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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 163 - ver ahora
Transcripción completa

Roban a mujeres que trabajan en una conservera que hay allí.

-Tienes que darme la localización exacta, ¿de acuerdo?

-¿Habéis visto a Hugo? Lo he buscado en la comisaría y...

no lo he encontrado. -No, porque se ha ido

después de dejarme tirado.

-Estaba hablando con la vecina que atracaron y le entró la prisa.

-En la cara no, por favor, soy actor, vivo de mi físico.

Soy Hugo Ferreras, a lo mejor me conoces de la tele.

¡Mira! -¡Alto, policía!

No hace falta que vayamos a ningún restaurante de estrellas Michelín.

-Tienes razón.

-Yo no sé si me estaba enrollando con Hugo Ferrer,

o con el inspector Carvallo, pero el tío cumplió con creces.

-No puedes dejarnos tirados ahora.

-Lo siento, pero no me quiero cambiar de compañía.

No vuelvan a llamarme. -Quico, ni se te ocurra colgarme.

-Entrégame ya mi 4X4 y mi moto o lo vas a pasar muy mal, abogado.

-Sergio, perdona... -¿Cómo tengo que decirte

que llames antes de entrar, González?

-Últimamente ha estado recibiendo visitas de un tipo...

bastante siniestro, el tipo lo está chantajeando.

-Isabel tenía una obsesión enfermiza conmigo.

Era psicológicamente muy inestable.

-Fuiste pareja de Isabel justo antes de su crisis

y pareja de Elena justo antes de su desaparición.

-Entiendo cómo se siente.

En una situación así todos buscamos una explicación,

o mejor, un culpable.

Cualquier cosa menos vivir con la incertidumbre.

Estás muy alterada, ¿te contó algo relevante?

No es lo que me ha contado, tiene una pistola.

Alicia, coge un K y espérame en la puerta en diez minutos,

vamos a registrar la casa y el despacho de Sergio Mayoral.

¡Ay!

En el momento de su detención conducía usted un coche

con un cadáver en el maletero,

por el momento es usted sospechoso de asesinato.

Y puede que no estemos hablando de un solo asesinato.

Fue un accidente, yo no quería matarla.

¿A quién no querías matar?

A Elena.

-Jamás pensé que Sergio pudiera llegar tan lejos.

En un rato lo trasladarán para que pueda declarar ante el juez,

pero yo supongo que decretará prisión sin fianza.

El contrato que tú y yo firmamos

puedes hacerlo añicos.

Quiero que Ocaña Abogados siga siendo tuyo.

-Ya le he dado la sorpresa, imagínate, ni se lo esperaba.

Sí, voy para allá.

No he venido solo, me he traído a Felipe.

-¿Felipe? -Sí, mi novio Philippe,

¿te acuerdas? Ya ha llegado al hotel,

así que debería irme para allá. -Por supuesto.

¿Sabes que hemos detenido a Sergio Mayoral?

¿Por?

Hiciste bien en contarme que quería contratar matones.

No los contrató, pero consiguió una pistola y lo asesinó él mismo.

Mi hermano me ha dicho que han registrado las oficinas

y han clonado el disco duro,

en cualquier momento podrían encontrar archivos comprometidos.

-Tranquilo, eso no va a pasar.

-Yo voy de cabeza a un sitio en el que Quintero tiene amigos,

si es un narcotraficante,

es algo que desconozco.

Tendrás que demostrarlo de otra forma, si sigues en tu empeño.

(Música emocionante)

(Puerta)

Buenos días, hijo. -Papá, ¿qué haces aquí?

Habíamos quedado para desayunar aquí, en el hotel.

-A las nueve. ¿Qué hora es?

-Las nueve y cinco. Tenía tantas ganas de verte

que he venido antes, de hecho, llevo media hora abajo.

-Perdona. Me visto y bajamos. -Sí, sí.

Oye, ayer me diste una gran alegría.

-Venga, no podemos llegar tarde a la reunión, nos jugamos mucho.

-Es mi padre. -Perdón, no sabía que...

-Soy Elías, encantado de conocerte.

-Felipe, mi pareja.

-Y también su representante.

Por eso le estaba hablando de una reunión que tenemos.

Encantado, Elías,

si lo llego a saber me pongo algo antes de salir del baño.

-No sé cómo se me ha ocurrido subir.

Como había quedado con él para desayunar aquí.

-¿Para desayunar?

Pero si tenemos la reunión

en menos de una hora.

-Quizá podemos llegar un poco más tarde.

-Imposible, esta reunión es muy importante.

Elías, estamos apostando por el futuro profesional de tu hijo

y no podemos empezar con mal pie.

-¿Y qué os parece un café rápido abajo en cafetería?

-No, prefiero que Isra se concentre

y preparemos bien la reunión.

-Debí avisarte, lo siento. -No hay ningún problema,

podemos cambiar el desayuno por la comida.

Yo tengo una hora libre, podemos comer junto a la comisaría.

Tú también, por supuesto.

-Te aviso cuando terminemos, y perdona de nuevo.

-No hay nada que perdonar, el trabajo es lo primero.

¿Qué me vas a contar a mí? Encantado de conocerte,

y mucha suerte con esa reunión. -Igualmente.

-Lo siento, hijo, de verdad.

Nos vemos, ¿vale? -Sí.

-Venga, os dejo.

-Yo también lo echo mucho de menos.

-No me hago a la idea de que se haya muerto,

y de esa manera tan estúpida.

-Más que estúpida, heroica,

murió huyendo de las fuerzas represivas que intentaban atraparlo.

La policía lo mató.

-He invertido tanto esfuerzo,

tanto tiempo en prepararlo todo.

-Su legado en Planeta Libre sigue muy vivo,

y nosotros seguimos al frente para remover conciencias

y captar nuevos seguidores para la causa.

-No paro de pensar que el precio que pagó era demasiado alto.

-Quico, nuestras vidas no son nada

comparada con la lucha por la supervivencia del planeta.

Eric murió por lo que creía.

-Hablas como si no fuera tu pareja.

-¿Porque no estoy de luto y llorando por las esquinas?

Eric no hubiera querido que derramase ni una lágrima.

Lo que hubiera querido de nosotros

es que estuviésemos planeando la siguiente acción.

-¿La siguiente acción? -Sí.

Será aquí, en Distrito Sur, aquí ha calado nuestro mensaje,

hay seguidores que han entendido el proyecto.

La quema de contenedores fue una buena muestra de ello.

No podemos parar,

la lucha debe continuar,

y Planeta Libre necesita gente inteligente y atrevida como tú.

-¿Y ahora me consideras inteligente y atrevido?

-Claro que sí, y Eric también lo creía.

Te ligaste a la hija de la inspectora jefe

para conseguir el protocolo de seguridad del congreso.

Eso demuestra compromiso e inteligencia.

-Ya te dije que no quiero seguir en Planeta Libre.

-Eso es inaceptable.

-Eric sabía que tras la acción del congreso yo pensaba dejarlo.

-Tú eres su heredero, tienes un compromiso con su legado.

-Yo no soy heredero de nadie, ¿vale? -¿Has dejado de creer en la causa?

¿No quieres parar la desertización, la escasez de agua,

la extinción de especies. -¡Basta ya!

No tienes que numerar los efectos del calentamiento global.

-Es que parece que se te ha olvidado para qué luchamos.

Toma.

Son los pensamientos de Eric.

Me pidió que te lo entregase si le pasaba algo.

(SUSPIRA NADIA)

Me voy a la ducha.

En la página 35 habla de su querido hermano.

(Puerta)

-Quico, soy yo, ¿estás ahí?

Quico, ¿me oyes? ¿Estás en la ducha?

-¿Era Olga?

Estoy deseando conocerla.

-Yo no quiero que la conozcas.

¿A qué viene esa sonrisa?

-Qué bien sienta un poco de adrenalina para empezar el día.

-Empiezo a pensar que creaste Planeta Libre

solo para satisfacer tu necesidad de emociones fuertes.

-No pienses tanto y lee el diario, te sentará bien.

-Venga, Felipe, hagamos las paces.

No la pagues conmigo, yo no tengo la culpa.

-¿Quién lo dejó entrar y fisgonear en nuestra intimidad?

-No podía quitármelo de encima, es muy tozudo.

-Haberlo echado, ¿cómo te lo tengo que decir?

No te conviene relacionarte con él aunque sea tu padre.

-Quiere recuperar el tiempo perdido. -¿Y tú?

¿Qué quieres tú?

-Quiero reconstruir mi relación con él.

-¡No me cabe en la cabeza!

¿Reconstruir tu relación con alguien que te destrozó la infancia?

¿Que te humillaba por ser homosexual y te avergonzaba con sus borracheras?

-Eso es parte del pasado, ahora está arrepentido.

-Un homófobo siempre odiará a los homosexuales,

igual que un borracho siempre corre el riesgo de recaer.

-No debí contarte nada de todo aquello.

-Hiciste muy bien en contármelo, ¿es que no te das cuenta?

-¿Darme cuenta de qué?

-De que lo único que quiere es enredarte.

Y cuanto más te ilusiones, más dura será la caída,

porque te volverá a fallar.

-¿Por qué no puede haber buen rollo entre vosotros?

-Desde el principio noté sus malas vibraciones conmigo.

-¿Qué malas vibraciones? -Su manera de mirarme.

Ese tío es un peligro y cuanto más lejos esté mejor.

-No hables así de mi padre, aunque no sea un modelo de padre.

-Si fuera el mío no querría verlo porque tengo dignidad.

-Cojonudo, ¿eh? Acabas de fastidiarme la mañana.

-Me he pasado de la raya, perdóname.

Es que ese tío es muy mala influencia para ti,

y yo te quiero proteger.

Te quiero, Isra.

-Y yo a ti. -Sabes que te lo doy todo,

y que me voy a dejar la piel

para que el mundo pueda disfrutar de tu talento.

Pero para eso necesito que me eches un cable,

que me ayudes un poco.

Venga,

vístete, que llegaremos tarde al abogado.

-¿Al abogado? ¿La reunión no era con la editorial?

-Con los de la editorial es mañana.

Es que necesitamos asesorarnos bien.

Las condiciones del contrato con la editorial no me gustan.

He buscado uno de los mejores abogado de Madrid,

debemos ir al bufete antes de firmar el contrato con la editorial.

-Ya he firmado muchos contratos sin necesidad de abogado.

-No quiero que te exploten

o que se forren solo los de la editorial.

Tú tienes mucho talento, te mereces más, confía en mí.

-Bueno, si es lo que crees, te haré caso.

(Teléfono)

-El abogado.

Nos cita más tarde.

-Podía haber quedado con mi padre para ir a desayunar.

Voy a llamarlo, a ver qué hace.

-¿No prefieres dar una vuelta por el barrio de las Delicias

donde nacieron mis abuelos?

Me han hablado mucho de ese sitio.

-Mientras lleguemos a tiempo para mi comida.

-No va a poder ser,

el abogado nos cita a las tres de la tarde, muy justo.

Venga,

que tú eres mi diamante en bruto y te voy a pulir.

Y acaba de vestirte

o terminaré haciendo una locura contigo.

Y no te pongas esa camiseta cutre.

-Tenías que haberlo visto, con la toalla y los musculitos,

lo he puesto en un compromiso que no veas.

-A quién se le ocurre subir a la habitación sin avisar.

-Pensé que le haría ilusión. No sabía que se pondría así conmigo,

que se iba a enfadar. -¿No te ha caído bien?

-¿El gabacho? Pues no. -¿Por qué le llamas gabacho?

Es como cuando a mí me llaman sudaca.

-Pues seré políticamente correcto, es un encanto francés.

Por lo que me han contado, sus padres son españoles.

-Es el primer novio de Isra que conoces, ¿no?

-La verdad es que sí.

No te voy a engañar,

sabes que me costó bastante aceptar su homosexualidad,

pero eso ya pasó, yo estoy deseando conocer a Felipe.

Además, nunca pondría en peligro esa relación.

-Muy bien dicho. ¿Cuándo lo vas a ver?

-Voy a comer con él en La Parra.

-Pues luego me paso un ratito, si no te importa.

-¿Cómo me va a importar, si recuperé a mi hijo gracias a ti?

Te ha costado porque soy muy cafre, pero tú eres más pesada, así que...

-Ay, Elías Guevara, es que eres mi amigo.

Como decía mi abuelito Siro:

"Un buen amigo es como el viento que sopla en tu espalda".

-¡Ven acá!

¡Ay, ay, ay!

¿Pero qué está pasando aquí?

Elías abrazando a su compañera de patrulla.

Bueno, ya está bien por hoy.

-Sí, que casi me ahogas. Menos mal.

¿A qué se debe este ataque de cariño?

Voy a comer con mi hijo. Pero ¿está en Madrid?

Vino ayer, casi te cruzas con él. ¿Y qué tal está?

¿Se ha recuperado de la lesión de la mano?

Dice que va muy bien la rehabilitación,

y que en breve volverá a dibujar.

Me alegro mucho por él y por ti.

Recuperar a tu hijo es lo mejor que te ha podido pasar.

Gracias a Nacha y a ti,

que también me has dado algún soplo chévere en la espalda.

¿Un soplo de qué te he dado yo?

Que eres una gran amiga,

y fue un gran acierto emparejarme con Nacha.

¿Te puedo dar un abrazo, Miralles? ¡Ven acá!

¡Por Dios! ¡Inspectora, inspectora!

¡Madre mía, quita, quita!

¿Qué tal si trabajamos?

Hace un rato he pasado por la puerta del mercado

y me pareció ver a un trilero rodeado por un corro de gente,

mirad si sigue allí, y si hay compinches,

que es lo habitual en estos casos, ¿vale?

Venga, y luego me lo contáis.

Cuidado con este hoy, ¿eh? Ya.

Oye, yo pensaba que lo de los trileros

era solo en zonas turísticas, en ferias, en aglomeraciones.

-¿Tú sabes de qué va esto de los trileros?

-¿Cómo no voy a saberlo? Es el timo más viejo de la historia,

es más viejo que andar para adelante.

En mi país se conoce como el juego de la bolita,

y hay distintas variantes:

con cartas, garbanzos, monedas, canicas...

Solo necesitas ser muy ágil con las manos

y un par de cómplices que pillen a unos incautos, ya está.

-Pues sí que te veo puesta.

-No sabes bien tú, es más, se me da superbién.

Eso es como magia,

tienes que ser muy ágil con las manos.

-Venga, aligerando que es gerundio, que quiero comer en La Parra.

(Puerta)

Pasa, Miriam.

-No soy Miriam, Marcelino,

soy yo. -¿Qué quieres?

Tu abogado ya no trabaja aquí.

-Lo sé, estoy al corriente de las novedades.

Menuda historia, ¿verdad?

No sabes cuánto lo siento.

-¿Por quién lo sientes, por Sergio?

-No, a mí Sergio me importa un pimiento.

Lo que siento es haberme equivocado con él

y haber puesto en sus manos mis negocios más delicados.

-Ya veo que no soy el único que se equivoca

en la percepción de la naturaleza humana.

-¿Quién podía imaginar que fuese un asesino?

-Si vienes para sugerirme

que me encargue de tus asuntos comprometidos

ya te puedes ir por donde has venido.

-No, no, tranquilo,

soy consciente del daño que te he causado hasta ahora.

Además, he contratado otro equipo de abogados.

-Entonces ya está todo hablado.

-Tranquilo, Marcelino,

no te alteres que no te conviene para nada.

Te has casado hace poco, ¿no?

Estoy seguro que serás un hombre nuevo

y habrás disfrutado en la luna de miel

de tu nueva y flamante esposa, ¿verdad?

Hay que ver lo rápido que has pasado página con Carmen.

-No vayas por ahí.

-Verás, tampoco se puede decir

que hasta ahora hayas sido un viudo desconsolado

que lloraba por las esquinas,

proclamando tu amor eterno por la mujer de tu vida, ¿no?

-Mira, no voy a entrar en tus provocaciones,

solo te lo voy a decir una vez:

lárgate, no eres bienvenido en este despacho.

-Tranquilízate, ya te lo he dicho,

no te conviene nada alterarte.

Si estoy aquí es porque estoy seguro de que Sergio

todavía te puede causar bastantes problemas en este bufete.

-No lo creo. -Yo sí lo creo.

Porque este caso va a abrir las portadas de muchos periódicos

y de medios de comunicación, te lo aseguro.

Y va a suponer un grave perjuicio

para la imagen de este bufete.

-Y tú te vas a frotar las manos, claro.

-Te equivocas, estoy aquí para ofrecerte mi ayuda, nada más.

-¿De qué hablas?

-Sabes muy bien que mi empresa ha sido amenazada y atacada

por un grupo de radicales ecologistas,

estos que se llamaban Planeta Libre, ¿no?

Para defenderme tuve que contratar una agencia de comunicación

que hiciese una campaña para lavar la imagen de mi empresa,

y la verdad, estoy muy contento.

Estoy seguro de que vais a necesitar una agencia de comunicación

que haga una campaña similar por todo lo que está provocando

uno de los socios de este bufete: Sergio Mayoral.

-¿Qué carta guardas?

-¿Cómo?

-¿Estás tú detrás de la jugada de Sergio

para vender mi empresa a los ingleses?

-No seas paranoico, Marcelino,

y aprende a aceptar la ayuda de los demás

cuando te la ofrecen desinteresadamente.

-Es que tú nunca ofreces ayuda de forma desinteresada.

Tal vez Carmen no nos vuelva a enfrentar nunca más,

pero estoy seguro de que no pararás hasta arrebatarme a Alicia.

¿Qué pasa, papá?

Nada, este buitre que anda merodeando

a ver qué puede llevarse de nosotros. -No te equivoques,

yo nunca me he llevado de ningún sitio nada que no sea mío.

Aquí no hay nada que sea tuyo.

Nada.

Es increíble lo mucho que te pareces a tu madre,

sois como dos gotas de agua.

Fuera de aquí.

Fuera.

Está bien.

Ya me voy.

Papá.

No se va a rendir nunca, hija.

Va a intentarlo una y otra vez.

Yo tampoco me voy a rendir nunca.

No te preocupes por eso.

Salima, ¿me puedes guardar una mesa tranquilita para comer?

-Claro, si tú eres mi cliente preferente.

Toma el menú y le echas un vistazo y cuando venga Nacha vais más rápido.

-No voy a comer con Nacha, y hoy voy a la carta.

-¿Y se puede saber con quién vas a comer?

¿Tengo que poner velitas? -Voy a comer con mi hijo.

Y puede que con su novio. -Qué bien.

¿Y se quedan muchos días por aquí?

-Sí, vienen por trabajo,

parece ser que va a firmar un contrato

con una editorial muy importante.

-La verdad, tu hijo es un artista, hace unos cómics brutales.

-A mí me encantaría que se quedase publicando en Madrid,

así lo vería más a menudo.

¿Qué mesa me vas a dar?

-Mira, la de la ventana tiene una luz muy buena.

Además, te voy a preparar un picoteo...

Seguro que tu hijo echará de menos las tapas españolas.

¿Le gusta el pescado? -La verdad, no conozco sus gustos,

estoy empezando a conocer a mi hijo. -Madre mía, cómo se te cae la baba.

-Hola. ¿Me has guardado mi mesa, Salima?

-Veo que no soy el único cliente con preferencia aquí.

-A ver, eres preferente, pero no exclusivo.

(RÍE SALIMA)

-¿Y con quién se te cae la baba, si se puede saber?

-Con mi hijo que está hecho un fenómeno.

-Es que es un "crack" de los cómics, además, va a publicar en España

y, lógicamente, Elías está orgulloso.

-Me alegro más de sus éxitos que de los míos.

Es lo que tiene ser padre.

Discúlpame, Martín, no he sido muy sensible,

supongo que Laura y tú estabais pensando en tener un hijo.

-Solo faltaría que no puedas hablar de tu hijo.

-Pero lo tuyo está muy reciente, discúlpame, de verdad.

-Discúlpame tú,

todavía estoy saliendo del hoyo.

En fin, estoy sensible,

estoy vulnerable, y cualquier insignificancia

me hace recordar a Laura, ¿vale?

Pero tengo que superarlo.

La vida sigue adelante.

-Y te da muchas sorpresas, lo mismo te da que te quita.

¿Cómo iba yo a imaginarme que a estas alturas

mi hijo me iba a dar tantas satisfacciones?

-Me alegro mucho por ti, Elías, en serio.

(Teléfono)

Mira, hablando del pipiolo.

Hijo. Hola, ¿cómo estás?

Estaba justo guardando la mesa...

Acuérdate que es en el bar La Parra.

-"Papá, lo siento, pero negociar este contrato

me está dando más quebraderos de cabeza

de los previstos". -Bueno, no te preocupes,

estate a lo que tienes que estar,

y si te queda un hueco me llamas y ya está.

-"En cuanto pueda te llamo, y perdona".

-No hay nada que perdonar, tú a lo tuyo, ¿vale?

Venga, un beso.

(SUSPIRA)

Salima, no prepares ningún aperitivo especial

que no viene el chaval a comer.

-Qué pena. -Son cosas de trabajo,

ya quedaré con él para cenar.

Aunque no será aquí, claro. -Con las ganas que tenía de verlo.

-Ya, y yo.

-Pues estaba en la ducha y no oí el timbre.

-Yo te llevaba las galletas para que desayunáramos juntos.

-Las guardo para la merienda, qué buena pinta tienen.

-Hola, ¿me puedes explicar las ofertas

cuando termines con la chica?

-Yo ya estoy, voy al vestuario a buscar mi mascarilla

que me tengo que lavar el pelo y no sé dónde está.

Si no la encuentro tendré que pasarme por tu casa,

si me dejas las llaves. -Hasta luego.

-Qué mona.

-¿A qué estás jugando? -A lo mismo que tú,

me mezclo con la gente del barrio para captar seguidores

y estudio el escenario de nuestra próxima acción.

-No quiero que te vean merodeando cerca de mí,

y vete recogiendo las cosas de mi casa

que Olga puede ir en cualquier momento.

-El piso es nuestra base logística.

-Yo ya no milito para Planeta libre, ¿cómo te lo tengo que decir?

-No puedes darte de baja, tienes un compromiso.

-Mi compromiso con Planeta Libre acabó hace tiempo,

yo cumplí con lo que me pedisteis.

-Cuando te mandamos instalarte en Distrito Sur

fue pensando en una acción a largo plazo.

-Eso ha cambiado, Eric ya no está y yo tengo otra vida.

-¿Otra vida que se llama Olga, es rubia y hace galletas?

-Mírate bien las ofertas,

si quieres puedes estar un mes a media tarifa. Toma.

-Menos mal que estaba en la taquilla, me venía fatal pasarme por tu casa.

¿Qué te pasa, tienes mala cara?

-Sí, no he dormido bien.

-Si quieres esta noche me paso por tu casa

y verás que bien descansas. -Mejor que no, Olga,

tengo que quedarme currando hasta tarde,

tengo que hacer la liquidación para el gestor.

Yo no sé cómo se lo montaban Max y Paty.

-Llámalos y que te orienten.

Me voy, te dejo con la nueva clienta.

No dudes en apuntarte que el Atlas es un gimnasio genial,

y Quico es un buen monitor, no te va a decepcionar.

-Eric ya me dijo que estabas muy enamorado.

También me aconsejó que te separase de ella,

pero no lo voy a hacer,

con una condición. -Mira, Nadia,

yo no quiero hacer daño a nadie más.

Para mí el fin no justifica los medios.

-A ti lo que te pasa es que necesitas un guía,

antes era Eric y ahora seré yo.

Tú y yo tenemos más en común de lo que crees.

-No creas, tú eres una pija que lo ha tenido fácil en la vida.

-He ido a buenos colegios, tengo dos carreras y un máster,

y hablo cuatro idiomas, ¿y qué?

En el fondo, tú y yo somos lo mismo:

ecologistas concienciados en deuda con Eric.

¿O es que no te llegó lo que leíste en su diario?

-Yo leí lo que ya sabía, que Eric me quiere como un hermano.

-Y que tenía grandes expectativas puestas en ti.

No puedes defraudarle.

-Para mí Planeta Libre no tiene sentido si no está Eric.

Yo seguiré siendo ecologista, pero de forma pacífica.

Así que no cuentes conmigo para tus planes.

-Hay miles de personas esperando a tomar conciencia,

la prueba está en lo que pasó

con los contenedores de Transportes Quintero.

Despertar a los ecologistas es nuestra misión,

haremos saltar el sistema

y devolveremos al planeta su esplendor.

-¿Hasta cuándo te vas a quedar en mi casa?

-Cuanto antes terminemos nuestra misión antes me iré.

¿O crees que me voy a quedar de por vida?

Muy rica.

-Te dije que no te pusieras esa camiseta.

-A mí me encanta, es mi camiseta talismán.

-No me digas que cuando te la pones estás más inspirado

que ya conozco la canción.

-Si la conoces entenderás que es la más apropiada.

-No lo es, pareces un friki. -Los artistas somos un poco frikis.

En nuestro mundo no existen las normas

del mundo convencional. -Pero es en el mundo convencional

donde se decide tu futuro profesional.

He buscado un buen abogado y debes causar buena impresión.

-Si trabaja con artistas conocerá sus códigos.

Lo que causa mala impresión es que estemos discutiendo.

-Por supuesto, déjame hablar a mí. -Tampoco me apetece discutir.

-Ni a mí, cariño.

-Buenas tardes, disculpen el retraso.

¿Israel? -Hola, Marcelino.

-Felipe. -Encantado, señor Ocaña.

-Siéntense, por favor. -¿Ha podido mirar el contrato?

-Sí, por eso les he hecho esperar.

He estado hablando con un colega

que es experto en propiedad intelectual,

y hemos revisado algunos puntos del contrato que no veía claros.

-Seguro que hay cosas inaceptables. -Vamos por partes.

Si circunscribimos el contrato al mercado español,

el contrato es bastante estándar.

-Pero nosotros tenemos nacionalidad francesa

y allí las cosas se hacen de otra manera.

-Comparado con los estándares franceses,

el contrato deja mucho que desear,

no reserva para el autor los derechos de transformación.

¿Lo ha comparado con contratos precedentes?

-Yo esas cosas no las miro, me hago un lío.

-Como todos los artistas, para eso estamos los representantes.

-Y los abogados.

Veamos, en este contrato la palabrería legalista

oculta una clara apropiación

de unos derechos que podrían reservarse.

-Pues vamos a luchar por ellos.

-Si su obra es un éxito

y un productor quiere hacer una película,

mejor tener la sartén por el mango.

Tal y como está redactado por la editorial el contrato,

usted quedaría al margen de los beneficios económicos

y del uso moral que pudiera hacerse de la obra.

-O sea, que no podemos firmar el contrato tal y como está.

-En contrapartida, la remuneración es satisfactoria,

dentro del mercado español, insisto.

La cuestión es,

¿quiere pelear por tener esa cláusula de transformación

si lo que le han pagado

por la edición de esta obra está bien?

-No lo sé, ¿usted qué opina?

-Le voy a responder con otra pregunta.

¿Cree usted que hay posibilidades

de que su cómic se pueda transformar en otra obra,

quiero decir, una película o una obra de teatro?

-No, no lo creo. -Israel, pecas de falta de ambición,

puede ser una gran película, tiene mucho potencial.

Señor Ocaña, queremos la cláusula de transformación.

-Yo lo veo de otra manera.

Lo que me ofrece la editorial está muy bien,

es mi primer trabajo con esta editorial,

una de las más importantes del país, y no me conviene enfrentarme a ellos.

-No te estás enfrentando, estás luchando por tus derechos.

-Es casi imposible que hagan una película,

me voy a enfrentar a ellos, y al final me pondré a malas.

Conozco otros compañeros que se han enfrentado

y no han podido publicar nunca más.

-Esa es una valoración que debe usted hacer.

-Israel, eres muy cabezota.

¿No ves que hay voces profesionales

diciéndote que tienes que ser más ambicioso?

-Israel, yo tengo entendido que usted es un gran dibujante,

eso significa que los editores

siempre tendrán interés en publicar su obra.

-Hay muy buenos artistas esperando publicar,

si me colocan la etiqueta de conflictivo,

es muy posible que no me publiquen nada más.

-Los abogados lo vemos de otra manera,

negociar forma parte del juego.

Si los editores ven que usted se reivindica

le van a respetar.

-Es lo que yo digo.

No se hable más, señor Ocaña,

queremos esas transformaciones.

-El autor tiene la última palabra.

-Está bien, explíqueme de manera detallada

cuáles son las modificaciones que quiere introducir.

-Verá usted, en la cláusula 5.2

hay cosas que me gustaría retocar.

-Pues dónde va a ser, María, a las zonas calientes del planeta,

que no estoy muy seguro cuáles son,

pero en mis años mozos era Oriente Medio,

el Cuerno de África, los Balcanes...

-¿A todos esos sitios querías tú ir?

-Esa era mi máxima ilusión:

convertirme en corresponsal de guerra.

Y ahora, mírame, no merezco ni el título de periodista.

-¿Cómo que no? Tú eres corresponsal aquí, en Kabul.

-No sé, últimamente he pensado en retomar mis anhelos de juventud.

Largarme lejos.

Aunque la profesión de corresponsal de guerra

no está tan valorada como antes.

-Y ves el telediario y se te ponen los pelos de punta:

a uno lo dejan con un tiro en una cuneta,

a otro lo degüellan... El mundo está loco.

-Por eso tenemos sentido los periodistas,

para ser cronistas de ese mundo tan loco.

Cosechar historias, aunque sea a costa de nuestra vida.

-Tú no tienes necesidad de ir a esos sitios

porque te puedo contar yo historias tremebundas del barrio.

-No lo dudo,

pero yo estaba pensando que si me largara lejos,

a lo mejor recuperaría el gusanillo por mi profesión.

¿Sabes quién era mi ídolo cuando estaba en la universidad?

Bob Woodward.

Sí, el del Watergate.

-Ese también era mi ídolo, que estaba en la película esta,

¿cómo se llamaba?

-"Todos los hombres del presidente".

A ti quien te gustaba era Robert Redford.

-Ese, qué guapo. Guapísimo, por Dios.

¿Quieres unas torrijas que las tengo recién hechas?

-Venga. A ver, número oculto, seguro que quieren venderme algo.

-O te quieren hacer corresponsal. -Seguro.

Diga.

-"¿Martín Díez?"

-Soy yo, ¿quién habla?

-"La portavoz de Planeta Libre".

-¿Qué quieres?

-Saber si estás comprometido con la causa ecologista.

-¿Y eso por qué? -Para que colabores con nosotros.

-A ver, un momento,

¿que colabore con quien comete atentados

para imponer sus ideas?

-"Creo que no, gracias".

-Planeta Libre no comete atentados,

sino acciones de concienciación para salvar a Gaya.

-Ya, échale toda la literatura que quieras,

ponéis bombitas, ¿eh?

"Y aunque sea ecologista, no respaldo vuestros métodos,

fin de la historia".

-No te pido que colabores en nuestras acciones,

"solo que difundas nuestro mensaje de manera comprometida".

-No sé si te entiendo, ¿puedes ser más concreta?

-Conviértete en nuestro eco,

investiga a las empresas que denunciamos

en el listado que enviamos a los medios.

-Que yo me convierta en vuestro eco.

-"Cuenta qué protocolos de medio ambiente incumplen esas empresas",

qué enfermedades causan sus vertidos contaminantes:

el amianto, las radiaciones de antena.

-Todo eso está muy bien,

pero me desconcierta no conocer la identidad de mi interlocutor.

"Yo te propongo un trato,

si tú das la cara

yo te concedo una entrevista, ¿qué te parece?"

-¿Esa es tu última palabra?

-No.

¿Sabes cuál es mi última palabra?

A los terroristas ni agua.

-Como tienes tan buenas relaciones con la policía,

"diles que Eric collado no ha muerto en balde,

habrá consecuencias. ¡Viva Planeta Libre!"

-¿Ha pasado algo?

-Sí, efectivamente tenías razón,

aquí en Kabul hay muchas historias,

y algunas de ellas tremebundas.

A pesar de nuestros esfuerzos,

los índices de criminalidad en el distrito han aumentado.

Y Bremón llevará fatal presentar esos datos en Jefatura, ¿no?

Él hace lo que puede,

bastante tiene con sus desgracias familiares.

Me enteré del accidente de su mujer, ¿cómo está?

Ella recuperándose en el hospital de parapléjicos de Toledo,

y él atravesando el peor momento de su vida.

Menos mal que te tiene a ti al frente del timón.

Ojalá pudiera volver a la actividad y echaros una mano.

Si conoces a alguien en personal, necesito reemplazo para la UIT.

Desde que no está Laura estamos en cuadro,

y no sé por qué tardan tanto en mandarlos.

Supongo que estarán haciendo una buena criba.

Eso espero.

Cuéntame, ¿que tal os ha ido por Nueva York?

Estás guapísima, supongo que fenomenal.

Fenomenal es poco,

Marcelino, lo mejor que me ha pasado en la vida,

y mira cuándo me ha llegado.

Por suerte, los últimos controles oncológicos han ido muy bien.

Serán los efectos beneficiosos del amor.

Serán.

Mira quién viene por ahí, tu príncipe azul.

Hola, amor.

-Claudia, buenas tardes. Me alegro de verte, Marcelino.

Montse me ha contado lo bien que lo habéis pasado en Nueva York.

Nueva York en esta época del año con la persona amada

es una maravilla. Además, ella no lo conocía.

-Y él ha sido mi Cicerone.

-Inspectora, ¿puedo hablar un momento con usted?

Sí, claro, ¿pasamos a mi despacho?

Bueno, bienvenidos los dos. Muchas gracias.

-Adiós, Claudia, y saluda a Antonio. De tu parte.

He recibido una llamada de Planeta Libre.

-Cada vez que vengo a comisaría

me entran unas ganas de que me den el alta...

-¿Un cafelito? -Venga.

¿Qué ocurre, Marcelino? -Nada.

-¿Cómo que nada? Algo pasa, que te conozco.

-Quintero ha estado en el despacho

y me ha amargado el día. -¿Qué quería?

-Pues tocarme las narices, para variar.

Con la excusa de felicitarme por mi nueva vida contigo,

me ha sacado el tema de Carmen.

-¿Pero cómo tiene la desfachatez de hacer eso?

¿No lo has echado?

-Sí, y cuando ya se iba ha llegado Alicia,

y siempre que los veo juntos se me encoge el estómago

al pensar que él es su padre.

-No, Marcelino,

el verdadero padre de Alicia eres tú.

-¿Y si un día se sale con la suya y conquista a Alicia

igual que conquistó a Carmen?

-Venga, cariño, no me gusta oírte hablar así,

debes confiar más en el amor que ella siente por ti.

Alicia te adora.

-Sí, lo sé.

-¿Y entonces qué?

¿Han estado rastreando la llamada?

Te agradezco que hayas venido rápidamente a informarnos.

Ya ve cómo cambia la vida.

Hace poco hubiera matado por una exclusiva,

y ahora me estoy comportando como un ciudadano responsable.

Ahora eres mejor ciudadano. Y peor periodista.

No lo creo, ya no eres recadero de gente poco recomendable.

¿Y sí de la policía?

Reconozco que, a veces, hemos trabajado contigo

un poco a la carta, pero también es verdad

que hiciste muy buen tándem con Laura

en reportajes de investigación excelentes.

Y no es lo mismo colaborar con la policía

que dejarse manipular por la portavoz de Planeta Libre.

Ahí reconozco que aprendí la lección.

Laura.

Laura me enseñó qué líneas rojas no se deben cruzar.

Me legro.

Pero cuéntame con detalle cómo ha ido esa llamada.

¿Otra vez?

Piensa en algo que se te ha podido escapar.

Vamos a ver.

Como ya le he contado, la llamada fue muy breve,

apenas duró un minuto y terminó de forma abrupta.

Eso sí, con un recadito para la policía.

Que van a vengar la muerte de Eric Collado, ¿no?

No hablaban en términos de venganza,

lo que dijo es que habría consecuencias.

Así lo dijo, que habría consecuencias.

Esos tipos son peligrosos,

han demostrado que no andan con chiquitas.

Me decían que fuera el eco de la causa.

Como se puede imaginar,

les dije que yo no me convertía en eco de nadie que use la violencia.

Y esa mujer, la portavoz, ¿tenía problemas de dicción,

notaste algún acento que te llamó la atención,

nervios al hablar? Tenía la voz distorsionada,

creo que estaban usan una aplicación que hay para los móviles.

Eso sí, hablaba firme y convencida.

Nada de nervios. Nada de nervios,

todo dicho con mucho aplomo.

Y, eso sí, mencionó muchas veces mi nombre.

Buscaba tu involucración emocional.

Es posible, pero ¿eso le hace deducir algo?

A ver,

hasta la muerte de Eric Collado el portavoz era un hombre,

puede que fuera él mismo.

Ahora, esta mujer le coge el relevo,

y el hecho de que no tenga acento extranjero

no quiere decir que no llamara desde el extranjero.

Pero yo pienso que están por aquí, más cerca de lo que imaginamos.

¿Y eso por qué?

Porque te ha llamado a ti y te ha interpelado por tu nombre,

sabe que trabajas en el barrio,

sabe que tienes influencia en el distrito

y sabe que colaboras con la policía.

También me pidieron que investigara empresas del barrio

para ver si degradaban el medio ambiente.

Está apelando a tu instinto periodístico,

no quiere que cometas ninguna ilegalidad.

Esta mujer quiere que te alinees con ellos,

es inteligente.

Más que inteligente, yo diría perversa y manipuladora.

Por eso corté por lo sano. Hiciste bien.

¿Y ahora qué? ¿Piensa que buscarán otro periodista?

No estoy segura,

creo que seguirán usando las redes sociales

para difundir su verdad.

Tal vez provengan del activismo político.

A Eric Collado lo hemos investigado a fondo

y no se encuadra en ningún partido político,

puede que esta mujer sí.

En cualquier caso, con la llamada que te ha hecho,

a ver si los de la UIT averiguan algo.

Lo que puede dar por seguro es

que seguirán su labor de proselitismo.

Y ya sabemos los efectos del proselitismo de cualquier signo,

ya sea fascista, yihadista,

sobre todo en la gente más vulnerable,

en los jóvenes, etcétera.

Por eso debemos incidir en la educación,

y en la transmisión de valores democráticos.

Sí, estamos reforzando las charlas

en los institutos y en centros cívicos.

Puede contar conmigo para lo que necesite.

Muchas gracias, Martín,

los medios de comunicación sois claves.

Rober, esto ya está.

Perdona, Alicia, debí llamarte.

Hola, Montse.

¿Te ibas ya a la cama? No, qué va.

Íbamos a tomar chocolate caliente, ¿quieres uno?

No, todavía no he cenado.

Voy a recoger a tu padre al bufete que sigue trabajando.

¿Tan tarde?

Tienen mucho lío con lo de Sergio Mayoral.

Ya.

Pero ¿le pasa algo a mi padre?

Verás, quería hablarlo a solas contigo,

sin que esté él delante.

Montse, me estás preocupando. Tranquila.

Te lo resumo.

Tú padre ha tenido hoy

un desagradable encuentro con Quintero.

Lo sé, cuando fui a verlo me crucé con él a la salida.

A mi padre le sigue afectando muchísimo

encontrarse con Quintero. ¿Y a ti también?

Claro, Si hay una persona en el mundo a la que odie

ese es Fernando Quintero.

Del amor al odio hay un paso.

¿Por qué dices eso?

Verás, cuando tu padre os ve juntos le entran muchas inseguridades.

Piensa que los lazos de sangre se impondrán,

y que tú un día querrás a Quintero como padre.

Montse, eso no va a pasar nunca. Lo sé,

pero no estaría de más que se lo repitieras más a Marcelino.

¿Qué pasa, Montse? No sabía que estabas.

He venido a ver un momento a Alicia,

y a felicitarte por el anuncio de vuestra boda.

Enhorabuena. ¿Has visto?

¿Te ha dicho que se lo he pedido yo?

Pues ya tenemos algo en común,

también fui yo la que pidió matrimonio a Marcelino

Qué bien.

Me voy, que ya os he molestado bastante.

¿Qué os parece una cena para mañana

para celebrar nuestro regreso y hablar de todo un poco?

Genial, ¿a ti te va bien? Sí, mientras no me cambien el turno.

Lo hacemos en nuestra casa. Mejor lo hacemos aquí,

que vosotros todavía os estáis instalando.

Perfecto, tú padre se va a poner muy contento.

Buenas noches. Chao. Chao, Montse.

Hasta mañana.

Vaya, me tendré que acostumbrar a las cenas familiares, ¿no?

(ASIENTE)

Papá.

-Hola hijo, disculpa que me presente así,

pero estaba preocupado porque no contestabas mis llamadas,

ni los mensajes. -Se nos ha complicado la tarde,

los líos con el abogado

nos han tenido más tiempo de lo que pensábamos.

-Los abogados lo complican todo, con tal de cobrar.

¿Y si llego en un mal momento? -No, no.

-¿Qué te pasa?

-Nada, estoy un poco empanado con tanta reunión,

voy a tomar una pastilla para el dolor de cabeza.

-Yo había pensado que saliéramos a tomar algo con Felipe, claro.

-Queremos descansar, ha sido un día muy largo.

-Ya. ¿Nos veremos mañana? -Claro, claro.

-Si te viene bien. -Sí, me viene bien.

-No sé, tengo la sensación

de que te estoy mendigando un minuto para verte,

y no quiero molestar.

¿Qué te pasa, hijo? -Nada, papá.

-No, ¿qué...?

-Nada, ya hablamos mañana.

-Elías, ¿qué haces en la puerta, por qué no entras?

-No quiero molestar.

-Siento haberte robado a tu hijo todo el día,

pero entre los compromisos laborales, las compras

y conocer el barrio de mis abuelos...

-No sabía que tu familia fuese de Madrid.

-Sí, del barrio de las Delicias.

-Yo había pensado que comiésemos mañana los tres juntos

para conocerte un poco.

Me resulta raro no saber nada de la pareja de mi hijo.

-Estaría muy bien, pero tenemos varios compromisos.

Te llamamos, ¿vale? -Muy bien.

Hasta mañana.

Llámame, Isra, ¿vale? -Sí.

-Venga.

-Lo llamaste para que viniera

aprovechando que yo no estaba, ¿verdad?

-Te juro que no, se ha presentado por sorpresa.

¿Qué haces? -Sí,

he acertado.

Ya tienes vestuario para nuestras citas de mañana.

-Me tomas el pelo. -Nunca he hablado tan en serio,

te pondrás la corbata. -No es mi estilo.

-Hazlo por mí, pruébatela. -¿Para qué? Si no me la voy a poner.

-Te compro algo decente y tú lo desprecias.

¿No has visto la mala imagen que has dado al abogado?

-Yo no he dado mala imagen. -Yo me invento las cosas, ¿no?

El señor Ocaña me ha dado la razón a mí,

y tú has quedado como un ignorante.

-También ha dicho que si la editorial me publica el álbum

es por mi talento, no por mi camiseta.

-¿Por qué siempre me llevas la contraria?

¿Disfrutas sacándome de quicio?

-¿Contento?

-Estás muy guapo. -Ya.

Tan guapo que dormiré con la corbata.

-Venga, Isra.

No te pongas así, no seas infantil.

Israel,

te estoy hablando, mírame.

Israel, me estoy empezando a enfadar.

¡Hazme caso cuando te hablo!

¡Que me mires, joder!

-Desgraciado.

-Confiaba en que te hubieras ido.

-Toma, lee esto: por qué nos atacan.

-"Un mensaje positivo y esperanzador nunca podrá arraigar

si se impone a la fuerza.

¿Cómo pretenden que respetemos el planeta

si ellos no tienen respeto por la vida humana?"

-Frívolos, conformistas, cómplices, así nos quieren.

-"Si la rebeldía propia de la juventud entra en contacto

con un fanatismo, sea del signo que sea,

puede obtenerse resultados devastadores.

El cóctel Molotov contiene dosis de falta de educación

y de expectativas vitales a la que se añade dicho fanatismo.

Y para agitarlo, nada mejor

que los métodos de lavado de cerebro propios de las sectas".

-Fanatismo, lavado de cerebro, sectas...

También menciona la muerte de Eric haciéndonos responsables a nosotros.

¿Cómo se atreven a insultarnos de esta manera?

-Es un artículo sin más, no le des más importancia.

-No es un artículo sin más, ese periodista, Martín Díez,

es un lacayo del sistema.

Cómo me equivoqué con él, se está burlando del trabajo de Eric.

-Ya es hora de parar esta espiral. -¿Parar?

No podemos parar ahora,

ahora debemos golpear, y más fuerte aún.

Y pronto, si no creerán que nos han vencido.

-Ya sabes que yo no pienso como tú.

-La verdadera amistad dura más allá de la muerte.

No traiciones la memoria de tu hermano.

-¿Qué me estás pidiendo?

Habla claro.

-Quiero que ese periodista se trague sus palabras.

Tienes que darle un escarmiento.

-¿A Martín?

-Sí,

es nuestro enemigo.

Está sentenciado por querernos humillar públicamente

y por usar el nombre de Eric, tú hermano.

Esa escoria no volverá a escribir un artículo

sobre Planeta Libre. -Pero ¿tengo que ser yo?

-Eric lo hubiera querido así.

Vengo del hospital de Toledo. ¿Le ha pasado algo a Natalia?

No, hay días que se levanta

y hace los ejercicios con muchas ganas,

pero al día siguiente se viene abajo

y no puede hacer el mínimo esfuerzo sin llorar.

Pobrecilla, hay que entenderla. Yo la entiendo,

pero me obliga a estar a su lado como si fuera una niña.

Imagino por lo que estás pasando. Si solo fuera eso.

Ponte la corbata, anda. -Que no,

no me la he puesto en mi vida y hoy no me la pondré.

-Estaba decidido que te la ibas a poner.

¿Qué no te gusta de ese chico? No sé, me parece raro.

Es normal que si tiene trabajo no quede conmigo,

pero que no me conteste una llamada, o me va a llamar y no me llame...

¿Y qué tendrá que ver con eso el novio?

Creo que está malmetiendo.

Te acuerdas que esta noche tenemos una cena, ¿no?

Ay, acabáramos.

A eso has venido, no a detener a nadie.

Tranquila, no solo no me he olvidado,

sino que he encargado el postre. Gracias, papá.

Te conozco muy bien y la vas a meter gorda,

y con la corbata no te llegará el riego a la cabeza

y la vas a meter más gorda. Eres único dando ánimos.

Esta vez voy a estar a la altura, y más me vale,

porque el suegro se ha casado

con una inspectora de régimen disciplinario.

A mí lo que me preocupa es la cena con mi madre.

No te avergüenzas de ella, ¿no? ¿Cómo me voy a avergonzar de ella?

Pues lo parece, y no deberías.

Sacar adelante dos hijos en esas condiciones

tiene mucho mérito. Yo estoy muy orgulloso,

pero si yo estoy fuera de lugar en una cena así,

imagínate mi madre.

Pues intenta coger el tren,

yo creo que con esos nervios no deberías ponerte al volante.

Si me estrello y me mato, mejor, se acabaron los problemas.

Perdona, ¿qué has dicho?

Sí, se acabaron todos mis problemas de golpe.

Pásate luego por aquí

porque tenemos que ir juntos a una cita importante, ¿de acuerdo?

-¿Yo también? -Sí, tú también, te estoy diciendo.

-¿Hay que ir enchaquetado? -No, tal y como vas.

-¿En una hora en La Parra? Me viene perfecto.

Venga, allí nos vemos.

Un beso, hijo.

-Hola, Elías, ¿qué tal?

-Hola.

-No sabes lo que acabo de conseguir.

El agregado cultural de la embajada francesa

nos invita a un cóctel esta noche,

acudirá el embajador y gente del mundillo cultural.

-No puede ser, te estaba escribiendo para decirte

que voy a cenar con mi padre.

-No podemos cambiarlo, este evento te puede venir muy bien.

-¿Justo hoy tiene que ser?

-El embajador de Francia no va a cambiar su agenda

porque tengas que cenar con tu padre.

-¿Quién era ese hombre, don Fernando?

-Es uno de los hombres de Alejandro Somoza,

lo ha enviado para hablar conmigo.

¿Sabes quién es Alejandro Somoza? -No.

-Es uno de los empresarios más poderosos de Colombia.

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Servir y proteger - Capítulo 163

22 dic 2017

Nadia utiliza todas sus armas para tratar de convencer a Quico de que se quede a su lado en Planeta Libre. Elías intenta quedar con su hijo, que está en España, en varias ocasiones, pero Felipe, su pareja, lo impide. Quintero ofrece ayuda a Marcelino para limpiar la imagen del bufete.

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