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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 131 - ver ahora
Transcripción completa

¿Qué ha pasado? -Que anoche, de madrugada,

parece ser que encontraron a uno de los nuestros

en el baño de un restaurante de carretera

muerto por sobredosis. Eso ha pasado.

"Tenemos algo contra Quintero, ven y te lo cuento".

Batista, quedas fuera del caso.

A partir de ahora está en manos de Elías y Alicia.

El juez ha autorizado las escuchas

al móvil de Quintero. Y no solo al de Quintero,

también vamos a pinchar el de Jairo.

Me han apartado del caso. Es por mí, ¿a que sí?

Se han emperrado en Quintero es un traficante

por la muerte del camionero ese.

Te digo que me han apartado del caso y punto.

Laura, ¿tienes un momento? ¿Ahora? Me están esperando.

No sé qué le pasa a mi móvil, cuando navego por la red

hace cosas raras. Mañana lo miro.

Cuando llegue me pongo a ello. Es que me espera Martín.

Vale, no te preocupes.

Buen trabajo, Maiky, si te necesito te volveré a llamar.

¿Cómo va? No sé qué decirte, la verdad.

¿Por?

Han accedido a tus fotos. ¿Tenías algo importante?

Fotos personales, tampoco demasiadas.

Chico, que yo no tengo un "kilo", estoy "pasmao",

déjame tranquilo ya.

Que yo no tengo donde caerme muerto, compadre.

-¿Quién es esa mujer? -Es Celia, mi mujer.

-Por eso no te puedes casar conmigo.

-Celia murió hace tres años, María.

Intentando salir de Cuba en una balsa.

-Lo siento mucho. -"Don't worry, mijita, be happy".

Y quiero poner una denuncia a unos delincuentes

que tienen una red para timar a inmigrantes

que necesitan sus papeles de manera rápida.

-¿Tienes los datos de esa red de extorsión a inmigrantes?

-Bueno, tengo el teléfono que me dieron y una dirección.

-Vamos a poner la denuncia, pero ya.

Ha llegado tu momento.

¿Podría tener algo que no se refleja en los análisis?

-Esos análisis son genéricos, hay sustancias que no aparecen.

Metales pesados, tóxicos...

Habría que hacer un análisis específico.

-Oye, tío, tengo que pedirte un favor.

Solo quería saber

si en tu laboratorio hacéis análisis de sangre

para detectar tóxicos y otros metales pesados.

-Me tendrías que haber contado lo de tus hijos.

-No sé, fue por miedo a que tú te asustaras,

a perderte o que sigo enamorado

como un perro de mi mujer, chica.

Aunque ella no esté aquí.

Los dos sabemos que si nos casamos ahora

-Me encantaría repetir lo de anoche.

-¿Qué pasó anoche?

-Tendrás que quedar conmigo para recordarlo.

-¿Sulfato de talio?

Menos mal, por fin una buena noticia.

¿Cómo se llama ese antídoto?

¿Azul de Prusia? Vaya nombre.

¿Cómo lo consigo? Lo voy a tomar ya.

-Me da una penica que te vayas tan pronto.

¿No puedes cambiar el billete

y quedarte, aunque sea, el fin de semana?

-No, lo cogí de estos de oferta que dan a última hora.

-Si tuviera que matarte,

te aseguro que no me temblaría el pulso.

Pero no lo haría de una forma tan retorcida.

Deberías buscar, mejor,

entre la gente que tienes a tu alrededor.

¿Sabes que los mejores asesinos tienen cara de ángel?

¿Qué ocurre? ¿Malas noticias?

-Tiene cara de ángel.

(Música emocionante)

Buenas.

Ya pensaba que se te habían pegado las sábanas.

Me he mal acostumbrado a no madrugar.

-Pues venga, al trabajo con alegría.

-María, antes de empezar,

tengo que decirte algo.

Quiero pedirte perdón.

-No pasa nada, ya está olvidado. -No, no, no.

Escúchame, por favor. Si no te lo digo reviento.

Me porté muy mal con Reinaldo.

Fui una tonta y una paranoica.

-Bueno, mujer... -Sí, esa es la palabra.

Paranoica.

Le acusé, le puse verde y entré en pánico.

Y todo sin ningún motivo.

Pero es que, lo peor,

creo que lo hice por celos.

-¿Celos? ¿De Reinaldo? -Sí.

Con esa labia que tenía y lo guapo que era.

Y lo que te gustaba.

Lo veía como un rival.

Tenía miedo a que me quitara mi trabajo.

Pero sobre todo a...

que me quitara tu amistad.

Me sentí desplazada

y empecé a montarme películas en la cabeza.

Lo siento mucho.

Qué ganas tenía de ponerme este delantal.

-¡Quieta "pará"!

¿Dónde te crees que vas?

Creía que me reincorporaba hoy mismo.

-Sí, te reincorporas hoy, pero no como siempre.

Quiero que te tomes tu tiempo para leer esto.

Si hay algo que no entiendes o quieres cambiar,

lo dices y se cambia.

-Pero... Pero esto es...

-Es un nuevo contrato para una nueva etapa.

-¿Y me vas a pagar todo esto?

-He intentado subirte el sueldo todo lo que he podido, sí.

Tampoco estamos para tirar cohetes, así que...

-A ver, me siento muy halagada, pero...

-Ni peros ni peras.

Quiero que te des cuenta de que tú

eres la única imprescindible en La Parra.

Y que no estoy enfadada contigo por lo de Reinaldo.

Entiendo que lo hiciste para protegerme.

Eres la mejor camarera que he tenido nunca.

Te dejé el negocio unas semanas y has demostrado

que sabes llevarlo como yo o mejor.

Eres honesta, eres trabajadora,

tienes buen corazón.

Quiero que sientas que tú eres La Parra.

¿Vale?

-Está bien. Yo acepto.

Y no voy a insistir más con lo de Reinaldo.

Pero tengo otra condición.

-Lo que tú me digas.

-Que me des un abrazo.

-Ven aquí.

Madre mía, pero que haría yo sin ti,

petardica. (RÍE)

-Sí, la documentación de Rejuelo.

Con un PDF por "mail" me apaño.

Quiero repasarlas antes de ir al juzgado.

González, ¿ha llegado Sergio a la oficina?

pero cancela todas sus reuniones de hoy.

No lo sé, invéntate algo, pero hazme caso.

Porque me temo que no está en condiciones

de representar al bufete.

Tuvimos una discusión ayer.

Pues no, no es de trabajo.

Fue bastante surrealista, pero te lo cuento en persona.

Ahora haz lo que te he dicho.

Venga, hasta luego.

Si quieres café, hay recién hecho.

Café del bueno, o sea, del mío.

He escuchado algo de una discusión con Sergio.

Nada importante, cosas del trabajo.

Eso no es lo que le has dicho a González.

Y ayer quedamos en que nos contaríamos la verdad.

Pues sí, tienes razón.

Discutí con Sergio, pero no por cosas de trabajo.

Eso ya me preocupa más. ¿Por Quintero?

No, Quintero no salió en la conversación.

Entonces fue por mí, ¿no?

No, no, escúchame. No tiene nada que ver contigo.

Ni siquiera sé cómo describirlo.

Pero ayer Sergio estaba...

No sé, desquiciado, confuso.

Y hacía acusaciones contra mí absurdas.

¿Contra ti? ¿De qué?

Decía que lo estaba envenenando.

Y que le había amenazado con no sé qué.

¿Envenenando?

Yo me quedé igual de sorprendido que tú.

No sé, me pareció muy extraño.

Lo dejé por imposible y me marché.

No cuadra nada con la personalidad de Sergio.

No sé si estaba enfermo, bebido o drogado.

Lo cierto es que estaba, no sé, como fuera de control,

como si fuera otra persona.

Espero que se recupere porque así no seguirá en el bufete.

-Aquí tiene su zumo.

Y su café.

Muchas gracias.

-¡Hola! Qué alegría verte de nuevo por aquí.

-Más contenta estoy yo.

¿Te pongo tu cortado descafeinado? -No, no, muy "cafeinado".

Y con leche fría.

O me tomo un café bien cargado

o me caigo de cabeza, así, sobre la mesa.

Y tu jefa, ¿dónde está? -En el mercado.

-Entonces, cuéntamelo todo.

¿Cómo ha sido tu vuelta a La Parra?

-Mejor imposible.

María me ha recibido con los brazos abiertos.

-Qué alegría. -Y no sabes lo mejor.

Que me ha subido el sueldo. Y me ha dicho:

"Salima, quiero que sientas que tú eres La Parra".

-Oh, eso es que sabe lo que tú vales.

-Sí, pero lo primero que hice, nada más entrar por esa puerta,

fue pedirle perdón por lo mal que me comporté con Reinaldo.

Me siento fatal. Fui una desconfiada con él.

-Al final ha resultado ser un tío honrado.

-Sí, y un pedazo de pan.

-Yo vine a despedirme de él por la noche.

Y a decirle que gracias a su denuncia

conseguimos desmantelar esa red

que se aprovechaba de los inmigrantes.

-Casi ha resultado ser un héroe.

-Un caballero de los pies a la cabeza.

Ay, ya me podía a mí tocar alguien como Reinaldo.

-No sabía yo que te gustaran los caribeños.

-Los caribeños, mediterráneos,

nórdicos, africanos, no sé, me da igual.

El caso es que sean buenas personas, y guapos, ¿eh?

Yo solo quiero alguien

que le ponga un poquito de picante a mi vida.

Ya tú sabes, Salima. (RÍE)

Que una ya va teniendo una edad.

-Qué exagerada, con lo joven que eres.

-No, no. -Espe, ¿has visto a Elena?

La estoy buscando por todos lados

y no la localizo. Y el teléfono no lo coge.

-Tenía turno de mañana. Pásate esta tarde

a ver si está con Lola. -Es verdad, se me había olvidado.

-¿Estás bien? -Sí, es que he dormido mal.

-No tienes buen aspecto, yo que tú iría al médico.

-Si ves a Elena o pasa por comisaría,

dile que la estoy buscando, por favor.

Que encienda su teléfono. -Vale, vale.

-¿Estás segura de que esto es todo?

Sí, Laura me ha pasado todas las transcripciones

de las escuchas mientras hacíamos las tronchas.

Ahí está absolutamente todo.

Un par de llamadas al seguro para cotejar unos datos,

dos al club deportivo para reservar una pista de pádel.

Y una al hospital infantil que patrocina

para ofrecerles más dinero.

Encima se hace pasar por mecenas, es ridículo.

Parece que le pinchamos el teléfono a una monja.

Una monja no jugaría a pádel.

Esto solo tiene una explicación:

que sabe que tenemos sus teléfonos pinchados.

Alguien se ha ido de la lengua otra vez.

¿Cómo que otra vez?

¿Por qué me miras así?

¿Tú le has contado algo a Rober?

Oye, ¿cómo te atreves a cuestionar mi profesionalidad?

Solo te he hecho un pregunta muy simple.

Por supuesto que no.

Yo quiero atrapar a Quintero exactamente igual que tú.

Juré guardar en secreto la investigación y lo he hecho.

Y me sigue pareciendo muy injusto con Rober,

ha hecho muchos sacrificios para atrapar a Quintero.

¿Me vas a hablar a mí de sacrificios?

Si quieres te hablo de horas robadas al sueño.

De soplo, de troncha, de confidentes,

para que, al final, Quintero se me vaya de las manos.

¿Estás culpando a Rober de esto?

Eso es muy grave, Elías.

Si lo estás acusando de encubridor,

hazlo ante un superior y lo dejes por escrito,

pero atente a las consecuencias por difamarlo.

¿Por qué no haces un poco de memoria, Alicia?

¿Por qué Quintero se libró del registro de droga en su nave?

¿Por qué no pudimos relacionarlo con el asesinato de Fiti

si había imágenes suyas alrededor de la fábrica?

Cuando conseguimos las escuchas, nos encontramos con un tipo

que regala columpios a los niños. Dímelo tú.

Si ya has decidido quién es el culpable.

La cadena de información está corrompida, Alicia.

Yo me fío de ti, y tú te fías de tu novio,

pero el hermano de tu novio

le susurra al oído al tipo que estamos investigando.

Ahora mismo, Quintero se está partiendo la caja

de nuestro sistema de confidencialidad.

Tu obsesión te hace perder de vista

quiénes son tus amigos. Tener amigos está muy bien,

Quintero tiene amigos en todos lados: en el ayuntamiento,

la junta de vecinos, hasta en jefatura.

Pero nosotros antes que hermanos o amigos somos policías.

Elías, te lo repito,

¿me estás diciendo que Rober es amigo de Quintero

y que lo tiene comprado? Te digo que tu novio está roto

porque no puede evitar defender a su hermano.

Y creo que tú piensas lo mismo. Dime que no.

Es duro llamar a las cosas por su nombre, ¿verdad?

Guevara, Ocaña, os estaba buscando.

¿Ocurre algo? No, comisario,

estábamos discutiendo de un tema personal.

Espero que no interfiera con la investigación.

No tiene nada que ver con la investigación.

Bien.

He estado leyendo el resumen de las escuchas,

por favor, decidme que tenemos algo más sólido

que toda esa morralla. Lo tendremos, es cuestión de tiempo.

Desgraciadamente, Elías, lo que no tenéis es tiempo.

Hoy se acaba el plazo otorgado por el juez,

y si lo queréis ampliar, tendréis que darle un buen motivo,

de lo contrario: fin del operativo.

¿Lo he dejado claro? Pero comisario...

Tengo a media comisaría escuchando a Quintero

o transcribiendo las escuchas para nada.

Este es un operativo caro e innecesario

que, además, está colapsando a otros grupos.

Elías, estoy harto. Harto de perseguir tus fantasmas.

Elías, cálmate.

Nos quedan unas horas y las podemos aprovechar.

Trabajando juntos tenemos más opciones.

Que no, digo que no hemos pedido ningún paquete esta semana.

Y mucho menos así de grande.

Además, todos vienen a nombre de Máximo Fernández,

y este no tiene destinatario.

-Pues la dirección es esta. -Pues tiene que estar equivocada.

Además, esta empresa ni me suena. -¿Y qué hacemos?

-Usted no lo sé, yo no voy a quedarme algo que no es mío.

Así que tampoco pienso firmar.

Siento mucho el viaje, pero esto aquí no se queda.

Adiós.

-¡Un segundo, un segundo!

-Déjelo ahí, es más delicado de lo que parece.

Con cuidado.

Eso es.

¿Tengo que firmar en algún sitio?

-Sí. Una firmita por aquí, por favor.

Vale. Gracias.

Hasta luego. -Hasta luego.

-Quico, ¿has pedido un paquete con la dirección del gimnasio?

-Sí, perdona, tendría que haberte avisado.

Pero la empresa tiene unos horarios de entrega muy limitados.

-¿Y qué es? ¿Es un regalo para Olga?

¿O un detallito para la mejor jefa del mundo?

Perdona, me he pasado de cotilla.

-No es ningún secreto. -No me lo tienes que contar,

son cosas personales y yo no me meto ahí.

-Que no tengo nada que esconder.

Es que me da un poco de vergüenza porque es un poco friki.

A ver, es una edición limitada de Sopwith Camel último modelo.

Con sistema avanzado de radio control.

-(DUDA) ¿Y eso qué es?

¿Una consola gigante o qué?

-No, es un avión de radio control.

Yo soy un apasionado del aeromodelismo

y esto es una auténtica joya.

Y cuando vi en la Web que era una ganga, pues...

-O sea, todavía compras avioncitos de juguete.

-No, a mí me gustaría decir

que es como los aviones de verdad, pero más pequeño.

-Madre mía, quién me lo iba a decir.

Yo pensaba que eras más de tenis, de esquí...

Y esto es lo que te va, ¿no?

-Ya te he dicho que era un poco friki.

-Si me hace mucha gracia. Vaya tela. En fin.

Esto ya me lo estás quitando de en medio, ¿vale?

Y en 10 minutos, clase de spinning. -Vale.

-Avioncitos de juguete, vamos.

-Hola, Elena. -Hola.

Tienes cara de necesitar un café. Te lo preparo.

Con sacarina, ¿verdad? -¿Tú no librabas esta mañana?

-Sí, pero en un par de horas he solucionado

todo lo que tenía que hacer.

Y prefiero venir a trabajar y tener la cabeza ocupada.

Además, quiero aprovechar el tiempo en la UFAM.

Tengo mucho que aprender de ti. -Buena actitud.

Pero si quieres aprender de mí, aprende de mis errores.

Para rendir en esta comisaría, debes cuidar lo que hay fuera.

Este lugar puede ser muy absorbente, Elena,

y el mundo no se acaba en estas cuatro paredes.

Créeme, sé de lo que hablo. -Gracias por el consejo,

pero soy muy consciente de lo que tengo fuera.

De hecho, vengo de atender un asunto de salud familiar.

-Espero que no sea nada grave. ¿Se ha solucionado?

-Por desgracia, no se puede solucionar.

Mi hermana Isabel

lleva un año ingresada en un hospital, en coma.

-Vaya, no sabes cuánto lo siento, Elena.

¿Y no hay tratamiento? ¿Qué dicen los médicos?

-El único tratamiento es esperar.

Y los médicos

nos dicen lo mismo desde hace un año:

que no perdamos la esperanza.

Pero a mí no me hace falta que me digan eso,

Isabel es fuerte,

y sé que muy pronto estará mejor y...

que despertará.

-Me voy para la UFAM. Te espero ahí, no hay prisa.

-Dime la verdad.

¿Tú me has enviado esto?

-¿Te has acostado con alguien más en ese hotel?

-No.

-¿Estás seguro?

Al fin y al cabo has participado en juegos sexuales

más extraños, ¿a que sí?

-No sé de qué me estás hablando.

Y solo he estado contigo en ese hotel.

-En ese caso,

supongo que la hice yo.

-¿Tú me estás mandando estos mensajes?

¿Tú me estás haciendo esto?

-Está más intuitivo que de costumbre, letrado.

Debe ser uno de los efectos secundarios del talio.

-Estás loca. -No.

Eso es imposible.

La policía tiene uno de los test psicológicos

más exigentes que conozco.

Te aseguro que sé muy bien lo que hago y por qué lo hago.

-Y todos este tiempo que...

Hacerte pasar por mi novia, ¿para qué?

¿Qué pretendes? ¿Matarme?

-Matarte.

¿Por qué?

Si hubiera querido hacerlo,

ya habría tenido muchas oportunidades.

Sé perfectamente cómo manejar cosas mucho más mortales

que una cámara de fotos o una cuerda, créeme.

-¿Quién eres?

¿Por qué me haces esto?

¿Qué quieres de mí? -Vaya.

Se me ha hecho tardísimo, qué pena, ¿verdad?

Con lo bien que estábamos aquí, ahora, los dos.

Si quieres respuestas,

vas a tener que esperar a esta noche.

Nos vemos donde siempre. Y tranquilo.

Esta noche no habrá fotos.

-¿Qué me impide salir ahí fuera

y contarle a todos lo que me estás haciendo?

-No vas a hacer eso.

-¿Y por qué estás tan segura?

-¿De verdad tengo que explicártelo?

Primero, no tienes ninguna prueba de que te esté envenenando.

Y segundo, creía que valorabas más tu estatus.

-¿De qué hablas?

-¿Quieres que esa foto llegue a todos los bufetes del país?

Porque con un solo "mail",

puedo arruinar toda tu carrera para siempre.

Nos vemos esta noche, amor.

-Todo va a salir bien, el cariño y la ilusión

son las mejores medicinas para Montse.

-Sabes que hago todo lo que está en mi mano,

pero tengo miedo de que se venga abajo.

Ya son demasiadas decepciones,

y puede que algún día se quede sin fuerzas.

-Los dos sois personas maduras y estables

que queréis sacar lo mejor de la vida.

Nada puede salir mal. -Gracias, Antonio.

Por mi parte, no voy a rendirme.

Hola, Antonio. Hola.

Papá. Hola, hija.

-Os dejo, familia.

-Ya pago yo. -Muchas gracias.

Salima, ¿me pones algo fresquito, sin azúcar y con hielo para llevar?

¿Un zumo? Venga.

Oye, ¿estás bien?

Hija, no tienes que asustarte cada vez que me veas con Antonio.

Pero no tiene nada que ver con tu salud, ¿no?

-No, he venido a ver a unos clientes

y estaba cerca de la consulta de Antonio

y hemos quedado a tomar algo y hablar de la mejoría de Montse.

Que parece ser que vamos a llegar vivitos y coleando a la boda.

O hasta el compromiso, que ya estoy buscando traje.

¿Estás en tu descanso? He venido a tomar algo

mientras arreglan mi teléfono. ¿Qué le pasa?

Los informáticos lo están desinfectando de un troyano.

Hay que hacer un formateado general del "smartphone".

Un rollo, vamos. ¿Y saben cómo ha sido?

Pues no, todavía no.

Parece que el virus solo rastreó una carpeta mía con fotos.

¿Crees que tiene que ver con alguno de tus casos?

Creemos que no porque ni siquiera han accedido

a las claves del intranet de la policía.

¿Quién querría llevarse fotos tuyas?

Laura cree que ha podido ser un pervertido.

Hija. (RÍE)

Perdona que me meta donde no me llaman,

pero cómo se te ocurre guardar ese tipo de fotos...

Yo no guardo ese tipo de fotos porque no me hago ese tipo de fotos.

¿De qué tipo de fotos estamos hablando?

De fotos mías cuando era niña y adolescente.

Tampoco tenía muchas.

El "hacker" o es muy tonto o se equivocó de víctima.

¿Quién se puede tomar tantas molestias

en conseguir una carpeta mía con fotos de la infancia?

En fin, me tengo que ir. Luego nos vemos.

Adiós, hija.

Ni más ni menos, ¿eh?

Bien, Álvaro. Gracias.

Venga. Seguimos en contacto. Chao, chao.

Espero que se te haya quitado de la cabeza

la tontería esa que tenías ayer.

Aunque tú como abogado seguro que lo llamarías

"enajenación mental transitoria". -Precisamente, venía a disculparme.

Se me cae la cara de vergüenza, Fernando.

Las cosas que le dije,

la forma en que sospeché de usted.

Por suerte, todo tiene una explicación.

-¿Ah, sí? Pues estoy deseando oírla.

-El médico me ha dicho que padezco anemia.

-¿Anemia? -Sí.

La debilidad hizo que mi mente no rigiese como debía.

-Yo de anemia y cuestiones médicas no entiendo mucho,

pero lo que sí sé

es que ayer te faltaba oxígeno en el cerebro.

-Sergio, creo que deberías tomarte unos días de descanso.

Yo quiero que la gente de mi equipo esté siempre al cien por cien.

Porque si se vuelve a repetir lo de ayer...

-Me ahorraría el volver por aquí. -Muy bien, tú lo has dicho.

Y ahora, si no te importa, tengo mucho trabajo pendiente.

-Necesito...

necesito pedirle un favor.

-Bien. A ver.

Tú dirás.

-Últimamente he pensado mucho en mi protección personal.

Soy consciente de que un trabajo como este genera enemigos.

Sé que algunos de sus hombres de confianza

tienen medios para protegerse.

Necesito un arma.

-Pues te la buscas.

Porque yo no tengo idea ni sé nada sobre armas.

¿Me estás oyendo? Mira, Sergio,

no sé en qué mierda de asuntos estás metido,

pero a mí no me vas a arrastrar contigo,

ni te voy a consentir

que vuelvas a hablar de ese tema en mi despacho.

¿Comprendes? Sabes que tengo a la policía pisándome los talones,

y, seguramente, tenga los teléfonos pinchados

o haya algún micrófono aquí.

¿Y tienes la poca vergüenza de pedirme una maldita pistola?

Quítate de mi vista antes de que parta la cabeza.

Fuera de aquí.

Jairo.

-¿Qué te pasa, chaval? Tienes muy mala cara,

vete al médico. -Estoy bien.

Creo que tú me puedes ayudar. Necesito conseguir un arma.

-¿Necesitas conseguir un arma?

¿Tú estás pedo o qué te pasa?

-Solo esta noche, tío. Te la devuelvo mañana.

-Ni esta noche ni mañana. Pírate de aquí y me voy a olvidar

de que hemos tenido esta conversación.

Das pena, chaval.

-No esperaba menos de un Batista de mierda.

No necesito a nadie, ya me las apaño solito.

-¿Cómo va la cosa, compañera?

Estamos dos horas de que nos den carpetazo.

Dime que ha cantado algún pajarito.

-Hay una llamada de un transportista que está a punto de meter la gamba,

pero Quintero le corta enseguida.

Si ve que alguien va soltar algo, les dice que no tiene batería.

Y si lo ve muy chungo, cuelga inmediatamente.

-Será que no tiene dinero para un cargador nuevo.

-También hay una conversación

entre Jairo y un antiguo amigo suyo del polígono.

He mirado la ficha del chaval

y tiene antecedentes por menudeo, pero...

No tenemos ni para hacerle cosquillas al juez.

Oye, que la silla no tiene la culpa.

-Perdona, compañera, tienes razón.

Lo mejor será aceptar que nos ha ganado la mano otra vez.

-Si quieres te invito a tomar algo en La Parra.

Yo creo que deberíamos invitarte nosotros a ti.

Tienes una cara de aburrimiento que no veas.

Pues sí. Después de todas esas escuchas

me puedo dedicar al gremio del transporte.

Dime qué quieres transportar y te doy la mejor solución.

Tomaros algo y yo me quedo finalizando las escuchas.

Para dos horas, yo me quedo contigo.

Elías, te ordeno que tengas un detalle con Laura

y después te vayas a descansar a casa.

Pero si sueltan algo me avisas. Claro que sí.

Si tienes un momento ,

igual te interesa escuchar la grabación 0012-B.

No tiene nada que ver con el caso,

pero creo que te puede interesar. ¿0012-B?

Sí, te la pongo.

"¿Sí?" "Soy yo.

Voy de camino al súper, dime qué quieres cenar

que a mí se me han acabado las ideas".

"Yo me apaño con lo que sea, tío.

¿Cenamos solos o con tu piba?"

"No, cenamos los dos". "¿Sigue la cosa chunga con Alicia?"

"Eso no es asunto tuyo".

"Me huele que vuestro mal rollo tiene que ver conmigo

y con que te han echado del caso, ¿es por eso?"

"Escúchame bien, Jairo,

Alicia y yo no estamos de acuerdo en todo.

Patrullando juntos aprendimos

que a veces cede uno y otras, el otro".

"Pero si tu piba te clava un puñal

duele igual si es en la calle o en la cama, ¿o no?"

"Eso demuestra lo poco que la conoces.

¿Sabes por qué estoy con Alicia?"

"Porque es legal y porque está que se mata de buena".

"Mira, Jairo, tú y yo hemos visto mucha mierda, ¿vale?

Gente chunga, mentirosos, manipuladores,

o maltratadores como nuestro padre.

Pero Alicia no es así, ella es una tía honesta

y da lo mejor de sí para los demás.

Claro que me jode que me hayan apartado del caso,

pero en el fondo, sé que es lo correcto

y que no puedo estar enfadado con ella.

Y que está buena que te matas, eso también".

Compra para hacer pollo al ajillo y mucha cerveza".

"Venga, buena idea, luego nos vemos".

(SUSPIRA)

(Puerta)

Pasa.

-Elena, ¿se puede saber...? -Cállate.

Date la vuelta.

¿En serio?

¿Es todo lo que has conseguido para protegerte de mí?

Siéntate.

Dame el móvil.

Sergio, cariño,

tienes el móvil en modo grabación de voz.

Te vas a quedar sin batería.

Esto sí me va a hacer falta.

¿Y esto es todo? ¿De verdad?

Creí que eras un hombre de más recursos, Sergio.

Ni siquiera has intentado hacerte con una de estas.

Es más difícil de lo que parece, ¿verdad?

Por suerte, esto no es Estados Unidos.

Átate.

Sí, tú solito. Sé que sabes hacerlo.

-Pero bueno, ¿todavía sigues así? -Sí, ya sé lo que hay que ajustar,

pero me falta hacer algunas pruebas. -¿Tan mal está?

-Es que, cada vez que se sube alguien

no para de hacer ese ruido, y me está poniendo enfermo.

-Ahora entiendo por qué te gustan tanto los juguetitos.

Aparte de un buen monitor, eres un manitas.

-Que lo puedo romper.

Pero soy yo o pagar otra, porque esto ya no tiene seguro.

¿Qué te parece?

-Me parece que cierras tú.

Y también me parece que como gaste un euro más,

mi padre me mata.

Mañana puedes entrar un poquito más tarde, ¿vale?

-Me parece bien. Trato hecho.

-Hasta mañana. -Hasta mañana.

¿Hola?

-Hola. -¿Cómo has entrado?

-Que me he cruzado con Paty y quería darte una sorpresa.

Ese es el avión. -Sí.

¿Ya te lo ha contado Paty?

-Sí. Es que le ha hecho bastante gracia, la verdad.

Pero yo pensé que iba a ser una broma.

-Pues estaba a punto de abrirlo.

-Como un niño en Navidad, no puedes esperar a llegar a casa.

-Tienes razón, mejor lo abro allí.

-No, no, si yo estoy deseando verlo.

-¿Tan patético te parece?

-No, de hecho me parece bastante tierno.

¿Y a ti de dónde te viene esa pasión de...?

-¿Del aeromodelismo? Desde los 12 o 13 años.

-Cuando yo era pequeño,

uno de los centros de acogida estaba cerca de un parque,

y todos los sábados por la mañana me levantaba e iba a la ventana

a ver a un padre que llevaba su hijo al parque.

Ponían un Nine Eagles a volar.

Todas las mañanas, teledirigido.

Y yo me podía pasar horas y horas

viendo aquella maqueta volar y dar vueltas.

Hasta que un día dejaron de venir y...

Bueno, pues...

Me quedé un poco tocado.

-Y ahora puedes comprártelos.

-Sí, pero de segunda mano,

y no como aquel Nine Eagle en aquel estado que era maravilloso.

Pero cuando vuelo con esto,

me vuelvo a sentir niño otra vez. -Eres una caja de sorpresas.

Yo me voy, que sé que tienes trabajo.

Solo quería pasar a saludarte.

Pero me alegro de haber conocido esta nueva faceta tuya.

Por cierto, que mis padres van a cenar hoy con unos amigos

y van a llegar a casa bastante tarde.

Por si quieres que te guarde cena.

-No me lo perdería por nada en el mundo.

Ya tengo el transmisor, buen estado, seis canales.

Ideal para larga distancia.

-Qué curioso que te suba la temperatura por la noche.

Debe ser que has empezado a tomar el antídoto.

El azul de Prusia te curará.

Aunque durante unos días empeorarán un poquito los síntomas.

Si hubieses leído un poco más, lo habrías adivinado antes.

El talio se hizo muy famoso

gracias a una novela de Agatha Christie.

Era la novela favorita de mi hermana.

-Esto no es una novela, Elena, es la vida real.

Me prometiste que si venía

me dirías para qué me haces esto. -Ya.

Y por eso has venido, ¿verdad?

El miedo que te da que difunda esa foto no tiene nada que ver.

-Dime por qué.

Te lo di todo, me entregué a ti.

Estaba enamorado.

-¿Enamorado?

No digas estupideces, Sergio.

Tú no puedes amar.

Lo único que te importa es el poder para ti,

el sexo, el dinero. Todo es lo mismo.

Poder,

no soportas que una mujer te lo arrebate, ¿verdad?

Así, atado,

me recuerdas a todas esas mujeres a las que has usado.

¿Y a ellas?

¿Les explicaste la diferencia entre un juego y la vida real?

¿Qué? ¿No recuerdas nada?

Entonces, tendré que ayudarte a hacer memoria.

Déjame hablarte de una joven abogada.

Era el segundo expediente más brillante

de la facultad de derecho, y todos se la rifaban.

Incluso le ofrecieron una beca para estudiar en Nueva York.

La chica tenía muchas dudas, nunca había salido de España.

Y además, padecía un leve trastorno psiquiátrico,

una psicosis leve, nada alarmante si tomaba medicación y se controlaba.

Pero claro, le daba miedo descontrolarse.

Su propia familia le animó a dar el salto.

El futuro llevaba escrito su nombre.

O eso es lo que todos pensaban.

¿Te aburro?

Ya en Nueva York,

en una residencia para estudiantes,

conoció a un grupo de compañeros

que estudiaban un máster MBA, como ella,

y se enamoró perdidamente de uno de ellos.

Era tan guapo,

tan inteligente,

tan prometedor.

¿Te suena?

A aquel chico le encantaba el sexo,

y cuanto más fuerte, mejor.

Él y su grupito de amigos

convirtieron aquel campus en su cortijo,

se cubrían unos a otros mientras...

experimentaban.

Hacían de todo:

tríos, juegos de dominación.

Aquella chica estaba tan enamorada,

que era incapaz de negarse

a los caprichos de su principito azul.

Hacía todo lo que él le ordenaba.

Incluso,

accedió a acostarse con los amigos de su principito

para darle satisfacción.

Ella estaba tan ciega de amor,

que no sabía dónde se estaba metiendo,

hasta que fue demasiado tarde.

Cuando vio

que no era más que un juguete en manos del apuesto

Sergio Mayoral...,

cayó en una depresión.

Regresó a España

y, por supuesto, jamás ejerció la abogacía.

Era un alma en pena,

hasta que decidió tirarse por una ventana.

No se mató, pero...

la caída fue lo suficientemente dura como para dejarla en coma.

Lleva así más de un año.

Y su prometedora carrera, a la mierda.

Igual que su vida.

Sin embargo,

aquel chico tan guapo sigue impune.

Nunca pagó

el haber destrozado la vida a una persona más valiosa que él.

Esa persona se llama Isabel,

y es mi hermana.

-No lo sabía.

-Cuando conseguiste lo que querías, la dejaste tirada, Sergio.

Y eso que decías que estabas enamorado de ella.

Como de mí, ¿verdad?

(RÍE) Sergio, no lo intentes.

Es tontería, además, estás muy débil.

Pero no te preocupes, yo cuidaré de ti.

Esto...

solo acaba de empezar.

-¿Quiere usted comer algo?

-Tutéame, por favor, María.

-Que si quieres comer algo,

por meterte algo sólido al estómago, que siempre es bueno.

-No, gracias, prefiero seguir así.

-¿Esa es tu hija, la inspectora Ocaña?

-Sí.

Pero entonces solo tenía de inspectora

la manía de inspeccionar todos los arenales de los parques.

La de lombrices que cogió.

-A mí me habría encantado tener una cría,

con lombrices o sin lombrices.

-No sé por qué pensaba que tenías hijos.

-¿Yo? Con la mala suerte que tengo con los hombres.

Estoy tardando en llenar mi casa de gatos.

En fin.

¿Por qué no te vas a casa con tu hija?

Que aunque ya está crecidita, se alegra de verte como entonces.

-Mi hija.

María, creo que me voy a tomar otra.

-Bueno, como quieras.

Pero te voy a traer también la carta,

pr si te apetece picar algo.

(TOSE)

(SUSPIRA)

¿Qué, apurando los últimos momentos?

Literalmente. ¿Y Elías?

Le convencí de que se fuera a casa,

más bien se lo he ordenado.

Si lo has despegado de las escuchas de Quintero

te has ganado el sueldo del mes.

Ya sé a qué has venido, Claudia, a informarme de que, oficialmente,

las escuchas de Quintero han finalizado.

Sí, tenemos que ser muy rigurosos,

cualquier escucha que hagamos a partir de este momento

no estará autorizada por el juez y no tendría validez como prueba.

Se ha vuelto a ir de rositas.

Nos ha vuelto a ganar la partida. Quintero es un viejo zorro,

seguro que se olía que le pinchamos los teléfonos.

¿Y por qué hemos perdido el tiempo? No, no lo hemos perdido.

Esa partida, como tú la llamas, siempre será injusta porque...

nosotros jugamos con una baraja muy limpia, la de la ley,

pero él no, él juega al margen y eso le da muchas más cartas.

¿Me dices que nunca conseguiremos ganarle?

No, te estoy diciendo que aquí gana el que más resiste.

Mientras no caigamos en su trampa

y no dejemos de intentarlo, hará una mala jugada,

y entonces romperemos su baraja. ¡Hala, venga!

A descansar que ya va siendo hora. Mañana será el primer día

del nuevo intento de atrapar a Quintero.

Recojo mis cosas y me voy, lo prometo.

Buenas noches. Buenas noches.

Diga.

-Buenas noches, Fernando.

-"Marcelino, qué sorpresa.

Una llamada tuya a estas horas, después de tanto tiempo

es extraño". -"No es por gusto, créeme.

Pero tengo que hacerlo".

-"Muy bien, tú dirás.

Te digo una cosa, tengo el teléfono con muy poca batería,

así que si se corta discúlpame, ¿vale?"

-"Me he enterado de que han espiado el móvil de Alicia

para conseguir fotos suyas". -"No sé.

Lo lamento mucho, esos cacharros no son nada seguros".

-Al parecer, al intruso solo le interesaban

un puñado de fotografías familiares,

de cuando ella era pequeña.

"Es como si quisiera husmear en su infancia, o peor,

apropiársela, como si le perteneciera.

¿Tú sabes quién querría hacer algo así?"

-No, Marcelino,

no tengo ni idea de lo que me estás hablando.

"Ya te he dicho que tengo el teléfono con poca batería,

si no te importa, hablamos en otro momento".

-No me tomes por idiota,

sé muy bien lo que pretendes hacer con mi hija.

"Primero le regalas el broche de Carmen

para intentar ganártela.

¿Y ahora quieres conseguir detalles de su infancia?

Lo próximo qué va a ser,

¿invitarla a cenar por el día del padre?"

-Marcelino, hablaremos de este asunto en otro momento.

-"Te advierto, Fernando,

puedes robarle sus fotografías, pero no sus recuerdos.

Ella sabe muy bien

quién la ha cuidado desde niña.

Sabe muy bien quién la ha educado.

Quién ha estado con ella en cada paso de su vida.

Por eso te vas a dejar de regalos, de acercamientos y de numeritos.

Vas a alejarte de ella.

Me da igual lo que digan esos análisis, me da igual.

Que tenga tus genes,

que Carmen nos engañara.

Me da igual que seas su padre biológico.

Eso no cambia nada.

Te juro,

te juro que mientras me quede una gota de aliento,

Alicia nunca sabrá nada de esto, ¿me oyes?"

"Me da igual lo que digan esos análisis, me da igual.

Que tenga tus genes,

que Carmen nos engañara.

Me da igual que seas su padre biológico".

-Es el criminal más listo que me he cruzado, comisario.

Y tú el policía más torpe de esta comisaría.

Comisario... Torpe, Elías, sí, torpe.

Hay que ser torpe para conseguir que todos tus superiores

y todos los jueces aborrezcan un caso.

Tú te las has ingeniado para agotar la paciencia de los jueces

y, de paso, la mía.

¿En qué hospital estáis? Voy para allá, ¿vale?

No te preocupes por eso que ya organizo yo con la tía.

-¿Qué pasa? -Nada.

-Lola, que nos conocemos.

-Acaban de ingresar a mi padre de urgencia.

Por una trombosis.

-¿Aquí nadie quiere cazar a ese delincuente?

Te aseguro que si vuelves a cuestionar mi profesionalidad,

me encargaré de que te abran un expediente

por lo que me propones. No voy a comerme más mierda de ti.

Una cosa es que esté en tu guerra,

pero no haré las cosas a tu estilo ni al suyo ni al de nadie.

Le he dado vueltas y yo no sé si lo nuestro tiene futuro, tío.

No digas tonterías, tronco,

con la chapa que me has pegado con Paty

y ahora dices que no tenéis futuro.

Háztelo mirar.

Hay cosas de mí que no sé si ella está dispuesta.

Quedamos en que no iríamos de prisa.

No haremos nada que te resulte incómodo.

-Ahora te conozco y sé que contigo nada es difícil.

Tenemos una hora hasta que vuelvan mis padres.

No hay aviones en la habitación,

pero podemos dejarnos llevar y volar un rato, si quieres.

-Tú te vas a llevar un día un chasco conmigo, Paty.

Pero un chasco grande, sí, sí.

Y entonces me dirás que por qué te he estado engañando.

Que no es para nada lo que te pensabas.

Que has perdido el tiempo conmigo.

-¿Qué has hecho tan terrible para avergonzarme de ti?

-Un día de mierda contigo es mejor que mi mejor día antes de conocerte.

-No sé qué decir, estoy en shock.

-Este es el momento donde, normalmente, la chica dice "sí".

-Se podría decir que los dos somos responsables

de tener una relación tan tóxica.

¿Verdad? Si soy justo y sincero,

debo reconocer que si hay un responsable, ese soy yo.

Y si he cometido algún delito contigo,

sería el de aprovecharme de tu alcoholismo

para ponerte en evidencia delante de todos en aquel bar.

-Hola, Alicia.

¿Qué te parece?

Lo dejo una tarde solo y la pasa en el bar.

Eso es lo que hacen las personas con remordimientos.

Igual es eso, ¿no, papá?

¿Te pasa algo?

Me gustaría hablar con mi padre a solas.

¿Te importa?

Mamá, ya hemos pasado por esto otras veces,

son reacciones espontáneas.

¿Cómo dices?

¿Y el médico os ha dicho eso?

No, claro que estoy muy contenta, mamá.

En cuanto tenga un rato, me paso.

  • Capítulo 131

Servir y proteger - Capítulo 131

06 nov 2017

La inspectora jefe Miralles es la policía más veterana de la comisaría del Distrito Sur. La inspectora Alicia Ocaña se incorpora a la comisaría. Ambas son el eje en torno al que gira la vida personal y profesional de sus compañeros y los casos policiales que afectan al barrio.

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