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Semana Santa 2019 - Via Crucis desde el Coliseo de Roma - ver ahora
Transcripción completa

Buenas tardes, señoras y señores.

Le saluda Javier Valiente.

Vamos a comenzar el viacrucis presidido por el papa Francisco

en el Coliseo de Roma.

(Coro en latín)

El coro de la Capilla Sixtina, dirigida por Máximo Palomera,

ambienta en estos momentos este momento de reflexión,

de recogimiento para empezar a recorrer el camino de la cruz.

Esta tarde, con las meditaciones escritas por la religiosa italiana

Eugenia Bonetti, misionera de la Consola de 80 años,

hace apenas unos instantes llegaba el santo padre

donde está ahora sentado, esperando el inicio del viacrucis,

y saludaba a esta religiosa.

Creo en 2012 junto con otros religiosos la asociación

no más esclavos, comprometida con la esclavitud moderna.

Especialmente, la de las mujeres.

Reflexiona sobre las víctimas de la trata,

los menores mercantilizados,

las mujeres forzadas a prostituirse, y los migrantes.

Decía ella que son los nuevos crucificados

que deben despertar las conciencias de todos.

(HABLA EN ITALIANO)

Ya han pasado 40 días de la imposición de la ceniza,

con la que empezamos el camino cuaresmal.

Hoy hemos revivido las últimas

hora de vida terrena del Señor Jesús.

Hasta que suspendido en la cruz, grito: "Consumatum est".

Está cumplido.

Reunidos en este lugar en el que millares de personas

en el pasado sufrieron el martirio

por ser fieles a cristos, queremos ahora recorrer esta vía dolorosa.

Junto a los pobres, los excluidos de la sociedad

y los nuevos crucificados de la historia actual.

Víctimas de nuestra cerrazón, del poder y de las legislaciones,

de la ceguera y del egoísmo.

Pero, sobre todo, de nuestro corazón endurecido por la indiferencia.

Una enfermedad esta última que también sufrimos nosotros,

los cristianos.

Que la luz de Cristo, instrumento de muerte,

pero también de vida nueva, que une como en un abrazo

la tierra y el cielo, el norte y el sur,

el este y el oeste, ilumine la conciencia de los ciudadanos,

de la Iglesia, de los legisladores

y de todos los que se profesan seguidores de Cristo

para que llegue a todos la buena noticia de la redención.

-Primera estación.

Jesús es condenado a muerte.

(REZA EN LATÍN)

"No todo el que me dice: 'Señor, Señor',

entrará en el reino de los cielos,

sino el que hace la voluntad de mi Padre, que está en los cielos.

Señor, ¿quién mejor de María, tu madre, supo ser tu discípula?

Ella aceptó la voluntad del Padre.

Incluso en el momento más oscuro de su vida.

Con su corazón destrozado estuvo a tu lado.

La que te engendró, te llevó en su seno,

te recibió en sus brazos,

te alimentó con amor y te acompaño durante tu vida terrenal.

Debía recorrer tu misma vía del calvario.

Y compartir contigo el momento más dramático

y doloroso de tu vida y de la suya".

-Señor, ¿cuántas madres viven hoy la experiencia de tu madre?

¿Y lloran por el destino de sus hijas y sus hijos?

¿Cuántas, después de haberlos engendrado y darlos a luz,

los ven sufrir y morir por las enfermedades,

la falta de alimentos, de aguas...?.

Te pedimos por aquellos que ocupan puestos de responsabilidad,

para que puedan escuchar el clamor de los pobres que sube a ti

desde todo el mundo de todas esas jóvenes vidas

que de muchos modos están condenadas a muerte

por la indiferencia generada por políticas excluyentes y egoístas.

Que no falte a ninguno de tus hijos el trabajo

y lo necesario para una vida honrada y digna.

-Oremos juntos diciendo:

"Señor, ayúdanos a hacer tu voluntad".

-En los momentos de dificultad y desesperación,

en los momentos de sufrimiento físico y moral,

en los momentos de oscuridad y soledad.

La cruz que va a ir recorriendo este camino del viacrucis

en las distintas estaciones será aportada por diversas personas.

En este momento, es el cardenal vicario del papa

para la diócesis de Roma quien porta la cruz.

(REZA EN ITALIANO)

(Coro en latín)

Segunda estación.

Jesús con la cruz a cuestas.

(Coro en latín)

Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo,

tome su cruz cada día, y me siga.

-Señor Jesús, es fácil llevar el crucifijo al cuello

o colgarlo como un ornamento

en las paredes de nuestras hermosas catedrales o en nuestras casas.

Pero no es tan fácil encontrar

y reconocer a los nuevos crucificados de hoy:

Las personas sin hogar,

los jóvenes sin esperanza, sin trabajo y sin perspectivas.

Los inmigrantes obligados a vivir

en las barracas en los márgenes de nuestra sociedad,

después de haber padecido sufrimientos inauditos.

Lamentablemente, estos campamentos de inseguridad

son quemados y arrasados junto con los sueños y esperanzas

de mujeres y hombres marginados, explotados y olvidados.

Además, ¿cuántos niños son discriminados

a causa de su origen, de su color de piel o de su clase social?

¿Cuántas madres sufren la humillación de ver a sus hijos

ridiculizados y excluidos de las mismas oportunidades

que tienen sus coetáneos y compañeros de escuela?

Te damos gracias, Señor, porque con tu propia vida

nos has dado ejemplo de cómo se manifiesta el amor verdadero

y desinteresado hacia los demás.

Especialmente, hacia los enemigos.

O simplemente hacia el que no es como nosotros.

Señor Jesús, ¿cuántas veces también nosotros,

igual que tus discípulos,

nos hemos declarado abiertamente seguidores tuyos en los momentos

en los que realizaba es curaciones y prodigios,

cuando alimenta vas a la multitud y perdonadas los pecados?

Pero no fue tan fácil entenderte

cuando hablabas de servicio y perdón, de renuncia y sufrimiento.

Ayúdanos a que sepamos poner siempre nuestras vidas

al servicio de los demás.

Oremos diciendo: "Señor, ayúdanos a esperar".

Cuando nos sentimos abandonados, cuando es difícil seguir tus pasos,

cuando el servicio a los demás se hace difícil.

Y en latín se reza,

después de cada una de las estaciones,

el Padre Nuestro.

(REZA EN LATÍN)

(Coro en latín)

Tercera estación.

Jesús cae por primera vez.

Te adoramos, oh, Cristo, y te bendecimos.

Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

Él soporto en nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores.

-Señor Jesús, en el camino empinado que conduce al Calvario,

has querido experimentar la fragilidad y la debilidad humana.

¿Cómo sería hoy la Iglesia sin la presencia y la generosidad

de tantos voluntarios, los nuevos samaritano es del tercer milenio?

En una fría noche de enero en una calle de las afueras de Roma,

tres africanas casi niñas calentaban sus cuerpos jóvenes

y semidesnudos acurrucados en el suelo alrededor de un brasero.

Algunos jóvenes, pasando con el automóvil,

arrojaron material inflamable al fuego para divertirse,

quemándolas gravemente.

En ese preciso momento, pasó una de las muchas unidades callejeras

de voluntarios que las socorrió y las llevó al hospital

para acogerlas después en una casa hogar.

¿Cuánto tiempo paso y ha de pasar para que esas muchachas se curen?

No solo de las quemaduras de sus miembros,

sino también del dolor y de la humillación

de encontrarse con un cuerpo mutilado y desfigurado para siempre.

-Señor, te agradecemos la presencia

de tantos nuevos samaritano es del tercer milenio

que viven hoy la experiencia del camino,

inclinándose con amor y compasión sobre las numerosas heridas físicas

y morales de los que cada noche viven en el miedo y el terror

de la oscuridad, de la soledad y de la indiferencia.

Señor, hoy, por desgracia, ya no sabemos descubrir

muchas veces quién está necesitado.

Ni ver quién esta herido y humillado.

A menudo reclamamos nuestros derechos e intereses,

pero olvidamos los de los pobres y los últimos de la fila.

Señor, danos la gracia de no ser insensibles a sus lágrimas,

a sus sufrimientos, a su grito de dolor.

Porque a través de ellos podemos encontrarte.

-Oremos juntos diciendo: "Señor, ayúdanos a amar".

-Cuando es difícil ser samaritanos,

cuando nos cuesta perdonar,

cuando no queremos ver el sufrimiento de los demás.

(REZA EN LATÍN)

(Coro en latín)

Y el coro acompaña el cambio de estación

con el canto a la Virgen que está delante de la cruz.

Cuarta estación.

Jesús se encuentra a su madre.

(Coro en latín)

Una espada te traspasará el alma

para que se pongan de manifiesto los pensamientos de muchos corazones.

-María, el viejo Simeón,

cuando presentaste al pequeño Jesús

en el templo para el rito de la purificación,

te predijo que una espada a travesaría tu corazón.

Ahora es el momento de renovar tu adhesión al Padre.

A pesar de que acompañar a un hijo al patíbulo,

tratado como un criminal, causa un dolor desgarrador.

Señor, ten piedad de tantas madres,

demasiadas, que han dejado partir hacia Europa

a sus jóvenes hijas con la esperanza de ayudar a sus familias

que viven en la extrema pobreza, encontrando, en cambio,

humillaciones, desprecio.

Incluso, a veces el desprecio,

como la joven asesinada brutalmente en una calle con tan solo 20 años,

dejando a una niña de pocos meses.

-María, en este momento vives el mismo drama de muchas madres

que sufren por sus hijos que se han ido a otros países

con la esperanza de encontrar una oportunidad para un futuro mejor

para ellos y para sus familias.

Pero que por desgracia, han encontrado humillación,

desprecio, violencia, indiferencia, soledad e, incluso, la muerte.

Dales fuerza y valor.

-Oremos juntos diciendo:

"Señor, haz que sepamos dar siempre apoyo y consuelo

y estar presentes para ofrecer ayuda".

Para consolar a las madres que lloran el destino de sus hijos.

Para quien ha perdido toda esperanza en su vida.

Para quien sufre violencia y desprecio todos los días.

(REZAN EN LATÍN)

(Coro en latín)

"Languidecía y se dolía la piadosa madre que veía las penas

de su excelso hijo", canta el coro.

Quinta estación, el cirineo ayuda a Jesús a llevar la cruz.

-Llevad los unos la cargas de los otros

y así cumplir la ley de Cristo.

Señor Jesús, en el camino al Calvario sentiste el peso

y la dificultad de llevar esa áspera cruz de madera.

En vano esperaste el gesto de un amigo,

de uno de tus discípulos o de una de las muchas personas

a quienes alivia este sus sufrimientos.

Lamentablemente, solo un desconocido,

Simón de Cirene, por obligación, te echa una mano.

¿Dónde están hoy los nuevos pirineos del tercer milenio?

¿Dónde las encontramos?

Me gustaría mencionar la experiencia

de un grupo de religiosas de diferentes nacionalidades

con las que durante más de 17 años visitamos en Roma

todos los sábados un centro para mujeres inmigrantes indocumentadas.

Mujeres, a menudo jóvenes, en espera de conocer su destino.

En vilo entre la deportación y la posibilidad de quedarse.

Cuánto sufrimiento.

Pero también, cuánta alegría percibimos

en estas mujeres cuando encuentran religiosas provenientes

de sus países, que hablan sus lenguas, que secan sus lágrimas,

que comparten momentos de oración y de fiesta,

que vuelven menos crueles los largos meses pasados

entre rejas y en sórdidas calles.

-Por todos los Ciréneos de nuestra historia,

para que nunca les falte el deseo de acogerte

bajo la apariencia de los últimos de la tierra.

Conscientes de que al tender la mano

a los más pobres de nuestra sociedad, te acogemos a ti.

Que ellos sean samaritanos,

portavoces de aquellos que no tienen voz.

Oremos diciendo: "Señor, ayúdanos a llevar nuestra cruz".

Cuando estamos cansados y desanimados,

cuando sentimos el peso de nuestras debilidades,

cuando nos pides que compartamos los sufrimientos de los demás.

(REZA EN LATÍN)

(Coro en latín)

Sexta estación.

La Verónica enjuga el rostro de Jesús.

(Coro en latín)

"Cada vez que lo hicisteis con uno de estos,

mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis".

Pensemos en los niños de diversas partes del mundo que no pueden

ir a la escuela, y que, en cambio,

son explotados en minas, campos, en la pesca.

Vendidos y comprados por traficantes de carne humana

para trasplantes de órganos, abusados y explotados

en nuestras calles por muchos, incluidos los cristianos,

que han perdido el sentido de la sacralidad propia y de los demás.

Como una menor de edad de cuerpo diminuto encontrada una noche

en Roma, a la que hombres en automóviles lujosos

hacían fila para aprovecharse de ella.

Y, sin embargo, podía tener la misma edad de sus hijas.

¿Qué desequilibrio puede crear

esta violencia en la vida de tantas jóvenes

que experimentan solo el abuso,

la arrogancia y la indiferencia de aquellos que de noche

y de día las buscan, las usan, se aprovechan de ellas

y luego las arrojan de vuelta a la calle para caer en las garras

del próximo comerciante de vidas?

-Señor Jesús, limpian nuestros

ojos para que sepamos descubrir tu rostro

en nuestros hermanos y hermanas.

Especialmente en todos aquellos niños

que en muchas partes del mundo viven en la miseria y en la degradación.

Niños privados del derecho a una infancia feliz,

a una educación escolar, a la inocencia.

Criaturas usadas como mercancía barata,

vendidas y compradas por placer.

Señor, te pedimos que tengas piedad y compasión

de este mundo enfermo.

Y ayúdanos a redescubrir la belleza

de nuestra dignidad como seres humanos

creados a tu imagen y semejanza.

Oremos juntos diciendo: "Señor, ayúdanos a ver".

El rostro de los niños inocentes que piden ayuda.

Las injusticias sociales.

La dignidad que cada persona posee y que es pisoteada.

(REZA EN LATÍN)

(Coro en latín)

Séptima estación.

Jesús cae por segunda vez.

(Coro en latín)

Él no devolvía el insulto cuando lo insultaban,

sufriendo no profería amenazas,

sino que se entregaba al que juzga rectamente.

Cuántas venganzas en nuestro tiempo.

La sociedad actual ha perdido el gran valor del perdón,

don por excelencia, curación de las heridas,

fundamento de la paz y la convivencia humana.

En una sociedad donde el perdón se experimenta como debilidad,

tú, Señor, nos pides que no nos quedemos en las apariencias.

No lo haces con palabras, sino con el ejemplo.

A los que te atormentan, tú le respondes:

"¿Por qué me perseguís?".

Sabéis muy bien que la verdadera justicia

nunca puede basarse en el odio y la venganza.

Haznos capaces de pedir y dar perdón.

"Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen".

Señor, también tú sentiste el peso de la condena,

del rechazo, del abandono,

del sufrimiento ocasionado por personas que te habían encontrado,

acogido, y cedido.

Con la certeza de que el Padre no te había abandonado,

en contraste la fuerza para aceptar su voluntad, perdonando,

amando y ofreciendo esperanza a quien, como tú,

recorre hoy el mismo camino de burla, desprecio, escarnio,

abandono, traición y soledad.

-Oremos juntos diciendo: "Señor, ayúdanos a dar consuelo".

A quien se siente ofendido e insultado.

A quien se siente traicionado y humillado.

A quien se siente juzgado y condenado.

(REZA EN LATÍN)

(Coro en latín)

Octava estación.

Jesús encuentra a las mujeres.

"Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí,

lloras por vosotras y por vuestros hijos".

La situación social, económica y política de los migrantes

y de las víctimas de la trata de personas nos cuestiona y nos sacude.

Debemos tener el valor, como afirma con fuerza el papa Francisco,

de denunciar el tráfico de seres humanos

como un crimen contra la humanidad.

Todos nosotros, especialmente los cristianos,

debemos tomar más conciencia

de que todos somos responsables del problema

y que podemos y debemos ser parte de la solución.

A todos, pero sobre todo a nosotras,

las mujeres, se nos pide el desafío de ser valientes,

la resolución de saber ver y actuar individualmente y como comunidad.

Solamente su mando la pobreza de cada uno,

esta puede convertirse en una gran riqueza

capaz de cambiar la mentalidad y de aliviar el sufrimiento

de la humanidad.

El pobre, el extranjero, el que es diferente,

no debe ser visto como un enemigo que hay que rechazar o combatir,

sino más bien como un hermano o hermana que hay que acoger y ayudar.

Ellos no son un problema,

sino un recurso valioso para nuestras ciudades blindadas,

donde el bienestar y el consumismo

no apaciguan el cansancio y la fatiga crecientes.

-Señor, enséñanos a tener su mirada.

Esa mirada de bienvenida y misericordia

con la que des nuestros límites y nuestros temores.

Ayúdanos a ver las diferencias de ideas, hábitos y puntos de vista.

Ayúdanos a reconocernos a nosotros mismos como partes

de la misma humanidad.

Ya con a convertirnos en promotores de formas audaces

y nuevas de acogida a los diferentes,

para crear juntos comunidad,

familia, parroquias y sociedad civil.

-Oremos juntos diciendo:

"Ayúdanos a compartir el sufrimiento de los demás".

Con el que sufre la muerte de sus seres queridos.

Con el que le cuesta pedir ayuda y consuelo.

Con el que ha experimentado maltrato y violencia.

(REZA EN LATÍN)

Novena estación.

Jesús cae por tercera vez.

(Coro en latín)

"Maltratado, hago voluntariamente se humillaba y no abría la boca.

Como cordero llevado al matadero".

Señor, has caído por tercera vez exhausto y humillado

bajo el peso de la cruz.

Como tantas jóvenes obligadas en las calles

por grupos de traficantes de esclavos que sufren el cansancio

y la humillación de ver sus propios cuerpos y sus sueños manipulados,

abusados, destruidos.

Esas jóvenes mujeres se sienten como desoladas.

Por una parte, buscadas y usadas,

por otra, rechazadas y condenadas por una sociedad

que no quiere ver este tipo de explotación

causado por el triunfo de la cultura del usar y tirar.

Una de las tantas noches pasadas en las calles de Roma,

buscaba a una joven recién llegada a Italia.

Al no verla en su grupo, la llamaba insistentemente por su nombre,

Mercy.

En la oscuridad la vi acurrucados y dormida en la calle.

Al oírme, se despertó.

Me dijo que no podía más.

"Estoy exhausta", decía.

Pensaba en su madre.

"Si supiese lo que le ha sucedido a su hija, se quedaría sin lágrimas".

-Señor, ¿cuántas veces nos has dirigido esta pregunta incómoda:

"¿Dónde está tu hermano?".

¿Cuántas veces nos has recordado que su grito desgarrador

había llegado hasta ti?

Ayúdanos a compartir el sufrimiento de tantas personas

tratadas como desechos.

Es muy fácil condenar seres humanos

y situaciones vergonzosas que humillan nuestro falso pudor,

pero no es tan fácil asumir nuestras responsabilidades como individuos

y también como comunidades cristianas.

Oremos juntos diciendo:

"Concédenos, Señor, valentía

para denunciar ante la explotación sufrida por tantos jóvenes,

ante la indiferencia sufrida por tantos,

ante leyes injustas y carentes de humanidad.

(REZA EN LATÍN)

(Coro en latín)

10 estación, Jesús es despojado de sus vestiduras.

“Revestíos de compasión entrañable,

bondad, humildad, mansedumbre, paciencia”

Dinero, bienestar, poder.

Son los ídolos de todas las épocas.

También y sobre todo de la nuestra,

que presume de los grandes pasos dados en el reconocimiento

de los derechos de la persona.

Todo se puede comprar, incluso el cuerpo de los menores,

despojados de su dignidad y de su futuro.

Hemos olvidado la centralidad del ser humano,

su dignidad, su belleza, su fuerza.

Mientras en el mundo se levantan muros y barreras,

queremos recordar y agradecer a todos los que,

en estos últimos meses,

desde distintas funciones han arriesgado su propia vida,

particularmente en el Mar Mediterráneo,

para salvar vidas de tantas familias en busca de seguridad

y oportunidades.

Seres humanos escapando de la pobreza, las dictaduras,

la corrupción, la esclavitud.

-Ayúdanos, Señor, a descubrir la belleza y la riqueza

que toda persona y todo pueblo encierran en sí como don tuyo,

único e irrepetible, para poner al servicio de toda la sociedad

y no para alcanzar intereses personales.

Te pedimos, Señor, que tu ejemplo y tus enseñanzas

de misericordia y perdón, de humildad y paciencia

nos hagan un poco más humanos y por tanto, más cristianos.

-Oremos juntos diciendo:

Concédenos, Señor, un corazón lleno de misericordia.

Ante la ambición del placer, del poder y del dinero.

Ante las injusticias infligidas a los pobres y a los más débiles.

Ante el espejismo de los intereses personales.

(REZA EN LATÍN)

(Coro en latín)

Una madre y sus hijas de Nigeria llevan la cruz.

Jesús es clavado en la cruz.

Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.

-Nuestra sociedad proclama la igualdad de derechos

y la dignidad de todos los seres humanos,

pero practica y tolera la desigualdad,

acepta incluso hasta sus formas más extremas.

Hombres, mujeres y niños

son comprados y vendidos como esclavos

por los nuevos mercaderes de seres humanos.

A su vez, las víctimas de la trata son explotadas por otros individuos.

Y finalmente desechadas como mercancía sin valor.

¿Cuántos se hacen ricos devorando la carne y la sangre de los pobres?

-Señor, cuántas personas todavía hoy son clavadas en una cruz,

víctimas de una explotación deshumana,

privadas de dignidad, de libertad, de futuro.

Su grito de auxilio nos interpela como hombres y mujeres,

como gobiernos, como sociedad y como Iglesia.

¿Cómo es posible que continuemos crucificándote,

siendo cómplices de la trata de seres humanos?

Concédenos ojos para ver y un corazón para sentir los sufrimientos

de tantas personas que aún hoy son clavadas en la cruz

de nuestros sistemas de vida y de consumo.

-Oremos juntos diciendo: “Señor, piedad”.

Por los nuevos crucificados de hoy, dispersos por toda la tierra.

Por los poderosos y los legisladores de nuestra sociedad.

Por quien no sabe perdonar y no sabe amar.

(REZA EN LATÍN)

(Coro en latín)

12 estación.

Jesús muere en la cruz.

Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

También tú, Señor, has sentido en la cruz el peso de la burla,

del desprecio, de los insultos, de la violencia,

del abandono, de la indiferencia.

Solo María, tu madre, y otras pocas discípulas,

permanecieron allí,

testigos de tu sufrimiento y de tu muerte.

Que su ejemplo nos inspire a comprometernos

para no hacer sentir la soledad a cuantos agonizan hoy

en tantos calvarios dispersos por el mundo,

como los campos de acogida, similares a campos de concentración

en los países de tránsito,

los barcos a los que se niega un puerto seguro,

las largas negociaciones burocráticas

para llegar al destino final,

los centros de permanencia,

las zonas críticas,

los campos para trabajadores temporales.

-Señor te pedimos, Señor, que nos ayudes a estar cerca de los nuevos

crucificados y desesperados de nuestro tiempo.

Enséñanos a enjugar sus lágrimas, a confortarlos como supieron hacerlo

María y las otras mujeres al pie de tu cruz.

-Oremos juntos diciendo:

“Señor, ayúdanos a dar nuestra vida”.

Por cuantos han sufrido injusticias, odio y venganza.

Por cuantos han sido injustamente calumniados y condenados.

Por cuantos se sienten solos, abandonados y humillados.

(REZA EN LATÍN)

(Coro en latín)

13 estación.

Jesús es bajado de la cruz.

Si el grano de trigo no cae en tierra y muere,

queda infecundo;

pero si muere, da mucho fruto.

-¿Quién recuerda, en esta era de noticias vertiginosas,

a las veintiséis jóvenes nigerianas,

desaparecidas bajo las olas,

cuyos funerales fueron celebrados en Salerno?

Su calvario fue duro y largo.

Primero la travesía por el desierto del Sahara,

hacinadas en un improvisado autobús.

Después la parada forzosa en los horribles campos

de acogida en Libia.

Finalmente, el salto al mar,

donde encontraron la muerte a las puertas de la “tierra prometida”.

Dos de ellas llevaban en su seno el don de una nueva vida,

niños que no verán nunca la luz del sol.

Pero su muerte, como la de Jesús bajado la cruz,

no fue en vano.

Confiamos todas estas vidas a la misericordia del Padre nuestro

y de todos,

pero sobre todo Padre de los pobres,

de los desesperados y de los humillados.

-Señor, en este momento, sentimos resonar una vez más el clamor

que el papa Francisco elevó en Lampedusa,

meta de su primer viaje apostólico:

'¿Quién ha llorado?'.

Y ahora, después de infinitos naufragios,

seguimos clamando:

'¿Quién ha llorado?'.

¿Quién ha llorado?,

nos preguntamos frente a los 26 ataúdes alineados

y en los que se distingue una rosa blanca.

Solo cinco de ellas fueron identificadas.

Con o sin nombre, todas, sin embargo,

son hijas y hermanas nuestras.

Todas merecen nuestro respeto y recuerdo.

Todas nos piden que nos sintamos responsables:

instituciones, autoridades y también nosotros,

por nuestro silencio y nuestra indiferencia.

-Oremos juntos: “Señor, ayúdanos a compartir el llanto”.

Ante los sufrimientos de los demás.

Ante todos los ataúdes sin nombre.

Ante el llanto de tantas madres.

(REZA EN LATÍN)

Los franciscanos de tierra Santa

son los que llevan ahora la cruz en esta estación que se está

acabando y acercando hacia el papa Francisco.

(Coro en latín)

14 estación.

Jesús es puesto en el sepulcro.

-Está cumplido.

-El desierto y el mar se han convertido

en los nuevos cementerios de hoy.

Frente a esas muertes no hay respuestas,

pero hay responsabilidad.

Hermanos que dejan morir a otros hermanos.

Hombres, mujeres, niños que no hemos podido o querido salvar.

Mientras los gobiernos discuten,

encerrados en los palacios del poder,

el Sahara se llena de esqueletos de personas

que no han resistido el cansancio, el hambre, la sed.

¡Cuánto dolor provocan estos nuevos éxodos!

Cuánta crueldad se ensaña con el que huye

Los viajes de la desesperación, las extorsiones y las torturas,

el mar, transformado en tumba de agua.

-Señor, haznos comprender que todos somos hijos del mismo Padre.

Que la muerte de tu hijo Jesús

haga que los jefes de las naciones

y los responsables de las legislaciones tomen conciencia

de su papel en defensa de toda persona creada

a tu imagen y semejanza.

(REZA EN LATÍN)

(Coro en latín)

Hemos recorrido con Jesús recorría de las 14 estaciones.

Queremos recordar la historia de la pequeña Favour, de 9 meses,

que partió de Nigeria junto a sus jóvenes padres

en busca de un futuro mejor en Europa.

Durante el largo y peligroso viaje en el Mediterráneo,

su mamá y su papá murieron junto a centenares de personas

que se habían fiado de los traficantes sin escrúpulos

para poder alcanzar la “tierra prometida”.

Solo Favour sobrevivió, también ella, como Moisés,

fue salvada de las aguas.

Que su vida se convierta en luz de esperanza en el

camino hacia una humanidad más fraterna.

-Al concluir tu Vía Crucis,

te pedimos Señor que nos enseñes a velar,

junto a tu Madre y a las mujeres que te acompañaron en el Calvario,

en espera de tu resurrección.

Que ella sea faro de esperanza, de alegría, de vida nueva,

de fraternidad, de acogida y de comunión entre los pueblos,

las religiones y las leyes.

Para que todos los hijos e hijas del hombre

sean reconocidos verdaderamente en su dignidad de hijos e hijas de Dios

y nunca más tratados como esclavos.

(HABLA EN LATÍN)

Señor Jesús,

ayúdanos a ver en tu producto de las cruces del mundo.

La cruz de las personas hambrientas de pan y de amor.

Las cruz de las personas a las y abandonadas

por sus propios hijos y parientes.

Las cruz de las personas sedientas de justicia y paz.

La cruz de las personas

que no tienen el consuelo de la fe.

La cruz de los ancianos que se arrastran bajo

el peso de los años y de la soledad.

La cruz de las inmigrantes,

que encuentran la puerta cerrada a causa de los corazones blindados.

La cruz de la humanidad que dan a la oscuridad de la incertidumbre

y de la cultura y de lo pasajero.

La cruz de las familias rotas por la tradición.

Por las elecciones del maligno.

Llevadas por el egoísmo.

Y la cruz de las incansables, que se ven ridiculizados.

La cruz de las que han olvidado el primer amor.

La cruz de tus hijos que creyendo en ti

y buscando vivir tu palabra se encuentran marginados y descartados

incluso por sus familiares y coetáneos.

La cruz de nuestras debilidades.

De nuestras hipocresías.

De nuestras tradiciones.

De nuestras pecados.

Y de nuestras numerosas promesas incumplidas.

La cruz de Iglesia que es fiel a tu Evangelio

quiere llevar a los bautizados.

La cruz de la Iglesia, tu esposa,

que se siente atacada continuamente desde el interior

y desde el exterior.

Señor Jesús, reaviva nosotras la esperanza de la resurrección

y de tu victoria definitiva contra todo mal y toda muerte.

Esta era la oración de el papa Francisco al terminar el vía crucis.

( (REZA EN LATÍN)

Concluye así este vía crucis.

Desde el Coliseo de Roma

lo ha presidido el papa Francisco

marcado por esas reflexiones de esa religiosa misionaria.

Que trabaja en Roma con otras congregaciones religiosas,

con monjas, con mujeres que sufren la trata y la esclavitud.

Los testimonios que escuchábamos son testimonios de su propia vida,

de sus propios casos que ella se ha encontrado en ese trabajo

de recoger a tantas mujeres y niños que son explotados y abusados.

Nosotros nos vamos a despedir,

mañana sábado Santo generaremos la vigilia Pascual

desde la catedral castrense de Madrid.

Y el domingo si la desean estaremos

a partir de las 10:00 de la mañana

para realizar la resurrección de Jesús con el papa desde Roma.

Buenas noches y hasta mañana.

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Semana Santa 2019 - Via Crucis desde el Coliseo de Roma

19 abr 2019

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