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Semana Santa 2017 - Triduo Pascual y Santos Oficios - ver ahora
Transcripción completa

Queridos amigos, hoy es viernes santo.

Durante la Semana Santa, celebramos un único misterio,

pero cada jornada lo acogemos de un modo particular.

El Viernes Santo se encuentra en el corazón del Triduo Pascual.

Para comprender qué es lo que la Iglesia celebra este día,

contemplemos su vida, pasión y bajada de la cruz.

En primer lugar, contemplemos la subida a la cruz.

Hasta llegar al calvario,

Jesús recorrió una senda empinada y dolorosa.

Fue juzgado por las autoridades,

negado por su pueblo y compadecido por algunos.

Jesús no está solo.

Permanece todo el tiempo rodeado de personas

que se van posicionando ante él.

Este es el primer misterio del Viernes Santo.

El nuestro, como seres humanos, Jesús nos ama,

pero jamás violenta nuestra libertad,

sino que asume nuestras respuestas ante Dios.

Y lo cierto es que los hombres decidieron aquella noche entregar

a Cristo al martirio, aunque algunos lo auxiliaron.

Hoy seguimos haciendo lo mismo con hermanos nuestros.

Esta es la grandeza y la miseria de nuestro corazón.

Nos tiene que doler para caminar hacia la luz.

El segundo misterio en esta subida es la entrega del amor de un hombre,

Jesús, que conociendo su final,

decidió darse completamente para el bien de sus hermanos

en obediencia a su misión salvadora. Como siervo humilde.

Al observar a Jesús Camino de la cruz,

descubrimos que el amor de Dios no se esconde

cuando nos ciegan el odio y la violencia, al contrario,

nos busca, precisamente, donde estamos más perdidos.

En segundo lugar, contemplemos la pasión en la cruz.

al llegar a la cumbre, Jesús, con la compañía de Juan,

su madre y algunas mujeres, fue crucificado como un delincuente,

un excluido, un criminal.

Sabemos que sufrió, pero también que murió rezando a su padre,

preocupándose de su madre y de sus discípulos,

haciéndose solidario con los pecadores,

perdonando a sus verdugos

y entregando al mundo el espíritu Santo.

Con su libre decisión de morir por amor,

Jesucristo estaba convirtiendo a aquel madero

en hermosa puerta de salvación.

En lo más elevado del calvario, aparece un tercer misterio,

el del amor absoluto de Dios Trinidad por nosotros.

Cuando adoramos la cruz de Cristo,

no adoramos a un hombre extraordinario,

sino a Dios que nos ama.

En la cruz se descubre quién es nuestro Dios,

un Dios Padre capaz de amarnos hasta sufrir la muerte de su hijo.

Un Dios hijo capaz de amar al Padre y a los hombres

hasta el extremo.

Un Dios Espíritu Santo que mantiene unidos al padre y al hijo

y trae la paz.

Por último, contemplemos la bajada de la cruz.

Cuando Jesús murió, los hombres fueron dispersados.

Tuvieron que descender del calvario y volver a sus casas,

pero algunos no quisieron hacerlo solos.

María, Juan, ellos hicieron todo lo posible

por bajar a Jesús de la cruz,

embalsamar su cuerpo y darles sepultura.

Quisieron que Jesús volviera con ellos

y devolverle tanto amor como les había dado,

aunque su cuerpo estuviera sin vida.

En la bajada de la cruz,

contemplamos el cuarto misterio del Viernes Santo,

la entrega decidida de la Iglesia al amor de su Señor.

A coger el cuerpo entregado de Jesús,

recoger la sangre y el agua de su costado,

símbolos preciosos de la eucaristía y el bautismo.

Darles sepultura, a la espera de una nueva palabra del Padre.

Son gestos que nacen como comunidad de testigos.

Una iglesia que pone los sufrimientos del mundo

junto a los de Jesucristo con esperanza

y que participa en la muerte de su maestro

aprendiendo a vivir como él y a morir como él.

Cuatro misterios se entrelazan en el Viernes Santo.

La entrega de los hombres, la entrega de Jesucristo,

la entrega de Dios Trinidad,

la entrega de la Iglesia.

Cuatro entregas para que el ser humano que sufre hoy,

tenga vida nueva en esas subidas,

pasiones y bajadas del monte de la cruz.

Acojamos con alegría y esperanza el infinito amor de Dios,

fruto maduro del madero santo.

(Música)

Buenas tardes, queridos amigos,

desde la Catedral Magistral de Alcalá de Henares.

Tarde de Viernes Santo.

Hoy la Iglesia celebra la muerte salvadora de Cristo.

El silencio y la sobriedad marcan la liturgia de esta tarde.

Los cristianos conmemoran la muerte en la cruz de Jesucristo

y será la cruz protagonista esta tarde de nuestra celebración.

Celebración que comienza en silencio.

En el acto litúrgico de esta tarde,

la Iglesia reunida medita en la pasión de su Señor,

intercede por la salvación del mundo y adora la cruz.

Estas van a ser las partes fundamentales de esta celebración.

Que no es una misa.

Desde ayer, Jueves Santo, hasta la Vigilia Pascual,

la Iglesia ya no celebra la eucaristía.

Preside la celebración Monseñor, obispo de Alcalá de Henares.

El obispo y los sacerdotes

cumplirán ahora con un gesto muy significativo.

Se postrarán en señal de adoración.

La liturgia de estos días es rica en símbolos, en signos

que tienen esa función también de hacernos descubrir,

darnos cuenta, de las cosas importantes,

los misterios que estamos celebrando.

Recuerda Señor tus misericordias.

Y santifica a tus siervos con tu eterna protección.

Pues Jesucristo tu Hijo, por medio de su sangre,

instituyó en su favor el misterio pascual.

Él, que vive y reina contigo en la unidad del espíritu Santo

y es Dios por los siglos de los siglos.

-Amén.

-Lectura del libro del Isaías.

Mirad, mi siervo tendrá éxito, subirá y crecerá mucho.

Como muchos se espantaron de él,

porque desfigurado no parecía hombre

ni tenía aspecto humano,

así asombrará a muchos pueblos,

ante él los reyes cerrarán la boca,

al ver algo inenarrable y contemplar algo inaudito.

¿Quién creyó nuestro anuncio?

¿A quién se reveló el brazo del Señor?

Creció en su presencia como brote, como raíz en tierra árida,

sin figura, sin belleza.

Lo vimos sin aspecto atrayente,

despreciado y evitado de los hombres,

como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos,

ante el cual se ocultan los rostros, despreciado y desestimado.

Él soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores.

Nosotros lo estimamos leproso, herido de Dios y humillado,

pero él fue traspasado por nuestras rebeliones,

triturado por nuestros crímenes.

Nuestro castigo saludable cayó sobre él,

sus cicatrices nos curaron.

Todos errábamos corno ovejas,

cada uno siguiendo su camino

y el Señor cargó sobre él todos nuestros crímenes.

Maltratado, voluntariamente se humillaba

y no abría la boca,

como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador,

enmudecía y no abría la boca.

Sin defensa, sin justicia, se lo llevaron,

¿quién se preocupará de su estirpe?

Lo arrancaron de la tierra de los vivos,

por los pecados de mi pueblo lo hirieron.

Le dieron sepultura con los malvados y una tumba con los malhechores,

aunque no había cometido crímenes ni hubo engaño en su boca.

El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento

y entregar su vida como expiación.

Verá su descendencia, prolongará sus años,

lo que el Señor quiere prosperará por su mano.

Por los trabajos de su alma verá la luz,

el justo se saciará de conocimiento.

Mi siervo justificará a muchos,

porque cargó con los crímenes de ellos.

Le daré una multitud como parte

y tendrá como despojo una muchedumbre.

Porque expuso su vida a la muerte y fue contado entre los pecadores,

él tomó el pecado de muchos e intercedió por los pecadores.

Palabra de Dios.

-Te alabamos, Señor.

(Música)

Padre, a tus manos encomiendo mi

espíritu.

-Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu.

-A ti, Señor, me acojo, no quede yo nunca defraudado.

Tú, que eres justo, ponme a salvo.

A tus manos encomiendo mi espíritu,

tú, el Dios leal, me librarás.

-Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu.

-Soy la burla de todos mis enemigos,

la irrisión de mis vecinos,

el espanto de mis conocidos.

Me ven por la calle y escapan de mí.

Me han olvidado como a un muerto,

me han desechado como a un cacharro inútil.

-Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu.

-Pero yo confío en ti, Señor, te digo: "Tú eres mi Dios".

En tu mano están mis azares.

Líbrame de los enemigos que me persiguen.

-Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu.

-Haz brillar tu rostro sobre tu siervo,

sálvame por tu misericordia.

Sed fuertes y valientes de corazón,

los que esperáis en el Señor.

-Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu.

-Lectura de la carta a los Hebreos.

Hermanos,

ya que tenemos un sumo sacerdote grande

que ha atravesado el cielo,

Jesús, Hijo de Dios,

mantengamos firme la confesión de la fe.

No tenemos un sumo sacerdote

incapaz de compadecerse de nuestras debilidades,

sino que ha sido probado en todo como nosotros, menos en el pecado.

Por eso, comparezcamos confiados ante el trono de la gracia,

para alcanzar misericordia

y encontrar gracia para un auxilio oportuno.

Cristo, en efecto, en los días de su vida mortal,

a gritos y con lágrimas,

presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte,

siendo escuchado por su piedad filial.

Y, aún siendo Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer.

Y, llevado a la consumación,

se ha convertido para todos los que lo obedecen

en autor de salvación eterna.

Palabra de Dios.

-Te alabamos, Señor.

(Música)

(Coro)

-Pasión de nuestro Señor Jesucristo según San Juan.

-En aquel tiempo,

salió Jesús con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón,

donde había un huerto, y entraron allí él y sus discípulos.

Judas, el que lo iba a entregar, conocía también el sitio,

porque Jesús se reunía a menudo allí con sus discípulos.

Judas entonces,

tomando una cohorte y unos guardias de los sumos sacerdotes

y de los fariseos,

entró allá con faroles, antorchas y armas.

Jesús, sabiendo todo lo que venía sobre él,

se adelantó y les dijo:

-¿A quién buscáis?

-Le contestaron:

-A Jesús, el Nazareno.

-Les dijo Jesús:

-Yo soy.

-Estaba también con ellos Judas, el que lo iba a entregar.

Al decirles: "Yo soy", retrocedieron y cayeron a tierra.

Les preguntó otra vez:

-¿A quién buscáis?

-Ellos dijeron:

-A Jesús, el Nazareno.

-Jesús contestó:

-Os he dicho que soy yo.

Si me buscáis a mí, dejad marchar a estos.

-Y así se cumplió lo que había dicho:

"No he perdido a ninguno de los que me diste".

Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada,

la sacó e hirió al criado del sumo sacerdote,

cortándole la oreja derecha.

Este criado se llamaba Malco.

Dijo entonces Jesús a Pedro:

-Mete la espada en la vaina.

El cáliz que me ha dado mi Padre, ¿no lo voy a beber?

-La cohorte, el tribuno

y los guardias de los judíos prendieron a Jesús,

lo ataron y lo llevaron primero a Anás, porque era suegro de Caifás,

sumo sacerdote aquel año.

Caifás era el que había dado a los judíos este consejo:

"Conviene que muera un solo hombre por el pueblo".

Simón Pedro y otro discípulo seguían a Jesús.

Este discípulo era conocido del sumo sacerdote

y entró con Jesús en el palacio del sumo sacerdote,

mientras Pedro se quedó fuera, a la puerta.

Salió el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote,

habló a la portera e hizo entrar a Pedro.

La criada portera dijo entonces a Pedro:

-¿No eres tú también de los discípulos de ese hombre?

-Él dijo:

-No lo soy.

-Los criados y los guardias habían encendido un brasero,

porque hacía frío, y se calentaban.

También Pedro estaba con ellos de pie, calentándose.

El sumo sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos

y de su doctrina.

Jesús le contestó:

-Yo he hablado abiertamente al mundo.

Yo he enseñado continuamente en la sinagoga y en el templo,

donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nada a escondidas.

¿Por qué me preguntas a mí?

Pregunta a los que me han oído de qué les he hablado.

Ellos saben lo que yo he dicho.

-Apenas dijo esto,

uno de los guardias que estaba allí le dio una bofetada a Jesús,

diciendo:

-¿Así contestas al sumo sacerdote?

-Jesús respondió:

-Si he faltado al hablar, muestra en qué he faltado,

pero si he hablado como se debe, ¿por qué me pegas?

-Entonces Anás lo envió atado a Caifás,

sumo sacerdote.

Simón Pedro estaba en pie, calentándose, y le dijeron:

-¿No eres tú también de sus discípulos?

-Él lo negó, diciendo:

-No lo soy.

-Uno de los criados del sumo sacerdote,

pariente de aquel a quien Pedro le cortó la oreja, le dijo:

-¿No te he visto yo en el huerto con él?

-Pedro volvió a negar y enseguida cantó un gallo.

Llevaron a Jesús de casa de Caifás al pretorio.

Era el amanecer

y ellos no entraron en el pretorio para no incurrir en impureza

y poder así comer la Pascua.

Salió Pilato afuera, adonde estaban ellos, y dijo:

-¿Qué acusación presentáis contra este hombre?

-Le contestaron:

-Si este no fuera un malhechor, no te lo entregaríamos.

-Pilato les dijo:

-Lleváoslo vosotros y juzgadlo según vuestra ley.

-Los judíos le dijeron:

-No estamos autorizados para dar muerte a nadie.

-Y así se cumplió lo que había dicho Jesús,

indicando de qué muerte iba a morir.

Entró otra vez Pilato en el pretorio,

llamó a Jesús y le dijo:

-¿Eres tú el rey de los judíos?

-Jesús le contestó:

-¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?

-Pilato replicó:

-¿Acaso soy yo judío?

Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí.

¿Qué has hecho?

-Jesús le contestó:

-Mi reino no es de este mundo.

Si mi reino fuera de este mundo,

mi guardia habría luchado

para que no cayera en manos de los judíos.

Pero mi reino no es de aquí.

-Pilato le dijo:

-Entonces, ¿tú eres rey?

-Jesús le contestó:

-Tú lo dices: soy rey.

Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo:

para dar testimonio de la verdad.

Todo el que es de la verdad escucha mi voz.

-Pilato le dijo:

-Y, ¿qué es la verdad?

-Dicho esto,

salió otra vez adonde estaban los judíos y les dijo:

-Yo no encuentro en él ninguna culpa.

Es costumbre entre vosotros que por Pascua

ponga a uno en libertad.

¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?

-Volvieron a gritar:

-A ese no, a Barrabás.

-El tal Barrabás era un bandido.

Entonces Pilato tomó a Jesús y lo mandó azotar.

Y los soldados trenzaron una corona de espinas,

se la pusieron en la cabeza

y le echaron por encima un manto color púrpura

y acercándose a él, le decían:

-¡Salve, rey de los judíos!

-Y le daban bofetadas.

Pilato salió otra vez afuera y les dijo:

-Mirad, os lo saco afuera,

para que sepáis que no encuentro en él ninguna culpa.

-Y salió Jesús afuera,

llevando la corona de espinas y el manto color púrpura.

Pilato les dijo:

-He aquí al hombre.

-Cuando lo vieron los sumos sacerdotes

y los guardias, gritaron:

-¡Crucifícalo, crucifícalo!

-Pilato les dijo:

-Lleváoslo vosotros y crucificadlo, porque yo no encuentro culpa en él.

-Los judíos le contestaron:

-Nosotros tenemos una ley y según esa ley tiene que morir,

porque se ha hecho Hijo de Dios.

-Cuando Pilato oyó estas palabras, se asustó aún más.

Entró otra vez en el pretorio y dijo a Jesús:

-¿De dónde eres tú?

-Pero Jesús no le dio respuesta.

Y Pilato le dijo:

-¿A mí no me hablas?

¿No sabes que tengo autoridad para soltarte

y autoridad para crucificarte?

-Jesús le contestó:

-No tendrías ninguna autoridad sobre mí,

si no te la hubieran dado de lo alto.

Por eso, el que me ha entregado a ti tiene un pecado mayor.

-Desde este momento, Pilato trataba de soltarlo,

pero los judíos gritaban:

-Si sueltas a ese, no eres amigo del César.

Todo el que se hace rey,

está contra del César.

-Pilato entonces, al oír estas palabras,

sacó afuera a Jesús y se sentó en el tribunal,

en el sitio que llaman "El Enlosado".

Era el día de la Preparación de la Pascua, hacia el mediodía.

Y dijo Pilato a los judíos:

-He aquí a vuestro rey.

-Ellos gritaron:

-¡Fuera, fuera! ¡Crucifícalo!

-Pilato les dijo:

-¿A vuestro rey voy a crucificar?

-Contestaron los sumos sacerdotes:

-No tenemos más rey que al César.

-Entonces, se lo entregó para que lo crucificaran.

Tomaron a Jesús y cargando él mismo con la cruz,

salió al sitio llamado "De la Calavera",

donde lo crucificaron.

Y con él a otros dos,

uno a cada lado, y en medio, Jesús.

Y Pilato escribió un letrero y lo puso encima de la cruz.

En él estaba escrito:

"Jesús, el Nazareno, el rey de los judíos".

Leyeron el letrero muchos judíos,

porque estaba cerca el lugar donde crucificaron a Jesús

y estaba escrito en hebreo, latín y griego.

Entonces, los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato:

-No escribas: "El rey de los judíos",

sino: "Este ha dicho: 'Soy el rey de los judíos'".

-Pilato les contestó:

-Lo escrito, escrito está.

-Los soldados, cuando crucificaron a Jesús,

cogieron su ropa, haciendo cuatro partes,

una para cada soldado, y apartaron la túnica.

Era una túnica sin costura,

tejida toda de una pieza de arriba abajo.

Y se dijeron:

-No la rasguemos, sino echémosla a suerte,

a ver a quién le toca.

-Así se cumplió la Escritura:

"Se repartieron mis ropas y echaron a suerte mi túnica".

Esto hicieron los soldados.

Junto a la cruz de Jesús estaban su madre,

la hermana de su madre, María, la de Cleofás,

y María, la Magdalena.

Jesús, al ver a su madre

y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre:

-Mujer, ahí tienes a tu hijo.

-Luego, dijo al discípulo:

-Ahí tienes a tu madre.

-Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa.

Después de esto, sabiendo Jesús

que ya todo estaba cumplido, para que se cumpliera la Escritura dijo:

-Tengo sed.

-Había allí un jarro lleno de vinagre.

Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo,

se la acercaron a la boca. Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo:

-Está cumplido.

-E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu.

-Nos ponemos de rodillas.

De pie.

-Los judíos entonces, como era el día de la Preparación,

para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado,

porque aquel sábado era un día grande,

pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran.

Fueron los soldados,

le quebraron las piernas al primero

y luego al otro que habían crucificado con él.

Pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto,

no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados,

con la lanza, le traspasó el costado,

y al punto salió sangre y agua.

El que lo vio da testimonio y su testimonio es verdadero

y él sabe que dice verdad, para que también vosotros creáis.

Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura:

"No le quebrarán un hueso".

Y en otro lugar la Escritura dice: "Mirarán al que traspasaron".

Después de esto, José de Arimatea,

que era discípulo de Jesús

aunque oculto por miedo a los judíos,

pidió a Pilato que le dejara llevarse

el cuerpo de Jesús. Y Pilato lo autorizó.

Él fue entonces y se llevó el cuerpo.

Llegó también Nícodemo, el que había ido a verlo de noche,

y trajo unas 100 libras de una mixtura de mirra y áloe.

Tomaron el cuerpo de Jesús

y lo envolvieron en los lienzos con los aromas,

según se acostumbra a enterrar entre los judíos.

Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron

y en el huerto, un sepulcro nuevo

donde nadie había sido enterrado todavía.

Y como para los judíos era el día de la Preparación

y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús.

Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor, Jesús.

Hemos escuchado el relato de la Pasión

en esta tarde de Viernes Santo.

Nos disponemos a escuchar ahora las palabras de homilía

de Monseñor Juan Antonio Reig Pla, obispo de Alcalá de Henares.

Esta tarde somos invitados a mirar también con el corazón

la cruz donde fue clavado Cristo.

Es una celebración para la adoración de la cruz.

Después de mis palabras,

haremos una plegaria, que llamamos Universal,

y después tendréis ocasión de venir y poder adorar la cruz besándola.

Estos días, cuando están saliendo las procesiones por la calle,

con el Santísimo Cristo,

las imágenes de la Virgen María u otros pasos de la Pasión,

si observáis la mirada de las personas,

encontraréis alguna que están llorando. Ellos y ellas.

¿Por qué lloran?

¿Qué misterio encierra la cruz del Señor?

Decía el texto del profeta:

"Él cargo con nuestras culpas, soportó nuestras maldades,

fue triturado por el sufrimiento".

¿Y por qué lloramos?

Entiendo que muchas personas,

viendo el rostro de Jesús clavado en la cruz,

sienten la piedad que atraviesa, incluso, los corazones más duros.

Lloran, a veces, simplemente por una emoción religiosa.

Es de gratitud, de piedad,

de reconocimiento de nuestra propia vida con toda su historia.

Cargada de tantas cosas

y que no responde a la inocencia que teníamos cuando éramos niños.

Sería complejo explicar por qué las personas lloran.

Pero aquí hay un misterio esta tarde

y estamos invitados a descubrirlo, el misterio del sufrimiento,

que se transforma en un sacrificio de alabanza.

De alabanza de Dios.

"Te ofreceré un sacrificio de alabanza invocando tu nombre,

Señor".

No entenderíamos el misterio de la cruz

si lo separásemos de lo que celebramos ayer por la tarde.

Y lo que celebraremos mañana por la noche en la Vigilia Pascual.

En el Jueves Santo, Jesús tiene un anticipo

de lo que hoy estamos invitados a contemplar

con la adoración de la cruz y el Cristo crucificado.

La acción más criminal, la muerte del inocente.

Jesús, en el Jueves Santo,

la transforma en la ofrenda de un amor infinito.

La muerte es y la muerte de Jesús, que la provocamos nosotros,

con ese acto que podríamos llamar criminal,

Jesús la ha transformado en un sacrificio de alabanza.

Primero les dice a los discípulos:

"Tomad y comed, esto es mi cuerpo. Tomad y bebed esta es mi sangre".

Anticipaba el sacrificio en la cruz del Viernes Santo, lo de esta tarde.

¿Qué es este sacrificio de alabanza?

Hemos de caer en la cuenta que Jesús muere orando.

Y orar significa dialogar con Dios.

Está dialogando con Dios, su Padre.

Inicia este momento en el huerto de Getsemaní,

cuando arranca al padre su voluntad.

Allí, en Getsemaní, va a afrontar a la misma muerte.

Y va a entrar en el momento dramático de comprender

lo que significa la muerte para cada uno de nosotros

y el peso de nuestras culpas

y lo que significa el misterio de la inmunidad.

Pero ahora en la cruz, está dialogando con Dios, su Padre.

Todas las palabras

que pronuncia Jesús en la cruz son palabras de los salmos.

Ayer por la tarde, el Salmo 21:

"Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?".

Esta tarde, "Dios mío, en tus manos encomiendo tu espíritu",

el Salmo 31.

También es un salmo que concluye

reclamando que recuperemos nuestras fuerzas

los que esperamos en el Señor.

Esta es la oración de Jesús,

unidad al momento que destaca el Evangelio.

¿Cómo puede ser que dialogando con Dios

rompa ese diálogo la muerte?

Si los separamos de la Vigilia Pascual, no entenderíamos nada.

Pero la muerte de Jesús,

transforma lo que es ese acto criminal nuestro

en la fuente de vida.

Primero, la tarde del Jueves Santo,

cuando hace de la muerte una ofrenda de infinito amor.

Ahora, dialogando con Dios su Padre, con los Salmos,

orando y esperando la respuesta del Padre.

Y la respuesta del Padre la anticipa San Juan en esta Pasión

que hemos escuchado esta tarde.

En el acto final,

cuando el soldado abre el costado de Cristo,

esa cruz ignominiosa se transforma en el árbol de la vida.

Y de su costado abierto manan los frutos de la vida,

el agua y la sangre,

el bautismo y la eucaristía, engendrando a la nueva Eva,

que es la Iglesia, donde permanecerá ese sacrificio de alabanza

en el misterio de la eucaristía que celebramos.

Por tanto, es un diálogo que no se ha interrumpido.

Así nos da para nosotros

la clave que encierra ese misterio del sufrimiento y de la muerte.

¿Por qué sufrimos?

Sufrimos por nuestra limitación humana, por nuestros pecados,

por el mal del mundo, que es inmenso.

Pero el Señor lo ha transformado en sacrificio y alabanza

y nos invita a nosotros a hacer lo mismo con infinito amor.

De tal manera que podamos desde sufrimiento,

dialogar con Jesús y la respuesta del Padre será la misma.

El sufrimiento hará de nosotros una fuente permanente de vida,

como Jesucristo en la cruz.

Con su costado abierto,

nos ha dado la esperanza de que el cielo llega a la tierra.

Nos hace participar como comensales mediante la eucaristía.

Por tanto, el sufrimiento no es la última palabra.

El árbol donde fuimos vencidos, ahora es la cruz gloriosa,

donde renace todo.

San Juan entiende que es el momento de la glorificación.

¿Puede ser la muerte

como un bandido en la cruz la glorificación de alguien?

Evidentemente. Porque nos ha amado hasta el extremo.

Se ha ofrecido al Señor para el rescate de todos nosotros

y ahora es Señor responde con la resurrección y la vida.

De tal manera que nosotros esta tarde, cuando besemos a la cruz,

hemos de abrazar a Cristo con gratitud,

entonces sabremos por qué lloramos.

A la vez, hemos de querer repetir esta misma historia

en este momento presente, como lo han hecho tantos,

comenzando con los santos niños Justo y Pastor,

los patrones de la diócesis y continuando

con tantos mártires que han seguido el mismo camino de Jesús.

Porque han vigorizado sus fuerzas, alimentadas con la eucaristía,

porque saben que el sufrimiento es camino a la resurrección.

Por eso, no adoramos a alguien que ha muerto en la cruz

como un ídolo,

sino lo que hacemos es adorar la cruz tendida,

porque en ella hemos alcanzado nuestra salvación.

Toda nuestra esperanza está en la cruz de Cristo.

Toda nuestra esperanza descansa en el amor infinito de Dios.

Que desde la cruz abarca todo el universo.

Incluso puede llegar a hacer blandos los corazones más duros.

Esta tarde nosotros,

unidos a toda esta pléyade de santos y de mártires,

queramos también con él ofrecerle

todos los días un sacrificio de alabanza

que haga de nosotros personas disponibles

para anunciar la mejor de las noticias:

"Cristo ha muerto por nuestros pecados.

Cristo resucitado para nuestra salvación".

Es posible, por tanto, la esperanza,

en la medida que nos separemos Jueves Santo, Viernes Santo,

Vigilia Pascual y día de la resurrección.

Queridos hermanos, solo el amor vence.

Y vence, y esta tarde lo podemos contemplar, de manera definitiva.

De tal manera que no tenemos que tener miedo al sufrimiento.

Menos todavía tenemos que tener miedo a la muerte.

Ambos han sido transformados en fuente de vida.

La muerte será el momento en que nosotros

pasamos de este mundo al Padre.

Podamos escuchar por fin las palabras de aquel que nos ha dado

la vida y nos espera desde siempre.

Porque hoy, esta tarde, el sufrimiento ha sido derrotado.

La muerte ha sido vencida.

El árbol de la cruz se ha transformado

en el árbol que nos hace entrar en el nuevo paraíso

que es la eucaristía,

del Señor no regala diariamente el poder gozar de su paz,

de su perdón, de su misericordia.

La justicia que merecían nuestros pecados

ha sido transformada totalmente por la misericordia de un dios

que ha tomado de nuestra carne, que ha caminado con nosotros,

que no ha vuelto la vista hacia otro lado,

que ha mirado de frente el sufrimiento y nos ha redimido.

De tal manera que este poema que hemos escuchado

acaba también diciendo: "Rescatará muchos",

que es lo que decimos todos los días en la eucaristía.

No tengas miedo, hermano, de acercarte y besar tu cruz.

Una cruz que se transforme en sacrificio de alabanza.

Una cruz que anuncia como la llave más segura,

que el cielo tiene las puertas abiertas y que caminando con Jesús,

nosotros estamos destinados a gozar un día de su misma resurrección,

ya anticipada en nuestro bautismo,

acrecentada en los sacramentos de la penitencia y de la eucaristía

y que hace de nosotros un diálogo permanente con Jesucristo.

Si él murió orando con los Salmos,

nosotros debemos de hacer de nuestra vida una permanente oración

de diálogo con el Padre,

porque sabemos que su respuesta no va a faltar.

Porque Dios ha cumplido todas sus promesas.

Podemos acercarnos al trono de la misericordia de Dios,

porque él mismo aprendió a sufrir como Hijo, ofreció su sacrificio,

que nos rescata a todos y hace posible la resurrección.

Que así sea, queridos hermanos, para todos vosotros.

Hemos escuchado las palabras de homilía

de Monseñor Juan Antonio Ray Pla, obispo de Alcalá de Henares.

En esta tarde, otro de los momentos es la oración universal.

Una oración especial que hace la Iglesia

por tantas necesidades.

Oremos, hermanos.

Por la Iglesia Santa de Dios.

Para que el Señor le dé la paz, la mantenga en la unidad,

la proteja en toda la tierra.

Y a todos nos conceda una vida confiada y serena.

Para gloria de Dios padre, Todopoderoso.

(CANTA EN LATÍN)

Dios, todopoderoso y eterno,

que en Cristo manifiestas tu gloria a todas las naciones,

vela solicito por la obra de tu amor, para que la Iglesia,

extendida por todo el mundo,

persevere con fe inquebrantable en la concesión de tu nombre.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

-Amén.

-oremos también por nuestro Santo Padre, el papa Francisco.

Para que Dios, que lo llamó al orden episcopal,

lo asista y proteja para el bien de la Iglesia.

Como guía del pueblo santo de Dios.

(CANTA EN LATÍN)

Dios, todopoderoso y eterno,

cuya sabiduría gobierna todas las cosas,

atiende bondadoso nuestras súplicas

y guarda en tu amor a quien has elegido como papa,

para que el pueblo cristiano gobernado por ti,

progrese siempre en la fe bajo el cayado de el mismo Pontífice.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

-Amén.

-Oremos también por nuestro obispo Juan Antonio.

Por todos los obispos, presbíteros y diáconos.

Y por todos los miembros del pueblo santo de Dios.

(CANTA EN LATÍN)

Dios, todopoderoso y eterno,

cuyo espíritu santifica y gobierna todo el cuerpo de la Iglesia,

escuchar las súplicas que te dirigimos por tus ministros.

Para que con la ayuda de tu gracia, todos te sirvan con fidelidad.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

-Amén.

-Oremos también por nuestros catecumenos.

Para que Dios, nuestro Señor,

les abra los oídos y la puerta de la misericordia.

De modo que recibida la revisión de todos los pecados

por el baño de la regeneración, sean incorporados a Jesucristo,

nuestro Señor.

(CANTA EN LATÍN)

-Dios, todopoderoso y eterno,

que haces fecunda a tu iglesia dándole constantemente nuevos hijos,

acrecienta la fe y la sabiduría de los catecúmenos,

para que al renacer en la fuente bautismal sean contados

entre tus hijos de adopción. Por Jesucristo, nuestro Señor.

-Amén.

-Oremos también

por todos aquellos hermanos nuestros que creen en Cristo.

Para que Dios, nuestro Señor, asista y congregue en una sola Iglesia

a cuantos viven de acuerdo con la verdad.

(CANTA EN LATÍN)

Dios, todopoderoso y eterno,

que vas reuniendo a tus hijos dispersos

y velas por la unidad,

mira con amor a tu hijo,

para que la integridad de la fe y el vínculo de la caridad

congregue a los consagrados en un solo bautismo.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

-Amén.

-Oremos también por el pueblo judío.

El primero a quien habló el Señor, Dios nuestro.

Para que acreciente en ellos el amor de su nombre

y la fidelidad a la alianza.

(CANTA EN LATÍN)

-Dios, todopoderoso y eterno,

que confiaste tus promesas Abrahám y su descendencia,

escucha con piedad las súplicas de tu descendencia.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

-Amén.

-Oremos también por los que no creen en Cristo.

Para que iluminados por el espíritu Santo,

Para que iluminados por el Espíritu Santo,

encuentren el camino de la salvación.

(CANTA EN LATÍN)

-Dios, todopoderoso y eterno,

concede a quienes no creen en Cristo

encontrar la verdad, al caminar en tu presencia con sincero corazón.

Y a nosotros, deseosos de ahondar en el misterio de tu Hijo,

será ante el mundo testigos más convincentes de tu amor.

ser ante el mundo testigos más convincentes de tu amor.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

-Amén.

-Oremos también por los que no conocen a Dios.

Para que merezcan llegar a él por la rectitud y la sinceridad de suvida.

(CANTA EN LATÍN)

-Dios, todopoderoso y eterno,

que creaste a todos los hombres

para que deseándote siempre,

te busquen y cuando te encuentren, descansen en ti.

Concédeles, el medio de sus dificultades,

que los signos de tu amor

y el testimonio de las buenas obras de los creyentes

los lleven al gozo de reconocerte como único Dios verdadero

y Padre de todos los hombres. Por Jesucristo, nuestro Señor.

-Amén.

-Oremos también por los gobernantes de todas las naciones.

Para que Dios, nuestro Señor, según sus designios,

los guíe en sus pensamientos y decisiones

hacia la paz y libertad de todos los hombres.

(CANTA EN LATÍN)

-Dios, todopoderoso y eterno,

en tu mano están los corazones de los hombres

y los derechos de los pueblos.

Mira con bondad a los que nos gobiernan

para que en todas partes se mantengan por tu misericordia

la prosperidad de los pueblos, la paz estable

y la libertad religiosa. Por Jesucristo, nuestro Señor.

-Amén.

-Oremos, queridos hermanos, a Dios Padre Todopoderoso

para que libre al mundo de todos los errores,

aleje las enfermedades, destierre el hambre,

abra las prisiones injustas, rompa las cadenas.

Conceda seguridad a los caminantes, el retorno a los peregrinos,

la salud a los enfermos y la salvación a los moribundos.

(CANTA EN LATÍN)

-Dios, todopoderoso y eterno,

consuelo de los afligidos y fuerza de los que sufren,

lleguen hasta ti las súplicas de quienes te invocan

para que todos sientan en sus adversidades

el gozo de tu misericordia. Por Jesucristo, nuestro Señor.

-Amén.

Terminada la oración universal,

comienza ahora en este momento el rito de la adoración de la cruz.

El diácono y los ministros

se dirigen hacia el fondo de la Iglesia y desde allí,

Irán, poco a poco, trayendo la cruz, la irán mostrando al pueblo.

--irán

Mirad el árbol de la cruz.

Donde estuvo clavada la salvación del mundo.

Mirad el árbol de la cruz,

donde estuvo clavada la salvación del mundo.

Mirad el árbol de la cruz,

donde estuvo clavada la salvación del mundo.

Poco a poco, se ha ido descubriendo la cruz

que hoy ocupa el centro de la liturgia.

Habitualmente, solo ante el santísimo,

los cristianos hacen genuflexión.

Sin embargo, hoy esta tarde y también a lo largo de mañana,

el Sábado Santo,

habrá una cruz en todas nuestras iglesias y ante esa cruz,

nos iremos acercando para adorarla, besarla,

arrodillarnos ante ella,

como ahora hará el obispo y también los sacerdotes.

Como signo también de adoración,

se descalza el obispo, sin casulla.

Se acerca para besar la cruz.

(Música)

(Coro)

Hoy también,

en el momento de la Adoración de la Cruz,

se hace de la colecta.

Hoy es especial.

Una colecta para recoger también ayuda para los santos lugares.

Hoy, mirando la cruz,

nosotros recordamos que en ese árbol,

como también los hablaba el obispo en la homilía,

--nos

en ese árbol está clavada la salvación del mundo.

El himno de la liturgia que nos recuerda

que es un árbol único en el nobleza.

"Jamás el bosque dio mayor tributo en hoja, flor y fruto".

(Coro)

Estamos celebrando el segundo día del Triduo Pascual

desde la Catedral Magistral de Alcalá de Henares.

Estamos celebrando esta tarde la liturgia de Viernes Santo.

Esta tarde, a las 19:30,

si lo desean, podrán ver la procesión del Perdón y Soledad,

desde Medina de Rioseco, en Valladolid.

También celebraremos el Vía Crucis, presidido por el papa Francisco,

desde el Coliseo.

La liturgia de estos días, del Triduo Pascual,

es una liturgia rica en gestos, en símbolos.

A través de ellos se nos quiere explicar, dar a conocer,

los misterios que estamos celebrando.

Estos son los días más importantes de la fe cristiana.

Como les recordaba antes, hoy en toda la Iglesia,

en las celebraciones de este Viernes Santo,

se hace una colecta especial por los santos lugares,

por tierra Santa.

Desde el siglo XIV, los franciscanos siguen conservando la memoria.

Pero necesitan también nuestra ayuda.

Por eso, cada uno de los Viernes Santo

se recogen esos fondos para ayudar, para sostener

aquellos lugares que conservan la memoria

de la pasión, de la muerte y de la resurrección de Jesús.

Como decíamos al inicio de nuestra celebración,

hoy no hay como tal celebración de la eucaristía.

Veíamos en el altar, hoy sin adornos.

Es la cruz la que preside la celebración.

Ya, hasta la Vigilia Pascual, desde ayer por la tarde,

desde el Jueves Santo, no se celebra ninguna misa en la Iglesia.

Una celebración, está del Viernes Santo,

--esta

que ya desde finales del siglo IV,

tenemos noticias de que la primera comunidad, allí en Jerusalén,

celebraba a una acción litúrgica recordando la pasión del Señor.

Y desde el Monumento,

se trae la eucaristía, que ahora será repartida.

Fieles a la recomendación del Salvador

y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:

-Padre nuestro, que estás en el cielo.

Santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino.

Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día.

Perdona nuestras ofensas,

como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden.

No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal.

Líbranos de todos los males, Señor,

y concédenos la paz en nuestros días

para que, ayudados por tu misericordia,

vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación

mientras esperamos la gloriosa venida

de nuestro salvador Jesucristo.

-Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.

Este es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo.

Dichosos los invitados a la cena del Señor.

-No soy digno de que entres en mi casa,

pero una palabra tuya bastará para sanarme.

(Coro)

Nosotros volveremos a esta Iglesia catedral

de Alcalá de Henares mañana, Sábado Santo,

para celebrar la Vigilia Pascual, será a las 22:00.

Celebraremos ese ultimo acto de ese Triduo Pascual

en el que recordaremos la resurrección de Jesús.

A las 22:00, mañana, aquí, en La 2 de TVE.

(Coro)

Mirando la cruz,

aquella cruz que tengamos nosotros más cerca,

podemos también recordar ese misterio de Cristo

clavado en la cruz.

Recordamos, mirando ese Cristo crucificado,

ese soneto dedicado a él de esta poesía mística.

"Tú me mueves, Señor".

"No me tienes que dar porque te quiera,

pues aunque lo que espero no esperara,

lo mismo que te quiero, te quisiera".

Nuestra celebración terminará ahora con una oración.

Hoy no hay bendición, no se despide a la asamblea.

Es un acto, esta tarde, la liturgia no termina.

Seguimos conteniendo el aliento hasta mañana, sábado,

cuando celebremos la vigilia de la resurrección.

Y terminara también nuestra celebración como empezó,

Y terminará también nuestra celebración como empezó,

en silencio, sin canto.

Para prepararnos a esperar, mañana sábado, la resurrección.

Oremos.

Dios, todopoderoso y eterno,

que nos has renovado con la gloriosa muerte y resurrección de tu ungido,

continúa realizando en nosotros, por la participación de este misterio,

la obra de tu misericordia,

para que vivamos siempre entregados a ti.

Por Jesucristo nuestro Señor.

-Amén.

-Descienda, Señor, tu bendición abundante,

sobre tu pueblo que ha celebrado la muerte de tu hijo,

con la esperanza de su resurrección.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

-Amén.

Así concluye la celebración de esta tarde.

Nosotros volveremos a las 19:30.

Les ofreceremos las procesiones desde Medina de Rioseco,

en Valladolid.

Después, las 21:15, también en La 2 de TVE,

el Vía Crucis desde el Coliseo de Roma,

presidido por el papa Francisco.

Es ahora cuando ya en nuestras iglesias, los fieles se acercan

a besar, a adorar la cruz,

porque en la cruz, como decía Benedicto XVI,

en la cruz ya brilla el resplandor victorioso

del alba del día de la Pascua.

En la cruz, Cristo crucificado es manantial de vida inmortal,

es prueba permanente del amor infinito

que llevó a Dios a hacerse hombre.

Nosotros nos despedimos.

Hasta esta tarde, 19:30, las procesiones desde Medina de Rioseco.

Y a las 21:15, el Vía Crucis del papa desde Roma. Buenas tardes.

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