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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 240 - ver ahora
Transcripción completa

No quiero que te desentiendas de ella en caso de ser tu hija.

¿Y si no lo es?

¿No crees que ya tienes bastantes cargas familiares?

No hago otra cosa, Claudia, pero...

¿y si es verdad que es mi hija?

Si no os hacéis la prueba, nunca saldréis de dudas, ninguno.

Solo te pido una pequeña compensación

por todos estos años en los que no has estado.

¿Cuánto tiempo llevas maquinando este plan?

Mira, nos lo debes.

Isa quiere que le dé el dinero y desaparecer.

¿Para qué se lo voy a contar a Natalia?

Reflexiona lo que podría venir después de darle el dinero,

así, por las buenas. ¿Un chantaje?

¿Qué quieres que piense? Soy policía.

Tienes que luchar para hacer realidad tu sueño.

-¿Sabes qué te digo?

Que me apetece volver a estudiar.

Me voy a tomar este examen muy en serio.

-Los dos vamos a tener que hincar los codos.

Tengo que estudiar para las oposiciones a policía.

-Esto no lo ha hecho usted, ¿verdad?

-¿Falta algo? -No, no, están todos.

-Ha tenido que ser Julio, seguro.

¿Cree que podría denunciar a su propio padre?

-Necesito estar solo, no quiero hablar con nadie.

Dejadme en paz de una vez.

-Julio... Julio... ¡Espera hijo, por favor!

Lo sabe, ¿verdad?

¿Saber qué? ¿Qué crees que sabe?

El tipo de persona que eres y a lo que te dedicas.

Enhorabuena.

Una persona más a la que has destrozado la vida.

¿Quieres saber si te voy a denunciar?

Es eso, ¿verdad?

En un primer momento pensé en hacerlo,

es lo que merece la gente como tú.

-Y...

¿se puede saber por qué has cambiado de opinión?

-Ningún hijo quiere mandar a su padre a la cárcel.

-¿Por qué has hecho eso, Elías?

-Llevo mucho tiempo reprimiéndome.

Sabía que si no hacía esto me arrepentiría toda la vida.

En la vida hay que ser valiente, y con este beso intentaba...

expresar lo que siento por ti.

-No me creo nada, Elías, nada.

-¿Cómo que no me crees?

-A ti lo que te pasa es que estás celoso.

-Conviértase en mi abogada personal y yo le aseguro un sueldo

con el que va a poder financiar todos esos proyectos sociales.

-¿Quiere decir que puedo poner ahí cualquier cifra?

-Exactamente.

Espero pronto contarla como una de mis aliadas.

Está claro que si Somoza está dispuesto

a poner encima de la mesa tanto dinero,

no es para que le lleven sus negocios de la constructora.

Han venido para quedarse.

Son los hombres de Quintero

quienes te suministran la mercancía, ¿verdad?

No sé de qué me hablas. Alicia, ¿estás bien?

En cuanto a ti...

Una noche en el calabozo te refrescará las ideas

y mañana estás más colaborador, ¿verdad?

Necesito que me dé toda la información que pueda

sobre la inspectora Alicia Ocaña.

¿Y por qué ella, si puede saberse?

Porque ella es la única persona de esa comisaría

que a mí me interesa.

Ella es la llave de muchas cosas,

y yo necesito tenerla controlada.

Acepto el trato.

(Música emocionante)

Desde luego, no hay nada que le haga perder la compostura.

Supongo que se quedó de piedra cuando rechacé el cheque en blanco.

Los criminales como él creen que pueden comprar a todos.

Piensan que el dinero es capaz de abrir todas las puertas.

Pues conmigo que no cuente.

Jamás trabajaría para la persona que ordenó el asesinato de Rober.

Siento haber dudado de ti, Nerea. No te preocupes, no pasa nada.

Yo en tu lugar me habría puesto igual de nerviosa o más.

Por cierto, ¿se lo has dicho a mi padre?

¿El qué? ¿La oferta de Somoza? No, no.

No he querido llamarle a Roma solo para eso.

Además, no hay mucho que contar.

Ese mafioso quiso contratarme, yo le rechacé...

Y fin de la historia.

Igual, si se entera por otro lado le molesta.

Se lo contaré en cuanto vuelva.

Me acaba de mandar un mensaje. Ya ha aterrizado.

Sí, lo sé. Yo he llamado al turno de oficio

para avisar que me incorporo enseguida.

No sé cómo tienes tiempo y energía de llegar a todo.

Mira quién habló...

Yo ahora estoy mucho más tranquila.

Sí, porque estás todo el día en comisaría.

¿Tú cómo lo llevas?

Regular.

Por lo menos, de vez en cuando, puedo salir a investigar.

Yo creía que tenías prohibido salir.

Siempre y cuando no peligre mi integridad.

¿Iker sigue siendo tu compañero?

(ASIENTE)

Si quieres preguntarme algo, no des tantos rodeos.

Se me nota, ¿no? Ya... A ver, ¿qué quieres saber?

Si sale con alguien, no sé...

El otro día me dijo que no quería salir conmigo

porque tenía mucho trabajo y me sonó a excusa.

La verdad, no sé si tiene algún ligue,

pero conociéndole, no creo que te haya mentido.

¿Perdona?

¿Ahora te va a parecer que Iker es el hombre más sincero del mundo?

A ver, no estoy diciendo eso.

Pero ya lo ha demostrado muchas veces,

y no tiene ningún problema en decir que sale con otra.

Es así de directo. Sí.

Sí, eso es verdad.

La verdad, el chico no es muy diplomático.

Me voy corriendo al bufete, que cuando llegue tu padre

quiero que me pille trabajando.

(Timbre)

-¡Nerea!

Hija... Papá...

He dejado a Montse en casa y he venido directo

para ver que todo sigue bien por aquí.

Y con "todo", supongo que te refieres a mi embarazo.

Ya veo que me habéis puesto a caldo,

por lo pesado que soy con el temita.

-Pues sí, pero tu delito tiene un atenuante:

que es tu primer nieto.

¿Vienes a la oficina? -No, ve marchando tú.

Voy a tomar un café con Alicia.

Te lo sirvo.

Gracias, hija.

Nos hemos pegado un madrugón para ir al aeropuerto

y estoy que me caigo de sueño.

¿Qué tal por Roma?

Muy bien, ya te contaré con más tiempo.

Ahora lo que quiero saber es si Quintero...

te ha estado dando la lata.

No te preocupes, papá, lo tengo a raya.

Y, además, creo que...

igual, muy pronto podemos verlo entre rejas.

¿Ha pasado algo?

Más bien, lo que estuvo a punto de pasar.

Te lo contaré cuando lo tenga contra las cuerdas.

Vaya, me he dejado en el coche un regalito

que os había traído a los dos.

Vaya...

A mí me suena de maravilla eso que me cuentas.

Claro... Me encanta.

Vale, no te preocupes. Yo también tengo prisa.

Un beso, cariño. Te quiero.

¿A que está muy contenta?

Más que contenta está pletórica.

No me extraña, ha estado haciendo prácticas

en los mejores restaurantes de París. ¿Qué más quieres?

Me encanta verla tan ilusionada, pero, si te digo la verdad,

estoy deseando que vuelva.

Hay que tener un poquito de paciencia, ¿no?

¿Por qué? No le queda nada para terminar sus estudios.

Pero pueden pasar muchas cosas. ¿A qué te refieres?

Puede encontrar un trabajo en París, un novio, o las dos cosas.

Ay, no digas esas cosas...

Lo digo para que estemos preparados.

Hijo, pues parece que no quieres que venga.

¡Vaya, hombre!

Soy el primero que quiero verla entrar por esa puerta.

Pero ya sabes la tarea de los padres,

superar el síndrome del nido vacío.

Pues creo que en ese terreno lo estamos haciendo bien.

¡Vale, vale! Ya sé que yo a veces me agobio, pero...

Tú también, ¿eh?

Yo lo disimulo mejor.

Qué tonto eres... (RÍE)

¿Te acuerdas lo que nos dijo su primera pediatra cuando llegó?

Que los niños no vienen con un libro de instrucciones.

Que se aprende a ser padre con la práctica.

La verdad es que es muy difícil.

Esto de ser padres es muy complicado

y tiene que ser todavía más difícil

para aquellos, que por la razón que sea,

tienen que afrontar la paternidad solos.

¿Por qué lo dices, por Alicia? (ASIENTE)

Estuvo ayer en el centro de salud.

No me dijo que le pasara nada. ¿Qué le ocurre?

No le pasa nada, fue a apuntarse

a un curso de preparación para el parto, nada más.

¿Y cómo la viste?

Bien, estuvimos hablando de la dieta durante el embarazo,

y estaba muy puesta en el tema.

Tiene que ser muy especial eso de llevar a tu hijo

nueve meses dentro del vientre.

No creas que echo de menos haber sido madre biológica, pero...

Pero a veces lo pienso.

Normal, ¿no? ¿Y tú?

¿Echas de menos haber sido padre biológico?

No. ¿No?

No. ¿Por qué?

¿Por qué? Dímelo, no te rías.

Porque si no,

no hubiera entrado Olga en nuestras vidas.

Tienes toda la razón.

Y, apropósito de esto,

te voy a contar una cosa un poco personal.

No, no te asustes.

¿Qué pasa? No es nada que tenga que ver

con nosotros ni con Olga.

Pero es confidencial, ¿eh?

¡Cuéntame!

Pues que...

a Emilio Bremón

le ha aparecido una hija veinteañera.

¡Toma! ¡Qué me dices!

Al parecer tuvo una relación

un verano cuando era joven, antes de casarse con Natalia, y...

parece ser que se quedó embarazada.

¿Parece? Sí.

Parece, porque la chica dice que es su hija,

pero no se han hecho las pruebas de ADN, hoy se las hacen.

¿Hoy? No quisiera estar en su pellejo.

Yo tampoco.

¿Te acuerdas lo mal que lo pasamos con la prueba Olga?

Lo pasamos fatal, si se llegan a confirmar,

nos hubiera cambiado la vida a todos. Pues eso.

(Timbre)

¿Se puede saber a qué viene tanta insistencia con el timbre?

-A que estoy impaciente, don Fernando.

-Impaciente, ¿por qué?

Lo mejor será que te calmes. Cuéntame, ¿qué pasa?

-¿No está Julio en casa? -No está, le oí esta mañana

bien temprano salir de casa y supongo que se habrá ido

a correr al parque como todos los días.

-Bueno, mejor, así hablamos más tranquilos usted y yo.

-¿Hablar de qué? -Del mensaje que me mandó ayer.

-¿Es por eso por lo que estás tan nervioso?

No te preocupes, ese mensaje te lo mandé

para que te tranquilizases.

No hay nada que temer, Julio no nos va a denunciar.

-¿Cómo está usted tan seguro?

Porque ayer se lo habría contado a Alicia

si no aparece usted a tiempo.

-Eso fue antes de que yo hablase con él,

después recapacitó y se dio cuenta de que no me puede denunciar.

-Muy bien. Su hijo, don Fernando,

cambia de idea con mucha facilidad.

A ver cómo ha amanecido esta mañana el chaval,

lo mismo no está en el parque corriendo

y está en comisaria de charleta con Elías Guevara.

-No creo, y no seas pájaro de mal agüero.

-No es pájaro de mal agüero, es realista.

Estoy mirando todas las posibilidades,

y es algo que usted me enseñó. -Mira, Jairo,

un padre sabe hasta dónde puede llegar su hijo,

y yo sé que Julio no nos va a denunciar. Punto.

-Usted no está seguro al cien por cien.

Y la única forma de asegurarnos de que Julio no nos "enmarrone",

es que se vaya a Miami. -Bueno, ya veremos.

No pienso tomar ninguna decisión en caliente.

Primero quiero hablar con él,

quiero tantearlo y, después, ya veré qué decido.

¿De acuerdo? -Me parece muy bien.

Pero mientras Julio esté aquí,

vamos a estar acojonados de que no vaya a la policía.

-No seas pesado, Jairo,

no sé qué más te tengo que decir. -Pues dígame, por ejemplo,

qué le dijo Julio a usted. -Nada, nada, nada...

Me dijo que no nos iba a denunciar,

se fue a dormir, y desde entonces no lo he visto.

-Muy fácil, ¿no?

¿Le pareció bien tener un padre narcotraficante?

-Qué le va a parecer bien.

Está muy cabreado, cómo no lo va a estar,

sobre todo, porque hace tiempo me preguntó

si yo tenía algo que ver con algún negocio turbio,

y le dije, muy ofendido, que no.

-O sea, además de cabreado con usted se sentirá un estúpido,

y se sentirá engañado y traicionado.

Son motivos de más para ir a la policía.

-No te pongas más pesado, Jairo,

que ya está bien. Además, te voy a decir una cosa:

olvídate de este asunto, que ya me encargo yo.

Jairo,

ve ahora mismo a la empresa y encárgate del trabajo en el muelle

que para eso te pago.

Humo.

-Un zumito por aquí y cervecita por aquí.

Que aproveche.

Hola comisario. ¿Le falta algo de comer?

Pues no me vendría mal meter algo en el estómago.

¿Tienes un cruasán? Sí. Ahora mismo te lo traigo.

¿Qué tal está tu padre? ¿Sigue en Barcelona?

Sí, allí está, no hay quien lo mueva de ahí.

Está feliz entrenando a Vicky Martos.

¿Y le va bien en ese trabajo?

Tiene un montón de patrocinadores,

y no me extraña, porque Vicky no para de ganarlo todo.

Me alegro, de verdad.

Aunque, seguro que te echa mucho de menos.

Bueno, eso dice...

No, en serio, yo también le echo mucho de menos a él.

Me comentó una vez lo importante que fue para él

reencontrarse contigo.

Sí, aunque nosotros nunca terminamos de perder el contacto completamente.

Por lo que me dijo estuvisteis mucho tiempo sin veros, ¿no?

Eso sí, se perdió toda mi adolescencia.

Seguro que se arrepintió.

Usted también tiene hijos, ¿no?

Sí, dos.

Seguro que están todo el día presumiendo de que su padre es poli.

Bueno, comisario. Es igual.

Pues sí, en el colegio van diciendo que su padre persigue a los malos.

Isa...

¿Quieres desayunar algo?

Sí, pero ya me lo pido yo.

Perdona. Un café con leche, por favor.

-Vale. ¿Te apetece algo de desayunar? -No, gracias.

Te llamé varias veces al móvil y no estaba operativo.

Pensaba que ya no ibas a venir.

Me quedé atrapada entre dos estaciones de metro y...

ahí no había cobertura. (INCRÉDULO) Ya.

No tengo ningún miedo a esas pruebas de ADN

si es lo que piensas.

Yo no he dicho eso. Pero lo has pensado.

-Lo siento, pero la detención de Alberto Carrascal

no se ajusta a derecho. Porque tú lo digas.

El Flaco trapichea con perico, y tú lo sabes.

No. Los tres gramos de coca que llevaba encima

eran para consumo propio. Bien.

¿Y la caja de papelinas que encontramos en la papelera?

Y que lo llevase en bolsitas de un gramo.

¿Y cómo explicas todo el dinero que llevaba encima?

Mi cliente ha declarado

que no tiene nada que ver con esa caja.

Eso me lo cuentas cuando vengan los análisis del laboratorio,

porque seguro que hay huellas de esas manazas.

Te ha llegado este sobre del laboratorio.

Si antes lo digo...

Pues ahora saldremos de dudas. ¿Qué ocurre?

Nada. Que hoy la abogada va de lista.

Y el oficial de sobrado, como siempre.

-Bueno, yo os dejo.

-Me temo que la realidad no coincide con tus acusaciones sobre mi cliente.

Supongo que llevaría guantes o limpió la caja antes de tirarla.

O dice la verdad y no es un traficante.

Nerea, no me cuentes películas.

Sabes que sí lo es, aunque se dedique al menudeo.

¿Y qué pruebas tienes? Yo te lo digo: ninguna.

Así que lo tenéis que dejar en libertad ahora mismo.

-Ya veo que le has pillado el tranquillo a Iker,

eres de las pocas que lo pone en su sitio.

-Ya sabes, perro ladrador...

-Desde luego, las Ocaña, le estáis amargando la vida,

porque entre tú y tu prima...

-¿Nervioso?

Pues la verdad es que sí.

No todos los días me hago pruebas de paternidad.

Estate tranquilo,

no quiero complicarte la vida, ni hablar con tu mujer.

Eso ya me lo has dicho varias veces.

Es que es la verdad.

Has dejado claro lo que quieres en caso de que sea tu padre.

Sí, lo único que quiero es que me des el dinero

para poder desaparecer del mapa.

¿Y si no te lo doy?

Sé que me lo darás.

¿Cómo puedes estar tan segura?

Porque es lo menos que un padre puede hacer por su hija.

Ya...

¿Y dónde piensas marcharte?

Ese no es asunto tuyo.

Puede, pero si esas pruebas demuestran que soy tu padre,

entenderás que quiera saberlo.

No veo por qué.

Tú y yo somos desconocidos, y así quiero que siga siéndolo.

Así nos podemos ahorrar cualquier paripé.

Al menos, dime si tienes familia por parte de tu madre.

¿Para qué quieres saberlo?

Me quedaría más tranquilo sabiendo que tenías parientes.

Mira, no quiero hablar de esto.

Solo quiero que nos hagamos esas pruebas de una vez.

Muy bien. Termínate el café y así saldremos de dudas cuanto antes.

No he dormido una mierda.

Los de la celda de al lado no me han dejado pegar ojo.

¿Pensabas que te íbamos a alojar en el Palace?

No estoy tan flipado.

Quizá no eran los vecinos quienes no te dejaban dormir,

sino el mono que llevas. Yo no soy ningún yonqui.

Yo solo me meto de vez en cuando. Claro.

Y lo puedes dejar cuando quieras. Por supuesto.

No tengo ningún problema ni con el caballo,

ni con el perico ni con "na".

Aquí tienes a tu angelito.

Bueno, ¿qué? ¿Qué pasa conmigo?

-Nada, que sales en libertad y sin cargos.

-¿De verdad? -De verdad.

La policía no tiene pruebas contra ti.

-¡Ah! Ya le dije yo a este y a su compi

que era inocente y que la cajita no era mía,

pero no les dio la gana de creerme. Venga, Flaco, que ya eres libre.

Firma la puesta en libertad y puerta.

Estoy harto de que me calientes la oreja con tus quejas.

Si quieres puedo apuntarte a un programa de desintoxicación

en un centro de salud. -A ver cómo lo tengo que decir:

que no estoy enganchado, solo me meto de vez en cuando.

¿Qué hace el Flaco en libertad?

Que te lo cuente su abogada.

¿Eres tú? ¿Por qué no me lo has dicho esta mañana?

Porque me avisaron del turno de oficio tras salir de casa.

Y aunque te lo contase, habría quedado libre igual.

No hay pruebas contra él.

¿Y la caja que encontramos en la papelera?

Los análisis del laboratorio no han encontrado huellas del Flaco,

por eso lo hemos tenido que poner en la calle.

Todos saben que el Flaco trapichea con droga desde hace años.

Solo llevaba unos pocos gramos para autoconsumo.

Me parece todo un poco excesivo, solo es un yonqui, nada más.

No lo metimos en el calabozo por ser un yonqui,

sino por cometer un delito.

Y para que nos lleve a los narcos de Distrito Sur,

los que le pasan la droga. Yo solo he hecho mi trabajo,

y si no hay pruebas, no podéis mantenerle en el calabozo.

Lo sabes, Alicia.

Me voy, tengo que seguir trabajando.

-Hola, Paty. -Hola, Julio.

¿Qué te pongo?

-¿Tienes alguna bebida isotónica? -Sí.

Menudo carrerón te has pegado hoy.

-Sí, necesitaba darme caña para despejarme un poquito.

-¿Y te ha servido para algo? Ayer estabas muy agobiado.

-Hoy estoy mejor. Gracias.

-Me alegro.

¿Qué tal? ¿Todo bien?

Sí, todo bien.

Paty, ¿me pones un descafeinado de los míos?

Gracias. ¡Ah!

Una cosa. Si queréis comer, decidlo ahora o callad para siempre.

Me voy a la cocina, que te un lío que flipas.

Yo estoy servida. Yo también.

-Perfecto. Tu café.

¿Terminamos la conversación que dejamos ayer a medias?

Ahora no tengo tiempo de hablar,

he entrado solo para comprar algo de beber

e hidratarme un poquito. Creo que te sentirías mejor

si me cuentas lo que sabes de tu padre.

No recuerdo que te dijera nada sobre él.

¿Me estás vacilando?

Ayer...

Me dijiste que te habías llevado una decepción muy grande.

Y cuando me ibas a contar los motivos,

apareció él y te presionó para que te callaras.

¿Qué has descubierto sobre él, Julio?

Nada. No sé de qué me hablas.

Y ahora, si me disculpas, tengo que irme.

Has descubierto que es un narcotraficante,

y usa sus camiones para mover la droga.

Estás desvariando, Alicia.

Por mucho que insistas, nuestro padre no es un delincuente.

Pues ayer parecías a punto de delatarle.

Esa sería tu percepción.

Pero no tiene nada que ver con lo que pasó.

¿Cómo te ha manipulado para que cierres la boca?

Aquí la única que me está manipulando eres tú.

Me estás presionando para saciar tu sed de venganza,

me quieres poner en su contra porque le odias.

No es una cuestión de venganza, sino de justicia.

La droga que mueve Quintero, solo causa desgracias.

Pero ¿qué droga, Alicia? ¿Qué droga?

¿No ves que estás cegada?

Eres capaz de inventar cualquier cosa con tal de atacarle.

No me invento nada y lo sabes perfectamente,

solo quiero hacer justicia y protegerte.

Los que se acercan a él acaban muy mal

por culpa de sus negocios. No sé de qué negocios me hablas.

No me tienes que proteger de nada. Ah, ¿no?

No. Pues mi propia madre, su amante,

murió cuando unos narcos intentaban matarlo.

También es el responsable del asesinato de Rober.

Si no le delatas, te arriesgas a correr la misma suerte.

Mira, Alicia,

yo entiendo que todas esas muertes te han traumatizado,

de verdad que lo entiendo,

pero nuestro padre es solo un empresario honrado.

Y yo me siento muy orgulloso de todo lo que ha conseguido.

-¡Hombre, Julio!

-Hombre, el que faltaba...

¿Tú qué quieres? -Nada, saludarte.

-Pues muy bien. Hola y adiós, tengo prisa.

-Espera, espera un momento.

Yo te hacía corriendo por el parque de la Dehesa,

no por las calles del barrio.

-No sabía que tenía que darte explicaciones.

-Pues me quedo mucho más tranquilo

si me dices que no vienes de comisaría

-A mi padre le ha faltado tiempo

para ponerme un perro guardián. -Muy gracioso.

Ahora en serio, ¿no irás a hacer ninguna tontería?

-No le voy a contar a la policía que mi padre es un narco

y que tú eres su mano derecha. Tranquilo.

-Habla más bajo, que estamos en medio de la calle.

-Me encanta verte tan acojonado, Jairo,

a ver si así se te bajan un poco los humos.

-Muy bien, tío, lo has conseguido,

me has metido miedo en el cuerpo, ¿contento?

-Ya le dije a mi padre que no os denunciaría.

¿Eso no te lo contó? -Sí me lo contó,

pero puedes cambiar de opinión en cualquier momento.

-Déjame en paz, anda. -¡Espera, espera un momento!

Mira,

yo sé que esto ha tenido que ser un palo muy grande para ti,

no puedo ni imaginarme cuánto,

pero no olvides, que a pesar de todo,

Quintero es tu padre, tío.

Y, además, es una gran persona. -Sí, sí, sí...

Es un santo al que habría que beatificar.

-Claro que no es ningún santo,

pero ha hecho mucho por la gente de este barrio.

Por muchos chavales como yo, y por mí mismo.

Si no fuese por él, estaría en la cárcel o muerto.

-Mira, no me da ninguna pena tu drama de chico marginal.

-Vale, muy bien.

Yo entiendo que no me soportes,

ni a mí ni al negocio que tenemos tu padre y yo.

Precisamente por eso, no sé...

¿por qué no te piras a Miami?

-Esto es el colmo, lo que faltaba,

que me dijeras lo que tengo que hacer.

Chaval, sé que a ti te encantaría que yo me quitase de en medio

para que no te estorbe,

pero no te voy a dar el gusto.

¿Te queda claro?

-Hola, Paty.

-Hola. -¿Qué tal?

-Muy bien.

-¿Muy bien? ¿O te pasa algo?

-No sé, ¿tú qué crees?

-Creo que te pasa algo por la cara que tienes.

(IRÓNICA) -Qué listo...

No sé qué esperabas con el numerito del otro día.

-Perdona, es que estaba molesto.

No me habías contado que David y tú os llevabais tan bien.

-¿Estoy obligada a contarte mis cosas?

-No, creo que no se trata de obligación,

sino de que me da pena...

que ya no me cuentes tus cosas.

Pensaba que teníamos confianza.

-Mira, no, ahora no me vengas de buen rollito.

Si quieres llevarte bien conmigo, reconoce las cosas:

estabas celoso, y punto. -Pero si no estoy celoso.

Pero si dije algo que te molestó, lo siento.

¿Vale?

-Vale.

Pero a ver si dejamos este bucle de meter la pata

y pedir perdón. Está un poco visto ya.

-Tienes toda la razón, estamos en bucle.

Somos un caso.

Vamos a hablar de otra cosa. ¿Qué tal el trabajo en La Parra?

¿Qué tal, contenta? -Pues sí.

Estoy muy contenta, y he decidido que voy a compaginar

el curro con los estudios. Me voy a apuntar a un curso de FP

de dirección y administración de empresas.

-¿En serio? ¿Te vas a poner a estudiar a estas alturas?

-¿Qué pasa? ¿No me crees capaz? -Sí, capaz claro que te creo.

Pero antes de meterte a una FP hay que aprobar un examen,

y es muy chungo. -Sí, ya lo sé,

lo peor que llevo son las matemáticas,

pero David es un genio y me va a dar clases.

-Ah, es un genio de las matemáticas. Qué majo el tío.

-Pues sí, sí que es majo el tío.

Y él también se preocupa por las cosas que me interesan a mí.

No como otros... -¡Uf!

¡Claudia! ¡Ah, hola!

¿Alguna novedad en el tiempo que he estado fuera?

Pues no. Bueno, sí.

Nacha y Elías han detenido por fin a los carteristas del Cercanías.

Ya era hora. Nos estaban dando mucha guerra.

Pues sí, porque con estos dos en el calabozo

y con los que detuvimos ayer creo

que hemos limpiado el barrio de carteristas y descuideros.

Me alegro y gracias de nuevo por cubrirme las espaldas.

Bueno, ya ves tú.

Oye, iba a tomarme un café, ¿quieres?

Venga, sí, vamos.

Oye,

¿has ido a hacerte las pruebas, al final?

Sí, sí,

me las he hecho

y tengo que esperar ahora 24 horas hasta que me den los resultados.

Pues no es por desanimarte,

pero esas 24 horas se te van a hacer eternas.

Ya, ya me he dado cuenta.

Desde que he salido de la clínica, la cabeza me va a mil por hora.

No me sorprende nada. Antonio y yo lo pasamos fatal.

Yo me imagino que, por aquel entonces,

tendrías que tener un odio terrible a esa mujer rusa.

Aunque me duela reconocerlo, sí.

La tomé con ella, la verdad, pero luego me di cuenta de que,

realmente, estaba enfadada con la vida

por hacerme pasar por ese trance.

Sofiya no tenía culpa de nada, era una mujer desesperada

queriendo reencontrarse con su hija. Sí.

Si finalmente se confirma que es mi hija,

yo no sé cómo voy a encajar esto.

La verdad es que estoy muy desconcertado.

Es normal que estés desconcertado,

pero no te adelantes a los acontecimientos, hombre.

Espérate a mañana.

Ya, pero ella lo tiene tan claro que es inevitable

que me haga a la idea de que soy su padre.

Después de lo que ha pasado en casa en los últimos meses,

ya no sé cómo se lo voy a decir a Natalia,

aunque tengo claro que se lo tengo que decir.

Sí, tienes que decírselo.

Ya sabes que lo mejor es ir con la verdad por delante

y de frente. Lo haré, lo haré.

Pero, si te digo la verdad, ahora no pienso en Natalia, sino en Isa.

Aparenta ser una chica fuerte y despegada,

pero yo veo en ella a alguien frágil y sin rumbo en la vida.

Oye, ¿y no tiene más familia?

No sé, por parte de su madre, abuelos, tíos...

No lo sé. Le pregunté y no me lo quiso decir.

¿Qué puedo hacer para ayudarle? No lo sé.

Cuando se confirme si eres su padre o no,

sabrás cómo actuar, ya lo verás.

Dentro de 24 horas, habrás salido de dudas.

Ahora, lo único que puedes hacer

es intentar pasar este tiempo lo mejor posible.

A ver cómo lo hago

porque hay pocas cosas peores que la incertidumbre.

Bueno, si necesitas tomarte un respiro

o salir un poco antes, yo no tengo problemas.

Te cubro.

Todo lo contrario, Miralles.

Quiero tener la cabeza ocupada en el trabajo,

a ver si me olvido de esto. Te entiendo.

Disculpa, me voy al despacho porque tengo una montaña así.

Me voy contigo y vamos repasando asuntos pendientes.

Fenomenal. Venga, vamos.

Cómo corrían esos "hijuemadres" piqueros.

Hemos tenido que sudar para pillarles.

Bueno, unos más que otros.

-Bueno, tú haces ejercicio, eres más joven...

Alguien tiene que hacer el trabajo sucio, compañera.

-Mira que te lo he dicho mil veces,

que vengas a correr conmigo. -¿A las siete?

O estoy acabando la jornada o me estoy levantando.

Conmigo no cuentes a esa hora.

-Bueno, a ver, trabajamos por turnos.

A mí cada día me pilla ir a correr a una hora diferente.

-Y a mí en el mismo sitio.

-Sí, claro, de camino o de vuelta a La Parra, ¿no?

-"Touché".

Pero bueno, en cualquier caso, se acabaron las carreritas

para mí y para los choros esos,

que van a pasar una temporada en la cárcel.

-Enhorabuena, pareja,

ya se le ha acabado el chollo a esos mangantes.

-Ay, sí, ha sido muy bueno haberles pillado.

Llevaban unas semanas dándonos esquinazo

y por fin han caído.

-¿Y a ti qué te pasa? ¿Tú no estás contento, Guevara?

-Yo sí, claro.

-Pues nadie lo diría, que tienes un careto...

-Y Espe tiene razón, estás un poco mustio, ¿eh?

-¿Qué quieres, que haga una fiesta por pillar unos choros?

Es mi trabajo.

-Bueno, pero cuando sale bien nos alegramos, ¿no?

-Pero ya me conoces, no soy la alegría de la huerta.

-No, pues, precisamente porque te conozco,

sé que tienes la cabeza en otra parte.

A ver, ¿dónde estás?

-Pues estaba pensando en María.

-¿Y eso?

-Pues que ayer le estaba dando vueltas

a eso que nos pasó a María y a mí y,

y me fui a La Parra, me armé de valor

y le planté un beso y le dije que estaba enamorado de ella.

-Qué bueno, Elías, te declaraste a María.

¿Y qué pasó?

-Lo que tenía que pasar, que me mandó a paseo.

-Ay, no, pues ahora entiendo esa cara de planchado que llevas hoy.

-No, Nacha, si es que soy un capullo, de verdad.

Me comporté como un imbécil.

-Bueno, no, así no te machaques, tampoco.

-O sea que tengo motivos para hacerlo.

Sí, me porté como un crío.

Me tiré a la piscina de cabeza y no había agua.

No, es que es ridículo.

-Bueno, pues yo no lo veo así. Yo creo que has sido un valiente.

Pues lo único malo es que, claro,

la jugada no te salió como tú esperabas.

-Por favor, Nacha, es de bochorno.

Cada vez que me acuerdo, es que me dan los sudores.

-Oye, pero hay una cosa en todo esto que no me cuadra.

Tú me dijiste hace unos días que ya tenías asumido

que María estaba con Jesús y todo este rollo.

Entonces, ¿por qué te declaraste?

-Porque la cabeza me decía una cosa

y el corazón me dictaba otra

y, como soy un bocas, pues no pude callarme.

-Bueno, pues mira, a lo hecho, pecho, como dicen acá.

Ya está.

-Sí. Que conste que entiendo que María esté enfadada.

Sí, porque, al principio, ella estaba por mí

y yo eché el freno.

-Si actuaste así sería porque no lo verías claro.

-Si eso es lo peor, lo peor es que no arriesgué ni un pelo.

Me comporté como un cobarde.

-Ahora has sido un valiente y por partida doble.

Además, la vida da muchas vueltas y nunca se sabe lo que puede pasar.

-Yo sí sé lo que va a pasar, que María se va a quedar con Jesús

y yo me voy a quedar más solo que la una.

-Hoy estás muy negativo, ¿eh? Lo ves todo negro.

-No, no, de verdad.

Mira, me ha sentado muy bien contarle mis sentimientos a María.

Sí, me siento más aliviado, como más descansado.

¿En qué piensas?

-Nada, en eso, en lo de liberado, descansado.

Y yo creo que yo debería hacer lo mismo.

Venga, a currar.

-Ahora mando a David con las lentejas.

Creo que no falta nada más del pedido.

-Bueno, tú tranquilo y sin prisas.

Si todavía nos quedan dos kilos, por lo menos.

-Oye, ¿y María? ¿Está en la cocina?

-No, no, está en casa,

que me ha escrito esta mañana un mensaje

para que viniera yo a abrir el bar. -¿Y eso?

-Nada, le dolía un poquito la cabeza.

-Muy mal tiene que estar para no bajar al bar, ¿no?

-Pues no, parece que no es para tanto.

Ahí la tienes.

-¿Qué tal? -Hola, Jesús.

-Justo me estaba comentando Paty que estás regular.

-No, qué va, no te preocupes, no es nada.

-¿Seguro? Igual deberías ir al médico, ¿no?

-¿Por un dolor de cabeza? Pues menuda tontería.

-¿Y si estás incubando algún virus?

Este año apenas ha llovido y están campando a sus anchas.

-Oye, que no me metas el miedo en el cuerpo,

que no voy a molestar a Antonio por un dolor de cabeza.

-Bueno, vale, como tú lo veas.

-Perdóname, que he sido muy brusca.

Podía haberlo dicho igual, pero con otras formas.

-No pasa nada.

Yo también he sido un poco alarmista sin motivo.

-Bueno, pero con buena intención.

-Eso seguro.

Bueno, que nada, que hasta luego, ¿eh?

-Venga. Adiós.

-Vaya bronca que se acaba de comer tu novio por preocuparse por ti, ¿no?

-Por preocuparse por mí, no, por meterme el miedo en el cuerpo.

Además, no me he enfadado con él.

-No sé, María, te noto un poquito cruzada esta mañana.

-Porque estoy cruzada, pero no es por culpa de Jesús.

-¿Entonces?

-Que estoy cabreada con Elías y conmigo.

-¿Con Elías? ¿Y eso? ¿Qué os ha pasado?

-Anoche, cuando estaba

a punto de cerrar,

vino y me plantó un beso en todos los morros,

¿te lo puedes creer?

-¿Qué?

¡Oh!

Pues mira, sí, sí me lo puedo creer.

¿Lo ves? Te dije que estaba celoso con lo de Jesús.

¡Qué fuerte! ¿Y qué hiciste? ¿Qué pasó?

-Nada, pasó que me dijo que está enamorado de mí

y que llevaba mucho tiempo aguantándose las ganas de decírmelo.

(EXCLAMA)

-Pero ¿y qué hiciste?

-¿Qué hice? Lo primero, quedarme a cuadros

y, lo segundo,

echarle una bronca por haber sido tan cobarde

cuando estuvimos a punto de liarnos hace unos meses, ¡y ahora viene!

Ahora que estoy con Jesús.

-Entiendo que estés cabreadísima con él,

yo también lo estaría.

Ahora, lo que no termino de entender yo

es por qué estás tan cabreada contigo misma.

-María, que te veo venir, ¿eh?

(RESOPLA)

A ti te gusta Elías.

Te gusta Elías.

-A ver, Paty, no sé, lo que me dijo me removió un montón.

-La verdad es que tiene que tener un morbillo

eso de tener que elegir entre los dos maduritos del barrio.

-¿Morbillo?

Estoy que me subo por las paredes sin saber qué hacer.

-Bueno, alguno te gustará más que el otro, ¿no?

-Pues eso es, Paty, que no sé qué, qué...

Jesús me gusta un montón

y es un encanto

y congeniamos superbién.

Y Elías, pues

también me atrae,

aunque no sea la alegría con patas, precisamente.

-Madre mía, ahora entiendo tu dolor de cabeza.

Eso es de estar toda la noche dándole vueltas al tarro.

-Si el dolor de cabeza era mentira,

no he bajado para no cruzarme a primera hora con Elías.

¿Ha venido a tomar café? -No le he visto.

Debe estar superarrepentido y avergonzado

de lo que hizo ayer.

-Tampoco ha matado a nadie, el hombre.

-¿Tú estás segura de que estás hecha un lío?

-Sí, ¿por qué me lo preguntas?

-No sé,

porque a mí me parece que

Elías te tira más.

-Ay, no, Paty, no sé.

Yo estoy encantada con Jesús y me dolería mucho

tener que romper nuestra relación, la verdad.

-¿Qué vas a hacer?

-Pues no sé, pero una decisión tendré que tomar

para salir de este lío. -Sí.

-Anda, toma, llévate esto a la cocina.

-Nos vemos la semana que viene a la misma hora, Candela.

-Hola, Teresa.

-Hola, Nacha.

-Perdona por presentarme así, sin avisar,

pero es que me gustaría hablar un momento contigo.

-Eh...

Tengo diez minutos hasta mi próxima cita.

-Tiempo suficiente para mí.

-Pasa. -Gracias.

-Por cierto, no me has dicho

cuándo vas a empezar la terapia con mi colega.

-No necesito más sesiones,

con las que he tomado contigo han sido más que suficientes.

Me siento fenomenal, así que muchas gracias.

-No tienes que agradecerme, yo estaba haciendo mi trabajo.

-Pues muy bien hecho porque me siento como nueva.

-Me alegro mucho por ti.

(SUSPIRA)

-Bueno, la verdad es que

no sé por dónde empezar, así que

voy a ir al grano.

(SUSPIRA) Teresa, yo

siento que me gustas mucho y creo que me estoy enamorando de ti.

-Nacha, ya hemos hablado de esto.

Lo que tú estás interpretando como una atracción

no es más que una transferencia entre paciente y terapeuta.

-No me hables más de transferencias, por favor.

Yo ya no estoy viniendo a terapia contigo

y, sin embargo, mis sentimientos no han cambiado.

-No, porque han pasado pocos días desde que dejamos de vernos.

Cuando pase más tiempo, verás que te sientes distinta.

-Para mí eres una mujer muy atractiva,

inteligente, sensible

y creo que tenemos una conexión especial.

Me pasa algo que no sentía desde hace mucho tiempo.

Tampoco creo que tengamos

que buscar una justificación psicológica a todo esto,

es natural, ¿no?

-Sí, claro, por supuesto.

(SUSPIRA)

No me esperaba que vinieras hoy a decirme todo esto, la verdad.

-Bueno, pues ya está, ya te lo he dicho.

Lo siento mucho si te he molestado.

No tengo la más mínima intención en agobiarte

con todo esto.

Yo entiendo que no sientas lo mismo que yo

y no tendrás que preocuparte más por mí.

-Nacha, espera, espera, espera un momento.

(CARRASPEA)

Eh...

Yo quiero decirte algo también.

-Sí, claro. Dime.

-Pues cuando te dije

que debíamos interrumpir la terapia, por lo que estabas sintiendo,

pues no era solo por eso.

A mí también me pareces una,

una persona muy especial.

Y bueno, hacía mucho tiempo

que no me encontraba con alguien tan valiente y tan auténtica y,

después de lo que has dicho, me reafirmo en lo que pienso.

-La verdad es que

esta sorpresa sí que no me la esperaba yo.

-Ya, yo pensaba también

que se me iba a pasar cuando dejáramos de vernos,

pero bueno, no ha sido así, si no más bien al contrario.

Pienso mucho en ti.

-Y ahora, ¿qué...?

No sé, ¿qué hacemos?

-Pues lo que hacen dos personas que se gustan, ¿no?

Podemos salir al teatro, al cine, a cenar...

-La verdad es que todo esto suena genial.

-También hay otras cosas.

-Es que no sé si la has cagado, Jairo,

no sé si has hecho mal

metiéndole más presión todavía a Julio de la que ya tiene.

-Lo siento mucho, pero ¿qué quería que hiciera?

¿Quería que no me pusiera nervioso

viéndolo ahí, al lado de la comisaría?

Tenemos que pensar en si él la ha cagado,

no si la he cagado yo.

-Bueno, ya está.

No te preocupes, lo hecho, hecho está.

(SUSPIRA) Julio me dijo que no nos iba a denunciar y yo

confío en él. -Don Fernando, míreme.

Yo le conozco y yo sé que usted, en el fondo,

está igual de asustado que yo

de que a Julio le dé una ventolera y cambie de opinión.

¿O me va a decir que no?

-Claro que estoy asustado, Jairo, ¿cómo no lo voy a estar?

Si me lo estoy jugando todo a una sola carta.

De todas formas, si Julio hubiese querido irse de la lengua,

ya habría ido a la comisaría para hablar con su hermana, ¿no?

-¿Interrumpo algo?

-No, no interrumpes nada.

-¿Ah, no?

Pues yo diría que interrumpo una bonita conversación sobre mí.

Si no te importa,

me gustaría hablar con mi padre a solas.

¿Vas a negarme que estabais hablando de mí?

-No, no te lo voy a negar.

Jairo me estaba diciendo que os habéis visto en la plaza,

nada más.

-Esa es la forma civilizada de contarte el numerito

que me ha montado.

Pero lo que me parece más fuerte es que tú lo hayas mandado

para que me diga que me quite de en medio y vuelva a Miami.

-No te equivoques, yo no lo he enviado.

Lo que te haya dicho, te lo ha dicho en su nombre, no en el mío.

-Lo siento, pero no te creo.

Es obvio que, si yo me fuera,

tú te quedarías mucho más tranquilo.

Te ahorrarías un montón de problemas, ¿a que sí?

-Julio,

yo no quiero que te vayas. -No seas hipócrita, por favor.

Prefiero que nos digamos las verdades a la cara.

-Te estoy diciendo la verdad, maldita sea.

No quiero que te vayas,

quiero que te quedes aquí conmigo, a mi lado.

Quiero que sigas trabajando como el nuevo director de marketing

de la parte legal de esta empresa.

Quiero que todo siga como hasta ahora, hijo.

-Ya.

Para el narcotráfico ya tienes a tu hombre de confianza

y a mí no me quieres incordiando.

-Lo que no quiero es que pongas tu vida en peligro.

¿Es que no lo entiendes? Soy tu padre, maldita sea,

y tengo la obligación de protegerte.

-Precisamente, porque soy tu hijo,

quiero participar en todos tus negocios.

Me da igual del tipo que sean.

-Verás, Julio,

(CARRASPEA)

creo que no sabes lo que estás diciendo.

No me parece que sea una buena idea.

-¿Ah, no? ¿Y por qué no?

-Pues porque es muy peligroso, te lo estoy diciendo.

-¿De verdad es por eso?

¿O porque no confías en mí?

-Claro que confío en ti, hijo, ¿cómo no voy a confiar?

-Pues no lo parece. -¿Qué es lo que no lo parece, eh?

¿Qué es lo que no te parece bien?

¿Que intente que no pongas tu vida en peligro?

¿Es eso?

Verás, hijo,

mis otros negocios no son ninguna tontería.

Si cometes un fallo, el más mínimo fallo,

eres hombre muerto.

-Ya sé que no es ninguna tontería, pero estoy dispuesto a aprender

y a demostrarte que puedo ser tan válido o más que Jairo.

-Es que no tienes que demostrarme nada,

lo que tienes que hacer

es mantenerte al margen de esto por tu propia seguridad.

Lo que tienes que hacer

es centrarte en tu nuevo cargo de director de marketing

y seguir haciendo el trabajo que estabas haciendo,

que lo estás haciendo muy bien.

-No voy a conformarme con las migajas.

Quiero estar a tu lado en todos tus asuntos, ¿entiendes?

-Lo siento mucho, Julio,

pero tengo que decirte que no

y te pido por favor que no sigas insistiendo.

(SUSPIRA) -Ya.

Verás, papá, creo que hay una cosa que no has pensado.

-¿Ah, sí? ¿El qué?

-Si trabajo contigo,

podrás estar seguro de que jamás te denunciaré.

-Sé que no lo vas a hacer, en cualquier caso.

¿Y sabes por qué?

Porque si te conozco tan bien como creo,

sé que no lo harás nunca.

-¿Estás seguro?

No sé, a lo mejor no me tomo muy bien

que me dejes al margen

y decido terminar la conversación que dejé a medias con Alicia.

Piénsatelo,

papá.

(Puerta)

(SUSPIRA)

(Puerta)

-Hola, ¿quién eres?

-Eh, un paciente.

-Ah, debes de haberte equivocado de consulta

porque no tengo más citas programadas para hoy.

-No, es que necesito que me atienda, ¿sabe?

Es urgente.

-¿Qué te pasa?

-Creo que me he hecho un esguince en el tobillo.

-Pues, tal y como has entrado,

no parece que sea nada grave.

Andas perfectamente, será una torcedura.

-Bueno, pero duele mucho.

No sé, tiene que darme algo para que se me pase,

un tranquilizante o, o lo que sea, no...

-Pues no sé. Anda, vete al mostrador

y pide cita y, si todavía te duele, te pido unas radiografías.

-No, no quiero esperar tanto.

-Tendrás que esperar, son las normas del centro.

-Yo las normas me las paso por el forro.

-Vale, vale, vale, cálmate, ¿eh? Cálmate.

-Yo estoy muy tranquilo, ¿no me ve, eh?

-Venga, vamos a ver ese tobillo, venga.

-No, en el tobillo no tengo nada, ¿vale?

Lo que quiero es algo que me ayude a pasar el mono.

-No te puedo dar nada que te ayude a pasar el mono.

Si quieres te apunto

a un programa urgente de desintoxicación

y tendrás ayuda médica.

-No quiero apuntarme a nada, quiero una dosis de metadona ya.

-Aquí no tengo ningún opiáceo en la consulta.

-¿Y dónde hay?

-En el centro de salud no hay. -Está mintiendo.

Tiene que haber algo de eso, ¿eh? -¡Eh!

No hagas tonterías, ¿de acuerdo?

-Lo mismo le digo.

Con los nervios como los tengo, soy capaz de cualquier cosa.

-Vamos a subir al cuarto de enfermería,

a ver si encuentro algo que te pueda ayudar.

-¡Venga, venga! Y cuidadito con hacer nada raro

que le clavo la navaja, ¿vale? Venga.

Va.

-Tranquilo, ¿eh? -Vale, vale.

Va, camina. -Está arriba.

(RECHISTA) -Eh.

Por la escalera. Venga, va.

Venga.

-Es ahí, en el pasillo a la derecha.

Antonio. Hola, Alicia, ¿qué tal?

¿Vienes al curso que te dije ayer?

Sí, es en la planta segunda, ¿verdad?

Sí, en la segunda planta, sí.

No sabía que Alberto fuera paciente tuyo.

No lo es, estoy tratándole de urgencias.

¿Qué tipo de urgencias? ¿Y a ti qué te importa, eh?

¿Qué pasa? ¿Por ser poli te tienes que enterar de todo?

Lo dijo la abogada, soy libre. Andando, venga.

Solo me estaba preocupando por tu dolencia, Alberto.

Se ha torcido un tobillo, le haré unas radiografías.

No es nada grave, ¿vale? Bien.

Vale, pues os acompaño.

Todavía quedan diez minutos para que...

¡Eh!

Tira la pistola al suelo, vamos, o le rajo el cuello, ¿eh?

No hagas ninguna tontería y deja que el doctor Torres se vaya.

No, no se va a ir a ninguna parte y, si le pasa algo, es culpa tuya.

Suelta la navaja ahora mismo.

Si no me hubierais quitado la "papela"

y no me hubierais tenido la noche en el calabozo,

no tendría el mono tan chungo que tengo.

Sí, todo esto es culpa mía,

pero vamos a resolverlo entre tú y yo.

Aquí no tenemos nada que resolver.

Yo lo único que quiero es meterme una dosis de metadona

y luego me piro, ¿vale?

Si sueltas la navaja, vamos a por esa dosis.

Yo suelto la navaja si tú tiras la pipa primero al suelo.

Está bien.

Pero no le hagas daño.

No, no, no, tírala más lejos. Dale una patada.

Suelta la navaja y vamos a por algo que te tranquilice.

(Voces)

Mi hijo. ¡Alicia!

¡Alicia, Alicia!

¡Alicia!

Mírame, ¿eh?

¡No!

Alicia.

-Hola, oficial.

Sí, sí. Ya, ya lo sé,

pero es que el señor Somoza quiere verle en su despacho.

No, mañana, no. Ahora.

En media hora está aquí. -Perfecto.

-Parece que este pichón empieza a obedecer.

¿Qué te trae por aquí? Cuéntame.

Pues precisamente venía a ver qué tal va el oficial Lemos.

¿Ha hecho algún movimiento extraño o algo?

Por el momento, no.

Se está comportando como un profesional.

Bueno, quizás las sospechas que teníamos sobre él

sean solo eso, sospechas.

Ojalá porque, de lo contrario, me llevaría un buen disgusto.

Desde el principio tenía claro

que no iba a trabajar para ese mafioso.

Fui a devolverle el cheque y ya está.

-No le sentaría muy bien, claro.

-¿La verdad? Ni siquiera pestañeó.

Es un hombre inquietante, a mí me tiene descolocada.

-Mira, yo creo que, al final,

siempre te acabas enamorando de alguien

a quien, de alguna manera, también le atraes.

-No es una teoría muy científica, pero me gusta.

-En todo caso, a mí también me alegra que tú sientas lo mismo que yo.

-Bueno, sobre eso yo también tengo una teoría.

Dos personas nunca sienten exactamente lo mismo.

-¿Pero cómo así, Teresa?

¿Tú no quieres tener una relación conmigo?

-¿Por qué te cuesta tanto hablar de mamá?

-Tu madre era una persona fantástica

y te quería con locura, pero

cuando tuvo el accidente de coche y murió,

yo me quedé realmente muy hundido.

(SUSPIRA) Me costó mucho levantar la cabeza.

-Es mala suerte que no tuviera hermanos,

que sus padres murieran tan pronto.

-Te ha dado fuerte lo del tema de Elías, ¿eh?

Menos mal que era agua pasada, que si no...

-Es que con lo agustico que estaba yo empezando mi relación con Jesús

y tuvo que venir el cascarrabias este y declararse.

-Tampoco te pongas así, que fue algo bonito.

-No, bonito, no, lo que es es un problema.

Que ya estoy todo el día ahí, dándole.

No tengo cabeza para otra cosa.

¿Alguna vez te has planteado tener hijos?

Me lo planteé cuando empezamos a salir juntos.

Creo que he metido la pata sacando este tema. Perdona.

No, no pasa nada.

Es algo del pasado y ya está muy superado.

-No me diga que le ha amenazado con irse de la lengua

si no le da usted su parte. -Mucho cuidado, Jairo.

A mí no me amenaza nadie,

ni siquiera mi hijo, ¿vale?

-Está bien. Olvídelo.

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Servir y proteger - Capítulo 240

13 abr 2018

Tras descubrir los negocios turbios de su padre, Julio hace a Quintero una exigencia sorprendente. Por la intervención de Nerea, los policías deben liberar al ¿Flaco¿, un camello que ha pasado la noche en el calabozo y que está a punto de cometer una locura que cambiará el destino de Alicia...

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