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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 168 - ver ahora
Transcripción completa

es el inspector encargado de la UIT a partir de ahora.

Esperanza Beltrán es nuestra oficial de Atención al Ciudadano.

No lo haré todos los días,

pero te he preparado un té verde con hierbabuena y azúcar.

Míralo como un detalle de bienvenida.

-Me apuesto que antes de que yo cumpla dos meses entrenando,

tú yo tenemos una cita.

-Igual eso de "el que la sigue la consigue"

esta vez va a estar complicado.

-Ya veremos.

-Anda que no has tardado en presentarme a tu novia,

casi la conozco en el altar. ¿Qué altar?

Seguramente nos casemos por el juzgado.

Eso no lo hemos hablado.

Usted le ha hecho bastante daño a Alicia para invitarlo a su boda.

Si no te importa,

todo lo que tenga que ver con mi hija,

prefiero hablarlo con ella personalmente.

Pero es que la boda también es mía,

y usted no entiende que no está invitado.

La vida da muchas vueltas, ¿no te parece?

Y todavía pueden cambiar muchas cosas.

-Necesito tu ayuda para colocar explosivos

en la fábrica de pintura.

-No participaré en eso, podría haber víctimas.

-No las habrá si lo hacemos de noche

y las ponemos en el lugar apropiado. Lo tengo estudiado.

-¿Sabes los tóxicos que producirá el incendio?

-Si queremos que nos tomen en serio, debemos hacer ruido de verdad.

Los de Planeta Libre han puesto un artefacto explosivo

en la fábrica de pinturas del polígono.

Esa fábrica estaba amenazada por Planeta Libre, ¿no?

Eso es. Nuestra prioridad es desarticular la célula terrorista

antes de que vuelvan a actuar.

Martín, ¿sabemos algo nuevo del incendio en la fábrica?

Ha sido un accidente, ¿no? -Los datos salen con cuentagotas,

pero todo indica que es un atentado.

-¿Un atentado de quién?

-No me digas que han sido los radicales ecologistas.

Los de Planeta Libre.

-A partir de ahora, no aceptaré una negativa por tu parte.

Vas a colaborar en todo lo que te pida.

Si no lo haces, enviaré a la policía

las pruebas que tengo de tu implicación con Planeta Libre.

Hablamos con un vigilante que hacía la ronda por el polígono,

pero dice que fue una noche tranquila.

Lo único extraño que recuerda es el ruido de una moto

a gran velocidad, pero ni siquiera la vio.

La persona que atacó a Martín también iba en moto, ¿no?

Tiraremos de ese hilo.

Anoche, uno de mis vigilantes vio a una mujer bajar de una moto

y merodear por los alrededores de esta empresa.

¿Le vio la cara? De refilón.

-¿Desde cuándo lo sabes? -Desde anoche.

Fui a cerrar el cajón y lo vi.

-¿Y por qué no me has dicho? -Te lo digo ahora,

he estado comiéndome la cabeza sin saber qué hacer.

-Olga, creo que debemos sentarnos y hablar sobre el tema.

Tengo algo que explicarte. -No quiero que me expliques nada,

pero dime una cosa, eres miembro de Planeta Libre, ¿sí o no?

-Déjame que te cuente algo, Olga, por favor.

-No tienes nada que contarme, ya sé todo lo que tengo que saber.

-¡Olga! ¡Olga!

(Música emocionante)

-Buenos días.

¿Ya estás levantado? pero si no has podido dormir ni cuatro horas.

¿Por qué no duermes un poco más? Me he desvelado.

Creo que me jubilaré sin dormir ocho horas seguidas

tras una noche de guardia.

¿Y a ti qué te pasa, Olga?

Tienes cara de haber dormido poco también.

-La verdad es que sí. ¿Y por qué?

¿Estás preocupada por algo? Los exámenes, ¿o qué?

Sí, mañana tengo uno práctico

y me da miedo suspender los teóricos.

Ya sabes cuál es el mejor remedio para ir segura a los exámenes:

estudiar.

Ya, pero es que... Es que, ¿qué cariño?

¿Qué te pasa, hija?

Que no sé si me va a dar tiempo. Me voy a poner ya.

Espero que no vuelva otra vez con un carro de suspensos,

yo la veo dispersa.

Sería el colmo,

después de la lata que dio con la escuela de cocina.

No sé a qué viene la inseguridad ahora.

Será por responsabilidad, como sabe que la hemos apoyado en el cambio,

no querrá defraudarnos. Voy a traer más café.

Vale.

Tienes un día duro hoy, ¿o qué?

Uno más querrás decir,

estoy echando más horas que un reloj.

Desde que Bremón tiene el problema con su mujer estoy desbordada.

¿Cómo está? Bueno.

Ayer hablamos por teléfono y me dijo que bien,

pero era evidente que no, se pidió el día libre.

Tendría que seguir mi consejo y buscar apoyo psicológico.

Un enfermo crónico, sin quererlo, puede minar la salud de su cuidador,

y aquí tenemos todas las papeletas. Ya.

Al parecer, su mujer no lleva bien la nueva situación,

es comprensible.

Si no lo ve fuerte, tardará más en recuperarse.

O sea, la pescadilla que se muerde la cola.

Ya me hago la idea de lo que me viene encima.

Por cierto, espero que pase por comisaría

un chaval que atendí anoche en urgencias.

¿Por qué dices eso?

¿Qué le había pasado?

Dice que le pegaron unos porteros de discoteca,

vino con el brazo roto.

Pero empezó contándome que se cayó de la bici, y no coló.

¿Y no nos avisasteis? Eso es delito.

Iba a hacerlo, pero salió corriendo como si viniera un tsunami.

Cuéntame eso con detalle.

Empezó mintiendo, pero yo le sonsaqué.

Dice que le pegaron unos porteros porque tenía mala pinta.

Iba con unas zapatillas viejas y camiseta.

No le dejaron entrar, quiso hablar con el encargado

y empezaron a pegarle.

-¿Así que tus padres son marroquís? -Sí,

pero yo nací en España, en un pueblo de La Mancha.

-De cuyo nombre no quieres acordarte.

-Más o menos.

Pero hace mucho tiempo que no voy para allá.

¿Y tú de dónde eres? -Ceuta.

-Tengo un primo que vive allí.

A ver si te gusta el té,

te lo he preparado como se hacía en mi casa.

-Esto está delicioso.

Acabas de ganar un cliente fijo. -Pues muchas gracias.

¿Y a quién te han puesto de compañero?

-A nadie, yo trabajo solo. -Ah.

Pensaba que salíais a patrullar por parejas.

-Sí, es que no voy a patrullar.

Se puede dar el caso, pero normalmente

me paso el tiempo en una sala con ordenadores.

Soy el nuevo inspector de la UIT.

-Ya, que eres el sustituto de Laura.

-Sí.

Todo el mundo se pone muy sensible con solo mencionarla.

-Es que nadie merece acabar así.

Además, ella era muy especial.

Diferente.

-Diferente, ¿por qué?

-No sé, de entrada siempre te descolocaba,

pero luego se hacía querer,

y tenía unos sentimientos muy nobles.

-Lo que está claro es que no será fácil sustituirla.

Todos los compañeros la querían un montón.

-Hola. -Buenas.

-Hola, pareja, ¿lo de siempre? -Sí, por favor.

-¿Qué tal, Karim? ¿Te vas adaptando?

-Eso intento, pero todos me comparan con Laura,

y la verdad, no sé si voy a estar a la altura.

Justo ahora estábamos hablando de ella.

Debía ser una persona con mucho carisma, ¿no?

-Sí lo tenía.

¿Y sabes qué te diría ella?

Que no te esfuerces en caer bien a la gente,

no vale la pena. -Genio y figura.

Tú sé tú mismo y haz tu trabajo.

Será difícil olvidarla, pero acabaremos cogiéndote cariño.

-En ese caso, voy a seguir haciendo mi trabajo,

si no, se me acumulan los expedientes.

-Ya te invito yo. -Gracias.

Nos vemos.

-¿Qué te parece el nuevo?

-Sin más.

-Es difícil no acordarse de Laura viéndole a él, ¿no?

-Me la imagino echándolo a patadas de sus ordenadores.

Con lo obsesiva que era con su orden...

-Estuvo una semana sin hablarme porque le moví un pósit de sitio.

-¿Y lo hiciste? -No.

-Es como si la viera todavía,

con sus auriculares, trabajando...

Y tan arisca cuando la interrumpíamos,

pero, de repente, te soltaba esa sonrisa tan...

tan suya.

-Pero si está aquí mi morena favorita.

(CARRASPEA)

-Ay...

-¿Te has pensado mejor lo de mi invitación?

-No pierdas el tiempo, de verdad. -No lo pierdo, lo invierto.

Había pensado que si no quieres tomar una copa

ni tampoco al cine, ¿por qué no hacemos esquí acuático?

Al pantano de San Juan.

-Mira, Lucho, vete a vacilar a otra y a mí me dejas en paz,

¿lo entendiste o te lo pinto?

-Pero ¿qué te pasa?

-Me pasa que estoy harta de chulitos como tú.

-Nacha, ya está bien,

que al chaval le ha quedado claro.

No se lo tengas en cuenta,

que tiene un mal día.

-Yo no le he faltado al respeto, he entrado de buen rollo.

-Perdónala, está un poco tensa. -Sí, un poco.

-Es que no le gustan los...

los deportes acuáticos.

-Dame tres, a ver si esta vez tengo más suerte.

El número me da igual, el que más coraje te da.

¿Sesenta? Muy bien, ahí tienes.

Si me toca, te buscaré.

Alicia, ¿puedo hablar contigo un momento?

Si es un asunto policial ve a comisaría,

fuera de eso no tenemos nada que hablar.

¿Tampoco si se trata de Marcelino?

¿Qué pasa con él?

Nada,

solo que me gustaría que hablases con él

porque eres la única persona capaz de convencerlo

para que acepte mi ayuda.

¿Tu ayuda?

¿Y por qué iba a necesitarla?

¿No lo sabes?

Siento mucho ser yo quien te lo diga,

pero es conveniente que lo sepas,

el bufete Ocaña está a punto de caer en la bancarrota.

Si Marcelino no hace algo rápido y pronto,

se va a ver en la ruina. Ya.

Y según tú, a mi padre se le ha pasado contármelo, ¿no?

Como si fuera un detalle sin importancia.

No sé, ya lo conoces,

es probable que le dé vergüenza decírtelo,

le cuesta mucho trabajo enfrentarse a las situaciones difíciles.

No sabemos si será por orgullo o por cobardía...

No te consiento que lo insultes,

tú no le llegas ni a la suela del zapato.

Él es un señor, y tú eres...

No hace falta que me digas lo que piensas de mí, Alicia.

Ya me lo has dicho muchas veces, no lo repitas, por favor.

Verás, a estas alturas,

yo soy el único empresario dispuesto a mantener la confianza

en el bufete Ocaña. Pero ¿qué estás diciendo?

El bufete de mi padre tiene una cartera de clientes envidiable,

algunos llevan décadas con él.

Y todos están abandonando el barco, ¿no lo ves?

Ninguno quiere verse salpicado

por ese turbio asunto provocado por Sergio Mayoral.

¿No te das cuenta?

Marcelino se está quedando sin clientes.

¿Cómo va a seguir sufragando los gastos que origina un despacho

si no tiene ingresos?

¿Y tú por qué quieres ayudarlo?

¿Qué interés tienes en mantenerlo a flote?

Tú.

Tú eres mi único interés.

Cómo no. Y se supone que tengo que creerte.

Alicia, no quiero que sufras viendo a Marcelino en la ruina.

Habla con él, por favor, pídele que acepte mi ayuda,

dile que no sea tonto.

Estoy dispuesto a inyectarle liquidez,

el dinero que sea necesario para salir adelante

y traeré de vuelta al bufete a los empresarios más importantes.

Ni lo sueñes,

jamás convencería a mi padre de ponerse en tus manos,

prefiero la ruina. No sabes lo que dices,

esto no es una cuestión de dinero, tu padre no es nadie sin ese bufete.

Si el bufete se hunde, él se va a hundir también.

Pues mira, mejor eso que convertirse en su pelele.

A ver, hay algo que no has entendido,

estoy dispuesto a ofrecerle mi ayuda sin pedirle nada a cambio.

A mi padre le costó muchísimo desvincularse de tus chanchullos,

te aseguro que jamás volvería a cometer el mismo error.

Algún día te darás cuente de lo equivocada que estás.

Yo nunca, nunca,

le haría daño a nadie a quien tú quisieras, hija.

¿Cómo te atreves a llamarme así?

Mi madre murió por culpa de tus negocios criminales.

Alicia, puedes seguir acusándome el tiempo que te dé la gana,

hasta que yo me muera,

pero hay algo que ni tú ni nadie va a poder negar,

eres una Quintero, ¿y sabes por qué lo sé?

Porque tienes el mismo genio y el mismo carácter

que tenía tu abuela.

¿Pretendes hacerme perder los nervios en público?

No, ni mucho menos,

solo quiero recordarte la verdad,

hasta te tiembla la comisura de los labios

como le pasaba a ella cuando se enfadaba.

Y tienes el mismo lunar que tenía ella en su boca.

Cuando quieras te enseño una foto. No quiero que me enseñes nada.

Lo único que quiero es que te olvides de mí,

de mí y de mi padre.

Métetelo en la cabeza de una maldita vez.

Los Quintero somos gente muy perseverante,

¿nunca te han dicho que eres una mujer muy terca?

Eso lo habrás heredado de mí,

yo nunca me rindo, Alicia,

nunca.

Y nunca voy a renunciar a ti.

Vete a la mierda.

Que tengas un buen día, hija mía.

¡Adelante! ¿Quería verme?

Sí, sí, pasa.

Elías, quiero encargarte un asunto,

puede que no sea nada, pero me he quedado mosqueada.

Dispara.

Ayer hubo una agresión en la discoteca Star,

la que está junto a la alameda, ¿sabes?

En mi tiempo se llamaba Mogambo. ¿Qué ha pasado?

Parece ser que los porteros se liaron a puñetazos con un chaval

que quería entrar en zapatillas.

Acabó con un brazo roto y contusiones en la cara.

¿Y qué esperamos a ir a por ellos? Porque aún no hay denuncia.

Yo sé todo esto por Antonio

que estaba de guardia y atendió al chaval,

al parecer estaba muy asustado

y le mintió sobre lo que había sucedido.

Intentó sonsacarle sin éxito. Huele raro.

O está metido en un marrón, o tiene miedo de sus agresores.

Me inclino por lo segundo. ¿Recuerdas a los Miami?

Cómo no me voy a acordar, los Miami y los...

Y los Persas. Eso, sí.

Acabaron a tiros por controlar las puertas de las discotecas.

Porque quien controla la entrada, controla el trapicheo,

al final todo acaba en lo mismo: tráfico de drogas.

¿Tú crees que hay un repunte de las mafias?

En jefatura nos han alertado de movimientos sospechosos

en locales nocturnos, puede ser un incidente aislado,

pero quiero que Nacha y tú os acerquéis por la discoteca Star,

a ver qué pasa. ¿Tienes la identidad de la víctima?

Espera, Antonio...

Antonio me ha dado esto, es lo único que tengo.

Vale. Ya me ocupo yo.

Eso espero.

Su café. -Gracias.

Hola, María. Hola, bonita.

Gracias por venir.

Por teléfono me has dejado intrigado,

¿qué es eso tan urgente que quieres hablar conmigo?

Es un tema delicado, por eso quería hacerlo en persona.

¿Por qué no en el despacho? Sabes que no me gusta

hacer cosas a espaldas de tu padre.

Porque creo que es él quien me oculta algo importante.

¿Es cierto que el bufete tiene graves problemas económicos?

Por favor, González,

sé sincero conmigo.

¿Quién te lo ha dicho?

Quintero me ha abordado por la calle para contármelo.

¿Así que es cierto? Me temo que sí.

Pero creo que deberías hablar de esto con tu padre.

Ya sabes lo nervioso que se pone cuando está este tipo de por medio.

No quiero que se altere, y mucho menos ahora.

Por eso quería hablar contigo antes.

¿Tan grave es la situación del bufete?

Tanto como que podríamos entrar en concurso de acreedores

y desaparecer.

Quintero no exageraba.

¿Pero cómo es posible?

El escándalo de Sergio nos ha hecho mucho daño,

ha sido un mazazo para el buen nombre del despacho.

Vosotros tenéis una reputación construida durante años.

Es como si se hubiera borrado de un plumazo.

Al principio se fueron unos pocos,

luego las empresas importantes. Corrió la voz,

y el último artículo de prensa fue la estocada definitiva.

Pero vosotros no habéis matado a nadie.

Pero les pedimos a muchos clientes que confiaran en Sergio.

Tu padre lo vendió como uno de nuestros mejores abogados

y ahora no confían en nuestro criterio.

¿Y no se puede hacer nada para retenerlos?

¿Mejorarles las tarifas o así?

Tu padre se pasa el día al teléfono, ya no sabe qué decirles

para evitar la sangría,

pero huelen la desesperación y salen huyendo.

Ya.

¿Cuánto crees que puede aguantar esta situación el bufete?

Necesitaría hacer números,

pero un despacho sin clientes no tiene razón de ser.

Tendríamos que empezar a despedir empleados el mes que viene.

Quintero le ha ofrecido ayuda económica a mi padre

para evitar el cierre. Lo sé, me lo contó tu padre.

Está cerrado en banda,

pero me temo que sería la única solución.

¿Poneros en manos de Quintero?

De eso nada, se haría con el control del bufete

y menos después de lo que has pasado

para evitar que Sergio os vendiera a los ingleses.

O Quintero o la bancarrota.

No hay más.

Estoy segura de que podremos encontrar una solución.

Nada me gustaría más, créeme.

Antes de tirar la toalla te pido

que abordes este tema desde cero.

Es lo que hacemos con un caso si llega a un punto muerto.

Valoramos la situación desde el comienzo.

Lo único que te pido es que lo intentes, por favor.

Está bien, te prometo que le daré una vuelta,

haré números, a ver si se me ocurre algo.

Seguro que sí.

Eres la persona más valiosa del bufete,

y sé que te importa tanto como a mi padre.

Si te oyera Sergio,

nunca se cansó de menospreciarme como abogado.

Y mira dónde está.

Intentó quitarte de en medio y no lo consiguió.

Juntos conseguimos salvar el bufete una vez,

confío en ti para poder hacerlo de nuevo.

Cuenta conmigo.

Muchas gracias.

¿Dos semanas a Sevilla? Me cambiaba por ti ya mismo.

-No te embales, que aún no sé si me van a enviar.

Ni siquiera hay fechas,

me he enterado por una conocida que tengo en Jefatura.

-Pero es un encuentro

para responsables de la UFAM de todo el país.

-Pero no pueden desatender ese área en todas las comisarías,

enviarán algunos responsables

y el resto se conformará con leer las conclusiones.

-Pues ojalá te envíen a ti,

porque tiene una pinta muy interesante.

-Pues sí, me encantaría, Espe.

Además de compartir experiencias con otros compañeros del país,

van a venir médicos, trabajadores sociales, psicólogos,

que nos va a asesorar en el trato con las víctimas.

La idea es mejorar el protocolo de actuación en casos de maltrato.

-¿Y de quién depende que vayas tú?

Porque pienso postularme como acompañante,

con lo que me gusta Sevilla... -Pues vas dada,

¿tú has visto al comisario estos días por aquí?

Pues eso,

yo creo que ni siquiera se ha enterado del encuentro.

-Entre lo poco que está, y que cuando está no está...

-No me apetece hablar de eso, Espe.

-Perdona, es verdad.

-¿Y conoces Sevilla? -Yo sí, ¿tú no?

-No. -Bueno, es preciosa.

No sé, la Giralda,

la Torre del Oro, el pasear por el río,

es muy bonita.

Yo fui con unas amigas, pero tengo que reconocer

que es el destino ideal para ir en pareja.

-Hola.

-Hola, Karim.

-Qué bien que os encuentro, igual podéis echarme una mano.

-¿Qué te pasa? -Se me ha fundido una pantalla,

he intentado arreglarla, pero no hay manera.

No sé si sabéis dónde hay una nueva, o un técnico que lo arregle.

-Yo creo que tendrás que esperar sentado

porque tienes que hacer un escrito con la solicitud,

que te lo autorice Miralles, y enviar esa solicitud a Informática

para que te envíen al servicio técnico.

-¿Mientras tanto?

-Puedes rescatar una pantalla vieja que yo no uso,

pero que es del año catapún.

Como decía Laura,

parece que ha hecho un viaje en el tiempo.

-En ese caso, será mejor rellenar la solicitud.

-Qué exagerada es Espe,

la pantalla no está tan mal, ¿por qué no se la enseñas?

-No os molestéis,

yo me apaño para seguir trabajando sin ella,

pero gracias de todas formas.

-Pues nada.

Lo que te dije ayer,

que soy invisible para los chicos que me gustan.

-No digas tonterías.

-Hombre, si le interesara algo

hubiera aceptado que bajara con él al sótano, ¿no?

-¿Pero tú lo has visto?

Ven aquí que te voy a dar un par de clases.

Ven aquí. -No tengo nada que hacer, Lola.

-¿Se puede? ¡Adelante!

¿Ya estáis aquí? Sí, ha sido rápido,

la discoteca estaba cerrada.

Hemos hablado con algunos vecinos

y todos coinciden en que, últimamente,

en la puerta hay más follones.

-Una vecina nos ha confirmado que los nuevos porteros

son más violentos que los anteriores,

de hecho, la amenazaron por llamar a los Municipales

para protestar por las broncas.

¿Habéis comprobado

si los compañeros tienen constancia de esos altercados?

Constan las visitas de las patrullas en tres ocasiones.

Comprobaron que estuvieran todos los papeles en regla

y los niveles de ruido, nada más.

-Cuando la Municipal se presentó nadie quiso denunciar.

La técnica de acojonar al personal funciona.

Si ves al del brazo roto,

casi se lo hace encima cuando nos vio aparecer.

Espero que lo hayáis tranquilizado. Al principio no quería hablar,

pero le dijimos que, simplemente, nos contara qué había ocurrido.

¿Y?

Al parecer, cuando los matones se metieron con su indumentaria,

se quiso quejar y le dieron dos puñetazos.

Se cayó mal y se rompió el brazo.

Que le dijeron: "Para que sepas quién manda aquí".

-No es cliente habitual y no sabía cómo actúan los porteros.

Luego le contaron

que siempre están buscando excusas para repartir leña.

¿Podría identificar a los agresores?

¿Y sabe si hay trapicheo de droga ahí?

Dice que no sabe nada y que él no toma drogas, pero...

-Nosotros creemos que miente,

porque se le atropellaban las palabras.

Dice que no conocía a los porteros,

pero yo creo que iba allí a pillar, no a bailar.

Muy bien, pues tirad de ese hilo.

Esta noche os dejáis caer por el Star.

Tendrá que ser mañana,

esta noche cierran por descanso del personal.

Qué lástima, angelitos,

debe ser agotador dar palizas a chavales.

Pues mañana.

A sus órdenes.

-Jo, Pati, te echo tanto de menos, ojalá estuvieras aquí.

Sí, es algo muy gordo.

No insistas, prefiero contártelo en persona.

No tienes que coger un tren corriendo, estoy bien.

Solo necesitaba escuchar la voz de una amiga.

¿Tú qué tal por Barcelona? -¡Olga!

-Pati, te dejo, hablamos otro día.

Sí, adiós.

-Olga, espera, espera.

Tenemos que hablar, necesito que me escuches.

-Suéltame, eres un mentiroso y un monstruo.

-Déjame que te explique, por favor.

-¿Que eres un puñetero asesino?

-No digas eso, yo...

-Planeta Libre es un grupo terrorista

que pone bombas, muere gente,

y tú eres uno de ellos, ¿me lo vas a negar ahora?

-No, pero déjame explicarte cómo he llegado hasta aquí,

explicarte mis razones. -No hay razones válidas para esto.

-Déjame cinco minutos, por favor.

-Ya me has hecho bastante daño,

debería estar en la comisaría denunciando.

-Pues vete si quieres,

pero déjame que antes te cuente la verdad, por favor.

-No es lo que quiero,

quiero despertar de esta pesadilla y tener al chico del que me enamoré.

No puedo creer que todo esto sea verdad.

-¿Todo bien, pareja? ¿Pasa algo?

-Que no nos ponemos de acuerdo en el plan.

-¿Qué plan?

-Quería sacarla esta noche a cenar

para compensar todos los días que llevo sin verla.

-Pues tendrás que esperar,

dices que debes preparar el examen, tendrías que estar estudiando.

-Sí, mejor voy a casa a hincar codos.

-Te acompaño que voy a ver un paciente que está de camino.

-Adiós, Quico. -Vente a casa a cenar,

para que se te despeje la cabeza.

-Si cambias de idea,

estaré encantado de atenderte de nuevo.

-Hola.

¿Quién era ese hombre? Me suena mucho su cara.

-Pues Candel,

dueño de una constructora muy importante,

sale mucho en prensa.

-Y por tu cara, no traía buenas noticias.

-Pues no, otro que se va.

Y esto no va a parar.

-Alguna solución tiene que haber.

-Precisamente, me han ofrecido una salida.

Los buitres detectan cuando la víctima

está a punto de morir. -Ya.

Te han hecho una oferta a la baja por el bufete.

-Todo lo contrario, prácticamente un cheque en blanco.

En teoría sin contrapartidas.

-¿De qué estás hablando? -Pues Quintero,

que ha venido para insistir en que acepte su ayuda.

Me ha ofrecido volver a ser cliente,

e inyectar una buena cantidad de dinero.

-Le habrás dicho que no.

-Claro, lo he mandado a paseo.

Pero no te voy a mentir,

estoy pensando en aceptar.

-Mira, Marcelino,

sé el daño que te causa Quintero solo por aparecer por esa puerta,

no me cabe en la cabeza que te plantees aceptar su dinero.

-Ya, pero...

levantaría el bufete. -¿Y merece la pena?

-Aquí trabaja mucha gente, Montse.

-Abogados jóvenes y con talento

que se pueden recolocar fácilmente en otro sitio.

-¿Y González y yo mismo?

No quiero perderlo todo.

-Tienes ahorros, tu casa, me tienes a mí.

Con lo que yo gano podemos vivir los dos.

Tómatelo como una jubilación anticipada.

-Pero eso sería admitir la derrota.

Después de tantos años de carrera, labrándome un nombre,

para acabar así, para perder el respeto de la gente.

-Ya, que lo material es lo de menos.

-Sí, es algo más esencial,

es sentirte útil.

Saber que has llegado a donde querías.

Me gustaría que Alicia me siguiera viendo

como el hombre de éxito que la educó,

y no como un pobre fracasado.

-¿Le has contado tu situación? -No me atrevo, la verdad.

-¿De qué tienes miedo?

Alicia nunca te va a ver como un perdedor.

A ella le daría igual. -Pero a mí no.

-¿Y tu socio? ¿Cómo se lo ha tomado?

-Pues imagínate,

también tiene una edad,

y está en mitad de una crisis matrimonial.

Ha salido a una cita misteriosa

y no ha me ha querido decir con quién.

No me extrañaría que esté moviendo ficha

para recolocarse en otro bufete.

-¿Qué pasa, Lucho, ya no saludas?

-Prefiero no arriesgarme.

-Lo siento, la verdad que esta mañana me pasé contigo.

Perdóname, pero elegiste el peor momento para insistir.

-Solo te propuse hacer deporte en un pantano.

¿Qué haces con los que son babosos de verdad?

¿Les pegas una paliza? -No sé,

dependiendo lo que para ti sea un baboso de verdad.

-A mí no me mires, yo soy un caballero,

no tengo nada que ver

con los que se arriman en las discotecas,

o insultan a las tías que pasan de ellos.

-A esos los llevo al calabozo y les enseño buenos modales.

-Entonces he tenido suerte.

-De verdad que lo siento,

eres majo, y aunque no lo creas, me caes bien.

-Solo quería ser simpático contigo.

-Ya lo sé, pero estoy pasando una mala racha,

y no tengo paciencia. ¿Me perdonas?

-Vamos a hacer un trato:

te perdono si esta noche te tomas una copita conmigo.

-¿Pero hay algún premio a la insistencia

y yo no me he dado cuenta? -Son mis condiciones.

-A ver, Lucho,

seré franca para que no pierdas el tiempo conmigo.

Soy lesbiana. -Ya...

Eso lo dices para librarte de mí.

-En absoluto, lo que no entiendo es cómo no te has dado cuenta.

-A mí no me importa,

me gusta experimentar cosas nuevas, en serio.

-Tú no tienes remedio, ¿no?

(Teléfono)

-Perdona.

-¡Salvada por la campana! -¿Qué pasa, tronco?

Ya me echáis de menos, lo sabía.

No, yo no voy a dejar la Star

para volver a currar en tu antro, no.

Soy el jefe de sala del garito de moda,

no lo tomes como algo personal.

Vale, vente una noche

y os invito a una copita a Nuria y a ti.

No, esta noche no

porque cerramos, pero cualquier noche de esta semana.

Hecho.

Les dejo tu nombre a los de la puerta.

Venga, nene. Gracias por la oferta.

Chao, chao.

-Vaya lujo andar rechazando curro en los tiempos que corren, ¿no?

Perdona, no pude evitar oír la conversación.

-Mi antiguo jefe, que quiere repescarme.

Pero yo estoy a gusto donde estoy.

-¿En la sala Star? -¿La conoces?

Mola. -No he ido, pero...

me han hablado mucho de ella. -Se forman unas colas que flipas.

Si vienes conmigo vas a flipar, oye, entrada VIP.

-¿Ah, sí?

-Hombre, yo soy ahí el que corta el bacalao.

-Muy interesante.

Seguramente tú habrás visto de todo, ¿no?

-Mazo, te puedo contar mil historias.

-Perfecto.

Pero me las vas a contar en comisaría.

-¿Cómo que en comisaría?

-Vamos, que te cuento.

Agarra, agarra.

¿Cuánto tiempo llevas trabajando en esa sala, Lucho?

-He tenido un caso terrible hoy,

de los que te dejan mal cuerpo durante días.

-Cuéntame. -Maltrato infantil.

Una madrastra frustrada que pegaba a su hijo.

-No me digas más, estos casos me quitan el sueño.

-Por eso mismo me gustaría ir a tomar algo hoy,

¿por qué no vienes? -¿Precisamente hoy?

-Pues sí, ¿tienes planes? -Pues mira:

ir a casa, ponerme ropa cómoda,

ponerme un gran bol de cereales con yogur,

y ver mi serie favorita.

Ya sé que la podría ver mañana "on line",

pero prefiero verla en emisión,

con los comentarios en redes y todo eso.

-Pues no haré que renuncies a tu planazo semanal.

Ya me voy yo, o lo qué sea.

-Mira, Karim.

¿Qué? ¿Te has pensado esto del trasto de los noventa?

-¿Perdón?

-La pantalla, los viajes en el tiempo y...

-Que si quieres la pantalla que ella no usa.

-Perdona, no lo pillaba.

-Se te ve un poco cansado, ¿no?

-Llevo aquí dos días destinado y siento que llevo un mes trabajado.

Tenías razón al decirme que esto no es un distrito movido.

-Está bien echarle ganas al principio,

pero también hay que desconectar. -Es lo que haré esta noche:

me voy al cine. -¿Estrenan una peli nueva?

-No es un estreno, me aboné a la filmoteca,

que es un lujo que tenéis en Madrid.

-¿La filmoteca?

-Hoy proyectan "Primavera, verano, otoño, invierno y primavera".

-No cierran nunca la filmoteca, ¿no?

-No, ese es el nombre de la película.

Es de un autor coreano que se llama Kim Ki-duk,

que, si no lo conocéis, merece la pena.

¿Os queréis venir? -¿Vas solo tú?

-Sí, pero si os apuntáis perfecto,

podemos ir al cine y después a comer algo.

Además, ir al cine solo vale,

pero ir a cenar solo, eso es lo peor.

Hay un restaurante mejicano junto a la filmoteca

para chuparse los dedos. -Abierto hasta el amanecer.

-No sé hasta qué hora está abierto,

me imagino que nos dará tiempo a comer algo, pero...

-Así es como se llama el restaurante mejicano.

Se llama igual que la peli.

Bueno, a mí también me gusta mucho el cine,

pero yo soy más de rollo Hollywood.

-¿Os venís?

-Yo no porque hoy ponen mi serie favorita

y me gusta verla con un gran bol de cereales

y con yogur, y tal.

-¿Yo? Bueno, es que estoy un poco cansada,

y parece que la película es un poco larga.

-Es muy poética, seguro que te va a gustar.

-Ah. -Pero si hoy querías desconectar

porque has tenido un mal día y tenías mal cuerpo, ¿no?

-Bueno, sí, vamos.

-Hasta luego, que lo paséis bien. -Que vaya bien.

¿Así que has tenido un mal día hoy? -Bueno...

Hola, papá.

Hola, hija, ¿qué haces aquí a estas horas?

Venía a ver qué tal estabas.

Bien, estaba poniéndome al día,

que no te imaginas la cantidad de trabajo que tengo acumulado

desde el viaje.

Estaba relajando un poco la vista y ahora tengo que seguir

revisando contratos. No me mientas,

sé perfectamente lo que está pasando.

Sé que estáis perdiendo clientes

y que te has planteado cerrar el bufete.

¿Por qué has tendido que decírselo?

Quería buscar el momento oportuno para hacerlo.

No podías pretender ocultarme algo tan grave.

Además, no me lo ha contado González.

¿Quién ha sido, entonces?

Quintero.

Miserable, debí suponerlo.

¿Quién si no? No le des importancia.

Olvídate de Quintero y de su dinero.

Veo que también te ha contado lo de su generosa aportación.

Ya sabes perfectamente cómo es.

Hace lo que sea para apuntarse tantos conmigo,

como si pudiera comprarme.

¿Te puedes creer que pretendía que te convenciera

de que aceptaras su dinero?

Es que es la única opción que tengo

para poder salvar el bufete.

-Igual no, puede que exista otra posibilidad.

-A ver, González, gracias,

pero ya no hace falta disimular delante de Alicia.

Ya que sabes la verdad, te la contaré al completo.

Vamos a entrar en concurso de acreedores.

Que no, papá, haz caso a tu socio.

He encontrado una solución, más bien, una vía de escape,

no es ninguna fórmula milagrosa,

y costará bastante esfuerzo, pero... Vale la pena intentarlo.

¿Tú estás al tanto?

-Digamos que es la promotora, más bien.

Solo necesitabas un empujoncito

para que tu cerebro comenzara a funcionar.

He estado hablando con nuestros empleados

y todos están dispuestos a capitalizar parte de su salario,

incluso a rebajarse el sueldo.

Eso nos permitiría reducir minutas.

-Si no hay clientes, no se pueden cobrar minutas.

-Buscaremos nuevas carteras

en sectores donde no hemos trabajado.

Caras nuevas que no nos relacionen con Sergio.

-Eso está muy bien, pero llevará tiempo.

-Bueno, mientras tanto podemos ahorrar

haciendo cambios en la facturación.

De manera que podamos ofrecer horarios cerrados

en lugar de facturar por horas contabilizadas.

Ah,

también habría que revisar nuestra planificación fiscal.

Respetando la legalidad vigente, claro.

Todo eso está muy bien y te agradezco el esfuerzo,

pero necesitamos una inyección urgente de capital

para seguir funcionando. Y la vais a tener,

pero no de Quintero sino mía.

¿Qué estás diciendo, hija? Que tengo ahorros

y el director del banco está dispuesto a darme un crédito.

No quiero que te endeudes por mi culpa.

Yo elijo donde invertir mi dinero.

Confío mucho en este bufete

y Montse también va a colaborar. He estado echando cuentas,

con eso podemos tirar unos meses

hasta que el bufete empiece a funcionar de nuevo

y recuperemos la confianza de los clientes.

Las cuentas salen, papá.

Está bien, adelante, que no se diga que no lo intentamos.

-Será como empezar de nuevo, como cuando éramos jóvenes.

-Ven aquí, socio.

Va a salir todo bien.

Muchas gracias. La verdad, estaba bloqueado.

-Yo también, pero las gracias dáselas a tu hija

que ha buscado las alternativas.

Bueno.

Gracias.

-Eres terca como una mula.

Gracias, Alicia, de verdad,

estoy muy orgulloso de tenerte como hija.

Y yo a ti como padre.

Pero si vuelve a ocurrir algo grave, quiero saberlo por ti.

Prometido.

Suele llenarse, pero es una discoteca tranquila.

Se montan buenas fiestas, pero de buen rollo.

Rara vez hay pelea ni jaleos.

-No es eso lo que cuentan los vecinos.

-Ya, la del primero nos la tiene jurada

y siempre se está quejando.

Eso pasa en todos los locales nocturnos.

¿A quién le gusta tener jarana debajo de su casa?

Intentamos que no se queden en la puerta montando bulla

pero es complicado.

-Por lo que sabemos,

no es culpa de la gente, sino de los porteros.

-¿En serio?

-Anoche mismo agredieron a un chaval,

le dejaron la cara como un cromo, le rompieron un brazo,

no me digas que no tenías ni idea.

-Pues no tenía ni idea.

-¿Tú no eras el que cortaba el bacalao?

-Igual exageraba un poco, yo soy un currante más.

-No, uno más no, tú eres el jefe de sala.

-Claro, yo controlo lo que se cuece dentro de la sala,

de puertas afuera se encargan otros. -Ya.

¿Y estos porteros

son de alguna empresa de seguridad privada?

-No sé, supongo.

-¿No lo sabes? Qué raro que no tengas ni idea.

-¿Por qué no eres claro con nosotros, qué te da miedo?

-A ver, yo voy allí, hago mi curro y me piro.

Lo que pasa fuera no es asunto mío.

-Bueno, vamos a tranquilizarnos, ¿vale?

Esto es solo una conversación, no te estamos interrogando.

Además, si no quieres colaborar,

te puedes largar, es decisión tuya.

-A ver, Lucho, ¿esos porteros pertenecen a algún clan de la mafia

y por eso no quieres hablar de ellos?

-Como se enteren, no se qué coño van a hacerme.

-O sea que sí.

Vale, Lucho, tranquilo,

nadie tiene que saber que has estado hablado con nosotros.

Lo que sí necesitamos es que nos cuentes

todo lo que sabes sobre ellos.

-Está bien.

(RESOPLA LUCHO)

Hace cosa de un mes, vinieron dos tíos a verme,

muy amables.

El que llevaba la voz cantante me propuso hacerse con la seguridad,

pero yo le dije que ese servicio

ya lo teníamos contratado con una empresa.

Como insistieron, les puse en contacto con el dueño,

pero él rechazó la oferta.

A los pocos días volvieron

seguían presionando, pero un poco más agresivos.

Mi jefe no cedió hasta que la cosa se puso seria.

-¿Qué pasó?

-Amenazaron a los porteros que tenemos contratados,

y se escucharon disparos cerca de la puerta.

-No tenemos constancia de eso.

-Porque saben silenciar a la gente.

El caso es que mi jefe tuvo que ceder

para evitar males mayores.

Esta gente viene, hace su curro, les pagamos

y ahí se acaba nuestra relación.

Sabemos que hacen cosas malas,

pero a ver quién es el guapo que les dice nada.

-¿Y sabes si lo hacen en otras discotecas?

-Sí, tengo un colega en la Butterfly

y también han tenido que contratarlos.

-¿Y cómo sabes que son los mismos?

-Se hacen llamar el clan de los Florida,

y han utilizado el mismo método con ellos.

-¿Son extranjeros?

-No, los de la Star son españoles,

y los que vinieron a negociar, también.

Pero no sé cómo se llaman, yo con esa gente hola y adiós.

-¿No sabrás si además de controlar la seguridad de las puertas

trapichean con droga? -Eso ni de coña.

En mi sala no se vende ni se consume,

eso no trae más que problemas.

-Y tú problemas no quieres, ¿verdad?

-Pues mira, no. Yo he contado todo lo que sé,

si queréis saber más, preguntad al dueño.

Le puedo decir que queréis contactar con él.

-Es mejor que no digas nada,

porque no queremos que se sepa

que has estado hablando con nosotros, ¿verdad?

-Por la cuenta que me trae.

-Pero sí necesitamos que nos digas cómo podemos localizarlo.

-Mi jefe tiene muchas salas, la mayoría están en la costa

y él se pasa la mitad del año en Benidorm.

Tengo una tarjeta suya por aquí.

-Vale.

Te voy a dar la nuestra,

y si consideras que hay alguna información relevante,

algún movimiento sospechoso,

puedes localizarnos a cualquiera de los dos

y a cualquier hora, ¿vale?

-Alegra esa cara, al final has conseguido su teléfono.

-Me ha salido caro.

-Lucho, muchas gracias por haber aportado esta información.

-Vale.

Hasta luego.

-López, ¿lo acompañas a la puerta, por favor?

-Está claro, la historia se repite,

suena igual que en 2011 con los Persas y los Miami.

-Este estaba acojonado.

¿Crees que no hay trapicheo ahí?

-Dudo que se conformen con controlar la seguridad de las puertas,

yo creo que eso es un medio

para conseguir otro fin.

-Dominar la distribución en toda la zona de ocio.

-Que será el siguiente paso, sin duda alguna.

(Puerta)

-Pensé que no vendrías.

-Ni siquiera sé por qué lo hago.

-¿Quieres tomarte algo?

Habrás dicho a tus padres que venías a cenar, ¿no?

-Dime lo que tengas que decirme, me voy.

-Olga, por favor,

esto también es difícil para mí.

-Supongo que he venido porque necesito entender

por qué perteneces a esa banda.

-Planeta Libre no nació como una organización terrorista,

eso, por su puesto.

Y yo no tenía ni idea de que llegaríamos a ese punto.

Yo me vi arrastrado.

-No te hagas la víctima que hay un hombre enterrado.

-Al principio solo teorizábamos,

pensamos hacer acciones propagandísticas,

sabotajes, como mucho.

Queríamos plantarle cara a las compañías

que se estaban cargando el medio ambiente.

Me parecía una causa justa.

-O sea, que encima,

eres uno de los fundadores. -No, no.

Yo solo fui uno de los primeros miembros.

Lo fundaron Nadia y Eric,

el chico que murió en el control de policía.

-El del accidente de moto, recuerdo que hablamos de eso.

-Era mi hermano. -Enrique,

el que te salvó en el orfanato,

el que se murió en Tailandia ahogado...

¿En qué más me has mentido, Quico?

-¿Y qué te tenía que decir?

¿Cómo te explicaba lo afectado que estaba?

Olga, él era mi única familia.

Me salvó la vida.

Yo estaba a punto de suicidarme, si no fuera por él...

Fue así como nos conocimos.

Y se lo debo todo.

Habría hecho cualquier cosa por él.

-Incluso poner bombas.

-El grupo se fue radicalizando,

yo no estaba de acuerdo, pero no sabía cómo salirme.

Es la verdad.

-¿Has participado en alguno de los atentados?

-Sí.

Yo planifiqué la logística de la acción

en el congreso de energías.

-¿Cómo pudiste?

Había policías que tú conoces y clientes del gimnasio.

¡Podrían haber muerto!

-Eric me prometió que no habría víctimas,

que avisaríamos con tiempo,

que solo era para llamar la atención.

Necesitábamos la opinión pública de nuestra parte.

-Esto es una locura.

-Yo intenté desvincularme,

pero me presionaron para seguir en la organización,

me manipularon.

Me amenazaron.

Querían que pusiera la bomba en la fábrica de pinturas.

-Fuiste tú. ¿Tú pusiste la bomba?

-No, no.

Olga, conseguí reunir el valor para plantarme.

-¿Seguro? No quiero más mentiras.

-Lo juro, estaba contigo aquel día.

-Sí,

y estabas tan tranquilo.

¿Cómo podías sabiendo lo que iba a pasar,

sabiendo que podía morir gente?

-Lo sé, pero no tenía valor de traicionarles.

-A mí me has traicionado.

¿No te das cuenta de que me haces daño,

de que no te puedo creer nada?

No me das ninguna pena.

Eres un mentiroso.

Te di todo, y tú nunca me has querido.

-Eso no es verdad, Olga,

yo te he querido siempre.

Y te quiero como a nada más en el mundo.

-¿No ves que me haces daño?

¿Que ya no puedo creer nada de lo que me dices?

-Aunque no me creas,

me duele en el alma la muerte de ese hombre,

pero perderte a ti

no me lo perdonaría jamás.

-No me queda otra que denunciarte.

-Pues hazlo, hazlo si quieres, pero aquí estaré esperando.

Olga...

-¿Cómo se infiltran en las discotecas?

-¿Tú cómo entrarías? -Por la puerta.

-Pues ellos lo mismo, una vez controlan la puerta

controlan todo el local. -Y todo lo que allí pasa.

Sobre todo la droga, que es lo que más les interesa.

Una vez colocan a los porteros,

cobran comisiones de todo lo que se mueve allí.

-Una auténtica mafia.

-Tienes que cambiarte de piso, desaparecer, no puedes seguir aquí.

-Yo de aquí no me muevo. -No tardarán en venir a por ti.

-Razón de más para que te vayas.

¿Sí? "Claudia,

soy Martín". Hola, Martín, dime.

He recibido una llamada muy preocupante de Planeta Libre,

"ha reivindicado el atentado en la fábrica de pinturas.

Me ha dicho que no pretendían matar a nadie".

Pero que eso no va a detenerles.

Ya llevan una muerte,

dos si contamos el activista fallecido.

Ese hombre iba mucho a La Parra,

se llamaba Gerardo.

-¿Te gustó "Primavera, verano, otoño y primavera"?

-¿Cómo te acuerdas del nombre de ese ladrillo chino?

-Era coreana y veo que no te gustó.

Eso no es importante, ¿qué tal con Karim?

-Bien, bien, el chico fue muy educado,

muy atento...

Vimos la película y después cenamos en el restaurante mejicano.

-¿Por qué me lo dices con esa cara de pena?

-Porque no entendí absolutamente nada,

Lola, nada.

-¿Y qué necesitas de mí?

-Necesito que rastrees en la web todo lo que puedas sobre esta banda,

los Florida.

Fotos, vídeos, conversaciones en foros, lo que puedas.

Necesitamos un hilo del que tirar.

Gracias por la charla, me he quedado más tranquila.

Yo también me alegro de haber hablado contigo.

-No entiendo nada, ¿has dejado a esa niñata o no?

¿A qué demonios juegas?

-Olga no va a contar nada.

-No ha dicho nada ahora,

pero no me gusta dejar cabos sueltos.

-¿Qué piensas hacer?

-Ocuparme personalmente de que no hable.

-Nadia, te lo ruego, no le hagas daño.

Es la sospechosa que vio el vigilante de Quintero

junto a la fábrica de pinturas, ¿te suena?

No la he visto en mi vida.

No te imaginas lo importante que es la colaboración ciudadana, María.

Si toda la gente alertara de lo que sabe o de lo que ve,

el mundo sería mucho mejor. -Bueno, cariño,

enhorabuena y que tengas buen servicio.

-He estado haciendo un rastreo en la deep web

de foros y páginas relacionadas con la palabra Florida.

El caso es que he conseguido dar con foros de acceso restringido,

uno en especial. -¿Y dentro había?

-Unas fotos muy interesantes cuyos metadatos indican

que se han subido desde la red de...

-¿La discoteca Star? -¡Bingo!

-Suben las fotos de las personas agredidas

como si fueran un trofeo de caza.

-Lucho, ¿ha sucedido algo? No esperaba que me llamaras.

-Algo muy grave, y ha sido por mi culpa.

No tenía que haber ido ayer a la comisaría,

tenía que haberme negado.

-Mamá.

¿Qué te pasa, hija?

Es bastante grave, la verdad,

y yo tengo que contártelo, mamá,

porque tengo la cabeza como un bombo.

¿Qué te pasa, por qué estás llorando?

Tranquilízate, mamá.

Ahora mismo voy para allá.

¿Qué le pasa? No lo sé,

me ha dicho que vaya corriendo a casa de mi hermano.

Vale, yo me encargo. Llámame luego y me lo cuentas.

  • Capítulo 168

Servir y proteger - Capítulo 168

02 ene 2018

Quintero ofrece ayuda a Marcelino para salvar al bufete de la posible bancarrota. Olga está desesperada tras enterarse de que Quico pertenece a Planeta Libre. Se debate entre denunciarle o no. Un joven recibe una paliza por parte de unos porteros de discoteca.

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