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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 195 - ver ahora
Transcripción completa

Pues nada, hijo, no me digas nada.

Flirting, ¿de qué me suena a mí esto?

-Te suena porque es la aplicación de moda

para conocer gente.

-Oye, mira, este es mono.

-Aquí hay gato encerrado, ¿eh?

-¿Cómo que gato? ¿Qué gato ni qué gato?

-Huy, huy, huy, que a ti te está gustando María

y te estás poniendo celoso.

Y es guapo, ¿eh?, el tal Alfredo este.

No es George Clooney, pero se le parece.

-Se le parece un montón. (ASIENTE)

-Pues me ha invitado a cenar mañana al restaurante de El gran emperador.

-A mí no me conoce. -Ni tú a mí tampoco.

Verás, yo no acepto ni chantajes ni amenazas de nadie.

-¿Me quieres decir para qué me has llamado?

-"Vernos y conversar de negocios".

Mi familia no acepta un no por respuesta.

Lo considera una falta de respeto.

Ustedes lo han querido. Ah, una cosa más,

a las tres va a estar muy peligroso el día.

Señor Quintero, ¿sí recibió mi recado?

-Sí que lo he recibido, sí.

Y te voy a decir una cosa, acepto el envite.

Si queréis guerra, la vais a tener.

-"Lo único que queremos es llegar a un acuerdo".

-Verás, no sé cómo se hacen los negocios en Colombia,

en tu país,

pero aquí, si queremos llegar a algún acuerdo,

no vamos quemando sus camiones.

Ha ocurrido algo. "¿Qué ha pasado?".

Es algo muy grave.

Eres la mejor policía que conozco.

Solo tú me puedes ayudar.

A Katia Vasilescu le extirparon un riñón

hace dos semanas.

Esa cirugía solo está justificada en caso de lesión grave o cáncer.

Sí, se operó hace un par de semanas de apendicitis.

¿En qué hospital te dijo que se operaba?

No era un hospital, era una clínica privada.

Clínica La Rosaleda,

es un centro privado bastante exclusivo.

No tienen muchas camas, pero están preparados para realizar

un amplio catálogo de operaciones avanzadas.

Un día tuvimos que cambiar una operación

a última hora de la tarde.

Pensé que se habrían ido los de la limpieza,

pero ella seguía allí y lo descubrió.

Creía que me iba a chantajear, pero todo lo contrario.

Me pidió que le extirpara un riñón para venderlo.

Se sentía engañada, decía

que Iván no había cumplido con lo prometido.

Amenazó con ir a la Policía.

-Me acaba de llamar Fajardo y me ha dado muy malas noticias

sobre Bremón. Malas noticias, ¿de qué tipo?

Ha sufrido un ictus.

-¿Son ustedes familia o amigos de Emilio Bremón?

Somos compañeras suyas. ¿Cómo está?

Fuera de peligro.

Eres muy buena persona, Lola.

No sé cómo me puedes hablar así después de todo.

Todos somos humanos, es normal que nos equivoquemos.

Cuídate, Emilio.

Adiós, Lola.

Alicia, por favor, explícale al señor Ballester

cómo vamos a realizar el operativo.

Le hemos preparado un mail para que se lo mande.

Se trata de hacerle creer

que está arrepentido de su última conversación,

que está dispuesto a llevar a cabo la operación que le propuso.

"¿Por qué has cambiado de idea?". -Necesito el dinero.

-"Está bien, nos corre prisa".

¡Quietos!

Dame el arma. No te muevas o te dejo seco.

Aparta. ¡Dámela!

Quedas detenido por, entre otras cosas,

tráfico de órganos.

¿En algún momento pensaste que yo podría ser un asesino?

Nunca, Emilio.

Tú no eres capaz de matar a nadie.

Tú solo eres un hombre que no ha sabido gestionar su vida

durante un tiempo y ya está.

(Música emocionante)

(Timbre)

Hola, mamá. -Hola, hijo.

-¿Qué haces aquí tan temprano?

-Pues tengo cita con la modista, voy a ver

los últimos arreglos del vestido para la boda de tu hermano.

¿A ti qué te ha pasado en la cara? -Nada, mamá, nada.

-¿Te has pegado con alguien? -No ha sido nada.

Ha sido un palé de un camión que se me cayó encima.

-¿Por qué no me has llamado?

-Porque sé que te pones así y no quiero.

-¿Cómo me voy a poner?

¿Cómo quieres que me ponga?

Me tienes en un sinvivir con ese trabajo tuyo.

-Ya estamos con mi trabajo.

Y Róber, ¿qué? Eso sí que es peligroso

porque a mí se me puede caer un palé encima,

pero él, que es policía...

-Eso, eso, tú méteme ahí, el susto en el cuerpo.

-Lo siento. ¿Te quieres tomar un cafelito?

Que está recién hecho.

-Yo quiero que busques otro trabajo, que dejes Transportes Quintero.

-De verdad, no vuelvas con Transportes Quintero,

que es una pesadilla.

Si te lo he dicho mil veces, don Fernando es un hombre normal.

-Ya. -No es un monstruo ni delincuente.

-Eso no es lo que me han contado por ahí.

-No hagas caso de las habladurías de la gente del polígono.

Te digo una cosa,

esas amigas tuyas que tanto hablan, si se mordieran la lengua un poquito,

se morirían de todo el veneno que tienen ahí.

-Hijo,

tienes esto más pelado que la cola de un ratón.

-Porque como mucho fuera. -Ya.

Ya veo que paras poco en casa porque tienes esto manda por hombro,

qué desastre.

-¡Eh! ¡Mamá!

Te lo he dicho mil veces, que no me recojas la casa,

que está bien como está. Suelta eso. -Hala, desordenado, ahí se queda.

-Pues sí. (SUSPIRA)

-¿Y qué?

¿Ya sabes lo que te vas a poner para la boda de tu hermano?

-Un traje de pingüino seguro que no.

-A ver, Jairo,

eres el hermano del novio.

Va a ir gente superelegante,

no puedes ir con esas camisetas tuyas.

-¿Qué les pasa a mis camisetas? Bien guapas que están.

-Si no quieres que te acompañe yo, búscate una amiga

que te aconseje y te compras un buen traje y corbata.

-¿Corbata? Pero vamos, ni de Blas.

Y para el traje no necesito a nadie que me acompañe, me basto solito.

-Ese es otro de tus problemas. -¿Pero qué he dicho ahora?

-Pues que te crees que puedes solo con todo

y las cosas no son así.

-A ver, ¿qué me estás diciendo? Que no te sigo.

-¿Cuánto tiempo vas a seguir solo?

¿No te puedes echar una buena novia, una compañera?

¿Vivir aquí acompañado?

Mira lo feliz que es tu hermano.

-Ya me extrañaba que no saliera el temita otra vez.

Aquí vamos de don Fernando a la novia,

de la novia a don Fernando.

¿No tenías modista?

-Pues sí, venga.

-Venga, a ver si te van a cerrar. -No me van a cerrar, no te preocupes.

Ya seguiremos hablando otro día, ¿eh? -Vale.

Venga, mama, adiós. -Hala, adiós.

-Adiós.

Joe, macho.

-No me digas.

¿Una habitación con vistas a los reales alcázares?

¡Ay, qué bonito!

Lo que daría por estar ahora mismo contigo ahí, en Sevilla.

¿Y son majos tus compañeros?

¿Sí?

Eso, tú deja el listón bien alto.

Venga, guapa, diviértete.

Hasta luego, preciosa. Chao.

-Lola, que ya ha llegado a Sevilla.

-Sí, sí, y está encantada con la habitación que le ha tocado.

-Bueno, la habitación, con el ambientazo que hay en Sevilla

se lo va a pasar de escándalo.

-Bueno, y tú, ¿qué? ¿Sigue adelante tu cita con Alfredo?

¿O el cerdito vietnamita ha vuelto a recaer?

-Huy, qué chispa tienes hoy.

Pues no, no ha vuelto a recaer, sigue adelante.

Hemos quedado en el restaurante de El gran emperador.

Nena, ¿qué me pongo?

-Ay, no sé, ¿no tienes nada especial para estas ocasiones?

-Yo no tengo estas ocasiones.

-Pues vete acostumbrando porque ahora que estás en Flirting,

va a ser un no parar.

-Ya me conformaría con que la cosa cuajara con Alfredo.

-Pero mujer,

que es una primera cita, simplemente es un tanteo.

-No, pero tenemos mucha conexión, nena.

Me dice unas cosas por el chat...

-¿Sí? ¿Y qué te dice? Si puede saberse, claro.

-Pues a ver, es muy atrevido,

pero bueno, pues me dice que soy muy sexi,

que soy muy picante. -¿Picante?

Huy, ese va a tope, ¿eh?

-No, no, pero luego es muy cariñoso.

Yo lo definiría como un hombre atrevido,

pero cariñoso.

No sé, las cosas que me dice

me llegan.

-No, no, si llegar, llegar, ese quiere llegar donde yo te diga.

-Que no, luego está el detalle de lo de El gran emperador,

que es un galán.

-Ay, mejor que hubieseis quedado en La parra,

así yo le podría haber echado un vistazo

y te podía aconsejar.

-Mujer, pero que ya tengo una edad para ir a una cita sola.

-Bueno, solo te digo

que vayas con pies de plomo con los galanes,

te lo dice una que ha tenido una experiencia con un galán de cine.

-Pero si fuiste tú la que me animaste a lanzarme a la piscina.

-Ya, bueno, no te lo tomes a mal. ¿Qué te vas a poner?

-No sé qué ponerme, la verdad.

Ya encontraré algo por el armario.

-¿Y el pelo?

-Huy, el pelo, pues no sé.

¿Me lo dejo suelto? A lo mejor me hago un recogido.

¿Voy a la peluquería?

-Que no, mujer, al natural, que tú eres muy guapa.

Venga, me voy a la comisaría.

-Vale, cariño. ¿Te guardo una mesa para la comida?

-Sí.

-Pues a lo mejor me hago un recogido.

¿Ya te vas o qué? Pues sí, si me dejáis,

porque vamos, primero mamá, luego tú. ¿Ha estado aquí mamá?

Sí, iba a la modista y se ha pasado para darme la brasa

porque quiere que me vista de punta en blanco para tu boda

con traje, chaqueta, zapatos... Todo. A mí me da igual, menos en chándal.

Yo iré como me dé la gana. ¿Qué se te ha perdido por aquí?

Bueno, esta es un poco mi casa, ¿no?

Sí, un poco, ¿y qué? ¿Qué quieres?

Vaya humos tienes. Humos, no, tengo mucha prisa, Róber.

Vamos a ver, Jairo,

¿tú qué sabes de un camión de Transportes Quintero

lleno de maderas que apareció quemado

en una estación de servicio de la A-3?

Pues sé lo mismo que tú,

que apareció quemado en un área de servicio de la A-3

mientras el conductor estaba cenando. ¿Y qué más?

Que el conductor está bien, y la mercancía la hemos perdido

y parece que se debe a un fallo técnico.

Jairo, no me tomes por tonto

porque ese incendio tenía pinta de sabotaje.

¿Sabotaje?

Tú estás que flipas, tío.

Tú es que no sabes que, muchas veces,

la zapata de las ruedas se sobrecalienta

por el exceso de frenado y saltan chispas.

Hay así de incendios que empiezan de esa manera.

Claro, claro.

¿Y qué clase de negocios tiene Andrés Somoza con Quintero?

No lo sé, ¿los tiene?

Jairo, te repito que no me tomes por tonto.

Hemos visto al colombiano saliendo de Transportes Quintero.

¿Te quedas en casa o vienes conmigo?

No, si bien te ha enseñado tu jefe a escurrir el bulto.

Vete. Que me dejes en paz, tío.

-¿Qué? ¿Otra exclusiva?

-¿Qué?

-Que te veo muy concentrado escribiendo,

si tienes un artículo nuevo.

-Eh... No, exactamente.

-Por Dios, qué interesante te pones.

¿Qué es? ¿Una bomba informativa?

-Digamos que es "top secret".

Vas a tener que esperar a que la bomba estalle.

-Bueno, con tal de no hacernos pupita.

¿Y cuándo podemos leerlo?

-Mira, precisamente me acaban de comunicar

que mañana sale.

-Si es mañana, me podías adelantar algo, ¿no?

-Es un trabajo basado en hechos reales,

pero abordado desde la ficción.

Te va a gustar, ya verás.

-Ya, ¿pero de qué va?

¿Es relacionado con tema policial, con tema del barrio...?

-Digamos que es bastante coral.

O sea que tiene muchos personajes,

cada uno de los personajes tiene su historia

y luego las historias se cruzan entre sí.

-Martín, ¿una novela?

-Bingo.

-¡Ay, Martín, que no sabía que escribías novelas!

Pensaba que eras periodista.

-A veces la literatura y el periodismo se dan la mano, ¿no?

Si lo piensas, la realidad, ¿eh? Vamos, qué te voy a contar a ti,

la realidad puede ser un material de ficción de primera.

-Sí, sí, sí. Bueno, ¿y de qué va? Cuéntame algo.

-María, de verdad, no insistas.

Tengo un compromiso con mi editor. Sí, tengo editor, ¿eh?

Y le he prometido

que no voy a revelar nada hasta mañana.

-De verdad, lo que te gusta darte importancia.

Pues nada, hijo, no me digas nada.

Hola, Claudia. ¿Qué tal, María?

Eh, ¿nos dejas solos un momento? Sí, si yo ya me iba.

A ver si le sacas algo porque está de un misterioso...

(SE RÍE)

¿A qué se refería con lo de misterioso?

No hagas ni caso, María me está vacilando siempre.

Ya. Bueno, cuéntame.

¿Hay alguna novedad de Bremón?

Pues, eh...

En realidad sí venía a hablar contigo de él, pero bueno...

Siéntate, siéntate.

Eh... Lo que quería era pedirte un favor.

Pero a ver, Esperanza me ha dicho que evoluciona positivamente,

¿eso es así?

Sí, además no le van a quedar secuelas

y es muy probable que, dentro de poco, esté con nosotros.

Cuánto me alegro.

Ahora lo importante es probar su inocencia.

Yo he estado preguntando a Alicia, pero no suelta prenda.

Te adelanto que hemos detenido al asesino de la chica rumana,

de Katia Vasilescu.

¿Puedo publicarlo? No, todavía no.

Ya sé que siempre te digo lo mismo, discúlpame, Martín,

pero es que no hemos cerrado la investigación.

El asesino pertenece a una mafia.

Mafia, ¿de qué?

Tráfico de órganos.

Te lo cuento "off the record".

Estamos en contacto con la Europol

para intentar desarticular la mafia internacional

que parece ser que opera

en varios países de la Unión Europea, ¿eh?

Bueno, bueno, yo me espero,

me espero hasta tener permiso.

De todas formas, estoy muy liado con otro trabajo.

Ya, pero es que, aunque estés muy liado,

de verdad, me gustaría pedirte una cosa.

Necesito que escribas un buen artículo

para restituir la imagen del comisario.

¿Eh?

Vale, no te preocupes.

En cuanto pueda publicar lo de la mafia,

hablaré también de Bremón

y te aseguro que su nombre va a quedar inmaculado.

Ya, pero es que no es solo el caso de Katia Vasilescu,

es que estamos hablando de un hombre

que acumula un vastísimo currículum de aciertos.

Y también algún fracaso.

Bueno, todos tenemos fracasos, Martín,

pero hay que reconocerle a Emilio Bremón

que ha hecho mucho por cambiar la imagen de este barrio.

Gracias a él, al Distrito Sur ya no se le conoce como Kabul, ¿eh?

Y yo lo que quiero es que utilices tus buenas artes

como periodista para restituir su figura.

¿Eh?

¿Sabes qué?

Como inspectora jefe eres excelente,

pero como amiga...

Bueno, eso da igual.

A ver, ¿lo vas a hacer?

Claro que lo voy a hacer.

Te lo agradezco muchísimo.

Y, a cambio, te prometo que te doy la exclusiva

del caso del tráfico de órganos, ¿eh?

No hace falta que me ofrezcas nada a cambio.

Emilio Bremón también es mi amigo.

-Tranquilo, Rodríguez, que tú no tienes la culpa, hombre.

No, no te vayas a preocupar por eso, que ya lo pagará el seguro.

Y, si hace falta, me haré cargo yo, lo pondré de mi bolsillo.

Lo que tienes que hacer ahora mismo es recuperarte

y cuidarte todo lo que puedas

para volver cuanto antes a la carretera.

Tienes que seguir manteniendo una familia.

Eso es, amigo.

Tú cuídate y, si necesitas algo, no dudes en llamarme, ¿eh?

Venga, hasta luego. Chao.

-¿Qué tal, don Fernando?

-Pues bien, mira, aquí estaba,

acabo de terminar de hablar con Rodríguez,

está bastante fastidiado con el incendio del camión.

No sabía que se había quemado la mano intentando apagar el fuego él mismo.

-Pobrecito. ¿No se imagina que fue un sabotaje?

-Mejor así, tampoco tiene por qué saberlo,

ni él ni nadie, es algo que tiene que quedar entre tú y yo.

-No, no.

Justo ayer hablé con los encargados, como me pidió.

Me dijeron que van a intentar mantener

la calma en el personal y van a estar vigilantes.

-Muy bien, bien hecho, hijo.

Ahora, será mejor que bajes al muelle y sigas supervisando el trabajo.

Tengo que revisar unos documentos. -Tengo que comentarle una cosilla.

-Sí, hombre, claro. Dime.

-Pues esta mañana mi hermano ha estado intentando sonsacarme

sobre el incendio.

-¿Y tú qué le has dicho?

-Me he mantenido firme en que fue un accidente,

que ya está la aseguradora ocupándose y no tiene que meterse,

que se ocupe de algo más interesante.

Ha insistido en saber la relación que tienen usted y Somoza.

-Se está poniendo bastante pesadito tu hermano, la verdad.

-Sí, pero yo lo que he pensado es,

es otra cosa.

¿Usted cree que la Policía podría llegar a descubrir

que el incendio fue un sabotaje? -No, no.

No creo, los colombianos, además,

son muy cuidadosos en este tipo de asuntos.

-Bueno, pero quizá allí les ha salido bien,

pero aquí la Policía es otra cosa.

-Bueno, pues que nos registren.

Nos han incendiado el camión a nosotros, hombre,

somos las víctimas,

no tenemos ningún vínculo ni ninguna relación con ellos.

-Precisamente por eso,

a lo mejor esta vez habría que hacer algo

para quitárnoslos de encima sin mancharnos las manos.

¿Entiende lo que le quiero decir?

Porque tener a esta gente detrás todo el día no mola, es peligroso.

-Pues no te entiendo muy bien, no sé a qué te refieres.

Si tienes alguna idea brillante para quitarlos de en medio,

soy todo oídos.

-No sé si es brillante y no sé cómo,

pero, ahora mismo,

la única manera que veo de quitarnos a Somoza de encima es

que lo pillen. -No...

-O que lo pillen por el sabotaje al camión

o que lo pillen por la muerte de Salva y el confite,

me da igual, pero que lo pillen, ¿entiende?

-No es mala idea, Jairo, no es mala idea,

pero me parece que es bastante arriesgado.

-Y eso, ¿por qué?

-Pues porque

los Somoza podrían delatarnos y dar el chivatazo,

así la Policía lo único que tendría que hacer

sería ir tirando del hilo hasta dar con nosotros.

Creo que lo mejor es que mantengamos a la Policía

lo más alejada posible de toda esta guerra.

-Tienes razón, pero entonces hay que estar preparados

porque Andresito va a volver a atacar pronto.

-Tú no te preocupes por él.

¿Llevas encima la pistola que te di?

-¿La pistola? Hombre, como una segunda piel.

-¿Y cómo estás con ese golpe en la cara?

¿Mejor, ya?

-Esto va raro, pero sí.

Sí, hombre, sí. Mejor.

-Muy bien.

-Cuidado, que todavía... -Todavía te duele un poco.

-Duele un poco.

-Esta tarde vamos a pasar al ataque.

Vamos a ir a ver al hijo de Somoza,

y vamos a comprobar

si se ata los machos tan fuerte como dice.

-Escúchame, Maru, que estás hablando conmigo,

que soy clienta de toda la vida.

Ya, mujer, pero solo necesito que me laves y me peines.

No, no, oye, que te comprendo perfectamente,

Ahora, la próxima vez que quieras que te llevemos los cafés,

acuérdate de esta.

-Hola, María.

-¡Hola, corazón!

¿Pero qué haces ya aquí? ¿Qué vienes, ahora de Tembleque?

¿Y qué tal?

¿Qué? ¿Cómo están tus padres?

-Bueno, pues después de tres años sin vernos, imagínate.

No sé, ha sido todo muy emocionante.

Y mi madre, que me abrazaba y no quería soltarme.

-Normal, pobrecita. ¿Y tu padre? ¿Le costó un poco más?

-Un poco sí, pero, al final, hemos llorado de alegría.

Eugenio se lo ha ganado, lo ha hecho genial.

-Es que esa criatura es un sol.

-Cada día estoy más contenta de querer casarme con él.

-¿Y tus padres? ¿Contentos con la boda o qué?

-Están superilusionados.

Además, han hecho tantas migas con Eugenio

que no paran de llamarle hijo, hijo para arriba, hijo para abajo...

Bueno, ¿y tú qué tal por aquí?

Al entrar he oído que estabas alterada al teléfono.

-No, la Maru, la peluquera,

que le pido un favor y se pone que no tiene tiempo y tal,

pero cuando necesita que le llevemos los cafés,

bien que nos llama.

¡Qué morro que tiene la tía!

-¿Y qué favor querías pedirle?

-Nada, que me cortara las puntas.

-Bueno, pues lo haces mañana. -No, tiene que ser hoy.

-Hoy, ¿por qué?

-Porque me ha salido un plan.

-¿Cómo que tienes un plan? ¿Con quién?

-Con un chico que he conocido por internet.

-A ver, un chico, no, un señor,

un señor guapo, guapo, nena, ole.

-Bueno, dame más detalles.

-Pues eso, mira, es guapísimo,

es un señor supereducado, está forrado,

vamos, que lo de forrado me da igual,

pero me refiero a que es un tío responsable,

tiene su trabajo, tiene todo.

Hemos congeniado y me ha invitado a cenar.

¿Quieres ver una foto? -Hombre, claro.

-Espera.

(SE RÍE) -A ver,

el chico es guapo, pero no entiendo qué hace el cerdo en la foto.

-Es su cerdito vietnamita, mujer, lo tiene de mascota en casa.

-Qué tío más raro, María.

-Raro no, hija, original.

-Ya, ¿y desde cuándo te van tan originales?

-Pues hija, que te vas haciendo mayor

y te das cuenta que en la vida hay que vivir las cosas cuando te vienen.

-Sí.

-¿Y a ti qué te pasa con esa carica?

-Nada.

Es por Eugenio.

-¿Qué le pasa a Eugenio?

-Entra.

-Si has venido será por algo, ¿no?

-Bueno, digamos que hay una persona

que me ha dicho que me estoy quedando en los huesos

y pensé que aquí, quizás... -Podrías ganar tono muscular.

-Tono muscular y agallas para lanzarme a por ella

porque esa chica me gusta,

pero lo veo como un imposible.

-Va, no hay nada imposible.

-Ojalá tuviera tu optimismo. Bueno, Max,

que ya te he hecho perder bastante tiempo.

-Espera, espera.

Si no te puedo ayudar con el tema de los músculos,

a lo mejor puedo ayudarte con lo de las agallas.

-No te entiendo.

-Mira, verás.

Por el mismo precio del gimnasio están las clases de ligoteo.

Y para que veas que soy generoso,

te voy a dar dos o tres consejos.

Si te sale el rollete,

vienes y te apuntas al gimnasio como mínimo tres meses, ¿eh?

-Bueno, supongo que no pierdo nada.

A ver, ¿cómo hago para pedirle esa cita?

¿Le mando un mensaje? Es que soy un tímido patológico.

-No, no, un mensaje es algo muy frío.

Tiene que ser un poco lo de siempre,

unos bombones y unas flores rojas.

-¿Pero eso no es un poco antiguo?

-Sí, pero siempre ha funcionado.

Y cámbiate la ropa, no sé,

ponte algo rojo, el rojo despierta la pasión, el lívido.

-Bueno, yo con que me acepte la cita me conformo,

sí, no... (SE RÍE) -Sí.

Eso es, lo que tienes que hacer es hacerla reír,

que se ría mucho.

Si la haces reír,

tienes más de la mitad del camino ganado.

-Bueno, la verdad es que se ríe bastante conmigo.

Aunque no sé si conmigo o de mí.

-¡Eugenio! -Hombre, Jairo.

¿Qué? ¿Cómo va?

-¿Qué pasa, jefe?

Aquí, en la elíptica, machacándome, y tú, ¿qué? Hace mucho que no te veo.

-Estuve en Grecia, en un campo de refugiados.

-Me lo dijo Salima. Cómo te ha echado de menos.

-Y yo a ella. Menos mal que, cuando estemos casados,

no vamos a separarnos. Las distancias son horribles.

-¿Os casáis? -Pues sí.

Se lo pedí y me ha dicho que sí.

-Joder, qué bien, tío, me alegro. Enhorabuena.

-Oye, ¿sabes algo de Max?

-Sí, tío, Max se fue a Barcelona

a entrenar a una boxeadora profesional.

-Ah, ¿y Paty? Tampoco la he visto por aquí.

-No, Paty se fue a vivir con él.

Imagino que le irá muy bien allí, no sé.

-Ya. Salima y yo también nos vamos a ir.

-¿A Barcelona? -No, a Guatemala.

-¿Guatemala?

Qué lejos, ¿no? -Pues sí, bastante.

-¿Y qué se os ha perdido allí?

-Voy a trabajar con mi ONG.

Están poniendo en marcha un hogar para niños y adolescentes

y necesitan a gente que les ayude.

Te sorprendería la de niños necesitados que hay.

-Tiene que ser durísimo aquello, ¿no? -Pues sí.

Sus padres o están muertos o desaparecidos

o encarcelados y esos niños viven en la calle,

sin oportunidades para nada.

A menudo, la forma que tienen de salir adelante

es metiéndose en pandillas violentas

o dedicándose a la prostitución, en el caso de las chicas.

Por eso vamos a montar ese hogar,

para darles educación, cariño y, sobre todo, un futuro.

-Pues tío, te voy a decir una cosa,

ojalá no cambies esa forma de ser, hermano.

En serio, en serio,

es muy importante lo que las personas como tú hacéis, de verdad.

-Bueno, el cariño de esos niños compensa todos los sacrificios.

Por ejemplo, cuando consigues que uno de ellos confíe en ti,

supere sus traumas o, simplemente, con que te dé un abrazo,

tienen una sonrisa tan limpia...

-Qué buena persona eres, Eugenio, tío.

Salima y tú, las dos mejores personas que conozco,

Me alegro mucho que os caséis. ¿Cuándo es la boda?

-En 12 días. Te invitaría,

pero la ceremonia es en Tembleque, el pueblo de la familia de Salima.

-No pasa nada, no te preocupes.

¿Sabes que el Róber se casa con Alicia?

-Sí, Salima me lo ha contado. Felicítalo, si no lo veo.

Tienen que estar muy enamorados. -Lo que están es muy pesados.

-Bueno, no digas eso. El amor es lo más bonito que hay.

Es lo que coloca todas las cosas en su sitio.

-Si tú lo dices...

-Y tú, ¿qué? ¿Hay alguna chica por ahí?

(RESOPLA)

-Pues la tenía, pero la perdí.

Quizá no luché lo suficiente por la relación.

-No digas eso, seguro que todavía estás a tiempo.

-Bueno, jefe,

me voy a dar una ducha. Me alegro de verte.

-Y yo.

-¿A Guatemala?

¿Y un año, nena? ¡Eso es muchísimo tiempo!

-Ya lo sé,

pero es que no quiero estar un año separada de él

y menos porque estaremos recién casados.

No sé, María, ya tuve bastante con lo del *.

-No, hija, si tienes razón

y no seré yo quien te ponga cortapisas,

tú tienes que luchar por tu felicidad, claro.

-Lo único que me da un poco de rabia es tener que dejarte sola,

sin ayuda.

-Mujer, por mí no te preocupes, ya encontraré quien me ayude.

No será tan bueno como tú, está claro.

-María, eres un cielo.

-Sí, con nubes, ¡no te digo!

No me hagas ponerme tierna, que se me escapa la lagrimita.

-No, no, la lagrimita te la dejas para mi boda,

que quiero tenerte bien cerca,

y no solo como invitada.

Quiero que seas mi dama de honor.

Si aceptas, ¿eh?

-Mujer, pero

¿tu dama de honor?

¿No deberías decírselo a alguna prima o a una amiga más cercana o...?

-¿Pero qué dices?

Amigas como tú, ninguna.

Dime, ¿aceptas o no?

-¡Pues claro que acepto, pava!

¡Me hace mucha ilusión!

¡Ay, madre mía! Vaya racha llevamos, ¿eh?

Primero Alicia y Róber, ahora Alicia y tú...

-Ya. Bueno, dicen que no hay dos sin tres.

-A mí no me mires.

Además, Espe ya me ha dejado muy claro

que no me haga ilusiones con el Flirting,

que esto me lo tome como una diversión.

-Pues bienvenida sea la diversión.

Oye, a mi hermano no le voy a sacar ningún tipo de información.

Si habla ya como Quintero.

¿Crees que los narcos colombianos se han asociado con Quintero?

A tanto no llego, pero ya te digo

que el camión de la A-3 quemado era un mensaje para Quintero.

¿Crees que las presiones de Somoza pueden llegar a eso?

Alicia, desde la muerte de Salva, me tomo esto como algo personal.

Creo que nunca me había implicado tanto en un caso.

Me estoy estudiando el funcionamiento de los narcos

y estas cosas las suelen hacer cuando no consiguen lo que quieren.

Ya, Róber, pero no tenemos pruebas.

Alicia, estos tíos son listos y brutales.

Mira lo que han hecho con nuestro compañero.

¿De verdad no quieres buscar ayuda psicológica?

Además, tengo un antídoto para estos casos.

¿Sabes lo que hago? ¿Eh?

Me imagino a ti y a mí ahí, en Canarias,

los dos tumbaditos al sol, de relax.

Cada día falta menos, cariño.

Gracias.

Qué gusto me da veros así.

Felisa. Hola, hija.

¿Qué pasa, mami? ¿Qué tal?

Vengo de hacerme la última prueba del vestido para vuestra boda

y, como no he engordado, no hay que hacerle casi arreglo.

Qué bien. Vas a ser la madrina más guapa del mundo.

¿Y vosotros qué tal?

¿Cómo andáis de nervios? Atacados, ¿no?

¿Para qué es?

Estás son unas hierbas que me preparan en el herbolario.

Son mano de santo para los nervios si te lo tomas por la noche.

Pero si yo no tengo nervios. ¿Tú tienes nervios, Alicia?

Yo creo que las voy a necesitar.

Ya verás qué bien te van a ir, Alicia.

Yo me las estoy tomando.

¿Qué pasa? ¿Estás nerviosa por la boda?

Yo tengo nervios por tu hermano.

Bueno, me vais a perdonar, pero tengo una reunión.

Adiós.

(SUSPIRA) Vaya novia te has echado, ¿eh?

Por eso me voy a casar con ella.

Dese un bailecito,

que tengo que ocuparme del "business".

¿A quién tenemos aquí?

A don Quintero

y su escudero.

-¿Por qué has quemado uno de mis camiones, Andrés?

-Veo que le gusta ser directo.

-¿Por qué lo has hecho?

-Es un precio bajo

que le abonaremos en cuanto cerremos el trato de colaboración.

-¿Y qué te hace pensar a ti

que tú y yo vamos a cerrar algún tipo de trato?

-Están aquí, ¿no?

Eso quiere decir

que confirmó que lo mejor que puede hacer

es negociar con los Somoza.

-¿Sabes? Cuando escuché hablar de Somoza la primera vez,

me dijeron que era un tipo inteligente,

atrevido,

con muy buen don de gentes y una educación exquisita

y una gran capacidad para hacer negocios.

Indudablemente, me estaban hablando de tu padre,

no del impresentable de su hijo.

-Este, seguramente ni sea su hijo.

-¡Retira eso, malparido! -¡Eh!

(RECHISTA)

-Será mejor que te calmes, Andresito.

Baja eso, Jairo, bájalo.

No queremos llamar la atención, ¿verdad?

-No saben lo que están haciendo.

-No, tú no sabes lo que estás haciendo.

Como vuelvas a quemar uno de mis camiones,

te los pongo de corbata.

No voy a cerrar ningún tipo de trato con los Somoza

y mucho menos si tú eres su portavoz, ¿te queda claro?

-A mi padre no le va a gustar su contestación.

-Me importa un carajo si a tu padre le gusta o no.

Si quiere hablar conmigo, que venga aquí

y se ponga delante mía y hablemos cara a cara,

de hombre a hombre

porque yo tampoco hablo con segundones

ni con escuderos de nadie, ¿entiendes?

-Acabarás suplicando

hacer negocios con los Somoza.

-Y tú vas a terminar lamentando haberte cruzado en mi camino.

¿Le vas a dar mi mensaje a tu padre o no?

¿Qué pasa, Andresito?

¿Te da miedo que tu papaíto se dé cuenta

de que su hijo es un maldito inútil o qué?

-¿De qué se ríe, payaso? (RECHISTA)

-El único payaso que hay aquí eres tú

y no me das risa, me das pena.

Pero más pena me da tu padre

porque vaya desgracia de hijo que tiene, desde luego.

-Te voy a hacer tragar eso que has dicho.

-¡Basta! Callaos ya los dos. Jairo, cállate.

Andrés, ya sabes lo que tienes que hacer.

Dale ese mensaje a tu padre

y zanjemos este asunto de una maldita vez,

¿de acuerdo?

Jairo. -¿Sí?

-Nos vamos a tomar una copita aquí, tranquilamente, tú y yo.

Vamos a disfrutar del ambiente.

-Salima.

(SE RÍE)

-María, ¡qué guapa!

-¿Sí?

-¿Te has comprado ese modelazo?

-No, qué va, si lo tenía de fondo de armario,

tiene más años que Matusalén, pero aún me entra.

-Pareces una actriz, pero no sé cuál.

Si quieres ir vestida así a mi boda, perfecto.

-¿Qué dices? En tu boda estrenaré, para eso soy dama de honor.

¿El pelo qué tal? -Me encanta.

Si ese Alfredo no cae rendido a tus pies,

está ciego.

-Pues ciego no sé, pero impuntual, un rato.

¿Me habrá dejado plantada?

-No creo. Le costará aparcar.

-Si es que se ha empeñado en venir a La Parra.

Mira que le dije de ir directos al hotel.

-Ay, María, no sé, a mí me daría palo

que la primera cita fuera en un hotel.

No sé, es como que el lugar lo dice todo.

-Muchacha, no seas mal pensada,

que me invita al restaurante del hotel,

no a las habitaciones.

-¡Ah! Bueno, mira, mejor, así puedo conocerlo.

Oye, y, si me gusta, te guiñaré un ojo.

-No, déjate de historias que ya lo intenté con Espe

y se gafó la cita. Prefiero confiar en mi sexto sentido.

-Vale, vale, no te digo nada. Oye, ¿te sirvo algo mientras esperas?

-Pues no sé yo, a ver si se va a pensar

que me gusta el "drinking", ¿no?

Que la primera impresión es fundamental.

-Y tanto que es fundamental la primera impresión.

-¿Alfredo?

-María.

¿No me reconoces? Te envié la foto.

-Ya, pero es que como salía el cerdico así,

en primer plano... -George.

-Por cierto, ¿cómo está? ¿Se ha recuperado del todo?

-Sí, era solo una indigestión.

Es que es muy goloso,

le gusta mucho el chocolate y claro,

cada vez que puede se pega un atracón y luego tengo que purgarlo.

-Ya. -Te va a encantar.

-Sí.

-Bueno, ¿qué? Nos damos dos besos, ¿no?

-Sí, claro, perdón, con los nervios...

-¿Estás nerviosa?

-Bueno, un poquillo, como es mi primera vez...

-Ah, ¿es tu primera vez?

-Bueno, quiero decir, mi primera vez del Flirting,

que seguro que tú tienes más experiencia.

-Algo más, sí.

Eh, déjame que te vea.

No sé, eres un bellezón, María.

Ganas mucho al natural.

-Muchas gracias. Tú también.

-Gracias.

Me cuido, ya sabes que, a partir de cierta edad,

hay que invertir en el chasis. -¿De cierta edad? Si eres muy joven.

-Ya quisiera, ya.

(CARRASPEA)

-¿Qué te pasa en el ojo?

-Eh, la criatura, que tiene un tic.

-Un tic.

-Salima, ¿por qué no recoges?

Mira, la mesa aquella la tienes aún...

(CARRASPEA)

-Bueno, así que eres toda una empresaria.

-Bueno, el bar La Parra es un negocio humilde.

-Oye, pero muy boyante, ¿eh?

Que tenemos la comisaría aquí la lado y unos clientes muy fieles.

-Va a ser mejor que nos vayamos ya, ¿verdad, Alfredo?

-Tus deseos son órdenes. -Muy bien.

Pues hala, Salima, adiós.

-Hasta luego, Alfredo. -Adiós. Encantado, Salima.

-Buenas noches, María.

-Hola, Elías, os presento.

Alfredo, Elías, un buen amigo y cliente del bar.

-Tanto gusto. -Tanto gusto.

-Hasta luego. -Adiós.

-¿Has visto al que acompaña María?

-Es su ligue este de Flirting, ¿no?

-Sí, hacen muy buena pareja. Es muy seductor.

-No es mi tipo.

-A ver, Elías, que no hablamos de tu tipo,

sino del de María. -¿Yo qué sé cuál es su tipo?

Yo, después del día tan duro que llevo,

lo único que quiero es un cafelito, así, tranquilito.

-¿Seguro que estás así por el trabajo?

-No, pero me fastidia que se puedan aprovechar de ella

y este tío es lo que va a hacer.

-¿Pero por qué dices eso?

-Los hombres nos conocemos y este es un picaflor.

Si se ve a la legua.

No me gustaría que María sufriera.

-Bueno, Elías, tú tranquilo,

que igual no sufre tanto y acaba disfrutando de la noche.

-Mira, va, ponme un cafelito.

(SE RÍE)

¿No vas a tomar postre?

No.

Pero hijo, para un día que vengo a cenar a casa,

estás muy apagado, ¿no?

Ya.

¿Pero qué te pasa?

¡Que estás contestando todo el rato con monosílabos!

Te he contado lo de la mafia de tráfico de órganos

y te has quedado como así, no sé, parado.

Me fastidia que haya médicos con tan pocos escrúpulos.

Hay gente con pocos escrúpulos en todas las profesiones.

No sé,

tampoco pensé que te fuera a afectar tanto lo de Aniceto.

Antes te he dicho que no es solo lo de Aniceto,

sino también lo del médico de Barcelona.

Bueno, relativiza, ya están en la cárcel, venga.

No puedo entender,

no puedo entender cómo hay colegas de profesión

tan despreciables.

Esta es una profesión vocacional

que implica un compromiso con el ser humano.

¿Venderse por unas monedas

extirpando órganos a gente que los necesita?

Eso es absolutamente miserable. Sí.

¿Me haces hablar y ahora te quedas callada?

Cariño, es que has pasado del monosílabo al monólogo.

Que no me lo tomo a guasa, ¿eh? Me parece una cosa muy seria,

pero vamos, que pensé que estabas más hecho a todo esto.

Pues no lo estoy.

Y te recuerdo que tú muchas veces te tomas muy a pecho algunos casos.

Que sí, hombre, que tienes razón.

Pero mira, dentro de todo,

Aniceto es el que nos dio la pista

para llegar a los cabecillas de la mafia.

¿Qué quieres, que le felicite?

¿Que le mande unos bombones a la cárcel?

No, hombre, no, no.

Pero sí me gustaría pedirte una cosa,

me gustaría que llamaras al hijo de Aniceto.

Se llama Julio.

Aniceto está preocupado

porque dice que le recuerda mucho a ti cuando eras joven,

que es un chico muy vocacional

y teme que deje la medicina después de esta decepción.

Sería una lástima, ¿no te parece?

(Puerta)

¡Emilio!

Perdonadme, sé que no son horas.

No te preocupes, me alegra verte. ¿Cómo estás?

¿Te han dado el alta?

Sí, sí, y, después en prisión ya me han dado la salida definitiva,

pero no me podía ir a casa sin darle las gracias

a este pedazo de mujer que tienes.

Voy a hacer unas infusiones, ¿te apetece una?

No. Y, por cierto, a ti también te tengo que agradecer

toda la paciencia que has tenido conmigo.

A mí no tienes que agradecerme nada.

Sí, Antonio, aparte de ser un gran médico,

eres un buen amigo.

Te dejo un ratito con mi mujer.

Siéntate, anda, siéntate.

(RESOPLA)

¿Cómo estás? ¿Cómo te encuentras?

Claudia, te debo la vida.

¡Anda ya! ¡Qué me vas a deber! Claudia, escucha.

Has hecho una investigación brillante

para demostrar que no maté a Katia, gracias.

Oye, que no lo he hecho sola,

que también estaban por ahí Alicia y Karim

y se han llevado lo suyo. Por supuesto que sí

y lo que voy a hacer nada más llegar a comisaría mañana

es darle las gracias.

Sí, sí, no me mires así.

Quiero reincorporarme ya.

De hecho, he hablado con Jefatura

para que me permitan estar mañana trabajando

al frente de Distrito Sur.

¿Y no sería mejor que te tomaras unos días

y que te recuperaras del todo?

El trabajo es mi medicina.

Ya.

Oye, ¿y cómo, cómo ves el panorama en casa?

Bueno, supongo que con Natalia tendré que tener paciencia,

pero los niños me están esperando con los brazos abiertos.

Tus agentes también te esperan con los brazos abiertos.

Sí, seremos 16, ni uno más.

Ya puede cerrar el pedido del catering.

Sí, las canciones que faltan se las daremos pasado mañana.

(Timbre)

(ASIENTE)

Vale, vale.

No, no se preocupe, pasado mañana iremos mi novio y yo.

Sí, así cerramos todo. Muy bien, hasta luego.

¿Qué tal estás, Alicia?

Supongo que muy liada con los preparativos de la boda, ¿no?

¿Qué quieres?

Nada, solo que me des

un par de minutos de tu tiempo, solo eso.

Será mejor que vaya al grano.

(CARRASPEA) ¿No crees que deberías recapacitar?

¿Qué me estás pidiendo, que no me case?

No, no te estoy pidiendo nada de eso.

Sabes muy bien de qué te estoy hablando.

¿Qué quieres? Que la Policía deje de investigarte.

No, quiero que me dejes asistir a tu boda.

Te prometo que no molestaré, seré discreto.

No pienso siquiera quedarme al banquete.

¿Cómo puedes plantearme algo así?

¿De verdad crees que sería capaz de hacerle ese feo a mi padre?

No sé, si se lo explicas tú, seguro que lo entenderá.

Por supuesto que no,

le quiero demasiado para humillarlo así.

Ya.

¿Y mis sentimientos no cuentan?

Mejor me voy a ahorrar la respuesta.

Pero si de verdad te importo algo,

te recomiendo que no aparezcas por allí.

Lo intento, hija, lo estoy intentando con toda mi alma.

Pero creo que ya me he perdido

los momentos más importantes de tu vida

y este es el más importante de todos.

No sé qué tiene de malo que yo pueda ir a esa boda.

Te lo repito:

si aparecieras por allí, me sentiría muy incómoda.

Cuando viniste a pedirme el dinero para rescatar a Marcelino,

no te sentiste incómoda.

Es muy ruin que me hagas chantaje con eso.

No, no te equivoques, no te estoy haciendo ningún chantaje.

Solo quiero que valores y que aprecies mi generosidad.

Además, yo no quiero hacerte ningún daño, Alicia.

Si quisiera hacértelo, estaría por ahí diciendo

que eres mi hija y no lo estoy haciendo.

Lo siento, pero la respuesta sigue siendo no

y no solo porque no te reconozca como padre,

sino porque eres un delincuente. ¿Por qué dices eso?

¿De dónde lo sacas? ¿Qué pruebas tienes?

Las tendremos.

Sé que estás en tratos con Somoza, un narco colombiano muy importante

y te aseguro que lo que menos quiero es mezclarme con gentuza como tú.

(Puerta)

¡Fuera de mi casa!

-Tranquilo, Marcelino, ya me iba.

-Alicia, ¿qué quiere?

-He venido a pedirle que me deje asistir a la boda,

solo eso.

-¿Y tú qué le has dicho?

¿Qué quieres que le diga? Que no.

Bien, pues si ya tienes la respuesta,

largo.

-Ya me voy.

-Y no vuelvas a molestarnos.

(Timbre)

Hola, hijo. -Hola, mamá.

(SUSPIRA)

Vengo del mercado.

Te traigo comida fresca

para que dejes de comer las porquerías que tú comes.

-Que la pizza tiene mucha proteína y fibra.

-¿Mucha proteína la pizza? Anda, déjate, déjate.

Te voy a hacer unas lentejas que verás.

-Bueno, vale. Gracias.

-¿Fuiste a mirar lo del traje para la boda?

-Pues no, no fui

porque me acordé de que tengo uno ahí que compré una vez.

-Ah. Enséñamelo.

-Bueno.

-Pues en el mercado

me he encontrado con la hija mediana de la Lupe,

la Rosi,

¿tú te acuerdas de ella?

Si vieras lo maja que está y lo simpática y apañada que es.

Ella se acuerda mucho de ti.

-Mamá, déjate de Rosi. No me hagas de Celestina.

Mira, aquí está, ¿qué te parece?

-¿De dónde lo has sacado?

-¿De dónde lo he sacado?

Lo compré para hacer de chófer de don Fernando.

-Ah, que también le haces de chófer.

-De vez en cuando sí, pero vamos a ver, qué pasa,

¿no te gusta el traje? -Pues no.

Es muy negro.

En la boda de tu hermano tiene que ser todo de color muy alegre.

(RESOPLA) -Mamá,

cómo me tenéis entre tú y Róber,

me tenéis la cabeza echa misto.

Creéis que podéis hacer lo que queráis conmigo.

-No es eso, Jairo, lo que pasa es

que nosotros te queremos bien, nos preocupamos por ti.

Mira tu hermano qué bien ha encarrilado su vida.

-Bueno, pero es que mi hermano es el hijo perfecto

y yo soy un bala perdida. No te han salido los dos buenos.

-No digas tonterías porque eso no es así.

Yo estoy muy orgullosa de ti porque vales mucho y lo sabes.

-Ya, ya,

pero no estás tan orgullosa como del Róber

porque el Róber es tu ojito derecho.

-Deja de decir burradas, que eso no es así.

Yo quiero que os ayudéis el uno al otro.

-Bueno, vale, mamá.

No te pongas así, nos ayudamos,

lo que pasa es que entre tú y tu hijo,

me dais mucho la vara.

-Ay, Dios mío.

(Móvil)

-¿Dónde está mi móvil?

Está sonando. -Sí.

-Ay, mira, espérate, que está aquí.

¡Ay!

Se me ha olvidado

que había quedado para ir al cine con tu tía.

Me voy a tener que ir, hijo.

A ver, que te explique cómo va esto.

Mira, llena la olla de agua hasta la mitad.

Le pones la tapa, pero bien cerrada, ¿eh?

Le colocas el pitorro y lo pones al fuego.

-Vale.

-¿Sí? -¿Cuánto tiempo lo dejo en el fuego?

-Una vez que empiece a dar vueltas el pitorro,

cuenta 20 minutos.

-Ahí.

-Venga. -Vale.

Oye, ¿qué película vais a ver?

-No lo sabemos todavía.

Lo decidiremos ahí, merendando en el centro comercial.

¿Por qué? ¿Te quieres venir?

-No, mejor me quedo aquí.

-Ah. -Sí.

-Ten cuidado con las lentejas, no se te vayan a quemar.

-Que sí, mamá,

que no se me van a quemar las lentejas.

-Tienes comida ahí para tres días. -Vale, venga. Un beso.

-Venga, hala, me voy corriendo, hijo.

-Hala. Hasta luego.

(Timbre)

Qué pesadita puede ser esta mujer, de verdad.

-Ya te tengo, cabrón.

Vas a ver ahora quién es el payaso.

-Hola, cariño.

-Hola.

¿Cómo ha ido en la ONG?

-Bien, estuve echándoles una mano

y casi no he podido preparar el viaje.

Pero bueno, ya me he preparado las visitas

a empresas que nos van a hacer donaciones de ropa

y material escolar.

¿Te echo una mano?

-Venga, sí.

Ya le he contado a María

que me voy contigo a Guatemala después de la boda.

-¿Y cómo se lo ha tomado?

-Bien, si ella lo que más quiere es que sea feliz.

-¿Y tú estás segura de querer dar este paso?

Ya te he dicho que va a ser una aventura dura,

habrá momentos en los que te arrepientas.

-Cariño, no me voy a arrepentir.

Vamos a estar juntos

y ayudando a niños que no tienen nada.

Me hace mucha ilusión.

-Bueno, pero si te sientes superada, te vuelves a España.

-Si me siento superada, te tomaré de ejemplo

y verás como se me pasa.

Venga, vamos a recoger y nos vamos rápido.

-¡Salima!

Sigue abierto el bar, ¿verdad?

-Eh, bueno, si quieres tomar algo rapidito, te lo sirvo.

-Algo rapidito, no.

Prepárame un cóctel.

Es más, prepárate tres, que os quiero invitar a los dos.

-Martín, ¿no prefieres un refresco? Estamos a punto de irnos.

-¿A qué viene ese brote de euforia?

-A esto.

-"Kabul, policías en el corazón del barrio".

De Martín Díez.

-¡Has escrito una novela! -Está recién salida del horno.

Mañana la van a distribuir por todas las librerías de España.

-¿Te has inspirado en la comisaría? -Mucho más que eso.

Todo el Distrito Sur y sus gentes sois mi fuente de inspiración.

-¿Y hablas de La Parra?

-Cómo no voy a hablar de La Parra.

La Parra, vamos, es un lugar emblemático del barrio.

-¿Y puedes hacer eso, Martín?

¿Usar las historias del barrio y sus gentes

para escribir una novela?

-Ay, ese Eugenio incisivo, ¿eh?

Que sí, hombre, que sí, que puedo.

Puedo porque es un relato novelado, no periodístico.

-¿Y qué diferencia hay?

-Pues que cuando escribes un reportaje,

lógicamente, utilizas los nombres reales

de las personas que aparecen en el reportaje.

Pero, como es una novela,

me los he inventado.

Digamos que os he cambiado a todos los nombres

para que no se os identifique.

La Parra no es La Parra, es La Higuera.

-Míralo, qué listo.

-Oye, ¿y tú no sales?

-Claro que salgo. ¡Cómo no voy a salir!

-¿Y yo también salgo? A ver, quiero verlo.

-Quédatelo, quédatelo y mírate la página 112.

¿Eh? Ahí hay un retrato tuyo, a ver si te gusta.

-Y ahora, ¿qué?

¿Quién se ría ahora, gonorrea? ¿Eh?

-Es fácil hacerse el hombre con una pistola en la mano.

-Usted también es muy varoncito

cuando está con su querido don Fernando.

Cuando no lo tiene cerca, es un "cagao" malparido.

-No, no, yo no soy ningún "cagao".

Si quieres, suelta la pistola y nos medimos con los puños,

a ver quién es un "cagao".

-No, yo no soy un bruto

que resuelva sus conflictos con los puños.

Amo demasiado mi cara.

-Tú prefieres plomo.

-Sí.

Plomo es lo que voy a darle, por perro.

Puedo tener mucha plata, pero

usted no quiso traicionar a su "big boss".

Una pregunta, socio,

¿qué son ustedes?

¿Queridos?

Te ofrecí dos hembras bien prietas y mucha plata,

pero usted lo prefirió a él.

Eso es ser mucho marica, ¿no?

A lo mejor, si le hubiera ofrecido un buen mulato

habría aceptado mi trato, ¿sí o qué?

-A lo mejor.

-Esa especie de veneración que tiene por su patrón

no es normal.

Yo sé que hay algo entre ustedes.

-Mira, me has pillado con muchas ganas de,

de ir a cambiarle el agua al canario.

¿Por qué no me acompañas al baño y me la sujetas?

-Tranquilo,

tienes muy poco tiempo de vida, no necesitas mear.

Más bien por qué no te meas encima, como la nenita que sos.

¿Qué pasó? ¿Se le comió la lengua el ratón?

-Mira, Andresito,

si me matas, la vas a cagar.

Don Fernando no te lo va a perdonar en la vida

y eso no va a ser bueno para el negocio

y no le va a gustar a tu padre.

-Al contrario, a él le va a encantar.

Así, de paso, le demostraré que yo no me achico.

-Ah, le tienes que demostrar que no te achicas

porque otra vez te sientes achicado, ¿no?

Te has acojonado, te has "cagao".

Venga, cuéntamelo.

¿Desde cuándo piensa tu padre que eres un "cagao"?

Todo esto va de eso, ¿no?

De demostrarle a tu papá que tienes las pelotas bien puestas

y esta es tu prueba de fuego, conquistar España,

abrirte hacia Europa.

Muy bien,

¿qué te pasa?

¿Qué te pasa?

Cuéntamelo.

Si voy a morir, me vas a matar tú.

Tómatelo como la última voluntad de un condenado

y dime: "¿Desde cuándo piensa tu padre que eres un cobarde?".

"¿Cuándo defraudaste a tu padre?".

"¿Cuándo lo decepcionaste?".

¿Qué te pasa?

¿Quieres un trago?

-Yo tenía 12 años

y en mi colegio había entrado un profesor que no sabía

que yo era el hijo de Alejandro Somoza.

Ese maestro me trató mal y me humilló delante de todos.

Cuando se lo conté a mi padre,

él me puso una pistola en las manos

y me obligó a volver al colegio para exigir respeto del profesor,

pero no fui capaz de sacar el arma de la mochila.

Me dio miedo y me quedé paralizado.

Mi papá nunca me lo perdonó.

-Pues vaya mierda, ¿no?

¿Seguro que no sigues siendo un mierdecilla, en el fondo?

¿Tú crees que vas a ser capaz? -Ahora veremos.

Le voy a enviar tu cabeza a don Fernando

y tendrá que claudicar

y así, de paso, me ganaré el respeto de mi papá.

-No, no, no te vas a ganar nada

y no va a claudicar nadie

porque a mí don Fernando sí me quiere,

no como tu padre a ti. -¡Cállate, malparido!

Matar es como la cerveza,

al principio no te gusta, pero le coges el gusto

y acaba siendo como una droga.

A ese profesor, cinco años después de aquella clase,

lo acabé descerrajándole los sesos

y fue el primero de una larga lista.

-Los personajes y los hechos que ocurren en la novela

están inspirados en la realidad, pero solo inspirados.

-Ya, si a mí todo eso me parece muy bonito,

pero ya verás cuando el comisario Bremón

se entere de que hay un comisario llamado Remón.

-Con lo que ha pasado, ¿has llegado a alguna conclusión?

Conclusión, ¿de qué?

Por ejemplo, que serías una gran comisaria.

Ay, quita, quita, por Dios.

(RECHISTA)

En serio,

estoy orgulloso de ti.

No solo sabes cuidar de tus agentes, también de tus superiores.

-A ver. -¿María? ¿Estás bien?

-Sí, sí, no pasa nada.

-Espera.

A ver, déjame.

-Gracias.

-¿Estás bien? -Ay, sí.

-¿Pero qué ha pasado?

-Pues nada, en medio de la cena se ha empezado a poner mal

y ya ves.

-¡Qué palizón!

-Parece mentira que no se dé por aludido

y siga empeñado en formar parte de nuestras vidas.

Sí,

pero la verdad es que me ha hecho pensar.

¿Cómo?

Pues que si lo pienso bien, papá,

entiendo que Quintero quiera asistir a mi boda.

Me pregunto si no habremos sido demasiado duros con él.

Alicia, de verdad que no te entiendo.

Papá, Quintero tiene razón cuando dice

que mamé le negó la posibilidad de ser padre.

¿Qué tal la cita?

-Pues mira, te lo voy a contar

con la condición de que no me digas: "Te lo advertí".

-Esto promete. Dale.

¿Qué negocios le propuso Andrés Somoza?

Y, por favor, no me diga

que quería transportar materiales para construir casas prefabricadas

porque no cuela,

a menos que entre las paredes de esas casas

hubiera otras sustancias ocultas.

Mira, inspectora, ya se lo dije en su momento,

en ningún momento ese hombre me habló de drogas

ni de nada que tuviese que ver con drogas,

lo que pasa es que, al igual que ustedes,

yo también sospeché que había algo raro

y extraño en lo que me estaba proponiendo,

así que, por eso, no hice ningún negocio con ellos.

-¿Cuánto hace que conoces a María?

-Mucho tiempo, sí.

Nos vemos a diario

y bueno, La Parra es casi una extensión de la comisaría.

-¿Y desde cuándo os acostáis juntos?

-¿Perdona?

-Ay, Elías, que no, que tenías razón,

que estas cosas de ligar por internet son un nido de raritos.

-Supongo que también habrá gente normal, ¿no?

-Bueno, estas últimas semanas he estado yo.

-Entonces no solo hay gente normal,

sino gente excepcional como tú.

¿Qué pasa?

¿Qué pasa? Eso digo yo, ¿qué haces aquí?

¿Qué te pasa, que estás muy nervioso?

No me pasa nada, que estoy normal.

¿Me lo vas a decir

o te voy a acabar pillando y va a ser peor?

¿Eso que tienes en la mano es sangre, Jairo?

  • Capítulo 195

Servir y proteger - Capítulo 195

08 feb 2018

A pesar de haberle quemado uno de sus camiones, Quintero no cede ante las presiones de Somoza. Martín Díez ha escrito una novela donde retrata las vivencias de los agentes de la comisaría de Distrito Sur. Salima y Eugenio anuncian que se irán a vivir a Guatemala.

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