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No recomendado para menores de 7 años Seis Hermanas - Capítulo 487 - ver ahora
Transcripción completa

Necesitamos dinero.

Yo no creo que pueda ayudarles en eso.

En la caja fuerte siempre suele haber algo de dinero.

Mañana pediré un préstamo que pagaré con los beneficios de las bodegas.

Prometo devolver hasta el último céntimo.

No entiendo por qué la gente hace esas cosas.

Simón es un buen hombre. Se llama odio.

Este mundo castiga a los diferentes.

Lo ha conseguido.

-Entonces, ¿cantarás para mí? -Sí.

Sí. Voy al despacho a buscar unas partituras.

Ni siquiera tenía pensado dejarte jugar esa partida.

El dinero que llevábamos, para las cantidades

que se movían a esas horas, era muy poco.

Y menos, para recuperar las tierras.

No debería haberlo movido. Habría sido mejor no hacerlo.

Si se muere o si, simplemente, le pasa algo,

habrá sido mi culpa. No.

Quede con Marina en algún parque cercano, solitario.

Y cuando estén solos y nadie pueda verla,

mátela.

Por muchas palizas que me den,

nadie me va a callar la boca.

Yo voy a seguir mostrándome como soy.

Lo que no sé

es si tú serás capaz de hacerlo.

Cariño, ¿no crees que deberíamos hablar?

No hay nada de qué hablar.

Lo de anoche fue una locura. Pero ahora que has descansado,

podríamos hablar más tranquilos. -¿Descansado? ¿Tú has dormido algo?

Yo me he pasado la noche en vela pensando

en lo que ha pasado. No tenemos nada.

Voy a recuperar esos viñedos como sea.

No. Tú solo sabes perder las cosas.

Yo me encargaré de recuperarlos. -¿Cómo? Anoche ya lo intentamos.

Voy a ir a la fábrica a devolver el dinero.

Y luego, hablaré con los bancos, con amigos, con antiguos clientes.

No sé. Haré lo que haga falta para recuperar los viñedos.

Solo quiero que sepas que estoy arrepentido.

Ah, bueno. Me dejas más tranquila.

Acabas con el futuro de nuestras hijas,

pero no pasa nada porque Salvador Montaner está arrepentido.

Aún puedo solucionar este embrollo.

No. Tú quédate con tus hijas y disfruta

del poco tiempo que te queda con ellas.

Porque, quizás, no vuelvas a verlas.

¿Pero qué estás diciendo?

Que no solo has perdido los viñedos.

También has perdido a tu familia.

Cariño, por favor, no dramatices.

Estoy harta, Salvador. Harta.

Si esta es la vida que me espera de sobresalto en sobresalto,

no quiero seguir así. No confío en ti.

Tú y yo no nos podemos separar

porque nos queremos de verdad. -Eso ya no basta.

Adiós.

(Se cierra la puerta)

Cuánto has tardado.

Me moría por verte. -¿Cómo sabías que iba a venir?

Sabía que lo harías, después lo que ha pasado.

Si he venido, ha sido porque tu carta me ha preocupado.

Quería asegurarme de que estabas bien.

No estoy bien.

He pasado la noche fuera.

Ni siquiera he pasado por casa.

¿Te has pasado la noche en vela?

Pensando en ti.

Y en los obstáculos que nos intentan poner

para que no seamos felices. -Nadie los ha puesto.

Están ahí. Siempre han estado ahí

y no podemos hacer nada. -Sí podemos.

No hay nada que pueda impedir el amor entre dos personas.

Haz el favor de no hablar

como una niña. -¿Por qué me hablas así?

¿Es que ya no me quieres?

Es que no se trata de eso.

Somos hermanos. Nuestro amor debería ser solo fraternal.

Pero no lo es. Y a mí, que seamos hermanos, me da igual.

Y si me quieres, a ti tampoco debería importarte.

No debería haber venido.

Algo me decía que no debía verte nunca más.

Gonzalo, si no te veo nunca más, me muero.

Yo te amo.

Eres el hombre de mi vida.

Y lo único que hay que hacer, es olvidar el día de ayer.

-No podemos hacer eso. -Sí que podemos.

Somos libres. Podemos huir.

Podemos irnos a un sitio donde nadie nos conozca,

donde podamos ser felices lejos de las convenciones.

Es que no son convenciones, son lazos de sangre.

Pero nadie sabría qué lazos nos unen.

Nosotros sí que lo sabríamos.

Yo sabría que estoy amando a mi hermana.

Y no puedo. -¿No me quieres?

Dímelo.

Gonzalo, vámonos mañana.

Vamos a luchar por nosotros.

Velasco, ¿cómo estás?

No he dormido nada y anoche no me dieron caramelos, la verdad.

Vine en cuanto me enteré, mi madre me dijo

que te vio en el hospital. Sí, sí.

Bueno,

al menos parece que todo se quedó en un susto.

¿Un susto, eso crees?

Hombre,

por lo que me contó mi madre esperaba verte mucho peor.

No me preguntas por Simón.

Velasco, mi amigo eres tú, es normal que me preocupe por ti.

Simón está en el hospital, muy grave,

ha estado a punto de perder la vida,

pero, a ti te parece que tuvimos suerte porque todo fue un susto.

Lo lamento. Nadie puede garantizar

que Simón sea la misma persona que era antes del incidente.

Bueno, esto ya no corre a cuenta tuya,

sino de los médicos, no puedes hacer nada,

deja esto y descansa en casa.

No pararé hasta dar con los agresores.

Velasco, haz el favor, deja esas fichas.

No, sé que están aquí, solo tengo que revisar

las fichas para reconocer los rostros.

¿Por qué crees que están fichados?,

a lo mejor eran unos simples borrachos.

¿A qué viene esa preocupación por los agresores?

¿Los conocías, puedes ayudarme a reconocerlos?

¿Yo?

Sí, los agresores estaban en el Ambigú.

Creo que tú hablabas con ellos.

¿De qué hablas? Y, luego, al rato me dijiste,

con gran desprecio, que Simón y yo deberíamos tener

más cuidado y comportarnos con más disimulo.

Velasco, solo te di un consejo y para nada te hablé con desprecio.

Gabriel, no me mientas. Solo te dije que...

que no me parecía bien ni sensato que Simón se pavonee de esa manera

y ya ves dónde le ha llevado.

¿Y hasta qué punto te desagrada su comportamiento?

¿Qué insinúas?

¿Encargaste tú que esos maleantes nos dieran una paliza?

Pero, ¿de qué hablas, Velasco?

A mí, apenas me pasó nada, pero, con él se han cebado.

Si descubro que tú has tenido algo que ver con todo esto,

te aseguro que no pararé hasta que acabes en la cárcel.

¿Tú crees en el destino?

Yo ya no sé en qué creer.

Yo, sí creo.

Y que tú y yo nos hayamos conocido

entre medio de millones de personas y nos hayamos enamorado

eso significa algo.

No sabíamos que éramos hermanos.

Significa que está escrito, Gonzalo.

Que es el destino.

Elisa, si seguimos adelante,

nos estaremos enfrentando a la ley de Dios.

¿Y por qué Dios ha querido que nos conozcamos?

No podemos vivir en pecado.

Pero, tampoco, podemos dar la espalda al amor;

Gonzalo, el mayor riesgo entre una relación

de hermanos es tener hijos,

pero, yo no puedo tenerlos.

Vas a conseguir que ponga en duda mis principios.

Es que, a lo mejor, esos principios

no son tan sólidos como nos han enseñado.

Necesito tiempo, ahora, no sé qué decir.

No tenemos tiempo, Gonzalo, tenemos que irnos mañana.

Pues, mañana tendrás mi respuesta.

Si comprendo que no puedo vivir sin ti,

te llevaré conmigo a Boston

y allí empezaremos una nueva vida.

(CANTA) #Mi amor.#

Magnífica, sublime,

¿Entiendes, ahora, lo que siempre te digo?,

esa voz tiene que sonar en Milán, Londres y Buenos Aires.

No digas esas cosas, Luis,

me haces tener sueños

para los que no sé si estoy preparada.

Por supuesto que estás preparada,

con mi ayuda llegarás donde te propongas.

¿Tú crees?

Siempre lo he creído.

María ha muerto.

No puede ser verdad.

He hecho todo lo que he podido.

Yo no te he dicho que no nos interrumpieras.

Espera, Luis, deja que Blanca adecente el cuerpo,

tú, quédate conmigo. ¿Por qué?

Porque hay algo muy importante

que debemos hablar, confía en mí. Vale, siéntate

y no nos interrumpas más. Confía en mí.

Escúchame,

esa muerte, esa muerte puede ser el fin de todo,

de mi carrera, de tus sueños y de los míos.

¿Qué voy a hacer yo sin ti?

¿Adónde voy si te meten en la cárcel?

Tú tienes a tu marido.

Mi marido.

¿Un moribundo?,

que jamás se preocupó por lo que más me gusta

en este mundo, la música. ¿Lo ves?, eso te pasa

por casarte con el hombre equivocado.

Ya lo sé,

por eso tenemos que irnos, tenemos que irnos lejos.

Sácame de aquí, sácame de España.

Vámonos lejos.

¿Cómo sé que no me estás engañando?

París, Londres, Buenos Aires, tú lo has dicho.

Llévame a todos esos lugares.

Nueva York, Ciudad de Méjico.

Sí.

Pero, no hay tiempo que perder, Luis,

vámonos antes de que descubran a María.

¿Es posible que esto esté sucediendo de verdad?,

por fin entendiste que soy el hombre que necesitas.

Sí, sí, cariño, sí.

Pero, vámonos antes que alguien lo descubra y arruine todo.

Está bien. Vámonos lejos.

Espera, espera.

Antes hay algo que tengo que hacer.

No podemos dejar testigos.

Tengo que matar a Blanca.

Pero, señor, vaya horas de llegar a casa.

Bueno, ha sido una noche de locos, Rosalía.

Primero, ese poeta amigo de Celia

y, después, todo lo de mi hermano.

¿Cómo se encuentra don Rodolfo?

Muy grave y con el tratamiento nuevo no mejora.

Lamento mucho oír eso,

pero, usted debería descansar o, también, caerá enfermo.

Dormiré algo antes de volver al hospital.

¿Quiere una tisana? No, pero, dígale a Blanca

que estoy aquí, quiero hablar con ella.

Doña Blanca no está aquí. ¿Cómo que no?

Anoche durmió en casa de los Loygorri

y esta mañana aún no ha vuelto.

Pero, ella debería estar de vuelta,

es fundamental que Amalia vaya a ver a mi hermano.

No quiero ponerme en lo peor, pero, podrían quedarle

pocos días y no me perdonaría

que no se despidiera de ella. Ah.

¿Señor? ¿Blanca no telefoneó

en toda la mañana? No.

¿Ni para preguntar por Dolores?

Es muy extraño.

Tranquila, tranquila.

Tranquila, yo me encargo.

No, no. Suéltame, tranquila, suéltame.

No.

¡No! ¡Ah!

Amalia, suéltame, qué haces.

No puedes matar a Blanca.

¿Qué pretendes, dejar un testigo de la muerte de la criada?

Te caerán dos muertes en vez de una.

Pero, qué más da una que dos,

si me detienen, me condenarán igual.

Nuestra única posibilidad es matarla, quítate.

No lo permitiré. ¿No te das cuenta, cariño?,

si quieres que te ayude en tus sueños, apóyame en esto,

es nuestra única posibilidad.

(Teléfono) ¡Ah!

Quietas.

Seguro que es Cristóbal.

Sabe que estoy aquí, además,

si no lo cojo, sospechará.

Tú, ya no tienes que preocuparte por eso.

¡No!

Si la matas, no me iré contigo.

¿Qué, pero, esto qué demonios significa?

Luis,

si matas a Blanca, tendrás que matarme a mí, también,

y renunciar a nuestro futuro juntos.

No responde nadie, no lo entiendo.

Tal vez... tal vez doña Amalia

y doña Blanca vayan camino del hospital.

¿Y el servicio, por qué no responde María?

Pues, no se me ocurre nada, señor, no lo entiendo.

El caso es que ayer cuando hablé por teléfono con ella,

la noté algo nerviosa y lo achaqué a la situación

de mi hermano y a estar con Amalia, pero, ya no sé qué pensar.

Será mejor que vaya a casa de mi hermano, así salgo de dudas.

¿Cree que puede haber pasado algo malo?

Esperemos que no, la informo en cuanto sepa algo más.

(Teléfono)

Residencia de la familia Silva, ¿dígame?

Ah, señora. ¿Es Blanca?

Habla de secuestros y disparos, quiere hablar con usted.

Blanca, Blanca, ¿qué ocurre?

Cándida, tendremos que hablar en voz baja

porque Elisa está descansando.

Ha estado toda la noche y parte de la mañana por ahí

y, por fin, la convencí

para que se eche un rato y descanse.

¿Y quién puede descansar con lo que está pasando?

Lo dices como si tú no fueses

la culpable de todo este especie de terremoto.

Tú, también, tienes algo que ver en todo esto, ¿no crees?

Sabes a lo que me refiero,

ese secreto tantos años guardado.

No me regañes que ya tengo bastante con mi hijo.

El otro día me dio un bofetón

y me dijo que no quería volver a verme nunca más.

Un muchacho con mucho carácter, por lo que veo.

Te tengo que pedir un favor,

estoy desesperada y no sé qué hacer.

Sabes que si está de mi mano, lo haré.

Quiero que hables con Gonzalo,

que le expliques que todo lo que he hecho

en mi vida, ha sido por él

para que no le faltara de nada

y tuviera una buena educación, por favor.

Me estás pidiendo un imposible.

Lo que te estoy pidiendo es que te comportes,

por primera vez con él, como un padre.

Y me lo pides ahora, ¿eh?,

después de haber estado tantos años en la ignorancia.

Te advierto que podía estar

tan agraviado y sentirme peor que tu hijo.

Por eso, te será más fácil llegar a él.

Por favor, Ricardo, no tengo a quién acudir.

También, con Elisa tuviste que aprender

a ser padre a marchas forzadas. Bueno, hice lo que pude.

No quiero perder a mi hijo,

a nuestro hijo.

Está bien, está bien, lo haré.

Gracias.

Hace apenas unos días estaba con un pie en la tumba

y, ahora, debo ejercer de padre de un hijo

que ni siquiera sabía que existía.

Ay, la vida es asombrosa.

Aquí tiene, Benjamín,

y muchas gracias por el favor de anoche.

Vaya, lo siento,

eso quiere decir que no pudieron recuperar las tierras.

piden más dinero.

Sí, también, es una desgracia

para su marido perder las tierras de esta manera.

Yo creí que ya había dejado el juego.

Y yo, también, pero, el juego es un vicio

que no desaparece nunca, permanece agazapado

esperando su momento.

¿Y qué va a hacer?

Esta mañana me recorrí

todos los bancos para pedir un crédito.

¿Y?

La mayoría ni siquiera me quisieron recibir

porque soy una mujer

y los que me han escuchado, me dijeron lo que ya suponía,

que sin un aval, no me pueden dejar dinero.

Bueno, no se preocupe,

usted siempre ha sabido encontrar una solución.

Esta vez, no.

Esos viñedos son el futuro de mis hijas

y no sé cómo recuperarlos.

¿Y qué dice don Salvador de todo esto?

Me da igual lo que diga, no pienso verle jamás.

¿De verdad le ha dicho eso?

Es lo mínimo que puedo hacer,

dejó sin sustento a mis hijas, no tenemos nada.

Bueno, mire, no me quiero meter donde no me llaman, pero,

bueno, mejor me callo.

No, no, hable usted, a ver si veo las cosas con claridad.

Pues, ahora, que pasamos por una situación tan difícil,

no es el mejor momento para separarse.

Ni siquiera puedo mirarle a los ojos.

Bueno, ustedes siempre han formado una pareja muy unida.

Ya sé que él ha metido la pata,

pero, ahora, se necesitan

más que nunca para salir de este embrollo.

Me ha demostrado mil veces que no puedo confiar en él,

cualquier día me apuesta a mí en una timba.

Mire, solo les digo que no tomen una decisión desde el enfado

por muy justificado que sea,

hasta en la fábrica siempre ha sido fría,

ha tomado las decisiones con calma.

Solo le pido que haga lo mismo con su matrimonio.

No sé cómo lo hace, pero, cada día que pasa está más joven y más guapa.

¿Por qué me cita aquí?, ya sabe que mi tiempo vale dinero.

Anoche no estaba tan codiciosa.

Han cambiado muchas cosas desde anoche.

De hecho, creo que debería irme. No, por favor, espere.

Tengo dinero para pagar sus servicios.

¿En serio, cómo lo ha conseguido?

Me he cobrado una antigua apuesta.

Me gustaría que me acompañase a una reunión con amigos,

es una pequeña fiesta.

Aquí tiene la dirección.

Nos veremos allí.

Un sitio un poco extraño para una fiesta.

No es el lugar de la fiesta,

desde allí nos iremos juntos.

¿Y por qué no me cita allí, directamente?

Porque sería, para mí,

un placer ir acompañado de su brazo.

No es capaz de encontrar una mujer sin tener que contratarla.

Usted es la mejor y lo sabe, tiene mucha clase,

inteligencia y seducción.

Nos veremos allí.

Marina, Marina, ¿irá?

Tú ya no te escondes ni por vergüenza.

Pero, ahora, ¿qué pasa, Salvador? ¿Qué pasa?

Lo perdí todo, no solo los viñedos, también, a mi mujer.

¿Y, también, tengo la culpa?

Confié en ti por nuestra amistad,

pero, solo eres un muerto de hambre que quería estafarme.

¿Acaso te obligué que te sentaras a la mesa?,

siempre te creíste mejor que todos,

no seré nadie, Salvador, pero, tú, tampoco.

No te quiero volver a ver nunca más, ¿me oyes?

Nunca más.

María.

Blanca. Ay, Cristóbal, por Dios.

¿Estás bien?

(LLORA) Ya está, ya pasó, ya está, Blanca.

Dios mío.

Creí que no volvería a verte nunca más.

Bien, bien, bueno.

¿Te encuentras bien?

Sí, pero, no sé dónde está Amalia, Luis se la llevó.

¿Dónde se la llevó? No lo sé, no lo sé.

No lo sé.

María.

Todo esto fue idea de Amalia, Luis estaba solo con ella

y le hizo creer que lo que más deseaba era huir con él.

Todavía tiene el pulso muy bajo.

De no ser por Amalia, ahora, estaríamos muertas las dos.

Hay que llamar al hospital.

Yo le saqué la bala, pero, no soy médico, Cristóbal,

y lo hice con el material que tenías en el despacho.

Mi amor, escúchame,

si está viva es por ti,

¿de acuerdo?, llama a una ambulancia, rápido.

Sí. Vamos.

Estuvieron aquí, Celia,

les habían pegado una paliza horrible.

Velasco está bien, pero, no, Simón está fatal.

No, escucha, no les robaron.

No, solo les pegaron por ser diferentes.

¿Te das cuenta de lo que eso significa, Celia?

Sí.

Nosotras podríamos ser las siguientes.

Tú, siempre piensas así, pero, yo tengo miedo.

Sí, Celia, tengo miedo.

La gente no soporta

lo que es diferente, lo que no entiende.

Celia...

Espera, no, escucha, tengo que colgar,

ha venido un cliente.

Adiós.

A ver, ¿a qué venía tanta prisa? ¿Para qué querías verme?

-Nos vamos a Valencia. -No te entiendo, Cata.

¿Pero tú no decías que querías quedarte en Madrid?

He cambiado de opinión, quiero que nos vayamos ya.

-¿Cómo que ya? -Sí, luego voy a la pensión

y... y preparo el equipaje. Tú puedes ir a por los billetes.

Parece que estemos huyendo de alguien.

¿Estamos huyendo de alguien? -Yo te lo explico, pero...

por favor, ayúdame y... y tú te encargas de los billetes.

No me voy a mover de aquí

hasta que no me expliques qué está pasando.

¿Por qué me ha citado?

¿Me dará un discurso de lo que me conviene?

(RÍE) No tengo mayor interés en... en ejercer de padre

a estas alturas de mi vida.

Yo tampoco tengo ningún interés en ejercer de su hijo.

Bueno, aun así, tu madre me ha pedido que hable contigo.

-Ya. -Está sufriendo mucho, Gonzalo.

Para ella, tú eres lo más importante del mundo.

-Me ha destrozado la vida. -No te ha destrozado nada, Gonzalo.

Eres un hombre joven, ni sabes la cantidad de cosas buenas

que te pueden pasar en la vida. -Aun así, no pienso perdonarla.

Yo solo intentaba alejarte del dolor y la incomprensión.

Me hace creer que es una empresaria de éxito

cuando regenta un burdel.

Después, me esconde que tengo una hermana de la que me enamoro.

Y tampoco me dice que mi padre está vivo.

De todas sus mentiras, esta última es la que mejor comprendo.

Te aseguro que, al alejarte de mí, te hacía un favor.

¿Tan pernicioso es usted?

Bueno, ahora me ves mayor e indefenso,

pero no habría sido un buen padre para ti.

Bueno, ni para nadie. (RÍE)

Para Elisa sí lo es.

También ella me llegó tarde.

Y tampoco sé si he sido un buen padre para ella.

Pues ahora sería un buen momento.

¿Por qué lo dices?

Elisa me ha pedido que... que huyamos juntos

y que vivamos nuestro amor como si nada.

Pero eso no puede ser, ya lo sabes, sois hermanos.

Lo sé, pero a Elisa no le importa.

¿Y tampoco le importa abandonar a un padre enfermo sin despedirse?

Como verás, mi hija no es la persona más sensata del mundo.

No, pero sabe ser muy convincente.

Pero tú sí eres sensato y sabes que eso es imposible,

que no puede ser, ¡sois hermanos!

Hable con ella porque, si me lo vuelve a pedir

con la misma pasión, no respondo a mis actos.

Soy capaz de irme con ella. -¿De qué aberración hablamos?

¡Ni se te ocurra!

Tú querías casarte conmigo cuanto antes.

Y ahora que yo también quiero, ¿te entran dudas?

No, no, a ver, yo dudas no tengo.

Pero llevas dándome largas desde que volví del frente.

Y, ahora, de repente, te han entrado las prisas.

Pues quiero que me lo expliques, no entiendo nada.

Está bien.

Es la paliza que le han dado al inspector Velasco y a Simón,

que he cambiado de opinión.

Esta ciudad es muy peligrosa y tengo miedo.

¿Tanto miedo como para que nos vayamos corriendo?

Sí. Hay maleantes por todas partes.

En cualquier momento nos podrían asaltar por unas monedas o...

o unos borrachos porque sí. En Valencia seguro que no pasa.

A ver, es verdad que Valencia es una ciudad más tranquila.

Nadie se mete con un vecino. -Es la ciudad perfecta para mí.

-Pero puede ser aburrida. -Yo prefiero la seguridad.

Y también preferirás estar conmigo, ¿no?

-Sí, claro que sí, tonto. -Entonces nos vamos mañana mismo.

Lo que me da pena es irme así sin conocer a Celia.

Me dijiste que venía en unos días, ¿no?

Pero no te preocupes, podemos verla en cualquier momento.

Pues la invitamos a la boda.

Bueno, a ver si quiere y puede venir.

¿Cómo no va a poder venir si es tu mejor amiga?

Y con lo bien que se ha portado contigo,

me parece feo marcharme sin conocerla.

Estoy muy preocupada, me gustaría irme cuanto antes.

¿Te encargas de los billetes? ¿Vas a la estación?

Está bien, voy a comprar los billetes ahora mismo.

Y voy a avisar a mis padres de que llegaremos antes de tiempo.

-Ah, Andrés. -¿Qué?

-¿Me das un beso? -Claro.

Gracias por ser tan comprensivo. Vamos.

(Llaman a la puerta)

¿Se puede?

He estado con Marina. -¿Ya está hecho?

Aún no. Pero la he citado en el lugar que me recomendó.

¿Y ha aceptado?

Le dije que era una fiesta entre amigos,

para que se sintiera más tranquila.

¿Y le ha pedido dinero por adelantado?

No. Pero quería saber que disponía de fondos.

¿Y entonces qué haces aquí?

Ven cuanto tengas noticias que darme.

Es que... necesito que me pague una parte por adelantado.

¿Y cómo sé yo que no te vas a ir con ese dinero

sin haber hecho tu trabajo? -Porque solo le pido un tercio.

Y pretendo cobrar el total. -¿Me has visto cara de prestamista?

Deje de tratarme como si fuera un niño,

que mañana me juego el garrote por usted.

¡Por fin un poco de carácter!

Espero que lo saques mañana con Marina y acabes con ella.

Deme ese adelanto entonces.

Quiero a esa perra muerta.

¡Ah!

Tiene un aspecto horrible. Es mejor que lo dejemos descansar.

Ah...

¿Qué cuchicheáis por ahí?

No, nada, que no tendríamos que hacer ruido para no despertarte,

pero no lo hemos conseguido. ¿A que no?

¿Dónde está Amalia?

(CARRASPEA) Descansa, Rodolfo, no... no hagas esfuerzos.

No entiendo por qué no está aquí conmigo.

Bueno, porque Amalia ha tenido que quedarse en casa.

Dolores está malita y está curándola.

(RÍE) ¿Dolores está malita? ¿Qué le pasa?

Nada, Rodolfo, tonterías. Un poco de fiebre y unas flemas.

Tu hija está como una rosa, ya sabes cómo son las madres,

se preocupan por un estornudo. Sí, Amalia es muy buena madre.

Mejor de lo que jamás habría pensado.

Amalia es una gran mujer, Rodolfo.

Es fuerte y valiente. Y es... una muy buena esposa.

No sabes lo mucho que te quiere.

Anoche pensé que me moría.

Y la eché tanto de menos...

Necesito verla.

Escucha, pronto estará aquí contigo.

Sí. Rodolfo, muy pronto. Ya lo verás.

Y, mientras tanto, pues nosotros cuidaremos de Dolores.

Así que no tienes que preocuparte de nada.

Blanca, ¿ha pasado algo? Por supuesto que no ha pasado nada.

Ah, no me mientas, estás muy rara. No, no está rara, hermano.

Está preocupada por ti.

¿Es eso, Blanca? ¿Estás preocupada por mí?

Claro que sí, Rodolfo. ¿Cómo no voy a preocuparme por ti?

¿Eh? Estamos aquí todos juntos.

Tú siempre has sido muy familiar, no te podrás quejar.

Aquí nos tienes a toda la familia.

Cristóbal, a partir de ahora te tocará a ti

llevar el apellido con dignidad.

Los dos lo vamos a llevar.

Cuando yo no esté será tu única responsabilidad.

Ya sabes lo que decía madre.

(TOSE) Chis, tranquilo.

(MURMURA) Rodolfo.

(TOSE) Ya, ya...

Ya está, ya. Ya está, ya, ya. Ya, mi amor, ya.

-Sí que vienes tarde. -Tenía problemas que solucionar.

Problemas que no he causado yo.

-¿Has conseguido algo? -Confirmar lo que ya sabía,

que los bancos no son hermanitas de la caridad.

¿No nos conceden un préstamo? ¿Cómo puede ser?

Tenemos buena relación por negocios de la fábrica,

o por el parentesco con los Loygorri.

Eso era antes, cuando teníamos algo.

Ahora no tenemos nada y no somos nadie para un banco.

He estado pensando en alguna solución.

Tengo algunos clientes que me deben favores,

podríamos pedirles dinero y eso serviría como aval.

No creo que puedan dejarte tanto dinero.

Tienes razón.

(SUSPIRAN)

Hay otra solución aún más desesperada.

Todavía tengo amigos en mi antiguo negocio de los automóviles de lujo.

Podría... podría poner algunos de ellos a mi nombre.

Eso es cierto que sería una operación un tanto...

Fraudulenta.

Sí. Carlos es notario y podría falsificar el título de propiedad.

Eso... esos documentos al banco le servirían

como aval para el préstamo.

Además de ser un marido irresponsable

que deja sin futuro a sus hijas,

¿quieres convertirte en un delincuente

y poner en riesgo el buen nombre de tu amigo Carlos?

Estoy desesperado.

Y reconozco que no sé qué hacer, pero no me rendiré.

Yo tampoco.

Hay otra solución, pero es más arriesgada

que tus dos propuestas. -¿De qué se trata?

De esta casa.

¿Pretendes poner esta casa como aval?

No. Ya lo he intentado y el banco no la quiere.

¿Qué se supone que vas a hacer con esta casa?

Que te la juegues en esa maldita timba de póquer.

El marido en el hospital con un pie allá y el otro andando.

Y la mujer rehén de un loco.

Mira, Raimundo, ten un poquito más de compasión, haz el favor.

Compasión tengo, pero las cosas son así.

(Se oyen pasos acercándose)

-Buenas. -Hola, inspector.

¿Cómo está su amigo? -Bien, bueno, mucho mejor. Gracias.

Dígame que han detenido a Luis y que Amalia está bien.

Los están buscando, pero creo que aún no se sabe nada.

Yo estoy aquí por otro caso, la agresión que sufrimos Simón y yo

al salir anoche de este café. -Alguno que tomó una copa de más,

como si lo viera. -Había dos hombres...

Dos hombres grandes, corpulentos, sentados creo que en esa mesa.

¿Recuerdan si salieron detrás de nosotros

o si hicieron algo fuera de lo normal?

No, yo no les vi hacer nada fuera de lo normal.

A menos que empinar el codo lo sea. -La verdad, que no recuerdo nada.

Estuve aquí, pero fui con mi hijo al hospital, donde nos vimos.

Sí. Sí, Gabriel se...

¿Gabriel estuvo con usted en el hospital?

Sí, fuimos al hospital, le dolían mucho las piernas.

Luego no fue nada, tenía que descansar y ya.

Ya, que yo sigo en mis trece de que eso fue cosa de frío....

¡Y dale! -En el hospital solo la vi a usted.

Claro, porque Gabriel se fue a casa a descansar

y yo me quedé con don Rodolfo haciéndole compañía

mientras no llegaba su hermano. -¿Y Gabriel se fue directo a casa?

¿Por qué lo pregunta? Supongo que sí.

-¿Lo supone o lo sabe con certeza? -¿A qué vienen esas preguntas?

Estoy intentando saber si pudo reunirse con alguien.

¿No estará usted sospechando que mi Gabriel tuvo algo que ver

con la paliza que les dieron? -Limítese a contestar.

Ahora que me acuerdo, Gabriel se quedó en la habitación

con Rodolfo y, luego, nos fuimos juntos a casa.

Acaba de decir que se fue antes.

No entendí muy bien la pregunta que me había hecho.

Tengo usted la certeza de que Gabriel pasó toda la noche conmigo.

Así que él no pudo ordenar que le dieran ninguna paliza,

y menos dársela él mismo.

Doña Antonia, está cambiando su versión para proteger a su hijo.

No es la primera vez que lo hace.

Entorpecer una investigación policial puede ser delito.

Y molestar a una madre con preguntas absurdas también.

¡Hombre, por Dios! Es su amigo, ¿cómo sospecha de él?

Haga el favor de irse por donde ha venido.

Son muchas horas de viaje hasta Cádiz, descansarás en el barco.

-Déjame sentarme en este banco. -No puedes flaquear.

Piensa en la vida que nos espera en América recorriendo teatros.

Piensa en las ovaciones que te esperan.

¡En nuestro éxito imparable!

Pero no puedo pensar en eso ahora, solo en que no puedo respirar.

-¿Qué te pasa? ¿Qué te pasa, eh? -Me duelen las piernas.

-¿No te estarás arrepintiendo? -No.

Solamente es que estoy agotada, Luis.

Y necesito descansar, me aprietan los zapatos.

¿Solo es eso? (RÍE) ¡Quítatelos, tíralos!

Me da igual. ¡Igual! ¿Entiendes?

Yo mismo te comparé 500 pares cuando lleguemos a América.

La estación está aquí mismo, camina descalza.

El último expreso a Cádiz sale dentro de 20 minutos.

-Está bien, me los quito. -Bueno...

¡Ah!

No te muevas o disparo. -¿Qué haces, Amalia?

-Ah... -Dame eso, dámelo.

Ah...

No tenemos tiempo para tonterías. ¡Nos tenemos que ir!

-No voy contigo a ningún sitio. -Pero si me lo acabas de decir.

¿Me estabas mintiendo?

¡Sí, sí!

Ah, corre. ¡Corre, Luis, huye!

Te doy la oportunidad de no ir a la cárcel. Coge ese tren.

¿Pero adónde voy a ir yo sin ti?

Por favor, vete. Vete y déjame. O disparo.

Vete.

¡Ah, no! (FORCEJEAN)

(AMALIA) ¡Ah!

(Disparo) ¡Ah!

Llevo todo el día pensando, Salvador, no hay más alternativas.

Si nos jugamos esta casa a las cartas y tenemos suerte,

podremos recuperar los viñedos y hasta el cuadro.

¿Y si pierdo? Será el final.

¿Qué haces tú aquí? Solo vine a hacerte una pregunta.

Pues lo que sea dímelo rápido.

¿En algún momento, aunque solo fuese un instante,

me amaste?

¿Está seguro de que son ellos?

Bien.

Eh, ¿sabe... sabe si actuaban por orden de alguien?

¿Seguro?

Bien, muchas gracias.

Has amado a hombres de todo tipo, edad y condición.

¡Y has estado dispuesta a hacer

cualquier tipo de locura por cada uno de ellos!

¡Pues eso palidece ante el hecho de casarte

con tu propio hermano! ¡Tu propio hermano!

Perdone, pero creo que no nos conocemos.

Yo soy Celia, la dueña de la librería y amiga de Cata.

-Andrés, el prometido de Cata. Justo ahora nos íbamos a Valencia.

Nos vamos a casar, si no perdemos el tren.

Andrés, por favor, ve yendo tú y ahora te alcanzo,

tengo que hablar con Celia.

Gonzalo.

¿Y tu maleta?

En el tren.

Esta tarde saldré de regreso a Boston.

Saldremos.

Necesito algo muy valioso para apostar.

Y solo tenemos una cosa de ese valor.

Estas son las escrituras de casa.

Solo jugaremos la casa si vosotras estáis de acuerdo.

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Seis Hermanas - Capítulo 487

20 abr 2017

Las hermanas Silva son el alma de las principales fiestas de la alta sociedad madrileña de la época, en el Madrid de la segunda década del s. XX

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  1. Beatriz

    Que pasó con los capitulos de esta semana???

    29 abr 2017
  2. EFS

    Pues¿ cd lo echen esta tarde. Además es el ultimo.

    21 abr 2017
  3. Adrián

    Y el de hoy??

    21 abr 2017
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