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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 123 - ver ahora
Transcripción completa

Marcan en rojo allá donde hay una persona homosexual

y pretenden limpiar las calles "de esta basura".

Desde el foro deciden dónde atacar.

Pero podría ser a cualquiera.

(Golpes)

(DOLORIDO)

-Me duele mucho la mano, creo que me la han roto.

-Siento no haber tenido reflejos suficientes

para poder parar a esos animales.

-Me has dado un susto cuando estabas en el suelo.

Te llamaba y no respondías.

-Te acaban de apalear y tú preocupado por tu padre.

El dibujo es lo que me da de comer.

-Hijo, no pienses en eso ahora.

Además, no es seguro al 100%.

-¿Qué hubieras hecho tú si no pudieses ser policía?

-Sabía que iba a salir adelante. Es un luchador.

Tiene a quién parecerse.

-¿Y la gente qué tal? -Bien.

-Venga, María, una mujer como tú. En el Caribe.

-¿Qué? Yo no estoy en edad de rollitos caribeños, hija.

-¡Qué alegría que me llames!

Sí.

No, buenísimo. Me pasé todo el viaje durmiendo.

-Ella últimamente está un poco rara.

-¿Qué os pasa? -¿Que qué nos pasa? Esa es buena.

-Bueno, habla con ella.

Hacéis una pareja bonita y sería una pena dejarlo.

-¿Me lo estás diciendo en serio? O sea, ¿es un ultimátum?

O te digo que quiero tener hijos

o sino, cortas conmigo. -No es un ultimátum,

no quiero que cambies de opinión.

Tú no quieres tener hijos y no te voy a obligar.

-No me lo puedo creer.

Estamos cortando... ¿por qué? -Porque tenemos proyectos diferentes.

Y no tiene sentido seguir si no estamos de acuerdo en algo así.

-Te lo guardo. -Es que necesito una cosa.

-Quiero que consigas el contenido de esa bandolera

de la que dices no se separa en todo el día.

(GRITA)

-Pruebas de paternidad. ¿Qué has hecho, Sergio?

Sergio, soy Quintero.

Necesito reunirme contigo esta noche, es importante.

-Marcelino jamás le contará a Alicia que no es su padre.

-Más te vale, chaval.

Porque si Alicia se entera por alguien que no sea yo

te juro que te machaco la cabeza. -Esto solo son negocios.

Para mí lo más rentable era decírselo a Marcelino.

Y para usted

es más rentable llevarse bien conmigo.

-Bua, Jairo. Esto va a ser genial.

Como me des plantón otra vez, te mato.

-Paty, eso no va a volver a pasar en la vida. Te lo juro.

Y para demostrártelo, guárdalas tú.

He reservado un hotel por si canto bingo.

Si lo dices de antemano, le puede sentar mal.

Pero si la cosa luego surge, puede pensar que eres previsor.

Yo lo único que quiero hacerte es feliz.

(Música emocionante)

A ver.

Fecha de la ratificación de la Constitución española.

El 6 de diciembre fijo.

Del año...

¿De 1977?

No, tío. Del 77 no. Del 78.

¿Qué pasa? ¿De dónde vienes?

Pues... Ah, vale, vale.

De lo del hotel que me contaste, ¿no?

Pues eso.

Traes cara de feliz, ¿no?

Ponme un cafelito, anda.

¿Qué pasa? ¿No me vas a contar nada?

¿Qué quieres que cuente? ¿Que soy el tío más feliz del mundo?

Vamos, que has triunfado con Paty.

Ya te dije que con lo del hotel quedabas como cretino o como rey.

Ha sido lo segundo, hermano, y estoy como flotando.

Me alegro.

¿Quieres que te cuente? Pues vale.

Teníamos una conexión muy especial.

Primero fuimos al concierto, muy bien.

Las entradas estaban muy cerquita.

Al principio estaba cortado, ya me conoces, pero me solté.

Tarareé las canciones de Alejandro Sanz.

Ya te imagino. (RÍE)

De ahí nos fuimos en taxi al hotel.

Y el hotel...

¡Puf! ¡Qué hotel!

Qué hotel, Rober, hermano.

Un flipe y no solo por el tema.

No hace falta que entres en detalles.

El sitio más lujoso donde he estado.

Estás que lo tiras.

A ver si guardas un poco para las vacas flacas.

Ahorrar es de cobardes, el dinero hay que disfrutarlo.

También. Al final la paciencia ha tenido recompensa.

Una vez vi una pintada que decía: "Vamos despacio porque vamos lejos".

¿Quién te lo iba a decir?

Al final te vas a convertir en un poeta, gracias a Paty.

Y tú en empollón gracias a Alicia.

Que si no es por ella, dudo que hicieras el examen.

Sí, si no fuera por ella...

Aunque no sé si aprobaré.

A veces me siento un zoquete.

Así me sentía yo en clase, no es grave.

Muchas gracias por tus ánimos.

Vas a aprobar.

¿Por qué estás tan seguro?

Porque este es el año de los Batista

y todo nos va a salir rodado.

Me pego una ducha y a currar.

Que llevo en pie desde las 17:00 y al final llego tarde.

Se me había olvidado que tenía que currar con lo "happy" que estoy.

Al curro con una sonrisa de oreja a oreja.

Todavía me queda media hora, me voy a echar.

Si cuando sales estoy sobado, me despiertas.

¡Yepa!

Me parece un detallazo lo de la cesta de fruta ecológica.

Sí, Quico dice que si no cuidamos el planeta, quién lo va a hacer.

Tiene razón.

Bueno, en mi época

lo típico era regalar flores. Pero lo de la fruta es fantástico.

Ecológica, que no se te olvide.

De todas maneras, visto lo visto

te hubiera regalado otra cosa, te habría hecho la misma ilusión.

¿Y por qué dices eso? Porque está claro

que ese chico te gusta un montón.

Sí. La verdad es que estamos hechos el uno para el otro.

Y sé que él piensa lo mismo.

(RÍE) Pero ¡Dios mío! Si hace cuatro días que os conocéis.

No podéis tener las cosas tan claras ya.

Pues sí que las tenemos, mamá. Sí que las tenemos.

Bueno, no sé.

A vuestra edad se cambia de opinión con mucha frecuencia.

Igual dentro de un mes se te ha pasado el subidón

o se le pasa a él, o a los dos. Vete tú a saber.

Sí, muchas gracias mamá por tener confianza en mi relación.

Que yo estoy deseando que salga bien.

Por eso

te pediría que no fueras tan rápido.

Mamá, no corremos. Vamos al ritmo que queremos los dos.

Que conste que a mí Quico me parece un chico estupendo.

De verdad.

Por eso no me gustaría que centrases toda tu vida en él

y aparcases lo demás.

Mamá, ¿he faltado a alguna clase? No.

No, eso es verdad. En eso te doy toda la razón.

Pues ya está, me tienes que dar la razón en eso y en todo.

Porque sí, porque Quico y yo tenemos una relación verdadera.

Los dos estamos muy seguros de lo que sentimos.

Vale.

Y no te voy a quitar la razón ni quiero que te enfades, pero...

¿Tú recuerdas

que con aquel chico, Marcos, también estabas muy segura?

¿A qué viene eso?

A que madurar

consiste en recordar

malas experiencias para no repetirlas.

Con él tú y todos lo pasamos mal. Vale.

Ya veo que te has empeñado en cortarme el rollo.

No, cariño. No me malinterpretes.

Yo estoy superfeliz de que estés ilusionada.

Pero con el otro también lo estabas.

Era un niñato y lo estabas.

A ver, mamá, como tú has dicho, Marcos era un niñato

y Quico no lo es, está enamorado de mí.

¿Tan difícil es entenderlo? ¡Madre mía!

Ay...

Todavía me duele un poco la mano y la noto un poco hinchada.

-Bueno, es normal.

Si lo necesitas, puedes tomar ibuprofeno.

-¿A partir de cuándo podré dibujar?

-No, con calma.

Haz la rehabilitación y en 15 días que te vea tu médico en Francia.

-Así lo haré, gracias.

-Que vaya bien. -Gracias.

-Hijo, por Dios. ¿Qué haces dibujando?

-Solo estoy haciendo un boceto.

-El médico ha insistido en que no fuerces la mano,

ten paciencia.

-Me va a costar un montón, para mí es como respirar.

-Pero no seas cabezón, hijo. -¿A quién habré salido?

-Ya lo sé,

pero el médico ha dicho que recuperes la movilidad despacio.

-Vale, tienes razón.

-¿Has visto? No siempre me equivoco.

-Ya te equivocaste mucho en el pasado.

-Eso sí. -Pero... es el pasado.

Queda muy lejos.

Queda lejos.

Gracias por perdonarme, hijo. ¡Cuidado!

(RÍEN)

-La vida es eso: perdonar, rectificar, equivocarse...

-Cambiar.

Te prometo que no te voy a fallar.

Aunque estés lejos, siempre voy a estar a tu lado.

-Tú a mí también me vas a tener siempre.

-¿Por qué has recogido? Te había dicho que recogía yo.

-Qué pesado.

-¡Eh! Cuidado, la mano. Ya la cierro yo.

¿Estás seguro de que te quieres ir hoy?

Si te quedas un par de días, no te doy la tabarra.

-Claro, estarías todo el día preguntando cosas sin dejarme en paz.

Además, tengo ganas ya de volver a casa.

-Estarás deseando ver a Philippe. -Sí.

Y me gusta que lo nombres con naturalidad.

¿Has desayunado? -No, solo he tomado un café.

¿Por? -Venga, te voy a llevar a un sitio.

A un sitio especial. -¿Dónde?

-No quieras saberlo. -¿Está camino del aeropuerto?

-¡No preguntes más, pareces un poli!

Venga.

-Eh, yo.

-¿Qué le pasa a Olga que está que muerde?

Se ha enfadado porque le he dicho

que no vaya tan rápido con Quico.

Justo lo que no quiere escuchar.

Me da miedo que se dé el batacazo como con el novio aquel que tuvo.

Sabes que tengo mis reparos con él,

pero espero que no le vuelva a pasar algo así.

Que haya aprendido la lección.

Igual la culpa la tengo yo. ¿La culpa de qué?

Igual te he predispuesto en su contra.

No, no me has creado ninguna reticencia contra el chico.

No, de verdad.

Vamos, no le encuentro nada raro.

Pues ya le estás llamando "ese chico", igual que yo.

(RÍE)

Lo que pasa es que...

que llevan muy poco tiempo para estar tan...

entregados.

¿Te ha contado algo de la herida?

¿Qué herida? ¿De quién?

De Quico, cuando trajo la cesta de frutas.

Tenía una venda en el brazo. Dijo que era una quemadura.

¿Qué tiene eso de raro?

Lo miro con lupa, tengo que cambiar el chip con ese chico.

Con Quico, quiero decir. Sí.

Y yo con Olga, le estoy exigiendo una madurez que no le corresponde.

A su edad lo normal es tener las hormonas disparadas.

Me voy, voy a ver a Paty al gimnasio

Espera, cariño, quiero decirte algo.

Mamá, si me vas a dar otra charla, ahórratela.

Que no. Escucha...

(CARRASPEA) Quiero decirte

que confío plenamente en ti

y que sabes mejor que nadie al ritmo que tiene que ir tu relación.

Muchas gracias. ¡Ay, mi niña!

Me encanta ver lo bien que se llevan las chicas de mi vida

y lo mucho que pasan de mí.

-¡Adiós!

Ay, lo difícil que es a veces comunicarse con Olga,

pero merece la pena.

Bueno, eso se puede aplicar a todo tipo de relaciones.

¿Por qué dices eso?

¿Tú no entrabas más tarde hoy? Sí, un poco. ¿Por?

Podríamos aprovechar para comunicarnos, ¿no?

Me acabo de acordar de que tengo que recoger el uniforme de gala.

¿Tiene que ser ahora?

Sí, cariño. Este fin de semana tengo una entrega de medallas.

Pero que no pase de esta noche que nos comuniquemos.

Esta noche hablamos de lo que quieras, ¿vale?

Vale.

Hasta luego.

De verdad que no te reconozco.

No pareces el mismo Fernando de antes.

-¿Por qué lo dices, María?

-Chico, porque...

no sé si habrá sido enfrentarte a la muerte o qué, pero te noto...

muy distinto. Como más sensible, un poco tristón.

-¿Sí? ¿Tú crees?

-Que no me extraña, una experiencia tan traumática te cambia,

pero no me gusta verte así.

-No sé, igual tienes razón

y estoy algo más sensible.

Sinceramente no creo que tenga que ver con eso.

-Entonces, ¿qué te pasa, Fernando?

-Nada, mujer.

Será que me estoy haciendo mayor y que como a todo el mundo

no me sienta bien cumplir años.

Me doy cuenta de que cada vez más me gustaría pasar tiempo

con la gente que me importa en la vida.

-Ya, lo dices por tu hijo.

Es que tu ex, mira que llevárselo a Miami.

-Bueno, no lo digo solamente por él.

O sí. No me hagas caso, María.

Creo que tengo un día tonto.

-Pues alegra esa cara que no me gusta verte así.

-Gracias.

-Hombre, Alicia. ¿Qué te pongo, cariño?

Un zumo de naranja, por favor.

¿Natural o de bote? Natural, si puede ser.

Hombre que si puede ser. Ya mismo.

-¿Qué tal, Alicia?

Cada vez que te miro me recuerdas mucho a tu madre.

Es increíble lo que te pareces a ella cuando tenía tu edad.

Quintero, no entiendo por qué te empeñas en hablar

de mi madre ni de nada.

Alicia, creo que es absurdo que mantengamos esta guerra entre ambos.

Porque lo quieras o no, tú y yo fuimos las personas más importantes

Tu madre estaría muy feliz si tú y yo nos llevásemos bien.

No me queda otra que aceptar que tuvisteis una relación.

Pero no pienses que voy a compartir recuerdos de ella contigo.

¿Te ha quedado claro?

Sí, totalmente claro.

Lo siento, lo último que quiero

en estos momentos de mi vida es molestarte en algo.

Entonces lo tienes fácil.

Alicia, ¿qué quieres que haga?

Meterte en la cabeza que no quiero que me recuerdes

que fuiste su amante.

Ni que la vuelvas a mencionar.

¿Entendido?

Entendido.

-Aquí tienes, cariño. Muchas gracias, María.

Ahora se ha puesto de moda decir que el zumo de naranja

no pierde las vitaminas hasta horas después de exprimirlo,

pero te digo yo que lo mejor es tomárselo al instante.

Dónde va a parar. Supongo que sí.

Me llevo el vaso a comisaría, tengo mucho trabajo.

Muy bien. Luego te acerco el vaso.

No te preocupes, mando a Salima. Tengo allí media vajilla.

Hasta luego. Buen servicio, cariño.

No sé por qué me da a mí que la inspectora y tú no os lleváis.

-Pues...

No sé por qué, no tengo nada en su contra.

Es más, me parece una mujer brillante y con un gran futuro por delante.

-Pues ella te mira como si te hubiese cogido manía.

Quizás es porque la acusaron de lo tuyo, según me han dicho.

-No creo que tenga nada que ver.

Quizás se haya dejado influenciar por Elías Guevara.

Sabes que me tiene entre ceja y ceja.

Y no va a parar hasta que todos en este barrio piensen mal de mí.

-Bueno, eso es porque no te conoce a fondo.

Si no, sabría que tienes un corazón que no te cabe en el pecho.

-Bueno, ya sabes que no se puede caer bien a todo el mundo.

Aunque en este caso, me gustaría que Alicia tuviera otra opinión.

Pero que se le va a hacer.

En fin.

Toma, María.

Quédate con la vuelta, déjalo para bote.

-Muchísimas gracias. -Hasta luego.

-Y anímate, ¿eh?

-Gracias, María.

-¿Qué haces, tía? ¿Se te va la olla?

-Cazo un "monster", está en la esquina.

-¿Tú también estás con eso? En mi escuela están todos igual.

Paty, me envías un mensaje para que venga

y pasas de mí con la chorrada esta.

-¡Sí! ¡Toma!

¡Toma ¡Ya te tengo!

Perdona, se me había metido cazar ese bicho.

-¿Qué quieres? Estoy contigo ya.

-Nada, que me has dejado intrigada.

¿Qué tal anoche con Jairo?

-¡Tía!

Fue increíble, Olga, de verdad.

Una noche para recordarla siempre.

Lo pasamos tan bien. -¿Cómo de bien?

-Muy bien.

-El concierto fue increíble. Alejandro Sanz, top.

Aunque lo mejor vino después.

Que acabamos en un hotel.

-O sea, que os habéis enrollado a lo bestia.

-Qué bruta eres.

Pero, sí, a lo bestia.

(RÍE) -¿Y lo pasaste bien? -Tía, es que...

nos reímos tanto juntos, la verdad...

Y nos compenetramos tan bien, en todos los sentidos.

-Si ya sabía yo que te iba a gustar Jairo.

-Sí. Al principio estábamos supernerviosos,

pero luego nos fuimos relajando

y genial.

No sabía que Jairo podía ser un chico tan, tan, tan dulce.

Increíble, Olga. -Me alegro.

Y ahora estáis juntos, ¿no?

-No lo sé, no hemos hablado de eso, pero supongo que sí.

No sé. -Hombre...

-¿Y esa venda? ¿Qué te ha pasado? -Me he quemado cocinando.

-Pero ¿necesitas la baja? Píllatela.

Mi padre dice que hay que ser legal con esto.

-No, qué baja. Es una tontería.

Puedo trabajar perfectamente.

-¿Seguro? -Segurísimo, de verdad.

-Si te duele me lo dices. -Vale.

Me voy a preparar la música para las clases de zumba.

¡Chao!

-¿Qué tal has dormido, mi amor? -Muy bien, oliendo a fruta fresca.

-Tus padres deben pensar que soy un bicho raro con la fruta ecológica.

-No es eso, es que... -Ya sabía que había algo.

-No es por la fruta.

Mi madre piensa que vamos muy rápido en nuestra relación.

-Es normal.

Creo que tendrá miedo porque

lo pases mal si algo no funciona entre nosotros.

Pero eso no va a pasar. Lo sabes, ¿verdad?

-Claro, eso les he dicho. Que estamos superseguros y lo tenemos claro.

-Además, entiendo que no se fíen de mí.

Si apenas me conocen.

-Quico, no es que no se fíen de ti, es que mi madre

preferiría que fuésemos más despacio.

-Yo no quiero que tengas problemas con ellos.

-Veo que has decidido ser el yerno perfecto.

-Con ser el novio perfecto me vale.

¿Qué te parece?

-Tienes margen de mejora.

-Progresas adecuadamente.

Me voy a la escuela.

Te recojo para comer ¿o eso es ir muy rápido?

-No, pásate a recogerme.

-Eso es, Laura. Otra denuncia por clonación de tarjeta de crédito.

Están habiendo muchos casos de estos.

Listo, luego lo vemos.

Chao, gracias.

(ACENTO LATINO) ¡Ricura! Si cocinas como caminas...

Tú no eres española, mi amor.

-Soy española, lo que no soy es tu amor ni nada.

-¡Qué acento más lindo! ¿De dónde es? ¿Venezuela?

-Colombiano. -¡Primos hermanos!

De donde vengo hay muchos acentos diferentes.

No es lo mismo ser de La Habana, que si el fuego...

-Lo siento, pero tengo prisa.

-¡Eh!

Allá tú, tú te lo pierdes.

-La cara que ha puesto el camarero al preguntarle si tenía churros.

-Era muy caro, menuda clavadita por dos sándwiches y dos cafés.

-Lo he pagado con gusto, ¿eh?

Para mí este sitio es muy especial, casi como un refugio.

Hasta ayer que se me ocurrió,

nunca me habría imaginado por aquí paseando contigo.

-Para mí también va a ser un sitio muy especial a partir de ahora.

Nos ha costado mucho llegar hasta aquí.

Paliza incluida.

Te admiro mucho, hijo.

-Toma, esto es para ti.

-No, otro libro no que son carísimos y ya me has dado uno.

-Pero el otro no me dio tiempo a dedicártelo.

No nos dejaron esos cabrones.

-Cuidado.

-La letra no va a quedar muy bien, que lo sepas.

-Ya, pero me va a recordar este momento toda la vida.

Si el otro lo guardé a buen recaudo,

este lo voy a tener como oro en paño.

-Prefiero que lo leas cuando me vaya.

Yo también tengo un regalo para ti.

-¿Es para mí?

-Es una medallita de la Virgen del Carmen.

No es que yo sea muy religioso,

pero es un objeto muy especial.

Servirá para protegerte.

-La abuela te la dio cuando te hiciste poli.

-Pero ya estoy a punto de jubilarme.

De poco me va a servir ya.

-Además de buenos recuerdos,

me voy a llevar un trocito de la historia de nuestra familia.

Debería ir tirando para el aeropuerto antes de que se me haga más tarde.

Venga, vamos.

-Ya me cojo yo un taxi. No hace falta que me acompañes.

He visto una parada aquí al lado. -Si no me cuesta nada.

-No me gustan las despedidas en aeropuertos, me parecen tristes.

Prefiero que nos despidamos aquí.

-Estoy muy orgulloso de ti, hijo.

Me has hecho muy feliz volviendo a mi vida.

-Yo también estoy muy orgulloso de ti, papá.

Volveré pronto, lo prometo. -¡Por favor!

-Con Philippe.

-Estoy deseando conocer al hombre que te hace feliz.

¿Qué le gustaría?

-A mí me gustarían

un montón de cosas.

Tanto lindo en la vida, ¿verdad que sí?

¿Qué te gustaría a ti?

-¿Perdón?

-Nada, no te preocupes.

Yo quería ver a la dueña del bar.

¿Está por ahí? -No.

Se ha marchado a hacer unos recados, pero no tardará en volver.

-Yo la espero sin problemas.

Con paciencia, como decía mi abuelo Pipo:

"La paciencia es la virtud de todas las ciencias".

-Igual le puedo ayudar.

-No, gracias. Prefiero esperar a María.

-Pero ¿la conoce?

-¿Que si la conozco?

¿Nunca te ha hablado de mí?

Yo soy su Reni.

-¿Reni?

-Sí, diminutivo de Reinaldo. O sea, este que está aquí.

-¿Reni?

-¡Ey, hola!

Solo para ti, para el resto sigo siendo Reinaldo López.

-Pero ¿qué haces aquí?

Si ayer hablamos por teléfono y estabas en Cuba.

-En el aeropuerto internacional José Martí de La Habana.

A puntico de coger un avión rumbo a la madre patria.

-Pero bueno... -¿No te alegras de verme?

-(TITUBEA) ¡Claro que sí! Lo que pasa es que no te esperaba.

No sé...

Estarás cansado, ¿no?

Y tendrás hambre, supongo, ¿quieres comer algo?

-Y yo te lo voy a agradecer en el alma, mami.

Porque la comida del avión estaba en candela.

Niña, ¡qué hambre he pasado adentro!

Nos daban una cosita así como a los pajaritos.

-Pues ahora mismo te preparo un buen plato de arroz con pollo.

-¿Qué?

No, arroz no. Déjate.

Llevo 30 años comiendo lo mismo. ¿No tienes algo de la tierra?

-Claro que sí. Pasa tú mismo,

echas un vistazo a la carta y eliges.

Coge tus cosas, pasa.

-¿Este es tu amiguito el cubano?

-Sí, todavía no me creo que esté aquí, ¡madre mía!

-Y no te ha avisado de que iba a venir, ¿no?

-No, no me había avisado.

Tampoco pongas esa cara que no es ningún crimen sorprender a una amiga.

-A mí el juego de "Monster Catch" me parece superaburrido.

-A mí también, pero a Paty le encanta.

Lleva toda la semana cazando monstruos tal que así.

-No seas malo que es tu jefa. -(DOLORIDO)

-Perdón, no te quería hacer daño. -Tranquila, no te preocupes.

-¿Seguro? Parece que has visto las estrellas.

Tendrás que ir al médico a darte de baja.

-No, exagerada, si no he tenido que ir ni al médico.

-Y ¿quién te ha puesto la venda?

-Yo mismo, compré crema cicatrizante y gasas en la farmacia.

-Si yo me tengo que curar una herida me muero, porque me da repelús.

-¿Qué tal, chicos?

-Hola, papá.

-Buenas tardes, Antonio. -¿Qué tal el brazo?

-Perfecto, es solo cuestión de tiempo que cicatrice.

-Él mismo se las está haciendo.

-¿Sabes hacerla? Esas quemaduras dan mucha guerra si no se hacen bien.

-No te preocupes, todo controlado.

-Todo controlado, pero le he rozado y casi ve las estrellas.

-Porque a veces soy un poco quejica. -Ven, anda.

Que te vea una compañera dermatóloga. -Muchas gracias.

Pero seguro que me hacéis esperar y en cinco minutos entro al gimnasio.

-Maribel está a punto de acabar la consulta, te ve en seguida.

-Que no hace falta que me lo mire nadie.

Es que los médicos dais la baja a la primera de cambio.

Y con un trabajo nuevo no me conviene.

-Los médicos damos la baja si es imprescindible.

-Lo siento, no quería resultar ofensivo.

-No te preocupes.

Eres aprensivo, ¿no?

-Sí y me daba vergüenza reconocer que no me gustan los hospitales.

-Me lo imaginaba.

Si quieres le echo yo un vistazo.

Prometo no ser alarmista ni darte de baja.

-Yo me quedaría más tranquila.

-Vale, está bien. Vamos.

-Pues no parece tan poca cosa esta quemadura.

-Prometiste no ser alarmista. -No lo soy.

Lo que pasa es que los jóvenes,

luego me venís aquí con un brazo colgando

y no le dais importancia.

Y esta herida sí que la tiene.

-Estaba friendo unas patatas para una tortilla,

le di al mango sin querer y se me volcó el aceite.

-¿No te quemaste en ninguna otra parte?

¿No se te cayó en las piernas?

-No, tuve reflejos y me pude apartar a tiempo.

-Eso es lo bueno de ser deportista, que tuviste reflejos.

¿Cuántas curas te has hecho?

-Dos, una anoche cuando me quemé y otra esta mañana.

-¿Observaste si la herida había crecido?

-Sí, pero pensaba que era el proceso de cicatrización.

-No necesariamente.

¿Tenías manga larga o corta?

-Manga corta, ¿por qué?

-La tela se podía haber pegado a la herida y aumentar la infección.

¿Te lavaste con agua fría después de quemarte?

-Sí, puse el brazo debajo del grifo un buen rato.

-Pues te he puesto una venda con cicatrizante.

Como la tuya, pero de mejor calidad. -Gracias.

-Yo que tú tendría cuidado.

Deberías curarte todos los días con la enfermera

y así evitarías la infección.

-Vale, sí. Ya iré viendo cómo evoluciona.

-Eso suena a que no vas a venir.

Ya eres mayorcito para saber lo que haces.

Pero prométeme una cosa,

si te sale pus, vienes por urgencias, ¿vale?

-Vale, si se da el caso lo haré.

Me tengo que ir rapidito al gimnasio.

-La salud es lo primero, hazme caso.

Y recuerda lo que me has prometido.

Cuando salga, Olga me va a someter a un tercer grado

y se ocupará personalmente de que cumpla con las indicaciones.

Venga, hasta luego. -Cuídate.

¿Sabes dónde me encantaría ir?

-Ni idea.

-A las Maldivas o a Indonesia.

Tengo curiosidad por conocer esos países.

-A mí me da igual el lugar que escojamos.

Pero después de tanto reposo, me gustaría hacer turismo activo.

-Pues ¿qué te parece el glaciar de Perito Moreno?

-No me gustaría tentar a la suerte.

Mejor un sitio que tenga un hospital cerca.

-No digas eso, cariño.

No vas a tener ninguna recaída.

-Ojalá, pero prefiero ser previsora.

-Pues te prometo,

que me encargaré personalmente de que te encuentres bien

en todo momento.

¿Confías en mí?

Hola.

Hola, hija.

-¿Qué tal, Alicia?

Bien.

¿Todo bien en comisaría? Sí, con el mismo jaleo de siempre.

¿No me echáis de menos poniendo orden por allí?

Nos apañamos bien sin ti, no te preocupes.

Pero cuando quieras puedes venir a hacernos una visita.

Hija, nos vas a perdonar.

Hemos cenado. Teníamos hambre y no sabíamos si ibas a venir.

No os preocupéis.

Ceno en casa de Rober, he venido a recoger unas cosas.

En la cocina tienes un trozo de lasaña de verduras.

Te lo puedes llevar. Pues sí.

Rober está estudiando y no creo que haya preparado cena.

Voy a meterla en un táper.

Ya lo hago yo, no te preocupes. No, déjalo.

Iba a por el postre de todas formas.

-¿Estás alterada

o me lo parece a mí?

Más que alterada, tengo un rebote importante.

¿Por qué? ¿Qué ha pasado?

Me he encontrado a Quintero en La Parra

y se me ha revuelto el estómago.

Te entiendo.

A mí me pasaría lo mismo si le viera la cara.

Y no para de decir que se quiere llevar bien conmigo.

Y eso ¿por qué?

Eso digo yo.

Lo que querrá es provocar.

Tú no le hagas caso y no entres al trapo.

(Golpe)

-Todo bien, no ha pasado nada.

¿Cómo lleváis los preparativos de la boda?

Bien, no nos hemos tirado los trastos a la cabeza

ni hemos tenido ninguna bronca.

¿Por qué dices eso?

Suele pasar antes de una boda, surgen tensiones de todo tipo.

Entonces no entiendo por qué la gente se casa.

Helados artesanos.

Te he traído uno por si te apetece.

Pues sí, muchas gracias.

Me lo voy a tomar mientras recojo mis cosas.

Hasta ahora.

Parece que Alicia está un poco tensa.

Igual no le hace gracia llegar del trabajo y encontrarme aquí.

-Pero ¿qué dices, mujer?

Yo creo que está encantada de que estés aquí.

-¿Seguro?

-Y si no lo está, tendrá que acostumbrarse.

Cuando nos casemos y nos mudemos aquí,

nos veremos las caras los tres continuamente.

De modo, que mejor ir ensayando.

-Me han contado que en tu tierra,

los gatos en vez de "miau" dicen "Miami".

¡Qué bueno está eso!

Deja que Javier se vaya

que está intentando irse hace más de una hora.

-Bueno, nos vemos, figura. -Amigo, nos vemos por aquí.

-Venga, Javier, hasta mañana.

-Lo siento, pero ya me conoces.

Cuando me pongo a contar historias...

-Sobre todo si son de tu abuelo, ¿cómo era? ¿De dónde?

-De Cienfuegos. -Eso.

La verdad es que te he echado de menos.

-¿De verdad?

-Nos lo pasamos muy bien en tu tierra.

No me gusta aferrarme al pasado, María.

¿Qué tal si lo volvemos a pasar rico como antes?

¿Por qué no cierras el negocio

y nos vamos de fiesta, mi amor? -Sí.

Para fiestas estoy yo ahora, con todo lo que me queda por hacer.

-¿Siempre tienes este horario tan feo?

-Ya te dije en Cuba que mi trabajo era muy sacrificado.

Aparte que para mí no es solo un trabajo, es una forma de vida.

La clientela es como mi familia.

Eso suena como a Consuelo,

Tremenda Muela o mejor dicho, a los adictos al trabajo.

Pero yo no tengo nada contra el trabajo.

No sé quién dijo por ahí que "el trabajo dignificaba al hombre".

-Pero a estas horas de la noche, ya soy lo suficientemente digno.

-Tú lo que tienes es un pico de oro.

-Bien me conoces tú.

¿Por qué no cierras la cantina y nos vamos a bailar?

Nos vamos de fiesta.

¡Que tengo tremendas ganas de conocer la famosa noche madrileña, mami!

¡Candela y pica pica! ¡Ay!

¡Candela y pica pica! (RÍE)

Que no, Reni, de verdad. Tienes un carrete, ¿no estás cansado?

-Ya he dormido lo que tenía que dormir en el avión, mi amor.

Y por cierto,

he tenido un sueño contigo riquísimo.

-Que no puedo. Vamos a hacer una cosa.

Mañana por la mañana te llevo a dar una vuelta por todo Madrid,

que tiene una luz a esas horas preciosa, ¿vale?

-Está bien.

Acepto tu plan.

Déjate la escoba y vete a descansar que mañana necesito que abras tú.

-Sí, claro. Como quieras.

-Reni, por cierto,

¿tú en qué hotel estás hospedado?

Porque si no me pilla muy lejos mañana paso a recogerte.

-No tengo hotel.

No tengo dónde quedarme todavía.

¿No conoces por ahí algún sitio baratico para mí?

-Pero ¿te has venido desde Cuba sin tener una reserva?

-Sí, y ¿qué?

¿Es eso un pecado?

-Un pecado no, pero es muy arriesgado.

Yo no podría haber hecho algo así.

Es que eres muy atrevido.

¡Ay!

¡Esta no es la María que conocí yo

en El Malecón de La Habana, caballero! ¿Qué le pasó?

Aquella María estaba suelta y sin vacunar.

Solo quería guarachar y no tenía hora para llegar a casa.

¿Qué te pasó? -Pues que estaba de vacaciones.

Por eso me viste tan despreocupada, tan suelta.

-Pues a mí ese mangón me volvió loco, ¿oíste?

-(CARRASPEA)

Hasta mañana.

-Hasta mañana, Salima.

Oye, Reni.

Lo que vivimos tú y yo en Cuba

Pero se acabó cuando volví a España,

y, de hecho, lo hablamos. ¿Te acuerdas?

-Sí, ya sé que lo hemos hablado, pero...

Dime una cosa,

¿no te alegras de verme?

-Claro que me alegro.

No me lo esperaba.

-María.

Mi amor, las mejores cosas en la vida son las inesperadas.

¿A que sí? -Sí.

-¿Te puedo hacer otra pregunta?

-Conociendo lo insistente que eres, me la vas a hacer igual.

-¿Podría quedarme en tu casa a dormir esta noche?

Solo esta noche, ya mañana me busco la vida.

-Está bien, por una noche no pasa nada.

-Muchísimas gracias, mi negra. -¿Cuánto tiempo te vas a quedar?

-Pues no sé.

No lo tengo pensado todavía y además,

a mí me gusta que las cosas vayan fluyendo naturalmente, mami.

Que fluya lo que tenga que fluir.

-Esa herida tiene mala pinta y se empeña en curársela él.

Hay algo en su actitud que me escama.

¿No ibas a cambiar el chip con Quico?

Hasta que dijo que la herida estaba creciendo.

Y en ese tipo de quemaduras no es normal.

En las de aceite por lo menos.

Estás en modo policía buscando indicios de fraude.

¿Te ayudo con la investigación?

Estoy en modo médico que hace bien su trabajo.

Eso es en lo que estoy.

Pero podrías mirar en los archivos. Por si acaso está fichado.

¿En serio? No querrás que le investigue

por ser un torpe en la cocina y quemarse con aceite.

Da la impresión de que está mintiendo.

Estaba incómodo, si hubieras estado habrías pensado lo mismo.

Se sentiría intimidado al estar encerrado con el padre de su novia.

Si fuera tímido, hubiera estado incómodo durante la cena

y estuvo como pez en el agua.

Igual se pone histérico con las batas blancas.

¿No buscabas un defecto? Ahí tienes, le dan pánico los hospitales.

Bueno, aprensivo dijo que era.

Antonio.

Para que Olga nos siga contando sus cosas,

tenemos que seguir confiando en ella.

A ti te faltó tiempo para decirle

que no se repitiera lo de la píldora del día después.

¿Te lo ha contado?

No, os escuché esta mañana.

Ay, Dios mío.

Qué difícil es esto de ser padres.

¿Cuándo inventarán los exámenes de recuperación para eso?

No lo hacemos tan mal.

En todo caso, lo hacemos lo mejor que sabemos.

¿Perdona?

¿No habíamos quedado en comunicarnos esta noche?

¿No lo hemos hecho? Hijo, llevamos una hora hablando.

Venga.

Buenas noches, cariño.

¿Qué artículos de la Constitución han sufrido modificación?

Esa pregunta tiene trampa.

Solo se ha modificado un artículo, el 134.

Y ¿desde cuándo está vigente?

¿Desde el 27 de septiembre del 2012?

¡Casi!

No te pongas cómodo que te quedas dormido.

Todavía tenemos que repasar un rato.

¿Cuál ha sido mi puntuación en la última tanda?

Seis sobre diez.

¿Tanto hincar los codos para no pasar de ahí?

Rober, un seis está bien, es un aprobado.

Vamos a darle un poco más de caña.

Dispara.

¿En qué fecha entró en vigor la Constitución española?

(Suena un móvil)

Joder, ¿ahora este qué querrá? No se lo cojas, pasa de él.

Prefiero cogerlo, si no estaré

toda la noche pensando en la llamada.

¿Sí?

Hola, Alicia, soy Fernando. Espero no haberte despertado.

Estaba despierta, ¿qué quieres?

Me gustaría que hablásemos

para intentar rebajar la tensión entre nosotros y llevarnos mejor.

Quintero, no tengo ganas de escuchar más tonterías por hoy.

Solo quiero decirte una cosa, no será más de un minuto.

Dime.

Alicia, yo...

yo solo quiero decirte que si nos volvemos a encontrar

por la calle, en el bar La Parra o donde sea,

intentemos por lo menos tener una relación lo más cordial posible.

Eso requiere demasiado esfuerzo para mí.

Y no estoy dispuesta a hacer ningún tipo de paripé contigo.

Yo estoy dispuesto a hacer lo que sea para arreglar nuestra relación.

Es que partes de un error de base.

Que entre nosotros no existe ninguna relación ni existirá nunca.

Está bien.

Espero que algún día cambies de opinión y podamos empezar de cero.

Para que eso ocurriera tendría que cambiar el pasado.

En que después de haber ocurrido el accidente de mi madre,

no habrías salido corriendo como la rata que eres.

Ni la habrías dejado agonizando.

Como eso imposible, también lo es que podamos empezar de cero.

Alicia, las cosas no son así, no son como parecen.

Déjame que te explique porque si yo...

¿Alicia?

Alicia.

A ver, ¿qué milonga te ha contado este ahora?

La misma de siempre.

Quiere que nos llevemos bien y tengamos una relación cordial

No sé si es imbécil o se lo hace.

Este tío te está dando demasiado la lata.

Lo que tienes que hacer es pasar de él y no darle más bola.

No se la doy, lo que quiero es leerle los derechos

antes de ponerle las esposas.

No te preocupes,

es cuestión de tiempo que lo enchironemos.

No dejo de darle vueltas a ese cambio de actitud

de aparente buen rollo.

No dejes que te amargue la vida.

Creo que por hoy ya le has dedicado bastante tiempo.

Sí, tienes razón.

Venga, vamos a seguir.

Fecha de entrada en vigor de la Constitución española.

Hablamos de la fecha de entrada en vigor,

no de la fecha de ratificación.

Eso es.

El 29 de diciembre de 1978.

Lo has mirado, eres un tramposo. No he mirado nada.

Venga ya, que no sabes mentir.

Vale, pero ¿a que te he hecho reír?

Pregúntame otra, anda.

Jefe.

Buenas noches, pensé que ya se había ido a casa.

-Pues ya ves que no.

Ya sabes que al final paso más tiempo aquí que en mi casa.

-Lo sé, lo sé.

¿Todo en orden?

-Bueno,

digamos que he tenido días mejores, para qué te voy a engañar.

-¿Puedo hacer algo por usted?

-Si te quieres sentar y tomarte algo conmigo.

La verdad es que hoy me vendría muy bien hablar con alguien.

-Vale, como usted quiera. No voy a ser la mejor compañía, ¿eh?

Que estoy "reventaíto" hoy.

-¿Reventado tú? ¿A tu edad?

¿Qué dirás cuando tengas la mía, hombre?

Ah, bueno, ya, claro

que ayer fuiste al concierto ese de las entradas que te di, ¿no?

Fuiste con la chica esa que te gusta tanto, Patty.

¿Qué tal? ¿Cómo va?

-Pues...

pues la verdad es que va muy bien.

El concierto fue muy bien y después del concierto

mejor que bien.

Estoy muy contento porque después de meses a pico y pala

veo que valió la pena, la cosa va en marcha.

-No sabes cuánto me alegro por ti, hijo.

Me alegro mucho de que te vaya todo bien.

-Don Fernando, quizás es meterme donde no me llaman,

pero ¿lo que le pasa tiene que ver con la bandolera?

-¿Cómo lo sabes?

-Tampoco hay que ser muy lince, desde que la robé y se la di

y miró lo que había dentro, anda algo raro, perdone que le diga.

-No te preocupes. Sí que ando raro.

Lo que he encontrado dentro de esa bandolera me tiene

bastante preocupado.

-No se la está jugando con las cuentas esta serpiente.

-No, no, no es eso.

Se trata de algo mucho más importante que el dinero.

¿Sabes, Jairo?

No sé por qué, pero últimamente pienso mucho en el pasado.

¿Te he dicho alguna vez que mi abuelo era transportista?

Bueno, en su época lo llamaban estraperlo.

-No, lo único que sabía hasta ahora, que usted me había "contao"

que llegó al barrio con una mano delante y otra detrás.

-Así fue, sí.

Mi abuelo de vez en cuando me llevaba de viaje

y a mí me encantaba.

En cuanto que me hice algo mayor

y podía ser responsable, empecé a trabajar mano a mano con él.

A mi padre no le gustaba que anduviese con mi abuelo,

en una empresa de transportes de verdad

como mozo de almacén.

-Qué chulo tiene que ser tener un padre que se preocupa por ti.

Yo no tengo ni idea de lo que es tener eso.

-No te creas, tampoco disfruté mucho de mi padre.

Murió cuando tenía 17 años.

Para mi madre y para mí fue un golpe tremendo.

-Nunca "ma contao" si tiene hermanos.

-No, no tengo.

Por eso me tuve que poner a trabajar tan jovencito, siendo casi un crío

para ayudar a mi madre a salir adelante.

Desde que murió mi padre, nunca levantó cabeza.

Cayó en una profunda depresión

y se quedó ahí.

Murió dos años después.

Los médicos decían

que fue por algo de corazón, pero si te soy sincero

yo siempre he pensado que mi madre murió de pena

por la muerte de mi padre.

¿Sabes? Dice alguna gente

que las personas nunca mueren siempre y cuando las recordemos.

Si eso es así, mis padres tienen que ser muy felices en algún sitio

porque yo no dejo de acordarme de ellos todos los días.

-Joder, está usted muy sensible. Nunca lo había visto así.

Se nota que el tema de los padres le toca profundamente.

-Ya me gustaría ser la mitad de buen padre

de lo que fueron conmigo.

-No diga eso, que usted es muy buen padre.

Seguro que es muy buen padre, pero tiene a su hijo muy lejos.

Eso es lo que pasa.

Porque solo tiene al de Miami, ¿no?

-Sí.

Solo tengo a ese hijo, y ya ves,

cuando me dispararon, ni siquiera se presentó aquí en Madrid

ni me llamó para saber cómo estaba, ni nada.

-Ya lo sé.

Con ese hijo ya no puedo hacer nada.

Pero bueno, será mejor que te vayas a tu casa a descansar

que ya está bien por hoy.

-¿Seguro?

Si usted quiere, yo me quedo el tiempo que haga falta.

-No, no te preocupes, Jairo, de verdad.

Yo te agradezco en el alma que te hayas quedado este ratito

escuchando mis batallitas sobre la paternidad.

No es necesario. Vete a descansar, anda.

-Bueno.

Muchas gracias por la copa.

-Hasta luego.

-Llevamos mucho tiempo así.

No creo que se acabe el mundo por eso.

Ya no recuerdo cuándo fue la última vez que hicimos el amor.

Para esas cosas hay que estar a gusto, no sé.

Crear un clima.

Tampoco somos adolescentes que tengamos que hacerlo siempre.

¿Qué cobarde? Si el que llorabas aquí eras tú.

Pareces un cobarde ahí tirado delante de tu novia.

No sé cómo no te da vergüenza, tío.

Me alegro de verte así. Demuestras que no eres distinto a mí.

Otro Batista al que le asusta la universidad, que le queda grande.

¿Sabes que te digo? Que tu hermano tiene razón.

Me has tenido engañada, que sepas que estoy muy decepcionada contigo.

Dices que aproximadamente a las 7:30

pasaste por un callejón del barrio del grifo para buscar "anacondrias"

y te asaltaron dos chavales que vestían ropa de deporte.

Como ya os habrá contado Espe,

se están produciendo una serie de robos de móviles

y todo indica que los responsables son dos jóvenes

que aprovechan el juego de los monstruitos que está de moda.

Dime dónde te robaron, me voy a enterar de quién fue.

-¿Para qué?

-¿"Pa" qué va a ser, Paty? "Pa" cortarle la mano.

-No, tú te quedas tranquilito, que ya he "denunciao".

-¿Has "denunciao" a la policía? Muy buena ciudadana.

Pero si quieres tu teléfono, me avisas.

¿Qué es de María? Desde sus vacaciones no la he visto.

Calla, que me tiene contenta.

Se cree que todavía tiene vacaciones.

¿Dónde? ¿Aquí en Distrito Sur?

Desde que se presentó Reinaldo, sí.

Sí que has tardado. No veas cómo estaba el bar esta mañana.

-Perdona, cariño, lo siento.

-No le eches la culpa a María.

Aquí el responsable soy yo, quería hacer un poquito de turismo

y no podía hacerlo solo.

-Solo sé que me he tenido que comer el marrón yo sola.

-Me ha parecido oír un viaje de novios a Nueva York.

Ya sabes que hice mi máster allí.

Conozco un montón de sitios preciosos para ir.

-No hace falta, muchas gracias.

-Es una ciudad que no te la acabas,

así que no tengáis prisa por volver.

Ya sabes que yo, sin problemas, me quedo al frente de la nave.

-Sergio, no me chupo el dedo.

Pensé que mis padres estaban hechos el uno para el otro

y para rizar el rizo, mi padre se casa en tiempo récord con Ibarra.

¿Es para alucinar o no?

Sí, yo también alucino, como dices.

Para mí va a ser un shock verla moverse por donde iba mi madre.

Cada vez que pienso en eso, se me hace un nudo en el estómago.

¿Qué te preocupa, cariño?

-Lo que dijiste de vivir en tu casa.

Me incomodaría ocupar el puesto de Carmen.

¿Qué narices quieres?

"Verte, Alicia. Solo quiero verte."

Estoy con mi padre, voy a colgar.

"Pásate por mi despacho esta noche. Tengo que confesarte algo.

A las 22:00. Es importante."

-¿Dices que Martín no quiere hijos? -Eso es.

-Bueno, eso es algo que debe surgir de forma paulatina.

Tal vez, cuando llevéis más tiempo juntos, pues...

-Estoy mirando lo de la inseminación artificial.

-¿Estás enamorada de mí?

-¿Te gustaría que lo estuviese? -Me encantaría.

Sobre todo porque la chica que viva conmigo debe estar enamorada de mí.

-Sergio... -Te estoy proponiendo vivir juntos.

-Si no hace nada que nos conocemos.

-Pero sé muy bien lo que quiero.

  • Capítulo 123

Servir y proteger - Capítulo 123

20 oct 2017

Israel y Elías se despiden, reconciliados al fin. María recibe la visita sorpresa de Reynaldo, un apuesto cubano. Jairo y Paty están emocionados tras la primera noche que han pasado juntos. Tras examinar una quemadura que se ha hecho Quico, a Antonio le entran dudas sobre si ese chico es de fiar.

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