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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 127 - ver ahora
Transcripción completa

porque si no Marcelino lleva las de perder.

O te digo que quiero tener hijos, o cortas conmigo.

-No es un ultimátum, no quiero que cambies de opinión.

No quieres tener hijos y no te voy a obligar.

-Tal vez cuando llevéis más tiempo juntos...

-Estoy mirando lo de la inseminación artificial.

-No me siento preparado para asumir tal responsabilidad.

Y vas a renunciar a la mujer que quieres

por una convicción racional.

Si eres de los que se acojonan ante los retos, mejor dejarlo.

-¿A qué viene este cambio de opinión? -Creo que por primera vez en mi vida

le he dedicado un tiempo a pensar en serio en la idea de ser padre,

y sí.

Esto era de mi madre, ¿por qué lo tienes tú?

Lo llevaba el día de ese maldito accidente.

Quiero que sepas que siempre estaré ahí,

que mis puertas van a estar abiertas para ti, para lo que sea.

-¿De dónde lo has sacado?

Quintero. Lo sabía.

Desde el accidente la tuvo él, por eso no la encontrabas.

Pero bueno, ¿qué haces aquí?

Si ayer hablábamos por teléfono y estabas en Cuba.

-En el aeropuerto internacional José Martí de La Habana.

-Pero bueno. -¿No te alegras de verme?

Las cosas están chungas "pa" un recién "llegao".

-Ya te lo he dicho, mientras tú estés feliz.

Además, el tío es muy cachondo, muy "salao".

-Es buena gente.

-¿Ustedes qué hacen aquí?

-Si solo queremos ayudarte.

-Mira, grábate esto en la cabeza: "No os quiero ver más", ¿oíste?

-¿El qué? -El billete de 100 euros.

-María, él lo ha cogido.

-Vamos a ver, Salima, tranquilízate un poco.

-Por mi caballero que no he "cogío na".

-Ya, encima de ladrón, mentiroso.

-A ver, si yo no creo que vosotros vayáis rápido.

Digo que nosotros vamos a paso de tortuga.

-Tía, a lo mejor no le gusto lo suficiente.

Para, para.

-¿Qué pasa? ¿He hecho algo? ¿Estás bien?

-Pensé que no iba a salir viva de ese zulo.

-Si te llega a hacer algo.

-Pero mi madre lo impidió. -Los tiene bien puestos, ¿eh?

Ahora no la miraré con los mismos ojos.

-¿Y a mí me mirarás igual después de saber lo que me pasó?

-Olga, escúchame, ahora me gustas todavía más.

No tengo prisa, Olga,

así que cuando creas que estás preparada,

-¿Has oído lo de: "La belleza es peligrosa,

pero la inteligencia es letal?"

-Einstein.

Tú tienes las dos cosas.

Eres lista, preciosa.

¿Significa eso que estoy en peligro contigo?

-Puede ser.

-Me duele todo el cuerpo.

Llevo aguantando todo el día, pero no puedo más.

Lo siento pero necesito acostarme.

-Será un placer cuidar de ti.

¿Sabes que estuve a punto de estudiar Medicina?

-Menudo cuerpo se hubiera perdido la Policía.

-Oye, ¿has ido a ver hoy a Isabel?

Vale, yo me pasaré mañana.

Claro que sí, mamá, no hay que perder la esperanza.

(Música emocionante)

Hombre, qué sorpresa.

¿Qué haces aquí?

Ese broche era muy querido por Carmen.

-No hace falta que me lo recuerdes.

-Lo sé, precisamente por eso se lo he dado a Alicia,

porque sabía que Carmen querría que se quedase en vuestra familia.

-Tú no sabes nada

de mí, ni de Carmen, ni de mi hija.

Deja ya de meterte en nuestras vidas.

¿No tienes suficiente con lo que nos has hecho?

-Verás, yo entiendo que me sigas culpando de todo

si eso te hace sentir mejor,

pero sabes bien que yo no tuve nada que ver con la muerte de Carmen.

Es más, sabes que he podido sentir su pérdida tanto o más que vosotros.

-¿Más que nosotros?

-Mira, Marcelino, no me voy a poner a medir mi dolor contigo.

Se lo devolví a Alicia porque creí que le ilusionaría tenerlo, nada más,

y porque ya no tengo ninguna razón para seguir ocultando

que lo tenía en mi poder.

-¿Sabes? Lo que sí te reconozco es tu valentía

para seguir molestándonos con los recuerdos de Carmen.

-No te equivoques,

yo nunca he tenido intención de molestarte,

ni ahora ni antes.

Es más, pensaba que Alicia no te iba a decir nada de este tema,

pero te lo ha dicho.

Eres tú el que viene a buscarme aquí.

Desde que mis negocios vuelven a estar en tu bufete

sabes que no he vuelto a poner ni un pie allí.

-Eres cliente de Sergio

y espero que puedas resolver todos tus asuntos,

porque no quiero saber nada de ti ni de tus negocios.

-Todavía no me explico cómo llegaste a cambiar de opinión

para admitirlo en tu bufete.

-Eso no es asunto tuyo.

-¿Seguro, Marcelino?

-Deja a mi familia en paz.

Y esto,

puedes quedártelo.

Para mí ese objeto solo representa engaño y dolor.

-¡Ya está bien, maldita sea, estoy harto de escucharte!

¡Ahora vas a ser tú el que me vas a oír a mí!

Pero ¿cómo te atreves a presentarte aquí, en mi empresa, en mi casa,

para darme lecciones de moral?

¡Tú, a mí! ¿Quién demonios te crees que eres?

-¿Yo? -¡Sí, tú!

-¡Yo soy el marido engañado al que no dejas pasar página!

¡Carmen murió,

así que sal de nuestras vidas! -Pero ¡Alicia está viva, maldita sea!

Tú y yo sabemos por qué no puedo pasar página.

Sí, Marcelino, sí,

no me pongas ahora esa maldita cara de imbécil.

Alicia es mi hija

y lo sabes perfectamente.

Es sangre de mi sangre.

¿Por qué no se lo has dicho todavía?

¿Eh?

¿A qué estás esperando, Marcelino?

¿Quién es aquí el inmoral?

¿Por qué te crees que sigo teniendo tanta paciencia con ella?

¿Por qué te crees que sigo aguantando uno y otro?

¡Todos sus ataques!

Porque es mi hija,

y estoy dispuesto a hacer lo que sea por ella.

-Ah, ¿sí?

¿Estás dispuesto a hacer lo que sea por ella? ¿Igual que por tu hijo?

¡Esas pruebas genéticas no significan nada!

¡Alicia es mi hija!

¡Y no voy a permitir que me la quites,

igual que hiciste con mi mujer!

-Ah, ¿sí? ¿Qué vas a hacer? ¿Me vas a pegar?

¿Me vas a matar? ¿Tú a mí?

-Don Fernando, ¿todo bien?

-No me pongas a prueba.

Esto no va a quedar así.

-Mira, en eso te doy la razón, Marcelino.

Esto no se va a quedar así.

-¿Necesita que haga algo? -No, Jairo, no, gracias.

Esto es solo un asunto personal y tengo que solucionarlo yo.

-Llevo llamándote desde anoche.

-Espero que no fuera urgente.

He apagado el móvil, estuve indispuesto.

De hecho, aún me estoy recuperando, he venido a firmar unos contratos.

-Si se trata de otra estrategia, no te va a funcionar.

La rabia que tengo no se me pasará de un día para otro.

-¿De qué estás hablando?

-Eres un miserable, un mentiroso, y no tienes palabra.

-Si me explicas de qué va todo esto, a lo mejor te puedo ayudar.

-Lo que quiero es que recojas y te largues de aquí.

-A ver, ¿qué ha pasado?

Cuéntame.

-Mira, me da igual perder clientes,

pero no quiero volver a verte en mi bufete.

-Lo siento mucho, Marcelino, pero esto no funciona así.

Tenemos un contrato.

-¡Que tú has roto!

-No, no lo he hecho,

y, ¿de qué estás hablando?

-Quintero sabe que Alicia es su hija.

-Ah, eso.

Entiendo que debe ser doloroso,

pero por otra parte, es algo que no se puede cambiar.

-Ya me has oído, coge tus cosas y desaparece.

-No perdamos los nervios, Marcelino.

Nuestro contrato sigue vigente, nada ha cambiado.

El anexo privado hacía referencia a que Alicia no debía enterarse.

No decía nada de Quintero.

-Mira, no sé a qué estás jugando, pero no me voy a quedar quieto

mientras tú y Quintero me destrozáis la vida.

-No sé cómo se ha enterado Quintero, pero yo no le he dicho nada.

-¿Se supone que tengo que creerte?

Tú y yo éramos los únicos que conocíamos esa información.

-Quintero tiene sus propios métodos.

Igual que lo averigüé yo, podría hacerlo él.

No le infravalores.

-Buenos días.

¿No has hecho café, tío?

Prueba tú, para variar.

Pero si no queda, hermano.

Oh, qué misterio, ¿eh?

¿A quién le tocaba ir a comprar esta semana?

A ver si me da tiempo esta tarde.

O sea, esta semana me tomo el café en el bar, ¿no?

Toma, cómete unas galletas.

Es lo único que hay. Algo habrá que desayunar, ¿no?

Muchas gracias.

¿Qué te pasa, Jairo?

¿Estás así porque no has dormido con Paty?

No dormí con Paty porque salí muy tarde y llegué a las tantas.

Además, el que no duerme con Alicia eres tú.

Alguna noche sí se queda aquí conmigo.

No es lo mismo,

pero después del infarto del padre, entiendo que no quiera dejarlo solo.

Qué maduro, te tomas las cosas con deportividad. Me gusta.

Pues sí, más sabiendo que se va a acabar en un mes.

El padre de Alicia se casa, y digo que se irá a vivir con su mujer.

Por eso entiendo que el problema se acaba.

Sí, bueno, como no se calme, no llega a la boda.

Le va a dar otro jamacuco.

¿Por qué dices eso?

cuando terminé anoche escuché gritos en el despacho de Quintero,

entré a ver y estaba el viejo de Alicia "supercabreao".

Estaban a esto de llegar a las manos.

¿En serio? Si no es por mí se "canean".

¿Y pillaste por qué discutían?

No, porque Marcelino se calló cuando me vio entrar

y Quintero no me dijo nada. Son cosas personales, tío.

Espero que lo arreglen por las buenas,

porque si no Marcelino lleva las de perder.

Todavía se está medicando para recuperarse del infarto.

¿Esto tienes que estudiar?

Pues no, mira, eso justo no.

Eso son las asignaturas en las que me puedo matricular.

Derecho, Antropología, Psicología, Sociología, Medicina, Estadística.

¿No es mucho "pa" ti, hermano?

En Criminología algo de experiencia tengo, ¿o no?

Y en Derecho también.

Entre las oposiciones y las veces que fui al "juzgao",

ya tengo un montón de leyes y terminología legal.

¿Y Estadística?

Ahí me pillas.

En Matemáticas era un poco zoquete, sí.

Un poco zoquete dice, eras muy zoquete.

¿No recuerdas que mamá no te mandaba recados porque te timaban el cambio?

Sí, tú cachondéate, pero con que me quede esa,

me doy con un canto en los dientes.

Si solo te queta esa, montamos una fiesta que arde Troya.

Ya ves. Un Batista universitario.

Bueno, tú, me piro al curro.

No te digo "na", acuérdate de comprar el café.

Ya está bien, no perdamos más tiempo con este asunto, Marcelino.

Además, estás perdiendo la perspectiva de lo que importa.

Alicia no lo sabe.

-Querrás decir que aún no lo sabe. -No te pongas en lo peor.

-Es cuestión de tiempo, y Quintero decidirá cuándo y cómo decírselo.

-Bueno, si quieres podemos pensar algo para presionar a Quintero

y obligarle a guardar el secreto.

-¿Podemos?

No hay ningún nosotros, Sergio,

y quiero que hagas tu camino lejos de mí.

Dios, fui imbécil cediendo a tu chantaje.

-Chantaje,

qué palabra más negativa.

Yo más bien diría que firmamos un acuerdo

entre dos partes con intereses comunes

y libertad para hacerlo.

-Fuera de aquí.

No quiero que vuelvas a pisar mi bufete. ¡Largo!

-Sabes que llevas las de perder, Marcelino.

Si salgo por esa puerta, enciendo el ventilador y aireamos el asunto.

-¿Cómo te atreves?

-Soy socio de pleno derecho en este bufete.

Así lo pone en el documento que firmamos los dos.

Si necesitas revisarlo, te invito a que lo hagas,

pero yo no me voy a ninguna parte.

Cuanto antes lo asumas, mejor para todos.

-Pero ¿cómo puedes ser tan despreciable?

Me prometiste que Alicia jamás se enteraría. Ese era nuestro trato,

de modo que respeta tu palabra.

-La palabra dada no tiene ningún valor frente al papel firmado

y tengo un documento en el que figuro como socio de este bufete,

así que no le des más vueltas, socio.

-Haré lo que sea para sacarte de aquí de una vez

y pagues por eso.

-Imposible, así que como socio y colega, insisto.

Si quieres que pensemos en algo para solucionar tus problemas,

te puedo ayudar.

Se me da muy bien esto de las extorsiones.

-No quiero nada de ti.

Eres un indeseable,

de modo que largo.

-No te voy a dar esa satisfacción,

socio.

-Salima ya debería estar aquí.

¿Y si se ha "enfadao" y no vuelve más?

-No te preocupes, mujer, todo se soluciona.

-Sí, pues no sé cómo.

Lo de anoche fue muy desagradable.

-Hola. -Sí.

-Hola, Ramón.

-La cosa se puso calentica.

Mira que yo intenté calmarla pero nada.

Me parece que esa muchacha me ha juzgado y condenado

con solo verme entrar por la puerta, María.

-Pues yo os aprecio mucho a los dos. Necesito que os llevéis bien.

-Si yo lo he intentado.

He sido amable, sociable. He sido un compañero.

Pero ella no me deja, María.

-Tú también tienes que entender que...

Salima ha estado llevando este negocio sola mucho tiempo.

Y lo ha hecho muy bien, por cierto.

Es normal que ella quiera seguir haciendo las cosas como le gustan.

¿Tú no podrías mostrarte un poco menos...?

Un poco menos de iniciativa. Hacer lo que ella te diga y ya.

-Si tú me conoces, María. Sabes que soy una gente sabrosa.

Yo me llevo bien con todo el mundo, mi amor.

-Bueno pues, ahora lo importante es arreglar las diferencias.

Aunque bueno...

como no aparezca, poco vamos a poder arreglar.

-Lo que quiero verte es tu sonrisa.

-Perdón por el retraso. -Buenas.

-Es que cuando he salido de casa

me olvidé la cartera y tuve que volver a buscarla.

-No pasa nada. ¿Estás más calmada?

Lo de anoche fue muy feo.

-Sí, sí que lo fue.

Y no he pegado ojo durante toda la noche.

María, era un billete de 100 euros. Es que yo lo vi.

-Mira, niña, yo solo te digo que no tengo nada que ver con eso.

-Bueno, vamos a ver. Seguro que la explicación es muy sencilla.

Pero tú no puedes acusar a un compañero así.

Bueno.

Yo me tengo que ir a hablar con el asesor

a ver cómo va lo de los papeles de Reinaldo. ¿Me puedo ir tranquila?

-Sí, claro que puedes. -Sí, cariño. No te preocupes.

Hasta luego, bomboncito.

-Ponedle un café a Ramón.

-González, ¿dónde están los contratos que debía firmar

con los hermanos Velárdez?

-No sé. Me pareció entender ayer que no eran tus clientes.

De hecho ¿no dijiste que ibas a salvar el negocio?

¿Que estaba todo atado y bien atado? -Así es.

Solo falta el trámite de la firma.

-El trámite. -Sí.

-Pues lo siento, pero no te puedo ayudar.

-¿Has dado orden a los pasantes de que me saboteen en esto?

-¿Cómo iba a hacer yo algo así?

¿Desde mi humilde posición?

Nadie querría ponerse en contra a un abogado

socio de pleno derecho como tú.

-Pues resulta que ninguno ha tenido tiempo de preparar los contratos

como los pedí. Parece ser un error en la transmisión de las órdenes.

-Esas cosas pasan. -Ya.

Qué casualidad que pasen justo con esa cuenta, ¿no?

-No seas tan duro contigo mismo. Llevas muy poco tiempo aquí.

Los comienzos siempre son difíciles. -¡Basta de juegos, González!

El bufete quedará fatal si no estamos listos para la firma.

-Es una manera de verlo.

-Yo diría que el que va a quedar como el culo eres tú.

Después ya entraré yo a salvar la situación, el mediocre González.

El hombre gris en el que los Velárdez llevan confiando más de 10 años.

-Eso no va a pasar. -No, claro.

Porque un abogado brillante como tú va a tener tiempo de sobra

para redactar los contratos desde cero antes de la firma, ¿no?

-Esos contratos ya estaban redactados.

-Sí, por el mismo abogado que has querido ningunear.

Me afectó tanto que me dejaras fuera que borré la carpeta con esa cuenta.

-No sabía que tuvieras tan mal perder.

-Pronto veremos qué tal perder tienes tú.

-Tendré los contratos a tiempo.

Por el bien del bufete.

-Viendo tu aspecto cualquier cosa que prepares en el rato que queda

será una chapuza llena de errores. Los Velárdez se van a cabrear.

Tal vez te compense mandar a hablar con ellos a su abogado de siempre.

Por el bien del bufete.

-Eres un mierda, González. Esto no va a quedar así.

-¿Qué pasa? ¿Un mal día?

Ni me ha dado ni los buenos días. -Ni caso. Me tiene envidia.

-Ya. Por ser más guapo, joven y con más pelo, ¿no?

-Por ser mejor abogado.

Me está intentando hacer la cama. Pero va listo.

-Estás sudando, Sergio. Tienes pinta de necesitar acostarte.

Creo que no te has librado todavía de la intoxicación, ¿eh?

-Me duele todo el cuerpo. Creo que tengo fiebre.

No puedo permitirme enfermar un día como este.

No puedo darle ese gusto a González.

-Bueno, tú sabrás.

Pero si llegas a la noche, cuenta conmigo para ayudarte.

-Tampoco quiero abusar. -No seas tonto.

Si yo lo hago encantada.

(Pasos)

Perdón. Acaba de traerlo un mensajero.

-Gracias. ¿No dicen de parte de quién?

-No. -Gracias, Miriam.

-De nada.

-Pareces extrañado. -No esperaba nada.

-¿Qué pasa? ¿Malas noticias?

-Sí. Cosas del trabajo. Una notificación.

Hoy son todo problemas.

-Si cada vez que recibes un documento se te queda esa cara...

tienes un trabajo muy estresante, Sergio.

Bueno, yo te dejo. Nos vemos luego, ¿vale?

-Vale.

¿Qué? Por otro caso bien resuelto.

¿Has visto lo satisfecho que estaba Bremón?

Bendita estadística.

Ahora que lo voy a tener que estudiar para la universidad

igual le pido que me eche una mano. Porque de otra cosa no,

pero de estadística sabe un "puñao", ¿eh?

Me encantaría ver una clase particular.

A Bremón como profesor y a ti como alumno.

Mejor profesora eres tú que él, ¿no?

No creo que él fuese a repasar contigo en la cama.

¿Qué pasa?

Nada, que casos como este me dejan mal cuerpo.

Está claro que nosotros tenemos que hacer nuestro trabajo.

Y los culpables acabarán cumpliendo condena.

Pero ¿en qué ayuda esto al barrio?

En nada, ya lo verás.

Un trabajador que curra para la misma familia

30 años y lo dejan en la calle con condiciones de mierda.

Le robó, pero es que ellos le han robado a él toda una vida.

Y los 365 días al año trabajando para ellos.

Si en vez de buscar métodos para reventar

una caja fuerte, hubiera buscado salida laboral

a esos se les hubiera caído el pelo.

Ellos ya tienen lo que les robó y él en la cárcel.

No sé para qué lo hemos celebrado, ahora me siento mal.

No todo el mundo puede permitirse un abogado

o no todo el mundo cree que puede permitírselo.

Está claro que no podemos mirar para otro lado.

Sabiendo quiénes son los culpables. Debemos hacer nuestro trabajo.

Y tu padre, ¿cómo está?

Bien. Sin novedad.

Por nada. Por saber.

¿Esa es tu manera de pedirme que pase esta noche contigo?

A ver, estoy deseando que pases la noche conmigo.

Pero no es eso. Me ha contado mi hermano que ayer estuvo

en el despacho de Quintero. ¿Mi padre?

Tuvieron una buena discusión y casi llegan a las manos.

Pues no me había dicho nada.

Porque sabe que no te parecerá bien que le busque las cosquillas

a Quintero cuando se está recuperando.

¿Puedes encargarte tú del papeleo del robo?

Claro, pero me va a llevar toda la tarde.

Así practicas. Ahora que entrarás en la universidad

tienes que acostumbrarte a escribir.

Vale. Ya encontraré otra forma de cobrarme el favor.

Seguro que sí. Gracias.

Que no, un amigo mío sabe del tema, me ha dicho que pasemos de manuales.

De verdad que ni blogs ni mandanga, que al final te haces un lío.

-Ya, pero tener algo de información tampoco creo que venga mal.

-Un niño no es un ordenador. Es una experiencia.

Claro, cada uno vive la experiencia de forma diferente.

Creo que lo que hay que hacer es eso, vivirla.

-Ya. O sea que a ti mañana te ponen un recién nacido en los brazos

y tú a vivir la experiencia.

Me estás diciendo que sabrías qué hacer sin preparación previa.

-No. Lo que te digo es que está en nuestro ADN, ¿sabes?

No podemos evitarlo.

Mira a tu alrededor, hay auténticos mastuerzos criando niños.

No puede ser tan difícil. -Muy bien.

Me quedo mucho más tranquila.

-Te propongo un plan.

¿Qué tal si dejamos de preocuparnos por lo que vendrá después...

y nos centramos en la parte divertida?

-Pues tienes razón. No sé qué hacemos aquí tomando un café

pudiendo procrear como locos.

-¿Lo has hecho alguna vez en unos lavabos?

-¿De un bar de menú?

Ni de coña. No pienso contar a mi hijo que fue concebido

en los baños del bar La Parra. -Perdóname.

Los baños del bar La Parra son los más limpios de España.

Desde que María sufrió la campaña esa de difamación por Internet

se ha vuelto muy estricta con el tema.

-Que no cuela.

-Voy a pagar y nos vamos. -Vale.

-¿Me he perdido algo?

-Eh... no. Bueno, que volvemos a estar juntos.

-Ya, eso me ha parecido.

Pero ¿me vas a explicar qué significa exactamente?

¿No vais a discutir por lo de tener hijos?

¿O lo vas a posponer?

-No. Tengo más ganas que nunca.

-No lo entiendo.

-Pues en vista de que había que perpetuar la especie

qué mejor que hacerlo con la genética de un ser atractivo

e inteligente como yo. -(RÍE)

Ya. Y en tres generaciones la modestia desaparecerá del planeta.

Bueno. Sea como sea, me alegra mucho por vosotros.

-Si es que teniendo a mi lado a la mujer perfecta

cómo voy a desaprovechar la oportunidad.

-La mujer perfecta se va al baño.

-¿Te acompaño? -Ni se te ocurra.

-Me encanta verla así de feliz.

Espero que lo hagas durar, ¿no, Martín?

-Don Fernando, ¿qué pasa? ¿Ha dicho que quería verme?

-Sí, quería verte. Por fin estás aquí.

-¿Por fin? Ayer terminé a no sé qué hora con los frigoríficos.

Mi turno empieza en 15 minutos. -¡Me da igual cuándo terminases ayer!

¡Tenemos un problema muy serio! Uno de los nuestros la ha cagado.

-¿Qué ha pasado? -Pues que anoche de madrugada

parece ser que encontraron a uno de los nuestros en el baño

de un restaurante de carretera muerto por una sobredosis.

¡Eso ha pasado!

-Bua. Vaya cagada.

-Se supone que nuestros conductores tienen que estar limpios

para transportar la mercancía sin tener tentaciones.

Pero está visto que la hemos cagado y bien.

-¿Quién ha sido?

-Leo Sanabria.

-¿Leo Sanabria?

¿El encargado de la ruta de Algeciras?

Uno de ellos, vamos.

Un tío un poco nervioso,

pero no tenía pinta de estar enganchado.

-¡Me importa una mierda la pinta que tuviese ni cómo fuese!

¡Por su culpa tenemos un serio problema!

-Vale, bueno.

¿Qué llevaba el camión? -¡Yo qué sé, Jairo!

Eso deberías saberlo tú que para eso te pago.

-Tranquilo, don Fernando. Dice que fue ayer, ¿no?

Si fue ayer no hay de qué preocuparse.

porque tenía que recoger la carga en Algeciras y no le dio tiempo.

No tenemos por qué tener mayor problema.

-Espera. En el último recuento faltaba mercancía, ¿verdad?

-Sí, faltaba. ¿Por qué?

¿Cree que la pudo robar él? -No lo sé.

Pero parece que tiene todas las papeletas.

Desde luego no era mucha cantidad, pero...

sí bastante, suficiente como para que fuese de autoconsumo.

Está claro que Leo estaba trapicheando con nuestra mercancía.

No sería el primero que intenta traicionarme.

-Entonces tenemos que encontrar el camino antes que la policía.

-Imposible, ya es tarde para eso.

Se lo han llevado. Si han encontrado al conductor muerto por sobredosis,

Jairo, ¡ten cabeza! Dentro de nada los vamos a tener husmeando por aquí.

Con todos los problemas que tengo encima con la policía

solo me faltaba una cagada como esta. -Vale, vale.

¿Qué podemos hacer?

-No lo sé. Déjame pensar.

Verás. Vamos a cortar las comunicaciones a partir de ahora.

¿De acuerdo? Hasta que yo lo diga, hasta nueva orden,

solo vamos a transportar mercancía legal. ¿Te queda claro?

Nada de mercancía sospechosa, ni de mercancía complicada.

¿Bien? Díselo a todos nuestros hombres.

Otra cosa muy importante: No quiero que nadie hable de este tema.

Ni por teléfono ni en la empresa, ¿queda claro?

-Totalmente, don Fernando. Delo por hecho.

-Está bien. Jairo, espera.

También quiero que hagas una cosa.

Tienes que estar muy atento a cada paso que dé la policía.

Necesito que vigiles a tu hermano. Atento a lo que haga y diga.

Porque tenemos que ir por delante de ellos, si no la hemos cagado.

¿Bien? -Bien.

Cualquier cosa que me entere se lo diré corriendo.

-Vale. -¿Algo más?

-No, nada más. Yo voy a darle el pésame a la novia

y a ver si puedo averiguar algo más antes de que llegue la policía.

Está claro que si estaba trapicheando con nuestra mercancía,

alguien tenía que estar ayudándole. ¡A ese tenemos que encontrar!

¿Vale? Para encargarnos de él. ¿Te queda claro?

-Me queda muy claro, don Fernando. Tranquilo, paso a paso.

A ese tío lo vamos a encontrar. -Venga, al lío.

-Oye, ya estoy terminando de pelar las manzanas para la compota.

Si no hay más comandas, me gustaría poder ayudar en algo.

-Muy bien. Puedes limpiar los aseos.

-Está todo lo que necesitas en el cuarto de la limpieza.

-¿Tú quieres que vaya a limpiar los baños?

-Sí, ¿algún problema?

Aquí no viene nadie a limpiar los aseos.

El bar lo mantenemos limpio entre los que trabajamos en él.

Pero ¿qué te creías?

¿Que trabajar en hostelería es pasar el día de risas con los clientes?

-Mira, chica, me estás colmando la paciencia.

No sé qué te pasa a ti conmigo.

Primero me acusas de ladrón

y ahora me mandas a limpiar la mierda de los baños. ¿Esto qué es?

-No me saques el tema del billete porque sé que tengo razón.

Si no quieres limpiar, no limpies.

Pero acuérdate de decirle a María que lo ponga en tu contrato.

"No se le pedirán tareas ingratas".

Seguro que por ser tú, no te lo tiene en cuenta.

-Yo ya sé lo que te pasa a ti.

Ese huevo quiere sal.

Sí, tú estás celosa.

De que tenga un tigre como yo a su lado cada noche en su cama.

-Venga, por favor. Tú estás flipando.

-Entonces, ¿por qué te comportas así?

¿Por qué no me tratas como un compañero

y no como enemigo, chica? -Porque no eres compañero de trabajo.

Eres una sanguijuela que le va a chupar

hasta la última gota de sangre a mi jefa

aprovechando su gran corazón. Pero a mí no me engañas.

-Que yo no quiero engañar a nadie, y mucho menos a María.

-Por favor, si se te ve venir de lejos.

Y la prueba es la diferencia de edad.

-¿Qué tiene de malo eso?

Entre ella y yo no hay muchos años de diferencia.

¡Ja! Y yo que pensaba que la sociedad española

era abierta y moderna.

Parece que hemos vuelto a la inquisición.

-No me desvíes el tema.

-¿Y si fuera al revés?

¿Y si María fuera un hombre mayor que viene de regreso del crucero

con una jovencita caribeña?

-No intentes liarme que sé muy bien lo que me digo.

Conozco tus intenciones.

Y ella lo haría si no estuviera coladita por ti.

Mira, si yo fuera un jeta, como bien has dicho tú

me hubiera buscado a alguien con más dinero, más rica, ¿entiendes?

-Sí, pero será porque no se te ha puesto a tiro.

María tiene un negocio que funciona y quieres quedártelo.

Es la única explicación. -Yo no quiero quedarme nada.

-Quieres quedarte con mi trabajo. -No quiero quedarme con tu trabajo.

Pero te voy a confesar una cosa, niña: que no te soporto.

-¡Que no me llames niña ni a María, bombón!

-¿Todo bien por aquí?

-Como en la playa, cariño. -Sí, muy bien.

-¿Seguro? -Seguro.

Ha llamado el proveedor de los refrescos, viene esta tarde.

Decía que venía mañana, pero le he dicho que ni hablar.

-Bueno, ahora mismo, es lo que menos me importa.

Reny, he estado hablando con el asesor, por lo de tus papeles.

Y me lo ha pintado muy negro.

Me ha dicho que no se atreve a darme plazos,

pero que la mayoría de sus clientes han tardado meses

en terminar con el trámite.

-No pasa nada.

Todo está bien, María.

Muchas gracias por todo.

Por intentarlo y todas las molestias que te has tomado.

De verdad, te lo agradezco.

Voy a limpiar el baño antes de que entren más clientes.

-Qué pena me da no poder ayudarlo, joder.

Con todo el esfuerzo que está haciendo por quedarse.

Hola, hija.

Hola, ¿qué haces en casa?

He ido al bufete y me han dicho que estabas aquí.

¿Te encuentras mal? No, estoy perfectamente,

pero he preferido traerme el trabajo a casa.

No soportaba el ambiente allí.

Desde que está Sergio en el bufete, todos son problemas y broncas.

Maldita sea la hora que lo hice socio del bufete.

La verdad

es que todavía no consigo entenderlo.

¿Tanto te compensaba económicamente?

Alicia, lo hice y punto.

Desgraciadamente no hay marcha atrás.

Y tampoco quiero ahondar en el tema,

tengo mucho trabajo y lo último que necesito

es traerme el tema de Sergio a casa.

Vale, como quieras.

Pero me gustaría hablarte de otro asunto.

Y no quiero que rehúyas el tema.

¿Qué asunto?

Quintero.

¿Por qué fuiste a verle, papá?

Ya...

Ya veo que las noticias vuelan.

No te lo habrá dicho él, ¿no? ¿Qué pasa? ¿Charláis todos los días?

No. Y no la pagues con el mensajero.

¿Por qué fuiste? Sabes que no te hace bien.

Acabas de sufrir un infarto. No entiendo qué sacas con esto.

Tenía un buen motivo para ir a verle.

¿Cuál?

Fui a verle por el broche de tu madre.

Ya.

Tenía que haberlo guardado mejor.

Si tanto te molesta, se lo devuelvo y punto.

No hace falta, ya lo he hecho yo.

Al menos me lo podrías haber consultado.

Alicia, no hacía falta.

Papá, no quiero que arriesgues tu salud.

Si tanto te molestaba, habérmelo dicho

y se lo hubiera devuelto.

Cuanto menos contacto tengas con él, mejor.

Yo tampoco quiero que tengas contacto con él.

Cualquier asunto que tengas que hablar con él, lo haré yo.

No quiero que me trates como si estuviera impedido,

por favor.

Soy bastante mayorcito ya para resolver mis asuntos.

Yo también lo soy y te recuerdo que estamos en el mismo barco.

(Suena un móvil)

"Alicia, ¿puedes volver a comisaría?"

¿Ya te has cansado del papeleo? Si no llevas nada.

"Deja lo que estés haciendo y ven, que es importante."

¿Qué ha pasado? "Un golpe de suerte."

Dame al menos un titular. "Tenemos algo contra Quintero.

Vente pitando y te lo cuento." Vale, enseguida voy.

¿Buenas noticias? Eso parece, me tengo que ir.

Papá, no quiero tratarte como un impedido

ni hacerme cargo de tus asuntos.

Lo que quiero es que te tomes las cosas con calma.

Con un susto ya hemos tenido suficiente.

Vale.

-Bueno.

¿Qué te pasa hoy que no te he visto sonreír en todo el día?

-Nada, que ando con dolores de cabeza.

Luego he quedado con Antonio,

a ver si me receta algo más fuerte que el paracetamol.

-Y esos dolores de cabeza, no tendrán que ver con Reny, ¿no?

Dime la verdad que hay confianza.

¿Por qué eres tan dura con él?

-¿La verdad?

A ver...

Pues que creo que está aquí solo para sacarte los cuartos.

María, le pasó a Trini. La camarera del mercado.

A ver, se marchó de viaje y a la vuelta se trajo

colgado del brazo a un jovencito y fue su ruina.

-Yo no me he traído colgado del brazo a ningún jovencito.

Yo a Reny lo conocí en La Habana, nos hicimos amigos...

-¿Amigos?

-Sí, bueno, íntimos.

Ha venido a estar conmigo. ¿Es tan difícil de entender?

-Para nada. Igual que le pasó a Trini.

El chicho no paró hasta que lo puso todo a su nombre

y luego se buscó a una más joven.

La historia de siempre:

el jovencito recién llegado que engatusa a la madurita.

-Oye, que no soy tan mayor.

-María, sabes a lo que me refiero.

-Sé a lo que te refieres, pero no llevas razón.

-Ah, ¿no? -No.

-Pues yo creo que solo busca desplumarte.

Y cuando lo consiga, a otra cosa, mariposa.

-A ver, que Reny no es así.

Que es una buena persona.

No te digo que sea el amor de mi vida, pero...

¿cuándo me han dado gato por liebre?

-Cuando me haya sacado del bar, ya veremos.

-Vamos a ver, Salima. ¿Cómo puedes decir eso?

Si sabes que confío ciegamente en ti.

Que te dejé a cargo de mi negocio todo este tiempo. ¿O no?

-Ya. Pero cuando tengas que elegir entre él o yo...

-Es que no quiero tener que elegir entre él o tú.

¿Por qué no le puedes dar una oportunidad?

-Porque no me fío.

-A ver, cariño, yo sé que lo has pasado muy mal en la vida.

Y que es muy difícil para ti fiarte de los hombres.

Si todavía me acuerdo del cerdo de Óscar.

-No me lo recuerdes,

porque él también me llamaba "bombón", ¿sabes?

-Eso no convierte a Reny en un aprovechado.

Sé que le llevo unos años, aunque tampoco muchos.

Pero soy mucho más mayor que tú y la experiencia es un grado.

Por eso sé que Reny no me engaña, que lo que siente es verdadero.

Si no te fías de él, por lo menos confía en mí, ¿no?

-Ojalá tengas razón.

-Ya estoy aquí.

-¿Qué tal?

-¿Me has echado de menos? -Yo siempre.

¿Qué me traes? -¿Qué te traigo? Mira.

Explícame qué le dan de comer a los tomates, que están así.

Parece que se van a reventar.

¿Qué es esto? No es normal.

-Bueno, María, debería irme al centro de salud.

-Sí, vete tranquila.

Y mañana no hace falta que vengas, Salima.

-Quiero que te tomes el día libre.

No te preocupes, no lo descuento de las vacaciones.

-Pero... -Ni pero ni peras, Salima.

Que quiero que te tomes un día libre.

Vete por ahí, date una vuelta, vete al cine...

Haz lo que quieras pero, por favor, relájate, ¿vale?

Porque creo de verdad que necesitas desconectar.

-Tú estarás contento. Parece que vas ganando.

-¿Y por qué me ha dicho eso? -No le hagas caso.

A ver si mañana, en su día libre, se le despejan las ideas.

-Hola.

-Estaba ya a punto de escribirte. Tía, no me cuentas nada.

-¿Nada de qué?

-No te hagas la loca, que bien que me sonsacaste.

Cuéntame, que me ha dicho Quico que quedasteis.

-Sí, quedamos. -¿Y?

¿Te has lanzado ya? ¿Le has dicho que estás preparada?

¿O seguís con manitas y besitos?

-Bueno, un poco de las dos.

-¿Y eso qué quiere decir? Tía, no te pillo.

-A ver. Yo me lo llevé a mi casa sabiendo que mis padres no estaban

y nos lanzamos a saco.

Pero fue un desastre.

Tenías razón, me lo tengo que tomar con calma.

-Olga, eso es normal. Las cosas así de chungas

no se olvidan tan fácil.

¿Qué pasó? ¿Cómo fue?

-Pues estábamos enrollándonos en el sofá

y me vino de repente a la cabeza el asesino de la máscara.

-Dios mío, qué mal rollo.

-Sí. Fue como volver a tenerlo delante, ¿sabes?

Me empezó a entrar un asco de que Quico me tocase...

Y de verdad, tía, me muero de ganas de estar con él.

-Ya. -Pero no pude.

-¿Qué vas a hacer? Podrías volver a terapia, quizás te ayuda.

-A ver, la próxima vez ya estaré mentalizada.

Me avisaron de que esto podía pasar.

Hacía tanto tiempo que no pensaba en eso, que no estaba preparada.

-Ya. Y Quico, ¿qué?

¿Le contaste por qué no podías?

-Claro. Si no, hubiese flipado.

Es que pasé de cien a cero en cuestión de segundos.

Pero fue tan comprensivo... -¿Sí? ¿Se lo tomó bien?

-Sí. Superbién. Estuvo supercariñoso.

Escuchó toda la historia y me dijo que no tenía ninguna prisa.

Que cuando estuviese segura, lo volvíamos a intentar y ya está.

Y que me ayudará a superar mis miedos.

-Tía si es que es perfecto. Te merecías tanto

estar con alguien como él.

-¿Tú te das cuenta de que hace nada

tú y yo íbamos poniendo verdes a los tíos?

¿Y ahora qué? No paramos de hablar de Jairo y Quico.

-Madre mía, es verdad.

(RÍEN)

-¿Ya estáis de risas?

Qué buen rollo, así gusta venir a trabajar.

-¿Qué pasa, Quico?

-¿De qué os reíais?

-Nada, cosas nuestras. No son interesantes.

-Ya, seguro.

Oye, ¿qué me toca esta tarde?

-Esto... Te toca

en diez minutos la clase de spinning.

Pero tienes a la señora Martínez esperando ahí

que no levanta un gramo sin ti.

-Eso dice ella, pero creo que paga la cuota para que alguien la escuche.

Porque hacer ejercicio... -A mí mientras pague, me da igual.

-Luego nos vemos. -Hala, ánimo.

Y yo me voy a casa que tengo que estudiar,

que se me acumula materia.

-Me parece muy fuerte que tengas tanta teoría.

-Es bastante más de la que yo pensaba.

Pero como sé que me va a servir, no me cuesta estudiármela.

-Pues a darle duro.

(Suena un móvil)

Gracias, Antonio, me voy más tranquila. Hasta luego.

Hombre, guapa.

Qué, ¿tienes cita con el doctor?

-Sí. A ver si me receta algo para los dolores de cabeza.

-Que lo tomes con calma y duermas ocho horas. Como si lo viera.

Antonio es muy buen médico y buena persona también.

Pero para las recetas es más agarrado...

A mí casi nunca me prescribe nada.

-Será porque no lo necesitas.

-Sí, soy un poco hipocondríaca. Pero el día que lleve razón, verás.

Oye, ¿y esa cara?

¿Te pasa algo?

-Nada, que estoy cansada.

-Ya.

¿Y te preocupa no cumplir en el bar?

-No. Si María ya se ha encargado de darme un día libre

sin que se lo pidiera, claro.

-Si es que tienes una jefa con corazón de oro.

-Ese es el problema.

-Pues como no hables más claro...

-Pues que su amiguito, Reinaldo, se ha dado cuenta de su gran corazón.

Y ese es el problema.

-¿Crees que se quiere aprovechar de ella?

-Si ya lo está haciendo.

Ha venido a pegarse la vida padre a costa de María.

-Bueno, no sé.

Quizás te estás montando películas porque el chico es joven, guapo..

-¿Guapo? Es un vago y un jeta.

Y un ladrón.

-¿Cómo que un ladrón? ¿Crees que le quiere robar? ¿Le roba?

-Estoy casi segura de que sí. Pero María no lo ve, está ciega.

Y prefiere creerle a él.

-Pero ¿tienes pruebas?

-Ayer desapareció un billete de cien euros de la caja.

Y billetes de esos en el bar, se ven muy pocos.

Y yo recuerdo perfectamente que lo cobré y, luego, lo guardé.

Y luego no estaba.

-Pero ¿tú le viste cogerlo a él?

Porque se lo pudo llevar algún cliente, un espabilado.

-De verdad, no empieces tú también.

¿Me estás hablando como amiga o como policía?

-Bueno, yo solo digo que acusar de robo

al novio, amigo, lo que sea de tu jefa,

no es algo que puedas hacer así a la ligera.

-No va a parar hasta poner a María en mi contra.

Y, cuando consiga que me despida,

va a hacer lo que quiera y quedarse con el bar.

-Ni que María fuera tonta.

Que por muy enamorada que esté,

no le va a entregar su bar a cualquiera que le haga tilín.

Hombre, que yo creo que lo estás juzgando muy rápido.

-No sé para qué te cuento nada. Si pasas de ayudarme.

-Que yo no paso.

Solo intento ser realista, que veas las cosas como son.

-Bueno

es mi turno. Ya nos veremos por ahí.

-Que te mejores, guapa.

¿Qué hacéis en mi despacho?

Creemos que por fin le tenemos.

¿A quién?

A Quintero, ha cometido un error.

¿Otra vez Quintero?

¿No os cansáis de hacer el ridículo delante de él?

Esta vez no se escapa, la suerte está de nuestro lado.

Ya, lo mismo dijiste la última vez que registramos su negocio.

Comprenderéis que me lo tome con cierta cautela.

Esta vez ha metido la pata. Uno de sus hombres la ha liado.

A ver, ¿qué ha ocurrido exactamente?

Leonardo Sanabria,

un camionero de transportes Quintero con ruta Madrid-Algeciras.

Muerto por sobredosis en un restaurante de carretera.

Si dice que eso no lo inculpa, le informo:

había medio kilo de heroína en la cabina de ese camión.

No podemos responsabilizarle de todo lo que pasa en sus camiones.

Medio kilo de heroína no es tanta cantidad.

Puede tratarse de un negocio personal

de ese Sanabria.

En narcotráfico siempre rondando a Quintero, encontramos medio kilo,

¿y no significa nada?

Creo que debemos actuar rápido para evitar que borre sus huellas.

Podría ser la punta del iceberg. Deberíamos registrar toda su flota.

Seguro que encontramos más camiones con compartimentos para droga.

Lo que deberíamos... Para el carro.

Creo que os estáis precipitando sin motivo.

A no ser que encontréis a Quintero manipulando la droga.

Era uno de sus camiones, eso es suficiente para interrogarle.

No, no lo es.

Estoy harto de dar pasos en falso con Quintero, ¿está claro?

¿Entonces nos quedamos de brazos cruzados?

Claro que vamos a investigar, pero vamos a hacerlo con cabeza.

¿Y qué significa eso exactamente?

Que vamos a ir con pies de plomo.

Podéis traer a Quintero para interrogarle

y que aclare la situación.

Pero nada de tratarle como si fuera el capo de un cártel, ¿entendido?

Es que lo es.

De momento solo sabemos que es propietario

de una empresa de transportes, en uno de cuyos camiones

ha aparecido medio kilo de heroína.

¿Queréis atrapar a Quintero? Tirad de ese hilo.

No voy a permitir que empecéis otra vez la casa por el tejado.

Bien, entonces iremos a por él. No, Ocaña.

Quiero que tú te mantengas al margen.

Toda la responsabilidad está en vuestras manos.

Espero que llevéis este caso con profesionalidad.

No quiero salidas de tonos, ni errores por actuar en caliente.

¿Estamos, Elías?

Estamos, comisario.

-Oye, mami.

¿Mami?

¡Mami!

-Vas a echar de menos a tu madre.

-Más que a nada en el mundo.

No, si cuando estaba en la frutería, no dejaba de pensar en ella.

Tanta variedad de cosas, Mari.

Eso es lo que le gusta a mi mamá, comprar.

Aunque no tenga dinero, pero compra.

-Bueno, no te pongas nostálgico.

¿Sabes cuál es el mejor remedio contra las penas?

-¿Qué? ¿Un meneíto?

-Sí, pero no de esos. Un poco de actividad física.

El trabajo te despeja la mente.

Quita esas cajas de ahí que viene el proveedor y trae nuevas.

¿Vale? -A sus órdenes, jefa.

-Venga.

-¡Mari! -¿Sí?

-Ven aquí un momentico.

-Sí. -Mira.

-Madre mía, no me digas que estaban ahí.

-Sí, estaba moviendo las cajas y...

en lo que movía las cajas, lo vi debajo.

Es imposible que lo puedan encontrar ahí.

-¡Con el jaleo que se formó

y la explicación tan sencilla que tenía!

-Ahora, por lo menos, Salima va a dejar de llamarme ladrón.

-Tú no te preocupes por lo que te diga Salima

que sé que eres buena persona.

-Lo siento, me tenía que haber quedado en casa.

Me encuentro fatal.

-Para eso me tienes a mí.

¿Acaso no soy tu enfermera favorita? Eso decía tu mensaje.

-Esta tarde estaba mejor.

Creía que jugaríamos a médicos y enfermeras,

no a enfermera con novio moribundo.

-Mira que eres exagerado. -Mañana voy al médico, decidido.

-Si quieres perder el tiempo... Te va a decir lo mismo que yo.

Caldito de pollo, mucho líquido y reposo.

Y si te pones pesado, paracetamol, para que creas que hace algo por ti.

-Lo peor es la fiebre, siento que me arde todo el cuerpo.

Es una sensación horrible.

-Sergio, la fiebre es un mecanismo de defensa,

no pasa nada por tener un poco.

No es aconsejable bajarla a base de medicinas.

-Soy muy mal enfermo, nunca he tenido paciencia.

-En cambio, yo, tengo toda la del mundo.

No es la primera vez que hago de enfermera.

-Ah, ¿no?

-En mi familia he tenido que pasar muchas noches así.

-¿Alguna enfermedad grave?

-Cosas que pasan.

Pero vamos a dejar de hablar de enfermedades y médicos

que necesitas reponerte.

Pensar en otra cosa.

-Me cuesta pensar. -¿Qué tal hoy?

¿Un día duro en el trabajo?

-De los más duros que recuerdo.

Quizás, estando sano, no hubiese sido tan malo.

-Recibiste malas noticias esta mañana, ¿verdad?

-¿A qué te refieres?

-En el bufete, cuando la secretaria pasó

y te dio un sobre

se te quedó una cara...

-Ah, no. Eso no tiene importancia.

No te preocupes. Es una notificación.

Pero tampoco nos vamos a poner a hablar del trabajo, ¿no?

-¿Prefieres cambiar de tema?

Venga, elige tú. Cualquier cosa menos la enfermedad.

-No tengo fuerzas ni para hablar, Elena.

-Bueno, te dejo tranquilo entonces.

Me voy a dar una ducha, ¿vale?

Si me necesitas, avisa. -Gracias.

Hemos encontrado un camionero suyo muerto por sobredosis.

Creemos que podemos relacionarle con narcotráfico.

Solo tienes que decir tres cosas.

Una:

no tienes ni idea de nada, nunca.

Dos: la ruta del sur solo sirve para transportar pescado, marisco,

fruta y verdura.

Y tres: a ese hombre solo lo conocías de vista, poco más.

-"No se nos va a escapar".

Eso es lo que quería escuchar.

"Y tranquila, que me las arreglaré para que estés presente."

Vengo a hablarle de Leonardo Sanabria.

Perdone, ¿de quién?

De uno de sus empleados.

Ah, sí, ese pobre chaval. Una desgracia lo que le ha sucedido.

Quiero que me acompañe a comisaría.

¿Qué clase de pregunta es esa?

¿Por qué no a quién abastece y dónde carga los camiones?

¿Por qué no le dice que vamos a revisar sus camiones?

Porque es mentira y lo sabe.

He accedido a que esté Alicia presente,

pero el operativo se ejecuta como yo digo, ¿estamos?

Estoy perdiendo la paciencia contigo.

Pues mejor que la tengas. Porque te va a hacer falta

si quieres ser inspector.

Y si no, como tú, que no has pasado de oficial.

Sí, la cagué pero bien.

Pero nunca he dejado escapar a un delincuente para cubrir a nadie.

Mira, repite eso, Elías. Repítelo.

Alguna razón tiene que haber para que seas tan blando con él.

-Chico, que no tengo un kilo, déjame tranquilo ya.

No tengo dónde caerme muerto, compadre.

No puedo hacer eso.

No eres el único, pero cada vez que te cruzas con Quintero,

pierdes los papeles.

¡Tengo mis razones!

¡Lo que tienes es un odio irracional contra ese hombre!

Si te hubiera hecho lo que a mí, también lo tendrías tú.

Nunca le he contado esto a nadie, ni siquiera a ti, Claudia.

No sé a qué viene este numerito. -Me has tratado como una mierda.

-No es cierto. -Me has mandado callar.

-Te he dicho, con educación, que quizás no era el momento adecuado

  • Capítulo 127

Servir y proteger - Capítulo 127

30 oct 2017

La inspectora jefe Miralles es la policía más veterana de la comisaría del Distrito Sur. La inspectora Alicia Ocaña se incorpora a la comisaría. Ambas son el eje en torno al que gira la vida personal y profesional de sus compañeros y los casos policiales que afectan al barrio.

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