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No recomendado para menores de 7 años Seis Hermanas - Capítulo 484 - ver ahora
Transcripción completa

Ahora mismo tu hijo va camino de El Escorial con Elisa Silva.

¿Y a que no sabes a qué van a El Escorial?

A casarse. Esta misma tarde serán marido y mujer.

A Amalia le ocurre algo. Rodolfo se está muriendo.

Es que no... no era tristeza, era... era miedo.

Ahora solo importa el presente.

Tus dos hijos son hermanos y no lo saben.

Y se acaban de casar.

(Golpe a lo lejos) ¿Qué ha sido eso?

No lo sé, pero siga.

(Se oye un disparo)

Gonzalo se ha olvidado su partida de nacimiento en Madrid.

¿Qué le parece? -Ya te he pedido disculpas.

No sabía que hacía falta. -Pues ahora ya lo sabes.

Para casarse es indispensable. -Un momento...

¿Eso significa que no os habéis casado?

-No, aún no.

Cuando te dejé aquí, estaba el cuadro

de mi difunta suegra colgando de esa pared.

¿Se puede saber dónde está? -Salvador, yo...

-Julio, no me mientas.

Está bien, está bien.

Lo tomé prestado para que fiasen dinero

y poder entrar en la timba.

Se ve que no estaba tan en racha como creía.

Elisa, Gonzalo,

esa boda... nunca se va a poder celebrar.

Porque sois medio hermanos.

(Se oye una fuerte tormenta)

Como se retrasen, no llegaremos a tiempo.

Y mira la que está cayendo. -Paciencia, estarán al caer.

Pero tenía que ser un viaje rápido

para que Gonzalo consiguiera su partida de nacimiento.

Sabiendo la poca gracia que le hace a su madre,

no se lo habrá puesto muy fácil. -No seas agorero.

¿Habrán ido a la iglesia donde recibió el bautismo?

Pues no lo sé.

Mira, allí viene Elisa.

¡Ay!

Pero viene sola. No trae muy buena cara.

Que va sin paraguas. Dáselo.

¡Elisa! ¿Dónde está Gonzalo?

No creo que vuelva a ver a Gonzalo en mi vida.

-¿Pero por qué? -¿Qué ha pasado?

Que hemos descubierto por qué Cándida

se oponía a nuestro matrimonio.

¿Tiene algo que ver con su partida de nacimiento?

Gonzalo y yo somos... hermanos.

Si esto es una broma, no tiene gracia.

¿Cómo os habéis enterado? ¿Os lo ha dicho Cándida?

No. Mi padre.

Que también es el suyo, claro.

Ay, por favor, Elisa. Has estado a punto de casarte

con tu hermano. -No te preocupes

porque no lo sabías. No te culpes.

Es que el problema no es ese.

El problema es que yo sigo sintiendo lo mismo por él.

Yo creo que ya no me quiere.

Pero yo no puedo evitar seguir queriéndole.

Hijo.

¿Ya lo sabes?

-¿Por qué no me lo dijo? -Perdóname, te lo suplico.

Deje de lamentarse e intente explicarme sus razones,

porque le juro que no las entiendo.

Yo solo quería protegerte.

Comprendo que quisiera ocultarme su profesión.

Regentar una casa de tolerancia,

no es algo de lo que sentirse orgulloso.

Pero esconderme que Elisa es mi hermana, eso no tiene sentido.

Cuando basas tu vida en una mentira,

por muy pequeña que sea, la vas apuntalando

con más mentiras hasta que se hace tan grande

que ya no la puedes deshacer. -Deshacerla era fácil.

Solo tenía que decir la verdad.

¿Y decirte que tu padre estaba allí al lado, a punto de morirse?

Yo solo quería evitarte ese dolor.

También intenté impedir tu matrimonio con Elisa.

¿Con más excusas y mentiras?

Es tan fácil decirlo y tan difícil hacerlo.

¿No entiende que hemos estado a punto de casarnos?

¿Qué has dicho? ¿No os habéis casado?

El párroco no ha querido casarnos porque no llevaba

la partida de nacimiento.

Gracias a Dios.

Dios no ha tenido nada que ver en esto, madre.

-Cariño... -No me toque.

Siento mucho las mentiras, mi amor.

De verdad.

Pero me alegro tanto de que al final no hayáis casado.

Espero que algún día puedas perdonarme.

No sé si llegará ese día, madre.

Mi amor.

(LLORA)

¿Puedo pasar? Claro.

¿Cómo se encuentra hoy?

Igual. No hay señales de mejoría.

Bueno, al menos, está descansando.

Cristóbal, está abriendo los ojos.

¿Cómo te encuentras?

Adoro esa sonrisa.

Tenía tantas ganas de verte, Amalia.

Es muy halagador que me confundas con tu mujer, que es preciosa,

pero soy Blanca. Rodolfo, soy Blanca.

La cabeza a veces me juega estas malas pasadas.

Blanca, lo siento mucho. No pasa nada.

¿Cómo te encuentras?

Cansado.

Y muy arrepentido de lo que le dije a Amalia.

¿Estuviste con ella? ¿Va a venir? Sí.

Ayer estuve con ella. No para de pensar en ti.

Pero como le dijiste que no querías que viniera,

ella solo quiere respetar tu decisión.

Fui un imbécil. Blanca, dile que venga, por favor.

Por favor, no te preocupes por eso.

Ya le pedirás disculpas cuando venga a visitarte.

¿Sabes que estamos cuidando de Dolores?

Está preciosa y no para de reír

y de hacer monerías. ¿A que sí? Sí.

¿Mi madre?

A mi madre no le gustan los juegos, Blanca. Nunca le han gustado.

Bueno, Rodolfo, ahora tienes que descansar.

Pues solemos dar un paseo por la tarde.

Y cuando volvemos a casa, yo le canto una nana

o le cuento un cuento.

Y ella se queda dormidita. Como estás haciendo tú ahora.

Mi amor.

Me resulta muy duro verlo así. Y a mí también.

Tengo que hablar con Amalia. Ya sé que ella no quiere

que me meta en sus asuntos, pero no sabe que está tan grave.

Habla con ella, por favor.

Yo también creo que es lo mejor. Sí.

Voy a ir a verla enseguida, a ver si puedo hacerla cambiar

de opinión. Ven aquí. Sí.

Y descansa tú también, por favor. Sí.

En cuanto llegue el algodón portugués,

entre hoy y mañana tendremos listo el pedido del hotel.

-Dos días antes del plazo. Enhorabuena, Benjamín.

-Gracias, pero no las merezco.

-Sí que las merece, no se quite importancia.

Y felicite a los trabajadores. -En cuanto terminen el trabajo.

Pero a quien de verdad habría que felicitar es a usted.

-¿Por qué? -La fabrica funciona como un reloj

desde que usted a vuelto a dirigirla.

-Y así tiene que seguir yendo.

¿Se acuerda de la reunión que tuve en el restaurante La Vianda?

-¿A la que debía ir su marido? -Sí. Y a la que acabé yendo yo.

-De acuerdo. Bien, siga.

Mientras hablaba con el dueño sobre mis vinos,

le hacía ver también que necesitaba... renovar la mantelería.

-Ah. (RIENDO) O sea, consiguió cerrar

no uno, sino dos negocios.

De verdad, usted vendería arena en el desierto.

-Pero no se lo digo por eso,

sino para que vea siempre pienso en Tejidos Silva. No lo puedo evitar,

lo llevo en mi sangre.

(Suena el teléfono)

Tejidos Silva, dígame.

¡Pedro! ¿Cómo va todo por las bodegas?

Muy bien.

¿Y el problema con el moho en las barricas se ha solucionado?

Pero... si Salvador estuvo allí hace unos días por eso.

Sí, sí, le creo. Claro que le creo.

Perdóneme, Pedro, pero ahora mismo no puedo hablar con usted.

Le llamaré yo en otro momento, ¿de acuerdo?

Gracias. Adiós.

-¿Va todo bien?

(Golpe)

Ya veo que no. -¡Salvador me va a oír!

-¿Qué pasa? -Me hizo creer

que había ido a las bodegas por un problema con la barricas

y ahora resulta que ni había tal problema ni que fue a las bodegas.

¿Es que ese memo iba a creer que yo no me iba a enterar nunca?

Me voy ahora mismo a hablar con él. -Vaya, que yo me ocupo de todo.

¿Qué haces aquí? -Necesito hablar contigo.

Vete.

-Por favor. -Te dejé bien claro lo que había.

Y no solo vuelves, sino que le pegas a un amigo.

Me puse celoso.

Ya te dije que el motivo de mi decisión

no era ningún hombre. -Lo siento.

Te podrías haber metido en un lío.

El hombre al que pegaste es policía.

Pero tanto por su parte como por la mía, está todo olvidado

Ahora, por favor, vete. -No.

Lo único que quiero es una vida normal

y sencilla a tu lado y verte feliz

con nuestros niños, los que siempre soñamos.

¿O no te acuerdas ya de nuestros sueños?

-Sí que me acuerdo. -Tendremos preocupaciones,

como todo el mundo y vendrán problemas, sí.

Pero esos no van a venir por mi parte.

Porque te prometo que lo único que quiero, es hacerte feliz.

Nunca te había oído hablar así.

Porque nunca creí que iba a perderte.

Y ahora estoy muerto de miedo.

Pues ya no tienes nada que temer.

Siento mucho haberte hablado así.

¿Significa esto que te casarás conmigo?

Te prometo... te prometo que haré todo lo que sea

para hacerte feliz, que voy a luchar por ti

y te voy a dar la vida que te mereces.

Porque te quiero, Cata.

Cada día te veo mejor. -¿Tú crees?

Porque yo no me noto muy seguro.

A ver.

Tranquila, doña Antonia, que su hijo es fuerte y muy tenaz.

Es que me da miedo que le fallen las piernas y se caiga.

Y como insiste en caminar solo. -Ya fue capaz de levantarse

por si solo y caminar. Que no le vea preocupada.

Ya, Raimundo. Si yo lo intento, pero es que tú ves

lo que le cuesta andar al pobre.

Doña Antonia, usted ya le ayudó en los primeros pasos,

ahora tiene que caminar solo, es ley de vida.

Hace nada, apenas podías moverte. Y ahora, mírate.

Estás mejorando rápidamente.

-Sí, pero estoy agotado. -Pero es normal.

Has hecho un gran esfuerzo. Y ahí tienes el resultado.

Hace unas semanas, pensabas que no podrías volver a caminar.

¿Te acuerdas?

Bueno, es más fácil cuando hay amigos como tú tirando de uno.

Buenas tardes, señora Antonia.

Está usted preciosa.

¿Nuevo peinado?

¿Rubor en los mofletes?

¿Deseos cumplidos? -Eh...

Simplemente, he dormido bien.

Pues si eso solo lo hace el sueño,

no quiero ni pensar cómo estará

su piel cuando se abandone a sus deseos.

Buenas tardes, caballeros. -Buenas tardes.

Creo que me sentaré con ustedes, si no tienen inconveniente.

-En absoluto. -Conde de Barnos.

-Por favor. -Muchas gracias.

Raimundo, ¿eres tan amable de traerme un whisky?

Sí, señor.

Creo que has sido algo grosero hablando con mi madre.

Bueno, una provocación, puede.

Pero no le he faltado al respeto. Nunca lo haría.

Vamos, Gabriel. Era una simple broma.

Estaba halagándola. -Cierto.

Bueno, pues yo creo que es algo descortés

hablarle así a una mujer. -Cualquiera que le oiga

pensará que en el Ambigú ha habido un escándalo.

-Caballero. -Muchas gracias.

-Su whisky. -A este café le falta ambiente.

Pues será que... está un poco menos concurrido

desde que no hay actuaciones. Eso es todo.

Pues si ese es el problema, yo tengo la solución.

La poesía. -¿La poesía?

Las palabras suenan como música sin necesidad de otro instrumento

que la voz del que las recita.

No sé yo si la clientela del Ambigú estará preparada para...

¿Pero adónde va? Por el amor de Dios,

que alguien le baje de ahí.

Caballero, por favor.

Gracias.

Señoras, caballeros, escúchenme.

Necesito ahora toda su atención.

A continuación, voy a recitar un poema dedicado

a una persona muy especial para mí.

Escucha bien lo que voy a decir.

Esto no es un juego baladí.

He venido para tenderte mi mano.

Cógela sin miedo y salta a mi lado.

Muerde el aire. Respira la lluvia.

Devora la vida y disfrútame a mí.

No esperes hasta mañana.

Vente conmigo. Salta, ríe, corre.

Hazlo sin miedo.

Antes de ti, estaba yo.

Después de ti, estaré yo,

tú,

los dos.

(Aplausos)

Gracias. Ha sido un verdadero placer.

Muchas gracias.

Ay. ¡Bravo, bravo!

Qué contenta debe estar la muchacha

a la que le ha dedicado esos versos.

Sí. Muy... orgullosa.

¿Verdad que sí?

Bebe poco a poco.

La herida está limpia y he conseguido detener

la hemorragia. Pero necesitas un médico.

Te prometo que voy a hacer lo que pueda por sacarte de aquí.

Tienes que hacer lo que yo te diga, ¿de acuerdo?

-Gracias, señora. Pero... -¡Chis!

(Suena el timbre)

Silencio.

(Suena el timbre) No contestes. Ya se irán

(Suena el timbre insistentemente)

Sea quien sea, parece que no va a parar.

Luis, tengo que abrir, si no, van a sospechar.

Está bien, está bien.

Recibe a quien sea en el despacho.

(Suena el timbre)

¡Espera, espera! Escúchame bien.

Que todo vaya exactamente igual

de bien que ayer. ¿Me has oído? -Sí.

Voy a estar escuchándote. Como note algo,

la voy a sacrificar como si fuera un perro.

Su vida está en tus manos, Amalia.

A ver qué haces. Vamos.

Escúchame. Cierra.

Buenas tardes, Amalia. Hola, Blanca.

¿Dónde está María? Bueno, mira, me da igual.

Tengo que hablar contigo. Blanca, escúchame.

Tienes que ir al hospital. Rodolfo está muy grave.

Iré en cuanto pueda. Siento ser tan clara,

pero Rodolfo se está muriendo.

Si no vas, luego te arrepentirás.

¿No te das cuenta? Pero...

¿Se puede saber qué te pasa? Tienes que irte ya.

Dime qué te pasa, porque no te entiendo.

¿Qué es esto? ¡Vete!

¡Por favor, no! ¿María?

Merceditas.

Merceditas.

Merceditas, te estoy llamando. ¿No me has oído?

No. Ya sabe usted que soy un poco dura de oídos.

Acabas de llegar del mercado. ¿Adónde ibas?

Pues... la verdad es que iba...

-¿Me estás evitando? -¿Yo?

Ay, no, no, señora.

Bueno, un poco, sí.

¿Sabes dónde está Salvador?

Lo estoy buscando por toda la casa y no hay ni rastro.

Cuando lo vea, me va a oír.

Estoy harta de sus mentiras, harta.

(SUSPIRA) Claro.

Es por el cuadro, ¿verdad?

Ese hombre no me ha gustado nunca y sé que a usted tampoco.

Pero hasta que ha pasado todo,

don Salvador no se ha caído de la burra.

También le digo que el pobre hace

todo lo posible para recuperar el cuadro.

Espera, espera, espera.

¿Cómo que para recuperar el cuadro?

¿No se lo había llevado a arreglar?

Claro. Claro que sí. Se lo ha llevado a arreglar

y ahora tiene que recuperarlo

del sitio donde...

donde reparan los marcos de cuadros.

Eso es.

Merceditas, nunca se te dio bien mentir.

Así que tú verás.

¿Prefieres decirme la verdad o seguir pasando un mal trago?

Pues la verdad, señora,

es que el cuadro está perfectamente.

Ha sido una mentira de don Salvador

para no decirle la verdad.

¿Entonces dónde está el cuadro?

Don Julio se lo llevó anoche para jugárselo en una partida.

¿Qué?

Y lo perdió.

¿El cuadro de mi madre?

Salvador se va a enterar.

Y tú y yo ya hablaremos. ¿Dónde está mi marido?

¿Dónde está? -Lo único que sé, señora,

es que él tenía la intención de recuperarlo en una partida

que va a ser esta noche en el club social.

¡Ay!

¡Por el amor de Dios!

¡Ese se va a enterar! ¡Nunca aprenderá!

He hecho lo que he podido.

Y es mucho.

Es un buen vendaje.

Pero hay que llevarla al hospital cuanto antes.

He intentado hacerle entrar en razón, pero es imposible.

Déjame intentarlo a mí.

Luis.

Escúchame.

Hay que llevar a María cuanto antes al hospital.

Además, la herida se está infectando.

Por favor, Luis, baja el arma.

Luis, escúchame. Ya sé lo que estás intentando.

Lo único que queréis es libraros de mí.

No, no, lo único que quiero...

es que María no se muera.

¡Ella sola se lo ha buscado! ¿De acuerdo?

¡Ella sola!

¡Y no me hables más! ¡No me hables más!

¡No me hables!

¡Estoy harto de que las Silva se entrometan en todo!

¡Allá donde voy siempre hay una de vosotras

interponiéndose en mi camino!

Nadie se quiere interponer en tu camino. Cálmate.

Antes o después puede venir alguien,

porque nos van a echar de menos.

¿Y entonces qué es lo que vas a hacer?

¿Eh? ¿Que qué es lo que voy a hacer?

¡Recibirlos a todos a tiros!

¡Pum, pum! ¡Así uno detrás de otro!

¡De aquí el que salga lo hará con los pies por delante!

¡Que os quede bien claro!

¡No sólo esta está muerta!

Todos estamos muertos.

Todos estamos muertos.

Tengo amigos en los casinos y conozco su historial

de deudas mejor que usted.

Sé que ha dilapidado la fortuna familiar

y que ahora mismo está completamente arruinado.

Conseguiré hasta el último céntimo para pagar mis deudas.

Le doy mi palabra.

No le he hecho venir para eso.

¿Entonces cual es el motivo de esta reunión?

Quiero hablar sobre Marina.

Es una chica muy atenta. Como todas las que tiene.

Aunque creo que ya no trabaja aquí.

No, pero me han dicho que era una de sus favoritas.

Bueno, yo no diría tanto.

Sé que la conoce muy bien.

En la ciudad corre el rumor de que los pillaron

in fraganti durante el incendio en casa de las Silva.

Obviamente la conozco, pero no sé mucho sobre ella.

Apenas hemos hablado. Usted ya me entiende.

Perfectamente, sí.

Así que si lo que quiere

es que desvele algún secreto comprometido sobre ella,

lo lamento pero creo que no va a ser posible.

Me interesa muy poco la vida de esa miserable.

En ese caso necesitaré que sea más concreta.

Estoy dispuesta a ayudarle económicamente

con sus problemas de liquidez, como usted los llama,

y a pagar todas sus deudas siempre y cuando usted

se comprometa a ayudarme a mí.

¿Ayudarla?

Quiero que mate a Marina.

Rosalía.

Buenas tardes, señor. ¿Desea usted algo?

Acabo de llegar del hospital y no encuentro a Blanca.

¿La ha visto usted?

¿Ha mirado en su habitación? Sí, sí. No está.

Esta tarde iba al hospital a visitar a don Rodolfo.

Pero de eso hace ya horas. Lo sé, hemos estado juntos.

En realidad yo pensaba que ella esperaría

a que usted acabara su turno y que regresarían los dos.

Pues no ha sido así.

Es extraño.

Ella suele llamar para avisar cuando va a llegar tarde.

En el hospital me dijo que iría a visitar a Amalia.

Pero ya debería estar de vuelta.

Doctor, no creerá usted

que pueda haberle ocurrido algo, ¿verdad?

No creo, seguramente seguirá en casa de mi hermano.

Llamaré y asunto resuelto.

(Teléfono)

Deja que suene.

(Teléfono)

(Teléfono)

Podría ser Cristóbal.

Él sabe que estoy aquí.

Podría sospechar, Luis.

Está bien.

(Teléfono)

No intentes nada raro.

O dispararé.

Casa Lo... Loygorri. ¿Dígame?

Buenas tardes, Amalia. ¿Está Blanca contigo?

Sí.

¿Puede decirle que se ponga, por favor?

¿Está allí? Sí, sí, no se preocupe.

Es Cristóbal.

Quiere hablar con Blanca.

Cuidado con lo que dices.

Hola. Hola, amor.

¿Estás todavía en el hospital o has llegado ya a casa?

Acabo de llegar. Rosalía me dijo que no

te había visto en toda la tarde.

Pensé que quizá todavía estarías en casa de Amalia.

Sí, estoy aquí. Estoy bien, no te preocupes.

¿Has podido hablar con ella?

¿Cómo se encuentra Amalia? ¿Se lo has contado todo?

Más o menos.

¿Y crees que debería ir

para explicarle el estado de Rodolfo?

No. No, no hace falta que vengas.

Sólo necesita consuelo.

De acuerdo.

Bueno, pues te veo más tarde, a la hora de la cena.

No, no, Amalia me ha invitado a cenar.

Y me parece descortés decirle que no.

Así que no me esperes a cenar.

Está bien. Llámame más tarde y pasaré a recogerte.

Mira, Cristóbal, ¿sabes qué he pensado?

Que voy a pasar la noche aquí.

Ella está muy angustiada y a mí no me cuesta nada.

Bueno, pues hasta mañana.

Gracias.

Adiós, mi amor.

Sí, está en casa de mi hermano con Amalia.

Se va a quedar ahí por la noche para hacerle compañía.

-Ah. ¿Y qué ha dicho de Dolores?

-¿De Dolores?

-Doña Blanca se encarga de elegir lo que come la niña estos días.

Pues no me ha dicho nada, se habrá olvidado.

-¿Doña Blanca? No, ella nunca se olvidaría de eso.

-Eso es que confía en usted y en mí.

Si le parece bien, voy arriba a ver cómo está la niña.

Pedro, tú sube lo que quieras.

Yo voy con cien.

¡Tú!

Caballeros, ¿me disculpan un segundo?

¿Se puede saber qué haces aquí?

Me estás dejando en ridículo. -¿Yo a ti?

¡Salvador Montaner, eres el mayor caradura

que hay sobre la faz de la Tierra!

Y no me mires con esa cara. He hablado con Merceditas.

Cantó el mirlo. -Sí, por supuesto.

Sólo le pedí un poco de discreción.

Y también he hablado con Pedro.

Me ha contado lo de las barricas.

Lo que no entiendo es por qué me has mentido.

Explícamelo en casa. Vamos.

Cariño, estoy en mitad de una partida muy importante.

¿Ves a ese hombre de ahí?

Es el galerista contra el que Julio perdió el cuadro.

Le estoy tanteando.

Es bueno, pero yo soy mejor que él.

Sólo tengo que esperar a que suban las apuestas

y que se vuelva a jugar el cuadro.

Creí que habías dejado atrás tu pasado de timbas y apuestas.

¿Se te ocurre alguna idea mejor

para recuperar el cuadro? -Comprarlo.

Lo he intentado por las buenas y no quiere.

Volveré a la mesa.

¿Y si tienes una mala jugada?

Puedes perderlo todo. -Sólo tengo esta oportunidad.

Te prometo que esta es la última vez

que me siento en una mesa de juego.

Cuando recupere el cuadro se acabó para siempre.

Confía en mí, por favor.

Cariño. -Está bien.

Pero con una condición.

Yo me quedo.

Bien.

Caballeros, continuemos.

Muchas gracias por la cena.

Ha sido todo un detalle.

No sabía que el sueldo

de un policía diera tanto de sí.

No, y no da. Te aseguro que no da.

Pero la ocasión lo merecía.

Nunca nadie había tenido un detalle así conmigo.

De haberlo sabido lo hubiera hecho antes.

No, no hagas eso.

De verdad, me ha encantado el detalle, pero no banalices.

Y no lo hago.

Es la verdad.

Nunca lo olvidaré.

Y quería corresponderte con una cena.

Sé que no es lo mismo.

Pero bueno, era mi manera de darte las gracias.

Quiero que sepas y valores

que he intentado ser mesurado en tu honor.

Sí, soy consciente, lo sé.

Para mí la poesía es libertad.

Por eso nunca escondo la naturaleza

de mis sentimientos.

Aunque hoy por respeto a ti he sido discreto.

¿Nunca te importa lo que piensen los demás?

Nunca.

La vida es demasiado corta como para tener que moderarse.

Envidio la libertad con la que hablas,

y con la que vives, por supuesto.

Únicamente reivindico mi identidad.

Soy quien soy.

Amo a quien amo.

Y creo que todas las personas deberían ser así de libres.

El mundo sería muy diferente, sí.

Más divertido y mejor.

Algún día lo conseguiremos.

Ojalá, porque a mí todavía

me importa lo que piensen los demás.

La valentía se aprende,

igual que se aprende a leer o a escribir.

Ya, pero tú lo tienes más fácil.

Tú eres poeta y vives entre bohemios.

En la comisaría mis compañeros tienen la delicadeza

de un pañuelo de esparto.

Es verdad, en eso te llevo ventaja.

Mi familia me educó en libertad.

Y nunca he tenido que justificar

mi manera de entender la vida.

Amo a quien me viene en gana.

Y si alguien no lo entiende es problema de ellos, no mío.

Mira esa farola.

Bajo la luz de una parecida nos dimos nuestro primer beso.

Sí, lo recuerdo.

No.

No, no, no. Además, viene gente.

No, Simón. Simón, compórtate.

Simón, no.

No.

¡Eh, no!

¡Eh!

¡Ah, ah!

¡Ah, ah!

¡Ah!

La apuesta es muy alta.

No tengo liquidez para cubrir todo lo que hay en la mesa.

Una casa en la sierra,

un Pontiac

y el cuadro de Elisa de Silva.

Veo la apuesta.

Y me sumo con mis viñedos.

Aquí tenéis la escritura.

No.

Dios...

No está nada mal.

Dobles parejas,

trío de reyes

y full de jotas y de treses.

Lo siento, pero...

no tenéis nada que hacer con un póquer.

(SUSPIRA)

Gracias a Dios.

Escalera de color.

No.

(SUSPIRA)

¡Simón, Simón!

¡Simón!

¡Simón, Simón!

¡Simón!

¡Simón! ¿Simón, estás bien?

¡Simón! ¡Simón, reacciona!

¡Simón!¡Un médico!

¡Por favor, un médico!

¡Simón!

¡Un médico, por Dios!

Está cada vez peor, Luis.

¡Pues que no hubiese intentando escapar!

¡Es que os va a suceder si lo intentáis! ¿Entendido?

Doctor, ¿qué le pasa?

No lo sé.

No sé, podría ser un edema craneal.

Tengo que drenar, pero aquí no tengo

el material adecuado. Hay que llevarlo al hospital.

Sí, vamos. Le ayudaré. Ni hablar.

Hay que llevarlo al hospital.

¿Puedo usar el teléfono? Sí.

No, pero nosotros iremos más rápido.

Podría tener alguna vértebra dañada.

Si no lo trasladamos como es debido podría morir.

Nos hemos acercado para ver si estuviera despierto,

pues por saludarle.

Pues muchas gracias.

Por eso y ya que están aquí por permitirle a mi mujer

volver a cantar en el Ambigú.

Me tienen que prometer que cuando yo no esté

ustedes harán todo lo posible

porque vuelva a recuperar esa sonrisa.

¿Y si llegado el momento no me atrevo a hacerlo?

Ni siquiera sé cómo se maneja una pistola.

Un disparo hace mucho ruido.

Llamaría la atención.

¿Quiere que la apuñale?

(TOSE)

¿Qué le pasa? ¿Se encuentra bien?

-Madre, vaya a buscar a Cristóbal. -Me cuesta respirar.

Que sea Cristóbal, por favor. -Sí.

-Y que avise a Amalia. -Voy.

Por favor, Luis, hay que llevarla al hospital.

¡No, no!

Hay que sacarle la bala de la herida porque si no la infección

irá a más y morirá.

¡Me da igual, pues que se muera!

¡No quiero seguir hablando de este tema!

Blanca, tú puedes.

¿Yo? Sí.

Ayudabas a Cristóbal en la consulta.

Pero yo veía cómo operaba, yo no...

Da igual, pero puedes.

¿Pero qué le ocurre? Está temblando.

Eh...

Abráceme.

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Seis Hermanas - Capítulo 484

17 abr 2017

Las hermanas Silva son el alma de las principales fiestas de la alta sociedad madrileña de la época, en el Madrid de la segunda década del s. XX.

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  1. Norma

    Por que razón demoran tanto los capítulos ? Sigo la novela desde que empezó y cada vez se hace más dificil poder seguirla, el una pena.

    20 abr 2017
  2. Conchi María lopez

    Es una mala pasada que quiten seis hermanas La que van a sustituir pega más que la pongan por la noche

    19 abr 2017
  3. Elvira

    Según algún comentario la serie terminaría en una semana? Poco tiempo para definir como debería ser todas las situaciones, tantos enredos y de golpe se aclaran y definen? Quiero ver como se la apañan los guionistas para hacerlo sin faltar el respeto a los seguidores

    18 abr 2017
  4. Francisca

    Veo en la TV1 que están anunciando la nueva Serie para la semana que viene. Así que por lo visto y desgraciadamente termina Seis Hermanas esta semana, la mejor serie que he visto, con una calidad de actores increible, una ambientación, vestuario, y un guión estupendo que nos lleva a conocer la España de 1920. Sepan que en casa no vamos a ver la serie que va a sustituir a 6 Hermanas, a ver si así deciden reponerla. Un mal acierto señores de TVE el no continuarla. Es 1 gran Serie. Y no tiene mas audiencia porque los espectadores no la conocen, por el horario en que la emiten. Póngala desde el principio por las noches y verán.

    18 abr 2017
  5. Gabriela

    Se equivocaron con un ocho de más es un cuatro en el capítulo

    17 abr 2017