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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 128 - ver ahora
Transcripción completa

Esto era de mi madre, ¿por qué lo tienes tú?

Lo llevaba el día que tuvo ese maldito accidente.

Quiero que sepas que siempre voy a estar ahí,

que mis puertas van a estar abiertas para ti para lo que sea.

-¿De dónde lo has sacado?

¡Carmen murió, así que sal de nuestras vidas!

-¡Pero Alicia sigue viva, maldita sea!

Tú y yo sabemos por qué no puedo pasar página.

-¡Esas pruebas genéticas no significan nada!

¡Alicia es mi hija!

¡Y no voy a permitir que me la quites,

como hiciste con mi mujer!

Cuando terminé mi turno, escuché gritos en el despacho de Quintero.

Entré y estaba el viejo de Alicia supercabreado.

Tuvieron una buena discusión y casi llegan a las manos.

Nuestro contrato sigue vigente, nada ha cambiado.

El anexo privado hacía referencia

a que Alicia no debía enterarse de nuestro secreto,

no decía nada de Quintero.

-¿Por qué no me tratas como un compañero,

no como un enemigo, chica?

-Porque tú no eres un compañero de trabajo,

que le va a chupar hasta la última gota a mi jefa.

-Los hermanos Velarde son buenos clientes.

-Tenían un asunto urgente que atender y tú no estabas disponible.

¿Qué querías? ¿Que los mandara a casa?

-¡Si ni has intentado localizarme!

-González, ¿dónde están los contratos que debía firmar con los Velarde?

-Me pareció entender ayer que ahora eran tus clientes.

-Así es, solo falta el trámite de la firma.

-Pues lo siento, no te puedo ayudar.

-Esos contratos ya estaban redactados.

-Sí, me afectó tanto que me dejaras fuera

que borré de mi ordenador la carpeta con esa cuenta.

-He estado hablando con el asesor por el tema de tus papeles

y me lo ha pintado muy negro, la verdad.

Me ha dicho que no se atreve a darme plazos,

pero que la mayoría de sus clientes

han tardado meses en terminar con los trámites.

-Vamos a ver, no creo que vosotros vayáis rápido,

lo que digo es que nosotros vamos a paso de tortuga.

-A lo mejor no le gusto lo suficiente.

¡Para, para!

-¿Qué pasa? ¿He hecho algo? ¿Estás bien?

-¿Le contaste por qué no podías?

-Es que pasé de 100 a 0 en cuestión de segundos.

Pero fue tan comprensivo...

Escuchó toda la historia y me dijo que no tenía ninguna prisa.

-Pues ha pasado que anoche, de madrugada,

parece ser que encontraron a uno de los nuestros

en el baño de un restaurante de carretera

muerto por una sobredosis, eso ha pasado.

-¡Vaya cagada!

-¡Yo qué sé, Jairo! ¡Yo qué sé lo que llevaba el camión!

Deberías saberlo tú, que para eso te pago.

-Tranquilo, don Fernando. Dice que fue ayer, ¿no?

Si fue ayer, no hay de qué preocuparse

porque tenía que recoger la carga en Algeciras y no le dio tiempo.

"Tenemos algo contra Quintero. Ven y te lo cuento".

En el último recuento faltaba mercancía, ¿verdad?

-Sí, sí que faltaba, ¿por qué?

¿Cree que la pudo robar él? -Pues no lo sé.

Pero parece que tiene todas las papeletas.

Desde luego, no era mucha cantidad,

pero sí bastante, suficiente para que fuese de autoconsumo.

Está claro que Leo estaba trapicheando con nuestra mercancía.

No sería el primero que intenta traicionarme.

Podéis traer a Quintero para interrogarle

y que aclare la situación.

Pero nada de tratarle como si fuera el capo de un cártel, ¿entendido?

Muy bien, entonces iremos a por él.

No, Ocaña, quiero que tú te mantengas al margen.

(Música emocionante)

(Escaleras)

¿Cuántos cafés llevas?

No sé cómo lo haces, pero te queda muy bueno.

Y yo no sé cómo puedes echarle ese brebaje.

Es leche de soja, papá.

100 % libre de maltrato animal.

Desde luego, el que no se consuela es porque no quiere.

Oye, siento si ayer estuve antipática

con lo de la joya de mamá.

Para nada.

Ya sé que te molesta que hable con Quintero.

No tienes nada de qué disculparte.

La culpa es toda suya.

No quiero que olvides que te estás recuperando de un infarto.

Me quedaría más tranquila si no volvieras a hablar con él.

Y yo me quedaría más tranquilo si lo viera de una vez en la cárcel.

Pues igual no queda tanto para eso.

¿Y eso? ¿Vais a detenerle?

Hemos encontrado a un camionero suyo muerto por sobredosis.

Creemos que podemos relacionar a Quintero

con los negocios del narcotráfico.

Entonces, puede caerle una buena.

Alojamiento y pensión completa en Soto del Real

para 20 años y un día.

¿Y quién está llevando el caso?

Elías y Rober.

¿Y esa cara?

¿Qué cara?

Alicia, te conozco muy bien.

Nada, papá, que me hubiera gustado colaborar en el caso,

pero Bremón ha creído que era mejor que no.

La verdad es que lo entiendo.

En los últimos tiempos has estado muy relacionada con ese hombre.

¿Crees que no puedo llevar este asunto de forma objetiva?

Odio a Quintero con toda mi alma, pero soy una gran profesional

y sé lo que puedo y lo que no puedo hacer.

Por supuesto que sí, eres una gran profesional,

pero estás muy implicada con este hombre

y tampoco quiero que sufras más de la cuenta con este asunto.

¿Qué quieres decir?

Pues que Quintero es un manipulador, es una serpiente que...

No sé, a saber el veneno que sale de su boca

si... se siente acorralado.

No me da ningún miedo lo que pueda decir, papá.

Y te aseguro que no me va a quitar la diversión de ponerle las esposas.

Aunque Bremón haya encargado el caso a Elías y a Rober,

yo voy a seguirlo de cerca.

¿Y de qué manera? Ahora lo vas a ver.

Mira, justo iba a llamarte antes de que llegaras a comisaría.

De verdad, no sabes cómo me cabrea que Bremón te haya dejado fuera.

Pues precisamente por eso te llamo.

Me gustaría poder ayudaros.

Si me contaseis lo que tenéis, os puedo echar una mano.

Ya, pero en el interrogatorio no vas a poder estar.

Ya, pero Elías, no me puedo quedar fuera.

No se nos puede volver a escapar. No se nos va a escapar.

Eso es, precisamente, lo que quería escuchar.

Bueno, y tranquila que me las apañaré

para que, de alguna manera, estés presente.

Muchas gracias. A ti.

Hasta ahora.

Lo vamos a pillar y a encerrar.

Esa es una gran noticia.

Siempre que no te pase nada.

¿Pero qué me va a pasar, papá?

No me va a pasar absolutamente nada.

Que tengas buen día, hija. Tú también.

Chico, que yo no tengo un "kilo", estoy pasmado, déjame tranquilo ya.

Que yo no tengo dónde caerme muerto, compadre.

¡Que yo no puedo hacer eso!

Mira, te tengo que colgar.

Adiós.

-¿Qué tal, corazón? ¿Todo bien?

-Más o menos.

-¿Ha pasado algo?

-Estaba hablando con Cuba.

-¿Con Cuba, ahora? Pero si allí deben ser las tantas de la madrugada.

-Mi abuelita se enfermó y mi mamá está muy preocupada.

-Válgame, pero ¿es muy grave? -No.

No te preocupes.

Ella..., ella está bien.

Es una cosa que le dio hace mucho tiempo y ha recaído,

Pero es que en mi familia también son muy exagerados.

-Bueno, pues espero que se recupere la mujer pronto.

-No te preocupes.

Buenas, Soraya, ¿qué tal?

Un café bombón como siempre, ¿verdad?

-¿Como siempre?

Pero bueno, ¿desde cuándo te sabes tú los gustos de los clientes?

(MURMURA) -Se hace lo que se puede, jefa.

-De verdad que tú le estás pillando el tranquillo rápido a esto.

-Eso es porque he aprendido de la mejor profesora de Madrid.

-¡Venga, zalamero!

(SUSPIRA)

Si me lo llega a decir, lo preparo yo.

-Tú no estás aquí para servir cafés, hijo.

Tú estás aquí para cosas más importantes.

Tienes claro ya que se nos avecina una importante tormenta, ¿no?

porque con las ganas que le tienen en comisaría,

deben estar afilando los cuchillos. -Eso es.

Por eso ahora tenemos que mantener la cabeza bien fría.

-Usted no se preocupe.

-Me preocupo, Jairo, me preocupo y bastante

porque no nos lo van a poner nada fácil.

Yo, por lo menos, tengo al comisario Bremón

comiendo en la palma de mi mano y no va a permitir

que me aprieten más de la cuenta las tuercas,

pero contigo será otra cosa.

-Pero no se preocupe, don Fernando,

que me pueden apretar las tuercas lo que quieran,

no van a sacar nada. Y me sé sus truquitos.

¿Por qué se cree que tengo un hermano madero?

Usted dígame lo que tengo que repetir y lo repetiré como un loro.

-Muy bien, solo tienes que decir tres cosas:

una, no tienes ni idea de nada, nunca.

Dos, la ruta del sur solo sirve para transportar pescado, marisco,

fruta y verdura.

Y tres, a ese hombre tú solo lo conocías de vista, poco más.

¿Te ha quedado claro? -Clarísimo.

-Muy bien.

Seguramente intentarán pillarte.

Dirán que se han encontrado algo de droga en el camión

o que alguno de los nuestros ha confesado... Ya sabes.

-Pero tú como si nada, ¿eh?

O sea, tampoco tienes la obligación de responder

a todas sus preguntas, vas en calidad de testigo, nada más,

pero tampoco nos conviene desafiarlos más de la cuenta.

-Hay que... disimular un poquito.

Como si nos diese la risa por tenerlos aquí

cada dos por tres a ver si pillan algo,

"Hombre, Elías Guevara, qué sorpresa".

-¡Tampoco te pases!

¿De acuerdo?

Hay que ser inteligentes, no tontos.

Lo que tenemos que hacer a partir de ahora

es seguir trabajando como si no hubiese ocurrido nada.

En plan: (RESOPLA) "No me podía esperar yo

que el Leo estuviera metido en cosas tan chungas".

-Jairo, no nos conviene nada

hablar de ese hombre con tanta familiaridad.

-Ya. Vale.

-Confío en ti.

-Vale. Gracias por el café.

(Puerta)

¿Qué te pasa, mi amor?

Ahora eres tú quien recibe malas noticias por teléfono.

-Ya. Salima, que me ha mandado un mensaje.

(RESOPLA) -Y ahora a ver qué te ha dicho esa

para cambiarte la carita.

Con la sonrisa tan bonita que tenías tú esta mañana...

(LEE) -"¿Puedo volver al trabajo mañana

o me tengo que quedar en casa para no molestar?".

Oye, pero mira tú, qué simpática cuando quiere, ¿no?

-De verdad, encima que le doy un día libre, se cabrea.

-Mari, yo me siento..., yo me siento un poco mal.

-Desde que yo llegué aquí soy una amenaza para ella,

Piensa que yo le voy a quitar el trabajo.

Y, tal y como están las cosas, es normal que se sienta así

y esté un poco nerviosa, tú me entiendes.

-Un poco nerviosa, sí, pero no faltona.

Yo siempre la he tratado muy bien.

-Mujer, no te preocupes, olvídate de eso.

-No. La voy a llamar y a poner los puntos sobre las íes.

-No, no la llames, no. -¿Por qué?

-Porque no quiero buscarle un problema por mi culpa.

-¡Que no es por tu culpa!

-Mira, llámalo como tú quieras llamarle,

pero yo siento que me he metido entre ustedes dos, ¿entiendes?

Y lo último que yo quiero en la vida es romper tu relación con ella,

tu amistad.

No pelees con ella por...

¿Sabes? Por defenderme a mí.

-Eres muy generoso.

-Yo soy como soy, para lo bueno y para lo malo.

Y ahora, mira, vamos a centrarnos en el trabajo

que tenemos la terraza llena

y... hay gente que está esperando tremendo rato.

-La verdad es que, a veces, las apariencias engañan.

-¿El qué?

-Tengo que reconocer que...

alguna vez sí se me ha pasado por la cabeza que tú quisieras...

aprovecharte.

-¿Aprovecharme yo? ¿De ti?

-Yo qué sé, porque se oyen tantas cosas por ahí que...

(GRITA) -Los prejuicios, ¿no?

Creías que yo era un "jinetero" que venía de La Habana aquí

a estar de fiesta las 24 horas del día

y dormir 48, ¿no?

-Bueno... (GRUÑE)

Mari, a mí me gusta la fiesta y me gusta dormir,

pero... -Pero también sabes ser trabajador.

-¿Qué remedio? Llevo trabajando desde los ocho años, mi amor.

-Eres bueno, trabajador, honesto...

Chico, y encima, guapísimo. -¡Bueno, bueno, bueno!

Muchísimas gracias, mi amor, pero vamos a centrarnos,

que esta gente se nos va a ir

y hace rato que están esperando por el café.

-Que sí, que me voy a trabajar.

Buenas.

Mire, le voy a ir al grano.

Vengo a hablarle de Leonardo Sanabria.

Perdone, ¿de quién?

De uno de sus empleados.

Ah, sí, claro, ese pobre chaval.

Una desgracia lo que le ha sucedido, ¿verdad?

¿Quién se podía imaginar

que se hubiese enganchado de esa forma a la heroína?

Menos mal que no tuvo ningún accidente

ni ningún percance al volante, me hubiese metido en un buen lío.

Quiero que me acompañe a comisaría para hablar de su muerte.

(MURMURA) ¿En calidad de qué?

En calidad de testigo.

Pero no descarte hacerlo como investigado en algún momento.

Bueno, mientras eso no sea así,

yo preferiría responder a todas sus preguntas aquí,

Eso lo va a hacer en comisaría, ante un oficial

y con una cámara grabándole.

Está bien, está bien porque, si me niego,

os podríais presentar aquí con una orden de registro

y lo volveríais a poner todo patas arriba.

Luego tendría que contratar a una empresa

que lo pusiese todo en orden... En fin, un lío, ¿no?

Se supone que todo ciudadano tiene

que colaborar con las fuerzas del orden, ¿verdad?

Así es. Muy bien. Vamos cuando usted quiera.

¿Conocía personalmente a Leonardo Sanabria?

Leo, todo el mundo le llamaba Leo.

¿Todo el mundo? O sea, que le conocía.

Personalmente, no.

Hemos hablado con varios trabajadores

y todos coinciden en que usted hace personalmente las entrevistas.

Bueno, es lo lógico, ¿no?

Como usted comprenderá, tengo que entrevistarlos

antes de entregarles las llaves de un camión.

Pero de esa entrevista en concreto no...,

no recuerdo cuándo fue, ni siquiera qué aspecto tenía.

¿Cuántos trabajadores tiene en plantilla?

Unos 100, más o menos.

Y otros tantos autónomos que van y vienen

en función de cómo esté el negocio.

Si me sé sus nombres es porque vienen en las hojas de ruta,

pero no suelo hablar con la gran mayoría,

solo con alguno de vez en cuando.

Algunos de ellos, incluso, pasan meses fuera de Madrid

porque enganchan una ruta con otra.

Este negocio del transporte es así.

de que el señor Sanabria era consumidor de heroína?

(SE RÍE) ¿Cree usted que si llego a saber que es un yonqui

le doy unas llaves de un camión que lleva escrito mi nombre?

¿Y dónde piensa que pudo conseguir la heroína que llevaba?

No lo sé. En casa de un camello, supongo.

¿Qué pasa? ¿Le hace gracia el asunto?

No, mire usted. A mí lo que me hace gracia es

que cada vez que alguien comete un delito a diez kilómetros,

quien termina sentado en esta sala siendo interrogado soy yo.

En la cabina de ese camión que lleva su nombre escrito

hemos encontrado medio kilo de heroína.

¿Qué? ¿Eso también le parece gracioso?

No, claro que no.

¿Qué ruta cubría el señor Sanabria?

Algeciras-Madrid.

Se parece a la ruta que sigue la droga por el Estrecho.

Bueno, también se parece a la ruta que sigue medio Madrid

cuando vuelve de vacaciones en la playa.

Qué le vamos a hacer.

Vale, ¿y qué transportaba, según usted, el señor Sanabria?

Chirimoyas.

-¿Qué clase de pregunta es esa?

Que le pregunte quién le abastece de heroína

y dónde carga los camiones.

Que le diga que vamos a congelar la flota.

Es mentira y Quintero lo sabe.

Elías, si fuéramos a hacer eso, lo habríamos traído engrilletado.

Rober está muy blando, déjame... ¡Ya está bien, Guevara!

¿Eh? Ya está bien. Tengamos la fiesta en paz.

He accedido a que Alicia esté presente

porque me lo has pedido y no me ha parecido mal,

pero el operativo se ejecuta como yo digo.

¿Por qué ha querido que solo Rober le interrogue?

Porque quiero que Quintero esté lo más relajado posible.

A este tipo hay que darle más caña,

no se le saca información con caricias.

No podemos ser más duros porque no tenemos nada sólido contra él.

¿No se le puede dar más caña? Déjeme entrar.

Si entras, te vas a ir casa suspendido de empleo y sueldo.

El que se va a ir a casa es Quintero, a reírse de nosotros.

Elías, ya está bien, ¿eh?

A la próxima, te vas de aquí.

Y quiero que te quede clara una cosa:

aléjate de Quintero.

Estás fuera de este asunto, es una orden.

Ya está. Pero...

Cuando usted entrevistó a Leonardo Sanabria,

¿le dijo este que tenía antecedentes por menudeo de hachís?

Ya se lo he dicho,

no recuerdo muy bien ni cuándo ni cómo fue esa entrevista.

Dice usted que sus trabajadores van cambiando de ruta.

Sí, es lo más normal.

Espero que eso no sea ningún delito.

¿Por qué el señor Sanabria siempre cubría la misma ruta,

Pues no lo sé. Lo pediría él, supongo.

Lo que pasa es que, para ciertos cargamentos,

necesita a alguien de confianza, ¿no? ¿Eh?

Alguien que sepa mantener el tipo si le para la Guardia Civil de Tráfico.

Lo malo es que este le ha salido rana

porque se ha empezado a meter un poco de esto que transportaba.

Ya está bien, no estoy dispuesto a seguir aguantando esto.

Todas las ONG de este barrio saben perfectamente

la cantidad de dinero que dono en contribuciones

para la lucha contra la droga.

Transportes Quintero dona todos los años miles de euros

para luchar contra esta lacra.

-Ya está con su discursito. ¿Por qué no lo mandamos callar?

¿Por qué no te callas tú, Elías?

Bueno, pues todas las constantes vitales están en su sitio.

Tienes el pulso un poco alterado para estar en reposo

y la tensión podría estar más alta

para una persona joven y saludable como tú, pero nada alarmante.

Yo me siento como si me hubieran dado una paliza.

Me paso el día entero cansado. Tengo mareos, náuseas

y unos dolores de estómago tremendos.

Según he acabado en la ONG, me he venido para aquí.

-Has hecho muy bien. Vamos a esperar a la analítica,

pero vamos, parecen síntomas de ansiedad.

-¿Ansiedad? -Sí.

(SUSPIRA) -A ver, doctor, el experto es usted.

Pero estos dolores de estómago y que se me caiga el pelo...

Yo tenía ansiedad antes y no se parecía en nada a esto.

-¿Has tenido algún momento de tensión últimamente?

-Bueno, mi trabajo es estresante.

Y sí, hace poco me han hecho socio del bufete, mucha responsabilidad.

Pero es una de las cosas que yo más deseo en esta vida.

Además, me acabo de echar una novia estupenda.

-Has conseguido el trabajo de tu vida y estás enamorado.

Vamos, los ingredientes perfectos para tener una crisis de ansiedad.

Cuando sufrimos, la adrenalina nos tiene en pie.

Pero cuando se llega a la meta, nos derrumbamos.

-Esperemos a ver qué dicen esos análisis.

-Vamos a ver.

No te veo muy convencido.

Esto está documentado.

Te sorprendería la de gente que tiene una crisis de ansiedad

cuando le toca la Lotería.

-No digo que no, pero a mí eso no me soluciona nada.

¿No puedes recetarme algo que me alivie los síntomas?

-Un protector estomacal, si eso, de forma preventiva.

Bueno, mira.

Cuando lleguen los análisis te llamo, en un par de días,

-Vale.

-Si persisten los síntomas, te vienes a verme, ¿de acuerdo?

Y, si no, te pasas por Urgencias. No vaya a ser otra cosa.

-De acuerdo.

Pues gracias, doctor.

Nos mantenemos en contacto. -Cuídate.

¿Sí? -Hola, papi.

-¡Olga!

-Ya sé que no te gusta que te moleste cuando estás en el trabajo,

pero te tengo que decir algo. -Eso es.

Estoy trabajando, espero que sea importante.

No sé si podré atenderte. -Es bastante importante.

-¿Ah, sí? ¿Te encuentras bien?

-Sí, yo, sí, he venido por Quico.

-Ah, ¿qué pasa? ¿Ha empeorado su quemadura?

A ver, es que va a ser su cumpleaños

y creo que debería regalarle algo, pero no sé el qué.

(SE RÍE) -Sí, sí, sí, es muy importante.

-A ver, ¿me vas a ayudar o no?

Si alguien se queja, dile que estoy tratando una crisis nerviosa

de forma preventiva, ¿sabes? Eso cuela seguro.

Para mí sí que es importante y si dejas de hacer bromitas,

¿cuánto vamos a tardar? ¿Un minuto?

(SE RÍE) -A ver, venga.

Tú, cosas románticas, eso no te gusta:

collares, pulseras, anillos, corazoncitos...

Pues regálale algo práctico, algo que se ponga todos los días

y que así se acuerde de ti, no sé. Es deportista.

Unas zapatillas, una camiseta... Yo qué sé.

-Oye, pues me has dado una idea. -¿Sí?

-Sí, me has ayudado mucho, ¡eres el mejor!

-¿Te he ayudado? ¿Sí? Eh, oye, oye.

Que puedes venir cuando quieras, que para mí eres muy importante.

-Qué moñas eres. -¿Moñas?

¿Ha dicho moñas?

¡Lo que hay que oír!

Adela y yo hemos estado hablando

y, finalmente, se ha animado a poner una denuncia contra su marido.

-Me alegro mucho, Adela.

Has sido muy valiente.

-Lola me ha abierto los ojos.

-No, gracias a ti, de verdad. Eres muy valiente.

Hay muchas mujeres en tu situación

y, con lo que estás haciendo, también las ayudas a ellas.

Cada denuncia, cuenta.

Sabes que tienes mi número para todo lo que necesites, ¿vale?

-Ven conmigo. Te acompaño a la salida.

(SUSPIRA) -Muchas gracias, ¿eh?

"¿Adela y yo hemos estado hablando?". Yo también estaba en la sala.

-Eh... ¿A qué viene esto?

Deberías estar contenta, Elena. Esa mujer ha entrado muerta de miedo

y, finalmente, se ha animado a poner una denuncia

y sabiendo que no la vamos a dejar sola

y que vamos a cuidar de ella.

-Sí, y en todo ese tiempo, prácticamente,

ni se ha enterado de que existo.

-No te entiendo.

-Ya has oído lo que le ha dicho a Espe:

"Lola me ha abierto los ojos". ¿Y yo?

¿Que estoy, para poner cafés a las víctimas?

-No sé a qué viene este numerito.

-Viene a que me has tratado como una mierda.

-Me has mandado callar ante la víctima.

-Te he dicho con corrección que quizá no era el momento

de seguir haciendo preguntas protocolarias.

-En otras palabras: "Cállate, novata, que ya me ocupo yo".

-Mira, si has interpretado eso, lo lamento muchísimo.

No era mi intención, pero yo soy la responsable de lo que digo,

no de lo que tú interpretas.

-No, yo no estoy diciendo que seas responsable,

pero creo que no te costará mucho imaginar

cuando me has ninguneado delante de ella.

-Mira, Elena, quizá esto te suene un poco duro,

pero aquí, en estas cuatro paredes,

el cómo te sientes tú es totalmente irrelevante.

Lo importante es cómo se siente la víctima

y tú, con tus preguntas, le estabas haciendo sentir incómoda.

-He seguido punto a punto el Manual de la UFAM.

-Hay un punto que se te ha olvidado y es importante:

es fundamental empatizar con el sufrimiento de la víctima.

-¿Y cómo se hace eso?

-Pues escuchando, poniéndote en su lugar,

haciéndole ver que su caso es verdaderamente importante

y no tratándola como un número más de la estadística.

Esa es la única manera de que se abra contigo.

-En otras palabras, que la he tratado con frialdad.

-Pues un poco sí, Elena.

-Pues te aseguro que eres la última persona

que puede juzgarme por esto.

Porque es imposible tratar a nadie con más frialdad

que la que estás teniendo tú conmigo.

-¿Qué le pasa a Elena?

-No tengo ni idea, pero vamos,

yo a este chica nunca la había visto tan nerviosa.

Siempre con los nervios templados, tanto que a veces parece un robot.

Un robot muy eficaz, todo hay que decirlo.

-Sinceramente, para tratar con víctimas de violencia de género,

ser un robot no ayuda absolutamente nada.

-Pues sí.

¿Qué? ¿Descansando un poquito? ¿Eh?

Eso de lamerle el culo a un poderoso tiene que ser agotador.

¿Tú qué hablas?

o se lo vas a llevar a Quintero en bandeja de plata?

Mira, Elías, relájate un poco

que se te está hinchando la vena del cuello.

No te preocupes por mi vena, preocúpate por tu dignidad,

que la has perdido hoy en el interrogatorio.

¿Que Bremón te ha leído la cartilla y te ha entrado el miedito?

Pasa que no me dejo llevar por mis emociones, no como tú.

¿Qué emociones ni qué niño muerto?

Mira, que Bremón, para evitar líos, me saque a mí del interrogatorio,

vale, pero que tú te comportes como un pardillo...

Córtate un poco, Elías.

Si teníais a Quintero a punto de caramelo

y le has dejado irse con una sonrisa.

¿Qué a punto de caramelo? Si no estaba ni detenido.

Pues mucho mejor para ti, ¿eh? Ni grabadora ni abogados.

Le podías haber apretado las tuercas a placer.

Claro, porque es a lo que se dedican los policías,

a apretar las tuercas.

Mira, Elías, si no te gusta cómo interrogo,

me lo dices con respeto y punto y luego ya veré yo lo que hago.

Te aviso que estoy perdiendo la paciencia contigo.

Pues mejor que la tengas porque te va a hacer falta

si quieres llegar a ser inspector y el camino que llevas lo veo chungo.

Sí, no como tú, que no has pasado de oficial, ¿eh?

Sí, yo la cagué, pero bien.

Pero nunca he dejado escapar a un delincuente

para cubrir a un amigo o a un hermano.

Mira, repite eso, Elías. Venga, repítelo.

Alguna razón tiene que haber para que seas tan blando con Quintero.

Si no te lo ha indicado Bremón, ¿por qué es?

Mira, Elías, no vuelvas a meter a mi hermano.

Tu hermano se metió solito cuando se puso a trabajar con un narco.

No está demostrado y, aunque así fuera,

¿qué tiene que ver mi hermano en eso?

Si mi hermano es solo un machaca.

Pues que venga y nos lo cuente en comisaría

y, a ser posible, que le interrogue otro.

Elías, sabes que si mi hermano estuviera metido en algo de drogas,

Serías incapaz de verlo aunque lo tuvieras en tus narices.

No eres tan profesional, te dejas llevar por los sentimientos.

Si me dejara llevar, te habría pegado un galletón

que estarías recogiendo tus dientes del suelo.

¿Se puede saber qué os pasa?

Este, que yo no sé si está empezando a beber otra vez

o que está chocheando. Ni una cosa ni la otra.

Solo me dejo llevar por la lógica del caso.

Cuando se nos escapa un sospechoso una y otra vez por los pelos,

siempre pensamos que hay un topo que le da la alerta.

Y ese topo puede ser tu hermano. Elías, que no te aguanto.

¿Qué haces, Alicia, vienes conmigo? Espera, no te vayas así.

¿Podéis dejar de comportaros como dos gallitos

y hablar las cosas tranquilamente?

Yo también creo que deberíamos hablar con Jairo.

¡Tú cállate, que ya has hablado bastante, Elías!

A ver, Jairo se pasa el día entero en el muelle de Quintero

y vive contigo.

Tarde o temprano, alguien va a sumar dos más dos

y va a querer interrogarlo. ¿Por qué no lo hacemos nosotros?

Bremón me acaba de decir que puedo colaborar en el caso.

Pues me alegro mucho.

Rober, vamos a hacer lo que te acabo de decir.

Está bien, me voy a traer a mi hermano a comisaría

Pero a este le quiero ver bien lejos,

que mi hermano no está acusado de nada.

Vale.

(RESPIRA FUERTE)

-Para, tío.

Que te vas a hacer una hernia discal como sigas haciendo el ejercicio así.

¿Cómo te pones tanto peso aquí?

-Pues para ponerme cachas pronto, tío.

-Pero para eso se necesita

un porcentaje de grasa corporal de menos del 10 %.

Y eso, en 15 días, no lo consigues.

Y menos si te lesionas haciendo el ejercicio mal.

-Entonces, ¿qué tengo que hacer?

-Mira, sé que no te va a gustar, pero debes revisar la alimentación.

-¿Alimentación? ¿Pero qué dices? Si yo como normal, chaval.

-Y menos peso.

-Los que te permitan hacer el movimiento sin arquear la espalda.

Ni uno más.

Y menos máquinas de ejercicios aislados

y más ejercicios de "body weight". -¿Más qué?

-"Body weight".

Tu propio peso corporal:

sentadillas, planchas, abdominales, "burpees"...

Yo te hago una rutina, no te preocupes.

-Rutina es, precisamente, lo que le sobra.

Rutina de estar todo el día tumbado jugando a la "Play", ¿verdad?

-Di lo que quieras, pero de aquí a seis meses

me vas a ver un pack aquí que vas a alucinar.

-A mí me gustas así, blandito, mullidito,

que tenga dónde agarrar...

Jairo, ¿vienes un momento?

¡Ay, Dios mío! ¿Qué pasa?

Necesito que vengas conmigo.

¿Adónde? ¿No ves que estoy entrenando?

¿No podemos hablar en casa?

Ni después ni en casa, debe ser ahora y en comisaría. Espabila.

-En comisaría, ¿por qué? ¿Qué ha pasado?

Estamos solucionando un asunto de Transportes Quintero

y preguntamos a los trabajadores.

-Muy bien, pues nada, vamos para allá.

Pero espera, que me tengo que duchar. Pues venga, vamos.

¿Me vas a limpiar el culo o qué?

Jairo, mira, me tienes contento últimamente.

Y te digo una cosa, si me tienes que decir algo, dímelo aquí.

No tengo nada que decirte. ¿Qué te voy a tener que decir?

Espérame aquí y no me sigas. Venga.

Quintero siempre se va de rositas,

pero a Jairo seguro que lo podemos pillar en algún renuncio.

Bueno, eso si sabe algo, suponiendo que haya algo que saber.

Claudia, ¿estás de broma?

La presunción de inocencia no es ninguna broma.

Además, no sé por qué te empeñas en este asunto

cuando Bremón te ha dejado claro que estás fuera del caso.

Pero puedes convencerle. ¿Por qué iba a hacer eso?

Porque Batista no puede llevar este caso de un modo profesional.

Ojo, que no digo que sea mal policía, es estupendo,

pero es que no puede ser imparcial

a la hora de interrogar a su propio hermano.

Te recuerdo que Jairo no está ni detenido ni acusado

y ni siquiera declara en calidad de testigo, ¿vale?

Es un ciudadano que colabora con la autoridad, punto.

Bueno, los dos sabemos que si tiene algo que decir,

yo se lo puedo sacar mejor.

Y, además, de hecho... ¿Qué?

Sabes que yo no soy un chota,

que odio hablar mal de los compañeros.

Pero lo vas a hacer, así que ahórrame el tiempo

y suéltalo ya. Es que no quiero que la cague.

Yo creo que Rober piensa lo mismo, que su hermano está pringado

y que no puede evitar encubrirle.

¡Te estás pasando de frenada, Elías!

¡Una acusación así no la puedes hacer! ¿En qué te basas?

¿Te acuerdas de la última intervención

que hicimos en Transportes Quintero? Como para olvidarme de ese ridículo.

Pues aquel soplo me venía de un confite de mucha confianza.

Alguien tuvo que decírselo.

Sí, Jairo trabaja para Quintero y vive en casa de uno de los policías

que iba a hacer la redada. Blanco y en botella.

¡Blanco y en botella no es un argumento jurídico!

¡No puedes acusar a un compañero,

no vuelvas a acusar a uno sin pruebas!

Está bien, olvida lo que he dicho, pero habla con Bremón

y consigue que esté en el interrogatorio

porque Rober no va a conseguir nada de su hermano.

Mira, bastantes problemas tengo como para meterte en un caso

en el que la vas a pifiar.

Muchas gracias por tu voto de confianza, compañera.

pero cada vez que Quintero se te cruza en el camino,

¡Porque tengo mis razones!

¡A ver, lo que tú tienes es un odio irracional contra ese hombre!

Mira, si te hubiera hecho lo que me hizo a mí,

también lo tendrías tú.

Yo nunca le he contado esto a nadie, ni siquiera a ti, Claudia.

¿Qué pasó?

¿Tú te acuerdas cuando me suspendieron de empleo y sueldo?

Estaba solo, arruinado y..., y borracho como una cuba.

Sí, había tocado fondo.

Pero todo eso está superado, no entiendo

qué tiene que ver Quintero en todo esto ni a qué viene.

Una noche,

en el cruce de Villaverde, decidí meterme en un bar andaluz

que se llamaba..., La Barca, se llamaba.

¿Te acuerdas? Sí, estaba al lado de la carretera.

¿Qué?

Pues yo llevaba toda la tarde bebiendo,

me había quedado sin un duro y...

decidí ir a un bar donde no me conocieran.

Al entrar dije que era policía para tirarme el pisto,

a ver si me invitaban a una copa.

Y funcionó.

Pero, cuando pedí la segunda, no.

Sí, y mira que hice de todo:

les rogué, les amenacé, les imploré...

Pero..., pero nada.

Hasta que entró un tipo y dijo que sí,

que él me invitaba a una copa,

pero que antes me tenía que poner a cuatro patas y ladrar.

No.

Era Quintero.

"Si no ladras como un perrito, no hay regalito".

Me miraba todo el mundo, Claudia.

Ojalá pudiera decirte que no lo hice.

Dios mío.

Todo el mundo se reía de mí.

Pero a mí me daba igual, yo solo quería esa copa,

necesitaba esa copa como el respirar.

Y me puse a cuatro patas.

Desde que no bebo y estoy sobrio, no hay una sola noche que...,

que no me acuerde de eso.

María no está. -No vengo a ver a María.

-Mira, yo no quiero meterme donde no me llaman, pero

ese mensajito que le enviaste hoy está muy mal, oíste.

-A ver, eh, reconozco que a veces soy un poco bruta,

pero, al menos, soy sincera.

No como tú, que vas de cariñoso, pero eres un falso.

-¿Por qué te empeñas en que nos llevemos mal?

-Mira, corta el discursito que a mí no me camelas.

Y a María tampoco la vas a camelar durante mucho tiempo.

¿Pero tú qué quieres? ¿Llevarte todo su dinero?

-¿Pero qué dinero estás hablando Tú no sabes lo que...

Mira, no me formes eso delante de la gente.

-Mira, ¡lo sé muy bien!

Porque tú eres un mangante.

-Vuelve otra vez con el tema de los 100 euros.

¡Que ya apareció el dichoso billete debajo de las cajas!

¡Déjalo ya! -Mira qué oportuno.

No sabes tú ni "na".

Se ve que estás muy acostumbrado a hacer eso.

-¿El qué? -A robar.

Y a inventarte excusas para cuando te pillen.

Pero tranquilo, que se te va a acabar el chollo muy rápido.

-De chollo, nada y de robar, tampoco.

Reinaldo está aquí para trabajar, igual que tú

y se merece un respeto, igual que tú también.

Así que si has venido solo a insultarle, ya te puedes ir.

-¿Me estás echando? -No.

Te estoy diciendo que aproveches tu día libre

para tranquilizarte y relajarte un poco,

que se ve que te hace falta.

-Ya, te pones de su parte.

Con todo lo que yo he hecho por ti y por La Parra.

-Mucho.

Y te lo agradezco en el alma.

Pero eso no te da derecho a insultar a mi amigo

que, además, es tu compañero.

-Sí, a compañerismo no le gana nadie.

-Vamos a ver, Salima, ¿tú tienes algún problema que no me has contado?

¿Pasa algo con Eugenio?

-Con Eugenio está todo bien.

Ojalá todos los hombres fueran como él.

-Bueno, pues entonces

te aconsejo que te relajes un poco, ¿vale?

Desconecta del trabajo.

Seguro que te va a venir bien.

Te quiero de vuelta, pero con otra actitud, ¿eh?

-Mira, María.

Yo me siento muy mal por esto. -Pues peor me siento yo,

que tengas que pasar por todo esto y aquí, delante de los clientes.

Que te ha montado el numerito.

Voy a invitarlos a una tapa por las molestias.

-Me parece bien. María.

A mí me da pena.

Pero tú vas a ver cómo todo se soluciona

y va a volver a ser como al principio.

-Ya, si...

-Salima va a entrar en razón y tú vas a ver cómo ella entiende.

-Ya.

Si lo de Salima se va a arreglar,

pero lo que más me preocupa es lo tuyo.

He vuelto a hablar con el asesor y...,

y me ha dicho que no van a estar, por lo menos, hasta dentro de un año.

-No pasa nada.

(Móvil)

Muchas gracias por venir, Jairo. No te robaremos mucho tiempo.

Siéntate, por favor.

Supongo que no te importa que te grabemos.

No, claro que no. Mi perfil bueno es este.

Jairo, tómatelo en serio, ¿vale?

¿Conocías a Leo Sanabria?

A Leo Sanabria sí, claro que lo conocía,

es un compañero, bueno, era, del trabajo.

Pero no lo conocía mucho, un camionero más de los que hay.

¿Qué relación tenías con él?

Lo acabo de decir, ¿no estás escuchando?

Apenas teníamos relación.

Ese tío estaba siempre de viaje, además.

Hemos registrado su camión y hemos encontrado la droga.

Y no estamos hablando, precisamente, de un par de papelinas.

Leo era mucho más que un yonqui.

Era un traficante en toda regla.

Pues yo es que de esto no sé qué deciros

porque no tengo ni idea, o sea que...

¿Desde cuándo trafica Quintero con heroína?

¿Quintero con heroína?

¿Qué me estás contando, tío?

Quintero trafica con frutas y verduras.

A ver si te informas.

La inspectora Miralles quiere hablar contigo.

Elías, estoy en mitad de un interrogatorio.

Cuando acabe, voy. Quiere hablar contigo ahora.

Ya me quedo yo aquí.

Rober, ve.

No te preocupes, Elías y yo nos encargamos.

(Puerta)

¿Cuánta heroína lleváis en los camiones

y cómo hacéis para esconderla?

-¿Esto va en serio?

-¡Mírame cuanto te hablo, chaval!

-No sé de qué me hablas, por eso no te puedo mirar.

Me voy a reír y es de mala educación.

-Se te quitarán las ganas en la cárcel.

Elías.

¿Has notado movimientos extraños en el muelle de carga?

-A ver, ¿os pensáis que Quintero está usando sus camiones

para subir droga desde Algeciras?

-No lo pensamos, lo sabemos.

-¿Y por qué no lo han detenido?

Porque cuando lo hagamos queremos que le caiga una buena condena.

Medio kilo de heroína nos sabe a poco.

-Jairo, te estamos ofreciendo la oportunidad

de que colabores y te quedes fuera de esto.

Pero tienes que aprovecharla ahora o te vas a caer también.

-Aquí el único que se ha caído eres tú, tío, de un guindo.

Te han dado un golpe, estás delirando.

-¡Chaval! Elías, siéntate.

Mira, Jairo, esto va en serio.

Vamos a acusar a Quintero de narcotráfico a gran escala

y es un delito muy grave.

Se va a pasar una larga temporada en la cárcel.

¿Quieres verte envuelto en algo así? -No estoy envuelto en nada.

La mercancía de esos camiones es legal

y, puesto que no estoy detenido, me voy a pirar

porque este señor me da mal rollo, es un tío peligroso.

-Aquí el único loco que hay eres tú,

que te vas a hundir por taparle el culo a un traficante.

¡Que te vas a arrepentir, Jairo!

Hola, ¿cómo estás?

-Pues no sé, un poco mejor,

pero he ido al médico y me he quedado igual que estaba.

-Ah, ¿y eso?

-Me voy a sentar, ¿vale?

Me encontraba fatal antes,

al salir de la ONG.

Y como tenía el Centro de salud al lado, me he acercado.

-¿Y qué te han dicho?

-Tonterías. Que si el estrés, la ansiedad...

Me han recetado un protector gástrico, ya ves tú.

Tenías razón, no me ha servido de nada ir al médico.

-Ya veo el caso que me has hecho.

¿Tan mal te he cuidado?

Pero tampoco te quiero tener de enfermera las 24 horas del día.

Además, por preguntar no se pierde nada, ¿no?

-El tiempo. -Sí, eso, sí.

Y más que voy a perder cuando vaya a por los análisis.

Total, para que me digan que no tengo nada,

que son los nervios, seguramente.

-O sea que te has hecho análisis y todo.

-Sí, de sangre y orina.

-Para descartar, qué sinvergüenzas.

Seguro que en el laboratorio les dan un plus por encargar más pruebas.

-Yo que tú no iría ni a recoger los resultados.

-No sé ni cuándo estarán.

-En fin... Haz lo que te dé la gana.

-Parece que te molestara que haya ido al médico.

¡Eh! -Mira, Sergio.

No me vengas con mimos ahora, ¿eh?

-¿De verdad te has enfadado por no hacerte caso con el médico?

¿Elena? -Tengo mucho trabajo.

Supongo que tendrás cosas que hacer, ¿no?

(SUSPIRA) -Haz lo que quieras. Hablamos cuando tú lo veas.

-Sergio, espera, espérate.

Es que he tenido un día un poco...

He tenido bronca con una compañera.

-¿Qué pasa? -Nada.

Pero se me ha quedado el cuerpo un poco raro

y no sé, con esto que me has dicho

es como que tengo la sensación de que no valoras mis consejos.

-Pues no pienses eso, no es verdad.

-¿Hacemos algo esta noche? ¿Vamos al cine?

-Bueno, a ver cómo estoy esta noche.

Pero vernos, nos vemos seguro.

-Sí, por favor.

Necesito estar contigo.

-Te llamo luego.

-¿Qué mirabas?

-¿Yo? Nada.

-He visto que nos estabas mirando. ¿Tienes algo que decirme?

-No tengo nada que decirte, ¿y tú? ¿Tienes algo que decirme?

Te noto un poco tensa.

-Me pones tensa tú con esa cara de dar lecciones que tienes.

La próxima vez miras para otro lado,

que mi vida personal no es asunto tuyo.

-Si no quieres que nadie te vea,

no te pongas a discutir delante de todos, en la sala, con tu novio,

cosa que es bastante poco profesional.

Y aprovecho para recordarte que me trates con más respeto

dado que tú aquí todavía estás en prácticas.

Bueno, por fin podemos relajarnos un poco

después del día tan movidito que hemos tenido hoy, ¿no?

-Pues sí, sí, la verdad es que sí.

Pero estoy preocupado, si le digo la verdad.

-¿Cómo no nos dimos cuenta de que estaba enganchado el Sanabria este?

-Seguramente Leo estaba jugueteando con esa mierda y...,

y, como no tenía mucha experiencia, se le fue la mano

Pero sí, tienes razón, es para preocuparse.

A partir de ahora creo que tenemos que controlar mejor a la gente.

-Yo pienso igual. De esta nos hemos librado,

pero la Policía nos tiene muchas ganas

y yo no tengo ninguna de volver a pasar numeritos como el de hoy.

"La madera" viniendo a por mí delante de mi novia.

-Sí, sí, sí, sí.

Lo sé y te entiendo, no sabes cuánto.

-Yo creo que con que supiera un 10 % de lo que he hecho,

no me volvía a hablar en la vida.

-¿Te he dicho alguna vez

que la mujer de mi vida me dejó cuando me metieron en la cárcel?

-Pensaba que se había casado después de cumplir la condena.

-Sí, sí, me casé, tienes razón, pero con otra

que lo único que quería de mí era mi tarjeta de crédito y mi dinero.

Y si me casé con ella fue para olvidar a esta,

a la mujer más importante de mi vida, a la que más he querido,

a la que más he amado.

A la que, cuando éramos jóvenes,

me dejó cuando entré en el talego.

-A mí me da una rabia cada vez que tengo que engañar a la Paty.

Se lo juro, me sangran las encías de la impotencia.

-Tendrás que irte acostumbrando, porque eso es lo que hay.

-Pues qué guay, ¿no? "Dabuti".

-Es muy duro ver que tú estás ahí dentro, encerrado,

y la mujer a la que más quieres está fuera,

odiándote con todo el alma

y no puedes hacer nada para recuperarla.

En ese momento es cuando...,

cuando te terminas viniendo abajo, cuando te desmoronas

y no encuentras fuerzas para poder seguir adelante.

-Calle, que no quiero ni imaginármelo, la verdad.

-Bueno, pues imagínatelo.

Y piénsalo bien, Jairo.

Piensa, porque eso es lo que te va a mantener alerta.

A partir de ahora, y te lo he dicho mil veces,

no podemos cometer ni un solo error.

Tú no quieres perder a Paty

y yo tampoco quiero perder a una persona muy importante

que acaba de aparecer en mi vida.

-¿Qué me dices, jefe? ¿Se ha enamorado usted?

(SE RÍE) -No, hombre, no.

No estoy yo para esas tonterías ahora, no.

Se trata de algo mucho más importante para mí,

pero bueno, en definitiva,

viene a ser lo mismo.

Esa persona no puede saber ni quién soy

ni cómo soy porque, si lo supiese,

se alejaría de mí para siempre, así que...

nos toca fingir, fingir toda la vida.

Hijo, ese es nuestro destino.

-A veces pienso si no sería mejor tener una vida normalita,

un trabajo honrado, aunque te partas piernas

y cuando llegas a casa, por la noche,

no tienes que engañar a nadie, que inventarte nada,

-Venga, venga, venga, venga.

No te veo yo a ti teniendo un trabajo honrado,

de esos, como tú dices, ¿eh?

¿Te ves tú levantándote a las seis de la mañana

todos los días y pegándote una panzada de trabajar

para cobrar 1000 euros miserables?

Vamos, hombre, ¿a quién vas a engañar?

¿Tú crees que a Paty le gustaría eso?

-Pues...

Pues no.

No creo.

Un fracasado no le gusta a nadie.

-Pues por eso mismo, hijo.

Tienes que tomar una decisión.

Tienes que decidir dónde estás, qué quieres.

¿Quieres tener una vida honrada, pero de mierda

o quieres tenerlo todo?

¿Tener éxito,

aunque para eso tengas que estar mintiendo siempre

y mirando hacia atrás para ver si alguien te está siguiendo?

Porque las dos a la vez te aseguro que no se puede.

-No, yo lo tengo muy claro: mi sitio es este.

Y si, llegado el momento, no soy capaz de engañarla más

o lo que sea,

pues, doliéndome mucho, lo dejo con ella.

-Tranquilo, hombre, tranquilo.

Por ahora no es necesario

que cortes con ella ni hagas nada de eso.

Tú confía en mí, ya verás cómo a mi lado te va a ir todo muy bien.

-Muchas gracias, don Fernando.

Se está portando como un padre conmigo.

-Ven aquí.

Eso será porque tú eres como un hijo para mí, Jairo.

Y, en definitiva, eso es lo más importante en la vida,

las relaciones entre padres e hijos.

No lo olvides nunca.

-Pues sí, toda la razón.

-Descansa.

(Puerta)

Así que Miralles tenía que hablar conmigo en ese momento, ¿no?

¿Te has vuelto así de capullo hace poco

o es que no me he dado cuenta y ya lo eras?

¿No eras tú el que me decía hoy que me tranquilizase un poquito?

¿Y qué? ¿Qué le has sacado a mi hermano?

Le has tenido que sacar mucha información, ¿no?

No me digas que se ha derrumbado y te ha contado que es Al Capone.

No... Has resuelto el caso.

No, no ha declarado nada, no ha dicho nada.

Se ve que Quintero le tiene bien aleccionado.

Pero bueno, da igual que confiese.

La cagada de Leo Sanabria no van a poder taparla

por mucho que disimulen.

Mira, Elías, primero te empeñas en que traigamos a mi hermano,

luego me "puenteas" con Miralles para que me saquen de la sala,

te metes y haces el ridículo y encima vas acusando sin pruebas.

¿Pero tú de qué vas, tronco?

Háztelo mirar. No, háztelo mirar tú.

Tienes al enemigo metido en casa.

Quintero es un narco y tu hermano su mano derecha.

Es difícil que no esté al tanto de lo que se cuece.

Elías, no voy a consentir que pagues tus paranoias con mi hermano.

No tengo nada contra ti mi contra Jairo,

si ni le he detenido. ¿Qué vas a detener?

¿Qué pruebas tienes, en qué te basas?

Le estoy dando la oportunidad de que hable ahora, de que confiese

y salga bien parado. Lo tiene bien fácil.

Solo tiene que decir que Quintero lo tiene amenazado,

lo que supongo que será verdad, y que cumplía órdenes.

Alegar un miedo insuperable es un eximente.

¿Y le vas a decir tú a mi hermano lo que tiene que decir?

Quiero ayudarle. Gracias por tu ayuda,

pero te la metes por donde te quepa. Muy bien, cabréate lo que quieras.

Pero mira, ayudar a tu hermano te va a traer serios problemas.

¡El que me trae problemas eres tú!

Eres el peor compañero que se pueda tener.

Tío, vas por ahí ensuciando mi nombre

y, encima, me acusas de encubridor.

Venga, Rober, los dos sabemos

que cubriste a tu hermano con lo de los televisores.

Eso es un golpe bajo.

Aquello fue una tontería, esto es una cosa muy gorda.

Sabes que mi hermano no haría una cosa así,

que está en mi casa, centrado, que no tiene un pavo.

La clase de tipo que no se gasta el dinero en tonterías

para llamar la atención.

Y vivir en tu casa es un chollo, pero de los gordos.

Es como escanear la frecuencia de la Policía.

Claro, porque como soy gilipollas,

según entro por la puerta, le cuento los operativos.

No, yo a ti no te acuso de nada.

Pero alguna manera tendrá Quintero de enterarse

que le vamos a hacer registros.

Ten cojones en decir que fui yo quien le contó algo a mi hermano

y te parto la cara, Elías.

Dame un motivo para partirte la cara, por favor.

Mira, no tienes ningún motivo para venir a por mí.

Sabes que solo intento portarme como un profesional.

Mira, Elías, la profesionalidad te la dejaste en los bares.

Eso es un golpe bajo, Rober. No, esa es la pura verdad.

Es lo que pone en tu expediente, ¿no?

Pero si tienes un montón de faltas. Ni te acuerdas.

¿Qué tiene que ver todo eso con Quintero?

Que sabes que le vamos a trincar Alicia y yo

y eso te revienta, no puedes con eso.

¿No te parece más fácil mi explicación, eh?

Que sabes que tu hermano está pringado y no quieres verlo.

O lo ves y no quieres que lo vean los demás.

Como nos sigas echando mierda, es lo último que haces.

Te lo advierto.

Mira, si quisiera echar mierda,

ya hubiera tirado de lo de Fito y los televisores

y en unos minutos tu hermano estaba aquí, detenido.

A ver si tienes cojones, detén a mi hermano.

No quiero porque me caes bien. Pienso que eres un buen policía.

Pero también creo que tu hermano está "pringao".

¿Y sabes qué más creo?

Que tú piensas lo mismo que yo.

Mira, Elías, cuando se demuestre lo contrario,

me vas a pedir perdón, pero de rodillas.

Por estas que me lo vas a pedir.

Sabes lo que tienes que hacer, ¿no?

Muy bien.

Pues quiero que te pongas con ello inmediatamente.

-Tranqui, esto para mí es pan comido.

-En cuanto lo tengas, lo quiero en la mesa de mi despacho.

-Lo único que me intriga es que hayamos quedado aquí

y no desayunando en La Parra. -Ya. Quería hablar contigo a solas.

-Nada, nada, si no es por ti, es por mí.

No eres la persona adecuada para juzgar objetivamente a Jairo.

Alicia, si yo tiro a un lado, él tira al otro.

Lleva días sembrando dudas de la inocencia de mi hermano.

Nos pagan por sospechar, no por creernos lo que nos cuenten.

Claro, y más si viene de Jairo, ¿no? No se puede hablar contigo.

¿Y qué va a ser lo siguiente?

¿Apartarme del caso para que se lo quede él?

Es eso lo que está buscando.

Rober, si no quieres entender que Miralles quería hacerte evitar

el interrogar a tu hermano, no entiendes nada.

-Venía a poner una denuncia. Me han robado la cartera.

-¿Te acuerdas del sobre que recibí hace días en el bufete,

-Dijiste que era una notificación,

pero me fijé que te pusiste demasiado nervioso.

De hecho, te lo remarqué después.

-Esto es lo que recibí en el sobre.

-Pues mira, esto ya es otra cosa.

Si tenemos suerte,

podremos extraer las huellas e investigar quién ordenó el envío.

-Ojalá fuera todo tan fácil con Jairo.

-Pero si eras tú la que decías el otro día

que estabas como flotando con él.

-Sí, el otro día.

Damos un paso para adelante y tres para atrás.

Soy tu novia, tío.

Sabes que puedes confiar en mí para lo que sea.

Si hay algo que te preocupa, cuéntamelo, por favor.

Laura, ¿tienes un momento? -¿Ahora? Me están esperando.

Es que no sé qué le pasa a mi móvil,

pero cuando navego por la red, hace cosas raras.

No sé si será un virus o algo.

Batista, quedas fuera del caso.

A partir de ahora, está en manos de Elías y Alicia.

Eres parte implicada en el caso

y eso no beneficia a la investigación.

Cualquier error daría al traste con el operativo.

¿Habéis montado un operativo? Eso es todo lo que tienes que saber.

Le he hecho ver al juez que necesitamos saber

si el fallecido transportaba la droga por sí mismo

o si formaba parte de una red de tráfico

organizada por Quintero.

La novedad es que, por primera vez,

el juez ha autorizado las escuchas al móvil de Quintero.

Enhorabuena.

Y no solo al de Quintero,

también vamos a pinchar el de Jairo.

-Yo sé cómo están tus familiares ahí, en Cuba y...,

y a ellos les vendría muy bien

que tú tuvieras un puesto de trabajo fijo

con papeles, todo en regla...

-Los papeles, por vía legal

Incluso más que un año. Yo no tengo ese tiempo, mi amor.

-Tú sabes que yo estoy divorciada, ¿no? Te lo conté.

-Sí, algo me dijiste en Cuba. -Yo podría casarme contigo.

  • Capítulo 128

Servir y proteger - Capítulo 128

31 oct 2017

Los policías creen que tienen pillado a Quintero. Sergio, que cada vez se encuentra peor de salud, decide visitar al médico. Elena se preocupa pues teme que su plan contra el abogado se malogre. Salima sigue enfrentada a Reynaldo. María se siente entre la espada y la pared con ese tema.

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    Capítulo 132 07 nov 2017 Alicia ha descubierto el más terrible secreto sobre su vida: es hija de Fernando Quintero. Sergio continúa secuestrado por Elena, que está a punto de cumplir su venganza. Jairo comienza a ten...
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    Capítulo 131 06 nov 2017 La inspectora jefe Miralles es la policía más veterana de la comisaría del Distrito Sur. La inspectora Alicia Ocaña se incorpora a la comisaría. Ambas son el eje en torno al que...
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    Capítulo 122 19 oct 2017 Tras descubrir que es el padre de Alicia, Quintero se muestra amable con la inspectora pero ella, ajena a la verdad, continúa su tensa relación con él. Quintero devuelve el bolso bandolera a ...
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