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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 205 - ver ahora
Transcripción completa

Pertenecía a un compañero que perdimos,

un compañero muy querido. -Lo mataron en el altar.

Estaba a punto de casarse con otra inspectora, Alicia Ocaña.

Claudia, ¿qué pasa? Se llama Yorgos Yanakis.

Sabemos que es un exagente del Mosad reconvertido en sicario.

No creemos que sea un miembro fijo del clan Somoza.

Sospechamos que le contrataron específicamente

para matar a Rober.

Ese tipo podría ser nuestro hombre, pero, como puedes ver,

la imagen no es lo suficientemente nítida

como para identificarlo.

Sabemos que hace años trabajó para el Mosad.

Tienes que conseguir encontrar algo que nos ayude a pillarle.

Necesitamos demostrar que estaba a sueldo de Somoza.

Bueno, rastrearé la "deep web".

A este tipo de gente es fácil encontrarla por esa vía.

Ahora estás con el asunto del francotirador

que mató a Roberto Batista, ¿no?

Sí, estoy con eso, sí.

¿Y cómo va? ¿Hay alguna novedad?

Mira, tenemos una noticia, pero no sé si es buena o mala.

Bueno, tú cuéntamela.

Ha desencriptado un mensaje a Yanakis

en el que le encargan un nuevo asesinato en Madrid.

Tenemos que darle máxima prioridad a este asunto.

Tenemos que atrapar a ese tipo y demostrar que mató a Rober

y todo su vínculo con los colombianos.

¿Cómo la encontraste?

-Muy afectada.

-A ver si entre todos podemos darle fuerzas

para que pueda salir adelante y que retome las riendas de su vida.

Solo con ver un arma me pongo a temblar.

No puedo ni tocarla.

Pero he repetido miles de veces en mi cabeza

lo que pasó aquel día y podría haber hecho algo más.

Alicia, tú no eres responsable de la muerte de Rober.

Antonio y yo necesitamos un psicólogo que nos haga terapia

porque si no yo no sé qué nos va a pasar.

Tu madre y yo estábamos pensando que ya que no puedes venir a Madrid,

que qué te parece si te hacemos una visita a París.

Los billetes están pagados.

Si no vienes conmigo, iré solo a ver a Olga.

Tú decides.

-¿Sabes algo de una tienda nueva que abren en el barrio

de verduras y frutas ecológicas o algo así?

-Ah, sí, sí, yo, sí.

El Color de la Huerta o una cosa así.

-Te vas a ir a la tienda, vas a pegar la oreja

y me vas a venir con el cuento.

Quiero saber con pelos y señales de qué va esa gente.

-Quieres que sea tu espía.

-Llámalo como quieras, pero tráeme información.

-Oye, ¿en esas mesitas tan monas qué se puede tomar?

-Mira, por ahora solo zumos y batidos naturales.

Pero en breve tendremos más cosas

porque ya nos han preguntado unos cuantos vecinos.

-Bueno, o sea que de tomar cafés aquí nada de nada, ¿no?

-Bueno, a ver, tampoco lo descartamos.

-Mi tienda es otro tipo de negocio, pásate a verla cuando quieras.

-Pues mira, no me va a dar tiempo, estoy muy liada

como para estar haciendo visitas.

-Desde la boda de tu hermano los colombianos no han dado señales

y con suerte no volverán a aparecer.

-Le digo una cosa, se equivoca, están ya aquí.

-¿De qué estás hablando?

-Estoy hablando de que ayer vi a alguien siguiéndole.

Si esos narcos se vuelven a intentar poner en contacto con usted,

avísenos urgentemente.

O me dices por qué estás siguiendo a Fernando Quintero y quién eres

o te meto un tiro aquí.

-¡Estate quieto!

Y no hagas tonterías, ¿vale?

Y alegra esa cara, que seguro que a tu jefe le da mucha alegría

tener noticias de Alejandro Somoza.

(Música emocionante)

Don Fernando.

-¿Qué pasa, Jairo? ¿Quién es este?

-Soy el que ha desarmado a su chico. Aquí tiene.

El chaval me atacó en mitad de la calle.

-Yo no soy el chico de nadie.

-¿Se puede saber qué demonios está pasando?

-Es el hombre que le estaba siguiendo.

-¿Es cierto eso? ¿Me estabas siguiendo?

-Seguir a alguien no es delito, ¿no?

Solo intentaba encontrar una ocasión

para hablar con usted, señor Quintero.

-Hablar, ¿de qué? -De negocios.

Así que hala, chaval, que los mayores tenemos que hablar.

-Tú no me das ni media orden a mí.

Don Fernando, no les dejo a solas, seguro que va armado.

-¿Quieres comprobarlo? -Estate quieto, Jairo.

-Le repito que vengo a hablar en son de paz.

El chaval sobra. -Será mejor que te vayas.

(SUSPIRA)

-Con permiso.

-No tengo todo el día, tengo mucho trabajo pendiente,

así que será mejor que vayas al grano.

-Puede llamarme Tano, así me llaman mis amigos.

Espero que algún día podamos llegar a serlo.

-¿Eres un sicario de Somoza?

-Don Alejandro Somoza es un hombre de negocios,

de los más importantes de América, no necesita sicarios.

Y en cuanto a mí, bueno, soy su mano derecha

y, en este caso, su emisario.

Vengo a decirle que don Alejandro llegará a Madrid la semana que viene.

-Muy bien. ¿Y?

-Mi patrón ha estado valorando varias posibilidades

y ha decidido que usted sea el elegido

para ampliar sus finanzas, primero en España,

después en Europa.

-Me parece muy bien,

pero no entiendo muy bien todo este asunto.

Alejandro Somoza ya envió a su hijo con las mismas intenciones

y no tuvo ninguna suerte.

-No tuvo suerte, no,

y eso a mi patrón le dolió mucho.

-Con todo mi respeto,

no sé cuántas veces más le tengo que decir a tu patrón

que no quiero hacer ningún tipo de negocio con ustedes.

-Mi patrón no es como su hijo.

Cuando le conozca se dará cuenta de que es el tipo de hombre

al que no se le puede negar nada.

Supongo que recibió nuestro presente, ¿verdad?

-¿De qué estás hablando?

-De las flores y la postal de Cali:

"Ni perdonamos ni olvidamos".

-¿Me estáis amenazando otra vez?

-Don Alejandro Somoza tiene una herida abierta

por la muerte de su hijo.

Yo le sugiero que lo tenga en cuenta cuando le conozca.

Buenas tardes.

(Puerta)

-¿Qué ha pasado?

-Alejandro Somoza está a punto de llegar a Madrid.

-Me lo imaginaba. Pues se las va a ver conmigo.

-No, no, no.

Tú vas a estar muy tranquilo

y vas a hacer solo lo que yo te diga, ¿entendido?

Tenemos que mantener la cabeza serena

y bien fría.

Para atacar a nuestros enemigos, primero hay que conocerlos bien.

¿Lo entiendes, Jairo?

¡Mírame a la cara!

Vas a hacer solo lo que yo te diga, ¿de acuerdo?

Está bien.

-Gracias. Hasta luego. -Adiós.

-Bueno, aparte de la fruta, ¿quiere algo más?

-Pues no sé qué decirte porque no sé si llevarme

espinacas o alcachofas.

Las dos tienen tan buena pinta que no sé.

-¿Cómo las va a preparar?

-Pues tampoco sé qué decirte, hijo, porque últimamente

como poco y cocino todavía menos,

pero esta noche viene mi nuera a cenar a casa

y me gustaría esmerarme un poquito.

-Bueno, pues con cualquiera de las dos quedará bien.

Mira, haga una cosa,

llévese las dos y hace dos platos diferentes, ¿eh?

-Pues tienes razón. Te voy a hacer caso.

Ponme un kilo de alcachofas y una de estas de espinacas.

-Venga.

-¿Cómo te llamas? -David.

David, para servirla.

-Yo soy Felisa. -Muy bien.

-¿Hace mucho que habéis abierto? -Estamos de inauguración.

Es usted una de nuestras primeras clientas.

-Ah, mira qué bien.

-¿Quiere algo más, Felisa? -No, está bien así.

-Muy bien, son 8,20, bien contado, 8 está bien.

Aquí tienes.

-Muchas gracias.

-Muy bien. -Bien.

Bueno, adiós.

-Ya me dirás cómo le fueron los guisos

y si a su nuera le gustó la cena.

-Descuida, que volveré a pasar y te lo cuento.

-Muy bien. -Adiós.

-Hasta luego. -Adiós.

-¿Qué tal? ¿Ha quedado contenta la clienta?

-Se llama Felisa y creo que volverá.

-Ya sabes que aquí no solo vendemos fruta, ¿eh?

Los clientes deben sentirse apreciados.

-Esta parecía un poco tristona,

pero creo haberle alegrado el rato.

-Y aparte de Felisa,

¿ha pasado alguien más mientras yo trajinaba dentro?

-Un par de señoras que iban camino del mercado

y un hombre que venía de correr.

Quería un zumo multivitaminas.

-¿Nadie más?

-¿Esperas a alguien? -No, no.

Solo llevo la cuenta de la gente que se acerca.

Es que este barrio tiene mucho potencial, ¿eh?

-¿Hace falta reponer algo más, papá?

-¿Y la dueña de La Parra ha pasado por aquí?

-No me suena. ¿Esperas que venga?

-Hombre, esperarla, lo que se dice esperarla, no,

pero vamos, yo creo que podía haber pasado por aquí

para interesarse por la tienda, ¿no?

-Ya, por la tienda.

-¿A qué viene ese tonito?

-Nada, que estás tú muy pendiente de esa mujer.

-Oye, no te confundas, ¿eh?

Yo solo pienso en hacer caja.

Si tuviéramos el bar como clientes, sería increíble para la tienda.

¿Tú te imaginas la cantidad de frutas y verduras

que deben consumir? -Una barbaridad.

-Oye, vale ya, ¿eh?

Que aquí el único que piensa en otras cosas eres tú.

Esta mañana estabas aquí, babeando por una chica.

-Paty, se llama Paty.

-Paty, Paty, sí.

Pues a Paty le regalaste fresones y café

por su cara bonita.

-Si tan mal te sabe, descuéntamelo del sueldo.

-¡No digas tonterías!

Eh, que me has dado una idea.

-¿En qué piensas?

-En ampliar clientela a base de tus tácticas de marketing.

(RECHISTA)

(SUSPIRA) En fin.

-A ver, ¿qué se te ha quedado por decirme?

-Me ha confirmado Quintero

que Somoza va a venir a España dentro de poco

y que tú eres su mensajero.

-Su mano derecha, sí.

No sé si me gusta más el Porsche o el Jaguar, ¿tú qué dices?

-Digo que tú colombiano no eres, no tienes acento.

-¡Qué chico más listo!

De Mérida, Extremadura, tierra de conquistadores,

quizá por eso me he recorrido medio mundo:

Bosnia, Libia, Colombia...

-O sea que eres un mercenario.

-Bueno, me han llamado cosas peores.

-Y te has cargado a muchos hombres.

-Solo a los necesarios.

-Pero tienes buena vista para disparar desde la distancia,

¿a que sí?

-Fui francotirador en la guerra, sí, pero de eso hace ya mucho.

He colgado los guantes.

Ahora solo quiero paz y tranquilidad

y trabajar con un empresario como Somoza me los da.

-¿Con Somoza vives más tranquilo?

-Bueno, si lo comparas con mis tiempos movidos, sí.

-Bueno, ya me he cansado,

lo que quiero es que me digas si tú te cargaste a mi hermano,

a Roberto Batista.

-¿Roberto Batista? No me suena.

-No te suena.

¿No tienes las pelotas de decirme que fuiste tú?

-Eh, respeto.

No sé quién es tu hermano ni me importa.

¿Qué, qué vas a hacer, Jairo Batista?

¿Te vas a liar a tiros delante de la comisaría?

No seas idiota, anda, ¡compórtate!

-¿Te crees que me importa que esté ahí la comisaría?

Dime si fuiste tú el que se cargó a mi hermano.

-Tu hermano está muerto, lo siento.

¿De verdad crees que si tuviera que ver

te lo iba a decir a ti?

A ver, ¿cuándo murió tu hermano? -Hace dos meses

en el altar, a punto de casarse.

Un francotirador le acertó en el pecho

y murió en los brazos de la novia. -Y crees que soy ese francotirador.

¡Tranquilo, hombre! Que te va a dar algo.

Solo quiero demostrarte dónde estuve hace dos meses.

Como puedes ver, entré en España hace dos días.

¿Y dónde estaba hace dos meses?

En Colombia.

La gente no lo sabe, pero es uno de los países más bonitos del mundo.

-Tú no fuiste, pero sabes quién fue.

-Me estás empezando a cabrear, ¿sabes?

Bueno, te voy a dejar aquí dándole vueltas al coco.

Tengo cosas que hacer.

-Hola, Jairo.

-Hola, ¿qué,

qué haces recogiendo mesas?

-Pues mira, ya ves,

que soy la nueva camarera de La Parra.

-¿Qué?

-¿Pero no te ibas a Barcelona?

-Pues mira, me voy a quedar una temporada,

que María está superagobiada

y me encanta trabajar cara al público y más si es en La Parra.

-Qué bien, qué bien.

-"Qué bien, qué bien", ¿ya está? ¿Es todo lo que vas a decir?

Jairo, esperaba más alegría, emoción, no sé, ¡algo!

-Te estoy diciendo

que me alegra mucho que tengas trabajo.

De verdad, ¿qué quieres? ¿Que te cante o te toque las palmas?

-Flipo contigo. En fin.

¿Vas a tomar algo

o vas a seguir de pie como un pasmarote?

-Me voy que tengo algo importante que hacer.

-Pues muy bien, hijo.

Un poquito más borde y no naces, de verdad.

-Pues yo te digo una cosa,

lo siento por mi frutero de toda la vida,

pero ahora pienso hacer la compra en esa tienda tan bonita

y con ese dependiente tan simpático.

Además, así aprovecho y me acerco a veros a ti y a Jairo.

Me encontrarás mejor en casa.

De momento, no tengo ganas de ver a tanta gente.

Con ir a la psicóloga ya tengo bastante.

Ya.

Yo nunca he ido de psicólogos

y eso que todo el mundo me lo aconsejaba

después de lo que me hizo el desgraciado de mi marido.

Ayuda, ¿no?

Sí, con ella hablo de mis sentimientos.

Te desahogas. En parte.

También le cuento el miedo que tengo de volver a ser policía

y tener que empuñar un arma.

Mira, conmigo también puedes desahogarte

siempre que quieras.

Mira, esta noche, en la cena,

cuando nos estemos comiendo el pollito al ajillo

y las alcachofas, hablas de lo que te dé la gana.

Yo no he comprado nada, Felisa. ¿Qué vas a comprar?

Tú eres mi familia, vienes a cenar con las manos vacías.

-¡Dadme la pasta que llevéis encima! -¡Ay!

¡Pero si no llevamos nada!

-Dame el bolso.

Dale lo que lleves, Felisa, está muy nervioso.

Y tú también.

-Toma, toma.

¡Alto, policía!

No te muevas.

Levanta las manos, que yo pueda verlas.

Felisa, ¿estás bien? Yo, sí. ¿Y tú?

Muy bien.

¿Y ahora qué vas a hacer con este?

Llevarlo a comisaría, nos mandarán un coche patrulla.

(SUSPIRA)

Adelante.

¿Querías verme, inspectora? Sí, pasa, pasa, por favor.

Disculpa, mando este "mail" y enseguida estoy contigo.

¿Y qué, Íker? ¿Qué tal va?

Qué tal va, ¿el qué? Tu incorporación.

Me gusta saber cómo se sienten los policías

que llegan a Distrito Sur. No es un barrio fácil.

No lo es, sobre todo con la distribución de las calles.

Me lío patrullando

con las que están pegadas al polígono.

Hay un follón de nombres de escritores...

En cuatro días te habrás hecho con nuestro callejero.

Una cosa, estaba revisando las diligencias

de la detención que realizaste al carterista

del centro comercial del parque.

Un chorizo del tres al cuarto.

Ese operativo era para alumnos recién salidos de la academia.

No deberías minusvalorar este tipo de detenciones.

Una parte nada desdeñable de nuestro trabajo

consiste en detener a esos chorizos.

Los delitos de proximidad

son muy importantes en el día a día de una comisaría

y, por supuesto, de sus vecinos.

Bueno, confío en que pronto me hagas otro tipo de encargos.

Otro tipo de encargos, ¿como por ejemplo?

Con un poco más de chicha,

como el caso del asesinato del oficial Batista.

Ya.

Aunque ya sé que, por ahora,

debo centrarme en cosas más sencillas.

Sí, eso te había dicho.

Sí, lo recuerdo.

Pues si lo recuerdas, quiere decir que no te quedó muy claro.

¿A qué viene eso, inspectora?

Has estado metiendo las narices en esa investigación.

Fede me ha preguntado si colaboras en el caso.

No lo niego, me muero por ayudar en un caso

que es prioritario para la comisaría.

Si lo que quieres es ayudar, limítate a obedecer mis órdenes.

Para que los agentes veteranos puedan perseguir a los asesinos

de Roberto Batista y de Salva Jerez,

los otros deben ocuparse de los delitos de menor envergadura.

Con todos mis respetos,

discrepo.

¿Perdona?

No sé si he oído bien, ¿discrepas de mis órdenes?

Para mí un buen policía debe tener iniciativa

y criterios propios.

No quedarse esperando una orden, sino ver en qué puede ayudar

para solucionar cualquier delito de envergadura o menor

y esas cualidades son mucho más importantes

en una comisaría tan complicada como es esta.

Ojo, Íker, acabas de llegar, no te pases de frenada.

Tan peligroso es quedarse parado como pasarse de la raya

y si te la pegas sin estar bajo mis órdenes,

no te voy a cubrir.

Según he oído, el oficial Batista

tampoco era el típico policía sumiso que se limitaba a cumplir órdenes.

Batista era Batista y tú eres tú.

Íker Lemos, solo te lo voy a decir una vez:

"La soberbia es la peor consejera para un oficial

que se pone bajo mis órdenes".

Te pido disculpas si me paso de frenada,

tan solo pretendo estar a la altura del oficial Batista

sin que eso signifique suplantarlo.

No podrías, aunque quisieras.

Sí, lo sé, todo el mundo se encarga de repetirme

que no llegaré a su altura.

Pero aun siendo muy diferente a él,

me gustaría demostrarte de lo que soy capaz, si me dejas.

Todos somos diferentes.

Verás,

Rober también se pasaba de frenada,

también iba por libre de vez en cuando,

pero yo le conocía muy bien

y sabía que podía contar con él al 100 por 100.

El problema es que a ti no te conozco

y no sé si puedo confiar en ti.

Ponme a prueba. Ya lo he hecho y no la has superado.

¿Cómo que lo has hecho? ¿Cuál era la prueba?

Cumplir mis órdenes.

No tendrás que volver a llamarme la atención.

Eso espero. Puedes irte.

(Puerta)

(RECHISTA)

Tu compañera ha sido muy maja conmigo,

pero yo no sé si habré sabido expresarme bien

porque tengo un susto en el cuerpo que...

No te preocupes. Espe ha tomado nota de todo

y has hecho una declaración más que correcta.

Tómate esto, que te ayudará a calmar el susto.

Gracias.

Madre mía, menos mal que estaba contigo, ¿eh?,

porque llego a estar sola y yo no sé.

Y mira que estoy acostumbrada a ver chicos así en el barrio,

que cuando están con el mono no conocen ni a sus padres.

El síndrome de abstinencia los ciega.

Yo en eso he tenido suerte, ¿ves?

Ni mi Rober ni mi Jairo me han salido así.

A mí también me pasa, Felisa.

No me acostumbro a estar sin él y

hablo como si estuviera vivo.

Si es que

era tan joven

y tan lleno de vida que no es justo, Alicia, no es justo.

Lo sé.

Venga, siéntate.

Tú no te preocupes, que a mí esto se me pasa.

A veces me vengo abajo, pero,

pero luego me digo:

"Eh, que al Rober no le gustaría verte así,

llorando por él".

Y ya está.

Hay que seguir viviendo, Alicia.

¿Sabes que había presentado mi dimisión

a la inspectora Miralles?

¿Tú?

Pero ¿qué dices, mujer?

Si tú has nacido para esto.

Mira, el Rober me contó al principio de estar contigo

que eras la mejor policía que había conocido nunca

y hoy lo has vuelto a demostrar. Sí, pero yo,

yo me sentía policía a su lado.

Hacíamos una gran pareja.

Sí, ya lo sé,

pero hay que tirar para adelante.

Mira, gracias

al atracador de hoy,

he vuelto a recuperar la confianza en mí

y no me ha temblado el pulso al empuñar un arma.

Claro que no,

y, además, que menuda leche le has arreado.

Me recuerdas tanto a Rober.

Él siempre conseguía hacerme reír cuando estaba triste.

Huy, perdón.

Alicia, la inspectora Miralles quiere verte.

Ya le he pasado las declaraciones del atraco

para que les dé el visto bueno.

¿Quiere verme ya?

Pensaba acompañar a Felisa a su casa.

Que no, mujer, que no, tú no te preocupes.

Tienes que trabajar, que no. ¿Y la cena?

Nada, ya la haremos otro día.

Atiende a tu jefa, anda.

-Si quieres, miro a ver si sale una patrulla

para que te acerque al polígono.

-Que no, que tengo dos piernas que me llevan donde yo quiera.

No os preocupéis.

Te acompaño a la salida.

Hasta luego.

Elías, muchísimo cuidado, ¿eh?

Ese tío es un asesino a sueldo, es un profesional,

así que no se va a dejar atrapar así como así.

Yo cierro un par de cosas aquí y estoy con vosotros,

no te preocupes, lo tengo apuntado. Habitación 343. Voy.

Claudia.

Vaya susto, ¿no? ¿Cómo estás?

Con la adrenalina a tope.

No me extraña y con tu suegra por medio...

Precisamente, al ver que estaba en peligro, salté.

Fue un acto reflejo.

Lo llevas en el ADN.

Hace unos días no creía lo mismo,

pero ahora tengo claro que quiero volver.

¿Te vas a seguir oponiendo a mi reincorporación?

Alicia, si me he opuesto todo este tiempo

ha sido por tu bien.

Y quiero aclararte que si te presenté mi renuncia

fue fruto de la impotencia, de la rabia y

de no sentirme capaz de poder estar al 100 por 100.

Ya, ya, ya.

Yo soy la primera que está deseando que te reincorpores.

¿Qué tal mañana?

(RESOPLA)

De acuerdo.

Pide el alta y mañana al tajo, como diría Elías

que, por cierto, me está esperando.

¿Tiene algo que ver con la investigación

sobre el asesinato de Rober? Sí.

¿Hay, hay alguna pista?

Mañana te lo cuento todo.

No, Claudia, por favor, sea lo que sea, cuéntamelo ahora.

Prometiste mantenerme puntualmente informada.

Está bien.

Hemos descubierto que Yorgos Yanakis,

el francotirador, ha vuelto a Madrid para cumplir otro encargo.

¿Cómo lo habéis averiguado?

Por Fede, el nuevo inspector de la UIT.

Averiguó que un hombre con uno de los alias

que utiliza Yanakis habitualmente

se había registrado en el hotel Serrano.

¿Quiénes forman parte del operativo? Elías y Nacha.

Están yendo para allá, yo voy ahora mismo.

Esta noche, cuando termine el operativo,

yo te llamo.

Claudia, por favor, déjame ir. No.

Te prometo que no me entrometeré.

Me quedaré al otro lado mientras lo atrapáis,

pero, por favor, déjame ir.

Claudia, estoy bien,

de verdad,

pero déjame estar presente.

No harás ni dirás nada que pueda perjudicar el operativo.

(Puerta)

¡Abra la puerta, policía!

-Es él.

-Sí, Yorgos Yanakis,

coincide con la foto que nos mandaron.

-Habrá que dar aviso a Científica y al juez.

-Sí, bueno, llama tú, voy a echar un vistazo en el baño.

Limpio.

-También habrá que dar aviso a la dirección del hotel.

-Sí, de eso me ocupo yo.

Voy a ir pidiendo las imágenes de las cámaras de seguridad.

-¿H50?

-Don Alejandro,

buenos días.

Sí, ya está el trabajo hecho.

El griego no supondrá un problema a partir de ahora.

No, no se preocupe, patrón, nadie va a encontrar nada.

Sí, también me he ocupado de eso,

estoy allanándole el terreno con Quintero.

Cuando venga usted la semana que viene,

le recibirá, no sé si con los brazos abiertos,

pero le recibirá.

Le mantengo informado, patrón.

Adiós.

Adiós. Gracias. -Adiós.

-Hola, buenas tardes.

-¿Qué vas a tomar?

-Pues un bocadillo de lomo.

-Mira, tienes suerte, lo tengo preparado.

¿Lo vas a tomar aquí o te lo envuelvo?

-No, envuélvemelo, por favor.

Pensé que te ibas a pasar por la tienda.

-Pues mira, no se me ha perdido nada allí,

pero, aunque hubiera querido, no habría podido.

Mira cómo tengo esto de gente.

Tengo clientes fieles que no se van con la competencia.

-No me extraña, con las tapas

y los bocadillos tan ricos que preparas...

Veo que sigues picada conmigo.

-¿Yo, picada?

¿Por qué?

-No sé, creo que debería ser yo el que se sintiera ofendido

por las cosas que me dijiste.

-Si encima te tendré que pedir perdón

después de lo que me has hecho.

-Pero ¿tú qué crees?

¿Que he venido a La Parra para espiarte?

-¿Tú qué pensarías?

Vienes aquí para ver cómo trato a mis clientes,

qué les pongo, qué les sirvo, cómo va el negocio,

a darme palique sin decirme que tú vas a abrir tu negocio

justo aquí al lado.

-De acuerdo, debí decírtelo,

pero te juro que no busco nada malo ni para ti ni para tu bar.

-Ya.

Anda, toma tu bocadillo y perdona, pero no te creo.

-Te prometo que los de Color de la huerta

somos buena gente.

-Pues haber sido sincero conmigo, que yo no soy un ogro.

-Pero a ver, ¿quién ha dicho que seas un ogro?

Si acaso, eres lo contrario. -Una ogra.

-Ay, María.

Ojalá pudiéramos llevarnos bien, ser buenos vecinos.

Yo no soy la competencia.

Mira, para demostrártelo te he traído esto.

-¿Qué es eso? No te he hecho ningún pedido.

-María, si no me quieres dar una oportunidad,

dásela a mi tienda, prueba mis frutas y verduras,

ya verás qué buenas están.

Esta naranja hasta ayer colgaba de la rama de un árbol.

Huélela.

¿Qué? -Qué bien huele, sí.

Mi tía también tenía naranjos y madre mía,

uf, me lleva a la infancia, ¿eh?

-Claro, es puro zumo.

-Bueno, ya las probaré cuando tenga un rato,

que mira cómo estoy.

-Bueno, no te entretengo más.

Eh, cóbrame el bocadillo.

-No, cómo te voy a cobrar, si me has traído medio huerto.

¿No dices que no soy un ogro?

-Ya me dirás qué tal las naranjas.

-Bueno. -Y gracias.

-A ti.

-Hasta luego. -Adiós.

-Hola. -Hasta luego.

(SUSPIRA)

-¿Y estas naranjas?

¡Madre mía, qué pinta!

-Bueno, no te fíes de las apariencias.

-¿Cómo? ¿Que no me vas a decir que tienen una pinta espectacular?

¡María!

-Lo que te voy a decir es que eres muy inocente

y que te las dan con queso, pero a mí, no.

Llevo mucho en esto.

Trae.

-Aquí tenéis a Yorgos Yanakis.

Dime que hay alguna pista. Aún no.

Tenemos que esperar a Científica para que empiece a trabajar.

-Está claro que quien lo ha matado ha sido un profesional del crimen.

-Entre sicarios anda el juego.

-Es que no tiene que ser nada fácil cargarse a alguien como Yanakis

y de esa forma tan limpia.

Hemos perdido la oportunidad de saber

si fue él quien mató a Rober.

Tampoco es para tanto, algo tenemos.

Bueno, ¿el qué, Elías?

Hemos encontrado un rifle en ese armario

y podría asegurar que corresponde con el rifle

que mató a Rober.

Los de balística nos sacarán de dudas.

-Yo juraría que lo es.

Sí, pero lo importante no es el rifle,

sino saber quién está detrás del asesinato de Rober.

Estábamos muy cerca,

estoy segura de que fue Somoza quien contrató a este desgraciado

para que matara a Rober.

No podemos sacar conclusiones precipitadas.

Tenía un móvil, vengar la muerte de su hijo Andrés.

De momento vamos a averiguar quién mató a Yanakis

y tiraremos de ese hilo, ¿vale?

Bien, Científica ya está de camino, inspectora.

¿Y las imágenes de la cámaras de seguridad del hotel?

Sí, la dirección del hotel ya está avisada.

Hay que hablar con los empleados y los clientes,

a ver si han visto a alguna persona o algo sospechoso.

Nacha se disponía a hacerlo ahora. -Ahora mismo voy. Permiso.

Bien.

Alicia, vete tú también.

No conviene que haya tanta gente cuando llegue Científica.

Voy a ayudar con los interrogatorios.

No, no vas a hacer nada.

Te reincorporas mañana,

nosotros nos ocuparemos de las primeras diligencias.

Pero Claudia, por favor. No hay peros.

Me dijiste que me obedecerías si te dejaba venir.

Vale. Espera.

Te acompaño, tengo que ir a comisaría

a informar a Bremón, ¿de acuerdo?

Te dejamos con todo, Elías.

Sí, yo me quedo aquí, vigilando al pajarito

hasta que llegue el juez, sí.

-Ni rastro del encargo a Yorgos Yanakis en la "deep web".

El autor ha eliminado todas las pistas

que pudieran delatarlo.

-¿Y no se le puede rastrear a toro pasado?

-No, han borrado el rastro a una velocidad pasmosa.

Está claro que lo contactaron para liquidarlo.

Siento no poder ayudar.

De todas formas,

el modus operandi dice mucho del autor del crimen.

Ha querido cortar cualquier hilo

del que pudiéramos tirar.

Necesitaban matar a Yanakis para no quedar tan expuestos.

Esto me hace sospechar que han comprendido

que matar a uno de los nuestros les hace más vulnerables.

Lo que nos conduce al clan de los Somoza.

Supongo que en Colombia gozan de mayor impunidad

en lo que respecta a la Policía.

Fede, ¿has encontrado algo en las cámaras de seguridad?

No, aún no.

-Supongo que el asesino de Yanakis habrá estudiado

cómo acceder al hotel sin ser grabado.

-Bueno, no ceso en mi empeño, voy a seguir buscando.

Pero eso será mañana.

No es cuestión de fundirte los plomos los primeros días.

A tus órdenes, inspectora.

Muchas gracias, Fede.

Sin ti no habríamos sabido que Yanakis volvía a Madrid

y que se alojaba en el hotel Serrano.

Bueno, gracias. Venga, buenas noches. Buenas noches.

"No me puedo quitar de la cabeza la imagen del tiroteo.

Salva muerto con sus ojos sin vida

y la moto alejándose.

Y luego está mi hermano Jairo, claro".

"¿Qué pasa con Jairo?".

"He ido a hablar con él para ver que no está metido en nada chungo".

"¿Te refieres a los colombianos?".

"Mira, Alicia, sabiendo de qué pie cojea Quintero,

lo más probable es que haya arrastrado a mi hermano".

"No, Rober, son suposiciones

y no seré yo quien defienda a Quintero,

pero no podemos acusarle de trabajar para los narcos sin pruebas".

"Pero igual cuando las tengamos es tarde.

Digo para mi hermano.

Lo peor que me podría pasar es que se me muriera en mis brazos,

como me pasó con Torreno".

Pruebas, pruebas, tengo que encontrar pruebas.

(SUSPIRA)

¿Alicia?

Hola, Nacha.

¿Se puede saber qué haces aquí?

Me dijo un compañero que te vio subir.

Sí, bueno, será solo un momento.

Ya, es que también me dijo

que te vio hablando con el recepcionista del hotel.

Bueno, es lo que se hace en ese tipo de casos,

hablar con los testigos.

Sí, pero tú no deberías hacer esto ni tampoco deberías estar aquí.

Tampoco es tan raro que os quiera echar una mano.

Es un trabajo en equipo.

Ambas sabemos que te incorporas esta mañana, Alicia.

Pero

ya es casi mañana.

Alicia, no hagas esto más difícil, por favor.

Vete.

Tú también crees que no estoy capacitada.

Piensas que no estoy preparada para volver.

Yo no estoy diciendo eso.

Lo único que estoy haciendo

es intentar ayudaros a encontrar pruebas.

Y estamos trabajando en ello.

¿Y qué habéis encontrado, eh?

Bueno, como bien sabes,

estamos siguiendo los protocolos habituales.

Y mientras el asesino de Yanakis ya estará fuera del país.

Sabemos bien claro a quiénes nos estamos enfrentando.

¡No sabéis nada!

Alicia, te lo voy a pedir por última vez,

abandona esta habitación.

Quiero que te quede una cosa clara a ti y al resto de la comisaría:

estoy perfectamente recuperada

y voy a luchar para ser una buena inspectora de policía.

Y lo eres, eres una gran profesional, Alicia,

y yo he aprendido mucho de ti,

pero por eso sé que no deberías estar aquí.

Se lo debo a Rober.

Yo sé perfectamente cómo te sientes.

Yo no he podido olvidar el dolor que experimenté

cuando encontré el cadáver de Laura en el parque de La Dehesa.

Entiendo tu rabia, tu sentimiento de frustración,

tu impotencia...

Pero sé que Rober desearía

que siguieras actuando como una policía íntegra

y es por eso

que no deberías estar ahora mismo aquí.

Márchate.

Alicia, vete.

-Haré un par de llamadas, a ver qué les saco.

Pero eso mañana, que ya es tarde.

Te advierto que mis confites están en plena jornada laboral.

¿Qué te ha dicho Nacha

de las declaraciones de los responsables del hotel?

La verdad es que no ha sacado nada en claro

ni de los responsables ni de los trabajadores.

No quiero pecar de pesimista, pero veo la cosa bastante chunga.

O sea que volvemos a estar en la casilla de salida.

No, en la salida de casilla, tampoco.

La hipótesis que barajas es muy acertada,

los actores del crimen deben andar nerviosos, sí.

Primero fue Salva, luego fue Rober.

Estos narcos son muy inteligentes y muy despiadados,

tienen recursos

y se mueven muy bien en la oscuridad.

Y, y tú, ¿qué?

¿No tienes las neuronas un poco fundidas ya?

Pues tanto como las tuyas.

Ya, bueno, pero a mí no me espera nadie en casa.

¿Cómo lo llevas con Antonio? Bah, de aquella manera.

Supongo que me recibirá de morros.

¿Pero le has dicho

que tenemos una investigación importante entre manos?

Sí, se lo he dicho, pero piensa que es una excusa.

Tampoco digas eso, mujer. Si es que es verdad.

Él cree que cualquier investigación me importa más que la familia.

Pues no lo entiendo.

Ahora estáis solos, se supone que la convivencia es más fácil.

No, es más difícil, ya ves tú por dónde.

Por eso estoy yo más solito que la una,

así no creo expectativas ni malos rollos con nadie.

Si me tengo que enfadar con alguien, me enfado conmigo mismo.

Quiere que nos vayamos a París los dos a ver a Olga.

Eso suena bien, los dos solitos, en plan tortolitos

y, además, aprovecháis para ver a la niña.

(Móvil)

Igual es él.

El comisario. Te dejo.

Dime, Emilio.

"¿Estás todavía en el despacho?".

Sí, pero me iba ya.

"¿Pistas sobre el asesino de Yanakis?".

Nada de nada.

"En cuanto han conocido la muerte de Yanakis,

la Europol ha solicitado videoconferencia mañana a las 12.

Anula todo lo que tengas para poder estar".

Claro. Cuenta conmigo.

"Gracias. Buenas noches".

Buenas noches.

(SUSPIRA)

(Puerta)

Alicia, ¿puedo pasar? Claro.

Ya decía yo que tú dormida no estarías.

¿Quieres tomar algo?

No, si tampoco me voy a quedar mucho.

Solo vengo a darte las gracias por lo de mi madre.

Ya me ha contado lo que pasó esta tarde.

No le des más vueltas. ¿Cómo está?

Bueno, está un poco tocada.

Ya me ha dicho que tuvo un pequeño momento de bajón contigo

tras poner la denuncia.

Supongo que se sintió vulnerable con el atraco

y necesitaba echar

lo que llevaba guardando tanto tiempo.

Llorar es sano.

Bueno.

(SUSPIRA) Que muchas gracias, de verdad.

Jairo, espera. Hay una cosa que quiero contarte.

¿Tiene que ver con la muerte de Rober?

Es confidencial, ¿vale?

¿Sabéis ya quién lo mató?

Alicia,

era tu novio, pero era mi hermano.

Por favor, yo necesito que me lo cuentes.

Estábamos detrás de la pista de un tal Yorgos Yanakis,

un profesional del crimen, un griego buscado por la Europol

que fue agente del Mosad.

¿El Mosad qué es?

Los Servicios secretos israelíes.

¿Y qué más?

Cuando encontramos a Yanakis, estaba muerto.

Su asesino se nos adelantó por cuestión de segundos.

¡Yo me voy a cagar en todo!

Yo también me siento igual que tú, yo también estoy cabreada.

Mi única esperanza en la vida era encontrarme con ese tío

y ajustar las cuentas con él.

¿Pensabas matarlo? ¿Y esa pregunta?

¡Pues claro que pensaba matarlo, Alicia!

¿Qué pasa? ¿Por qué me miras así?

Porque debo preguntarte algo.

Pues no, ahórratelo,

no lo maté yo, pero te digo una cosa: ojalá hubiera sido yo.

Habría dado lo que fuera por matarlo con mis propias manos

y ya sé que lo que digo suena mal, es horrible, lo que quieras,

pero es la verdad. Es normal, Jairo.

La venganza es muy humana.

Sí, la venganza es muy humana, pero tú nunca lo harías

aunque pudieras porque eres policía, esa es la diferencia entre tú y yo.

Bueno, esa y que me siento como una mierda

porque lo que ha pasado es por mi culpa.

El que tendría que estar muerto soy yo y no mi hermano.

No tiene ningún sentido, Alicia.

(RESOPLA)

Yo no quiero vivir,

no me lo voy a poder perdonar en la vida.

Oye, no quiero que te tortures más.

Te juro que demostraremos que Somoza mandó matar a Rober,

pero necesito que no hagas nada que pueda interferir.

¿Y qué quieres que haga, entonces?

No quiero que cometas ninguna locura

y que me confíes todo lo que sepas.

¿Pero qué te voy a confiar a ti?

Si tú estás de baja. Ya no. Mañana me incorporo

y me voy a meter de lleno en la investigación.

Vale,

te voy a hacer caso.

Me has dado una buena noticia, por lo menos.

Descansa.

Tú también.

-Vaya, vaya, vaya,

así que un sicario exagente del Mosad.

(RECHISTA)

Desde luego, estos narcos no se andan con tonterías.

¿Alicia te ha dicho algo más?

-No, que no tienen ninguna prueba,

pero ella está convencida de que ha sido Somoza.

-Bueno, tampoco tiene por qué haber sido Somoza.

Alguien como Yanakis puede tener muchos enemigos.

-Puede ser,

pero yo pienso como ella.

Estoy convencido de que ha sido Somoza.

Es más, creo que ha sido Tano el que se ha cargado a Yanakis.

-¿No estarás pensando en decirle nada a Alicia

sobre Tano, verdad? -¿Yo? ¿Para qué?

Eso queda entre usted y yo.

-Mejor.

quiero que Alicia se mantenga al margen de todo esto,

es demasiado peligroso para ella.

-Ya, bueno, yo no sé si Alicia sabrá quedarse al margen,

ya la conoce.

En cualquier caso, don Fernando, el que se haya cargado a Yanakis

es un asesino profesional, eso es obvio

y Tano ha sido mercenario de no sé cuántas guerras,

no sé si lo sabe. -¿Y tú cómo sabes todo eso?

-Lo sé porque hoy me lo he encontrado en La Parra

y hemos estado charlando.

El tío es extremeño,

pero se ha pasado la vida por medio mundo

vendiéndose al mejor postor.

Lleva diez años con Somoza y es su mano derecha.

-Ya, vaya, por fin me haces caso y entierras el hacha de guerra.

No estaría mal que te fueses haciendo su amigo.

-El hacha no va a estar enterrada en la vida,

está escondida, que es otra cosa.

-Está claro que Tano ha venido antes para preparar la llegada de Somoza.

Lo más probable es que quedase con Yanakis

para quitarlo del medio y no dejar cabos sueltos.

De todas formas, nosotros vamos a seguir estando quietecitos

hasta que llegue Somoza, ¿de acuerdo?

-A mí no me importa esperar el tiempo que haga falta.

La venganza es un plato que se sirve frío.

-Siéntate, anda.

Siéntate y tranquilízate, hombre.

Ya sé que tienes muchas ganas de vengar la muerte de tu hermano,

pero vas a tener que esperar.

Esta gente es muy peligrosa, Jairo.

Ya viste lo que Tano

pudo haber hecho contigo en ese callejón.

No vas a hacer nada

ni vas a dar ningún paso sin que yo te lo autorice,

¿te queda claro?

Jairo, tú sabes que yo todo esto te lo digo por tu bien, ¿verdad?

¿Sí?

-Sí.

(Móvil)

-Julio, hijo, ¿qué tal? ¡Qué sorpresa!

¿Cómo? ¿Estás seguro?

Sí, ya, ya sé que me dijiste

que querías venir a verme una temporada aquí, en Madrid,

pero no imaginaba que fuese a ser tan pronto.

No, no, no, ningún problema, todo bien.

De acuerdo, mira, tú llámame cuando estés a punto de despegar

y me das el número de vuelo, así estaré pendiente

e iré a recogerte al aeropuerto, ¿vale?

Venga, yo también tengo muchas ganas de verte, hijo.

Besos. Chao.

-¿Ha dicho hijo?

(SUSPIRA) -Sí, Julio viene a Madrid.

-Pero si no quería saber nada de usted.

-Su madre siempre lo ha estado poniendo en mi contra,

pero ya es mayor de edad. Hace poco me llamó diciendo

que quería venir a pasar una larga temporada conmigo aquí.

-¿Y por qué no me lo contó?

-Porque no creí que fuese a hacerlo.

Julio es un chico muy inconstante

y a veces habla por hablar, no,

no hace todo lo que dice,

pero ahora me comenta que ya tiene comprado el billete.

-Es una buena noticia, no entiendo por qué no está contento.

-Podría ser una buena noticia, sí, pero con Somoza por medio

también puede ser un gran contratiempo.

Jairo, ahora necesito que estés a mi lado más que nunca.

-No hay que decirlo.

(SUSPIRA)

Ay, Antonio, lo siento por llegar tan tarde.

¿Te he despertado?

¿Qué haces?

Me voy al aeropuerto, total, no iba a poder dormir,

el avión sale a las seis de la mañana.

¿A las seis de la mañana?

Te lo dije.

Sí, me dijiste a las seis, pero pensé que era de la tarde.

Eso demuestra lo poco que me escuchas.

¿Te ibas a ir sin despedirte?

Tampoco tú has hecho mucho por acompañarme.

Antonio, por Dios, no volvamos otra vez con lo mismo.

No me da la cabeza.

Hace un rato solo estaba delante del cadáver

de un peligroso asesino a sueldo, por Dios.

Es que ya no puedo más.

Ya lo sé, sé que estás ante un importantísimo caso criminal,

pero yo prefiero ir a ver a nuestra hija a París.

De todas formas, si quieres, estás a tiempo para acompañarme.

Hay un billete para ti.

¿Qué pasa?

¿Que te parece una locura venir a ver a nuestra hija?

No, no, no me parece ninguna locura, lo que pasa es que no...

Anda, déjalo, vamos a dejarlo.

¡No, no vamos a dejarlo!

¡No, Antonio!

Bremón me necesita mañana en comisaría,

a las 12 tenemos una videoconferencia con la Europol,

es muy importante. Palabras mágicas:

Europol, Bremón, videoconferencia...

Bueno, qué es eso al lado de: Antonio, Olga, París, ¿verdad?

No me hagas esto, por favor.

No me lo hagas tú a mí, estoy hasta las narices

que pongas por delante de tu familia a tus investigadores,

a tus criminales, a tus queridos policías.

Hasta las narices. ¿Sabes lo que te digo?

Que te aproveche la reunión que vayas a tener mañana con Bremón.

Mientras que tú estés en esa importantísima conferencia,

yo estaré abrazando a nuestra hija.

Cambia el billete, por favor, Antonio, te lo pido.

Te prometo que voy a buscar una ocasión para ir.

¿Qué ocasión? ¿Dentro de una semana? ¿Dentro de un mes?

Ya no estoy para amoldarme a tus necesidades.

Estás a tiempo,

si quieres venir, puedes hacerlo.

Es tu decisión.

A ver ahora qué le cuentas a tu hija.

(Puerta)

Yo no siempre tengo tanto éxito, de verdad.

Depende de las circunstancias, de la persona...

Tú habías hecho terapias antes con policías, ¿no?

Sí, es una profesión de riesgo. Los policías os exponéis mucho.

Por no hablar del desgaste familiar.

Un desgaste enorme.

Hasta ahora mi marido y yo

habíamos conseguido mantener encarrilada la pareja,

pero últimamente...

No sé, cuando me mira,

me da la sensación de que no me soporta.

Bueno, no te lo tomes así, será una crisis momentánea, ¿no?

¿Crisis momentánea?

Es una crisis de un tamaño descomunal.

Yo voy a hacer todo lo que esté en mi mano

por calmarla un poquito y porque sepa que nos vamos a llevar muy bien.

-Muchas gracias, Paty. -De nada.

-Tenme al corriente de todo. -Por supuesto.

-Tú, ¿qué?

¿Haciéndote amiga del hijo de la competencia?

-Bueno, "el hijo de la competencia", María, por favor.

Es nuestro vecino, qué menos que ser amable, ¿eh?

-Ya, déjate de amabilidades

y dime lo que estabas tramando con ese.

¿Querías verme, inspectora?

Sí, pasa, Íker.

Quería comunicarte que, a partir de este momento,

la inspectora Ocaña será tu compañera de patrulla.

Genial, ¿no, inspectora Ocaña?

Oye, me acompañas al coche que está mi compañero esperándome.

¡Alicia!

Disculpe, inspectora, aún no he sacado el coche.

¿Y a qué esperas?

Bueno, he tenido que resolver un asunto antes.

Hola.

Le he dicho al chaval de la frutería, que es muy majo, le he dicho:

"¿Por qué no preparáis unas ensaladas,

pero que ya vienen con el aliño dentro,

como en un táper,

y así me lo puedo comer en comisaría".

Ahorro tiempo y pierdo peso, si es que es genial.

-Te voy a decir una cosa: olvídate de las ensaladas

que aquí tengo envases de plástico y la comida te la llevas de aquí.

¿Estamos? -Estamos.

-Esconde esto. -¿Qué?

-Coño, que la escondas.

A ver, tan solo pretendía ganármela para que se sintiera cómoda.

Si me hubieses permitido hablar con ella,

hubiese sacado algo más en claro. Imposible.

¿No te has dado cuenta de que se ha cerrado?

Precisamente, porque tu táctica para interrogarla la ha bloqueado,

pero yo sé que ocultaba algo más.

¿No te has dado cuenta?

Estaba nerviosa, no dejaba de golpear el boli.

Golpear el boli la convierte en cómplice del ladrón, ¿no?

O en ladrona.

Me hubiera gustado tener buenas noticias,

sobre todo ahora que ha vuelto Alicia.

No la he visto.

¿Qué le has asignado?

Le he mandado investigar unos robos en unos almacenes.

Pues agárrate, que la noticia que te voy a dar

va a poner todo patas arriba. ¿Qué?

Somoza está a punto de aterrizar en España.

-¿Qué sabes de un tal Yorgos Yanakis?

Un exagente del Mosad

que ha terminado como asesino a sueldo.

-¿Qué le pasa a este señor?

-Le pasa que fue el que se cargó a mi hermano.

-¿Y esto lo saben porque lo ha confesado?

-Veo difícil que lo pueda confesar

porque ayer mismo lo asesinaron en la habitación de un hotel.

-¡Vaya por Dios!

  • Capítulo 205

Servir y proteger - Capítulo 205

22 feb 2018

Alicia comunica a Miralles que ya se siente con fuerzas para volver al servicio activo. Elías y Nacha encuentran a Yorgo Yannakis, el presunto asesino de Rober. Antonio se va a París. Claudia se queda sola y triste.

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  1. Yo misma

    Todos nos quedamos un poco como Alicia, pues no vimos la razón de que faltará Rober en la serie

    23 feb 2018
  2. Yo misma

    .....Yo

    23 feb 2018