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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 203 - ver ahora
Transcripción completa

No, son para él.

(LLORA) Rober, Rober.

"Rober".

(LLORA) "Por favor".

Acaban de asignarnos a un auténtico genio

para cubrir el puesto de la UIT y es definitivo.

No entienden que en este tiempo no hayamos conseguido

ni una pista que nos acerque al francotirador.

Lo único que me mantiene en pie es saber

que los responsables de la muerte de Rober pagarán por ello.

Si no quieres que investigue el caso, lo haré por mi cuenta

y para eso no me hace falta esto.

En lo que pueda ser útil, será un placer.

Alicia Ocaña, la inspectora de la que estamos hablando,

es muy querida en esta comisaría

y acaba de pasar una experiencia traumática.

Los colombianos se hubiesen presentado aquí

conmigo o sin mí, ¡maldita sea!

Yo jamás le he deseado ningún daño a nadie

a quien tú quisieras

porque tú eres lo que más me importa en la vida.

-¿Tú sabes algo de una tienda nueva que abren en el barrio

de verduras y frutas ecológicas o algo así?

-Ah, sí, sí, yo, sí.

El color de la huerta o una cosa así.

Pregunté y me dijeron que sería una tienda

donde también se podían tomar zumos.

-A lo mejor haces buenas migas con los dueños.

-No creo.

-Yo creo que son dos negocios que se complementan,

incluso podríais colaborar juntos.

-No, no, no, no, déjate.

Al enemigo, ni agua.

Oficial Íker Lemos. Encantado. Encantada.

Te esperaba mañana.

Lo sé, pero he preferido venir hoy para conocer la comisaría

y a los compañeros.

Vamos, trabajo que adelanto, ¿no?

¿Me lo parece solo a mí o hay un ambiente así,

como triste en esta comisaría?

Ese es el puesto que te ha asignado Miralles, ¿no?

(ASIENTE)

Pertenecía a un compañero que perdimos hace poco,

uno muy querido.

-Eh, Roberto Batista, ¿verdad?

Lo mataron en el altar.

Estaba a punto de casarse con otra inspectora, Alicia Ocaña.

-¿Y tú cómo sabes tanto?

-He rastreado a todos los agentes de la comisaría.

¿De verdad has rastreado a todos los agentes de la comisaría?

(SE RÍE) Sí.

¿Y qué has averiguado de la inspectora Miralles?

No tiene nada que me chirríe.

Es una mujer muy discreta.

Se trata de un favor que me han pedido en Jefatura,

incorporación rápida y discreta.

Discreta, ¿por qué? ¿Qué ha hecho?

Por lo poco que sé, ha tenido un lío de faldas

con la mujer de un comisario en el Norte

y se lo han querido quitar de encima.

¿Qué notas, como presencias?

-¿Presencias?

-Hija, pues a lo mejor ha pasado una desgracia

en tu piso y se ha quedado allí algo. -¡Ay, María!

-Que no es por meterte miedo, pero se dan casos.

Desde que se fue Olga,

en la pareja hemos perdido un poco de frescura

y de alegría, ¿pero qué quieres? Es normal.

Claudia, ¿qué pasa?

No la he tramitado.

Te daré la información si la rompes ahora mismo

y te comprometes a ir a terapia.

Se llama Yorgo Yanakis.

Sabemos que es un exagente del Mosad reconvertido en sicario.

No creemos que sea un miembro fijo del clan Somoza.

Sospechamos que le contrataron específicamente

para matar a Rober.

Yo maté a Andrés Somoza.

Pero ¿entonces Rober no...?

Rober apareció un poco después

y se empeñó en cargar con el muerto en mi lugar.

(Música emocionante)

(Móvil)

Hola, Claudia.

Sí, estoy bien.

Sí, sí, he dormido bien.

No, claro que no se me olvida la hora de la cita con la psicóloga.

Vale, luego te cuento.

Vale, un beso. Chao.

(Puerta)

Ya sabía que no me iba a librar de ti.

¿Quieres desayunar? Sí, claro.

Me alegra ver que...

Que me he vestido para salir a la calle.

Sí.

Bueno, ¿cómo estás? ¿Qué tal has dormido?

Regular,

pero al menos he conseguido dormir cuatro horas seguidas

y me parece mucho.

Bueno, poco a poco irás cogiendo la rutina del sueño.

Quería pediros perdón a Montse y a ti

por cómo os he respondido estos días.

Supongo que he pagado con vosotros mi frustración y no es justo.

No pasa nada, cariño.

Y también quería decirte que voy a empezar a hacer terapia

con una psicóloga que me ha recomendado Miralles.

me parece una gran idea. A mí una pérdida de tiempo.

¡Hija!

Pero es la única manera de poder volver a comisaría.

Necesito reincorporarme.

¿Estás segura?

Volver a sentirme policía es lo único que me va a ayudar.

Bueno, ¿y qué piensa Miralles de esta psicóloga?

Que es una buena profesional

y que me vendrá bien desahogarme con alguien ajeno.

También me comentó que ayudó bastante a Bremón.

Los psicólogos no dan soluciones mágicas,

el dolor sigue estando ahí,

pero te dará herramientas

que te ayudarán a enfrentarte a ese dolor

y, para mí,

eso ya es suficiente.

¿Cafelito?

-Para ti, corazón, sin azúcar. Toma.

-Oye, ¿te acuerdas de lo que estuvimos hablando ayer?

-No lo sé, como no me lo recuerdes tú...

-Sí, hombre, eso de que te estaba costando trabajo

encontrar un camarero que sustituya a Salima

y eso. -Pues sí, hija.

Porque haberlos, haylos, pero de confianza, ninguna.

-Bueno, pues tú no te preocupes porque ya te he encontrado uno.

Bueno, una.

-¿Ah, sí? ¿Quién?

-Yo.

-¿Tú? -Yo, la Paty,

la inimitable Paty, ¿qué te parece?

-No sé, hija, me dejas de piedra.

¿Tú no estabas tan contenta en Barcelona?

-Si te soy sincera, no,

no estoy tan a gusto como te he dicho.

-¿Y eso?

-Porque no, yo no me termino de acostumbrar a Barcelona.

No, y además que echo mucho de menos el barrio.

-Ah, pues hija, no sabía nada de lo que me estás diciendo.

-Ya, la verdad es que yo tampoco lo sabía,

pero es que ha sido pisar el barrio,

ver a la gente, empezar a saludar y no, es que este es mi sitio.

-Hija, me alegro

de que hayas encontrado tu lugar en el mundo.

-Sí, la verdad es que esta es mi casa.

Así que qué me dices, ¿me contratas?

-Pues Paty, hija, no sé,

la verdad es que no me imaginaba que me lo fueras a proponer.

-Bueno, me puedes poner a prueba.

Te juro que no te vas a arrepentir, María.

-Bueno, déjame pensármelo, ¿vale? Que ahora mira cómo estamos.

-Vale, sí, tú tranquila, ¿eh?

Sin agobios ni nada, piénsatelo bien.

-Vale.

Sí.

-Pasa, por favor.

Siéntate.

Aquí suele venir gente en un estado muy vulnerable,

lo normal es que el primer día los usen.

¿Y después?

Al cabo de un tiempo, terminan por no necesitarlos.

¿Y ocurre a menudo?

Quiero decir, que la gente supere sus traumas,

¿pasa siempre?

No.

La vida es muy compleja,

hay cosas que no se terminan de superar del todo,

pero sí se aprende a seguir adelante.

O sea, a resignarse. No, no he dicho eso.

Estás aquí para explorar

y para aprender nuevas herramientas de superación,

no para que te dé consejos ni soluciones mágicas.

¿Me vas a decir qué tengo que hacer para estar mejor?

Eso te lo vas a decir tú,

yo puedo darte pistas para averiguar el camino.

¿Por qué estás aquí?

Pensaba que eso ya lo sabías.

Sé la versión oficial, el atestado, que decís vosotros,

pero me gustaría que me lo dijeras con tus palabras.

¿Qué es lo que pasó?

Antes de eso, me gustaría decirte que

la decisión de venir aquí no ha sido mía.

Eso suele ocurrir.

De hecho,

si estoy aquí es,

en parte, porque he venido obligada.

No, nada te retiene a salir por esa puerta.

A mí tampoco me gusta perder el tiempo, Alicia.

¿Qué tal si me cuentas qué pasó?

Estoy aquí porque...

He venido por...

Haz un esfuerzo.

Es importante decirlo en voz alta.

Hay que aceptar los hechos para luego superarlos.

Estoy aquí porque hace dos meses

mi pareja fue asesinada

cuando estábamos a punto de casarnos.

Ni rastro de Yanakis.

Sabemos, eso sí, que estuvo en el Valentina

unos días antes de disparar a Rober.

Un camarero se lo ha confirmado a Elías.

-Sí, pero no le he podido sacar nada más.

-Rastreando las cámaras de tráfico cercanas a la finca

localizamos ese vehículo robado con un conductor al volante.

Ese tipo podría ser nuestro hombre,

pero, como puedes ver,

la imagen no es suficientemente nítida

como para identificarle.

¿Y cómo es posible

que no localizáramos ese vehículo antes?

Sí, sí, lo hicimos,

pero las pistas nos llevaron a un punto muerto.

El vehículo fue abandonado en un desguace.

¿Es posible que Científica encuentre huellas ahí?

Ni rastro, está convertido en chatarra.

-Ahora lo importante es saber dónde está ese tipo

y su posible conexión con Somoza

y el arma que mató a Rober. -Sí.

Nuestras investigaciones apuntan a que Yanakis ha abandonado el país.

-Si lo ha hecho, lo ha hecho con documentación falsa.

No hay ningún registro de salida con su nombre.

También ha podido salir en coche, ¿no?

Lo que parece claro es que no está.

Tampoco tenemos registros bancarios ni movimientos de tarjetas

desde dos días antes de,

pues del asesinato de Rober.

Tranquila, Nacha,

a todos nos va a costar.

Ya, bueno, ¿crees que tenemos suficiente

para pedirle al juez una orden de busca y captura?

Quizá sí, pero no podemos perder de vista el objetivo,

que es la persona que contrató al sicario.

Sí, bueno, Yanakis es solo el ejecutor,

pero, si lo trincamos, podremos saber quién está detrás.

-Podríamos pedirle a Fede que rastreara en la "deep web"

las pistas sobre Yanakis. Es algo habitual

en los sicarios con este perfil internacional.

Buena idea, Nacha. Yo misma hablaré con Fede.

Esperad un momento. Dime, jefa.

A ver, una cosa.

Llevo tiempo pensando que tiene que haber otro Valentina.

En algún lugar se tienen

que estar volviendo a reunir los narcos colombianos.

Tiene sentido, no van a dejar de verse

porque les hayamos cerrado una discoteca.

Eso es.

Tenemos que investigar, rastrear.

Tenemos que seguir, se lo debemos a Rober,

nos lo debemos a nosotros mismos,

se lo debemos a Alicia.

Cuenta con ello, jefa. Lo encontraremos.

Vamos.

¡Oh! Perdón.

Aquí te las dejo.

Ya me he puesto al día.

Muy bien.

Si hay algo que pueda hacer por ayudar en ese caso,

estaré encantado.

Nada, muchas gracias, ya están Nacha y Elías en ello.

Sí, sí, lo sé,

pero me encantaría ayudar a encontrar a ese francotirador.

Cualquier cosa por hacer justicia a un compañero caído.

Muchas gracias, pero prefiero

que te concentres en los casos que te he asignado.

Son pequeños, pero llevamos tanto tiempo

concentrados en los grandes, que lo demás lo tenemos descuidado.

Claro, lo comprendo.

Inspectora.

"No creo en el destino".

No creo en que todo sucede por algo, creo que

si Rober murió fue simplemente por azar,

porque le tocó a él cruzarse con esa gentuza

como le podría haber tocado a cualquier otro.

Dime una cosa,

¿tampoco crees en la justicia, Alicia?

No lo sé,

lo que sí que creo es que este no es un mundo justo.

Me has contado con tus palabras lo que pasó,

pero no me has dicho qué esperas conseguir con la terapia.

Sinceramente, estoy aquí por mi jefa.

Ella me dijo que viniera a terapia si quería volver al trabajo y

eso es lo único que quiero.

Tú no crees que tengas que hacer un trabajo

para colocar las cosas, para sanarte.

Lo único que quiero es volver a ser policía.

Es decir, que crees

que esta terapia no va a servir para nada.

Contéstame tú a algo:

"¿De verdad crees

que lo que me ha pasado a mí se supera?".

Superar un suceso o un trauma no depende de lo grande que sea,

sino de la persona.

Verás, todos tenemos

una caja de herramientas para la vida

y, por lo que he escuchado, la tuya está bien provista.

¿Así de fácil? No he dicho que sea fácil.

Lo siento, pero

no creo que pueda salir de esto.

Y eso es lo que te toca ahora, dudar de todo.

Tienes que permitirte sufrir, Alicia.

Estar unos días rabiosa, otros días impotente

y solo los días en que tengas un poco de fuerza,

entonces, ahí, sí, pensar en el futuro.

Te lo voy a volver a preguntar:

"¿Por qué estás aquí?".

Te doy unas pistas.

Me has dicho que estás aquí por tu jefa

y porque tu padre está siempre encima de ti

y estabas cansada.

Me agobia que todos quieran protegerme.

(ASIENTE)

Me has dicho que, por primera vez,

no tienes claro por qué te hiciste policía.

¿Sabes cuál es la palabra que más has repetido?

Trabajo.

Tu novio era también policía,

murió por temas relacionados con su trabajo.

Yo no te puedo dar respuestas ni soluciones,

pero puedo ayudarte

a que te hagas las preguntas adecuadas

y busques en ti las respuestas, eso, sí.

Estoy aquí porque, aunque quiera,

no sé si podré volver a ser policía.

Para la próxima sesión quiero que pienses

qué harías si no fueras policía.

¿Cómo que si no fuera policía?

Algo tendrías que hacer si no fueras policía, ¿no?

Muchas veces se toma una decisión descartando la contraria.

¿Qué tal el café, muy caliente? ¿Quieres leche fría?

-Paty. -Sí? Un momento, María.

Hola, ¿quieres un poco de leche fría?

-Paty, por favor. -Dime, María. Voy, voy.

Voy. Dime.

-A ver, déjalo todo, ¿vale? No hagas nada.

-Iba a poner los pinchos para el aperitivo.

-No hagas nada. Gracias.

-¿Cómo que no haga nada? No entiendo.

-Vamos a ver, Paty,

las cosas no se pueden hacer a lo loco.

Tienes que pensártelas, valorar los pros y los contras.

-Vale, no me quieres aquí, ¿no?

-A ver, Paty, no es que yo no te quiera aquí,

pero corazón, creo que tu futuro no está detrás de la barra del bar.

-¿Pero por qué no?

Me veo más que capacitada

y tengo mucha experiencia currando de cara al público

y tú necesitas una mano aquí.

-Que sí, que sí, que todo eso no te lo voy a negar.

Pero vamos, que yo necesito mi tiempo,

a mí me gusta tomar las decisiones bien,

pausadamente.

-Entonces, ¿qué propones?

-Propongo, mira, de momento que te vayas a dar una vuelta,

¿vale?

Tú te aireas por ahí,

te vas al cine o de compras o lo que te dé la gana

y esta noche vuelves y tranquilamente lo hablamos,

¿te parece?

-¿Pero tú me ves trabajando aquí?

-Si esta noche cuando vuelvas te sigue apeteciendo tanto,

lo discutimos, ¿eh?

-Vale, como quieras.

Ah, te digo una cosa.

Si piensas que me voy a echar para atrás, vas lista, ¿eh?

-Con calma, Paty, con calma.

-Que sí. -Tira por ahí.

-Adiós.

-Y qué cabecica, Dios mío.

-¿Todavía seguís consultando estos libros?

-Bueno, yo, si tengo que hacer una consulta,

uso el ordenador, pero Marcelino prefiere tocar papel

si tiene algún asunto complicado.

-Supongo que, a ciertas edades, cuesta cambiar los hábitos.

-Se siente más a gusto así, dice que lo ve todo con más claridad.

-Sobrina. -Hola, tío.

-Oye, debes disculparme,

debería haber estado aquí antes para recibirte.

-No, la culpa es mía que me he adelantado.

Vine directamente desde la estación,

pero González ha sido muy amable y me ha enseñado el despacho.

-Un placer. Hace falta sabia nueva en el bufete.

Bueno, os dejo.

-Bueno, ¿qué? ¿Qué te ha parecido todo esto?

-Me gusta mucho, no lo recordaba tan, tan elegante.

-Bueno, no sé si esa es la palabra,

pero es cierto que tiene aroma a bufete de toda la vida.

-A eso me refiero. Los despachos de abogados ahora

están llenos de cristales, de cuero y de decoración minimalista

y esas cosas. -Lo sé, el último edificio

que ha adquirido el bufete Tres torres

hasta ha conseguido un premio en arquitectura,

pero yo creo que todo eso es superfluo.

Para mí lo importante es

lo que los abogados sabemos hacer con las leyes,

aunque el despacho huela a rancio.

-No, no quería decir nada de rancio, es un bufete clásico.

-A nuestros clientes les gusta sentirse como en casa.

No son partidarios de moderneces ni de experimentos.

-Bueno, espero que me dejes ponerle ese puntito de modernidad

que de vez en cuando es necesario.

-Bueno,

un puntito de vez en cuando viene bien.

-Gracias, tío.

-Oye, ¿cómo has dejado a tu padre? -Como siempre,

liado con sus negocios, sin tiempo para nada.

-¿Y en qué anda ahora?

Estaba con la fábrica de perchas, ¿no?

-No, no, lo de las perchas lo dejó.

Menos mal que le convencimos de que traspasara el negocio.

Ahora está en el sector de las energías renovables.

-Ah, mira, pues le viene como anillo al dedo.

Mi hermano pequeño siempre renovándose

de trabajo en trabajo con proyectos nuevos.

Ahora, eso sí, con la idea fija de hacerse millonario.

-Ya le conoces, es un soñador.

-Y tú, ¿qué? ¿Eres tan soñadora como él?

-Quiero pensar que sí,

pero con la cabeza más ordenada.

-¿Y por eso has querido cambiar de aires?

-Tío, si piensas que no puedo encajar en el bufete...

-No, no he querido decir eso.

Solo quería saber si habías tenido algún,

no sé, algún problema en Santander,

algún disgusto, una mala experiencia o...

-No, no, nada de eso,

pero me apetecía ver más mundo,

vivir una temporada en Madrid, conocer gente nueva.

-Eso me parece muy sensato.

-Si no lo hago ahora, ¿cuándo lo voy a hacer?

-Ay, Nerea,

la vida es muy larga, pero es cierto que pasa muy deprisa.

-Sí.

-Ven, que te voy a enseñar el resto de la oficina.

¡Pero bueno!

¿Y esto?

No me diga, inspectora,

que no sabe que los cactus absorben las radiaciones.

¿Qué radiaciones?

Pues las de los ordenadores, las de los aparatos electrónicos...

Hasta los de la misma atmósfera. Ya.

Pues no tenía ni idea, se me estaban ocurriendo

muchas ideas, a cada cual más peregrina,

pero lo de las radiaciones no era una de ellas.

¿Qué puedo hacer por usted?

¿Qué sabes de la operación Valentina?

Bueno, he estado tratando de informarme sobre el tema.

Me imagino que las búsquedas que me han encargado

tanto Nacha como Elías tienen que ver con el caso.

Verás, ha aparecido una información a la que nos vamos a agarrar.

Por el momento,

esta es la mejor pista que tenemos.

Es un asesino a sueldo.

Es el sospechoso de matar a Roberto Batista.

No te costará mucho hacerte a la idea

de lo importante que es para nosotros

que lo detengamos.

Necesitamos cerrar esa herida cuanto antes.

Cuente conmigo, inspectora. Eso esperaba de ti.

No tenemos más datos.

Sabemos que hace unos años trabajó para el Mosad.

Bueno, si trabajó para un servicio de inteligencia,

seguramente sabrá muy bien cómo borrar su rastro.

Tienes que conseguir encontrar algo que nos ayude a pillarle.

Necesitamos demostrar que estaba a sueldo de Somoza.

Bueno, rastrearé la "deep web".

A este tipo de gente es muy fácil encontrarla por esa vía.

Exacto.

Miraré qué puedo encontrar. No,

no quiero que mires, quiero que encuentres.

Dale máxima prioridad a este caso

y cuando tengas algo, por pequeño que sea,

me lo haces saber, ¿vale?

Muy bien, inspectora.

Le... Tome.

Lléveselo. ¡No, no, no!

Solo que me he quedado intrigada con las radiaciones.

Que es un regalo. Funciona, de verdad. Lléveselo.

Vale, pues gracias. ¿Lo pongo al lado de la pantalla?

Sí, al lado está bien. Muy bien.

Otra cosa, Fede. Dígame, inspectora.

Y ya habrás oído que me gusta que me llamen de tú,

no por eso voy a dejar de ser tu inspectora jefe

y aquí todos somos compañeros.

Bueno, pues gracias. Venga, ponte con eso.

Va.

-¿Qué tal si nos vamos ya a casa? Es muy tarde y estamos cansados.

Tengo mal cuerpo para dormir ahora, no podría.

Bueno, igual no hace falta que durmamos,

tengo un truquito para quitarte el mal cuerpo.

¿En serio? ¿Vas a pasar la noche conmigo?

La noche, no, las noches

porque es eso lo que te quería decir,

que sí, que me voy a vivir a tu casa, juntos.

¿Eh?

Pero si ayer dijiste que...

Ya, ayer dije muchas tonterías porque soy muy tonto,

pero lo tengo más claro que el agua,

eres la mujer de mi vida, te quiero con locura

y quiero vivir contigo aquí, allí y donde sea.

Te quiero.

Y yo.

Eh... ¿Estás bien?

Sí, claro.

Soy nuevo en la comisaría.

Oficial Lemos, acabo de incorporarme.

Y usted debe ser la inspectora Ocaña, ¿verdad?

Alicia Ocaña.

Sí, a ver, lo de oficial Lemos queda muy pomposo,

pero si quieres puedes llamarme Íker y así nos tuteamos.

¿Alguien te ha dado permiso para sentarte ahí?

Pues sí, ¿por? ¿Qué tal, Alicia?

Déjame que te explique. Entiendo que la vida continúa

y que no podemos estar lamentándonos por la pérdida de Rober, ¿pero esto?

Escúchame, siento que te hayas enterado así.

Efectivamente, la vida continúa

y esta comisaría no puede dejar de dar servicio a los ciudadanos.

Íker se ha incorporado para ayudarnos y nuestra obligación

es levantarnos y seguir cumpliendo

con nuestro deber, ¿de acuerdo?

De la misma manera que hicimos cuando falleció Osorio

o con la muerte de Laura Escalada.

Bueno, si te sirve de algo,

puedo decir que he servido en muchas comisarías

y nunca nadie ha conseguido sustituir a otro.

Es más, cada uno de los miembros del Cuerpo

son historia viva de esa comisaría.

Rober ya no es historia viva de ningún sitio.

Lo siento, solo quería arreglarlo, pero ya veo que no.

Alicia, acompáñame a mi despacho, por favor.

Me alegro de conocerte.

Espero que puedas reincorporarte pronto.

Claudia.

Sí, dime.

Me dijiste que fuera a terapia y eso es lo que he hecho.

¿Cuándo me vas a dejar reincorporarme?

Alicia, solo has hecho una sesión.

Hay que tener paciencia, ¿vale? vamos a ir poco a poco.

No me digas eso

cuando el asesino de Rober está libre.

No deberías obsesionarte con él.

No me estoy obsesionando, solo quiero saber

si hay novedades en el caso. Las hay. Son pocas, pero las hay

y ya lo llevan Elías y Nacha.

Por favor, no quiero excusas ni silencios.

Si me reincorporo es

para ponerme al 100 por 100 con esto.

Alicia, ya te he dicho que poco a poco.

Te mantendré informada de todas las novedades

que haya, te lo prometo.

Espero que cumplas con tu palabra, Claudia.

Pero bueno, ¿aún sigues aquí?

-¿Qué hora es?

-Pues la hora de irse a casa.

¿Pero tú qué quieres?

¿Que tu padre me denuncie por explotarte?

-Estaba leyendo el contrato de fusión de las navieras,

no me había dado cuenta de que era tan tarde.

-Está claro que llevas el derecho en la sangre.

A cualquiera que le contemos

que leemos los contratos de fusiones empresariales

como si fueran novelas, nos mirarían como a bichos raros.

-Y lo somos, tío, no te quepa ninguna duda.

-Oye, ¿dónde te estás quedando?

-En un apartahotel

hasta que me ponga a buscar piso.

-Si lo hubiéramos sabido antes,

te podrías haber quedado en nuestra casa o con Alicia.

-No, no quiero molestaros

y Alicia está pasando por un momento muy difícil,

no quiero parecer una intrusa.

-Nerea, tú no molestas y te aseguro que, para Alicia,

el intruso número uno es el pesado de su padre.

-¿Cómo está?

-Pues luchando.

Hay que tener paciencia con ella.

-Ya.

Le he mandado un par de mensajes,

pero, como no me ha contestado, he preferido no insistir.

-No se lo tengas en cuenta.

Ahora mismo no es la Alicia que conociste.

-Ya, me imagino.

-Venía a buscarte, es tarde.

-Aquí estaba, entretenido con mi sobrina, Nerea.

No sé si la recuerdas.

-Sí, estuviste en nuestra boda. La hija de Adolfo.

-Sí, buena memoria. -Hola, ¿qué tal?

-Bien.

-¿Quieres que te acerquemos a algún lado?

-Si vais a ver a Alicia, puedo ir con vosotros

y le doy un beso.

-Nosotros iremos más tarde,

ahora tengo que ir a la presentación de un libro.

Quedé en pasarme.

-Ah. ¿Y crees que si voy a verla le molestará?

-Bueno, la verdad es que estoy convencido

que le vendrá muy bien ver a alguien que no tenga que ver con Rober.

-Ah, pues voy a verla.

Tengo muchas ganas de darle un abrazo.

Y el libro de tu amigo, ¿de qué va?

-Pues de fusiones y adquisiciones.

(EXCLAMA) -¡Trepidante!

(SE RÍE) -Un rollazo, vamos.

-Bueno, para nosotros, novelas apasionantes.

-La verdad es que Barcelona es una ciudad

que he estado pocas veces, pero que me encanta.

-Tiene de todo, sí. -Tiene de todo.

Hola. Hola, Claudia.

¿Qué tal? Hola.

-¿Te pongo algo?

No, solo voy a esperar a Antonio y nos vamos enseguida.

Muy bien, os dejo. Venga.

Eh... ¿Qué tal, Teresa?

¿Te importa si me siento contigo? No, por favor.

Gracias.

Verás, es que

he estado hablando con Alicia y me ha dicho

que había ido a la terapia y me he puesto contenta.

Claudia, sabes que no te puedo contar nada de lo que hablamos.

No, lo sé y tampoco lo pretendo.

Tampoco puedo responderte a la pregunta

de si va a volver a ser policía.

Ella tiene primero que sanar sus heridas

y dar respuesta a muchas preguntas.

Verás,

Alicia es como una hija para mí.

No soy la jefa que está esperando

que su mejor inspectora vuelva al trabajo,

no es eso.

Va a llevar tiempo recuperarla, ¿eh?

Me parte el alma ver por lo que está pasando.

Es una persona muy especial.

Te diré una cosa:

"Alicia tiene una gran inteligencia emocional

y eso es lo importante para salir de cualquier situación de trance".

Eso y el tiempo.

Me satisface ver que está en buenas manos.

Bueno, eh, y otra cosa.

¿Tú haces otro tipo de terapias?

Sí, ¿por qué lo preguntas?

Pues verás, a ver...

¿Llevas mucho esperándome?

Eh, no, si acabo de llegar. Mira, te presento.

Ella es Teresa, es la psicóloga de la que te hablé.

Él es Antonio, mi marido.

Encantado. -Igualmente.

Nos vamos cuando quieras, he terminado mi jornada.

Se me hace raro ir los dos solos a casa juntos.

Es que, desde que no tenemos a la niña en casa,

pues tenemos los horarios descolocados.

La niña, la niña tiene 18 años.

Está en París haciendo un curso de cocina.

Imagino que la echaréis mucho de menos.

No quiero ni contártelo.

Afortunadamente, viene pasado mañana, viene a un curso.

Se quedará unos días.

-Oye, qué bien tener una cocinera en casa.

Yo soy malísima con los fogones.

Ya tenemos algo en común, la cocina no es lo mío,

en cambio a Antonio se le da fenomenal.

Sí.

-Ya sabemos de dónde le viene a la niña.

(SE RÍE) Eso va a ser.

Oye, os dejo que he quedado para cenar.

Hablamos otro día. Vale, sí.

Hasta luego. Chao.

¿Qué te parece?

Más maja, ¿no?

¿Esta no es Paty?

¡Paty! ¡Hombre!

¿Qué pasa?

Pero si me había dicho Elías que habías venir por el barrio

y no me lo quería creer. Dios mío, qué guapa estás.

¿Qué te han hecho en Barcelona? Ya ves, me han cambiado, ¿eh?

Pues sí, vengo unos días de visita.

Bueno, ya me ha dicho Olga que está superbién en París.

-Vas a poder verla, vendrá en breve.

-Es verdad, me dijo algo de una visita exprés a Madrid.

-Si sigues por aquí, la vas a poder ver.

-Bueno, eso dependerá de María.

Tenemos una conversación pendiente, ¿verdad, María?

-Pues sí, así es.

Pues entonces nosotros nos vamos para que tengáis esa conversación.

Venga.

Hasta luego, pareja. Me alegro de verte.

Igualmente. Hasta luego.

Anda, ven para "acá", pajarillo,

(SUSPIRA)

(Timbre)

Hola, prima.

Nerea, ¿qué haces aquí?

No quería que terminara mi primer día en Madrid

sin darte un abrazo.

Estoy bastante sudada de correr.

(SE RÍE) Sí, hueles fatal.

Ven, siéntate.

Siento mucho no haber estado contigo cuando pasó todo,

aunque me imagino que lo último que te apetecía entonces

era estar rodeada de gente.

Solo quería estar sola.

Recibí tu mensaje, siento no haberte contestado,

pero no tenía fuerzas para hacerlo. No te preocupes,

ningún mensaje podía darte lo que necesitabas en ese momento.

Ni mensajes ni nada.

Nerea, yo solo quiero que Rober esté conmigo.

(SUSPIRA) Lo sé.

Lo siento mucho.

Yo haría cualquier cosa porque fuese así.

Pero ya verás como el tiempo

todo lo suaviza

un poquito.

Eso dicen.

No quieres que la pesada de tu prima venga aquí a decirte lo mismo.

Me callo, te lo prometo.

¿Quieres tomar algo?

Mi padre me llenó la nevera y no puedo tragar ni un bocado.

No te preocupes, me voy enseguida.

Solo quería pasar a saludarte un momentín.

Mi padre me dijo que venías hoy, pero no sé ni en qué día vivo.

Vale, hacemos una cosa.

Me llamas tú

cuando te veas con fuerza y te apetezca distraerte un rato.

Yo estoy aquí para lo que necesites.

Si te apetece gritar, reír o llorar,

lo que quieras.

Eso sí, si tardas mucho en llamarme, vengo yo y te saco de la oreja.

Me parece justo.

Y yo a cambio prometo no chincharte

como hacía cuando veraneábamos en Santander.

¿Te acuerdas de ese verano,

que por fin nos dejaron ir solas a las fiestas de Suances?

¿Todavía te persigue aquel chico para invitarte a un helado?

Qué pesado.

Me lo encontraba cada verano en las fiestas.

Qué friki era, ¿no?

Yo

no he olvidado ni uno de los veranos que pasábamos juntas

y me di cuenta de cuánto lo echaba de menos cuando dejé de ir.

Pues imagínate yo,

que no me dejaban salir ni a la puerta de casa

si no era contigo.

Y ahora otra vez juntas.

Me alegro mucho, mucho.

Y yo también

y de que mi padre tenga al lado a alguien de confianza.

Han sido unos meses muy duros.

Yo estoy feliz de estar en el bufete.

Al principio trabajar con tu padre me imponía un poco, la verdad,

pero no es tan estricto como parece, ¿no?

Tiene pinta de ser muy buen jefe

y la verdad es que todos me están tratando muy bien.

Lo vas a hacer genial.

Eso espero.

-A ver, Paty,

si a mí me vendría fenomenal contar contigo,

pero no sé, yo supongo que tendrás otras aspiraciones, ¿no?

-Si he sido yo la que te he pedido el trabajo.

-Que ya lo sé, pero

sinceramente, no te veo mucho tiempo detrás de una barra.

-A ver, María, yo ahora solo vivo en el presente

y de verdad, la vida está llena de sustos y de contratiempos.

-Qué me vas a contar a mí.

-Pues por eso mismo,

yo ahora mismo sé lo que siento, ahora sé lo que siento

y quiero quedarme en el barrio.

-¿Pero te ves de camarera? -De camarera y de lo que haga falta.

Necesito un trabajo

y yo creo que te vendría genial en La Parra

y, además, que nos vamos a llevar superbién.

Pero necesito que tú estés convencida de que me quieres tener aquí.

-Claro que te quiero tener aquí, tonta.

-¿En serio? -Venga, contratada.

-¡Muchísimas gracias, de verdad! No te vas a arrepentir.

Muchísimas gracias. Te voy a ayudar en todo:

en la barra, las mesas, la terraza, la cocina...

-La cocina déjamela tranquila, la cocina tranquilita.

-La cocina para ti.

Ay, de verdad, muchísimas gracias, no te voy a fallar, te lo juro.

-Ya sé que no me vas a fallar.

Si tienes un don natural para estar con la gente

y es lo que más falta hace.

-De verdad, parece mentira, ¿eh?,

que no teniendo nada que me ate al barrio,

no haya otro sitio en el que me sienta más en casa.

De verdad, muchas gracias por esta oportunidad.

-A ver cuánto tiempo pasa entre que lo llames oportunidad

a que lo llames marrón.

-La verdad es que son muy cómodos porque no hay que regarlos

y eliminan las radiaciones. Está muy bien.

-No, si yo te creo, pero con lo que me muevo

y la suerte que tengo, seguro que acabo pinchándome.

-Señoras y señores, les presento a la nueva camarera de La Parra.

-¡Qué alegría!

-Bueno, para celebrarlo os invito a lo que queráis.

-Mujer, si invitas pues... -Una cosita sencilla, ¿eh?

Tampoco te pases. -Vale.

Pues un refresco. -¿Y aquí tu amigo?

-Ay, que no lo he presentado.

Es Fede, el nuevo inspector de la UIT.

-Ah, pues encantada, inspector. -Encantado.

-Yo soy María. -Encantado.

-Paty. -Hola, Paty.

-Hola. -¿Y a usted qué le sirvo?

-Pues también, un refresco de limón mismo.

-Muy bien, pues vayan sentándose.

-Paty, cariño, tú si quieres vete a casa a descansar

que yo me encargo de recoger. -¿Seguro? ¿No te ayudo a cerrar?

-No y es una orden. Acostúmbrate, que soy tu jefa.

-Pues a tus órdenes, jefa. -Venga, a descansar.

Oye, y una cosa, que no hemos hablado del sueldo.

-Ah, de verdad, ni te preocupes por eso ahora.

No me importa, ya mañana hablamos con tranquilidad.

-Bueno, pero mañana lo hablamos. -Por supuesto.

¡Qué contenta estoy! Gracias, María.

-Descansa. -Hasta mañana.

¡Adiós, chicos! -Hasta luego.

-Mire, lo quiero aquí en dos días. Si no me asegura

que el juego de cuchillos está en ese plazo,

ya se puede olvidar del pedido.

Sí, lo entiendo, ¿y a mí qué me cuenta?

Pero usted se comprometió a ese plazo.

Bueno, venga, espero su llamada.

Antonio, ¿qué son esos gritos?

La informalidad de este país, que es el pan de cada día.

¿Con quién estabas hablando?

Había pedido un juego de cuchillos japoneses

para Olga para cuando viniera

y ahora me dicen que tardan 15 días en entregármelo.

¿Te lo puedes creer?

Si ella no sabe nada de ese regalo, si no llega a tiempo

pues no lo va a echar de menos.

¿Ya has hablado con tu jefe?

Ah, Olga, ¿qué tal? ¿Cómo estás?

¿Eh? ¿Qué pasa?

¡Ay!

Vaya.

Bueno, no te preocupes. Sí, que tienes prisa, venga.

Sí, sí.

Venga, adiós. No pasa nada.

¿Qué ha pasado?

Que ha tenido que anular el viaje.

Vaya, ¿y por qué?

Ha salido un seminario este fin de semana

que no se puede perder.

Bueno, no se puede decir

que no esté aprovechando los estudios.

Dice que lo da un cocinero bretón muy famoso,

que es una oportunidad y que, que yo qué sé qué más.

Pues lo siento porque tenía muchas ganas de verla,

pero por otro lado, ¿eh?

De eso se trataba, ¿no?

De exprimir al máximo la oportunidad.

¿Dónde vas?

A dormir.

Oye, ¿no te habrás enfadado porque Olga no viene?

No, solo que estoy cansado, nada más.

¿Seguro?

Pues mira, ahora que lo dices, ¿sabes?

Creo que llevas un par de días intentando quitarme la ilusión

llevándome la contraria en casi todo.

¿Pero qué estás diciendo? Yo no lo veo así.

Claro, solo faltaba,

que lo vieras como yo, claro.

Antonio, no todas las cosas pueden ser como tú quieres.

Ya, pues es así como lo siento.

Yo lo que siento es que verdaderamente ahora sí

que pasa algo entre nosotros y tú no quieres afrontarlo.

¿Y qué quieres que haga? Que pienses,

que pienses por qué no quieres hacer nada.

Tú tampoco estás muy por la labor, visto lo visto.

Tanta ilusión porque venga Olga ¿sabes lo que me hace sospechar?

Que ella es lo único que te importa

y, a lo mejor, es lo único que nos une.

Me voy a dormir.

Antonio, no quería decir eso.

Hoy se te ha hecho un poco tarde, ¿no, Espe?

-Porque no quiero volver a la casa de los horrores.

-Mujer, ¿para tanto es la cosa?

-Solo de pensar en otra noche en vela me dan...

-¿Y qué le pasa a tu casa?

-Eh...

No sé si contártelo

porque vas a pensar que soy una friki.

-Friki es un calificativo que no me ofende lo más mínimo.

Además, bueno, hay confianza, quiero decir, somos compañeros.

-Pero si nos conocemos de hace dos días.

-Mujer, es una forma de hablar.

-Bueno, venga, te lo cuento.

En resumen,

puede que en mi casa haya espíritus.

-¿Me lo estás diciendo en serio?

-¿Ves como no tenía que contarte nada?

-Que no, mujer, pero es muy fuerte.

-Vale, que yo no creo en los espíritus,

pero si creyera, en mi casa hay uno que quiere comunicarse conmigo.

-Espe, eso tampoco es seguro.

-Fuiste tú la que me dijiste que en tu pueblo había presencias

y una casa que ponía los pelos de punta.

-A ver, una cosa es una cosa y otra cosa es otra.

Tampoco se puede hablar de fenómenos paranormales así,

a la ligera. -Es mi casa y yo hablo como quiero.

-Solo te digo que cuidadín con los espíritus.

-Con la ilusión que nos hacía a Lola y a mí

irnos a vivir a nuestro nuevo pisito. -¿Y Lola dónde está, por cierto?

-De vacaciones, pero no por el espíritu,

si no porque le tocaba.

-Vamos a ver, los ruidos en los pisos

tienen una explicación de lo más pedestre

y te aseguro que a nadie como a mí le gustaría pillar un fantasma.

-¿Y eso?

-Pues de pequeño ponía grabadoras en una casa vieja

que tenía mi abuela para captar psicofonías.

-¿En serio? -Sí, pero lo único que capté

era el sonido de una madera crujiendo

porque estaba al lado de la calefacción

o del viento que se colaba por un falso tabique.

Una vez pensé que ya había cazado a mi fantasma

y era un ratoncillo de campo que se había colado en la casa.

así que tú tranquila, que no será nada.

(SUSPIRA) -Pues no lo estoy en absoluto

porque yo lo que oigo son voces.

Oye, ¿y eso de la grabadora funciona?

Igual sería buena idea poner eso en mi casa, ¿no?

-Si quieres cualquier día cogemos unos micrófonos,

grabamos toda la noche y tal, pero vamos,

que insisto que no creo que descubramos nada.

-Yo si lo que me descubres es un ratoncillo,

una madera que cruje o algo que me haga vivir en paz

me haces la mujer más feliz del mundo.

-Pues nada, cuando quieras vamos y lo hacemos

y ya está. -¿Sí?

-Sí.

-Vamos.

-Pero ¿ahora mismo?

-Necesito volver a vivir tranquila, ¿es que no lo entiendes?

-Bueno, pues vamos.

-Hasta luego, María.

-Hasta luego, cariño.

-Adiós. -Adiós, inspector.

-Vamos a poner los micros, ¿eh?

Bueno.

-¿No ves, no ves cómo se mueve? ¿Ves?

-Sí, sí, se mueve

porque en la vida se generan sonidos y se generan ruidos.

Nosotros generamos ruidos cuando caminamos por el parqué

y los coches cuando andan por la carretera generan ruido.

-¿Y no hay forma de captar solo lo que no sea natural?

Lo vi en una peli.

Bueno, ya sé que estoy desvariando un poco,

pero la culpa es de María, que me ha metido unas ideas...

-¿Puedo ir al baño? -Sí, por el pasillo al fondo.

-La verdad es que vuestra casa es alucinante.

Yo viviría aquí con fantasma o sin fantasma.

-¿No habíamos quedado en que los fantasmas no existen?

-Bueno, pero si existieran, compartiríamos el alquiler.

Que era una broma.

Al fondo.

(SUSPIRA)

(GRITA) -¡Eres un capullo!

-Qué poco sentido del humor.

-¿Sentido del humor? ¿Te hace gracia esto?

¿Te parece forma de ayudarme o qué? -Perdona, no lo vuelvo a hacer.

Estoy pensando yo que, en tu baño,

cabe todo mi apartamento.

¿Y cómo habéis conseguido este chollo?

-No, tranquila, estos son tus vecinos de arriba,

que tienen la lavadora pasada de revoluciones.

-No, si va a ser verdad

que me estoy obsesionando de más, ¿no?

-Pero bueno, tú tranqui

que estas cosas tienen una explicación lógica.

(Timbre)

Felisa. Hola.

No te esperaba.

¿Has venido sola? ¿No te ha traído Jairo?

No, no, a Jairo déjale con sus cosas.

Que a mí no me gusta depender de nadie, ya lo sabes.

He tardado hora y media entre autobuses y cercanías,

pero es que

quería acercarme para ver cómo estabas.

Gracias.

¿Quieres tomar algo? No.

Pasa. Olvídate de mí, anda.

¿Cómo estás tú?

Bueno...

Que conmigo no tienes que disimular, ¿eh?

Dime la verdad.

No me acostumbro a estar sin él.

Lo echo mucho de menos.

Pero, al mismo tiempo, es como,

como si una rabia creciera dentro de mí,

como si la única forma de superar su muerte

fuera encontrando a la persona que le quitó la vida.

Eso puede que te ayude a llevar mejor la tristeza,

pero no tienes que centrarte en la venganza

para superar la muerte de un ser querido

y menos del Rober, que sabes que no era nada rencoroso.

Mira.

Toma.

Tus compañeros me han traído algunas de sus cosas.

Me han dicho que no harán falta para la investigación.

Se los regaló mi padre, eran de mi abuelo.

A Rober le encantaron, le hicieron mucha ilusión.

Ya lo sé,

por eso he pensado que es mejor que los tengas tú.

Los recuerdos son bonitos, Alicia,

aunque sean tristes.

Nos ayudan a mantener vivos a nuestros seres queridos.

Tú piensa en la suerte que hemos tenido

de haber estado con él, ¿eh?

No lo entiendo.

¿Cómo puedes llevar tan bien su muerte?

Perder un hijo es lo más doloroso que le puede ocurrir a alguien.

Y lo es,

te juro que lo es.

No pasa ni un solo día en que no piense

que tenía que haber sido yo la que hubiera muerto.

Pero no me puedo venir abajo

porque yo tengo dos hijos más

y no voy a permitir que se me mueran en vida.

Voy a luchar todos los días

para que no me vuelvan a quitar a ninguno.

Pero ¿cómo que dos hijos? No te entiendo.

Jairo y tú.

Es tan difícil encontrar a alguien

que sepa por lo que estamos pasando...

Ya lo sé, cariño, ya lo sé.

Yo solo te pido que te dejes ayudar.

No eches de tu lado a las personas que te quieren.

No te hagas más daño

del que ya nos han hecho esas bestias.

-Hola.

Hola.

Hola, Felisa.

-¿Qué tal? -¿Qué tal?

-¿Cómo estás, Felisa? -Bien, bien.

Bien.

Solo me he acercado a charlar un rato con Alicia.

-Eh, Felisa,

si hay algo que podamos hacer por ti...

-Por mí, no,

por ella.

Cuidadme a esta niña, que necesita mucho cariño.

-Eso lo tendrá siempre.

-Quédate a cenar con nosotros.

-No, Montse, te lo agradezco,

pero es que yo luego tengo un trecho muy largo hasta mi casa.

-Bueno, después te acercamos. Anda, quédate, mujer.

-Bueno, pues,

pues bien, me quedo.

Pero voy un momento al baño.

-Venga, te acompaño.

-¿Qué tal ha ido el día, hija?

Bien.

Una postal de Cali: "Ni perdonamos ni olvidamos".

¿Cuándo?

-Hace un par de meses,

el mismo día de la boda de tu hermano con Alicia.

-¿Por qué no me lo dijo en cuanto lo recibió?

-Lo intenté, Jairo, lo intenté,

te llamé por teléfono, pero no cogiste la llamada.

Solo con ver un arma me pongo a temblar.

No puedo ni tocarla.

Reconocer lo que nos pasa es el primer paso para superarlo.

Pero he repetido miles de veces en mi cabeza

lo que pasó aquel día y creo que podría haber hecho más.

Aunque te revuelvas de rabia y de dolor, tú no pudiste hacer más.

Alicia, tú no eres responsable de la muerte de Rober.

Es que no puedo, no me puedo coger un día,

de verdad que tengo mucho lío,

no te puedes imaginar la que tengo en comisaría.

No puedo dejarlo a medias.

¿Ya estás otra vez poniendo el trabajo delante de la familia?

No me digas eso, ¿eh?

Por muy contento que estés, no te lo permito, me duele.

No podemos perder los nervios con este asunto.

-Lo siento, ¡no puedo controlar los nervios!

¡Me voy a ir a Colombia, aunque sea solo

y me los voy a llevar a todos por delante!

-Desde la boda, no han dado señales de vida

y, con suerte, no volverán a aparecer.

-Le digo una cosa: "Se equivoca. Están ya aquí".

-¿De qué estás hablando?

-Estoy hablando de que ayer vi a alguien siguiéndole.

-Mi padre decía

que un cliente contento atrae a muchos clientes más.

-Es lo mismo que pienso yo.

Jesús, ¿qué tal? ¿Te pongo tu bocata de lomo?

-No, no, gracias. Hasta luego.

-Hija, qué corte me ha dado, ¿no?

-Voy a salir a dar una vuelta

y tú me vas a seguir a una distancia prudencial,

a ver si aparece de nuevo ese tipo.

-Vamos allá.

-¿Y la tienda qué tal? ¿Está bien o...?

-Está genial y hasta arriba de gente, petado, ¿eh?

-¿Lo ves?

Por eso tenemos toda la mañana el bar medio vacío.

-María, tranquila, que hoy es la inauguración

e irá la gente por cotillear y porque dan cosas gratis.

Ya verás como mañana tenemos aquí a todo el mundo.

-La gente estaba encantada

no solo por las frutas y verduras, también tomaban zumos en las mesas.

-¿Han puesto mesas? -Sí.

Y muy coquetas.

-Te vas a ir a la tienda,

vas a pegar la oreja y me vas a venir con el cuento.

Quiero saber con pelos y señales de qué va esa gente.

Vamos. -Quieres que sea tu espía.

-Llámalo como quieras, pero tráeme información

y no te pases allí toda la mañana. Vuelve rapidico.

-A tus órdenes, jefa.

Estás con el asunto del francotirador

que mató a Roberto Batista, ¿no? Sí, estoy con eso.

¿Y cómo va? ¿Hay alguna novedad?

Mira, tenemos una noticia, pero no sé si es buena o mala.

Bueno, tú cuéntamela y ya te digo yo qué me parece.

Fede ha estado rastreando en la "deep web"

y tenemos una novedad:

es posible que Yanakis esté a punto de volver a Madrid.

Eso nos daría la oportunidad de echarle el guante.

Ha desencriptado un mensaje a Yanakis

en el que le encargan un nuevo asesinato en Madrid.

De usted espero

la máxima colaboración

y que no vuelva a ocultarnos información.

Si esos narcos se vuelven a intentar poner en contacto con usted,

avísenos urgentemente.

  • Capítulo 203

Servir y proteger - Capítulo 203

20 feb 2018

Alicia, gracias a su primera sesión con Teresa, la psicóloga, y a la visita de Felisa, comienza a remontar. Paty propone a María quedarse como camarera en La Parra. Elías y Nacha siguen tras la pista del asesino de Rober. Nerea, la prima de Alicia, llega a Madrid.SERVIR Y PROTEGER CAP. 203 HD

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  1. nichola battye

    Realmente me gustan los nuevos personajes, aunque echo mucho de menos a Rober. Genial para ver nuevas ubicaciones también, el apartamiento de Espe etc. Saludos de inglaterra. Que buena serie. Enganchada!

    26 feb 2018
  2. Landaburu

    A buenas horas le cuenta Quintero a Jairo lo del mensaje de hace 2 meses...

    21 feb 2018
  3. José

    ¿Cómo dice Paty que no tiene trabajo, y se mete en el bar, teniendo el gimnasio que llevaba antes?

    21 feb 2018
  4. Suzy Benaim

    Me parece un error sacar a Robert, por decision de los guinistas Cambiaron la historia Ya no la veo

    21 feb 2018
  5. Irina

    No se si ésto sólo pasa en España o que..lo de imágenes q no se puede ver con claridad..cuando veo la serie CSI ,allí se puede ampliar foto de una manera q se ve todo perfectamente, y aquí,pues "es q no se puede ver,es q imagen esta muy borrosa!" Si,sin Rober no es lo mismo,..pero ojalá Alicia descubra q esta embarazada de Rober,así le quedará algo de el

    21 feb 2018