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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 113 - ver ahora
Transcripción completa

Últimamente, no me he portado nada bien con él.

El Fiti ha vuelto al barrio.

El Fiti quiere acabar lo que empezó.

Si te lo cruzas, no podrás decir ni una palabra.

¿Quieres meterme miedo? ¿Que no duerma bien?

Yo te digo lo que pienso.

Juro que no te vas a librar.

(Disparo)

(RESPIRA FUERTE)

-Deberías darme las gracias por haberte salvado la vida,

¿no te parece?

Ahora tenemos que pensar cómo resolvemos este marrón.

¿Por qué has tardado tanto?

-Porque el sitio está a tomar por saco

y la cantidad de horas que me tiré con la pala.

Oye, que vienes muy limpio para haber terminado el turno.

Porque me he duchado en el trabajo. Estoy muerto.

A ver eso que te has hecho. ¿Cómo te apañas, tío?

¿Esto? Descargando camiones. ¡Qué pesado es tu novio!

Empiezo a pensar que una célula terrorista

se ha podido instalar en el distrito.

¿Pero no me has dicho que a Fátima los radicales

la contactaron a través de la página web?

Sí, pero se tuvieron que comunicar de otra manera.

A ver, nos conviene ser prudentes, no podemos crear alarma social.

¡No quiero crear alarma social, Emilio!

Lo que quiero son efectivos que se dediquen exclusivamente

a investigar en profundidad este caso.

He quedado con Emilio para cenar.

-¿Dónde?

¿En aquel maravilloso restaurante de la sierra,

apartados del mundanal ruido?

Hemos quedado como una pareja normal en un restaurante normal

-Anoche no dormiste en casa. -Vale, pesada.

Pero cállate ya.

Que Bremón y yo no lo queremos esconder,

pero que se enteren todos de que hemos dormido juntos.

-¿Me pones una bebida isotónica, por favor?

-¿Con sabor a limón o a naranja?

-A limón.

-En fin, lo siento, se te ve deportista,

tienes una buena formación,

pero, de verdad, no puedo ofrecerte nada.

-Bueno, de todos modos, muchas gracias por atenderme.

-Entonces, ¿ha quedado todo claro? Esta es la parte más complicada,

pero, si tienes cualquier duda, llamas a este teléfono

y con esto no había ninguna complicación.

-Ahora mismo te lo llevo.

Sergio es pura fachada, no es de fiar.

Si lo conocieras, te darías cuenta.

Con lo que cuentas, no me dan ganas de relacionarme con él.

No lo parece porque no haces más que preguntarme por él.

No quería molestarte. Lo siento.

(LEE) -Basándose en los resultados de ADN,

la probabilidad de paternidad es del 99,9 %.

-¿Cómo voy a ser socio de una persona que me está chantajeando?

-A lo que tú llamas chantaje, yo lo llamo lealtad.

-¿Y dónde ves tú la lealtad en esto?

-Podría haberle llevado las pruebas a Quintero

y, sin embargo, he tenido el detalle de traértelas a ti primero.

¡Hace nada estabas dispuesto a ir a la cárcel para hundir a Quintero!

¿Y ahora le abres las puertas de tu bufete?

¡A él y al impresentable de Sergio! ¡No me creo nada!

Alicia, por favor, no puedes irte así.

Por supuesto que puedo.

(TOSE)

(RESPIRA FUERTE)

(Música emocionante)

(GRITA) Perdona, Elena. (GRITA) Perdón.

Bueno, las prácticas, bien, el equilibrio, fatal.

Espe me ha pedido que ponga orden en el archivo.

Un trabajo del que todos nos escaqueamos

hasta que llega uno nuevo en prácticas, claro.

Aunque me muero de ganas por volver a colaborar en algo tan excitante

como el caso de la chica captada.

No me interpretes mal, me sabe fatal por la pobre Fátima.

No todos los casos acaban así de bien.

(SUSPIRA) Mira, Rober, te voy a confesar una cosa,

pero no se lo cuentes a nadie.

Cuando me enteré de que habían matado a Fátima,

me encerré en el baño y lloré un buen rato.

Es que me sentí tan impotente.

Pero esas son cosas que nos pasan a todos.

Tienes que curtirte y no dejarte llevar por las emociones.

Si no, te repercutirá a ti y a tu carrera.

Lo sé, pero no pude evitarlo.

Piensa en todo lo bueno que has hecho por la investigación.

Descubriste el acróstico oculto en la carta, ¿eh?

(SE RÍE) Bueno, no tuvo tanto mérito, pero bueno, gracias.

Tú, ¿qué? ¿Tienes turno de noche?

No, acabo el atestado y me piro, que me está esperando Alicia.

Ah, pensaba que Alicia y tú solo erais pareja de trabajo.

Qué raro que no lo hayas deducido

con tus exámenes gestuales y la prosémica.

Pues no sé, será porque sois muy diferentes.

Yo a Alicia la veo con alguien más como...

Sergio Mayoral.

¿Por qué como Sergio Mayoral?

No sé, lo veo más de su estilo.

Bueno, de hecho fueron pareja o algo así, ¿no?

Sí, pero apenas estuvieron unas semanas.

Ya te digo que el estirado ese no es de su tipo.

No te pongas así, que si te ha elegido a ti

será porque tienes mejores cualidades, ¿no?

Digo yo.

Hola.

Bueno, yo voy a llevar a Espe estos expedientes

para que pueda irse porque creo que en media hora acaba su turno.

No te vayas muy tarde, que esta comisaría te chupa la sangre.

Bueno, todavía me queda batería para un ratito más.

Ya le he dicho a Rober que si necesitáis ayuda con lo que sea...

Alicia, ya te digo que Elena, cuando deje las prácticas,

nos va a poner a todos derechos.

Sí, ambición no te falta.

(SE RÍE) No, lo mío no es mandar, es servir.

Qué buen rollito con la nueva, ¿no?

Aunque parezca muy lista,

está más perdida que un camello en alta mar.

Habrá que ser amable con ella, ¿no?

No quiero discutir, pero esa mosquita muerta, de perdida, nada.

¿Qué te pasa? ¿Y ese enfado? ¿Has ido a ver a tu padre?

(RESOPLA) Sí, y no tenía que haber ido.

Mira que fui con las mejores intenciones

y de camino me repetí que tenía que estar calmada e intentar entenderle.

Pero no fui capaz, terminamos discutiendo

y me fui dando un portazo.

Bueno, la familia es así.

A mí me pasa con Jairo, no sé cómo lo hace,

pero me saca de mis casillas. Rober, pero no consigo entenderlo.

Ha vuelto a meter a Sergio en el bufete como socio

y va a llevar los asuntos de Quintero.

¿Y qué te ha dicho cuando le has preguntado?

Justificaciones absurdas.

Una cortina de humo para ocultar a saber el qué.

Qué raro, ¿no?

Sí, por eso he estallado y le he montado un número de campeonato.

Bueno, ya se le pasará, ya os reconciliaréis.

(Móvil)

Dime, Montse.

No puede ser.

Vale, sí, enseguida voy para allá. Vale.

¿Qué pasa, Alicia?

Que a mi padre le ha dado un ataque al corazón y está en el hospital.

Me voy, Rober.

Hasta luego.

¿Qué te pongo?

-Pues con un agua y un pincho de tortilla será suficiente.

-¿De cenar no quieres nada? Tenemos platos espectaculares.

-No, no tengo hambre.

que tengo ganas de largarme del barrio.

-¿Pero dónde está el chico simpático que vino esta mañana con una sonrisa?

-Pues a ese chico le han dado un palo.

-Bueno, aparte de servirte un pincho de tortilla,

también puedo escuchar tus penas.

-Que he ido a buscar trabajo en el gimnasio Atlas

que el jefe no quería contratar a un nuevo entrenador.

-Bueno, será que Max no necesita a nadie por el momento.

-Ya, bueno, mira, el gimnasio Atlas tiene muy buenas instalaciones,

pero no van a conseguir absorber clientela

si no contratan personal cualificado.

-Ya, y eso lo has deducido poniendo los pies allí.

-Pues sí, deformación profesional.

-Sí, como si tú entras en un bar, ¿vale?,

y, cuando tú entras, ya vas teniendo más o menos, así, en vista,

si faltan camareros, si las tapas son congeladas,

si la clientela, yo qué sé, se apalanca, no consume...

Esas cosas, ¿sabes? -Vale, sí.

Si tienes razón. Además, yo también me fijo.

Pero bueno, no te preocupes,

si están abriendo muchos gimnasios nuevos.

Seguro que te sale trabajo en nada.

-Bueno, ¿me lo puedo tomar en la mesa?

-Claro, si será por mesas. -Gracias.

-Ahora no me dirás que soy yo el que te va siguiendo.

-Se me había olvidado el libro de recetas.

-¿Eres cocinera?

-No, hago repostería de vez en cuando y les echo una mano.

Claro, como voy a entrar en una escuela de alta cocina,

pues aquí puedo practicar.

-Oye, ¿no crees que deberíamos de presentarnos?

-Ah, Olga. -Kiko.

Hueles a mandarina, Olga.

Y te advierto que es mi fruta favorita.

-Es que estaba haciendo unos pasteles de mandarina.

Si te pasas mañana, a lo mejor puedes probarlos.

-Me temo que eso no va a pasar.

Veo difícil que vuelva por el barrio.

¿No puedes venir en otra de tus carreras desde el Parque del Sur?

-No, tengo otras rutas.

Si vine por aquí era porque quería trabajar en el gimnasio Atlas

y bueno, el jefe no ha querido ni considerarlo.

-Ah, ¿pero que eres monitor de deporte?

-Sí, sí, tengo licenciatura en el INEF

y ahora estoy estudiando un máster en Gestión deportiva.

-¿Y cómo es que vienes a pedir trabajo en este barrio?

-Oye, lo dices como, como si esto fuera un barrio de mala muerte.

Yo creo que es completamente lo contrario,

hay buena energía, gente saludable...

-Ya, pero así, entre tú y yo,

el Atlas es un poco básico.

Que el jefe es el padre de mi mejor amiga.

-Pues mira, yo prefiero el Atlas

a cualquiera de estos gimnasios impersonales

donde van los pijos solo por puro postureo.

El Atlas es un gimnasio auténtico, sin adornos,

donde lo verdaderamente importante es el ejercicio físico.

-No, desde luego que, en el Atlas, pijos, pocos,

más bien ninguno te vas a encontrar.

-Son gente estupenda, como tú.

-Perdona, Olga, antes de que se me olvide.

Es que nos estamos quedando sin repostería

y mañana, si puedes, ¿podrías hacer unas tartas y unas magdalenas?

-Sí, las tartas ya las tengo preparadas, son de mandarina.

Y las magdalenas, me pongo a ello en cuanto pueda.

-Muchas gracias. -Me voy.

-Bueno, yo me iré en un rato.

¿Me cobras? -Muy bien.

-Oye, Kiko, no dejes de intentarlo con Max

que, a lo mejor, al final lo consigues.

Adiós.

¿Qué ha pasado, Montse? ¿Cómo está?

Sufrió un infarto, pero lo cogimos a tiempo.

Por suerte saldrá de esta, no ha sido grave.

Los médicos han dicho que es mejor dejarlo tranquilo.

Lo han sedado y ahora está descansando.

¿Te han dicho si le va a quedar alguna secuela?

No se sabe aún, pero el pronóstico es bueno

y la situación, estable.

¿Qué fue lo que ocurrió? (RESOPLA) No lo sé, exactamente.

Yo llegué a vuestra casa hace un par de horas.

Llamé al timbre y no me respondió nadie.

Me extrañó porque había quedado con él,

entonces le llamé a su móvil y lo oí al otro lado de la puerta.

Ahí me empecé a agobiar.

No te llamé porque, en aquel momento, en lo único que pensé fue en entrar.

Menos mal que Marcelino me había dado una copia de las llaves

hacía unos días. ¿Pero estaba inconsciente?

Sí, estaba tirado en el suelo.

Llamé al 112 y los del Samur vinieron enseguida.

Le hicieron las maniobras RCP antes de traerlo aquí.

Hemos tenido mucha suerte.

Menos mal que tenías un juego de llaves.

Si no hubiera entrado, no habría sobrevivido.

Es lo que me han dicho los médicos.

Bueno, pero eso ya ha pasado.

Ahora vamos a ver cómo evoluciona, ¿no?

Todo ha quedado en un susto.

Rober, vete si quieres.

Con que Montse y yo estemos aquí es suficiente.

Si pasa cualquier cosa me avisas, ¿vale?

Muchas gracias por todo, Montse.

Solo le he devuelto una pequeña parte de todo lo que hace él por mí.

Tu padre es un hombre maravilloso. al que le debo ser feliz

en unos momentos muy duros de mi vida.

Yo no puedo decir lo mismo.

Últimamente, no me he portado nada bien con él.

No hables así.

Sois padre e hija y él te adora.

No, si ha sufrido el infarto es por mi culpa.

No pienses eso.

Me pasé un rato a verlo por la noche y...

tuvimos una discusión horrible.

Le dije cosas muy duras. No sé, a lo mejor la...,

la angustia le afectó al corazón.

Tú no eres la única que lo hace sufrir últimamente.

Conmigo está pasando un calvario por culpa de mi cáncer.

No sabes cuánto me arrepiento.

Ánimo, Alicia,

que pronto estaremos celebrando que hemos sobrevivido a todo.

Hola. -Hola.

-Cafecito cargado y magdalenas.

Me han dicho que tienes turno de noche.

-Ay, gracias, lo necesito.

Tengo que desencriptar a toda leche los archivos informáticos

incautados a Salcedo. -¡Un planazo!

¿Los Salcedo son los mafiosos estos, constructores?

-Sí.

-¿Y qué pasa, que blanquean dinero a través de sociedades

a nombre de su familia? -¿Cómo?

-La foto, ¿no es la mujer de Salcedo?

-Ah, no, no. Gracias.

No, es una amiga mía que vive en Suecia y acaba de ser mamá.

Una amiga mía de Cali también acaba de ser madre.

Estamos en esa edad en la que nuestro círculo de amistades

empieza a procrear y, dentro de nada, me veo como una solterona.

-Ya. Bueno, ¿y tú qué tal? ¿Cuándo es el combate?

-Dentro de dos días. Estoy atacada de nervios.

-Estás a tiempo de no hacerlo, ¿por qué no lo dejas correr?

-Por la misma razón por la que te chifla pasarte la noche

desencriptando archivos informáticos

en vez de irte de farra por ahí conmigo, por ejemplo. Somos raras.

-Dios las cría...

-Oye, me gustaría pedirte que vinieras a apoyarme al combate.

-¿Yo? ¿De animadora?

-De amiga animadora.

-No sé...

-Te lo pido por favor.

-Está bien.

-Me va a dar mucha fuerza saber que estás allí.

-Eh... Martín me ha dicho que mañana sale publicada tu entrevista.

-Seguro que muy bien, Martín está muy contento del resultado.

Tu chico sabe muy bien cómo obtener información, sí.

¿Qué tal lo lleváis?

-Me siento rara.

Parece que, a pesar de todo, nos hemos acoplado.

Somos personas... especiales.

Nunca había sentido una conexión así con alguien.

Ay, perdona, que no quería que sonase mal, ¿eh?

Si yo sé que lo vuestro no es ningún calentón

ni un enamoramiento pasajero.

-Pero da vértigo.

-El amor es impredecible, ¿no? Lo mejor es dejarse llevar.

Bueno, que te sea leve lo que te queda de noche.

-Gracias.

No me he podido concentrar en todo el día pensando en anoche.

(SE RÍE) Yo al contrario.

Estoy superactiva, como en una nube, vamos, flotando.

¿Cuándo volveré a estar contigo?

Pues no lo sé. Hoy tienes una cena con los comisarios, ¿no?

Sí, y estoy obligado a ir.

Y maldita las ganas que tengo de escuchar cotilleos,

bromas y tonterías de esos soplagaitas.

¡Pero bueno! Si son tus colegas.

Ya... Si te escucharan...

Lo que daría por cenar contigo.

¿Y tú qué planes tienes?

Pues yo, nada. Me iré a casa, me prepararé algo ligero

y cenaré delante de la tele

viendo una serie que me tiene muy enganchada.

¿De qué va?

Es una funcionaria que viaja en el tiempo.

A mí no me gustan las series, nunca veo ninguna.

Pues eso que no tenemos en común.

(SE RÍE) ¡Oye!

Espero que eso no sea un obstáculo

para que tú y yo podamos estar juntos, ¿eh?

Tú tranquilo, si estás conmigo te voy a enganchar a las series.

Estoy pensando que, a lo mejor,

te apetece, después de ver tu capítulo,

venir al hotel a tomar tu infusión nocturna conmigo.

¿Qué te parece?

Después de mi cena voy, invento una excusa

y me escaqueo a los postres.

No, de verdad, Emilio, no te preocupes,

que no te quiero cambiar los planes.

Y, además, que no sé, que si sales tan rápido de la cena,

te pueden poner verde y se pueden mosquear.

Hay muchos días.

Muchos.

Pero ahora mismo te comía a besos.

Y yo también, pero en otro momento y en otro lugar.

¿Sí?

Gracias.

Pasa, Natalia.

¿Qué haces aquí? ¿Ha pasado algo?

No, tranquilo, no pasa nada.

Solo he venido a pedirte en persona lo que no me respondes por mensaje.

Ven a casa a cenar esta noche. Natalia, no puedo.

Tengo una cena de comisarios.

Seguro que es otra de tus excusas y que has quedado con otra persona.

Natalia, ¿por qué no llamas tú misma y lo compruebas?

Les conoces a casi todos,

incluso eres amiga íntima de sus mujeres.

¿Quieres que llamemos a...? No seas impertinente, Emilio.

No pretendía serlo, Natalia, de verdad,

pero no me dejas otra salida.

A ver, ¿qué te hace pensar que tengo que seguir dándote explicaciones?

Qué me habré creído al pensar que podrías venir a cenar a casa

con tus hijos, aunque fuera por una sola noche.

Natalia, por favor, no metas a los niños en esto.

Forman parte de tu familia, de nuestra familia

y no paran de preguntar por ti todas las mañanas y todas las noches.

Tus hijos te necesitan.

Te acabo de pedir que no sigas por ahí, ¿eh?

Emilio,

ven esta noche a dormir a casa cuando acabes la cena.

Que los niños, cuando mañana se levanten,

Natalia, por favor, deja de chantajearme con los niños.

Yo lo tengo todo muy claro, sé que están sufriendo,

no soy tan insensible.

Pero sé que van a sufrir más

si seguimos con esta relación de mentira.

O sea que los niños han perdido a su padre,

eso es lo que me quieres decir. Categóricamente, no.

Yo siempre voy a ser su padre,

aunque no durmamos bajo el mismo techo.

¿Y cómo se puede ser un padre a distancia?

La única manera de que no te echen de menos

es que vuelvas a casa.

Natalia, ya hemos hablado de esto.

La respuesta es no.

No has calculado bien lo que supondrá para ti irte.

¿Me estás amenazando?

Natalia, escucha.

Yo ahora estoy haciendo bien las cosas.

Tú y yo somos los únicos responsables

de que nuestro matrimonio se haya roto.

Tenemos que afrontarlo tú y yo solos, sin meter a nadie más.

Eres un egoísta.

No te das cuenta del daño que nos estás haciendo.

(Portazo)

(SUSPIRA)

De verdad, Paty, tienes que ayudarme con lo de tu padre.

No dejes de hablarle de Kiko.

que puedes elegir un pastel distinto cada día.

-Bueno, eso ya lo tengo sin pedirlo. Además, estoy empachada.

-Bueno, pues te dejo por tiempo indefinido

mi vestido rojo, el que te gusta tanto, de tirantes.

No, mira, mejor, te lo voy a regalar.

-Pero bueno, a ti sí que te ha dado fuerte

con el tío vestido de colores.

-"Es que tiene una forma de mirar que te derrite".

-Sí, bueno, pues te derretirá a ti, porque lo que es a mí...

A lo mejor no me ha mirado de la misma manera.

-Jo, tía, ¿tú crees que le gusto?

Es que él a mí me encanta.

-"Y ahora me vienes con estas. ¿No decías que no te gustaba?".

-Bueno, es que no me gusta, me vuelve loca.

De verdad, Paty, tienes que ayudarme.

-Mira, si le gustas, seguramente se dejará caer por aquí pronto.

Si tu padre no le contrata, se va a ir a un barrio mejor

y a un gimnasio mejor que el Atlas. -¿Cómo que mejor que el Atlas?

-"No, a ver, mejor que el Atlas no hay ninguno".

Y cuidado, que eso no lo digo yo, que lo ha dicho él.

Me ha dicho que el Atlas es un sitio muy auténtico, ¿sabes?

Y que la chica de la recepción le ha caído superbién

y le ha dado muy buen rollo

"y te juro que esto no me lo estoy inventando ni nada.

Así que por eso tienes que ayudarme".

-Bueno, hablaré con él, pero no te prometo nada, ¿eh, Olga?

Además, que sepas que yo no te estoy pidiendo nada

que yo no haría por ti, ¿vale?

(Puerta)

Eh, Paty, te tengo que dejar.

Hablamos luego, se me ha hecho tarde.

Ahora mismo pongo la mesa.

-¿No tenía que estar puesta ya?

-Bueno, es que me he entretenido hablando con Paty.

-Ya, ya, ya.

¿Y qué es lo que estás dispuesta a hacer por ella?

-Papá, tú sabes que está muy mal

escuchar conversaciones ajenas, ¿verdad?

-¡No, venga!

¿De quién estabas hablando?

-¿Cómo? Que no te voy a contar nada, que a ti no te incumbe.

¿Quién va a aguantar los cambios anímicos de lo que no me incumbe?

-Bueno, pues mira, es que me gusta un chico.

Te has tenido que enterar, ¿estás contento?

-Contento, no, tengo que hacerte más preguntas, entonces.

-¿Más preguntas? No, no, papá, ni una pregunta más.

Oye, que ya soy mayorcita y hay cosas

que una hija no debería contarle a sus padres.

-Podrás decirme dónde lo has conocido, al menos.

-Mira, cuando te pones así de pesadito...

-Contéstame a lo que te he preguntado y así dejo de ser pesado.

-Mira, te lo cuento, pero a mamá ni mu, ¿eh?

Es un chico que me gusta mucho, ya está.

-Sí, eso ya lo he pillado.

Nos hemos cruzado tres veces y, las tres veces, hoy.

-¿Pero dónde lo has conocido?

Entraba sudando porque venía corriendo del Parque del Sur

-La cantidad de kilómetros que hace la gente para ir al Atlas.

-Es que venía buscando trabajo

porque luego me lo encontré allí y me lo dijo.

-¿Qué trabajo?

-De buceador profesional, papá.

¿Pues de qué va a ser? De entrenador de gimnasio.

-Ah, deportista, eso me gusta.

-Sí, y tiene un cuerpazo... -Eh, los detalles los dejamos, ¿vale?

Pero a mamá ni mu, que lo mismo esto es una película

que me estoy montando yo y luego...

-¿Y le ha dado Max trabajo?

Porque luego me lo encontré en La Parra y me dijo que no.

-Y estás tristona por si no lo vuelves a ver.

-Sí, porque si no lo vuelvo a ver, yo me muero.

-Qué bonito es el amor.

-Se llama Kiko.

Pues sí, Cristina, sí, una conmoción.

Claro, es que nadie se podía esperar esto de Fátima.

Sí.

Sí, sí, sí, como te dije, sospechamos

que no pudo ser captada únicamente por internet,

debía haber alguien más.

Claro, contacto personal, sí,

pero lo peor es que debe estar en el barrio.

Sí, bueno.

Sí, tenéis que estar muy vigilantes, sobre todo en el instituto.

Si veis algún comportamiento extraño

o algún comentario que os llame la atención,

eso es, me llamas.

Venga.

Sí, gracias, Cristina. Venga, un beso.

Chao.

Adelante.

¡Natalia, cuánto tiempo! ¡Hola!

¿Cómo están los niños? Deben estar enormes, ¿no?

y Marcos está a punto de cumplir once.

¡18! ¡Madre mía!

Oye, pero siéntate, por favor.

¿Y qué, de visita?

Sí, he venido a hablar con Emilio. Como en casa ya no puedo...

Supongo que estás al corriente.

Bueno, un poco.

Le vi preocupado y le pregunté y me dijo que os estabais separando.

Esta noche tiene cena con otros comisarios, ¿no?

Sí, sí, sí.

(SUSPIRA) Pensé que era mentira.

No dejo de darle vueltas.

Todavía no puedo creerme que ya no esté.

Es una situación difícil de digerir, al menos...

para mí está siendo complicado.

Imagino que es una situación difícil para todos.

Bueno, para algunos más que para otros.

Yo a Emilio lo veo como si nada, refugiado en su despacho y...

Sin embargo, para los niños y para mí

pues nos está costando adaptarnos a esta...

nueva situación.

Natalia, no quiero meterme en medio, pero...

de verdad que Emilio no lo está pasando bien.

No intentes justificarle.

Te aseguro que no le tembló la voz cuando dijo que nos abandonaba.

A ti te admira, pasáis mucho tiempo juntos, ¿no?

Le conoces bien.

¿Crees que habría alguna posibilidad de que volviera a casa?

Solo me dijo que os estabais separando y punto.

Lo último que haría sería meterme en medio de una crisis de pareja.

Hace mucho que estamos en crisis.

Y la verdad es que, en parte, es culpa mía.

No, no digas eso.

Sí, porque yo lo dejé todo por ocuparme de la familia

y esperarle cuando llegara del trabajo

y resulta que eso, eso no ha sido suficiente.

Lo siento.

Tú y Antonio seguís juntos, ¿no?

Sí.

Con nuestros más y nuestros menos, como todos los matrimonios.

¿Y alguna vez se ha interpuesto una mujer entre vosotros?

Eso no viene al caso. Solo te diré

que mantener vivo un matrimonio no es fácil para nadie.

No, pero tú has sabido ser tú misma y te admiro.

No has renunciado a nada.

Sin embargo, yo he renunciado a todo y, aun así, he perdido a Emilio.

(LLORA) Lo que más rabia me da es que he vivido en un mundo ficticio.

Penaba que nuestro matrimonio, nuestra familia

era lo más importante y resulta que todo es una farsa.

Lo siento, no quiero que me veas así, es que es todo muy reciente

y tengo los sentimientos a flor de piel.

Natalia, si te tienes que desahogar, desahógate, no te preocupes.

Gracias, no es el momento. Además, seguro que tienes que irte a casa.

No le digas nada de esto a Emilio, ¿vale?

Me alegro de verte. Yo también.

Pues estaba bastante enfadado cuando entré en su despacho,

la verdad.

-Pobre Marcelino.

En el fondo me da pena.

-No sé yo si se llegará a acostumbrar a verme de nuevo por su bufete.

-Me ha pedido que pase usted lo menos posible por allí

y que, si tiene que ir, vaya directamente a mi despacho.

-No, no, Sergio, no te equivoques.

Yo no me tengo que esconder de nada ni de nadie.

-Lo mejor es que lo hagamos así.

Tampoco es cuestión de machacar a mi socio.

Bastante está tragando ya con mi reincorporación.

(SUSPIRA) Verás, si..., si hace unos días me llegas a decir

que Marcelino te iba a volver a readmitir en su bufete

y que volvería a llevar todos mis asuntos y todos mis negocios,

sinceramente, me habría echado a reír.

Pero lo has conseguido.

Por cierto, todavía no sé cómo.

Pero lo has conseguido.

-Perseverancia.

-Vamos, hombre, no me tomes por tonto, Sergio,

ni me hables como si fuera uno de los voluntarios

de tu maldita ONG.

-Si uno desea mucho algo y lucha por ello,

utilizando las armas adecuadas,

normalmente lo consigue.

-¿Ah, sí? Armas adecuadas. ¿Y cuáles son esas armas adecuadas?

Porque tu falta de escrúpulos empieza a preocuparme ya bastante.

-Nunca haría nada que no hiciera usted mismo.

-Ya. ¿Hasta dónde quieres llegar?

-Me gustaría que el bufete Mayoral tuviera las mejores cuentas.

Me gustaría tener sedes en las grandes ciudades europeas:

París, Berlín, Londres...

-¿Has vivido en el extranjero?

-Sí, estuve un año en Nueva York haciendo un máster.

Un "MSL in Corporate Compliance".

-Se te da muy bien el inglés.

Supongo que un chico de buena familia como tú

se comería a bocados la Gran Manzana, ¿verdad?

-Que no se enteren mis padres, pero lo que menos hice fue estudiar.

La verdad es que fue una etapa un poco... loca.

-¿Y por qué no te quedaste allí, en Estados Unidos?

Con tu ambición podrías haber hecho carrera

y, ahora mismo, quizá hasta tendrías un despacho en la Torre Trump.

(SE RÍE) -No, gracias.

La verdad es que no estaba muy centrado en esa época.

No estaba muy centrado en lo profesional.

Me interesaba más pasármelo bien.

-Entonces, ¿te sacaste el máster o no?

-Sí, sí, al final me lo saqué.

Pero ya le digo que me dediqué más a disfrutar.

-Ya. Que te quiten lo bailado, ¿verdad?

(Móvil)

-¿Puedo? -Sí, sí, claro.

-Sí.

¿Cómo?

¿En qué hospital?

Vale, gracias por avisar.

-¿Qué pasa?

-Que a Marcelino le ha dado un ataque al corazón.

Era un pasante, para avisar.

-¿Pero...

está vivo? -Sí.

Le han llevado al hospital.

¿Esta noche también tienes cena romántica?

-No, esta noche él ha quedado para cenar con los comisarios.

-Ah.

¿Sabes, Lola?

Empiezo a ver que lo vuestro es una verdadera historia

y no un calentón entre su jefe y su subalterna.

-Te voy a confesar algo.

Sabes que yo he tenido siempre,

bueno, mucho miedo a volver a estar con alguien.

Ya sabes, desde lo que pasó.

En plan íntimo.

Me horrorizaba el pensar en volver a estar con un hombre.

Pero estar enamorada de Emilio me ha hecho tirar para adelante.

Quería hacer el amor y...

a la vez tenía mucho miedo.

-Es que fue un trauma muy difícil de superar.

Pensé que no lo superaría, ¿eh? De verdad.

-¿Lo hablaste con Bremón?

-¿Te refieres a anoche?

No, porque en el fondo yo pensaba que era algo

que tenía que superar yo sola, ¿sabes?

Sin..., sin la necesidad de involucrarle.

Y no sé, al mismo tiempo, él era tan delicado conmigo

que yo sabía, intuía que...,

que él podía entenderme y comprender que esto me podía llegar a doler,

-O que me podía hacer sentir incómoda.

No sé.

No estaba del todo segura de si iba a llegar hasta el final.

-¿Y qué tal fue? ¿Fue bien?

-¡Fue tan bonito! De verdad.

Me trató con tanto amor y con tanta delicadeza.

Que... ¡Es que fue tan fácil!

Me hizo sentir tan cómoda, de verdad,

que, no sé, me siento muy orgullosa de haber superado este miedo.

-¡Ay, chiqui!

Ni en una novela romántica lo hubieran expresado mejor.

-Hay veces que la realidad supera la ficción.

Para lo bueno y para lo malo.

-Pues nada.

Os veo viviendo juntos a la vuelta de la esquina.

-¿Pero qué dices? ¡Anda, anda!

-Bueno, pues él es un hombre separado y tú una mujer libre y con piso.

¿Por qué tiene que seguir pagando el hotel?

-Pues no, tiempo al tiempo.

Lo primero que tiene que hacer es divorciarse y luego ya se verá.

-Pues yo tengo unas ganas de ir de boda...

Ahí lo dejo, ¿eh? -Cómo eres.

O sea, hace nada nos estabas intentando separar

¿y ahora estás haciendo planes de boda?

¡Espe!

-Hola.

¿Me pones una manzanilla, por favor?

-¿Has visto un fantasma? -Calla.

No mires, porque está ahí detrás la mujer de Bremón.

Disimula, que no mires, te he dicho.

-¿La has tratado?

-Antes venía de vez en cuando.

Pero no se habrá fijado en mí porque, como voy de paisano...

-¿Y a qué habrá venido?

(SE RÍE) -¿Pues qué quieres que te diga?

A pedirle que vuelva a casa.

-Por favor, Espe, no me digas eso.

-Es que, no sé, si quieres te digo que ha venido a conocer a su rival.

-Ay, cállate, Esperanza, por favor. Lo estás arreglando.

No creo que sepa nada, no creo.

¿Tenía cara de mosqueo?

-Lo poco que la he visto, tenía cara más bien de sufrimiento.

-Mira, no, me largo de aquí.

-Pues mira, tienen que venir a fumigar

y si quieres te encargas tú de todo eso, ¿no?

-Sí, sí, yo me encargo.

-¿Te cobras, Salima, cuando puedas?

-Espe.

Natalia, la mujer de Emilio.

-Hola, Natalia.

Perdone, que como estaba hablando con mi amiga no me había dado cuenta.

-¿Tú también trabajas en la comisaría?

-Sí.

-Soy Natalia Contreras, encantada.

-Yo soy Ramos, la oficial Ramos.

-He venido a hablar con Emilio,

pero tiene una cena con otros comisarios.

¡Hombres!

(SE RÍE) -Sí, hombres, estos...

-¿Y qué tal por la comisaría? ¿Mucho ajetreo?

-¿Nos vamos? -Eh...

Tú eres la que está al cargo de UFAM, ¿no?

-Sí. -Lola.

Lola Ramos.

-Sí, soy yo.

-Mi marido me ha hablado muy bien de tu trabajo.

-Es que Lola es muy buena.

-Bueno, pues no os entretengo más. Ya os ibais, ¿no?

-Sí.

Bueno. -Hasta luego.

-Hasta otra, ¿eh? -Adiós.

(SUSPIRA)

Papá, una cosita.

Antes ha venido un chico preguntando por trabajo en el gimnasio.

-Sí, luego volvió, hablé con él.

-¿Ah, sí? ¿Y lo vas a contratar?

-Pues no, no necesitamos a nadie en el Atlas.

-¿Pero cómo que no? ¡Si estamos hasta arriba de trabajo!

No paran de entrar clientes nuevos desde la campaña de los "flyers".

-Mira, todo el mundo se ha acogido al mes de prueba.

Y si luego no se quedan, ¿qué? ¿Eh?

-Yo creo que necesitamos contratar a ese chaval.

Sí, porque así los clientes van a ver que este gimnasio no es cutre

y que invertimos en personal.

Porque yo soy muy maja, pero cualificada, nada.

-Tú lo que eres es una lista. Estás aprendiendo mucho, tú.

-A ver, ¿qué currículum tiene?

Es licenciado en INEF, experto en Gestión deportiva

y, encima, sabe de boxeo.

-Y, además, le mola el Atlas un montón.

Dice que aquí viene gente auténtica y de verdad, no de estos de postureo.

No sé, creo que deberías contratarle.

-Ya, ya, ya. -Sí.

-¿A qué viene tanta insistencia? Te gusta, ¿eh?

-No. Que no, que no, no es mi tipo para nada.

Pero, no sé, yo lo digo por el bien del negocio.

-Deberías darle una oportunidad, aunque sea.

-Elías, ¿qué pasa? Ya nos íbamos.

-Ya, bueno, pero no vengo al gimnasio, vengo a ver a un amigo.

-Bueno, yo me voy a ir adelantando. Te espero en casa.

-Hasta luego, peque. -Adiós, Elías. Chao.

-Verás, es que quería hablar contigo.

No es que dude de tu criterio, pero tengo que preguntártelo.

¿Tú crees que está preparada?

-¿Nacha? -Sí.

-Si tuviera alguna duda, no la dejaría subir a un cuadrilátero.

Elías, ya sabes que el boxeo es una cosa muy seria para mí.

No dejaría subir a nadie sin posibilidades.

-Yo creo que está un poco verde.

-Que no, que tiene posibilidades de ganar.

-Pero es que su rival, la Vicky Martos esta,

lleva muchos combates a sus espaldas.

Lo sé, pero Nacha puede ganar si se centra.

Escucha, tiene ritmo, tiene "swing" y tiene pegada.

Y tiene un entrenador que vale su peso en oro.

-Va, déjate de bromas.

He estado viendo vídeos de la Martos esta

y tiene una pegada que me ha dejado impresionado.

-No estoy de bromas, puede ganar.

En cuanto a su rival, la he estudiado, te lo aseguro

y conozco todos sus puntos débiles. Nacha los va a utilizar, de verdad.

Además, se me ha ocurrido una estrategia.

Esto es rápido, lento, rápido, lento, rápido, ya, ya.

Esquiva y gancho. Te ha gustado.

-Estás que te sales, ¿eh?

Oye, al final vas a valer para entrenador, tú.

Hace mucho tiempo que no entrenaba a nadie

que se fuese a subir a un ring.

La verdad es que Nacha me ha devuelto la ilusión.

-Estás a tiempo de dedicarte a ello.

¡Si estás hecho un chaval!

-¿Pero qué dices, hombre? Ese tren ha pasado para mí.

Aunque, si el boxeo llamase a mi puerta,

lo dejaría todo.

-¡Vámonos, tigre!

(CARRASPEA)

¿Qué haces aún en comisaría?

Deberías haberte ido a casa ya, ¿no?

Me entretuve leyendo el último informe de la UFAM.

Es excelente el trabajo que hacen

con las mujeres maltratadas y sus hijos.

Me disponía a redactar unas valoraciones.

No deberías hacer horas extras a menos que fuera imprescindible.

Un policía también necesita descansar.

El tiempo aquí se me pasa volando.

Cuando estaba en la academia de Ávila,

estaba deseando empezar con las prácticas en la comisaría.

Pero la realidad es mejor de lo que imaginaba.

Me encanta que seas tan entusiasta

y la verdad es que te tengo que decir

que estás haciendo un trabajo magnífico.

Tus compañeros están encantados contigo.

Qué bien.

Ojalá todos los policías en prácticas

se lo tomaran tan en serio como tú.

Tampoco tiene mucho mérito.

Mis compañeros me están ayudando mucho.

Venga, apaga el ordenador ya.

Usted también se queda a trabajar hasta muy tarde.

(SE RÍE) Para desgracia de mi familia.

Todos los días me prometo que voy a salir a mi hora,

peor no lo cumplo nunca, soy un desastre.

Ay, tenía que haberle comprado helado de vainilla a mi hija.

Por Dios, que quería hacer un postre. Estará todo cerrado.

¡Vete ya! ¡Vete ya, que es una orden!

Ay, Claudia, Claudia. Hasta mañana, inspectora Miralles.

(CARRASPEA)

¿Diga? -"Hola, Sergio, soy Elena.

-Elena, ¿qué Elena?

-Elena Ruiz, la inspectora que está en prácticas

en la comisaría de Distrito Sur". -Ah, sí. ¿Qué pasa?

-Perdona que te llame a estas horas.

Espe me ha dado tu teléfono, pero no te he podido llamar hasta ahora.

Verás, necesito hablar contigo sobre un asunto de la ONG.

-¿Y sobre qué, exactamente?

-"Prefiero comentártelo en persona".

Sé que estás muy ocupado,

así que algún día que vengas por la comisaría

te pediría que me reservaras un hueco, si es posible.

-Mañana, seguramente, me pase por allí.

-Estupendo. Hasta mañana, entonces. Y perdona, ¿eh, Sergio?

-"No te preocupes".

Buenas noches.

Papá.

¿Dónde estoy? En el hospital.

Has sufrido un amago de infarto, pero estás bien.

No lo recuerdo muy bien.

Esta tarde te caíste al suelo y quedaste inconsciente.

Rápidamente llegaron los médicos del Samur y te trajeron aquí.

Estás fuera de peligro.

¿Y Montse dónde está? ¿Está bien?

Quería quedarse aquí, contigo,

pero le dije que se fuera a casa a descansar.

Ella todavía está convaleciente.

Has hecho bien.

Si vuelves a darme un susto así, voy a tener que detenerte.

(SE RÍE)

Quiero pedirte perdón, papá.

Dije cosas horribles y muy duras.

Y luego pasó lo que pasó.

No tienes que pedirme perdón

ni sentirte culpable.

Un padre y una hija

se pueden decir cosas que no se dicen a nadie.

(Puerta)

-¿Se puede? No, no se puede.

Dame una tregua, Alicia, aunque solo sea porque tu padre está delicado.

¿Cómo te encuentras, Ma...? ¡He dicho que te vayas!

Tranquila, Alicia.

Solo quiero saber qué han dicho los médicos.

Cuéntame.

-Que te lo diga Alicia, que ha hablado con ellos.

Ha sufrido un ataque cardíaco, pero ya está bien.

Estará unos días en observación.

-Me llamó uno de los pasantes del bufete.

No sabéis el susto que me he pegado.

Pero bueno, ya viéndote me quedo más tranquilo.

¿Cómo puedes ser tan cínico?

De hecho, soy totalmente sincero.

Marcelino, cuenta conmigo para lo que necesites.

Tómate tu tiempo para recuperarte.

El bufete estará bien, yo me encargo.

(SUSPIRA)

Será mejor que me vaya y os deje en familia.

Con tu hija cuidándote estás en buenas manos.

Cómo has podido volver a readmitirlo en el bufete, papá.

Joder, no tiene escrúpulos ni dignidad.

Perdón.

No es el momento de hablar de esto.

Pero te prometo que no voy a sacar más el tema.

Hija, yo lo entiendo, pero...

es mejor dejarlo estar.

Hoy, no.

Si tú confías en él, no tengo nada más que decir.

Anda, vete a descansar.

Seguro que mañana tienes que madrugar.

Esta noche me quedo contigo.

Si aquí me tratan muy bien.

¿Y no prefieres que te cuide tu hija?

Bueno, si soy muy pesada, entonces me voy, ¿eh?

¡Pero qué vas a ser pesada, cariño!

Si eres lo mejor que me ha pasado en la vida.

Te juro que ha llegado tu hora.

(Disparo)

-Deberías darme las gracias por haberte salvado la vida,

¿no te parece?

(Puerta)

¿Qué haces despierto, Jairo?

¿Qué pasa, hermano? ¿Qué tal?

¿Y Alicia? ¿Cómo es que vienes solo? Alicia no va a venir a dormir.

Pues bien empezáis.

¿Qué pasa, que ya se ha cansado de ti o qué?

¿Qué pasa, que ya estás diciendo tonterías?

Se ha quedado en el hospital. Le ha dado un infarto a su padre.

No jodas.

¿Y es seria la cosa?

No, no es muy grave, pero ella está muy fastidiada.

Normal, esas cosas afectan mucho.

¿Tú no deberías de estar sobando?

¿Qué te pasa, hermano?

¿Estás así por el Fiti?

Jairo, mira, no me vengas con mentiras, que nos conocemos.

Tú estás muy raro.

Hermano, tienes fiebre. Te voy a dar una pastilla para que te tomes.

Estate quieto, que no me pasa nada.

Pero hace demasiado calor en esta casa.

¡Parece un horno, joder! Ya, ya, demasiado calor.

Estás como aquella vez.

Como cuando pegaste tu primer palo, por cierto, con el Fiti.

Llegaste a casa, no parabas de dar vueltas, temblando, sudoroso...

Estabas hasta delirando, Jairo. No me gusta verte así.

Tranquilo, que no me vas a ver más.

Mira, mi trabajo me hace ver gente en situaciones muy chungas

que han metido la gamba y la han cagado, pero bien cagada.

Y alguno mantiene el tipo porque se le da muy bien mentir.

¿Pero a otros qué les pasa?

Se ponen nerviosos, no saben dónde mirar,

empiezan a sudar, temblorosos... Como te está pasando a ti ahora.

Por eso, si me tienes que contar algo,

cuéntamelo a mí, que soy el más adecuado para ayudarte.

Hermano, mírame a los ojos.

Es por el Fiti.

Ha pasado algo.

Cuéntamelo, anda, que te vas a sentir mejor.

¿Qué ha pasado?

Fiti intentó matarme hace dos noches de un navajazo.

¿Pero eso dónde, Jairo?

Aquí, en el rellano.

Cuando te pensaste que se me habían olvidado las llaves.

Me acuerdo de ese día. ¿Por qué no me dijiste nada?

Para no preocuparte, sabía que te ibas a preocupar.

Y, cuando te preocupas, te pones pesado.

Lo más lógico, Jairo. Mira, tío, estás en peligro.

Y te lo dije, te dije que esto iba a acabar mal.

¿Cuántas veces te lo he avisado?

No te preocupes, que de verdad que estoy bien

y seguro que ese malnacido no vuelve a intentar nada conmigo.

Me voy a la cama. Descansa, anda.

Y sobre lo de Fátima, ¿qué?

¿Habéis cerrado el caso o seguís investigando?

Bueno, Bremón me pidió que remitiera todo el expediente

a la Comisaría General de Información

y es lo que he hecho. Ya.

Y a ti no te parece suficiente.

Es lo protocolario, pero creo que podríamos haber hecho más.

Siempre has dicho que había que seguir investigando en el barrio.

Ya, pero él dice que no puede dedicar más efectivos

de la comisaría a luchar contra una amenaza fantasma.

Bueno, es cierto que no tenéis pruebas

de que haya una célula en el barrio.

Pruebas, no, pero tenemos indicios

de que Fátima tuvo que estar en contacto con alguien en el barrio

para que solucionara, al menos, la logística del viaje.

Bueno, ya convencerás a Bremón.

Prefiero no hablar de eso.

¿Qué tal tu día?

Hombre, no tan excitante como el tuyo.

Lo más grave, un niño al que le mordió un perro.

¿Era grave? No han puesto denuncia, ¿no?

¿Denuncia? Al que había que denunciar era al niño

por andar maltratando al perro de su abuela, que le cuida.

Oye, y Olga, ¿qué tal?

¿Qué le has dado de cena?

Unos "involtini" rellenos de pollo con tomate

que estaban para chuparse los dedos.

Te hemos dejado dos en la cocina, ¿no lo has visto?

"Involtini", pues mira, mira lo que me he perdido.

No, me he tomado solo un yogurt, estaba tan cansada...

Y por echarle algo al estómago antes de dormir.

Tienes que comer más, que tienes mucho desgaste.

Lo que me da rabia es perderme estos ratitos con vosotros.

de que me estoy perdiendo algo importante de mi hija.

¿Ha pasado algo?

No, ¿por qué?

Antonio, conozco esa sonrisa perfectamente.

Suéltalo ya. ¿Qué ha pasado?

¿Qué sonrisa ni qué sonrisa? ¡Nada!

Le he jurado a Olga que no iba a contar nada, ¿vale?

Vale, pues yo te aplico técnicas de tortura extrema.

Vale, vale, vale, me rindo, me rindo.

Pero como se entere Olga, me mata.

¿Qué ha pasado? Así, en dos palabras,

que..., ¡que se ha enamorado!

¿Se ha enamorado? ¿De quién, de quién?

¿De alguien del barrio, del insti...?

¡No, espera! ¿De la escuela de cocina?

Frío, frío, todo frío. ¡Pues dime lo que sabes!

Tampoco sé mucho. ¿El qué?

Que es un chico que no es del barrio, es deportista

y lo acaba de conocer.

(SE RÍE) Bueno.

A mí, con que sea un buen chico, me conformo.

¡Bueno!

¿Sabes lo que estoy pensando?

Que cuando yo me enamoré de ti,

también te acababa de conocer. Sí.

¿Tú te acuerdas de nuestra primera cita?

Te empeñaste en montarte en una barca del Retiro.

Nos cayó una tormenta que nos dejó empapados hasta los huesos.

Nos tuvimos que refugiar bajo un árbol.

Sí, y tú me separaste el pelo de la cara

y aprovechaste para robarme un beso. Qué romántico.

Me encantan los "revival".

¡Me cago en la mar!

Tus chicos, qué oportunos, de verdad.

Dime, Antúnez.

Vaya.

Oye, pues si habéis iniciado el protocolo, id para allá.

Sí, yo voy enseguida. Seguro que llego antes que el forense.

Venga, hasta ahora.

¿Un cadáver?

Sí, un delincuente habitual que estaba en busca y captura.

Un tal Fiti.

Le han encontrado en un vertedero.

Qué final más triste. Pues sí.

La verdad es que es uno de esos pobres chavales

del polígono que llevan escrito el destino en la frente.

¿Dejamos el "revival" para mañana? ¿Eh?

Bueno.

Ha aparecido el Fiti.

¿Y dónde está ese pedazo de cabrón? Dónde no está. Lo han matado.

¡Joder, voy a ir a la cárcel!

¡Voy a ir a la cárcel! -¡Maldita sea, chaval!

¡Tranquilízate!

¿Me oyes? ¡Tranquilízate, coño!

Y haría cualquier cosa por estar contigo.

Lo siento, Emilio, pero no me siento cómoda

sabiendo que tu mujer se puede presentar en comisaría.

Dale el tiempo que creas necesario para que asuma esta ruptura,

pero, hasta entonces, creo que lo mejor es que no estemos juntos.

-Creo que mi próxima rotación será en la UFAM

y, como sé que parte del trabajo se hace en coordinación con la ONG

en la que colaboras tú...

-Quieres que te haga de guía en la ONG.

-Solo si tienes un hueco.

-¿Qué haces aquí? ¿No te he dicho que no te iba a contratar?

-Insistir. Estaba la puerta abierta.

-Pues nada, ahora coges, vas y la cierras por fuera.

No es no.

-Vaya tela, papá, qué duro eres.

¿En serio? Con lo bien que nos vendría una mano extra.

-Es como Sherlock Holmes o Jessica Fletcher,

siempre husmeando en casas ajenas, ¿no?

-Calla. -¿Eso va por mí?

-No, no, qué va, estábamos...

-No, no, que estábamos hablando de mi madre.

Eh... La verdad es que es única, ¿eh? Siempre sonsacando...

-Bueno, mira, ya está bien, que me tenéis harta.

¿Estás pensando en irte a vivir con él?

No me perdonaría que le pasara nada. Lo siento.

No, tranquila. Es solo que...,

que creo que he estado haciendo el tonto todo este tiempo.

Primero te vienes a vivir conmigo por una discusión con él,

ahora te pide que vuelvas y vuelves.

Yo no sé..., no sé qué somos.

Me ha dado hasta pena, de verdad, pobrecita.

-Pues a mí hay algo en ella que no sé, no sé.

Le pedí a Elías que redactara un informe

acerca de todo lo que había averiguado de Fiti

a raíz del robo de televisores de Quintero.

Me podías haber preguntado a mí, que me acuerdo perfectamente.

Qué te iba a decir, ¿ese informe señala a algún sospechoso?

Fiti andaba con malas compañías y metido en líos.

Más de los que nosotros sabemos.

-He capturado y ampliado los mejores momentos, no sé.

Espero que os sirva.

Parece que está a punto de entrar en Transportes Quintero.

¿Puedes conseguir una imagen mejor?

No hay otro ángulo donde se le vea entrar o salir.

Según la estimación preliminar de la Científica,

la imagen corresponde a las últimas horas de vida de Fiti.

¿Puedo sentarme?

(SUSPIRA)

Eres muy guapa. Yo también lo fui.

-Y lo sigues siendo. La que tuvo, retuvo.

Lo último que necesito es tu condescendencia.

-Lo siento, no pretendía ofenderla.

-Claro, te conformas con llevarte a mi marido,

pero sin ofender.

  • Capítulo 113

Servir y proteger - Capítulo 113

04 oct 2017

Marcelino, que ha sufrido un ataque al corazón, salva la vida gracias a Montse. Jairo, muy angustiado por lo del Fiti, está a punto de contar a su hermano lo que ocurrió. Natalia Contreras, esposa de Bremón, se presenta en la comisaría y coincide con Lola.

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