria.

Ojalá fuera así, pero yo no...

No lo veo fácil.

Venga, Claudia,

Antonio te quiere muchísimo,

y al final el amor es lo que triunfa.

Por lo menos, así suelen acabar las películas, ¿no?

Por mí no va a quedar.

Pero ya está bien de hablar de mí.

Tú tenías noche, ¿cómo ha ido?

He estado ocupado con una investigación exprés

que me ha mandado Bremón.

Le han robado un par de relojes muy valiosos, de colección

a un amigo suyo.

¿Un tal Félix, que fue ayer a comisaría?

El mismo. ¿Y tienes algo ya?

Sí, tengo un sospechoso.

Su propio hijo. ¡No fastidies!

Nacha y yo hemos estado haciendo un seguimiento,

y se ha pasado toda la noche en garitos de lujo,

gastándose un pastizal.

Si nosotros llevamos ese ritmo,

le tenemos que pedir una partida a Fondos Reservados.

Blanco y en botella.

Voy a preparar unas tostadas.

Me has levantado el ánimo y me has abierto el apetito.

Pues me voy a pasar todas las mañanas por aquí

a charlar contigo y que me invites a desayunar.

¡Y una porra!

Don Fernando, se lo estoy pidiendo como un favor personal,

déjeme ir con usted a esa inauguración.

-Ya te he dicho que no es buena idea.

-¿Por qué no es buena idea? -Porque te conozco.

Y sé que serías capaz de montar el numerito.

-¿Qué voy a hacer, don Fernando?

¿Se piensa que me he vuelto loco?

No voy a hacer nada.

Solo quiero mirar a ese tío a los ojos

y decirle: "Aquí está el hermano de Roberto Batista".

-¿Te parece poco?

Si haces eso solo vas a conseguir complicar más las cosas.

-Complicar...

Mire, don Fernando, yo lo único que estoy buscando

es que ese cabrón

que viene a pavonearse en nuestro barrio, en nuestra cara,

sepa que antes o después va a pagar por lo que ha hecho.

-No sé cuántas veces más te lo tengo que decir,

te lo he dicho mil veces ya.

Tienes que pensar con la cabeza fría, actuar con frialdad.

Si vas allí y te haces el gallito delante de Somoza

solo conseguirás que te echen a patadas.

-No me importa que me echen a patadas,

con tal de amargarle la noche a ese tío.

-¿Amargarle la noche tú a Somoza?

No me hagas reír.

-Déjeme que vaya y lo comprobamos.

-Ya está bien, Jairo,

te he dicho que no.

¡Y grábate esto bien en la cabeza!

Si tus enemigos saben cuáles son tus intenciones

estás perdido, pero si se las dices tú mismo,

es que eres tonto.

-Si usted piensa

que a Somoza le va a der igual verme allí,

¿dónde está el problema?

¿Por qué no me deja que vaya?

-Jairo,

no vas a ir a esa fiesta.

¿Entendido?

Si cabreas a Somoza

solo vas a conseguir firmar tu sentencia de muerte.

¿Qué quieres? ¿Terminar como tu hermano?

¿Quieres que te maten también?

No permitiré que pongas tu vida en peligro por una tontería.

Así que no vas a ir a esa fiesta.

¿Te queda claro?

-Perdón, no sabía que estabais reunidos.

-No, no, pasa, hijo.

Pasa, Julio.

Jairo y yo estábamos hablando de trabajo,

pero ya...

ya tiene bastante claro lo que tiene que hacer.

-Sí, sí, lo tengo muy claro.

-¿Qué tal? -Muy bien, aquí, en Distrito Sur.

-Me alegra oír eso. ¿Tienes algún plan para hoy?

-Por el día ninguno,

pero esta noche me gustaría ir contigo a ver el fútbol.

-¡Maldita sea! Se me había olvidado el partido.

-Un partidazo de Champions. -Sí, sí, lo sé.

Con tanto trabajo se me ha ido el santo al cielo.

-He visto que todavía quedan entradas.

Son caras. -No te preocupes,

el dinero no es problema. La cuestión es que esta noche

tengo un evento al que no puedo faltar.

Creo que ya te lo comenté.

-Sí, una inauguración de una empresa. -Eso es.

Una especie de reunión a la que van empresarios

y algún que otro político importante. Debería asistir.

-Tranquilo, lo entiendo.

Desde pequeño tenía claro que tu trabajo no tiene horarios.

No te preocupes.

-¿Sabes qué? Estoy pensando

que si te hace mucha ilusión lo de ir al partido,

puedo mandar al carajo el trabajo y nos vamos tú y yo,

¿qué te parece? -Que no, papá, déjalo.

Ni tú ni yo disfrutaríamos del partido

sabiendo que tienes que estar en ese evento.

-Tienes razón. Te lo agradezco.

¿No te importa si lo dejamos para otro momento?

-De verdad que no.

Yo no quiero interferir en tu vida.

Es más,

quizá yo podría acompañarte a la inauguración.

-No, no, no, no.

No sería una buena idea, te aseguro que te aburrirías

escuchando hablar solo de negocios toda la noche.

-Sí, supongo.

Me iré al cine a ver una buena peli, y ya está.

-Eso me parece estupendo.

Sal y diviértete.

Te prometo que esta semana nos hacemos un plan juntos.

-Te tomo la palabra, señor empresario.

Anoche mis hombres interrogaron a tus empleados

y creen que no tienen ninguna implicación

en el robo de los relojes.

Contaba con ello.

Todos llevan muchos años trabajando en casa,

desde que los contrató mi primera mujer.

Jamás me han ocasionado ningún problema.

Lo que sí está claro es

que el autor fue alguien con acceso directo a la casa.

Y conocía lo de tus llaves de las cajas de los relojes.

¿Qué intentas decirme?

Piensa un poco, hombre. Déjate de rodeos.

Nos conocemos desde hace muchos años. Te ruego que vayas directo al grano.

Verás,

mis agentes sospechan de tu hijo. Eso es imposible.

Borja sería incapaz de hacer algo así.

Todavía no hay ninguna prueba concluyente, pero...

hay bastantes indicios que apuntan a él.

Me dan igual los indicios.

Borja no me ha robado esos relojes.

¡Mi hijo no es un ladrón! Pongo la mano en el fuego por él.

Entiendo que te cueste barajar esta posibilidad,

pero por experiencia sé que este tipo de robos

lo suele cometer alguien cercano al círculo de la víctima.

Te digo que no. Borja sabe perfectamente

que aparte del valor económico,

tienen un enorme valor sentimental para mí.

Bajo ningún concepto se le ocurriría robármelos.

-Permiso, comisario.

Adelante, Guevara, te estábamos esperando.

Cuéntale a Félix los avances de la investigación.

Después de interrogar al personal de servicio...

Al grano, Elías, eso ya se lo he contado yo.

La hipótesis que barajamos es

que el autor material del robo sea su propio hijo.

-Ya le he dicho al comisario que eso es imposible.

Borja es un buen chico,

está muy centrado en sus estudios y apenas sale con sus amigos.

-Pues esta noche se le ha quedado corta.

-¿Cómo? -Que se ha pasado toda la noche

de juerga con dos amigos.

-Habrá sido una excepción. -No parecía nuevo en estas lides.

-Tampoco es raro que un chico a su edad

salga algún día de fiesta. -Lo que nos parece raro es

la cantidad de dinero que tiene para gastarse en copas.

-Borja tiene una buena asignación,

y se puede permitir el lujo de tomarse ciertas copas

o irse fuera a cenar. -Pero ha hecho algo más que eso.

Se ha pasado toda la noche invitando a esos dos amigos

en los locales más caros de Madrid,

y han acabado en el club Mariposas.

Se imaginará usted qué tipo de club es.

-Perfectamente. -Solo allí se gastó 1200 euros.

-Dios mío... -Pagaba en metálico

y exhibiendo un fajo de billetes.

-Esa actitud no me cuadra con Borja.

Además, con el dinero que le doy, no le permite tal derroche.

-Eso nos hace pensar que el dinero proviene del robo de los relojes.

-¡No, mi hijo no es ningún delincuente!

Tiene que haber otra explicación A ver, Félix...

Ayer me contaste que habías tenido algunos problemas con el chaval.

Sí, problemas normales entre un hijo y un padre

que se ha casado por segunda vez.

Además, Borja acabó aceptando mi segundo matrimonio.

¿Estás seguro?

Quizá siga enfadado y ese sea el motivo para revelarse.

Lo repetiré las veces que haga falta:

mi hijo no me ha robado los relojes, mi hijo no es ningún ladrón.

Félix, por favor, no te pongas así.

Entiende que debemos barajar todas las posibilidades.

Entiendo lo que tú quieras, Emilio, pero, por favor,

haz que tu gente haga su trabajo

y encuentre al verdadero autor del robo.

Hola, Teresa, ¿qué tal? Hola, Claudia.

-Claudia, ¿te pongo tu té con leche?

Ponme un cortado y algo de comer. Tengo el desayuno en los talones.

Me quedan churros y porras, ¿te pongo?

Ponme una ración de churros, son los últimos que voy a comer.

No veas lo que engordan. Tampoco es para tanto.

Un poco de azúcar, ¿no? Con todo. Lo que haga falta.

Cuando tengo un poco de ansiedad...

la comida es lo único que me aplaca.

Bueno, mujer, hay que disfrutar, que la vida son dos días.

Además, este año en la Pasarela Cibeles

nos esperan a que terminemos el régimen.

Pues muy bien.

Con el jaleo que tienes, eso lo quemas en un momento.

La verdad es que trabajo tengo para dar y tomar.

Por eso no fui con Antonio a ver a Olga a París.

¿Cómo siguen las cosas entre vosotros?

Perdona, no quiero ser indiscreta, no contestes si no quieres.

No te preocupes, además, fui yo

quien empezó a hablar de mi matrimonio contigo.

Las cosas están mal, para qué te voy a decir lo contrario.

Desde que Olga se fue a vivir fuera

no nos entendemos, cada uno va por su lado,

y me temo que el hecho de no haberme ido a París con él

ha empeorado las cosas.

Dijiste que ya no es tan comprensivo como antes

con la dedicación que exige tu trabajo.

Bueno...

al menos eso es lo que yo siento.

Pero también sé que tengo mucha responsabilidad

en todo lo que pasa, así que...

Pero todo el mundo tiene problemas, ¿no?

Eso desde luego.

Me tengo que ir, pero si necesitas hablar

ya sabes dónde estoy. Sí, sí. Gracias.

Unos clientes me preguntan

cuál es la diferencia entre el tofu y el seitán.

¿Puedes salir tú a explicárselo? Porque yo ya...

-Mira, Paty, mejor vamos a hacer otra cosa.

Vamos a dejar de ofrecer el menú ecológico.

-¿Y eso por qué?

-Porque yo me tengo que mantener fiel a mi esencia,

no puedo estar haciendo experimentos.

-Eso mismo te dije yo ayer y pasaste de mí.

-Pero ayer era ayer, y hoy es hoy.

Tú diles que volvemos a la comida mediterránea, ibérica.

Vamos, a la comida normal, de toda la vida.

Si hasta el de la tienda ecológica

viene a tomarse su bocadillo de lomo de orza.

-Aunque dudo mucho que se vuelva a pasar por La Parra.

Ayer te faltó echarlo a patadas de aquí.

-No exageres que no fue para tanto. -Sí que fue para tanto.

Y me sentó mal,

porque ese hombre tiene pinta de ser un pedazo de pan.

-¿Y tú cómo lo sabes? -Por lo que le he visto

y por lo que me cuenta David de él. Lo pone por las nubes.

-Es su hijo, qué va a decir la criatura.

-Por eso, porque él lo conoce perfectamente,

y sabe lo legal que es

y lo que se ha sacrificado por montar el local,

para pagarle los estudios de Medicina a su hijo.

-¿Tú también? ¿Vas a hacer que me sienta mal?

-No.

¿Te está resultando muy dura la vuelta al trabajo?

A ratos sí.

Todavía creo que voy a ver a Róber entrar por la puerta.

Ya. Me lo imagino.

Pero los compañeros me están tratando con mucho cariño,

y eso me facilita las cosas.

Todos te echábamos de menos. Gracias, comisario.

Intentaré responder a este apoyo de la mejor manera que sé:

concentrándome en el trabajo todo lo que pueda.

Me alegra oírte decir eso.

¿Qué tal te llevas con Iker?

No me gustaría hablar de un compañero que acaba de incorporarse.

Todavía no he podido formar una opinión certera.

Me gustaría conocer tu primera impresión.

Puedo dársela en unos días.

Si no ha empezado con buen pie, ahora es el momento de atajarlo.

Cuéntame, ¿cómo lo ves?

No sé, parece que...

que le importan más otras cosas que su propio trabajo.

Se distrae con mucha facilidad cuando ve pasar unas faldas.

Me alegra ver que has vuelto en plena forma.

¿Por qué lo dice? Esto no quiero que se sepa, pero...

lo trasladaron de su destino anterior, precisamente,

por un asunto de faldas.

No me extraña nada. ¿Fue muy grave?

Se acostó con la esposa de un comisario del norte

y se lo han quitado de en medio.

Poniéndolo a cientos de kilómetros de distancia.

De todas maneras, no me gustaría cortar su progresión.

Creo que podría llegar a ser un buen policía.

Con tiempo y con cambio de actitud. Para eso quería contar contigo,

para que le ayudes a centrarse.

¿Conmigo por qué? No se me ocurre nadie mejor que tú

para enseñarle la gran responsabilidad

que supone ser un buen policía.

Está bien. Como quiera.

¿Desea algo más, comisario? No, puedes marcharte. Gracias.

¿Piensa asistir al evento que organiza Somoza?

Sí, haré acto de presencia.

Por cortesía institucional y porque...

quiero que sienta nuestro aliento muy cerca.

¿Qué tal, compañera? Bien, Elías. Gracias.

¿Qué novedades hay sobre el asunto de los relojes?

Al parecer han visto al hijo de tu amigo

salir de una casa de empeños.

¿Y qué iba a vender allí?

Si el dinero de la juerga de anoche era de la venta de los relojes,

¿qué ha podido vender?

Quizá vendió uno ayer, y hoy vaya a vender el otro.

Nacha y yo vamos allá para hacer una visita oficial.

Con una placa de por medio, nos dirán qué han comprado.

En cuanto lo sepas, me lo dices, por favor.

Eso está hecho, jefe.

-Hola.

-Hola, María, qué sorpresa.

¿Qué tal?

¿En qué puedo ayudarte?

-Estaba haciendo un sofrito y me he quedado sin ajos.

-Ya sabes que los mejores ajos de España están en las Pedroñeras.

Justo donde tenía yo mi campito.

-Déjalo... -¿Qué pasa? ¿Ya no quieres ajos?

-No, que no quiero mentirte, no he venido a por los ajos.

He venido a ver La huerta de color.

-Si no te importa, es El color de la huerta.

-El color de la huerta, que todo el mundo habla de tu tienda.

-Eso es una exageración.

Adelante, mira lo que quieras.

No vas a tardar mucho rato porque el local es muy pequeño.

Ya nos gustaría tener tantos metros cuadrados como La Parra.

-Está muy coqueto, muy bien puesto todo.

-¿Te hago un pequeño tour?

Las frutas y verduras son todas de temporada

y de proximidad. Hacemos excepciones con la fruta tropical

porque tiene mucho tirón.

-Hay que buscar el negocio donde esté.

-Las legumbres, los frutos secos,

intentamos, sobre todo, vender a granel.

-A mí me encanta comprar a granel.

Me llevo lo que quiero y no se generan envases...

-Opino lo mismo.

-La verdad es que sí, está estupenda,

dan ganas de probarlo todo.

-Hemos intentado que sea un local donde apetezca entrar

y que la gente se sienta como en casa.

Lo mismo que pasa con La Parra.

-De verdad que lo habéis conseguido, está muy acogedor y...

que un comercio así le viene muy bien al barrio.

-Vaya,

entonces ya...

se te ha quitado de la cabeza esas tonterías de la competencia...

¿Te apetece un zumo?

-Claro, es la especialidad de la casa, ¿no?

Como mi pincho de tortilla.

¿Aquí? -Sí, sí.

Ahora mismo la atiendo.

-Muchas gracias. Hasta luego.

Hola, ¿qué te pongo?

-Una cerveza sin alcohol y algo de comer.

-¿Te sirve un pincho de tortilla?

-Sí, claro. -Marchando.

-Gracias.

Hola, Paty. Hola, Alicia.

¿Me pones un café solo? Claro.

Te ofrecería un pincho de tortilla pero el último es para ese chico.

-Hola.

Hola.

Este encuentro no es tan casual, ¿eh?

Perdona. ¿Cómo dices?

Que este encuentro no es tan casual.

He venido porque tú me lo recomendaste ayer.

Me dijiste que era un buen bar, ¿te acuerdas?

Sí, sí.

Está bien, ¿no? Pues sí.

La verdad es que me encanta, es un bar muy auténtico.

Gracias.

Esto para ti...

-Y la tortilla está buenísima.

Aunque lo que más me gusta es que nos hemos vuelto a ver.

-Alicia, ¿sabes que María ha quitado el menú ecológico?

¿Y eso? Porque no funcionaba.

A La Parra la gente viene a comer comida casera.

Bueno, María tiene muy buena mano en la cocina.

Haga lo que haga siempre está bueno. Eso es verdad.

(Teléfono)

¡Ahí va, mi padre!

Hola, papá.

-Espero no haberte parecido el típico plasta.

Si es así lo siento.

No te preocupes, pero...

si te soy sincera, me gustaría tomarme el café sola.

Claro, lo entiendo. No pasa nada. Tranquila.

¿Y esta noche cómo la tienes?

¿Quieres que salgamos a tomar algo?

No, gracias.

Y te agradecería que no insistas más.

Perdona, no quería molestarte,

pero me encantaría quedar contigo... ¡Bueno, ya vale!

¿No te ha quedado claro que no quiero nada contigo?

Di que sí, Alicia. A los moscones ni agua.

A lo mejor me he pasado.

Podía haberle dicho lo mismo pero de otra manera.

Y entonces te hubiera estado dando la vara infinitamente.

Que no, ya es mayorcito. Que aprenda.

-Su cambio... Aquí tiene.

Muchas gracias.

-Ahora entiendo los piropos que le echan a tus zumos.

Esto es un escándalo.

¿Qué lleva? -Es de mango, naranja y fresa.

Es mi preferido. -Pues está espectacular.

Jesús, yo...

no he venido solo por ver tu tienda, que me encanta,

pero he venido por otro motivo también.

-Tú dirás.

-Quería pedirte disculpas porque he sido muy borde y muy antipática,

y tú no te lo mereces. -Tampoco ha sido para tanto.

Has actuado defendiendo tus intereses,

no le demos más vueltas. -No le quites importancia

porque yo sé que la tiene.

Que...

lo siento mucho, Jesús. -Disculpas aceptadas.

Quiero que sepas que no pretendo hacerte la competencia,

ni decirte cómo tienes que llevar tu negocio.

-Ya lo sé, pero tenías razón,

he quitado el menú ecológico, ¿a cuento de qué venía eso en mi bar?

He vuelto a lo de siempre, a lo que me funciona a mí.

-Pues creo que has hecho muy bien.

Aunque quisiera hacerte la competencia no podría.

Cada uno tiene su público, aunque no son incompatibles.

De hecho estaba pensando que, a lo mejor,

podríamos hacer negocios juntos.

-¿Negocios de qué tipo?

-Yo podría suministrarte frutas y verduras para tu menú,

a muy buen precio.

-¿Sabes que me viene de perlas?

Que Marisa ha cerrado el puesto que tenía en el mercado

y no tengo nadie que me suministre.

-Perfecto. Tú prueba mis productos, y a ver qué te parece.

-Seguro que me van a encajar, con la pinta que tiene todo

y lo bueno que está el zumo...

-Pero si hay algún problema, quiero que me lo digas,

no quiero que por un malentendido nos enfademos...

-Que no, Jesús, de verdad, si es que yo no soy así.

Pero que he aprendido la lección. -Qué bien.

No sabes la alegría que me das.

La verdad es que desde el primer día que entré en La Parra,

me sentí como en casa.

Mucha proximidad...

Te digo que sí,

que me encanta tu bocadillo de lomo, pero...

si voy a La Parra principalmente es para...

para charlar contigo.

-Qué zalamero, que me voy a poner como un tomate.

-¡Es verdad!

-Bueno, ya seguiremos hablando de nuestra relación comercial.

-Eso, una relación muy...

fructífera. -Muy fructífera...

Hasta luego. -Hasta luego.

-¿Has hecho las paces con María?

-Me parece que sí. La verdad es que es una mujer...

increíble. -Y muy atractiva.

Me parece que quien va a limpiar hoy las babas del suelo, eres tú.

-Anda, cállate. No digas tonterías.

María es una colega.

Una PYME del barrio.

Por eso tenemos que llevarnos bien con ella.

-Claro, para crear sinergias, ¿no?

-Mira sí, se puede llamar así, sinergia.

Me gusta.

Qué listo eres.

¿Te acuerdas de esto? Pues aquí lo tienes.

En toda la prensa: contraportada, portada...

Artículo grande...

Tiene mucho interés en que todo el mundo sepa

que han montado sede en Madrid. Esto vale un dineral.

Y el edificio entero de oficinas que ha alquilado,

ha debido salirle por un pico.

Cada vez me gusta menos que se haya instalado aquí.

No sé si voy a tener estómago para acudir al evento como si nada.

Si a los amigos hay que tenerlos cerca,

a los enemigos mucho más.

Hasta que no podamos ir a por él con pruebas concluyentes,

hay que tenerlo bajo control.

Ya, si vamos a tener que convivir con Somoza

mientras estamos buscando pruebas para demostrar

que él fue quien contrató a Yanakis para matar a Róber.

Paciencia, Miralles, todo esto caerá por su propio peso.

Y estoy convencido de que lo vamos a conseguir,

es cuestión de tiempo. Ya.

¡Adelante!

¿Antonio? Antonio.

Hola, ¿qué tal?

Hola, Claudia. No te esperaba tan pronto,

me habías dicho que llegabas por la tarde.

Vi que había un vuelo antes,

había plazas y lo cogí.

¿Qué tal por París? Muy bien, tuve mucha suerte,

hacía muy buen tiempo, un sol radiante.

Di muy buenos paseos con Olga.

¿Y ella cómo está?

¿Se desenvuelve tan bien como nos dice?

Encantada de la vida, disfrutando mucho de lo que está aprendiendo.

Nos ha hecho una tarta de zanahoria.

Qué bien.

Si no os queda mucho te espero y vamos juntos a casa.

Lo siento, pero tengo mucho lío, además, el comisario...

me ha pedido que le acompañe a la inauguración

de una empresa que se está instalando en el barrio. Lo siento.

No importa, con que vaya yo es suficiente.

¿De verdad que estoy liberada? Es una orden, inspectora.

Pues no sabes cómo te lo agradezco.

En realidad, no me apetecía nada

ir a esa fiesta donde todo el mundo le ríe las gracias a Somoza.

No te preocupes, ya me ocupo yo.

Y a disfrutar de la tarta. Muy bien.

Bueno, espérame aquí.

Me cambio y nos vamos, ¿vale?

Félix, ¿qué tal? Hola, Emilio.

Somoza todavía no ha hecho acto de presencia, ¿verdad?

No, se está haciendo de rogar.

Igual prefieres que no hablemos del asunto de los relojes,

pero tengo novedades.

Siento tener que decirte

que todos los indicios siguen apuntando a tu hijo.

Mis agentes lo vieron entrar

en una tienda de compra y venta de oro.

Pensamos que podría estar vendiendo alguno de tus relojes,

pero no era así. Ha vendido una cadena de oro

con una medalla de la Virgen de los Desamparados.

¿Qué? Eso no puede ser.

Esa medalla era de su abuela.

Se la regaló a mi hijo antes de morir y le tiene mucho apego.

Si ha sido capaz de vender la medalla de su abuela

también ha podido robar y vender tus relojes, ¿no te parece?

¿Qué te han dicho en la tienda? Que ahí no ha vendido los relojes,

pero ha podido hacerlo en cualquier otro sitio.

Dime la verdad,

¿tú no has notado nada raro en Borja últimamente?

La verdad es que anda un poco descentrado.

Sale mucho y lleva regular los estudios.

Y cuando intentas hablar con él, te rehúye de mala manera.

Igual no ha aceptado tan bien como tú crees tu segunda boda.

Puede que tengas razón,

pero eso no es motivo suficiente como para sospechar de él.

Que haya vendido la medalla de su abuela es preocupante.

Pero yo lo conozco bien,

y sé perfectamente que no fue él quien me robó los relojes.

-Comisario, qué sorpresa. Hola, Fernando.

Me alegra comprobar que las autoridades

están dispuestas a apoyar a los empresarios de la ciudad.

No, gracias. Miranda, ¿verdad?

Félix Miranda, si no me equivoco. -Exactamente.

-Creo que hemos coincidido varias veces en el Círculo de Empresarios.

-Sí, alguna vez.

¿Y qué tal te va?

-Muy bien, no me quejo.

Aunque creo que a ti te va muchísimo mejor.

Tengo entendido que tu empresa de PVC es la envidia del sector.

-Atravesamos un buen momento, y con la llegada de Somoza,

espero seguir creciendo.

Me imagino que para ti también será una oportunidad de hacer negocio.

-Sí, claro, como para todos.

Ahora, con vuestro permiso,

voy a seguir saludando a viejos amigos.

-Señor Quintero...

bienvenido.

Mi jefe se alegrará de que haya aceptado su invitación.

-No podría ser de otra forma.

Hubiese llamado mucho la atención si no asisto a esta reunión

en la que está representada

la flor y nata de los empresarios madrileños.

-Era una pareja que estaba celebrando sus bodas de oro

y se pegaron como lapas a nosotros en la visita a la Torre Eiffel.

Eran majísimos, no sabes la de anécdotas que nos contaron.

¿De dónde dices que eran? De Antequera.

No me acuerdo cómo se llamaba él, pero ella se llamaba Rocío.

No sabes lo que nos reímos con ellos Olga y yo.

¿Sabes?

Se querían muchísimo, se notaba.

Eso daba envidia, de verdad.

¿Y qué más cosas has hecho en París?

Por las mañanas, cuando Olga estaba en clase

me recorrí de arriba abajo el Louvre y estuve paseando por el Sena.

Y por las tardes hice turismo con Olga.

No veas cómo conoce París,

con el poco tiempo que ha estado allí.

Estuvimos en el barrio latino,

y se lo conocía mejor que la palma de su mano.

La verdad, nos lo pasamos de maravilla.

Me alegro mucho.

Y... bueno...

nos lo hubiéramos pasado mejor

si nos hubieras acompañado. Te echamos de menos.

Sí.

Yo creí que seguías enfadado conmigo.

Como no te ponías al teléfono.

Tampoco tú

me llamaste nunca a mi teléfono, llamabas al teléfono de Olga.

Ah, ¿y esa es la justificación

para que solo me contestaras con monosílabos?

No. Vale, estaba enfadado.

Ya se me ha pasado.

¿Sí? Lo olvidamos.

Pues yo no lo he olvidado,

no se me ha olvidado el mal rollo que tuvimos

antes de que te fueras.

Lo he pasado muy mal.

Ya está, ya pasó.

Lo entiendo perfectamente. Pasemos página.

Y vamos a comernos la tarta de zanahoria, ¿qué te parece?

Si quieres que te diga la verdad,

no tengo muchas ganas de pasar página

y de comer tarta de zanahoria.

Ya verás que sí.

Te voy a contar más cosas de Olga.

Se ha encaprichado con un compañero suyo de clase

que es japonés. Antonio que no tengo ganas

de que me cuentes nada de Olga,

que no quiero que me cuentes nada del chico que le gusta.

Lo que quiero es que hablemos de nosotros, ¿vale?

¿De qué quieres que hablemos? Ya te he dicho que estoy bien.

No lo entiendo, te fuiste de aquí con un cabreo tremendo,

me dejaste hecha polvo,

¿y ahora vienes como si no hubiera pasado nada?

Tampoco será para tanto. Para mí sí lo es.

No vamos a estar dramatizando cada vez que tengamos una discusión.

A ti lo que te pasa es que vienes eufórico

porque estás recién llegado.

Pero en cuanto entremos en la rutina diaria

volverá a ser lo mismo.

Antonio, tenemos un problema de fondo.

A ver.

¿Cuál? No te hagas el tonto,

fuiste tú el que lo puso encima de la mesa.

Tenemos un problema, aquí las cosas no van bien.

Sería una mala racha. Que no es una mala racha, por Dios.

Es verdad que solo hablamos de la logística de la casa,

que nos tratamos como si fuéramos compañeros de piso.

Y tú me dijiste que yo estaba exagerando.

Claro, porque no lo podía ver o no quería verlo,

pero al final te lo reconocí.

Y, además, estos días que he estado sola...

lo he visto muy claro.

Bueno, ¿y qué solución ves?

Para empezar, hablar.

Y no esconder los problemas debajo de la alfombra.

Debemos intentar por todos los medios

recuperar lo que teníamos

y volver a ser una pareja como antes.

¿Qué propones?

Estaría bien que hiciéramos terapia.

¡Anda! Esos es llevar las cosas muy lejos, Claudia.

Ah, ¿sí?

Pues es lo que recomiendas a tus pacientes,

lo que le dijiste a Bremón. Pero este caso es distinto.

¡Claro, claro! Es distinto porque ahora se trata de ti.

¿Has pensado ya en algún terapeuta? ¿Conoces a alguien?

Sí, había pensado en Teresa Ronda,

la que está llevando el caso de Bremón.

Está tratando también a Alicia y le va fenomenal.

Ale, una especialista en polis. ¡No!

Una especialista en problemas, que es lo que importa.

Vale.

Pues ahora la llamo y le pido cita para mañana.

Y si quieres nos comemos la tarta de zanahoria.

No hay otra cosa en la nevera, está tiritando.

Venga. Ve poniendo la mesa.

Y les puedo asegurar que el principal objetivo de Construcciones SZ

es el desarrollo económico de la ciudad,

principalmente de Distrito Sur.

Y esto lo vamos a hacer mediante la innovación,

la calidad,

y la sostenibilidad.

En Construcciones SZ hemos hecho un gran esfuerzo

para cumplir con las demandas del mercado,

pero es un reto que aceptamos

con responsabilidad y optimismo.

De momento, señores, no me queda más que decirles

que la puerta de mi despacho está abierta para ustedes en todo momento.

Y quiero que me consideren como un miembro más

de la familia de empresarios españoles.

Bienvenidos y que disfruten la fiesta.

Señor comisario, qué gusto verlo de nuevo.

-Ha hecho usted una excelente declaración de intenciones.

-Muchas gracias.

-Félix Miranda, fabricante de productos de PVC.

-Un placer.

-Quizá podríamos concertar una cita para hablarle de nuestro material.

-Por supuesto. Diré a mi secretaria que se ponga en contacto.

De momento me van a permitir para saludar a los demás invitados.

Permiso.

Si haces negocios con este, primero, déjalo todo bien atado.

¿Por qué lo dices? Tú hazme caso, Félix.

Yo no voy a tardar en marcharme.

Natalia y mis hijos me esperan para cenar.

El que se va soy yo. A ver si Borja ha llegado a casa

y puedo tener una charla con él. Escucha, si hablas con él

no le digas que le estamos investigando.

No lo haré, entre otras cosas porque sé que es inocente,

y le voy a descentrar más de lo que está.

-Acompáñeme, patrón.

Don Alejandro, quiero presentarle

a Fernando Quintero.

-Tenía curiosidad de conocerlo personalmente.

-Lo mismo digo, señor Somoza.

Bonito discurso.

No cabe duda de que se los ha metido a todos en el bolsillo.

-Por lo menos aparentaban ponerme atención.

En realidad, a quien quiero ganarme es a usted.

-Bueno, yo soy un hueso algo más duro de roer.

-Ya sé, ya sé,

pero yo no me doy por vencido tan fácilmente.

Y menos en un terreno ajeno como es el caso.

¿Cuándo concretamos una cita?

-Pues no lo sé, la verdad.

Últimamente, tengo la agenda muy apretada.

-Seguro que ya encontrará un hueco.

-Seguro

-Aquí tiene. -Gracias, Tano.

Este es un ron muy especial, ¿sabe?

-Sí, ya sé que en su país hacen un ron excelente,

pero...

a mí me gusta más el ron canario.

-Lo que pasa es que este es un ron muy especial

porque era el preferido de mi hijo Andrés.

Probablemente usted sea

una de las últimas personas que lo vio con vida.

-Le acompaño en el sentimiento.

-Gracias.

Pero bueno...

este no es un momento para estar triste,

¡es un momento para celebrar, hombre!

De goce.

De trabajo hablamos en otro momento.

Mientras tanto, disfrute usted de la velada.

Siéntase en casa, señor Quintero.

-Lo haré.

Buenas noches, María. Buenas.

¿Qué le pongo a mi clienta favorita? Seguro que eso se lo dices a todos.

No se lo digo a todas, te lo digo a ti.

Una tónica y algo de picar.

Tengo que seguir trabajando y quiero mantenerme en pie.

Pues algo de picar no es cenar.

Te voy a poner un plato de pisto que te vas a caer.

Pues no te voy a decir que no.

Me ha dicho Paty que habéis retirado los menús ecológicos.

Sí, aquí esa comida no pegaba.

En la vida hay que ser coherente con lo que una piensa.

¿Y tú qué piensas?

Pienso que la comida vegetariana y ecológica

está muy bien, pero no para aquí.

Yo creo que La Parra tiene que servir comida tradicional,

la de toda la vida, claro.

María tiene razón.

Pues sí. Además, para estar bien una tiene que ser fiel a sí misma.

Eso es fundamental.

Te voy a poner el platico de pisto. Siéntate.

-¿Me puedo sentar? Sí.

¿Cómo estás?

He tenido días mejores, para qué te voy a engañar.

Sabes que Somoza está ya aquí, ¿no?

Sí. No se ha cortado ni un pelo el tío.

Se ha encargado de anunciar por todas partes que se instala aquí.

Es para que se le queme la sangre a uno.

Yo estoy de muy mala leche.

A mí me habría encantado ir hoy al evento

y encargarme de él, pero será en otra ocasión.

La Justicia no funciona así. Quítate esa idea de la cabeza.

La Justicia no existe, Alicia,

si existiera, sería yo el que estaría muerto,

y no mi hermano. No quiero que digas más veces eso.

El único responsable del asesinato de Róber es Somoza.

Y te aseguro, que antes o después, se las verá delante de un juez.

Si tú quieres pensar eso vale,

pero para mí cada día que pasa sin que ese cabrón pague por lo que hizo,

es...

es peor que un infierno.

Sé que también quieres verlo en la cárcel,

Pero hacer las cosas bien lleva su tiempo.

No hay nada que hacer bien, Alicia, es muy sencillo.

Si mi jefe me hubiera dejado ir al evento ese,

acabo con él, ¡así!

Por una vez estoy de acuerdo con Quintero.

Aunque seguro que termina haciendo negocios con él.

Alicia, no,

no te confundas.

Quintero no quiere saber nada de ese tío.

Créeme.

Míranos, aquí los dos con el culo pegado al asiento

sin hacer absolutamente nada mientras ese cerdo...

se pavonea delante de todo nuestro barrio.

A mí también me duele, Jairo. ¿Te duele?

A mí me hierven las tripas.

Imaginármelo sintiéndose un dios en nuestra propia casa...

No lo pienses, es mejor. ¿Que no lo piense?

¿Fingimos que no pasa nada, que está todo bien?

Alicia, parece mentira que tú me estés diciendo eso.

Parece mentira.

Róber era mi hermano, pero era tu pareja.

El hombre que se iba a casar contigo. ¿Te crees que no lo sé?

Por eso mismo. Te estoy viendo con una tranquilidad

que me está dejando asombrado. ¿Y qué quieres que haga?

¿Que vaya con la pistola donde Somoza y me líe a tiros?

Como mínimo, me gustaría

que pudieras mirar a ese tío a los ojos

y decirle que antes o después va a pagar por lo que ha hecho.

Yo no puedo hacerlo porque no soy policía,

pero tú sí puedes.

¿Crees que no tengo ganas? ¡Pues hazlo, Alicia!

Por Róber, ¡hazlo!

Por lo menos amárgale la noche a ese cabrón.

Es lo mínimo que habría hecho mi hermano

si a ti te hubieran asesinado.

-Cariño, tu pisto.

Lo siento, pero no voy a cenar, me tengo que ir.

¿Adónde?

A hacer lo que tengo que hacer.

A ser coherente y fiel a mí misma.

Solo así podemos sentirnos bien.

Julio, ¿qué haces aquí? ¿No ibas al cine?

-Al final me dio pereza.

¿Qué tal en la inauguración?

-Bien, bien.

-¿Has hecho negocios?

-Bueno, en ese tipo de sitios,

es más importante dejarse ver, ya sabes.

-Vamos, que ha sido un tostón en toda regla.

-Sí que lo ha sido, sí.

Menos mal que no viniste, te habrías aburrido bastante.

-¿Y cómo es ese tal Somoza?

-Bueno, apenas pude hablar con él porque estaba muy solicitado,

estuve más tiempo con otros empresarios y algún político.

Pero bueno, lo importante es...

¿Qué has hecho tú si no has ido al cine?

-Nada, me vine a casa y...

me tiré en el sofá a ver el partido.

-Tendríamos que haber ido juntos al partido.

Lo habríamos pasado mucho mejor, te lo aseguro.

-Seguro. Pero ese evento era importante para tu negocio.

Ya saldremos otro día, no te preocupes.

Me vendrá bien animarme un poquito.

Hoy no ha sido un buen día. -¿Por qué? ¿Ha pasado algo?

-Nada, que me he vuelto a encontrar con la chica que te comenté.

-¿Y habéis hablado?

-Le he propuesto una cita y me ha dicho que no.

-No sé, no sé, quizá...

te has precipitado demasiado pidiéndole una cita,

solo os habéis visto unas cuantas veces por el barrio.

-Tienes razón.

¡Joder, tienes razón! Me he lanzado demasiado pronto.

-Tranquilo, hombre, tranquilo.

Estos asuntos, como casi todo en la vida,

hay que tomárselos con calma.

-Ya, pero lo que me mata es que esta chica me ha impactado mucho.

Tiene algo diferente, no sé, me parece especial.

Siento que tengo una conexión muy fuerte con ella.

-Es especial y parece que también tiene un buen carácter, ¿no?

-Sí, y eso le hace más atractiva todavía.

-Vaya, pues...

no sé...

vamos a tener que buscar algo que nos anime, ¿no?

Viniendo para acá he oído en la radio

que han estrenado en un teatro de la Gran Vía

un espectáculo de magia que está muy bien.

¿Quieres que vayamos mañana?

-¿En serio?

-Sí, claro.

El mejor regalo de reyes que tuve de pequeño

fue un juego de magia, ¿te acuerdas?

Mira que eran sencillos los trucos, pero me parecían la bomba.

-Cómo no me voy a acordar

si montabas el show aquí mismo, en mitad del salón.

Te ponías mi chaqueta del frac,

porque decías que esa era la chaqueta de los magos.

Te enfadabas mucho si no te salía bien el número.

-Y lo mejor era que os cobraba entrada.

-Le decía a tu madre siempre

que tenías más madera de empresario que de mago.

Voy a sacar esas entradas por internet ahora mismo.

Y...

sobre esa chica,

acuérdate siempre de lo que dicen los italianos:

"Piano piano si va lontano".

-¿Sabes que mamá también lo dice? Pero en español:

"El que va despacio llega lejos".

-Muchas gracias por venir. Buenas noches.

A ti te veo mañana. Adiós. Gracias por venir.

Adiós.

-Bueno, como carta de presentación no estuvo tan mal.

Vinieron todos los empresarios y las personalidades que invitamos.

-Tenían todos mucha curiosidad por conocerlo.

Ha dado usted un discurso magnífico.

-Pura paja, Tano.

Nada más dije lo que querían escuchar.

-¿Qué tal su primer encuentro con Quintero?

-Ese malparido es duro de roer.

No te preocupes que lo vamos a doblegar.

Me voy a mi despacho a hacer unas llamadas a Colombia

aprovechando el cambio horario. -Muy bien, patrón.

Perdone, ¿puedo ayudarla en algo?

Quiero ver a Alejandro Somoza.

El evento ha terminado,

el señor Somoza no se encuentra aquí.

Su chófer está fuera, así que no se ha ido a ningún sitio.

¿Y usted es...? La inspectora Alicia Ocaña.

Pues do Alejandro no la puede recibir.

Igual puedo ayudarla yo en algo.

Es personal. Avísele, por favor, de que estoy aquí.

¿Pasa algo, Tano?

-Le estaba diciendo a la inspectora que la fiesta ha terminado,

pero parece que no termina de entenderlo.

-¿En qué puedo ayudarla, señorita?

Quería presentarme, soy la inspectora Ocaña.

Usted ordenó matar a mi prometido, era Roberto Batista,

oficial de policía,

y murió en mis brazos el día de nuestra boda.

Qué lástima que esté pasando por esa situación, señorita,

pero fíjese que...

yo acabo de llegar a este país y no sé nada de eso.

Usted ordenó su muerte

y le juro que tendrá que responder ante la Justicia.

Le repito, señorita,

yo simplemente soy un empresario que vino a hacer riqueza a esta país.

Más bien, agradecida debería estar usted conmigo,

estoy generando empleo.

Mientras más empleados, menos delincuente en la calle.

Puede ser todo lo cínico que quiera, pero le prometo

que no pararé hasta meterlo entre rejas.

Mire, señorita,

a mí también me mataron un hijo.

Yo conozco esa sed de venganza, ese no es el camino.

¿Se refiere al camino que tomó usted?

Róber mató a su hijo en defensa propia,

en cambio, usted ordenó su asesinato.

Una vez más le repito,

yo acabo de llegar a este país.

No sé nada de venganzas.

El camino no es la venganza, sino la justicia,

y le aseguro que caerá sobre usted. Porque, ¿sabe qué?

Yo tampoco perdono ni olvido. "Por favor, señorita, márchese ya".

Por supuesto.

Solo quería mirarle a los ojos y decirle que es usted un asesino.

Y que en España

los asesinos acaban en la cárcel.

No contábamos con este problemita.

-Hoy está volado completamente.

-¿Y eso? -Le daría igual lo que hiciera.

María.

-¿Qué pasa con María?

-Desde que se pasó ayer por la tienda,

enterraron el hacha de guerra y está en una nube.

-Te voy a decir yo otra cosa.

A María le sentó muy bien hacer las paces con tu padre,

Anoche fui a la inauguración de Construcciones SZ.

Alicia, creí que había dejado claro que no puedes acercarte a Somoza.

Lo sé, pero necesitaba mirar cara a cara al asesino de Róber.

¿No te das cuenta que eso tampoco te hace ningún bien?

No puedo mirar hacia otro lado.

Me marcho. Ya me contarás qué te dicen tus clientes.

-Muchas gracias, Jesús.

-A mí me da que a este le molas un poquito.

-Qué dices, el hombre me trae fruta

y yo se la pago, como cualquier cliente.

-Sí, sí, seguro que sí.

-Nuestra relación es puramente comercial,

si me apuras, vecinal. -Y dentro de nada sentimental.

Ayer un chico me invitó a salir,

pero de buen rollo y yo fui muy borde con él.

Le contesté de malas maneras y el pobre no tenía la culpa.

Ese chico, aunque quedes solo para tomar un café,

te puede ayudar a darte cuenta de que tu vida sigue.

-Alicia es inspectora de policía,

y hace cosa de dos meses se iba a casar

y mataron a su novio en el altar.

-Me he apuntado al turno de oficio.

-Y a partir de ahora andarás metiendo tus narices

en todos nuestros asuntos. Pues muy bien.

Que sepas que no me gusta.

-¿El qué no te gusta?

-Las abogadas del turno de oficio.

Nos complicáis el trabajo a los policías

y defendéis a delincuentes.

-¿Tienes novedades, compañero?

-Sí, acabo de localizar los relojes que le robaron a Félix Miranda.

-¿Dónde? -En una casa de empeños del centro

que trabaja muchos géneros.

-Me pasó el soplo un amigo coleccionista relojero.

¿Te ha quedado claro dónde es? Lo tengo perfectamente claro.

A ver si luego la que no va eres tú,

porque tienes algún asunto importante.

Antonio, no empieces, por favor.

¿Vale? No empieces...

¿Lo de la terapia no es decir la verdad?

Pues estoy contando lo que opino.

-Recordad que yo no estoy aquí para hacer de árbitro,

ni para decir quién tiene razón.

Estamos aquí para recuperar la comunicación

y mejorar la relación.

-¡Estoy intentando hacer lo posible, estoy intentando que aprendas

a actuar con la cabeza fría, a tener sangre fría!

Ya sé que quieres vengar la muerte de tu hermano.

Pero si no haces lo que yo te digo, tú también terminarás muerto.

Como él. -Pues dígame que quiere que haga,

porque yo no me puedo quedar en mi casa quieto.

Usted mató a mi hermano

y yo voy a hacer lo mismo.

-¿Qué va a hacer, dispararme?

O sea, me va a disparar aquí en mi despacho.

  • Capítulo 209

Servir y proteger - Capítulo 209

28 feb 2018

Quintero y Somoza se encuentran por primera vez y saltan chispas. Alicia decide acudir al evento para conocer personalmente al hombre que ordenó matar a Rober. Miralles teme que, a la vuelta de Antonio de París, los problemas en su matrimonio persistan. María sabe que le debe una disculpa a Jesús.

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