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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 189 - ver ahora
Transcripción completa

Ha ocurrido algo. "¿Qué ha pasado?".

Es algo muy grave.

Eres la mejor policía que conozco.

Solo tú me puedes ayudar.

Esta habitación se ha convertido en el escenario de un crimen,

tengo que precintarla y llamar a Científica.

¿El Queco es peligroso? -Le jodió la vida a un amigo mío.

-¿Qué le hizo?

-Lo llevó por un circuito de timbas de póker,

lo animaba a apostar... Empezó como un pasatiempo,

y acabó siendo su perdición.

-Yo no obligo a nadie a sentarse en una mesa a apostar.

-¿Conoces una discoteca que se llama Valentina?

Parece que los hombres de Somoza

están parando mucho por allí últimamente,

y me gustaría mucho saber lo que hacen.

-¿Por qué preguntáis tanto sobre Bremón?

Se diría que lo estáis investigando.

Adiós, Martín. Es eso, ¿verdad?

Le estáis investigando. ¿Se ha metido en algún lío?

Dímelo por favor. ¿Tiene que ver con la suspensión?

No tiene nada que ver con eso, solo estoy preocupada por un amigo.

Yo también te pregunto como amigo de Bremón,

no como periodista.

Si se ha metido en algún lío, me gustaría ayudarlo.

-Les he dicho a mis padres que me caso.

-¿Y qué dicen? -Están locos de contentos.

No te imaginas las ganas que tengo de verlos.

-Quiero entrar en sus partidas de póker.

-¿Se puede saber desde cuándo juegas tú al póker?

-Poco tiempo. He jugado algunas partidas sin importancia,

y me apetece subir un poco de nivel.

-¿Y se puede saber por qué lo haces?

-Porque tengo los dedos calientes, no sé si me explico.

-¿Crees que estás en racha? -No lo creo, estoy en racha.

Ayer partí la mesa, me llevé un pico.

Y quiero aprovechar antes de que se vaya.

-Sé de una partida potente para esta noche,

entrar está difícil, pero...

tengo un colega que me debe un favor

y te puede dejar jugar.

¿Qué pasa con mi hermano? Me tiene bastante preocupado,

últimamente le ha entrado una afición repentina

por jugar al póker. ¿Desde cuándo?

No hace mucho.

Pero me preocupa cómo le oigo hablar sobre el póker.

ya he oído a otras personas hablar así,

y no han terminado bien por culpa de esa adicción al juego.

"El análisis demuestra de forma concluyente

que el disparo que causó la muerte de la mujer desconocida,

fue hecho por la pistola encontrada en el lugar de los hechos".

Un compañero de la Policía Científica me ha dicho que Bremón...

está implicado en una muerte.

Si no puedo recordar lo que ocurrió,

puede que no sea solo por mezclar las pastillas y el alcohol,

sino porque...

mi cerebro no quiera recordarlo.

(Música emocionante)

No me puedo creer lo que me estás contando.

¿Bremón detenido por asesinato?

Pues ahí lo tienes.

En el calabozo de comisaría.

¿El comisario en el calabozo?

No sé cómo reaccionar, la verdad. Yo tampoco.

Me cuesta creer que todo esto esté sucediendo.

¿Y dices que no recuerda nada de lo ocurrido?

Nada de nada.

Por más que le pregunto, no recuerda absolutamente nada.

Por eso venía, para pedirte tu opinión profesional.

Y para que me dieras un abrazo.

Te juro que he estado a punto de explotar

varias veces en comisaría, me faltaba el aire.

No sé...

De verdad...

Menos mal que te tengo a ti para consolarme.

Debió ser duro detenerle, ¿no?

Ni te lo imaginas.

Mira que llevo años bregando con casos difíciles, pero...

pillar a mi comisario en la habitación de un hotel

con un cadáver al lado...

Yo no me podía imaginar que esto me pudiera suceder a mí.

De verdad.

Cálmate. Ya, sí, sí.

A ver, cariño, tú...

¿tú crees que la falta de memoria de Emilio

puede deberse al consumo continuado de sus pastillas?

Está demostrado que el uso continuado de benzodiacepina

produce amnesia.

Y Bremón ha estado abusando de ellas, qué duda cabe.

Y, además, lleva tiempo mezclándolas con alcohol.

El cóctel de alcohol y ansiolíticos

puede producir lagunas de horas.

Entonces, es posible

que nos esté diciendo la verdad y que no recuerde nada.

Esa sería la palabra, posible.

Ya, yo lo único que trato es

de darle respuesta a todas las incógnitas que me surgen.

Tampoco descartes otras posibilidades.

¿Como que nos esté mintiendo y que realmente sea el asesino?

No sé, no sé...

Me resulta difícil de creer que alguien mate a otra persona

y que se olvide de que lo ha hecho.

Es que, no sé...

Quieres decir que, pese a las pruebas que lo incriminan,

piensas que es inocente. Pues...

Es que no solo las pruebas lo incriminan,

él empieza a pensar que lo ha hecho.

¿Te lo ha dicho él? Hace un rato en el calabozo.

Empieza a dudar de sí mismo.

Yo también pienso que Bremón

es incapaz de hacer algo así a sangre fría.

Bueno...

no tiene por qué haber sido a sangre fría.

Pudo haber tenido un ataque de locura transitoria, sí,

producto de mezclar alcohol y pastillas, puede ser.

Perdió el control y...

Y la mató.

Tiene que verlo un psiquiatra.

Pero yo no puedo tomar esa decisión,

eso debe decirlo un juez.

Yo intento arrojar un poco de luz sobre este caso

que cada vez está más oscuro.

¿Y tú? Yo, ¿qué?

Tú, Claudia, tú,

tú también necesitas ayuda.

¿Por qué dices eso?

Estás sometida a mucha presión,

te encargas de todos los asuntos de la comisaría

y ahora debes encargarte de la investigación

de tu comisario. Pero yo ya tengo ayuda.

Te tengo a ti.

A mí ya me tienes.

Siempre a tu lado, ya lo sabes.

Ya lo sé, cariño.

Y menos mal.

¿Y cómo se lo han tomado tus padres? -Estupendamente, sobre todo mi padre,

que nunca vio con buenos ojos que fuera a hacerme cura.

-¿Y tu madre?

-Bueno, ella es diferente.

Es muy religiosa, y nunca perdió la esperanza

de verme cantar misa algún día.

-Madre mía, va a pensar que te he echado a perder.

-No, no, no, nada de eso,

me ha dicho que está deseando conocerte.

-¿Sí? Pues podríamos organizarlo.

Yo había pensado que después de visitar a mis padres en Tembleque,

podríamos ir a Pamplona a ver a los tuyos.

-¿Y cuándo has pensado que puede ser eso?

-Tengo que esperar que María vuelva de Barinas

y le pediré unos días para que podamos ir.

-Sí, puede estar muy bien.

-Eugenio, ¿qué te pasa?

-¿Qué me va a pasar a mí?

-Tienes una cara de susto

que parece que sales del tren de la bruja.

-Ah, ¿sí?

-Sí, y llevas rascándote la oreja desde que has entrado.

¿No estarás nervioso por conocer a mis padres?

-Un poco.

No te voy a engañar, me da tembleque pensar en Tembleque.

Hasta me ha salido un chiste.

-No va a pasar nada, mis padres son gente muy normal,

y les vas a caer genial. -Ya lo sé.

Soy yo, que soy un cobardica.

-¿Qué dices de cobardica?

Cariño, un cobardica

no dedicaría su vida a ayudar a los demás.

O no se iría a trabajar a un campo de refugiados.

-Pues si te digo la verdad, estoy más nervioso ahora

que antes de marcharme al campo de refugiados de Grecia.

-Eugenio... -Pero por ti

superaré el canguelo, el tembleque y...

y lo que haga falta. -¡Ay!

Eres el hombre más valiente que conozco.

-Es mi primo David.

-Cógelo, yo voy a cambiar el ambientador

en el baño de las chicas. -Perfecto.

Sí.

Hola, David.

Gracias, gracias. ¿Quién te lo ha dicho?

Ah, la tía.

Sí, dime.

¿Cómo que una despedida de soltero?

No...

¿En un club de estriptis? No, no. Oye...

Ni se te ocurra.

A Salima muchísimo menos.

¿Me estás escuchando? Ni se te ocurra, David.

Eso es. Que no.

Sí, ya nos veremos antes de la boda, seguro que sí.

Venga, un abrazo.

-Me he encontrado un móvil en el baño de las chicas.

-¿Dónde estaba? -Detrás de la cisterna.

Lo tapaba la papelera y por eso nadie lo ha visto.

-Menos mal que no se le ha caído dentro del váter.

A mí me pasó y me quedé sin móvil. -Ya, lo raro es

que no haya venido nadie preguntado por él.

-Bueno, a lo mejor la chica que lo ha perdido

todavía no sabe que le falta. -¿Cómo no se va a enterar?

Si vivimos todos pegados al móvil.

-Pero a lo mejor iba un poco...

perjudicada y está todavía durmiendo la mona.

-Hombre, puede ser.

-No me gusta beber sola.

Pues te advierto que no soy la mejor compañía en estos momentos.

Salima,

lo que tome la chica me lo cobras a mí.

¿Tu nombre? Katia.

Emilio.

Creo que ya sé de quién es este móvil.

No veo motivos para que no podamos trasladar a Bremón

a dependencias judiciales.

Tenemos suficientes pruebas para presentar el caso al juez.

No veo por qué hay que correr tanto,

todavía no ha agotados sus 72 horas aquí.

Para mí tampoco es plato de buen gusto

ponerlo a disposición judicial.

Pero debemos ser profesionales. ¡Y lo estamos siendo!

Solo hace unas horas de su detención.

Lo podemos retener aquí tres días antes de llevarlo ante el juez.

No estamos infringiendo las normas. No digas cosas que ya sé,

y dime por qué quieres mantenerlo en comisaría.

Porque todavía albergo la esperanza

de que recobre la memoria

y cuente algo que nos ayude en la investigación.

Es inútil. Bremón ya nos ha dicho todo lo que sabe,

yo creo que habría que llevar la investigación por otro lado.

Él es la pieza fundamental de este caso,

no creo que se niegue a ayudarnos, muy al contrario.

Eso sí es inocente.

¿De verdad crees que él ha podido matar a esa mujer?

Ni creo ni dejo de creer.

Nosotros trabajamos con evidencias, no con suposiciones.

Este caso es distinto.

Es distinto, ¿por qué?

¿Porque el principal sospechoso es un comisario de policía?

Llevamos muchos años aquí y hemos visto de todo,

esto es un caso más.

Yo creo que es mejor que se quede en Distrito Sur.

Pero no por una suposición,

sino porque creo firmemente que es lo mejor

para la investigación del caso. Está bien,

tú ganas, Bremón se queda.

Pero eso sí, discreción absoluta.

En Jefatura no quieren que trascienda que un comisario

es sospechoso de homicidio. Ah, ¿sí?

Pues que se apliquen el cuento,

porque las únicas filtraciones que ha habido

han salido de Jefatura.

Y aquí no ha salido ni media palabra.

Lo siento, Martín, no puedo atenderte,

estamos reunidas. Es importante, de verdad.

Pasa y cierra la puerta.

A ver, explícate.

Sé sumar dos y dos.

Ayer me preguntabas por las andanzas de Bremón en el bar La Parra,

y hoy me entero por un contacto en Jefatura

que está detenido, sospechoso de asesinato.

Está en los calabozos...

-¿Qué más te ha contado ese contacto?

-No me ha contado nada más.

Por eso esperaba que tú me aclarases algo.

-¿Quién es ese contacto?

-Inspectora, ya sabe cómo funciona esto.

Se dice el pecado, pero no el pecador.

Cuando me lo dijo pensé que me estaba tomando el pelo.

Pero al ver vuestra reacción,

me doy cuenta de que no mentía.

O sea, que el comisario está detenido.

No me negaréis que es un notición. A ver, Martín,

te puedo confirmar que estamos investigando a Bremón

como sospechoso de un delito.

Asesinato.

La investigación está en marcha,

no te puedo decir nada más. Te pido discreción absoluta.

Pero ¿creéis que puede ser culpable? ¡Ya está!

No te puedo decir nada más, y te pido por favor

que no publiques nada.

Si no lo haces por nosotros, hazlo por él o por su familia.

Sabes que no atraviesan un buen momento.

Claudia, no pienso publicar nada,

ya sabes que tengo un aprecio especial por Bremón

y por esta comisaría...

Dime, Espe.

Sí, claro, hazle pasar.

Y yo te lo agradezco mucho, Martín.

Que se publicara algo así sería demoledor para el comisario.

Pero sois conscientes de que esto acabará saltando,

¿verdad?

Igual que me he enterado yo, se puede enterar otro.

Y yo no puedo contenerlo por siempre.

-Inspectora, Salima está aquí.

Vale. Gracias. Pasa, Salima, por favor.

Gracias, Martín.

Dime qué quieres. Quería darles esto.

¿Un móvil? Sí.

Lo acabo de encontrar en el aseo de mujeres de La Parra.

Creo que es de la mujer que estuvo anoche con el comisario.

Supongo que debió caerse ahí.

Y como antes has preguntado por el comisario y por ella,

he pensado que hacía bien en traerlo. Sí, has hecho muy bien, Salima.

Si fuera de una cliente habitual se lo devolvería yo misma,

pero no la conozco.

Igual el comisario se lo puede devolver.

Sí, gracias, Salima. Igual tienes que volver

para firmar la declaración de entrega.

Claro, sin problema. Gracias.

Gracias.

Ahora sí tenemos un hilo del que tirar para la investigación.

Vuelvo a Régimen a contarles las últimas investigaciones.

Suerte. Gracias.

¡Montse! Dime.

Llama también a Jefatura. Sí, por supuesto.

Alicia, deja lo que estés haciendo y ven a mi despacho, por favor.

Bien, ¿qué ha pasado?

-Estuve en la discoteca que usted me mandó.

-¿Está abierta a estas horas? -Abre muy temprano.

No había casi nadie y he podido enrollarme con dos camareros

y a charlar con un encargado de sala.

-¿Y qué te han dicho?

-Pues mire, no saben nada.

Además, no se lo han tomado a la defensiva,

o sea, que dicen la verdad.

-Que no saben nada, ¿de qué?

¿Tú crees que pasas por allí, preguntas y...

y tranquilamente te van a decir si ocurre algo?

-El sitio es perfectamente normal,

no hay ninguna pelea, ningún rollo chungo,

ningún trapicheo ni nada.

-Ya. -De todas formas,

he quedado en pasarme en un par de semanas

y si saben algo me lo dirán. -Te lo dirán, ¿cómo?

¿Te van a llamar por teléfono a ti?

¿Y no has visto a nadie que pudiese llevar un arma,

o pudiese estar vigilando algo?

-No, si lo hubiese visto se lo diría, para eso me ha mandado.

-Yo te he enviado allí

para que averigües qué se cuece en esa discoteca,

no para que me vengas con cuatro chismes de vieja.

No sé a qué demonios estás jugando.

-No estoy jugando a nada, le estoy diciendo lo que sé.

-¿Se puede saber qué te hace gracia?

¿Se puede saber por qué demonios te estás riendo?

No quiero que me faltes el respeto,

porque para mí lo que está pasando es muy serio.

Parece que no eres consciente de la gravedad de este asunto.

Los Somoza ya han desembarcado en España

y no andan con tonterías. Ya han matado a dos personas

y una de ellas policía, maldita sea.

-Mire, yo me tomo mi trabajo muy en serio,

pero le estoy diciendo lo que sé, no he visto nada más.

¿Me invento algo para que se quede usted tranquilo?

Porque me lo invento.

-¿Eso es todo, entonces? -Eso es todo.

Yo sé ver un mafioso, si lo hubiera visto

se lo estaría describiendo ahora.

-Está bien, está bien.

-¿Me puedo ir ya? -No.

Te irás cuando yo te lo diga.

-Yo pensaba que mi jornada de trabajo había terminado.

-Tu jornada de trabajo se terminará

cuando yo te lo diga, que para eso soy tu jefe.

¿Te queda claro?

¿Por qué tienes tanta prisa?

¿Acaso has quedado con tu nuevo amigo, el tal Queco?

¿Tenéis una partida de póker para esta noche?

-Mire, don Fernando, hasta aquí.

Usted es mi jefe, pero no se puede meter en mi vida,

en lo que hago después del trabajo. ¿Vale?

-Yo soy mucho más que tu jefe,

y no voy a consentir que me faltes el respeto.

Pero tienes razón,

lo que hagas en tu tiempo libre

es algo que no me tiene que incumbir a mí.

Pero si me afecta a mí directamente,

o a esta empresa,

entonces, sí que me incumbe.

¿Te queda claro?

-Le voy a decir una cosa,

la duda ofende. -Largo.

(Teléfono)

¿Sí?

-"¿Fernando Quintero?" -Sí, soy yo.

-"Soy Andrés Somoza".

-Encantado, ¿qué puedo hacer por ti?

-"Me gustaría hablar con usted, pero no por teléfono,

prefiero que nos veamos en persona".

-Estupendo.

Si no te importa, preferiría que nos veamos fuera de mi empresa.

Verás, tengo un sitio de confianza,

un reservado donde podemos charlar

con discreción y tranquilamente.

¿Tienes papel y boli para apuntar la dirección?

Está bien, me espero.

De momento es toda la información de que disponemos.

Lo siento, Claudia, pero no me lo puedo creer.

¿Bremón un asesino? Sabes tan bien como yo

que nuestro trabajo no consiste en enjuiciar los casos,

sino en investigarlos.

Lo sé, pero me parece increíble.

Excuso decirte el cuidado que debemos tener con esto.

No diré una palabra, tranquila.

¿Cómo has enfocado la investigación hasta ahora?

Lo primero que tenemos que hacer es averiguar

la identidad de la víctima.

En algún lugar esta chica tiene que tener algún familiar

o amigo que se esté preguntando dónde está.

Y así abrir un abanico

con los posibles autores del asesinato.

Ahí quiero yo llegar. Es una posibilidad remota,

pero, quizá, alguien pudo haber entrado

matado a Katia

y aprovechado la presencia de Bremón para inculparlo.

¿Te parece imposible que pudieran hacerlo

sin que Bremón se diera cuenta? Es poco probable, pero...

Me acabas de decir que Bremón estaba prácticamente inconsciente.

Quizá estaba KO por la mezcla de alcohol y Bromazepam.

Pero lo mejor que podemos hacer

es no adelantarnos a los resultados de la analítica.

Sí, tienes razón.

Trabajemos con las evidencias de las que disponemos.

Y esta es la única evidencia que tenemos.

Llévaselo a Karim,

que extraiga todos los datos de ese móvil.

Es vital que sepamos quién es realmente Katia.

Me pongo inmediatamente con ello.

Merinero lo ha visto, y dice que está deshecho.

Cuando le bajó la comida, ni siquiera levantó la vista.

Y no quiere hablar con nadie.

Está completamente hundido.

-No puedo creer lo que está ocurriendo.

-Yo tampoco.

Bremón sospechoso de un asesinato, ¿cómo ha podido acabar así?

-Espe, te recuerdo que sospechoso no es lo mismo que culpable.

-A mí también me gustaría creer

que él no ha tenido nada que ver con esto.

Pero, desgraciadamente, todas las pruebas

apuntan hacia él.

-Ya, pero hay algo que tú sabes tan bien como yo,

y es que él es buena persona.

Él no va matando a la gente por la calle.

-Últimamente no era él, Lola.

Hasta tú tienes que admitir eso.

Estaba como descontrolado,

tú misma lo viste fuera de sí por el artículo de esa periodista.

-Eso fue un arrebato puntual.

-Pero es que no sabemos como puede reaccionar la gente

cuando se acumulan las desgracias.

Desde el accidente de su mujer, no es el mismo.

Y luego están las pastillas, el alcohol...

Demasiadas cosas. -Aun así,

me resisto a creer que haya cometido esa barbaridad.

-Yo también.

A lo mejor fue un accidente,

un asesinato involuntario.

-No lo sé, es todo tan triste...

Creo que no debí haberlo denunciado a Miralles.

-No pienses eso.

-¿Cómo no voy a pensar eso?

Yo he contribuido a hundirlo.

-No digas tonterías, Lola.

Tú has hecho lo que debías hacer.

-Es que no puedo dejar de pensar en él.

Me lo imagino solo en los calabozos...

Pensando que no puede caer más bajo.

Yo le quiero.

Pero no es como te imaginas, no estoy enamorada de él.

Lo estuve, pero ya no.

Pero sufro por él como podría sufrir por otro buen amigo.

-Te entiendo.

-Él es buena persona, Espe.

Tiene muy buen fondo.

-A ninguno nos gusta ver por lo que está pasando.

-A veces he pensado bajar a los calabozos a verlo,

pero luego me falta valor.

¿Tú qué crees?

-Que sí, que...

si lo ves como un amigo,

quizá deberías apoyarlo y bajar un ratito a verlo.

-¿De verdad?

-¿Por qué me lo preguntas? ¿No me crees?

-Pensaba que ibas a decir todo lo contrario,

que me mantuviera al margen. -No.

Me he puesto en su situación

y he pensado que...

a mí también me gustaría ver una cara amiga.

Pero es tu decisión.

-Ha sido todo muy extraño.

Le digo al policía de la entrada

que le dé el teléfono a la inspectora Miralles

y me dice: "Dáselo tú misma". Muy raro.

-Pues sí, mucha historia solo por un teléfono perdido.

-Pero no te he contado

que la inspectora Miralles estuvo aquí

y me preguntó qué hizo el comisario Bremón.

-¿Y eso qué tiene que ver?

-Pues lo que hizo

fue hablar con la mujer que perdió el móvil.

-¿Qué me dices? -Lo que oyes.

Algo raro ha tenido que pasar

porque todos estaban con una cara de circunstancias...

-Me encantaría saber qué pasa, ¿a ti no?

-No me interesa.

Ya se apañarán ellos solos.

-Pues también es verdad.

-¡Pero bueno, María! -¡Mujer!

¿Tú cuándo has vuelto? -¡Hola, María!

-Llegó por sorpresa hace un par de días.

-Sí que ha sido una sorpresa.

No sabes cuánto te echaba de menos tu chica.

-Y... te tengo que dar otra sorpresa.

-No me digas. Hacienda, Sanidad, otra inspección...

-No tiene nada que ver con el bar.

Es una buena noticia. -A ver.

-Eugenio y yo nos casamos. -¡Qué me dices!

¡Madre mía, pero qué contenta estoy!

¿Cuándo, dónde, cómo?

-Todavía no hemos cerrado esos detalles.

-¿Tus padres lo saben?

-Sí, están muy contentos con la noticia.

-O sea, que habéis hecho las paces.

-Sí, los llamé el otro día y nos hemos reconciliado.

Por teléfono, claro.

-Pues eso hay que solucionarlo.

Mañana mismo estáis saliendo para Tembleque.

-¿Cómo mañana?

-Hombre, tus padres tendrán unas ganas de abrazarte,

y de conocer al novio...

Mañana. Estas cosas hay que hacerlas en caliente.

-¿Y el bar?

-¿No ves que estoy aquí? Me hago cargo yo de todo.

-A nosotros no nos importa atrasar el viaje un poco.

-Que no, eso tiene que ser ya,

Salima tiene que estar allí con sus padres,

que a ti te conozcan... Así es como tiene que ser.

-Muchas gracias, María.

-De nada, cariño, que yo sé lo que es estar bien con la familia.

Es lo que me ha pasado a mí en Barinas.

-¿Y cómo ha ido el tema de la herencia?

-No ha sido fácil, al principio estaba todo liado,

los primos discutidos, unos querían vender,

los otros ni hablar del tema...

Al final, en una comida entre vino y vino,

nos pusimos a hablar de cuando éramos críos,

lo que disfrutamos y lo que nos queríamos...

Y hemos decidido venderla.

-Me alegro, porque llevarse mal con la familia es una tontería.

-Sí, lo que yo digo, por cuatro perras no merece la pena.

Al final nos quedamos con lo importante,

lo que nos hemos querido siempre,

el cariño que nos hemos tenido. -Habéis hecho muy bien.

-Vaya rollo que os estoy soltando.

Lo que tenéis que hacer vosotros es iros ya.

-Tampoco tenemos que irnos justo ahora.

-Que sí. Subo a cambiarme y bajo enseguida.

Madre mía, de verdad,

mirad lo bonitos que estáis.

Tan jóvenes, tan guapos, con toda la vida por delante...

Os comía. Qué contenta estoy por vosotros.

(SUSPIRA)

¿Nos dejas un momento a solas, Paco? -Faltaría más.

-¿Cómo estás?

He tenido momentos mejores.

Me imagino que ya sabes por qué estoy aquí.

No me puedo creer que hayas matado a nadie.

Pues yo sí.

Emilio... Lola...

No recuerdo nada de lo que pasó.

No sé si he podido hacer a esa chica algo,

o si... No, no sigas.

Yo te conozco

y sé que eres incapaz de hacer daño a nadie,

y menos de cometer un asesinato.

¿Cómo puedes estar tan segura?

Trato a diario con hombres violentos.

Hombres capaces de pegar a sus mujeres y a sus hijas.

Conozco sus reacciones, he visto sus miradas de odio, de desprecio...

Tú no eres como ellos.

Lola, no era yo,

estaba borracho. Aun así...

Aunque hubieras bebido y tomado mil pastillas,

hay algo dentro de ti que te impide hacer daño a los demás.

No conoces nada de mí, solo una parte muy pequeña.

Pero muy importante.

Porque con esa parte tan pequeña,

fue con la que me amaste.

Y es buena, y tierna, y muy dulce.

Yo no hubiera sido capaz de querer a un hombre violento.

Tú no eres capaz de hacer daño a una mujer indefensa.

Ojalá tengas razón.

La tengo.

Si no puedes confiar en ti, confía en mí al menos.

No entiendo cómo puedes venir a consolarme,

después de las cosas que dije de ti

la última vez que nos vimos. Eso está olvidado.

Como tú dices, estabas sometido a mucha presión.

Es igual, eso no es excusa.

Mi comportamiento en los últimos días

ha sido inaceptable.

Por eso estoy donde estoy.

No mezcles las cosas. No te engañes, Lola.

No he sido un buen comisario. Sí que lo has sido.

Lo digo por experiencia,

porque gracias a ti hoy soy una mejor policía.

Fuiste tú quien me puso al frente de la UFAM.

Tú confiaste en mí.

Pero tú hiciste el resto.

Porque tú estabas detrás,

apoyándome y protegiéndome y corrigiéndome cuando hacía falta.

Gracias a ti hoy soy una mejor persona.

Es una suerte contar con compañeras como tú, de verdad.

Y como Miralles y Espe,

y Rober y todos. No,

nosotros tenemos la suerte de haberte tenido

al frente de esta comisaría.

Gracias, Lola.

No sabes lo que significa

escucharte decir eso en estos momentos.

Te vamos a sacar de aquí, te lo prometo.

-Fernando Quintero.

-Andrés Somoza. -Por fin nos conocemos.

-También tenía muchas ganas de conocerte.

Pasa, por favor.

¿Quieres tomar un whisky?

-Scotch con soda, si no es molestia.

-No, ninguna molestia.

Por cierto, perdona si te tuteo,

pero siendo tan joven...

-No se preocupe,

yo le trato de usted como hacemos en mi tierra.

-Como quieras.

¿Llevas tiempo por Madrid o has llegado hace poco?

-Llegué ayer mismo.

De hecho, lo primero que hice al llegar al hotel

fue llamarle a usted, amigo Quintero. -Hiciste muy bien, sí señor.

Tenía muchas ganas de conocer al hijo de Alejandro Somoza.

Cuando me han hablado de tu padre, siempre me han dicho

que tiene una gran capacidad para los negocios.

-Bueno, son muchos años

los que el viejo lleva manejando los hilos en mi país.

-En tu país y en unos cuantos países más, ¿no?

-Nuestros negocios empiezan a ser cada vez más internacionales.

Es cierto.

-Y supongo que dentro de poco serás tú

quien herede todo ese imperio, ¿o me equivoco?

-Bueno, a mi papá aún le queda cuerda para rato.

Es cierto que empieza a delegar muchos temas en mí.

-Lógico, no podía ser de otra forma.

Nadie mejor que un hijo para confiar en él

y delegar toda la responsabilidad del negocio familiar.

-¿Usted tiene a su hijo trabajando en su empresa?

-Yo, en realidad, tengo dos hijos,

pero ninguno de ellos ha querido seguir mis pasos en este negocio.

-¿Viven acá en España?

-Uno vive en Miami y la otra vive en Madrid. ¿Por?

-Voy a tener que enfadarme con uno de mis hombres.

Ha cometido un error gravísimo. -¿A qué te refieres?

-A que me dijeron que usted solo tenía un hijo.

Me informaron mal.

-Tampoco es tan grave.

Además, no tienes que preocuparte.

Ya te he dicho que ninguno de mis hijos

ha seguido mis pasos en el negocio.

A mí también me queda cuerda para rato,

y no me gusta delegar en otros, ni siquiera en la familia.

-Hace bien.

Es mejor tratar las cosas uno mismo.

-Bien, ahora que ya hemos hecho las presentaciones,

¿qué te parece si me dices cuál es el motivo

de esta reunión tan urgente que querías tener conmigo?

-Se me olvidaba lo directos que son ustedes los españoles.

No se andan por las ramas.

-Aquí en España el tiempo es oro, qué le vamos a hacer.

-Vengo a proponerle que hagamos negocios juntos.

En Colombia las cosas nos van muy bien.

Y no solamente en mi país,

también en Méjico empiezan a marchar bien.

Y, además, empezamos a penetrar el difícil mercado norteamericano.

-Qué interesante...

-Queremos abrir una nueva red de distribución en Europa,

y es ahí donde entra Transportes Quintero.

-Ya. -Una red consolidada

de la distribución nacional e internacional.

¿Es así?

-Ya veo que tenéis muy bien estudiado cuál es el potencial de mi empresa.

-Es usted el socio perfecto

que andamos buscando para nuestra red.

-Y supongo que esa mercancía

que queréis que yo mueva con mis camiones

por España y por toda Europa es un producto de una gran...

rentabilidad, ¿no?

-La cocaína es la mercancía más valiosa del mundo

si se sabe distribuir, claro. ¿Usted lo sabe?

El móvil está a nombre de Katia Vasilescu:

rumana, 30 años, soltera y sin hijos.

Lleva cerca de dos años viviendo en España

y no consta que haya trabajado últimamente.

Fue empleada de una empresa de limpieza

especializada en despachos y oficinas.

¿Habéis preguntado en esa empresa por ella?

Sí, nos han dado la última dirección que consta en sus archivos,

y coincide con la que aparece en el padrón.

¿Y bien? Ya no vive allí.

El piso era de alquiler y se mudó hace un mes

porque era demasiado caro para ella.

¿Habéis preguntado a los vecinos si saben dónde ha podido ir?

No, ni los vecinos ni el arrendador ni los nuevos inquilinos

saben dónde se podía haber mudado.

No está fichada en España y tampoco en su país de origen.

Lo único que tenemos de ella es el nombre y la nacionalidad, ¿no?

Y las llamadas y los mensajes del móvil.

Curiosamente, la mayoría de los mensajes son promociones

y publicidad de compañías telefónicas.

Pero hay varios mensajes escritos en rumano

que se enviaron a una chica llamada Dana.

¿Y el teléfono de esa tal Dana es español?

Afirmativo.

Y por cómo están escritos,

diría que es una amiga que tiene aquí.

¿La habéis localizado? Pensaba hacerlo ahora.

Justo hemos vuelto del domicilio de Katia y no he podido hacerlo.

Yo me pondré con el traductor para traducir los mensajes.

En cuanto tengáis alguna información me avisáis ¿vale?

Claudia,

deberíamos hablar con la embajada rumana

para contactar con los padres de Katia. ¿Lo hago yo?

No te preocupes,

prefiero que te concentres en la investigación.

A Bremón no le queda mucho tiempo.

¿Lo vamos a trasladar al juzgado?

O encontramos algo en las próximas 48 horas

o lo tendré que poner a disposición judicial.

Verás,

me duele mucho tener que decirte esto, pero...

tengo que rechazar tu oferta.

No es por nada personal, es sencillamente

política de empresa, no me gusta tener socios.

-¿Prefiere trabajar solo? -Sí, prefiero trabajar solo.

No quiero ni familia, ni amigos, ni socios dentro de mi empresa,

solo me fío de mí mismo.

-No se puede ser tan desconfiado, señor Quintero.

-Qué le vamos a hacer, cada uno es como es

y yo soy así.

Además, lo que te estoy diciendo ya se lo dije a uno de tus hombres,

la primera vez que vino a visitarme.

-Sí, estábamos al tanto, pero verá:

los Somoza somos gente muy testaruda,

y no aceptamos un no por respuesta.

Mi papá me mandó para convencerlo.

Además, aún no oyó la oferta que pensaba hacerle.

-No tengo que escuchar ninguna oferta,

la rechazaré igualmente.

-¿Está seguro? -Sí, estoy seguro.

Te estoy diciendo que esto no es una cuestión de dinero,

sencillamente, que a mí me gusta ir por libre,

no me gusta atarme a nadie. Política de empresa.

-Debería tomarse un tiempo para pensarlo con calma.

Voy a pasar unos días en España, podremos vernos en otro momento.

-No tengo nada que pensar, mi decisión ya está tomada.

-En los negocios hay que ser más flexible, Quintero.

-Verás, ya que te permites el lujo de darme un consejo,

de empresa a empresa,

te voy a dar otro consejo yo a ti.

En España nunca hay que llamar la atención de la Policía.

-¿A qué se refiere?

-Me refiero a que no sé cómo se harán las cosas en tu país,

pero aquí asesinar a un agente del orden o a un policía

es un asunto muy grave, Andrés.

Porque han sido tus hombres, ¿verdad?

Los responsables de la muerte de Salvador Jerez.

¿O no?

-No tengo la confianza suficiente para confirmarle ese punto,

señor Quintero, aún no.

Quizá más adelante, cuando seamos socios

podamos hablar del tema.

-Ya lo veremos.

-Hasta pronto.

-Mándame la ubicación del chalé de la partida, ¿vale?

Estoy para salir de casa ya. Espérame en la puerta.

Venga.

¿Qué pasa, Rober, qué haces por aquí?

Venía a traerte esto.

¡Anda mi CD!

No me acordaba que lo tenías tú. Gracias.

Lo encontré por casa. No hacía falta que vinieras para eso.

Así ya te veo, que hacía mucho tiempo.

Lo malo es que me pillas saliendo.

¿Por qué no avisas antes? Otro día tomamos una cerveza.

¿Y esa chupa? Te veo muy elegante últimamente.

Sí, me gusta ir elegante de vez en cuando.

¿Y el fajo de billetes?

Acabo de ver cómo lo has guardado en la chaqueta.

Sí, aquí. ¿Y?

¿Vas a jugar al póker con tu nuevo colega?

¿Te importa? ¿Tú qué crees?

¿Quién te ha dicho que juego al póker?

Me lo ha dicho Quintero.

Me estás mintiendo. Si no lo crees, ve y pregúntaselo.

¿Ahora sois colegas Quintero y tú? Pues no.

Pero tenemos algo que nos une: tú.

Y los dos estamos preocupados por esa nueva afición tuya.

No os tenéis que preocupar ni Quintero ni tú,

yo sé cuidarme solito.

En esas partidas solo gana quien las organiza.

Te voy a decir otra cosa para que no vayas de listo,

anoche partí yo la mesa y me levanté una pasta.

¿Anoche jugaste al póker y hoy vas corriendo otra vez?

¿Por qué te ha dado por ahí ahora?

Me ha dado por eso como podría haberme dado por lo otro,

porque ya soy mayor para que me dé por donde quiera.

Jairo...

¿Qué pasa, tío? Suéltame el brazo.

Jairo, por favor, no vayas a esa partida.

Por favor.

No hace falta que te preocupes por mí,

ni tú ni Quintero. Ya me están avisando...

Llego tarde. Cuando te vayas, cierra la puerta con llave.

-Hasta luego.

-Buenas noches. -Hola, buenas.

¿Qué va a ser? -Una copa

del mejor ron que tenga. Sin hielo, por favor.

-Me han traído un ron colombiano

que dicen los entendidos que es la bomba.

-Eso es lo que me gusta de España,

acabo de llegar y ya me hacen sentir como en casa.

No tiene mucha clientela.

-Es un poco tarde para la clientela de mi bar.

Enseguida cierro porque mañana abro prontísimo para los desayunos.

-Y dígame una cosa,

¿queda algo abierto por la zona

para la gente que le gusta trasnochar como yo?

-Hay bastantes locales que cierran más tarde.

¿Qué tipo de local busca?

-Un sitio donde se pueda bailar salsa de la buena

y haya españolas guapas como usted.

-Muchas gracias.

Yo cuando me siento caribeña voy a la Disco Fania.

Ponen una salsa buenísima. -Pero le gusta la salsa, ¿no?

-La verdad es que sí, no es que baile muy bien,

pero tengo un amigo cubano que me enseñó algunos pasos.

-Seguro que el sitio es chévere.

¿Me lo apunta si es tan amable? -¡Claro!

(Teléfono)

¿Qué hubo, papá?

Sí, he hablado con él.

La cuestión es que Quintero sigue en sus trece

y no quiere hacer negocios con nosotros.

Me pareció un cara de chimba.

¿Y qué quiere que yo le haga?

Se lo dije de todas las maneras posibles.

Con educación y buenas formas.

No se preocupe por eso,

yo puedo llegar a ser muy persuasivo, usted lo sabe.

Confíe en mí, papá, no lo voy a decepcionar.

Deme unos días más.

No se preocupe por ese tema.

Sí, yo lo mantengo al tanto.

Bueno pues.

Sí, señor, bendiciones. Chao.

-Aquí tiene la dirección. -Muchas gracias.

Muy amable.

-Gracias. Que lo pase bien.

Al final va a ser verdad

que a mi hermano le ha dado por jugar al póker.

¿Qué ha pasado? He ido a verlo a su casa

y se iba a echar una partida. Llevaba un buen fajo de billetes.

Espero que solo sea un pasatiempo y no se aficione al juego.

Eso espero yo también.

Es tarde, ¿por qué no te vas a casa?

Ya sé que te mueres por mis huesos y estás enamorada de mí, pero...

no tienes que quedarte en mis guardias.

No seas tan creído, no estoy aquí por ti.

Espero todavía poder localizar a esa chica, Dana.

¿Seguís sin tener señales de ella?

Lleva su teléfono apagado todo el día,

he intentado localizarla pero no lo he conseguido.

Yo no puedo creer que Bremón esté en el calabozo.

No eres el único, estamos todos en shock.

La primera Miralles, que está haciendo lo imposible

para averiguar qué pasó realmente.

"Todas las unidades disponibles

cercanas a la discoteca Fania para H50".

"Aviso de pelea en el interior". Recibido. Voy para allá.

Ramírez, vamos que tenemos faena.

Suerte con lo de Dana. Luego te veo.

¡Alicia! ¡Alicia! Espera.

¿Has conseguido localizar a la tía esta?

Imposible, sigue con el teléfono apagado.

Perfecto, porque creo que tengo su dirección.

Y he revisado todo el padrón municipal

filtrando a todas las Danas procedentes de Rumanía

y que viven en Madrid. Hay doce.

Buen trabajo, Karim. Lo mejor de todo es que solo hay una

que vive en el parque de la Dehesa de la Villa

Allí es donde quedaban las chicas.

Puede ser una casualidad, pero... Merece la pena investigarlo.

Pásame la dirección. Voy para allá. Perfecto.

Gracias.

¡María! Qué alegría verte, no sabía que estabas de vuelta.

-He llegado esta misma tarde, estuve unos días en el pueblo

solucionando asuntos familiares, pero ya está todo resuelto.

-Ya me lo dijo Salima.

-¿Qué te pongo?

-No lo sé porque venía a tomarme algo pero...

igual se ha hecho un poco tarde, no sé, te estoy...

viendo recoger y no quisiera que te retrases por mí.

-Mira lo que te digo: siéntate.

Voy a poner una copa para ti y otra para mí.

-A sus órdenes siempre.

Ay...

-Mira, me han traído un ron colombiano

que quienes entienden dicen que es buenísimo.

-Vaya. -Total, me voy a la cama...

Así que... -Pues di que sí.

-Tú también tienes cara de cansado. -No sabes cuánto.

Esto de los negocios es algo que agota y cansa mucho.

Hoy he tenido un día lleno de reuniones,

la última hace un momento.

-Precisamente, ha estado aquí un chico joven

que ha tenido una reunión contigo a última hora.

-Ah, ¿sí?

¿Se puede saber qué te ha dicho ese chico?

-A ver, a mí no me ha dicho nada.

No pienses que soy ninguna cotilla, pero le oí hablar por teléfono,

y al nombrarte se me fue el oído.

-María, sé perfectamente que no eres ninguna cotilla,

y si tengo algún interés por saberlo es por curiosidad.

Me dices que has oído a ese chico hablando de mí,

y me despierta la curiosidad.

-Tampoco me enteré de mucho, la verdad.

Hablaba con su padre, eso seguro,

y estaba muy enfadado el padre.

Y el chaval le decía algo así como que

no había cerrado el negocio,

pero a lo mejor próximamente lo cerraba.

-Sí, sí, sé por dónde va.

Más o menos lo que yo le dije.

-Bueno. ¿Quién es?

-¿El chico?

Es el hijo de un importante empresario latinoamericano,

un señor que tiene una empresa

de exportación de productos típicos de allí,

de Latinoamérica, ya sabes;

café y cosas así.

En fin, quería contratarme

o hacerse socio de mi empresa

para que le ayude a distribuir esos productos

por España y el resto de Europa.

-Suena muy interesante, ¿no? -Sí que lo es, sí.

Lo que pasa es que...

yo estoy muy cansado, y la verdad, no doy abasto.

-Que todo no va a ser trabajo. -Eso es, eso es.

Aparte, perjudicaría mucho a mis clientes de toda la vida,

los que han sido más fieles y más leales,

porque no podría ofrecerles el servicio

que estoy ofreciendo ahora. -Yo pienso como tú,

para mí los clientes son los más importante.

-Claro que sí. Los que tenemos empresas importantes,

sabemos que hay que cuidar a los clientes, ¿a que sí?

Brindo por eso, María.

-Se confunde conmigo, agente,

yo no soy un alborotador.

Díselo al que llevas detrás, a ver si opina lo mismo.

Y no soy agente, soy oficial.

Él fue el que se lo buscó, oficial.

Porque le saqué a bailar a la novia, figúrese.

Qué tipo tan remilgado.

El caso es que usted la armó y es lo que hay.

No entiendo por qué la Policía

tiene que intervenir en estos asuntos.

Solo tratábamos de solucionar un problemita de hombres.

Sí, ¿o qué? ¡Tranquila!

Si fuera un pequeño problema no habrían llamado a la Policía.

Vais a pasar los dos la noche en el calabozo.

No tengo ganas de pasar la noche en una celda.

¿Qué tal si me deja libre? Sí, ahora mismo.

Piénselo bien.

Yo creo que un oficial de Policía no gana mucho dinero,

yo podría... Como termines esa frase

tendré que denunciarte por intento de cohecho.

No he dicho nada.

Bueno, una cosa más,

¿sabe a quién me recuerda?

A Ernesto Farias,

un jugador de fútbol argentino que ha fichado por el América.

Son igualitos.

La verdad es que no tengo el día para fútbol.

Bájalo a su celda, que ya le he oído bastante.

Nos vemos, oficial. Disfruta del calabozo.

¿Ya te vas? He estado buscando a Dana.

¡Alicia!

¿Qué sabemos de la chica rumana que estamos buscando?

Karim encontró una dirección y ahora vengo de allí.

Los vecinos me han confirmado que Dana vivía en ese domicilio.

Parece buena noticia.

Desgraciadamente, no pude dar con ella,

pero me confirman que Katia era su compañera de piso.

Que sea su compañera de piso es muy interesante.

Yo también he pensado eso.

Bueno, ya que no aparece Dana,

creo que podemos pedir una orden de registro para el piso.

La podemos basar en que...

podría estar implicada en el asesinato de Katia,

y por eso ha desaparecido.

Lo solicito al juez de guardia. Déjalo, ya me ocupo yo.

Tú has metido muchas horas, te necesito muy descansada

para el registro de mañana.

Y tú ponte con las diligencias de lo tuyo.

Vaya tela, hijo.

-Colega, no te me vengas abajo.

Una mala noche la tiene cualquiera, el juego es así.

-Una mala noche la tiene cualquiera, el juego es así. No es para tanto...

Que he perdido todo lo que llevaba,

que les debo cinco mil pavos a los organizadores de la partida.

-Tranquilo, relax.

¿Eh?

Estas cosas pasan a todo el que juega.

Yo una noche me pulí ocho mil pavos.

-¿En serio? ¿Y qué hiciste?

-Lo único que se puede hacer en estos casos:

cabeza fría y esperar mi oportunidad.

-Volviste a jugar. -A la primera ocasión que tuve.

Pero no una timba cualquiera, una partida grande,

pasta de verdad. Esa misma noche saldé mi deuda,

y me fui a casa con seis mil pavos.

-Ya, pero tú los tienes muy cuadrados, tío.

-La clave está en no agobiarse.

Que esta noche se pierde, pues no pasa nada,

ya se ganará otro día.

-Ya.

Entre que ya ganaré, ya ganaré, a mí me han zumbado bien.

-Tú ni caso.

Vamos a ver, Jairo,

los jugadores de póker son como los empresarios,

¿tú conoces algún empresario importante

que no haya tenido una quiebra a lo largo de su carrera?

-No sé, tío.

-Pues ya te lo digo yo: ninguno.

Todos la han cagado alguna vez, pero no por eso se retiran.

Eso les sirve para aprender y seguir adelante.

-Yo no tendría que haberle entrado al mamón ese.

Estaba cargado de jotas.

-Ese es el punto,

hoy has aprendido una lección.

Te aseguro que no vuelves a cometer ese error.

La próxima vez que vayas de farol, no te cogen, colega.

-No sé si habrá una próxima vez.

Lo mismo, al final, Quintero y Rober tienen razón

y me estoy metiendo donde no debo.

-¿De qué hablas?

-Quintero y mi hermano no paran de decirme

que deje las cartas, que me aleje del mundillo del póker.

-Pero ¿tú te oyes?

-¿Qué pasa? A ver.

-Que pareces una nena hablando, con ese tono bajonero insoportable.

-Queco, no te pases.

-Yo lo digo por tu bien, para que reacciones.

"No, es que mi hermano me ha dicho que no juegue".

Pero ¿tú qué edad tienes?

-¿Lo dices por mi bien, que qué edad tengo?

Queco, ten más cuidado.

-Yo lo tengo.

En realidad no sé para qué gasto saliva contigo,

ni pierdo ni gano nada en este entierro.

-No te hagas el ofendido que no quiero ponerme chungo contigo,

pero ten cuidado cuando hables conmigo.

-Que sí, que tienes razón,

tú quédate aquí en casa acojonado, ya verás

qué tranquilos están tu hermano y el Quintero ese,

que parece tu padre.

Me voy. Anda, que vaya ojo que tengo.

Cómo me he equivocado contigo, colega.

-Eh, quieto ahí.

Te digo una cosa,

voy a dejar de jugar.

-Me parece muy bien,

pero a mí no me vuelvas a llamar. -Escucha,

voy a dejar de jugar, pero cuando a mí me dé la gana.

¿Sabes lo que te quiero decir con eso?

Que me busques una partida, que voy a jugar una.

Voy a jugar la última para recuperarme y luego lo dejo.

-Conozco la partida perfecta para eso.

-¿Y dónde es? -Se monta mañana

en una habitación de hotel, si quieres te consigo una silla.

-Pues claro que quiero. Hazlo.

-Si te retiras, Jairo,

hazlo bien, ¿vale?

Con la satisfacción de ganar, como los profesionales.

Por todo lo alto. -Eso es lo que voy a hacer.

-Muy bien.

Mañana te aviso, hora y sitio.

Espera mi llamada.

-No soy un pendejo al que se detiene por las buenas,

y tratarlo como si fuese un pirobo.

Yo no sé si serás un pendejo o no,

pero esto es España, si buscas líos en una discoteca

acabas detenido. Si vas a salir esta noche, anda con ojo.

Seguramente, este ha venido a organizar

el salto del negocio familiar a Europa.

Por cómo mataron a Salva y a su informante,

no hay duda de que son ellos.

No se andan con chiquitas. No tienen ningún miedo a la ley.

Matan un policía, saben que lo sabemos y les da igual.

Con su ayuda o sin ella,

los Somoza vamos a meter nuestra mercancía en Europa.

Piénselo, tómese unos días.

Yo puedo esperar.

Andaré por acá disfrutando de la famosa noche madrileña.

Bueno, queda pendiente lo nuestro.

-Gracias al móvil de la víctima

hemos conseguido localizar su último domicilio.

Compartía piso con una compatriota de nombre Ana.

Hemos intentado localizarla, pero no lo hemos conseguido.

Pedimos una orden de registro y nos la acaban de conceder.

¿El comisario ha recordado algo?

¿Por qué me has anulado la partida? -Por tu bien.

-Yo no necesito que pienses en mi bien.

Yo necesito volver a jugar con un poquito de racha,

en eso quedamos ayer.

¿Por qué me jodes ahora? -¿Estás dispuesto a arriesgarlo todo?

-Lo que va a pasar es

que me voy a sentar esa noche ahí y voy a ganar.

-¿Te tengo que recordar que tienes que ser responsable

y cumplir con tu trabajo? ¿Te queda claro?

-Sí, me queda muy claro, estamos de acuerdo en todo,

incluido lo de que soy mayorcito. -¿A qué viene ese tono conmigo?

-Si me vas a tratar como a un niñato, hazlo a la cara, no por la espalda.

No dejo de pensar en qué será de mis hijos si voy a prisión.

No te pongas en lo peor.

Natalia apenas puede sobrellevar lo suyo, y esto...

esto sería demasiado.

Esperemos que, al menos, no transcienda.

Las condiciones han cambiado, acaban de llamar,

han doblado la apuesta mínima de entrada.

-Joder, es un pastizal.

-¿Quieres que te pida un préstamo?

Conozco gente que no cobra demasiados intereses.

-Déjate, no necesito ningún préstamo.

-Bremón lo tiene crudo, había restos de pólvora en sus manos

y se utilizó su pistola.

Sin embargo, yo le creo incapaz de hacer algo así,

¿y quedarse a dormir al lado del cadáver?

Demasiado macabro.

Quién sabe lo que pudo pasar en esa habitación de hotel.

-¿Qué?

Alguien la ha matado. ¿Qué?

Por eso necesito que nos cuentes todo lo que sabes sobre ella.

¿Quieres ayudarme a encontrar al asesino?

  • Capítulo 189

Servir y proteger - Capítulo 189

31 ene 2018

Miralles encarga a Alicia que le ayude en la investigación de la muerte de Katia. Lola visita a Bremón en el calabozo. Fernando Quintero se reúne con Andrés Somoza, el hijo del narco colombiano Alejandro Somoza, que intenta convencerle de que hagan negocios juntos.

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