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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 198 - ver ahora
Transcripción completa

habrás estado mi horas leyendo la novela de Martín, ¿no?

No van a parar hasta machacarme, hasta hundirme

y quedarse con todo el negocio. Me van a destrozar.

¿Tú qué sabes de un camión de Transportes Quintero

que apareció quemado en una estación de servicio?

Sé lo mismo que tú.

¿Y qué clase de negocios tiene Andrés Somoza con Quintero?

No lo sé, ¿los tiene?

¿Crees que las presiones de Somoza pueden llegar a eso?

Desde la muerte de Salva me estoy tomando esto como personal

y estas cosas las suelen hacer cuando no consiguen lo que quieren.

Cuando escuché hablar de Somoza la primera vez,

me dijeron que era un tipo inteligente.

Indudablemente, me hablaban de tu padre,

no del impresentable de su hijo.

Este, seguramente, ni sea su hijo.

Tío, este hombre ha muerto en tu apartamento.

Aunque yo me coma el crimen, van a ir a por ti.

Vete a Barcelona, intenta recuperar a Paty, haz lo que quieras,

pero te tienes que ir y olvidarte de Quintero.

Hablaré con él.

Iba a entrar por la puerta

y Andrés Somoza me sorprendió con su pistola

y suerte que sonó un petardo o lo que fuera y lo pude desarmar

porque se despistó, si no, no hubiera podido.

Lo que tu hermano está dispuesto a hacer por ti le honra,

pero además tiene todo el sentido porque siendo policía,

a él no le va a pasar nada.

-Eso espero. Como lleguen a acusarle de algo...

-¡No pienses eso ahora, maldita sea!

-Examinadas todas las diligencias,

se ha decidido no tomar ninguna medida disciplinaria.

-He visto demasiados cuerpos y todavía no tengo ni 25 años,

por eso pienso que,

que quizá para mí aún quede una posibilidad

de cambiar mi vida si paro

y cambio el rumbo.

-Lo sé, lo sé.

Y por eso, sencillamente por eso estoy aquí,

para que sepas que yo te apoyo en esto

y te apoyaré siempre.

(SE RÍE) -Que aunque no cuenta nada explícitamente,

se dice que la oficial es una gogó de gran talento,

pero que todo el mundo duda de las razones

por las que fue ascendida por el comisario.

¿Se puede saber qué estás cotilleando?

¿Eh? Que no es cotilleo, comisario.

Es ficción pura y dura.

A ver, trae.

Yo lo que he intentado

es aunar entretenimiento y documentación,

pero siempre con el objeto de humanizar a la Policía.

Puede usted pensar lo que le dé la gana,

pero si se toma la molestia de mirar para quién está dedicado,

se dará cuenta de que si yo hubiese escrito una basura,

no se la habría dedicado a la persona

que más he querido en el mundo.

(LEE) "Para Laura, Escalada,

la gran ausente".

En la Europol necesitan un perfil como el mío.

-Pero tiene sede en Madrid, ¿no?

-Pero mi puesto estaría en La Haya.

-Ay, Elías, que no, que tenías razón,

que estas cosas de ligar por internet son un nido de raritos.

-Ya, bueno, supongo que también habrá gente normal.

-Bueno, estas últimas semanas he estado yo.

-Entonces no solo hay gente normal,

sino gente excepcional.

-Yo, de alguna manera sé que siempre, pase lo que pase,

podré apoyarme en ti y tú en mí espero que también.

-Claro que sí.

(Música emocionante)

(Puerta)

(LEE) "Cuando la inspectora Morelles entra en comisaría,

todos la reciben con un majestuoso silencio.

Las espaldas de todos sus agentes

se arquean firmes

y sus pupilas

se someten con reverencia a la autoridad

y a los éxitos de su intachable carrera".

¿Qué es eso?

Estoy leyendo la novela de Martín. ¿Tú también la estás leyendo?

Sí, me la recomendó una paciente y la pedí por internet

y me ha llegado corriendo. Bueno, engancha desde el título,

cuidado: "Kabul, policías en el corazón del barrio".

¿Está interesante? Bueno, sí.

A mí me lo parece, me gusta.

Bueno, y tu personaje lo pone por las nubes, ¿eh?

La inspectora Morelles y también la inspectora Alicia,

la llama Lidia Olaya.

Pues me parece

que Martín se ha metido en un berenjenal con esa novela

porque, aunque haya cambiado los nombres...

¿Por qué dices eso?

Porque ayer Bremón tenía un cabreo de padre y muy señor mío

con un... ¿Cómo era?

Un romance entre el comisario Remón y una exgogó oficial

que se llama Lori no sé qué, ¿no?

Sí, sí, sí.

Sí, sí, sí, sí.

Esta relación está tratada con mucho morbo, la verdad.

Pero bueno, es normal. ¿Cómo que normal?

Normal porque tiene que enganchar a la gente,

tiene que exagerar.

Sí, bueno, dice que ese romance hubiera ido a más

si no llega a ser por un ex-DAO,

el suegro de Remón, un tal Juliano.

Pero bueno, Martín no se ha cortado un pelo.

Pues no, ya ves, para enganchar, te lo he dicho.

Que se ande con ojo,

a ver si alguien le va a poner una denuncia

por intromisión ilegítima al honor.

No, qué va, no se ha pillado los dedos, no.

Ha cambiado los suficientes datos

como para que no sea una copia de la realidad.

Sí, habrá cambiado los datos, pero sabemos a qué se refiere.

Aquí, en Distrito Sur, pero fuera no lo reconoce nadie.

Pues tiene razón,

a lo mejor no hay que darle demasiada importancia.

Bueno, se está vendiendo como churros, la novela.

Mira, me alegro por Martín porque necesitaba un revulsivo

después del golpe tan duro con lo de Laura, ¿eh?

¿Dónde vas?

¿No tienes curiosidad por saber

qué más cosas cuenta de la inspectora Morelles?

¿Qué pasa, que me da cera o qué?

No, no, qué va, qué va, si a ti te pone por las nubes.

No, dice que eres una mujer muy fuerte

y que diriges la comisaría con orden y eficacia.

Bueno, ¿y habla algo de mi vida familiar?

Sí, hay unos paralelismos, sí,

con el tema familiar, sí.

¿No habrá contado nada de lo que le ha pasado a Olga?

No, por ahí no te preocupes, pasa de puntillas sobre su personaje.

Bueno, dice que es un ángel en la cocina.

No, de quien habla un poco más es de mí.

¿De ti? ¿Sí? ¿Qué dice?

Dice que estás casada con un médico de familia.

Bueno, mi personaje no tiene nombre, la verdad,

pero, literalmente:

"Que es el refugio de la aguerrida inspectora".

A que escuece, ¿eh?

Pues eso es lo que han sentido muchas mujeres

muy valiosas a lo largo de la historia,

que han tenido que vivir a la sombra de sus maridos, ¿eh?

Pues un poco sí que escuece, sí.

Pero también me atribuye mis méritos. Escucha:

"Sin el apoyo incondicional de su marido,

que incluso colabora con ella en más de un caso,

Morelles no habría tenido tantos éxitos en su carrera".

¿Dice eso?

¡Cómo no!

¡Tenía que estar ahí el hombre

al que esa mujer le debe sus éxitos! ¡Vamos!

Perdona, razón no le falta.

Vamos a recordar mi participación crucial

en el caso de Roncal,

el director de la residencia de ancianos

a los que les robaba los ahorros

y aquí está muy bien descrito.

Mira, vamos a dejarlo, no vaya a ser que no terminemos siendo

esa pareja modélica de la que habla la novela.

Me voy a vivir otro capítulo de mi interesantísima vida.

Bueno, anda.

Yo entro más tarde a trabajar, voy a seguir leyendo.

A ver si te vas a apasionar más con esa inspectora Morelles

que conmigo, ¿eh? No.

¿Qué dices? Donde esté el original, que se quite la copia.

Me alegro.

Sí.

Por supuesto que estamos investigando todo

lo que hizo Andrés Somoza desde que llegó a España.

El agente Batista

se encuentra muy bien, gracias por interesarse.

Hacemos todo lo que podemos.

Por supuesto, en cuanto tenga una novedad,

le mantendré informado. Adiós.

Aquí tienes las tostadas.

¿Las quieres con aceite y tomate o mermelada?

-¿Eh? Sí, vale, gracias.

-Cariño, ¿quieres soltar la novela, hijo?

Que parece que tiene pegamento y no te la puedes despegar.

-Estoy enganchadísimo. Voy por la página 207.

-¿Nada más?

Yo he empezado a leer el último capítulo

mientras freía las patatas para las tortillas.

Se llama "Verdugos anónimos". -No me hagas "spoiler".

-¡Pero que no es "spoiler"!

Ya sabes cómo terminan los casos, ocurrieron aquí, en Distrito Sur.

-No todos, algunos a los que hace referencia no los conocía.

-Bueno, es verdad, algunos te pillaron fuera, en Grecia.

La verdad es que la novela está muy bien,

te enteras de muchas palabras que maneja la Policía

y que yo desconocía.

Está muy bien documentado.

Mira, por ejemplo, la "deep web"

es toda la información que está en internet,

pero que no se encuentra en los buscadores

o el "phishing" es la suplantación de identidad

que se hace en la red

cuando te roban tus claves de acceso para tu correo.

-Y cuando alguien se hace una cuenta de email falsa

para hacerte creer que es tu banco.

-Martín se ha marcado un buen tanto escribiendo esta novela.

No sé, te da una imagen más cercana de la Policía

y te cuenta con detalle cómo es su día a día.

-Y describe muy bien la labor de la UFAM.

Cualquiera que lea la novela sabe perfectamente

qué medidas usa la Policía para ayudar contra el maltrato

y qué hacer para colaborar.

-Y todas las mujeres que estén en situación de riesgo

si leen esta novela, no sé, se animarán a denunciar

o, por lo menos, sabrán que no están solas.

Perdonadme,

no he podido evitar escucharos.

¿De verdad que os parece tan interesante

la novela de Martín?

Sí, a mí me lo parece. -Sí, a mí también.

Ayer le eché un vistazo y me pareció de lo más frívolo.

Me quedé con la sensación de que trataba todo

de una manera esquemática y superficial.

Ya, pero eso es la primera impresión que da.

De hecho, antes de empezar a leerla,

no sé, pensé que algunas personas podrían sentirse incómodas.

¿Y has cambiado de opinión?

Pues tengo que reconocer que sí.

No sé, es verdad que la novela es un poco comercial,

pero justo por eso está llegando a tanta gente

y, al final ayuda a difundir la labor que hace la Policía a diario.

-Martín ha conseguido escribir algo atractivo

para gente que, a lo mejor, en principio,

no se sentiría interesada por saber

qué se cuece en una comisaría de barrio.

-Todos los policías te caen bien

y les entiendes perfectamente con sus tareas.

-Yo, por ejemplo, en la ONG aprendí

que a la gente le toca más la vena sensible

una historia sobre una familia de refugiados

que toda esa morralla de cifras

y datos que se dan en las noticias.

Si al final voy a tener que leérmela

entera.

Ayer me leí solo unos pasajes

y creo que me precipité un poco a la hora de valorarla.

Bueno, aquí tienes, quédate con el cambio.

Muchas gracias, comisario,

y me alegro de verle de vuelta por aquí.

Yo también me alegro de estar de vuelta.

Por cierto,

¿es verdad eso de que os casáis?

(AMBOS) ¡Sí!

¿Sí?

Pues muchas felicidades.

Estoy seguro de que juntos os va a ir muy bien.

Suerte.

¿Has visto?

Ha puesto el mismo rictus de tristeza

que describe Martín del comisario Remón.

Tal para cual.

-Sí, ahí no hay ninguna diferencia entre la ficción y la realidad.

Buenos días.

Hola, Alicia.

Oye, ¿has visto a Miralles?

¿Eh? No está en su despacho.

No, no la he visto, no.

¿Y a ti qué te pasa?

Nada, que he dormido un poco mal esta noche.

Claro,

habrás estado mi horas leyendo la novela de Martín, ¿no?

¿Pero qué dices?

¿No te acuerdas que me la quitó Bremón?

Ah, sí, es verdad, qué cabeza.

Espe, ¿estás llorando?

¿Eh?

No, la verdad es que,

técnicamente, ya no.

Esto era una lágrima

que ha tardado mucho en bajar por la mejilla, ya está.

¿Pero qué te pasa? ¿Se puede contar?

Nada, no te preocupes.

Es que este es mi rincón favorito para desahogarme

y normalmente lo hago con Lola, pero, como está en Sevilla, pues...

Ya sé que conmigo no tienes tanta confianza, pero

si necesitas hablar, yo estoy encantada de escucharte.

Gracias, Alicia.

Es que tengo tan mala suerte con los hombres...

Venga, ya, Espe, a ver, ¿por quién lo dices?

¿Por el macizo de Hugo Ferrer? ¿O por Karim?

Desde que ha puesto los pies en esta comisaría

solo tiene ojos para ti.

Anda, pero Hugo Ferrer

era una ventolera sin importancia.

Pero

mi relación con Karim es tan especial...

(RESOPLA) Es que él es un hombre maravilloso.

Es generoso, comprensivo,

es atractivo, buena persona

y, además,

que nos compenetramos muy bien en todos los aspectos,

ya lo sabes. Entonces, ¿dónde está el problema?

Pues que ahora,

que era cuando más ilusionados estábamos los dos,

le han ofrecido un puesto en Europa,

en La Haya.

No tenía ni idea.

¿Y va a aceptar la oferta?

Lo está pensando,

pero yo tengo claro que, si la acepta,

es el fin de nuestra relación.

No seas dramática, no tiene por qué terminarse nada.

Que yo he visto muchas relaciones a distancia

entre compañeros y no funciona nunca.

Pero no estáis tan lejos.

¿Cuánto tiempo hay entre Madrid y La Haya?

Pues lo he mirado.

En vuelo directo, 2 horas y 40 minutos.

Eso es lo mismo que hay en tren a Sevilla o a Barcelona.

Sí, pero si contamos las dos horas de antes

y de después del aeropuerto,

ya nos ponemos en cinco horas

y, además,

que los horarios de Karim y yo son incompatibles.

Y que el vuelo es mucho más caro

que un billete de tren.

Lo peor de todo es no coincidir en horarios ni en días libres,

eso, eso sí que complica más las cosas.

Pues por eso,

por eso no quiero caer en el autoengaño,

no quiero pensar que no pasa nada porque se vaya.

Bueno, pero no hay por qué ser pesimista.

Seguro que si os lo montáis bien con videollamadas

o alguna que otra escapada,

conseguís salir adelante con la relación.

Que no, Alicia, que no.

¿Pero cuántas veces has visto

que funcione una relación a distancia?

Pues ahora mismo no se me ocurre ninguna,

pero si a Róber o a mí nos destinasen a otro sitio,

seguro que seguiríamos juntos.

¡Pero es diferente!

Róber y tú ya tenéis la relación consolidada,

pero si os vais a casar dentro de dos días.

Pero Karim y yo estamos empezando.

¿Y qué piensas hacer?

¿Le vas a pedir que no acepte la oferta?

No, al contrario,

pienso apoyarle para que se vaya.

Yo le quiero, Alicia,

y sé lo importante que es para él

una oportunidad así.

Estoy segura de que si estuviera en tu situación,

haría exactamente lo mismo.

(LLORA) Pero jo,

sé que, a partir de ahora, voy a pasar muchos ratos aquí,

en mi rincón preferido para desahogarme.

(RESOPLA)

Pues aquí me tienes siempre que lo necesites,

aunque yo no sepa ayudarte tan bien como Lola.

¿Qué dices?

No digas tonterías, ¿eh?

Yo solo necesitaba que me escucharan

y tú eso lo sabes hacer muy bien.

Anda. Gracias.

¿Y en las cámaras? Karim está en ello.

Lleva un buen rato visionando las cámaras de seguridad

del área de servicio. ¿Ha encontrado algo?

Todavía no, pero Róber está pendiente de ello.

Hace una hora me han llamado de Jefatura

para meternos prisa. ¡No podemos ir más rápido!

¡No somos robots! Ya lo sé, Miralles.

Precisamente, eso es lo que le he dicho a los de arriba.

En cuanto comprobemos que el incendio ha sido provocado,

iremos a por la gente de Somoza, pero todo a su tiempo, paso a paso.

Si conseguimos demostrar que fue un sabotaje,

seguro que el juez nos concede una orden de registro

de Valentina y tenemos que entrar ahí con todo.

Eso es lo que tengo en la cabeza,

desmantelar su centro de operaciones.

Como a ese clan mafioso le dé

por poner un sustituto a Andrés Somoza,

la cosa se va a complicar y bastante.

La escalada de violencia en el barrio puede ser tremenda.

Por eso nos estamos dando tanta prisa,

estamos intentando dejarles claro

que aquí les sería muy difícil distribuir su droga.

Por un lado, la desaparición de Andrés Somoza

me parece una buena noticia, pero, por otro,

temo las consecuencias.

Pronto saldremos de dudas. Venga.

Miralles, escucha, con el lío se me ha olvidado comentarte

que le han ofrecido un trabajo a Karim

en Europol, se tiene que ir a La Haya.

Pero bueno, no me digas.

Todavía no ha contestado, pero tiene que hacerlo hoy.

Le necesitan con urgencia.

Pues si se va ahí a trabajar tendré que felicitarlo,

pero desde luego a nosotros nos hace polvo, ¿eh?,

porque no solo se ha integrado muy bien en la comisaría,

si no que además, si se va, nos deja en precario otra vez.

(Puerta)

¿Quería verme, comisario?

Pasa, Martín.

Pues, eh, usted dirá.

¿Quiere echarme otro rapapolvo o tiene una orden judicial

para secuestrar la tirada de mi novela?

No, no, no es eso, puedes estar tranquilo.

Bueno, pues entonces, ¿qué?

No sé, ¿quiere que escriba una rectificación pública?

Tampoco es eso, Martín.

Bueno, pues menos mal. La verdad, no estaba por la labor.

Ya no es solo por principios,

ahora tengo, en fin, un público al que no quiero decepcionar:

mis lectores.

Martín, te veo muy crecido.

¿Qué pasa, que se han disparado las ventas del libro?

La verdad que no quería sonar pretencioso,

pero sí, sí,

la editorial se está planteando tirar una segunda edición.

Martín, de verdad, me alegro mucho del éxito que está teniendo.

¿Se alegra mucho?

¿Ya no está preocupado de que circule por ahí

una bazofia que reduce a la comisaría a una sarta de clichés?

A ver,

reconozco que las críticas que te hice fueron un tanto

apresuradas e injustas.

(ASIENTE) Esto se pone interesante.

Siga, siga.

Después de escuchar unas buenas críticas de la novela,

decidí leerme unos pasajes y oye, que he cambiado de opinión.

No deja usted de sorprenderme.

A ver si al final va a resultar que le gusta mi novela.

Bueno, tampoco creo que te vayan a dar el Pulitzer,

pero lo que sí creo es que cumple.

A ver, a ver, ¿qué quiere decir con eso de que cumple?

No, no, en serio, desarróllelo.

Expláyese, no se corte, ¿eh?

Si total, con todo lo que me soltó ayer, ya...

A ver, empecemos.

Bueno, lo mejor, sin duda, es el aspecto divulgativo

que hace de la labor de la Policía.

Luego, todos los casos están muy bien documentados

y digamos que las tramas tienen cierta dosis de misterio.

Vamos, en resumen, que entiendo perfectamente

que la gente lo esté devorando.

Caramba, Martín, no tendrás queja, ¿eh?

El comisario te ha hecho una crítica espléndida.

Si no lo estuviera escuchando con mis oídos no me lo creería.

En fin, ¿qué quiere que le diga? Muchas gracias, comisario.

No hay de qué, hombre. Bueno, pues...

Así que ahora ya puedo darle su ejemplar, ¿eh?

Y usted devuélvale el suyo a Esperanza,

que está que trina.

Muchas gracias, Martín.

En realidad pensaba habérsela regalado ayer,

pero como me dedicó esas lindezas,

reconozco que se me quitaron las ganas.

Pues yo no sé si quiero leerlo, Martín,

porque según Antonio, que sí lo está leyendo,

dice que mi éxito profesional

se debe a su apoyo.

A ver, a ver, a ver, ¿cómo...? No, no.

Yo creo que eso no es así,

vamos, creo recordarlo.

Vamos a hacer una cosa,

te voy a regalar a ti otro ejemplar para que salgas de dudas, ¿eh?

Y ahora mismo te lo voy a dedicar.

El suyo ya venía dedicado de casa.

¿Qué pasa, Karim? Acabo de ver tu llamada.

¿Tienes algo? Pues sí.

Las cámaras de seguridad del área de servicio

están a tomar por saco,

pero he conseguido ampliar y optimizar la imagen

y bueno, me he dado cuenta

de que en el momento

en que el conductor baja a estirar las piernas...

No parece que usaran un método sofisticado

para meterle fuego, ¿no?

Se acercaron, lo rociaron con gasolina

y le prendieron fuego.

Se ve que Somoza quería dejarle un mensaje claro a Quintero.

Bien hecho, compañero.

Necesitábamos algo así

para poder pedir la orden de registro de Valentina.

Me alegro.

¿Qué te pasa? No pareces muy contento.

No sé si decirlo todavía, pero bueno, tengo que tomar una decisión

y el corazón me va por un lado y la cabeza por otro.

En estos casos, dicen que hay que integrar las dos cosas,

la razón y la emoción.

Ya, pero a mí no me sale

y menos cuando la decisión no solo me implica a mí.

Hombre, Espe.

Perdonad, que no sabía que estabais reunidos.

Sí, pero yo ya me iba.

Tengo que solucionar unas cosas de la boda

y no me quiero ir sin solicitar la orden de registro de Valentina.

¿Qué tal lleváis la boda? No queda nada.

A puntito estamos. Lo que me da rabia

es no poder asistir al registro de Valentina

por tener que decidir si quiero

que me tiren pétalos de rosa o granos de arroz.

Pero bueno... Bueno, chicos, os dejo.

Porque sé que le hace ilusión casarse con Alicia,

que si no pensaría que Róber se está echando para atrás.

-No, lo que le da rabia es perderse el registro de la discoteca.

Todo lo que tiene que ver con el clan de los Somoza

se lo toma muy a pecho.

-Sí, a Salva se lo cargaron delante de sus narices

y a él casi lo mata el Andrés Somoza ese.

-No, al final fue él quien tuvo que cargarse al colombiano

en legítima defensa. Digo yo que eso también le afectará.

-Estoy un poco avergonzada, Karim,

por mi reacción de ayer.

No fui nada efusiva

cuando me contaste tu puesto en Europol.

Fui egoísta.

-Tranquila,

creo que tu reacción fue lo más normal del mundo,

pero bueno, yo ya he tomado una decisión.

-¿Y?

Seguro que le has dado muchas vueltas a la cabeza.

-Así es

y no lo he tenido claro

hasta que te he visto entrar por la puerta.

No me voy a ir a ningún sitio, Espe, me voy a quedar aquí, contigo.

-¿Qué?

No puedes hacer eso, Karim,

no puedes desaprovechar un puesto en la Europol.

Eso solo pasa una vez en la vida.

-Soy consciente de que que me ofrezcan un trabajo así

va a ser difícil,

pero encontrar a alguien como tú, Espe,

eso va a ser imposible.

Te quiero y no voy a tomar ninguna decisión que me separe de ti.

-Me gustaría ser un poco más egoísta

y alegrarme de tu decisión,

pero no puedo, Karim.

Yo también te quiero

y jamás me perdonaría que hicieras algo así por mí.

-Es que no lo hago por ti solamente, también lo hago por mí

o por los dos, por esto.

-Eso lo piensas ahora,

pero cuando pasen unos meses y mires hacia atrás, ¿qué?

Karim,

tienes una vocación muy fuerte.

Si metiste en la cárcel a tu cuñado

aun sabiendo que te meterías en problemas

y lo hiciste porque era tu deber.

Alguien así debe estar donde más útil sea

y, ahora mismo, tu sitio está en La Haya,

ayudando a combatir el terrorismo internacional.

-Ya.

Parece que no te afecta demasiado que me vaya.

-¿Que no me afecta?

Desde que me lo dijiste

no he parado de darle vueltas a la cabeza

y de llorar

y siempre llego a la misma conclusión:

Karim, yo no quiero ser la culpable de que des un frenazo a tu carrera.

Te tienes que ir

porque, si no, te arrepentirás toda la vida.

Ven aquí.

No tengo ni idea, Vicente,

¿pero no has hablado con don Fernando?

¿No te ha dicho nada?

Pues que he dejado el trabajo, tío.

Sí.

No, no he tenido mal rollo con él,

pero necesito cambiar de aires un poco.

Sí, estoy bien, estoy bien.

Oye, ¿te lo cuento en otro momento, ¿vale? Hablamos.

(Puerta)

-Hola, hijo. -Hola, mamá.

Qué contenta te veo.

-Porque lo estoy.

-¿Y eso? ¿Te ha tocado la lotería?

-Casi, me ha dicho tu hermano

que has dejado de trabajar para Fernando Quintero.

Es así, ¿no? -Es así.

¿Y qué más te ha dicho mi hermano? -Nada, ¿qué más tengo que saber?

-Pues eso, nada más.

¿Quieres un café calentito? -Sí,

pero lo tomamos rapidito y salimos pitando.

-¿Salimos pitando? ¿Para dónde?

-A comprarte tu traje para la boda.

-Mamá, por favor, ya te enseñé el traje que tengo ahí.

De verdad, y no me apetece salir a ningún sitio, de verdad.

-Ese traje no lo vas a llevar.

-Mira estoy muy cansado y muy agobiado por mi futuro,

no me apetece salir a la calle ahora.

-Pero bueno, tú no tienes que agobiarte.

Mira, yo estoy que doy botes de alegría.

-Serás la única madre que prefiere tener a su hijo en paro.

-No digas eso, Jairo, porque no es así.

Yo no prefiero que mi hijo esté en el paro,

lo que prefiero es que no trabaje para un mafioso como Quintero,

por eso has dejado la empresa, ¿no?

Mira, yo estaba en un sinvivir,

cada vez que me sonaba el teléfono estaba temblando

que no me dieran una mala noticia de ti.

-No, mamá, no.

La empresa era perfectamente legal

y no he dejado el trabajo por eso, no tiene que ver.

Tengo una serie de cosas en la cabeza que podrían ir bien en Barcelona

y me quiero ir a probar suerte y a cambiar de aires, ¿vale?

-Me parece muy bien. -Pues ya está.

-Ya verás lo bien que te va a ir, tú te lo mereces,

que eres muy buena persona.

-Si estás tan convencida de que mi jefe es un delincuente,

¿por qué no iba a serlo yo también?

(SE RÍE) -Porque te he parido

y sé que eres incapaz de matar a una mosca.

¿Qué te pasa?

¿Qué? -¿Eh?

Que ya te lo he dicho, mamá,

que estoy agobiado con lo del trabajo,

con quedarme en la calle.

-Tú no te agobies que verás que te sale otro trabajo.

¿No ves que tienes más experiencia? Y mucha mejor presencia.

Antes no te salía trabajo por el peinado raro que llevabas.

-Mamá, no empieces con mis trenzas, a mí me gustaban, ¿vale?

Y no tiene que ver con que me saliera o no trabajo.

-Lo que tú digas, pero estás mucho más guapo así.

-Bueno.

-Y más guapo que vas a estar cuando te compre el traje.

-Paso de ir con un traje, chaqueta y corbata, que no, hombre.

-No, yo te dije que te compraba el traje y te lo voy a comprar.

La pena es que llegamos tarde

para que la Paquita te lo haga a medida.

-Bueno, venga, vale, vamos.

Pero me compro yo el traje, que tú estás justa siempre.

-Bueno, lo discutimos por el camino. Venga.

-¿Comisario?

Mira, acabo de hablar de ti con Dirección General.

Supongo que vienes a comunicarme tu decisión.

Así es.

¿Y bien?

Pues...

(Puerta)

Disculpad.

El juez acaba de autorizar el registro del Valentina.

Pongo en marcha el operativo.

Estupendo. ¿Vas a enviar a Batista? No, no puedo,

tiene que ausentarse por un motivo de la boda.

Es verdad, se me olvida

que dos de mis mejores policías se van a casar.

Sé que Róber se va a enfadar por no participar en el registro,

pero creo que es lo mejor.

Tú decides, Miralles.

¿Y tú qué, Karim? ¿Te has decidido ya?

Quiero que me escuches antes de que digas nada.

No me sorprende en absoluto que te hayan requerido de La Haya,

tu trabajo en esta comisaría desde el primer momento

ha sido impecable.

Gracias, inspectora.

Ocupar el puesto de Laura Escalada no era fácil

y tú lo has superado con nota.

La inspectora Miralles tiene razón

y en muy pocas semanas te has ganado la confianza de todo el mundo.

Y no solo en tu puesto de la UIT,

también le echaste valor

participando en el operativo para desarticular a Planeta libre.

Y bien, Karim, ¿qué has decidido?

En un primer momento había pensado en rechazar la oferta,

pero, finalmente, he dicho que sí.

¿Y podemos saber

cuál ha sido el motivo de tu cambio de opinión?

Una maravillosa persona de esta comisaría

me ha hecho ver que un policía tiene que estar donde sea más útil

y por lo visto ahora en La Haya requieren un perfil como el mío.

Supongo que te ha costado tomar esta decisión, ¿verdad?

Así es.

Desde que he entrado en esta comisaría,

me he sentido querido.

Karim, quiero que sepas

que siempre serás uno de los nuestros.

Gracias, inspectora.

Me gustaría tener un momento con los chicos para despedirme.

Me temo que no vas a tener mucho tiempo

porque esa incorporación que definieron como urgente

de repente se ha convertido en inmediata.

¿Y eso qué implica?

Que tienes que empezar a hacer la maleta ya

porque mañana a primera hora te vas a Bruselas.

Ahí vas a hacer un "training" de una semana.

(RECHISTA)

Efectivamente, sí,

la novela está inspirada en hechos reales.

Claro, no, pero

más que ser fiel a la realidad,

yo diría que he sido fiel a mi ficción, ¿eh?

Sí, no, por supuesto que mi primera preocupación

era que los hechos resultaran verosímiles

y vamos, creo que lo son.

Ah, ¿que cómo han reaccionado las personas aludidas?

Bueno,

te diría que ha habido de todo,

pero, en general, la respuesta ha sido bastante positiva.

-Oye, Martín, que no tengo cruasanes, te he dejado dos madalenicas.

-Estoy haciendo una entrevista en directo.

-Perdóname, no tenía ni idea.

-Sí, ¿qué? No, discúlpame tú a mí.

No, es que, precisamente, el ruido que tienes de ambiente

es uno de los lugares emblemáticos de la novela.

Sí, el bar La Higuera,

que, en realidad, es el bar La Parra.

Por cierto, muy recomendable, ¿eh?

Impresionante tortilla de patatas.

Bueno,

permíteme un recordatorio para tus oyentes.

Eh, sí.

El viernes a las cinco en el Centro cultural Sotomayor

estaré firmando ejemplares.

Ah, gracias a ti.

Hasta luego.

Perdóname, esa aparición tuya mencionando lo de los cruasanes

ha quedado de lo más auténtico.

-Discúlpame, últimamente no hago más que meter la pata.

-¿Qué dices, mujer?

-Lo que yo te diga. Oye, que me alegro

de que estés teniendo tanto éxito con tu novela

aunque yo, si te digo la verdad, no creo que me la lea.

-¿Y eso qué es, una represalia por ocupar tanto tiempo

una mesa de tu bar sin consumir apenas?

-No, hombre, que me ha dicho Salima

que te has inspirado en los policías de aquí

y yo qué sé, hay personajes

para los que no estoy preparada a enfrentarme.

-Ya, me imagino que estás pensando en Miguel Osorio.

Escúchame una cosa, María,

cuando me senté a escribir la novela tomé una decisión:

utilizaría a los policías que me permitieran describir

la atmósfera del barrio,

pero bajo ningún concepto mencionaría a alguien

que reabriera viejas heridas,

así que no vas a encontrar a Miguel Osorio,

no vas a encontrar a Elena Ruiz

ni a Jorge Hernández

ni,

ni a Laura, por supuesto.

-Pues es un buen detalle, Martín.

(Móvil)

-Perdóname.

Me llaman de la editorial. -A triunfar, hijo, a triunfar.

-Sí, dime, Raquel.

¿Qué?

Perdóname, es que... ¿Esto va en serio?

No, chica, no es que desconfíe,

es que suena tan bonito que me cuesta creerlo.

Sí, sí, bueno.

Sí, bueno, voy para allá, venga. ¿Qué estás, en tu despacho?

Vale.

No, bueno, pues nada, son 20 minutos.

Ahora hablamos.

Venga, hasta luego.

(SUSPIRA)

Esto está especialmente dedicado para ti.

-Muchas gracias, Martín.

Muchas gracias.

Y otra vez se va sin desayunar.

(SUSPIRA)

(LEE) "Ernesto Guerrera es un policía de raza y con un gran carisma

y, aunque para algunos solo es un viejo cascarrabias,

la realidad es que se mantiene en una gran forma física

y resulta muy atractivo para los ojos de muchas mujeres".

Lo que faltaba esta mañana.

Venga.

¿Se puede saber qué te pasa? ¿A mí? Nada.

No has abierto la boca

en toda la reunión con el organizador

y ha sido una situación incómoda, la verdad.

Alicia, sabes que los preparativos de la boda me dan igual.

Es más, lo que hayas elegido tú y el organizador me parece bien.

¿Y por eso no hacías más que mirar la hora?

No me he fijado si estaba mirando la hora.

Al menos podrías haberme ayudado a elegir la música

que va a sonar tras el banquete.

Te repito que lo que hayas elegido me parece bien.

Róber, quedan dos días para la boda

y a ti parece que te da exactamente igual.

Cada vez que me metes pista, me amenazas con lo mismo.

No es una amenaza, pero haber matado a Andrés Somoza

te está afectando más de lo que crees

y de lo que estás dispuesto a asumir.

No lo sé, puede ser.

¿Te hubiera gustado asistir al registro del Valentina?

No.

Sé que sí y que no te lo puedes quitar de la cabeza.

(RESOPLA) A ver, Alicia,

he matado al hijo de un capo colombiano, ¿vale?

Esto nos puede afectar a todos y mucho.

Lo sé y te entiendo

y aunque me digas que estás bien, sé que estás sufriendo,

pero tienes que separar las cosas. Has actuado como un buen policía

y Régimen disciplinario se pronunció al respecto.

Lo sé y no estoy preocupado por eso.

De verdad, créeme si te digo que tengo superado lo de Somoza.

Entonces, ¿qué pasa?

¿Te preocupa que Jairo no encuentre otro trabajo?

No, no es eso.

Róber, ¿por qué no quieres que te pregunte?

Se me hace bastante incómodo estar con los preparativos de la boda

y pensar que me estás ocultando algo.

No te estoy ocultando nada, no me lo digas más, por favor.

Está bien, Róber, haz lo que te dé la gana.

¿Qué tal, Espe? ¿Mucho curro?

-Como todos los días, lo que pasa es que hoy

me está costando un poco concentrarme.

-¿Y eso?

-Pues por... Nada, cosas mías.

-Venga, que te invito a un cafelito y me lo cuentas, ¿eh?

-Bueno, venga, pues voy a ponerme la chaqueta.

-¿Qué chaqueta?

Chaqueta, ¿por qué?

-Porque nos vamos a La Parra a tomar un café tú y yo.

-No, no, yo no tengo tiempo.

Yo me refería a tomar aquí un cafelito rápido,

no a La Parra.

-Vamos a La Parra, hombre.

¿Me vas a comparar el café de María con el aguachirri ese?

-Que no, de verdad, que no tengo tiempo.

Si es que mira, me he dejado unas diligencias a medias.

Que no.

-¿A ti qué te pasa hoy? ¿No quieres ir a La Parra?

-¿Por qué dices eso?

-Hombre, esta mañana no has querido desayunar ahí,

que te he visto sacar un cruasán duro de la máquina.

-¿Pero qué dices? ¡Qué tontería!

-A ti no te pasa nada con La Parra, a ti te pasa algo con María, ¿o no?

-¡Que no, que no digas boberías! Que no...

Mira, mejor tómate el café con tu novio este,

que yo tengo faena.

-¿Adónde vas con la caja?

-Tengo que empezar a recoger mis cosas.

-Bueno, tampoco tienes que correr tanto, ¿no?

Parece que estás deseando irte.

-Es que el comisario me ha dicho

que tengo que salir antes de lo que esperaba.

-¿Cuándo te vas?

-Mañana por la mañana tengo el vuelo hacia Bruselas

y estoy una semana, hago un "training"

y luego ya directo a La Haya. -Ah.

Pues sí que les han entrado las prisas

a los de Europol por contar contigo, ¿no?

-Ya sabes que todo lo que hagamos por el terrorismo

nunca es suficiente.

-Pues yo me iba a tomar un café, pero, si quieres,

gasto mi descanso y te ayudo a recoger.

-Claro, así seguro que acabo antes

y, si quieres, luego nos podemos ir a cenar.

(ASIENTE)

-Espe, lo siento,

no pensaba que me tenía que ir así, a la carrera.

-Bueno, que no nos entre el bajón, ¿eh?

Que tenemos mucha noche para despedirnos.

Mañana por la mañana eres de los de la Europol,

pero, hasta entonces, te quiero solo para mí, ¿entendido?

-Alto y claro, agente Beltrán.

Y muchas gracias

por todo lo que has hecho por mí.

Ha sido muy importante.

-Bueno,

tendremos que hacer algún plan memorable esta noche

para despedirnos.

-Yo opto por una cenita rápida

y marcharnos a dormir lo antes posible.

Bueno, quien dice dormir...

-Ya te digo yo a ti que a Bruselas te vas sin pegar ojo.

El poco tiempo que nos queda

lo vamos a aprovechar, pero bien.

Vamos.

-María, sabes que no quedan pinchos en la barra, ¿verdad?

-A ver.

Toma, una tortillica.

-¿Pero adónde vas?

-A la cocina. -¿Otra vez?

Pero si llevas toda la mañana allí metida.

Oye, ¿qué te pasa?

-No me pasa nada, que estoy trabajando.

-Venga, va, que nos conocemos.

Si hasta has pelado las cebollas, con el coraje que te da.

María, ¿no te estarás escondiendo de Alfredo?

-Ya ves tú, como si me fuera a dar miedo ese dandi.

-Bueno, o de Elías.

Es que anoche, cuando me marché, os dejé cenando muy juntitos.

Pasó algo, ¿no?

-Salima, por favor, no digas tonterías.

-No, no son tonterías.

Se masticaba algo en el ambiente y tú hoy estás muy rara.

Oye, os habéis liado, ¿a que sí?

-Que no nos hemos liado.

Nos dimos un beso y ya está.

-¿Has visto? ¡Cómo lo sabía!

Claro, por eso no querías salir de la cocina.

-A ver, porque no me apetece verlo en un tiempo,

a ver si se nos pasa la tontería.

-¿Pero estás segura de que quieres que se os pase?

-Mujer, a ver, el beso no estuvo mal,

pero fue un momento incómodo para los dos,

él se quitó de en medio enseguida.

Vamos, que te digo que entre Elías y yo no va a volver a pasar nada.

-Bueno, lo que tú digas.

¡Hombre, Elías!

Por fin te vemos el pelo.

-Sí, pero es que he andado todo el día con mucho lío, sí.

-Yo me voy dentro de la cocina, estoy liada.

(SE RÍE)

-¿Qué te pongo?

-Pues ponme un agüita mineral, anda.

Eh, ¿qué tal?

-Pues muy bien, vamos, muy bien,

normal, como todos los días, ¿y tú?

-Yo también, normal.

Oye, ¿te importa que hablemos un momento de lo de anoche?

-Claro. Tú dirás.

-Eh...

-Vamos, Jairo, no remolonees que no hemos terminado.

-¿Que no hemos terminado, mamá?

Claro que hemos terminado, nos vamos a casa.

Llevamos el traje, la camisa, los zapatos, el cinturón,

la corbata... ¿Qué más quieres? -Unos gemelos.

¿No has visto los gemelos tan preciosos

que le ha regalado su suegro a Róber? ¿Que son una maravilla?

-No, lo siento, pero no.

Me he gastado un pastón para ir como te gusta,

pero no gasto ni un duro más y menos en gemelos.

-A ver, que sé de una tienda que los tiene bien de precio.

Que sí, venga, vamos.

Además, me vas a permitir que los gemelos te los regale.

-Qué martirio de boda.

¿Cómo se le ocurrió a mi hermano casarse?

-Cállate, que eres un quejicoso.

-Hombre, Jairo.

Qué sorpresa, qué alegría verte, ¿cómo estás?

-Bien, aquí, con mi madre.

Es mi madre y estamos dando una vuelta, comprando.

-No me puedo creer que sea la famosa Felisa.

-Ay, famosa, dice.

Pues sí, soy yo, sí, la misma.

-Su hijo me ha dicho varias veces que era usted muy guapa,

pero tengo que reconocer que se quedó bien corto.

-Ay, muchas gracias, hombre.

-¿Y qué hacéis por aquí, dando una vuelta por el barrio?

-Estamos comprando ropa para la boda de su hermano,

Róber, ¿también lo conoce?

-Sí, claro, por supuesto.

Conozco al oficial Batista y también conozco a la novia,

a la inspectora Ocaña.

-No sabe lo que me ha costado que se quiera comprar un traje.

-Me lo puedo imaginar.

Si por él fuera, iría todo el día con el chándal.

-Sí.

¿Y de qué conoce a mi hijo? ¿Del barrio?

-No, no, mamá, este señor es mi jefe,

bueno, era mi jefe, Fernando Quintero.

-Seguramente usted

habrá escuchado hablar muchas cosas sobre mí,

cosas buenas y cosas malas,

pero bueno, ya sabe usted cómo son la gente de un barrio, ¿no?

-Algo he escuchado, sí.

-No hay que hacerle caso a lo que digan.

A mí hay gente que me tiene mucha envidia

por ser un empresario de éxito

y que no me perdonan haber cometido algún que otro error de juventud,

que ya pagué por ello, ¿eh?

Tampoco me perdonan tener un origen humilde

y que haya prosperado tanto, pero bueno,

las cosas son así, ¿no?

¿Sabe? La primera vez que vi a su hijo,

un chico sin experiencia que apenas confiaba en sí mismo

y que nadie quería darle una oportunidad,

yo se la di y después de tantos años con mi empresa

tengo que reconocer que es el mejor trabajador

que he tenido nunca.

Me da mucha pena que se vaya, pero él sabe

que siempre tendrá las puertas abiertas

para volver a mi casa.

-Bueno, mi hijo también habla maravillas de usted,

pero necesitaba cambiar de aires.

-Sí, claro, si yo lo entiendo. Está en la edad, es joven, todavía.

-Que tenemos que ir o nos vamos a quedar sin gemelos.

-Sí.

-Felisa, un verdadero placer conocerla, de verdad.

Encantado. Hasta luego.

-¿A que no tiene pinta de mafioso?

-Pues la verdad es que no,

parece un hombre bien formal y, por cómo habla de ti,

se nota que te aprecia mucho.

-Todo eso ya te lo había dicho yo, ¿o no?

-Sí, sí.

-Pues sí, esa es la verdad, no he aparecido en toda la mañana

porque me sentía un poco incómodo.

-Hombre, pues incómodo tampoco, ya ves tú.

No pasó nada, un momentillo ahí raro y ya está.

-No disimules, que también has estado agazapada toda la mañana

por si aparecía.

-La verdad es que tengo que reconocerte

que un poquillo nerviosa sí que estaba.

No sé yo cómo encajar esto del, del beso de anoche.

-Pues no sé, yo creo

que podemos enfocarlo con madurez, ¿no?

Tampoco somos dos adolescentes como para que por un beso

tengamos que empezar una relación, ¿no?

-No, claro. ¡Por Dios!

-Si esas fueron las palabras de tu amigo este, de Alfredo,

que me calentó la cabeza y lo que no es la cabeza,

bueno, y por eso pasó lo que pasó.

-Anda, que vaya personaje.

¿Quién le habrá metido en la cabeza

que nosotros tenemos una atracción salvaje?

-Ya ves, si fue besarnos y separarnos así.

-Bueno, tampoco fue enseguida.

-Ya, bueno, pero fue un momento de enajenación.

Los dos sabemos que ese beso no significaba nada.

-Pues claro que no, por Dios, ¿qué va a significar?

-Menos mal que estamos los dos en el mismo punto,

que, si no, vaya faena, ¿no?

-Pues sí, vaya faena porque...

-Sí, hombre, sería un fastidio estropear una amistad de años

por una tontería.

-Claro que sí,

lo de anoche fue la tontería del siglo, vamos.

-Bueno, mujer, tampoco es eso, tampoco te pases, que no...

Oye, ¿tú estás bien?

-Yo sí, ¿por qué? ¿Y tú?

-No, no sé, me pareció notar un poco de retintín, así.

-¿Retintín yo? No, en absoluto.

-Pues menos mal porque, por un momento,

he tenido la sensación de que ese beso

pues podía significar algo más para ti.

-Pues no.

Pues nada. -Pues nada.

Pues que descanses, que pases un buen día.

Yo ya me voy.

-Pues igualmente, amigo.

Que descanses.

-Venga.

-Bueno, ¿qué? ¿Cómo ha ido?

-Pues fenomenal.

Ya está, Elías y yo hemos hablado

y ha quedado claro que entre nosotros no hay nada.

-Ya,

pero no te veo muy convencida, María.

-A ver, pues convencida o no convencida,

tampoco tiene nada que ver lo que yo piense.

Y una cosa te voy a decir, a mí ni me nombres más a Elías

ni a Alfredo ni al rollo del Flirting porque no tengo ganas

de saber de hombres al menos en un año, ¿estamos?

-Estamos. -Pues eso.

Qué hartazgo ya de

Flirting y...

-¿Y ahora qué vamos a hacer, Espe?

-Pues, lo primero,

llamar al servicio de habitaciones

porque no sé tú, pero yo tengo un hambre...

-No me refería a eso,

me refería a ti, a mí,

a nuestra relación.

-Yo ya lo tengo asumido.

Mañana te vas a Bruselas

y dentro de una semana a La Haya.

Al principio nos esforzaremos por hablar todos los días

por videoconferencia, por mensajes,

como sea.

Pero el trabajo te irá absorbiendo

y, poco a poco, nos iremos distanciando.

-Eso no tiene por qué ser así, Espe.

Yo creo que si los dos ponemos de nuestra parte,

esto...

-Es muy difícil, Karim.

No sé, yo no quiero hacerme ilusiones.

-Hombre, si lo ves así desde el primer momento...

-Es que estoy intentando ahorrarnos el mayor sufrimiento posible,

no quiero caer en el autoengaño.

Mira, Karim,

los dos hemos tenido mucha suerte al encontrarnos.

Estas cosas no pasan

y no quiero ver

cómo se va apagando nuestra relación poco a poco, me daría mucha pena.

Así que

yo creo que lo más sensato es poner un punto

y si es un punto y final o un punto y seguido pues

ya lo dirá el tiempo, ¿no?

-Entiendo.

Se me parte el alma pensando que me tengo que alejar de ti.

-Pues no lo pienses,

que es lo que estoy haciendo yo.

Mira, nos quedan muchas horas que pasar juntos

y no se me ocurre nada mejor que pasarlas abrazada a ti.

-¿Tú estás segura, cariño?

Mira que mis discursos duermen a las piedras.

No estoy de acuerdo,

En tu homenaje diste un discurso muy bonito.

La verdad es que no sé cómo plantearlo.

Si me pongo a hablar de ti, no tendría fin

contando un montón de anécdotas de cada etapa de tu vida.

Bueno, pues empieza por hablar de algo más ligero,

de cómo conociste a Róber, por ejemplo,

o de lo que le dijiste cuando le regalaste los gemelos,

de que al principio te pareció un mal candidato,

pero poco a poco fuiste quitándote los prejuicios sobre él.

Ya veo que Róber se ha saltado el pacto de silencio

yerno-suegro.

Bueno, déjame a ver

cómo organizo el discurso, ¿de acuerdo?

Oye, ¿has pensado

algo sobre llevar el vestido de novia de tu madre?

Lo siento, papá, pero la respuesta sigue siendo no,

por mucho que insistas.

Bueno, tenía que intentarlo, ¿eh?

Soy un hombre de tradiciones

y ver a mi hija vestida de blanco y de largo,

pues no sé, me hacía ilusión de verdad.

Lo importante es lo que se celebra.

Prefiero centrarme en eso, papá,

en el paso que vamos a dar Róber y yo,

pero no quiero que te lo tomes a mal.

Tienes razón, hija, no he dicho nada.

Bueno, me voy.

¡Ali!

(Música)

Escucha esta canción, a ver si te gusta.

Ojo, ¿eh? Es la que he elegido para el final de la ceremonia.

Pensaba que esos detalles no te importaban.

Sí. Oye, siento cómo me he puesto antes en el coche.

Ya sabes que me encanta, Róber.

Lo sabía.

Es la canción que te puse la primera vez

que dormimos juntos en mi casa.

Me alegra verte más relajado.

Siento mucho lo de antes, de verdad.

Es más, la organizadora del evento debió pensar

que tenías una especie de novio zombi

porque vaya tela.

Lo siento, ¿vale?

No pasa nada.

Nuestro trabajo es difícil de compaginar

con otras cosas, por pequeñas que sean.

¿Se sabe algo del registro del Valentina?

Márquez me ha dicho que lo han puesto patas arriba,

pero apenas han hecho detenciones.

Si Somoza tenía allí a su gente, debieron de enterarse

y escaquearse antes de que llegáramos.

¿Y han encontrado algo?

Poca cosa.

Pequeñas cantidades de perico

en bolsas de medio gramo para menudeo,

pero el local lo han dejado clausurado de todos modos.

Me alegro. Ojalá los Somoza desistan en su idea de instalarse aquí.

Sí, o vamos a tener problemas y gordos.

Esta gente son más peligrosos que nuestro amigo Quintero.

Pero vamos, que no te hablo más del tema,

¿te parece?

Me parece.

Por cierto, que

esta mañana tenía la cabeza en otro lado.

Es más, el otro lado y muy lejos de aquí.

Estaba imaginándonos a nosotros en la luna de miel,

ahí solitos, tumbados en la playa,

de noche, con las estrellas...

Lo que más me apetece del mundo.

Y a mí también.

No sabes las ganas que tengo de poner tierra de por medio

y estar contigo sin interferencias de ningún tipo,

ni Quintero ni Kabul ni los Somoza,

solo tú y yo.

Vamos a recoger y a abrir el bar. -¡No, no, no toques nada!

-¿Qué pasa?

-No podemos eliminar las pruebas

hasta que venga la Policía científica.

Yo me quedo a cargo de la escena del crimen

y tú avisas a Elías. -¡No me nombres a Elías!

-¿No te ha hablado María?

-¿Y por qué tenía que hablarme María?

-Ah, pensaba que te lo había dicho.

-¿Ha pasado algo?

-Sí, que esta noche nos han entrado en el bar.

-¿Se puede, comisario?

Sí, pasa, Martín.

¿Qué vienes, a recabar información para tu próxima novela?

Porque tendré que andarme con mucho ojo,

no vaya a ser que lo vea en boca del comisario Remón.

No va a tener que preocuparse por eso,

en realidad vengo a decirle que me voy.

¿Cómo que te vas?

¿De vacaciones o te vas del barrio o qué?

Oye, ¿por qué no vas al médico?

-Que no, que estoy bien, de verdad,

solo que había quedado con un amigo

y no consigo localizarle y tengo que verlo urgente.

-¿Y quién es? No sé, ¿le conozco? Igual puedo avisarle yo.

-No, no te preocupes, ya le localizaré.

-¿Has tomado drogas en las últimas horas?

-No, yo, no.

-Lucía,

no estoy aquí para juzgar si lo que has hecho está bien o mal,

pero si has tomado drogas, puedes estar ante una sobredosis

y eso hay que tratarlo inmediatamente.

-Ha sido un error.

Me dijeron que todo iba a ser más fácil.

-¿De qué estás hablando?

-Que no correría ningún peligro.

-He roto con Karim.

-Ay, con lo bien que se os veía.

-La verdad es que estábamos bien, bien,

pero yo necesito otro tipo de relación más cercana.

No sé, a veces fantaseo con la idea de formar una familia

y sé que eso es imposible a distancia.

-He destrozado mi vida.

¿Qué van a pensar mis padres cuando se enteren?

Pasado el primer momento, tu familia te ayudará, ya lo verás.

Me he convertido en lo que ellos odian.

-Tu madre me dijo

que si algún día teníamos una hija ella y yo,

quería ponerle de nombre Alicia,

como "Alicia en el país de las maravillas".

Ella quería que fuese

una niña alegre, divertida, aventurera,

que no le tuviese miedo a nada.

Mañana no estaremos en tu boda ni tu madre ni yo,

pero estoy seguro de que si ella estuviese ahí,

se sentiría la mujer más feliz del mundo

por ver que te has convertido en la hija

que ella siempre quiso tener.

-Elías esta noche solo viene a trabajar,

a ver quién se está colando en el bar.

-Está bien, me ha quedado claro,

como me ha quedado claro lo que te has currado la cena.

-A veces la distancia

entre el trabajo y la diversión es corta.

-No, si estoy por no arreglar la ventana

a ver si vienes otra noche a hacerme compañía.

-Bueno, la Policía está

a disposición del ciudadano

siempre que lo necesite.

-Pues yo soy una ciudadana dispuesta a dejarse ayudar.

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Servir y proteger - Capítulo 198

13 feb 2018

Elías y María tratan de evitarse tras su beso sorpresa. Felisa trata de animar a Jairo. Espe hace de tripas corazón y anima a Karim a coger el puesto en Europol. Bremón descubre que ha sido injusto con la novela de Martín Díez y trata de reconciliarse con el periodista.

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