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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 102 - ver ahora
Transcripción completa

Pero tranquila, no debes preocuparte por mi futuro profesional.

¡Alicia! ¿No me reconoces? ¡Si no hace tanto que nos vimos!

Visita a una amiga que tiene cáncer.

Y esa amiga, ¿es muy amiga? Están saliendo juntos.

-Lo hacen para conseguir opiáceos y anfetaminas.

Que solo se pueden comprar con receta.

Es lo primero que hemos pensado.

Antúnez recaudó información en otros centros de salud

y resulta que les ha ocurrido exactamente lo mismo.

Están robando recetas y sellos de los médicos.

A ver qué podéis sacar de las pistas que ya tenemos, ¿vale?

-Tú fuiste mi único y verdadero amor. -No sé qué decir, me he quedado...

Un poco descolocado. -No te preocupes.

Tranquilo, que no he venido a Madrid a seducirte.

-Lo último que sabía es que estaba ingresada

en un sanatorio mental en Suiza.

No quise sacar el tema para no herir sus sentimientos.

Pero te aseguro que esa mujer es capaz de desquiciar a cualquiera.

Entonces, ¿qué te parece? ¿Es lo que esperabas?

-Esperaba una oferta generosa y esta lo es.

No hay nada a lo que pueda poner una sola objeción.

-Entonces... -Estoy muy orgulloso

de trabajar para usted, Quintero.

Estamos tan "compenetraos" que podíamos vivir juntos.

Sí, corriendo. ¿Hablas en serio? No hablé tan en serio en mi vida.

Mi sobrina es muy caprichosa o muy tonta.

Un abogado tan alto, tan guapo, con esos ojos azules.

-Sí, yo tampoco lo entiendo.

-En cualquier caso yo no me preocuparía tanto.

Ese novio policía le ha propuesto que vaya a vivir con él

y ella ha dicho que no.

-¿No me digas?

Llevamos poco tiempo saliendo y tendremos tiempo de vivir juntos

Cuando te dije que no, no era un "no" para siempre.

Simplemente quería decir que ahora no.

¿Quieres saber dónde estaba tu querida hermana cuando murió?

¡Estaba de juerga con su amante!

-Esa Carmen perfecta que tenías en tu mente

-Te daré mi opinión más sincera aunque me fío totalmente de ti.

-¿Y por qué no me la das mientras cenamos mañana?

-Siempre y cuando me cuentes anécdotas

de tus comienzos como periodista.

-He quedado con Martín. -¿Con Martín?

-Prefiero que te enteres por mí antes que por algún cotilleo.

-Conozco un sitio que no está lejos.

Y además dan música en directo. ¿Qué? ¿Te apetece?

-¿Pues sabes lo que me apetece en realidad? Bailar.

-Yo sé muy bien quién ha hecho por mí mucho más que mis familiares.

Así que se lo digo una vez más, cuente conmigo para lo que sea.

Para mí mi familia es usted. -Ten mucho cuidado con tu hermano.

-Me han ofrecido colaborar con una ONG internacional.

-La distancia me jodió muchas relaciones.

Ya sabes, ojos que no ven, corazón que no siente.

-¿Y qué son unos meses comparados con todos los años

que tuve que esperar para que apareciese alguien como tú?

Puedo esperar sin problemas.

-Papá, mamá, tengo una cosa importante que deciros.

Me gustaría que me ayudarais a encontrar a mis padres biológicos.

(Música emocionante)

Hola, hija.

¿Ya te vas al bufete? Pero si no has desayunado nada.

Es que no tengo hambre.

Prefiero tomar un café al lado de la oficina.

¿Pasa algo? Para ti el desayuno es sagrado.

Pero es que hay días que es mejor marcharse de casa temprano.

Tía Inma, ¿no?

A ver, ¿qué ha pasado? Que anoche tuvimos una discusión.

Me sacó de mis casillas.

¿A ti? Pues sí.

Tu tía tiene un don especial para conseguir tocarme las narices.

¿Qué te dijo?

Pues verás, traje a Montse a casa. Conseguí convencerla

para sacarla de la clínica y que tomara el aire.

Y la tía Inma la vio, ¿no?

Sí. A ver, ya Montse quería marcharse de entrada, estaba cansada.

Pero la tía Inma es que la hizo sentir muy mal.

No dio ni una oportunidad. Fue una situación muy violenta.

Aunque solo por educación, podría callarse

¿Callarse tu tía? Antes muerta.

Pero lo peor es que después, cuando se marchó Montse,

empezamos a discutir porque me puso a tu madre

como un ejemplo de santidad y virtud.

Papá le contaste que... Sí, no pude evitarlo.

Que su admirada hermana

tenía un amante y la noche que murió estaba con él.

Pero es que no podía aguantar su charla sobre el amor verdadero,

lo esforzada que era Carmen, lo gran madre y mejor esposa que era.

Papá... Alicia, si hay alguien

al que no pido permiso para ser feliz,

es la memoria de tu madre.

Y lo siento por la parte que te toca. No pasa nada.

Es normal que saltaras y se lo contaras todo.

Te juro que no lo pude evitar. Lo sé.

Pero también sé que la tía está un poco perjudicada.

¿Un poco? Espero que no se quede muchos días

porque si no vamos a acabar todos muy mal.

No seas exagerado.

Si te vas ya, llegas a tiempo de desayunar en ese horno

que hay en frente del bufete.

Madre mía, por favor, cómo huelen.

-Anda, venga, prueba una que sé que lo estás deseando.

-María dice que para recomendar los platos,

primero hay que probarlos.

Ya sé con qué me quito hoy la pena de no ver a Eugenio.

-Aunque solo sea por eso me alegra haberlas hecho.

-Pero no tienes que pegarte este madrugón.

-En realidad es que me quería ir pronto de casa.

No me apetecía ver a mis padres.

-Ya. A veces es difícil llevarse bien con los padres.

-Pues sí. Oye, y tú ¿no tienes familia aparte de tus padres?

No sé, como nunca hablas de ellos. De tus primos, tus tíos, tus abuelos.

-Bueno, si es que casi todos están en Marruecos.

Mi padre antes hablaba de ellos.

Pero casi nunca íbamos a verles. Porque no había dinero ni tiempo.

-Pues es una pena que no les conozcas.

-En realidad lo de los lazos de sangre me da un poco igual.

Me crie en un pueblecito de La Mancha

y todavía tengo algunos amigos.

Recuerdo que siempre estábamos jugando.

Íbamos al campo, al río.

-Jo, suena divertido.

-Sí que lo era.

Pero bueno, ese ambiente terminó por agobiarme.

Pero ¿sabes qué? Si alguien me preguntase

quién es mi familia de verdad, diría que ellos.

Mis vecinos, mis amigos de toda la vida, María o tú.

-¡Buenos días!

-Oye, huele que alimenta. -Sí.

Magdalenas de Olga. Están recién hechas.

-Voy a coger una. -Cuidado que quema.

-¿Me pones un café?

Oye... "Bocato di cardinale".

-Pues si quieres, puedes repetir y todo.

Después del fiasco con Gastromán, ha bajado algo la clientela.

-No sabes cuánto lo siento, Salima.

Me siento culpable.

¿Sabes? He estado pensando cómo compensarte.

-¿Ah, sí? -Al fin y al cabo

fui quien le convenció para que viniera.

En fin...

De alguna manera me siento en deuda.

-No tienes por qué.

-Además, la culpa fue solo mía. -Bueno.

¿Tú me dejas que intente ayudarte?

-Está bien. A ver qué se te ocurre.

-Verás. Resulta que esta tarde tengo que entrevistar a un cocinero famoso.

Sergio Fernández. ¿Lo conoces?

-Sí, me suena. -Bueno.

Presentaba un programa en televisión española.

-Ah, sí. "Cocina con Sergio", ya sé quién es.

-Oye, ¿va a venir Sergio Fernández? A mí me encanta cómo cocina.

-Hombre, si hablara bien, todos se olvidarían de lo de Gastromán.

El chef Sergio es muchísimo más importante.

Y quién sabe, a lo mejor hasta hablar de La Parra en la tele.

-Oye, ¡y de mis magdalenas!

-A ver, me parece una gran idea, pero ¿cuándo vendría?

-Hombre, aún me lo tengo que camelar.

Pero te juro que me emplearé a fondo.

Hola. Buenos días, tía.

Buenos días, ¿y tu padre?

Se ha marchado hace un rato. Qué lástima.

Quería disculparme con él.

¿Por? ¿No te lo ha contado?

Anoche tuvimos una buena pelotera.

Culpa mía, que conste. Me pasé de la raya.

En ese caso deberías hablar con él.

Por las buenas, mi padre es una persona muy razonable.

Sí lo es, sí. Pero cuando se enfada es capaz de decir cosas...

Muy fuertes. Ayer fue cruel. Me dijo unas cosas sobre tu madre terribles.

La verdad a veces es cruel.

Deduzco que sabes perfectamente lo que me dijo.

Mi padre y yo no tenemos secretos.

Yo era feliz con la imagen que tenía de Carmen, la verdad.

Siempre fue un modelo en el que mirarme

y cómo iba a imaginar que ella y otro hombre...

Si te sirve de algo, yo también me enteré hace poco.

De hecho fui yo misma quien lo descubrió.

Ay, pobre. Imagino que te partiría el corazón saber que ella y otro...

Sí. Pero también me di cuenta de cosas muy importantes.

Por ejemplo, los matrimonios que parecen perfectos

también tienen crisis.

Y lo que les pasó a mis padres tampoco es lo más raro del mundo.

Ojalá tú tengas más suerte en el amor.

En esas estoy, pero no depende solo de mí, ¿no crees?

Bueno, en cierta medida sí. La elección lo es todo.

¿Estás queriendo decirme algo, tía?

Ayer conocí a Sergio Mayoral. Me pareció un hombre maravilloso.

Alto, guapo, bien educado. Con un futuro prometedor

como abogado y hablaba maravillas de ti.

Se nota que te aprecia mucho.

Todo eso ya lo sé. Te aseguro que conozco perfectamente a Sergio.

Créeme, Alicia, una mala elección lleva al sufrimiento permanente.

¿Me estás diciendo que mi madre se equivocó al casarse con mi padre?

No, pero me gustaría que tú acertaras.

Y creo que Sergio encajaría muy bien contigo.

Yo ya tengo pareja, tía. Y te aseguro que no necesito otra.

Hasta luego. Hasta luego.

-Menudo pieza tu amigo Joselito.

-Bueno, amigo. Es un sin techo a cargo de la ONG.

Apenas hablé con él un par de veces.

-¿Y por qué le llamáis Joselito? Aquí pone que es Damián.

-Es que era banderillero. Y ese era su nombre artístico.

-Pues ahora se va a llamar el niño de la litrona, porque vamos,

vino en un estado etílico.

-Sí, cuando bebe hace muchas tonterías.

-Sí, sí. Es que los compañeros del turno de noche me dijeron

que por pocas les muerde y todo.

-Cuando está sereno es buena persona, de verdad.

He traído la documentación

para llevarlo directamente a un albergue.

Estoy convencido de que estará arrepentido.

-Pues tienes suerte porque nadie ha presentado una denuncia contra él.

Ni siquiera los compañeros del turno de noche.

-Llévatelo, con una condición. -No hace falta que digas nada

porque lo sé y me adelanto.

Me ocupo de llevarle a terapia para que le ayuden con el alcohol.

-Eso es, muy bien, Sergio. -Gracias, Espe.

-Oye, y una pregunta: ¿Ya no te dedicas más que a la ONG?

Porque he oído por ahí que has dejado de trabajar en el bufete Ocaña.

-Vaya, veo que las noticias vuelan.

Pero tranquila, no debes preocuparte por mi futuro profesional.

En cuanto Quintero se enteró de que me dejaron ir,

-¿Quintero? -Sí.

-Pues nada, mucha suerte en tu nuevo trabajo.

Voy a ver si te preparo la documentación.

-Gracias.

Hola, Rober.

¿Qué pasa, tío? ¿No saludas? No te vi, Sergio.

¿Te pasa algo?

Ah, estarás enfadado porque Alicia te dio calabazas.

¿Cómo? Ya me he enterado

de que no quiere vivir contigo. A tu pisito de obrero.

¿Cuándo comprenderás que eres una diversión para ella?

Mira, Sergio, me tienes harto con tus tonterías.

Métete tus opiniones por donde te quepan.

Afortunadamente estamos en un país libre

y digo lo que me dé la gana.

No vivimos en un estado policial como parece que te gustaría a ti.

Pero no pienso aguantar ni una gilipollez más de ti.

¿Y qué vas a hacer? ¿Me vas a pegar?

Venga, no te cortes. Saca al macarra que llevas dentro.

Conociéndote, eres tan torpe como para pegar a un abogado

Mira, Sergio. ¿Tú quién...? ¡Quietos! ¡Quietos!

Quietos, ya está, Rober. Vamos.

Vamos que tienes un detenido en la sala de interrogatorios.

-De verdad hay gente que no sabe controlar su carácter.

-Letrado, puede pasar a recoger al hombre que ha venido a buscar.

Le recomiendo que se abstenga de hablar con gente

mientras esté en esta comisaría.

-Claro.

-¿Y a estos dos qué les pasa?

-Los hombres que hacen una de tonterías por amor

y estos dos están tontos, pero tontos, bien.

Si no me pongo en medio, uno pierde la placa y el otro los dientes.

-Hombres. -Pues sí.

Y de uno me tienes que hablar tú, ¿no?

¿Qué tal ayer con Martín?

-Bien. -¿Bien?

Tengo una sala de interrogatorios vacía para ti.

-No, bien. Nada. Cenamos como amigos simplemente.

La cena muy bien, fuimos a tomar unas copas tranquilamente

a un par de locales chulos.

Muchas risas, eso sí. Pero nada más.

-Pues vaya rollo, mi hijita.

-¿Qué? ¿Ya he saciado tu hambre de cotilleos por hoy?

Ah.

Apareció él.

-Él, ¿él?

-Y si las miradas matasen, yo ya llevaría horas en la morgue.

-El problema es que estamos hablando de unos asesinos despiadados.

Unos asesinos despiadados que además conviven con sus víctimas.

No, no.

Yo desde luego pienso que las vías para proteger a esas víctimas

son la prevención y la denuncia temprana.

Hasta que no nos impliquemos como vecinos, como padres,

como hermanos en esa labor de denunciar,

no estaremos avanzando.

No. Déjame que te diga una cosa.

Yo todavía estoy sorprendido de que estemos aquí cuatro hombres

hablando sobre un tema que afecta tan directamente a las mujeres.

Lo lógico, digo yo, sería, al menos, tener una mujer en la tertulia.

Sin ir más lejos, la protagonista de mi último artículo.

La oficial Ramos.

Ella podría dar una información más relevante

y más de primera mano que yo.

Salima, ponme un cortado, por favor.

¿Que si es tan guapa en persona?

No me puedo creer que me preguntes esto.

No, no.

Perdona. Es que no te lo admito ni como broma.

¡Qué tendrá que ver si es mediática o no!

Lo que importa es si hace bien o no hace bien su trabajo.

No, cálmate tú. ¡No, no, cálmate tú!

Pero a ver, ¿estas tertulias las hacéis para buscar solución

o para ahondar en el problema?

Sí, no, no, vale. Por mí lo dejamos aquí.

Que sí, hombre, que sí, venga.

Hasta otra.

Ponme la cuenta, Salima.

-¿Qué tal la tertulia? -Pues mal, la verdad.

Una total pérdida de tiempo.

Tres mamarrachos soltando obviedades. Menudo fiasco.

Si tengo clara una cosa es que no me vuelven a llamar.

Eso sí. Hay demasiado mamarracho suelto.

¿Sabe, comisario? En eso estamos totalmente de acuerdo.

Estas tertulias valen de bien poco.

Aunque bueno, al menos dan visibilidad al tema, ¿no?

Como mi último artículo de la UFAM, ese por el que me felicitó ayer.

¿O es que de la noche a la mañana ha cambiado usted

la opinión de los periodistas?

Mi opinión sigue siendo la misma.

Oiga, francamente, no pensaba que le fuera a afectar tanto

el haberme visto con Lola ayer.

Yo pensaba que lo suyo había terminado.

Que había vuelto usted con su mujer. Eso no quita para que me importe.

Sigue siendo mi compañera de trabajo.

No me gusta que se rían de ella ni que le hagan sufrir.

¿Ni que le hagan sufrir? Habla usted como si fuera su padre.

Aunque, la verdad es que podría serlo.

Por edad, digo. Le repito que solo me intereso

por ella como compañera, nada más.

Claro, si eso de que la comisaría es como una gran familia y todo.

Permítame que ponga en duda que ponga usted el mismo interés

Exactamente el mismo por todos.

No me gusta verles pasarlo mal. Pasarlo mal.

¿Sabe qué le digo?

No sabe cuánto lamento torturar a Lola invitándola a cenar.

Yendo a bailar con ella hasta las tantas.

Y haciéndoselo pasar de cine. Fue intolerable por mi parte.

Lo siento.

¿Allí quedó todo?

¿Perdón?

Me has oído perfectamente.

Está siendo usted muy indiscreto.

¿Por qué no le pregunta a Lola? En serio, pregúnteselo a ella.

Creo que es lo suficientemente mayorcita

para hacer con su vida lo que le dé la gana.

Ahí te dejo eso.

-Entonces, ¿qué? ¿Qué te parece?

-Increíble. ¿Qué va a hacer con tanto dinero?

-Pues dártelo a ti para que lo guardes lejos de aquí.

-Si no es indiscreción, ¿a qué se debe

este crecimiento del negocio?

-A que ya no tengo competencia.

Y a que mi negocio, como casi la mayoría

de los negocios en este país, se rige por leyes

más salvajes e implacables del capitalismo.

-Menos proveedores y la misma demanda de producto.

Igual a negocio asegurado.

-Eso es. Chico aplicado, muy bien.

Ahora mismo soy el más fuerte y puedo imponer mis precios

Y todo eso sin tener que pagar ni impuestos

ni costes en seguridad social.

Esta es una de las reglas más importantes de este juego.

No lo olvides nunca.

Porque si te pillan, lo vas a perder todo de golpe y para siempre.

-Precisamente de eso quería hablarle.

-¿Qué pasa? ¿Tenemos algún problema de seguridad?

-Ninguno con las empresas pantalla que utilizamos habitualmente.

-¿Entonces? -Nuestro testaferro, Tom Buster,

le he investigado y ya no parece la apuesta asegurada de antaño.

-¿Por qué? ¿Qué pasa?

-Al parecer tiene problemas con el juego.

Uno de mis contactos en Miami le ha visto demasiadas veces

en los frontones del Jai Alai apostando fuerte.

Y eso al final pasa factura.

-Está bien. Quítale los poderes sobre mis cuentas inmediatamente.

-Sabía que debía contárselo.

-Sergio, con la gente que tiene problemas con el juego

yo también tengo problemas.

Porque sería capaz de vender a su madre

con tal de conseguir un préstamo que ni puede, ni quiere devolver.

Hacia los ludópatas siento casi el mismo desprecio

que tengo por los yonquis.

-Procederé al cambio de testaferro. -Muy bien.

Tom Buster ya es historia. El problema que tenemos ahora

es a quién ponemos en su lugar.

-Aquí está. -¿Ya lo tienes?

Estupendo.

¿Me estás tomando el pelo o qué?

-Dorotea Jones, a sus 80 años es la administradora

de más de mil empresas pantalla.

Toda una profesional.

No tiene vicios, tiene una vida de lo más moderada.

Ayuda a su iglesia y la consideran un pilar de su comunidad.

-Caramba con la señora Dorotea.

Y está bien de salud, ¿no?

-Eso parece. -Muy bien.

Oye, pues no parece mala idea.

Ponte con eso inmediatamente, Sergio.

El negocio crece y dentro de nada vamos a estar nadando en dinero.

Y una cosa muy importante, ni me quiero ahogar

ni quiero verme rodeado de tiburones. ¿De acuerdo?

-Descuide.

Marisa, según la declaración que ha prestado

como visitadora médica robó los tacos de recetas

y el sello del doctor Santiago.

Así como en otros centros de salud.

Realizaba las reuniones con los médicos

para no levantar sospechas.

¿Confirma que es así?

En la farmacia con su prima rellenaban recetas

con datos de clientes reales.

Y adquirían un montón de medicamentos,

muchos de ellos muy caros.

Sanidad le pagaba a su prima medicamentos que no habían vendido.

Y ella a usted le pagaba su comisión.

¿Qué le va a pasar a mi prima?

Que tendrá que responder por lo que ha hecho.

No solo es la autora intelectual y beneficiaria de esto,

sino que a diferencia de usted no está cooperando.

Si no tiene nada más que añadir, por favor.

Léala con detenimiento antes de marcharse.

Agente, ya puede bajarla al calabozo.

Cuando le indique, suba a la otra detenida.

Lo más importante es que no hablen entre ellas.

Bien hecho, compañera. Muchas gracias.

Al final la has "bajao" del burro bien.

Porque venía subidita.

Una bonita estafa y ella quejándose de que no hacía nada.

De todas formas no lo entiendo, Rober.

Tenía una buena carrera, un buen trabajo

y su prima incluso un buen negocio.

Y por ambición se pasarán una larga temporada en la cárcel.

Si además, creo que era sincera.

Creo que realmente no sabía en el lío

que la estaba metía su prima.

No te me ablandes ahora. Vale que no supiera en el lío

que la metía, pero todo lo demás son excusas.

Como dicen los abogados, la ignorancia de la ley

no exime de su cumplimiento.

Bueno, ¿pedimos que nos suban a la farmacéutica?

Espérate un momento. Quiero hablar contigo lo de irnos a vivir juntos.

Rober, estamos trabajando. Hablamos de esto por la noche, ¿vale?

No quiero mezclar temas personales.

Vale, voy a decir que suban a la farmacéutica.

Esta viene con "abogao", ¿eh?

Con esto como si viene con el bufete entero.

Hola, Fernando.

-¿Estás muy liado? -Pues sí, bastante, la verdad.

-Qué lástima. Pasaba por aquí y he dicho:

"Voy a ver a Fernando".

-Esto está en el quinto pino, Inma. Nadie pasa por aquí casualmente.

-Ay, hijo, es una manera de hablar.

-Pasa, por favor, siéntate. -A veces me pregunto

qué veía Carmen en ti con ese humor de perros que sacas a menudo.

-Supuse que ayer habíamos hablado bastante.

Pero quizá quieras que sigamos comentando cosas

sobre los viejos tiempos, nuestra adolescencia.

Bla, bla, bla.

Como te acabo de decir, Inma, estoy muy liado,

tengo mucho trabajo, así que, por favor,

será mejor que vayas al grano.

-Escucha. Esto te interesa.

Ya sé por qué están tan enfadados contigo en casa de mi cuñado.

-Tienen motivos de sobra para estarlo, créeme.

-Pero supongo que el principal es que te liabas con mi hermana.

Menuda sorpresa me llevé al enterarme.

Aunque claro, tampoco era tan raro. Simplemente era revivir el pasado.

-Bueno, supongo que a estas alturas no tiene ningún sentido

negar lo mío con Carmen, ¿no? Ya es "vox populi".

Sí, tu hermana y yo éramos amantes.

Y, si por también te interesa saberlo,

estábamos más enamorados que nunca.

-Imagino lo duro que fue dejarla allí sola en el coche

y darte a la fuga.

-¿Qué sabes tú de eso?

-Que hubo un accidente.

Y que tú estabas con ella.

-Yo... Verás, yo...

-Perdóname.

Perdóname, Fernando.

Perdona. No tengo ningún derecho a remover esa herida.

Por favor, quiero compensarte.

Te invito esta noche a cenar.

-No, déjalo, no pasa nada. -Por favor.

Metí la pata hasta el fondo y me gustaría que me perdonases.

-No puedo, no puedo quedar contigo. Tengo mucho trabajo.

Esta noche sale un porte de mercancía para Amberes

y voy a estar liado toda la noche.

-Bueno, mañana. En algún momento tendrás que cenar, ¿no?

-¿Para qué quieres cenar? ¿De qué quieres hablar?

-Ay, no quiero volver a Suiza sin por lo menos haber cenado

una noche contigo.

Ya no soy la misma niña tonta de hace casi 30 años.

Ahora sé lo que quiero y no tengo miedo de pedirlo.

Por favor, concédeme esto.

Una cena tranquila para charlar en un lugar relajado.

-Está bien.

Quedamos mañana, ¿te parece bien?

-Fantástico.

Yo me encargo de reservar.

Te dejo con tus transportes.

(Llaman a la puerta)

Hola. ¡Hola!

¿Qué haces? Inventario.

Con lo del robo de recetas estoy obsesionado que quitan cosas.

Para que te quedes tranquilo, te digo

que solucionamos el robo de las recetas.

¿Qué ha sido? ¿Cosas de drogas? No, una visitadora médica

con muchas prisas por hacerse rica.

Pero eso no tiene ningún sentido. Pues prepárate.

Tiene una prima farmacéutica

y el plan era el siguiente: la visitadora robaba las recetas.

La prima farmacéutica las rellenaba y se las cobraba a Sanidad

como si fueran medicamentos vendidos.

¡Un negocio redondo! ¿Y cómo las robaban?

Pues esperaba. Estaba al quite de que los médicos

salieran de la consulta, y se lo llevaba.

Si alguien la veía, decía que pensaba

que el médico estaba dentro. O que esperaba a que llegara.

Nunca hubiera sospechado de un visitador.

Por eso se aprovechó y hacía lo que hacía.

No podría sospechar, son titulados, tienen su sueldo.

¿Y qué me dices de la farmacéutica? Eso ya es lo peor.

Ya quisiera tener una farmacia.

Si yo tuviera una farmacia, mandaba a freír espárragos la consulta.

¿Para qué quieren estafar más dinero?

¿No tienen bastante para vivir bien? La avaricia rompe el saco, Antonio.

Pero mira, las dos van caminito del juzgado.

Nosotros aquí sufriendo recortes todos los días

y esas dos robándonos.

Pero nosotros tenemos la conciencia tranquila.

Y ellas, no. Eso sí.

Pero seguro que no me has venido a contar esto.

Porque esto me lo habrías dicho por la noche. ¿Qué pasa?

Pues que no paro de darle vueltas a lo de Olga.

Ayer nos pilló por sorpresa y pudimos capear el temporal.

Pero esta noche espera una respuesta.

Sí, después de la decepción de Sofiya me ha extrañado

que haya salido con esto, la verdad.

Lo que está claro es que debemos apoyarla.

Pero si vamos a ayudarla a encontrar a sus padres biológicos

no lo vamos a tener fácil.

El incendio de los archivos nos va a complicar mucho la tarea.

Pero para eso estoy casado con una policía, ¿no?

¿Que está acostumbrada a resolver casos complejos?

Ya lo sé. Si sé que siempre hay hilos de los que tirar.

Es tomar una decisión y empezar a tirar de esos hilos.

Sí. Es lo que nuestra hija quiere y es lo que tenemos que hacer.

Así será.

Creo que tenemos que dejarle muy claro

que la tarea no va a ser fácil.

No me gustaría que si tardamos en encontrar algo

pensara que no estamos haciendo lo suficiente.

Olga sabe que la queremos mucho y que la vamos a apoyar en todo.

No te preocupes. Vale, cariño.

No te preocupes.

Que me suban el cargo de madre.

Qué bien, cariño.

Ya, es normal.

Bueno, tú conéctate cuando puedas. El caso es hablar.

¿Cuántos internos?

Vaya.

Bueno, pero tú no te agobies.

Que no, que no estoy triste.

Bueno, un poco.

Venga, cariño, ya hablamos, ¿vale?

Venga, un besito. Chao.

-¿Ha "llegao" bien? -Con seis horas de retraso, pero sí.

-Venga, alegra esa cara.

Los jóvenes pensáis que el tiempo pasa despacio,

pero es justo al revés. De verdad.

Tres meses no es nada. Es como unas vacaciones.

-Si ya lo sé, pero es que hoy me he despertado sola

en esa cama enorme y me ha venido todo de golpe

y me ha dado una pena.

-Tienes que tomártelo con calma, ¿vale?

Eugenio está en un sitio duro ayudando a gente que lo necesita.

Si nota que las cosas van mal en casa, lo va a pasar peor.

-Si lo sé. Me estoy comportando como una egoísta.

Los que están ahí sí que sufren de verdad.

¡Y yo aquí quejándome porque me levanto sola!

-Mira tengo trabajo, techo y comida. -Claro.

Eugenio cumple su sueño y encima ayuda a los demás.

-Pero es tan bueno.

Seguro que se quiere traer a todos.

Ha llegado y ya está indignado por cómo los tratan.

Y sin abrir la maleta, imagínate en tres meses.

-Pues verás que dentro de tres meses va a ser más feliz.

-Ya, pero eso lo sé con la cabeza. El corazón sigue sufriendo.

Ojalá fuese tan fácil y racional como lo cuentas tú.

-¿Qué pasa por aquí? -Alégrala que está "pa" el arrastre.

-Bueno, con lo que vengo a contaros no quiero ver una sola cara larga

en dos kilómetros a la redonda.

-¿Has hablado con ese chef famoso? -Sí, señorita.

He tenido al gran chef Sergio Fernández

todo para mí durante casi dos horas.

-¿Sergio Fernández? ¿El chef de la tele?

-El mismo. Bueno, supersimpático.

Y me ha "contao" un montón de anécdotas.

Me habló de cómo preparaba las recetas para su programa:

"Cocina con Sergio".

Bueno, tengo material para una entrevista completísima.

¡Es un cocinero buenísimo! Además, cocina platos complicados.

-¿Veías su programa? -No me perdía ni uno.

-Mira que pensaba que no sabías ni freír un huevo.

-¡Bua! Pero qué dices.

Sé prepararlos de siete formas diferentes.

Sin contar la tortilla.

Es la base de mi dieta.

-Ya. Yo es que soy más de cuchara.

-Si quieres, te puedo preparar un cocido artesano.

Está para chuparse los dedos.

Incluso te comerías la olla exprés.

-Un cocido artesano, con olla exprés.

¡Qué atrevida es la ignorancia!

-Vale ya.

Dime, ¿va a venir a La Parra? ¿Sí o no?

-Mañana mismo a las 13:00

aparecerá por esa puerta el famoso chef Sergio Fernández

para probar tu famosa tortilla de patatas.

¿Qué me dices?

Pues, que yo no me lo pierdo.

(RÍEN)

(Llaman a la puerta)

Adelante.

Pasa, Lola.

¿Terminaste tu turno?

Sí, hace tiempo.

Pero me voy ya a casa.

Que es lo que tendrías que hacer tú, irte con tu familia

en lugar de quedarte aquí durante horas.

¿A qué viene eso?

¿Has venido solo a decirme lo que tengo que hacer con mi vida?

No, he venido a dejarte tranquilo.

He venido a decirte que me voy a casa sola.

Que no he quedado con Martín.

¿Y eso a mí qué me importa?

Al parecer, mucho.

Si no, no irías por ahí de bar en bar, montando numeritos

y preocupándote de que sufra por los hombres.

No he dicho nada de eso.

No me tomes por tonta, Emilio. Lo sé de primera mano.

Cálmate, por favor. No me da la gana.

Pero ¿quién te crees que eres?

Eres peor que el perro del hortelano.

Cuando queríamos estar juntos me dejas para volver con tu familia.

¿Para estar aquí durante horas?

No lo entiendo, de verdad. Seguro que sigues cenando en el bar.

No entiendo este número.

Solo te pongo la realidad delante, porque no entiendo nada.

Cuando decido salir con una persona tienes que llegar

y montar bronca delante de todos.

Ya tienes edad para madurar, ¿no?

Te estás pasando. No. Me estoy quedando corta.

¿Por qué no te comportas con dignidad?

Como comisario, persona adulta.

Ya está bien. En primer lugar,

no he montado ninguna bronca a Martín.

Hemos hablado.

Por tal y como lo cuentas parece que casi le parto la cara.

Lo que me ha llegado es que has actuado como mi dueño.

¿Tan malo es que me preocupe por ti?

Pero ¿por qué narices te tienes que preocupar por mí?

¿Somos algo? ¿Eres mi padre, mi novio?

Tampoco. Entonces, que sea la última vez que pasa.

Ya dejaste muy claro que no éramos nada.

Déjame en paz. Soy tu superior.

Y no está de más que lo recordaras cuando me hablas con ese tono aquí.

Que deberías tener mucho más respeto.

Me preocupo por la gente que trabaja en mi comisaría, ¿entiendes?

Eso no es verdad, Emilio, y lo sabes.

Ah, ¿sí? ¿Sabes quién está a punto de dar a luz?

¿Sabes que Suárez está enrollado con una enfermera?

¿También a ellos vas a decirles qué hacer con su vida?

Tienes razón, Lola.

La única que me importa eres tú.

No es verdad, Emilio.

Si te preocupases por mí

si te importase algo, pensarías en mí.

En cómo me haces quedar

cuando te comportas así delante de todo el mundo.

En cómo ayudarme a olvidarme de ti.

Pero no lo haces, porque crees que soy de tu propiedad.

Y ahí estás totalmente equivocado.

Lo único, lo único, que siento realmente

es haber estado enamorada de ti.

Porque es decepción tras decepción.

Así que lo único que te pido, es que me dejes ser feliz.

-Siempre que llega la escena del restaurante, me parto de risa.

-Sabía que te encantaría.

-Si me la sé de memoria. La he visto un montón de veces.

Pero cuando el tío se echa para atrás y rompe todo

es que me parto.

Es buenísima.

-Pareces la Garbo.

-Sí, igualita.

-Sí, la Garbo se ríe.

¿Sabes que hasta lo habían puesto en los carteles?

Podríamos cambiarlo por: Montse Ibarra se ríe.

-La verdad es que hacía mucho que no me reía tanto.

-Hola. He oído risas, pero pensaba que era Alicia.

-Sí, hemos ido a ver "Ninotchka".

-Ah, qué buena.

Por cierto, te veo bien, Montse. Me alegro mucho.

Me he enterado de que te han puesto un nuevo tratamiento.

Espero que te mejores pronto.

-Marcelino, quiero disculparme por lo que te dije anoche.

Quiero que sepas que estaba totalmente equivocada.

Lo siento.

Y muchas gracias por tu hospitalidad.

-¿No pensarías que te iba a echar? -No, claro que no.

Pero, bueno, necesitaba pedirte perdón de corazón.

Pareja, os dejo solos.

Pasadlo bien.

-Igualmente.

-¿De verdad que es la misma señora de ayer?

-No te fíes.

Estos cambios de humor son habituales.

Verás...

Es que de pequeña sufrió muchas crisis nerviosas.

Alternaba estados de gran depresión con otros de euforia.

En el fondo, me da pena.

Carmen sufrió mucho intentando ayudarla.

-Las enfermedades no solo son un fastidio

para los que las padecen.

Los que estáis alrededor también sufrís mucho.

-Montse, que se te meta esto en la cabeza:

tú no me provocas ningún sufrimiento,

sino todo lo contrario.

Eres lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo.

-Escucha.

Estos días en la clínica he tenido tiempo para pensar

en lo que quiero hacer antes de irme.

No me interrumpas ahora.

He tenido muchas dudas sobre cómo plantearte algo.

Y quiero hacerlo ahora.

Es ahora o nunca.

Marcelino...

¿quieres casarte conmigo?

-No, no, no.

No podemos consentir nada de eso. Hay que darle un escarmiento.

Sí. Cuanto antes.

Ponte con ello ahora mismo.

Hasta luego, chao.

-Fernando, la mercancía de Amberes ya está en marcha.

Los camiones sin problemas.

Así que, si no quiere nada más, yo me marcho.

¿Don Fernando?

¿Está usted bien?

-Lo que estoy es harto, Jairo. Harto y muy cansado ya.

-¿Qué ha pasado?

-Estoy hasta las narices de tener que aguantar

a cuatro chorizos y delincuentes de tres al cuarto

que no paran de jugarse la vida en la calle por cuatro perras.

Si es que me pongo de mala leche.

-No entiendo qué ha pasado.

Pero si necesita mi ayuda para lo que sea...

-A ver si me puedes ayudar.

Hay un chaval en el barrio, el Culebra. ¿Lo conoces?

-¿El Culebra? Claro que lo conozco.

Jugábamos juntos en juveniles.

Hace bastante que no le veo, pero claro.

-Ya.

¿Qué tal te llevabas con él?

-Muy bien.

Es un tío muy simpático, siempre contando chistes.

-Eso he pensado yo.

Hasta que nos ha fallado.

-¿El Culebra?

¿Qué ha hecho?

-Llevaba una semana con nosotros repartiendo mercancía en la calle.

-Yo no sabía nada.

-No tienes por qué saber todo lo que ocurre.

-Claro que no.

El caso, es que

pensábamos que era un chico eficiente y organizado. Pero...

al parecer, se está quedando con parte de la mercancía

y con parte del dinero. Con algo que no le pertenece.

-Se le habrá ido la cabeza. Él sabe de sobra que eso no se hace.

-El Culebra es un poco gilipollas.

En vez de estar moviendo la droga, se la está metiendo.

-Sé que estuvo con una chavala que estaba muy enganchada.

Se metía mogollón. Él estaba muy enamorado.

Pero lo dejó hace tiempo.

-Me da igual si la culpa

es de su exnovia, de su padre, o de su madre.

Lo que quiero es encontrarlo y darle un buen escarmiento.

No voy a consentir que un chaval se me suba a las barbas.

¿Te imaginas lo que podría pasar si otra gente importante se enterase?

-(RESOPLA)

Vale, ¿qué quiere que haga?

-Sal a la calle.

Pregunta por él. Encuéntralo y tráemelo.

Voy a tener unas palabritas con ese chaval.

Y voy a ponerle las cosas bien claras.

-No va a ser fácil encontrarlo.

-Se habrá escondido. Porque sabe que lo está buscando.

Y si le llaman el Culebra es porque se conoce bien el polígono.

Como la palma de la mano. Además, tiene familia allí.

-A mí no me digas nunca que las cosas son difíciles.

A mí me las haces fáciles, ¿te enteras?

Sal ahora mismo y encuéntralo.

No voy a consentir que un niñato de mierda se ría de mí.

Y mucho menos que me robe.

-No se preocupe, se lo traigo.

-Humo.

-Pensaba que te haría más ilusión.

-Perdón, Montse. Claro que me hace ilusión.

Pero me ha pillado por sorpresa.

Y, con lo de Carmen...

no tenía nada de esto en mente.

-Yo, sí.

Lo he pensado mucho y quiero hacerlo antes de morirme.

-Si te hace ilusión, lo hacemos.

Pero hay mucho papeleo, temas que arreglar...

-Marcelino,

no puedes casarte conmigo porque me haga ilusión.

-Si es que todavía estoy en shock.

-No es tan raro.

La gente se sigue casando. Aunque parezca mentira.

Entiendo que tienes que pensártelo.

No tengo ningún problema en esperar una respuesta.

¿Qué pasa?

-Te voy a parecer cavernícola, pero lo de pedir matrimonio...

-No esperabas que te lo pidiera una mujer.

Hola, Alicia.

-Hola, hija.

No, Montse, por favor. No te vayas.

Os dejo solos para que habléis de este asunto.

-Montse, no tiene sentido hablar de esto a tus espaldas.

¿Hablar de qué?

Pues, Montse...

me ha pedido que me case con ella.

Supongo que estarás sorprendida. A mí también me ha sorprendido.

¿Y qué le has dicho?

Nada, ha sido ahora mismo. Estas cosas hay que pensarlas.

No se puede tomar a la ligera.

-Por eso me voy.

Para que te quedes solo y puedas reflexionar tranquilo.

Adiós.

-Montse, espera.

Claro que quiero casarme contigo.

Ven aquí.

¿No te alegras?

Pero ¿cuándo y dónde?

Ya iremos viendo los detalles.

Me temo que no puedo dejar pasar mucho tiempo.

-Pues mañana mismo nos pondremos.

No te recuperas de la sorpresa.

Para nada. Me alegro muchísimo por vosotros.

Y si os hace felices...

Mucho. -Sí.

Nos hace muy felices.

-O sea, que la farmacéutica también ha cantado.

Cuando vio que su prima había confesado

nos dio todo lujo de detalles.

Ahora resulta que la idea había sido de su prima.

Porque a ella nunca se le hubiera ocurrido.

Pero como la prima estaba a punto de perder el piso,

ella aceptó por compasión.

Que tenéis en el calabozo a las buenas samaritanas.

que ya había estafado a la sanidad pública 55.000 euros.

¿Cómo lo ves? ¡Anda!

Perdón.

Cariño, es un poco tarde. Estaba preocupada ya.

Estaba en la biblioteca estudiando algunas recetas.

El próximo suflé me quedará increíble.

-Ya hemos terminado, pero te hemos guardado

por si llegabas tarde. -No tengo hambre.

Estoy cansada. Me voy a dormir. Un momento, señorita.

(RESOPLA) ¿Qué pasa?

Tenemos que hablar, ¿no?

Ayer nos pediste una cosa a tu padre y a mí

y todavía no te hemos dado una respuesta.

Os quedasteis tan fríos que pensé que no queríais hablar del tema.

-Teníamos que hablarlo para poder darte una respuesta.

-A ver...

¿Qué habéis pensado? ¿Me vais a ayudar?

No es tan sencillo como un sí o un no.

Lo que queremos es pensarlo bien contigo porque

todo es muy complicado y, sinceramente, nos da mucho miedo.

No queremos que te hagas ilusiones

y luego te lleves un batacazo como con Sofiya.

Pues no me hago ilusiones y ya está.

Mira, la información que nosotros tenemos es mínima.

a los que tendríamos que acudir se quemaron.

Y aunque no se hubieran quemado, estaban en Rusia y en ruso.

-Bueno, papá, pero existen traductores.

-Habrá que ir a buscarlos allí. Y pagar.

-Ya...

Lo que me estáis diciendo es que es muy difícil y muy caro.

No te pongas a la defensiva

que nadie te está atacando, cariño.

Además, lo del dinero, en el fondo, es lo de menos.

Lo que nos preocupa es lo que te puedas encontrar allí.

Bueno, a lo mejor me encuentro una mujer maravillosa como Sofiya,

pero que sea mi madre biológica de verdad.

Mira, Sofiya es muy buena mujer

y tiene ganas de encontrar a su hija y espero que lo consiga

porque se lo merece,

pero tus padres biológicos no tienen por qué ser así.

A lo mejor no son tan buenas personas o...

o no quieren saber nada de ti.

Quizás no quieren que se sepa que tu madre se quedó embarazada.

Pueden ser mil cosas, Olga.

Ya veo que lo estáis poniendo muy difícil.

-No, hija, solo queremos ser realistas.

Hacerte ver que no puedes poner muchas esperanzas en esa búsqueda.

-Y ¿porque es difícil abandonamos antes de empezar?

Voy a encontrar a mis padres biológicos

con o sin vosotros.

-¿Adónde vas?

No te hemos dado una respuesta, espérate.

Queremos estar seguros de que eres consciente

de que pueden surgir complicaciones.

-Soy consciente.

Pues si lo eres, entonces, tu padre y yo haremos lo imposible

por encontrar a tus padres biológicos.

¿De verdad? (RÍE)

Cuenta con nosotros.

¡Que sí!

¡Ay, gracias!

Ay, uy, uy, uy, uy. (RÍE)

(Timbre)

Hola.

¿Te he despertado? Sí, pero no te preocupes. Pasa.

Perdona por venir sin avisar, pero...

necesitaba salir de mi casa y hablar con alguien.

Tranquila, siéntate.

¿Quieres tomar algo? No.

¿Te vas a quedar así toda la noche?

Montse le ha pedido a mi padre que se case con ella.

No te rías que esto es serio. Vale, perdona. Pero...

No sé, choca, ¿no?

Pues sí, esa es la palabra más adecuada.

¿Montse va a ser tu madrastra?

Lo siento.

A ver, en serio.

Cuéntame qué ha pasado exactamente.

Le ha pedido que se case con ella

y mi padre le ha dicho que sí.

Pero ¿Ibarra no estaba fatal?

Yo creo que tiene que ver con eso.

El tratamiento le va bien. Pero ya sabes cómo son estas cosas.

En cualquier momento le puede dar un revés.

Y...

¿Qué? No sé, pues que creo que

cree que no le queda mucho tiempo de vida

y le hace ilusión lo de la boda.

Independientemente de cómo me caiga Ibarra a mí,

yo creo que tu padre ha hecho bien en decirle que sí.

No sé, Rober, estoy echa un lío.

Vale, vamos por partes.

A ver, tu padre.

¿Mi padre qué?

¿Crees que ha dicho que sí por pena o porque realmente la quiere?

No sé, yo creo que realmente la quiere.

Pues, entonces, me parece muy bien que se casen.

Ya lo sé, pero...

La cabeza me dice una cosa y el corazón otra.

Mi padre llevaba mucho tiempo sin ser feliz con mi madre.

Y con Ibarra se ha sentido querido, útil y se ha volcado mucho con ella.

¿Qué?

No quiero que pienses que soy una niña tonta.

Pero...

no sé si estoy preparada para que ocupen el lugar de mi madre

ni para compartir a mi padre, Rober.

Es la única persona que me queda de mi familia.

A ver, no me pareces ninguna niña tonta.

Me pareces una niña asustada que necesita que le den cariño.

Y para eso ya estoy yo, ¿no?

Ay, mi niña.

Gracias.

¿Sigues echa un lío?

No, ahora dicho en voz alta

creo que lo más importante es que mi padre sea feliz.

Gracias por venir a contármelo.

He estado un poco rayado. Como hemos discutido mucho,

pensaba que nos íbamos a distanciar.

Ha sido culpa mía.

No quería precipitarme en lo de vivir juntos,

pero no tenía que haber estado tan brusca.

Independientemente de que no vivamos juntos,

creo que no tenemos que dejar que la relación se estanque.

¿Por qué dices eso?

No sé, sigo sintiéndome un extraño en tu vida y en tu mundo.

En el trabajo y con tu familia es como si no fuéramos nada.

Y solo somos nosotros mismos cuando estamos en mi casa a solas.

Si te sientes un extraño en mi mundo es porque no te he dejado entrar.

Pero eso se acabó.

Si mi padre se casa con Ibarra, tú puedes entrar en nuestra familia.

Uy, haces que suene a venganza.

Simplemente es que quiero estar contigo.

Oye, me podrías acompañar...

a la boda como mi pareja.

Me parece un poco precipitado meterme ahí en la boda a piñón.

Bueno, pues entonces organizo una cena los tres juntos.

Así podemos ir normalizando esta situación poco a poco.

Por mí encantado, pero tu padre impone un montón.

Voy a estar de los nervios.

Pero si te has enfrentado a tipos con navajas y sin más.

Prefiero eso que cenar con tu padre.

Pero que si me lo pides tú, voy a la boda, a la cena

Ahora te pido que me lleves a tu habitación.

Vale.

(RÍE) Pero ¿qué haces? Aúpa.

¿Por qué preguntabas por el Culebra? ¿Ahora me espías?

No, pero no soy sordo.

Sí, Rober, dime. "Necesito que vengas a comisaría."

¿Por qué? ¿Qué ha pasado?

"Te lo cuento cuando estés aquí."

¿Les has dicho que llamabas a un camello

para que viniese a hacerme de fontanero?

-No lo sé, yo he improvisado.

-Tira para la comisaría y más te vale mantener el tipo.

El caso lo lleva Elías, pero como tengas algo que ver,

te pondré yo las esposas personalmente.

No serían las primeras que me ponen por tu culpa.

Me pasé dos años por protegerte y, ¿así me lo agradeces?

Nadie te pidió que me encubrieras. Y no te quejaste ni un poquito.

Esta noche he invitado a Rober a cenar a casa.

Pues estupendo.

-Solo me quedan 10 minutos. -¿Para qué?

-Para que venga Martín con el chef Sergio Fernández.

-Esos boquerones tienen un color un poco raro, ¿no?

-Son frescos y de hoy. -Bueno, perdona.

-Tranquila, si te va a salir bien. Peor que con Gastromán

no te va a salir.

-Te prometo que te haré pasar una noche inolvidable.

Tú tienes trabajo y yo peluquería. ¿Nos vemos a las 21:00?

-No, mira, nos vamos a ver mejor en este sitio.

Es un reservado exclusivo que tengo en un sitio de confianza.

-Cómo te gusta el rollo clandestino. Con mi hermana tenía sentido,

pero conmigo no hace falta.

Es una cena informal. No habrá cubertería de plata.

Pues entonces no voy.

No te puedes ir de aquí sin probar la tortilla.

-La voy a probar, pero desde que he entrado

no he quitado el ojo a los boquerones y pienso hincarles el diente.

-Son frescos de hoy.

-Lo caro que me va a salir el desgraciado del Culebra.

-¿Tan caro como para cargárselo?

-¿Qué has dicho? -Don Fernando, dígame la verdad.

-¿Se ha cargado al Culebra? -¿Tú eres tonto o qué te pasa?

-¿Has venido a mi casa a insultarme en mi propia cara?

Rober no te ha insultado.

¿Tú le cuentas mis secretos a un desconocido?

¿Y encima te pones de su lado?

No es un desconocido, es mi pareja.

Anoche tres dieron una paliza al director de una sucursal.

No ha podido identificarles, pero dice que eran tres hombres.

Los tres llevaban la misma camiseta con un logo parecido a este.

Me alegro de que no acabáramos en la cama. Fue una noche estupenda.

Y la habríamos estropeado.

-Si seguro que tienes razón.

-No lo digo por ti, lo digo por mí.

Yo no me acuesto por nadie por despecho.

Además que yo sé que tú tenías la mente en otra parte:

en Laura Escalada.

  • Capítulo 102

Servir y proteger - Capítulo 102

19 sep 2017

La inspectora jefe Miralles es la policía más veterana de la comisaría del Distrito Sur. La inspectora Alicia Ocaña se incorpora a la comisaría. Ambas son el eje en torno al que gira la vida personal y profesional de sus compañeros y los casos policiales que afectan al barrio.

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