www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.10.1/js
3984948
No recomendado para menores de 7 años Seis Hermanas - Capítulo 485 - ver ahora
Transcripción completa

Don Julio no me ha gustado nunca.

Y sé que a usted tampoco. Pero, hasta que ha pasado

todo don Salvador no se ha caído de la burra.

También le digo que el pobre está haciendo

todo lo posible para recuperar el cuadro.

Espera, espera, espera.

¿Cómo que para recuperar el cuadro?

Estoy dispuesta a ayudarle económicamente

con sus problemas de liquidez, como usted los llama,

y a pagar todas sus deudas siempre y cuando usted

se comprometa a ayudarme.

Quiero que mate a Marina.

Te prometo... te prometo que haré todo lo que sea

para hacerte feliz, que voy a luchar por ti

y te voy a dar la vida que te mereces.

Porque te quiero, Cata.

Creí que habías dejado atrás tu pasado de timbas y apuestas.

¿Se te ocurre alguna idea mejor

para recuperar el cuadro? -Comprarlo.

Lo he intentado por las buenas y no quiere.

Volveré a la mesa.

¡Eh, no!

¡Eh!

¡Eh!

¡Vete!

¡Por favor! ¡María!

Escalera de color...

¡Simón! ¡Simón, por Dios, reacciona!

Estás vivo.

Estás vivo y no voy a dejar que te vayas. ¿De acuerdo?

No voy a dejar que te pase nada.

Tiene que verte un médico.

Vamos allá.

Enseguida.

Con lo delgado que pareces, pesas lo tuyo.

¡Simón!

Simón, necesito que me ayudes.

Tienes que ayudarme para ayudarte.

Simón, no te puedes morir aquí. Por Dios, no te puedes morir.

¡Simón! ¡Simón!

¡Simón! ¡Simón! Simón, ¿estás bien?

¿Qué ha pasado?

Estás horrible.

(RÍE) Eso es porque no te has visto a ti.

Vamos, tenemos que ir a un hospital a que nos vean.

¡Ah! -¿Qué? ¿Qué te pasa?

La cabeza. -¿Qué?

Es como si...

como si me fuera a reventar.

¡Ah!

Vamos, nos tienen que ver.

Vamos, ayúdame. Ayúdame.

Tenemos que llegar a un hospital cuanto antes.

Ayúdame. Eso es, eso es.

Eso es, vamos.

¡Ah!

(RESOPLAN)

Elisa.

Deja. Ya lo hago yo. ¿Cuántas gotas llevas?

-Doce. Y son quince. -Lo sé.

Te la he visto preparar mil veces.

-¿Ya no le tiemblan las manos? -No.

Y eso que hace unas semanas no podía ni revolver el azúcar en el café.

Y creo que ahora hasta podría enhebrar una aguja.

-¿Se está curando, padre? -Bueno,

una enfermedad es imparable, pero...

digamos que mi final tardará más tiempo en llegar. Y todo...

gracias a ti y a tus cuidados.

Ojalá pudiera hacer lo mismo contigo y ayudarte a que te sientas mejor.

-¿Y cómo?

-Pues haciendo...

que te olvides de Gonzalo.

-¿Y si en lugar de barrer mi memoria,

pudiésemos borrar la del resto del mundo?

¿Y si Cándida no le hubiera contado la verdad?

Si le hubiera pasado algo, sí.

Si le hubiera pillado un tranvía...

-Pero, Elisa, ¿por qué dices una cosa así?

-Padre, respóndame a eso.

¿Qué hubiera pasado si Cándida no le hubiera contado

Gonzalo y yo somos hermanos? -No lo sé...

Que nos habríamos casado. Y seríamos las personas más felices del mundo.

-Pues gracias a Dios que no es así y que os habéis enterado a tiempo.

-Padre, podemos guardar el secreto.

-Pues claro que no.

-¿Por qué? -¡Porque es tu hermano!

Sería algo antinatural, Elisa.

-¿Es antinatural?

-Con el sí.

-Pensé que usted me entendería.

Pero ya veo que no.

-¿Adónde vas, Elisa? -¡A la calle!

-Pero es muy tarde. -¿Y que más me va a pasar?

Lo siento.

(SUSPIRA)

No.

¿Cómo se te ocurrió apostar los viñedos?

Porque tenía un póquer.

¿Tú sabes cuántas veces se ve un póquer en una partida?

¿Cómo voy a saberlo?

Yo no juego a las cartas.

Y un póquer

y una escalera de color en la misma mano

...es algo extraordinario.

¿Entonces debería sentirme afortunada

por haber visto algo así?

Qué pena que al haber perdido todo

se me hayan quitado las ganas de celebrarlo.

Deberías entenderlo.

Tenía una mano segura.

Por eso le provoqué para apostar.

Nunca pensé que yo podría llegar a perder.

Es que...

¿Cómo puede haber lugares así?

No sé, quizás podríamos denunciar a ese hombre.

Por apropiación indebida o algo así. -No.

No seríamos los primeros en intentarlo.

No solo no recuperaríamos las tierras,

sino que tendríamos que pagar los gastos del juicio.

-Que haya sitios así donde...

puedes perderlo todo de un plumazo...

Me parece absurdo.

Y lo es.

Pero por eso va esa gente.

Es tan rica y poderosa que solo consiguen emoción así,

apostando verdaderas fortunas que pasan

de mano en mano a lo largo de toda la noche.

-¿Toda la noche?

Entonces, ¿todavía estarán allí?

-Si yo me fui de allí es porque no tenía nada más que apostar.

Entonces, aún no está todo perdido. Vamos.

-¿Adónde?

-Primero, a ver al verdadero responsable de todo esto.

-A ver si con esto se tranquiliza un poco.

Le he hecho una pregunta muy sencilla,

pero visto lo nervioso que está, ya me temo la respuesta.

No sé si merece la pena que le haya dado un whisky tan caro.

Necesito ese dinero.

Pues entonces ya sabe lo que tiene que hacer.

Pero lo que no entiendo es por qué no contrata

a alguien con más experiencia en estos asuntos.

¿A un matón?

No, eso lo haría Ricardo.

Pero estoy segura de que si yo

contratara a uno de esos se creería con el derecho

de cobrarme en especie. ¿Comprende?

¿Y qué problema tiene con ello?

Que esa gente es escoria.

Nada que ver con la clientela habitual de este local.

Aquí no sólo importa el placer,

sino que venga envuelto en discreción y elegancia.

Y yo no quiero que esa gente venga aquí luego.

¿Pero por qué yo?

¿Quién iba a sospechar de alguien como usted,

elegante y educado?

Nadie podría imaginar que haría una cosa así.

Quizás porque no sea la persona más indicada para hacerlo.

Desde luego que no lo es.

Y por eso se lo pido.

¿Sólo porque no resultaré sospechoso?

No sólo por eso.

Porque cuando acabe estará tan asustado

que no querrá volver a saber nada de mí ni de esta casa.

Y se irá muy lejos, créame.

Y este asunto quedará enterrado de por vida.

¿Y si llegado el momento no me atrevo a hacerlo?

Ni siquiera sé cómo se maneja una pistola.

No, yo no había pensado en eso.

Un disparo hace mucho ruido.

Llamaría la atención.

¿Quiere que la apuñale?

Usted suele intimar con Marina, ¿no?

Véanse en un lugar discreto.

Tarde, que no haya mucha gente.

Ella lo verá nervioso.

Y usted se aprovechará de eso

y le dirá que no se encuentra bien,

que necesita que lo abrace.

Ella perderá el conocimiento inmediatamente

y usted podrá marcharse sin que nadie lo note.

Yo tendré un problema menos y usted una buena cantidad

de dinero que gastarse donde le dé la gana.

¿Qué me dice?

Señorita Elisa, la tienda está cerrada.

-Ya, ya me lo imaginaba a estas horas. Es solo que...

Bueno, he visto la luz y he decidido entrar por si pasaba algo.

Celia sigue en Barcelona, ¿no?

-Sí. Sí, está bien.

Bueno, estaba colocando las últimas cosas.

-Yo antes trabajaba aquí,

cuando todavía era una tienda de ropa.

Aunque no tenía muy buenos recuerdos, la verdad.

Intentaron asesinarme y...

y poco después mataron a mi hermanastra,

que era la dueña.

Fue horrible, la verdad.

-Algo me contó Celia.

-Por eso estás aquí, ¿verdad? ¿Por Celia?

-¿Qué quiere decir?

-Está de viaje.

La echas de menos y...

todo esto te recuerda a ella. Por eso te cuesta volver a casa.

-Claro.

-Pues no sabes cuánto os admiro...

y os envidio.

-¿Y eso por qué, señorita?

-Yo he conocido a muchos hombres en mi vida,

pero es que no he tenido suerte.

Y sé lo difícil que es encontrar el amor,

pero el amor de verdad,

cuando...

cuando sabes que una persona está hecha para ti,

igual que tú estás hecha para ella.

Pero es que hay algo peor que no encontrar nunca ese amor:

tenerlo.

Y cuando por fin lo encuentras,

que te lo quiten.

¿Y por qué?

Pues por cosas absurdas.

Por el qué dirán, por las costumbres,

por vivir en un mundo que todavía no sabe lo que es el amor,

no lo comprende, no sabe amar.

Es que no sabes lo que es...

tenerlo todo...

y que de repente no tengas nada.

-La entiendo.

-No.

Tú tienes a Celia.

Vosotras sí sois valientes y por eso os admiro.

Porque lucháis por vuestro amor y por vuestra vida,

sin importar nada más.

Espero que tengáis la felicidad que a mí se me ha negado,

de verdad.

Bueno, Cata, lo siento.

Es que a veces me pongo un poco pesada.

Pero...

gracias por escucharme, de verdad.

¿Te pasa algo, hijo?

Me duelen las piernas.

Si es que ya te he dicho que ibas muy deprisa,

y con todas esas cuestas...

Los médicos dijeron que tenía que caminar.

Sí, pero no tanto ni tan apurado.

¿Y no será por el frío? Que a mi tío Evaristo

los juanetes le matan con estos cambios de tiempo.

¿Tu tío Evaristo ha tenido un accidente de coche

en el casi se queda sin poder andar?

No. Pues cállate esa boca antes de hablar

de lo que no sabes.

Madre, no sea tan dura con él.

Yo tampoco creo que sea la caminata,

que más larga me las he dado estos días.

Y es cierto que hace más frío.

Y humedad, que para los huesos es malísima.

Claro, y hay luna llena,

y nos hemos cruzado con un cojo.

No, si aquí por hablar todo el mundo sabe de todo.

¿Y adónde va ahora, madre? -Adónde vamos.

Tú te vienes conmigo. Vamos a preguntar

a los que de verdad saben de esto, que son los médicos.

Ya no son horas.

Que sí, siempre hay médicos de guardia.

Esto con unas friegas y un carajillo se le pasaba.

Pero yo... -O no, Raimundo. O no.

Además, el Dr. Loygorri te dijo que si notabas algo raro

fuéramos inmediatamente. Y eso vamos a hacer.

Vamos.

Y tú, recógeme todo esto y me ordenas el almacén.

Sí.

¿Estás?

(GIME DOLORIDO)

Cuidado.

Marina, qué casualidad.

Sí, es cierto.

Eh...

Le noto preocupado. ¿Le ha pasado algo?

Deudas.

Pensé que una partida de cartas

me ayudaría a cubrirlas, pero...

ganar algo de dinero.

Pero lo único que he hecho ha sido aumentarlas.

Pues si lo que necesita es dinero a mí no me mire.

No, no. No necesito dinero.

Lo único que quiero es sentir

que soy importante para alguien.

¿No le parece extraño?

Puedo entender cómo se siente.

Yo también me he sentido así muchas veces.

Hoy no verá en mí al hombre divertido de otras noches.

Quizás a mí tampoco me haga falta ese hombre.

Nos parecemos más de lo que usted cree.

¿Pero qué le ocurre? Está temblando.

Eh...

Abráceme.

¡Julio!

Bueno, yo me marcho. Ya sabe dónde encontrarme.

Pero, Marina...

¿Qué hacías con esa mujer?

Ya no estoy en su casa y puedo hacer lo que me venga

en gana y con quien me venga en gana.

Y ahora si me disculpan...

¡Chis! ¿Adónde crees que vas?

Tú nos has metido en un lío y tú nos vas a sacar.

Si yo se lo dije. No quiero...

Tiene mucha fiebre.

Si nos dejara llevarla al hospital...

No, por favor, no se lo vuelvas a decir.

Lo pondrás más nervioso todavía.

¿Qué estáis mirando?

Nada. Está cada vez peor, Luis.

¡Pues que no hubiese intentado escapar!

¡Es lo mismo que os va a suceder a vosotras dos

si lo intentáis! ¿Entendido? -Sí.

De acuerdo.

Voy a... voy...

Lo siento, pero no lo entiendo.

No entiendo por qué está haciendo todo esto.

Blanca, yo creo que ni siquiera él lo sabe.

Si no hubiera dicho algo o hubiera intentando algo.

Así funciona la desesperación.

Él lo ha perdido todo: su trabajo, sus sueños.

Está enfermo.

Cuando yo estaba en el arroyo

hubiera sido capaz de cualquier cosa,

desde dejarme morir bajo un puente

hasta matar por un mendrugo de pan.

¡Madre mía! ¿Qué le pasa?

Que tiene mucha fiebre. La herida se está infectando.

Pero podemos volver a limpiarla otra vez, ¿no?

Se la acabo de limpiar.

El problema es que la bala sigue dentro.

¡María!

¿Qué pasa? ¿Qué le pasa a esta ahora?

Por favor, Luis, hay que llevarla al hospital.

¡No, no!

Por favor, hay que sacarle la bala de la herida

porque si no la infección irá a más y morirá.

¡Me da igual, pues que se muera!

¡No quiero seguir hablando de este tema!

Blanca, tú puedes.

¿Yo? Sí.

Ayudabas a Cristóbal en la consulta.

Pero yo veía cómo operaba, yo no...

Da igual, pero puedes.

Cristóbal aún guarda un botiquín en el despacho.

Escúchame, en el despacho hay un botiquín.

Luis. Luis, Luis...

Eh...

¿por qué no me dejas que yo intente

sacar la bala de la herida?

¿Eh?

¿Te parece?

Lo intentamos, ¿eh?

¿Te parece bien?

Sí. Tú tranquilo.

Tú quédate aquí, ¿De acuerdo? Sí.

Tú tranquilo, quédate aquí con ellas

y yo voy a buscar el botiquín. ¿De acuerdo?

Lo siento mucho, pero yo no tengo la culpa

de que os jugaseis las tierras.

Lo hizo para recuperar el cuadro.

¿Quieres que te denuncie a la policía por ese robo?

¿E ir a la cárcel?

Al menos tendría qué cenar y dónde dormir.

¿Tan mal estás?

Me da igual cómo esté tu amigo.

Lo único que quiero es que nos ayudes a solucionar

todo este embrollo.

Esto se solucionaría fácilmente con dinero.

A mí me gustaría ayudaros, pero no puedo.

Ni siquiera he terminado de pagar este traje.

Julio, tú conoces a esa gente.

¿Qué sabes del hombre que me ganó las tierras?

Es como yo,

sólo le interesa el dinero.

Las malvenderá para poder seguir pagándose sus vicios

y seguir apostando.

¿Crees que todavía estará en esa partida?

Es de los primeros en llegar y de los últimos en irse.

Aún estará allí unas cuantas horas.

Pero deberíais de daros prisa antes de que las apueste

y vuelvan a cambiar de mano.

Vamos.

¿Pero adónde vamos a ir?

No tenemos dinero y los bancos están cerrados.

Sé cómo conseguirlo.

Señorita, con la Pensión del Ángel.

Sí. Sí, creo que está en la Calle Ángel.

Póngame con el huésped de las habitación 37.

Se llama Andrés.

¡Cata! ¡Cata, por favor, ayúdame! ¡Ayúdame!

¡Ayúdame a tumbarle, no se tiene en pie!

¿Qué ha pasado?

Unos hombres nos han golpeado.

Simón.

¿Por qué? ¿Para robaros?

No, no, no. Qué va, qué va.

Qué va, estábamos...

estábamos en un portal y estábamos besándonos.

No sé, creo que esa gente nos seguía desde el Ambigú.

¿Y os han dado una paliza sólo por esto?

Sí.

Simón. -Dios mío.

Íbamos de camino al hospital y ha vuelto a tener

un dolor de cabeza y se ha desmayado.

He visto que había luz y...

Menos mal que estabas aquí.

No podía dejarlo en mitad de la calle.

Simón. Simón.

Hay que llamar a alguien.

Hay que llamar a alguien...

(RESPIRA NERVIOSO)

¿Se puede?

Antonia, ¡conde!

No esperaba su visita, pero se la agradezco.

-Gracias. -Mi hijo no se encontraba bien.

Bueno, no... no es nada.

Un calmante y un poco de reposo.

Tengo que tomarme la rehabilitación con más calma.

Y el médico nos ha dicho que estaba usted aquí y...

y nos hemos acercado para ver si estuviera despierto,

pues por saludarle.

Ah, pues muchas gracias.

Por eso y, ya que están aquí, por permitirle a mi mujer...

volver a cantar en el Ambigú.

No, hombre, por Dios, por eso no tiene que darnos las gracias.

Si al público le encanta, la adoran.

¿Saben? Al principio, me oponía a que volviera a cantar,

supongo que lo asociaba a su vida anterior.

Pero luego la vi tan sonriente

y parecía como si brillara en el escenario.

Me tiene que prometer que, cuando yo no esté,

ustedes harán todo lo posible por que recupere esa sonrisa.

-Descuide. -Ay...

¿Saben algo de ella? Llevo aquí tres días

y todavía no ha venido a verme. -Pues la verdad es que no.

Hace unos días que no se pasa por el café.

Cristóbal y Blanca dicen que no me preocupe, que...

que está bien, pero...

(TOSE)

¿Qué le pasa? ¿Se encuentra bien?

-Madre, vaya a buscar a Cristóbal. -Me cuesta respirar.

-Voy a por el médico. -Antonia, que...

que sea Cristóbal, por favor. -Sí.

-Y que avise a Amalia. -Voy.

-Vaya. (RODOLFO TOSE)

Respire, respire, Rodolfo, respire.

(RESPIRA CON DIFICULTAD)

Cada vez tiene más fiebre y respira muy lento,

deberíamos haberle llevado al hospital.

No, no hubiéramos podido cargar con él.

Mi amigo Andrés me contó que en la instrucción le dijeron

que si alguien recibía un golpe en la cabeza,

mejor no moverlo y esperar a un sanitario.

No sé si fue buena idea dejarlo aquí.

(Se oyen pasos acercándose) ¡Dios mío!

Gracias por venir tan rápido. No hay de qué.

Vamos a ver, ¿qué ha ocurrido? Nos... nos han golpeado.

Ya, ya, ya veo. Más tarde le examinaré a usted.

Sí, pero él está peor, yo solo recibí un par de golpes

y perdí el conocimiento. ¿Perdió el conocimiento?

Sí, pero él está peor. Le han dado patadas,

se han cebado con él. ¿Golpeó la cabeza contra el suelo?

Eh, no... no lo sé, ya le digo, fue todo muy rápido.

-Doctor, ¿qué le pasa? No lo sé.

No lo sé, podría ser un edema craneal.

¿Y eso qué es? Eso es líquido, seguramente sangre.

Tengo que drenar, pero no tengo el material.

Lo llevaré al hospital. Le ayudaré, entre los dos.

No, ni hablar. Hay que llamar a una ambulancia,

¿puedo usar el teléfono? Nosotros iremos más rápido.

Podría tener vértebras dañadas o el cerebro dañado por el edema.

Si no lo trasladamos como es debido, podría morir.

Eso es. Tranquilo, ¿lo ve? Ya se encuentra mejor.

-Sí, gracias. -Ahorre fuerzas.

(Se oyen pasos acercándose)

-Ahora viene un médico a atenderle. -Ya, pero, Antonia, ¿es Cristóbal?

-No he conseguido dar con él. -Pero por qué, ¿dónde está?

El médico que venga le atenderá tan bien que su hermano.

-No se trata de eso. -¿De qué se trata?

Si me voy a ir, no quiero hacerlo solo.

Ay, no diga usted eso.

Nosotros estamos aquí, no le dejaremos.

Y yo se lo agradezco, pero... pero no son mi familia.

Tienen que ser Cristóbal o Amalia.

No me quiero morir solo.

Haré lo que esté en mi mano para encontrarles.

Tiene mi palabra.

Disculpe.

¡Madre!

Ah, discúlpeme un segundo. -Vaya, vaya.

(LLORA)

Madre, madre, ¿qué le pasa?

Es que yo... (LLORA)

Yo lo sabía y me dolía, pero...

nunca lo había visto tan claro hasta... hasta hoy,

así, tan de cerca.

Pero, mujer, ¿de qué habla?

De mi Enrique.

Tu padre murió en el sanatorio, lejos de nosotros.

Solo. Solo, Gabriel.

Amalia, voy a necesitar que me ayudes.

Sí. Va a perder mucha sangre,

así que necesito que me vayas pasando

el material que te vaya pidiendo. Sí.

¿De acuerdo? Sí.

Vamos allá. El bisturí.

Coge... ¡No, no!

¿Qué demonios está haciendo? Eh, tranquilo, tranquilo.

¡No, no, no! No permitiré que jueguen con cuchillos.

Dámelo. Luis...

¡Dámelo! Luis, por favor, Luis, de verdad...

¡No, no! No, no, no, no.

No puedo permitir que intenten algo contra mí.

Dámelo muy despacio.

Luis, por favor... ¡Dámelo!

Así no se puede, así no se puede.

(RESPIRA NERVIOSO)

Espera. ¿Qué vas a hacer, Amalia?

Déjame.

¿Estás segura? Sí.

Don Luis. -¿Qué quieres?

Eso mismo me pregunto yo en todo este tiempo, ¿qué quieres?

Y creo que ya lo sé.

Al principio pensé que se trataba de mí como mujer.

No quiero tomar por la fuerza lo que no quieras darme.

Ya cometí ese error una vez. -No es eso, ya lo sé.

Todo esto empezó cuando me fui del Ambigú, ¿a que sí?

Y cuando te echaron y te separaron de tu música.

Puede parecer insignificante, pero yo he dado recitales, muchos.

He formado a grandes estrellas de la ópera,

he sido director del conservatorio.

Pero ese sitio, el piano,

tú, era lo único que me quedaba.

Ya lo sé. Y no es insignificante.

La música es música, se toque donde se toque, ¿a que sí?

Y una melodía puede ser igual de bonita

en la Scala de Milán que en un café-teatro de barrio.

Yo lo sé. Y lo sé porque siento lo mismo que tú.

No juegues conmigo.

No. No, Luis.

Los dos somos iguales.

Yo quería cantar contigo porque lo necesitaba.

Y lo sigo necesitando.

Me gusta mucho vivir en esta casa acomodada,

pero no me hace tan feliz como la música.

¿Por qué me cuentas eso ahora?

Pues porque quiero cantar, quiero cantar contigo y para ti.

Ahora mismo, si tú quieres.

¿Eh? Pero con una condición. -¿Cuál?

Que nos dejes salvar la vida de María, por favor.

¡No, no, no, no!

No puedo poner un cuchillo en vuestras manos,

¿no lo entiendes? Por favor, Luis.

Será solo un momento, ¿eh?

Y tú estarás vigilando todo el tiempo.

Quiero cantar para ti, Luis, y no me concentro viendo a María así.

Tengo que ayudarla, ¿eh? Solo un momento, te lo prometo.

Y cantaremos, cantaremos todo lo que tú quieras.

Gracias, Luis.

¡Ah!

Voy a estar vigilándoos.

Tranquilo, tranquilo.

Amalia, por favor.

Tranquila, María. ¡Ah!

Cógele la mano, cógele la mano. ¡Ah!

No entiendo por qué la gente hace esas cosas.

Simón es un buen hombre. Se llama odio.

Este mundo castiga a los diferentes.

Verá, tenemos que pedirle un enorme favor.

-Sí, claro, dígame. -Necesitamos dinero.

Yo no creo que pueda ayudarles en eso.

En la caja fuerte siempre suele haber algo de dinero.

Lo necesitamos. Mañana pediré un préstamo

que pagaré con los beneficios de las bodegas.

Prometo devolver hasta el último céntimo.

No, si no hace falta que dé muchas explicaciones.

En mayores apuros nos ha ayudado usted.

Escúchame.

Escúchame. La que se va a poner en peligro, soy yo.

Tú solo sígueme la corriente.

¿Y tú crees que yo voy a consentir que hagas eso?

Necesito que me prometas que si me pasa algo,

vas a cuidar de mi niña. Por el amor de Dios, no digas eso.

Por favor. Necesito que me prometas

que vas a estar con Rodolfo hasta el final.

No le quiero engañar, inspector.

No sé cuándo va a despertar su amigo.

Y si lo hace, hay que ver en qué condiciones.

¿Qué quiere decir? Los golpes en la cabeza

y el edema pueden haberle afectado las capacidades motoras y mentales.

Cambia la venda.

Se está quejando mucho.

Ponle la venda, por favor, Amalia.

Ya está, cógele la mano y que no se mueva por favor.

Blanca.

Blanca, Luis se ha dormido.

Quede con Marina en algún parque cercano, solitario.

Y cuando estén solos y nadie pueda verlo,

mátela.

  • A mi lista
  • A mis favoritos
  • Capítulo 485

Seis Hermanas - Capítulo 485

18 abr 2017

Las hermanas Silva son el alma de las principales fiestas de la alta sociedad madrileña de la época, en el Madrid de la segunda década del s.

ver más sobre "Seis Hermanas - Capítulo 485" ver menos sobre "Seis Hermanas - Capítulo 485"

Los últimos 1.814 programas de Seis hermanas

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios

Añadir comentario ↓

  1. dolores ampka

    Llevo ya dos semanas de o poder oír el vídeo en mi ipad, luego se desaparecieron los subtítulos, puede alguien ayudarme? Con otros programas de internet no tengo problemas, gracias

    20 abr 2017
  2. Marcia Giovana

    Hechare de menos Sofhia(con sus cara y bocas), Amalia,(que ahora me a ganado) Las hermanas TODAS.La musica de Sergio Moure,fue lo que mas eche de menos,la novela tenia en la musica su Estrella Mayor,pero la quitaran,los figurinos,(desde de un principio algunos que otros eran bonitos,pero repetitivos, y sin creatividad) La Guerra ,que nunca llego,los capítulos de bodas, y conmemoraciones,nunca se vian.Ex: se pegaran la mitad de la novela hablando sobre la posta de largo de Elisa....,alguen la vio?P la Reina,que mas parecía una Pleblea,cuando aparecía. Recepciones que se hablaran pero no se viran,con el presupuesto que tiene RTVE como pode ser que hagan series DESECHABLES,Seis Hermanas tenia todo para ser buena,pero el flaco favor de quitar la musica tema,y no invertir mas en figutinos y también en buenos guiones,hizo que fuera el fracaso que es.una gran pena porque es la UNICA NOVELA que acompaño y me da una tristeza enorme pensar que se va acabar.

    19 abr 2017
  3. Elena Rivapalacio

    Los mejores actores de esta serie;hacen el papel de: Don Luis Elpidia Rosalía. La menos buena actuación : Amalia Gabriel

    19 abr 2017
  4. Mariona

    Explicación? Sí, claro. Que el día 26 sustituyen 6 hermanas por otra serie que también tiene los capítulos contados antes de que empiece. Con lo interesante q se está poniendo ahora q se acaba! Para una vez q dan una serie en condiciones....

    19 abr 2017
  5. Norma Soto

    Marina omnipresente está en todas partes y lo sabe todo. En Acacias Cayetana es igual de infalible. Nada creíble.

    18 abr 2017
  6. Susana Delgado Arroyo

    Cada vez los episodios son más cortos.....de ver capitulos de una hora de duración hemos pasado a tener que conformarnos con treinta y siete minutos como el de hoy...Vamos menguando aceleradamente! !!!!! Tiene ésto alguna explicación ?????

    18 abr 2017
  7. Celia Martinez

    Me Alegro por que Mi Villano Favorito esta recuperando la salud... Para mí este es la mejor parte del Final Feliz.

    18 abr 2017
Recomendaciones de usuarios