www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.11.0/js
4243010
No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 109 - ver ahora
Transcripción completa

Y Montse se ha despertado estupendamente.

Se ha extendido al cerebro.

-La operación puede salir mal.

Y me da terror despertarme ciega, sorda o algo peor.

-Montse, soy yo.

-Lo siento, no le conozco.

(INDIGNADO) -Amnesia.

-Sí. Es por culpa de un edema.

Lola, te quería. Y, de verdad, te sigo queriendo.

Es muy complicado olvidar a una persona de un día para otro.

Sobre todo si ha sido importante para ti.

Cuando decidí mentirte y separarme de ti,

sabía perfectamente que me ibas a odiar.

No es justo.

-Disculpe, soy la inspectora en prácticas, Elena Ruiz.

-El Fiti ha vuelto al barrio.

Quiere acabar lo que empezó.

Como te cruces con él, no dirás una palabra.

¿Quieres meterme miedo, que no duerma bien?

Yo te digo lo que pienso.

Vengo buscando a un amiguete que se pasa por aquí.

-Un amiguete. ¿Y cómo se llama?

-Preguntó por ti, le dije que no estabas.

Le pregunté cómo se llamaba y salió corriendo.

¿Ya sabes dónde te apetece hacer la siguiente rotación?

Por mí, me pasaría por todas las unidades.

Pero la que más me atrae es la UFAM. -Lola es la caña, aprenderás mucho.

Se implica muchísimo con las víctimas.

Así está, todo el día estresada. -Debe ser muy duro.

Y sobre todo, mezclar trabajo y vida personal.

-Debe ser difícil dirigir una unidad así

y ser pareja del comisario.

-Te juro que no he dicho nada. -Ah, pero ¿que no son pareja?

-No, si el comisario está casado y tiene dos hijos.

(CORTADA) -Perdón, no he dicho nada.

-Sole ha venido a denunciar la desaparición de su hija.

Estaba con las preguntas del protocolo.

-No sé nada de ella desde anoche.

Y me da miedo que le haya podido pasar algo.

Muchas veces se van de casa por un enfado con los padres.

Ahora que ha pasado más tiempo,

empiezo a pensar que ha ocurrido algo.

Claudia, debo hablar contigo.

-Señora. Lo siento, no he podido pararla.

Tranquila, puedes retirarte.

Mira lo que he encontrado.

El móvil de Fátima. Espera.

¿Cómo va a salir mi hija de su casa sin su teléfono?

¿No te parece muy raro?

-La puso verde en chats privados y en redes sociales.

En público. Es lo peor que te pueden hacer a esa edad.

Estamos trabajando con la hipótesis

de que se ha querido ir voluntariamente.

Y necesitamos comprender el porqué.

Te acuerdas de que hemos quedado, ¿no?

La discoteca, la Red Star.

Me llamaste tú para quedar esta noche.

-Claro. Hemos quedado a las nueve.

-Hemos quedado a las diez. -Pero mejor a las nueve, ¿no?

-Vale, pásate por el gimnasio y nos tomamos una antes de ir.

-Perfecto.

-Jairo, por favor, dime que no me has dejado tirada.

-"Si quieres no te lo digo, pero sería mentirte.

Lo siento en el alma, pero no puedo ir".

-¿Pudiste sacar las muestras del cepillo de dientes y el puro?

"Basándose en los resultados de ADN,

la probabilidad de paternidad es del...

99,9 % ". (RÍE)

Ella es hija de Carmen y de otra persona.

La persona que tú más odias en este mundo.

-Tú eres amiguita del Jairo, ¿verdad? ¿A que sí?

Trae, hombre.

-Vete. ¡Lárgate o llamo a la policía!

-Tranquila. -¡Fuera!

-Tengo la sensación de que pronto vamos a ser socios.

(Música emocionante)

(SUSPIRA)

Alicia

no es tu hija.

Ella es hija de Carmen y de otra persona.

La persona que tú más odias en este mundo.

Fernando Quintero.

(SUSPIRA)

(Beso)

-Te necesito, Montse.

(LLOROSO) Te necesito ahora más que nunca.

Por favor, no me dejes solo.

Hola, Montse.

¿Sabes quién soy?

-No.

Te pareces mucho a un abogado con el que estaba saliendo.

Pero con más ojeras.

(RÍE)

(Besos)

¿A qué viene tanto beso?

-Pues a la alegría por ver lo bien que estás.

-¿Es por la operación?

¿Tan mal fue? -No, cariño, todo lo contrario.

Ha ido bien, muy bien.

Solo que tú... -Yo ¿qué?

-Nada, mi vida.

Que te he echado mucho de menos.

-Y yo.

¿De verdad que ha ido todo bien?

-Sí, cariño, sí, de verdad. Muy bien.

Pero ahora necesitas descansar unos días.

-Es que tengo unas ganas de salir del hospital...

-Te prometo que si a final de semana no te han dando el alta,

te saco yo mismo de aquí.

-Acepto. Pero con una condición.

Tienes que volver a hacer tu vida.

No quiero ni imaginarme todo el tiempo que llevarás aquí

sin pisar el bufete.

-González es muy cabezota

y me ha dicho que no necesita a nadie.

Y a mí, mucho menos.

-Te lo advierto.

No pienso casarme con un hombre que se escaquee de su trabajo.

-Eso significa que la boda sigue adelante.

(RÍEN)

-Te necesito, Montse.

-Me vas a tener siempre a tu lado.

-Buenos días.

-Hola, Antonio.

-¿Qué tal? Por lo que observo... -Sí.

Sí, está estupendamente.

Acaba de despertar y estábamos hablando de los planes de futuro.

-Fantástico, ya te he dicho que había que tener paciencia.

-Me estoy perdiendo algo.

Solo que tienes que descansar y reponer fuerzas. Nada más.

-Me alegra tanto veros aquí.

Me siento con fuerzas renovadas.

Y todo gracias a vosotros.

-Yo me voy.

Solo quería saber que iba todo bien.

-Muchas gracias, Antonio.

-Hasta luego.

¿Y tú qué? -Y yo ¿qué de qué?

-Todavía tengo mis facultades intactas.

Y sé que estás preocupado por algo.

-No, es, pues eso, por la emoción del momento.

-A estas alturas, no intentes engañarme.

Vete a solucionar eso que te da vueltas por la cabeza.

-Que sí, el cocinero ese de la tele.

¿No le has visto en las fotos que te mandé?

Mañana te lo explico todo con pelos y señales.

¿A qué hora llega tu vuelo?

Espera.

¿Cómo que no vuelves? ¿Pero nunca, nunca?

(RESOPLA)

Ya, que te quedas unas semanas más en Cuba. Vale.

¿Y el crucero qué era?

(RESOPLA) Bueno, ya me quedo yo al frente del bar.

Pero, María, seguro que vuelves, ¿no?

María. ¡María!

Encima se corta.

-Perdona, cuando puedas. Un café con leche y un "fakas".

-Sí, perdón.

¿Es usted marroquí?

-Sí, ¿y tú? -Española de La Mancha.

Pero mis padres sí que son de Marruecos.

-Gracias.

Está muy rico.

Pero no lo recordaba así.

Tiene algo distinto. ¿Canela?

-Ni idea. Lo mío no es la repostería.

Los ha hecho una amiga.

-¿Marroquí también? -No. Rusa.

Bueno, española, pero rusa.

-¿En serio? (RÍE)

-Y como se lo digo, rubia y con los ojos azules.

A ella la cocina le encanta. Y los pasteles, los borda.

-Pues dale la enhorabuena.

Son tan ricos como los que puedas encontrar en Choumicha.

-Se lo diré, seguro que le hace mucha ilusión.

-En casa lo tomábamos en el Ramadán.

-Yo no sigo mucho las tradiciones.

-¿No eres religiosa?

-Sí, yo creo en Alá, en el Corán.

Por lo menos esa parte que conduce a cosas buenas.

Lo que pasa últimamente la vida me llevó a divorciarme,

y el "talaq" no está aceptado en muchas corrientes musulmanas.

-Ya. Lo siento mucho.

Separarse nunca es fácil sea uno o no religioso.

-Dime, ¿llevas mucho tiempo en el barrio?

-Pues casi un año.

-Por eso no te conocía.

Justo hace un año que yo me marché.

Pero mi exmujer y mi hija Fátima siguen en el barrio.

Disculpe, ¿es usted Omar, el padre de Fátima?

Encantada. Soy la inspectora jefe Miralles.

Le agradezco mucho que haya venido desde tan lejos

para ayudarnos en la investigación. Claro, es mi hija.

Y le agradezco que no haya empezado por ponerme las esposas.

(RÍE) Me alegro de que nos hayamos encontrado aquí primero.

Ya es bastante duro tener una hija desaparecida.

Bueno, cuando quieras, podemos empezar.

Sí, pero deberíamos ir a comisaría.

¿Me acompaña? Perfecto.

Puedes tutearme. Claro, sí.

Hasta pronto.

Además, creo que nos conocemos. Yo...

yo soy la madre de Olga,

de una compañera de su hija del instituto.

Puede que sí. Sí.

Hola, papá.

Hola, hija.

He ido al hospital y me han dicho que habías venido a casa.

¿Cómo estás? Pues bien, la verdad.

Y Montse se ha despertado estupendamente.

¿Y su memoria?

Ayer me dijiste que estaba un poco confusa.

Sí, pero ya se le ha pasado.

Y los médicos me han dicho que muy pronto le darán el alta.

Me alegro mucho.

Tienes cara de cansado.

Dormir en el hospital no te sienta nada bien.

Pues ahora estoy duchado y cambiado.

Hace un rato estaba hecho una piltrafa.

Lo necesitabas.

Llevas mucho tiempo cuidando de los demás.

Y estabas pidiendo a gritos que te hicieran un poco de caso.

¿Has desayunado?

Pues la verdad es que no.

Pues te voy a preparar

un café y algo sólido, que falta te hace.

Dudo que encuentres algo en la cocina.

Hace días que no piso el supermercado.

Y como me lo imaginaba, te he hecho una minicompra.

No tenías por qué, hija.

(RÍEN)

Ay, estás en todo.

¿Te quedas a desayunar conmigo?

Llego un poco tarde, pero si quieres, me quedo.

No, lo primero es lo primero. Hala, a atrapar a los malos.

(RÍE)

Alicia.

Dime.

Te quiero mucho, hija.

Eres lo mejor que me ha pasado en la vida.

Papá.

Necesitaba decírtelo. Yo también te quiero mucho.

¿Ves cómo tenía razón?

El cansancio te ha hecho ponerte tierno.

Y necesitas que te cuiden.

Hablamos luego, ¿vale?

Qué sorpresa, vengo a ver a un Ocaña y me encuentro con dos. (RÍE)

Tu hija cada día está más guapa.

Que sepáis que me dais envidia.

Cuando os veo juntos, me arrepiento de no haber formado una familia.

-Has formado una familia. Tienes mujer e hijo.

-Sí, menuda familia. Mi hijo no me habla

y a mi mujer no le hablo yo. (RÍE)

Afortunadamente, están a miles de kilómetros de distancia.

-Eso te pasa por llevar una vida de donjuán.

-¿Quién, yo? Eso era antes, Marcelino. Ahora ya... (RÍE)

Me recuerdas mucho a tu madre.

Tienes la misma sonrisa.

Se te forman los mismos hoyuelos que tenía ella aquí.

-Y ahora llegamos a la madre de todas las jaquecas del policía.

Las fichas del ordenador. (DIVERTIDA) -¿Qué tienen de malo?

-Pues que es un engorro.

Hay que rellenarlas una a una

y se te puede hacer eterno llevarlas al día.

-Habrá alguna manera de juntarlas con las otras fichas

y hacerlas todas juntas, ¿no?

-Eso es lo que llevo yo diciendo desde el principio.

Ahora han instalado un nuevo sistema informático

para agilizar el trámite, pero es más complicado que antes.

Uy, espera.

¿Sí? Dime.

-¿Ha quedado todo claro?

Esta es la parte más complicada,

pero si tienes dudas, llamas a este teléfono.

-¿Lo necesitas justo ahora?

Vale, venga. -Esto, no había ninguna complicación.

-Ahora mismo te lo llevo.

Perdona, que voy a llevarles un expediente a Judicial.

Si quieres seguir con esto tú... -Vale.

-Vamos, Marisol, un placer. Cuídese, ¿vale?

Buenos días. Buenos días.

Bonita mañana.

"Sí, muy bonita. ¿Qué tal estás?".

Yo muy bien, ¿y tú?

¿Te pasa algo? Nada.

¿Tan raro es que quiera mantener una conversación cordial contigo?

Entre tú y yo no hay nada cordial.

Al menos yo no he perdido las formas.

Yo no solo he perdido las formas, sino también el respeto.

Auch.

¿Qué tal va con tu pequeño poli?

¿Siguen creciendo las dudas que te impedían ir a vivir con él?

¿Eso es para ti tener una conversación cordial?

Pero si te pones borde conmigo, yo me pongo igual.

Pero así no podemos seguir.

¿No hay algo que podamos hacer para volver a llevarnos bien?

¿Una tregua?

Después de todo el daño que nos has hecho a mi padre y a mí.

Yo no te he hecho nada. No, claro.

Y tu amiguito Quintero tampoco, ¿no?

A ver si se te mete en la cabeza

que no somos tan mala gente como piensas.

Claro, sois hermanitas de la caridad.

No, solo hacemos lo que todo el mundo, incluido tu padre.

Sergio, no me cuentes historias, que nos conocemos.

Ni la mitad de lo que piensas.

Yo, con lo que te conozco a ti y a Quintero, me basta y me sobra.

Y, por cierto, para tu información, estoy viviendo con Rober.

Y ahora, cordialmente, te deseo un buen día.

(Pasos que se alejan)

Es guapo, ¿eh?

-Lo siento, pero yo no me puedo callar.

Estos dos tienen algo, ¿no? -Uy, sí, pero...

Ahora Alicia está con otro. -Sí, con Rober.

Este guaperas está más celoso, a más no poder.

-Es una forma de verlo. Pero tú deberías estar a las fichas.

-Si ya lo he terminado.

-¿Que lo has terminado? Es imposible, a ver.

-Míralo.

Claro, ahora con el nuevo sistema se puede hacer mucho más rápido.

No hace falta ir una por una.

-Venga ya, que es verdad.

Y yo que no me hacía al nuevo sistema.

-Bueno, eso es que se me dan bien los ordenadores, solo es eso.

-Hala, no te restes méritos, novata.

(RÍE)

¿Ocurre algo?

-No, nada.

Venga, sigue enseñándome cosas de tu puesto.

-Pues mira...

-Aquí tenéis.

(RESOPLA) -No puedo más, ¿eh?

-A ver, ¿qué te pasa? (HISTÉRICA) -¿Que qué me pasa?

Pues que tengo el examen de acceso pasado mañana

y todavía no sé qué postre tengo que hacer.

-¿Y la tarta de cerezas que hiciste el otro día?

-El "clover". Eso no valía para nada.

-Cariño, te estás dejando llevar por los nervios.

-Que no, Salima, que estoy bloqueada, que soy un desastre.

-Pues te recuerdo que hace unas semanas era yo

la que andaba agobiada con todo el tema de La Parra.

Y si no es por tu ayuda, hubiera tirado la toalla.

-Ya, pero era distinto, porque se trataba de otra persona.

Ahora soy yo la que se la juega.

Y no voy a saber ni sostener una cucharilla delante del jurado.

-Vamos a ver, claro que eres capaz de sostener una cuchara.

Pero si haces una repostería de primera.

-No, tú eso me lo dices para animarme.

Es que ya no me sale ni la masa de los "cupcakes".

Si no me sale lo básico, ¿cómo me va a salir algo más complicado?

-A ver, ¿tú sabes lo que me decía Eugenio en estos casos?

Lo primero, que respirara profundamente.

Así que...

Inspira y suelta el aire poco a poco.

¿Qué tal?

-No te lamentes de un pasado que no puedes cambiar

y de un futuro que no conoces. (RESOPLA) -Qué fácil es decirlo, ¿no?

-Pues sí. Y como es tan fácil, ahora te vas a decir a ti misma:

"Soy una gran cocinera.

Sé hacer grandes pasteles, los he hecho antes

y los haré pasado mañana".

-Vale.

(INSPIRA) Soy una gran cocinera.

Hago grandes pasteles, porque...

Porque nada, Salima, esto no funciona.

(RÍE) -Ay, pero ¿qué más da? Y si no te cogen, ¿qué pasa?

-¿Cómo que qué pasa? Pues que se va a arruinar mi vida,

que he dejado el instituto, que lo he dejado todo para esto.

(SUSPIRA) -Me rindo. Si es que no vales para nada.

-Hombre, mujer, tampoco es eso, ¿no?

-Que sí, si yo era como tú.

A mí se me ponía la nube negra en la cabeza,

y yo erre que erre, y no veía nada positivo.

Pues así.

Ay, perdón, ¿quiere tomar algo?

(NERVIOSA) -No, gracias. Necesito hablar contigo, Olga.

-Yo me encargo, Salima.

¿Cómo estás, Sole? -Estoy desesperada.

Ya sé que la policía está buscando a Fátima,

pero no puedo quedarme en casa con los brazos cruzados.

-Vamos fuera y hablamos, ¿vale? -Gracias.

-Paty.

-Pero ¿y eso qué es?

-Una cesta de frutas, "pa" que me perdones.

-¿Y las flores de toda la vida?

-No me vaciles, que no están de moda ya.

Y como tú siempre estás con la vida sana, pues eso, frutas.

¿Me das otra oportunidad?

-La cesta me ha hecho gracia.

Pero te lo tienes que currar más para que te perdone.

-Tronca.

Cómo aprietas, ¿eh?

Bueno, pues dime qué quieres que haga.

Haré lo que me pidas, lo que quieras.

Si quieres, le doy dos vueltas a la plaza

haciendo el pino con las orejas.

Con tal de que me des otra oportunidad...

-Que no hace falta.

Pero que sepas que ayer me molestó que te fueras y que no vinieras.

-Pero si es que fue por mi jefe.

Te lo expliqué, a última hora no tiene otra cosa que hacer

que mandarme un encargo.

Me tuve que ir a un pueblo "empeñao" en Segovia.

-Que ya, que ya lo sé. Si lo entiendo.

El trabajo es lo primero.

Qué me vas a contar, si mi padre es mi jefe.

-Ya ves, los jefes son la leche, ¿eh?

(ASIENTE) -Y los que no son jefes también.

-¿De quién hablas?

-Pues del tío ese que te está buscando.

Vaya pintas, con menuda gente te vas.

-¿Qué tío?

-Uno que dice que te conoce y que es tu colega.

Se puso chulo aquí conmigo.

Un tío muy chungo, ¿eh?, muy chungo, de verdad.

-Pues no sé de quién me hablas.

-Pues él dice que te conoce.

Si alguna vez quieres tener algo conmigo,

vas a tener que ser sincero. Siempre.

-Siempre soy sincero contigo, tía. Siempre te lo cuento todo.

Y te estoy diciendo que lo de ayer fue por el "pesao" de mi jefe.

(SUSPIRA) -Dime una cosa.

¿Estás metido en algún lío?

-¿Yo? (ASIENTE)

No. -No.

¿Y a ese tío le conoces o no le conoces?

-Pues sí, es un colega del barrio con el que jugaba de chiquitito.

-Pues con menuda gentuza te vas, ¿eh?

-Pues sí, Paty. Muchos de mis colegas

son gente chunga y hacen cosas chungas.

Como mucha gente del polígono, que no les ha quedado otra.

No me voy a avergonzar por eso.

-Yo no digo que te tengas que avergonzar.

Solo que vayas con cuidado.

-No me vengas con prejuicios como tu padre.

-Yo siempre te he defendido. No des la vuelta a las cosas.

-¿A qué viene darme el rollo con mi colega?

-Viene a que ayer estuve una hora arreglándome para ti

y en lugar de eso, ¿qué me encuentro?

Un baboso que se me cuela en el gimnasio

y se pone tonto conmigo.

-¿Que se coló en el gimnasio? -Sí.

Y no fue nada agradable, la verdad.

-Vale, Paty. Escucha, lo siento mucho.

El baboso ese se llama Fiti.

-¿Y qué quiere ese Fiti de ti?

-Se le ha metido en la cabeza que yo le he "traicionao",

pero yo no le he hecho nada.

-Pues claro. ¿Tú confías en mí o no confías en mí?

-Dame razones para que confíe.

-Te juro que todo lo que te digo es verdad.

Es más, ¿sabes qué voy a hacer ahora?

Me voy a ir "pal" barrio, voy a buscar al Fiti

y le voy a cantar las cuarenta por venir a molestarte.

Y te juro que ese no se acerca

a un kilómetro a la redonda del gimnasio.

-Te creo.

-Y haz hueco en tu agenda, que quiero ir a la Red Star contigo

y me quedé con todas las ganas.

-Claro, yo también me quedé con ganas, ¿qué te crees?

-Tómatela, que te sentará bien.

-Gracias, Olga. Siéntate conmigo, por favor.

Dime, ¿a ti no se te ocurre dónde pueda haberse ido Fátima?

-No. Ya te dije que yo no hablaba con ella desde hacía meses.

No nos relacionábamos mucho.

-Ni tú ni nadie.

He vuelto a hablar con todas sus amigas.

Ninguna sabe nada. No salía con nadie.

Mi hija era una solitaria.

Se había encerrado en su mundo.

La culpa es mía.

Yo tendría que haber estado más pendiente de ella

y no haber dejado que se fuera aislando de sus amigos,

de mí, de todos.

-Sole... (SUSPIRA)

Tú no tienes la culpa.

Los adolescentes nunca se lo ponemos fácil a nuestros padres.

-Nunca me imaginé que pudiera pasarme algo así.

Hasta hace nada, ella me lo contaba todo.

-Mira, una persona muy sabia me ha dicho

que no debemos lamentarnos del pasado ni intentar predecir el futuro.

No podemos controlarlo todo, Sole.

Y menos a una adolescente.

(Móvil)

(SUSPIRA)

-Es tu madre.

Dime, Claudia, ¿la han encontrado?

Ya, paciencia.

Sí, siempre paciencia.

¿Cómo que mi exmarido ha llegado?

Ah, vale, vale, sí. Ahora mismo voy a comisaría.

Sí. Hasta ahora.

El padre de Fátima está en comisaría.

-¿Y tú cómo estás?

-Desearía no tener que verle.

-Bueno, si hay algo que yo pueda hacer...

-Gracias, muchas gracias.

Eres muy buena niña.

-Hace un año vivo en Arizona.

En una ciudad pequeña, Scottsdale.

Ahí trabajo de informático. Ah.

¿Conoces los Estados Unidos?

Pues no, la verdad es que no.

Hay mucha movilidad laboral.

Si te ofrecen un buen contrato, coges los bártulos...

y te mudas sin pensarlo.

Adelante.

Hola, Sole.

-¿Se sabe algo nuevo, Claudia?

Siéntate, por favor. Siéntate, Omar.

Bien...

Tenemos varias líneas de investigación abiertas.

Y la mitad de mis agentes están trabajando exclusivamente

en encontrar a vuestra hija.

Pero si os he convocado aquí a los dos

es porque quiero hablaros de una cosa un poco delicada.

¿Es que no lo veis? Se la ha llevado él.

¿Cómo puedo decirlo más claro?

Cálmate, por favor.

Desde que se fue a Estados Unidos,

no ha parado hasta que se la ha llevado.

Eso es lo que quería conseguir...

-Sabía que me echarías la culpa.

Sole, yo ya he interrogado a Omar.

Y no tenemos indicios de que esté involucrado

en la desaparición de Fátima.

La tienes escondida en América, ¿verdad?

Has esperado a que sea mayor de edad para llevártela.

Ese era tu plan desde el principio.

-¿Cómo puedes pensar eso de mí?

Te recuerdo que tu hija es mayor de edad

y podría irse a vivir con su padre si quisiera,

y nadie se lo podría impedir.

Se la ha llevado él.

-Me duele que puedas pensar eso.

Sabes muy bien que quiero a nuestra hija por encima de todo.

Solo deseo lo mejor para ella.

Lo que está ocurriendo me está matando.

¿Es que no te das cuenta?

Estoy segura de que la desaparición no tiene nada que ver

con el deseo de vivir con uno o con otro.

Y desde luego, Omar no es ningún secuestrador.

Cruzar la frontera de Estados Unidos

sin que conste en el registro no es fácil.

Y Fátima no lo ha hecho.

Entonces, ¿qué crees que puede haber pasado con Fátima?

Hay indicios que nos hacen creer que Fátima se ha marchado

por propia voluntad, pero no a Estados Unidos.

Entonces, ¿adónde?

No lo sabemos, pero el hecho de que haya dejado

el teléfono en casa significa que no quiere ser encontrada.

No.

A Fátima se la han llevado.

Sole, tú misma nos dijiste

que la relación últimamente no era buena,

y tal vez la bofetada que le diste fue el detonante.

¿Le has pegado?

¿Y tienes el valor de echarme a mí la culpa?

-Qué fácil es dar lecciones de educación

cuando estás a miles de kilómetros de nosotras.

Basta de reproches, por favor.

Necesitáis estar más unidos que nunca

y no lo vais a conseguir enfrentándoos.

No era mi intención. Y tampoco era mi intención regañar.

Pero es que necesito avanzar en la investigación.

No tenemos tiempo que perder.

Dinos qué podemos hacer.

Además de las líneas de investigación abiertas,

trabajamos con la hipótesis

de que ha podido irse voluntariamente,

pero necesitamos saber cuáles han sido las motivaciones.

Una de ellas, evidentemente, ha sido el divorcio.

Y está claro que no fue fácil para nadie.

Procuramos mantener a Fátima al margen.

Pero a veces era inevitable que nos oyera discutir.

-Fueron unos meses terribles para mí.

-Para todos.

-Para todos.

¿Y creéis que el carácter retraído de Fátima

se agudizó después de la separación?

Sí.

Después de separarnos, Fátima parecía como...

como si quisiera alejarse de todo.

Se refugió en su mundo.

Hemos comprobado que tuvo una breve relación

con un chico, pero nada serio.

Ella misma lo dejó.

Y tampoco hemos encontrado ese amigo

o compañero en el que ella se refugiara

y le contara sus anhelos y sus deseos.

Y no lo tendría, porque era muy reservada.

¿Y se os ocurre algún sitio donde ella pudiera refugiarse?

No sé, ¿algún lugar adonde os gustara ir?

No.

Necesito que hagáis memoria,

que recordéis todas las conversaciones

que hayáis tenido últimamente con Fátima.

A lo mejor ella os contó algo...

a lo que no le disteis importancia, pero ahora sería fundamental

para saber por qué ha querido irse.

Pero ¿para qué iba a querer irse así, Claudia?

Solo es una línea de investigación, Sole.

Pero cualquier detalle puede ser importante.

¿Y esta?

-Si te esperas un segundo, enseguida te atiende Salima.

Es que está en el almacén. -Vale, no pasa nada, no hay prisa.

-Oye, menuda cara, ¿eh? Se nota que ayer hubo fiesta.

¿Qué tal el Red Star? -Ni bien ni mal.

Al final, Paty y yo no salimos.

-¿Y eso? Pobre, con lo ilusionada que estaba.

-Ah, ¿sí? -Sí.

Pero por el garito, no por ti, ¿eh?

No te lo vayas a creer. -Yo no me creo nada ya.

¿Le puedes decir a Salima que salga?

-Salima, venga, que tienes clientes.

(Móvil)

¿Qué pasa, malas noticias?

-¿Eh? No, no es nada.

-¿Seguro? Porque te has quedado un poco blanco.

-Te estoy diciendo que no es nada.

¿Qué pasa, hermano? ¿Qué pasa, hermano?

¿Adónde vas? Al trabajo.

¿A qué trabajo? Te conozco como si te hubiera parido.

Pues a mi trabajo. ¿Qué trabajo va a ser?

No será el Fiti, ¿no?

¿Eh?

Rober, dame el móvil.

Rober, que es mi propiedad privada, dámelo.

Lo sé mejor que tú, que es tu propiedad.

Y estate quietecito, ¿vale?

No voy a mirar mientras te metes en la boca del lobo.

Quédatelo. A ver cómo lo abres sin la contraseña, listo.

Mira.

¿Cómo has hecho eso? ¿Desde cuándo lo lees?

A ti te lo voy a decir.

Y aquí está el lobo.

"Tampoco era tan difícil encontrarte.

Solo que hasta ahora no me interesaba buscar.

Sabes lo que les pasa a los chivatos como tú, ¿verdad?".

Muy bien.

¿Estás contento?

Esto es serio. Ya sé que es serio.

Pero ¿qué quieres que haga?

Vamos a la policía. No vamos a ir a ninguna policía.

Te recuerdo que por ir a la policía

y por tener un hermano policía

y por no terminar el palo que empecé, estoy como estoy.

Pero eso no es así. Eso es así.

Te digo yo que es así.

Se cree que soy un traicionero por lo que te digo.

No me vengas con la policía, que te meto.

El Fiti es un niñato, pero ten "cuidao", que es peligroso.

Ya sé muy bien cómo es el Fiti.

Hermano, déjame ayudarte. Estás en peligro, tío.

Muchas gracias, pero prefiero arreglármelas solito esta vez.

¿Adónde vas ahora? Al trabajo, el único sitio

donde me siento seguro. En mi trabajo.

No pongas esa cara, que no me han "matao" todavía.

(SUSPIRA)

-¿Dónde te estás quedando?

-En una habitación en un hotel.

-Ah, ¿tan bien te va?

Va a resultar que era yo la culpable de que aquí no te saliera trabajo.

-¿Vamos a empezar otra vez?

-Es increíble. ¿Vas a seguir como ahí dentro?

¿Con tu papel de santo que no ha roto un plato en su vida?

-Sole, por favor. -Nos abandonaste.

Te fuiste con otra.

Pasaste de todo, Omar.

Y al final quedé yo como la mala.

-Nadie ha dicho que tú "eres" la mala.

-Tu hija sí que lo dice.

Ella me odia.

Igual que tú.

Me has arruinado la vida, Omar.

No sabes el daño que me hiciste marchándote.

-Eso ya lo hemos discutido hace tiempo.

(IRÓNICA) -Ah, hace tiempo.

Entonces, ahora lo que nos pase a Fátima o a mí

no te importa lo más mínimo. -No es verdad.

Me importa mi hija, me importa Fátima,

-Déjame que te cuente lo mal que me lo ha hecho pasar tu hija.

La falta de respeto que me tiene, las cosas que me dice.

Me hace ser culpable de todo lo que le pasa.

Y yo no la entiendo,

porque no logro saber qué es lo que le pasa.

¿Y sabes quién es el responsable de todo esto?

-Yo. ¿No es cierto?

-No te importa, ¿verdad? No lo tomas en serio.

Nunca nos has tomado en serio.

Y mientras, tu hija se ha convertido en una auténtica desconocida para mí.

-Creo que sois dos las desconocidas.

Porque a ti tampoco te reconozco.

No sé qué ha pasado con la Sole de la que me enamoré.

Ahora no eres más que un pozo sin fondo de rencor y reproches.

-Eso ha sido muy cruel.

¿No tienes suficiente con el daño que me hiciste dejándome?

-Perdón. No quería decir eso, de verdad.

Perdón. -Pero lo has dicho.

Lo has dicho.

-Eres tú, que sacas lo peor de mí.

-Claro, yo siempre soy la mala.

Tú eres un santo, ¿eh?

Tú nunca tienes culpa de nada.

-¿Sabes qué? Me voy a la habitación del hotel,

porque los dos juntos somos incapaces de llegar a algo bueno.

Ni siquiera por nuestra hija. -Muy bien, eso, vete.

Haz lo que sabes hacer, márchate.

Es muy fácil salir corriendo y dejarlo todo atrás.

-Sole. -Que se apañen.

-Déjalo ya. -Eso es muy fácil.

-No sé adónde quieres llegar. -¿Ocurre algo? ¿Puedo ayudarles?

-Perdón, agente, perdón por los gritos.

Es que nuestra hija ha desaparecido y tenemos los nervios a flor de piel.

Ya nos vamos, perdón.

-Sole, ¿todo bien?

(LLOROSA) -Sí.

-¿Qué? ¿Qué tal va ese postre?

-Bueno...

Al final he decidido hacer un pastel ruso,

con pistachos, frutos rojos...

-Suena muy bien.

-Ya, lo que pasa es que tiene que quedar

la masa muy fina y al punto.

Pero si me sale bien, me meto al jurado en el bolsillo.

-Oye, pues me parece una gran idea ir con algo tradicional.

Algo que tenga que ver con tus orígenes.

-Salima, el pastel ruso es tan ruso como una ensaladilla rusa.

-¿Qué quieres decir?

-La ensaladilla rusa es tan española como la tortilla de patata.

-¿Tú estás segura de eso?

-Pues claro.

-Vale, vale, si yo te doy la razón.

Pero pensaba que la ensaladilla era de la misma Estepa.

Así blanquita, con su mayonesa, su patatita.

-Esto no va bien, ¿eh?

(SUSPIRA)

-Por cierto, ¿qué tal con esa mujer, la madre de la chica desaparecida?

-No muy bien, la verdad.

Fatal, porque ella pensaba que yo la podía ayudar, pero qué va.

Es que yo no conocía mucho a Fátima.

Era una chica un poco rara. -Rara ¿por qué?

-Pues porque vivía en su mundo...

A ver, que era maja, pero un poco retraída.

-En la tele dicen que cuando una chica desaparece,

hay muy pocas probabilidades de encontrarla viva.

-Salima, no digas eso.

Yo soy el vivo ejemplo de que hay que mantener la esperanza.

(SUSPIRA)

Esto no vale, le voy a dar la vuelta porque...

Otro postre a la basura.

Como no encuentre ya algo original, me puedo olvidar de la escuela.

-¿Y por qué no pruebas a hacer los fakas?

-¿Un postre marroquí?

-Seguro que a nadie se le ocurre.

Todo el mundo piensa en gastronomía francesa

o como, mucho asiática.

En ningún programa de televisión he visto hacer cocina árabe.

-Pues sí, es buena idea.

-Además, se te dan de muerte. -Bueno, no se me dan mal.

Pero sí que encaja con lo que ha dicho el jurado.

Algo original y que le puedas dar un toque de vanguardia.

(RÍE) -Pues, hala, a currar. -Hala, voy a practicar.

Gracias.

(MUSITA) A ver...

(RESPIRA INTRANQUILO)

Jairo, mándame un mensaje, para saber que estás bien.

Por mucha pistola que lleves, por mucho que vayas de tío duro,

eres más blando que cualquier madre del polígono.

No te cachondees, ¿vale? ¿Sabes algo del Fiti?

¿Del Fiti? No sé "na".

Del bar he ido al trabajo, del trabajo aquí, y ningún mensaje.

Igual deberíamos ir a comisaría.

Y contar lo de las amenazas. ¿Tú estás tonto?

¿En qué lío me quieres meter?

En cuanto hablemos de las amenazas, empiezan a tirar del hilo.

Tampoco hace falta que lo cuentes todo.

¿Y qué les cuento?

Hay uno que me está amenazando. "¿Y por qué te amenaza?".

Por chivato. "¿Y de qué te chivaste?".

Del robo de unos televisores hace unos meses a mi jefe.

¿Se acuerdan? Je, je.

Ya, tienes razón. Es una mierda de idea.

Pero mejor eso que acabar "degollao" por ahí y no poder contarlo.

Sí, sí. Sí, sí, sí. Es una idea perfecta.

Muchísimo mejor: ir a la cárcel por robar los televisores.

Y tú detrás, por encubrirme.

Y con un poquito de suerte, nos sigue tu colega Elías Guevara.

Porque él sospechaba de mí, ¿no?

(SUSPIRA) Con el miedo piensas como el culo, hermano.

Lo mejor es no decir nada.

Y si me tengo que enfrentar con el Fiti, me enfrento y punto.

¿Y adónde vas ahora?

Pues al trabajo. Esto ha sido un parón para pillar algo de cenar.

Tengo el turno de noche.

¿Al trabajo? Jairo, tío, estás en peligro.

¿Por qué no pones cualquier excusa y no vas hoy a currar? Por favor.

Toda la vida dándome la matraca con que sea un tío responsable,

¿y ahora me pides que me escaquee del trabajo? (RÍE)

Mira, tronco, no te cachondees que te estás jugando la vida.

Ya lo sé, Rober.

Que sea lo que tenga que ser.

Quizá lo pillan antes tus colegas por el alunizaje.

Y si no, pues... igual se da cuenta de que no le merece la pena

enmarronarse por un cadáver, yo qué sé.

Prométeme que irás con mil ojos y estarás pendiente.

Pero todo el día, de verdad.

Rober, no te preocupes que voy a tener cuidado.

Elena.

Pasa un momento, por favor.

Oye, ¿hoy tienes turno de noche?

No, pero he ido apuntando

unas cosas en mi libreta a lo largo del día

y estaba repasándolas. No quiero que se me olvide nada.

Me encanta la ilusión con la que empezáis a trabajar,

pero apunta una cosa en tu libreta.

Esto es una carrera de fondo.

Tienes que mantener esa ilusión durante muchos años.

Hola, Omar. Pasa, pasa.

Ha habido una novedad.

A lo mejor no tiene importancia, pero por si acaso.

Hasta mañana. Hasta mañana, Elena.

Dime, ¿qué ha ocurrido?

Es que me llamó mi pareja, mi actual pareja, Karen.

Vivo con ella en Estados Unidos.

Y me dijo que llegó una carta a mi casa.

Una carta dirigida a mí. Y era de mi hija.

Ah, ¿y te la ha podido enviar?

Sí, la abrió, pensó que puede ser algo importante.

La escaneó y me la envió por "mail". Aquí la tengo.

¿Qué dice? Nada en particular.

A lo mejor es una molestia venir aquí por eso.

No, cualquier cosa puede ser importante.

No te preocupes. Es una carta muy sencilla.

Dice que me echa de menos

y que se le estaba atragantando el curso.

Y que he sido un buen padre para ella.

Está orgullosa de mí.

¿Os habéis estado escribiendo mientras estabas tú en América?

No, creo que es la primera carta que me envía en su vida.

Pues eso ya es algo a tener en cuenta.

Además, es una carta manuscrita.

Hoy en día, a los jóvenes les cuesta sostener un bolígrafo.

Y, de pronto, mi hija se molesta en comprar un sello y un sobre.

Sí, eso es significativo.

No sé qué pensar, no... (RESPIRA HONDO)

¿Por qué? ¿Qué pasa?

No me gustaría que sea una carta de despedida.

Es que tiene un tono de tristeza.

Bueno, deberíamos imprimirla para poder analizarla con detalle.

Por supuesto. Tenemos gente experta en eso.

Lo que sea necesario.

A lo mejor es una tontería, no sé.

No, seguro que no. Has hecho muy bien en traerla rápidamente.

Seguro que nos es de utilidad.

Vamos a analizarla meticulosamente.

Ven conmigo.

Y entretanto, ¿podrías avisar a... Karen, se llama?

Que nos envíe el original de la carta.

Por supuesto.

-Está estupenda. Se está recuperando muy bien.

-Cuánto me alegra oír eso.

Sobre todo, después del susto del otro día.

-Solo es un susto, no le demos más vueltas.

El caso es que está muy bien y, por lo que veo, tú también.

-Estoy mucho mejor, sí. Al menos tengo un frente controlado.

-¿Hay alguna otra cosa que te preocupe?

(RESOPLA) -A ver, y tu familia, ¿qué tal? ¿Todo bien?

-Bien, sí. Tenemos nuestras cosas, pero bien.

Nada de qué quejarnos.

-Alicia me tenía al día de las cosas de la comisaría

y de vuestro barrio, pero desde que se ha marchado,

no nos vemos mucho. -No sabía que se había mudado.

-Hace unos días. Supongo que es ley de vida.

-Bah, no quiero pensar cuando me toque a mí.

-Se hacen mayores sin que te des cuenta y el día menos pensado...

te dice que se marcha de casa a vivir por su cuenta.

Aprovecha que la tienes en casa

antes de que le dé por abandonar el nido.

-Les echas de menos, ¿eh? -Mucho.

-Voy a hacerte caso, me voy corriendo para casa.

A ver si llego a cenar con mi hija.

-Bien. Buenas noches, Antonio.

-Bueno, hasta luego. -Hasta luego.

(RESOPLA)

¿Tú qué haces aquí?

-¿A ti qué te parece? He venido a buscarte.

En el bufete me han dicho que podía encontrarte aquí.

-No deberías haber venido. Montse necesita tranquilidad.

-No he venido a ver a tu novia, he venido a verte a ti.

-¿Y qué quieres? -¿Ya no te acuerdas de mi propuesta?

-¿Cómo me voy a olvidar?

-Creo que era un trato justo para todos,

en el que ambas partes salíamos ganando.

-¿Sí? ¿Eso es lo que piensas?

-Estoy convencido.

Soy un gran abogado, Marcelino, ya lo sabes.

Y el bufete tendrá suerte de poder contar conmigo.

Por cierto, recuérdame que hablemos en el futuro

-Es mi amigo, no lo metas en esto.

-Lo sé, no hace falta que hablemos de eso ahora.

Primero nuestro trato.

¿Qué? ¿Tenemos respuesta?

-Pero ¿tú estás loco?

¿Cómo voy a ser socio de una persona que me está chantajeando?

-A lo que tú llamas chantaje, yo lo llamo lealtad.

Son dos maneras de ver la misma cosa.

(IRÓNICO) -¿Y dónde ves tú la lealtad en esto?

-Podría haberle llevado las pruebas a Quintero.

Y, sin embargo, he tenido el detalle de traértelas a ti primero.

Es un detalle, ¿no?

-Pero ¿cómo puedes ser tan cínico?

-También podría haberle llevado las pruebas a Alicia.

¿Es eso lo que quieres? -Eres un miserable.

-No son formas de hablar a tu futuro socio.

-Márchate de aquí de una vez.

-Vamos a hacer una cosa, Marcelino.

En atención a la oportunidad que me diste

de trabajar en el bufete,

y por el cariño que le tengo a tu familia,

te voy a conceder un poco más de tiempo

para que puedas procesar y asimilar la realidad de la situación.

Medítalo, valora los pros y los contras...

No querrás que el hombre que te robó a tu mujer

acabe también quitándote a tu hija, ¿verdad?

Bueno.

Seguiremos en contacto.

(SUSPIRA)

(Ruido llaves)

-¿Qué? -Fiti.

-Sí, Fiti, sí. Premio para la señorita.

¿Contento de verme o qué?

-Baja eso, que somos colegas. (ALTERADO) -¿Que baje el qué?

¿Que baje esto? -Fiti, por tu madre.

No me puedes hacer esto, nos conocemos desde niños.

-Se acuerda ahora de que somos colegas.

-Déjame que te explique, tenemos que hablar.

-¿De qué? ¿De cómo te fuiste de la lengua a los policías

para dejarme vendido, o de qué?

(ALTERADO) -Eh, ¿de qué? -Yo no les dije nada.

No soy ningún chota, tienes que creerme.

-No eres ningún chota. Y por eso se presentó la policía

donde teníamos escondidos los televisores.

-No sé cómo se enteró ese policía, pero te juro que yo no se lo dije.

-No, si yo te creo. Si tú jamás dejarías vendido a un colega.

-Y no lo hice, Fiti, no lo hice.

La policía tiene confidentes. Pudo ser cualquiera, no fui yo, tío.

-Sí, tienen confidentes. Y tu hermano es policía, qué casualidad.

Blanco y en botella.

-No tiene nada que ver. Nos llevamos como el culo.

-Tira por donde has venido, que ya me aburres.

-¿Adónde quieres que vaya? -¿No quieres que hablemos?

Vamos a un sitio tranquilito donde no nos moleste nadie.

-Fiti.

Baja eso. Seguro que hay una manera de arreglarlo sin el pincho.

-¿Te quieres callar ya, que vas a despertar a los vecinos?

-Ahora tengo trabajo. Si necesitas dinero, te puedo dar.

-Sí, ya me he enterado. Ahora te has vuelto honrado y todo.

Y trabajas para el empresario al que le robamos los televisores.

Fíjate tú, otra casualidad. Es que te voy a matar aquí mismo.

-Es el mismo, pero no es lo que te piensas.

Le sigo robando, pero de manera legal.

Déjame que te explique. -Paso de tus mierdas. Nos vamos ya.

(Cerradura)

Tío, ¿qué pasa? Vas a despertar a Alicia.

¿Eh? ¿Qué haces en el rellano?

¿Te has dejado las llaves? No me las he "dejao".

Si yo las tenía, no sé dónde están, tío.

No sé si las he "metío" en la mochila o qué.

Anda, calla y tira.

Melón.

Para mí siempre serás mi niña.

Yo comprendo que tienes tu trabajo, tu novio y tu vida.

Pero déjame ser parte de ella.

-Aquí lo que se ve es que le echaba bastante de menos.

-Déjame ver.

-Yo creo que le afectó bastante el divorcio de sus padres.

¿Y no os parece que tiene...

un aire como de despedida?

-Me ha contado un pajarito que Bremón y tú...

-¿Quién te ha dicho eso?

¿Qué dices? -Nada, serán imaginaciones mías.

No sé, pero luego no me vengas llorando

cuando se tuerzan las cosas.

-¿Quién te ha dicho qué, Espe?

-Lo importante no es eso, sino lo que tú dijiste.

Tú dijiste que ibas a pasar página, Lola.

-Emilio va a divorciarse.

¿Qué sabemos del ordenador?

Laura lo ha rastreado y no ha encontrado nada raro.

Lo raro es que apenas navegaba por Internet.

En el historial no aparecen páginas

ni de moda, ni de música, ni de noticias.

Sí, eso es extraño.

Imagino que Laura te ha dicho que estamos saliendo.

No estoy ciego, ya sé que Laura te gustaba.

Que te gustaba mucho.

-O sea que la nueva tiene la antenita puesta.

Pero si vio hablando un minuto a Alicia y a Sergio Mayoral,

y ya adivinó que habían estado juntos.

-Siento si hago demasiadas preguntas.

No es por incordiar. Solo intento aprender.

-Ya me he enterado de que te interesa mucho

la vida de la gente, quizá demasiado, ¿no?

-No te entiendo.

-Vamos a dejar las cosas claras, porque vamos a trabajar juntas.

Entre el comisario Bremón y yo, no hay nada.

Ella dice que no ha sido con mala intención.

Pero a mí este tipo de rumores me sacan de quicio.

No me extraña.

¿Quieres que hable yo con ella?

Marcelino, qué alegría recibir tu llamada.

Lástima que tengamos que encontrarnos así, de tapadillo.

Como si te avergonzaras de que te vieran conmigo.

A veces, las mejores oportunidades de la vida

vienen envueltas en una...

cómo decirlo... en una aureola de disgusto

que no nos deja apreciar... -Cállate, por favor.

-Deberías valorar más mi compañía.

Sobre todo ahora que tu hija te ha abandonado.

-El paraíso nos espera. ¿Qué significa?

¿El paraíso...? No sé. ¿De qué hablas?

El acróstico.

¿Qué acróstico?

Mire, ¿lo ve?

El... paraíso... nos... espera.

¿Qué creéis que significa ese mensaje?

Según el Corán, el paraíso es el lugar

donde viven las almas después de la muerte.

Allí gozan de felicidad completa.

Fátima no... no es musulmana, ¿no?

No, pero...

A veces le he leído el Corán.

Dime, Rober. Estaba en los baños del instituto.

Pensamos que es de Fátima.

¿Cómo que escondido en los baños?

-No, ese móvil no es de Fati.

Quizá no sea el que tú conoces, pero sí el que utilizara

para leer en secreto aquello que estaba ocultando.

Estoy segura de que el acróstico es la clave para encontrar a Fátima.

Miedo me da lo que pueda haber detrás.

  • Capítulo 109

Servir y proteger - Capítulo 109

28 sep 2017

Marcelino se debate entre aceptar a Sergio como socio en el bufete o contarle a Alicia que en realidad es hija de Quintero. Omar, el padre de la chica desaparecida, ha llegado a la ciudad. Elena, la nueva inspectora en prácticas, se fija en Sergio Mayoral.

ver más sobre "Servir y proteger - Capítulo 109" ver menos sobre "Servir y proteger - Capítulo 109"
Programas completos (127)
Clips

Los últimos 604 programas de Servir y proteger

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios