www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.17.1/js/
4463001
No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 192 - ver ahora
Transcripción completa

Me tiene bastante preocupado porque parece que, últimamente,

le ha entrado una afición repentina por jugar al póker.

-Voy a jugar solo una, la última para recuperarme y lo dejo.

-Conozco la partida perfecta para eso.

-Debo 100 000 euros.

¿Tú sabes lo que son 100 000 euros?

-Mucho dinero,

pero sabías dónde te metías al entrar en una partida así.

Si eres mayorcito para apostar con el dinero de los demás,

también lo eres para apechugar con las consecuencias.

¿Quieres un consejito de amigo?

Ponte las pilas

o te va a costar caro.

-A lo mejor me matan y será culpa mía.

Y tiene razón, no tiene por qué darme un duro,

pero le voy a decir una cosa, pensaba recibir de usted

algo más que rechazo y que indiferencia.

Yo solo me metí en lo de las cartas con el cabrón del Queco

y él ha traído a los búlgaros a mi casa.

-No te preocupes ahora por los búlgaros,

yo los llamaré y quedaré con ellos para pagarles tu deuda.

Eso sí, en cuanto salgamos del médico,

quiero que me des el contacto de ese maldito Queco,

ese amigo tuyo.

Lo que te hacen a ti, me lo hacen a mí.

Ha ocurrido algo.

"¿Qué ha pasado?".

Es algo muy grave.

Eres la mejor policía que conozco.

Solo tú me puedes ayudar.

A Katia Vasilescu le extirparon un riñón

hace dos semanas.

Esa cirugía solo está justificada en caso de lesión grave o cáncer.

¿Alguna vez Katia te habló de algún problema de salud

o de alguna operación?

Sí, se operó hace un par de semanas de apendicitis.

¿En qué hospital te dijo que se operaba?

No era un hospital, era una clínica privada.

Clínica La Rosaleda,

es un centro privado bastante exclusivo.

No tienen muchas camas, pero están preparados para realizar

un amplio catálogo de operaciones muy avanzadas.

En La Rosaleda llevamos un registro muy riguroso

de todas las intervenciones

y contratamos profesionales de primera.

Escúchenme, cumplimos las garantías sanitarias

que exige la ley.

Excepto algunas excepciones amistosas, ¿verdad?

Bremón deberá ser trasladado en unas horas.

Tenéis que prepararlo todo,

a él y al resto de la comisaría.

(Música emocionante)

Lola Mela, 58 años,

colesterol y tensión alta,

grasa abdominal.

(Teléfono)

Sí, Chelo, dime.

Ah, sí, sí, que pase, sí, sí.

-¿Qué pasa?

¡Hombre! -¿Cómo estás?

-¡Cuántos años! Demasiados, ¿no? -Sí.

Bueno, ¿qué se te ha perdido aquí, en este barrio tan poco distinguido?

Iba a decir noble, pero aquí nobleza nos sobra.

-En eso estoy totalmente de acuerdo.

Que sea director de una clínica privada

no significa que olvidase mis orígenes.

Y una cosa, La Rosaleda tampoco es una clínica tan elitista

como la gente cree.

-Es una clínica muy exclusiva, hombre,

de mucho prestigio. Bueno, eso dicen las famosas.

-¡Qué exagerado eres!

-Estoy seguro de que no has venido a hablar de eso.

Siéntate, por favor. -Muchas gracias.

-¿En qué te puedo ayudar?

¿Cuál es tu problema?

-Pues mira, es gordísimo.

Que estoy en la crisis de los 50,

pero creo que eso es lo que toca, ¿no?

-En esa estamos unos cuantos.

-Me consuela ver que tienes menos pelo que yo.

-Bueno, si quieres hacemos una competición a michelines.

-No, no, gracias. Oye, hablando en serio,

he pasado por la comisaría

y tu mujer me ha dicho que sigues trabajando aquí.

-Sí, sí, de aquí no hay quien me mueva.

Has ido a la comisaría.

¿Te han robado? -No, ojalá. Es algo peor.

Una de las chicas de la limpieza de la clínica

ha sido asesinada.

-No me digas.

¿En tu clínica?

-No, la clínica no tiene que ver con el asesinato.

-¿Y eso cómo lo sabes, no? Es...

Esa información no la suelen compartir en la comisaría.

-Nadie lo ha dicho,

pero es una conclusión a la que he llegado.

Me ha revuelto el estómago.

Y, además, lo que no sé es

en qué puede relacionarse la clínica con el asesinato.

-Claro.

-Esta Katia era una chica extranjera de origen humilde,

yo me imagino que estaría metida en algún lío.

-Pues puede ser.

-Y dime una cosa,

¿tu mujer no te ha hecho ningún comentario sobre el caso?

-No, es la primera noticia que tengo.

No suele comentar cosas de la Policía en casa.

-Te entiendo. ¿Y tú qué tal estás?

Por cierto, que he visto muy bien a Claudia.

-Bueno, sí, estamos muy bien.

Tenemos una hija maravillosa

que se ha ido a estudiar Cocina a París.

-A lo mejor se hace chef famosa de esas que salen en la tele.

-Lo importante no es que sea famosa, sino que sea feliz.

-Sí, en eso tienes razón.

Tú también tienes un hijo, ¿no? -Sí.

Tiene ahora 20 años.

¿Sabes qué pasa?

Que a mí en el aspecto sentimental no me ha ido tan bien como a ti.

Ya no sigo con Mariajo.

-Ya, ya, me enteré que os habíais divorciado.

Lo siento mucho.

-Tranquilo, era insostenible y yo nunca estaba en casa.

Además, ¿sabes?

Tengo que reconocer que lo único que me importaba

era mi carrera de médico.

-Claro, destinabas mucho tiempo al trabajo

y eso te hizo desatender otras facetas, ¿no?

-Sí.

Ahora, en plena crisis de los 50, siento todo lo que he dejado de lado.

Pienso dónde quería llegar en mi profesión,

a quién le he hecho daño

o a quién no he sabido escuchar. ¿No te pasa eso?

-No, a mí no me pasa, no.

A ver, nunca he tenido objetivos muy ambiciosos en lo económico,

me refiero. -Te entiendo.

-Lo que me gusta es recibir aquí a la gente del barrio.

Acabo siendo un poco un psicólogo, incluso un confesor.

-No seas muy duro con las penitencias.

-No, descuida.

-¿Sabes algo que hecho en falta en mi clínica?

Esto, tu cercanía, tu humanidad, Antonio, con los pacientes.

Yo sé que nunca te ha tentado lo privado,

pero si alguna vez te interesa hacer alguna consulta extra,

ya sabes dónde estoy.

-Bueno, te lo agradezco, lo pensaré.

Bueno, y qué tal

si te pasas un día a cenar por casa, ¿qué te parece?

-Tranquilo, yo te llamo, ¿vale? -Muy bien.

-Oye. -Adiós.

Me ha encantado verte. Gracias.

Róber, ¿cómo llevas la investigación de los colombianos?

Bien, de momento solo pude ir al Valentina, sentarme allí,

esperar y observar.

Deduzco que Andrés Somoza no ha aparecido por allí.

Afirmativo.

Ya, ¿y has establecido contacto con alguien?

He estado hablando con una camarera, aunque, de momento,

lo que me ha dicho no es nada relevante,

pero bueno, ya me dirá algo.

Vale. Supongo que vas de incógnito. Hombre, claro.

No digo que soy policía,

pero no me invento una falsa identidad.

Haces bien porque Somoza te conoce

y si frecuenta el local, te puede desenmascarar.

Yo, de momento, lo que hago es ir allí,

tomarme un cóctel, ver a los clientes habituales,

a ver qué hacen y charlar con la camarera.

Y digo yo,

el Valentina es un conocido local de salsa,

¿no será sospechoso un tío que esté allí y no se mueva?

Hombre, jefa, ya te digo yo que puedo estar moviendo las caderas

y fichándolo todo al mismo tiempo.

Muy bien, ándate con cuidado

y consigue un confite pronto.

No quiero que descuides el resto de los casos que tienes entre manos.

De acuerdo, tengo la camarera a punto.

En cuanto entre en confianza, le doy mi teléfono

y me quito de en medio.

Muy bien, ahora me voy para que sigas admirando

esos gemelos que has escondido cuando me has visto aparecer.

No los escondo, estoy contento con ellos.

¿Los has comprado para la boda? Me los ha regalado mi suegro. Mira.

Hala, qué bonitos.

Vas a estar muy elegante en un día tan especial, ¿eh?

¿Estás nervioso?

La verdad es que no.

Lo tengo tan claro que muy pocos nervios tengo.

Te entiendo perfectamente.

Estás haciendo muy buen trabajo.

¿En lo personal o en lo profesional? En ambos.

¡Claudia!

¡Antonio! ¿Qué haces aquí otra vez?

Ha venido a verme Ballester.

La verdad es que le has puesto la ocasión en bandeja.

¿Le has hablado de la chica asesinada?

Por encima. Ha venido a ver si me sacaba algo, ¿sabes?

Pero no he soltado ni mu.

¿Le has notado algo que te llamara la atención?

¿Algún comentario o gesto? Eso venía a decirte.

Se puso a la defensiva cuando le pregunté

si el asesinato se había cometido en la clínica, ¿sabes?

Empezó a defender el buen nombre de La Rosaleda

cuando, en realidad, no lo había puesto en duda.

Pero eso, hasta cierto punto, es normal, ¿no?

Has vinculado el asesinato con su clínica

y él se debe a su reputación.

A su reputación y a la pasta que le dan.

La verdad, detrás de ese nerviosismo creo que oculta algo turbio.

Yo tuve el mismo pálpito cuando le interrogué.

Buen trabajo.

Eso se lo dirás a todos.

No te quepa duda. Nos vemos esta noche.

Vale.

Que eso no se lo digo a todos los agentes, ¿eh?

Hola, María.

Ponme un zumito de piña y un pincho de tortilla, porfa.

¿Y ese careto? ¿Qué pasa? ¿He dicho algo o...?

-Pasa que es la tercera vez en esta semana

que me pides un pincho.

Bien podrías pedirte el menú, que he hecho un pisto

que se te va la cabeza y metías verdura al cuerpo.

-Ponme lo que quieras, de verdad.

-Un momentico, termino esto y te lo pongo.

-No me digas que también te has enganchado a eso.

-¿Es el Máster catch o el Flirting?

-Chico, me dejas muerta, vaya policía.

¿Y tú qué sabes del Flirting?

-Mira, lo suficiente como para aconsejarte

que borres esa aplicación y te lo quites de la cabeza.

-¿Y eso por qué? -A Max no le trajo nada bueno.

-A Max, claro.

Si yo sabía que me sonaba de algo cuando me lo puso Espe aquí.

-Ah, que ha sido Espe la que te ha inducido, ¿no?

Ya decía yo, si no te pega nada. -¿Verdad que no? Lo que le dije yo.

-Ya, pero bien que estás mirando tíos como si fuera un escaparate.

-Tienes razón. ¿En qué me he convertido, por Dios?

-Tampoco te pongas así, que no es ningún delito.

-Que no, que no.

Voy a ponerte lo tuyo. -Venga.

-Ya verás qué rico, está para chuparse los dedos.

Oye, Elías,

¿y tú no echas de menos tener pareja?

-¿Yo?

Pues la verdad es que no.

No. -¿No?

¿Ni si quiera un poquico?

-Oye, a ver si te vas a poner como Max de pesada con ese tema.

Si no tengo tiempo para eso.

Además, yo estoy casado para toda la vida,

pero con el trabajo.

-¡Venga ya!

-Sí, de verdad, que salí escaldado.

Con mi mujer, mira, el 5 % fue felicidad

y el 95 % fueron malos rollos, discusiones, tensiones...

-Ya será menos, hombre. Además, no siempre va a ser así.

Tú tampoco eres el mismo Elías que entonces.

-En eso tienes razón, soy más cascarrabias aún.

-¡Que no, hombre, que no! -Sí.

-Ya no bebes,

te has reconciliado con tu hijo,

si hasta con Nacha, que empezaste llevándote fatal,

ahora os lleváis estupendamente. Has mejorado mucho.

-¿Tú crees? -Pues claro que sí.

Además, que no veas el futuro tan negro.

Mira Miguel y yo.

Pues aquello funcionó.

Fue breve, pero funcionó.

-Ya, pero surgió porque tenía que surgir

y así es el amor.

No lo buscasteis artificialmente con esto del Flirting.

-Ahí le has dado.

-Sí, por eso funcionó y fue una historia bonita.

Oye, es un "match".

-¿El qué?

-Pues un "match", el teléfono.

Es cuando alguien muestra interés por ti,

vamos, lo que me dijo a mí Max.

-Bueno, para no estar en la aplicación,

te la sabes muy bien.

-Que no, que fue Max el que me lo dijo.

No veas la plasta que me ha dado con el tema.

-Bueno, me da igual.

-¿No lo vas a mirar?

-Que no, que no, que yo ya no estoy para esas moderneces, de verdad.

-Tú estás para cualquier modernez que te venga por delante,

otra cosa es que te metas en eso.

-Pues sí, ahí le has vuelto a dar. -Bueno.

-¿Qué tal? ¿Cómo está? -Vamos a ver.

-Venga, hombre, métele algo sano al cuerpo.

(EXCLAMA) -Delicioso.

¡Si es que tienes una mano...!

Karim, dime que tienes buenas noticias.

Más o menos, inspectora.

He chequeado todas las imágenes de la cámara de seguridad

cercanas a los bares que, supuestamente, Dana nos dijo

que Katia frecuentaba habitualmente.

¿Y tienes algo de la noche de autos?

No ha aparecido nada ni de ella ni de Bremón,

por eso he ampliado el rango.

¿A qué te refieres?

A que me he ido tres días atrás

y lo que he podido encontrar ha sido esto.

Parece que Dana nos decía la verdad.

Sí, Katia era lesbiana.

Entonces resulta casi imposible que se acercara a Bremón

como si fuera un ligue.

¿Algo más, inspector? Sí.

He rastreado a Aniceto Ballester en redes sociales,

tal y como me pidió.

Tiene varias fotos colgadas en diferentes países.

Por lo visto, le gusta aprovechar sus vacaciones

para viajar. El tipo se ha recorrido medio mundo.

¿Sabéis cómo viaja?

¿En avión?

No, en su propio yate.

Además, cuando llega a un país le encanta alquilar una suite de lujo

y, como no, publicarla en redes para fardar de ello.

Además, tiene varios casoplones en Ibiza.

He consultado el registro de la propiedad.

Jolines, menudo tren de vida, ¿no?

Sobre todo cuando la clínica da pérdidas.

¿Y eso?

He investigado las cuentas de resultado de La Rosaleda

y llevaban una larga temporada pasando apuros.

O sea que el nivel de vida de Aniceto Ballester

no corresponde en absoluto con el nivel de ingresos.

Ni de lejos.

De hecho, el año pasado concedió una entrevista

en la que se quejaba

de que los seguros médicos pagaban menos

e instaló el copago, pero seguían teniendo pérdidas.

Está por ver que instaurara el copago de forma legal.

Bueno, de todas formas,

la diferencia entre los ingresos y los gastos

ya es indicio suficiente como para investigarlo.

Yo propondría que le pincháramos el teléfono.

Si, como dice Antonio, está nervioso, se tendrá que mover

para eliminar cualquier conexión entre la clínica y los trasplantes.

Si queremos pillarlo, hay que hacerlo rápido.

Ve pidiendo la orden.

Lo malo es que estamos muy lejos de tener una prueba

que exculpe a Bremón.

Quizá las llamadas de Aniceto nos den alguna.

Sin mencionar el asesinato, estaríamos más cerca

de demostrar la inocencia del comisario.

Ojalá sea así.

En fin, vamos a ponernos a trabajar, el tiempo es oro.

Venga, vamos.

Karim, gracias. A vosotras.

-Espérame en el coche, ahorita te alcanzo.

¡Hombre!

El tombo con más humos de todo Madrid.

¿O cómo le dicen aquí? ¿Madero?

Si no te importa, policía,

pero vamos, como bien sabes, soy oficial.

Qué sorpresa verle por aquí, oficial.

Pues ya ves,

cuando no estoy de servicio, voy donde me da la gana.

Por supuesto, faltaría más.

Pero no se me vaya a poner bravo otra vez,

que la noche es joven.

Simplemente, no le hacía a usted aficionado

a los ritmos de sangre caliente.

Pues ya ves que sí.

Pero a estos sitios vengo a disfrutar

y a tomarme una copa,

no a meter la gamba y a sacar los puños a paseo.

¡Ave María! ¡Cómo le gusta la joda!

No encontrará a nadie ahí dentro que tenga una queja mía.

Lo del otro día fue una excepción.

Yo, normalmente, paso desapercibido.

A mí no me gusta meterme en líos.

Si tú lo dices...

¿Sabe? En el fondo me cae bien.

Tiene agallas.

¿Por qué mejor no olvidamos lo sucedido

y hacemos las paces?

Y ahora que somos amigos, no me chafle.

Dígame qué está haciendo realmente acá.

Pues mira, voy a ser sincero contigo.

Estoy investigando el asesinato de dos hombres,

uno de ellos policía y compañero mío.

¿Y qué tiene que ver este local en el crimen?

Eso es lo que vengo, precisamente, a investigar.

Pues a mí no me pregunte,

que yo vengo a hacer lo que hace todo el mundo,

bailar salsa.

¿Y tu colega?

Él es más de bachata.

Ah.

Bueno, pues ahí nos vemos.

Un momento, no tan rápido, ven aquí.

Tranquilo, yo me ocupo.

¿Es que acaso hay algo más que tenga que preguntarme, oficial?

¿Tú tienes algo que ver con la muerte de esos dos hombres?

Por supuesto que no.

¿O es que acaso me está acusando de algo?

Solo te estoy pidiendo colaboración,

pero vamos, eso de momento.

Ya, pues menos mal que no estaba aquí para interrogarme.

No se preocupe,

que si llego a enterarme de algo, se lo hago saber.

-Ay, angelico, qué carica tienes tú también.

Anda, que vaya cuadro.

Claro, lo mismo pensarán ellos de mí.

Oye, mira, este es mono.

Sí.

Tiene cara así de simpático, de buena gente.

No está mal.

-"Que yo ya no estoy para estas cosas,

que me da pereza...".

Ya veo, ya.

-Hola, Espe, cariño, ¿qué te pongo?

-Que no me cambies de tema,

que te he pillado con las manos en la masa, ¿eh?

Anda, un café.

-A ver, sí,

es que estaba "bicheando" un poco con el Flirting.

Pero es que no tengo a nadie en el bar,

estaba aburrida, pero vamos, que no me van esas cosas.

-¿Y por qué no, eh?

-Pues hija, Espe, pues porque no.

Me da la impresión de estar en un supermercado

buscando hombres, como si me pusiera delante de un estante de cereales:

este no, que lleva chocolate, este, sí.

Este también, que lleva frutas silvestres.

-¿Cuál es el de los frutos silvestres?

-¡No seas pava!

Me refiero a que no se puede conocer a una persona mediante una foto.

-Claro que no, para eso está el chat. Trae.

-¿Qué chat? -Trae.

-Dime.

-Tú tienes aquí un perfil, ¿no?

¿Que te gusta?, pues empiezas a chatear con él.

¿Que no va bien? Te despides amablemente y adiós.

¿Que va bien?

Pues sigues hablando, sigues hablando

y, al final, pues a lo mejor quedas con él,

pero no tienes ninguna obligación de tener una cita.

-Ya. Y Espe, ¿esto a ti te salió bien?

-Yo es que lo usé poco. Tuve alguna cita, pero no cuajó, no.

-Pues por algo será.

-Hombre, es que esta aplicación es solo para conocer gente,

luego tienes que poner de tu parte.

Es que conectar con alguien es una cosa muy difícil.

Yo creo que es casi un milagro.

Estar con Karim me lo recuerda día a día

y hombre, pues tienes que poner un poco de tu parte

para que los milagros se obren.

-Ya, si tienes razón,

pero que yo qué sé, yo pienso que estas cosas

surgen cuando tienen que surgir, no con todas estas cosas.

-¿Cuántos "matchs" tienes?

-¿"Matchs" qué son?

¿Los corazones que salen al lado de la foto?

Unos cuantos.

(EXCLAMA) -María, por favor, tienes un montón de "matchs".

Vamos, que estás arrasando.

-Hija, será porque tengo cara de persona normal,

que eso aquí no abunda mucho. -A ver estos.

Huy, este, no. Huy, este tampoco. -Hay cada cuadro.

-¡Madre mía! Y este tampoco.

Mira, este, el Alfredo este,

¿eh?, parece simpático, ¿no?

-Sí, yo también lo he pensado.

-Sí, y es guapete, también.

-También lo he pensado, también.

-O sea que tú también le has echado el ojo.

¡Este es el de los frutos silvestres!

-Que no digas tonterías.

-¡Ay! Venga, dile algo. Habla con él.

-¿Qué le voy a decir?

"Te encuentro mono,

no sé si soy la primera en decírtelo".

-Que no, mira en el perfil,

que ahí está lo necesario para iniciar la conversación.

-No sé, mira a ver qué dice en el perfil.

-A ver. El perfil dice...

Mira, pues una cosa que te viene al pelo.

Dice: "Soy un amante de la cocina tradicional".

¿Ves? Por ahí puedes empezar.

-Oye, en La Parra no solo hacemos comida tradicional.

-¿Cómo que no? -Bueno, sí.

A ver si se va a pensar que soy una antigua.

-¡Anda ya, qué tonterías dices! Te pongo un ejemplo.

Tú imagínate que el Alfredo este está aquí, apoyado en la barra.

Está hablando por teléfono con un amigo suyo

sobre el tema este que pone en el perfil

de la cocina tradicional y está ahí, a ti te cae muy bien,

te acercas, le preguntas qué quiere ¿y qué le dices? Venga.

-Pues le digo:

"Te reto a un concurso de tortilla de patata.

Si te sale más rica que a mí, tienes el café pagado todo el año".

-¡Eso es perfecto! Claro, dile eso, María.

-¿Que se lo voy a decir? -Que sí.

-Qué lianta eres.

¿Se lo pongo? -Tal cual.

-Pues hala, ahora, ¿qué?

-Pues ahora a esperar que te conteste, pero tú tranquila,

que a lo mejor no se conecta, no sé, está en el trabajo

o tarda días. -Ya.

(Móvil)

Nena, es él.

"Pues ve comprando café,

la tortilla de mi abuela es imbatible".

¿Cómo se te queda el cuerpo?

¿Ahora qué le digo?

-¡Ay, Alfredo!

-Muy bien, pues dale las gracias de mi parte.

Por cierto, Marisa, tráeme un café ahora,

cuando puedas, ¿eh?

Y después de eso puedes irte, ¿vale?

-Espero que eso sea un puro colombiano.

Nuestra mercancía es de lo mejor que hay en el mercado.

-¿No te han enseñado a llamar antes de entrar?

-La puerta estaba abierta. -Precisamente por eso.

-¿Puedo sentarme?

-Sí, claro, hombre, por supuesto, estás en tu casa.

Para tu información, te diré que estos no son puros colombianos,

son habanos, pero bueno, si gustas.

-Depende de si puedo saborearlo con esto.

-En mi tierra brindamos y cerramos los tratos de esa manera.

y el Viche es un licor colombiano.

-Sí, lo conozco, lo conozco bien.

Si no me equivoco, también lo utilizáis

para tratar las picaduras de serpiente, ¿no?

Muy apropiado para la ocasión.

-Entonces brindamos

y cerramos nuestro trato, señor Quintero.

-Pues verás, Andrés,

no, no vamos a brindar ni a cerrar ningún tipo de trato

ni hoy ni mañana ni el mes que viene

y, sinceramente, no sé cuántas veces más

te lo tengo que decir.

-Me decepciona.

Pensé que había reflexionado, pero ya veo que no.

Mi papá se va a poner de muy mal humor,

no está acostumbrado a que lo rechacen.

-Siempre hay una primera vez para todo, ¿no?

-Piénselo bien, señor Quintero,

ayer me dijo que no nos consideraba su enemigo,

pero yo le digo una cosa:

"Si no está con nosotros, es nuestro enemigo".

-Verás, Andrés, yo no quiero teneros como enemigos,

pero si vosotros queréis que lo sea, tranquilo, que lo seré.

-Lo sacaremos del negocio.

Será su ruina y el fin de Transportes Quintero.

-Eso todavía está por ver, ¿no?

Yo de ti le diría a tu padre que tenga mucho cuidado conmigo

porque no está en su país, está en el mío,

así que es mejor que no se meta en problemas.

-Su palabrería me está cansando

y mi paciencia tiene un límite, señor Quintero.

-¿Sabes por qué eres tan impaciente, Andrés?

-Cuidado,

no encienda fuegos que luego no va a poder apagar.

-Mira, eres tan impaciente

porque no eres más que un maldito niñato

que no quiere defraudar a su papaíto.

Quieres demostrarle que eres un buen hijo, ¿verdad?

Llevando a cabo todos sus planes

para así poder heredar, el día de mañana,

todo su imperio, ¿no?

Pero conmigo estás pinchando en hueso.

porque todos esos planes se te están yendo al traste.

¿O me equivoco?

-Usted a mí no me conoce. -Ni tú a mí tampoco.

No me conoces de nada.

¿Tú crees que puedes presentarte aquí con esos aires de superioridad

y que solo por tu cara bonita los demás vamos a hacer

o a decir lo que te dé la gana?

¿Pero quién demonios te crees que eres?

Verás, yo no acepto ni chantajes ni amenazas de nadie

y si quiero cerrar algún tipo de negocio

o hacer cualquier tipo de alianza con alguien,

siempre pido dos cosas:

lealtad e inteligencia.

-No se me ponga letoso.

Precisamente ha nombrado las dos cualidades

que más valoramos los Somoza, lealtad e inteligencia.

-Pues entonces creo que te estás equivocando bastante,

Andrés, porque no es muy leal intentar coaccionar

o presionar a alguien con quien te quieres asociar

y tampoco es muy inteligente liarse a tiros en un bosque

para terminar matando a dos personas, una de ellas policía.

¿Sabes que ya han abierto una investigación sobre el caso?

Y tú estás en el punto de mira.

-¿Esa es su última palabra?

-Pues sí, lo es, es mi última palabra,

así que espero no volver a verte por aquí nunca más.

Por cierto, puedes llevarte ese licor.

Yo soy más de ginebra, me gusta más el producto nacional.

-La ginebra es una bebida inglesa.

-En Málaga hacemos una ginebra estupenda.

-Se arrepentirá.

A mí nadie me trata ni me bota de esta manera.

-No te olvides el licor, Andrés.

(Puerta)

Sí, adelante.

¿Se puede?

Sí, claro, Montse. Pasa, por favor.

¿Cómo fue el traslado de Bremón al juzgado?

(SUSPIRA) Pues un trago muy duro

y muy amargo.

¿Alguna novedad en vuestra línea de investigación?

Estamos siguiendo la pista de Aniceto Ballester,

el directo de la clínica donde trabajaba la víctima.

Al parecer, la clínica no es especialmente rentable

y, a cambio, él llevaba un altísimo tren de vida,

así que le hemos pedido al juez poder pinchar su teléfono.

Bien.

Pero todavía existe un abismo entre la operación de Katia

y su asesinato.

Lo sé, lo sé, por eso nos habría venido bien

tener algo más de tiempo.

No sé, quizá si Emilio conociera

algunos detalles de la investigación,

eso le ayudaría a recordar.

Al fin y al cabo tenemos

que reinterpretar la escena del crimen.

Mantener aquí a Bremón

hubiera sido proporcionar a un sospechoso de asesinato

clavos a los que agarrarse para su defensa.

Precisamente, porque hay tanto en juego,

debemos cumplir el reglamento a rajatabla.

Ya hemos hablado de este tema.

Montse,

tengo grabada la imagen de Emilio saliendo de la comisaría detenido

y me siento un poco culpable.

Le avisé de que se estaba descontrolando,

pero quizá no fue suficiente, no sé.

¿Pero quién mantiene la calma

en unas circunstancias familiares como las suyas?

Te juro que nunca pensé que llegaríamos hasta donde estamos.

Pues siento comunicarte

que las cosas todavía pueden ir a peor.

He venido con la esperanza de que hubiera avances contundentes

y no tener que decírtelo, pero no me va a quedar otro remedio.

¿A qué te refieres?

Ha sucedido lo que más temíamos,

Jefatura quiere que la investigación sea asumida por organismos centrales.

Piensan que esta comisaría, por razones obvias,

está demasiado implicada.

¡Por favor, por favor!

¡Yo creí que nos iban a dar más margen!

Pues es lo que hay.

Por favor, Montse, por favor, por favor,

las llamadas de Aniceto nos pueden proporcionar

la información clave que estamos buscando.

Necesito que me consigas más tiempo.

Estoy convencida de que Bremón no es el asesino de esa chica.

Pondría la mano en el fuego.

Sí, aprecio tu confianza en Bremón,

pero no me sirve de nada ante Jefatura, Claudia.

Por favor, Montse, Bremón no se merece lo que le está pasando.

Ni él ni su familia.

Necesito al menos un indicio

de que el verdadero asesino sigue todavía en la calle.

Si lo encuentras, hablaré con Jefatura.

Vale, vale, me vale. Gracias.

Bremón es muy afortunado de tenerte cerca.

Por cierto, me he tomado un café en La Parra

y me ha dicho María que Olga está en París

haciendo un "stage" en la Escuela de cocina.

Sí, ahí está y lo llevo fatal.

Sin ella, se me cae la casa encima.

Bueno, no te dejes vencer por esa sensación.

A veces pensamos tanto en lo que nos falta

que nos olvidamos de vivir

y de disfrutar de la gente que sí tenemos al lado.

Eso es lo más importante, te lo digo por experiencia.

Sabio consejo, Montse,

muy difícil de cumplir en estos momentos, pero,

pero muy sabio.

Siempre va a haber un caso importante y urgente,

pero en algún momento hay que apagar la luz

e irse a casa.

Hasta luego. Hasta luego.

(Puerta)

¡Hombre, la doctora Amor!

-¿Perdona? ¿A qué viene eso?

-María ya me ha contado que la has iniciado

en el apasionante mundo del "Flirting".

-Bueno, ¿y qué tiene eso de malo?

No sé, María ha pasado un año muy difícil

y tiene derecho a distraerse un poco

y tantear cómo está el mercado, ¿no?

-A mí me parece fenomenal,

pero vamos, que en eso del "Flirting"

no es oro todo lo que reluce.

-¿Pero qué dices? Hay gente de lo más normal.

No todos son raritos ni pervertidos.

Hombre, hay alguno, pero como la vida misma.

Mira, Max, por ejemplo, la utilizaba.

-Por eso te lo digo.

Ya me contó él alguna historia para no dormir.

No conozco ninguna de esas citas que haya acabado bien.

-Que no son a ciegas, que no.

Que tú chateas con la persona con la que vas a quedar

y si no te cae bien, no quedas.

-Ya, pero viéndote no detectas cuando te están metiendo una trola.

-Pero bueno, ¿tú te estás oyendo?

¿Qué dices, que en internet todos mienten y ya está?

-No, lo que te quiero decir es que el amor hay que encontrarse

o tiene que surgir, no lo vas a buscar en una aplicación

como si fuera un electrodoméstico.

-Tú eres el que le has metido

todas esas ideas a María en la cabeza,

que por eso se quería desinstalar la aplicación.

¿Tú eres el culpable?

-¿Pero qué dices? Oye, que María ya es mayorcita.

-Sí, pero después de hablar contigo me costó un montón

que chateara con un candidato que estaba fenomenal.

Vamos, ¡es que no quería!

-Yo es que solo te digo que esas aplicaciones

solo traen quebraderos de cabeza.

-Oye, ¿y tú por qué estás tan pesado con este tema?

Aquí hay gato encerrado, ¿eh?

-¿Cómo que gato? ¿Qué gato ni qué gato?

¿Qué gato?

-Huy, huy, huy,

que a ti te está gustando María

y te estás poniendo celoso.

-Oye, ¿qué? ¿Por el tipo ese con el que chatea?

-Que no tiene un candidato solo, tiene muchos aspirantes.

-¿Celoso, yo? Lo que me faltaba por oír, vamos.

-Sí, lo que pasa es que tú ya hace mucho tiempo

que cerraste las puertas al amor,

pero ¿quién sabe? A lo mejor te lo estás replanteando.

-Madre mía, estás patinando, pero bien,

pero cuesta abajo y sin frenos.

Desde que te gusta el guaperas este de la UIT,

solo quieres ver tortolitos y juntar a gente.

-Vale, vale, vale, lo que tú digas,

pero creo que a María le vendrá muy bien el "Flirting",

por eso se lo he descargado.

Y a ti también, tienes que probarlo, tú.

-¿Qué me estás contando?

No querrás que me meta en una de esas aplicaciones, ¿no?

-No estoy diciendo ninguna barbaridad.

Por lo menos deja que María decida si quiere quedar con quien quiera.

Y una preguntilla que tengo yo, una duda solamente,

que, eh,

¿seguro que no estás un pelín celoso?

-Venga, Espe, vamos a dejar el temita ya.

Compañera, venga, tira, hala.

¡Venga!

(RECHISTA)

¡Alicia, Alicia!

¿Qué sabemos de las escuchas?

Seguimos a la espera de que el juez las autorice.

Vale, pues en cuanto tengas alguna información,

me lo dices, ¿vale?

Inmediatamente. Claro, por supuesto.

Te noto preocupada, ¿pasa algo?

Sí, pasa, sí, pasa.

Ibarra me acaba de informar

que Jefatura nos quiere quitar el caso.

¿Hay algo que podamos hacer para evitarlo?

Pues sí, encontrar algún indicio

de que el verdadero asesino de Katia está suelto.

Solo así Ibarra hablaría con Jefatura

y tal vez les convenza.

No sé, se nos agota el tiempo.

Antes lo he estado pensando

y tengo mis dudas sobre esta investigación.

¿Y si el hilo del tráfico de órganos no nos lleva a nada?

A lo mejor estamos pasando por alto algún detalle que le exculpase.

Deberíamos revisarlo todo desde el principio:

la escena del crimen, la autopsia, las cámaras de seguridad...

Calma, Alicia, calma. Vamos a ver.

No vamos a buscar ahora otro hilo del que tirar

sin tener nada en qué basarnos.

Eso solo nos haría perder el tiempo.

Estoy segura de que vamos en la buena dirección, ¿vale?

No podemos ahora entrar en pánico.

Sí, tienes razón.

Perdona, me he dejado llevar por la inseguridad.

La inseguridad es buena, te hace mejor policía,

te hace mirar más allá, pero sin permitir que nos domine.

¿Eh?

¿Se puede? Pasa, Batista.

He estado en el Valentina

¿y adivinad a quién me he encontrado?

¿A Andrés Somoza? El mismo.

¿Y qué te ha dicho?

Nada relevante, pero decidí seguirle y adivinad adónde fue.

Transportes Quintero.

Ya te digo. Estuvo 15 minutos allí y luego salió y se fue a su hotel.

Estamos cerca de pillar a los asesinos de Salva

y de pillar a Quintero con las manos en la masa.

No te entusiasmes, Batista, no te entusiasmes.

¿Por qué no?

Está haciendo negocios con el hijo

de uno de los mayores narcotraficantes.

Ahora le voy a hacer una visita. Ni hablar.

No son horas de ir a ver a nadie. ¿Cómo?

Que no,

que ahora mismo Alicia y tú os vais a ir a casa,

os vais a dar una ducha caliente

y vais a hablar de los preparativos de vuestra boda

que, os recuerdo, os casáis dentro de cuatro días.

Vale, Miralles, pero... Es una orden.

Con el debido respeto,

Salva tenía razón, Quintero y Somoza

están haciendo negocios, están reunidos.

Es una orden. Vale, Miralles...

Batista, escúchame.

Estás haciendo muy buen trabajo, pero, por el momento,

solo tenemos indicios de esa relación.

Para encontrar pruebas

necesito policías con mentes despejadas

y, sobre todo,

con vida propia.

Escuchad.

Hoy mismo

alguien muy inteligente me ha recordado

que los asuntos pendientes siempre están ahí

y que, como no pares, la vida te pase por encima,

así que yo también me voy a ir a mi casa

y os aseguro que, mañana, todos esos asuntos

van a seguir exactamente igual que hoy.

Claudia tiene razón.

Es tarde, vayamos a casa. Tenemos muchos detalles que ultimar.

Pero la nevera está vacía, tendremos que cenar en La Parra.

Es un buen plan.

Si quieres apuntarte, ahí estaremos y prohibido hablar de trabajo.

Os lo agradezco de corazón,

pero, si no os importa, yo también quiero cenar con Antonio.

Buenas noches. Buenas noches.

Hasta luego.

Disculpa, había quedado aquí con Jairo Batista,

pero no lo veo y no me coge el teléfono.

No sé si sabrá dónde está.

-No te preocupes por Jairo, no va a venir.

Si te ha citado aquí es porque se lo he pedido yo.

-¿Ah, sí? -Sí.

Tenía muchas ganas de conocerte, Queco.

Hasta ahora nos hemos cruzado un par de veces,

pero nunca nadie nos había presentado correctamente.

Hola, Queco,

soy Fernando Quintero

y no tienes ni idea

de lo que puedo llegar a ser capaz de hacer.

-Se equivoca si cree que así ayuda a Jairo.

Usted mejor que nadie debería comprenderme.

Yo solo quiero mi dinero.

-¿Comprender? ¿Qué tengo yo que comprender de ti?

-Usted también organiza timbas, sabe de sobra

que las deudas del juego son sagradas.

-No te equivoques, chaval, tú y yo no tenemos nada que ver.

¿Y sabes por qué?

Porque yo protejo a mis amigos y les aconsejo

que se mantengan todo lo alejados que puedan del juego.

Tú, sin embargo, haces algo muy despreciable,

utilizas su amistad para luego traicionarles.

Te acercas a ellos cuando están en horas bajas, ¿verdad?

Te haces su amigo

y luego los llevas de la mano directos al abismo,

eso haces tú.

-Se equivoca.

Yo aconsejé a Jairo que no jugara la partida en la que perdió todo.

Pregúntele, él se lo confirmará.

-¿Me estás tomando por imbécil?

Chaval, me conozco de sobra tus estrategias,

he conocido a muchos como tú.

Primero le aconsejas que no vaya a esa partida

y luego le vas abriendo el camino

hasta que termina sentado en esa mesa de juego, ¿a que sí?

-Véalo como quiera,

pero yo no puedo perdonar esa deuda

y mucho menos la gente para la que trabajo.

-No te preocupes por los búlgaros,

ya han cobrado lo suyo.

Sí, hombre, sí,

yo, personalmente, he pagado la deuda que Jairo tenía con ellos.

-Bueno, entonces, ¿para qué todo esto?

Deme mi dinero, me largo y asunto solucionado.

¿Y por qué se supone que yo tendría que hacer algo así?

-Porque le prometo que me voy de la vida de Jairo para siempre.

-Escúchame bien, niñato.

Yo no acepto ni chantajes ni amenazas de nadie,

y mucho menos de un tipo como tú.

¿Te queda claro?

No te voy a dar ni un céntimo.

Es más,

yo diría que eres tú el que me debes dinero a mí.

-¿Cómo dice?

-Sí, hombre, sí.

Me debes dinero por todo el tiempo que Jairo ha estado descentrado

en esta empresa.

También me debes dinero por la factura del médico

que tuvo que atenderlo después de la paliza

que le dieron esos amiguitos tuyos, los búlgaros.

Me debes dinero por la cantidad de horas

que está perdiendo ahora mismo en esta empresa,

¿quieres que siga?

Porque la lista es bastante larga.

Fíjate que hasta tuve que tirar de calculadora

para hacer la cuenta.

Esto es lo que me debes.

-Se ha vuelto loco.

Esto no tiene ningún sentido.

-Claro que tiene sentido, ¿cómo no va a tenerlo?

Es más, fíjate que hasta estoy de acuerdo

con una de las cosas que has dicho antes:

las deudas no se perdonan nunca.

Así que lo mejor que puedes hacer es desaparecer de este barrio,

desaparecer de esta ciudad

hasta que no vuelvas con ese dinero

si no quieres terminar con un tiro en la cabeza.

¿Entendido?

Una última cosa, Queco.

Nunca,

nunca más te vuelvas a acercar a Jairo.

¿Te queda claro?

Ahora, lárgate.

¡Largo!

Róber, sabes que Miralles tenía razón.

Siempre estamos hasta arriba y casi todos los casos son urgentes.

O cortamos en algún momento o vamos a terminar durmiendo allí.

Alicia, pero hablamos de Quintero, ¿eh?

Dime la verdad,

¿crees que estamos disfrutando de los preparativos de la boda?

Entonces, reconoce que Miralles tenía razón.

Vale, lo reconozco, Miralles tenía razón.

Ah, ya sé por qué Miralles ha actuado de esa manera,

porque me ha visto dándole vueltas a esto.

¿Me has comprado un anillo de compromiso?

Ay, pues la verdad es que no, pero ¿lo esperabas?

No, claro que no, qué tonto.

A ver, no me hace falta un anillo, no estamos en el siglo XIX,

aunque mi padre crea que sí.

Me los ha regalado tu padre.

¿Cuándo? Esta mañana me los ha traído a casa.

Eran de su abuelo,

habían pasado de generación en generación

y que él se los regaló a su padre, quien se lo volvió a regalar a él

cuando se casó con tu madre. Son muy importantes para él.

No tenía ni idea.

Sí, no sé por qué me los habrá regalado,

pero me ha hecho muchísima ilusión.

No me extraña, es un detalle precioso.

¿Y seguro que tú no sabías nada?

Ni una palabra, te lo prometo.

El caso es que, al principio, me ha dicho que era un bruto,

pero luego me ha dicho cosas muy bonitas.

Te juro que me he emocionado y todo.

Está muy contento de que nos casemos.

Lo sé.

Te aprecia mucho.

Además, seguro que todo lo que te ha dicho es verdad.

Bueno, vamos a repasar los detalles de la boda,

que a este paso no nos casamos.

Yo me caso contigo aunque sea en un parque

y con quicos de catering.

Si los quicos llevan anacardos, te doy el sí.

Entonces, te tomo la palabra.

A ver, la lista.

Tenemos los trajes, el catering, que es mucho más que unos quicos,

las flores, los anillos, el fotógrafo...

Oye, y el vídeo? ¿Eso lo hemos hablado?

Había pensado que lo hiciera mi amigo Álvaro,

es bueno en el tema audiovisual. Vale, me parece bien.

Alicia.

Dana, ¿estás bien? ¿Qué ha pasado?

Ha llamado.

Siéntate.

Voy a pedir una infusión.

Cuéntame qué ha pasado.

Dana, sé que estás asustada, pero necesito que te tranquilices

y me cuentes quién te ha llamado.

Era la voz de un hombre. ¿Se ha identificado?

¿Y qué te ha dicho?

Que deje de hablar con la Policía o...

¿O qué?

O me pasará lo mismo que a Katia.

Tranquila,

tranquila.

(Timbre)

Don Fernando, pase, por favor.

-¿Qué tal, Jairo?

¿Cómo estás? (TOSE)

-Pues nada, estoy bastante bien, ¿eh?

Con todo lo que ha pasado, estaba planteándome

si dejar esta vida

y meterme a actor de cine

o de televisión, para hacer de tío guapo.

-Tienes la misma cara que Brad Pitt.

-Eso, algo así, algo así.

-Bueno, al menos no has perdido el sentido del humor,

eso es buena señal. Ahora en serio, ¿cómo estás?

-Pues estoy hecho polvo.

Me duele todo,

pero lo que más me duele es la autoestima.

Quiero darle las gracias de nuevo, don Fernando,

porque si no llega a ser por usted, no sé si lo cuento.

-Bueno, no te preocupes, que lo has contado

y lo importante es que estás aquí.

Verás, eh,

los errores que cometemos y las heridas de guerra

pueden llegar a hundir a una persona, pero si aprendemos de ellos

también nos pueden llegar a hacer más fuertes.

Y a ti y a mí nos gusta aprender, ¿verdad?

Por eso somos tíos fuertes.

-No, si yo dentro de nada estoy dando guerra otra vez,

eso se lo garantizo.

-Eso espero.

Y si te vuelven a saltar las dudas sobre si dejar o no este negocio,

también espero que no olvides todo lo que está pasando ahora.

-Pues claro que no, don Fernando.

Lo llevo grabado a fuego y a sangre.

Esos mafioso búlgaros no se iban a andar con chiquitas,

usted me ha salvado la vida.

Nadie me había cuidado tanto

y menos de ver cómo la cago tan profundamente.

-Nada, no te preocupes.

Ya he quedado con los búlgaros y le he pagado tu deuda

y también he hablado con ese amigo tuyo, con Queco.

No te molestará nunca más.

-Muchas gracias, de verdad.

-Vamos, hombre, vamos.

Déjate de sentimentalismos.

Nosotros somos tíos duros, ¿no?

(SE RÍEN)

(SUSPIRA)

-Entonces Queco cayó en la trampa y fue a la oficina, ¿eh?

(ASIENTE) -¿Y qué ha pasado con él?

-Nada, todo bien.

Solo tuve unas palabritas con él.

Tranquilo, hombre, tranquilo,

ni me lo he cargado ni he ordenado a nadie

que le parta las piernas, solo lo asusté un poco

y le quedó bien claro

que lo mejor que puede hacer es no aparecer por Madrid

hasta dentro de unos años.

Se fue bastante acojonado, la verdad.

-Hubiera pagado por verlo.

Por cierto, pienso devolverle hasta el último céntimo

de lo que ha pagado por mí. -No me tienes que devolver nada.

Lo que tienes que hacer es recuperarte

y ponerte en forma, que te necesito a mi lado.

-No lo dude, don Fernando.

Después de esta ya se acabaron todas las tonterías.

-Andrés Somoza ha venido a verme otra vez

y la cosa se está poniendo muy fea, ¿sabes?

(EXCLAMA) -Otro que se impacienta.

-Sí, vino a darme un ultimátum

y yo he tenido que volver a ser muy tajante

y muy rotundo diciéndole

que no voy a hacer ninguna negociación con ellos.

Pero no se va a quedar ahí la cosa, nadie les dice que no a los Somoza.

-Bueno, alguien tendrá que hacerlo por primera vez.

-Eso fue lo mismo que yo le dije.

Oye, por cierto, eso que estás cenando tiene buena pinta,

¿hay para dos?

-Sí, hombre, hay de sobra. Voy a servirle un plato.

-No, tú te quedas en el sofá, que es lo que dijo el médico.

Reposo absoluto.

-Bueno, pues nada.

Me siento.

Sírvase usted, los platos están ahí.

-Sí, sí, sí.

Si no encuentro algo o no lo veo,

tú no te preocupes, que ya te preguntaré.

Oye, esto huele de maravilla.

-Sí,

a ver qué tal sabe.

Ha sido terrible atravesar el hall de comisaría

con Bremón detenido.

Estaba la gente en shock, le miraban con una cara de pena...

Aunque te advierto una cosa, ¿eh?

Que había algunos

que le miraban como si fuera un criminal,

vamos, como si le hubieran condenado ya.

Ya, es que ahora todos opinan a la velocidad de vértigo, ¿sabes?

Es el tiempo que nos ha tocado vivir.

Bueno, pero somos policías,

nos movemos en el terreno de los hechos, no de los juicios.

Pero todos tenemos una idea, aunque no tenga fundamento.

En fin, de hecho, creo que me he apresurado

al pensar que Aniceto había ocultado algo, ¿sabes?

Bueno, tú mismo lo estás diciendo, creías, eso es una intuición.

Por lo menos le has concedido el beneficio de la duda.

Sí, pero pude sacar conclusiones precipitadas,

¿no te parece?

En fin, de todas maneras,

Aniceto me da mucha pena. Pena, ¿por qué?

Porque sí, le veo muy solo.

Como siempre ha priorizado el dinero a las personas,

pues no me extraña.

Pues a mí me da la impresión

de que tu intuición iba por buen camino, ¿eh?

Tenemos indicios para pensar que oculta algo

y espero que lo descubramos pronto porque Montse me ha dicho

que quieren trasladar el caso a organismos centrales.

Calma, a lo mejor encontráis pruebas antes de que eso suceda.

Eso espero.

¿Sabes de qué me ha servido la visita de Aniceto?

¿De qué?

Pues para darme cuenta

que soy una persona muy afortunada.

¡Ay, ya somos dos!

¡Con el trabajo que yo tengo,

Dios mío, qué sería de mí si, al llegar a casa,

no estuviera mi médico cotilla

para compartir todas las cosas malas que me pasan!

No he escuchado bien, ¿médico cotilla?

(Móvil)

Perdona.

Dime, Alicia, ¿no habíamos quedado en que, por hoy,

aparcábamos ya el trabajo?

"No puede esperar a mañana, Claudia".

¿Ha pasado algo? "Un hombre se ha puesto en contacto"

con Dana y la ha amenazado de muerte.

Le ha dicho que si sigue colaborando con nosotros,

le pasará lo mismo que a Katia. "¿La están siguiendo?".

Eso parece.

¿Tenemos la llamada?

No, la llamada se ha realizado desde un número oculto.

En cualquier caso, pásasela a Karim, a ver qué encuentra, ¿vale?

"De acuerdo". Venga.

Cariño, me tengo que ir a comisaría.

Han amenazado de muerte a Dana.

Bueno.

A lo mejor no eres tan afortunado.

¡Sí que lo soy!

(SUSPIRA)

Lo que necesito es que te recuperes cuanto antes,

sobre todo para que estés en forma.

Ya sabes cómo se fue de cabreado Somoza de aquí

y estamos esperando a que, en cualquier momento,

nos lancen su primer ataque. -Por eso mismo, otro motivo.

Si ese hombre viene por aquí, quiero que me encuentre a mí primero.

-Díselo, María, ¿a que ya has quedado con un ligue?

-A ver, tanto como un ligue, no, que tengo una cita.

-¿En serio?

-Sí, pero que solo es para hablar, para conocernos.

-Tú haz lo que quieras, pero vamos,

en estos temas solo hay tipos solitarios y mentirosos.

-Me preocupa, creo que se ha precipitado un poco.

-¿Y dónde tiene la cita?

¿En su casa? ¿En un lugar público? -En La Parra.

-Bueno,

si es así, sí que tenemos un problema, ¿eh?

Imagínate que a María no le gusta el tipo,

pero él sabe perfectamente

dónde encontrarla en cualquier momento.

-Ah.

Oye, pues en ese problema no había caído yo.

-Ese hombre estuvo aquí ayer, sí,

pero hasta que vino yo ni sabía quién era

ni lo había visto jamás.

¿Y de qué habló con él?

Pues de las cosas normales que hablan dos empresarios.

Ya, no me cuadra.

¿No dice que no tiene ningún negocio con él?

Cuidado, oficial,

hablar de negocios no es lo mismo que tenerlos, ¿vale?

-"Hola, Jairo. Al habla Andrés Somoza".

-¿Qué quieres?

Lo primero, ¿quién te ha dado mi número?

-"Tranquilo, lo noto nervioso".

-¿Me quieres decir para qué me has llamado?

-"Vernos y conversar de negocios.

A las cuatro en mi hotel".

La mafia que trafica con órganos ha amenazado de muerte a Dana.

¡Fueron ellos los que mataron a Katia!

Os recuerdo que Bremón despertó al lado del cadáver de la chica

que fue asesinada por un disparo con su arma

y que tenía restos de pólvora en las manos.

No pretendemos que Bremón quede en libertad,

lo único que te pedimos es que hables con Jefatura

y que nos den un poco más de tiempo para seguir investigando.

Tener a mi lado un tipo con tus valores

me habría venido muy bien.

Oye, por cierto, la invitación a comer sigue en pie.

-No, muchas gracias, me está esperando un paciente.

He salido un ratito, nada más.

-Venga, hasta luego, Antonio. -Me alegra verte. Adiós.

-El juez ha aprobado las escuchas al doctor Ballester.

¿Cuánto tiempo nos han dado? 48 horas.

-Tengo al director del medio digital para el que estoy currando

presionándome de lo lindo, ¿eh?

Como no pueda escribir algo decente, no voy a tener más remedio que...

-¿Entrar en el juego sucio? ¿Vas a hacerlo?

-No, pero todo el mundo sabe el vínculo especial

que tenemos en comisaría,

así que, si no escribo algo, pensarán que silencio el caso.

-"No me vuelvas a colgar ni me pongas más excusas.

Tienes que hacer

esta operación de apendicitis cuanto antes".

-Yo no puedo hacerla y buscad otro médico.

Lástima que le haya entrado un ataque de conciencia.

Si hubiera esperado unas horas, les habríamos pillado en acción.

Para mí lo más importante era el dinero,

se convirtió en una droga.

Te parecerá muy fuerte,

pero me acabé convirtiendo en un yonqui del dinero.

-Eso es peligroso.

Los drogadictos hacen cualquier cosa con tal de tener su dosis, ¿no?

¿Te pasó algo parecido o qué? -Sí.

Por desgracia, hace tiempo

que me olvidé del juramento hipocrático.

  • A mi lista
  • A mis favoritos
  • Capítulo 192

Servir y proteger - Capítulo 192

05 feb 2018

Rober tiene un encontronazo con Andrés Somoza. Hay avances en la investigación sobre la red de tráfico de órganos. Quintero trata de saldar las deudas de Jairo. Espe está empeñada en ayudar a María a ligar a través de la página de Flirting.

ver más sobre "Servir y proteger - Capítulo 192" ver menos sobre "Servir y proteger - Capítulo 192"
Programas completos (390)
Clips

Los últimos 1.520 programas de Servir y proteger

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios

Añadir comentario ↓

  1. modesto

    En el capitulo del 5 de febrero de 2018 hay un fallo pues a partir del minuto 50 en adelante aparece la camarera Salima y no es posible porque en el capítulo anterior se fué de viaje con su novio para conocer a sus padres y estar alli unos dias o al menos eso creí entender. Un saludo

    05 feb 2018