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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 197 - ver ahora
Transcripción completa

-El señor, que le hemos recuperado

-El señor, que le hemos recuperado

Nuestro negocio no puede quedar en el aire.

-¿No se le ha pasado por la cabeza la posibilidad de aceptarlo?

-Estos ponen el pie en la puerta y una vez dentro se lo llevan todo.

No pararán hasta hundirme y quedarse con todo el negocio,

me van a destrozar.

-Señor Quintero, ¿ya recibió mi recado?

"Lo único que queremos es llegar a un acuerdo".

-Verás, no sé cómo se hacen los negocios en Colombia,

pero aquí para llegar a algún acuerdo con una empresa,

no vamos quemando sus camiones.

Cuando escuché hablar de Somoza la primera vez,

me dijeron que era un tipo inteligente,

indudablemente, me hablaban de tu padre

y no del impresentable de su hijo.

-Este seguramente ni sea su hijo.

-Vamos a ver ahora quién es el payaso.

Tío, este hombre ha muerto en tu apartamento.

Aunque yo me coma el crimen van a ir a por ti.

Vete a Barcelona, recupera a Paty, pero tienes que irte

y olvidarte de Quintero. Hablaré con él.

Yo iba a entrar y, de repente, Andrés Somoza

me sorprendió con su pistola en la mano.

Y suerte que sonó un petardo y lo pude desarmar,

porque se despistó. Si no, no hubiera podido.

¿Y Jairo no está?

No lo sé, yo no he querido llamarlo hasta que vinierais

vierais la escena y levantarais el cadáver.

¿Andrés Somoza sabía que Jairo y tú sois hermanos?

Yo creo que no,

yo creo que me estaba siguiendo y...

aprovechó para atacarme cuando tuvo la oportunidad.

Aquí hay algo que no me cuadra, no sé.

Sabes que lo próximo que voy a hacer es ir al cine

y comprobar si esto es verdad, ¿no? No hay ningún problema.

Si pregunta verá que hay mucha gente que se topó conmigo.

-Este es mono. -Tú haz lo que quieras,

pero en estos temas solo hay tipos solitarios y mentirosos.

-Hemos quedado en el restaurante del Real Emperador.

Nena, ¿qué me pongo?

-¿No tienes nada especial para estas ocasiones?

-Yo no tengo estas ocasiones.

-Pues vete acostumbrando,

ahora que estás en Flirting va a ser un no parar.

-No me gustaría que te sientas incómoda

con lo que te he contado en la cena.

Lo de los "swingers", el intercambio de parejas...

Los clubes de los que te hablé, el poliamor y todo eso.

-Ya ni me acordaba.

Ay, Elías, tenías razón,

estas cosas de ligar por internet son un nido de raritos.

-Supongo que también habrá gente normal, ¿no?

-Bueno, estas últimas semanas he estado yo.

-Entonces, no solo hay gente normal,

sino gente excepcional, como tú.

¿Te importa si nos centramos en el robo?

-¿En el robo? -Sí.

-Es una lástima que me hayan robado el teléfono,

si no, ahora mismo te enseñaba la foto de una de mis dos novias.

Porque tengo dos novias.

Supongo que María ya te lo ha contado,

se quedó un poco impresionada. -Sí, ya me lo ha contado.

-Mercedes y Julia,

a cual más guapas, ¿eh?

Es caso es que Mercedes

está obsesionada con hacer un trío

con un policía.

(Música emocionante)

Pero bueno, ¿y esto?

¿Qué tiene de raro preparar un buen desayuno?

Nada. Si lo llego a saber te pido matrimonio antes.

¿Has podido descansar? La verdad que sí.

¿No has tenido...

pesadillas, ansiedad ni nada?

Después del jaleo de anoche,

he podido dormir bastante bien. He descansado.

¿Mi hermano se ha levantado ya?

Se fue hace un rato. Estaba bastante afectado.

He intentado hablar con él mientras tomaba el café

pero no le he sacado ni diez palabras.

Es normal, no todos los días se tiene un cadáver en el salón.

Y no todos los días se manta a alguien.

¿Por qué dices eso?

No sé, te veo demasiado tranquilo para haber matado a un hombre.

¿Y cómo quieres que esté?

Afortunadamente no pasó nada, solo fue un susto.

Conmigo no tienes que hacerte el fuerte.

¿Recuerdas cuando mataste a Tokarev?

¿A qué viene eso ahora?

A que todos sabíamos que era lo que tenías que hacer.

Aun así tú lo pasaste fatal

y es lo más normal después de matar a una persona.

Por eso no entiendo que...

que estés como si nada.

Alicia, lo que pasó, pasó.

Prefiero vivir el presente y disfrutar de la vida.

Tampoco voy a estar dándole vueltas todo el día, ¿no?

No entiendo por qué te molesta que estoy feliz.

No me molesta, pero me preocupa.

Pues no te preocupes, cariño. Lo que espero es...

que lo de Régimen Disciplinario se quede en un simple informe.

Y seguir con mi vida.

Entonces, ¿no quieres que retrasemos la boda?

Sería lo más normal dadas las circunstancias.

Ni de coña.

En tres días tú y yo vamos a ser marido y mujer,

y eso no lo va a impedir nadie.

Si tú me lo dices te creo,

pero no quiero que te guardes nada. ¿Me lo prometes?

(Puerta)

¿Quién será tan temprano?

Papá. Hola, buenos días.

Rober.

¿Quieres un café? No, gracias.

Nada... Quería...

Quería hablar contigo antes de pasar por el bufete.

Yo me voy a cambiar

y ahora desayuno. Si no, voy a llegar tarde.

Nada, hija, quería...

pedirte disculpas

por lo que te dije ayer.

Olvídalo. No quiero que le demos más vueltas, papá.

Siempre decimos lo mismo.

Aparece Quintero una y otra vez a tocarnos las narices

e intentar desestabilizarnos.

Ya sé todos los sentimientos que nos remueve.

Yo intento hacerlo de la mejor manera que sé, pero...

sé que a veces meto la pata y creo que anoche...

Papá, déjalo.

En todo caso, soy yo quien debe pedirte disculpas.

No debí sacar el tema del dinero del rescate.

Una buena acción no le perdona todo lo que nos ha hecho.

Me alegra oír eso.

Apenas he dormido esta noche pensando en...

en la discusión.

Pues no quiero que te preocupes más.

¿Y tú?

¿Qué pasa?

Nada.

Supongo que serán los nervios de la boda.

Hace que estemos todos...

más alterados.

Pues no te preocupes que va a salir de maravilla.

Me voy, hija.

-Ya estoy aquí.

He comprado un bacalao fresquísimo y muy bien de precio.

-Madre mía, ¿otra vez?

-Hoy lo hago de otra forma, lo hago al pilpil.

O mejor busco una receta en internet.

-Quien dice una receta dice una excusa.

-Una excusa, ¿de qué? -Bueno, María, que te conozco.

Parece que prefieres estar ocupada

antes de contarme detalles sobre cómo fue la cita.

Dime, ¿tan mal fue?

-Mujer, ¿no me viste que volví antes de tiempo?

-No sé a qué vino lo del sofocón.

Pensaba que era una excusa para venirse rapidito a casa.

-O para quitármelo rapidito de encima.

Parece mentira que no me conozcas.

-¿Tan horrible fue la cena?

-No, la cena fue muy bien,

pero Alfredo, ahí donde lo ves tan señor,

tan galán y tan educado,

resulta que en sus relaciones personales

es bastante generoso.

Vamos, que le gusta compartir.

-¿Está casado? -No, hija, no es eso.

-¿Tiene novia?

-Novia no, novias. En plural.

-¿Es polígamo? -No, es "swinger",

de los de intercambio de parejas.

-¿Qué me dices? No tiene ninguna pinta.

-Pues lo que oyes. Y eso no es lo peor.

Resulta que cuando conseguí largarlo del bar

lo atracaron. -¿Qué?

-No fue con violencia, pero lo desplumaron vivo

y fue a la comisaría a poner una denuncia.

Y adivina a quién le tiró los trastos.

-A Espe.

-A Elías Guevara. -¿Perdona?

-Lo que oyes.

No se los tiró directamente, pero le dijo que una novia suya

quería experimentar con un policía.

¿Tú me entiendes? -Eso es para flipar.

-Para flipar.

Yo no sé en qué momento Espe me convenció a mí

con esto del Flirting, anda. Tú bórramelo.

Bórramelo, pero ya.

-Buenas noticias.

Ya lo arreglé para llevar a mi familia a Tembleque.

-¿De verdad?

-Alquilamos un minibús que los lleve para la boda,

y los devuelva al día siguiente. No sale tan caro como parece,

y así nadie tiene que conducir.

-Menos mal. Me agobiada mucho este tema.

No quiero llevarme mal con tu familia.

-Ellos están encantados, ¿no ves que son muy de hacer piña?

El que me da pena es el conductor del minibús.

-Cariño, no hables así de tu familia.

-Es que cuando se juntan todos, tela...

Me hace gracia solamente de imaginarlo.

-Te voy a contar la cita que tuvo ayer María.

Eso sí te va a hacer gracia.

¿A qué hora es la reunión con Régimen Disciplinario?

Esta tarde. Me lo acaba de comunicar Ibarra.

No me preocupa una posible sanción a Batista.

Su hoja de servicios es intachable y todo apunta a que...

fue en defensa propia. Espero que Montse lo vea igual.

Un narcotraficante sospechoso de haber asesinado

a un oficial del Distrito 2 y a su confidente.

Aun así...

Si Ibarra se pone dura, me avisas.

A mi modo de ver, lo que nos debe preocupar es

que un clan tan mafioso como los Somoza

haya elegido el Distrito Sur para entrar a Europa.

Sí, sí, lo sé.

Lo peor es la violencia que viene siempre aparejada

con los grupos narcos, pero...

No podemos prever nada

si no tenemos la información con tiempo.

¿A qué te refieres?

A nuestro querido amigo Fernando Quintero

que hasta ayer no reconoció

que Somoza le había propuesto negocios.

Y eso que lo había presionado yo personalmente.

¿Me estás diciendo que Fernando reconoce que Somoza

le habló de drogas? Sí. Bueno...

Lo que dice Fernando Quintero es que él se negó

en el momento en que el colombiano se lo propuso.

Si nos hubiera avisado en el momento en el que lo contactaron...

Hubiéramos abierto una línea de investigación

y, posiblemente, hubiéramos evitado una venganza.

Exactamente.

Guardar una información así

roza el encubrimiento.

Eso le he dicho yo, pero...

tan escurridizo como siempre. Ah ¿sí?

Me parece que es hora de que le haga una visita personal.

Ha puesto en peligro la vida de mis agentes,

y quiero que escuche

de boca de la máxima autoridad de esta comisaría

que esa conducta no la voy a tolerar.

Es una lástima.

Si te atrevieras una sola vez a abrir tu mente y probar,

te aseguro que no te arrepentirías. -Alfredo...

-¿Puedo ayudar en algo?

-El señor, que le hemos recuperado

el móvil y la cartera, pero ya se iba.

-Entonces, solo tiene que firmar el recibo

y ya puede marcharse.

-Muy bien.

Su compañero es muy bueno.

Es una lástima

que no se atreva a experimentar cosas nuevas.

-No.

-Bueno, un placer.

Gracias, Elías. -Encantado.

-Nos vemos. Adiós.

-¿Ha pasado lo que acabo de ver?

-Aquí no ha pasado nada, ni tú has visto nada,

ni has oído nada de nada.

¿Vale? -Elías, no me dejes así.

Ese tipo era la cita de María

¿y te estaba tirando los trastos a ti?

-No se trata de eso.

Me estaba invitando a una fiesta de "swinging"

con una novia suya, y no sé qué...

Tienes razón, yo también me he quedado así...

Bastante bochorno he pasado ya,

no quiero pitorreos en comisaría, ¿eh?

-Vale, vale. A mí me da pena por María

que me debe odiar por haberla metido en esto.

Siéntate, por favor,

tengo noticias que darte

y es posible que te sorprendan.

No soy mucho de sorpresas, pero bueno...

Soy todo oídos. Forman parte de la vida,

para lo bueno y para lo malo.

Comisario, me está asustando.

Puedes abrirlo.

¿Y esto viene de...? De La Haya.

Y, sí, es lo que parece.

Yo me he enterado esta misma mañana.

Pasa, te estaba esperando, maldita sea.

¿Se puede saber dónde te has metido? Me tenías preocupado.

-No tenía humor para hablar por teléfono,

pensé que ya lo sabría. -Ya sé que ha muerto Andrés Somoza,

y también sé que has estado en la comisaría. Siéntate.

¡Jairo, siéntate!

Cuéntame qué les has dicho.

-No les he dicho nada que deba preocuparle.

-La inspectora Miralles estuvo aquí

preguntándome por las visitas de Andrés Somoza.

No me digas que no me preocupe, porque me preocupo bastante.

-Dígale lo que le dé la gana,

Andrés no puede llevarle la contraria.

-¿Cómo?

-Mi hermano ha cargado con el muerto, no sé si usted lo sabe.

Y fue en defensa propia, eso dicen las pruebas.

-Entonces deberías estar contento, no sé por qué tienes esa cara.

Gracias a la Policía nos hemos quitado un gran problema.

-¿Gracias a la Policía o a mi hermano Rober?

-Está bien, está bien. Gracias a tu hermano Rober

que nos ha quitado ese marrón de encima.

Y, ni siquiera, nos hemos tenido que manchar las manos de sangre.

¿Qué pasa, Jairo?

¿Por qué tengo la sensación de que me estás ocultando algo?

-Porque yo sí me he manchado las manos de sangre. No se alegre.

No se alegre porque yo me siento como una mierda.

-Cuéntame qué ha pasado.

-Que yo maté a Andrés Somoza, mi hermano solo me está encubriendo.

-¿Qué pasó exactamente?

-Que apareció en mi casa a punta de pistola para matarme.

Quería vengarse por haberle vacilado en el Valentina

y demostrar a su padre que es un buen capo, no un cobarde.

Antes de intentar apretar el gatillo

me contó una historia de cuando era un crío en Colombia.

Quería que todos supieran que los tiene bien puestos,

y también quería mandarle un mensaje a usted.

Pensaba que si me mataba usted aceptaría el trato.

-Sabe lo valioso que eres para mí.

¿Cómo conseguiste quitártelo de encima?

-Lo desarmé de un golpe,

forcejeamos, cogí un cuchillo de cocina...

-¿Por qué no me llamaste? -Porque no pude.

Mi hermano apareció demasiado pronto, el cadáver todavía estaba caliente.

Le conté lo que había pasado y se ofreció a encubrirlo.

-Tu hermano es policía,

si se ha ofrecido a hacer algo así, supongo que...

te habrá pedido algo a cambio.

-No me ha pedido nada.

-Mírame a los ojos, Jairo.

Que me mires te he dicho.

¿Les has dado alguna información sobre mí o sobre nosotros?

-Mi hermano lo hace porque es mi hermano.

Y porque me quiere proteger.

Rober no es como usted y yo,

él no hace las cosas por sacar tajada.

-Está bien, está bien, discúlpame.

Entiende que, por lo menos, te debía preguntar.

-Mi hermano se ha pasado toda la vida protegiéndome.

Preocupándose, intentando que tuviera una oportunidad

de prosperar y mire cómo se lo pago, convirtiéndome en un asesino.

-No te puedes dejar llevar por el miedo,

tú no tienes que sentirte culpable,

tú solo te estabas defendiendo.

Lo que tu hermano está dispuesto a hacer por ti

le honra, y tiene todo el sentido,

porque siendo policía no le va a pasar nada.

-Eso espero, porque si lo acusaran de algo...

-No pienses eso ahora, maldita sea.

Estoy seguro de que tu hermano sabe lo que hace.

Lo que tú tienes que hacer es mirar hacia el futuro.

-Eso mismo dice él.

-Pues entonces...

Tú y yo hacemos un gran equipo, Jairo.

Ahora que los colombianos están fuera de juego

reforzaremos la seguridad y seremos más fuertes, ya lo verás.

-No, no lo veré porque ya se ha acabado.

-¿Qué es lo que se ha acabado?

-Hoy es mi último día trabajando para usted.

-¡Salima!

-Hola, Espe. ¿Te pongo tu café?

-¿Qué estás leyendo que te tiene tan enganchada?

-Una novela. -Ah.

¿Qué es, una novela romántica con un punto picante?

A mí esas me chiflan.

Sobre todo en las que hay jardineros buenorros.

-Madre mía, eres tan Encarni...

-¿Tan Encarni?

-Anda, lee.

Ya ha salido a la venta, no hace falta que lo esconda.

-"Kabul. Policías en el corazón del barrio", por Martín Díez.

¿Martín ha escrito una novela de nosotros?

-Ha cambiado los nombres y ha exagerado ciertas cosas,

pero sois todos muy reconocibles.

Es como estar mirando por un agujerito.

-¿Que me ha convertido en un personaje de novela?

¡Es la ilusión de mi vida!

-Pero ha cambiado algunas cosas nada más.

-¿No dices que soy tan Encarni?

A ver... (SUSPIRA)

Aquí, aquí estoy.

"Encarni Beltrán

entro mostrando su sempiterna sonrisa,

desprendiendo esa pequeña luz

que solo ella conseguía irradiar

en la frías reuniones de los lunes..."

Qué bien me conoce. Lo ha clavado.

A ver... Aquí.

"Pero en realidad,

era la luz tenue y apagada de un satélite..."

"Un satélite

minúsculo,

que orbitaba siempre alrededor de una estrella cegadora

la belleza indómita de la oficial Lori Remos..."

¿Qué pasa?

¿Mi personaje es un satélite minúsculo o qué?

"Cándida solterona,

ternura ingenua,

maternal y bonachona".

-¿Qué, engancha o no engancha?

-Estarás orgulloso, ¿no?

-Sí, la verdad es que bastante.

Es mi primera novela.

¿Qué te parece?

-Bazofia.

¿Qué es eso de maternal y bonachona?

-Mujer, yo no lo veo como una crítica. En fin...

De hecho, creo que tu personaje está tratado con especial cariño.

-¿Con especial cariño?

Pues ¿cómo habrás descrito a los que te caen mal?

Escucha.

"El patio de cotilleos de la comisaría

tenía como epicentro la mesa de Encarni Beltrán,

ama y señora de atención al ciudadano,

la oficial devoraba chismorreos de sus compañeros

con más avidez que las chocolatinas escondidas en su cajón..."

-Lo estás tomando al pie de la letra.

-¿Cómo sabes que tengo chocolatinas en mi cajón?

-Un escritor es una especie de observador de la vida en general.

Pero debes entender que tiene que destilar lo esencial.

-O sea, esencialmente soy una cotilla.

-No, mujer, no.

Se trata de extremar las características personales

de los personajes para que sean reconocibles al lector.

Y en una novela coral como esta, eso es muy importante.

-O sea, que...

¿un satélite minúsculo como yo

se debe conformar con ser una mera caricatura

en tu novela coral?

-Vamos a ver una cosa,

¿por qué no lo juzgas por ti misma?

Porque da la casualidad que te he traído un ejemplar.

Está especialmente dedicado para ti.

Y estoy convencido de que si lo lees hasta el final,

te va a gustar.

-Te puedes meter tu novelucha por donde te quepa.

-¿Seguro que no quieres leer la parte en que Encarni

detiene a un traficante de armas

formando parte de un arriesgado operativo policial?

Es una parte muy sexy.

Muy sexy.

No lo digo yo, son comentarios de los lectores.

-Te doy cien páginas, Martín Díez.

Cien.

-Vamos a ver,

¿cómo que hoy es tu último día trabajando aquí?

-Lo siento mucho, pero no puedo seguir en el negocio.

-Entonces, tengo razón.

¿Tu hermano Rober está dispuesto a cargar con el muerto

a cambio de algo?

Te ha pedido que me delates.

-Don Fernando, yo no soy ninguna rata.

Y mi hermano sabe perfectamente lo que usted significa para mí,

nunca me pediría algo así.

-Entonces, ¿qué demonios te ha pedido?

-Me ha pedido que lo deje antes de que sea demasiado tarde.

Antes de que me trinquen o que me maten.

Así es como termina la gente en este negocio,

entre rejas o en un charco de sangre.

-Si dejas este trabajo

estarás reconociendo esas acusaciones, ¿no te parece?

-Yo le juro por mi madre

que no le voy a incriminar en mi vida,

ni delante de un juez, ni de la Policía

ni de quien se ponga por delante.

Lo único que quiero es largarme y empezar de cero.

-Tú no puedes empezar de cero, Jairo.

Te recuerdo que acabo de soltar cien mil euros

para pagar la deuda que tenías con eso búlgaros,

¿y así me pagas? -Se lo voy a devolver.

Tranquilo que se lo voy a devolver poco a poco.

Me voy a buscar un trabajo legal,

y le iré pagando el tiempo que haga falta,

si usted me lo permite.

Y le pagaría el doble por no mancharme de sangre otra vez.

-¿Estás seguro?

-Sí.

¿Se puede? Comisario, qué sorpresa.

Pase, pase.

Jairo, ve preparando esos albaranes, y luego seguimos hablando.

Siéntese, por favor.

No sabe cómo me alegra que ya se ha reincorporado.

Por un momento pensé que la inspectora Miralles

se había salido con sus planes para ocupar su puesto.

Se equivoca.

Precisamente, si conservo mi puesto es gracias a ella.

Se dejó la piel investigando para demostrar mi inocencia.

En cualquier caso, me alegro que esté usted de vuelta.

Porque, en confianza,

creo que a la inspectora Miralles le falta

un poco de mano izquierda,

no tiene la sutileza necesaria para ocupar un cargo de su categoría.

¿Seguro?

Porque sospecho que tanto la inspectora

como el resto de mis agentes se pasaron de sutiles con usted.

Creo que debería haber estado usted aquí anoche

y escuchar el tono tan amenazante

con el que se presentó la inspectora Miralles.

Me lo puedo imaginar,

dado que su empeño en ocultar información

obstaculizó una investigación policial.

Supongo que se refiere a Andrés Somoza.

Por supuesto, ¿a quién si no?

A no ser que otro narcotraficante haya venido

para hacer negocios con usted.

En ese caso, le pediría

que lo compartiera sin demora.

Verá, comisario,

sencillamente, yo no creí que fuese relevante

la conversación que mantuve con ese hombre.

¿No le pareció relevante

que un narcotraficante le propusiera hacer negocios?

Cada vez que uno de sus hombres pone un pie en mi empresa

es para cuestionar nuestra honradez o nuestra honorabilidad.

Lo siento si me equivoqué, pero preferí callarme

porque no quería que me relacionasen con esa gentuza.

Buena excusa. Usted sabe muy bien

que yo solo soy una víctima en todo este asunto,

quemaron uno de mis camiones para amenazarme.

Estoy al tanto,

pero me pregunto por ese empeño de Somoza

en hacer negocios con un empresario honrado como usted.

No sé, pregunte a sus hombres,

ellos solos están soltando todas esas mentiras sobre mí.

Es muy probable que los colombianos le dieran credibilidad.

Siempre tiene respuesta para todo, ¿verdad?

Pero sospecho que se acerca el día en que

no podrá buscar más excusas.

Con todo mi respeto,

no estoy dispuesto a seguir aguantando estas insinuaciones...

Por supuesto que seguirá aguantando estas insinuaciones,

¿y sabe por qué?

Porque su silencio estuvo a punto de costarle la vida

a uno de mis agentes.

Desde el momento en que Somoza puso un pie en este despacho,

usted está relacionado con este caso, le guste o no.

Está bien, comisario, lo que usted diga.

Pero quiero que sepa

que me duele mucho todo este ensañamiento

que tienen conmigo.

Porque yo soy un ciudadano ejemplar y honrado

que alguien de sus hombres

quiere ver incriminado en algún delito.

Usted debería entenderme después de lo que ha pasado.

Por eso mismo.

Para que la verdad salga a la luz hay que investigar.

Si de verdad es usted inocente

tendrá que responder pacientemente a todas nuestras preguntas.

Mientras tanto,

le aconsejo que no se guarde más información.

Demuestre que es verdad eso de lo que tanto presume.

Colabore con nosotros, esa gente es muy peligrosa.

Le conviene estar de nuestro lado.

Estás muy tranquilo, Rober.

¿Vas a empezar tú también como Alicia?

No he visto a Alicia, no sé a qué te refieres.

Perdona, Miralles, según dice Alicia,

no me ve nervioso comparado con lo de Tokarev.

Parece ser que esto no me ha afectado.

Bueno, entonces,

entonces, estarás en shock por haber quitado una vida.

¿Tú también crees que debería sentirme culpable

por haberme defendido de Somoza?

Yo lo que creo es que no tenías más remedio

que hacer lo que hiciste.

Pero también comprendo

la razón oculta por la que pareces más despreocupado.

¿Qué quieres decir, Miralles?

Que por duro que parezca,

después de la primera muerte las demás ya no son igual.

Tristemente, el ser humano se acostumbra a todo.

Buenos días. Buenos días, Montse.

Adelante, podemos comenzar.

Oficial Batista,

el uso de la violencia es una medida excepcional

que solo debe usarse ante una agresión ilegítima

que entrañe peligrosidad.

En este caso, es la segunda vez que abrimos un expediente a tu nombre

por una causa como esta.

Tampoco tienes a tu favor la ausencia de testigos.

Somoza se los habría cargado.

Examinadas todas las diligencias,

se ha decidido no tomar ninguna medida disciplinaria.

Gracias.

Venga...

Intenta disfrutar de la ciudad, guapa.

Un besito. Chao.

¿Qué lees, Espe? ¿No será la novela de Martín?

¿Ya te has enterado?

La estoy devorando en los descansos

de verdad, está muy bien escrita.

Lo que me preocupa es lo que cuenta en ella.

Pues a ti te deja en muy buen lugar.

Eres la buena de la película.

¿Yo? Sí, sí, mira.

"Lidia Olalla,

la poli joven, inteligente, intuitiva..."

Bla, bla, bla. "Bla, bla, bla", significa pija.

Un poco. Demasiado seria para mi gusto.

Pero te redime que estás locamente enamorada de...

Ricky. ¿Ricky?

Sí, Ricky. Es un tipo rudo

que te enseña lo que es la calle y lo que no es la calle, guapa.

Qué vergüenza, Espe, parece que estamos todos metidos.

Definitivamente, no voy a leerla. Acabarás haciéndolo.

Caerás, al final caerás.

Curiosidad sí que tengo, pero...

Y quién más aparece. Estamos casi todos.

Mira: "Un perro viejo llamado Ernesto Guerrera".

"Una lesbiana aguerrida amante del boxeo

llamada Fernanda". Bueno...

Y la trama que más polémica va a despertar.

¿Cuál?

"Una irrefrenable tensión sexual entre el comisario Remón

y una guapa oficial Lori Remos..."

Aunque no cuenta nada explícitamente,

se dice que la oficial es una antigua gogó de gran talento

y todos dudan de las razones

por las que fue ascendida por el comisario.

Al final me vas a destripar la novela.

No, que me he quedado ahí.

Estoy en el capítulo en que aparece un tipo con una mala leche

que es el suegro del comisario y que lo pone derecho como una vela.

Beltrán, ¿se puede saber qué estás cotilleando?

¿Eh? ¿Qué?

No es cotilleo, comisario. Es ficción pura y dura.

A ver, trae.

¿Se puede saber quién ha autorizado esto?

Lo siento, Espe, he intentado advertirte.

Madre mía, más lo siento yo.

Lo siento por Martín que se la va a cargar.

Si es que soy tan Encarni...

(Puerta)

-¿Qué tal, Jairo? ¿Cómo estás?

¿Puedo pasar? -Faltaría más. Adelante.

Aunque si viene usted...

a intentar que cambie de idea, don Fernando...

No.

La decisión está tomada.

Estaba preparando la cena, ¿quiere que le prepare algo?

-No, gracias.

Si tienes una cerveza fría, sí te la acepto.

-Claro.

-Verás, Jairo, si...

si he venido es porque...

quería pedirte disculpas.

No tendría que haberte echado en cara

el dinero que tuve que darle a los búlgaros

para pagar tu deuda.

No estuvo bien por mi parte.

-No se preocupe, don Fernando, es normal.

Es su dinero y es mucho dinero.

Le juro, que se lo voy a devolver cuando pueda.

-No, hombre, no.

Tú no me tienes que devolver nada.

Yo pagaría el triple con que siguieses a mi lado.

-Vaya, hombre.

Se lo agradezco, pero no, don Fernando.

Yo lo dejo.

-Lo sé, hijo, lo sé.

Por eso estoy aquí,

porque quiero que sepas que...

que apoyo tu decisión.

Más que nada, porque entiendo cómo te puedes sentir ahora mismo,

yo también he pasado por lo mismo.

También sé lo que es

tener esa necesidad de huir

y de borrarlo todo de tu cabeza.

-No me diga que usted mató al Fiti para defenderme.

-No, no te voy a hablar de Fiti.

Yo quiero hablarte de mí,

quiero hablarte del primer hombre que yo maté en mi vida.

Fue hace muchos años,

yo podría tener la edad que tú tienes ahora.

Te aseguro que es algo

que no se puede olvidar jamás.

-No sabía que usted había hecho algo así.

-Tampoco es una cosa

de la que se puede ir hablando por ahí.

Verás,

le pegué un tajo en el cuello a un tío.

Fue por un ajuste de cuentas en los tiempos del hachís.

Se trataba de...

del matón de una banda rival.

Apareció de la nada, y sin mediar palabra intentó matarme.

Así que...

la cosa estaba entre él o yo.

¿Sabes?

Nunca supe cómo se llamaba,

ni si tenía familia.

Nunca supe qué le gustaba hacer en la vida

ni por qué terminó así.

Pero estaba claro,

se trataba de él o yo,

solo uno de los dos podía vivir.

Y yo tuve suerte.

Y, desde entonces, te puedo asegurar que esa imagen

me lleva acompañando toda la vida,

todos los días, aunque sea solo

por un pequeño momento,

aparece en mi cabeza.

Porque lo dejé ahí tumbado,

en el suelo, solo,

boca arriba, con un gran tajo en el cuello.

Mirándome fijamente, en mitad de un gran charco de sangre.

-Vaya a dónde vaya, nunca voy a poder olvidar

a Andrés Somoza.

Ahí.

En su charco de sangre.

¿Verdad que no? -Me temo que no, hijo.

Me temo que no.

Pero eso es precisamente lo que nos diferencia a nosotros de ellos.

Eso es lo que nos diferencia de los matones a sueldo,

de los asesinos.

Nosotros sí lamentamos esas muertes, porque no nos gusta la violencia.

Solo nos defendemos.

Si alguien viene a atacarnos,

si alguien trata de matarnos, qué podemos hacer sino defendernos

y pelear por nuestra vida.

-Sí, pero yo ya he visto demasiada violencia.

El Algecireño, Fiti, Somoza...

He visto demasiados cuerpos y...

todavía no tengo ni 25 años.

Por eso pienso que...

que quizá para mí aún quede una posibilidad

de cambiar de vida si paro

y cambio el rumbo. -Lo sé, lo sé.

Y por eso, sencillamente por eso estoy aquí,

para que sepas

que yo te apoyo en esto y te apoyaré siempre

en todo lo que hagas. No quiero que te martirices, hijo.

Porque tú no tienes culpa de nada, lo único que has hecho

ha sido sobrevivir.

¿Sabes por qué?

Porque tú y yo solo somos dos supervivientes

en este jodido mundo que nos ha tocado vivir.

-Hola.

-Ah, es usted...

No esperaba verlo nunca más por aquí.

A ver, quiero decir que...

Puede venir y... -Tranquila, mujer.

Conmigo puedes compartir lo que quieras.

Pero tutéame.

-Vale, vale.

Pero ya te digo que yo lo de compartir, como que no.

-María me ha hablado muy bien de ti, ¿sabes?

Yo creo que anoche la asusté un poquito.

Pero para mí sigue siendo una mujer con un gran potencial.

-Vale, pero ¿por qué me cuentas todo esto?

¿Qué estás buscando? -Mi pañuelo de seda.

No sé si lo dejé aquí o lo perdí en el atraco.

Sería una lástima.

-Pues yo no lo he visto.

Voy a mirar en la cocina, por si acaso.

-Gracias.

-Hijo, en casa del herrero cuchillo de palo,

¿cuánto mangui hay en esa comisaría?

-Tampoco es para ponerse así. Algún policía hambriento

que vio ese táper diciendo: "¡Cómeme!"

-No los excuses porque pone bien claro tu nombre: "Elías".

-La culpa es tuya por hacer ese bacalao

que está para chuparse los dedos. Ponme doble ración y arreglado.

-¿Y cómo sabes que está para chuparse los dedos

si es la primera vez que lo preparo así?

-¿No te fías de mí?

A lo mejor se ha quedado un restillo para lanzarme a probar la salsa.

-¡Qué sinvergüenza eres!

-¿Qué tal, parejita?

-Hombre, ¿tú por aquí? -Hola.

-Os veo muy animados, ¿no?

¿Hay un buen plan esta noche?

-No, hijo. Yo con una cita al mes voy más que sobrada.

-Yo voy a cenar y luego a dormir.

Ese es mi apasionante plan, ya ves.

-No tenéis por qué haceros los modositos conmigo.

Sé que me estáis engañando. -¿Nosotros?

-Amigo, me está empezando a cansar esto un poquito.

-Oficial, yo no estoy haciendo nada malo.

Solamente me estoy preocupando por una velada nocturna.

-Pues ya te lo hemos explicado.

Ahora dinos por qué estás de vuelta en La Parra.

-Estoy buscando un objeto muy valioso para mí que perdí ayer.

-Nada, ni rastro del pañuelo.

Voy a seguir recogiendo.

-¿Has perdido un pañuelo?

-Eso me temo.

No sé si fue aquí, en el atraco,

si fue en El gran emperador... Pero bueno...

El caso es que sería una lástima.

Es un pañuelo de seda que suelo usar en las citas especiales

y lo pensaba usar esta noche.

Si queréis acompañarme, por mí no hay ningún problema.

-De verdad, amigo, si sigues por ahí...

te hago otra visita a la comisaría.

Te la enseño bien.

-Nosotros respetamos tus costumbres, respeta tú también las nuestras.

-Tienes razón.

Pero que conste que no solamente las respeto,

sino que las envidio.

-Vamos a ver, ¿qué es lo que envidias exactamente?

-Vuestro vínculo.

Se ve a la legua que tenéis unos lazos muy íntimos.

-Nosotros no.

-Te estás equivocando,

Elías y yo solo somos buenos amigos.

-Vosotros podéis decir lo que queráis,

pero a mi sexto sentido,

no le podéis engañar. -Que no, que no,

nosotros solo somos amigos, ¿verdad, María?

-Sí, por supuesto. -Pero si no hay más que veros.

No hay más que veros. Vuestra confianza física,

el brillo de vuestros ojos cuando os miráis,

la naturalidad con la que os tocáis...

Está clarísimo que entre vosotros

fluye una energía poderosísima.

-Mira, si quieres te invito a dormir en comisaría que se está de lujo.

De verdad. -Bueno, yo me voy.

Pero si se me permite un pequeño consejo,

yo no desaprovecharía esta química que hay entre vosotros.

Eso hay que disfrutarlo,

esto es atracción salvaje,

esto es puro fuego.

De verdad, qué envidia.

¡Dios!

-¡Qué plomazo el tío!

-Ya no sabe qué inventar: que si puro fuego,

que si pasión... Pero qué chorradas. Qué tío pesado.

-Qué barbaridad.

-¿De verdad crees que te vas a conformar con un trabajo normal?

-Si me permite tener una vida normal, ya le digo yo que sí.

Se acuerda de Paty, ¿verdad? -Sí, claro que me acuerdo de ella.

Esa chica te gustaba de verdad.

-Y la perdí por ser un delincuente.

-No, no, yo no creo que la perdieses.

Simplemente, la dejaste marchar porque era lo mejor para ella

pero si os queréis de verdad,

todavía estás a tiempo de recuperarla.

¿No te parece?

-¿Qué hay, Rober?

¿Qué hace este aquí?

¿Ahora se dedica a visitar a sus trabajadores?

Tranquilo, relájate un poco. Ya no trabajo para él.

Me he despedido.

-Y por si quieres saberlo, Rober,

puedo decir que acabo de perder

al mejor trabajador que he tenido nunca en mi empresa.

Ya me lo imagino.

¿Ha venido a convencerlo para que vuelva?

No, no te equivoques.

He venido porque me preocupo por él, igual que tú.

Los dos haríamos cualquier cosa con tal de protegerlo.

Bueno...

Será mejor que me vaya.

Verás, Rober,

antes de irme me gustaría decirte que...

Bueno, está claro que no podré asistir a la boda,

así que...

me gustaría darte la enhorabuena

de corazón.

Porque quiero que sepas

que de corazón y de verdad, te deseo lo mejor.

Y que seáis muy felices.

Disfrutad de la boda, es para vivirlo en familia.

Muy bien. Gracias.

Adiós, Jairo.

-Adiós, don Fernando.

Al final me has hecho caso.

Has dejado Transportes Quintero.

Sí.

Y no ha sido nada fácil. Ya lo imagino, hermano.

Es lo mejor que has hecho en tu vida, ya verás.

Vamos a dejar ese tema y vamos a lo importante.

¿Qué ha pasado contigo? ¿Te van a empapelar?

Para nada. Ha quedado claro que lo hice en legítima defensa.

Eso fue lo que hablamos, ¿no?

Y te voy a decir una cosa.

Cuando acabe la boda ya sabes lo que tienes que hacer...

Te olvidas de Quintero, de los Somoza

y te olvidas del barrio.

Te mereces cambiar de vida, tío.

Ya verás, vas a dejar atrás hasta los fantasmas, hermano.

Créeme.

El señor está muy ocupado,

lleva todo el día sin dignarse a saludar a su novia...

-Pues que llevo un día...

-La puerta no está cerrada con llave, puedes salir cuando quieras.

-He salido un par de veces

y te he visto muy ocupada estudiando.

-¿Lo dices por la novela?

Estaba enganchadísima.

El comisario me la ha confiscado.

¿No te has enterado?

Definitivamente, tienes que salir de este despacho.

-Eso sí.

-Martín Díez ha escrito una novela con la comisaría como protagonista.

Cambia un poco los personajes, y las tramas,

pero todos tenemos nuestro trasunto.

-¿Tú también? -¿Yo?

Claro que sí. Yo soy el alma de la comisaría.

Encarni, me llama.

Al principio no me gustaba cómo estaba tratado mi personaje,

pero conforme avanza la novela, va cogiendo cuerpo...

fuerza... Me gusta, me gusta.

Pero no sé cómo termina por culpa del comisario.

Pero...

los lectores alucinarían.

Cuando se enteraran de que...

Encarni, que parecía tonta,

al final se liga al buenorro guapetón de la comisaría.

-Espe...

siéntate...

que quiero contarte algo y no quiero alargarlo más.

-¿Qué pasa? Que me estás asustando.

-No sé si voy a seguir en esta comisaría.

-¿Cómo? Si acabas de llegar.

-Ya.

Culpa del ISIS.

Te lo voy a explicar.

Sabes que estos terroristas se están expandiendo rápidamente,

sobre todo a través de las redes sociales

y de los vídeo que cuelgan.

En internet es la batalla más importante

que se está librando contra ellos, y ahí entro yo.

Parece ser que en Europol necesitan un perfil como el mío.

-Pero tiene sede en Madrid, ¿no?

-Sí, pero mi puesto estaría en La Haya.

-¿En La Haya dices?

Pero...

-Todavía no hay nada decidido.

Me ha llamado Bremón esta mañana y me lo ha dicho.

A mí también me ha pillado por sorpresa

No sé...

-Ya. Y...

No sé...

¿Cómo te has enterado?

¿Cómo me lo dices así?

-Espe, lo siento. A mí también...

me ha pillado por sorpresa, y...

no he decidido nada.

Menos ahora que me estoy acostumbrando a Distrito Sur y...

y a ti.

-Lo sé, tendrás...

tiempo para pensártelo.

¿Cuándo tienes que dar la respuesta?

-24 horas, eso es lo que tengo para responder.

Por lo visto en Europol necesitan cubrir urgentemente mi perfil.

-Cuánto me alegro de verlo de vuelta, comisario.

De nuevo en sus dominios.

Ya será menos.

¿Qué dice?

Yo siempre creí en su inocencia, si no, pregunte por ahí.

Me alegro de que, por fin, se ha podido demostrar

y su honor haya quedado restablecido.

Ducho muchísimo que te molestes por mi honor.

¿Por qué dice eso?

Porque si no, no habrías escrito esta sarta de mentiras

sobre mí. Mejor dicho,

sobre el comisario Remón.

Tampoco te has molestado mucho en ocultar mi nombre.

Vaya...

ya veo que se ha comprado uno personalmente.

Se lo podía haber ahorrado,

pensaba regalarle un ejemplar dedicado.

Para que te enteres,

en esta comisaría trabajamos día a día con personas.

Mujeres maltratadas, ancianos,

estafados, jóvenes perdidos...

Pequeños delitos cotidianos que destrozan la vida de la gente.

Lo sé perfectamente, y por eso,

permítame que le diga, que si leyera usted...

No, no, ya he leído suficiente.

Entiendo que no sea lo bastante dramático

como para rellenar las 300 páginas de ese melodrama...

frívolo y patético. Pero esto es la vida real.

Bien.

Lo asumo como mi primera crítica.

Y es demoledor. ¿Y qué narices esperabas, Martín?

Te has aprovechado

de que te abrí las puertas de mi comisaría para sacar tajada

de la vida personal de la gente.

¿Quién te ha dado permiso para esto?

¿Tal vez un derecho denominado libertad de expresión?

¿Un librito que se llama "Constitución Española"?

A lo mejor no es su tipo de literatura favorita.

Ahórrate las ironías, Martín.

Si vieras tu vida personal utilizada de esa manera,

a ver qué dirías.

Oiga, permítame que le diga que lo he consultado legalmente.

Las historias están lo suficientemente distorsionadas

como para que no me puedan acusar de intromisión en el honor.

Entonces, eras plenamente consciente de lo que hacías.

Oiga,

yo he intentado aunar entretenimiento y documentación.

Pero siempre con el objeto de humanizar a la Policía.

De elogiar el trabajo que hacen aquí sus compañeros,

a menudo en situaciones muy difíciles.

Y si lo hubiera leído hasta el final,

estaría de acuerdo conmigo.

Pero cuando a uno lo juzgan únicamente por los titulares...

Tienes una fama que te precede, Marín.

Eso es un golpe bajo.

Permítame que le diga que yo...

he trabajado bastante para ensalzar su labor aquí comisario.

Sin mencionar el último artículo que he escrito

destinado a limpiar su buen nombre.

Eso no cambia nada mi opinión sobre el libro.

Bien, puede usted pensar lo que le dé la gana.

Tiene derecho a ello.

Pero si se toma la molestia de mirar para quién está dedicado,

aquí, en la primera página,

se dará cuenta de que si yo hubiera escrito una basura

no se la habría dedicado a la persona que más he querido en el mundo.

"Para Laura Escalada,

la gran ausente".

Buenas noches, pareja.

-Como sigas llenando ese cacharro lo vas a reventar.

-¿Eh?

-Nada, que es la tercera vez

que rellenas el mismo servilletero.

Tú misma.

Nos ha dejado un poco aturdidos

la conversación con don Alfredo.

-La verdad que sí, un poco...

un poco de corte, tanta...

energía y tanto lazo...

y tanta química poderosa.

Anda, ven aquí.

-Me vas a llamar carca,

pero yo no entiendo ese tipo de relaciones.

Es difícil entenderse con una persona, imagínate con muchas.

-Ni aunque fuera fácil, Elías.

La intimidad es una cosa que...

forma parte del secreto de la pareja, de, de...

De esa pareja en sí misma, y si eso desaparece...

-Se banaliza y se pierde la magia.

En eso estoy totalmente de acuerdo.

-Al final Alfredo va a tener razón

con que tenemos una conexión especial.

-De eso no te quepa duda,

no hace falta un sexto sentido para darse cuenta.

-Ah, ¿no? ¿Y cómo es eso?

-No sé.

Nos conocemos hace años, nos vemos a diario...

Nos hemos hecho amigos poco a poco, sin forzarlo.

Te he visto en tus mejores momento, pletórica.

-Y en los peores, hundida en la miseria.

-Pues anda que yo...

Pero por muy borde que estuviera,

al día siguiente me recibías con una sonrisa

y un café bien cargado.

Es normal que la gente vea esa confianza entre nosotros.

-¿Y habrá acertado en algo más?

-Pues no sé, pero a mí...

me ha picado la curiosidad.

Yo creo que Martín se ha metido en un berenjenal con esa novela.

Aunque haya cambiado los nombres...

¿Por qué dices eso?

Porque ayer Bremón tenía un cabreo de padre y señor mío

con un romance entre...

el comisario Remón y una exgogó oficial

que se llama Lori no sé qué.

Dice que ese romance hubiera ido a más

si no llega a ser por un ex DAO. Martín no se ha cortado un pelo.

Para enganchar, ya te lo he dicho. Que se ande con ojo,

a ver si alguien le va a poner una denuncia

por intromisión ilegítima al honor.

Es verdad que la novela es un poco comercial,

y justo por eso está llegando a tanta gente.

Y ayuda a difundir la labor que hace la Policía a diario.

-¿Quería verme, comisario?

Pasa, Martín. Usted dirá.

¿Quiere echarme otro rapapolvo o...?

¿O tiene una orden judicial

para secuestrar la tirada de mi novela?

-¿A ti qué te pasa hoy? ¿No quieres ir a La Parra o qué?

-¿Por qué dices eso?

-Esta mañana no has querido ir a desayunar ahí,

que te he visto yo sacar un cruasán duro de la máquina.

-¿Qué dices? Qué tontería.

-A ti no te pasa nada con La Parra, te pasa con María, ¿o no?

-"Ernesto Guerrera es un policía de raza

y con un gran carisma".

"Y aunque para algunos solo es un viejo cascarrabias,

la realidad es que se mantiene en una gran forma física

y resulta muy atractivo para los ojos de muchas mujeres".

Lo que faltaba esta mañana.

-Mi relación con Karim es tan especial...

Es que... él es un hombre maravilloso.

Y, además,

nos compenetramos muy bien en todos los aspectos,

ya tú sabes... Entonces, ¿dónde está el problema?

Le han ofrecido un puesto en Europa.

En La Haya. ¿Y va a aceptar la oferta?

Lo está pensando.

Yo le quiero.

¿Y las cámaras? Karim está en ello.

Lleva un buen rato visionando las cámaras del área de servicio.

Si conseguimos demostrar que fue un sabotaje,

seguro que el juez nos concede una orden de registro

de Valentina, y tenemos que entrar ahí con todo.

Es lo que tengo en la cabeza,

desmantelar su centro de operaciones.

Si ese clan mafioso quiere buscar un sustituto de Andrés Somoza

la cosa se va a complicar bastante.

Se acercaron, lo rociaron con gasolina

y le prendieron fuego.

Andrés Somoza quería dejarle un mensaje muy claro a Quintero.

Bien hecho, compañero.

Necesitábamos esto para pedir la orden de registro del Valentina.

¿Qué te pasa? No pareces muy contento.

Tengo que tomar una decisión

y el corazón va por un lado y la cabeza por otro.

-Si estás convencida de que mi jefe es un delincuente,

¿por qué no iba a estarlo yo también?

-Porque te he parido.

Y sé que eres incapaz de matar una mosca.

Has actuado como un buen policía

y Régimen Disciplinario ya se pronunció al respecto.

No estoy preocupado por eso, créeme,

ya tengo superado lo de Andrés Somoza.

¿Te preocupa que Jairo no encuentre otro trabajo?

No, no es eso.

¿Por qué no quieres que te pregunte?

Se me hace incómodo estar con los preparativos de la boda

con la sensación de que me ocultas algo.

Oye, ¿te importa que hablemos...

un momento de lo de anoche?

-Claro. Tú dirás.

  • Capítulo 197

Servir y proteger - Capítulo 197

12 feb 2018

Jairo se presenta ante Quintero para explicarle lo ocurrido con Andrés Somoza. Rober tendrá que hacer frente a la evaluación de Régimen Disciplinario sobre el incidente. Alfredo visita de nuevo a María y Elías debe mediar para que la deje en paz. Karim recibe una oferta de la Europol.

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  1. María

    La actriz ¿No sabe que no se dice "preveer"? menos mal que la transcripción está correctamente escrita... ¿Estos son los intelectuales del cine español? jajajaja

    17 feb 2018