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No recomendado para menores de 7 años Seis Hermanas - Capítulo 486 - ver ahora
Transcripción completa

¿Y si llegado el momento no me atrevo a hacerlo?

Ni siquiera sé cómo se maneja una pistola.

Un disparo hace mucho ruido.

Llamaría la atención.

¿Quiere que la apuñale?

¡Ayúdame!

¡Ayúdame a tumbarle, no se tiene en pie!

¿Qué ha pasado?

Unos hombres nos han golpeado.

Julio.

Quiero cantar contigo, para ti, ahora mismo, si tú quieres.

¿Eh? Pero con una condición.

¿Cuál?

Que nos dejes salvar la vida de María.

¿Qué sabes del hombre que me ganó las tierras?

¿Crees que todavía estará en esa partida?

Es de los primeros en llegar y de los últimos en irse.

Aún estará allí unas cuantas horas.

Si me voy a ir, no quiero hacerlo solo.

Nosotros estamos aquí. No le dejaremos.

Y yo se lo agradezco, pero no son mi familia.

Tienen que ser Cristóbal o Amalia.

No me quiero morir solo.

Por favor, Luis, hay que llevarla al hospital.

¡No!

Hay que sacarle la bala de la herida porque si no la infección

irá a más y morirá.

¡Me da igual, pues que se muera!

¡No quiero seguir hablando de este tema!

Blanca, tú puedes.

¿Yo? Sí.

Ayudabas a Cristóbal en la consulta.

Pero yo veía cómo operaba, yo no...

Da igual, pero puedes.

Cristóbal aún guarda un botiquín en el despacho.

Escúchame, en el despacho hay un botiquín.

-Buenas noches. -Benjamín.

Gracias por venir a estas horas. -Ustedes dirán qué quieren.

Verá, tenemos que pedirle un enorme favor.

-Sí, claro, dígame. -Necesitamos dinero.

Yo no creo que pueda ayudarles en eso.

En la caja fuerte siempre suele haber algo de dinero.

Lo necesitamos. Mañana pediré un préstamo

que pagaré con los beneficios de las bodegas.

Prometo devolver hasta el último céntimo.

No, si no hace falta que dé muchas explicaciones.

En mayores apuros nos ha ayudado usted.

-Bueno, en mayores no sé... -Ya.

(SUSPIRA)

Gracias.

¿Crees que con esto tendremos suficiente para las tierras?

-Si quiere malvenderlas... -¿Es todo el dinero del sobre?

-Sí. -Pues me sabe mal decírselo,

pero yo creo que no se pueden llevar todo el dinero.

-¿Por qué? -Verá usted, señora, anoche,

después que se fuera usted de la fábrica,

se estropeó una de las tejedoras y, tal como estamos,

las necesitamos todas para sacar la producción.

Lo sé.

A ver, yo creo que esto bastará para arreglarla.

-Sí, pero es que eso no es todo. -¿Se ha estropeado algo más?

No, es por el algodón de los portugueses.

-¿Qué ocurre? -Mañana lo entregan a primera hora.

Bueno, eso es una buena noticia, podremos empezar con el...

Con el pedido del hotel, sí.

Pero, para que nos respeten el dinero que usted acordó,

pues hay que pagarles a la entrega y en efectivo.

Ah, es cierto, sí.

Y fue un precio estupendo, todo hay que decirlo.

Estupendísimo, ese día estaba inspirada.

Cariño, tú eres muy buena trabajando.

-Tú te callas. -Sí, me callo.

Con esto espero que sea suficiente.

Sí, ¿y no cree usted que deberíamos reservar un poco más

por algún imprevisto que...? No, no, no, no hace falta.

Ya hemos tenido bastantes imprevistos.

¿Crees que con esto tendremos suficiente?

Quizá le dé para una señal y nos pueda fiar el resto.

Hagámoslo.

Benjamín. -De eso, por favor...

No, tranquila, tranquila, no le diré nada a nadie.

Que tengan suerte. Y dejen, que cierro todo esto.

Gracias.

Elisa, ¿qué pasa? Nos dejaste preocupados con tu última llamada.

Ay, no pensé que vinierais los dos.

Solo quería hablar con una amiga.

Pero no me gusta que Sofía vaya sola de noche por la calle.

Después te acompañaremos a tu casa antes de irnos a la nuestra.

-Gracias. -Para lo que necesitéis,

estoy en la zona de caballeros. -Bien.

Es por Gonzalo.

Sofía, yo sé que tú piensas que...

que estoy sufriendo igual que lo hice por Ciro o por León.

Pero es que no es así, esto es diferente.

¿Por qué?

Porque ahora me doy cuenta de que todo eso eran chiquilladas.

Que lo que siento ahora por Gonzalo es amor.

Eso es el amor, es de verdad.

Elisa, pero es tu hermano.

(SUSPIRA) Es una injusticia.

Mira, no sé si habrá sido Dios, el destino...

Pero ponerme delante de mis ojos al hombre de mi vida

y quitármelo de esta forma, es muy cruel.

Es que no lo puedo comprender.

Es como... como si pusieran mi felicidad al alcance de mi mano.

-Sí. -Y no pudiera cogerla.

Te entiendo mucho más de lo que tú te piensas.

¿Por qué dices eso? Carlos está contigo.

Sí y no, me pasa como a ti.

Ya. Bueno, si lo dices por cómo volvió de la guerra,

yo cada vez le veo mejor. -Ya sé que está mejor.

Ya no tiene tantas pesadillas, está más centrado.

Además, ha vuelto a la notaría. -¿Ah, sí?

-Ajá. -Qué bien.

Pero no sé, Elisa, no... no es el mismo.

Sé que es muy difícil de entenderlo,

pero... es otra persona, no es el de antes.

Ya lo sé.

Me di cuenta cuando hablé con él.

No quise decirte nada porque... porque no quería agobiarte.

Pero Carlos, nuestro Carlos, sigue en Francia.

Y el hombre que tengo en casa, bajo ese cuerpo es otra persona.

Más callado, más triste, menos feliz.

Sofía, pero yo creo que, aun así, tú puedes hacer que Carlos vuelva,

que vuelva a ser feliz, que vuelva a ser el de antes.

Sí, ojalá. Yo noto que me quiere aún

y también noto que quiere mucho al niño.

Pero es que a mí me va a costar

enamorarme de una persona tan diferente.

Lo siento.

Ah, qué egoísta.

Me llamas para hablar de tus problemas

y terminamos hablando de los míos.

Para eso estamos las amigas.

Además, ahora sé que no nos va a costar tanto hablar.

Estamos pasando por lo mismo.

Las dos hemos perdido a nuestro amor.

¿Se pondrá bien? No lo sé.

Ya es suficiente milagro que llegara aquí

con la paliza que le dieron.

No entiendo por qué la gente hace eso, es un buen hombre.

Se llama odio.

Y no es un odio por motivos personales,

sino es algo más primitivo, más terrible.

Odio a lo desconocido, a lo diferente.

¿Y por eso casi lo matan? Bueno, yo he estado en una guerra

y allí matan por mucho menos. Aquí no hay guerra.

Simón no es una amenaza para nadie. Claro que la hay, señorita.

La hay, en otros términos, pero existe.

Verá, mi hermano fue ministro de los conservadores.

Yo por esa época estaba viéndome con una anarquista.

Y le puedo asegurar que se odiaban

hasta el punto de desearse la muerte.

¿Y sabe una cosa? Todavía odian más

a los que se salen de la norma, a los diferentes.

Este mundo castiga a los diferentes.

Doctor. Ya lo he subido a la ambulancia. ¿Vamos?

Por supuesto. Bueno, señorita, muy amable.

Le mantendremos informada.

(Gemidos) Cambia la venda, Amalia.

(AMALIA) Sí.

(MARÍA) ¡Ay! Ya.

(AMALIA) Se está quejando mucho.

Ponle la venda, por favor. Amalia, por favor.

Ya está. Cógele la mano y que no se mueva, por favor.

Blanca.

Blanca, Luis se ha dormido.

Puedo quitarle la pistola.

No, por favor. Te necesito aquí.

Será un segundo. Ya casi tengo la bala.

Pero si se la quito y le amenazo con ella,

podemos llamar al hospital.

Déjame concentrarme. Venga, sácala.

Ya. ¡Ah!

Hay que coserla.

¿Qué pasa?

Lo ha conseguido.

Ya está. Lo hemos conseguido, María.

Entonces, ¿cantarás para mí? -Sí.

Sí. Voy al despacho a buscar unas partituras, eh. Mira.

Te lo devuelvo, como te había prometido.

Ahora vengo.

No es el momento.

No puedo hacerlo.

¿Acaso lo ha intentado?

Sí. Lo he intentado.

Me la encontré en el Ambigú y estaba sola. Me senté a su lado.

Y justo cuando estaba a punto de hacerlo, apareció alguien.

¿Y Marina notó sus intenciones?

No, no. Creo que no. Bueno, no lo sé. Creo que no.

Ha sido solo cuestión de segundos.

Si esas personas llegan a entrar más tarde,

me habrían descubierto con la daga en la mano

y el cuerpo de Marina a mi lado.

Entonces, el problema no es que le falte

coraje y determinación, sino cerebro.

No estoy para aguantar insultos.

¿A quién se le ocurre intentarlo en un café?

Estaba sola. Ya se lo he dicho.

Pero podría haber entrado cualquiera.

Por Dios. Tenerle que explicar yo esto.

¿Tiene cómo pagarme sus deudas?

Ya sabe que no.

Creo que esta es la única forma de que lo pueda hacer.

Y me imagino que ya se habrá dado cuenta

de que es mejor no tenerme en contra.

Dígale que van a ir a una fiesta.

Quede con Marina en algún parque cercano, solitario.

Y cuando estén solos y nadie pueda verlo,

mátela.

Inspector. ¿Cómo está?

Hemos conseguido drenar el edema.

Al menos, de momento va respondiendo.

¿Puedo verlo? No. Aún no.

Le están cerrando las suturas y limpiando las heridas.

Cuando pueda pasar, yo le aviso. Cristóbal.

Se va a recuperar, ¿verdad?

Es pronto para saberlo.

No tiene lesiones en la médula,

pero los golpes en la cabeza y la inflamación...

De verdad, me parece inaudito que recuperara el sentido

y pudiera llegar a la librería a pié.

No debería haberlo movido.

Habría sido mejor no hacerlo. Ya.

No sé. Pensé que era... que era la mejor opción.

No venía nadie. No podía cargar con él.

Lo entiendo. No tiene de qué disculparse. Hizo lo que pudo.

Que, desde luego, no fue lo mejor.

Usted no lo habría hecho. No es justo

que se comparte conmigo. Soy médico.

Ya. Pero hice mal. Hizo lo que pudo, se lo he dicho.

Si se muere

o si, simplemente, le pasa algo, habrá sido mi culpa.

No, no. Será culpa de quienes le han dado la paliza.

A usted también me gustaría examinarle.

Le han golpeado en la cabeza.

Doctor, su hermano. ¿Qué ocurre?

Le ha dado como un ataque y no podía respirar.

Tranquilo. Hemos avisado a otro médico y le ha examinado.

Parece que está mejor. Pero insiste en hablar con usted.

De acuerdo. Inspector. Vaya.

Ya me he enterado de lo de su amigo el poeta.

Lo siento mucho.

Gracias, Antonia. Gracias.

Pero no esté triste, Velasco, que ya verá cómo se pone bien.

Si en este hospital está en las mejores manos.

Si no es solo por eso.

Es que si le pasa algo, habrá sido culpa mía.

Sé cómo se siente.

Sé lo que es fallarle a alguien a quien quieres

cuando más te necesita.

Es todo lo que he encontrado.

Ayúdame a encontrar una partitura que vaya bien con tu voz.

Confío más en tu criterio.

Luis, me gustaría descansar un poco.

Está siendo una noche muy larga.

¿Cómo está? Le está bajando la fiebre.

Menos mal. Sí. Pero hay que esperar

a ver cómo evoluciona.

Tiene que verla un médico cuanto antes.

Creo que ya sé cómo vamos a salir de aquí.

Gonzalo.

No le imagina aquí a estas horas y con este ambiente.

He venido a acompañar a mi mujer que ha quedado

con Elisa en el club femenino.

Necesitaba hablar con una amiga.

Y, bueno, supongo que a usted le pasará lo mismo.

Bueno, cualquier sitio con jaleo es bueno

cuando no se puede dormir ni pensar.

Si necesita hablar con alguien.

Usted ya sabe lo que me pasa.

Elisa es el amor de mi vida,

pero ese amor es un pecado, algo impensable.

Si le consuela, le diré que yo también he hecho

cosas impensables en la guerra.

Y por difícil que parezca, llega un momento

en que desaparecen y dejan de atormentarte.

Así que, según usted, el pecado no tiene castigo,

ni siquiera deja remordimientos. -Sí.

Pero con el tiempo, desaparecen.

Pero luego llega lo peor.

Eso que has hecho, te cambia por completo.

Y ya no vuelves a ser el mismo.

-¿Usted se siente así? -Yo veo fotos mías

de hace un par de años y... y no me reconozco.

Es como... es como si estuviera viendo las fotos de otra persona.

Eso suena terrible.

Lo es.

Lo siento.

Bueno, pero aunque no lo crea, tiene su parte buena.

¿Cuál?

Creo que me estoy volviendo a enamorar

de mi mujer por segunda vez.

Eso está muy bien.

Aunque no sé qué me puedo aplicar de todo esto a mí.

Mi caso es muy diferente.

Yo creo que la opción que se le plantea a usted ahora,

no es si debe seguir con Elisa o no.

Sino decidir el tipo de hombre que quiere ser en el futuro.

Pero, bueno, ya se me ha hecho tarde.

Voy a regresar con mi mujer.

Si nos quiere acompañar... -No.

Y no le diga a Elisa que me ha visto.

Está bien.

¿Está ahí?

Sí.

Es un cretino y un sinvergüenza.

¿Viste con qué desprecio miraba nuestro dinero

y se reía de nosotros? Casi le arranco los ojos.

Porque te agarré a tiempo.

Fuiste muy diplomática.

Ni siquiera tenía pensado dejarte jugar esa partida.

El dinero que llevábamos para las cantidades

que se movían a esas horas, era muy poco.

Y menos para recuperar las tierras.

Y se ve que no era tonto. Sabía perfectamente

el valor de las tierras con la casa y las bodegas.

Un dinero que no tenemos. Ni siquiera esta casa vale tanto.

Al menos, tenemos una oportunidad.

Nos ha dicho que no piensa vender la casa hasta pasado mañana.

¿Pero cómo vamos a conseguir esa fortuna en solo dos días?

No lo sé.

Mañana... es decir, dentro de un par de horas,

veremos las cosas con más claridad.

Ha sido una noche muy larga.

Dile a Rosalía que te dé unas mantas.

Así que esta noche duermo en el sofá.

Hay bastantes habitaciones en esta casa.

No es necesario que todo el mundo se entere

de que hemos discutido, ¿no te parece?

Solo espero que mañana veas las cosas con más claridad.

(Llaman a la puerta)

Señora, le traía un poco de tila.

Me ha parecido que les iría bien antes de acostarse.

Déjela ahí, doña Rosalía. Muchas gracias.

Y a Salvador se la puede llevar a su nueva habitación.

Veo que se han peleado.

Necesito estar sola para tomar una decisión.

¿Respecto a los viñedos? -Respecto a Salvador.

Antes era él quien dudaba de mí por culpa de la fábrica.

Y yo renuncié a ella para demostrarle que le quería.

Ahora tengo la sensación de que me he equivocado.

¿Qué le dice su corazón?

Mi corazón me dice que Salvador es el hombre de mi vida.

Pero la vida no para de decirme

que mi corazón se ha equivocado de hombre.

¿Y qué va a hacer?

No lo sé.

Despierta, Simón.

Despierta, por favor. Despierta.

(Llaman a la puerta)

Llevan toda la noche haciéndole pruebas.

Le han tomado la temperatura, el ritmo cardiaco,

le han sacado sangre. No me diga que no sabe nada aún.

Lo siento, inspector, pero cada paciente marca unos tiempos.

La medicina es así.

La buena noticia es que está vivo.

Es sorprendente que usted se mantenga en pié,

tras la paliza que le dieron.

Está claro que se ensañaron con él.

O que yo tengo la cabeza más dura.

Escúcheme. ¿Por qué no se va a casa?

Se lava, se cambia de ropa y descansa un poco.

No. No. No pienso moverme hasta que despierte.

Aunque tenga que pasarme toda la vida junto a esta cama.

Eso que dice es muy bonito, pero no tiene ningún sentido.

Usted también ha recibido lo suyo.

Vaya a casa a descansar, necesita recuperarse.

Ya me han examinado y estoy perfectamente.

Además, lo que le ha ocurrido es por mi culpa.

Le he dicho que no. Usted obró bien.

Sabe perfectamente quiénes son los culpables.

¿Por qué no me deja hacer mi trabajo y usted hace el suyo?

Trate de identificar a los culpables.

Cuando me ponga a buscarlos, no pararé hasta dar con ellos.

Pero ahora mi sitio está aquí.

No le quiero engañar, inspector.

No sé cuándo va a despertar su amigo.

Ni siquiera sé si lo hará.

Y si lo hace, hay que ver en qué condiciones.

¿Qué quiere decir?

Los golpes en la cabeza y el edema pueden haberle afectado

las capacidades motoras y mentales.

¿Quiere decir que quizás tenga daños de por vida?

No volverá a andar o se no podrá reconocer

a sí mismo, no podrá reconocerme a mí...

Estamos sujetos a cualquier posibilidad.

Hay que mantener la calma.

Oyéndole, no es fácil.

Lo sé. Y sé que hasta que despierte,

no podemos hacer otra cosa.

Por eso, trate de ser paciente.

¿Cómo? ¿Cómo se puede hacer eso?

Él estaba lleno de vida y ahora...

Espere un momento. Espere. Simón.

Permíteme. Simón.

¿Simón? Simón, míreme.

Aquí. Simón, ¿me reconoces? Di algo.

¿Sabes quién soy? Simón.

¿Sabe dónde se encuentra?

Con esta horrorosa decoración,

un convento...

o un hospital.

Muy bien.

Qué médico tan guapo.

No pongas esa cara, Federico.

Tú eres mucho más guapo.

¡No! ¡No!

Todo esto es de principiantes.

Ninguna de estas partituras está

a la altura de tu gracia y de tu voz.

Luis, estoy agotada. Necesito descansar.

-Esta. -No puedo seguir ensayando.

Esta sí. Esta se adapta muy bien a tus cualidades vocales.

Ah, mira. Tiene la tesitura perfecta.

Apenas hemos dormido. No me sale la voz.

Cuando se tiene un don, hay que cultivarlo sin descanso.

María se está muriendo. Hay que llevarla al hospital.

¿Pero no le habíais sacado la bala? Sí, le saqué la bala.

Pero yo no soy médico. Se lo hice lo mejor que pude.

Este tipo de operaciones hay que hacerlas en un hospital.

Está bien. Vamos a hacer una cosa, ¿de acuerdo? Entre los tres.

Nos vamos a olvidar de ella, es una simple criada.

-Luis...

Ten un poco de compasión. -¡Ya está bien de chácharas!

Ahora vamos a ensayar, ¿eh? Tú, ocúpate de la criada. Vamos.

Y no nos interrumpas. Por supuesto que yo me ocupo.

Pero necesitamos cambiar el agua.

Está llena de sangre después de la operación.

¿El agua? Sí.

Luis, solo quiere que cambiemos el agua.

Por favor. Por favor.

Está bien. Está bien. Id.

Vamos.

Amalia.

Tú vigílala bien, eh. Y tú no intentes nada,

porque, entonces, no la voy a dejar morir.

La voy a matar con mis propias manos.

Vamos. No tardéis.

¿Qué te pasa? No, nada.

Que he tenido un mareo. Supongo que es de la tensión

de todos estos días.

(GIME)

Cuéntame la idea que tenías para salir de aquí, Amalia.

Blanca, es una locura. Pero es nuestra única opción.

Tenemos que intentarlo.

Tendrás que seguirme la corriente. Sí. Está bien.

Ven.

Yo no quería hacerte daño, eh.

Yo no quería hacerte daño.

¿Pero tú por qué has intentado escapar? ¿Eh?

¡Eres tonta!

Blanca, es nuestra única opción. Es muy peligroso.

Escúchame.

Escúchame. La que se va a poner en peligro, soy yo.

Tú solo sígueme la corriente. Bueno, ¿y tú crees

que voy a consentir que hagas eso?

Tienes un marido que te quiere y una hija maravillosa.

Blanca, de eso quiero hablar contigo.

Necesito que me prometas que si me pasa algo,

vas a cuidar de mi niña. Por Dios. No digas eso.

Por favor. También necesito que me prometas

que vas a estar con Rodolfo hasta el final.

Y que si pregunta por mí, vas a justificar mi ausencia

de la manera más delicada que se te ocurra.

No quiero, bajo ningún concepto, que sepa lo que me ha pasado,

pero me horroriza que piense que le he abandonado.

Amalia, él nunca pensaría eso de ti.

Quiero que los últimos días de Rodolfo

estén llenos de paz y de tranquilidad.

Prométeme que vas a estar con él. Prométemelo.

Lo siento, Amalia, no puedo.

No quiero que te sacrifiques tú para salvarnos a María y a mí.

No es justo. Blanca.

Tú me dices que yo tengo una niña.

Pero es que tú también la tienes. ¿Qué estás diciendo?

Escúchame.

Estás embarazada. No, por favor.

No juegues con este tema. Lo he pasado muy mal.

El mareo que has tenido no es por cansancio.

Tienes una vida aquí dentro. Yo lo sé.

Tienes las mejillas sonrosadas y estás preciosa y radiante,

como la otra vez. Y deberías estar pálida o ojerosa.

(LUIS) ¿Dónde estáis?

¡Ya vamos!

De verdad, creo que nos estamos volviendo locos aquí dentro.

Blanca, tú eres un ángel para mí.

Y te has portado conmigo como una hermana.

Por favor, deja que salde esta deuda contigo.

Confía en mí.

(LUIS) ¡Venid ya!

Vamos. ¡Sí, ya vamos!

(LUIS) ¡Venid ya o la mato!

Muchísimas gracias.

-Vamos a seguir con el ensayo.

¡Tú, no nos interrumpas!

Repasa la partitura. -Sí.

Luis,

estamos todos muy cansados y muy tensos con todo esto.

Yo quiero cantar, yo quiero ensayar para ti

y... que lleves mi voz a lo más alto.

¿Eh?

Vamos a ensayar.

Está bien. Gire lentamente el cuello

a un lado y hacia el otro.

Eso es. Despacio.

Siente molestias, ¿verdad? Un poco.

Es normal.

Tiene la nuca rígida y las cervicales inflamadas.

Y el habla un poco pastosa.

Así que voy a prepararlo todo para hacerle un chequeo

de las funciones cognitivas y motoras, ¿de acuerdo?

Inspector, ¿se va a quedar? Sí.

Voy a subir a la segunda planta.

Si surge cualquier problema,

avise al celador del pasillo. De acuerdo. Gracias.

¿Cómo estás? ¿Estás bien?

¿Me reconoces? ¿Sabes quién soy?

El amor ha puesto bridas en mi corazón,

como un camellero pone bridas en su camello.

Benditos versos.

Recitar con el habla pastosa tiene su mérito.

No. Es que no tienes que hablar. Tienes que descansar.

Yo no me callo ni debajo del agua. ¿Todavía no me conoces?

Te voy conociendo más deprisa de lo que esperaba.

En todo lo malo que nos pasa,

incluso en el peor de los horrores,

siempre hay un rayo de luz que aparece de pronto.

¿Pero cómo puedes ver un rayo de luz en esto?

Nos han dado una paliza brutal. A ti por poco te matan.

Mi rayo de luz eres tú.

Yo casi te mato, pero al moverte.

Pero me has salvado.

Y no sabes lo feliz que me he sentido

al verte a mi lado al despertarme.

¿Me permites una hipérbole?

Ahora mismo, puedes decir hipérboles, metáforas,

metonimias, símiles, lo que te dé la gana.

Verte a mi lado al abrir los ojos,

ha sido el momento más bonito de mi vida.

O muy triste ha sido tu vida, cosa que dudo,

o muy grande es esta hipérbole.

¿Cómo te iba a dejar solo ahora? ¿Por quién me has tomado?

Pero si este momento no tiene nada de particular.

A mí ya me han partido la cara muchas veces.

Hasta tú has tenido ganas de hacerlo.

Sí. Al principio, sí.

Pero por muchas palizas que me den,

nadie me va a callar la boca.

Yo voy a seguir mostrándome como soy.

Lo que no sé

es si tú serás capaz de hacerlo.

Vas a tener que enseñarme.

Yo también tengo que aprender algo de ti.

¿El qué?

A protegerme de los golpes.

Yo estoy hecho un trapo y tú estás como una rosa.

Yo te enseñaré.

Aún no me has contestado.

¿Estás dispuesto a mostrar tus sentimientos con valentía?

¿Puedo contestarte con una hipérbole?

Me encantan las hipérboles.

Voy a estar junto a ti toda mi vida,

pase lo que pase.

Técnicamente, eso no es una hipérbole.

Claro.

Pero...

me ha gustado mucho más.

Se merece un beso largo, pero...

no me puedo mover,

porque tengo rigidez en la nuca,

como ha dicho el doctor ese tan guapo.

Tienes suerte. Yo sí que puedo.

Solo quiero que sepas que estoy arrepentido.

Ah, bueno. Me dejas más tranquila.

Acabas con el futuro de nuestras hijas,

pero no pasa nada porque Salvador Montaner está arrepentido.

Aún puedo solucionar este embrollo.

No. Tú quédate con tus hijas y disfruta

del poco tiempo que te queda con ellas.

Yo te amo.

Eres el hombre de mi vida.

Y lo único que hay que hacer es olvidar el día de ayer.

-No podemos hacer eso. -Sí que podemos.

Somos libres. Podemos huir.

Nadie puede garantizar que Simón sea la misma persona

que era antes del incidente.

Bueno, esto ya no corre a cuenta tuya,

sino de los médicos, no puedes hacer nada,

deja esto y descansa en casa.

No pararé hasta dar con los agresores.

¿Por qué crees que están fichados?,

a lo mejor eran unos simples borrachos.

¿A qué viene esa preocupación por los agresores?

¿Los conocías?

Bueno, ustedes siempre han formado una pareja muy unida.

Ya sé que él ha metido la pata,

pero, ahora, se necesitan

más que nunca para salir de este embrollo.

Me ha demostrado mil veces que no puedo confiar en él,

cualquier día me apuesta a mí en una timba.

Tengo dinero para pagar sus servicios.

¿En serio, cómo lo ha conseguido?

Me he cobrado una antigua apuesta.

Me gustaría que me acompañase a una reunión con amigos,

es una pequeña fiesta.

Aquí tiene la dirección.

Nos veremos allí.

-Nos vamos a Valencia.

-¿Pero tú no decías que querías quedarte en Madrid?

He cambiado de opinión, quiero que nos vayamos ya.

-¿Cómo que ya? -Sí, luego voy a la pensión

y... y preparo el equipaje. Tú puedes ir a por los billetes.

Parece que estemos huyendo de alguien.

-En el hospital solo la vi a usted.

Claro, porque Gabriel se fue a casa a descansar

y yo me quedé con don Rodolfo haciéndole compañía

mientras no llegaba su hermano. -¿Y Gabriel se fue directo a casa?

¿Por qué lo pregunta? Supongo que sí.

-¿Lo supone o lo sabe con certeza? -¿A qué vienen esas preguntas?

Estoy intentando saber si pudo reunirse con alguien.

¿Blanca no ha telefoneado en toda la mañana?

No. ¿Ni para preguntar por Dolores?

Es muy extraño.

Vámonos lejos. -Espera.

Espera.

Antes hay algo que tengo que hacer.

No podemos dejar testigos.

Tengo que matar a Blanca.

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Seis Hermanas - Capítulo 486

19 abr 2017

Las hermanas Silva son el alma de las principales fiestas de la alta sociedad madrileña de la época, en el Madrid de la segunda década del s.XX

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  1. Raquel

    No comprendo como siguen viéndola hasta el final, casi 500 capitulos, si es tanto mala como disen...

    24 abr 2017
  2. Mariola

    Eva ya lo ha dicho todo. Yo no me hubiera expresado mejor.

    21 abr 2017
  3. Cáu Machado

    Boa tarde, Adoro a série. Fascina.me.O casal Blanca /Crystobal são adoráveis. Parabéns.

    20 abr 2017
  4. Merche

    Eva, tiene toda la razón! La serie empezó muy muy bien. Buen planteado el argumento, original situación, un magnífico reparto de actores, vestuario, decorados... Serie elegante y entretenida! Pero, me pregunto si la única manera de acabar con un personaje/actor es matándolo??? Se hizo bien con Francisca(de viaje)...! Y toda esta masacre?? Pierde gracia e interés... Creo que muy pocos, por no decir ninguno de los actores/actrices de la serie, no han pasado por la cárcel y/o la habitación del hospital que tienen tan amortizada(siempre el mismo set, con cama o despacho en diferente posición)!!! Lo dicho, echaremos de menos el inicio de la serie, entretenida, original en la defensa de los valores femeninos, elegante y muy cuidada!

    20 abr 2017
  5. Eva

    hasta en las finales los guionistas se pasan de ineptos, pero la idea es matar a todas las hermanas???? ó que las que quedan sean infelices????, porque esa vida perversa para todas??? Sres. que resentimiento por Dios, cuantos enfermos, muertos, locos, es necesario todo este drama para terminarla??? la convirtieron en un terrible bodrio hasta el final. que pena se cargaron la serie y ni en la final hacen algo coherente y bueno. una lamentable verguenza sres. guionistas, por favor no escriban mas novelas, es mejor que se dediquen a otra cosa.

    19 abr 2017
  6. Ana

    Cada día son más cortos los capítulos....

    19 abr 2017