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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 187 - ver ahora
Transcripción completa

¿Qué haces? -¿Eh? Nada...

-Voy a llamar a la policía. -¡No lo hagas!

¡No vas a llamar a nadie!

-¿Has secuestrado a este hombre? -Sí, ya te lo he dicho.

-¿Tú estás loco? -Claro que estoy loco,

loco y desesperado, necesito dinero y tú lo sabes.

Todavía tenemos una oportunidad para pagar,

pero en el momento que lo hagamos

la vida de mi padre ya no valdrá nada.

Tengo la obligación de deciros que si decidís pagar,

puede que sea demasiado tarde para juntar el dinero.

-Tienes que soltar a ese hombre ahora mismo.

Debe estar toda la Policía detrás de ti.

-Por eso hay que seguir adelante.

-¿Hasta dónde estás dispuesto a llegar?

-Hasta donde haga falta.

Vengo por la rueda de prensa de esta tarde

sobre los índices de criminalidad. ¿Algún problema?

Vas a tener que llevarla tú sola. ¿Yo sola?

-Creo que la sanción al comisario, si es cierta,

es un asunto lo bastante importante para ser tratado.

¿De qué asuntos personales habla?

-Perdona, compañera,

a mí me importa más una mujer maltratada

que un comisario suspendido.

-Gracias por echarme un capote. Eres un cielo.

-¿Habéis conseguido ya los cien mil euros?

Los quiero antes de que acabe el día.

-Tendrá su dinero,

pero antes queremos asegurarnos de que el señor Ocaña está bien.

"Papá, ¿estás bien?" Sí, estoy bien.

Esta gente solo quiere dinero.

-Esa voz...

-¿Qué pasa? -Esa voz la he oído en algún sitio.

Lo tengo...

Creo que sé quién es el secuestrador.

-¿Qué es esto? ¿Qué está pasando aquí?

-Nada, ya nos vamos.

Venga, puerta. -Muy bien.

-Jairo, mañana te quiero en mi despacho a primera hora.

¿Qué hacías anoche en el reservado?

Y no me digas que buscabas las llaves.

-Yo lo único que quería

era tomarme una copa con un amigo tranquilamente,

sin tener que aguantar las miradas de siempre.

-A partir de ahora, hijo,

cuando quieras ir al reservado, ve.

-Déjame ir

y te juro que no te voy a denunciar, es más,

que consigo los cien mil euros.

-¿Hablas en serio?

-¿No ves que es una locura seguir con todo esto?

-¡Habérmelo dicho antes de pringarme!

Me tienes hasta las cejas y llegaré hasta el final.

-Hay jugadores muy malos y con mucha pasta,

y que están pidiéndote que los desplumes.

Algunos tienen mucho vicio.

-Es que suena demasiado bien, desgraciado.

-Vente tú mismo y lo compruebas.

-Dale. Cuenta conmigo. -Eso quería oír yo.

-Queremos un millón de euros dentro de dos horas.

-¿Un millón? Pero habían pedido cien mil.

-He localizado la dirección del móvil del que han llamado.

Es un sótano en la calle Almendralejo, 3.

El propietario es Francisco Guzmán, cuñado de Telmo García.

-Tenemos que largarnos de aquí cuanto antes.

La policía ya te está buscando.

¡Alto, policía!

Aquí no hay nadie.

Se han debido de dar cuenta.

(Música emocionante)

¿Adónde se lo habrán llevado?

Tranquila, ya encontraremos a tu padre.

Bueno, calma,

la ventaja es que conocemos a los secuestradores.

Tenemos sus domicilios vigilados, si aparecen por ahí los cazamos.

Tenemos varios K repartidos en sus lugares de trabajo

y en el colegio de la niña de Telmo.

Además, no tienen dónde esconderse y no son profesionales.

Pronto cometerán un error.

Karim ha revisado el Registro de la Propiedad.

No tienen nada más a su nombre, excepto el piso...

y el sótano del cuñado.

Podría ser la propiedad de un familiar.

El almacén de una empresa o un trastero alquilado.

Pero lo habrán trasladado en una furgoneta.

Conocemos la matrícula y el modelo de la furgoneta.

Si están circulando por ahí,

todas las unidades están alertas. Los pillamos.

No creo que se muevan mucho,

saben que podrían cruzarse con un control rutinario

o con un coche patrulla. Bueno, tranquila.

He dado orden de que no les den el alto.

No quiero poner en riesgo a tu padre.

Si se cruzan con ellos solo los seguirán discretamente.

Sabiendo que los estamos buscando, lo lógico es que se queden quietos.

Yo, en su lugar, buscaría un escondite,

algún parking donde pasar desapercibidos

entre la gente. Son impredecibles.

Es lo malo de que no sean delincuentes profesionales.

Podemos esperarnos cualquier cosa.

Eso es lo que realmente me asusta. Alicia, tranquila.

¿Les hemos intervenido los teléfonos?

Han debido de comprar teléfonos de prepago para el secuestro.

No son profesionales, pero tampoco son tontos.

Se nos acaba el plazo para el intercambio,

falta una hora y diez minutos.

Los profesionales saben negociar, pero yo de estos no me fiaría.

Como se pongan nerviosos... Bueno, ya. Ya lo sé.

Tranquilos, no os preocupéis. ¿Vale?

Vamos a acudir a la cita.

Y vamos a seguirles el juego hasta que Marcelino esté a salvo.

¿Y de dónde vamos a sacar el millón de euros?

Utilizaremos un señuelo.

Dinero falso. ¿Qué?

No. Si se dan cuenta se podrían precipitar las cosas.

Es la única opción que tenemos.

Con tan poco margen no tenemos tiempo.

Aunque lo pida ya a Jefatura,

no tienen tiempo de reunir el dinero y hacernos llegar.

Alicia, otras veces ha colado.

Son falsificaciones profesionales, darán el pego.

Y dudo que un instalador de aire acondicionado

sepa si el dinero es auténtico. ¿Y su cuñado?

Tú lo acabas de decir, no son estúpidos.

Podrían utilizar una máquina para verificar los billetes.

No es tan difícil, cualquier pequeño comercio la tiene.

Pero están improvisando, no tienen tiempo para eso.

Pero sí han tenido tiempo para conseguir teléfonos prepago.

No podemos arriesgarnos. Su vida está en juego,

Alicia, no tenemos otra opción.

O vamos con el señuelo, o vamos con las manos vacías.

No queda otra.

Sí que hay otra opción.

Yo sé quién puede tener el dinero.

A ver, Luis,

yo entiendo que tus clientes estén impacientes,

pero no puedo hacer otra cosa.

Tranquilízate, hombre,

te garantizo que hoy mismo tendrás tu mercancía, ¿de acuerdo?

Vamos a ver si te enteras si te lo digo de esta forma.

Cuando los controles externos aumentan,

la precaución interna también tiene que aumentar.

¡Maldita sea, Luis, pareces tonto!

Digo que tengo un montón de moscones con los ojos en nuestros negocios,

no puedo meter la pata,

tengo que tomar todas las precauciones posibles

para que no nos afecte. ¿Te enteras ahora?

Está bien.

Te aseguro que hoy mismo vas a tener tu mercancía.

Te doy mi palabra. Hasta luego.

¿Se puede? Vaya, Alicia,

qué sorpresa, tú por aquí.

Están viniendo tantos compañeros tuyos últimamente,

que estoy pensando en pedirle prestado el despacho

a vuestro comisario para trasladar allí mi oficina.

Créeme, no estoy aquí por gusto. Ya, me imagino.

Si vais a seguir pasando

te pediría que me lo digas para poner un cartel en la puerta

diciendo que no tengo negocios con ningún colombiano.

Quintero, no estoy aquí por Somoza.

¿Entonces por qué?

Porque...

necesito pedirte un favor. Es algo muy personal.

Dime, Alicia, ¿qué pasa?

Mi padre está secuestrado ¿Cómo que secuestrado?

Un secuestro exprés,

dos tipos que pensaron que nadábamos en dinero.

Evidentemente, eso no es cierto después de lo de Sergio.

¿Y cuánto piden?

Un millón de euros.

Eso es mucho dinero.

Lo sé.

Eres la única persona a la que puedo acudir,

pero será solo un préstamo.

¿Un préstamo?

Alicia,

si das un millón de euros a unos secuestradores

no esperarás que te lo devuelvan, ¿verdad?

Sabemos quiénes son y los vamos a pillar.

Además, le voy a poner un localizador al dinero.

Necesito que los billetes sean auténticos

para que no se den cuenta y suelten a mi padre.

En estos casos, la Policía usa billetes falsos,

pero no quiero arriesgarme

a que se den cuenta y tomen represalias.

Estamos hablando de...

de mucho dinero en efectivo, Alicia,

no sé de dónde piensas que yo pueda sacar

toda esa cantidad.

Lo tendrás de vuelta esta tarde.

Mañana a más tardar.

Quiero ayudarte,

te lo digo de corazón, pero...

es que no sé si voy a poder reunir todo ese dinero hoy mismo.

No hace falta que sea todo,

lo suficiente para poder tapar los fajos de billetes falsos.

Está bien,

está bien, te voy a ayudar.

Al fin y al cabo, para eso está la familia,

para ayudarse en los momentos difíciles.

Mira, si vas a regodearte, este no es el momento.

En menos de una hora debo entregar el dinero del rescate.

Auténtico o falso, de ti depende.

Dame 20 minutos.

Voy a hacer todo lo posible por tener aquí ese dinero.

20 minutos.

Gracias.

Es la primera vez que me das las gracias por algo.

Espero que lo tengas en cuenta, Alicia,

porque no hay nada,

nada que un padre no esté dispuesto a hacer por su hija.

Luis, soy yo otra vez.

Necesito que me hagas un favor.

-Mira, tuviste mala suerte, nada más.

No te entraban cartas, qué quieres.

Seguro que esta noche te va mejor.

-Que no, tío, una cosa es saberse las reglas

y apostar con los colegas para pagar la ronda,

y otra cosa son estas timbas, hermano.

No es solo cuestión de suerte. -Tú lo has dicho,

la suerte ayuda, pero no lo es todo.

Mira, Jairo, en el póker hay que tener cabeza,

no se puede ser tan impulsivo.

Tú ayer empezaste muy fuerte y por eso te desplumaron rápido.

Tienes que hacer apuestas más pequeñas, jugar sobre seguro.

En resumen,

controlar tu deseo de ganar.

-¿Cómo hago eso si estoy deseando ganar?

-Lo primero es observar a los contrincantes,

y luego tus cartas.

No te lances si te viene una buena mano,

primero fíjate si los demás pueden llevar algo mejor que tú.

-Ya, pero todo eso dentro de la mesa no es fácil.

-Ahí está la gracia del juego.

Hay que saber poner cara de póker,

pero la parte más divertida, y esto te lo digo yo,

es descifrar la de los demás.

-Gracia no tiene ninguna.

Yo me sé la teoría y lo que es estar fuera de la mesa,

pero te estoy diciendo que dentro,

uno no ve nada porque todo cambia.

-Siempre hay tics,

un gesto involuntario.

Encontrar ese algo que te hace diferenciar cuando van de farol,

eso te convierte en ganador, no la suerte.

-¿Y por qué no me dijiste todo esto ayer?

-Porque veo ahora que puedes ser buen jugador.

-Ahora lo ves. ¿No estarás jugando tú conmigo?

-Mira, nadie nace enseñado,

los principios son duros, y lo más normal es cagarla.

Hay que hacer una curva de aprendizaje.

Pero te aseguro

que tú en esto puedes llegar lejos.

O lo que es lo mismo, amigo, forrarte.

-Ya, ya.

-Pero si te quieres retirar a la primera de cambio, no insisto.

Pero dímelo para que pueda buscarme otro.

-Hombre, no, no.

No tienes que buscar a nadie, no vamos a quedar mal,

si ya te has comprometido, se va.

Esta noche yo juego.

-La mesa de esta noche es un chollo,

eso te lo digo yo.

Mucha pasta, jugadores mediocres...

-Ya, veremos si es tanto chollo o no lo es.

Ya lo decidiré yo.

Ostras, colega, voy pillado.

¿Nos vemos esta noche? -Sí, yo te invito a esta.

-Disculpa. ¿Te importa que me siente un momento?

Un momento.

-Siéntate.

-Verás...

-Me gustaría advertirte. -¿Te gustaría qué?

-Advertirte. -¿Advertirme?

Estás borracho, ¿o qué?

¿Desde cuándo te puedes meter en mi vida?

-No tengo ningún derecho, pero tampoco tengo obligación,

así que...

¿Por qué no me dejas que te cuente lo que sé

y luego haces lo que te dé la gana? -Vale, suéltalo.

-Ese chico con el que estabas...

Deberías tener cuidado, es peligroso.

-¿El Queco es peligroso?

-¿De qué lo conoces?

-Lo conozco del gimnasio, ¿qué pasa?

-¿Sabes a lo que se dedica?

-Es comercial en una empresa de teléfonos móviles.

Ya ves tú el peligro. -Sí, hombre, sí,

esa será su tapadera del día. -¿Qué tapadera, tío?

-Este tío se dedica a vivir de las cartas.

-Y si juega a las cartas porque gana dinero,

¿a mí qué más me da? -Le jodió la vida a un amigo mío,

a un compañero de trabajo, periodista deportivo.

-¿Qué es lo que le hizo? -Lo arruinó, Jairo.

Lo arruinó.

Lo llevó por un circuito de timbas de póker.

Le animaba a apostar, al principio pequeñas cantidades.

Empezó como un pasatiempo, pero acabó siendo su perdición.

-Con todo el respeto a ti y a tu amigo,

¿no será que tu amigo no se controló? y se arruinó solo?

Porque yo te aseguro que nadie te obliga a apostar.

-Eso no te digo que no,

mi amigo es responsable,

pero estarás de acuerdo que en este mundo de las cartas

hay ganchos profesionales, ¿verdad?

Pues tu amigo lo es.

Te lleva a la partida, te anima a apostar,

al principio te dejan ganar un poco,

y luego empiezas a perder.

Entonces él te presta dinero para que te recuperes.

Y cuando te quieres dar cuenta, estás entrampado.

Mi colega lo perdió todo.

La familia, el trabajo...

Últimamente ha perdido hasta la salud.

-De graciosos está lleno el mundo.

Eso está claro.

-Crees que esto a ti no te puede pasar, ¿no?

-Aun suponiendo que digas la verdad, no.

Aunque sea joven he visto gente

que perdió hasta la camisa con las cartas.

-Bueno, hombre, pues nada.

Entonces no necesitas mi consejo.

Perdóname.

Yo solo quería advertirte de qué palo va tu colega.

-Y yo te lo acepto, no pasa nada.

Gracias.

-¿Me dejas que te dé un último consejo?

-¡Joder!

El último, dale. A ver...

-En estas partidas siempre hay un pringado.

La próxima vez que vayas, mira a tu alrededor.

Y si no sabes quién es el pringado,

plantéate si no vas a tener un problema

porque, a lo mejor, ese pringado eres tú.

-Bien,

aquí lo tienes. Está todo.

¿Qué pasa? ¿Estás sorprendida?

¿Por qué?

¿Por lo rápido que he conseguido tanto dinero?

¿O por lo poco que puede abultar un millón de euros en efectivo?

¿Cómo lo has conseguido?

Pensé que no tenías tanto dinero disponible.

Y no lo tengo, Alicia.

No lo tengo.

He tenido que pedir ayuda.

Y debo favores a gente a la que no me gustaría deber nada.

Pero eso es asunto mío.

Lo importante es que aquí tienes lo que necesitas

para liberar a Marcelino.

Con lo difícil que es mover dinero en efectivo hoy en día.

Si vas a cuestionar la procedencia de este dinero

me lo guardo y punto. No, no.

Lo único que quiero es liberar a mi padre.

Lo mismo que yo.

Dame un boli, te firmaré un recibo.

No es necesario.

¿Vas...

a darme un millón de euros sin más?

¿Por qué no?

Eres mi hija, ¿no?

Y confío en ti.

Además, si se pierde ¿qué vas a hacer?

¿A quién se lo vas a reclamar?

Solo te voy a pedir una cosa,

libera a Marcelino.

¿Qué te pasa?

Que por una vez, los dos queremos lo mismo.

Quizá sea porque en el fondo

tú y yo no somos tan diferentes como piensas.

¿No?

Gracias.

Corre.

De verdad.

Estoy en posición, Karim ¿me recibes?

"Alto y claro".

El localizador de la bolsa funciona correctamente

y nos va a llevar hasta ellos.

Por aquí no se ve nada, ni rastro de los secuestradores.

Ya deberían haber llegado.

Viene alguien, es una moto.

¡Joder!

¿Has venido a por esto?

El trato era que lo dejabais en el contenedor.

No voy a tirar un millón de euros a la basura.

¿Dónde está mi padre? Primero la pasta. Dámela.

No, un intercambio no funciona así.

Yo te doy el dinero y tú sueltas a mi padre.

¿Te crees que somos idiotas?

¿Te crees que lo voy a traer conmigo

cuando sé que está lleno de policías?

Lo soltaremos cuando estemos a salvo.

Hablo con él ahora o no vas a tener el dinero.

Pero tú qué quieres, ¿matarlo?

-¿Por qué no te sientas? Me estás poniendo muy nervioso?

-Cómo se os ve el plumero

a quienes estáis acostumbrados a mandar.

Apuesto a que has tenido servicio toda tu vida.

-Nada de eso.

Yo creo que tu cuñado se ha hecho una imagen equivocada de mí.

Pedir un millón de euros es una locura.

-¡No me cuentes tu vida!

¡Me la pela de dónde saques la pasta!

Pero si no consiguen el dinero para el rescate, ya sabes lo que hay.

-No nos pongamos en lo peor.

Aunque consigáis el dinero, ¿dónde vais a ir?

-A ti te lo voy a contar.

-Es imposible que podáis escapar.

-Mira, a mí no me vas a ablandar como al idiota de mi cuñado,

así que cierra la boca o te la cierro yo.

El único sonido que quiero escuchar es el de ese teléfono.

Y si no suena en los próximos minutos, date por muerto.

-¿No hablarás en serio?

-Más te vale que no me pongan a prueba.

-¿Y qué vas a conseguir matándome?

No vas a conseguir nada, arruinar tu vida.

La pena mínima por asesinato son 15 años.

Todavía estáis a tiempo de entregaros, de verdad.

-¡Y una mierda!

Yo no me voy de aquí sin mi dinero.

Estoy metido hasta el cuello y llegaré hasta el final.

-La Policía ya sabe quiénes sois, es inútil que intentéis escapar.

Piénsalo bien, yo te puedo conseguir un buen abogado...

-¡Que te calles!

En una cosa tienes razón, abogado,

que la policía ya sabe quién soy.

Así que no tiene sentido que siga llevando esto.

-¿Me vas a matar?

-Tendría que haberlo hecho hace un rato.

-Han podido tener un contratiempo.

-O tal vez, la Policía lo ha pillado.

Si pierdo yo, perdemos todos.

-O me das la bolsa o tu padre está muerto. Tú decides.

Déjame hablar con él. De eso nada.

Llamaré cuando esté lejos de aquí, en lugar seguro.

Mi socio está esperando que lo llame.

Se te acaba el tiempo, esto ya no depende de mí.

Tengo que llamarlo a la hora acordada.

"Como me retrase un solo minuto, tu padre morirá".

¡Tú decides!

¡Como me sigáis es hombre muerto.

Karim ¿lo tienes localizado? Afirmativo.

Que nadie se acerque más de la cuenta.

No nos pueden descubrir.

Recibido.

¿Estás bien?

Joder, como encuentre el localizador...

Este va derecho a su escondite.

Espero que Karim nos dé el aviso pronto.

Tranquila, que no se nos escapa.

No tienes pinta de delincuente.

-No lo soy.

Pero tampoco soy un cobarde.

-Secuestrar a alguien no es cosa de valientes.

Si me dejaras en libertad no sería...

un acto de cobardía,

sino de sensatez. -¿Qué tal si te callas tú

y me dejas hablar a mí?

Una vez en la mili

me castigaron en cocinas por una bronca con otro recluta.

Un murciano que se las daba de graciosito,

graciosito.

Todo el día hablando de su fiesta favorita:

cartagineses y romanos. ¿Sabes lo qué es?

Tres horas.

Tres horas ahí, pelando patatas

y aguantando al nota

que no paraba de cotorrear.

Pío, pío...

Al final no aguanté más, se me cruzó el cable

y le tuve que rajar toda la cara, ¡zas!

Mi parienta siempre se queja de que soy un impaciente.

Pero hay situaciones en las que uno acaba perdiendo la paciencia.

¿Eh?

(Teléfono)

¿Por qué has tardado tanto? Estaba a punto de cargármelo.

-"Tranquilo, cuñado, que lo tengo".

"Son un puñado de fajos, ¡joder!"

-Ven aquí y asegúrate que no te siguen.

Tienes suerte, abogado.

Fuera hay alguien que te quiere

como para conseguir un millón de euros.

-"Atención a todas las unidades del Operativo Bufete".

El sujeto se dirige hacia el sur por la M40 dirección Villaverde.

Repito: sur por la M40 dirección Villaverde.

-"Recibido K32".

"Recibido K34".

"Recibido Z29".

-¡Hola!

¿Te traigo un té?

-Sí, Espe.

-Perdona. Si quieres vuelvo más tarde.

-No, no, pero ahora necesito concentración.

Y gracias. Siempre estás en todo.

Seguro que me viene genial.

Atención a todas las unidades,

el sujeto acaba de tomar la salida M301.

Repito: salida M301 hacia el sur.

Tráfico escaso.

Por favor, cuidado con no revelar las posiciones, chicos.

-¿Estás en un operativo? -Así es.

-Entonces, te dejo tranquilo.

No, quédate que seguro que me das suerte.

-¿A quién perseguimos?

-Es un secuestro exprés.

Ese lleva el dinero del rescate.

Esperemos que nos lleve hasta donde está su socio

porque no sabemos dónde está la víctima.

-¿Y quién es la víctima? -Marcelino Ocaña.

-¿Marcelino...

el padre de Alicia? -Así es.

-¿Cómo es posible que no me haya enterado?

-Porque todo ha pasado muy rápido

y Miralles decidió no informar.

Justamente por ser quien es.

Atención a todas las unidades.

El sujeto acaba de detenerse

en el kilómetro 23

de la M301.

Repito: kilómetro 23

M301.

Karim, ¿tienes algo?

Se acaba de detener.

"¿Dónde?" Es el hotel Serrano.

Hace poco atendimos un caso de maltrato a una prostituta allí.

Hotel Serrano, ¿lo conoces?

Vamos.

"Di a todas las unidades que no intervengan

hasta que lleguemos, que bloqueen las salidas".

Recibido. -Suerte, Alicia.

(Puerta)

-¿Se puede saber dónde estabas?

-Estaba abajo aparcado para asegurarme de que no me seguían.

-Si es que piensas y todo. Dame la pasta.

Huele a dinero de verdad. -Sí.

Creías que nos iban a dar gato por liebre.

-Seguro que es auténtico.

Mi hija no permitiría que arriesgue mi vida.

-Tienes suerte, abogado. Es bueno.

-Joder, cuñado, esto es la leche. ¿Te das cuenta que somos ricos?

-¡El plan ha funcionado!

-Pensé que te habías quedado con la pasta.

-Yo nunca haría eso.

-"Te faltan huevos".

No nos interesa soltarlo. -¿Cómo?

Eso no es lo que habíamos hablado.

-No te acojones ahora. Escúchame. -¿Qué?

-Hay que llegar hasta el final, debemos huir.

Si lo dejamos vivo, dará la voz de alarma.

-No, no, por favor...

Os juro que no me moveré de aquí,

me quedaré aquí hasta mañana...

Por favor, no me mates, haré lo que me pidas.

(SUSURRA) Tenemos que entrar ahora.

Espera, Alicia. Está en peligro.

Podría ser un farol.

Si entramos ahora, esto puede acabar muy mal.

"Venga, podemos largarnos sin herir a nadie, Paco".

-¿Por qué te da tanta pena el capullo este?

¿No te había tratado como escoria?

-Sí, pero ya ha tenido su merecido, ¿no crees?

Además, no quiero que mi hija piense que soy un asesino.

-Siempre has sido un blando, cuñado.

-Vamos a amordazarlo bien para que no pueda avisar

y nos vamos pitando para Marruecos. Y ya desde el moro,

volamos muy lejos, donde no puedan extraditarnos.

Ese era el plan, ¿no?

Paco, Paco, mírame.

Si nos lo cargamos, la Reme no me lo perdonará.

He hecho todo esto por ella.

-Está bien.

(SUSPIRA)

Lo primero es salir de aquí.

-Debemos asegurarnos de que no puede hacer ruido.

Vamos a tumbarlo en la cama.

-Venga.

-¡Me haces daño!

-Señal de que estás vivo. No te quejes, abogado.

Tú, desconecta el teléfono.

(MARCELINO TOSE) -A ver si lo vas a ahogar.

-Mira, ¡me estás tocando las pelotas!

Tenemos que llegar a Marruecos antes de que lo encuentren.

-Vámonos.

Cúbreme.

Yo que tú soltaba el pincho. ¡Vamos!

Chico, no dispares.

Papá...

Tenéis derecho a no declarar, y tenéis derecho a un abogado.

¿Estás bien?

Pensé que no volvería a verte.

Ya está, ya ha pasado.

Felicidades, chicos. El operativo ha terminado.

-Qué alivio, ¿eh?

Menos mal, porque con la racha que llevamos en esta comisaría,

me temía lo peor.

Si le hubiera pasado algo malo, yo dimito.

-¿Por qué dices eso? -Por gafe.

-¿Es que tú crees en esas cosas?

-No, pero desde que llegué a Madrid

las cosas no han ido muy bien.

-Pero si desarticulamos a los de Planeta Libre gracias a ti.

-En aquel operativo hubo una defunción,

y a mí me dieron un tiro.

Y a mi hermana la atracaron a punta de pistola

nada más llegar a Madrid.

-Pero también me has conocido a mí,

y creo que eso compensa un poco, ¿no?

-No lo tengo yo tan claro.

-Claro, eso es...

porque todavía no has visto nada.

Pero si quieres te abro los ojos...

en mi casa.

-Eso ya es otra cosa, ¿no?

Tranquila, Alicia, ya pasó todo.

Venga.

Ahora a descansar.

Buen trabajo.

(Puerta)

¡Adelante!

Inspectora...

Pasa, pasa.

Necesito mostrarte algo.

A ver.

Lo acaban de colgar en la red.

Esto es un desastre.

Lo sé, yo también lo he leído.

Procuré responder a las preguntas de esa periodista,

pero estaba empeñada en saber las razones

de la suspensión de Bremón.

Quería carnaza.

"La falta de transparencia

en torno al cese del comisario del Distrito Sur,

dispara las sospechas sobre su gestión".

"¿Qué se oculta a la opinión pública sobre Emilio Bremón?"

Encima, hace que parezca un caso de corrupción

con esas menciones a su suegro

y a sus contactos con las altas esferas.

Es terrible.

Eso no es lo peor,

lo peor es que la ausencia de mandos

genera sensación de indefensión a la ciudadanía.

Lo siento muchísimo, Miralles, de verdad.

Intenté dar lo mejor de mí,

contar cifras positivas y los logros de la UFAM, pero...

No te preocupes, Lola, la responsabilidad es mía,

no debí haberte expuesto a los periodistas.

Una rueda de prensa siempre entraña riesgos

por rutinaria que sea. Bastante hiciste.

Anda, mira qué bien

que os pillo a las dos juntitas.

¿Se puede saber qué haces aquí? Te recuerdo que estás suspendido.

Y gracias a vosotras, ahora lo sabe toda la ciudad.

Os ha faltado tiempo para echar tierra sobre mi cadáver.

¿Qué estás insinuando? No sé si te estoy entendiendo bien.

¡Lo sabes perfectamente!

Me habéis dejado con el culo al aire frente a la prensa.

¿Crees que estoy contenta con ese artículo?

Tú quieres salvar la cara,

pero lo importante es la reputación de la comisaría.

Eso no te lo crees ni tú.

Si de verdad te importara,

no iríais por ahí aireando los trapos sucios de esa manera.

Entiendo que estés cabreado,

pero no podemos controlar todo lo que se publica

y tú lo sabes perfectamente.

Precisamente porque sé cómo funciona esto.

Explicadme una cosa.

Elegir a Lola para darme la puntilla final,

¿ha sido una casualidad o no? Dime, Lola.

Te presentaste voluntaria, ¿verdad?

Yo intenté evitarlo por todos los medios, te lo prometo.

Y no dije ni la mitad de las cosas que pone en el artículo,

son suposiciones de la periodista.

¿Lo intentaste en serio? ¡Por supuesto!

Pues te salió fatal. ¡Emilio!

Si no sabes hablar en público, no lo hagas.

¡No tienes derecho a hablar así a la oficial Ramos!

Bastante hizo con dar la cara. Claro que ha hecho bastante,

ha hecho mucho. Ha arruinado mi carrera,

Eso es lo que ha hecho. ¡Basta ya!

Tu carrera la estás arruinando tú solo

a base de alcohol y pastillas.

¿Vale?

Y nosotras vamos por ahí tapando tus errores.

Veo que no piensas disculparte. ¡Claro que no pienso hacerlo!

Pero te daré un consejo:

si de verdad te interesa todavía tu carrera,

arregla tu vida, tu cabeza y tu familia.

Por aquí no hace falta que aparezcas, no te necesitamos.

No sé para qué he venido.

Lo mismo opino yo.

Aquí tienes tu dinero. Me da igual el dinero,

solo quiero saber si habéis podido liberar a Marcelino.

Está sano y salvo.

Gracias a Dios...

No sabes cuánto me alegro por él y por ti.

Espero que no haya sido muy complicado.

Pusimos un micro y un localizador en la bolsa

y ellos nos llevaron hasta ahí.

Es curioso lo que os pueden ayudar tantos avances tecnológicos

en vuestro trabajo y en la labor de la policía.

Desgraciadamente, a los malos también.

Terroristas, narcotraficantes...

Sí, claro.

¿Habéis podido atrapar a los secuestradores?

Era un pobre hombre desesperado por un desahucio inminente

y su cuñado a quien lio una vez que ya tenían a mi padre.

Vaya...

Qué tristeza más grande, ¿no?

Lo que puede llegar a hacer la gente desesperada

que lo ha perdido todo durante tantos años de crisis.

Supongo que habrá sido bastante difícil para ti también.

Siempre lo es.

Como ya te dije en una ocasión, es mi trabajo.

Intento no mezclar nunca lo personal con lo profesional.

Lo importante es que ya se ha solucionado todo

y Marcelino está libre, ¿no?

Por cierto, una pregunta.

Me ha provocado mucha curiosidad

¿sigue llevando ese localizador?

Porque nunca he visto un cacharro de esos.

¿Para reconocerlo por si un día te ponen uno?

Vamos, Alicia, sabes que yo no tengo ningún secreto.

Ni contigo ni con el resto de tus compañeros,

todo el mundo sabe la ruta que hacen mis camiones.

Claro.

No te preocupes, la bolsa me la llevo conmigo,

solo vine a traerte tu dinero.

Tampoco te lo tomes a mal,

si te lo he preguntado ha sido solo por curiosidad.

Yo también tengo una curiosidad.

¿Por qué tienes tanto dinero efectivo?

¿No te fías de los bancos?

Solo te puse una condición:

que no hicieses preguntas al respecto.

Cierto. No me debes ninguna explicación.

No.

Pero ¿sabes qué?

Te la voy a dar.

Te voy a dar esas explicaciones.

Verás, yo...

yo ya soy mayor, y soy un hombre chapado a la antigua,

de los de la vieja escuela,

y no me fío en absoluto

de estas cosas modernas, de los bancos por internet,

de las transacciones electrónicas...

Ni siquiera de todas esas cosas nuevas

de hacer compras por internet.

Porque cualquiera, desde cualquier rincón del mundo

a un par de clics,

un par de golpes de ratón,

puede hacer que todo desaparezca, que tu dinero se volatilice.

Así que yo prefiero tener el dinero en efectivo.

Contante y sonante.

Ya.

Y supongo que el dinero que guardas debajo del colchón

está declarado. Por supuesto que sí.

Puedes dormir con tu conciencia muy tranquila.

Todo este dinero que has utilizado para liberar a Marcelino

es dinero limpio.

Deberías confiar más en el sistema.

Yo solo me fío de mí mismo.

¿Vamos a contarlo?

No hace falta.

Sé que está todo.

¿Así que también confías en mí?

Pensaba que solo te fiabas de ti mismo.

Cómo no me voy a fiar de ti, Alicia,

eres mi hija.

No quería irme sin antes darte las gracias.

Ese gesto ha significado mucho. Para mí eres...

eres una persona generosa en algunos aspectos.

No sabes lo feliz que me hace escuchar eso.

Lo feliz que me hace que, por fin,

podamos terminar una conversación sin discutir.

Eso sí que es novedoso, ¿verdad?

Sí que lo es, sí.

Ve con Marcelino, anda.

Estaréis deseando de estar juntos después de lo que ha pasado.

Buenas noches.

Alicia...

Solo quería decirte una cosa más.

Estoy muy orgulloso de ti, hija.

Mucho.

¡Coleguita! Que los has dejado pelados...

-Bueno, bueno, bueno...

He tenido suerte. -¿Qué te he dicho antes de la suerte?

Tienes buena técnica, tronco, no te infravalores.

-Ya te dije que aprendí mucho en esas timbas a las que iba.

Aprendí a mirar a la gente.

Pero se notaba que eran unos novatos.

-Eso es porque me has hecho caso.

Primero observar a los contrincantes, después las cartas.

La observación lo es todo, colega.

-Tenías razón, todo el mundo tiene sus pequeños tics si te fijas.

-El gordo cuando iba de farol... -Se tocaba las cejas.

Me di cuenta nada más llegar. -Los has desplumado, colega.

¿Cuánta pasta te has sacado?

-No sé, no la he contado.

-Ahí hay más de mil pavos seguro.

-Dos mil seiscientos.

-¿Qué?

¿Te dije que no te arrepentirías o no te lo dije?

No está nada mal, ¿dos mil?

-Seiscientos. -¿Dos mil seiscientos en una noche?

-Aunque si descuento lo que palmé ayer

tampoco he ganado tantísimo.

-Es el precio del aprendizaje.

-Y con esto me retiro, y santas pascuas.

Salgo a ganar. -¿Qué dices?

¿No estarás hablando en serio?

¿Lo vas a dejar ahora que le estás pillando el tranquillo?

-Mira lo que tengo en la mano, ya estoy contento,

no me quiero enganchar. -Jairo,

tú no estás enganchado.

-Ya, sí, sí,

yo controlo hasta que deje de controlar.

Yo he visto muchas cosas, Queco.

He visto gente obsesionarse con las cartas y pasarlo muy mal.

Con estas manos he echado a gente de mesas de póker a golpes.

-Cómo te gusta exagerar, colega.

Si fueras un ludópata vendrías tras de mí

pidiendo que te busque una partida. Y más bien es al revés.

-Ya, ya me he dado cuenta de que insistes mucho.

-¿A qué viene eso?

Pensé que éramos colegas, por eso te ofrecía las partidas.

-Somos colegas, tranquilo.

Pero te voy a decir una cosa y no quiero que te mosquees.

Me han advertido de ti.

-¿Y qué te han dicho?

-Que lanzaste un tío al hoyo

a base de insistirle para que jugara a las cartas.

Que se endeudó y perdió todo lo que tenía y lo que no.

-Yo no insisto a nadie ni les obligo a que se sienten a apostar.

De hecho, hay un punto en el que no entro.

Vienen porque les gusta la emoción y ganar dinero fácil.

No está mal hacerse con un fajo así cada noche.

-¿No decías que no insistías?

¿Qué estás haciendo ahora mismo?

-Bueno, bueno, yo no digo nada más.

Ya me pegarás un toque cuando te apetezca tomar una copa

o algo así. Para que veas que no obligo a nadie.

-¿Te estás mosqueando conmigo?

-Qué va, yo sé que tú no piensas eso de mí,

pero la gente no tiene lo que hay que tener para aguantar.

Cuando las apuestas suben se rajan,

y acaban perdiendo por cobardes. Y lo más cachondo es

que le echan la culpa al resto. -¿Y cómo sabes que yo no te haré eso?

-Tienes técnica y eres valiente.

Mucho aprendiste tú en esas timbas que viste.

-No, detalles, ya te lo he dicho.

Solo detalles.

-Solo tienes que aguantar un poco más esos impulsos que te entran.

Hoy lo has hecho y te ha ido de cine, ¿no?

Ya verás cómo te vas concienciando

de que puedes sacar mucha pasta a medida que ganes partidas.

-Por seguir vivos

y por tener más cenas familiares como esta.

Con los presentes

y, quién sabe, si con algún miembro más.

Papá, no empieces.

¡Salud! ¡Salud!

-En serio, chicos, gracias.

Solo de pensar que podría seguir estando allí

atado... No tienes que darnos las gracias.

Pues os las voy a dar yo.

Hoy habéis hecho un trabajo excelente.

Alicia, deja,

de vez en cuando está bien una palmadita en la espalda

de Régimen Disciplinario.

Sí, pero no os malacostumbréis

que no quiero que se corra la voz

de que me he ablandado.

-A veces me olvido de lo complicado que es vuestro día a día.

No sé cómo podéis dormir por las noches

con tanta tensión acumulada.

No todos los días resolvemos secuestros con rehenes.

No todos los casos son de vida o muerte.

Tú lo has dicho, hija, por suerte.

Yo no creo que pueda pegar ojo esta noche.

Me vienen a la mente, continuamente, detalles de lo ocurrido.

Ese Paco,

realmente, estuvo a punto de probar su navaja conmigo.

-¿Sabes que hablar de ello te ayuda a superar el miedo?

Es mejor que lo eches fuera.

Eso es lo que solemos decir a las víctimas.

Pues estando a solas con él,

me di cuenta que solo necesitaba una excusa

para abalanzarse sobre mí.

Como si necesitara sacar toda esa violencia fuera.

Incluso cuando llegó el otro con el dinero,

seguía queriendo matarme.

Lo sé, papá.

Lo oímos todo.

En ese momento estuvimos a punto de intervenir,

pero Rober pensó que era mejor esperar un poco más.

Podía haberte matado antes de que llegaras a tu padre.

Tenía la intuición

de que no lo iba a matar delante de su cuñado.

Me alegro de que tu intuición funcionara.

Y también, de que Telmo lo convenciera al final.

A mí ese pobre hombre me da pena en el fondo.

-¿En serio?

-A ver, no sé si es el síndrome de Estocolmo,

pero me pongo en la piel de ese hombre y lo entiendo.

Porque todo empezó

porque lo pillé intentando robarme un sobre con unos billetes.

-Él se lo ha buscado, intentó robarte.

-Sí, pero todo se precipitó.

Se notaba que ese hombre estaba desesperado.

Me recordaba a mí cuando estuve al borde de la quiebra y...

y todos los clientes me rehuían.

-Pero tú no has secuestrado a nadie.

No puedes compararte con ese hombre.

-Pero estuve tentado...

de aceptar cierto dinero.

Menos mal que Alicia y González me ofrecieron una solución.

Por cierto, tenemos una reunión pendiente con González

para mostrarte los números.

La cosa del bufete está mejorando más rápido de lo esperado.

Claro que sí, papá, pero todo a su tiempo.

Ahora debes pensar en descansar y en reponerte.

(Teléfono)

Si es que te dejan... -Perdonadme.

Fernando, ¿qué quieres?

-"Nada, solo quería felicitarte. Me alegro que todo ha salido bien".

-¿Cómo es que estás al tanto de todo?

Que yo sepa no se ha publicado nada.

-"Parece que no te han informado".

"Quizá no debería haberte llamado".

-¿De qué estás hablando? ¿Qué es lo que tengo que saber?

¡Suéltalo de una vez!

-"Verás. Alicia vino a pedirme el dinero que necesitaba

para tu rescate".

"Tenía que ser auténtico para que no te mataran".

"¿Sigues ahí, Marcelino?"

-Sí, no sabía nada.

Y supongo que tengo que darte las gracias.

-"No, no tienes que hacerlo,

solo llamaba para decirte que me alegro

de que estés a salvo y bien. Nada más".

"Hasta luego".

¿Qué pasa?

Que acabo de enterarme,

de que fue Quintero quien pagó mi rescate.

Fue solo un préstamo.

No quería arriesgarme a darles un señuelo.

Alicia, hiciste lo correcto, además, todo salió bien.

Detesto deberle favores a ese tipejo.

Papá, olvídalo ya.

En todo caso, quien le pidió el favor fui yo.

Pues peor me lo pones.

-Bueno,

lo importante es que estás aquí con nosotros

y a salvo.

Vamos a brindar por eso, ¿os parece?

Venga, Marcelino, alégrate.

Salud.

-Yo hoy no le he visto el pelo.

-Ya, se pasa todo el día metido en la ONG.

-¿Pero no había venido de vacaciones?

-Bueno, cada uno llama vacaciones a una cosa.

No sé, con la de horas que mete va a salvar el mundo él solo.

-Ya, ya. Bueno...

reconoce que a ti tampoco te molesta verle trabajar tanto.

-Pues no.

¿Sabes por qué?

Porque no nos vamos a separar nunca más.

-¿Y eso cómo es?

-Martín, que vamos a casarnos.

-Espera, espera, ¿qué me estás contando?

Que lo tengo que asimilar.

¿Os vais a casar?

¡Qué me cuentas, Salima! ¡Enhorabuena!

De verdad que hacéis muy buena pareja.

-Muchas gracias.

-¿Me pones un agua con gas, por favor?

-Sí, claro.

-¿Para cuándo?

-Todavía no hemos pensado en los detalles.

Los invitados, la fecha, el tipo de ceremonia...

Con calma.

-Tú recuerda

que la vida es eso que sucede mientras hacemos planes.

-Perdóname por recordarte...

-No, no, no... ¿Qué dices?

No lo decía por eso. Ven aquí.

Dame un abrazo. ¡Enhorabuena!

Me encanta que a la gente buena le ocurran cosas buenas.

-Muchas gracias.

-¿Cómo está, comisario? Vete a la mierda.

Puedes leerlo en prensa.

No se ponga así, comisario.

Yo no he escrito ese artículo.

Y la periodista que lo firma

apenas las conozco... Eso no importa.

Sois todos de la misma calaña.

Vivís jodiendo la vida a los demás.

Ponme un whisky, por favor.

Comisario... No me llames así.

Usted para mí siempre será el comisario de Distrito Sur.

La persona que me permitió conocer a la Policía por dentro.

Martín, en serio,

ahórrate el peloteo para mi sustituto,

o mis sustitutas.

Si no me falla la intuición.

Te he visto vender tu alma por cuatro clips.

Lamento verlo así.

Pero por mucho que quiera quedarse solo,

me gustaría estar ahí para ayudarlo.

Pero...

cuando esté sobrio.

Que le aproveche la copa.

-No me gusta beber sola.

Pues te advierto que no soy la mejor compañía en estos momentos.

Salima.

Lo que tome la chica me lo cobras a mí.

¿Tu nombre? Katia.

Emilio.

Oye...

Eh, despierta...

Despierta...

¿Estás bien?

Miralles.

Ha ocurrido algo. "¿Qué ha pasado?"

Es algo muy grave.

Necesito que vengas cuanto antes, por favor.

Eso es una herida de bala.

Lo sé.

Sé que tienes una segunda arma de tu propiedad.

¿Llevabas ese arma contigo ayer?

Esta habitación se ha convertido en el escenario de un crimen,

debo precintarla y llamar a Científica.

Eres la mejor policía que conozco.

Solo tú me puedes ayudar.

¿Conoce una discoteca que se llama Valentina?

Parece ser que los hombres de Somoza

están parando mucho por allí últimamente,

y me gustaría mucho saber lo que hacen.

-Les he dicho a mis padres que me voy a casar.

-¿Se lo has dicho?

¿Y cómo les ha sentado?

-Lo que más me duele es que Alicia haya recurrido a él.

Y no dejo de pensar por qué lo ha hecho.

-Quintero no se interpondrá entre Alicia y tú.

-Eso es lo que busca una y otra vez.

Ya te di las gracias.

pero eso no significa que me fíe de ti ni de tus intenciones.

No sabes cuánto lamento oír eso.

-Sabes que puedes contar conmigo para lo que quieras,

pero tienes que decirme lo que sabes. De eso nada.

¿No te acuerdas que estás suspendido?

No vayan a invalidar la investigación por una irregularidad.

Quiero entrar en una de sus partidas de póker.

-Lo que menos me conviene ahora mismo, es que te despistes

y pases las noches jugando al póker

con todos los problemas que tenemos encima.

-Sé de una partida potente para esta noche.

Entrar está difícil, pero... -Déjame digerir lo que pasó ayer,

que fue "heavy", tío. -¿Tú eres un viejo, tío?

No puedes dejar pasar esta oportunidad.

-Déjame que termine esto, que me lo piense

y te doy un toque. -Bueno, vale.

  • Capítulo 187

Servir y proteger - Capítulo 187

29 ene 2018

Para poner en marcha el plan para detener a los secuestradores, Alicia necesita pedir un gran favor a Quintero. Bremón ahoga sus penas en La Parra y allí conoce a una misteriosa joven. Pese a las advertencias de Martín, Jairo vuelve a jugar al póker con Koke.

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