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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 155 - ver ahora
Transcripción completa

Te lo prometo, lo nuestro se acabó.

Te lo prometo, lo nuestro se acabó.

Es que no sé cómo decírtelo.

Que me quiero casar contigo.

Mi respuesta es sí.

Puede que te haya dicho que sí porque está en un momento sensible,

pero Alicia no se casará con alguien como tú.

-Si crees que te desharás de mí como si fuera un mueble

es que no me conoces bien.

-Natalia, no me tienes nada que decir.

Jugaste tus cartas mandándome la foto de tus hijos.

Natalia, de verdad, es demasiado tarde.

Eh, ¿qué ha pasado?

Claro, claro, enseguida voy para allá.

Lola,

Natalia ha tenido un accidente.

El médico que la operó le ha hecho unas pruebas

y me ha dicho que le van a quedar secuelas.

¿De qué tipo?

Natalia no va a poder caminar nunca más.

(LLORA) ¡Déjame sola!

¡Déjame sola, por favor!

(LLORA)

¡Por favor!

Natalia es una mujer muy práctica

y se va a dar cuenta de que, por el momento, te necesita.

¿Vendes tu parte?

-No le pienso traicionar a Marcelino.

-No creo que a tu mujer le haga gracia saber

que sois tres en tu matrimonio. -Llegas tarde.

Anoche se lo conté a Marisa.

Era un compañero del Distrito Cuatro.

En un control rutinario,

un motorista al que le iban a pedir la documentación

se lo saltó y, después de dos kilómetros de persecución,

se estrelló y muerto.

¿Quién se ha muerto? ¿Alguien que tú conocías?

-Mi hermano.

Hemos descubierto un piso franco

en el que, al parecer, se alojaba el sospechoso

y, además de un arsenal de panfletos clamando contra el cambio climático,

hemos encontrado esto. El protocolo de seguridad

del congreso de Energías y sostenibilidad.

¿Cómo lo consiguieron? No tengo ni idea,

pero igual de fuentes de la organización del congreso.

¡No me apetece hablar ni de lo que ha pasado ni de nada!

¡De ninguna chorrada!

¡Y mucho menos me quiero acostar contigo!

¡Necesito estar solo!

-No me he creído que le contaras la verdad.

Mañana tendré un documento para que lo firmes.

¿Estamos?

-Cuando ha pasado algo tan grave,

lo normal es apoyarse en quien quieres.

Lola, no vas a estar a mi lado.

Ahora me necesita mi familia y tengo que estar junto a ella.

Me lo temía.

-Ha llegado esto para usted, señor Mayoral.

-Yo no sé lo que crees haber visto,

pero, en cualquier caso, es tu palabra contra la mía.

-Tu palabra contra la mía y un cadáver.

No pasa nada, que yo llamo a mi primo

y que se pongan a buscar, si esto se arregla fácil.

-¿Qué pasa?

Para no haber estado en ese pantano, estás muy preocupado.

-Está bien.

¿Cuál es tu precio?

-De momento, ya tengo muchos datos para hacer un cálculo.

A ver, que no soy un hacha con las matemáticas,

pero no te preocupes, que ya se me ocurrirá algo.

(Música emocionante)

Perdóname, Salima.

Se me estropeó el tóner de la impresora.

Si no es una cosa, es otra.

-Nada, nada. ¿Son los resultados?

-Sí. Aquí están.

(SUSPIRA) -Pues menos mal

porque he perdido la cuenta de las pruebas que me habéis hecho.

-Ya sé que preferías estar en casa,

pero después de lo que te ha ocurrido,

mejor ir con cuidado, ¿no?

-Sí, bueno.

¿Y qué dicen los resultados?

-Bueno, pues mira, todo negativo. O sea, todo bien.

La analítica perfecta, todo normal.

-O sea que ya me das el alta.

-Vamos poco a poco, ¿no?

-Pero si me acabas de decir que estoy sana como una rosa.

-Físicamente, sí, pero ¿y psicológicamente?

-A ver, Antonio,

si yo agradezco mucho tu preocupación,

pero te recuerdo que María está sola en el bar

y no tiene a nadie que le ayude.

Además, yo estoy bien.

Estoy tranquila, estoy normal.

-No, no puede ser, Salima. Buenamente, no es normal.

Una persona que ha pasado por lo que tú has pasado:

te han secuestrado, te han atado, te han drogado,

te han amenazado de muerte.

-Ya, pero tampoco hace falta

que me recuerdes por lo que he pasado.

-Bueno, es solo para que no obvies lo ocurrido.

-¿Conoces

las cinco fases del duelo?

-Sí, me suena.

Negación, ira...

-Negociación, depresión y aceptación.

Todos lidiamos con las mismas fases

ante una tragedia, sea la que sea.

-Ya, pero eso es para cuando se te muere alguien.

-¿Qué te parece si hablamos de Carlos?

Era tu amigo, ¿no? -Sí.

Era mi amigo

hasta que descubrí que era un psicópata.

-Pero eso lo dices con la cabeza.

¿El corazón qué dice?

¿Tienes algún buen recuerdo de él?

-La verdad es que sí.

-¿Por ejemplo?

-Es que fuimos a un concierto juntos

y, en fin, al principio la música me pareció horrible,

pero como él estaba tan metido,

pues yo intenté disfrutarlo y

al final, terminé pasándomelo muy bien

bailando y

saltando.

-¿Y qué más?

-Es que era muy buen compañero

y me ayudaba mucho en el trabajo,

pero, un día, pues me dio un beso

y yo le di una bofetada.

Estuvo muchos días disculpándose.

-Te has puesto nerviosa.

Tu cerebro está intentando procesar dos verdades contradictorias:

una, la de Carlos, el amigo,

buen compañero de trabajo, tierno, simpático,

y otra, la del psicópata que quiso matarte.

Enfrentarse a una pérdida así, a un trauma así es

como verle morir.

Todos nos enfrentamos al trauma de la misma manera, negándolo.

¿Has tenido pesadillas, últimamente?

-¿Cómo lo sabes?

-Bueno, es normal en un caso de estrés postraumático.

-Es que sueño

que estamos trabajando como antes

y, entonces, él me pide

que vaya a la cocina

o al almacén

y, cuando entro por esa puerta,

de repente entro en esa habitación

y me levanto asustada

y alterada y sudada, no sé.

-Vives sola, ¿no?

Te vendría muy bien si buscas a alguna amiga

que vaya a vivir contigo unos días,

que no te haga pensar demasiado, buscar alguna ocupación.

-Ya, pero mi única ocupación

es trabajar con María en el bar, ¿eh?

-Pero es que ahora estás en la fase de la negación,

luego vendrá la de la ira y te vas a enfadar

con frecuencia, ¿sabes?

Mejor estar ocupada en otra cosa, ¿no?

(RECHISTA) -Y que María aguante mis berrinches, ¿no?

-Más o menos.

-Bueno.

Pues muchas gracias, Antonio.

-Ven aquí cuando quieras, ¿vale?

-Gracias.

Hola.

¿Qué haces aquí?

¿Has dormido bien?

Toma.

Es agua con gas, la que te gusta.

Emilio, haz el favor de marcharte.

¿Marcharme adónde, Natalia?

Mira, bastante difícil va a ser mi vida ahora

para que vengas tú a complicármela aún más.

Yo solo pretendo... ¿Qué? ¿Lavar tu conciencia?

¿Eso es lo que pretendes? Pues hazlo en otro sitio.

¿Es que no me vas a dejar ayudarte?

¿Tú sabes todo lo que me viene por delante?

¿Te haces una idea?

Precisamente por eso quiero estar a tu lado.

Precisamente por eso no quiero que estés.

Si necesito un enfermero, ya contrataré a uno.

No era eso lo que quería decir.

Mira, ahora mismo me da igual lo que quieras decir o no.

¿Por qué no me escuchas?

Porque mientes muy bien

y he llegado a la conclusión

de que es mejor no hacer caso a nada de lo que sale por tu boca.

Está bien, lo entiendo.

Me lo merezco, Natalia.

Me lo merezco,

por eso no te estoy prometiendo nada.

Solo faltaría que, a estas alturas, vinieras tú a prometerme nada.

Natalia, quiero estar a tu lado.

Si no te fías de mis palabras, fíate, al menos, de mis acciones.

¿Que me fíe de tus acciones?

¿Sabes cuáles han sido tus acciones hasta ahora?

Primero me has ignorado durante años,

después me has traicionado de la manera más ruin,

luego me has humillado y, finalmente, me has abandonado.

Yo ahora necesito tiempo

y gente en la que confiar

y ya te he dicho que no me fío de ti.

Quizá con el tiempo.

(Móvil)

¿Quieres hacer el favor de coger ese teléfono?

(SUSPIRA)

Es Marcos otra vez, no puedo hablar con él ahora.

Vaya, el que iba a ayudarme y no puede hablar ni con su hijo.

Dame el teléfono.

Dámelo.

Hola, cariño.

Sí, soy mamá.

Bien, muy bien. ¿y tú?

Pronto, muy pronto voy a estar ahí.

Oye, ¿está Jaime contigo?

Bueno, no pasa nada. Mira, escúchame, cariño.

Ahora, cuando vuelva a casa,

vas a tener que estar preparado porque

hay algunas cosas que van a cambiar mucho.

Sí.

Bueno, mamá va a ir en una máquina superchula

a todas partes.

Pues es una silla de ruedas superdivertida

¿y sabes qué?

Te vas a poder subir encima

y te voy a llevar donde quieras sin que tengas que andar.

Espera.

Espera, Marcos, ya sé que tienes muchas preguntas

y te prometo que, en cuanto vuelva a casa,

que va a ser prontito,

mamá te las va a contestar a todas, ¿vale?

Pero ahora tienes que ser paciente.

Sí, y haz caso a tus abuelos, ¿vale?

Dale un besito a Jaime

y otro para ti.

Yo también te quiero, cariño.

Un beso. Adiós.

Se me ha olvidado lo fuerte que eres.

Eres la persona más valiente que conozco,

mucho más que yo.

No es muy difícil.

Hace falta ser un cobarde para dejar a tu familia

por una veinteañera.

Escucha, ya no estoy con ella.

Lo nuestro se ha acabado para siempre.

¿Qué pasa? ¿No me crees?

¿Tan miserable te piensas que soy

que voy a mentirte en un momento así?

Llevas tanto tiempo mintiéndome que ya no sé qué creer.

Te lo prometo, lo nuestro se acabó.

¿Y ahora

quieres volverme loca?

Era con ella con la que querías estar,

de la que estabas enamorado.

Ella no me necesita tanto como me necesitas tú.

Yo necesito tu amor,

no tu compasión.

Natalia, yo solo quiero estar contigo.

No te pido que me perdones,

pero, por favor, no me eches de tu lado.

¿Y ahora dónde vas?

Al hotel, a recoger mis cosas.

Me traslado a casa, a nuestra casa.

Quiero darle cierta normalidad a los niños

ahora que estás fuera.

Es lo mejor para ellos y lo voy a hacer.

Esta noche me pasaré por aquí

cuando termine de arreglar unos asuntos en comisaría.

Emilio,

me has dicho que soy la persona más valiente

y más fuerte que conoces.

Es la verdad.

Pues quiero que sepas que tengo coraje suficiente

para enfrentarme a esto sola.

Así que, ¿por qué no te vas con Lola y me dejas de una vez?

Porque no podría perdonármelo

y porque sé que ahora nos necesitamos más que nunca.

¿Indispuesto?

Precisamente el día que tenías que firmar la cesión de acciones.

González, ¿tú te crees que yo he nacido ayer?

-"Te juro que estoy con 39 de fiebre.

¿Me vas a hacer llamar al médico para poder demostrártelo?".

-No te preocupes, no hace falta que llames al médico.

Ya, si acaso, llamo yo a tu mujer

y le cuento sobre esa otra fiebre que tienes,

la fiebre peruana que te deja también indispuesto.

-"No hay ninguna necesidad de hacer eso.

Te juro que mañana mismo me tienes ahí".

-González, tengo que dejarte,

pero mañana quiero la cesión firmada, ¿estamos?

O tomaré medidas.

-"Quiero esa cesión firmada ¿o tomaré medidas?".

Nos vemos en los tribunales, McKenzie.

Hablas como los abogados de la tele.

A ver, que me gustan las series de los abogados mucho.

Bueno, aquella, la de "Turno de oficio",

no me perdía ni un capítulo, era muy chico, pero...

Y esa otra,

la que salía Imanol Arias de jovencito,

la de "Anillos de oro". Qué música tenía, ¿eh?

Bueno, que ya estoy enrollándome.

¿Te he dicho alguna vez que me enrollo como las persianas?

-Rafa, Rafa.

Te llamabas así, ¿no? Rafa.

-A ver, los más allegados me llaman Rafalín.

Bueno, ya sabes, que te ponen un nombre de pequeño

y es casi imposible quitártelo de encima.

Pero como tú y yo todavía no tenemos confianza,

pues lo vamos a dejar en Rafa.

¿Eh? Ya lo de Rafalín, si acaso, para más adelante.

-Muy bien, para más adelante.

Oye, ¿te puedo invitar a algo de beber?

Tengo ron, coñac... Todo de primera categoría.

-Zumo de tomate, por favor. -¿Zumo de toma...?

Creo que no tenemos de eso.

-Pues deberías porque el zumo de tomate es muy sano

y tiene mucha vitamina C y licopenos,

que eso no tengo claro lo que es,

pero sé que previenen las enfermedades del corazón.

¿Cómo vas de eso?

-¿Cómo...? ¿De qué?

-Del tema cardiovascular,

que hombre, llegados a determinadas edades,

hay que hacerse chequeos.

Tú todavía eres joven, no tienes que preocuparte.

En el pueblo había un chaval, el Guillermín,

ese cayó en la era fulminado. Se le paró el corazón de repente

y no tendría más de 25 años.

Bueno, ya me estoy enrollando otra vez.

-Sí, un poco.

-Mejor ir al grano, ¿verdad?

Toma. -¿Qué es esto?

-Bueno, ayer me dijiste

que pensara en lo que quería a cambio de mi silencio,

ya lo he pensado.

-Pero esto es...

-Un kit de pesca de carpa.

Dos cañas de 3,6 metros con funda para cebo.

-¿Esto es lo que quieres a cambio de tu silencio?

¿Una caña de pescar?

-Una, no, dos.

Bueno, a ver, que ya sé lo que estás pensando,

que para qué dos en lugar de una.

Pues tiene su explicación

porque en la pesca de pantano se permiten dos cañas

y yo necesito, precisamente, ese modelo

porque esas cañas tienen la potencia suficiente

para lanzar un cebador,

pero también la sensibilidad que necesitas

para notar la embestida de las carpas

y esas son perfectas.

-Muy bien, pues cuenta con ellas.

Me parece un trato justo.

Oye, que si quieres algún modelo más caro

o algún complemento, no creo que hubiera ningún problema.

-¿Pero no te acabo de decir que necesito, precisamente, ese modelo?

A ver si te vas a equivocar, a ver si no va a haber trato.

-No, Rafa, no te preocupes, yo te consigo tus cañas.

Estas y no otras.

-Vale, a ver si es verdad,

que tengo el lenguado preparado para salir mañana a primera hora.

¿No sabes lo que es el lenguado?

El cebo para atraer los peces al pesquil.

El cebo... Bueno, el lenguado es un mundo.

Hay mucha gente que prefiere comprarlo prefabricado,

pero yo tengo mi propia receta, ¿sabes?

-Ya, Rafa, perdona que te interrumpa, pero...

-Rafa, no, Rafalín,

que ya hay confianza, hombre, ¿no crees?

-Sí, claro, Rafalín. -Sí.

-Que digo, hay una cosa que no me ha quedado clara.

¿Estas cañas te las tengo que conseguir hoy?

-Pues claro, las carpas no esperan.

Además, ahora estarán muy gordas, ¿sabes por qué?

Porque a lo mejor se han estado alimentando

de una carne que tú conoces perfectamente.

Venga, venga, no pongas esa cara de asco, hombre.

No tuviste tantos remilgos cuando la mataste

y la tiraste al pantano para que se pudriera.

-Muy bien, vamos a hacer una cosa.

Yo intento conseguirte estas cañas hoy,

pero no soy un experto en el tema, no sé si me va a dar tiempo.

-Mira, yo mañana a primera hora puedo ir a dos sitios,

o al pantano con ese kit de pesca

o al cuartel de la Guardia Civil.

Tú decides.

¡Ah! Y una cosa más. -¿Qué?

-Compra zumo de tomate.

Seguro que tus clientes agradecen el detalle.

Con Dios.

(Puerta)

(RESOPLA)

Comisario, ¿tiene un momento?

Claro. Dime, Espe.

Quería preguntarle por su mujer, ¿cómo se encuentra?

Sigue en el hospital.

Cuánto lo siento.

¿Y usted cómo está?

Ya te puedes imaginar.

Claro.

Sabe que nos tiene para lo que necesite, ¿verdad?

Gracias, Espe.

Mucho ánimo, comisario.

Eh, Miralles.

Al final te hice caso y he pedido

unos días de asuntos personales.

Bien.

He dejado la minuta hecha.

Cuando tengas un momento, la envías.

Claro, estate tranquilo.

Así tendré un poco de tiempo para arreglar las cosas en casa.

¿Te vas a instalar en tu casa?

No tenía que haberme marchado nunca.

Disculpa, Emilio, ¿lo has pensado bien?

No me quiero meter, pero...

Mi familia y yo estamos pasando

el momento más complicado de nuestras vidas.

Ahora tengo que estar a la altura de las circunstancias.

Lo que me toca es pensar en mi mujer

y en mis hijos.

Bien.

Yo sé que esto es un sacrificio enorme para ti.

Alguna vez tendría que sacrificarme yo.

Natalia ya lleva mucho tiempo haciéndolo

mientras yo solo pensaba en mi propia conveniencia.

Ya sabes que puedes contar conmigo para lo que quieras.

Mucho ánimo.

(SUSPIRA)

(Puerta)

-No, Espe, ahora, no. -Lola, mírame.

-¿De verdad crees que tengo ganas de hablar ahora?

-Que no, si no quiero hablar yo tampoco.

Solo quiero saber si llamaste a Pilar, como quedamos.

(SUSPIRA) -De verdad que no tengo la cabeza para esas cosas.

-No, claro que no.

Tú solo tienes la cabeza para echarte a llorar

y para compadecerte de ti misma,

pero nada de eso

va a rebobinar lo que ha pasado

ni te va a ayudar a superar este trago, Lola.

-¿Y llamar a Pilar me va a ayudar?

-Pues sí.

Si me conoces un poquito,

sabes que dar consejos no se me da nada mal.

Llama a Pilar.

Hazlo.

-Está bien.

María, no te olvides de lo mío, porfi.

-Sí, cariño. Perdóname, se me había olvidado.

Ahora mismo te lo traigo, ¿vale?

-Lo mismo has dicho hace 15 minutos.

-Eh, perdona, era un té verde.

-No, un café con hielo.

-Vale, perdóname. Estoy sola y no doy a basto, ¿vale?

-Bueno, ¿sabes qué? Tranquila, no te preocupes

que en diez minutos tengo que volver.

-Que no, Nacha, te quedan nueve minutos.

Ahora te pongo el café y la mesa dos te está llamando.

-¿Se puede saber tú que estás haciendo aquí?

-Bueno, pues ponerle el café con hielo a Nacha.

Que la mesa dos te está llamando.

-Bueno, pues la mesa dos que se espere.

Tú te vas a tu casa ahora, que estás de baja.

-Que no, Antonio me ha dado el alta.

-Pues como si te ha dado la comunión.

Te vas y descansas, que me apaño bien sola.

-María, atiende a la mesa dos y luego hablamos, ¿sí?

-Qué rapidez. -Aquí lo tienes.

-Me alegra verte aquí trabajando, Salima.

¿Cómo estás, cómo te encuentras? -Bien. Bueno, ahí, tirando.

Oye, Nacha, ¿te puedo hacer una pregunta?

-Claro.

-¿Qué le va a pasar a Carlos?

-Eso lo decidirá el juez, pero vamos, lo condenan seguro.

Su abogado intentará que sea en un psiquiátrico,

pero haremos lo posible porque vaya a la cárcel.

Y el otro, el "game master",

ese sí va derechito a Soto del Real de cabeza, ¿por?

-No, por nada.

-A ver, si te da miedo que queden en libertad, tranquila

porque con dos asesinatos a cuestas menos de 15 años no se comen, ¿eh?

-Si es que miedo no tengo.

No sé, te parecerá una tontería, pero...

-Ya, tranquila, sé lo que me vas a decir

y te entiendo perfectamente.

Habla muy bien de ti eso, Salima.

Yo, por mi parte, espero que los dos se pudran en la cárcel,

aunque está mal dicho en boca de una policía.

Bueno, oye, ¿cuánto te debo, cariño? -Nada.

Por las molestias, venga, invita la casa.

-Luego te traigo el vasito entonces, ¿vale?

Oye, y cualquier cosa que necesites, Salima,

ya sabes que estoy en comisaría o me llamas.

-Gracias. -Venga, chao.

(RESOPLA) -Bueno.

¿Se puede saber qué milonga le has contado a Antonio

para que te dé el alta? -Milonga, ninguna.

Me ha dicho que tengo que estar ocupada

y que pase el menor tiempo posible sola.

-Ya, o sea que se te cae la casa encima.

-Pues sí.

Si estuviera Eugenio, por lo menos...

-¿Y estás durmiendo algo?

-Duermo, pero muy mal.

Es que tengo unas pesadillas tremendas.

-Mira, vamos a hacer una cosa.

Te vas a venir unos días a dormir a mi casa

o yo a la tuya, lo que mejor te venga

y hacemos noche de chicas.

Vemos una peli, comemos palomitas... Cosas de engordar.

-Gracias, María, es un detalle

y, además, Antonio me ha recomendado que esté rodeada de gente.

Pero, si te soy sincera, necesito estar sola

y, además, tampoco quiero molestar.

-¿Pero qué molestia, mujer? Si lo vamos a pasar divinamente.

No te conviene estar sola, dándole vueltas a la lavadora.

-Sí, pero necesito enfrentarme sola a todo esto.

Necesito pensar qué es lo que ha pasado

y quitármelo de la cabeza cuando yo quiera.

(SUSPIRA) De verdad, muchas gracias, ¿eh?

Pero...

-¡Olga!

-¿Cómo estás? ¿Muy liado?

-No, iba a reponer la máquina, pero lo hago luego.

-Si estás trabajando, no te quiero agobiar.

-Tú nunca agobias, Olga.

-Bueno, eso de nunca...

-Perdóname por lo de ayer, ¿vale?

-No, soy yo

la que te tiene que pedir disculpas por andar insistiendo.

-¿Por qué tengo tanta suerte?

Cualquier otra me hubiera mandado a paseo

y con razón.

-Para nada.

Yo ahora lo que tengo que hacer es apoyarte

y si eso significa darte espacio, es lo que voy a hacer.

Y nada, no te preocupes que ya me voy.

-No, no te vayas, por favor.

Quédate.

Entiéndeme, no estoy acostumbrado a hablar de lo que me pasa.

-Lo entiendo.

-Y ahora que la persona en la que más confiaba en el mundo

se ha ido, pues... -Puedes confiar en mí.

-Lo sé.

-Mira, no me apartes de tu lado, ¿vale?

Si no sabes ponerlo en palabras, lo entiendo,

pero no tienes que pasar por esto solo, déjate ayudar.

Me habría encantado conocer a Enrique,

saber cómo era,

saber por qué era como un hermano para ti.

-Muy fácil, porque me salvó la vida.

-¿En el centro de acogida?

-En esos sitios, si te ven débil, se te echan encima,

como con las gallinas,

en cuanto picotean a una, van las otras a machacarla

y no tienes a quién contarlo

no tienes a quién llorarle y yo,

yo era un chico muy débil.

No te puedes ni imaginar lo mal que lo pasé.

Había veces hasta que pensaba en...

En que ¿para qué seguir viviendo? No tenía sentido.

-Pobre.

-He estado a punto de intentar matarme.

Si no llega a ser por, por Enrique, no...

-¿Fue él quien lo impidió?

-Hizo mucho más que eso,

él me enseñó a defenderme, me enseñó a respetarme a mí mismo,

me ayudó a recuperar mi dignidad.

Me salvó la vida, Olga,

y yo no pude salvarle a él.

-Siento mucho que hayas tenido que pasar por todo eso

y te agradezco que me lo hayas contado.

-Pues es curioso, porque me siento bastante aliviado.

-Claro, porque ahora esa carga la llevamos los dos.

Lo que te afecta a ti, me afecta a mí

y lo que es importante para ti también lo es para mí,

así que ahora Enrique también es importante para mí.

-¿Sí? -Sí.

Porque estoy en deuda con él por haberte salvado la vida.

-Muchas gracias.

-Perdona que no haya contactado contigo antes,

han sido unos días complicados.

-Nada, no te preocupes, si todavía estamos a tiempo.

-¿A tiempo? -¿No te ha contado Espe?

-Pues no, la verdad.

Me ha dicho que te llamara, pero no me ha dado datos.

-Bueno, a ver, esto te va a parecer precipitado,

pero, en fin,

llevo un tiempo colaborando en una ONG

que ayuda a víctimas de agresiones sexuales.

Ya sabes que hablar con otras víctimas

que han pasado por esto pues ayuda mucho.

Y nada, esta tarde voy a dar una charla

a un grupo de chicas

y significaría mucho para mí y ya no te digo para ellas

que pudieras acompañarnos.

-Pues la verdad que me encantaría, Pilar, pero

me pillas un poco desprevenida, la verdad.

No me he preparado nada.

-A ver, no es cuestión de que te prepares nada,

en el sentido de que no es como dar una conferencia

ni nada de eso.

Solo es cuestión de que te vean y hablar con ellas.

-La verdad es que parece un proyecto maravilloso.

-Sé que es difícil hablar de lo que ocurrió

y lo último que quiero es presionarte,

pero siempre he pensado

que eres el mejor ejemplo de superación

que pueden tener estas mujeres.

-No, no, la N4TF no me sirve, ya se lo he dicho.

Necesito que las dos cañas sean N4X50.

En la otra tienda me dijeron que usted la tendría en "stock".

Por favor, mire bien.

¿Sí?

Menos mal, voy volando. En una hora estoy ahí, si no antes.

¿Cómo que cierran?

No, mañana no puede ser.

Ya, si yo entiendo que ustedes tienen que hacer el inventario,

pero habrá alguna forma, ¿no?

¿Cómo se llama usted?

Álvaro, mire, yo soy Sergio Mayoral, del bufete Ocaña Abogados.

Que no le dice nada ese nombre. Ya.

Bueno, pero quizá sí sabe lo que es un billete de 100 euros.

Es la propina que se va a ir a su bolsillo

si hace el favor de esperarme.

Política de empresa, ¿eh?

¿Y si le doy 200?

300 y no se hable más.

Muy bien, tenga el kit de pesca preparado,

voy volando.

(SUSPIRA)

(Puerta)

¿Teníamos cita?

-Bueno, habíamos quedado para revisar los últimos balances.

¿Qué pasa? ¿Te ha surgido algún imprevisto?

Y no te vayas a inventar ninguna excusa,

que ya nos conocemos.

Y, además, te acabo de escuchar hablar de,

de un kit de pesca.

¿Qué pasa? ¿También eres aficionado o qué?

-Yo qué voy a ser. Es para un regalo.

(SE RÍE) -¿Un regalo?

¿A quién? ¿A algún cliente caprichoso?

-No, es para un familiar, un tío político mío.

-Pues cómo hablas de ese familiar, no,

no parece que sea, precisamente, uno de tus tíos favoritos, ¿no?

-Pues no, al contrario,

pero me hizo un favor en el pasado y le debo una.

-¡Ah!

Entonces, quizá, no deberías llamarlo regalo, sino,

a lo mejor es más apropiado chantaje, ¿no?

No deberías dejar que alguien te chantajease.

-A veces hay que saber asumir una derrita.

(RECHISTA) -Las derrotas no existen, Sergio,

solo existe la victoria o la rendición

y si quieres que tus enemigos se rindan antes que tú,

tienes que estudiarlos en profundidad

y saber cuáles son sus puntos débiles para atacarles por ahí.

-Decirlo es muy fácil.

-Tampoco es tan complicado,

solo hay que intentar estar

lo más cerca posible de esos enemigos.

Si hubieses conocido bien

a ese tío político,

seguro que no le deberías nada

y no tendrías que estar regalándole chorradas.

-Puede que tengas razón

y, hablando de familia política,

¿qué opinión te merece tu futuro yerno?

-¿Cómo?

-¿Alicia no te ha dicho nada? -No.

-Se ha prometido con Roberto Batista.

(SE RÍE) -¿Estás seguro?

-Bastante, ella misma me lo ha confirmado.

-Vaya, vaya, vaya.

Qué sorpresa, Alicia se va a casar.

-Sí, pero yo que tú no me haría demasiadas ilusiones.

No creo que ni tú ni yo estemos en la lista de invitados.

-¿Y qué te hace pensar eso?

Hoy en día estamos aquí tú y yo, ¿no?

Y, hasta hace poco,

no éramos bien recibidos en este bufete.

-Eso es verdad.

-La vida da muchas vueltas, Sergio,

y nunca hay que rendirse antes de plantar batalla.

-Seguiré tu consejo la próxima vez que haya una batalla,

pero esta ya la tengo perdida,

así que más vale que me vaya o llegaré tarde.

¿Te acompaño a la salida?

-Perdona, pero, entonces,

¿cuándo demonios vamos a revisar esos balances?

-Mañana a primera hora, si quiere, estoy en su despacho.

¿De acuerdo?

-Está bien.

-No paraban de hacer preguntas, ¿eh?

-Ya, no te dejaban ir, ¿eh?

-Se las veía bastante enteras.

Se nota que hacéis muy buen trabajo en la asociación.

-Normalmente, no están tan comunicativas.

Ha sido por ti, ya sabes.

-Me hubiera encantado quedarme más tiempo,

pero las horas son las que son. -¿Por qué no repites otro día?

-Chicas, ¿qué os pongo?

-Una cervecita sin alcohol.

-¿Y para ti? -Otra. ¿No te acuerdas de mí?

-¡Ay, Pilar!

Muchacha, pero si casi no te había reconocido.

¡Ay, qué alegría verte!

-¿Cómo estás, María?

-¡Cómo estás tú! Si te veo guapísima.

-Muchas gracias.

-Madre mía, ¿y otra vez por el barrio?

-Sí, pero todavía no me había dado tiempo a pasar por La Parra.

-Pues tú te pasas por aquí cuando tú quieras.

Ya sabes que esta es tu casa.

-¡Ay, María, estoy tan agradecida!

Os portasteis tan bien conmigo aquel día.

(SUSPIRA) -Cariño, ojala hubiéramos podido hacer más.

Cada vez que pienso en lo que te hizo ese desalmado...

Bueno, y a mi pobre Miguel.

-¿Miguel?

-Miguel Osorio. Fue el inspector jefe

que llevó el caso del violador de la máscara.

Murió en cumplimiento de servicio.

-Ah, sí, oí hablar de él. Fue el que lo descubrió, ¿no?

-Sí, su labor fue importantísima,

pero, desgraciadamente, no estuvo vivo para verlo detenido.

Miguel y ella...

-No quiero ni hablar del tema,

que me vuelvo a poner mala.

Lo importante es que lo cogieron

y mira, uno menos.

-Dos menos, de hecho,

porque también cayó otro violador del pasado, ¿no?

-Cierto.

-Bueno, chicas, voy a por lo vuestro, ¿eh?

Sentaros.

-Caray, sí que estás puesta en el caso.

-Sí, me he aprendido todos los detalles del operativo.

Además, también me he aprendido todos vuestros nombres:

Claudia Miralles,

Alicia Ocaña, Espe Beltrán, Nacha Aguirre

y Lola Ramos, la más valiente de todas.

-Perdona que me emocione un poquito.

-Lo siento, no quería abrumarte.

-No, es que...

Para nada, para nada, todo lo contrario.

La verdad es que me has motivado mucho.

Estos días lo he pasado un poco mal y, a veces,

a una se le olvida, ¿no?, lo que vale.

Y hoy me has hecho recordar quién soy y por qué estoy aquí.

-Cierto, hay gente que, a veces, hace porque se nos olvide, ¿no?

Buenas noches, señor Quintero.

Hola, inspectora, ¿qué tal?

¿Pasamos a mi despacho?

Eh, pues, verá usted,

preferiría hablar con el comisario. Le estaba esperando.

Lamentablemente, el comisario estará fuera unos días.

Mientras tanto, yo estoy a cargo de todos sus asuntos.

¿Y eso? ¿Le ha pasado algo? ¿Se encuentra bien?

No, se ha tomado unos días por asuntos personales.

Ah, muy bien.

Espero que solo sea eso, asuntos personales.

Verá usted, simplemente quería preguntar

si hay alguna novedad

sobre el caso de esos desgraciados de Planeta libre, nada más.

Señor Quintero, ya sabe

que no le puedo decir nada de una investigación en curso.

Bueno, inspectora, he sido amenazado públicamente.

Creo que tengo todo el derecho a saber

cómo sigue avanzando esa investigación, ¿no le parece?

No se preocupe,

en cuanto pueda revelarle algún dato que no comprometa la investigación,

será el primero en saberlo.

Mire, inspectora, sabe perfectamente que yo he aportado datos

e información importante para la investigación, ¿no?

Pensaba que, al menos, sabría apreciar mi colaboración.

Mire, hay una cosa que sí puedo decirle,

aunque tal vez lo sepa usted por otras fuentes.

Un cabecilla de la organización Planeta libre

ha muerto, un tal Eric.

Ha muerto cuando se estrelló con su moto

al saltarse un control.

Vaya, pues no tenía ni idea, la verdad.

La organización ha perdido

a uno de sus miembros más relevantes,

pero eso no quiere decir que no sigan actuando.

Por supuesto, la investigación sigue en marcha.

Sí, supongo. Muchas gracias por la información.

Gracias a usted.

Pero le rogaría que, en lo sucesivo,

acudiera directamente a atención al ciudadano,

que la atención personalizada es un lujo

que no nos podemos permitir.

Sí, claro. Supongo que lo de siempre, ¿no?

Falta de personal, presupuesto... Ah, ya.

¡Eh, Alicia!

Me alegra mucho verte, me gustaría preguntarte algo.

¿Tienes un momento, tan solo?

Gracias. Bueno, solo quería preguntarte

si habéis encontrado o averiguado algo nuevo

con los correos electrónicos estos que os pasé en el "pendrive".

Nada relevante.

El acceso que nos diste era muy limitado.

Vaya, es una lástima. De todas formas me...

Mira, Quintero, tengo mucho trabajo y no me apetece perder el tiempo.

Si tienes más información acerca del caso,

la comunicas en Atención al ciudadano.

No, no tiene nada que ver con el caso ni...

En fin, solo

me acabo de enterar que te vas a casar.

Me lo ha dicho Sergio.

No conozco muy bien a ese tal Rober, pero sí conozco a su hermano

y, sinceramente, Alicia, me alegro mucho por ti.

(ASIENTE) ¿Eso es todo?

Bueno, eh...

Ya te digo que no conozco mucho a Rober,

pero si se parece en algo a Jairo y supongo que sí

porque tienen la misma sangre, son de buena pasta,

son buena gente.

Creo, Alicia, de verdad, que has elegido muy bien.

Nadie te ha pedido tu opinión y mucho menos tu bendición.

Bueno, yo solo quería desearte

que fueses muy feliz, nada más.

Creo que te lo mereces.

Estoy seguro de que si tu madre estuviera aquí

se sentiría muy contenta de ver

que te casas con el hombre al que realmente amas.

No como ella, ¿no? Eso te ha faltado añadir.

Sabes de sobra que yo no quería decir eso.

¿Tan malo te parece el hecho

de que un padre simplemente quiera desear

toda la felicidad del mundo a su hija porque se va a casar?

Espero que no cuentes con llevarme del brazo al altar.

Ni con estar invitado, si quiera.

Vaya.

Así que, si tienes un mínimo de dignidad,

confío en que ni aparezcas por allí.

Tranquila,

no me presentaré ni iré a molestarte.

(SUSPIRA)

¿Estás bien?

Sí, sí, perfectamente. Venga, vete a casa que ya es tarde.

Sí, pero antes quería comentarte una cosa

sobre Eric, el activista de Planeta libre.

Dime.

Rober y yo hemos estado peinando las asociaciones ecologistas

y grupos similares con la foto de Eric,

pero en todas nos aseguran

que no podía ser el líder de Planeta libre.

¿Por qué no?

Dicen que era contrario a la violencia.

Sabían de sus inquietudes ecologistas,

pero de ahí a combatirlas con armas y explosivos

hay un largo trecho. Entonces, ¿cuál es tu hipótesis?

Que Eric no era la cúspide de la pirámide.

Además, nos han dicho que no era muy inteligente.

Bueno, para sabotear un acto tampoco hace falta ser un lumbreras.

Sí, pero fíjate la forma

en la que Planeta libre se presenta a la opinión pública,

cómo controlan los medios. Sí.

No sé, yo creo que el chico que ha muerto

no podía ser el cerebro de la organización.

Me gustaría equivocarme, pero creo que no.

Sí, es posible que tengas razón, no sé.

Tenéis que seguir investigando.

Lo más probable es que quieran volver a actuar.

A menos que nosotros lo evitemos.

Eso es.

Venga, a descansar, ¿eh? Que es tarde.

(RESOPLA)

Hola, ¿qué tal ha ido la tarde?

¿Alguna mejoría?

¿Qué quieres decir?

En una lesión medular irrecuperable no existen las mejorías.

Bueno, nunca se sabe.

La esperanza es lo último que se pierde.

Emilio, para, deja de hacer eso.

Estoy haciendo un gran esfuerzo por aceptar lo que me pasa,

por asumirlo y por incorporarlo a mi nueva vida,

así que déjate de refranes y frases hechas

porque lo que tengo no tiene vuelta de hoja.

Tienes razón.

Y deja de comportarte

como si fueras el único responsable de lo que me pasa.

Es que soy el responsable.

Soy tu marido, ¿lo recuerdas?

Vale, puede que no me haya comportado

como un buen marido últimamente, pero lo voy a hacer.

He empezado a hacerlo ya, de hecho.

¿Qué quieres decir? ¿Qué has hecho?

Esta tarde, mientras los niños merendaban,

he encargado algunos cambios en la casa.

¿Qué cambios?

Reformas.

Para empezar, hay que cambiar la bañera

y poner un plato de dicha.

He hecho una foto al catálogo, ¿quieres verla?

No, no quiero ver, no quiero ver nada,

no quiero que hagas ninguna reforma en mi casa,

no quiero que hagas nada.

Luego he ido a hablar con un constructor.

Hay que colocar una plataforma elevadora en el garaje,

los ocho peldaños no los puedes subir tú sola.

Escucha, dentro de poco te van a dar el alta, ¿eh?

Y te vas a encontrar una casa llena de obstáculos.

Cuanto antes empecemos, mejor.

Las puertas, por ejemplo, eso nos va a llevar mucho tiempo.

¿Qué le pasa a las puertas?

Pues que hay que adaptarlas al ancho de la silla de ruedas.

En el salón no hace falta porque son dobles, pero

en el baño de abajo, en la cocina y en los dormitorios

hay que hacer obra.

Madre mía, qué desastre.

Bueno, ya verás como no es para tanto, al final.

De hecho, a los niños

les ha hecho mucha gracia eso de la reforma.

Han cogido papel y lápiz

y se han puesto a diseñar conmigo. Mira.

Jaime ha hecho varios planes de la casa completa,

¿quieres verlos?

Mira.

Emilio,

no tienes por qué hacer todo esto.

Artículo 68 del Código civil.

Nos lo leyeron el día de la boda.

"Los cónyuges están obligados a vivir juntos,

guardarse fidelidad

y socorrerse mutuamente".

(SE RÍE) ¿Guardarse fidelidad?

Bueno, dos de tres.

Natalia, escucha.

Yo solo pretendo hacer bien las cosas.

Sé que he sido muy egoísta

y que te he hecho sufrir lo indecible,

pero también sé que hemos sido mucho tiempo felices.

Tenemos unos hijos maravillosos.

Por favor, déjame intentarlo, Natalia.

Está bien, comprendo tu rechazo.

Me lo merezco.

Y si no soportas verme, no te preocupes,

que me quitaré de en medio.

Creo que sería lo mejor para todos.

Como desees.

Eso sí, yo seguiré corriendo con los gastos y

estaré pendiente de la reforma

y de ayudarte en la rehabilitación, eso es innegociable, ¿de acuerdo?

Si quieres cualquier cosa, estoy en el pasillo.

Llevo el teléfono encendido.

Emilio.

Dime.

¿Me pasas el mando de la tele?

Claro.

Toma. ¿Qué quieres ver?

Ponme la serie esa de policías que tanto te gusta.

¿Quieres verla? Pero si la odiabas.

Bueno, me da lo mismo.

Toma.

(SUSPIRA)

Hola, Nadia, soy Quico.

Mira, no me resulta nada fácil decirte esto,

pero he tomado una decisión.

Tú sabes que él era como un hermano para mí.

Si no hubiera sido por él no hubiera hecho nada de lo que he hecho.

Estoy muy orgulloso de lo que hemos conseguido,

pero la acción armada y eso...

Podéis confiar en mi absoluta lealtad,

pero yo no puedo seguiros por ese camino.

Espero que lo entiendas. Un abrazo.

(Timbre)

¿Quién es?

-¿Ha pedido una pizza? -¿Qué?

-Que soy yo, Olga. Abre, tonto. -¡Ah!

¿Pero que has traído pizza de verdad?

-¿Pizza?

Esto es un panaché de verduras con salsa de trufas

que vamos, te vas a desmayar.

Pon la mesa, que se va a enfriar.

Bueno, claro, o sea, si quieres, que no hay ningún compromiso.

-Que sí que me apetece. Tú de aquí ya no te escapas.

¿Lo has hecho tú? -Solita

y lo he tenido que sacar a escondidas de la escuela.

Si me pillan, no sabes la que me cae.

-¿Y quieres dejar que se eche a perder?

-No, se supone que hay que repartirlo con los compañeros,

pero por un día no pasa nada.

-Pero qué bueno tiene que estar.

Es que eres una joyita.

¿Por qué tengo tanta suerte contigo? -Yo sí que tengo suerte.

-Oye, si seguimos se va a enfriar la cena.

-Y a mí qué me importa la cena.

-Ya está la terraza recogida. -Muy bien.

-¿Qué te pasa?

-Nada, es alergia.

(TOSE)

-Toma, ¿quieres? -Sí.

-A ver si te estás resfriando.

-No es eso, es otra cosa. -Es verdad, la alergia.

Oye, ¿has hecho la caja ya?

-Sí. -¿Nos podemos ir?

-Hombre, no, ¿no ves que todavía hay alguien?

-Como no sea en el baño...

-En el baño, no, hay alguien aquí, todavía.

-María, estás muy rara.

-Queda alguien, que no estamos solas.

-¿Qué es eso?

(SE RÍE)

¡Ay, por favor!

Pero María, ¿es para mí?

-No va a ser para mí con la alergia que me da.

Cógelo, anda.

-¡Hola!

Ven, cariño.

¡Hola!

¿Qué pasa?

Está asustadito. ¿No te gusta el bar?

Sí, sí, le gusta.

¡María, me encanta! -¿A que sí?

-¡Es precioso!

-Perdona que no te haya preguntado,

es que como Antonio insistió tanto en que no estuvieras sola,

pues pensé que un animalico, a lo mejor...

-No, no, de verdad, es un detallazo, de verdad.

-¿Te gusta? -Mucho, me gusta mucho.

¿Y yo a ti te gusto, cariño? Oye, ¿tiene nombre?

-Sí, pónselo tú, yo le he estado llamando Wifi

porque se me escapó esta tarde y se ha puesto a jugar con el rúter

y ha empezado todo el mundo: "¿Qué le pasa al wifi?".

-Oye, es muy original.

¿A ti te gusta Wifi?

Sí, te gusta Wifi.

Pues Wifi, con Wifi se queda.

¿Y está vacunado y todo eso?

-Está vacunado, está chequeado, está pasteurizado... Todo.

Ahora solo falta que tú le compres su cunica,

sus cositas para comer, su tierra... Todas esas cosas.

-Vamos, lo que es mantenerme ocupada.

-Exactamente. Lo que dice el médico va a misa.

Pero bueno, es de una protectora, ¿eh?

Tienes una semana para, si no os gustáis o lo que sea,

poderlo llevar otra vez. -No, a mí me gusta mucho.

Muchas gracias, María.

-No, no me beses, luego.

(TOSE)

-Y a ti, ¿qué? ¿Te gusto yo o no te gusto?

-Pues claro que le gustas.

Se ve que ha sido amor a primera vista.

(ABSORBE)

(SUSPIRA)

-Qué bien sienta así, fresquito, ¿eh?

-¿Has visto, Rafalín?

Tú querías zumo de tomate, ahí lo tienes.

-Bueno, pero yo no he venido esta noche solo a tomar zumo.

-Por supuesto, quieres ver tu kit, ¿no?

Aquí lo tienes.

¿No está bien?

-Pues no está bien,

está perfecto.

Es una maravilla. Mira.

Mira qué suavidad.

Esto es como acariciar a una mujer guapa, ¿eh?

Mira, acarícialo.

¡Acarícialo, coño! Que no te dé vergüenza.

-Qué suavidad, qué maravilla, ¿eh?

Pues ya puedes ir mañana al pantano, ¿no?

-Sí, no te preocupes, que no voy a ir al cuartelillo.

-Oye, ¿y vas mucho por esa zona?

Por donde el pantano, digo. -¿Donde tiraste a la muchacha esa?

Sí, a veces,

pero vamos, hay más sitios para ir a pescar.

-Siempre me ha parecido un deporte muy solitario.

Yo los pescadores que veo siempre van solos.

-Yo antes iba con mi padre, ahora voy solo.

-¿Tu padre ya no pesca?

-Mi padre ya no puede ni limpiarse el culo.

Tiene demencia senil y mi madre, igual.

Menuda pareja, ¿eh? -Vaya, lo siento.

¿Y la novia? ¿No te acompaña nunca?

-¿Qué novia? Yo no tengo novia.

De crío, a veces iba con los amigos,

pero ya no queda ninguno en el pueblo,

se han ido a las ciudades.

-Qué rabia, ¿no? Estar tan aislado en el campo.

-A veces es mejor estar solo que mal acompañado.

-Ahí tienes razón, Rafalín,

pero digo yo que mantendrás contacto con los viejos amigos.

-¿Cómo el contacto?

-Sí, con los amigos del pueblo, por internet.

-Pues no, en casa de mis padres no hay internet.

A mí eso de las redes sociales me ha parecido una chorrada.

Vamos, tengo mail y casi ni lo miro.

¿Qué pasa?

No te estoy dando nada de información, ¿eh?

Me estabas grabando, ¿a que sí?

-No, Rafa, ¿para qué iba a estar yo grabándote?

-No sé, los abogados siempre estáis maquinando.

-Pues yo no estaba maquinando nada.

-Que sí,

sí, lo estabas, no me engañes.

Me estabas interrogando.

-Eh, Rafa, perdona si te he molestado,

pero no era mi intención.

-Que no tengo internet, pero tengo cabeza.

¿O te piensas que los de pueblo nacemos gilipollas?

-No, claro que no.

-¿Quieres que te enseñe a pescar?

-¿Cómo?

-Sí, yo te podría enseñar, así no voy solo de pesca.

-La verdad es que me gustaría,

es un deporte que me ha llamado la atención,

pero con la cantidad de trabajo que tengo,

no creo que pudiera sacar tiempo.

-¿Eso qué demonios es?

-Es un carrete.

El chico de la tienda me dijo que era de buena calidad

y pensé: "Bueno, para Rafalín".

-¿Pero tú sabes pescar? No.

¿Pues cómo sabes si es de buena calidad

o es una mierda pinchada en un palo?

-Bueno, el chico de la tienda me dijo que era de buena calidad.

-Yo uso carrete de doble freno,

uno regulado para que salga línea con facilidad en la picada

y otro que salta cuando giras manivela

y notas la embestida.

¿A ti te parece esto un carrete de doble freno?

-No sé, yo solo quería tener un detalle.

-Pues toma, no lo quiero.

Y me voy, que mañana madrugo.

-Rafa,

Rafalín, que estamos en paz.

-En paz, ¿de qué?

-Pues sobre nuestro secreto.

-¿Pero qué me estás contando? A mí no me líes, tío,

que yo solo tengo cabeza para la pesca.

-Claro, vete a casa y descansa

que mañana va a ser un día muy especial.

-Bueno, supongo que nos veremos pronto.

-¿Cómo que nos veremos pronto? ¿Para qué?

-¿Para qué va a ser?

Para pescar.

-Sí, sí, pensaba llamarte en un rato.

Estoy a punto de conseguir las acciones que me faltan

para cerrar la venta de Ocaña.

Dile al señor Smith que mañana lo tengo todo.

¿Cómo que no hace falta?

¿Pero qué me estás contando?

¿Que los ingleses se han quedado con el bufete de Castellanos?

A ver, nadie me habló de esas negociaciones.

Tienes que convencerles para retomar lo mío.

Diles que estoy dispuesto a hacer una rebaja.

-Eres un animal y de la peor calaña.

¡Mereces que ter aplasten como a una cucaracha!

-Pégame.

Dame mi merecido.

¿Que son un par de puñetazos a cambio de perderte de vista?

-Esa revista nos la ha jugado.

-Maldita sea.

Nosotros estamos tan interesados como usted

en descubrir quiénes han sido los culpables del incendio.

Más les vale encontrarlos pronto porque si yo lo hago antes,

le aseguro que se les van a quitar las ganas

de hacer más pintaditas para el resto de su vida.

-Sí, sí, claro, seguimos con el tratamiento.

Vale, pues esta tarde nos vemos en la clínica.

-¿Qué te han dicho?

-Al final las pruebas han confirmado lo peor.

-A este gato

también le diagnosticaron inmunodeficiencia felina.

-No, no, pero esa enfermedad es real, que lo he buscado en internet.

-Ya, ¿pero no es mucha casualidad

que las otras dos denuncias que teníamos archivadas

fueran por dueños de gatos con el mismo diagnóstico?

(LEE) "Planeta libre lamenta la pérdida de uno de sus miembros

y acusa directamente

a las fuerzas de seguridad del estado

de ser los causantes de su muerte".

Si se estrelló con su propia moto.

-¿Qué haces aquí? -Traigo un mensaje de Nadia.

En una cosa tenía razón, Alicia,

Eric Collado no es la cúspide de la pirámide.

Y esto tiene pinta de ir a peor.

-Va a ser muy duro, Emilio.

¿Seguro que vas a poder?

No vas a pasar sola este mal trago.

Pienso estar contigo, Natalia.

Juntos lo haremos más llevadero, ya lo verás.

  • Capítulo 155

Servir y proteger - Capítulo 155

12 dic 2017

Natalia no se conforma con su estado. Salima sufre estrés post-traumático. Sergio se verá obligado a satisfacer las extrañas demandas de Rafael, el chantajista. Quico quiere dejar 'Planeta Libre'. Quintero se entera del futuro enlace de Alicia y Rober.

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  1. Cooncha

    no se ven los capítulos, no se llegan a cargar

    17 dic 2017
  2. CONCHA

    NO SE CARGAN LOS CAPÍTULOS PARA VERLOS

    17 dic 2017