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Semana Santa 2017 - Triduo pascual - Jueves Santo (Alcalá de Henares) - ver ahora
Transcripción completa

Comenzamos el triduo Pascual en el Jueves Santo.

Nos identificamos con Cristo.

Quiere preparar la Pascua con nosotros.

Adelanta su entrega.

Mi cuerpo se entrega por vosotros.

Esta es mi sangre que se derrama por vosotros.

Hay unos verbos de la eucaristía que expresan el contenido

de su entrega y nos configuran. La eucaristía nos regenera.

Bendijo el pan y se lo dio.

Es el acto de la institución de la eucaristía.

La misma expresión aparece en el milagro

de la multiplicación de panes.

Y vuelve a aparecer en el encuentro

de los dos de Emaús, cuando reconocieron

a Cristo resucitado al partir el pan.

El Señor bendijo el pan y se lo dio.

Ser cristiano es ser tomado, bendecido, partido y repartido.

En este Jueves Santo,

se puede iluminar nuestra identidad.

Podemos recorrer nuestra historia de salvación a través

de estos verbos.

Tú has sido tomado, tú has sido tomada.

El Señor te ha elegido,

te ha escogido.

Te ha llamado a la existencia.

No eres producto de la casualidad.

Eres elección consciente del Señor.

Como el Señor tomó aquel pan también eligió aquellos discípulos

y apóstoles.

Y antes escogió aquel huerto.

En los 12 elegía a todo Israel.

Y en Israel elegía a todos los pueblos.

Es una elección no excluyente. Para llegar a todos.

Tú has sido bendecido. Tú has sido bendecida.

Tomados y bendecidos.

Todos somos portadores de una cadena de bendiciones

en este Jueves Santo.

La bendición de la fraternidad:

"Amaos unos a otros,

como yo os he amado".

La bendición del perdón.

La bendición de la eucaristía.

La bendición del sacerdocio.

"Haced esto en conmemoración mía".

Bendecidos nos convertimos en bendición.

Tú has sido partido y partida. Tomados, bendecidos y partidos.

Todos estamos partidos, un poco rotos.

A todos nos llega el conflicto y la ruptura.

La ruptura a la sombra de la cruz, de la bendición.

No vale cualquier manera de sufrir.

A veces, sufrir mal envenena.

Jesús necesitó a su madre al pie de la cruz.

Signo visible de que era un hijo muy amado.

Partirse para repartirse y entregarse.

Tú has sido repartido.

Tú has sido repartida.

Es el cuarto verbo.

Tomados, bendecidos, partidos y repartidos.

La eucaristía siempre termina en misión, en envío.

El lugar del Jueves Santo es el lugar de Pentecostés.

"Id por del mundo y predicad el Evangelio".

La comunidad es enviada hasta los confines de la tierra.

Participar en la celebración de la cena del Señor

nos introduce en el misterio pascual.

Renuevan nuestra existencia hasta límites insospechados.

Ardientemente hizo el Señor celebrar esta Pascua con los otros.

Que podamos descubrir que hemos ido tomados,

bendecidos, partidos

y repartidos.

(Música)

Reunidos en el nombre del Señor,

Que nos ha congregado ante su altar...

Buenas tardes, amigos.

Empezamos aquí la celebración de la eucaristía en esta tarde

de Jueves Santo.

Celebremos el misterio de la fe,

como signo del amor y la amistad.

Triduo Pascual que vamos a vivir desde esta catedral

de Alcalá de Henares.

Presidirá nuestra celebraciones Monseñor Juan Antonio Reig,

obispo de la diócesis de Alcalá de Henares.

Es fuente de agua viva.

Y nosotros, sedientos a tu mesa, venimos a buscar.

Reunidos en el nombre del Señor,

que nos ha congregado ante su altar,

celebremos el misterio de la fe

bajo el signo del amor y la unidad.

Celebremos el misterio de la fe bajo el signo del amor y la

unidad.

Crucificaron tu gracia nuestras manos.

Ilumina nuestra mente con tu luz.

Que nuestra fe fortalezcan tu palabra.

Y tu cuerpo convertir en alimento nos traiga la salud.

Reunidos en el nombre del Señor,

que nos ha congregado ante su altar,

celebremos el misterio de la fe bajo el signo del amor y la

unidad.

El Triduo Pascual lo abrimos esta tarde.

Con la celebración del Jueves Santo. Recordando La Última Cena de Jesús.

Renovaremos la institución de la eucaristía y del sacerdocio.

Cristo lavó los pies a sus discípulos.

-En el nombre del Padre,

del Hijo y del Espíritu Santo.

La paz del Señor esté con vosotros.

-Y con tu Espíritu.

-Hacemos extensible este saludo a quienes siguen

la retransmisión de TVE en el día de Jueves Santo.

La Iglesia celebra tres tesoros.

La institución de la eucaristía, la institución del sacerdocio,

prolongación sacramental de Cristo entre nosotros

y el Día del Amor Fraterno.

Os los brindamos desde esta catedral de Alcalá de Henares

mandada construir por el cardenal Cisneros.

Cuyo quinto centenario de la muerte estamos celebrando.

Reconozcamos nuestros pecados.

Tú, que nos has amado hasta el extremo.

(Coro)

Tú, que aceptaste la muerte para reunirnos en la unidad.

(Coro)

Tú, que diste tu vida por nosotros, tus amigos.

(Coro)

Porqu el Señor, nuestro Dios, nos ha otorgado

su perdón reconciliándonos en Cristo.

Proclamemos ahora el himno de alabanza y de acción de gracias.

Volvemos a entonar el "Gloria".

Gloria a Dios en el cielo,

y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.

Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos,

te adoramos, te glorificamos.

Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz

a los hombres que ama el Señor.

Señor Dios, rey celestial,

Dios Padre todopoderoso.

Señor, hijo único, Jesucristo.

Señor Dios, cordero de Dios, hijo del Padre.

Gloria a Dios en el cielo,

y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.

Tú, que quitas el pecado del mundo,

ten piedad de nosotros.

Tú, que quitas el pecado del mundo,

atiende nuestra súplica.

Tú, que estás sentado a la derecha del Padre,

ten piedad de nosotros.

Gloria a Dios en el cielo,

y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.

Porque solo tú eres Santo, solo tú, Señor,

solo tú, altísimo Jesucristo,

con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre.

Gloria a Dios en el cielo,

y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.

Amén.

Oremos.

Señor Dios nuestro,

nos has convocado esta tarde para celebrar

aquella memorable escena en la que tu Hijo,

antes de morir confió a la Iglesia el sacrificio nuevo

de la alianza eterna.

Te pedimos que el la celebración de estos santos misterios

nos lleve a alcanzar plenitud de amor y vida.

Por nuestro Señor, Jesucristo, tú Hijo,

que reina en la unidad del Espíritu Santo

es Dios por los siglos de los siglos.

-Amén.

Vamos a escuchar la primera lectura del libro del Éxodo

donde se recuerda la Pascua judía.

En ese marco celebró Jesús la Última Cena con sus discípulos.

Lectura del libro del Éxodo.

En aquellos días,

dijo el Señor a Moisés y a Aarón en tierra de Egipto:

"Este mes será para vosotros el principal de los meses;

será para vosotros el primer mes del año.

Decid a toda la asamblea de Israel:

'El diez de este mes cada uno procurará un animal para su familia,

uno por casa.

Si la familia es demasiado pequeña para comérselo,

que se junte con el vecino más próximo a su casa,

hasta completar el número de personas;

y cada uno comerá su parte hasta terminarlo.

Será un animal sin defecto,

macho, de un año, lo escogeréis entre los corderos o los cabritos.

Lo guardaréis hasta el día catorce del mes,

y toda la asamblea de los hijos de Israel

lo matará al atardecer'.

Tomaréis la sangre y rociaréis las dos jambas

y el dintel de la casa donde lo comáis.

Esa noche comeréis la carne,

asada a fuego,

y comeréis panes sin fermentar y hierbas amargas.

Y lo comeréis así:

La cintura ceñida, las sandalias en los pies,

un bastón en la mano; y os lo comeréis a toda prisa,

porque es la Pascua, el paso del Señor.

Yo pasaré esta noche por la tierra de Egipto

y heriré a todos los primogénitos de la tierra de Egipto,

desde los hombres hasta los ganados,

y me tomaré justicia de todos los dioses de Egipto.

Yo, el Señor.

La sangre será vuestra señal en las casas donde habitáis.

Cuando yo vea la sangre, pasaré de largo ante vosotros

y no habrá entre vosotros plaga exterminadora,

cuando yo hiera a la tierra de Egipto.

Este será un día memorable para vosotros;

en él celebraréis fiesta en honor del Señor.

De generación en generación como ley perpetua lo festejareis".

Palabra de Dios.

-Te alabamos, Señor.

El cáliz de la bendición es comunión con la sangre de Cristo.

El cáliz que bendecimos es la comunión de sangre de Cristo.

¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?

Alzaré la copa de la salvación, invocando el nombre del Señor.

El cáliz que bendecimos

es la comunión de la sangre de Cristo.

Mucho le cuesta al Señor

la muerte de sus fieles.

Señor, yo soy tu siervo, hijo de tu esclava;

rompiste mis cadenas.

El cáliz que bendecimos es la comunión de la sangre de

Cristo.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,

invocando el nombre, Señor.

Cumpliré al Señor mis votos

en presencia de todo el pueblo.

El cáliz que bendecimos es la comunión de la sangre de

El cáliz que bendecimos

es la comunión de la sangre de Cristo.

En la segunda lectura escucharemos

uno de los relatos más antiguos sobre la institución

de la eucaristía, sobre la Última Cena.

Lectura de la primera carta

del apóstol san Pablo a los Corintios.

Hermanos:

Yo he recibido una tradición,

que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido.

Que el Señor Jesús, en la noche en que iba a ser entregado,

tomó pan y, pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo:

"Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros.

Haced esto en memoria mía".

Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo:

"Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre;

haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía".

Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz,

proclamáis la muerte del Señor hasta que vuelva.

Palabra de Dios.

-Te alabamos, Señor.

(Música)

Que el señor bendiga tus labios y tu corazón para proclamar

el Evangelio.

El Señor esté con vosotros.

Y con tu Espíritu.

Lectura del santo Evangelio según san Juan.

Gloria a ti, Señor.

Antes de la fiesta de la Pascua,

sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar

de este mundo al Padre,

habiendo amado a los suyos que estaban

en el mundo, los amó hasta el extremo.

Estaban cenando,

ya el diablo había suscitado en el corazón de Judas,

hijo de Simón Iscariote,

la intención de entregarlo;

y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos,

que venía de Dios y a Dios volvía,

se levanta de la cena, se quita el manto

y, tomando una toalla, se la ciñe;

luego, echa agua en la jofaina y se pone a lavarles

los pies a los discípulos,

secándoselos con la toalla que se había ceñido.

Llegó a Simón Pedro y éste le dijo:

Llegó a Simón Pedro y este le dijo:

"Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?".

Jesús le replicó:

"Lo que yo hago tú

no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde".

Pedro le dice:

"No me lavarás los pies jamás".

Jesús le contestó:

"Si no te lavo, no tienes parte conmigo".

Simón Pedro le dice:

"Señor, no solo los pies, sino también las manos y la cabeza".

Jesús le dice:

"Uno que se ha bañado no necesita lavarse más

que los pies, porque todo él está limpio.

También vosotros estáis limpios, aunque no todos".

Porque sabía quién lo iba a entregar,

por eso dijo: "No todos estáis limpios".

Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto,

se lo puso otra vez y les dijo:

"¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros?

Vosotros me llamáis el Maestro y el Señor,

y decís bien, porque lo soy.

Pues si yo, el Maestro y el Señor,

os he lavado los pies,

también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros;

os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho

con vosotros, vosotros también lo hagáis".

Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor Jesús.

El diácono Eduardo Poza ha proclamado el Evangelio.

Nos disponemos a escuchar las palabras de homilía

del obispo de Alcalá de Henares.

Jesús instituye lo que llamamos la Santa Misa o la eucaristía

en el contexto de la Pascua del pueblo de Israel.

La Pascua significa el acontecimiento

mediante el que el Señor,

mediante Moisés saca su pueblo de la esclavitud de Egipto,

del poder del faraón.

Les da las instrucciones.

Cada año,

cuando cuando celebres las pascuas, os reunís por familias

para recordar aquella noche memorable.

Reunidos en vuestras casas,

pusisteis la señal en las puertas.

Esta fiesta es familiar.

Lo celebran cuando son nómadas en el desierto.

Cuando están en la tierra prometida, lo hacen por familias.

Y están custodiadas por las murallas de Jerusalén.

Ese cordero inocente sin mancha es el mismo Jesús.

Celebramos una Pascua nueva.

Ya no se trata, simplemente, de salir de la esclavitud

y decir, por fin, libertad.

Sino de decir que nunca más seremos esclavos

y nunca tendremos miedo a la muerte.

El señor, con su sacrificio, como un cordero inocente

viene a liberarnos de la muerte.

Con esta nueva familia, en el cenáculo,

inauguran la nueva y eterna alianza.

Hacemos memorial.

Actualizamos el sacramento de Cristo

cada vez que nos reunimos para celebrar la eucaristía.

Esta tarde somos contemporáneos de Cristo.

No simplemente celebramos el recuerdo

de su última cena, sino la Pascua.

El momento en el que el,

después de dar su cuerpo y su sangre a través del pan

y del vino,

pues instituye la eucaristía.

Se trata de un sacrificio.

Del mismo modo que sacrificaban a un cordero inocente.

Ahora, voluntariamente

se va entregar a la muerte para nuestra salvación.

Lo recordaba San Pablo.

Jesús, tomando el pan, dijo:

"Tomad y comed, este es mi cuerpo".

"Esta es mi sangre".

Él mismo va a ser sacrificado, al día siguiente,

junto con los corderos sacrificados en el templo de Jerusalén.

La eucaristía es el momento donde Jesús se hace presente

por medio de los sacerdotes.

Para que a nadie falte la presencia del señor.

De ahí, la importancia del sacerdocio.

Ya no es un sacerdocio de descendencia.

Ninguno de los sacerdotes somos descendentes de Aaron

--descendientes

o de la tribu de Levy.

Por llamada singular del Señor nos hemos encontrado

con su misterio.

Por eso, la gratitud que tiene que tener el pueblo

por los sacerdotes.

Su palabra nos lleva a la verdadera libertad.

Ellos hacen presente a Jesucristo,

que es el verdadero redentor y libertador.

Sabemos lo que significa en nuestra vida ordinaria.

La eucaristía significa participar del cielo en la tierra.

Se hace presente el cuerpo glorioso de Jesucristo.

Con el cuerpo resucitado y glorioso,

se hace presencia ahora.

Este es mi cuerpo y esta es mi sangre.

Mi sangre nos libera y nos purifica.

"Rompiste mis cadenas".

Por lo tanto, hermanos, nunca más esclavos.

Siempre libres con la libertad de los hijos de Dios.

Dispuestos a hacer un sacrificio de alabanza en nuestra vida.

Unidos a Jesucristo en la eucaristía.

Eso es lo que significa el tercer misterio

o sacramento de esta tarde.

Jesús está a la mesa, como amo de casa, se levanta.

Y empieza a servir a sus hermanos lavándoles los pies.

Ahí tenéis quién es Dios.

Se pone a servirte lavándote los pies.

Ha dado por ti la vida para que tengas vida.

¿Qué es la Iglesia?

Pues es la servidora, como Jesucristo,

de todos los hombres de este mundo. Nadie puede vivir sin amor.

Hemos conocido el amor porque nos amó hasta el extremo.

Nos lava humildemente los pies como un esclavo.

Una vez que ha lavado los pies dice que ha dado ejemplo

para que vosotros hagáis lo mismo.

Tenemos que amarnos con el amor mismo de Jesucristo.

Son los tres grandes misterios de esta tarde.

Si se deja alimentar por su palabra,

vosotros ya estáis limpios por las palabras que os he dicho.

Si nos alimentamos con la sangre y el cuerpo de Jesucristo

y hacemos de nuestra vida un sacrificio, podremos amar.

Podemos decir que nunca más seremos esclavos. Siempre libres.

El amor es el contenido de la libertad.

Es el gran misterio de esta tarde que trazado Jesús.

Es el gran misterio de esta tarde que ha trazado Jesús.

La Última Cena salió de las murallas de Jerusalén.

Es el misterio de Getsemaní.

¿Dónde vas?

Va a la cruz.

Va a la cruz con nosotros.

Vamos a hacer el gesto del lavatorio de los pies.

Es lo que significa Jesucristo y la Iglesia servidora de todos.

Porque el Señor nos ha amado.

Hemos escuchado las palabras del arzobispo de Alcalá de Henares.

Ha comentado los elementos fundamentales

que celebra la Iglesia en este día.

Ahora el obispo se va a preparar.

Se quita la casulla.

Se coloca una toalla para repetir el gesto de Jesús

en la tarde del Jueves Santo.

El lavatorio de los pies.

Aquí, en Alcalá de Henares, son un grupo de miembros

de la Adoración Nocturna.

Se descalzarán para representar a esos 12 apóstoles

a los que Jesús lavó los pies.

Era un gesto de los siervos,

de los esclavos hacia los amos.

Jesús, el maestro, lo hace con sus discípulos.

(Coro)

Es un gesto que hoy,

en todas las celebraciones

de la cena del Señor, repiten

los sacerdotes en todas las iglesias y capillas.

Recordando el gesto de Jesús. Comprometiéndonos a todos.

A vivir nuestra vida así, en amor fraterno.

Como ha explicado el celebrante durante la homilía.

(Coro)

Todo cuanto tiene puede.

Puede y quiere...

Su poder...

(Coro)

Un gesto que nos puede parecer extraño el de lavar

los pies en medio de una celebración.

Pero esa memoria, el recuerdo que desde la primera comunidad cristiana

se guarda en lo que sucedió en aquella tarde.

Jesús estuvo con sus discípulos, con sus amigos.

Desde ese momento,

los cristianos vieron en ese gesto toda una predicación,

todo un discurso.

Ve al Señor, a Jesús, al que ellos querían,

al que llamaban maestro,

arrodillado de delante de cada uno de ellos y cumpliendo

con la función que hacían entonces

los siervos para los que llegaban a casa.

¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros?

Lo hemos escuchado en el Evangelio.

Es lo que les pregunta Jesús.

Tenéis que lavaros los pies unos a otros.

Yo lo he hecho con vosotros.

Concluido el rito del lavatorio de los pies,

el celebrante, después de lavarse las manos,

vuelve a colocarse la casulla

y continuaremos con la oración de fieles.

Oremos, hermanos,

en Jesucristo.

Por la Iglesia.

Por el papa, los obispos,

los presbíteros

y todos los que ejercen un ministerio

en la Iglesia. Para que su vida sea siempre

a imagen de Cristo, servicio y entrega a sus hermanos.

Roguemos.

-Te rogamos, óyenos.

-Por la unión de los cristianos.

De oriente y occidente.

Para que encontremos la unidad en la cena del Señor.

Roguemos al señor.

-Te rogamos, óyenos.

-Por los gobernantes de todas las naciones,

para que sirvan a sus pueblos promoviendo justicia y paz.

Roguemos al Señor.

-Te rogamos, óyenos.

-Por nosotros, reunidos en este cenáculo

para participar en la cena del Señor.

Para que siguiendo el ejemplo de Cristo vivamos

la urgencia del mandato nuevo de amar a todos,

incluso a los que nos quieren mal. Roguemos al Señor.

-Te rogamos, óyenos.

Padre nuestro,

que has amado tanto al mundo que entregaste a tu hijo a la muerte.

Escucha nuestras súplicas.

Concédenos lo que te pedimos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

-Amén.

(Coro)

Después de presentar el pan y el vino,

hoy, Día del Amor Fraterno, esa colecta

que se hace especialmente en todas nuestras iglesias

para ayudar también, de una manera concreta,

a tantas personas que lo necesitan.

(Coro)

Bendito seas, Señor, será para nosotros pan de vida.

(ININTELIGIBLE)

Presentadas las ofrendas, pan y vino sobre el altar.

Se le echará incienso al celebrante.

Este sacrificio, esta tarde, es el de Jesús,

que se ofrece para seguir en medio de nosotros.

Y el diácono también echa incienso a los sacerdotes

y a todo el pueblo.

Ahora nosotros somos sacerdotes y ofrecemos el sacrificio de Cristo.

Orad, hermanos, para que este sacrificio mío y vuestro sea

agradable a Dios, Padre todopoderoso.

-El Señor reciba de tus manos este sacrificio para alabanza y gloria

de su nombre, para nuestro bien y el de toda su Santa Iglesia.

Concédenos, Señor, participar dignamente

en estos sacramentos.

Cada vez que se celebra el memorial del sacrificio de Cristo

se realiza la obra de nuestra redención.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

El señor esté con vosotros.

Y con tu espíritu.

Levantemos el corazón.

Lo tenemos levantado hacia el señor.

Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

En verdad es justo y necesario darte gracias siempre

y en todo lugar.

Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno.

Por Cristo, Señor nuestro.

Al instituir el sacrificio de la eterna alianza

se ofreció primero a ti como víctima de salvación

y nos mando perpetuar esta ofrenda.

Su carne, inmolada por nosotros, es alimento que nos fortalece.

Su sangre, derramada por nosotros,

es bebida que nos purifica.

Por eso, con los ángeles y arcángeles,

con los tronos y con los todos los coros celestiales

cantamos sin cesar el himno de tu gloria.

(Música)

Santo, santo, santo es el Señor. Dios del universo.

Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.

Hosanna, hosanna, hosanna en el cielo.

Hosanna, hosanna, hosanna en el cielo.

Bendito el que viene en el nombre del Señor.

Hosanna, hosanna, hosanna en el cielo.

Hosanna, hosanna, hosanna en el cielo.

Padre misericordioso te pedimos humildemente por Jesucristo,

Padre misericordioso te pedimos humildemente por Jesucristo,

Padre misericordioso te pedimos humildemente por Jesucristo,

nuestro Señor.

Que aceptes y bendigas estos dones.

Ante todo, por tu iglesia santa y católica.

Para que le concedas la paz.

Que la gobiernes en el mundo entero.

Con tu servidor,

el papa Francisco.

Y todos los obispos.

-Acuérdate, Señor, de tus hijos.

Por ellos y todos los suyos,

por el perdón de los pecados y la salvación

de espera que ofrecemos

y ellos te ofrecen este sacrificio de alabanza.

A ti, eterna Dios, vivo y verdadero.

-Reunidos en comunión con toda la Iglesia para celebrar

el día santo en el que en nuestro Señor Jesucristo

fue entregado por nosotros.

Veneramos la memoria de la Virgen María.

También la de su esposo, San José.

Pedro y Pablo, Andrés, Santiago.

Santiago, Felipe, Bartolomé, Mateo.

Clemente, Sixto, Lorenzo, Juan y Pablo. Cosme y Damián.

Y la de todos los santos por sus méritos

y oraciones concédenos tu protección.

-Acepta, Señor,

en tu bondad esta ofrenda de tus siervos

y de tu familia santa que te presentamos

en el día mismo en el que nuestro Señor encomendó

a sus discípulos la celebración del sacramento de su cuerpo

y de su sangre.

Ordena en tu paz nuestros días.

Líbranos de la condenación eterna y cuéntanos entre tus elegidos.

Bendice y santifica esta ofrenda, Padre.

Haciéndola perfecta. Espiritual y digna de ti.

Que se convierta, para nosotros,

en cuerpo y sangre de tu hijo amado,

Jesucristo, nuestro Señor.

El cual, hoy, la víspera de padecer por nuestra salvación

tomó pan en sus santas y venerables manos.

Elevando los ojos hacia el cielo,

dando gracias te bendijo,

lo partió y lo dio a sus discípulos diciendo:

"Tomad y comed todos de él, porque esto es mi cuerpo,

que será entregado por vosotros".

(Esquila)

Del mismo modo, acabada la cena,

tomo este cáliz en su santas manos.

Lo bendijo y lo dio a sus discípulos.

"Tomad y bebed todos de él porque este es el cáliz de mi sangre.

Sangre de la alianza nueva y eterna.

Haced esto en mi conmemoración".

Este es el sacramento de nuestra fe.

Anunciamos tu muerte,

proclamamos tu resurrección, ven Señor Jesús.

Por eso, padre, tus siervos y todo tu pueblo santo,

al celebrar este memorial de la muerte gloriosa

de tu Hijo y su resurrección.

Y de su admirable ascensión a los cielos,

que ofrecemos de los mismos bienes que nos has dado,

el sacrificio puro, inmaculado y santo.

Pan de vida eterna y cálido de eterna salvación.

Mira con ojos de bondad esta ofrenda

y aceptarla como aceptaste los dones del justo Abel.

El sacrificio de Abraham

y la oblación de tu sumo sacerdote.

Te pedimos humildemente

que esta ofrenda sea llevada a tu presencia hasta el altar

del cielo por manos de tu ángel.

Para que cuantos recibimos el cuerpo y la sangre de tu hijo,

al participar de este altar,

seamos colmados de gracia y bendición.

-Acuérdate también, Señor,

de tus hijos que nos han precedido con el signo

de la fe y duermen ya el signo de la paz.

A ellos, Señor y a cuantos descansan en Cristo concédeles el consuelo,

la luz y la paz.

A nosotros, pecadores, siervos tuyos.

Confiamos en tu infinita misericordia.

Admítenos en la asamblea de apóstoles y mártires.

Juan el Bautista,

Esteban, Matías y Bernabé.

Ignacio, Alejandro, Marcelino y Pedro.

Felicidad y Perpetua. Águeda, Lucía, Inés.

Anastasia y de todos los santos.

Y acéptalos en su compañía, no por nuestros méritos

y no conforme a tu bondad.

-Por Cristo, Señor nuestro.

Porque sigues creando todos los bienes,

los santificas y los llenas de vida.

Los bendices y repartes entre nosotros.

-Por Cristo, con él y en él.

En la unidad del Espíritu Santo,

todo honor y toda gloria, por los siglos de los siglos.

-Padre nuestro, que estás en el cielo.

Santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino.

Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día.

Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos

a los que nos ofenden.

No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal.

Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz

en nuestros días para que, ayudados por tu misericordia,

vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación

mientras esperamos la gloriosa venida

de nuestro salvador Jesucristo.

-Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.

-Señor Jesucristo, que dijiste a los apóstoles:

"La paz os dejo, mi paz os doy",

no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia.

Y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad.

Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

La paz del Señor esté siempre con vosotros.

-Y con tu Espíritu.

-Daos fraternalmente la paz.

(Música)

También nosotros os deseamos la partes de esta catedral magistral

de Alcalá de Henares.

En este año se celebra el quinto centenario

del cardenal Cisneros.

Precisamente, el cáliz que utiliza el obispo pertenecía

al cardenal Cisneros.

Hoy es el Día del amor fraterno y que la paz llegue

a todos nuestros hogares.

(Coro)

Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.

Dichosos los invitados a la cena del Señor.

-Señor, no soy digo de qu entres en mi casa,

pero una palabra tuya bastará para sanarme.

--que

pero una palabra tuya bastará para sanarme.

(Música)

Tú eres, Señor, el pan de vida.

Tú eres, Señor, el pan de vida.

Tú eres el que nos da el verdadero pan del cielo.

Tú eres, Señor, el pan de vida.

Quien come de este pan vivirá eternamente.

Tú eres, Señor, el pan de vida.

Tú eres, Señor, el pan de vida.

Mi pan es el manjar y mi sangre es la bebida.

Tú eres, Señor, el pan de vida.

Tú eres, Señor, el pan de vida.

Quien come de mi carne, viviré yo en él.

Tú eres, Señor, el pan de vida.

Tú eres, Señor, el pan de vida.

Estamos celebrando este Jueves Santo

desde la catedral magistral de Alcalá de Henares.

Hemos abierto con esta celebración este Triduo Pascual.

Ya en el sigo en el siglo IV,

San Ambrosio hablaba del triduo Sacro para referirse a las etapas

de los últimos días de vida de Cristo.

Lo veremos estos días.

El sábado por la noche viviremos la vigilia.

Y el domingo la resurrección.

(Coro)

(Coro)

Su carne y sangre, mi vida.

Un santo y dulce manjar.

Triduo Pascual que nosotros continuamos mañana

a las 5:00 de la tarde.

También desde esta catedral de Alcalá de Henares.

Celebraremos el Viernes Santo la Pasión del Señor.

Cuando terminemos la celebración esta tarde, iremos hasta Cuenca.

Allí podremos participar de la procesión de Paz y Caridad.

Jueves Santo,

como nos recordaba el obispo,

en la homilía recordamos la institución de la misa,

la Última Cena de Jesús con sus discípulos.

También la institución del sacerdocio,

de los ministros que lo hacen presente en medio

de la comunidad cristiana.

Recordando el gesto del lavatorio de los pies

aquel día.

(Música)

También, esta tarde,

la misa de Jueves Santo el papa Francisco

la ha celebrado con unos presos en una cárcel de Roma.

También él ha hecho este gesto

de lavar los pies a un grupo de presos.

Habiendo amado a los suyos, los amó hasta el final.

Día está la vida por cada uno de nosotros si quiere esto.

Decía el papa Francisco a los presos,

que Dios la dan los pies a los discípulos.

Era una costumbre de la época.

Antes de las comidas.

No había asfalto y la gente llevaba polvo en los pies.

Era uno de los gestos por los que se conocía los esclavos.

No les digo que se laven los pies entre ustedes,

les decía el papa.

Sino que lavatorio es símbolo de dar un servicio a un compañero.

No es una ceremonia folclórica,

decía el papa Francisco. Es un símbolo para recordar

lo que nos ha dado Jesús. Es un símbolo para recordar

el amor de Dios.

Al terminar esta tarde la misa de Jueves Santo

haremos un gesto especial.

Se trasladará a Cristo desde la eucaristía hasta el Monumento.

Hoy los sagrarios están abiertos, están vacíos.

Pero hay un lugar en las iglesias,

ese Monumento,

que recuerda al sepulcro de Jesús.

Allí será reservada la eucaristía que será llevada en procesión.

Oremos.

Concédenos todopoderoso que la cena de tu hijo,

que nos alimenta en el tiempo,

nos llegue a saciar en la eternidad de tu reino.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

Trasladamos al lugar preparado el cuerpo del Señor.

El pan de la eucaristía que será distribuido mañana,

Viernes Santo.

En la celebración de la tarde, a las cinco,

en memoria de la pasión y muerte del Señor.

La eucaristía se va a reservar con solemnidad para la adoración

de los fieles.

Nuestra permanencia ante el santísimo Sacramento

en oración silenciosa y contemplativa

serán la repetición de aquella larga sobremesa del Señor

con los suyos después de la cena la noche de la institución

de la eucaristía.

(Música)

(CANTAN EN LATÍN)

Que cante la lengua ese misterio glorioso.

Que el rey de las naciones, fruto de un vientre generoso derramó...

Cantemos al amor de los amores,

cantemos al Señor.

Dios está aquí.

Venid, adoradores.

Adoremos a Cristo Redentor.

Gloria a Cristo Jesús.

Cielos y tierra, bendecid al Señor.

Honor y gloria a ti.

Rey de la gloria.

Amor por siempre a ti,

Dios del amor.

Gloria a Cristo Jesús.

Cielos y tierra,

bendecid al Señor.

Honor y gloria a ti,

rey de la gloria.

Amor por siempre a ti.

Dios del amor.

El diácono coloca en el Sagrario

la eucaristía y aquí permanecerá

hasta mañana, la tarde del Viernes Santo.

(CANTAN EN LATíN)

(CANTAN EN LATÍN)

Alabado sea el santísimo Sacramento.

-Por siempre sea alabado.

-Venga a nosotros tu reino.

Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

-Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos

a los que nos ofenden.

No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal.

-Dios te salve María, llena eres de gracia,

el Señor es contigo,

bendito eres entre todas las mujeres y bendito

es el fruto de tu vientre.

-Santa María, madre de Dios,

ruega por nosotros, pecadores,

ahora y en la hora de nuestra muerte amén.

-Gloria al Padre, al Hijo y al espíritu Santo.

-Danos hoy nuestro pan de cada día,

perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos

a los que nos ofenden.

No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal.

-Diocesano de María, llena eres de gracia,

el Señor es contigo,

bendito es el fruto de tu vientre,

Jesús.

-Santa María, ruega por nosotros,

pecadores.

Ahora y en la hora de nuestra muerte, amén.

-Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

-Alabado sea el santísimo Sacramento.

-Sea por siempre alabado.

Se cierra el Sagrario.

Se le entrega la llave al obispo.

En todas las iglesias están esos monumentos

que se han preparado.

Esperándonos también a cada uno de nosotros.

Podemos acercarnos para vivir esa tradición

de visitar monumentos.

Mañana, volveremos aquí, a esta catedral

de Alcalá de Henares.

Celebraremos el Viernes Santo, la pasión del Señor.

Será a las 5:00 de la tarde en La 2 de TVE.

Aquí les esperamos si así lo desean.

Ahora pueden continuar viendo la procesión desde Cuenca.

Tarde de Jueves Santo.

Jesús nos ha mostrado,

nos decía el obispo de Alcalá de Henares,

que nos está esperando en el Sagrario.

También para hablarnos

y para dialogar con cada uno de nosotros.

Nosotros les dejamos ahora con Juan Carlos Ramos.

Desde Cuenca nos va a llevar para que podamos, también nosotros,

disfrutar de las procesiones desde Cuenca.

Buenas tardes, Juan Carlos.

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Semana Santa 2017 - Triduo pascual - Jueves Santo (Alcalá de Henares)

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