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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 164 - ver ahora
Transcripción completa

Ya le he dado la sorpresa.

Imagínate, ni se lo esperaba.

Sí, ya, voy para allá, voy para allá, sí.

No he venido solo, me he traído a Felipe.

-Yo tengo una hora libre,

si queréis podemos comer al lado de comisaría, en La Parra.

-Te aviso cuando terminemos y perdona de nuevo.

-No hay nada que perdonar, el trabajo es lo primero.

-No puedes dejarnos tirados ahora.

-Lo siento,

pero no me quiero cambiar de compañía.

"No vuelvan a llamar a este número".

-Quico, ni se te ocurra colgarme.

Toma, son los pensamientos de Eric.

Me pidió que te lo entregase si le pasaba algo.

-Ese tío es un peligro

y cuanto más alejado esté de ti, mejor.

-¡No hables así de él!

No será un padre modelo, pero es mi padre.

-Si fuera el mío, no lo querría ver ¡porque tengo dignidad!

-Cojonudo, ¿eh? Acabas de fastidiarme la mañana.

-Nacha, a ti no te voy a engañar,

sabes que me costó aceptar su homosexualidad,

pero bueno, todo eso ya ha pasado.

Yo estoy deseando conocer a Felipe

y, además, yo nunca pondría en peligro esa relación.

-Es increíble lo mucho que te pareces a tu madre.

Sois como dos gotas de agua.

Fuera de aquí.

Está bien.

Ya me voy.

-"Papá, lo siento, pero negociar este contrato

me está dando más quebraderos de cabeza de los previstos".

-Ya, bueno, no te preocupes,

estate a lo que tienes que estar, ¿vale?

Y, si te queda algún hueco, me llamas y ya está.

-Para mí Planeta libre no tiene sentido si no está Eric.

Seguiré siendo ecologista, pero de forma pacífica.

¿Hasta cuándo te vas a quedar?

-Cuanto antes terminemos la misión, antes podré irme.

-Lo que me están ofreciendo en la editorial está muy bien,

es la primera vez que trabajo con ella,

una de las más importantes del país

y no me conviene enfrentarme a ellos. -Es una valoración que debe hacer.

-Israel, eres muy cabezota.

-Israel, yo tengo entendido

que usted es un gran dibujante.

Negociar forma parte del juego.

-Está bien.

-"¿Martín Díez?".

-Soy yo, ¿quién habla?

-"La portavoz de Planeta libre".

-¿Qué quieres?

-"Sabes si estás comprometido con la causa ecologista".

-No sé si te entiendo, ¿puedes ser un poquito más concreta?

-Conviértete en nuestro eco,

investiga a las empresas que denunciamos

en el listado que enviamos a los medios.

Hasta la muerte de Eric Collado, el portavoz era un hombre,

puede que fuera él mismo.

Ahora, esta mujer le coge el relevo

y el hecho de que no tenga acento extranjero

no quiere decir que no llamara desde el extranjero,

pero creo que están por aquí, más cerca de lo que imaginamos.

(LEE) "Un mensaje positivo y esperanzador

nunca puede arraigar si se impone la fuerza".

-Tienes que darle un escarmiento. -¿A Martín?

-Es nuestro enemigo.

Está sentenciado por querernos humillar públicamente

y por usar el nombre de Eric, tu hermano.

-Hazme caso cuando te hablo.

¡Que me mires, joder!

(Música emocionante)

A tomar por saco la corbata.

-¿Se puede saber qué te pasa?

-La corbata se queda aquí, no pienso ir disfrazado.

-¿Cómo que disfrazado? ¿De qué hablas?

-No me vas a convencer,

ya soy mayorcito para decidir cómo vestirme.

-¿Sabes la de tiendas que me he recorrido para encontrarla?

¿Y lo que me ha costado?

-Vale, soy un desagradecido, lo siento

y también siento no tener mejor gusto ni ser tan elegante como te gustaría.

-Ya lo hablamos ayer,

aunque seas un artista,

no puedes ir vestido como un vulgar dibujante.

-¡Si es que soy eso, un dibujante!

-¿Vamos a volver a discutir sobre esto otra vez?

Ponte la corbata, anda. -Que no.

No me he puesto corbata nunca y hoy no será la primera vez.

-¡Ya estaba decidido que te la ibas a poner!

(SUSPIRA)

-A ver, a ver, a ver.

Hablemos las cosas de forma civilizada, ¿de acuerdo?

-Prefiero eso a que te pongas como un energúmeno.

-Estoy tranquilo, ¿no lo ves? -Ya.

-A ver, yo creo que la corbata

te aporta un toque de distinción, de clase,

pero no puedo obligar a que te la pongas

y, como no vas a dar tu brazo a torcer, pues nada.

-Felipe, es que tampoco vamos a una boda

ni nada por el estilo,

solo vamos a la firma de un contrato. -¿Solo?

Lo dices como si no tuviera importancia.

-La firma la tiene, lo que no la tiene es lo que lleve.

Esa gente me quiere por mi talento, no por mi aspecto.

-Isra, no seas ingenuo, anda.

Me vas a decir que la imagen pública de un artista

no importa para su éxito, ¿no?

-Es que tampoco soy una estrella de rock.

-Pero hay dibujantes de cómic tan famosos como un estrella de rock,

tan bien pagados como una estrella de rock

y esos saben cuidar su imagen.

-Mira, da igual. Tampoco sé por qué mi imagen

tiene que ser como la de un banquero o un político.

-¿Qué estás diciendo?

¿Que soy un rancio, que no tengo estilo?

Mira, no te pongas la corbata, pero tampoco me insultes.

-Vale, perdona, no quería que sonara como un insulto.

Es que me siento muy raro llevando corbata.

-¿Y cómo vas a ir?

¿Con las pintas que tenías antes,

que más que a firmar un contrato parece que vas a pedir limosna?

-Tampoco me iba tan mal antes de que me representaras.

(SE RÍE) -¡Por favor!

¡Si la gente se reía de ti a tus espaldas!

Que cantabas a español a un kilómetro.

-¿Se supone que es malo?

-Mira, la gente me decía una y otra vez que no podía entender

cómo podías tener tanto estilo para dibujar,

pero tan poco para vestir.

Ahora, bien, que si quieres ir como un paleto,

allá tú, pero yo paso de ir contigo, ¿eh?

Es que no voy a hacer el ridículo.

-¿Qué haces? ¡No te quites la ropa!

¡Parece que disfrutas haciéndome daño!

Con lo importante que es este viaje para mí.

-¡Para mí también era importante!

-¿No te das cuenta

de que lo que necesito es un poco de apoyo?

(SUSPIRA)

-Venga, hombre,

no te vengas abajo, va.

-Tío, ponte en mi lugar.

Vengo a firmar un contrato importante,

a presentarte a mi padre,

lo que menos necesito es estar todo el día discutiendo.

Es que no puedo más.

-Para mí tampoco es agradable.

-Ya, pues parece que disfrutas alterándome.

-No, yo solo quiero lo mejor para ti, cariño,

yo solo quiero que triunfes.

-A mí triunfar me da igual,

si yo lo que quiero es ser feliz contigo

como lo éramos antes.

-¿Antes de qué?

-Antes de que fueras mi mánager o representante

o como lo quieras llamar.

-No te gusta cómo lo hago, ¿no?

-¡Claro que sí! Si me estás ayudando un montón,

pero no quiero que, por ello, nuestra relación se vaya al traste.

(RECHISTA) -Tienes razón.

Perdóname, mira, de verdad,

es que estoy tan obsesionado con mejorar tu carrera

que me dejo llevar y reconozco que me obceco.

No tenía que haberte insistido con eso.

Mira, olvídate del traje, de la corbata...

Venga, da igual, ya está, no tiene importancia.

-Que no, que me la pongo, dámela.

-¿Seguro?

-Si es lo que quieres, te haré caso.

Te ha durado poco el buen humor con lo contento que estabas.

Lo estaba, pero, desde que ha llegado mi hijo,

le he visto cinco minutos y cuatro estaba con su novio.

¿Y qué problema hay en que esté delante el novio?

No me gusta el tal Felipe, me da mala espina.

Y no es por lo que tú piensas, ¿eh?

¿Y qué es lo que estoy pensando?

Sabes bien que no me importa que mi hijo tenga un novio,

he madurado

y he aceptado su homosexualidad, de verdad.

Me parece muy bien, pero entonces, ¿qué no te gusta de ese chico?

Pues no lo sé, me parece raro, no lo sé.

No sé, me parece normal

que, si tiene trabajo, no quede conmigo,

pero que, de repente, no me conteste una llamada

o me vaya a llamar y no me llame...

¿Y qué tiene que ver con eso el novio?

Pues que yo creo que está malmetiendo.

¿Que le malmete a Israel para que no te llame?

¿En qué te basas?

No sé, creo que le caigo mal, me mira mal,

me hace de menos.

Pero lo peor no es eso,

lo peor es que, cuando Israel está con él,

pues también se tensa, se pone nervioso.

Es normal, todo el mundo se pone nervioso

cuando va a presentar su pareja a los padres.

Esto es diferente, de verdad, Claudia.

Ese chico no es trigo limpio.

Lo que yo creo es que estás exagerando.

Claudia, son muchos años de policía

y hemos desarrollado un sexto sentido.

¿Me estás queriendo decir

que el novio de tu hijo es un delincuente?

No me atrevería a decir tanto,

pero si algún día lo vemos relacionado con algo chungo,

no me extrañaría.

Yo creo que exageras y te lo digo por experiencia.

¿Cómo por experiencia?

Pues sí porque yo también tengo ese sexto sentido

y no veas cómo se dispara

cuando Olga aparece con un novio nuevo.

Bueno, no lo dirás por Quico, ese chico es un encanto.

¿Sí? Pues al principio también despertaba susceptibilidades.

Pero yo creo que los padres somos así,

que somos protectores

y cuando vemos a alguien que nos los puede arrebatar,

pues alerta.

Sí, puede que tengas razón

y esté yo exagerando, sí, no sé.

Lo importante es que sea feliz.

Ya, pues a eso voy,

que a Israel, cuando está con él, no le veo feliz.

Bueno, hombre,

todas las parejas se ponen mala cara de vez en cuando,

pero no quiere decir que no sean felices, ¿no?

-Perdón. Inspectora, me acaba de llamar un confite,

que los trileros están ahora en el mercado del Grifo.

Id corriendo, a ver si los pilláis. Venga.

(Puerta)

¿Qué pasa, Rober?

¿Otra vez por aquí?

¿Qué se te ha perdido?

¿No te acostumbras al casoplón o qué?

¿Sabes a lo que me recuerdas?

A esos que se pasan 20 años en la cárcel

y, cuando salen, están en libertad y no se acostumbran

y la lían parda para volver.

¿Qué me estás contando? No vuelvo ni a rastras.

He venido a por un poco de ropa.

Ya he visto que te has dejado los trajes de los entierros y bodas.

Eso es lo que me hace falta.

¿Y quién se ha muerto o quién se casa?

Morirse no se ha muerto nadie, casarse, me caso yo

y, para celebrarlo, mi suegro quiere hacer una cena

en plan elegante.

Si va a ser en familia, vete hecho un gualtrapa,

como eres y así te conocen de verdad.

¿Qué dices? El único gualtrapa eres tú,

que vas ahora de Giorgio Armani.

No, pero si te lo digo por tu bien, te conozco muy bien

y la vas a meter gorda y, como te pongas corbata,

no te va a llegar el riego a la cabeza

y la vas a meter más gorda.

Eres único dando ánimos, ¿eh?

Pues que sepas que voy a estar a la altura.

Y más me vale, porque el suegro se ha casado

con una inspectora de Régimen disciplinario.

¿Es como Asuntos internos o una movida así?

Parecido, sí.

El departamento que nos mete un puro cuando hacemos algo mal.

Pues qué alegría de familia.

Ya verás tú a partir de ahora, tío, cada vez que vayáis a cenar

hay que ver el tenedor del pescado, el de la carne,

la copa del vino y del agua... Hay que hacerte un examen.

¿Qué dices? No digas tonterías, mi suegro es normal.

(SE RÍE) Ya, ya, normal.

(RECHISTA)

Tú dale tiempo al tiempo, hermano,

que uno empieza poniéndose traje para cenar

y termina yendo a misa todos los domingos.

¿Qué tiene que ver una cosa con otra?

Con lo a gusto que estabas aquí, bebiendo tu cerveza a morro,

hermano, mojando tu pan en los huevos fritos

y comiendo el pollo al ajillo con los dedos.

¿Pero qué dices, cerdo? ¡Si ese eras tú!

Yo uso cuchillo y tenedor.

Pero sí, la verdad es que estaba a gusto.

Me está costando guardar las formas. ¿Y sabes qué es lo peor?

Que seguro que lo estás haciendo todo mal

y se están riendo de ti.

Hombre, no creo, ¿no?

O peor, que aprendes a hacerlo bien

y terminas siendo un pijo, pero de verdad

y reniegas de tu gente del polígono y de mí.

Eres tonto, chaval.

Que es broma, hombre.

No, fuera de bromas,

el traje te queda muy bien, tu novia es muy maja,

tu suegro no tanto, pero bueno,

para ser un abogado viejo y estirado, no está mal.

Vamos, que me daba un canto en los dientes

por estar en tu pellejo.

¿Cenando con un abogado

y con una inspectora de Régimen disciplinario?

No, eso me lo paso por el forro,

cenando con la mujer de mi vida con la que me voy a casar.

Bueno, tú tranquilo

que eres muy joven, Jairo, ya te llegará el momento.

No sé, hermano,

ya me llegó el momento y lo dejé pasar.

Pero bueno, tira a por tu ropa, que al final termino hablando de más.

¡Rober!

Espera. Una cosa.

Hablando de pijo, de abogado, de policía, de todo un poco,

¿se sabe algo más de Sergio Mayoral?

El tipo admitió los dos asesinatos

y haber ocultado el cadáver de Elena Ruiz.

Como la confesión cuadraba con la autopsia,

caso cerrado.

¿Así de fácil? No habéis tenido ni que investigar.

De momento está cerrada la cosa hasta el momento del juicio,

que irán Miralles y Alicia a declarar.

Nosotros no tenemos más que hacer.

Vale.

O sea que la historia de Sergio Mayoral, finiquitada.

Tal cual.

No, en serio, estamos muy contentos. Ha sido un éxito.

Muchas gracias por su trabajo.

-No, señores, ha sido un placer

y muchísimas gracias por venir a contármelo.

Ya Cristóbal me ha dicho

que ha sido una negociación durilla, ¿no?

-Sí, en la editorial, al principio, no querían entrar,

pero, al final, han aceptado los cambios.

-Cláusula por cláusula.

Cristóbal lo ha llevado muy bien, ha sido una suerte contar con él.

-Me alegra que haya salido bien.

Bueno, ¿se van a quedar por Madrid o ya se van a Paris?

-Sí, nos quedamos unos días para visitar a mi padre.

Él, por su trabajo, lo tiene complicado.

-¿A qué se dedica?

-Es policía nacional.

-¡No me diga!

Mi hija y mi mujer también lo son.

-¿Sí? Qué casualidad.

-Sí, las dos son inspectoras.

Mi hija en Distrito Sur y mi mujer... -Perdone, ¿ha dicho en Distrito Sur?

Ahí es donde trabaja mi padre, Elías Guevara, ¿lo conoce?

-Por supuesto que sí.

Es compañero de mi hija.

He coincidido con él alguna vez que otra.

Es increíble.

Y mi hija me habla muy bien de él.

Dice que es un policía de raza que conoce muy bien la calle,

como la palma de su mano.

Que es un policía veterano del que se puede aprender mucho.

Siento interrumpir, no sabía que estabas reunido.

Cariño, pasa.

Mira, este es Israel, hijo de Elías Guevara.

Alicia, mi hija.

Sí, me acuerdo y, además, he escuchado mucho hablar de ti.

-Él es Felipe, mi pareja y mi representante.

¿Pero sois clientes de Ocaña? Pensaba que vivíais en París.

Teníamos que firmar un contrato y necesitábamos un abogado.

-Me han encontrado por casualidad.

El mundo es un pañuelo. -¿Verdad que sí?

Oye, Isra, siento tener que interrumpir,

pero hay que marcharse.

-Sí, perdonad, os estamos entreteniendo.

Ha sido un placer. -Lo mismo digo.

-Encantado, Alicia.

Si vas a ver a tu padre, nos veremos por allí.

-Isra, ¿vamos?

-Claro. Bueno, hasta otra. -Cuídense.

-Anda que no te enrollas.

¿A santo de qué tienes que contar que tu padre es policía?

-¿Y por qué no?

-¿Por qué no? Isra, pareces tonto, va.

Estamos con una denuncia por estafa de un tipo

que está empadronado en esta zona.

-¿Es peligroso?

Bueno, solo si tienes dinero.

Es un gestor que se dedica a hacer declaraciones de la renta,

pero en vez de pagar a Hacienda, se lo queda él

y a la gente le llegan unas multas...

Mira qué majo.

¿Lo habéis detenido?

De momento, no hay ni rastro de él,

pero caerá, al final siempre caen todos.

(SE RÍE)

Oye, recuerdas que esta noche tenemos una cena, ¿no?

Ay, acabáramos.

A eso has venido, no a detener a nadie.

Pues tranquila, que no solo no me he olvidado,

sino que ya he encargado el postre en la pastelería.

Gracias, papá.

Esto está muy tranquilo, ¿no?

Pues sí, desde lo de Sergio, se han ido algunos clientes.

Llevo todo el día al teléfono intentando explicarles

que ha sido un caso aislado,

que el bufete sigue siendo de confianza,

pero no sé yo.

Lo siento.

Espero que esto no os afecte mucho.

Ya sé que tienes prisa, Lola,

pero necesito el visto bueno del comisario para firmar esto.

¿Pero dónde está Bremón?

No lo sé, te he dicho que no lo sé.

Pues estamos buenos, nadie lo sabe. Está totalmente desaparecido.

Te aseguro que no lo tengo escondido debajo de la mesa.

Bueno, lo siento, de verdad, perdona por insistir,

pero estas cosas burocráticas me ponen enferma.

Pues relájate, ¿vale?

Bremón me ha puesto un mensaje hace un rato

diciendo que llegaba a mediodía, no creo que tarde.

Pues son ya las 12:45.

(Puerta)

Buenos días, ya estoy aquí.

Perdón por el retraso.

Bueno, ¿qué tenemos?

Por fin, estábamos esperándole.

Tiene que firmar esto urgentemente para la UFAM.

Bueno, enseguida lo reviso y ya te digo algo.

Lo antes posible, Emilio, por favor.

De acuerdo, le daré prioridad absoluta.

Gracias, Lola. Puedes irte.

¿Me lo ha parecido a mí o llevaba un buen cabreo encima?

No, lo que está es muy preocupada por una mujer

cuya seguridad depende de su unidad.

Entiendo,

pero, por favor, te pido

que ahora no me eches la bronca, Miralles.

Emilio, sé que estás pasando

por un momento muy complicado en casa,

pero no te puedes ausentar de comisaría.

De verdad, ¿y si llega a oídos de Jefatura, qué?

Lo sé, lo sé, pero ¿qué quieres?

Vengo directamente del hospital de Toledo.

Hemos tenido una noche de lo más duro.

¿Le ha pasado algo a Natalia?

No, hay días que se levanta

y hace los ejercicios con muchas ganas,

pero al día siguiente se viene abajo

y no puede hacer el mínimo esfuerzo sin llorar

y anoche estaba completamente abatida y desmoralizada.

Pobrecilla, hay que entenderla, claro.

Yo ya la entiendo,

pero me obliga a que me quede a su lado

como si fuera una niña.

Imagino por lo que estás pasando.

Si solo fuera eso...

Cuando llego a casa, tengo un lío del demonio.

¿Por?

Pues porque todavía no han terminado con las obras de acondicionamiento

y, bueno, mañana le dan el alta a Natalia

y si no estoy encima de los obreros,

me hacen unas chapuzas que no veas. Todos son problemas.

Y los niños, los pobres están, están muy nervioso también.

Bueno, vamos a hacer una cosa.

¿Por qué no pides unos días libres?

En Jefatura lo van a entender perfectamente.

¿Eh? No sé, no sé.

No sé.

Pues yo sí lo sé.

Estás muy estresado, necesitas esos días

y, además así podrías estar cuidando de Natalia.

¿Pero sabes lo que pasa, Miralles?

Si yo ahora le digo a Natalia

que me voy a pedir unos días libres para ayudarla,

pues se va a deprimir más.

Me va a decir que es una carga para mí,

que estaría mejor muerta y cosas por el estilo.

Y luego está el problema del dinero.

¿Qué pasa con el dinero?

Pues que no nos sobra, la verdad,

y las obras van a salir más caras de lo que pensaba.

Un desastre.

A ver, yo no me quiero meter, pero

le quedará alguna pensión

y, además, el seguro del coche

tendrá que indemnizaros por el accidente, ¿no?

Pues no lo sé.

Supongo que sí, pero a saber cuándo, lo mismo tardan años.

Te aseguro que lo que necesito ahora mismo

no son días libres, sino horas extras.

Sí, hombre, lo que nos faltaba. ¿Quieres que te dé un infarto?

Emilio, cuídate, que la salud es lo más importante.

Ya, ya sé que la salud es lo más importante.

Sí, es lo más importante para ti y para tus hijos.

Te recuerdo que tienes dos niños a los que cuidar.

Y yo puedo cubrirte aquí, yo qué sé, el tiempo que haga falta.

Ya está, venga.

De momento,

voy a seguir adelante con el trabajo.

De todas maneras, me tranquiliza mucho saber

que puedes cubrirme.

Bueno, me voy a leer ese informe

y ya le digo algo a Lola.

Gracias.

Miralles,

mañana le dan el alta a Natalia.

Cuando vuelva a casa y se habitúe,

las cosas empezarán a ir mejor,

al menos eso espero.

(Puerta)

Tú y todos, comisario.

Tú y todos.

Muy bien, pues entonces estupendo.

Mañana mismo me paso por vuestro bufete

y comenzamos, ¿de acuerdo?

Estoy seguro de que nos vamos a entender a la perfección.

Muchas gracias por todo.

Jairo, pasa y cierra la puerta.

Siéntate, anda.

¿Quieres tomarte algo?

-Sí.

¿Quién era el figurín?

(SE RÍE) -¿De qué tiene pinta?

(RESOPLA)

-Banquero,

abogado, quizá.

Algo por ahí.

-¡Bingo! Premio para el caballero.

Es uno de nuestros nuevos abogados.

Ahora que Sergio Mayoral está fuera de juego,

no tiene ningún sentido

que continuemos con nuestros asuntos en el bufete Ocaña.

-Fuera de juego, dice.

Perdón, pero es que y tanto que está fuera de juego.

Madre mía, lo de Sergio Mayoral, ¿eh?

Le doy vueltas todavía.

Cómo podía imaginarme yo que ese tío era un asesino.

-Yo tampoco podía imaginarme

que ese tío pudiese llegar a ser tan chapucero.

Oye, por cierto, ¿tu hermano te ha contado algo

o te has enterado de algo más sobre el tema?

-Sí, precisamente venía para eso, don Fernando.

Se va a poner usted muy contento, muy buenas noticias.

Sergio Mayoral ha confesado sus crímenes

y el caso está cerrado.

-Vaya, ¿y no ha dicho nada, entonces, sobre el blanqueo de dinero?

-¿El blanqueo de qué?

No, ni palabra.

-Bien, bien, bien, bien.

No tenemos nada que temer, entonces.

A Sergio no le convienen para nada

hablar de los asuntos que tenía conmigo

porque no le ayudará a rebajar la pena

que le van a poner por dos homicidios

y, desde luego, sería su palabra contra la mía

porque no tiene pruebas.

-El disco duro no tiene nada, ¿no? -Nada.

Ni rastro, me encargué personalmente de que no dejase huella.

-Pues salud, entonces.

(SE RÍE)

-¿Sabes, hijo?

Al poco tiempo de montar este negocio,

me di cuenta

de que siempre iba a estar rodeado de buitres.

Es deprimente, pero así es la vida

porque este jodido mundo está lleno de parásitos.

-Pues sí, ¿pero y qué, don Fernando, y qué?

Si usted los aplasta a todos. (SE RÍE)

-Usted consigue todo lo que quiere.

-Todo, no, hay cosas que no siquiera están a mi alcance,

que ni siquiera yo puedo conseguir.

-Bueno, imagino que, claro,

todo, todo, todo es que no se puede tener.

-Sí.

Oye, ¿qué opina tu hermano sobre todo esto?

Aunque supongo

que estará más centrado con sus planes de boda?

-Sí, sí, la verdad es que sí.

Está bastante ahí.

De hecho, hoy tiene una cena con el suegro, me parece.

-Ah, vaya, una cena familiar, ¿no?

Supongo que estará también Alicia, Marcelino, por supuesto

y su nueva y flamante esposa.

La bonita estampa familiar.

Solo espero que, a partir de ahora,

podamos ir acercándonos poco a poco,

encontrándonos.

No sé, que poco a poco

podamos ir construyendo una relación entre nosotros dos,

nada más.

¿Pero qué cantidad de chorradas estás diciendo?

Tú y yo jamás vamos a estar unidos.

De hecho, esta es la primera y la última vez

que vamos a hablar de este tema.

No lo vamos a volver a mencionar en la vida.

Alicia, te guste o no,

lo quieras o no,

ni tú ni nadie puede cambiar la realidad.

Yo soy tu padre.

Marcelino Ocaña es el único padre que he conocido.

Espera, Alicia. ¡Alicia, por favor!

(BEBE)

-En fin, don Fernando.

¿Quiere algo más?

-Sí, sí, sí, Jairo.

Pásate luego por aquí

porque tenemos que ir juntos a una cita importante, ¿de acuerdo?

-¿A una cita importante yo también?

-Sí, tú también, te estoy diciendo.

-¿Hay que ir "enchaquetado"?

-No, no, tal y como vas.

-Muy bien, pues con esto

damos por concluida la declaración, ¿eh?

-Luego le pasaremos una copia de la declaración

para que la forme si está de acuerdo.

-Y mañana pasará a disposición judicial.

-Eso sí, esta noche la pasas aquí.

-Y, mañana por la mañana, a Plaza Castilla.

Al ser un delito flagrante

y si el juez ve la instrucción sencilla,

puede que el juicio sea rápido, ¿eh?

-¿Usted tiene hijos?

Yo tengo tres.

¿Usted no haría cualquier cosa

para llevar un trozo de pan a sus hijos?

(TITUBEA) -No sé por qué me dice eso, caballero.

Yo solo hago mi trabajo.

-Yo estoy intentando dar de comer y vestir a mis tres hijos.

-Nacha, llévatelo de aquí, por favor.

-Vamos.

(SUSPIRA)

¿Cómo ha ido con este?

Hemos cogido al que llevaba la mesa

y a tres ganchos que andaban por allí cerca.

Les hemos incautado los útiles propios del trile

y poco más de 1000 euros que llevaban en metálico.

Este era el cabecilla, ha confesado todo.

¿Tiene antecedentes? No, poca cosa, un par de hurtos.

O sea que va a entrar por una puerta del juzgado

y va a salir por otra.

Casi mejor porque con tres churumbeles que tiene,

mejor que no entre en la cárcel.

¿Qué pasa?

¿Cómo que qué pasa?

Acabas de justificar a un estafador.

Bueno, no lo estoy justificando, Claudia,

me pongo en su lugar.

Ya, pues a lo mejor este tipo

ha estafado esos 1000 euros a un padre de familia

que está angustiado por dar de comer a sus tres hijos.

Bueno, puede que sí o puede que no.

Y puede que este tipo no tenga tres hijos ni dos ni uno.

A lo mejor lo ha dicho para ablandarte,

con buen criterio, por lo que veo, ¿eh?

No me puedo creer que esto sea porque viene tu hijo

y estás así.

Calla, calla, ni me lo menciones, que todavía no me ha llamado.

Bueno, pues llámalo tú.

No, si le he llamado dos veces.

¿Te imaginas que se vuelve a Paris y ni nos vemos o...?

Que no, hombre, ¿cómo va a hacer eso?

No seas cenizo, por Dios.

Si es que tengo la sensación de que su pareja le ha convencido

para que no me llame.

No sé, está muy raro,

es demasiado tiempo sin dar señales de vida.

No sé.

(Móvil)

Voy a ver...

¡Es él!

Hijo.

Hola, oye, ¿qué tal?

Sí, oye, ¿qué tal te ha ido? Sí, sí.

Bueno, eso suena muy bien.

¿En una hora en La Parra?

Sí, sí, me viene perfecto.

Venga, allí nos vemos.

Un beso, hijo.

¿Qué?

¿Estás más tranquilo?

Venga, vamos. Vamos.

-Dime si no es casualidad, de todos los abogados de Madrid.

-¿Estás a gusto con él? ¿Trabaja bien con Ocaña?

-Sí, la verdad es que nos ha mejorado las condiciones del contrato.

Felipe ha dado en el clavo con esto de buscar un abogado.

-Pues me alegro, estupendo.

Entonces, ¿has terminado de trabajar?

-Sí, así que, si te viene bien, podemos quedar para cenar.

-Me viene de lujo.

Si quieres te puedo invitar a mi casa

o ir a algún restaurante en el centro.

-Lo que tú prefieras.

-Normalmente, no te invitaría a mi casa

porque la suelo tener echa una leonera,

pero como sabía que venías,

la he dejado como los chorros del oro.

He contratado a un servicio de limpieza.

-Entonces, vamos a tu casa.

Habrá que amortizar esa empresa de limpieza.

Le voy a mandar un mensaje a Felipe para que no me espere para cenar.

-Gracias, Salima.

Oye, ¿no sabía que Felipe era tu representante?

-¿Ah, no? Pensaba que sí.

-De hecho, no sabía que buscabas un representante.

-No lo buscaba, fue así, por casualidad.

Se le ocurrió a él. -Ya.

¿Todos los dibujantes suelen tener representante?

-Papá, por favor.

-¿Qué?

-No te metas con Felipe, ¿eh?

-No, no me meto con él,

lo que pasa que me sorprende

porque no conozco vuestro mundillo y...

¿Él es representante de algún otro dibujante?

-Papá, en serio.

-Oye, de verdad, que no quiero criticarle.

-Hoy en día no basta con dibujar bien,

tienes que tener un público en redes sociales,

una presencia en internet.

Debes saber venderte y yo para eso soy malísimo.

Y no hablemos para negociar.

Antes de tener a Felipe, firmaba los contratos sin rechistar.

-Ya.

Oye, de verdad, sin intención de criticar,

¿a ti no te parece delicado que tu pareja sea tu representante?

-¿Delicado?

-Sí, hombre, bueno, mezclar los problemas sentimentales

con los profesionales no suele acabar bien.

-Papá, por favor, no me seas cenizo.

-Hoy a todo el mundo le da por llamarme cenizo.

No hace falta que le escribas.

-¿Por qué? -Viene por ahí.

-Hola, Elías. -Hola.

-¿Qué tal? -Hola.

-No sabes lo que acabo de conseguir:

que el agregado cultural de la embajada francesa

nos invite a un cóctel esta noche.

Acudirá el embajador en persona y mucha gente del mundillo cultural.

-¿Esta noche? No puede ser.

Justo te estaba escribiendo

para decirte que voy a cenar con mi padre.

-¿Cómo que te vas a cenar con tu padre?

Que no, Isra, no podemos cambiarlo.

Este tipo de eventos te puede venir bien.

-¿Y justo hoy tiene que ser?

-Como comprenderás, el embajador de Francia

no va a cambiar su agenda porque vayas a cenar con tu padre.

Además,

no hemos venido a Madrid para salir de cena,

hemos venido a trabajar.

-Papá, te hago mucha faena si...

-No, no, por favor, no, no.

Haz caso a tu representante y no faltes a ese cóctel,

ya habrá ocasión de cenar.

-Gracias, Elías.

Vamos.

A ver, ¿y cómo quieres que me ponga?

No, es que a veces parece

que os importa una mierda los problemas que tengamos.

Oye, por favor, no me digas que me tranquilice,

¿de acuerdo?

Es muy fácil estar tranquilito

cuando tu trabajo consiste en calentar un sillón,

pero aquí hay policías de verdad que salen a la calle, ¿entiendes?

Ya, ya, sí, eso ya me lo dijiste el mes pasado

y el anterior y el anterior y, al final, nada.

Pues eso.

Vale, adiós. Que tengas buen día, ¿eh?

¿Vengo en mal momento?

Sí, pero es igual, es igual. Dime.

¿Algún problema?

Sí, he llamado para reclamar los Z nuevos

que pedimos el año pasado.

Hace tres meses que tendrían que estar aquí.

¿Y qué te han dicho?

Nada, lo de siempre,

que a principios del mes que viene, lo de siempre.

Debería presentarme en automoción y montarles una bronca que no veas.

¿Pero crees que va a servir eso de algo?

No. ¿Sabes lo que tendría que hacer?

Llamar a Martín Díez y contarle en exclusiva

las condiciones en las que tenemos que trabajar aquí.

Pero también podrías calmarte un poco, ¿no?

(RESOPLA) Es que a veces parece que se cachondean de nosotros,

Miralles, de verdad. No, no se cachondean.

Te voy a decir lo que me dices a mí siempre:

ha habido recortes y es que no hay dinero para nadie,

ni para Distrito Sur ni para otros.

¿Estás bien?

No,

la verdad es que no, no estoy bien, Miralles.

He pasado media mañana en el hospital de Toledo

y ahora me llama Natalia, mi mujer,

para decirme que me necesita, que vaya cuanto antes.

¿Qué le ha pasado? No, no lo he pasado nada,

lo que ocurre es que mañana le dan el alta,

sabe que tiene que volver a casa y se angustia.

Así que nada, me tendré que ir a Toledo ahora.

Oye, pues intenta coger el tren, ¿eh?

Yo creo que, con los nervios que tienes,

no deberías ponerte al volante.

No exageres, Miralles, todavía puedo conducir.

No he dicho eso,

pero todos tenemos un límite.

Me dijiste que me podías cubrir.

No lo digo por mí, lo digo por ti.

Tú sí que tienes límite, tienes que cuidarte.

Yo te puedo cubrir los días que haga falta,

pero creo que no estás para coger el coche.

Mira, si cojo el coche, me estrello y me mato, mejor.

Se acabaron los problemas.

Perdona, ¿qué has dicho?

Sí, Miralles, se acabaron todos mis problemas de golpe.

No, no me lo tengas en cuenta, ya no sé ni lo que digo.

¿Por qué no vas a la consulta a ver a Antonio, eh?

Me encuentro perfectamente.

No, no te encuentras perfectamente.

Seguro que, si vas, te da un volante para un psicólogo

y bueno, te darán la baja en cuanto te vean.

Claudia, de verdad,

estoy de médicos hasta los mismísimos.

Mi vida ahora es rodeada de médicos,

no necesito un médico y, mucho menos, un psicólogo.

Lo que me faltaba para que me volviera loco.

En fin, ya se arreglará todo.

Te hago caso y me voy en el tren.

Ya me voy a casa, ¿te llevo? -No, no.

Prefiero ir dando un paseo.

-Vaya carita tienes, ¿no? ¿Está todo bien?

-¿Eh? Sí, sí.

-¿Qué tal con tu hijo?

-Pues bien.

Bueno, al final hemos estado cinco minutos.

Habíamos quedado para cenar, pero bueno,

se han tenido que ir y no nos hemos tomado ni el café.

-¿Tiene mucho trabajo?

-Pues sí, supongo que sí.

-Oye, yo estaba pensando en irme a casa

y cenar algo así, en plan tranqui,

y cerca de mi barrio hay un vegetariano

que está superrico. Por diez euros comes de lujo.

¿Te animas?

-¿Vegetariano?

Mira, prefiero no darte la paliza, ¿vale?

-Que no me das ninguna paliza.

A ver, ¿cuándo se va tu hijo? Quizá te da tiempo a quedar.

-Sí, eso si nos dejan.

-¿Cómo así? No te entiendo.

-Pues yo qué sé, el chaval este que es su novio,

que es muy controlador.

Siempre que estamos juntos, se busca alguna excusa

para que no estemos más de cinco minutos.

-Pero dijiste que era por trabajo.

-Ya, pero por mucho trabajo que haya, tendrán que cenar.

Además, no es eso.

Es que yo estaba con Israel y, cuando ha aparecido este tío,

pues se ha puesto tenso, nervioso, mi hijo. No sé.

-A ver, Elías, es que la situación es delicada.

Piensa que es mucho tiempo que vosotros no os hablabais.

-Ya, tienes razón.

Además, lo que yo he soltado por esta boca sobre los homosexuales

es para darme dos bofetadas.

Pero bueno, todo eso está ya superado, no sé.

Es otra cosa, es algo raro, Nacha.

-Algo raro, ¿como qué?

-Mira, no lo sé,

pero yo a Israel le veo absolutamente enamorado de Felipe,

pero, por el otro lado, no sé qué decirte.

-Y, entonces, ¿por qué están juntos?

-No lo sé, pero yo a este chico no veo que mire a mi hijo con amor,

es más, yo creo que le mira con desprecio.

-Bueno, piensa que, de pronto,

Israel le ha contado cómo era vuestra relación antes

y tal vez le lleva tiempo tener que asimilar

que ahora eres parte de su vida.

-Ya, puede que tengas razón y que el rechazo sea por mí.

Desde luego,

un policía carroza y con antecedentes homófobos

no es el mejor suegro que puede desear un chaval joven,

francés y gay.

-Pues no.

-En fin, no sé, espero que tengas razón

y solo sea eso,

pero ese chaval a mí me da mala espina.

Bueno, venga, vámonos

que, al final, me acabas invitando a comer lechuga.

-Que no es lechuga. Pues tú te lo pierdes.

Hay una lasaña de berenjenas que está buenísima.

Te lo juro. -¿Lasaña?

-Yo no te lo voy a repetir más, así que tú verás.

¡Ole, ole, lo que baja por aquí!

Pero qué cosa más bonita.

Tú también estás muy elegante.

Pero no me he puesto la chaqueta ni la corbata.

Ponte lo que quieras, es una cena en familia.

Pero no quiero meter la pata como la última vez que cenamos,

que le puse de estafador para arriba.

No vas a meter la pata.

Tampoco quiero

que me meta un puro aquí mi suegra o mi "suegrastra",

lo que quiera que vaya a ser Ibarra cuando nos casemos.

¿Y por qué no empiezas a llamarla Montse y no Ibarra?

No lo sé, Alicia, estoy muy nervioso, ¿vale?

Y me siento un bicho raro con esta ropa

y aquí, cenando con gente fina.

Ah, gente fina. ¿Qué pasa? ¿Que yo soy muy basta?

No, eres un cuerpo de pija con alma de macarra.

"Cuerpo de pija con alma de macarra",

¿pero de dónde has sacado eso?

Bueno, tómatelo como un piropo.

(Timbre)

¿Qué hago, me pongo la chaqueta o...?

A ver, ponte lo que quieras.

Y, sobre todo, compórtate como te comportas siempre, ¿eh?

Natural.

Pues no llegamos ni al postre.

Buenas noches.

Muchas gracias.

Hola, Rober, ¿qué tal? Hola.

¿Qué tal?

-Rober. Qué pasa, Marcelino, ¿cómo vas?

Pues he traído un Rioja reserva del 82

que tenía guardado para una ocasión especial,

una cosecha excelente.

No me diga que lleva guardando el vino desde el 82.

Pero si yo ni había nacido.

(SE RÍEN)

No, en el 82 fue cuando lo cosecharon.

Yo lo compré... Déjalo, papá.

Ya lo abro yo. Yo me encargo.

El decantador está donde siempre.

Dame, yo lo abro.

Yo es que soy más de cervezas, ¿sabe, Marcelino?

-El vino de reserva ha pasado mucho tiempo en la barrica

y, antes de beberlo, hay que oxigenarlo,

si no, no sabe bien.

Dicen que hay que decantarlo una hora

por cada año que ha pasado en la barrica.

-Y este ha estado 18 meses en barrica,

pues una hora y media.

Bueno, pues nos va a dar media noche.

Y, si no, nos tomamos unas cervecitas y fuera

o brindamos con agua.

No,

que para brindar tenemos cava. ¿Lo abres?

¿Me permites? Claro.

-¿Y tu madre no ha venido, Rober?

Mi madre es que es más de quedarse en el polígono con las amigas

y con las hermanas. Siete hermanas tiene, ¿sabes?

-¿Siete? Y dos hermanos varones.

Familia numerosa, vaya.

-Pues tendremos que organizar otra cena

para celebrarlo con ella. -Me parece una idea estupenda.

-Podríamos ir a un restaurante.

-¡Ah!

Toma, pues

por los novios.

-Por los novios. Ole.

Pues dele las gracias al señor Somoza de mi parte

y dígale que, algún día de estos,

me encantaría hacerle una visita en Colombia.

Mientras tanto,

verás, me gustaría pedirte que, en la medida de lo posible,

intentemos evitar este tipo de encuentros improvisados.

Para hablar de nuestros asuntos,

yo preferiría que lo hiciésemos en un sitio más discreto,

más reservado, ¿de acuerdo?

-¿Quién era ese hombre, don Fernando?

-Ese hombre

es uno de los hombres de Alejandro Somoza.

Lo ha enviado para hablar conmigo.

¿Sabes quién es Alejandro Somoza? -No.

-Pues es uno de los empresarios más poderosos de Colombia.

-¿Qué tipo de empresario?

(SE RÍE)

-¿Te suena de algo el cártel de Cali?

Te suena, ¿no?

Pues entonces ya sabes a qué clase de empresarios me estoy refiriendo.

-¿Y qué quería?

(SUSPIRA) -Quería ofrecerme un negocio, pero le he dicho que no.

Le he dicho que, por ahora, estoy bien solo

y que no necesito tener socios.

(CARRASPEA)

-Pues no parece que se lo haya tomado muy bien

por la cara que llevaba, don Fernando.

¿Usted está seguro de lo que ha hecho?

-No lo sé.

Verás, hijo, esa gente puede ser muy chunga

y muy inteligente.

Hay que serlo para montar un imperio

como el que Alejandro Somoza tiene montado en medio mundo.

-Entonces, ¿por qué está tan tranquilo?

-Porque, a partir de hoy, también le ha quedado bien claro

que no le conviene para nada

tener problemas conmigo aquí, en España.

-Joder, don Fernando,

usted me sorprende cada día más, ¿eh?

Está claro que no hay quien le tosa.

(SE RÍE) -Tampoco exageres.

-Espero no exagerar,

espero que, al tal Somoza, le haya quedado claro

que es un hombre poderoso.

-¿Poderoso? ¿Yo?

Te puedo asegurar que, a veces, el poder no sirve para nada.

-¿A qué se refiere, exactamente?

-¿De qué sirve tener tanto poder

y tanto dinero

si ni siquiera puedo disfrutar un solo instante,

un solo momento de mi propia hija?

-¿Ha dicho usted hija?

¿Pero es que tiene usted hija?

-Sí, eso he dicho. Tengo una hija, Jairo.

Me he enterado hace poco.

Me lo han estado ocultando todos estos años y,

y ya no puedo más,

no puedo seguir guardando por más tiempo este,

este secreto.

Además, tú la conoces porque ha estado varias veces en tu casa.

-No entiendo nada.

-Ojalá fuese yo

quien estuviese cenando con ella esta noche y,

y con tu hermano en lugar de su otro padre.

-¿Alicia?

¿Alicia es hija suya?

-Sí que lo es, sí.

Hay cosas que no sabes sobre mí, Jairo.

Yo, en realidad,

traicioné a Marcelino desde el principio

porque, si me hice amigo íntimo suyo,

fue para estar lo más cerca posible de su mujer, de Carmen,

la única mujer a la que yo he amado en mi vida

y que, cuando se casó con Marcelino, ya estaba embarazada de,

de mi hija, de Alicia.

-¡Dios!

¿Y Alicia lo sabe?

-Sí que lo sabe, sí.

Y me odia por ello

y, por más que lo intente, no puedo hacer nada

para remediarlo, ella,

ella sigue diciendo que su verdadero padre es Marcelino,

le da igual que sea mi sangre la que corre por sus venas, ella

solo quiere creerse lo que dicen los papeles.

Ya ves, hijo,

¿para qué sirve tener tanto poder?

He podido comprar el respeto de media España,

de los colombianos, de, de mucha gente, pero,

pero no puedo conseguir tener el respeto de mi propia hija.

-Pues estaba todo muy bueno.

Hija, eres una anfitriona estupenda.

Papá, no ha sido solo mérito mío.

-Muchas gracias por todo, ha sido una cena muy agradable.

La verdad es que el vino estaba buenísimo.

Pero para la próxima me traigo el clarete ese

que me tocó con la cesta de Navidad del año pasado.

-El clarete necesita, si tiene un año, que...

-Venga, buenas noches.

-Buenas noches. Chao.

(Puerta)

(RESOPLA) Hemos sobrevivido, ¿eh?

Pues claro, tonto.

Acabar hemos acabado bien, pero empezar...

Vamos, que me pongo un letrero poniendo: "Soy un paleto"

y no lo dejo tan claro.

Rober, ser un entendido de vinos no hace a una persona especial.

Cualquiera puede hacer un curso un fin de semana.

Si eso es una propuesta para hacer un curso de cata,

paso.

Bueno, ahora relájate, ¿eh?

Madre mía, qué pesados

hasta que han conseguido que toque la guitarra.

Anda que no se han ido animados.

Se van a un tablao flamenco.

Pues sí, tenían más marcha que nosotros dos juntos,

sobre todo Montse.

Ya te digo, qué graciosa, Montse, palmeando y todo.

No la había visto tan feliz y tan sonriente

a la sargento de hierro.

Bueno, supongo que va con el cargo,

debe hacerse la dura para que no se le suban a la chepa.

Oye, que digo que a mí

lo que me preocupa es la cena con mi madre.

¿Por qué?

No te avergüenzas de ella, ¿no?

No, Alicia, ¿cómo me voy a avergonzar?

No sé, pues lo parece y no deberías.

Deberías estar muy orgulloso de ella.

Sacar adelante a dos hijos en esas condiciones

y darles una educación tiene mérito.

Pero si yo estoy muy orgulloso,

pero si yo estoy fuera de lugar en una cena así,

pues imagínate mi madre,

como meter al papa en una piscina de bolas.

¿Por qué no se lo dices y que sea ella la que decida?

Sí, tienes razón.

Y hablando de decidir,

tenemos que ver dónde nos vamos de viaje de novios.

Yo me iría a Canarias.

Pero a Canarias podemos escaparnos cualquier fin de semana.

No sé, mejor un lugar más exótico, ¿no?

Rusia, Vietnam, la India...

Vale, me parece bien.

¿Te parece bien el qué? ¿Rusia, Vietnam o la India?

Cualquiera, me da igual.

Parece que no tengas ganas de ir de viaje.

¿Por qué no propones algo? He propuesto Canarias.

¿Por qué te hace tanta ilusión ir a Canarias?

No sé, una vez allí, en el polígono,

le tocó una quiniela de 13 a un conocido cuando era pequeño

y se llevó a toda la familia de vacaciones a Canarias

y vinieron tan morenos, con tantos regalos

y tan felices que, no sé, me quedé con la ilusión

y siempre lo he visto como si fuera un paraíso.

¿Pero cómo puedes ser tan tierno?

Nos vamos a Canarias, no hay más que hablar.

¿Pero Vietnam y Rusia?

Vietnam y Rusia no se van a mover de donde están.

(Móvil)

Míralo, anda.

Dame un beso y olvídate del teléfono.

Míralo primero, a ver si va a ser de comisaría.

¿Qué? ¿No me digas que te tienes que ir a comisaría?

Es peor. Un mensaje de Quintero.

¿Y qué quiere este ahora?

Pues nada, tocar las narices, como siempre.

Dice que quiere hablar conmigo mañana de un tema personal.

¿Y no tienes ni idea de lo que puede ser?

No, ni lo sé ni me importa.

Este tío me saca de quicio.

Con lo bien que lo estábamos pasando y me ha cortado el rollo. Perdona.

No le hagas ni caso.

Para ti es fácil decirlo porque contigo no va la situación.

Bueno, pero no te enfades, que yo te quiero.

No me enfado, me pongo nerviosa.

Odio no poder olvidarme de todo esto.

Ven aquí, anda.

Vaya una pérdida de tiempo.

No sé para qué vamos a ese sitio.

¡No había ni un solo editor!

Podía haberme ido perfectamente a cenar con mi padre.

-Te habrías perdido la oportunidad de ligar con el rubio ese.

-¿Qué rubio? ¿De qué hablas?

-El del pañuelito al cuello.

Venga, te lo estabas comiendo con los ojos,

no hagas como que no te acuerdas.

-Era la única persona en toda la fiesta

al que le interesaban los cómics. y daba la casualidad

de que se había leído uno de los míos.

-Ya, y por eso te pasaste una hora hablando con él

y riéndole las gracias, ¿no?

¿Querías darme celos o qué?

-¿Celos?

¿De ese señor que tenía como 50 años? Venga, por favor.

-Como te he estropeado la cena con tu padre,

así me lo haces pagar.

No entiendo qué interesante le ves tú

a ir a cenar con tu padre a ese barrio de mala muerte.

-Pues mira, mucho más interesante

que estar en ese cóctel de gente estirada

donde no conozco a nadie.

-No sé cómo le sigues dirigiendo la palabra a ese reaccionario.

-Te estás empezando a poner pesadito con el tema.

¡Deja de meterte con mi padre de una vez!

-No he dicho nada que tú no hayas dicho.

-Mi padre ha cambiado, ¿cómo te lo tengo que decir?

-No me levantes la voz. -¡Si eres tú el que está gritando!

-Deberías estar agradecido.

Me estoy matando a trabajar por ti

y tú todo el rato con tu padre, con tu padre.

Si no fuera por mí... -¿Qué?

-Lo mismo no tenías ni trabajo.

-¿Perdona?

Mira, vale que me estés ayudando con esto de representarme,

pero tampoco te flipes, que antes de conocerte

ya llevaba años sin parar de trabajar.

-¿Haciendo qué?

¿Dibujando algo y sin tirada? ¿Aceptando condiciones de mierda?

Perdóname, pero te he convertido en un artista que vende,

un artista famoso, conocido. -Si vender vamos a vender, ¿eh?

Pero ¿el qué? -¿Qué quieres decir?

-Ese contrato que hemos firmado. -¿Qué pasa con el contrato?

¿Ahora no estás contento? ¿No quieres ganar más?

-Quiero hacer un trabajo de calidad, no esos guiones que nos han mandado.

-Esos guiones son comerciales.

Eso es lo que le gusta a la gente,

muchísimo mejor que los ladrillos que hacías antes,

que no le interesaban a nadie.

¿Pero tú qué pasa?

¿Que quieres seguir siendo un mediocre toda tu vida?

-Mira, vamos a dejarlo, porque... -No, venga, va.

Vamos a hablar. Dímelo.

Soy un mal mánager,

lo estoy haciendo mal, antes estabas mejor, ¿no?

-Creo que eres un buen mánager,

pero igual no es buena idea que siguas siendo el mío.

Hemos mezclado pareja y trabajo

y, a lo mejor, se nos ha ido de las manos.

-Ya sé por dónde vas.

Otra vez me vas a recordar y me vas a echar en cara

que no tengo experiencia.

-¡No he dicho nada de eso! -Lo estás pensando.

Supongo que ya le has ido con el cuento a tu padre,

que antes de ser tu mánager era camarero, ¿no?

-Pues no, no ha salido el tema.

Pero vaya, que tampoco es ningún cuento,

¡cuando te conocí eras camarero! -Camarero, no.

¡Te lo he dicho 50 veces!

Era encargado de una discoteca de mucho prestigio

y tenía un sueldazo y lo dejé todo por ti, ¡por ti!

-Lo dejaste porque te dio la gana, yo no te lo pedí.

Y haz el favor de dejar de gritar. -¡Pues no me insultes!

Parece que disfrutas recordándome

que no tengo cultura, que no tengo estudios.

-¡No te he dicho nada de eso! -¡Lo has insinuado!

-Felipe, por favor, perdóname, no quería decir nada de eso.

-No hay nada que me moleste más que tus insultos.

-Felipe, por favor, cálmate. -¡Es que me obligas!

¡Es que parece que te gusta!

Tú te la has buscado.

Ayer, sin ir más lejos, me dijo

que todos los problemas se solucionarían

si él se muriera, que todos estarían mejor.

¿Te dijo eso? Sí.

Me dejó muy preocupada, la verdad.

Bueno, son cosas que se dicen sin pensar,

no se lo tengas en cuenta.

Pues me pareció que lo decía muy sentido,

lo noté hundido, de verdad, hundido.

Deprimido. Sí, eso es.

Te ha pedido Miralles que vengas a hablar conmigo

para convencerme de que vaya al médico.

A ver, no viene mal un chequeo de vez en cuando,

sobre todo a estas edades, ¿no?

Ya te he dicho que no me pasa nada, estoy muy bien.

Además, no tengo tiempo de ir.

Es Natalia la que necesita cuidados.

Por eso ni te preocupes, será un momento.

Lo tendré todo preparado. Tonterías,

que ya te he dicho que estoy muy bien.

-Antes de que Martín Díez publicara sus artículos,

teníamos el apoyo de la gente en las redes.

La presión estaba en las empresas que habíamos denunciado.

¿Vas a dejar que ese se cargue todo por lo que Eric ha luchado?

¿Así es como piensas honrar su memoria?

-No, claro que no. -Puede que necesites algo de ayuda.

-Tengo la impresión de que te has metido en demasiadas cosas, ¿no?

El máster, el gimnasio... Más cosas de las que puedes abarcar.

-No te preocupes, lo tengo todo controlado, gracias.

A ver, por un lado no quiero saber nada de Quintero,

pero, por otro,

por otro no dejo de preguntarme qué es eso que tiene que decirme.

Igual es una estrategia para acercase a ti.

¿Y si es algo relacionado con mi madre?

Algo que ella le dijera

y Quintero ha pensado que era el mejor momento para contármelo.

¿Tú piensas lo que dices antes de hablar?

¿Que si lo pienso?

24 horas al día, Alicia.

No hago otra cosa que pensar en ti.

Que sepas que estás mal de la cabeza por pensar que aceptaría algo así.

Puede que esté recuperando la ilusión por el periodismo.

En parte es gracias al artículo sobre Planeta libre.

¿Sabes? La persona con la que estaba hablando

es el responsable de redes sociales del periódico

y resulta que mi artículo no solo es el más leído,

sino que está teniendo una repercusión brutal.

Estoy contento, sí.

Además, ha servido para desenmascarar a estos de Planeta libre.

Vamos, que no son los salvadores del planeta

que pretenden ser.

Que son simple y llanamente terroristas.

-"Es fundamental que cumplas la misión".

-Lo sé. Ahora voy al gimnasio, me cambio, cojo la moto

y voy a por él, ¿vale?

-"Déjale claro a ese desgraciado

que como mejor está es con la boca cerrada".

-Estoy muy orgulloso de ti.

(CARRASPEA)

-¿Qué te pasa?

-Nada, nada. -¿Cómo que nada?

Si te he rozado y has visto las estrellas.

-Un golpe que me di haciendo "footing" por el Retiro.

-Esos hematomas no se corresponden con los de una caída, ¿no?

Tendrías raspones, cortes.

-Yo creo que eso son puñetazos, vamos.

Llevo mucho en el oficio como para no reconocerlos.

-¿Os habéis divertido esta tarde?

-Pues la verdad que no mucho

porque hemos andado toda la tarde de médicos.

-¿Y eso?

-Bueno, no te hagas el despistado.

Isra me ha contado cómo se hizo esos hematomas.

¿Qué pasa?

¿No tienes nada que decir al respecto?

-Oye, espera, espera.

Oye, ¿qué haces?

(GRITA)

Si me vas a pegar, al menos me gustaría saber el motivo.

  • Capítulo 164

Servir y proteger - Capítulo 164

26 dic 2017

Elías sospecha que la relación de Israel y Felipe no es tan idílica como aparenta. Alejandro Somoza, importante narcotraficante colombiano, quiere hacer negocios con Quintero. Rober y Alicia cenan con Marcelino e Ibarra. Bremón está cada vez más superado por la enfermedad de su mujer.

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  1. Carmen

    Hemos visto que no habra boda entre Rober y Alicia y la decepción ha sido muy grande asi que muchas personas no volveremos a ver la serie en la segunda temporada ¿Porque han hecho eso ?

    01 ene 2018